2 Cor 1 - 2 Cor 2 - 2 Cor 3 - 2 Cor 4 - 2 Cor 5 - 2 Cor 6 - 2 Cor 7 - 2 Cor 8 - 2 Cor 9 - 2 Cor 10 - 2 Cor 11 - 2 Cor 12 - 2 Cor 13 -

 

 

2 Cor. 1, 1 - 24

             [1] Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y el hermano Timoteo saludan a la Iglesia de Dios que está en Corinto, y a los santos que viven en toda Acaya. [2] Reciban gracia y paz de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús, el Señor.  ¡BENDITO SEA DIOS, DEL QUE VIENE TODO CONSUELO!   [3] Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, Padre lleno de ternura, Dios del que viene todo consuelo. [4] El nos conforta en toda prueba, para que también nosotros seamos capaces de confortar a los que están en cualquier dificultad, mediante el mismo consuelo que recibimos de Dios. [5] Pues en la misma medida en que los sufrimientos de Cristo recaen abundantemente sobre nosotros, el consuelo de Cristo también nos llega con mayor abundancia. [6] Estas pruebas nuestras son para consuelo y salvación de ustedes, y de igual modo nuestro consuelo será consuelo para ustedes cuando tengan que soportar los mismos sufrimientos que ahora padecemos nosotros. [7] Si ustedes comparten nuestros sufrimientos, también compartirán nuestro consuelo; se lo decimos y lo esperamos con mucha firmeza. [8] Hermanos, deseamos que conozcan algo de lo que nos tocó padecer en Asia. Realmente fue tan grande el peso de esa prueba que ya habíamos perdido toda esperanza de salir con vida. [9] Sentimos en nosotros una sentencia de muerte, pero eso fue sólo para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos. [10] El nos libró de ese peligro de muerte tan grande, y nos seguirá protegiendo. En él hemos puesto nuestra esperanza y seguirá amparándonos, [11] siempre que ustedes nos ayuden con sus oraciones. Si son muchos los que piden por nosotros, serán también muchos los que darán gracias a Dios cuando nos toque recibir.  LOS PROYECTOS DE PABLO   [12] Hay algo de lo que nos sentimos orgullosos: nuestra conciencia nos asegura que la santidad y la sinceridad de Dios han inspirado siempre nuestra conducta en este mundo, especialmente respecto a ustedes. No nos han movido razones humanas, sino la gracia de Dios. [13] En lo que les escribimos no hay segundas intenciones, sino exactamente lo que leen y entienden, y espero que así lo entenderán para el futuro. [14] Seguramente empiezan a comprender que deben sentirse orgullosos de nosotros, como también nosotros nos sentiremos orgullosos de ustedes en el día del Señor Jesús. [15] Con esta seguridad quería ir primero a visitarlos, y esto habría sido para ustedes una segunda gracia. [16] Desde ahí pensaba recorrer Macedonia y de Macedonia volver otra vez a ustedes, para que me ayudasen a proseguir mi viaje a Judea. [17] ¿Acaso era una decisión muy apresurada? ¿O era tal vez sólo una decisión humana y en mí se daba al mismo tiempo un no y un sí? [18] Dios sabe que nuestro modo de proceder con ustedes no es sí y no, [19] al igual que el Hijo de Dios, Cristo Jesús, el que tanto yo como Silvano y Timoteo predicamos, no fue sí y no; en él no hubo más que un sí. [20] En él todas las promesas de Dios han llegado a ser un sí, y por eso precisamente decimos «Amén» en su nombre cuando damos gracias a Dios. [21] Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido [22] y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu.   PABLO ALUDE A UN ESCÁNDALO   [23] Dios sabe, y se lo juro por mi propia viada, que sólo la misericordia hacia ustedes me inspiró no volver a Corinto. [24] No pretendo controlar autoritariamente su fe, sino darles motivos de alegría, y hablando de fe, ustedes se mantienen firmes.     

 

 

[3] Desde el principio Pablo describe para los corintios, un poco aburguesados, su propia situación de apóstol de Cristo: itinerante, perseguido y enfermo. Mientras ellos estaban orgullosos de su numerosa comunidad y buscaban brillantes predicadores (como se verá más adelante), él compartía la pasión de Cristo. Pablo les da a entender que ellos también conocerán el verdadero consuelo de Dios cuando les toque sufrir.La palabra consuelo o «consolación» aparece muchas veces en esta carta. Dios no se contentaría con enseñarnos la resignación: el consuelo es tanto la experiencia de una presencia de Dios como los signos que lo muestran actuando con nosotros. Los dos significados van juntos, y Jesús decía que debemos pedir a Dios para que El responda y para que sus respuestas sean una fuente de alegría (J 16,24). 

 

 

[12] Los corintios aceptaron de mala gana que Pablo no hubiera cumplido la visita prometida. Les dice sencillamente que está muy por encima de un apostolado en base a proyectos humanos. El ahora es un hombre del Espíritu, y ya no toma sus decisiones como lo hacen los demás. El Espíritu hace madurar en él las decisiones y no actúa por cuenta propia. No será, pues, de esos que toman decisiones precipitadas o que dan marcha atrás, porque en realidad no estaban seguros de sí mismos.Todas las promesas de Dios han llegado a ser un «sí» (v. 20). Al enviarnos a su Hijo, Dios cumplió sus promesas. Y Jesús sólo hizo lo que su Padre deseaba; le dijo «sí» al proyecto de su Padre. Pablo saca de aquí conclusiones para los cristianos. En el bautismo decimos nuestro primer «sí» a Cristo. En cada eucaristía repetimos ese mismo sí. En nuestras oraciones, Amén quiere decir «sí, es verdad». Lo contrario es el pecado, que es como decirle no a Dios.Los primeros dones... (v. 22). Pablo dice con más precisión: nos ha dado un anticipo del Espíritu (véase comentarios a Ef 1,14).[23] Pablo recuerda aquí las circunstancias de las que hablábamos en la introducción. Había escrito una carta antes que ésta y es muy probable que se la haya juntado con ésta cuando, más tarde, los corintios quisieron conservar las cartas de Pablo. Debió ocupar los capítulos 10 al 13 de esta «Segunda Carta». Compárese por ejemplo: no pretendo controlar autoritariamente su fe (1,24), con 10,5-6; de igual modo: ojalá no tenga que entristecerme... (2,3): véase 12,21. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 2, 1 - 17

              [1] Preferí no volver a visitarlos, si iba a causar otra vez tristezas. [2] Pues si yo los aflijo, ¿quién me devolverá la alegría, sino aquel a quien he afligido? [3] Por eso les escribí: «Ojalá que cuando vaya no tenga que entristecerme a causa de los mismos que deberían ser mi alegría. Confío y estoy seguro de que todos podrán compartir mi alegría.» [4] En efecto, les escribí profundamente preocupado y afligido, y hasta con lágrimas; no quería causarles tristeza, sino que se dieran cuenta del amor inmenso que les tengo. [5] Si alguno ha causado molestia, no es a mí a quien ha molestado, sino a todos ustedes; y tampoco quisiera exagerar. [6] Ya le basta la reprensión que recibió de la comunidad. [7] Ahora es mejor que lo perdonen y le den ánimo, no sea que la pena sea más grande de lo que puede soportar. [8] Les ruego, pues, que le demuestren cariño. [9] En realidad les escribí para comprobar si podía contar con ustedes y con su total obediencia. [10] A quien ustedes perdonen, también yo le perdono, y lo que he perdonado, si realmente tenía algo que perdonar, lo perdoné en atención a ustedes, en presencia de Cristo. [11] Así no se aprovechará Satanás de nosotros, pues conocemos muy bien sus propósitos.  SOMOS EL BUEN OLOR DE CRISTO  [12] Así, pues, llegué a Tróade para predicar el Evangelio de Cristo, y gracias al Señor se me abrió una puerta. [13] Mi espíritu, sin embargo, quedaba inquieto porque no había encontrado a mi hermano Tito, por lo que me despedí de ellos y salí para Macedonia. [14] Gracias sean dadas a Dios, que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por nuestro ministerio difunde por todas partes su conocimiento cual fragancia de incienso. [15] Si Cristo es la víctima, nosotros somos la fragancia que sube del sacrificio hacia Dios, y la perciben tanto los que se salvan como los que se pierden. [16] Para los que se pierden es olor de muerte que lleva a la muerte; para los que se salvan, fragancia de vida que conduce a la vida. Pero ¿quién está a la altura de esta misión? [17] Se encuentran con facilidad vendedores de la palabra de Dios, pero nosotros actuamos por convicción; todo procede de Dios y lo decimos en su presencia, en Cristo.          

