1 Sam 1 - 1 Sam 2 - 1 Sam 3 - 1 Sam 4 - 1 Sam 5 - 1 Sam 6 - 1 Sam 7 - 1 Sam 8 - 1 Sam 9 - 1 Sam 10 - 1 Sam 11 - 1 Sam 12 - 1 Sam 13 - 1 Sam 14 - 1 Sam 15 - 1 Sam 16 - 1 Sam 17 - 1 Sam 18 - 1 Sam 19 - 1 Sam 20 - 1 Sam 21 - 1 Sam 22 - 1 Sam 23 - 1 Sam 24 - 1 Sam 25 - 1 Sam 26 - 1 Sam 27 - 1 Sam 28 - 1 Sam 29 - 1 Sam 30 - 1 Sam 31 -

 

 

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1 Sam. 1, 1 - 28 

LA HISTORIA DE ANA

 

 [1] Hubo un hombre de Ramá, en la sierra de Efraím, que se llamaba Elcaná. Era hijo de Eliún, de la familia de Suf. [2] Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Penena. Penena tenía hijos, pero Ana no tenía. [3] Todos los años, Elcaná subía desde su ciudad al santuario de Silo para adorar a Yavé y ofrecerle sacrificios. Allí estaban los sacerdotes de Yavé, Jofni y Finjas, que eran hijos de Helí. [4] Un día que Elcaná ofreció un sacrificio, les dio sus porciones a su mujer Penena y a todos sus hijos e hijas. [5] Pero a Ana le dio una porción doble, pues era su preferida, a pesar de que Yavé la había hecho estéril. [6] Ahora bien, su rival la molestaba continuamente por esto con el fin de hacerla enojarse. [7] Y esto ocurría todos los años cada vez que subía a la Casa de Yavé; la otra la molestaba y ella se ponía a llorar y no quería comer. [8] Elcaná, su marido, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué estás triste y no comes? ¿Acaso no valgo para ti más que diez hijos?» [9] Comieron y bebieron en Silo. Después, Ana se levantó y se puso a orar ante Yavé. [10] Estaba llena de amargura y lloraba sin consuelo. Suplicó a Yavé [11] y le hizo el siguiente voto: «¡Oh Yavé de los Ejércitos! Si es que te dignas mirar la aflicción de tu esclava, te acuerdas de mí y no me olvidas, dame un hijo varón. Yo te lo entregaré por todos los días de su vida y la navaja no pasará por su cabeza.» [12] Como ella estuviese orando mucho rato, el sacerdote Helí, que estaba sentado ante la puerta del Santuario, se puso a mirarla. [13] Pero veía que sólo movía los labios sin pronunciar palabras, pues Ana oraba en silencio. Pensó entonces que estaba ebria y le dijo: [14] «¿Acaso te voy a aguantar, ebria como estás? Sal hasta que te pase.» [15] Entonces Ana respondió: «No, señor, yo no he tomado ni vino ni cerveza; yo soy sólo una mujer apenada que desahoga su corazón ante Yavé. [16] No consideres a tu sierva como una mala mujer, pues si he estado orando tanto rato se debe sólo a mi gran pena y humillación.» [17] Helí le respondió: «Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido.» [18] Despidiéndose, ella dijo: «Ojalá merezca yo tu favor.» Y volviéndose por donde había venido, se sentó a la mesa y comió, y ya no tenía la misma cara de antes. [19] Se levantaron muy temprano y, después de haber adorado a Yavé, partieron de vuelta a su casa, en Ramá. Elcaná tuvo relaciones con su esposa Ana, y Yavé se acordó de ella y de su oración. [20] Luego Ana quedó embarazada y dio a luz un niño a quien llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Yavé». [21] Después de un año, Elcaná, con toda su familia, subió a ofrecer a Yavé el sacrificio anual y a cumplir su voto, [22] pero Ana no subió, sino que dijo a su marido: «No iré hasta que el niño haya dejado de mamar. Entonces lo llevaré para presentarlo a Yavé, y se quedará allí para siempre.» [23] Elcaná le respondió: «Haz lo que mejor te parezca, quédate hasta que ya no le des el pecho; yo suplicaré a Yavé que cumpla su palabra.» Y Ana se quedó en su casa amamantando al hijo mientras fue necesario. [24] Cuando dejó de amamantarlo, se lo llevó para presentarlo en la Casa de Yavé, en Silo; y al mismo tiempo trajo un novillo de tres años, una medida de harina y un cántaro de vino. [25] Sacrificaron el novillo, y Ana presentó al niño, todavía pequeño, a Helí, [26] diciendo: «Oyeme, señor, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Yavé. [27] Este niño era lo que yo pedía entonces. Y Yavé me concedió la petición que le hice. [28] Ahora yo se lo ofrezco a Yavé para que le sirva toda su vida: él está cedido a Yavé.» 

 

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[1] Todo empieza con una pareja humilde que vive su drama familiar en un pueblo montañés.Una mujer, afligida por su esterilidad, se queja a Yavé: no se resigna a una vida aparentemente perdida. Yavé escucha a los afligidos y su respuesta va siempre más allá de lo que piden: no solamente da un hijo a Ana, sino también un profeta a su pueblo.A Dios le gusta escoger sus servidores precisamente en estas familias sin esperanza de tener hijos. Es el Dios que da la vida a los muertos y la esperanza a los que no la tienen. Ver casos semejantes en el nacimiento de Isaac y en el de Juan Bautista (Lucas 1,5). Ver el poema de Isaías: «Grita de júbilo, oh tú que eras estéril» (Is 54,1).Tenemos aquí una escena de la vida religiosa de aquel tiempo. En Silo está la tienda de campaña que cobija el Arca. Todavía no hay templo. Los peregrinos traen los animales para sacrificarlos. El padre de familia es el que sacrifica, cerca del santuario, las víctimas ofrecidas. Solamente a partir de David, los sacerdotes de la tribu de Leví pasarán a ser los intermediarios entre Yavé y su pueblo.Se ve también que la mujer, en situación inferior como lo será siempre en Israel, sólo vale por los hijos que da. Cada uno tiene las esposas que puede alimentar. 

 

 

 

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1 Sam. 2, 1 - 36 

EL CÁNTICO DE ANA

 

 [1] Entonces Ana oró y dijo:Mi alma se alegra en Yavé, en Dios me siento llena de fuerza, ahora puedo responder a mis enemigos, pues me siento feliz con tu auxilio. [2] Sólo Yavé es Santo, pues nada hay fuera de Ti, no hay roca tan firme como nuestro Dios. [3] No digan tantas palabras altaneras, ni salga de su boca la arrogancia, porque Yavé es un Dios que lo sabe todo, él juzga las acciones de todos. [4] El arco de los fuertes se ha quebrado y los débiles se han hecho fuertes. [5] Los que estaban satisfechos van a trabajar por un pedazo de pan, mientras que los débiles descansan. La mujer estéril da a luz siete veces; pero se marchita la madre de muchos hijos. [6] Yavé es quien da muerte y vida, quien hace bajar al lugar de los muertos y volver a la vida. Yavé da y quita riquezas, humilla y ensalza. [7] Levanta del polvo al desvalido [8] y, de la mugre, saca al pobre para que pueda sentarse con los grandes y ocupar un lugar de privilegio. Yavé ha hecho los pilares de la tierra y sobre ellos ha puesto el universo. [9] El guía los pasos de sus fieles y los malos desaparecen en las tinieblas, los fuertes no son ya los vencedores. [10] Yavé humilla a sus contrarios; él sube a los cielos y truena para juzgar al orbe entero. El fortalece a su rey haciendo sobresalir a su Elegido. [11] Elcaná volvió a Ramá y el niño quedó al servicio de Yavé, bajo la responsabilidad del sacerdote Helí.

 

LA HISTORIA DE HELÍ

 

[12] Los hijos de Helí eran unos pillos que no se preocupaban de Yavé ni de comportarse como sacerdotes frente al pueblo. [13] Cuando alguien ofrecía un sacrificio, y mientras se estaba cociendo la carne, venía el mozo del sacerdote con un tenedor de tres dientes en la mano, [14] lo metía en el caldero o la olla, en la cacerola o la marmita, y todo lo que salía en el tenedor lo tomaba para sí el sacerdote; [15] así hacían con todos los israelitas que venían a Silo. Incluso antes de que se hubiera quemado la grasa, el sirviente del sacerdote venía y decía al que sacrificaba: «Dame la carne para asársela a su gusto al sacerdote, ya que no aceptará carne cocida, sino solamente carne cruda.» [16] Y si el hombre le decía: «Que primero se queme la grasa y después toma todo lo que desees», el sirviente le respondía: «No, me lo das inmediatamente o te lo quitaré por la fuerza.» [17] El pecado de estos jóvenes era, pues, muy grande a los ojos de Yavé, ya que trataban sin respeto las ofrendas a Yavé. [18] Mientras tanto, el niño Samuel servía a Yavé, vestido de sacerdote, [19] pues su madre le había hecho una pequeña sotana. Ella venía a verlo cada año, cuando subía con su esposo para ofrecer el sacrificio anual. [20] Helí bendecía a Elcaná y a su esposa, diciendo: «Que Yavé te conceda otros hijos de esta tu esposa a cambio del niño que ella ha ofrecido.» Y ellos regresaban a su casa. [21] Yavé permitió que Ana tuviese tres hijos y dos hijas más. Mientras tanto, el niño Samuel seguía creciendo en presencia de Yavé. [22] Helí era ya muy anciano y supo todo lo que sus hijos hacían con la gente del pueblo y cómo dormían con las mujeres que velaban ante la Tienda de las Citas. [23] Y les dijo: «¿Por qué hacen ustedes todas estas cosas? Me han informado que todo el pueblo anda murmurando de ustedes. [24] Y lo que se comenta no son precisamente cosas buenas, hijos míos. [25] Si un hombre peca contra otro hombre, Dios será el juez; pero si el hombre peca contra Yavé, ¿quién rogará por él?» Pero ellos no hicieron caso a lo que les decía su padre, ya que Yavé había resuelto quitarles la vida. [26] Entre tanto, el niño Samuel iba creciendo tanto ante Yavé como ante los hombres. [27] Un hombre de Dios vino a Helí con este mensaje: «Así dice Yavé: Me di a conocer a la familia de Aarón, tu padre, cuando estaban en Egipto al servicio del Faraón, [28] y escogí a tu familia entre todas las tribus de Israel, para que fuesen sacerdotes, subieran a mi altar, quemaran perfume y vistieran el efod en mi presencia, y concedí a la familia de tu padre que viviera de los sacrificios de los israelitas. [29] ¿Por qué este desprecio de mis sacrificios y mis dones, que yo mandé se ofrecieran en mi casa? ¿Por qué te has preocupado más de tus hijos que de mí, dejándolos que engordaran con lo mejor de todas las ofrendas de mi pueblo? [30] Por eso Yavé, Dios de Israel, dice: Yo había prometido que tu familia y la familia de tu padre me servirían como sacerdotes para siempre. Pero ahora, lejos de mí tal cosa; porque a los que me honran, yo los honro, pero a los que me desprecian, yo los desprecio. [31] Mira que vienen días en que te derribaré a ti y a tu familia. Ya no habrá ancianos en tu familia. [32] Verán a sus rivales bendiciendo a Israel desde el Templo, y ellos no llegarán a ancianos. [33] Los dejaré cerca del altar para que se llenen de envidia, pero todos morirán antes de tiempo. [34] Te servirá de señal lo que va a pasar a tus dos hijos Jofni y Finjas: en el mismo día morirán los dos. [35] Yo me elegiré un sacerdote fiel que obre según mi corazón y mis deseos, le daré una descendencia sólida y duradera y caminará siempre en presencia del rey que yo me haya elegido. [36] Entonces los que queden de tu familia vendrán a humillarse ante este sacerdote para conseguir alguna moneda de plata o un trozo de pan, y dirán: Te pido que me admitas a cualquier función sacerdotal, para poder así tener un pedazo de pan.» 

 

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[1] En su canto de gratitud, Ana se hace intérprete de todos los despreciados de su pueblo y del mundo.Yavé es el Dios que salva a los desamparados. Rechaza a los que confían en su brazo, en su arco, en el pan asegurado para su casa, es decir, en lo que son y en lo que tienen. Pone su gloria en invertir las diferencias que existen entre los hombres (como en la parábola del rico y de Lázaro, Lucas 16,25). Este texto condena al que construye su vida con la sola ambición de asegurar el porvenir de su familia. Grandes cambios se están produciendo en el mundo, y solamente el que hace causa común con los débiles "se salva", o sea que construye el mundo que lo rodea y se construye a sí mismo junto con Dios.Es Yavé quien hace morir y quien hace vivir (6). Esta fórmula abrupta, que nos choca hoy en día, expresa en un lenguaje diferente al nuestro que la vida del hombre está en las manos de Dios. El creyente sabe que los pobres y los hambrientos contribuyen a la salvación del mundo; porque les es más fácil comprender que no hay otro mundo digno del hombre sino aquel en el que haya pan y dignidad para todos. 

 

 

 

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1 Sam. 3, 1 - 21 

DIOS LLAMA A SAMUEL

 

 [1] El niño Samuel estaba al servicio de Yavé y vivía junto a Helí. En aquel tiempo raras veces se oía la palabra de Yavé. Las visiones no eran frecuentes. [2] Cierto día, Helí estaba acostado en su habitación, sus ojos iban debilitándose y ya no podía ver. [3] Aún no estaba apagada la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el Templo de Yavé, donde se encontraba el Arca de Dios. [4] Yavé llamó a Samuel. El respondió: «Aquí estoy», [5] y corrió donde Helí diciendo: «Aquí estoy, pues me has llamado.» Pero Helí le contestó: «Yo no te he llamado; vuelve a acostarte.» El se fue y volvió a acostarse. [6] Volvió a llamar Yavé: «Samuel.» Se levantó Samuel y se fue donde Helí diciendo: «Aquí estoy, pues me has llamado.» Otra vez Helí contestó: «No te he llamado; hijo mío, anda a acostarte.» [7] Samuel no conocía todavía a Yavé, pues la palabra de Yavé no le había sido dirigida aún. [8] Como Yavé llamara a Samuel por tercera vez y el joven se presentara nuevamente a Helí, éste comprendió que era Yavé quien le llamaba, [9] y dijo a Samuel: «Anda a acostarte y si vuelve a llamarte dile: Habla, Yavé, que tu siervo te escucha.» Entonces Samuel se volvió a su habitación y se acostó. [10] Yavé entró y se paró, y llamó como las otras veces: «Samuel, Samuel.» Este respondió: «Habla, Yavé, que tu siervo escucha.» [11] Y dijo Yavé a Samuel: «Voy a hacer en Israel una cosa tan tremenda que a todo el que la oiga le zumbarán los oídos. [12] Pues voy a cumplir contra Helí todo cuanto he dicho contra su familia. [13] Tú le anunciarás que yo condeno a su familia para siempre, porque sabía que sus hijos ofendían a Dios y no los ha corregido. [14] Por esto juro que la familia de Helí no podrá borrar jamás su falta ni con sacrificios ni con ofrendas.» [15] Samuel continuó acostado hasta la mañana y después abrió las puertas de la Casa de Yavé. Samuel no se atrevía a contarle a Helí lo que había presenciado, [16] pero Helí lo llamó y le dijo: «Samuel, hijo mío, [17] ¿qué es lo que te ha dicho Yavé? ¡No me ocultes nada! Que Dios te castigue si me ocultas algo de lo que te ha dicho.» [18] Entonces Samuel le dijo todo, sin ocultarle nada. Dijo Helí: «El es Yavé, que haga lo que le parezca.» [19] Samuel creció y Yavé estaba con él. Y todo lo que Yavé le decía se cumplía. [20] Todo el pueblo, desde Dan hasta Bersebá, supo que Samuel había dado pruebas de que era profeta de Yavé. Helí era ya muy viejo y sus hijos se portaban cada vez peor a los ojos de Yavé; [21] y Yavé continuó manifestándose en Silo, donde se comunicaba con Samuel. 

 

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[1] Dios llama a Samuel en forma personal. La respuesta de Samuel, todavía niño, lo prepara para la misión profética que se le encargará.Esta es una de las páginas graciosas de la Biblia y que hoy todavía sigue conmoviéndonos. Dios tiene muchos recursos para llamarnos, más o menos abiertamente, con mayor o menor profundidad. Lo que graba en la mente es más seguro que las palabras que sólo al oído le llegan. La Carta a los Hebreos (12,18), nos recordará que no hay iniciación cristiana sin una experiencia de Dios. Llamada de Dios a la que siguió una respuesta: de allí procede la alegría de la Anunciación. Al que no haya recibido una misión, tarde o temprano se le presentará la duda: ¿Para que sirvo yo?Samuel, pues, "ha recibido" la palabra de Dios; este don le permitirá intervenir eficazmente en la vida de su pueblo. Aquí la Biblia denuncia la falta de aquellos que no quieren reprender a sus hijos y corregirlos cuando cabe hacerlo. La futura libertad del adolescente y del adulto se prepara con la disciplina de una "ley" que pone en su lugar a los caprichos y los instintos (ver Sir 30 y Gál 4). 

 

 

 

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1 Sam. 4, 1 - 22 

DERROTA DE ISRAEL

 

 [1] Por ese entonces los filisteos se juntaron para atacar a Israel, pero los israelitas salieron también a hacerles frente. Acamparon cerca de Eben-Ezer, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. [2] Los filisteos se pusieron en orden de batalla contra Israel. [3] Luego de un rudo combate, los israelitas fueron derrotados, dejando muertos en el campo de batalla alrededor de cuatro mil hombres. Volvió el ejército al campamento, y los jefes de Israel se preguntaban por qué Yavé había dejado que fueran derrotados por los filisteos. Y se dijeron: «Vamos a Silo a buscar el Arca de nuestro Dios. Así estará ella con nosotros y nos salvará de nuestros enemigos.» [4] El pueblo envió mensajeros a Silo y sacaron de allí el Arca de Yavé de los Ejércitos, que se sienta sobre los querubines. Jofni y Finjas,hijos de Helí, acompañaban el Arca. [5] Cuando el Arca de Yavé llegó al campamento, todos los israelitas se pusieron a avivarla tan fuerte que la tierra temblaba. [6] Cuando los filisteos oyeron esa aclamación estruendosa dijeron: «¿Qué significarán esas aclamaciones tan grandes en el campamento de los israelitas?» Luego se enteraron de que el Arca de Yavé había llegado al campamento. [7] Entonces los filisteos se atemorizaron, pues decían: «Su Dios ha venido al campamento. [8] Pobres de nosotros. Nunca nos había sucedido hasta ahora una desgracia semejante. ¿Quién nos librará de las manos de esos poderosos dioses? Estos son los dioses que castigaron a Egipto con toda clase de plagas. Arriba, filisteos; [9] pórtense como hombres; no permitan que los hebreos nos hagan sus esclavos así como ellos lo han sido de nosotros. Seamos hombres y peleemos.» [10] Los filisteos se lanzaron al ataque y derrotaron a Israel: cada uno huyó por su lado. Fue un gran desastre en que perecieron treinta mil soldados de infantería de Israel. [11] El Arca de Dios fue capturada y murieron Jofni y Finjas, los dos hijos de Helí. [12] Un hombre de la tribu de Benjamín se escapó del frente de batalla y llegó el mismo día a Silo con la ropa hecha tiras y la cabeza cubierta de polvo. [13] Cuando llegó, Helí estaba sentado en su silla, a orilla del camino, tratando de divisar algo, pues estaba muy preocupado por lo que le pudiera haber pasado al Arca de Dios. Al saber en la ciudad la noticia que había traído este hombre, todo el mundo se puso a gritar. [14] Helí, entonces, preguntó: «¿Qué ruido es éste?» Y al instante se acercó el hombre para darle la noticia. [15] Helí tenía noventa y ocho años; tenía la mirada fija y ya no podía ver. [16] El hombre dijo a Helí: «Soy yo que acabo de llegar del campo de batalla, de donde logré hoy escapar.» Helí le preguntó: «¿Qué pasó, hijo?» [17] Y el mensajero respondió: «Israel huyó delante de los filisteos. El pueblo ha sufrido una gran derrota, también han muerto tus hijos Jofni y Finjas y el Arca de Dios ha sido capturada.» [18] Apenas el hombre nombró el Arca de Dios, Helí cayó de su silla hacia atrás junto a la puerta, se rompió la nuca y murió, pues era viejo y pesado. Hacía cuarenta años que mandaba en Israel. [19] Su nuera, la mujer de Finjas, estaba embarazada y por dar a luz. Cuando supo que el Arca de Dios había sido capturada y que su suegro y su marido habían muerto, sufrió un alumbramiento prematuro. [20] Estando por morir, las que le asistían le dijeron: «Animo, que es un niño»; pero ella estaba inconsciente y no respondió. [21] Le puso al niño el nombre de Icabod, o sea «Desapareció la gloria», aludiendo a la captura del Arca de Dios y a la muerte de Helí y de su marido. [22] Cuando ella dijo «la gloria», se refería al Arca de Dios. 

