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Col. 1, 1 - 29

              [1] De Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y del hermano Timoteo, [2] a los santos y creyentes que viven en Colosas, verdaderos hermanos míos en Cristo: Reciban gracia y paz de Dios nuestro Padre. [3] En todo momento oramos por ustedes y damos gracias a Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, [4] por lo que hemos sabido de su fe en Cristo Jesús y de su caridad para con todos los santos. [5] Pues están esperando la herencia que les está reservada en el cielo y que conocieron por la palabra de la verdad, el Evangelio. [6] Ya está entre ustedes, y lo mismo que va creciendo y dando frutos por todas partes en el mundo, también lo hace entre ustedes desde aquel día en que recibieron y conocieron el don de Dios en toda su verdad. [7] Se lo enseñó Epafras, compañero nuestro muy querido en el servicio de Cristo y para ustedes fiel ministro de Cristo, [8] quien también ha venido a recordarme el cariño que me tienen en el Espíritu. [9] Por eso, tampoco nosotros hemos cesado de rezar por ustedes desde el día en que recibimos esas noticias, y pedimos a Dios que alcancen el pleno conocimiento de su voluntad, mediante dones de sabiduría y entendimiento espiritual. [10] Que lleven una vida digna del Señor y de su total agrado, produciendo frutos en toda clase de buenas obras y creciendo en el conocimiento de Dios. [11] Que se muestren fuertes en todo sentido, fortalecidos por la gloria de Dios; que puedan sufrir y perseverar sin perder la alegría. [12] Y que den gracias al Padre que nos preparó para recibir nuestra parte en la herencia reservada a los santos en su reino de luz. [13] El nos arrancó del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino de su Hijo amado. [14] En él nos encontramos liberados y perdonados.  CRISTO ES EL PRINCIPIO DE TODO  [15] El es la imagen del Dios que no se puede ver, y para toda criatura es el Primogénito, [16] porque en él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra, el universo visible y el invisible, Tronos, Gobiernos, Autoridades, Poderes. Todo fue hecho por medio de él y para él. [17] El existía antes que todos, y todo se mantiene en él. [18] Y él es la cabeza del cuerpo, es decir, de la Iglesia, él que renació primero de entre los muertos, para que estuviera en el primer lugar en todo. [19] Así quiso Dios que «el todo» se encontrara en él [20] y gracias a él fuera reconciliado con Dios, porque la sangre de su cruz ha restablecido la paz tanto sobre la tierra como en el mundo de arriba.   [21] Ustedes mismos en otro tiempo se quedaron aparte, y con sus obras malas actuaron como rebeldes. [22] Pero con su muerte Cristo los reconcilió y los integró a su mismo ser humano mortal, de modo que ahora son santos, sin culpa ni mancha ante él. [23] Pero por supuesto, perseveren en la fe; muéstrense firmes, cimentados en ella; no se desvíen de su esperanza; tengan siempre presente el Evangelio que han oído, que ha sido predicado a toda criatura en este mundo, y del que yo Pablo he llegado a ser encargado. [24] Ahora me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, pues así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su cuerpo, que es la Iglesia. [25] Esta me ha sido encargada por cuanto recibí de Dios la misión de llevar a efecto entre ustedes su proyecto, [26] su plan misterioso que permaneció secreto durante siglos y generaciones. Este secreto acaba de ser revelado a sus santos. [27] Quiso darles a conocer la gloria tan grande que su plan misterioso reservaba a las naciones paganas. ¡Ustedes tienen a Cristo y esperan la Gloria! [28] A ese Cristo anunciamos cuando amonestamos a cada uno y le enseñamos la sabiduría, pues queremos que cada uno llegue a ser «perfecto» en Cristo. [29] Este es mi trabajo, al que me entrego con la energía que viene de Cristo y que obra poderosamente en mí.          

 

 