 

 

[1] Gracias sean dadas a Dios que siempre nos lleva... (v.14) Pablo alude a la fiesta de triunfo de los generales romanos victoriosos, en la que se arrastraban tras su carro los prisioneros que luego iban a ser masacrados. Pablo se reconoce aquí como el «prisionero de Cristo» (Ef 4,1), pues Jesús se apoderó de él por la fuerza y lo hizo su apóstol (1 Cor 9,16). Por supuesto, igual que en el caso de Jeremías (20,7), este llamado irresistible de Dios le dio acceso a una forma superior de libertad.El triunfo era la oportunidad para ofrecer mucho incienso, ya que el olor era una señal de gloria para el que era festejado casi como un dios, y señal de muerte para los prisioneros que estaban allí. Esta comparación le permite a Pablo tomar otra dirección: para algunos es un olor de muerte (v. 16). El Evangelio divide a las personas. Aunque no hayan profundizado el mensaje, saben apreciar el olor, a saber, el estilo de la existencia cristiana. Algunos ven sobre todo las exigencias de la vida cristiana, que les parece una muerte. Otros, en cambio, envidian la fuerza misteriosa que anima a los creyentes en medio de sus pruebas y entienden que allí está la vida.¿Quién está a la altura de esta misión? El apóstol se siente muy inferior a esa vocación. Quisiera que todos reconocieran en él la imagen de Cristo y la irradiación de su amor, pero está muy lejos de ello. En cuanto a los falsos apóstoles, casi no piensan en eso; les gusta ser apreciados, adulados, y por lograr ese fin disimulan las exigencias de la palabra de Dios o bien se convierten en traficantes, pues a menudo la religión deja buenas ganancias. Esos apóstoles son famosos y nadie los persigue. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 3, 1 - 18

             LA DIGNIDAD EMINENTE DE LOS MINISTROS DE CRISTO   [1] Pero ¿voy a recomendarme otra vez? ¿Debería acaso llevar cartas de recomendación de ustedes o para ustedes, como hacen otros? [2] Ustedes mismos son nuestra carta de recomendación; es una carta escrita en el interior de las personas pero que todos pueden leer y entender. [3] Nadie puede negar que ustedes son una carta de Cristo, de la que hemos sido instrumentos, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; carta no grabada en tablas de piedra, sino en corazones humanos. [4] Por eso nos sentimos seguros de Dios gracias a Cristo. [5] ¿Cómo podríamos atribuirnos algo a nosotros mismos? Nuestra capacidad nos viene de Dios. [6] Incluso nos ha hecho encargados de una nueva alianza, que ya no es cosa de escritos, sino del Espíritu. Porque lo escrito da muerte, mientras que el Espíritu da vida. [7] Cuando se dieron leyes grabadas en tablas de piedra, ese ministerio fue rodeado de gloria, a pesar de que no traía más que sentencias de nuerte; eso no obstante, los israelitas no podían fijar su mirada en el rostro de Moisés a causa de su resplandor, aunque era fugaz. [8] ¡Qué gloria tan grande no les esperará, entonces, a los que comunican el Espíritu! [9] Si tan grande fue el ministerio que sentenciaba la condenación, ¿no lo será mucho más todavía el que procura la santidad? [10] Es algo tan glorioso bajo ese aspecto, que la gloria del otro ministerio no era nada en comparación. [11] Aquel ministerio era momentáneo y no tuvo más que momentos de gloria, mientras que el nuestro permanece, y con toda su gloria.   EL VELO DE MOISÉS  [12] ¡Qué esperanza tan grande! ¡Y qué seguridad nos da! [13] No es como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para que los israelitas no vieran el momento en que se apagara su resplandor. [14] Con todo, los israelitas se volvieron ciegos. El mismo velo les oculta el sentido de la antigua Alianza hasta el día de hoy, y nadie les hace ver que con Cristo ya no tiene valor. [15] Por más que lean a Moisés, el velo cubre su entendimiento hasta hoy, [16] pero al que se vuelva al Señor se le quita el velo. [17] El Señor es espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. [18] Todos llevamos los reflejos de la gloria del Señor sobre nuestro rostro descubierto, cada día con mayor resplandor, y nos vamos transformando en imagen suya, pues él es el Señor del espíritu.    

 

 

[1] Los predicadores a quienes Pablo critica presentaban cartas de recomendación que les habían sido otorgadas por alguna comunidad o algún apóstol. Pablo se apoya únicamente en su propia autoridad, que nada le debe a nadie. Es Cristo y nadie más quien lo ha hecho apóstol, como lo dice en otros lugares (Gál 1,1).Los paganos de aquel entonces colmaban a sus sacerdotes de honores, y lo mismo hacían los judíos. A lo largo de toda la Biblia se enfatiza la dignidad de quienes enseñan la Ley, y más todavía la de Moisés, quien la recibió de Dios en el monte Sinaí. Sin embargo, el apóstol de Cristo los supera a todos.Mucho más grande es el ministerio que procura la santidad (Pablo dice: que hace justo). Como lo mostró en Rom 7,1-13, si uno se contenta con enseñar y aplicar la Ley, como lo hacían los sacerdotes judíos, el beneficio es muy limitado, pues los hombres son pecadores y no se someten a ella, y al final esos ministros deberán sentenciar la condenación. En cambio, el apóstol establece una comunicación viva entre los creyentes y Cristo, para que participen de su vida. El papel de los apóstoles y de los ministros de la Iglesia es realmente grande si sus palabras y sus acciones transmiten a los hombres la vida nueva.En los versículos 7-13 Pablo alude a las tradiciones del Exodo. Esos recuerdos realzaban la gloria de Moisés, pero Pablo los retoma a su manera para demostrar la superioridad de los apóstoles de Cristo. Después de haberse encontrado con Dios, se cuenta que el rostro de Moisés irradiaba; pero Pablo observa que eso no duraba. Moisés debía cubrirse con un velo debido al brillo de su rostro; pero Pablo advierte que si se usan velos, es un signo de que Dios todavía no se comunica plenamente.Pablo señala de paso el enceguecimiento de los judíos que no reconocen a Cristo como el Salvador prometido. Pues pierden con esto la clave de su historia, y la Biblia queda para ellos como un libro cerrado hasta el día en que Dios, por medio de Cristo, les entregue el verdadero sentido (Lc 24,27; Ap 5,1). Toda esa historia debía ser entendida como un misterio de muerte y de resurrección. A su vez, no podían entrar en la Nueva Alianza sin renunciar a una religión centrada en los privilegios de su nación y en la posesión de la tierra de Palestina. Tenían que acoger a Cristo sin pensar más en sus privilegios, haciéndose sus discípulos junto con los demás pueblos.No es como Moisés (v. 13). ¡Qué afirmación más audaz! ¡Moisés era el fundador del pueblo judío y la suprema autoridad de la Biblia! Pero es un hecho que el menor de los cristianos refleja la Gloria del Señor a cara descubierta. El cristiano es la luz de Cristo y en otro lugar se llama a los bautizados «los iluminados».El Señor es espíritu (v. 17). Pablo lo dice en una forma algo diferente en el versículo 18. No es que confunda al Señor, a Cristo, con el Espíritu Santo, sino que está jugando con las palabras «espíritu» y «Espíritu». Da a entender que al volverse al Señor, (v. 16) uno supera una primera etapa de la fe (a la que Pablo llama la «letra»), en la que encontraba a Dios mediante leyes y prácticas. Y entra en la edad adulta de la vida espiritual, en la que, gracias al Espíritu de Dios, nos conocemos a nosotros mismos, y actuamos con Dios, como hijos y como personas libres. Pablo quiere, pues, decir que encontrar al Señor es recibir al Espíritu y acceder al «espíritu» (véase Rom 2,29). 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 4, 1 - 18