 

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[1] En su guerra contra los filisteos, los israelitas desean la protección de Yavé. Van a buscar el Arca, pensando que con esto Yavé está obligado a darles la victoria. Así es como, muchas veces, creemos ganarnos los favores de Dios con amuletos y prácticas, bien sean sagrados o supersticiososPero a Dios poco le importa el Arca, y tampoco está al servicio de un pueblo irresponsable. Sólo le importa educar a su pueblo, dejándole que pague el precio de su infidelidad. 

 

 

 

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1 Sam. 5, 1 - 12 

[1] Los filisteos tomaron el Arca de Dios y la llevaron de Eben-Ezer a Asdod. [2] Allí la pusieron en el templo de Dagón, colocándola junto al ídolo de Dagón. [3] Al otro día, cuando se levantaron los asdodeos, vieron que Dagón estaba boca abajo en el suelo, delante del Arca de Yavé. Levantaron a Dagón y lo volvieron a poner en su lugar. [4] Pero al amanecer del día siguiente encontraron otra vez a Dagón en el suelo delante del Arca de Yavé; su cabeza y sus manos estaban rotas en el umbral de la puerta, solamente el tronco de Dagón había quedado donde cayó. [5] Por eso, hasta el día de hoy los que entran en su templo en Asdod, no pisan el umbral del templo. [6] Después de esto, la mano de Yavé cayó pesadamente sobre los asdodeos e hizo estragos, hiriéndolos con tumores, en Asdod, y por toda su comarca. [7] Al ver lo que pasaba, los asdodeos dijeron: «Que no quede entre nosotros el Arca del Dios de Israel, porque su mano se hizo pesada sobre nosotros y contra el dios Dagón.» [8] Entonces hicieron llamar a los jefes de las ciudades de los filisteos y les dijeron: «¿Qué haremos con el Arca del Dios de Israel?» Ellos decidieron que el Arca del Dios de Israel se trasladara a Gat, y la llevaron allí. [9] Pero apenas entró en Gat, la mano de Yavé se dejó sentir sobre la ciudad, provocando gran terror a toda la gente; desde el más pequeño hasta el mayor fueron castigados, saliéndoles tumores. [10] Entonces enviaron el Arca de Dios a Acarón, pero una vez que llegó allí, los acaronitas exclamaron: «Nos han traído el Arca del Dios de Israel para que también nos mate a todos nosotros.» [11] Por esto, hicieron llamar a los jefes de las ciudades de los filisteos, a los cuales dijeron: «Devuelvan el Arca del Dios de Israel; que vuelva a su lugar y no nos haga morir a todos.» Porque se difundía por todas las ciudades el terror de la muerte, ya que la mano de Dios se había sentido duramente allí. [12] Los que no murieron fueron atacados de tumores y los gritos de angustia de cada ciudad llegaban hasta el cielo. 

 

 

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1 Sam. 6, 1 - 21 

[1] Estuvo, pues, el Arca de Yavé en el país de los filisteos, por espacio de siete meses. [2] Los filisteos llamaron a sus sacerdotes y adivinos y les preguntaron: «¿Qué debemos hacer con el Arca de Yavé? Dígannos cómo debemos devolverla a su lugar.» [3] Ellos respondieron: «Si quieren devolver el Arca, no se la devuelvan así no más, sino que ofrezcan, al mismo tiempo, un sacrificio de reparación. Así recobrarán ustedes la salud y sabrán por qué Dios los castigó tanto.» [4] Ellos dijeron: «¿Qué reparación debemos ofrecer?» Y los sacerdotes respondieron: [5] «Hagan cinco tumores de oro y cinco ratas de oro, de acuerdo al número de los distritos de los filisteos, ya que todos ustedes con sus jefes han sufrido la misma plaga. Hagan imágenes de sus tumores y de los ratones que arruinan el país, y den gloria al Dios de Israel. A ver si, con esto, deja de castigarlos a ustedes, a sus dioses y a su tierra. [6] Pero no endurezcan sus corazones, como los endurecieron los egipcios y el faraón. ¿No tuvieron que dejar partir a Israel, después que Dios los castigó con varias plagas? [7] Ahora, pues, manos a la obra y construyan una carreta nueva y enyuguen a ella dos vacas que estén criando y que no hayan llevado yugo, y encierren en el establo sus terneritos. [8] Tomen después el Arca de Yavé y pónganla en la carreta. Coloquen a su lado, en un cofre, las figuras de oro que le han ofrecido como reparación. [9] Después, déjenla marchar. Y fíjense: si toma el camino de su país, hacia Bet-Semes, sepan que es el Dios de Israel quien nos ha causado esta gran calamidad; si no, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha castigado y que todo esto nos ha pasado por casualidad.» [10] Así lo hicieron: tomaron dos vacas que estaban criando, las enyugaron a la carreta y encerraron sus terneritos en el establo. [11] Colocaron en la carreta el Arca de Dios con el cofre que contenía los ratones y las imágenes de oro. [12] Entonces las vacas se dirigieron derecho por el camino que sube a Bet-Semes y siguieron la ruta mugiendo, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Los jefes de los filisteos las siguieron hasta llegar al territorio de Bet-Semes. [13] Los de Bet-Semes estaban segando el trigo en el valle cuando vieron que se acercaba el Arca. Salieron a su encuentro muy contentos. [14] Al llegar la carreta al campo de Josué, de Bet-Semes, se detuvo; había allí una gran piedra. Astillaron la madera de la carreta y sacrificaron encima las vacas, como víctimas quemadas en honor a Yavé. [15] Mientras tanto los levitas habían bajado el Arca de Dios y el cofre que estaba a su lado, que contenía los objetos de oro, y colocaron todo sobre la gran piedra. Los de Bet-Semes ofrecieron aquel día sacrificios a Yavé, [16] mientras que los cinco jefes filisteos, después de comprobar lo sucedido, se volvieron el mismo día a Acarón. [17] Las ciudades de los filisteos que ofrecieron los tumores de oro en reparación a Yavé son éstas: Asdod, Gaza, Ascalón, Gat y Acarón; [18] y además había tantos ratones de oro como ciudades filisteas bajo la autoridad de los cinco jefes, desde las ciudades fortificadas hasta las aldeas que no tienen muros. Prueba de esto, hasta el día de hoy, es la gran piedra en la que se colocó el Arca de Yavé, que está en el campo de Josué de Bet-Semes. [19] En Bet-Semes Yavé hizo perecer a setenta personas que se atrevieron a mirar el Arca. Al ver esto, todo el pueblo se apenó mucho. [20] Dijeron entonces los habitantes de Bet-Semes: «¿Quién podrá quedarse en presencia de Yavé, el Dios Santo?» «¿A dónde podríamos enviar el Arca?» [21] Mandaron decir a los habitantes de Cariatiarim: «Los filisteos devolvieron el Arca de Yavé. Bajen aquí y llévensela.» 

 

 

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1 Sam. 7, 1 - 17 

[1] Vinieron los habitantes de Cariatiarim por el Arca de Yavé y la colocaron en la casa de Abinadab, en la loma, y consagraron a su hijo Eleazar para que la cuidase.

 

SAMUEL LEVANTA A ISRAEL

 

 [2] Desde el día en que el Arca quedó instalada en Cariatiarim, transcurrieron veinte largos años, durante los cuales el pueblo de Israel gemía y suplicaba a Yavé. [3] Entonces Samuel se dirigió al pueblo diciéndoles: «Si ustedes vuelven a Yavé con sinceridad, quiten de en medio de ustedes los dioses extranjeros y las imágenes de los Baales y Astartés. Mientras ustedes permanezcan fieles a Yavé, sirviéndole sólo a él, Yavé los librará de los filisteos. [4] Los israelitas, pues, expulsaron los Baales y las Astartés y se pusieron a servir sólo a Yavé. [5] Samuel dijo: «Reúnan a todo Israel en Mizpá y yo rogaré a Yavé por ustedes.» [6] Se reunieron en Mizpá, derramaron agua ante Yavé, ayunaron durante ese día y dijeron: «Hemos pecado contra Yavé.» Y fue Samuel quien dirigió esta asamblea de los israelitas en Mizpá. [7] Cuando los filisteos supieron que los israelitas se habían reunido en Mizpá, los jefes de sus cinco ciudades subieron a Israel para atacarlo. Los israelitas, a su vez, tuvieron miedo [8] y dijeron a Samuel: «No dejes de invocar a Yavé, nuestro Dios, para que él nos salve de los filisteos.» [9] Samuel tomó entonces un cordero lechón y lo ofreció en sacrificio a Yavé, suplicándole por el pueblo; y Yavé lo escuchó. [10] En el mismo momento en que Samuel ofrecía el sacrificio, los filisteos se lanzaron al ataque contra Israel. Pero la voz de Yavé resonó como un trueno en medio de los filisteos, cundió el pánico entre ellos y fueron vencidos por los hombres de Israel. [11] Estos persiguieron a los filisteos, desde Mizpá hasta más abajo de Betcar. [12] Samuel tomó entonces una piedra y la puso entre Mizpá y Jesana y dio a aquel lugar el nombre de Ebena-Ezer, es decir, «piedra del socorro», diciendo: «Hasta aquí nos ha socorrido Yavé.» [13] Después de esta derrota los filisteos no se atrevieron a invadir más el territorio de Israel. Así la mano de Yavé se hizo sentir contra los filisteos mientras vivió Samuel: [14] las ciudades que habían tomado a los israelitas fueron devueltas a Israel, desde Acarón hasta Gat; Israel liberó su territorio del dominio de los filisteos. También hubo paz entre Israel y los amorreos. [15] Samuel fue juez de Israel mientras vivió. Cada año hacía un recorrido por Betel, [16] Guilgal y Mizpá, juzgando a Israel en todos esos lugares, [17] y después se volvía a Ramá, donde tenía su casa. Allí juzgaba a Israel y también edificó un altar a Yavé. 

 

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[2] Se repite la misma experiencia de los Jueces. Samuel convence a Israel que vuelva a Yavé, y éste, fiel a su Alianza, concede la victoria. 

 

 

 

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1 Sam. 8, 1 - 22 

EL PUEBLO PIDE UN REY. SAMUEL DENUNCIA LA DICTADURA

 

 [1] Cuando Samuel llegó a anciano, dejó a sus hijos como jueces de Israel. [2] El mayor de sus hijos se llamaba Joel y el otro se llamaba Abías, y juzgaban en Bersebá. [3] Pero no fueron igual que su padre. Buscaban el dinero, aceptaban regalos y violaban la justicia. [4] Se reunieron, pues, los jefes de Israel y fueron a Ramá, donde estaba Samuel, [5] y le dijeron: «Tú ya estás viejo y tus hijos no siguen tus ejemplos. Pues bien, danos un rey para que nos gobierne, como hacen los reyes en todos los países.» [6] A Samuel no le gustó nada que le hubieran dicho: «Danos un rey para que nos gobierne»; e invocó a Yavé. Y Yavé dijo a Samuel: «Dale a tu pueblo lo que te pide. [7] Pues no te rechazan a ti, sino que es a mí a quien han rechazado para que no reine sobre ellos. [8] Te tratan a ti como me han tratado a mí desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy. Pues sabes cómo me abandonaron para ir tras otros dioses. [9] Escucha, sin embargo, su petición y les dirás cuáles son los derechos del rey que los va a gobernar.» [10] Samuel transmitió al pueblo que le había pedido un rey todo lo que le había dicho Yavé. [11] Les dijo: «Miren lo que les va a exigir su rey: les tomará a sus hijos y los destinará a su carro y a sus caballos, o también los hará correr delante de su propio carro; [12] los empleará como jefes de mil y como jefes de cincuenta; los hará labrar y cosechar sus tierras; los hará fabricar sus armas y los aperos de sus caballos; [13] les tomará sus hijas para peluqueras, cocineras y panaderas; [14] a ustedes les tomará sus campos, sus viñas y sus mejores olivares y se los dará a sus oficiales; [15] les tomará la décima parte de sus sembrados y de sus viñas para sus funcionarios y servidores; [16] les tomará sus sirvientes, sus mejores bueyes y burros y los hará trabajar para él, [17] a ustedes les sacará la décima parte de sus rebaños y ustedes mismos serán sus esclavos. [18] Ese día se lamentarán del rey que hayan elegido, pero Yavé ya no les responderá.» [19] El pueblo no quiso escuchar a Samuel y dijo: «¡No! Tendremos un rey y nosotros seremos también como los demás pueblos: [20] nuestro rey nos dirigirá e irá al frente de nosotros en nuestros combates.» [21] Oyó Samuel todas las palabras de su pueblo y las repitió a los oídos de Yavé. Pero Yavé dijo a Samuel: «Hazles caso y dales un rey.» [22] Samuel dijo entonces a todos los hombres de Israel: «Vuelva cada uno a su ciudad.» 

 

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[1] Una profunda transformación ha tenido lugar en la vida de los antiguos nómadas. Se han vuelto agricultores y habitan en aldeas y ciudades igual como los demás habitantes del país. Sus antiguas estructuras sociales, bien adaptadas en otros tiempos a la vida del desierto, ya no sirven; es lo que nos muestra constantemente tanto la historia de los pueblos como la de la Iglesia. Aparecen cambios de mentalidad, impulsados por los acontecimientos y por la evolución de las técnicas, que revelan la inadaptación de las antiguas estructuras a las nuevas situaciones. Siendo el hombre un ser vivo que no cesa de evolucionar, de interrogarse, de descubrir y de llevar a cabo cosas, se da una permanente tensión entre la vida y las instituciones.Por otra parte, las instituciones tienen por fin esencial canalizar, ordenar y organizar esa vida siempre bullente. Sin creatividad, el hombre es un cadáver ambulante; sin institución, cualquier sociedad cae en la anarquía. La tensión entre la vida y las instituciones aparece más claramente en determinados momentos, que son los períodos de crisis de una sociedad. Entonces se enfrentan corrientes conservadoras y corrientes innovadoras. Mientras las primeras consideran la vuelta firme e intransigente al pasado como el medio para restablecer el orden de las cosas, las segundas, conscientes de la necesidad de inventar estructuras nuevas, olvidan muy rápidamente lo ya adquirido y la experiencia del pasado. Los capítulos 8 al 12 del Primer libro de Samuel nos ponen en presencia de una de esas crisis y de las tensiones que se crearon. El pueblo se da cuenta de la debilidad que crean la división y la anarquía, y no basta el poder pasajero de los "jueces". Samuel, por su parte, es un defensor del pasado y sus advertencias están marcadas por su desconfianza personal. No reconoce el progreso que constituye un gobierno más fuerte, sino que denuncia los abusos del poder absoluto. El pueblo prefiere que otros se hagan responsables de su destino, pero el rey, representante de Dios en la teoría, será de hecho el opresor de la nación. Ya en aquel tiempo los grandes jefes sabían bastante de propaganda para convencer al pueblo de que eran indispensables. 

 

 

 

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1 Sam. 9, 1 - 27 

 [1] Había un hombre de la tribu de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afia. Era un hombre valiente. [2] Tenía un hijo llamado Saúl, joven y de bella presencia, además de que sobrepasaba a todo el mundo en estatura. [3] Sucedió que se perdieron las burras de Quis. Este dijo a su hijo Saúl: «Toma como compañero a uno de los mozos y anda a buscarme las burras.» [4] Atravesaron los cerros de Efraím y el territorio de Salisa y no las encontraron; cruzaron el país de Saalim, pero tampoco estaban allí; recorrieron el país de Benjamín sin encontrar nada. [5] Cuando llegaron al territorio de Suf, dijo Saúl al muchacho que lo acompañaba: «Volvamos, no sea que mi padre esté más preocupado de nosotros que de las burras.» [6] Pero él respondió: «Todavía no, pues en esta ciudad vive un hombre de Dios. Es muy famoso. Todo lo que dice se cumple con seguridad. Vamos donde él por si nos orienta acerca del objeto de nuestro viaje.» [7] Saúl le contestó: «Bien, vamos, pero ¿qué presente llevaremos a ese hombre de Dios? No nos queda pan y no tenemos ningún regalo para llevarle. ¿Qué le podemos dar?» [8] El muchacho dijo a Saúl: «Me queda en el bolso una moneda de cuarto de siclo de plata; se la daré al hombre de Dios y nos indicará el camino que hemos de seguir.» [10] Saúl dijo a su muchacho: «Tienes razón; vamos.» Y se fueron a la ciudad donde vivía el hombre de Dios.

