Esd 1 - Esd 2 - Esd 3 - Esd 4 - Esd 5 - Esd 6 - Esd 7 - Esd 8 - Esd 9 - Esd 10 -

 

 

Esd. 1, 1 - 10

             CIRO DA LA LIBERTAD A LOS JUDÍOS PARA VOLVER A JERUSALÉN   [1] En el año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra de Yavé, dicha por boca de Jeremías, Yavé movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: [2] «Así habla Ciro, rey de Persia: Yavé, el Dios de los Cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. El me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en el país de Judá. [3] A todo el que pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él! Que suban a Jerusalén con la ayuda de su Dios y edifiquen allí la Casa de Yavé, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. [4] En todo lugar donde vivan restos del pueblo de Yavé, que las gentes del lugar los ayuden para su viaje con plata, oro y toda clase de cosas y ganados. Que les entreguen, además, ofrendas voluntarias para la Casa de Yavé, que está en Jerusalén.» [5] Entonces se levantaron los jefes de las familias de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y levitas, y todos aquellos cuyo espíritu Dios despertó, y acordaron ir a edificar la Casa de Yavé. [6] Y todos los vecinos les dieron toda clase de ayuda: oro, plata, ganado y objetos preciosos en gran cantidad, además de toda clase de ofrendas voluntarias. [7] También el rey Ciro mandó tomar los utensilios de la Casa de Yavé que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén y puesto en la casa de sus dioses. [8] Los puso en manos del tesorero Mitrídates, el cual los contó para entregárselos a Sesbasar, el príncipe de Judá. [9] Esta es la lista: Copas de oro para la ofrenda, 30; de plata, 1.029; otras copas de oro, 30; de plata, 410; otros utensilios, 1.000. [10] Total de los utensilios de oro y plata, 5.400. Todo esto se lo llevó Sesbasar cuando permitieron volver a los cautivos de Babilonia a Jerusalén.    

 

 

[1] Para comprender este capítulo, será útil leer la introducción al libro.Notemos que sólo serán repatriados los que acepten «ser liberados»; no hay ninguna liberación o ayuda exterior que valga para los indiferentes. Vuelven aquellos a quienes Dios había despertado el espíritu. 

 

 

 

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Esd. 2, 1 - 70

             LOS QUE VOLVIERON CON ZOROBABEL  [1] Estas son las personas de la provincia de Judá que regresaron del cautiverio, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado a Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada una a su ciudad. [2] Partieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Seraya, Ralayas, Mardoqueo, Bilsan, Mispar, Bigvay, Rejum y Baana. Lista de los hijos del pueblo de Israel: [3] Los hijos de Paros, 2.172; [4] de Sefatías, 372; [5] de Araj, 775; [6] de Pajat-Moab, por parte de los hijos de Josué y de Joab, 2.812; [7] de Elam, 1.254; [8] de Zattú, 945; [9] de Zaccay, 760; [10] de Baní, 642; [11] de Bebay, 623; [12] de Azgad, 1.222; [13] de Adonicam, 66; [14] de Bigvay, 2.056; [15] de Adin, 454; [16] de Ater de Ezequías, 98; [17] de Besay, 323; [18] de Yorá, 112; [19] de Jasum, 223; [20] de Guibbar, 95; [21] hombres de Belén, 123; [22] de Netofá, 56; [23] de Anatot, 128; [24] de Azmavet, 42; [25] de Cariatiarim de Quefira y Berot, 743; [26] de Ramó y Gueba, 621; [27] de Mikmás, 122; [28] de Beter y de Hay, 223; [29] de Nebo, 52; [30] de Magbis, 156; [31] los de Elam-Agner, 1.254; [32] los de Jarim, 320; [33] los hombres de Lod, Jadid y Onó, 725; [34] los de Jericó, 345; [35] los de Sanaá, 3.630. [36] Sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la familia de Josué, 973; [37] los de Immer, 1.052; [38] los de Pasjur, 1.247; [39] los de Jarin, 1.017. [40] Levitas: los hijos de Josué, por parte de Cadmiel, Binnuy, Hodovías, 74. [41] Cantores: los hijos de Asaf, 128. [42] Porteros: los hijos de Sal-lum de Ater, de Talmón, de Aqcub, de Jatitá, de Sobay: en total, 139. [43] Ayudantes de los levitas: los hijos de Sijá, los de Jasufá, los de Tabbaot, [44] los de Querós, los de Siajá, los de Padón, [45] los de Lebaná, los de Jagalá, los de Aqcub, [46] los hijos de Jagab, los de Salmay, los de Janán, [47] los de Guiddel, los de Gajar, [48] los de Reaías, los hijos de Resín, [49] los de Necodá, los de Gazzán, los de Uzza, los de Paseaj, los de Besay, [50] los de Asná, los de los meunitas, los de los nefusitas, [51] los de Bacub, los de Jacufá, los de Tarjut, [52] los de Baslut, los de Mejidá, los de Jarsa, [53] los de Barcos, los de Sisrá, los de Témaj, [54] los de Nésiaj, los de Jatifá. [55] Hijos de los siervos de Salomón: los Satay, los de Has-Soferet, los de Perudá, [56] los de Yaadá, [57] los de Sefatías, los de Jatil, los de Pakeret-has-Sebáyim, los de Amit. [58] Total de los donados y de los hijos de los siervos de Salomón, 392. [59] Y éstos son los que volvieron de Tel-Melaj, Tel-Jarsá, Kerub, Addán e Immer y que no pudieron probar si su familia y su linaje eran de origen israelita, [60] los hijos de Delaías, los de Tobías, los de Necodá, 652. [61] Y entre los sacerdotes: los hijos de Jaboyías, los de Jacgos, los de Barzilay, el cual se había casado con una de las hijas de Barzilay, el galaadita, cuyo nombre adoptó. [62] Los que no hallaron los registros de sus antepasados fueron excluidos del sacerdocio, [63] y el gobernador les prohibió comer las cosas santas mientras un sacerdote no consultase a Dios por medio de los Urim y Tumim. [64] Toda la asamblea era de 42.360 personas, sin contar sus siervos y esclavas, en número de 7.337. [65] Mantenían también 200 cantores, entre hombres y mujeres. [66] Tenían 736 caballos, 245 mulos, 435 camellos y 6.720 burros. [67] Algunos de los jefes de familias, al llegar a la Casa de Yavé en Jerusalén, [68] hicieron ofrendas voluntarias para la Casa de Dios, para que fuera reedificada en el mismo lugar en que había estado. [69] Dieron para el tesoro de la obra según sus medios, 61.000 dracmas de oro, 5.000 minas de plata y 100 túnicas sacerdotales. [70] Los sacerdotes, los levitas y parte del pueblo se establecieron en Jerusalén, los cantores, los porteros y los ayudantes, en sus respectivas ciudades. Todos los israelitas vivían en sus ciudades.      

