1 Jn 1 - 1 Jn 2 - 1 Jn 3 - 1 Jn 4 - 1 Jn 5 -

 

 

1 Jn. 1, 1 - 10

             [1] Aquí tienen lo que era desde el principio, lo que hemos oído, y lo hemos visto con nuestros ojos, y palpado con nuestras manos, -me refiero a la Palabra que es vida. [2] Porque la vida se dio a conocer, hemos visto la Vida eterna y hablamos de ella, y se la anunciamos, -aquella que estaba con el Padre y que se nos dio a conocer. [3] Lo que hemos visto y oído se lo anunciamos también a ustedes para que estén en comunión con nosotros, pues nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. [4] Y les escribimos esto para que sea mayor nuestra alegría.   CAMINAR EN LA LUZ  [5] Este es el mensaje que hemos recibido de él y que les anunciamos a ustedes: que Dios es luz y que en él no hay tinieblas. [6] Si decimos que estamos en comunión con él mientras caminamos en tinieblas, somos unos mentirosos y no estamos haciendo la verdad. [7] En cambio, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado. [8] Si decimos que no tenemos pecado, nos estamos engañando a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. [9] Pero si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad. [10] Si dijéramos que no hemos pecado, sería como decir que él miente, y su palabra no estaría en nosotros.           

 

Volver arriba

 

 

1 Jn. 2, 1 - 29

             CUMPLIR EL MANDAMIENTO DEL AMOR  [1] Hijitos míos, les he escrito esto para que no pequen; pero si uno peca, tenemos un defensor ante el Padre, Jesucristo, el Justo. [2] El es la víctima por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero. [3] Vean cómo sabremos que lo conocemos: si cumplimos sus mandatos. [4] Si alguien dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandatos, ése es un mentiroso y la verdad no está en él. [5] En cambio, si uno guarda su palabra, el auténtico amor de Dios está en él. Y vean cómo conoceremos que estamos en él: [6] si alguien dice: «Yo permanezco en él», debe portarse como él se portó. [7] Hijos queridos, no les escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, el que ustedes tenían desde el comienzo; este mandamiento antiguo es la palabra misma que han oído. [8] Y, sin embargo, se lo doy como un mandamiento nuevo, porque es realmente novedad tanto en ustedes como en Jesucristo; ya se van disipando las tinieblas y brilla la luz verdadera. [9] Si alguien piensa que está en la luz mientras odia a su hermano, está aún en las tinieblas. [10] El que ama a su hermano permanece en la luz y no hay en él causas de tropiezo. [11] En cambio, quien odia a su hermano está en las tinieblas y camina en tinieblas; y no sabe adónde va, pues las tinieblas lo han cegado. [12] Esto les escribo, hijitos: ustedes recibieron ya el perdón de sus pecados. [13] Esto les escribo, padres: ustedes conocen al que es desde el principio. Esto les escribo, jóvenes: ustedes han vencido al Maligno. [14] Les he escrito, hijitos, porque ya conocen al Padre. Les he escrito, padres, porque conocen al que es desde el principio. Les he escrito, jóvenes, porque son fuertes, la Palabra de Dios permanece en ustedes y ya han vencido al Maligno. [15] No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. [16] Pues toda la corriente del mundo, -la codicia del hombre carnal, los ojos siempre ávidos, y la arrogancia de los ricos-, nada viene del Padre, sino del mundo. [17] Pasa el mundo con todas sus codicias, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.  RECHAZAR AL ANTICRISTO  [18] Hijitos, es la última hora, y han oído que va a venir un anticristo. Pero ya han venido varios anticristos, por lo cual conocemos que es la última hora. [19] Esa gente salió de entre nosotros, pero no eran de los nuestros; si hubieran sido de los nuestros, se habrían quedado con nosotros. Así es como descubrimos que no todos son de los nuestros. [20] Pero ustedes tienen esa unción que viene del Santo, por lo que todos tienen ya conocimiento. [21] Les escribo, no porque no conozcan la verdad, sino porque la conocen y porque la mentira no puede salir de la verdad. [22] ¿Y quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el mentiroso, el que niega a la vez al Padre y al Hijo. [23] Pues el que niega al Hijo, ya no tiene al Padre; y el que reconoce al Hijo tiene también al Padre. [24] Permanezca en ustedes lo que oyeron desde el principio; si permanece en ustedes lo que oyeron desde el comienzo, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. [25] Esta es la promesa que él mismo prometió, y que es la vida eterna. [26] Les he escrito esto pensando en aquellos que tratan de desviarlos, [27] pues en ustedes permanece la unción que recibieron de Jesucristo, y no necesitan que nadie venga a enseñarles. El les ha dado la unción, y ella les enseña todo; ella es verdad y no mentira. Así, pues, quédense con lo que les ha enseñado. [28] Y ahora, hijitos, permanezcan en él; haciéndolo, tendremos plena confianza cuando aparezca en su gloria, en vez de sentir vergüenza ante él cuando nos venga a pedir cuentas. [29] Si saben que él es el Justo, reconozcan que todo el que practica la justicia ha nacido de Dios.      