             LLEVAMOS ESTE TESORO EN VASOS DE BARRO   [1] Ese es nuestro ministerio, y como lo tenemos por gracia de Dios, no nos desanimamos. [2] No nos callamos por falsa vergüenza; no andamos con rodeos ni desvirtuamos la palabra de Dios; manifestando la verdad, merecemos ante Dios que cualquier conciencia humana nos apruebe. [3] Si a pesar de eso permanece oscuro el Evangelio que proclamamos, la oscuridad es para los que se pierden. [4] Se niegan a creer, porque el dios de este mundo los ha vuelto ciegos de entendimiento y no ven el resplandor del Evangelio glorioso de Cristo, que es imagen de Dios. [5] No nos pregonamos a nosotros mismos, sino que proclamamos a Cristo Jesús como Señor; y nosotros somos servidores de ustedes por Jesús. [6] El mismo Dios que dijo: Brille la luz en medio de las tinieblas, es el que se hizo luz en nuestros corazones, para que se irradie la gloria de Dios tal como brilla en el rostro de Cristo. [7] Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que esta fuerza soberana se vea como obra de Dios y no nuestra. [8] Nos sobrevienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos; estamos entre problemas, pero no desesperados; [9] somos perseguidos, pero no eliminados; derribados, pero no fuera de combate. [10] Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra persona. [11] Pues a los que estamos vivos nos corresponde ser entregados a la muerte a cada momento por causa de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestra existencia mortal. [12] Y mientras la muerte actúa en nosotros, a ustedes les llega la vida. [13] Tenemos el mismo don espiritual de fe que tenía el que escribió: Creí y por eso hablé. También nosotros creemos, y por eso hablamos. [14] Sabemos que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también con Jesús y nos pondrá cerca de él con ustedes. [15] Y todo esto es para bien de ustedes; los favores de Dios se van multiplicando, y también se irá ampliando cada día más la acción de gracias que tantas personas rinden a Dios para gloria suya.  ESPERAMOS NUESTRA CASA DEL CIELO   [16] Por eso no nos desanimamos; al contrario, aunque nuestro exterior está decayendo, el hombre interior se va renovando de día en día en nosotros. [17] No se pueden equiparar esas ligeras pruebas que pasan aprisa con el valor formidable de la gloria eterna que se nos está preparando. [18] Nosotros, pues, no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; porque las cosas visibles duran un momento, pero las invisibles son para siempre.         

 

 

[1] Podemos reunir aquí algunos rasgos del retrato del apóstol esbozado por Pablo:- No nos dejamos abatir.- No ocultamos lo que nos parecía humillante en la Palabra de Dios, y no le dimos vuelta.- Sólo somos servidores de ustedes.- Que los hombres descubran en nosotros la Gloria de Dios, la que resplandece en el rostro de Cristo.- Nos acompaña la muerte de Jesús, para que su vida se manifieste también en nosotros.- Creemos, y por eso hablamos.Llevamos este tesoro en vasos de barro (v. 7). Dios, por lo general, se sirve de instrumentos muy limitados para llevar a cabo su obra. Pero aquí Pablo enfatiza más bien el contraste entre las riquezas que al apóstol le fueron entregadas, y la suerte miserable que será habitualmente suya si quiere realmente hacer obra apostólica. No nos extrañemos si son tan pocos entre religiosos y laicos de buena voluntad los apóstoles capaces de construir nuevas "Iglesias": ni su forma de vocación ni su formación los han preparado para enfrentar pobreza e inseguridad con CristoSomos entregados a la muerte (v. 11). Esta muerte del apóstol es necesaria para que su obra perdure. Cuando se ha hecho un buen trabajo en un sector de la Iglesia, es necesario que venga la hora de la persecución o de la obediencia a una autoridad innegable, aunque sea injusta o esté en el error. Nadie resucita sin pasar por la muerte. 

 

 

[16] Pablo acaba de reafirmar su fe; por algunos momentos nos confía lo que siente en sí mismo, enfrentado como está a miles de peligros y oposiciones.El exterior... el hombre interior. Con estos dos términos Pablo retoma lo que ya había dicho en Rom 8,10-11. Allí había opuesto «la carne» al «espíritu», así como aquí opone nuestro exterior al hombre interior. Pero aquí nos participa su propia experiencia, al ver que se hace más activa la presencia de Dios, al mismo tiempo que siente en él un desgaste precoz. Y se pregunta: ¿alcanzará a ver el regreso de Cristo como lo esperaba hace algunos años atrás (1 Tes 4,15)? ¡Había deseado tanto que le pusieran la morada celestial por encima de la actual, es decir, sin tener que pasar por la muerte! (5,2). Véase 1 Cor 15,52. Pero lo pone en duda, pues cada día se hace más probable que tendrá que compartir la suerte de los que ya han muerto (a los que se les ha quitado este vestido carnal) y que aguardan la resurrección.Nos sentimos seguros (5,6). Ninguna certeza de la fe nos impedirá sentir horror ante la muerte, y el conocer mejor a Dios lo hace más inaceptable todavía: pensemos en la extraña agonía de Jesús. Pero esa prueba es sólo por un tiempo y luego la fe retoma su seguridad: «¿Qué nos separará del amor de Cristo?» (Rom 8,35-39). 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 5, 1 - 21

             [1] Sabemos que si nuestra casa terrena o, mejor dicho, nuestra tienda de campaña, llega a desmontarse, Dios nos tiene reservado un edificio no levantado por mano de hombres, una casa para siempre en los cielos. [2] Eso mismo nos mantiene inquietos y anhelamos el día en que nos pongan esa casa celestial por encima de la actual, [3] pero ¿quién puede saber si todavía estaremos vestidos con este cuerpo mortal o ya estaremos sin él? [4] Sí, mientras estamos bajo tiendas de campaña sentimos un peso y angustia: no querríamos que se nos quitase este vestido, sino que nos gustaría más que se nos pusiese el otro encima y que la verdadera vida se tragase todo lo que es mortal. [5] Ha sido Dios quien nos ha puesto en esta situación al darnos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir. [6] Así, pues, nos sentimos seguros en cualquier circunstancia. Sabemos que vivir en el cuerpo es estar de viaje, lejos del Señor; [7] es el tiempo de la fe, no de la visión. [8] Por eso nos viene incluso el deseo de salir de este cuerpo para ir a vivir con el Señor. [9] Pero al final, sea que conservemos esta casa o la perdamos, lo que nos importa es agradar al Señor. [10] Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir cada uno lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.  SOMOS MENSAJEROS DE LA RECONCILIACIÓN   [11] Con esa visión del temor al Señor procuramos convencer a los hombres viviendo con sinceridad ante Dios, y confío que también ustedes se dan cuenta de que no disimulamos nada. [12] No queremos recomendarnos de nuevo ante ustedes, sino que deseamos darles motivo para que se sientan orgullosos de nosotros y para que sepan responder a los que están tan orgullosos de cosas superficiales pero no de lo interior. [13] Si se nos pasó la mano, es por Dios; si hemos hablado con sensatez, es por ustedes. [14] El amor de Cristo nos urge, y afirmamos que si él murió por todos, entonces todos han muerto. [15] El murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para él, que por ellos murió y resucitó. [16] Así que nosotros no miramos ya a nadie con criterios humanos; aun en el caso de que hayamos conocido a Cristo personalmente, ahora debemos mirarlo de otra manera. [17] Toda persona que está en Cristo es una creación nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha llegado. [18] Todo eso es obra de Dios, que nos reconcilió con él en Cristo y que a nosotros nos encomienda el mensaje de la reconciliación. [19] Pues en Cristo Dios estaba reconciliando el mundo con él; ya no tomaba en cuenta los pecados de los hombres, sino que a nosotros nos entregaba el mensaje de la reconciliación. [20] Nos presentamos, pues, como embajadores de Cristo, como si Dios mismo les exhortara por nuestra boca. En nombre de Cristo les rogamos: ¡déjense reconciliar con Dios! [21] Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió pecado, para que así nosotros participáramos en él de la justicia y perfección de Dios.        