[1] Pablo, según su costumbre, elogia a sus lectores. En realidad, la razón de escribirles es la información que le dio Epafras sobre las inquietudes de los colosenses.Epafras, de quien habla, es un hombre de Colosas. Cuando Pablo organizaba la evangelización de la provincia de Efeso (ver Hechos 19,26 y 20,4), no iba a cada ciudad, sino que enviaba a sus ayudantes. Epafras de Colosas había empezado a formar comunidades en Colosas, y después en las ciudades vecinas de Laodicea y de Hierápolis (ver Col 4,13). El, pues, fue a Roma a informar a Pablo de las dificultades que se habían presentado.Su fe..., su caridad..., como esperan. Pablo agrupa siempre esas tres fuerzas cristianas: creer, amar, esperar. En el mundo cristiano recibirán el nombre de «virtudes» (es decir fuerzas) «teologales», es decir, que se dirigen directamente a Dios. Las tres van juntas o fallan juntas. Pero aquí Pablo destaca la esperanza como la fuerza que anima la fe y el amor.De partida, Pablo deja la fe cristiana fuera de concurso: el Evangelio ha sido ya predicado y se ha extendido por todo el mundo (6), lo que era hablar con mucho optimismo. La fe nos abre el camino del verdadero conocimiento, lo que buscaban justamente los colosenses: ver Introducción. Por esa fe, Dios nos ha instalado ya en el reino de la Luz.Nos trasladó al reino de su Hijo (13). Pablo responde a los colosenses, que se preocupan por un mundo invisible de fuerzas sobrenaturales en que los poderes luminosos están en lucha con los de las tinieblas (ver Introducción y Ef 1,21). Pablo elimina todas esas especulaciones al decir que no hay más que un poder de las tinieblas, y el reino de Cristo.Pablo expresa que los ángeles o Poderes invisibles (16), ya estén mencionados en la Biblia, o bien ocupen el primer lugar en los cuentos gnósticos, no son nada en comparación de Cristo. Pues los gnósticos lo veían como uno más entre los agentes de una aventura creadora en la que faltaba un verdadero Creador. Tampoco es uno de los salvadores en la historia humana. Pues no hay más que un Creador, y en El está Cristo. Ver lo mismo en Hebreos 1.En Gálatas 4,1-5 Pablo reconoció que la historia de la humanidad había sido marcada profundamente por fuerzas naturales o sociales que no precisaba, pero también sostenía que, desde la resurrección de Jesús, es él quien tiene en sus manos todo el movimiento de la historia (como en Ap 5,3-5). Esto puede extrañar a quienes creen que toda la historia está en manos de los hombres. Si bien tienen razón en cierto sentido, no deben olvidar al Primogénito, que ya llegó al término de la historia, y del cual decimos que es el Señor de la historia (Fil 2,11).El es la imagen del Dios que no se puede ver. No vamos a pensar que Dios tiene forma humana más allá de las nubes, y que Jesús es su imagen, pues si bien el hombre fue creado a imagen de Dios, Dios en cambio no es a imagen del hombre. Pero Cristo fue entre nosotros imagen del Padre y de su misericordia. Y sus acciones nos revelan la manera de pensar y de actuar de Dios. Ya antes de ser hombre, el Hijo de Dios existía en Dios, como la eterna e invisible imagen del Dios eterno e invisible, la irradiación de la Gloria del Padre (Heb 1,2), la Expresión o Palabra de Dios (Jn 1,1).Y para toda creatura es el Primogénito. Tomemos este término en el sentido bíblico. El primogénito no sólo es el primero de una serie, sino que, además, ocupa un puesto aparte. Por su naturaleza humana, Cristo es judío de Galilea, descendiente de David. Pero su persona se arraiga en Dios y, por eso, se presenta entre nosotros como el modelo y el primogénito, no sólo de los hombres, sino de todo lo creado.Dios quiso que «el todo» se encontrara en él, que es como el puente entre Dios y el universo. El todo de Dios está en él para ser comunicado al universo, y el todo del universo se encontrara en él, cuando todos los hombres se hayan reconciliado y reunido en él.Todo fue hecho por medio de él: Jn 1,1 y Heb 1,2.Él que renació primero de entre los muertos. Pablo dice más exactamente: «él que es las primicias» (como en 1 Cor 15,23). Vino no sólo para darnos el perdón de nuestros pecados, sino para una «Pascua», un pasaje de la muerte a la vida. Y su resurrección, después de su total abandono al Padre, era el paso necesario para que nosotros también conociéramos la resurrección.Que todo fuera reconciliado con Dios. La obra de Cristo es presentada a la vez como reconciliación entre los hombres (2 Cor 5,17-21), y reconciliación de la creación entera. 