 

SAMUEL UNGE A SAÚL

 

 [11] Cuando Saúl subía con su muchacho por la cuesta de la ciudad de Ramá, encontraron a unas muchachas que salían a buscar agua y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente?» ([9] Porque antes en Israel, cuando alguien iba a consultar a Dios, decía: «Vamos a ver al vidente»; se llamaba entonces vidente al que llamamos profeta.) [12] Ellas le respondieron: «Sí, aquí está el vidente. Acaba de llegar para ofrecer hoy mismo un sacrificio por el pueblo en la loma. [13] En cuanto entren a la ciudad, búsquenlo pronto antes que suba al santuario, pues hoy habrá allí un banquete sagrado y todo el mundo lo está esperando para que bendiga el sacrificio y luego puedan sentarse a la mesa los invitados. Vayan en seguida y al momento lo encontrarán.» [14] Subieron, pues, a la ciudad. Entraban por la puerta cuando Samuel salía para subir al santuario. [15] Ahora bien, la víspera de la venida de Saúl, Yavé había hecho esta revelación a Samuel: [16] «Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín. Lo ungirás como jefe de mi pueblo, Israel, y él lo librará de la mano de los filisteos, porque he visto la aflicción de mi pueblo y su clamor ha llegado a mí.» [17] Cuando Samuel vio a Saúl, Yavé le indicó: «Este es el hombre del que te he hablado; él gobernará a mi pueblo.» [18] Saúl se acercó a Samuel (estaban en la puerta de la ciudad) y le dijo: «Indícame, por favor, dónde está la casa del vidente.» [19] Samuel respondió a Saúl: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al santuario. Hoy comerás conmigo. Mañana te despediré y te contestaré todas tus preguntas. [20] No te preocupes por las burras que perdiste hace tres días, porque ya las hallaron.» Samuel agregó: «¿Para quién serán los primeros puestos en Israel? ¿No serán para ti y la familia de tu padre?» [21] Saúl respondió: «Yo soy de la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel. Y mi familia es la más pequeña de Benjamín. ¿Por qué me dices estas cosas?» [22] Samuel tomó a Saúl y a su muchacho, los invitó a entrar en la sala y los hizo sentarse en la cabecera de la mesa, donde había treinta personas. [23] Después Samuel dijo al cocinero: «Sirve la presa que yo te dije que la pusieras aparte.» [24] El cocinero tomó el pernil con la cola y lo puso delante de Saúl, diciéndole: «Esto fue especialmente reservado para ti; sírvetelo.» Aquel día Saúl comió con Samuel. [25] Bajaron del santuario a la ciudad. Prepararon para Saúl una cama en la terraza, donde se acostó. [26] Cuando amaneció, Samuel llamó a Saúl y le dijo: «Levántate, que voy a despedirte.» Se levantó Saúl y salieron los dos fuera. [27] Habían bajado hasta las afueras de la ciudad cuando Samuel dijo a Saúl: «Dile a tu muchacho que siga caminando; tú, en cambio, detente aquí, pues tengo que comunicarte un recado de parte de Dios.» 

 

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[1] La continuación del capítulo 8 está en 10,17. Saúl salió a buscar las burras de su padre, y encontró en el camino algo que no esperaba. 

 

 

[11] El joven Saúl está en busca de un vidente. Ello no debe extrañarnos. Pues en todo tiempo los hombres han buscado a quienes puedan captar los secretos de su destino. Así, en los comienzos de la historia de Israel, el profeta casi no se distingue de los adivinos, astrólogos y demás personajes que pretenden conocer lo que los hombres comunes no pueden saber; se lo va a consultar como lo hace Saúl para cualquier cosa. Pero luego el profetismo tomará en Israel una orientación completamente original: el profeta será el portavoz de Dios, el que revela el misterio de Dios y que llama a los hombres a la conversión. Ya se habrá hecho el traspaso cuando se redacte este capítulo, y el v. 9 precisará bien que antes se decía vidente y que ahora se dice profeta.Samuel consagra a Saúl con una unción de aceite (ver comentario de Lev 8). 

 

 

 

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1 Sam. 10, 1 - 27 

[1] Entonces Samuel tomó la alcuza de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl y después lo besó diciendo: «Yavé es quien te ha ungido como jefe de Israel. Tú dirigirás al pueblo de Yavé y lo librarás de los enemigos que lo rodean. Y ésta será para ti la señal de que el mismo Yavé te ha ungido. [2] En cuanto te separes de mí encontrarás a dos hombres junto a la tumba de Raquel, en la frontera de Benjamín, y ellos te dirán: Las burras que andabas buscando ya las hallaron. Fíjate que tu padre ya se olvidó de ellas y ahora está muy preocupado por lo que les haya podido pasar a ustedes. [3] Siguiendo más allá te toparás con tres hombres que suben a ver a Dios en Betel. Uno de ellos llevará tres cabritos; el otro, tres panes, y el tercero, una botella de vino. [4] Te saludarán y te darán dos panes. [5] Después llegarás a Guibea de Dios, donde hay un gobernador filisteo. A la entrada de la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas, precedidos por un coro con arpas, tambores, flautas y cítaras. Estarán en trance, como ocurre a los profetas. [6] Entonces te tomará el espíritu de Yavé, entrarás en trance como ellos y serás cambiado en otro hombre. [7] Cuando te hayan sucedido todas estas cosas, haz lo que quieras, porque Dios está contigo. [8] Baja, pues, delante de mí a Guilgal y yo iré a juntarme contigo para ofrecer víctimas y sacrificios a Yavé. Esperarás siete días, hasta que yo venga a ti y te diga lo que debes hacer.» [9] Apenas Saúl se alejó de Samuel, Dios le cambió el corazón y todas las señales se realizaron ese mismo día. [10] Desde allí fueron a Guibea y se encontraron con un grupo de profetas;lo invadió el espíritu de Dios y se puso a profetizar en medio de ellos. [11] Los que lo conocían desde niño, cuando lo vieron cantando con los profetas, se decían entre sí: «¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¿También Saúl está profetizando?» [12] A lo cual respondieron algunos: «¿Y quién es su padre?» Y así pasó a ser un proverbio: «¿Conque Saúl es uno de los profetas?» [13] Saúl dejó de profetizar cuando llegó con ellos al santuario. [14] El tío de Saúl les preguntó a él y a su mozo a dónde habían ido; a lo que ellos respondieron: «Andábamos buscando las burras, pero como no las encontramos por ningún lado, fuimos a ver a Samuel.» [15] Y como su tío le pidiese que le contara lo que le había dicho Samuel, él le replicó: [16] «Sencillamente nos dijo que las burras habían aparecido.» Pero no le contó absolutamente nada de lo que le había dicho Samuel acerca del reino.  [17] Después de esto, Samuel convocó al pueblo delante de Yavé en Mizpá, [18] y dijo a los hijos de Israel: «Esto dice Yavé: Yo saqué a Israel de Egipto y los libré de las manos de los egipcios y de los reyes que los tenían oprimidos. [19] Pero ustedes, hoy día, han despreciado a su Dios, que los salvó de todos sus males y aprietos, y han dicho: No, danos un rey que nos gobierne. Por eso, ahora, preséntense delante de Yavé, distribuidos por tribus y familias.» [20] Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel y, al echar suerte, fue designada la tribu de Benjamín. [21] De la tribu de Benjamín fue designada la familia de Matrí, y de la familia de Matrí, Saúl, hijo de Quis. Lo buscaron, pero no lo encontraron. [22] Entonces, volvieron a preguntar a Yavé: «¿Vino Saúl?» A lo que Yavé dijo: «A estas horas está escondido en medio de los equipajes.» [23] Fueron corriendo a sacarlo de allí y, una vez en medio del pueblo, vieron que sobresalía, de los hombros arriba, sobre todos los demás. [24] Samuel dijo al pueblo: «¿Ven al que eligió Yavé? Como él no hay nadie en todo el pueblo.» Y todos aclamaron: «¡Viva el rey!» [25] Samuel dio a conocer al pueblo los derechos y deberes de los reyes y los escribió en un libro que guardó delante de Yavé. [26] Después, despidió Samuel al pueblo, y cada cual se fue a su casa. También Saúl se fue a la suya, en Guibea, acompañado de aquellos valientes cuyos corazones había movido el Señor. [27] Pero algunos malvados dijeron: «¡Qué nos va a salvar ése!» Y para demostrarle su desprecio, no le llevaron regalos. 

 

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[17] Aquí viene la continuación lógica del capítulo 8, y es otro relato de la elección de Saúl. Este capítulo no se opone al anterior en forma demasiado chocante, pues en aquel Samuel consagraba a Saúl en forma secreta, y aquí el sorteo pone de manifiesto al elegido de Dios.La Biblia nos presenta el mismo acontecimiento contado por dos hombres de convicciones opuestas. El primero veía en la institución de reyes una cosa buena y conforme a los planes de Dios (cap. 9-10); el segundo veía en ésta una novedad peligrosa que Dios solamente toleraba. Al yuxtaponer los dos relatos, la Biblia nos da a entender que toda decisión política es discutible y que, habitualmente, los que defienden posiciones contrarias tienen cada uno parte de la verdad.Está escondido en medio de los equipajes (22). Aquí empieza la tragedia de Saúl, rey a pesar suyo. Los israelitas pedían un rey a causa del peligro exterior (los filisteos), pero, en sus convicciones profundas, repudiaban toda autoridad. El mismo Saúl no se sentía hecho para gobernar. A pesar de que se destacaba por su buena presencia (sobresalía de los hombros arriba) y por su valentía, como lo muestra el capítulo 11, no era de los que se arriesgan. Era un hombre porfiado, apegado a las ideas de su tiempo (ver cap. 25). Saúl, hombre modesto, no tenía la humildad que a Dios le gusta y que permite en emprender cosas nuevas y grandes sin temor al posible fracaso.Todos gritaron: ¡Viva el rey! Hemos presenciado muchos congresos entusiastas como éste y que no llevaron a ningún resultado positivo. Como pasa a muchos dirigentes, Saúl, al día siguiente, se encuentra solo en medio de un pueblo que cree haberlo solucionado todo porque se llevó a cabo una elección. 

 

 

 

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1 Sam. 11, 1 - 15 

 [1] Aproximadamente un mes después, Najás, el amonita, le puso sitio a Jabés de Galaad. Y todos los hombres de Jabés dijeron a Najás: «Si llegas a un acuerdo con nosotros te serviremos.» [2] Najás respondió: «Estas son mis condiciones: les sacaré a todos el ojo derecho para que así quede humillado todo Israel.» [3] Entonces los jefes de Jabés le contestaron: «Danos un plazo de siete días. Vamos a mandar mensajeros por todo el territorio de Israel, y si no hay nadie que nos ayude, entonces nos rendiremos a ti.» [4] Llegaron los mensajeros a Guibea, donde vivía Saúl, y contaron estas cosas al pueblo, y todos se pusieron a gritar y a llorar. [5] En esto llegó Saúl, que venía del campo con sus bueyes, y dijo: «¿Por qué está llorando todo el mundo?» Cuando le contaron lo que sucedía, [6] el espíritu de Dios se apoderó de Saúl y se enojó sobremanera. [7] Tomó una yunta de bueyes, los descuartizó y envió los pedazos por todo el territorio de Israel con este mensaje: «Esto les va a pasar a los bueyes de todos los que no quieran seguirme a mí y a Samuel.» Al ver esto, todos tuvieron miedo y salieron como un solo hombre. [8] Saúl les pasó revista en Bezar: eran unos trescientos mil los de Israel y treinta mil los de Judá. [9] Entonces despidieron a los mensajeros con esta respuesta para los de Jabés: «Mañana, cuando salga el sol, iremos a liberarlos.» [10] Y los de Jabés, llenos de alegría con esta noticia, dijeron a los amonitas: «Mañana saldremos y ustedes podrán hacer con nosotros lo que les parezca.» [11] A la mañana siguiente Saúl dispuso a su gente en tres columnas, que penetraron en el campamento antes que amaneciera. Hubo lucha hasta el mediodía. Los amonitas fueron derrotados y los que pudieron escaparon cada uno por su cuenta. [12] Entonces el pueblo dijo a Samuel: «¿Dónde están los que preguntaron si Saúl iba a reinar sobre nosotros? Entréganos esos hombres para matarlos.» [13] Saúl respondió: «No se matará a nadie, porque hoy Yavé ha salvado a Israel.» [14] Samuel dijo al pueblo: «Vamos todos a Guilgal y confirmemos allí al rey.» [15] Todo el pueblo fue a Guilgal y allí reconocieron por rey a Saúl en presencia de Yavé. Ofrecieron sacrificios de comunión y Saúl, junto con todos los israelitas, celebró este acontecimiento con una gran fiesta. 

 

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[1] Se reanuda aquí el relato interrumpido en 10,16.Los hombres de Jabés están dispuestos a aceptar la paz. Israel llora y grita, pero Saúl es quien decide que esto no se puede tolerar. Su valentía compromete a Dios.¿Dónde están los que preguntaron si Saúl iba a reinar? No hay vida política sin partidos. Desde el principio Saúl tiene sus partidarios y adversarios; pero sobre todo debe poner atención en el "tribalismo" de los israelitas, en particular en la rivalidad entre las tribus de Efraín y de Benjamín por el norte y la tribu de Judá por el Sur.. En cuanto a los hombres de Jabés, le serán fieles hasta después de su muerte (ver 1 Sam 31,11). 

 

 

 

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1 Sam. 12, 1 - 24 

SAMUEL RENUNCIA

 

 [1] Samuel dijo al pueblo: «Los he atendido en todo lo que me han pedido, y les he dado un rey. 2Desde ahora en adelante tienen un rey para dirigirlos. Lo que es yo, ya soy viejo, estoy lleno de canas y tengo a mis hijos que me reemplacen junto a ustedes. Los he guiado desde mi juventud hasta el día de hoy. [3] Ahora, mientras ustedes me tienen aquí, digan en presencia de Yavé y de su rey: ¿A quién le he llevado su buey o su burro? ¿A quién he engañado o maltratado? ¿Quién me ha sobornado con dinero? Que lo digan y lo devolveré.» [4] Respondieron: «Nunca le hiciste mal a nadie.» [5] Entonces Samuel dijo: «Yavé y el rey son ahora testigos de que ustedes no encontraron en mí culpa alguna.» Y ellos contestaron: «Efectivamente, es como tú dices.» [6] Entonces Samuel dijo al pueblo: «Sí; testigo es Yavé, que estableció a Moisés y a Aarón y que sacó a nuestros padres de la tierra de Egipto. [7] Preséntense ahora para que yo les pida cuentas en nombre de Yavé por todas las misericordias que él les hizo a ustedes y a sus padres. [8] Acuérdense cómo Jacob entró en Egipto y cómo clamaron a Yavé los padres de ustedes cuando fueron oprimidos. Entonces envió a Moisés y a Aarón, que sacaron a sus padres de Egipto y lo pusieron en este lugar. [9] Pero ellos se olvidaron de Yavé, su Dios, por lo que les entregó en manos de Sísara, jefe del ejército de Jasor, y en manos de los filisteos y del rey de Moab, que les hicieron la guerra. [10] Pero después clamaron a Yavé y reconocieron: Hemos pecado, porque te abandonamos a ti, Señor, y servimos a los baales y a las astartés. Pero ahora, líbranos de las manos de nuestros enemigos y te serviremos. [11] Entonces Yavé envió a Jerubaal, a Barac, a Jefté y a Samuel y los libró del cerco de sus enemigos y vivieron seguros. [12] Pero, cuando vieron que Najás, rey de los amonitas, los atacaba, me dijeron: ¡No!, que reine un rey sobre nosotros, a pesar de que Yavé, su Dios, era rey de ustedes. [13] Aquí tienen a su rey. Ya ven cómo el Señor les ha dado el rey que ustedes escogieron y pidieron. ¡Ojalá teman a Yavé, lo sirvan y escuchen su voz, y no se rebelen contra sus órdenes! [14] ¡Ojalá que ustedes y el rey que reine sobre ustedes lo sigan! [15] Porque si no escuchan su voz y se rebelan contra sus órdenes, entonces la mano de Yavé pesará sobre ustedes y sobre su rey. [16] No se vayan todavía, para que vean este gran prodigio que Yavé va a realizar delante de sus ojos. ¿No es ahora la cosecha del trigo? [17] Pues bien, voy a invocar a Yavé para que haga tronar y llover. Reconocerán entonces y verán el gran mal que han hecho a sus ojos al pedir un rey.» [18] Invocó Samuel a Yavé, que hizo tronar y llover ese mismo día, y todo el pueblo tuvo gran temor a Yavé y a Samuel. [19] Todo el pueblo dijo a Samuel: «Ruega a Yavé, tu Dios, por nosotros, para que no muramos; porque a todos los demás pecados nuestros hemos añadido esta maldad de pedir un rey.» [20] Pero Samuel les contestó: «No teman. Es cierto que han hecho esa maldad. Pero ahora, no se alejen de Yavé y sírvanlo con todo su corazón, [21] no se aparten para seguir estos ídolos que no sirven ni salvan porque nada son. [22] Porque Yavé no rechazará a su pueblo en atención a su gran Nombre, ya que se ha dignado hacer de ustedes su pueblo. [23] Por mi parte, ¿cómo cometería este pecado de no interceder por ustedes ante Yavé o de no enseñarles el camino bueno y recto? [24] Teman sólo a Yavé y sírvanlo con todo su corazón, pues han visto las maravillas que ha realizado en medio de ustedes. Pero, si se portan mal, perecerán ustedes y su rey.» 

 

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[1] Le cuesta a Samuel retirarse para dejarle el lugar a Saúl, asemejándose así a muchos fundadores o responsables que no saben dejar a otros, más jóvenes o más competentes, el cuidado de prolongar y de desarrollar la obra que crearon.Samuel aprovecha la oportunidad para recordar que ninguna autoridad puede sustraerse a la ley de Dios, más aún cuando esa autoridad está encargada de llevar a la práctica esa Ley.Si ustedes y el rey que reina sobre ustedes siguen a Yavé... Para Samuel el rey al igual que sus súbditos deberá obedecer fielmente las exigencias de la Alianza; pero la historia nos mostrará que muy pronto los reyes de Israel se creyeron dispensados de esa fidelidad. Apenas ascendido al trono, Salomón dejará el palacio de su padre David, construido en la ciudad baja en medio de las casas del pueblo, e irá a instalarse al lado del templo de Yavé. En adelante en la parte baja estará el pueblo y en la montaña santa Dios y el rey. ¡Todo un símbolo! Incluso en la Iglesia, nuevo Israel, se podrá ver a responsables que se comportan como "príncipes de la Iglesia" y confunden responsabilidad con abuso de autoridad. "El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida..."Pablo retomará palabras de este discurso en Hechos 20,33. 

 

 

 

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1 Sam. 13, 1 - 23 

 [1] Saúl llegó a ser rey de Israel. [2] Saúl eligió tres mil hombres de Israel, de los cuales dos mil estaban con él en Micmas y en los cerros de Betel, y mil con Jonatán en Guibea de Benjamín. En cuanto al resto del pueblo, lo devolvió a sus carpas. [3] Jonatán dio muerte al gobernador filisteo de Guibea, lo que llegó a oídos de los filisteos. [4] Entonces Saúl mandó divulgar por todo el país a son de trompetas este bando: «¡Que lo sepan todos los hebreos!» Todo Israel supo esta noticia: «Saúl ha dado muerte al gobernador filisteo y, por esto, Israel está en guerra con los filisteos.» Y el pueblo se reunió junto a Saúl en Guilgal.