 

 

[11] Cada creyente es más sensible a tal o cual aspecto de la fe. Pablo, por su parte, ve a Cristo como el gran mensajero y artesano de la reconciliación. En primer lugar está seguro que con la muerte de Cristo ha comenzado una nueva época para la humanidad dividida. Si El murió por todos (en lugar de todos), necesariamente todos han muerto, es decir, la historia y la sabiduría de los hombres que lo han precedido han sido sobrepasados y ahora Dios actúa en el mundo en una forma diferente.No miramos ya a nadie con criterios humanos (16). Pablo nos confía algo de su vida afectiva. A su alrededor la gente lo quiere, a pesar de que le creen problemas. Pablo también los quiere de verdad, pero a lo mejor no de la misma manera. En primer lugar, él mira a los hombres con criterios diferentes y no se deja guiar -como muchos de los corintios- por las apariencias (12). Su misma afectividad ha sido renovada por el hecho de que Cristo se ha apoderado de él, así que los ama tal como Dios los ama y tal como Dios quisiera que fueran.Aún en el caso de que hayamos conocido a Cristo personalmente. (Pablo dice: «Si lo conocimos según la carne», o como era en su humanidad). Pablo ya no ve a Cristo como un predicador judío, encerrado en el marco de su patria, sino como dominando la Historia. Con esto evidentemente alude a algunos adversarios que se creen superiores a él porque han conocido personalmente a Jesús o porque pertenecen a su familia. Les dice: debemos (es decir, ustedes deben) verlo de manera diferente y no mirarlo como su primo.Toda persona que está en Cristo es una creación nueva (17). En primer lugar porque las barreras que dividen a los hombres ya no existen para él (véase Gál 3,28; Ef 2,14-16), y en segundo lugar porque quien lo guía no son los deseos humanos sino el Espíritu de Dios que lo recrea a cada momento (Gál 5,13-21).En Cristo Dios estaba reconciliando el mundo con él (19). A muchas personas les gusta decir: «Jesús es amor». Eso es cierto, pero no olvidemos que ese amor responde al amor del Padre que desea reconciliarnos con El. Debemos acabar con esa imagen de un Dios justiciero al que Cristo trata de apaciguar (Rom 3,25).Nos encomendaba el mensaje de la reconciliación (18). El cristiano no se contenta con entonar alabanzas a Dios, ni su aspiración suprema es encontrar una comunidad simpática, sino que toma parte en la tarea de la reconciliación universal. Esto requiere de nosotros que no seamos ciegos frente a la injusticia y el pecado. La Iglesia actualmente nos dice muchas cosas al respecto, para que así comprendamos mejor nuestra misión en este mundo, y en los conflictos y tensiones que desgarran a nuestros países. Nos presentamos como embajadores de Cristo (20). Esto no sólo se aplica a los apóstoles y a Pablo, sino también a nosotros cuando visitamos a los enfermos y a los que sufren, o cuando nos acercamos a nuestros hermanos, sobreponiéndonos a nuestras desconfianzas y tratando de establecer un clima de confianza y de relaciones humanas entre los hombres.Al que no cometió pecado (21). Es difícil traducir bien las palabras de Pablo: «Hizo pecado al que no conocía el pecado», pues él mantiene aquí el modo hebreo de expresarse, en que la misma palabra designaba tanto al pecado como a la víctima sobre la cual fue descargado el pecado. Pablo recuerda el misterio de la cruz: la reconciliación no se consigue sino con víctimas voluntarias que echen sobre sus hombros el odio y el pecado de los hombres. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 6, 1 - 18

             [1] Somos, pues, los ayudantes de Dios, y ahora les suplicamos que no hagan inútil la gracia de Dios que han recibido. [2] Dice la Escritura: En el momento fijado te escuché, en el día de la salvación te ayudé. Este es el momento favorable, éste es el día de la salvación.  LAS PRUEBAS DE UN APÓSTOL   [3] Nos preocupamos en toda circunstancia de no dar a otro ningún pretexto para criticar nuestra misión; [4] al contrario, de mil maneras demostramos ser auténticos ministros de Dios que lo soportan todo: las persecuciones, las privaciones, las angustias, [5] los azotes, las detenciones, las oposiciones violentas, las fatigas, las noches sin dormir y los días sin comer. [6] Se ve en nosotros pureza de vida, conocimiento, espíritu abierto y bondad, con la actuación del Espíritu Santo y el amor sincero, [7] con las palabras de verdad y con la fuerza de Dios, con las armas de la justicia, tanto para atacar como para defendernos. [8] Unas veces nos honran y otras nos insultan; recibimos tanto críticas como alabanzas; pasamos por mentirosos, aunque decimos la verdad; [9] por desconocidos, aunque nos conocen. Nos dan por muertos, pero vivimos; se suceden los castigos, pero no somos ajusticiados; [10] nos tocan mil penas, y permanecemos alegres. Somos pobres, y enriquecemos a muchos, no tenemos nada, y lo poseemos todo. [11] Corintios, les hablo con franqueza; les abro mi corazón. [12] En mí no falta lugar para acogerlos, pero en ustedes todo es estrecho. [13] Páguennos con la misma moneda. Les hablo como a hijos; sean más abiertos.  NINGÚN COMPROMISO CON EL MAL   [14] No se junten con los que rechazan la fe: es cosa absurda. ¿Podrían unirse la justicia y la maldad? ¿Podrían convivir la luz y las tinieblas? [15] ¿Podría haber armonía entre Cristo y Satanás? ¿Qué unión puede haber entre el que cree y el que ya no cree? [16] ¿Qué tiene que ver el Templo de Dios con los ídolos? Nosotros somos el Templo del Dios vivo. Dios lo dijo: Habitaré y viviré en medio de ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. [17] Por eso, salgan de en medio de ellos y apártense, dice el Señor. No toquen nada impuro y yo los miraré con agrado. [18] Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos e hijas, dice el Señor, Dueño del universo.      

 

 

[3] Un signo distintivo del apóstol de Cristo es el contraste entre el tesoro que le ha sido confiado para los demás y su propia existencia, tan poco envidiable y envidiada. Al igual que Jesús él es una señal de contradicción. Pablo recuerda lo que debe sufrir, pero no puede ocultar su orgullo y su convicción, cuando dice: enriquecemos a muchos y lo poseemos todo. El elocuente llamado que comienza en los versículos 11-13 continúa en 7,2-16. Allí encontraremos el respectivo comentario. 