 

 

[21] Pablo pide a los colosenses que no se pierdan en las nubes. Que no pierdan el tiempo imaginando luchas entre seres celestiales buenos y malos, pues el combate se sitúa aquí abajo y hay que dejar en él la sangre y la vida. Por eso Pablo recuerda a sus lectores todo lo que sufre por el Evangelio.Su ser humano mortal es el lugar donde se conquista la paz de todos los hombres con Dios y entre sí (Ef 2,11).Santos, sin culpa ni mancha ante él (22): ver comentario de Ef 5,26.Completo lo que falta a los sufrimientos de Cristo. Después de la muerte de Cristo faltaría algo en la salvación del mundo si sus seguidores y sus apóstoles no encontraran, a su vez, pruebas y sufrimientos. Trabajar por la Iglesia es sufrir por la Iglesia. Trabajar para que reine la justicia es sufrir por la justicia.Su plan misterioso: ver en Ef 3,5. No olvidemos que, en aquel tiempo, nadie pensaba en un destino común de los hombres. Pablo se asombra de la generosidad de Dios, cuyas promesas son para todos los pueblos sin distinción (27). Nos ofrece nada menos que su Gloria, o sea, todo lo infinito que brota de él mismo. 

 

 

 

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Col. 2, 1 - 23

             TENGAN POR REGLA A CRISTO JESÚS, EL SEÑOR   [1] Quiero que sepan cuán duro es el combate que debo soportar por ustedes, por los de Laodicea y por tantos otros que jamás me han visto. [2] Pido que tengan ánimo, que se afiancen en el amor y que tengan plenamente desarrollados los dones de entendimiento, para que puedan penetrar en el gran secreto de Dios, que es Cristo. [3] En él están escondidas todas las riquezas de la sabiduría y del entendimiento. [4] Les digo esto para que nadie los engañe con discursos bonitos. [5] Aunque estoy corporalmente lejos, mi espíritu está con ustedes, y me alegro al ver el equilibrio y la solidez de su fe en Cristo. [6] Han recibido a Cristo Jesús como el Señor; tomen, pues, su camino. [7] Permanezcan arraigados en él y edificados sobre él; estén firmes en la fe, tal como fueron instruidos, y siempre dando gracias. [8] Cuídense de que nadie los engañe con sabidurías o con cualquier teoría hueca, que no son más que doctrinas humanas; pues este es el camino del mundo, y no el de Cristo. [9] Piensen que en él permanece toda la plenitud de Dios en forma corporal. [10] En él ustedes lo tienen todo, pues él está por encima de todos los poderes y autoridades sobrenaturales.  BAUTIZADOS Y RESUCITADOS   [11] En Cristo recibieron una circuncisión no humana, no quirúrgica, que los despojó enteramente del cuerpo carnal. Esta «circuncisión de Cristo» [12] es el bautismo, en el cual fueron sepultados con Cristo. Y en él fueron luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos. [13] Ustedes estaban muertos por sus pecados, y su misma persona no estaba circuncidada, pero Dios los hizo revivir junto a Cristo: ¡nos perdonó todas nuestras faltas! [14] Anuló el comprobante de nuestra deuda, esos mandamientos que nos acusaban; lo clavó en la cruz y lo suprimió. [15] Les quitó su poder a las autoridades del mundo superior, las humilló ante la faz del mundo y las llevó como prisioneros en el cortejo triunfal de su cruz.  LAS PROHIBICIONES INÚTILES   [16] Por tanto, que nadie los venga a criticar por lo que comen o beben, por no respetar fiestas, lunas nuevas o el día sábado. [17] Tales cosas no eran más que sombras, mientras que lo real es la persona de Cristo. [18] No permitan que se lo quite quienes vienen con una religión muy temerosa y que sirven a los ángeles. En realidad sólo hacen caso de sus propias visiones y se inflan con sus propios pensamientos, [19] en vez de mantenerse en contacto estrecho con aquel que es la cabeza. El mantiene la unidad del cuerpo entero por un conjunto de nervios y ligamentos, y le da firmeza haciéndolo crecer según Dios. [20] Si ustedes han muerto con Cristo y así se han liberado de los reglamentos del mundo, ¿por qué se dejan adoctrinar ahora como si todavía fueran del mundo? [21] «No tomes esto, no gustes eso, no toques aquello.» [22] Siempre se trata de cosas que se usan, se desgastan y desaparecen, lo que es propio de mandatos y doctrinas de hombres. [23] Todo eso quiere ser sabiduría, religión, humildad y desprecio del cuerpo, pero no sirve de nada cuando la carne se rebela.     