 

Volver arriba

 

 

1 Jn. 3, 1 - 24

             [1] Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. [2] Amados, a pesar de que ya somos hijos de Dios, no se ha manifestado todavía lo que seremos; pero sabemos que cuando él aparezca en su gloria, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es. [3] Y si es esto lo que esperamos de él, querremos ser santos como él es santo. [4] El que peca demuestra ser un rebelde; todo pecado es rebeldía. [5] Bien saben que Este vino para quitar nuestros pecados, y que en él no hay pecado. [6] Quien permanece en él no peca; quien peca no lo ha visto ni conocido. [7] Hijitos míos, no se dejen extraviar: el que actúa con toda rectitud es justo como él es justo. [8] En cambio quienes pecan son del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del Diablo. [9] El que ha nacido de Dios no peca, porque permanece en él la semilla de Dios. Y ni siquiera puede pecar, porque ha nacido de Dios. [10] En esto se reconocen los hijos de Dios y los del Diablo: el que no sigue el camino de rectitud no es de Dios, y tampoco el que no ama a su hermano. [11] Debemos amarnos unos a otros, pues este es el mensaje que ustedes han oído desde el comienzo. [12] No imitemos a Caín, que era del Maligno, y mató a su hermano. Y ¿por qué lo mató? Porque él hacía el mal, y su hermano hacía el bien. [13] No se extrañen, hermanos, si el mundo los odia, [14] pues el amor a nuestros hermanos es para nosotros el signo de que hemos pasado de la muerte a la vida. [15] El que no ama está en un estado de muerte. El que odia a su hermano es un asesino, y, como saben, ningún asesino tiene la vida eterna. [16] El (Jesucristo) entregó su vida por nosotros; y en esto hemos conocido el amor; ahora también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. [17] Si uno goza de riquezas en este mundo y cierra su corazón cuando ve a su hermano en apuros, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? [18] Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios para afuera, sino de verdad y con hechos. [19] En esto conoceremos que somos de la verdad y se tranquilizará nuestra conciencia ante El. [20] Pues si nuestra conciencia nos reprocha, pensemos que Dios es más grande que nuestra conciencia, y que lo conoce todo. [21] Amadísimos, si nuestra conciencia no nos condena, tenemos plena confianza en Dios. [22] Entonces, todo lo que pidamos, nos lo concederá, porque guardamos sus mandatos y hacemos lo que le agrada. [23] ¿Y cuál es su mandato? Que creamos en el Nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros, tal como él nos lo ordenó. [24] El que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. Pues Dios permanece en nosotros, y lo sabemos por el Espíritu que nos ha dado.       