 

 

[14] Este pasaje interrumpe el hilo del discurso. La continuación de 6,13 está en 7,2. ¿Qué querrá decir esa repentina invitación a no mezclarse con los incrédulos?En su «primera» carta a los Corintios (1 Cor 5,9), Pablo se refería a un mensaje anterior en el que les prohibía la convivencia con los pecadores. Muy posiblemente tenemos aquí este párrafo, escrito antes que nuestras «cartas a los corintios», que alguien habría insertado después en este lugar. El mismo Pablo interpretó esas líneas en 1 Cor 5,10 cuando dijo: «No les dije que evitaran a los pecadores de este mundo (porque en ese caso deberían salirse del mundo), sino que evitaran a los hermanos que han vuelto a sus costumbres paganas». 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 7, 1 - 16

             [1] Teniendo, pues, tales promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha del cuerpo y del espíritu, haciendo realidad la obra de nuestra santificación en el temor de Dios.  HÁGANME UN LUGAR EN SU CORAZÓN   [2] Hágannos un lugar entre ustedes: a nadie hemos perjudicado, a nadie hemos rebajado, a nadie hemos estafado. [3] No les estoy acusando; ya les dije que los llevamos en nuestro corazón, para vivir unidos y morir juntos. [4] Yo sé que puedo contar con ustedes, y estoy realmente orgulloso de ustedes; esto me conforta y me llena de alegría en todas estas amarguras. [5] Les decía que, al llegar a Macedonia, no tuve descanso alguno, sino más bien toda clase de dificultades; por fuera enfrentamientos, y por dentro temores. [6] Pero Dios, que consuela a los humildes, me confortó con la llegada de Tito. [7] No solamente porque ya lo tenía a mi lado, sino también porque ustedes le habían dado una excelente acogida. Me comentó que ustedes me echaban de menos, que lamentaban lo ocurrido y que estaban muy preocupados por mí, con lo cual me alegré mucho. [8] Si les causé tristeza con mi carta, no lo siento. Y si antes lo pude sentir, pues esa carta por un momento les causó pesar, [9] ahora me alegro, no por su tristeza, sino porque esa tristeza los llevó al arrepentimiento. Esa tristeza venía de Dios, de manera que ningún mal les sobrevino por causa nuestra. [10] La tristeza que viene de Dios lleva al arrepentimiento y realiza una obra de salvación que no se perderá. Por el contario, la tristeza que inspira el mundo provoca muerte. [11] Aquella tristeza era según Dios, y miren lo que ha producido en ustedes: ¡qué preocupación tan grande por mí y cuántas disculpas!, ¡qué indignación, temor, exigencias, y qué deseo de desagraviarme y hacerme justicia! En todo han demostrado que eran inocentes en este asunto. [12] Yo mismo, al escribirles, no pensaba en el ofensor ni tampoco en el ofendido; más bien quería que ustedes tomaran conciencia ante Dios de la preocupación que tienen por mí. [13] Por eso me sentí confortado. Además de este consuelo, me alegró mucho ver a Tito tan contento de cómo ustedes lo tranquilizaron. [14] No quedé defraudado por lo bien que le había hablado de ustedes. Siempre digo las cosas como son, y también en esta oportunidad se confirmó el elogio que de ustedes hice a Tito. [15] El ahora, al recordar la obediencia de todos y el respeto lleno de humildad con que lo recibieron, siente mucho más cariño por ustedes. [16] Me alegro, pues, de poder confiar totalmente en ustedes.        

 

 

[2] Hágannos un lugar. Aquí se revela el lado afectivo de Pablo. Ese infatigable misionero, nunca vencido ni descorazonado, era sin embargo muy sensible. Pablo recuerda el incidente del cual hablamos en la Introducción. Después de la carta de Pablo, que debió haber sido muy dura, los corintios se habían arrepentido, habían seguido a Pablo y habían puesto en su lugar a los que lo habían ofendido. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 8, 1 - 24

             LA COLECTA PARA LOS DE JERUSALÉN   [1] Ahora queremos darles a conocer una gracia de Dios con que fueron favorecidas las Iglesias de Macedonia. [2] A pesar de que han sido tan probadas y perseguidas, su gozo y su extrema pobreza se han convertido en riquezas de generosidad. [3] Puedo atestiguar que lo hicieron según sus medios, e incluso por encima de sus medios; espontáneamente [4] nos recordaban, y con mucha insistencia, esa iniciativa generosa y ese compartir que es la ayuda a los santos. [5] Superaron todas nuestras expectativas, y Dios quiso que se pusieran ellos mismos a disposición nuestra y del Señor. [6] Por eso rogué a Tito que, habiendo él comenzado entre ustedes esta obra de caridad, la llevara también a cabo. [7] Y ustedes que sobresalen en todo: en dones de fe, de palabra y de conocimiento, en entusiasmo, sin hablar del amor que me profesan, traten de sobresalir también en esta obra de generosidad. [8] No es una orden, sino que sólo me baso en la generosidad de otros para ver si ustedes aman de verdad. [9] Ya conocen la generosidad de Cristo Jesús, nuestro Señor, que, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para que su pobreza los hiciera ricos. [10] Les hago notar esto: les conviene que se muevan, pues hace ya un año que empezaron, e incluso el proyecto procedió de ustedes. [11] Concluyan, pues, esa obra; lo que se ha decidido con entusiasmo debe ser llevado a cabo según las propias posibilidades. [12] Si hay entusiasmo, cada uno es bien recibido con lo que tenga, y a nadie se le pide lo que no tiene. [13] No se trata de que otros tengan comodidad y que a ustedes les falte, sino de que haya igualdad. [14] Ustedes darán de su abundancia lo que a ellos les falta, y ellos, a su vez, darán de lo que tienen para que a ustedes no les falte. Así reinará la igualdad. [15] Lo dice la Escritura: Al que tenía mucho no le sobraba y al que tenía poco no le faltaba. [16] Den gracias a Dios que inspira a Tito el mismo interés por ustedes. [17] Apenas recibió esta invitación, partió adonde ustedes con todo agrado. [18] Con él enviamos a ese hermano que se ganó el aprecio de todas las Iglesias en la labor del Evangelio, [19] y que es además el que han designado las Iglesias para acompañarnos en esta obra bendita que organizamos para gloria del Señor, y también por convicción personal. [20] Así lo dispusimos, para que nadie tenga sospechas respecto a estas sumas importantes que estamos manejando. [21] Pues procuramos que todo sea limpio, no sólo ante Dios, sino también ante los hombres. [22] Por eso enviamos con ellos a otro hermano, que nos dio en muchas ocasiones numerosas pruebas de su celo y que ahora se siente más entusiasta por la gran confianza que tiene en ustedes. [23] Ahí tienen, pues, a Tito, mi compañero y ayudante cerca de ustedes, y con él tienen a hermanos nuestros, delegados de las Iglesias, personas que son la gloria de Cristo. [24] Demuéstrenles que aman a sus hermanos y confirmen ante las Iglesias todo lo bien que les hablé de ustedes.  