 

 

[1] Que sepan cuan duro es el combate que debo soportar. Ese combate significa fatigas (1,28-29) y oraciones (4,2 y Rom 15,30). Sería muy tentador (y esa era la tentación de los colosenses), hacer del cristianismo una religión atractiva con hermosas explicaciones, pero que dejara a las personas apegadas a sus sueños y a sus pasiones; una religión que no atacara el pecado arraigado en nuestras maneras de vivir y en nuestra sociedad. Y para llevar a cabo ese combate, necesitamos en primer lugar la convicción de que en Cristo se encuentra todo el misterio de Dios.Que nadie los engañe. La filosofía, como búsqueda de la sabiduría, es muy respetable. Las filosofías siempre contienen una parte de la verdad, pero el peligro está en que parece que dan una respuesta total a nuestros problemas. Son engañosas en la medida en que vienen de filósofos que, de hecho, sólo han tenido una experiencia muy limitada, o muy poco estimable, de la existencia humana. Además, todas las corrientes de pensamiento son el producto de su época, y envejecen con el tiempo. En la fe, en cambio, encontramos, no un discurso sobre el hombre, sino a una persona, Cristo, y Pablo nos dice que el todo de Dios habita en él en forma humana. 

 

 

[11] Pablo acaba de decir que el cristiano tiene una sabiduría y que ha entrado en un camino de conocimiento. Ahora nos recuerda que nuestra entrada en la Iglesia ha sido mucho más que un rito externo. Por el bautismo hemos sido asociados a esa renovación del mundo que se realizó con la muerte y la resurrección de Jesús.Pablo había sido circuncidado y sabía por experiencia que eso no le había traído la salvación. El bautismo, por cierto, no lo había liberado milagrosamente de su agresividad ni de sus debilidades, pero, llevado por un amor apasionado a Cristo, había empezado a vivir toda la existencia humana en una forma diferente. Había sido liberado, entre otras cosas, de lo que pesaba en gran manera en su vida, esto es, la religión con sus mandamientos. Para él la religión había sido el recuerdo constante de una deuda para con Dios, algo que hacía imposible el amor y la confianza verdadera. Jesús, al morir, había clavado en la cruz todas las formas de miedo a Dios, y al mismo tiempo, había reducido a la nada todos los principios y las presiones morales que ahogan nuestra libre respuesta a Dios.En algunos países la mayoría de los habitantes son bautizados, pero el bautismo casi no ha cambiado su vida y, en general, no pertenecen a comunidades en que la fe se va renovando. No bastaría con decir que somos malos cristianos. Nuestra resurrección -como fue el caso de Pablo- depende primero de nuestra fe en Dios que resucitó a Jesús, que nos perdonó y que lo preparó todo para que vivamos nuestra vida. Pues esto es el bautismo. 

 

 

[16] Pablo acaba de recordar que el bautismo es el comienzo de una vida nueva. No se trata de reemplazar mandamientos antiguos por mandamientos mejores, sino que la venida de Cristo vuelve anticuada cualquier religión de mandamientos. A lo mejor algunos preguntarán: ¿Acaso no debemos seguir los mandamientos de Dios y de la Iglesia? ¿Qué será de nosotros si no hay ninguna ley?Por supuesto que no existe ni grupo religioso, ni comunidad cristiana, sin ritos, costumbres, mandamientos, pues ¿qué ocurriría con una comunidad en la que ya no se reunieran más para oír la palabra de Dios y celebrar la eucaristía? No somos ángeles y no habrá «adoración de Dios en espíritu y verdad» si no hay luces, ritos, música, formas de piedad que se transmiten a través de los siglos.Pero ya se terminó el tiempo en que lo importante era hacer o no hacer algo, en que se creía que a Dios le gusta vernos descansar tal o cual día, no comer tal o cual cosa, vestirnos de tal o cual forma, abstenernos de esto o de aquello. Las religiones dan una gran importancia a esas leyes, pues ayudan a sus fieles a mantener su cohesión y a distinguirse de los demás, pero eso siempre deforma la idea que tenemos de Dios, al que creemos preocupado de mantener su autoridad y prestigio. Ahora bien, Dios no se parece a esa idea de Dios. Todo eso no son más que reglamentos humanos, muy útiles tal vez, pasados de moda tal vez, pero que son sólo humanos. Pablo dice: Dios no se apega a esas cosas pasajeras (22), ni está en él tratarnos como niños chicos: ¡No hagan eso!Que nadie los venga a criticar. ¿Por qué, pues, nos van a acusar por haber desplazado el día del descanso, poniendo el día de la resurrección en vez del día que observaban los judíos? Los apóstoles de Jesús, al hacerlo, sabían que estaban por encima de las leyes de Moisés.Todo eso quiere ser... humildad (23). Las prohibiciones religiosas impresionan siempre a los que no se han liberado del temor a Dios. Pero en vez de liberarnos y llevarnos a la confianza de hijos de Dios, esas prohibiciones favorecen sobre todo a la estrechez de espíritu, y también la violencia contra quienes no piensan como nosotros. No pensemos que alguien es más santo porque muestra desprecio por el cuerpo. Ser muy sacrificado por voluntad propia puede ser un medio para valorarnos a nuestros propios ojos y sentirnos superiores a los demás. 