 

EL «PECADO» DE SAÚL

 

 [5] Los filisteos se reunieron para atacar a Israel con tres mil carros, seis mil hombres de a caballo y un ejército tan numeroso como las arenas del mar. Subieron y acamparon en Micmas, al este de Bet-Avén. [6] Cuando los israelitas se vieron en peligro, la gente empezó a huir: unos se escondían en las cavernas, en los subterráneos o entre las rocas; otros se metían en las criptas o en los pozos. [7] Algunos atravesaron el Jordán y fueron a Gad y Galaad. Saúl estaba todavía en Guilgal y todo el pueblo temblaba de temor junto a él. [8] Esperó siete días conforme al plazo que Samuel había fijado; pero Samuel no llegó a Guilgal y el ejército empezó a dispersarse. [9] Entonces Saúl dijo: «Prepárenme la víctima que debe ser consumida por el fuego y los sacrificios de comunión.» [10] Acababa de celebrar el sacrificio cuando llegó Samuel. Saúl salió a su encuentro para saludarlo. [11] Pero Samuel le dijo: «¿Qué has hecho?» Y Saúl respondió: «Yo vi que el ejército se dispersaba y que los filisteos se concentraban en Micmas, y tú no llegabas. [12] Entonces me dije: "Justamente me van a atacar los filisteos cuando todavía no he suplicado a Yavé." En vista de eso me vi obligado a ofrecer el sacrificio.» [13] Samuel dijo a Saúl: «Has obrado como un tonto. Si hubieras cumplido la orden que Yavé, tu Dios, te había dado, entonces Yavé habría asegurado tu reino sobre Israel. [14] Pero ahora tu reino no se mantendrá. Yavé se ha buscado un hombre a su gusto para hacerlo rey de su pueblo, ya que tú no has cumplido lo que él te había ordenado.» [15] Con esto se retiró Samuel. El resto del pueblo que quedaba subió con Saúl a juntarse con los demás combatientes que había en Guibea. [16] Saúl pasó revista a la gente que tenía con él: había unos seiscientos hombres. [17] Saúl, su hijo Jonatán y su tropa habían establecido su campamento en Guibea de Benjamín, mientras que los filisteos acampaban en Micmas. Y salieron tres destacamentos de filisteos a devastar los campos; uno tomó el camino de Ofrá, en la comarca de Saúl; [18] otro marchó por el camino que va a Bet-Horón, y el tercero se dirigió hacia el camino de la frontera que domina el valle de Seboín, hacia el desierto. [19] En toda la tierra de Israel no había herreros, ya que los filisteos habían tomado esta precaución, para que los hebreos no hicieran espadas ni lanzas. [20] De tal modo que todos los israelitas tenían que acudir a los filisteos para afilar su arado, su hacha, su azuela o su azadón. [21] El precio por afilar los arados y hachas era de dos tercios de siclo, y por las azuelas y azadones, de un tercio. [22] Y ocurrió que el día de la batalla de Micmas, ninguno de los que estaban con Saúl y Jonatán tenía espada ni lanza; se encontró, sin embargo, para Saúl y su hijo Jonatán. [23] Fue así como el pelotón filisteo se dirigió hacia el paso de Micmas. 

 

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[1] Saúl no pensó en dejar su pueblo de Guebá y construir una capital de la nueva nación de Israel. Pero sí creó, poco a poco, un ejército permanente (ver 14,52) en vez de contar solamente con los voluntarios que se presentaban en cada momento de tensión más fuerte con los enemigos. Durante años luchó perseverantemente para rechazar las incursiones de los filisteos. 

 

 

[5] Aquí nos cuentan con dos ejemplos (ver también el cap. 15), que Saúl vaciló entre la fidelidad a Dios y lo que le parecía más razonable, tanto que, al final, prefirió actuar según sus propios criterios. Yavé habría asegurado tu reino sobre Israel. Yavé exige más de aquel hombre con quien quiere establecer un pacto duradero; para recibir de Yavé promesas que van más allá de un destino común y corriente, Saúl debe demostrar una fidelidad total, incluso cuando parece que Dios demora o se equivoca. En esto fue probado Abraham, y en esto falla Saúl.Debemos sin embargo advertir que los versículos 7 al 15 son un agregado tardío al texto primitivo; con mucha probabilidad son obra de los sacerdotes que al regreso del cautiverio rehicieron los textos más antiguos. Estos versículos son la alabanza a Samuel, el portavoz de Dios. Podemos esta interpretación de los sucesos, tal como nos la presentan dichos sacerdotes, pero al mismo tiempo podemos advertir de qué manera Samuel se atribuye una especie de autoridad de derecho divino. ¿En nombre de qué autoridad soberana se permite Samuel faltar a su palabra, no llegando en los plazos establecidos?Como muchos otros jefes, Samuel se cree dispensado de rendir cuentas a quienquiera que sea. ¿Desde cuándo Saúl es el único responsable de la falta ritual que cometió? ¿Y cómo puede condenar a Saúl si éste actuó según su conciencia? La Tradición cristiana nos dice que uno debe seguir siempre su conciencia si ha hecho lo posible por esclarecerla, y esto incluso si al actuar así desobedece a altas autoridades o a leyes muy sagradas. Sin negar los grandes méritos de Samuel, habría que decir que fue él quien destruyó a Saúl. 

 

 

 

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1 Sam. 14, 1 - 52 

 [1] Ese día, Jonatán dijo a su escudero: «Vayamos a atacarlo», sin que lo supiera su padre. [2] Este acampaba en las cercanías de Guibea, bajo el granado que está cerca de la era, y estaban con él unos seiscientos hombres. [3] Ajías, hijo de Ajitub, y hermano de Icabod, hijo de Finjas, hijo de Helí, el sacerdote de Yavé en Silo, llevaba el efod para consultar a Yavé. Nadie sabía a dónde había ido Jonatán. [4] En el paso por donde aquél tenía que atravesar para llegar al campamento filisteo hay dos rocas sobresalientes a uno y otro lado; una se llama Boses y la otra Sené. [5] La primera mira al norte, frente a Micmas, y la segunda al sur, frente a Guibea. [6] Entonces Jonatán dijo a su escudero: «Ven, ataquemos la posición de esos incircuncisos; puede ser que Yavé combata con nosotros y venzamos, ya que le es igualmente fácil a Dios dar la victoria con mucha o poca gente.» [7] Su escudero respondió: «Haz como tú quieras. Por mi parte, haré lo que tú me digas.» [8] Jonatán añadió: «Mira, nos vamos a acercar a esa gente. Si, una vez que nos hayan descubierto, [9] nos dicen: Esperen hasta que lleguemos a ustedes; quedémonos quietos y no avancemos hacia ellos. [10] Pero si nos dicen: Suban hacia nosotros, avancemos, es la señal de que Yavé los ha puesto en nuestras manos.» [11] Luego que los dos fueron vistos por la guardia de los filisteos, éstos dijeron: «Miren a los hebreos que van saliendo de las cavernas, donde se habían escondido.» [12] Y la gente de la guardia gritó a Jonatán y a su escudero: «Suban hacia nosotros, que les vamos a enseñar algo.» Entonces Jonatán dijo a su escudero: «Subamos, sígueme, porque Yavé los ha entregado en manos de Israel.» [13] Subió Jonatán, ayudándose de pies y manos, y su escudero lo seguía. Caían los filisteos ante Jonatán, y los remataba su escudero, que lo iba siguiendo. [14] Este fue el primer destrozo en que Jonatán y su escudero mataron como unos veinte hombres en un espacio como de la mitad de un surco. [15] Cundió el terror en el campamento de los filisteos, en el campo y en el pueblo. También el pelotón de avanzada y las columnas que saqueaban el campo se atemorizaron. La tierra se estremeció y se produjo un pánico extraordinario. [16] Los vigías de Saúl que estaban en Guibea de Benjamín vieron que la gente del campamento se dispersaba y se movía de un lado para otro. [17] Ante esta situación, Saúl ordenó a sus hombres que se pusieran en fila para ver quién faltaba. Luego que pasó revista a sus tropas, vieron que faltaba Jonatán y su escudero. [18] Entonces Saúl dijo a Ajías: «Trae el efod», pues él lo había traído para consultar a Yavé por Israel. [19] Pero, mientras Saúl hablaba al sacerdote, la confusión en el campamento filisteo se iba haciendo cada vez mayor; [20] por eso Saúl dijo al sacerdote: «Retira tu mano.» Saúl reunió a toda su tropa y se dirigieron al campo de batalla; allí vieron que la confusión era total y que unos y otros se herían con sus espadas. [21] Además, los hebreos que antes estaban al servicio de los filisteos y que habían subido con ellos al campamento, se incorporaron a los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán. [22] Todos los israelitas que se habían escondido en la montaña de Efraím, al saber que los filisteos huían, los persiguieron. [23] Este día Yavé salvó a Israel, y el combate se extendió más allá de Bet-Horón. [24] Pero Saúl había hecho este juramento ante el pueblo (lo que fue un gran error de Saúl): «Maldito sea el hombre que coma algo antes de la noche, antes que me haya vengado de mis enemigos.» Y nadie del pueblo había comido, sino que todos ayunaban. [25] Toda la gente había entrado en un bosque donde había miel, [26] pero a pesar de que la vieron corriendo en el suelo, nadie se atrevió a tomarla, ya que temían el juramento del rey. [27] Jonatán, que no había oído el juramento que su padre pronunció ante el pueblo, alargó la punta del bastón que tenía en la mano, la mojó en un panal de miel y se la llevó a la boca; sus ojos brillaban al recobrar el vigor. [28] Uno de los que estaban ahí le dijo: «Tu padre dijo al pueblo, obligándolo con juramento: Maldito el hombre que hoy coma algo.» [29] Jonatán respondió: «Mi padre lo ha echado a perder todo con ese juramento. Ustedes ven cómo mis ojos recobran el brillo por haber probado ese poco de miel. [30] Entonces, si la gente hubiera comido hoy de lo que encontró en el botín de sus enemigos, ¿no hubiera sido mayor la derrota de los filisteos?» [31] Sin embargo, fueron acuchillando a los filisteos desde Micmas hasta Ayalón. [32] El pueblo, muy fatigado, se entregó al saqueo; tomaron ovejas, bueyes y terneros, los degollaron sobre el suelo y comieron encima de la sangre. [33] Avisaron a Saúl: «El pueblo está pecando contra Yavé, al comer al lado de la sangre.» Saúl dijo: «Ustedes son unos traidores: traigan rodando hasta aquí una piedra grande.» [34] Y agregó: «Repártanse entre el pueblo y díganles que cada uno traiga su buey o su carnero; degüéllenlo sobre esta piedra y coman, así no pecarán contra Yavé por comer encima de la sangre.» Aquella noche, pues, cada uno trajo lo que tenía de botín, y lo degollaron allí. [35] Saúl levantó un altar a Yavé en aquel lugar, siendo éste el primero que le erigió. [36] Después Saúl dijo: «Bajemos esta noche en persecución de los filisteos y acabemos con ellos antes que amanezca; no dejemos ni un solo hombre.» El pueblo respondió: «Haz lo mejor que te parezca.» Pero el sacerdote dijo: «Acerquémonos antes a consultar a Dios». [37] Y Saúl consultó a Dios: «¿Bajo para perseguir a los filisteos? ¿Los entregarás en las manos de Israel?» Pero Yavé no le dio respuesta en aquel día. [38] Entonces dijo Saúl: «Acérquense aquí todos los jefes del pueblo, averigüen en qué consistió el pecado de hoy. [39] Por la vida de Yavé que salvó a Israel, que aunque se trate de mi hijo Jonatán, no lo perdonaré y morirá.» Ninguno del pueblo se atrevió a responderle. [40] Dijo a todo Israel: «Pónganse a un lado, y mi hijo Jonatán conmigo nos pondremos al otro.» El pueblo le contestó: «Haz lo que mejor te parezca.» [41] Entonces dijo Saúl: «Yavé, Dios de Israel, ¿por qué no respondes hoy a tu siervo? Si el pecado es mío o de mi hijo Jonatán, manifiéstalo; si el pecado es de tu pueblo Israel, demuéstralo.» Fueron señalados Saúl y Jonatán, quedando libre el pueblo. [42] Saúl dijo: «Echen suerte entre mi hijo Jonatán y yo; y aquel que señale Yavé morirá.» Pero el pueblo dijo: «No será así.» Saúl insistió y fue echada la suerte entre él y su hijo Jonatán, y fue señalado Jonatán. [43] Dijo, pues, Saúl a Jonatán: «Cuéntame lo que has hecho.» Jonatán se lo contó y dijo: «No he hecho más que probar un poco de miel con la punta del bastón que tenía en la mano. [44] ¿Acaso por eso voy a morir?» Saúl contestó: «Que Dios me trate con todo el rigor de su justicia si tú, Jonatán, no mueres.» [45] Pero el pueblo dijo a Saúl: «¿Acaso va a morir Jonatán, que acaba de dar a Israel esta gran victoria? ¡Ni siquiera pensarlo! Por la vida de Yavé, no caerá en tierra ni un cabello de su cabeza, porque con ayuda de Dios lo hizo.» Así el pueblo liberó a Jonatán de la muerte. [46] Y como Saúl desistiera de perseguir a los filisteos, éstos alcanzaron a llegar a su país. [47] Cuando Saúl se sintió seguro en el trono de Israel, comenzó a combatir con todos los enemigos que tenía a la redonda: con Moab, los amonitas, Edom, Bet-Rejob, los reyes de Sobá y los filisteos; y en cualquier parte que peleaba resultaba vencedor. [48] Hizo grandes hazañas, venció a los amalecitas y libró a Israel de los que lo saqueaban. [49] Los hijos de Saúl fueron: Jonatán, Isví y Melquisuá. Sus hijas eran: Merob, la mayor, y Micol, la menor. [50] La esposa de Saúl se llamaba Ajínoam, hija de Ajimás. El jefe de su ejército se llamaba Abner, hijo de Ner, tío de Saúl; [51] Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel. [52] Durante toda la vida de Saúl hubo una guerra muy dura contra los filisteos. Por esta razón, cuando Saúl tenía noticias de algún hombre robusto y valiente, lo incorporaba a su ejército. 

 

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[1] El capítulo 14 nos muestra de manera muy concreta la situación de los Israelitas que estaban bloqueados en las colinas del interior por los Filisteos, que ocupaban las llanuras costeras y venían periódicamente a reafirmar su control.El suceso del juramento de Saúl demuestra el nivel muy primitivo del conocimiento religioso de ese tiempo, como en el caso de Jefe (Jueces 11,30):Juramento con amenazas de muerte.Importancia del delito de quien «come la carne encima de la sangre» (ver 33).Costumbre de echar suertes para tener una «respuesta de Yavé». 

 

 

 

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1 Sam. 15, 1 - 34 

SAÚL NO OBEDECE A SAMUEL EN LA GUERRA CONTRA AMALEC

 

[1] Después de esto dijo Samuel a Saúl: «A mí me envió Yavé para consagrarte rey de su pueblo, Israel. Escucha, pues, lo que él te manda decir. Esta es la palabra de Yavé de los Ejércitos: [2] He decidido castigar a Amalec por lo que le hizo a Israel, puesto que no lo dejó seguir su camino cuando regresaba de Egipto. [3] Ahora, vete y castiga a Amalec; tú lo declararás anatema con todo lo que le pertenece. No le tendrás compasión, sino que matarás a todos, hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes y ovejas, camellos y burros.» [4] Saúl convocó al pueblo y le pasó revista en Telam: doscientos mil hombres de infantería de la tribu de Israel y diez mil de Judá. [5] Avanzó Saúl hasta la capital de Amalec y se escondió en el barranco. [6] Saúl dijo a los quenitas: «Apártense de los amalecitas, no sea que los haga desaparecer con ellos, ya que ustedes se portaron bien con los israelitas cuando subían de Egipto.» Los quenitas, pues, se apartaron de los amalecitas. [7] Saúl persiguió a los amalecitas desde Havilá hasta la entrada de Sur, que está al este de Egipto. [8] Tomó vivo a Agag, rey de los amalecitas, pero pasó a cuchillo a todo el pueblo. [9] Saúl y su gente dejaron con vida a Agag y lo mejor de sus rebaños y ganados, vacunos y corderos gordos; en una palabra, no quisieron condenar a la destrucción nada de lo bueno que había. En cambio sacrificaron lo que no servía o carecía de valor.Entonces Yavé dirigió su palabra a Samuel y le dijo: [10] «Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl, porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis órdenes.» [11] Samuel se conmovió y, toda la noche, estuvo clamando a Yavé. [12] Se levantó de madrugada y fue en busca de Saúl. Le avisaron que Saúl había ido a Carmelo, donde se erigió un monumento; luego, siguiendo su camino, había bajado a Guilgal. [13] Samuel, pues, se vino donde Saúl. Al verlo, Saúl le dijo: «¡Que Yavé te bendiga! H umplido las órdenes de Yavé.» [14] Pero Samuel preguntó: «¿Y qué son esos balidos que llegan a mis oídos y esos mugidos que oigo?» [15] Saúl le contestó: «Los hemos traído del país de Amalec porque el pueblo ha salvado las mejores ovejas y vacas con el fin de ofrecerlas en sacrificio a Yavé. Pero el resto lo hemos destruido.» [16] Entonces Samuel dijo a Saúl: «Déjame hablar y te contaré lo que me ha revelado Yavé esta noche.» «Habla», respondió Saúl. [17] Dijo, pues, Samuel: «Aunque te creías pequeño, ¿no llegaste acaso a ser el jefe de las tribus de Israel y no te consagró Yavé como rey de Israel? [18] Pues bien, él te envió al combate con esta misión: «Anda a acabar con todos esos pecadores, los amalecitas; hazles la guerra hasta que no quede ninguno.» ¿Por qué, entonces, desobedeciste a Yavé? [19] ¿Por qué te has abalanzado sobre el botín y has hecho lo que no le gusta a Yavé?» [20] Saúl respondió a Samuel: «Yo hice lo que me ordenó: traje prisionero a Agag, rey de Amalec, y condené a muerte a todos los amalecitas. [21] Bien es verdad que el pueblo ha tomado las ovejas y vacas, lo mejor, pero esto fue para sacrificarlo a Yavé en Guilgal.» [22] Entonces Samuel dijo: «A Yavé no le agradan los holocaustos y los sacrificios, sino que se escuche su voz; la obediencia vale más que los sacrificios; la docilidad tiene más precio que la grasa de los corderos; [23] la rebeldía es tan grave como el pecado de los adivinos; tener el corazón porfiado es como guardar ídolos. Puesto que tú has descartado la orden de Yavé, él te ha descartado como rey.» [24] Saúl dijo a Samuel: «He pecado, desobedeciendo la orden de Yavé y tus mandatos, porque tuve miedo al pueblo y lo escuché. [25] Ahora, pues, perdona mi pecado, por favor, y ven conmigo a adorar a Yavé.» [26] Pero Samuel respondió: «No iré más contigo porque has rechazado la palabra de Yavé, y él te ha rechazado para que no seas más rey de Israel.» [27] Y, como Samuel se daba vuelta para marcharse, Saúl lo tomó del extremo del manto, que se arrancó. [28] Entonces Samuel declaró: «Hoy Yavé te ha arrancado el reino de Israel y se lo ha dado a otro mejor que tú.» [29] La Gloria de Israel no se echa atrás ni se arrepiente, a diferencia de los hombres. [30] A lo que Saúl dijo: «He pecado, pero, con todo, te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vengas conmigo para que adoremos a Yavé.» [31] Volvió Samuel con Saúl y éste se postró ante Yavé. [32] Después dijo Samuel: «Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas.» Y vino Agag hacia él muy tranquilo, pues pensaba: «Ha pasado el peligro.» [33] Pero Samuel le dijo: «Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos.» Y Samuel degolló a Agag delante de Yavé en Guilgal. [34] Después se retiró Samuel para Ramá, y Saúl a su casa en Guibea de Saúl. Samuel no vio más a Saúl hasta el día de su muerte. Y lloraba por él, porque Yavé se había arrepentido de haberlo hecho rey de Israel. 