 

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Esd. 3, 1 - 13

             RESTAURACIÓN DEL ALTAR   [1] Al cabo de seis meses, los israelitas estuvieron ya instalados en sus ciudades. Entonces se congregó todo el pueblo en Jerusalén. [2] Josué, hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Sealtiel, con sus hermanos, empezaron a reconstruir el altar del Dios de Israel, para ofrecer en él sacrificios, como está escrito en la Ley de Moisés, hombre de Dios. [3] Construyeron el altar en el mismo lugar, a pesar del miedo que tenían de la gente del país, y ofrecieron en él víctimas consumidas por el fuego, sacrificio de la mañana y de la tarde. [4] Celebraron la fiesta de los Tabernáculos, como está escrito, y ofrecieron cada día víctimas consumidas por el fuego, según el rito establecido. [5] Después siguieron ofreciendo el sacrificio perpetuo y los sacrificios de los sábados, de las lunas nuevas, y todas las solemnidades de Yavé, además de lo que cada uno voluntariamente quería ofrecer a Yavé. [6] Empezaron a ofrecer las víctimas consumidas por el fuego desde el día primero del mes séptimo, cuando aún no se habían puesto los cimientos del Templo de Yavé. [7] Dieron dinero a los que trabajaban la piedra, a los albañiles y carpinteros. También dieron alimentos, vino y aceite a los tirios para que trajeran por mar a Yafó madera de cedro del Líbano, según la autorización de Ciro, rey de Persia. [8] El año segundo después de la llegada a la Casa de Dios, a Jerusalén, el segundo mes, Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Josadac, con el resto de sus hermanos, los sacerdotes, levitas y todos los que habían vuelto del destierro a Jerusalén, comenzaron la obra: designaron a algunos levitas mayores de veinte años para dirigir las obras de la Casa de Yavé. [9] Josué, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, y los hijos de Hodabías, se pusieron juntos a dirigir a los que trabajaban en la obra de la Casa de Dios. [10] En cuanto los obreros pusieron los cimientos del santuario de Yavé, se presentaron los sacerdotes, revestidos de lino fino, con trompetas, y los levitas hijos de Asaf, con címbalos, para cantar a Yavé los Salmos de David, rey de Israel. [11] Cantando y alabando, daban gracias a Yavé: «Porque es bueno, porque es eterno su amor para Israel.» Todo el pueblo lanzaba gritos con grandes clamores, alabando a Yavé porque se ponían los cimientos de la Casa de Yavé. [12] Muchos de los sacerdotes, levitas y de los más ancianos jefes de familia que habían conocido la casa primera, lloraban con grandes gemidos, mientras se ponían los cimientos. Pero otros lanzaban gritos de alegría, [13] y el pueblo no podía distinguir entre los gritos de júbilo y el clamor de los llantos, porque gritaba con alegría, y el ruido se escuchaba hasta lejos.  