 

 

[1] Durante el año 48, hubo una gran hambruna en Judea y en Jerusalén (He 11,28), debido a la mala cosecha del año anterior, que era año sabático, durante el cual los judíos no sembraban para dejar descansar la tierra.Al conocerse esa situación de penuria, se organizó una colecta para ir en ayuda de los cristianos de Jerusalén. Más tarde, con ocasión del encuentro de Jerusalén, Pablo prometió que no olvidaría a los fieles de Jerusalén cuando misionara entre los paganos (Gál 2,10). Aquí invita a las Iglesias de Corinto y de la provincia a que hagan esa colecta que ellos ya habían decidido.En estos capítulos Pablo no emplea la palabra «colecta»; habla más bien de generosidad en el don, de servicio, de obra bendita. Pues es mayor la gracia para el que da que para el que recibe. Pablo pone mucha atención en que la colecta se haga como se debe, pues se trata de sumas importantes. Se hará bajo la supervisión de los que gozan de la confianza de la comunidad. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 9, 1 - 15

             OTRA PÁGINA REFERENTE A LA COLECTA   [1] En cuanto a la ayuda a los santos, a nuestros hermanos, no es necesario que se la recomiende, [2] pues conozco su buena disposición, y lo dije con orgullo ante los macedonios: «En Acaya están preparados para la colecta desde el año pasado.» Y el entusiasmo de ustedes fue un estímulo para la mayoría de ellos. [3] Ahora, pues, les envío a estos hermanos nuestros. ¡Ojalá que todo lo bueno que he hablado de ustedes al respecto no quede desmentido! Como les digo, estén preparados, [4] no sea que, al llegar conmigo los de Macedonia, los encuentren desprevenidos. ¡Sería para mí una vergüenza, por no decir para ustedes! [5] Por eso me pareció necesario rogar a nuestros hermanos que se me adelantaran y fueran a verlos para organizar esa largueza que se había acordado. Bien preparada, demostrará ser una largueza y no una limosna. [6] Miren: el que siembra con mezquindad, con mezquindad cosechará, y el que siembra sin calcular, cosechará también fuera de todo cálculo. [7] Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con corazón alegre. [8] Y poderoso es Dios para bendecirles de mil maneras, de modo que nunca les falte nada y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena. [9] La Escritura dice: Repartió, dio a los que tenían hambre; sus méritos permanecen para siempre. [10] Si Dios proporciona la semilla al que siembra y el pan que va a comer, les dará también a ustedes la semilla y la multiplicará, y hará crecer los brotes de sus virtudes. [11] Sean ricos en todo, y den con generosidad, y nosotros lo transformaremos en acciones de gracias a Dios. [12] Pues este servicio de carácter sagrado, no sólo proporcionará a los hermanos lo que necesitan, sino que de él resultarán incontables acciones de gracias a Dios. [13] Este servicio será para ellos una prueba concreta: darán gracias a Dios porque ustedes son consecuentes con el evangelio de Cristo y saben compartir generosamente con ellos y con todos. [14] Rogarán a Dios por ustedes y les tendrán cariño por la maravillosa gracia que derramó sobre ustedes. [15] Sí, ¡gracias sean dadas a Dios por su don, que nadie sabría expresar!  

 

 

[1] Pablo vuelve a hablar de la colecta como si no lo hubiera hecho en el capítulo anterior. Algunos piensan que al mismo tiempo que Pablo escribía a los Corintios, animándolos a que fueran generosos (cap. 8), hacía lo mismo con un mensaje destinado a las Iglesias de Acaya (la provincia en la que estaba Corinto). A lo mejor este segundo mensaje fue puesto más tarde aquí porque se trataba del mismo tema (cap. 9).En el cap. 8,18 Pablo alude sin duda a Lucas, quien probablemente no había publicado todavía su Evangelio, pero que ya ayudaba a las Iglesias a entregarlo. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 10, 1 - 18

             PABLO SE DEFIENDE Y AMENAZA   [1] Soy yo, Pablo en persona, quien les suplica por la mansedumbre y bondad de Cristo; ¡ese Pablo tan humilde entre ustedes y tan intrépido cuando está lejos! [2] No me obliguen, cuando esté ante ustedes, a actuar con autoridad, como estoy decidido y como me atreveré a hacerlo con algunos que piensan que yo no quiero crearme problemas. [3] Humana es mi condición, pero no lo es mi combate. [4] Nuestras armas no son las humanas, pero tienen la fuerza de Dios para destruir fortalezas: todos esos argumentos [5] y esa soberbia que se oponen al conocimiento de Dios. Todo pensamiento tendrá que rendirse a nosotros y someterse a Cristo, [6] y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia, en cuanto contemos con la total obediencia de ustedes. [7] Miren las cosas cara a cara. Si alguien cree pertenecer a Cristo, piense lo siguiente: si él es de Cristo, lo soy también yo. [8] Y aunque parezca demasiado seguro del poder que el Señor me dio para edificarlos, no para destruirlos, no me avergonzaré de haberlo dicho. [9] ¿Creen que sólo soy capaz de asustarlos con cartas? [10] «Las cartas son duras y fuertes, dicen algunos, pero tiene poca presencia y es un pobre orador.» [11] Que lo sepan: lo que mis cartas dicen desde lejos, lo haré cuando vaya. [12] ¿Cómo me atrevería a igualarme o a compararme con esa gente que proclama sus propios méritos? ¡Tontos! No tienen otro modelo ni usan otro criterio que ellos mismos. [13] Nosotros, en cambio, no pasaremos la medida cuando defendamos nuestra autoridad, pues respetaremos la medida que nos fijó Dios, -que todo lo mide bien-, al hacernos llegar hasta ustedes. [14] No nos entrometemos entre ustedes como aquellos que no han sabido cómo llegar, pues somos los que les llevamos el Evangelio de Cristo. [15] No llegamos con grandes pretensiones adonde otros han trabajado. Al contrario, esperamos que mientras más crezca su fe, también crezcamos nosotros gracias a ustedes, según nuestra propia pauta. [16] Quiero decir que llevaremos el Evangelio más allá de ustedes en vez de buscar fama donde el trabajo ya está hecho, que es la pauta de los otros. [17] El que se gloríe, gloríese en el Señor. [18] Pues no queda aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.          

 

 

[1] Los capítulos 10-13, cuya violencia casi no corresponde a la reconciliación de la que se trató anteriormente, provienen tal vez de la carta que Pablo había enviado después de las dificultades ocurridas en Corinto: ver la Introducción.En esta página admirable, algunas palabras sitúan inmediatamente el debate.Algunos miembros de la comunidad atacan la autoridad de Pablo, sintiéndose apoyados por los que no han sabido cómo llegar (14). ¿Quiénes son? Algunas personas que tienen rango de apóstol (y que por lo tanto son teóricamente fundadores de comunidades), pero que son excelentes para llegar cuando otros ya han hecho el trabajo (15). Los fieles comparan los apóstoles a unos con otros, y Pablo, que nunca se ha hecho servir y que nunca quiso pasar por un gran orador o un «doctor en religión», aparece como un hombre de menos personalidad: Las cartas son duras y fuertes, pero tiene poca presencia y es un pobre orador (10).No me obliguen a actuar con autoridad (2). Pablo habla y actúa como el fundador de la comunidad, el que los ha llevado a la fe y les ha comunicado el Espíritu Santo, algo que nadie podrá negarle.Pablo se siente fuerte con sus armas. El arma que destruye las fortalezas es, sin lugar a dudas, la Palabra de Dios, cuando es anunciada con poder (1 Tes 1,5). La Palabra de Dios hace nacer las comunidades cristianas, y también les da la fuerza para permanecer unidas frente a los adversarios. El Evangelio es la «fuerza de Dios»: Rom 1,16.Pero en el presente caso se trata también de los poderes espirituales del apóstol Pablo. Es propio de los apóstoles y de los profetas amenazar a veces en nombre de Dios, y él les da la razón interviniendo de una manera notable (He 5).Pablo está decidido a destruir los argumentos y la soberbia que se oponen al conocimiento de Dios. Toda esta discusión podría parecer nada más que una rivalidad entre él y sus adversarios, pero Pablo sabe qué es lo que molesta a muchos de la comunidad en su manera de guiarlos, y es que no hace el juego de sus intereses mezquinos, sino que los hace vivir en la verdad. Si la comunidad no es capaz de seguir en esta línea, pronto serán un grupo religioso más, pues habrán perdido el camino del conocimiento de Dios.La fe es una obediencia (Rom 1,5). Está en primer lugar la obediencia a la enseñanza de Dios, pero va siempre unida a una obediencia en las cosas concretas de la vida. Si Dios nos hizo Iglesia, necesariamente ha querido la obediencia a una jerarquía y a un orden establecidos. Esa es la obediencia que exige Pablo. Pero ¡cuidado!, su derecho a ser obedecido tiene por fundamento tanto el llamado de Cristo que lo hizo apóstol como el trabajo que el Espíritu ha realizado por intermedio de él. Cuando se ve a esa multitud de predicadores que parten a misionar, cada uno para su propia iglesia, tiene uno a veces el derecho de preguntar quién los ha enviado. Habrá también que recordar que para Pablo no se trata de que él se instale en esa comunidad o en otras para ser allí el que manda, pues ya está partiendo para ir más lejos a evangelizar (15-16). 