 

 

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1 Sam. 16, 1 - 23 

SAMUEL UNGE A DAVID

 

 [1] Yavé dijo a Samuel: «Yo soy el que ha rechazado a Saúl y he decidido que no reinará más sobre Israel. ¿Hasta cuándo, pues, vas a estar llorando por él? Llena tu cuerno de aceite, pues quiero que vayas a casa de Jesé, del pueblo de Belén, porque he elegido a uno de sus hijos para ser mi rey.» [2] Samuel contestó: «¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl me matará.» Respondió Yavé: «Lleva una ternera e irás como para ofrecer un sacrificio. [3] Invita a Jesé al sacrificio y te indicaré lo que tienes que hacer y me ungirás al que yo te ordene.» [4] Cumplió Samuel lo que Yavé le había mandado. Cuando llegó a Belén, los jefes de la ciudad salieron temblando a su encuentro y le preguntaron: «¿Vienes en son de paz?» [5] Samuel respondió: «Sí, he venido a sacrificar a Yavé. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio.» Samuel purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. [6] Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab, el mayor de edad, y se dijo: «Sin duda éste será el elegido.» [7] Pero Yavé dijo a Samuel: «No mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Yavé mira el corazón.» [8] Llamó Jesé a su hijo Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel, quien dijo: «Tampoco a éste ha elegido Yavé.» [9] Jesé hizo pasar a Sama, pero Samuel dijo: «Tampoco es éste el que ha elegido Yavé.» [10] Jesé hizo pasar a sus siete hijos ante Samuel, pero éste dijo: «A ninguno de éstos ha elegido Yavé.» [11] Preguntó, pues, Samuel a Jesé: «¿Están aquí todos tus hijos?» El contestó: «Falta el más pequeño, que está cuidando las ovejas.» Samuel le dijo: «Anda a buscarlo, pues no nos sentaremos a comer hasta que él haya venido.» [12] Mandó Jesé a buscar a su hijo menor. Era rubio, tenía lindos ojos y buena presencia. Y Yavé dijo: «Levántate y conságralo con aceite, porque es éste.» [13] Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu de Yavé permaneció sobre David desde aquel día.Luego se marchó Samuel y volvió a Ramá.  [14] El espíritu de Yavé se había apartado de Saúl y un espíritu malo mandado por Yavé lo atormentaba. [15] Entonces los servidores de Saúl le dijeron: «Sabemos que un espíritu malo de Dios te atormenta. [16] Si tú, señor, lo permites, nosotros, tus servidores, buscaremos un hombre que sepa tocar la cítara para que cuando te atormente el espíritu malo de Dios, toque y sientas alivio.» [17] Saúl respondió a sus criados: «Busquen, no más, un hombre que sepa tocar bien y tráiganmelo.» [18] Y un servidor, tomando la palabra, dijo: «Hace poco vi a un hijo de Jesé el belenita que sabe tocar, es valiente y hábil para la guerra, agradable para conversar, de buena presencia y muy favorecido de Yavé.» [19] En vista de esto Saúl envió mensajeros a Jesé con esta orden: «Mándame a tu hijo David, el que está con el rebaño.» [20] Jesé tomó cinco panes, una botella de vino y un cabrito y lo envió con su hijo a Saúl. [21] Llegó David donde Saúl y se quedó a su servicio. [22] Este le tomó mucho cariño y lo hizo su escudero. Con esto, Saúl mandó decir a Jesé: «Te ruego que tu hijo David se quede a mi servicio, porque me cae bien.» [23] Cuando el espíritu de Dios atormentaba a Saúl, David tocaba la cítara y Saúl encontraba calma y bienestar, y el espíritu malo se apartaba de él. 

 

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[1] ¿Cuál es aquí la parte de historia y la parte de leyenda? ¿Pues el libro ha guardado tres tradiciones referentes a la ascensión de David: 16,1; 16,14; 17,17. Este párrafo quiere sacar a la luz la razón profunda de su excepcional destino.Samuel viene a Belén para encontrar al que Dios se eligió. Betlehem, o Belén, será en adelante "la ciudad de David". Ahí nacerá Jesús diez siglos más tarde.El hijo de Jesé (habrá que recordar este apodo), está cuidando el rebaño cuando lo van a buscar: en la Biblia, el pastor es la imagen del rey perfecto que atiende a las personas y las sirve (ver Ez 34 y Juan 10).El hombre ve la cara, Yavé ve el corazón (7). Estas palabras no significan solamente que Dios juzga mejor que nosotros. También entendamos que, con o sin la intervención de un profeta como Samuel, los acontecimientos van al encuentro de aquellos que Dios "conoció de antemano" (Jer 1,5; Rom 8,29) y que designó para una misión que supera con mucho sus méritos y capacidades. Las cartas de Pablo, que no fue menos elegido que David, retomarán esta oposición entre las apariencias y el corazón (1 Cor 1,28; 2 Cor 3,1; 11,16).En cualquier grupo humano, hay que descubrir los valores profundos de cada uno y no dejarse influenciar por las apariencias. Es de mucha importancia para las comunidades cristianas que sus responsables sepan «ver el corazón», tanto de los que callan como de los que demuestran mucho celo. Entonces no faltará mucho tiempo para que se encuentren personas que realmente valen. 

 

 

[14] Un espíritu malo mandado por Yavé: es una manera antigua para decir que Dios había permitido que Saúl tuviera desórdenes psicológicos. 

 

 

 

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1 Sam. 17, 1 - 58 

[1] Mientras tanto los filisteos habían reorganizado su ejército y se concentraron en Soco de Judá, acampando entre Soco y Azeca, en Efes-Damim. [2] También se reunieron Saúl y los hombres de Israel y acamparon en el valle del Terebinto, ordenando allí sus batallones para pelear contra los filisteos. [3] Los filisteos ocupaban un lado de la montaña y los israelitas el lado opuesto, quedando el valle de por medio.David y Goliat  [4] Salió de entre las filas filisteas un guerrero llamado Goliat. Era de la ciudad de Gat y medía alrededor de tres metros de altura. [5] Toda su armadura y sus armas eran de bronce: el casco que llevaba en la cabeza, la coraza de escamas de que iba revestido y que pesaba sesenta kilos, [6] las polainas que cubrían sus piernas y la lanza que cargaba a su espalda. [7] Esta era tan gruesa como un palo de telar, terminaba en una punta de hierro y pesaba siete kilos. Delante de él marchaba el que llevaba su escudo. [8] Se detuvo frente a las líneas israelitas y gritó: «¿Por qué han salido para ponerse en orden de batalla? Yo soy filisteo; ustedes, en cambio, son los servidores de Saúl. Escojan, pues, un hombre que pueda pelear conmigo. [9] Si es más fuerte que yo y me mata, nosotros seremos sus esclavos, pero si yo soy más fuerte y lo mato, entonces ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán.» [10] Y el filisteo agregó: «Este es mi desafío a los israelitas: preséntenme un hombre para que luchemos juntos.» [11] Al oír esto, Saúl y todo Israel quedaron asombrados y asustados. [12] David era hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos. [13] En tiempo de Saúl era anciano, pero había enviado hombres al ejército. Sus tres hijos mayores Eliab, el primogénito, Abinadab, el segundo, y Samá, el tercero, se fueron a la guerra con Saúl. [14] David era el menor de todos; los tres mayores habían seguido a Saúl [15] y David alternaba sus viajes al campamento de Saúl con el cuidado del rebaño de su padre en Belén. [16] El filisteo se presentaba cada mañana y tarde, y lo hizo por espacio de cuarenta días. [17] Jesé dijo a David: «Toma, anda al frente de batalla y llévales a tus hermanos esta bolsa de trigo tostado y estos diez panes. Y al jefe del batallón le entregas estos diez quesillos; [18] pregunta por la salud de tus hermanos y tráeme algún recuerdo de ellos.» [19] Tanto ellos como los hombres de Israel estaban con Saúl en el valle del Terebinto, peleando contra los filisteos. [20] Se levantó David de madrugada, dejó su rebaño encargado a un pastor y, tomando las cosas, se fue como le había mandado su padre. Y llegó al campamento justo cuando el ejército salía para ponerse en posición de ataque lanzando el grito de guerra. [21] Tanto Israel como los filisteos habían formado sus filas y estaban frente a frente. [22] David, al ver esto, dejó las cosas al cuidado del guarda de equipajes, corrió a las filas y fue a saludar a sus hermanos. [23] Mientras estaba conversando con ellos salió Goliat, el filisteo de Gat, a lanzar su desafío. [24] Los israelitas, apenas lo vieron, empezaron a retroceder, llenos de miedo. [25] Uno de ellos comentaba: «Si alguien mata a ese hombre que así insulta a Israel, el rey lo colmará de riquezas, le dará a su hija por esposa y dará títulos a la familia de su padre.» [26] David, que también había escuchado al filisteo, preguntó a los que estaban a su lado: «¿Qué es lo que darán al hombre que mate a ese filisteo y quite la afrenta a Israel? Porque, ¿quién es ese filisteo incircunciso que insulta así a los batallones del Dios vivo?» [27] Y la gente repitió las mismas palabras: «Esto se dará al hombre que lo mate.» [28] Eliab, su hermano mayor, al oírlo hablar así con la gente, se indignó contra David y le dijo: «¿Por qué has venido aquí y a quién dejaste el rebaño en el desierto? Conozco tu atrevimiento y tu maldad. [29] Has venido a ver la batalla.» David respondió: «¿Pero qué he hecho yo? ¿Uno no puede hablar?» [30] Apartándose de él, se dirigió a otro y le preguntó lo mismo, y la gente le respondió como la primera vez. [31] Cuando contaron a Saúl lo que había hecho David, lo mandó llamar. [32] David dijo a Saúl: «¡No hay por qué tenerle miedo a ése! Yo, tu servidor, iré a pelear con ese filisteo.» [33] Dijo Saúl: «No puedes pelear contra él, pues tú eres un jovencito y él es un hombre adiestrado para la guerra desde su juventud.» [34] David le respondió: «Cuando estaba guardando el rebaño de mi padre y venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, [35] yo lo perseguía y lo golpeaba y se la arrancaba. Y si se volvía contra mí, lo tomaba de la quijada y lo golpeaba hasta matarlo. Yo he matado leones y osos; lo mismo haré con ese filisteo que ha insultado a los ejércitos del Dios vivo.» [36] Y añadió David: «Yavé, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará de las manos de este filisteo.» [37] Entonces Saúl dijo a David: «Vete y que Yavé sea contigo.» [38] Luego Saúl le puso su equipo de combate. Le dio un casco de bronce y una coraza. [39] Después, David se abrochó el cinturón con la espada por sobre la coraza, pero no pudo andar porque no estaba acostumbrado. Y se deshizo de todas estas cosas. [40] Tomó, en cambio, su bastón, escogió en el río cinco piedras lisas y las colocó en su bolsa de pastor. Luego avanzó hacia el filisteo con la honda en la mano. [41] El filisteo se acercó más y más a David, precedido por el que llevaba su escudo, [42] y cuando lo vio lo despreció porque era un jovencito. [43] Y le dijo: «¿Crees que soy un perro para que vengas a amenazarme con un palo? [44] ¡Que mis dioses te maldigan! ¡Ven a atacarme para poder así tirar tu cuerpo a las aves de rapiña y a las fieras salvajes!» [45] David, empero, le respondió: «Tú vienes a pelear conmigo armado de jabalina, lanza y espada; yo, en cambio, te ataco en nombre de Yavé, el Dios de los Ejércitos de Israel, a quien tú has desafiado. [46] Hoy te entregará Yavé en mis manos, te derribaré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo a las aves de rapiña y a las fieras salvajes. Toda la tierra sabrá que hay un Dios en Israel, [47] y sabrán todas estas gentes que Yavé no necesita espada o lanza para dar la victoria, porque la suerte de la batalla está en sus manos.» [48] Cuando el filisteo se lanzó contra David, [49] éste metió rápidamente su mano en la bolsa, sacó la piedra y se la tiró con la honda. La piedra alcanzó al filisteo, hundiéndosele en la frente. Este cayó de bruces al suelo. [50] David, entonces, corrió y se puso de pie encima de su cuerpo, tomó su espada y lo remató cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver muerto a su campeón, huyeron. [51] Así, pues, sin otra arma que su honda y una piedra, David derrotó al filisteo y le quitó la vida. [52] Los hombres de Israel y de Judá se pusieron en movimiento y, lanzando el grito de guerra, persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Acarón. Y los cadáveres de los filisteos quedaron esparcidos por todo el camino, desde Saarayim hasta Gat y Acarón. [53] Cuando los hombres de Israel regresaron después de haber perseguido a los filisteos, saquearon el campamento. [54] David tomó la cabeza del filisteo y la hizo llevar a Jerusalén; pero las armas las colocó en su propia carpa. [55] Saúl, al ver a David salir al encuentro del filisteo, preguntó a Abner, jefe del ejército: «Abner, ¿de quién es hijo ese joven?» Y Abner respondió: [56] «Por tu vida, rey, que no lo sé.» El rey dijo: «Pregunta de quién es hijo.» [57] Cuando David volvió, después de haber muerto al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó ante Saúl con la cabeza del filisteo en la mano. [58] Saúl le preguntó: «Joven, ¿de quién eres hijo?» David respondió: «Soy hijo de Jesé de Belén.» 

 

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[4] El combate de David encantó a los israelitas a través de los siglos y todavía hoy nos encanta a nosotros. Por eso no hay que extrañarse de que los redactores hayan desarrollado, con lujo de detalles, el combate de David con «el filisteo», al que más tarde se llamó Goliat (ver 1 Crón 20,5).Los que redactaron esos libros estaban inspirados por Dios; comprendieron que el combate de David con Goliat figuraba el combate del bien con el mal.Tú vienes a mí con lanza y espada; pero yo voy contra ti en nombre de Yavé. En el mundo, la victoria no será del fuerte, ni del super armado. No podrá durar mucho si insulta al pueblo de Dios y a los humildes.La victoria será del débil, que confía en la ayuda de Dios. El vencedor es un jovencito y personifica a los que permanecen jóvenes de corazón y mantienen limpia su conciencia.Algunos invitan a David a que se asegure con la coraza y las armas de Saúl. David comprende que si usa armas como las del filisteo no las sabrá usar y éste lo vencerá.Fácilmente se puede comparar el combate de David al combate de la Iglesia. Deja la coraza de Saúl cuando confía menos en sus instituciones, con menos preocupaciones económicas por sus obras y sus templos, cuando se independiza de los apoyos políticos y de los bancos. Entonces se hace más libre y más joven y, como David, va a la pelea confiada en el nombre de Yavé, Dios de los ejércitos de Israel. 

 

 

 

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1 Sam. 18, 1 - 30 

DAVID, SAÚL Y JONATÁN

 

 [1] Cuando David terminó de hablar con Saúl, Jonatán simpatizó con David y comenzó a quererlo como a sí mismo. [2] Ese día Saúl guardó a David en su casa y no le permitió regresar donde su padre. [3] Entonces Jonatán hizo un pacto con David, porque lo quería como a sí mismo. [4] Jonatán se despojó del manto que llevaba y se lo dio a David, y también le dio su propia armadura, así como su espada, su arco y su cinturón. [5] David tenía éxito en todas las misiones que Saúl le encargaba, y él le confió el mando de su ejército. [6] Todo el pueblo lo quería, incluso los oficiales de Saúl. Cuando David volvió con el pueblo después de haber derrotado al filisteo, las mujeres salieron de todas las ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl, con tambores y arpas y con gritos de alegría. [7] Las mujeres cantaban: «Saúl mató a mil, y David a diez mil.» [8] Saúl se enojó mucho y el refrán no le gustó, pues comentó: «A David le han dado diez mil, y a mí me dan sólo mil; ahora, lo único que le falta es el reino.» [9] A partir de ese día, Saúl miró a David con malos ojos. [10] Al día siguiente, un espíritu malo, venido de Dios, cayó sobre Saúl, que comenzó a delirar en su casa. David, pues, como lo hacía otros días, empezó a tocar la cítara. Saúl tenía una lanza en su mano, [11] y pensó: «Clavaré a David en la pared.» Pero David esquivó el golpe dos veces. [12] Saúl veía que Yavé lo había abandonado y estaba con David. Por eso tuvo miedo de David. [13] Para alejarlo de su persona, lo hizo jefe de mil hombres. [14] David marchaba a la cabeza del ejército y le iba bien en todas sus expediciones porque Yavé estaba con él. [15] Estos éxitos de David hicieron que Saúl lo temiera más aún; [16] todo Israel y Judá, en cambio, quería a David porque él marchaba siempre al frente de ellos. [17] Por esto, Saúl dijo a David: «Te voy a dar por esposa a mi hija mayor, Merob, con tal de que me demuestres tu valentía combatiendo por Yavé.» Al mismo tiempo, Saúl se decía: «No le voy a matar yo; es mejor que lo hagan los filisteos.» [18] David dijo a Saúl: «¿Quién soy yo, y quién es mi familia? ¿Y de qué consideración goza la familia de mi padre en Israel, para que yo llegue a ser el yerno del rey?» [19] Pero cuando llegó el tiempo en que Merob, hija de Saúl, debía desposarse con David, fue dada por esposa a Adriel de Mejolá. [20] Micol, la otra hija de Saúl, se enamoró de David; se lo dijeron a Saúl y le agradó mucho la noticia. [21] Saúl dijo: «Se la voy a prometer y por ella se perderá, pues lo haré caer en manos de los filisteos.» Saúl entonces dijo por segunda vez a David: «Ahora serás mi yerno.» [22] Ordenó Saúl a sus servidores: «Insinúen a David: El rey te estima, también te quieren todos sus servidores; procura ser yerno del rey.» [23] Los servidores de Saúl dijeron esto a David, el cual respondió: «Parece que para ustedes es muy sencillo llegar a ser yerno del rey. Pero ¿se han fijado en que yo soy un hombre pobre y desconocido?» [24] Le hicieron saber a Saúl lo que había respondido David, [25] y éste le mandó a decir: «El rey no quiere dote para su hija, sino que quiere los prepucios de cien incircuncisos filisteos, para vengarse así de sus enemigos.» Pero la intención de Saúl era hacer caer a David en manos de los filisteos. [26] Los servidores comunicaron a David estas palabras y a él le pareció que este asunto de ser yerno del rey no era tan difícil. Aún no se había cumplido el plazo, [27] cuando David partió con sus hombres y mató a doscientos filisteos; entregó sus prepucios al rey y Saúl tuvo que darle a su hija Micol por esposa. [28] Saúl temía a David porque se daba cuenta de que Yavé estaba con él. Pero su hija Micol quería a David. [29] El temor de Saúl hacia David aumentó, y fue su enemigo hasta el fin de su vida. [30] Cada vez que salían los jefes de los filisteos a campaña, David obtenía más éxito contra ellos que todos los demás oficiales de Saúl, de tal manera que su nombre se hizo cada vez más famoso. 

 

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[1] Después de su victoria, David es el hombre famoso del reino.Jonatán se encariña con David. La Biblia nos describe como un don de Dios esta amistad profunda y fiel de los jóvenes, por encima de las oposiciones de sus padres. Dio a David su propio manto, su espada, su arco y su cinturón..., espontaneidad, frescura y amor desinteresado.Saúl temía a David. Los capítulos que siguen nos descubren, al mismo tiempo que la ascensión de David, los estragos que producen los celos y la envidia en la mente de Saúl. Saúl es culpable, nos dice el libro, pues se apartó del camino de la obediencia a Dios. Pero su culpa es la de muchísimos dirigentes y semejante es su castigo: se ve preso de su cargo, al que no puede ni sabe renunciar. Presiente que David es el hombre de Dios, pero no puede compartir con este joven y se ve obligado a eliminarlo. 