 

 

 

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Col. 3, 1 - 25

             BUSQUEN LAS COSAS DE ARRIBA   [1] Si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. [2] Preocúpense por las cosas de arriba, no por las de la tierra. [3] Pues han muerto, y su vida está ahora escondida con Cristo en Dios. [4] Cuando se manifieste el que es nuestra vida, también ustedes se verán con él en la gloria. [5] Por tanto, hagan morir en ustedes lo que es «terrenal», es decir, libertinaje, impureza, pasión desordenada, malos deseos y el amor al dinero, que es una manera de servir a los ídolos. [6] Tales cosas atraen los castigos de Dios. [7] Ustedes siguieron un tiempo ese camino, y su vida era así. [8] Pues bien, ahora rechacen todo eso: enojo, arrebatos, malas intenciones, ofensas, y todas las palabras malas que se pueden decir.  PÓNGANSE EL VESTIDO NUEVO   [9] No se mientan unos a otros: ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus vicios, [10] y se revistieron del hombre nuevo que no cesa de renovarse a la imagen de su Creador, hasta alcanzar el perfecto conocimiento. [11] Ahí no se hace distinción entre judío y griego, pueblo circuncidado y pueblo pagano; ya no hay extranjero, bárbaro, esclavo u hombre libre, sino que Cristo es todo en todos. [12] Pónganse, pues, el vestido que conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos: la compasión tierna, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia. [13] Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo. [14] Por encima de esta vestidura pondrán como cinturón el amor, para que el conjunto sea perfecto. [15] Así la paz de Cristo reinará en sus corazones, pues para esto fueron llamados y reunidos. Finalmente, sean agradecidos. [16] Que la palabra de Cristo habite en ustedes y esté a sus anchas. Tengan sabiduría, para que se puedan aconsejar unos a otros y se afirmen mutuamente con salmos, himnos y alabanzas espontáneas. Que la gracia ponga en sus corazones un cántico a Dios, [17] y todo lo que puedan decir o hacer, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.   SOBRE LA OBEDIENCIA   [18] Esposas, sométanse a sus maridos como conviene entre cristianos. [19] Maridos, amen a sus esposas y no les amarguen la vida. [20] Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque eso es lo correcto entre cristianos. [21] Padres, no sean pesados con sus hijos, para que no se desanimen. [22] Siervos, obedezcan en todo a sus amos de la tierra; no sólo en presencia del patrón o para ganar en consideración, sino con sinceridad, porque tienen presente al Señor. [23] Cualquier trabajo que hagan, háganlo de buena gana, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres. [24] Bien saben que el Señor los recompensará dándoles la herencia prometida. Su señor es Cristo y están a su servicio. [25] El que no cumple recibirá lo que merece su maldad, pues Dios no hará excepciones a favor de nadie.    

 

 

[1] Aquí encontramos lo que ya se dijo sobre el bautismo (2,12), que nos une a Cristo y nos hace participar de todas sus riquezas. Ya que Cristo desapareció de la tierra, nosotros también la dejamos: lo mejor de nuestra vida, lo que nos mueve a actuar no se ve y no es de la tierra. Sólo Dios conoce las riquezas del corazón del creyente, aun cuando su vida aparezca manchada por faltas y debilidades; un día Dios manifestará la bondad, la gloria que no vemos todavía (ver Mt 25,31-46). 

 

 

[9] Ver Efesios 4,20-24, donde Pablo desarrolla la misma idea del hombre nuevo creado en Cristo, y del hombre viejo que hay que abandonar.Mientras el hombre viejo es un egoísta, esclavizado por sus pasiones, el hombre nuevo se caracteriza por su actitud comunitaria, siempre preocupado por los demás. Y vive con el corazón agradecido. 