 

 

[1] El decreto de Ciro no había modificado la situación política de Palestina, que había pasado a ser una provincia del Imperio. Jerusalén sigue bajo la autoridad de Samaría desde un punto de vista administrativo y la aristocracia samaritana no quiere ser pasada a llevar por los notables de Judá que regresan al país después de cincuenta años de exilio. Esto explica los conflictos entre judíos y samaritanos, los que jamás se apaciguarían.La restauración del Templo fue para los judíos una oportunidad para descubrir de nuevo lo que hacía su originalidad entre todas las naciones: ser los servidores del Dios único. También les permitió afirmar su existencia entre los habitantes del país, pues trabajando juntos se forja la unidad.Se notará que los repatriados al llegar habían ofrecido con generosidad lo necesario para la construcción del Templo (2,68). Sin embargo, pasarán veinte años y será necesaria la intervención de los profetas Ageo y Zacarías para que se concreten los proyectos acordados en el entusiasmo del regreso. 

 

 

 

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Esd. 4, 1 - 24

             INTERRUPCIÓN DE LOS TRABAJOS   [1] Cuando supieron los enemigos de Judá y de Benjamín que los que habían vuelto del destierro estaban edificando el santuario de Yavé, Dios de Israel, [2] se presentaron a Zorobabel, a Josué y a los jefes de familia, y les dijeron: «Permítannos cooperar con ustedes en la reconstrucción, porque también nosotros nos interesamos por su Dios, y le ofrecemos sacrificios desde el tiempo de Asar Jaddon, rey de Asiria, que nos trajo aquí.» [3] Zorobabel, Josué y los jefes de familias israelitas les contestaron: «No podemos unirnos a ustedes para reconstruir la Casa de nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos; así lo ha mandado Ciro, rey de Persia.» [4] Entonces la gente del país se puso a desanimar a los obreros del pueblo de Judá y a meterles miedo para que no edificaran. [5] Se ganaron con dinero a algunos consejeros de la corte, para hacer fracasar el proyecto, y lo detuvieron durante todo el tiempo de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia.  PARÉNTESIS EN EL RELATO   [6] Al comienzo del reinado de Jerjes escribieron una acusación contra los habitantes de Judá y de Jerusalén, [7] y en el tiempo del rey Artajerjes, Bisla, Mitrídates, Tabeel y el resto de sus colegas escribieron a Artajerjes, rey de Persia. [8] La carta fue escrita en arameo y traducida. Empezaba así: [9] «Rejum, gobernador, y Simsay, secretario, y demás colegas, los jueces y legados, funcionarios persas; las gentes de Erec, de Babilonia y de Susa, es decir, los elamitas [10] y los restantes pueblos que el gran Asurbanipal desterró y estableció en las ciudades de Samaria y en el resto de la provincia del otro lado del río.» [11] Esta es la copia de la carta que enviaron al rey Artajerjes: «Tus siervos, las gentes del lado de acá del río, etc. [12] El rey debe estar informado de que los judíos que subieron de tu lado hacia nosotros y llegaron a Jerusalén están construyendo esta ciudad rebelde y mala; tratan de levantar las murallas y ya echaron los cimientos. [13] Que sepa, pues, el rey que si esta ciudad es reedificada y sus muralles reconstruidas, no se pagarán más impuestos, contribución ni peaje, y al fin, esta ciudad perjudicará a los reyes. [14] Ahora, como nosotros comemos la sal del palacio y no creemos conveniente que el rey sea menospreciado, mandamos al rey esta información. [15] Que se investiguen los libros de la historia de tus padres, y en ellos verás que esta ciudad es una ciudad rebelde y molesta para los reyes y las provincias, y que en ella se han fomentado revueltas desde tiempos antiguos. Por esta razón precisamente ha sido destruida. [16] Hacemos saber al rey que si esta ciudad se reedifica y se levantan sus murallas, perderás con esto mismo tus territorios de este lado del río.» [17] Respuesta que mandó el rey: «A Rejum, gobernador; a Simsay, secretario, y al resto de sus colegas que habitan en Samaria y otros lugares del otro lado del río: Saludos. [18] La carta que me han enviado ha sido leída palabra por palabra en mi presencia. [19] He dado orden para que investiguen los hechos, y se ha encontrado que esa ciudad, desde tiempos antiguos, se rebela contra los reyes, y que se han producido en ella revueltas y rebeldías. [20] Hubo en Jerusalén reyes poderosos, dueños de toda la tierra del otro lado del río, a los que se pagaba tributo, impuestos y derecho de peaje. [21] Por consiguiente, ordenen que cesen los trabajos de esa gente; no reconstruirán esa ciudad sin una autorización mía. [22] No dejen de poner en esto gran cuidado, no sea que el mal aumente con perjuicio nuestro.» [23] En cuanto la copia de esta carta del rey Artajerjes fue leída ante Rejum, gobernador, Simsay, secretario, y sus colegas, salieron rápidamente hacia Jerusalén, donde los judíos, y los obligaron a suspender sus trabajos por la fuerza y la violencia.  SE REANUDA LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO  [24] Entonces se suspendieron los trabajos de la Casa de Dios en Jerusalén, quedando interrumpidos hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia.  