 

 

 

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1 Sam. 19, 1 - 24 

 [1] Saúl comunicó a su hijo Jonatán y a todos sus servidores su decisión de dar muerte a David; pero Jonatán, que quería mucho a David, se lo fue a decir a éste: [2] «Saúl, mi padre, anda tratando de matarte. Ten, pues, mucho cuidado y mañana, por favor, no te dejes ver y escóndete. [3] Yo, por mi parte, saldré a pasear con mi padre por el campo donde tú estés, y le hablaré de ti; veré qué piensa y te avisaré.» [4] Habló entonces Jonatán a su padre en favor de David y le dijo: «No hagas daño, rey, a tu siervo David, porque él no te ha hecho ningún daño, sino grandes servicios. [5] Arriesgó su vida para matar al filisteo, con lo cual Yavé dio una gran victoria a todo Israel. Tú lo viste y te alegraste. Entonces, ¿por qué quieres pecar contra sangre inocente matando a David sin motivo?» [6] Saúl se dejó convencer por las palabras de Jonatán y juró: «Por Yavé, no se le quitará la vida.» [7] Llamó entonces Jonatán a David, y le contó todo esto. Luego lo presentó a Saúl, para que volviera a su servicio como antes. [8] Reanudada la guerra, partió David para pelear contra los filisteos y los derrotó completamente, obligándolos a huir. [9] Pero un espíritu malo enviado por Yavé se apoderó nuevamente de Saúl. Estaba sentado en su casa, con su lanza en la mano, y David tocaba la cítara. [10] Saúl intentó clavar a David en la pared con su lanza; pero éste se inclinó y la lanza, sin herirlo, fue a dar en la muralla. David huyó al instante y se puso a salvo. [11] Aquella misma noche, Saúl mandó gente a la casa de David para que lo vigilaran y así poder darle muerte a la mañana siguiente, pero Micol, su esposa, avisó a David: «Si esta noche no te pones a salvo, mañana te matarán.» [12] Luego Micol hizo bajar por la ventana a David, quien huyó inmediatamente, poniéndose a salvo. [13] En seguida, Micol tomó una estatua y la puso en la cama de David; colocó a la cabecera un tejido de pelos de cabra y cubrió la estatua con una sábana. [14] Cuando Saúl mandó gente para que apresaran a David, ella dijo: «Está enfermo.» [15] Pero Saúl volvió a mandar gente para que lo vieran y se lo trajeran en su cama, pues quería darle muerte. [16] Entraron los enviados y encontraron en la cama una estatua que tenía la cabeza envuelta en un tejido de pelos de cabra. [17] Saúl dijo a Micol: «¿Por qué me has engañado y has dejado escapar a mi enemigo?» Ella respondió: «Porque él me dijo: Déjame irme o te mato.»

 

SAÚL Y LOS PROFETAS

 

 [18] David había huido, escapándose de Saúl. Se fue donde Samuel, en Ramá, donde vivían los profetas, y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Los dos fueron a habitar en «las Celdas». [19] Le informaron a Saúl que David estaba en las Celdas de Ramá. [20] Saúl, pues, envió unos soldados para que lo tomaran preso. Ellos vieron a la comunidad de los profetas «profetizando»; es decir, que estaban en trance, con Samuel al frente de ellos. Entonces el espíritu de Yavé se apoderó de los soldados, que también empezaron a profetizar. [21] Se le hizo saber a Saúl, quien mandó otros mensajeros, pero también ellos se pusieron a profetizar. Por tercera vez envió otro grupo y le pasó lo mismo. [22] Entonces fue Saúl en persona a Ramá y, cuando llegó al pozo, preguntó: «¿Dónde están Samuel y David?» Le contestaron: «Están en las Celdas.» [23] Partió hacia allá, pero el espíritu de Yavé se apoderó también de él y fue profetizando hasta su llegada a las Celdas. [24] Allí se sacó su ropa y volvió a entrar en trance, en presencia de Samuel. Después cayó desnudo en tierra y estuvo así todo el día y toda la noche. Por esto hay un refrán que dice: «¿Conque está también Saúl entre los profetas?» 

 

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[1] Los capítulos 19-25 nos cuentan la vida de David prófugo. Va a ser jefe de una banda de gente menos que regular y vivirá con ellos en los sectores aislados del país.David no es un «santo», como se podría imaginar actualmente. Es el amigo de Dios, tal como uno podía serlo en la sociedad de aquellos tiempos. A pesar de sus defectos, permanece como el modelo de lo que Dios puede hacer con un hombre que se deja guiar por El.La Biblia destaca el alma magnífica de David y su generosidad en medio de una vida de guerrillas, con todo lo que eso supone. David vive consciente de su misión, enfrenta con serenidad los peligros y demuestra ser un maestro de sus guerreros. Es un hombre de intuiciones proféticas.Cuando Dios quiere confiar a alguien una misión trascendental, lo aparta un tiempo de su ambiente, como a Moisés; David también va al desierto. 

 

 

[18] Israel vive su fe cantando, bailando y celebrando el recuerdo de las hazañas de Yavé en el pasado. Por eso necesita de esos grupos de profetas. Aquí se mencionan por primera vez en la Biblia; son hombres que se excitan hasta provocar manifestaciones extrañas muy semejantes a crisis histéricas. En aquel tiempo, sin embargo, esas manifestaciones eran consideradas como obra del Espíritu de Yavé, que hace que el hombre salga de sí mismo.En esos primeros tiempos, los profetas de Israel no eran muy diferentes a los «profetas» de otros pueblos vecinos y paganos (ver el comentario de 9,11). Es bueno comparar estas actuaciones proféticas con otras que se manifestaron en la Iglesia primitiva (ver Hechos 21) y leer lo que dice Pablo respecto a las manifestaciones del Espíritu en 1 Cor 12-14. Una manifestación del Espíritu no es nunca obra sólo del Espíritu de Dios, sino que depende mucho de las capacidades de aquellos en que actúa el Espíritu, lo mismo que la luz del sol toma el color del cristal que atraviesa. En los grupos de gente sencilla y poco instruida, el Espíritu de Dios actuaba (y actúa todavía) suscitando manifestaciones extáticas que se notan también en otras religiones nada cristianas. Pero eran cosas que a ellos los fortalecían en su fe. 

 

 

 

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1 Sam. 20, 1 - 42 

[1] David huyó de las Celdas de Ramá. Fue a ver a Jonatán y le dijo de frente: «¿De qué se me acusa? ¿Qué crimen he cometido contra tu padre para que atente contra mi vida?» [2] Este contestó: «No pienses tal cosa. No estás en peligro. Mi padre no hace nada sin comunicármelo. ¿Por qué, pues, no me habría dicho esto?» [3] David replicó: «Tu padre sabe muy bien que yo soy tu amigo. Por eso habrá pensado que es mejor no decirte nada para no apenarte; pero, por Yavé y por tu vida, te aseguro que estoy a un pelo de la muerte.» [4] Jonatán le dijo: «¿Qué puedo hacer por ti?» [5] David le respondió: «¡Mira! Mañana es la fiesta de la luna nueva y yo tendría que sentarme con el rey a comer. Pero déjame que vaya a esconderme en el campo por dos días. [6] Si tu padre nota mi ausencia, le dirás: David me rogó que lo dejara ir a Belén, su pueblo natal, pues celebran allí el sacrificio anual para la familia. [7] Si tu padre está conforme, esto quiere decir que no hay peligro para mí. Pero, si se enoja, será porque quiere mi muerte. [8] Hazme, pues, ese favor, ya que conmigo hiciste una alianza en nombre de Dios. Si hay falta de mi parte, mátame tú mismo y no me lleves a tu padre.» [9] Jonatán contestó: «No lo pienses. ¿Crees tú que si llegara a saber que mi padre está en contra tuya no te lo diría en seguida?» [10] David le preguntó a su vez: «¿Quién me avisará si tu padre te responde con malos modos?» [11] Jonatán le contestó: «Ven, salgamos al campo.» Y salieron los dos.  [12] Jonatán dijo a David: «Te prometo por Yavé, Dios de Israel, que mañana, a la misma hora, trataré de saber lo que piensa mi padre. Si es algo bueno para ti y no te envío a alguien con la noticia, que Yavé me trate no sólo así, sino peor aún. [13] Ahora, si mi padre decide hacerte mal, te avisaré para que te pongas a salvo y vayas en paz. Seguramente Yavé estará contigo como lo estuvo con mi padre. [14] Si estoy vivo todavía, entonces guárdame tu amistad en nombre de Yavé; si estoy muerto, [15] ten siempre compasión y trata con bondad a mi familia, aun cuando Yavé arranque de la faz de la tierra a tus enemigos, haciendo justicia de ellos.» [16] De esta manera Jonatán pactó alianza con la familia de David. [17] Luego le insistió de nuevo con juramento en nombre del amor que le tenía, ya que lo quería como a su propia alma. [18] Jonatán le dijo: «Mañana es luna nueva y se notará tu ausencia, porque se verá tu asiento vacío. [19] Pasado mañana se notará más. No dejes de ir al lugar donde te escondiste la otra vez y colócate al lado de la piedra que indica el camino. [20] Yo tiraré tres flechas hacia la piedra como que me ejercito en tirar al blanco. [21] Luego mandaré a mi muchacho a buscarlas diciéndole: Anda a buscar la flecha. Si digo al joven: La flecha está más acá, tómala; entonces, vienes tú, ya que es señal de que no hay nada que temer y, ¡vive Yavé!, que estás seguro. [22] Pero si digo al joven: La flecha está más allá, márchate, ya que es la voluntad de Yavé. [23] En cuanto al pacto que hicimos, Yavé es testigo para siempre.» [24] David, pues, se escondió en el campo. Llegó la luna nueva y el rey se sentó a la mesa para comer. [25] Como de costumbre, se sentó en su asiento junto a la pared; Jonatán se sentó enfrente y Abner al lado de Saúl; el asiento de David quedó vacío. [26] Saúl no dijo nada ese día, pensando que tal vez le había sucedido algo a David y que no estaba en situación de pureza. [27] Al segundo día de la fiesta, se vio también desocupado el asiento de David. Entonces, Saúl dijo a su hijo Jonatán: «¿Por qué no ha venido a comer ayer ni hoy el hijo de Jesé?» [28] Jonatán respondió: «David me pidió con insistencia que lo dejara ir a Belén. [29] Me dijo: Déjame ir, por favor, porque se celebra un sacrificio de familia en nuestra ciudad y mi hermano me ha invitado. Si quieres, pues, hacerme un favor, permíteme dar una vuelta por allí para ver a mis hermanos. Por eso no ha venido a la mesa del rey.» [30] Saúl se enojó con Jonatán y le dijo: «¡Hijo de mujer perdida! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Jesé para confusión tuya y vergüenza de tu perdida madre? [31] Pues mientras viva éste, no estarán seguros tú, ni tu reino; así que manda a buscarlo y tráemelo acá; porque tiene que morir.» [32] Jonatán respondió a su padre: «¿Por qué tiene que morir? ¿Qué ha hecho?» [33] Saúl, al oír esto, tomó su lanza amenazándolo y Jonatán comprendió que su padre tenía resuelta la muerte de David. [34] Jonatán se levantó de la mesa lleno de furor y no comió nada el segundo día, ya que estaba triste por las palabras que su padre había proferido contra David. [35] A la mañana siguiente salió Jonatán al campo para encontrarse con David e iba acompañado por un muchacho. [36] Dijo a éste: «Corre a buscarme las flechas que voy a tirar.» Corrió el muchacho y Jonatán lanzó las flechas más allá de él. [37] Cuando el muchacho llegaba al lugar de la primera flecha que había lanzado, Jonatán le gritó: «Mira, allí delante de ti está la flecha.» [38] Y siguió gritando: «Pronto, apúrate, no te detengas.» El joven tomó la flecha y volvió donde su señor. [39] Pero el joven no entendió nada y volvió a su patrón. Sólo lo entendían Jonatán y David. [40] Después Jonatán dio sus armas al joven y le dijo: «Vete, llévalas a la ciudad.» [41] Cuando el joven se fue, salió David del lugar en que estaba escondido e hizo tres veces una profunda reverencia a Jonatán, inclinándose hasta el suelo. Se abrazaron y lloraron juntos; pero David estaba mucho más conmovido. [42] Jonatán dijo a David: «Vete en paz, ya que nos hemos comprometido en nombre de Yavé; que Yavé esté entre tú y yo, entre mi descendencia y la tuya, para siempre.» 

 

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[12] Siguen los recuerdos de la amistad de David y Jonatán. En la continuación del libro el autor querrá demostrar que David nunca olvidó a Jonatán a pesar de los acontecimientos trágicos recordados en 2 Sam 21. 

 

 

 

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1 Sam. 21, 1 - 16 

DAVID HUYE LEJOS DE SAÚL

 

 [1] David se fue, y Jonatán volvió a la ciudad. [2] David llegó a Nob y se presentó al sacerdote Ajimelec. Este salió asustado a recibirlo y le dijo: «¿Por qué estás solo y no hay nadie contigo?» [3] David contestó: «El rey me ha dado una orden y me ha dicho: Que nadie conozca la misión que te confío y la orden que te he dado. Por eso he dado cita a mis hombres en tal lugar. [4] Ahora, si tienes cinco panes o lo que encuentres, dámelos.» [5] El sacerdote le contestó: «No tengo a mano pan ordinario. El único que hay es pan consagrado, con tal que tus hombres no hayan tenido relaciones con mujeres.» [6] David le respondió: «De hecho nos hemos abstenido desde el momento en que salimos. Los jóvenes permanecieron puros en cuanto al sexo a pesar de que es una expedición ordinaria. Ahora están puros.» [7] Entonces el sacerdote le dio el pan sagrado, porque no había allí otro pan. Era el pan que se ofrece y se deja en presencia de Yavé, en su santuario. El sábado anterior lo habían retirado para reemplazarlo por pan caliente. [8] Estaba aquel día en ese lugar uno de los servidores de Saúl. Era un edomita llamado Doeg, el más importante entre los pastores que dependían de Saúl. [9] Dijo David a Ajimelec: «¿No tienes a mano una lanza o una espada? Porque ni siquiera he alcanzado a tomar mi espada ni mis armas, pues la orden del rey era urgente.» [10] Respondió el sacerdote: «Ahí está la espada de Goliat, el filisteo que mataste en el valle del Terebinto. Está envuelta en un paño detrás del efod; si deseas, tómala; porque aquí no hay más que ésa.» Dijo David: «Dámela, no hay otra como ella.»  [11] Ese mismo día se despidió David y huyó de Saúl, yendo donde Aquis, rey de Gat. [12] Al verlo, los servidores de Aquis le dijeron a éste: «Oh rey, ¿no es éste David? ¿No es éste a quien le cantaban en danza: "Saúl mató a mil, David mató a diez mil?" [13] David comprendió estas palabras y temió mucho a Aquis. [14] Entonces David les hizo creer que había perdido la razón y se portaba como un loco: hacía como que tocaba el tambor en las puertas y dejaba que le corriera la saliva por la barba. [15] Dijo Aquis a sus servidores: «Si ustedes ven que está loco, ¿para qué me lo trajeron? [16] ¿Es que me hacen falta locos, para que venga éste a molestarme con sus locuras? ¡Que no entre en mi casa!» 

 

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[1] Los panes de la presencia representaban las doce tribus de Israel. Eran ofrecidos cada sábado y permanecían sobre el altar durante toda la semana, manifestando así la fidelidad del pueblo a Yavé. Estaban reservados a los sacerdotes y sólo ellos los podían comer (Lev 24,5-9). Jesús usará ese texto como un ejemplo cuando acusen a sus discípulos de no respetar el día sábado (Mc 2,13). El hecho podía parecer insignificante en sí mismo, ¿y no tenía David, el rey legendario el derecho de hacer lo que está prohibido a las personas comunes? Pero Jesús afirma que debemos actuar con la misma libertad, porque en realidad todas estas leyes sagradas, bien sean del tiempo de Abiatar o del nuestro, han sido forjadas por hombres. Valen por cuanto mantienen un orden religioso que necesitamos, pero también necesitamos otras cosas, y a veces debemos dejarlas a un lado con todo respeto para cumplir con otros deberes. 

 

 

[11] David tiene que hacer el loco. La Biblia nota cómo ese elegido de Yavé fue humillado antes de ocupar su trono, anunciando así misteriosamente las humillaciones de Cristo. El nos amó hasta la locura cuando se humilló hasta la condición de siervo y hasta la ignominiosa y dura muerte en cruz (ver Fil 2,7-9). 

 

 

 

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1 Sam. 22, 1 - 23 

 [1] David salió de allí y se refugió en la caverna de Adulam. Al saberlo sus hermanos y toda la familia de su padre, bajaron a recibirlo. [2] Todos los que se encontraban en apuros, o tenían deudas, o estaban descontentos, se unieron a él y lo eligieron su jefe. Juntó unos cuatrocientos hombres bajo su mando. [3] De allí, David se fue a Mispé de Moab y dijo al rey de Moab: «¿Podrían quedarse con ustedes mi padre y mi madre hasta que yo sepa qué va a hacer Dios conmigo?» [4] Los dejó, pues, con el rey de Moab, con quien estuvieron todo el tiempo que David permaneció en el refugio. [5] El profeta Gad dijo a David: «No te quedes en el refugio. Vuelve a las tierras de Judá.» Partió David y entró en el bosque de Jeret. [6] Supo Saúl que David y los hombres que lo acompañaban habían sido descubiertos. Y estando Saúl en Guibea, en el alto, debajo del tamarisco, con la lanza en la mano, rodeado de todos sus oficiales, [7] les dijo: «Escuchen, hombres de Benjamín: ¿Acaso creen que el hijo de Jesé les va a dar a cada uno de ustedes campos y viñas? ¿O piensan que los va a nombrar a todos jefes de miles y de cientos? [8] ¿Por qué entonces se han unido todos contra mí? No ha habido nadie que me informara de la alianza de mi hijo con el hijo de Jesé; nadie que se compadeciera de mí y me avisara que mi hijo lo animaba a que se sublevara contra mí, como ocurre hasta hoy día.» [9] El edomita Doeg, que estaba entre los servidores de Saúl, respondió: «Yo he visto al hijo de Jesé venir a Nob, donde Ajimelec, hijo de Ajitub. [10] Este consultó por él a Yavé, le dio alimentos, y lo que es más, la espada de Goliat, el filisteo.» [11] El rey mandó llamar al sacerdote Ajimelec, hijo de Ajitub, a toda la familia de su padre y a los sacerdotes que había en Nob. [12] Cuando estuvieron todos en presencia del rey, Ajimelec se presentó diciendo: «Aquí me tienes, señor.» [13] Saúl le dijo: «Oye, hijo de Ajitub, ¿por qué te has unido con el hijo de Jesé en mi contra? Le diste pan y una espada y consultaste a Dios por él, para que se rebelara contra mí, y me tendiera emboscadas como ahora está sucediendo.» [14] A lo que respondió Ajimelec: «¿Quién ha habido entre todos tus servidores que sea tan leal como David, yerno del rey, jefe de tu guardia personal y respetado por toda tu gente? [15] ¿Es acaso hoy la primera vez que yo he consultado a Dios por él? ¡Líbreme Dios! No sospeche el rey una rebeldía ni de mí, su siervo, ni de toda la familia de mi padre, porque yo no sabía de todo esto ni poco ni mucho.» [16] El rey respondió: «Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la familia de tu padre.» [17] En seguida el rey dijo a los de su guardia que estaban a su lado: «Acérquense y maten a los sacerdotes de Yavé, porque también están con David y, sabiendo que él huía, no me lo comunicaron.» Pero los servidores del rey no quisieron levantar su mano para herir a los sacerdotes de Yavé. [18] Dijo entonces el rey a Doeg: «Acércate tú y da muerte a los sacerdotes.» El edomita Doeg se acercó e hirió de muerte a los sacerdotes; aquel día mató ochenta y cinco hombres que llevaban traje sacerdotal. [19] Después de esto, Saúl pasó a cuchillo a Nob, la ciudad de los sacerdotes, matando a hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes, burros y ovejas. [20] Con todo, pudo escapar un hijo de Ajimelec, hijo de Ajitub, llamado Abiatar, quien huyó donde David [21] y le contó que Saúl había hecho matar a los sacerdotes de Yavé. [22] David respondió a Abiatar: «Ya sabía yo aquel día que, estando Doeg el edomita, no dejaría de avisar a Saúl. Yo soy el responsable de que haya perecido la familia de tu padre. [23] Quédate conmigo y no temas, pues quien busca tu muerte, busca la mía, y junto a mí estarás seguro.» 