 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 11, 1 - 33

              [1] ¡Ojalá me aguantaran algunas tonterías! ¡Claro que las aguantan! [2] Estoy celoso de ustedes, y son celos de Dios, pues los he ofrecido a Cristo como una joven virgen a la que yo he desposado con el único esposo. [3] Y mi temor es que la serpiente que sedujo a Eva con astucia, podría también pervertirles la mente a ustedes, para que dejen de ser sinceros con Cristo. [4] Ahora vienen a predicarles a otro Jesús, no como se lo predicamos, y les proponen un espíritu diferente del que recibieron, y un evangelio diferente del que abrazaron. ¡Y lo aceptan sin dificultad! [5] Sin embargo, no creo ser inferior en nada a esos superapóstoles. [6] ¿Que mi oratoria deja mucho que desear? Tal vez; pero no mi conocimiento, como se lo he probado ya de mil maneras y en cualquier asunto. [7] ¿No habrá sido mi pecado el haberme rebajado para que ustedes crecieran? Yo les he entregado el Evangelio sin cobrarles nada. [8] A otras Iglesias despojé, recibiendo de ellas el sustento para servirlos a ustedes. [9] Cuando me encontraba entre ustedes y estuve necesitado, no molesté a nadie, sino que los hermanos venidos de Macedonia me dieron lo necesario. Me cuidé de ser un peso para ustedes, y todavía me cuidaré: [10] ahí está mi desafío, y se lo digo por la verdad de Cristo que está en mí, nadie en la tierra de Acaya me igualará en este punto. [11] ¿Por qué? ¿Acaso porque no los amo? ¡Dios lo sabe! [12] Pero lo hago y lo seguiré haciendo, para quitar toda posibilidad a los que buscan cómo competir conmigo y pasar por iguales a mí. [13] En realidad, son falsos apóstoles, engañadores disfrazados de apóstoles de Cristo. [14] Y no hay que maravillarse, pues si Satanás se disfraza de ángel de luz, [15] no es mucho que sus servidores se disfracen también de servidores del bien. Pero su fin será el que se merecen sus obras.  PABLO ELOGIA AL APÓSTOL PABLO  [16] Una vez más les digo que no me tomen por loco; pero si me toman por tal, acepten que lo sea y que cante un poco mis propias alabanzas. [17] No hablaré el lenguaje del Señor, pues sería locura creer en mis propios méritos. [18] Por eso, si tanta gente hace valer sus méritos en forma tan humana, yo también lo haré. [19] Dicho sea de paso, ustedes, que son tan inteligentes, aguantan bastante bien a los locos. [20] Les gusta que los traten como esclavos, que los exploten, les roben, los traten con desprecio y les golpeen en la cara. [21] Empiezo ya a sentir vergüenza: nosotros fuimos demasiado blandos. Pero si otros son tan atrevidos, hablo como un loco, ¿por qué yo no? [22] ¿Son hebreos? También yo lo soy. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Son ministros de Cristo? [23] Empiezo a hablar como un loco: yo lo soy más que ellos. Más por mis numerosas fatigas, más por el tiempo pasado en cárcel, mucho más por los golpes recibidos, y muchas veces me encontré en peligro de muerte. [24] Cinco veces fui condenado por los judíos a los treinta y nueve azotes; [25] tres veces fui apaleado; una vez fui apedreado; tres veces naufragué; y una vez pasé un día y una noche perdido en alta mar. [26] Viajes frecuentes; peligrosos de ríos; peligros de bandidos; peligros por parte de mis compatriotas; peligros por parte de los paganos; peligros en la ciudad; peligros en lugares despoblados; peligros en el mar; peligros entre falsos hermanos. [27] Trabajos y agotamiento, con noches sin dormir, con hambre y sed, con muchos días sin comer, con frío y sin abrigo. [28] Además de estas y otras cosas, pesa sobre mí la preocupación por todas las Iglesias. [29] ¿Quién vacila que yo no vacile con él? ¿Quién se viene abajo sin que un fuego me devore? [30] Si hay que alabarse, me gloriaré de las ocasiones en las que me sentí débil. [31] El Dios y Padre de Jesús el Señor, ¡bendito sea por todos los siglos!, sabe que no miento. [32] En Damasco, el gobernador del rey Aretas hizo vigilar la ciudad con intención de apresarme, [33] y tuve que ser descolgado por una ventana muralla abajo, metido en un canasto. Así escapé de sus manos.  

 

 

[1] En los capítulos 11 y 12 Pablo se va a comparar con los «apóstoles» que han sabido congraciarse con los corintios y en los que se apoyan los oponentes. En ningún caso aceptaría tratarlos de igual a igual, pues es consciente de lo que es y puede juzgarlos. ¡Posición muy peligrosa, incluso para quien se cree muy inspirado por Dios! Y sin embargo, véase 1 Cor 2,14-15.Por lo pronto, Pablo está seguro de haber sido llamado directamente por Cristo; ese contacto con el resucitado ha iniciado en él la presencia transformadora de Cristo. Sabe que sus criterios, sus decisiones, sus intuiciones proféticas no están al alcance de sus adversarios. Y precisamente, debido a que ha alcanzado un nivel superior de la vida en el espíritu, se siente libre con respecto a las obligaciones religiosas, que siempre han ocupado un lugar, y a veces el principal, entre sus adversarios. Compárese el párrafo 11,4-6 con Gál 2,6-10 y 5,7-12; véase también Fil 3,2-11.El apego de esa gente a las observancias de la Ley judía no viene de que tendrían muy legítimamente un punto de vista diferente al de Pablo, sino de que no han encontrado en sus propias vidas lo mejor de la experiencia cristiana. Ya Jesús lo había dado a entender en el caso de los Fariseos (Mc 7,6). El que tiene la experiencia de la vida en el Espíritu escandaliza, sin quererlo, a muchas personas «religiosas», y ese era el caso de Pablo.En 11,22-30 Pablo habla de sus trabajos, de los peligros que afrontó, de las persecuciones que conoció. No lo hace para que los corintios se lo agradezcan; más bien quiere mostrarles y recordarse a sí mismo que es portador de una gracia especial. Todos están llamados a seguir a Jesús y a llevar su cruz, todos están llamados a evangelizar. Pero ¿por qué, en la práctica, son tan pocos los que hacen el verdadero trabajo de la evangelización entre los «que están lejos», como hizo Jesús? Porque eso es una gracia, y el que no la ha recibido pasa al lado de los llamados y de las ocasiones. Pablo seguirá siendo inimitable, no por vanagloria, sino por fidelidad al camino en que Cristo lo ha puesto. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 12, 1 - 21