 

 

[18] El breve aviso dado a los esposos (v.18-19) será tratado más ampliamente en Ef 5,21-33.Pablo no admitiría la posición de muchos cristianos que dicen: la religión no tiene nada que ver con lo que hago en mi casa, en mi trabajo, en mi descanso o en la política. Al contrario, todo eso, dice Pablo, el cristiano lo vive ante el Señor, por el Señor y en el Señor.De ahí que Pablo predique a todos la misma moral, al hombre, a la mujer y a los esclavos: todos por igual tienen que ser rectos, leales y respetar a los demás, a pesar de sus defectos. Tenemos que luchar para producir cambios y defender nuestros derechos. Pero debemos llevar adelante esas luchas y vivir esos compromisos según el espíritu de Cristo. Lo que exigimos es, las más de las veces, menos importante que la manera como lo pedimos; es ahí donde un cristiano debe dar siempre el testimonio que sólo él puede dar. Dejémosles a otros el ansia de conseguir algo por cualquier medio, sin importarles las consecuencias desastrosas para la sociedad; véase al respecto el Sermón en el Monte, Mt 5-7. 

 

 

 

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Col. 4, 1 - 18

             [1] En cuanto a ustedes, patrones, den a sus servidores lo que es justo y razonable, sabiendo que también ustedes tienen un Señor en el cielo.  DIVERSAS NOTICIAS   [2] Sean constantes en la oración; quédense velando para dar gracias; [3] oren también por nosotros, para que Dios nos dé palabras y pueda yo anunciar el misterio de Cristo. Por ese misterio estoy atado con cadenas; [4] pidan que pueda darlo a conocer cuando presente mi defensa. [5] Pórtense con prudencia con los de afuera y aprovechen todas las oportunidades. [6] Que su conversación sea agradable y no le falte su granito de sal. Sepan contestar a cada uno lo que corresponde. [7] Tíquico, mi hermano querido, les dará noticias de todo lo referente a mí; es para mí un ayudante fiel y un compañero en el servicio del Señor. [8] Se lo envío expresamente para que les lleve noticias mías y les dé ánimo. [9] Envío con él a Onésimo, nuestro hermano fiel y muy querido, que es uno de ustedes. Ellos les dirán todo lo que aquí pasa. [10] Los saluda Aristarco, mi compañero de cárcel, y Marcos, primo de Bernabé, acerca del cual ya recibieron instrucciones. Si va para allá, denle una buena acogida. [11] Los saluda también Jesús, apodado Justo. Son los únicos de raza judía que están trabajando conmigo por el Reino de Dios, y que han sido para mí un consuelo. [12] Reciban saludos de su compatriota Epafras; es un buen servidor de Cristo Jesús que siempre está orando fervientemente por ustedes para que sean perfectos y produzcan todos los frutos que Dios desea. [13] Les puedo asegurar que los ha echado mucho de menos, lo mismo que a los de Laodicea y de Hierápolis. [14] Reciban los saludos de Lucas, nuestro querido médico, y de Demás. [15] Saluden a los hermanos que están en Laodicea, sin olvidar a Ninfa y la Iglesia que se reúne en su casa. [16] Después de que sea leída esta carta entre ustedes, procuren que sea leída también en la Iglesia de Laodicea, y consigan, por su parte, la que ellos recibieron, para leerla ustedes. [17] Digan a Arquipo: «No descuides el servicio que te fue encargado en el Señor y trata de cumplirlo bien.» [18] El saludo es de mi propia mano: Pablo. Acuérdense de que estoy con cadenas. La gracia sea con ustedes.     

 

 

[2] Todo esto está comentado en Efesios, capítulo 6,18-21.Onésimo es el esclavo fugitivo que vuelve con Tíquico a Colosas, después de que Pablo lo convirtió a la fe (ver carta a Filemón).Marcos el evangelista, ahora reconciliado con Pablo (ver He 15,38), está con él. Lucas, de quien se habla, es el autor del Evangelio y de los Hechos.Nos llama la atención que las diferentes Iglesias de ese tiempo, lejos de vivir replegadas en sí mismas, tenían frecuentes intercambios entre ellas, pues, de otro modo, habría habido en poco tiempo tantas religiones como Iglesias. Pero los primeros cristianos eran conscientes de que pertenecían a la Iglesia de Cristo establecida en diferentes lugares. En un momento en que parecía difícil guardar la unidad, a causa de las distancias y de las diferencias de pueblos, la fuerza que mantuvo la unidad, más que la organización rígida, fue el sentido profundo que tenían todos de que la Iglesia era una «comunión», o sea, una comunidad animada por el Espíritu de Cristo.Cuando ahora nos empeñamos en formar «comunidades de base», también debemos cuidar que quedemos en contacto y armonía con las otras comunidades. 

 

 

 

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