 

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[1] Este capítulo no disimula que vinieron a David los que se encontraban en apuros, con deudas o amargados (22,2). Las guerras que permitieron al pueblo de Dios vivir y progresar no fueron el hecho de puros santos. En esto se parecen a las luchas que se llevan en cualquier lugar del mundo en pro de las causas más justas. Felices cuando sus líderes tienen, como David, un sentido muy elevado de su misión y se sienten realmente solidarios de su pueblo.Aquí se habla de consultas a Yavé con el efod, una cajita que contenía las suertes. Era una práctica antigua, reservada al sumo sacerdote (Núm 27,21), y que desapareció después. Esta práctica que podía llevar a verdaderos crímenes (2 Sam 21,1) era un medio para el trato familiar de David con Yavé. Lo mismo ahora, algunos piden signos, o bien esperan una respuesta de Dios al abrir su biblia al azar. Dios no se comprometió a dar signos y respuestas, pero puede darlas a sus amigos en ciertas ocasiones. 

 

 

 

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1 Sam. 23, 1 - 28 

CÓMO DAVID CONSULTABA A DIOS

 

[1] Vinieron a avisarle a David que los filisteos estaban atacando a Queilá y destruyendo las eras. [2] David consultó a Yavé si iba o no a luchar con los filisteos. La respuesta fue: «Anda, pues derrotarás a los filisteos y librarás a Queilá.» [3] Pero sus hombres le dijeron: «¡Mira!, aquí en Judá estamos amenazados y en peligro. ¿Qué será si además tenemos líos con los filisteos?» [4] Entonces David volvió a consultar a Yavé, quien le respondió: «Animo, baja a Queilá, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos.» [5] David fue con sus hombres a Queilá, atacó a los filisteos y los derrotó. [6] Se apoderó de sus ganados y libró a los habitantes. [7] Cuando le comunicaron a Saúl que David había entrado en Queilá, dijo entonces: «Dios lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha encerrado en una ciudad con puertas y cerrojos.» [8] Llamó Saúl a todo el pueblo a las armas, para bajar a Queilá y cercar a David. [9] Al saberlo David, llamó al sacerdote Abiatar, que lo había seguido, y le dijo: «Trae el efod.» Pues cuando Abiatar, que se había quedado con David, bajó con él a Queilá, traía también el efod. [10] David rogó así a Yavé: «Oh, Dios de Israel, he oído decir que Saúl se dispone a atacar a Queilá por causa mía. ¿Es verdad esto? [11] Oh Yavé, dígnate descubrírmelo.» La respuesta fue: «Sí.» [12] Y David insistió: «¿Es cierto que las autoridades de Queilá nos entregarán a Saúl?» La respuesta fue: «Sí, te entregarán a ti y a tus hombres.» [13] Entonces David se marchó con sus seiscientos hombres. Salieron de Queilá y anduvieron errantes. Informado Saúl de que David había huido de Queilá, suspendió la expedición. [14] David permaneció en los refugios del desierto. Luego se fue a los cerros del desierto de Zif; Saúl lo buscaba sin cesar, pero Yavé no se lo entregó. [15] David tuvo miedo de Saúl, que lo andaba persiguiendo para quitarle la vida, por eso siguió viviendo en el desierto de Zif, en Jarsa. [16] Jonatán, hijo de Saúl, fue donde David a Jarsa y le dio ánimo, recordándole las promesas de Dios: [17] «No temas, porque mi padre, Saúl, por más que haga, no podrá alcanzarte. Tu serás rey de Israel y yo seré el segundo en tu reino. Hasta mi padre Saúl lo sabe.» [18] Renovaron ambos su pacto ante Yavé. David se quedó en Jarsa y Jonatán regresó a casa. [19] Algunos de Zif habían ido a Guibea a decirle a Saúl: «David está escondido entre nosotros, en los refugios de Jarsa, en el cerro de Jaquila, que está al sur del desierto. [20] Ahora, pues, baja, como es tu deseo, y nosotros te lo entregaremos.» [21] Respondió Saúl: «¡Que Yavé los bendiga por haberse compadecido de mí! [22] Vayan, pues, infórmense más todavía, fíjense bien por dónde anda y pregunten quién lo ha visto por allí, porque me han dicho que es muy astuto. [23] Descubran y recorran todos los escondrijos en donde pueda ocultarse; y una vez que estén bien seguros, vuelvan a verme. Entonces los acompañaré y, si está en la comarca, lo rebuscaré por todas las aldeas de Judá.» [24] Despidiéndose de Saúl se volvieron a Zif antes que él. David y sus hombres estaban en una llanura que queda al sur del desierto de Maón. Saúl y sus hombres salieron en su busca. [25] Cuando lo supo David, bajó a una quebrada rocosa, en el mismo desierto. Informado Saúl, partió también para allá. [26] Saúl y sus hombres iban por una pendiente del cerro y, por la del frente, David con los suyos. Mientras se apresuraba David por escapar de Saúl y éste trataba de pasar al lado de David para capturarlo, [27] llegó un hombre con un mensaje para Saúl: «Ven rápido porque los filisteos han invadido el país.» [28] Saúl dejó de perseguir a David y se marchó al encuentro de los filisteos. Por eso se llamó a aquel lugar: «Peña de Separación.» 

 

 

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1 Sam. 24, 1 - 22 

DAVID RESPETA LA VIDA DE SAÚL

 

 [1] David subió de allí, y se estableció en los refugios de Engadí (o sea, «Fuente del Cabrito»). [2] Cuando Saúl regresó, después de perseguir a los filisteos, se le informó: «David está en el desierto de Engadí.» [3] Entonces tomó consigo tres mil hombres, escogidos de todo Israel. Marchó en busca de David y su gente, hasta las Rocas de las Gamuzas. [4] Se detuvo cerca de unos corrales para ovejas que había junto al camino. Había allí una cueva y Saúl entró en ella para hacer sus necesidades. [5] David y sus hombres estaban sentados en el fondo de la cueva. Estos le dijeron: «Mira. Ha llegado el día que te anunció Yavé cuando te hizo esta promesa: Entregaré a tu enemigo en tus manos y tú lo tratarás como te parezca.» David se levantó, y silenciosamente cortó la punta del manto de Saúl. [6] Y en seguida empezó a latirle fuerte el corazón por haberle cortado la punta del manto de Saúl, [7] y dijo a sus hombres: «¡Líbreme Dios de hacer tal cosa contra mi señor! ¡No puedo poner la mano sobre el ungido de Yavé! » [8] Con esto contuvo a sus hombres y no les permitió lanzarse sobre Saúl. Saúl se levantó para salir de la caverna y prosiguió su camino. [9] David salió también de la caverna detrás de él y lo llamó: «¡Oh rey, mi señor!» Saúl se volvió para mirar y vio que David estaba inclinado hasta tocar el polvo con su cara. [10] David le dijo: «¿Por qué haces caso a los que te dicen que yo trato de perjudicarte? [11] Hoy mismo tú has visto cómo Yavé te ha puesto en mis manos y yo no he querido matarte, pues me contuve al pensar que tú eres el ungido de Yavé. [12] Mira, padre mío, mira, en mi mano tengo la punta de tu manto; si yo pude cortarla y no te di muerte, es porque en mí no hay ni mala intención ni rebeldía. Reconoce, pues, que en nada te he ofendido. Tú, en cambio, andas acechándome para quitarme la vida. ¡Que Dios juzgue entre tú y yo! El me hará justicia, pero lo que es yo, no te levantaré la mano. [13] Como dice el antiguo proverbio: De los malos sale la malicia, por eso mi mano no te tocará. ¿A quién has salido a buscar, rey de Israel? [14] ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto o a una pulga? [15] Que Yavé juzgue y pronuncie sentencia entre tú y yo, que él vea mi causa y me haga justicia, librándome de tus manos.» [16] Cuando David terminó de hablar, dijo Saúl: «¿Es ésta tu voz, David, hijo mío?» Y se puso a llorar a sollozos. [17] Y agregó: «Tú eres más justo que yo, porque tú me devuelves bien por mal; [18] hoy has demostrado que realmente me quieres, pues Yavé me puso en tus manos y tú no me has quitado la vida. [19] ¿Qué hombre que encuentra a su enemigo le permite seguir su camino en paz? Que Yavé te recompense por lo que hoy has hecho conmigo. [20] Ahora estoy seguro que reinarás y que el reino de Israel se afirmará en tus manos. [21] Júrame entonces que no borrarás el nombre de mi familia, exterminando a mi descendencia.» [22] David se lo juró a Saúl, con lo cual éste se fue a su casa y David y sus hombres subieron al refugio. 

 

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[1] El respeto de David al ungido de Yavé (pues Saúl había sido ungido por Samuel), es una expresión de su fe. Pues el conductor de un pueblo comparte con Dios obligaciones y poderes que superan las capacidades y derechos del ser humano. El deber que a nosotros nos corresponde de criticar o de reemplazar a los dirigentes malos o incapaces nunca nos impedirá respetar su persona y la tremenda responsabilidad que Dios dejó en sus manos.Dios me hará justicia (12). No es la queja rencorosa del que no se atrevió a defenderse, sino la certeza del que, luchando por lo que le parece ser justo, reconoce que sólo Dios es dueño de la historia. Y, en determinados casos, prefiere abstenerse como una manera de demostrar a Dios su total confianza. 

 

 

 

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1 Sam. 25, 1 - 44 

DAVID Y ABIGAÍL

 

 [1] Murió Samuel y todo Israel se reunió para llorarlo. Fue enterrado en su tierra de Ramá. [2] Luego bajó David al desierto de Maón. Allí había un hombre que tenía su hacienda en Carmelo. Era un hombre muy rico y poseía millares de ovejas y cabras. [3] Estaba allí esquilando su rebaño. Su nombre era Nabal y era de la familia de Caleb; su esposa se llamaba Abigaíl. Ella era una mujer bien ponderada y hermosa. En cambio, él era duro y malo. [4] David supo que Nabal estaba esquilando sus ovejas [5] y le envió a diez de sus muchachos, a los que dijo: «Suban a Carmelo y vayan a saludar a Nabal de parte mía. [6] Le dirán: Hermano, la paz sea contigo, con tu casa y todo lo que tienes. [7] He sabido que estás esquilando. Acuérdate que en todo el tiempo que tus pastores estuvieron con nosotros no les hemos perjudicado en nada. Más aún, no les ha desaparecido nada durante todo el tiempo que estuvieron en Carmelo. [8] Ellos mismos te lo dirán. Te ruego, pues, que en este día de fiesta, des buena acogida a mis muchachos. Dales, a ellos y a tu hijo David, lo que tengas a mano.» [9] Los muchachos de David llegaron donde Nabal, le repitieron estas palabras de David y se quedaron esperando. [10] Nabal les respondió: «¿Quién es David y quién es el hijo de Jesé? Cada día son más los esclavos que se escapan de la casa de sus amos. [11] ¿Voy a tomar acaso mi pan, mi vino y las reses que he sacrificado para los esquiladores y se las voy a dar a unos hombres que no sé de dónde son?» [12] Los servidores de David, dando media vuelta, regresaron por el mismo camino. Al llegar le repitieron a David lo que había dicho Nabal. [13] Entonces él dijo a sus hombres: «Pónganse su espada.» Todos se la pusieron, incluyendo a David. Le siguieron unos cuatrocientos hombres, quedándose doscientos con el equipaje. [14] Uno de los muchachos de Nabal contó a Abigaíl, su esposa, cómo David había enviado mensajeros para saludar a su patrón y cómo éste los había tratado con desprecio. [15] Y agregó: «Esos hombres fueron muy buenos con nosotros: nunca nos molestaron ni nada nos faltó de nuestros rebaños mientras estuvimos con ellos en el campo. [16] Antes bien, nos protegieron noche y día. [17] Ahora tú tienes que hacer algo porque nuestra suerte y la de nuestro patrón ya está echada, y él es tan malo que no se le puede hablar.» [18] Abigaíl tomó, rápidamente, doscientos panes, dos garrafas de vino, cinco corderos preparados, cinco cargas de trigo tostado, cien racimos de uvas pasas y doscientos panes de higos secos. Cargó todo sobre burros [19] y dijo a sus muchachos: «Vayan delante de mí; yo iré más atrás.» De todo esto, nada dijo a su marido. [20] Montada en su burro, bajaba por un recoveco de cerro, al mismo tiempo que David y su gente venían hacia ella, así que se encontraron. [21] David había dicho: «Inútilmente he protegido todas las pertenencias de este hombre en el desierto para que nada le desapareciera. Ahora me paga mal por bien. [22] Que Dios me maldiga si mañana le queda con vida un solo varón.» [23] Cuando Abigaíl divisó a David, se bajó de su burro, se inclinó ante él y se postró en tierra. [24] Echándose a sus pies, le dijo: «¡Oh, señor mío! Yo soy la culpable, pero te ruego escuchar mis palabras. [25] No hagas caso de ese malvado de Nabal, porque su nombre lo dice todo: es un estúpido. Y yo no estaba cuando vinieron tus jóvenes. [26] Y ahora, por Yavé y por tu vida, es Yavé quien te ha impedido derramar sangre y hacerte justicia por tu propia mano. Que a tus enemigos y a los que te odian les pase como a Nabal. [27] Acepta este regalo que te traigo y dalo a los jóvenes que te siguen. [28] Perdona, por favor, la falta de tu sierva.Seguramente Yavé dará a tu familia una larga descendencia por cuanto tú, señor mío, peleas por Yavé; y no harás el mal en toda tu vida. [29] Si alguna vez se levanta un hombre para perseguirte y atentar contra tu vida, tu alma será guardada en el saco de la vida, al lado de Yavé Dios, mientras que el alma de tus enemigos será echada en el cuero de la honda. [30] Cuando Yavé haya cumplido sus promesas y te haya establecido como jefe de Israel, [31] tú, señor, no tendrás este pesar y remordimiento en el corazón de haber derramado sangre inocente y haberte vengado por tu propia mano. Entonces Yavé te bendecirá y tú también te acordarás de mí, tu sierva.» [32] David dijo a Abigaíl: «Bendito sea Yavé que te ha enviado hoy a mi encuentro. [33] Bendita sea tu sabiduría, y bendita seas tú misma, que me has impedido derramar sangre y vengarme por mi mano. [34] Pero, sobre todo, gracias a Dios, que me ha impedido hacerte mal. Pues si tú no te hubieras apresurado en venir a mi encuentro, juro que a Nabal no le habría quedado al amanecer ni un solo varón.» [35] Entonces David recibió todo lo que ella le había traído y le dijo: «Vete en paz a tu casa.» [36] Cuando Abigaíl volvió a la casa de Nabal, éste estaba celebrando un gran banquete. Se encontraba alegre y completamente ebrio. Nada le dijo sino hasta el amanecer. [37] Por la mañana, una vez que se le hubo pasado la borrachera, le contó su esposa todo lo sucedido. Le vino un ataque al corazón y quedó paralizado. [38] Diez días después, Yavé hizo que muriera. [39] Al saber David que Nabal había muerto, exclamó: «¡Bendito sea Yavé, que me ha hecho justicia por la injuria que yo recibí de Nabal! Me ha impedido hacer el mal y ha hecho recaer la maldad de Nabal sobre su cabeza.»David envió mensajeros para proponer matrimonio a Abigaíl. [40] Llegaron éstos a Carmelo, a casa de ella, y le dijeron: «David nos envía para proponerte que seas su esposa.» [41] Ella postrándose en tierra dijo: «No soy más que una esclava para lavar los pies de los que sirven a mi señor David.» [42] Se levantó rápidamente, montó en su burro y, acompañada por cinco de sus sirvientas, partió con los enviados de David y fue su esposa. [43] David había tomado también por mujer a Ajinoam de Jezrael, y ambas fueron sus esposas. [44] En cuanto a su otra esposa, Micol, hija de Saúl, había sido dada a Paltí, hijo de Lais, del pueblo de Galim. 

 

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[1] El hecho que leemos opone dos hombres y dos mentalidades: el propietario con sus derechos no sale ganando frente al aventurero; ello quiere decir que la riqueza ha de compartirse. Se destaca el papel de la mujer, cuya sabiduría sabe alejar una desgracia provocada por los hombres. 