             LAS GRACIAS EXTRAORDINARIAS QUE RECIBIÓ PABLO   [1] De nada sirve alabarse; pero si hay que hacerlo, iré a las visiones y revelaciones del Señor. [2] Sé de un cierto creyente, el cual hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo. Si fue con el cuerpo o fuera del cuerpo, eso no lo sé, lo sabe Dios. [3] Y sé que ese hombre, -sea con cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- [4] fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras no habladas y que nadie sabría expresar. [5] Podría sentir orgullo pensando en ese, pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré de mis debilidades. [6] Si quisiera gloriarme, no sería locura, pues diría la verdad. Pero me abstendré, para que nadie se forme de mí una idea superior a lo que ve u oye decir de mí. [7] Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. [8] Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, [9] pero me dijo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad». Mejor, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo. [10] Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte. [11] He dicho tonterías, pero ustedes me obligaron. Ustedes debían haber hecho mis elogios, pues en nada me ganan los superapóstoles, aunque nada soy. [12] Cuando estuve entre ustedes, les hice ver todas las señales del verdadero apóstol: paciencia a toda prueba, señales, milagros y prodigios. [13] ¿En qué pudieron ustedes sentirse inferiores a las demás Iglesias? Solamente en que no he sido una carga para ustedes. ¡Perdónenme esta ofensa! [14] Ahora por tercera vez me preparo para visitarlos, y tampoco seré para ustedes una carga, pues no me intereso por lo que tienen, sino por ustedes mismos; y no son los hijos los que deben juntar dinero para sus padres, sino los padres para sus hijos. [15] Por mi parte, de buena gana gastaré lo que tengo y hasta me entregaré entero por todos ustedes. Amándolos más, ¿seré yo menos amado? [16] Está claro que no fui una carga para ustedes, pero ¿no habrá sido para así estafarlos mejor? [17] Díganme: ¿cuál de mis enviados les ha sacado dinero? [18] Llamé a Tito para que fuera a verlos y con él envié a otro hermano. Pues bien, ¿les sacó dinero Tito? ¿No hemos actuado ambos con el mismo espíritu y no hemos seguido la misma pauta? [19] Tal vez les parecerá que de nuevo tratamos de justificarnos ante ustedes. Pero no; hablamos en Cristo y delante de Dios, y todo esto, amados, es por ustedes, para su provecho espiritual. [20] Temo que, si voy a verlos, no los encuentre como quisiera y que ustedes, a su vez, no me encuentren a mí como desearían. Quizá haya rivalidades, envidias, rencores, disputas, calumnias, chismes, soberbia, desórdenes. [21] Temo que en esa visita mi Dios me humille otra vez ante ustedes y tenga que lamentarme por muchos que anteriormente vivieron en el pecado, al ver que no han dejado aún las impurezas, la mala conducta y los horrores que cometían entonces.      

 

 

[1] Pablo hace aquí una breve alusión a los éxtasis en los que ha sido re-formado. La palabra éxtasis a muchos les parece un poco excéntrica; para otros no se aplica más que a contemplativos que viven en forma muy celestial. Es cierto que el éxtasis, si es verdadero, se encuentra en los caminos de la vida contemplativa. Pero, ¿qué es la contemplación?Por «contemplación» entendemos, con frecuencia, el tiempo que se dedica a meditar en las cosas de Dios y a descubrir su presencia en la vida. En ese sentido oponemos contemplación a acción, o decimos que ambas deben marchar juntas. Pero la palabra «contemplación» significa también -y con mayor derecho-, una nueva relación más directa entre nuestro espíritu y Dios.En esa contemplación no somos nosotros quienes descubrimos a Dios o quienes nos establecemos en el silencio, sino que es Dios quien impone su presencia y hace además surgir en nosotros la respuesta. La contemplación es un don de Dios, es un camino, una manera de conocer a Dios, de ser guiado y transformado por él, algo muy diferente de lo que la mayoría de los cristianos conocen. No por eso es algo excepcional. La acción transformadora y soberana del Espíritu es aquí más eficaz, terminando siempre con lo mismo, esto es, que el individuo ya no se pertenecerá más a sí mismo.Esa contemplación puede ser dada a los que se han retirado a un convento para responder a un llamado de Dios; puede también ser dada a los que llevan una vida corriente, incluso a veces antes que se hayan convertido; y se da también a los apóstoles. Pero, a diferencia de las prácticas de meditación transcendental y de recogimiento que nos vienen del oriente, la contemplación escapa a nuestros esfuerzos. Lo importante no es que se lleve una vida más activa o más retirada; lo esencial es que Dios se hace dueño de nuestra libertad: véase Jer. 1,5.Si Pablo fue el apóstol que todos conocemos, si tuvo una inteligencia excepcional del misterio cristiano, se debe a que fue un gran contemplativo, en el sentido que acabamos de decir. Los éxtasis de los que habla en este capítulo, el de la conversión y el del Templo (He 22,17), que corresponden a los primeros años después de su conversión, son característicos de una etapa ya avanzada de la vida contemplativa, pero no la última, que corresponde a la unión total y constante con Dios.Me fue clavado en la carne un aguijón. Se han formulado muchas hipótesis sobre lo que podría ser ese aguijón: ¿Una enfermedad tal vez (2 Cor 1,8; Gál 4,13), cuyas recaídas imprevisibles lo reducían a la impotencia? ¿O bien las tentaciones de la carne, como repercusión de una primera educación moral tan rígida como los mandamientos de la Ley? Lo cierto es que todos nosotros aspiramos a un estado de paz en el que nos sintiéramos seguros de nosotros mismos, pero Dios se niega a otorgárnosla, aun cuando multiplica sus dones (1 Cor 2,5; 4,7). 

 

 

 

Volver arriba

 

 

2 Cor. 13, 1 - 14

             [1] Esta es la tercera vez que voy a verlos, y todo asunto se decidirá por declaración de dos o tres testigos. [2] Ya se lo dije, y ahora que estoy lejos se lo repito como la segunda vez que estuve allá: cuando vuelva a visitarlos no tendré piedad. Que lo sepan tanto los que vivieron en el pecado como los demás. [3] Así podrán comprobar que Cristo habla por mí. El no se muestra débil con ustedes, sino que más bien actúa con poder. [4] Si bien su debilidad lo llevó a la cruz, ahora vive por la fuerza de Dios. Así también nosotros compartimos su debilidad, pero viviremos con él por el poder de Dios que actúa en ustedes. [5] Examínense y vean si permanecen en la fe. Pruébense a sí mismos. ¿Están seguros de que Cristo Jesús está en ustedes? ¿Y qué, si no superan la prueba? [6] Espero que reconozcan que nosotros no estamos reprobados. [7] Pedimos a Dios que no hagan mal alguno, no para quedar bien nosotros, sino por ustedes, para que hagan el bien, aunque quedemos mal nosotros. [8] Pues no tenemos poder alguno contra la verdad, sino sólo a favor de ella, [9] y nos alegramos cada vez que nos sentimos débiles y ustedes fuertes. Y pedimos a Dios que ustedes lleguen a la perfección. [10] Todo esto se lo digo desde lejos, para no tener que mostrarme duro entre ustedes con la autoridad que el Señor me dio para edificar y no para destruir. [11] Finalmente, hermanos, estén alegres; sigan progresando; anímense; tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. [12] Salúdense los unos a los otros con el beso santo. [13] Les saludan todos los santos.  [14] La gracia de Cristo Jesús, el Señor, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.        

 

 

[14] Pablo acaba su carta reafirmando su autoridad. Jesús había hablado de un doble testimonio de los apóstoles y del Espíritu Santo, que sería la base de la evangelización. Del mismo modo aquí Pablo pone fin a su defensa apelando a un discernimiento que será obra del Espíritu: examínense, pruébense. Esta pauta vale para la Iglesia a todo nivel; no podemos resolver los conflictos o decidir nuestras orientaciones únicamente con argumentos y votos. Necesariamente, al lado de la reflexión, tendrá que haber tiempo para el silencio, la oración verdadera y la escucha frente a la palabra de Dios.Fijémonos en la fórmula trinitaria de 13,14. 

 

 

 

Volver arriba