 

Volver arriba

 

 

1 Jn. 4, 1 - 21

             NO SE FÍEN DE CUALQUIER INSPIRACIÓN.  [1] Queridos míos, no se fíen de cualquier inspiración. Examinen los espíritus para ver si vienen de Dios, porque andan por el mundo muchos falsos profetas. [2] ¿Quieren reconocer al espíritu de Dios? Todo espíritu que reconoce a Jesús como el Mesías que ha venido en la carne, habla de parte de Dios. [3] En cambio, si un inspirado no reconoce a Jesús, ese espíritu no es de Dios; es el mismo espíritu del Anticristo. Han oído que vendría un anticristo: pues bien, ya está en el mundo. [4] Ustedes, hijitos, son de Dios, y ya han logrado la victoria sobre esa gente, pues el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo. [5] Ellos son del mundo, por eso su lenguaje es el del mundo, y el mundo los escucha. [6] Nosotros, en cambio, somos de Dios; el que conoce a Dios nos escucha, pero el que no conoce a Dios no nos hace caso. Así es como reconocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.  DIOS-AMOR ES FUENTE DEL AMOR  [7] Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. [8] El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor. [9] Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de él. [10] En esto está el amor; no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. [11] Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos mutuamente. [12] A Dios no lo ha visto nadie jamás, pero si nos amamos unos a otros, Dios está entre nosotros y su amor da todos sus frutos entre nosotros. [13] Y ¿cómo sabemos que permanecemos en Dios y él en nosotros? Porque nos ha comunicado su Espíritu. [14] Pero también hemos visto nosotros, y declaramos, que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. [15] Quien reconozca que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. [16] Por nuestra parte, hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor: el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él. [17] Cuando el amor alcanza en nosotros su perfección, miramos con confianza al día del juicio, porque ya somos en este mundo como es El. [18] En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor, pues hay temor donde hay castigo. Quien teme, no conoce el amor perfecto. [19] Amemos, pues, ya que él nos amó primero. [20] Si uno dice «Yo amo a Dios» y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. [21] Pues este es el mandamiento que recibimos de él: el que ama a Dios, ame también a su hermano.         

 

Volver arriba

 

 

1 Jn. 5, 1 - 21

             DE DIOS VIENE LA FE  [1] Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Si amamos al que da la vida, amamos también a quienes han nacido de él; [2] y por eso, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandatos, con toda certeza sabemos que amamos a los hijos de Dios. [3] Amar a Dios es guardar sus mandatos, y sus mandatos no son pesados. [4] Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo, y la victoria en que el mundo ha sido vencido es nuestra fe. [5] ¿Quién ha vencido al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? [6] El es el que viene por el agua y la sangre: Jesucristo; y no sólo por el agua, sino por el agua y la sangre; y el espíritu también da su testimonio, el Espíritu que es la verdad. [7] Tres son, pues, los que dan testimonio: [8] el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres coinciden en lo mismo. [9] Si aceptamos el testimonio de los hombres, mucha más fuerza tiene el testimonio de Dios, y hay un testimonio de Dios, una declaración suya a favor de su Hijo. [10] Quien cree en el Hijo de Dios está guardando en sí la declaración de Dios. Quien no cree, hace a Dios mentiroso, ya que no cree al testimonio de Dios en favor de su Hijo. [11] Pues bien, este es el testimonio: que Dios nos ha dado la vida eterna, y que dicha vida está en su Hijo. [12] El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.  GUÁRDENSE DE LOS ÍDOLOS  [13] Les he escrito, pues, a ustedes que creen en el Nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna. [14] Con él tenemos la certeza de que, si le pedimos algo conforme a su voluntad, nos escuchará. [15] Y si nos escucha en todo lo que le pedimos, sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido. [16] Si alguno ve a su hermano en el pecado, -un pecado que no ha traído la muerte-, ore por él y Dios le dará vida. (Hablo de esos pecadores cuyo pecado no es para la muerte). Porque también hay un pecado que lleva a la muerte, y no pido oraciones en este caso. [17] Toda maldad es pecado, pero no es necesariamente pecado que lleva a la muerte. [18] Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, pues lo protege lo que en él ha nacido de Dios, y el Maligno no puede tocarlo. [19] Sabemos que somos de Dios, mientras el mundo entero está bajo el poder del Maligno. [20] Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al que es Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo; ahí tienen el Dios verdadero y la Vida eterna. [21] Hijitos, guárdense de los ídolos.      

 

Volver arriba