 

 

 

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1 Sam. 26, 1 - 25 

 [1] Los zifitas vinieron a Guibea a decirle a Saúl que David estaba escondido en la loma de Jaquilá, frente al desierto. [2] Saúl se levantó y bajó al desierto de Zif, acompañado de tres mil hombres escogidos de todo Israel, para buscar allí a David. [3] Acampó Saúl en la loma de Jaquilá, que está al frente del desierto junto al camino, mientras que David estaba en el desierto. Cuando David se enteró que Saúl había venido al desierto en busca suya, [4] envió espías para saber dónde se encontraba. Luego se puso en camino y llegó hasta el lugar donde acampaba Saúl. [5] Observó el lugar en que estaban acostados Saúl y Abner, hijo de Ner, jefe de su tropa. Saúl dormía en el centro del campamento, y el resto de su gente acampaba a su alrededor. [6] David dijo al heteo Ajimelec y a Abisay, hijo de Sarvia, hermano de Joab: «¿Quién quiere bajar conmigo al campamento de Saúl?» Abisay respondió: «Yo bajo contigo.» [7] David y Abisay se dirigieron de noche al campamento y hallaron a Saúl que dormía acostado en el centro del campamento con su lanza clavada en tierra a su cabecera; Abner y los demás gente dormían en torno a él. [8] Entonces Abisay dijo a David: «Dios ha puesto hoy en tus manos a tu enemigo. Déjame ahora mismo clavarlo en tierra de una sola lanzada; no será necesario repetir el golpe.» [9] Pero David le contestó: «No lo mates; ¿quién podría levantar su mano contra el ungido de Yavé sin ser castigado?» [10] Y añadió: «Sólo Yavé puede quitarle la vida, sea que llegue el día de su muerte natural, sea que muera en alguna batalla. [11] Líbreme Dios de levantar mi mano contra el ungido de Yavé. Ahora toma la lanza y el jarro de agua y vámonos.» [12] David tomó la lanza y el jarro de la cabecera de Saúl y se fueron. Nadie los vio, nadie los oyó, ni siquiera despertaron. Todos dormían poseídos de un sueño profundo que Yavé l había enviado. [13] David pasó al otro lado y se colocó en la cumbre del cerro, quedando un gran espacio entre él y el campamento enemigo. [14] Y desde allí llamó en voz alta a la gente de Saúl y a Abner, hijo de Ner, diciendo: «Abner, ¿no respondes?» [15] Abner respondió: «¿Quién eres tú, que llamas al rey?» David dijo: «Por Dios, ¿no eres tú un valiente? ¿Y quién como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has cuidado al rey tu señor cuando uno entró en el campamento para matarlo? ¿Así cumples con tu deber? [16] Por la vida de Yavé, merecen la muerte todos ustedes, que no han cuidado a su señor, el ungido de Yavé. ¿Dónde está la lanza del rey y el jarro de agua que había junto a su cabecera?» [17] Saúl reconoció la voz de David, y le preguntó: «¿Es ésta tu voz, David, hijo mío?» David respondió: «Sí, ésta es mi voz, señor y rey mío. » [18] Y añadió: «¿Por qué motivo me persigues? ¿Qué he hecho o qué delito he cometido? [19] Ahora te ruego, mi rey y señor, que escuches mis palabras. Si es Yavé quien te mueve contra mí, que sea aplacado con una oblación, pero si son los hombres, malditos sean ante Yavé, porque hoy me expulsan de la herencia de Yavé, como quien dice: Que vaya a servir a otros dioses. [20] Que mi sangre no caiga en tierra, lejos de la presencia de Yavé. ¿Por qué has salido a cazarme como quien persigue una perdiz en los cerros?» [21] Saúl respondió: «He pecado. Vuelve, hijo mío, David, que de hoy en adelante no te haré ningún mal, ya que has respetado mi vida. Me he portado como un tonto, y estaba totalmente equivocado.» [22] Respondió David: «Aquí está la lanza del rey, que venga uno de tus servidores a buscarla. [23] Yavé devolverá a cada uno según sus méritos y fidelidad, pues hoy te había entregado en mi poder, pero no he querido levantar mi mano contra ti por ser el ungido de Yavé. [24] Así como he respetado hoy tu vida, así hará también Yavé conmigo y me librará de toda angustia.» [25] Por último, Saúl dijo a David: «Bendito seas, hijo mío, David. Sin duda triunfarás en todas tus empresas.» Después David se fue por su camino y Saúl volvió a su casa. 

 

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[1] Esta es otra manera de contar lo que ya leímos en el capítulo 24. 

 

 

 

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1 Sam. 27, 1 - 12 

DAVID ENTRE LOS FILISTEOS

 

[1] David se dijo a sí mismo: «Uno de estos días voy a caer en manos de Saúl. Lo mejor es que me refugie en tierra de los filisteos, para que Saúl deje de buscarme por todo el país de Israel. Así no podrá agarrarme. Huiré entonces de sus dominios.» [2] David partió con doscientos hombres que tenía donde Aquís, hijo de Maoc, rey de Gat. [3] Y permanecieron con Aquís, él y sus hombres, cada cual con su familia; David con sus dos esposas, Ajinoam de Jezrael, y Abigail, esposa de Nabal de Carmelo. [4] Se dio aviso a Saúl que David había huido a Gat, y dejó de buscarlo. [5] David dijo a Aquís: «Si es que cuento con tu amistad, dame, por favor, un lugar en una de las ciudades del territorio para residir en ella. ¿Por qué ha de residir tu siervo a tu lado, en la ciudad real?» [6] Aquel mismo día, Aquís le dio Siquelag; por esto la ciudad de Siquelag pertenece hasta el día de hoy a los reyes de Judá. [7] David vivió en territorio de los filisteos un año y cuatro meses. [8] Subía David con su gente a hacer correrías contra los guesuritas,los guergueseos y los amalecitas, porque antiguamente éstos eran los habitantes de la región desde Telam, yendo hacia Sur y hacia Egipto. [9] Devastaba la comarca y no dejaba con vida hombre ni mujer; se apoderaba de las ovejas, bueyes, burros, camellos y vestidos, y volvía donde Aquís. [10] Aquís preguntaba: «¿A quiénes han atacado esta vez?» David respondía: «Al sur de Judá, o el territorio de Jerajmeel, o de los quenitas.» [11] David no dejaba hombre ni mujer c vida, para no tener que llevarlos a Gat, pues decía: «No sea que hablen contra nosotros y nos denuncien a los filisteos.» De esta forma se comportó David todo el tiempo que habitó en el país de los filisteos. [12] Aquís confiaba en David y se dijo: «Seguramente se ha hecho odioso a los israelitas y será mi servidor para siempre.» 

 

 

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1 Sam. 28, 1 - 24 

SAÚL ABANDONADO CONSULTA A UNA MUJER ESPIRITISTA

 

 [1] En aquellos días los filisteos reunieron sus tropas para ir a la guerra contra Israel. Aquís dijo a David: «Bien sabes que tú y tus hombres deben venir a la guerra conmigo.» [2] David le contestó: «Ahora vas a ver lo que hará tu servidor.» Y dijo Aquís: «Muy bien, te haré jefe de mi guardia para siempre.» [3] Samuel había muerto y todo Israel lo había llorado. Fue sepultado en Ramá, su ciudad. [4] Los filisteos se reunieron y vinieron a acampar en Sunén. Saúl reunió también a los hombres de Israel y estableció su campamento en Gelboé. [5] Cuando vio el campamento de los filisteos, tuvo miedo y fue presa del pánico. [6] Consultó a Yavé, pero éste no le respondió, ni por los sueños, ni por los profetas, ni tampoco viéndose la suerte. [7] Entonces dijo a sus muchachos: «Búsquenme a una mujer que evoque los espíritus de los muertos, para que yo me vaya a consultarla.» Ellos respondieron: «Precisamente aquí, cerca, en Endor, hay una.» (Saúl había echado del país a los adivinos y a los que consultan a los espíritus de los muertos.) [8] Saúl se disfrazó y fue a verla acompañado por dos de sus hombres. Llegaron por la noche donde la mujer y Saúl le dijo: «Consulta al espíritu del que yo te diga.» [9] Pero la mujer respondió: «Bien sabes que por mandato de Saúl han sido expulsados del país todos los hechiceros y adivinos. ¿Para qué me tientas y me expones a la muerte?» [10] Saúl le dijo: «Te juro por Dios que esto no te traerá ninguna molestia.» [11] Entonces la mujer preguntó: «¿A quién quieres que evoque?» Contestó él: «Llámame a Samuel.» [12] Y la mujer vio a Samuel. Lanzó un grito fuerte y dijo a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!» [13] El le dijo: «No temas. Pero ¿qué ves?» «Veo un fantasma que sube del abismo.» Saúl preguntó: «¿Qué apariencia tiene?» [14] Ella respondió: «El que sube es un anciano envuelto en un manto.» Saúl comprendió que era Samuel, y se postró hasta tocar el suelo con su cara. [15] Samuel le dijo: «¿Por qué has molestado mi descanso, llamándome?» Saúl respondió: «Estoy en un gran apuro. Los filisteos me hacen la guerra y Dios me ha abandonado. No me responde ni por medio de los profetas, ni por medio de los sueños. Por eso te he evocado, para que me digas lo que debo hacer.» [16] Samuel contestó: «¿Para qué me consultas, si sabes que Dios te ha abandonado y ha elegido a otro? [17] Yavé ha hecho contigo lo que había anunciado por mis palabras. Te va a quitar el reino para dárselo a tu prójimo, a David. [18] Acuérdate que no has obedecido la voz de Yavé cuando te ordenó que fueras el instrumento de su venganza contra los amalecitas. Por eso Yavé te trata hoy de esta manera. [19] Más aún, Yavé te entregará a ti y a Israel, tu pueblo, en manos de los filisteos. Mañana, tú y tus hijos estarán conmigo y el ejército de Israel será derrotado por los filisteos.» [20] Saúl se estremeció y cayó de bruces en el suelo. Estaba asustado por las palabras de Samuel. Además le faltaron las fuerzas porque no había comido en todo el día. [21] La mujer se acercó a Saúl, y viéndolo en este estado le dijo: «Te he obedecido, incluso exponiendo mi vida. [22] Pero ahora dígnate obedecer a tu sierva. Permíteme traerte algo de comida para que recuperes tus fuerzas y prosigas tu camino.» [23] Saúl no quería aceptar, mas sus servidores y la mujer insistieron hasta que aceptó. Se levantó del suelo y se sentó en un sillón. [24] La mujer tenía un ternero gordo en casa y se apresuró a sacrificarlo; luego tomó harina e hizo panes sin levadura y sirvió esta cena a Saúl y a sus acompañantes, que comieron y se marcharon aquella misma noche. 

 

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[1] En ningún lugar Saúl nos parece más cercano a nosotros y tan profundamente humano. Mientras David, confiado en Yavé y querido de todos, juega con los peligros, y juega un juego político muy dudoso, Saúl lleva solo el peso de su angustia. Ya no está Samuel, el adversario con el cual podía, por lo menos, discutir y pelear; y Dios no habla para Saúl. El hombre se queda solo frente a un mundo hostil y torturado por sus propias dudas y angustias.Saúl quiso arrancar a Dios una respuesta favorable. Viene una respuesta de muerte y Saúl se retira apaciguado, pues lo que le pesaba no era tanto el miedo a la muerte cuanto la soledad, que fue su parte mientras ejerció el poder. El que «sobresalía de los hombros arriba sobre todos los demás» ha vuelto a ser un hombre como los demás, y recibe la ayuda de una mujer pobre, pecadora ante la ley de Dios, pero llena de comprensión. 

 

 

 

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1 Sam. 29, 1 - 11 

[1] Los filisteos reunieron en Afec a todo su ejército, mientras que los israelitas acamparon cerca de la fuente que hay en Jezrael. [2] Mientras los jefes de las ciudades de los filisteos iban delante, al frente de sus tropas, divididas en compañías de ciento y de mil, David y sus hombres marchaban a la retaguardia con Aquís. [3] Los jefes de los filisteos dijeron: «¿Qué hacen aquí estos hebreos?» Aquís les respondió: «Es David, el servidor de Saúl, rey de Israel, que hace ya uno o dos años que está conmigo, y desde el día de su venida hasta hoy no he tenido nada que reprocharle.» [4] Pero los jefes de los filisteos se enojaron con él y le dijeron: «Despide a ese hombre y que regrese al lugar que le señalaste. Que no vaya al combate con nosotros, no sea que durante la lucha se vuelva en contra nuestra. Pues ¿qué mejor ocasión que ésta para que él recupere la amistad de su amo, presentándole las cabezas de nuestros hombres? [5] ¿No es éste aquel David de quien cantaban a coro: Saúl mató a mil y David a diez mil?» [6] Aquís llamó a David y le dijo: «Yavé sabe que tú eres leal y me hubiera gustado que me acompañaras en esta campaña, pues desde el día que viniste a mí hasta el día de hoy nada malo he hallado en ti; pero los jefes no te miran bien. [7] Por eso, vuélvete en paz, para no molestar a los jefes de los filisteos.» [8] David dijo a Aquís: «¿Qué he hecho yo y qué has visto en mí desde el día en que me puse a tu servicio hasta hoy? ¿Por qué no puedo ir a luchar contigo contra tus enemigos?» [9] Aquís respondió: «Sabes muy bien que tú eres para mí como un ángel de Dios; pero los jefes de los filisteos no quieren que vayas a combatir con ellos. [10] Por eso mañana levántense antes del amanecer, y con todos los que vinieron contigo vayan al lugar que les he asignado. No guardes, pues, rencor en tu corazón, porque tú sabes que te estimo. Levántense, pues, muy temprano y partan apenas aclare.» [11] David y sus hombres se levantaron siendo aún de noche, para partir por la mañana y regresar a la tierra de los filisteos. Los filisteos por su parte subieron a Jezrael. 

 

 

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1 Sam. 30, 1 - 31 

EL SAQUEO DE SIQUELAG

 

 [1] Cuando, al tercer día, David y sus hombres llegaron a Siquelag, los amalecitas habían pasado por allí recorriendo el país de Negueb. Habían entrado en Siquelag y la habían incendiado, [2] llevándose las mujeres y toda la población. No habían matado a nadie, sino que los habían llevado cautivos. [3] Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad, vieron que había sido incendiada y que habían desaparecido sus mujeres y sus hijos. [4] Entonces se pusieron a llorar a gritos hasta quedar rendidos. [5] También habían sido llevadas cautivas las dos esposas de David, Ajinoam y Abigaíl. [6] David estaba en grandes apuros, pues su gente estaba muy amargada, cada uno por sus hijos e hijas, y hablaba de apedrearlo. Pero David se reanimó con Yavé, su Dios. [7] Dijo al sacerdote Abiatar (hijo de Ajimelec): «Trae, por favor, el efod.» Este se lo trajo, [8] y David consultó a Yavé, diciendo: «¿Perseguiré a esa banda? ¿La alcanzaré?» Yavé respondió: «Persíguela, porque de hecho la alcanzarás y librarás a los cautivos.» [9] David partió con sus seiscientos hombres, y llegó al torrente Besor. Allí se quedaron doscientos que estaban muy cansados para cruzar el torrente. [10] Siguió adelante con el resto. [11] En el camino encontraron a un egipcio agotado y sediento; le dieron un pedazo de pan y un poco de agua, [12] y, además, un pastel de higos y dos racimos de uvas pasas. Cuando hubo comido, le volvió el ánimo, ya que no había comido ni bebido en tres días. [13] Después, una vez restablecido, David lo interrogó: «¿A quién perteneces y de dónde eres?» Respondió: «Soy un muchacho egipcio, esclavo de un amalecita. Mi señor me abandonó hace tres días porque enfermé. [14] Habíamos recorrido el Negueb de los quereteos, el de Judá y el de Caleb; también hemos quemado Siquelag.» [15] David le preguntó: «¿Quieres llevarnos a donde está esa banda?» Respondió: «Si juras por Dios que no me matarás ni entregarás a mi amo, te guiaré.» [16] El los guió. Los encontraron dispersos por el campo, comiendo, bebiendo y celebrando una fiesta, porque era muy grande el botín que habían obtenido en tierra de los filisteos y en tierra de Judá. [17] David los atacó desde la mañana hasta la noche. No escapó ninguno, salvo cuatrocientos jóvenes que huyeron en sus camellos. [18] Recuperaron todo lo que se habían llevado los amalecitas, [19] sin que nada les faltara, desde las cosas sin valor, hasta sus hijos e hijas. David liberó también a sus dos esposas. [20] Su gente reunió todo el ganado, y lo pusieron delante de David, diciendo: «Este es el botín de David.» [21] Cuando David llegó a donde había dejado a los doscientos hombres, éstos salieron a su encuentro. David se acercó y los saludó preguntándoles si todo estaba bien. [22] Entre los hombres que acompañaban a David, había gente mala y perversa que se puso a decir: «Ya que éstos no vinieron con nosotros, no les corresponde nada del botín. Que tomen su esposa y sus hijos y se vayan.» [23] David les dijo: «No se porten así, después de lo que Yavé nos ha concedido. Nos ha protegido y ha puesto en nuestras manos esa banda que nos había saqueado. [24] Nadie puede darles la razón a ustedes, en este caso. En la repartición tendrán igual parte los que combaten y los que cuidan el equipaje. Compartirán juntos.» [25] Y desde aquel día, esto se convirtió en ley y es una norma para Israel hasta el día de hoy. [26] Llegó David a Siquelag y envió parte del botín a los jefes locales de Judá, parientes suyos, diciendo: «Reciban este presente de lo que hemos tomado de los enemigos de Yavé.» [27] Y envió también presentes a los que vivían en Betul, en Ramá del Negueb, en Yatir, [28] en Aroer, en Sifmot, en Estemoa, [29] en Carmelo, a los de las ciudades de Jerajmeel, de los quenitas, [30] a los de Jormá, Bor-Asan, Eter, [31] Hebrón y finalmente a todos los lugares donde habían vivido David y sus hombres. 

 

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[1] David parece aniquilado, pero lo levanta su total confianza en Dios (6).Tendrán igual parte los que combaten y los que cuidan el equipaje. David propugna la solidaridad entre los combatientes: todos compartirán el botín, en vez de pagar a cada uno según el resultado de sus esfuerzos. No acepta la división que se hace a veces entre nosotros, entre los que sirven y «los que no sirven». Este concepto de solidaridad social es el mismo que anima toda la legislación del Deuteronomio. 

 

 

 

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1 Sam. 31, 1 - 13 

MUERTE DE SAÚL

 

 [1] Los filisteos presentaron batalla a Israel. Los israelitas huyeron, y muchos cayeron muertos en el cerro Gelboé. [2] Los filisteos persiguieron a Saúl y a sus hijos y dieron muerte a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. [3] Saúl soportaba todo el peso del combate. Habiéndolo descubierto los arqueros, le dispararon, dejándolo herido. [4] Saúl dijo entonces a su escudero: «Saca tu espada y traspásame, no sea que lleguen esos infieles a burlarse de mí.» Pero el escudero no se atrevió a hacerlo, pues estaba temblando de miedo. Entonces Saúl se arrojó sobre su espada. [5] Viendo que Saúl había muerto, su escudero se arrojó también sobre su espada, y murió junto a él. [6] Así murieron juntos aquel día Saúl, sus tres hijos y el que llevaba su escudo. [7] Los israelitas que vivían en la parte alta del valle y al otro lado del Jordán vieron huir a las tropas de Israel. Cuando supieron que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus pueblos y huyeron y los filisteos subieron a ocuparlos. [8] Al otro día bajaron los filisteos para despojar a los muertos. Encontraron a Saúl muerto junto a sus tres hijos en el monte Gelboé. Le cortaron la cabeza y lo despojaron de sus armas. [9] Luego llevaron la noticia al país de los filisteos, publicando esta buena nueva en los templos de sus ídolos y por todos los lugares poblados. [10] Colocaron las armas de Saúl en el templo de Astarté y colgaron su cuerpo en el muro de Betsán. [11] Los habitantes de Jabés de Galaad supieron lo que los filisteos habían hecho con Saúl. [12] Entonces se juntaron todos los más valientes y después de marchar toda la noche tomaron el cadáver de Saúl y los de sus hijos de las murallas de Betsán. [13] Los transportaron a Jabés y allí los quemaron. Recogieron sus huesos y los sepultaron bajo el terebinto de Jabés, y ayunaron siete días.

 

 

 

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[1] Ya no se hablará más de Saúl en la Biblia: no debía hacerle la competencia a David. Pero se trata de un silencio respetuoso. Todo su pueblo compartía la responsabilidad de su derrota por haberlo sostenido tan poco, y ¿podían condenarlo sin acusar a Dios y a Samuel? 

 

 

 

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