 

 

[1] Apoyados por el profeta Ageo (ver Ageo 2,10), los judíos rechazan la cooperación samaritana para la construcción del Templo. No querían mezclar lo impuro en esta obra religiosa. Para decirlo con otras palabras, estaban decididos a construir una comunidad cuya base fuera la práctica de la Ley, y no podían aceptar que gente no convertida tuviera derechos sobre el Templo.Lo mismo hoy, por muy deseosos que estemos de acoger a todos, no podemos entregar las cosas santas ni la dirección de las comunidades a los que no se han convertido, y tampoco aceptar para la Iglesia apoyos políticos que comprometan su libertad.El relato empezado en 4,1-5 sigue en los capítulos 5 y 6. Los judíos se mantienen firmes y la Providencia los ayuda. Los favorece Tatenai, intendente persa de la provincia de Transeufratina, que abarca toda Palestina con Samaria por capital. 

 

 

[6] La carta copiada en 4,6-23 corresponde a una intervención posterior de los notables de Samaria, cuando, años más tarde, los judíos trataron de construir las murallas de Jerusalén. 

 

 

 

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Esd. 5, 1 - 17

             [5] Pero la mirada de Dios estaba sobre los dirigentes de los judíos, y no los obligaron a interrumpir la obra mientras se consultaba al rey Darío y hasta recibir una carta suya acerca de esto. [6] Copia de la carta que escribió Tatnaí, gobernador de la provincia del otro lado del río, al rey Darío, [7] juntamente con Setar-Boznai y sus consejeros, los persas de la otra orilla del río. «Al rey Darío, paz. [8] Comunicamos al rey que hemos ido a la provincia de Judea, a la Casa del Dios grande. La están construyendo con piedras talladas, y se colocan las maderas en los muros; el trabajo se hace con mucho esmero y adelanta rápidamente en sus manos. [9] Hemos preguntado a los ancianos y les hemos hablado así: ¿Quién les ha ordenado edificar esta Casa y terminar este Santuario? [10] También hemos preguntado los nombres para dártelos a conocer y pusimos por escrito los nombres de los que están al frente de ellos. [11] Ellos nos dieron esta respuesta: Nosotros somos servidores del Dios del cielo y de la tierra, y estamos reconstruyendo la Casa que fue construida hace muchos años. Un gran rey de Israel la construyó y la terminó. [12] Pero luego que nuestros padres hicieron enojarse al Dios de los Cielos, él los entregó en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el caldeo que destruyó esta Casa y desterró al pueblo a Babilonia. [13] Sin embargo, el año primero de Ciro, rey de Babilonia, éste dio un decreto para que esta Casa de Dios fuera reconstruida. Los vasos de oro y de plata de la Casa de Dios, que Nabucodonosor había quitado al templo de Jerusalén y transportado al templo de Babilonia, [14] fueron sacados de allí por Ciro y entregados a un hombre llamado Sesbasar, al que nombró gobernador, [15] diciéndole: Toma estos vasos y ve a llevarlos al templo de Jerusalén y que la Casa de Dios sea reconstruida en el mismo lugar. [16] Entonces Sesbasar vino acá y echó los cimientos del templo de Dios en Jerusalén. Desde aquel tiempo hasta ahora se va construyendo y aún no está terminado. [17] Ahora, si al rey le parece conveniente, que se hagan investigaciones en la casa de los Tesoros del rey, en Babilonia, con el fin de averiguar si hubo una orden del rey Ciro para la reconstrucción de esta Casa de Dios en Jerusalén; que el rey nos transmita luego su voluntad en este asunto.»         

 

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Esd. 6, 1 - 22

             [1] Entonces el rey Darío dio orden de hacer investigaciones en la casa de los tesoros de Babilonia, donde se depositaban los libros; [2] y encontró en Ecbatana, fortaleza situada en la provincia de Media, un rollo en que estaba escrito lo que sigue: [3] «En el primer año de su reinado, el rey Ciro ha dado esta ordenanza referente a la Casa de Dios que está en Jerusalén: Que se pongan los cimientos de la casa y que la levanten con el fin de ofrecer en ella sacrificios. Dicha Casa tendrá treinta metros de alto y treinta de ancho, [4] y se pondrán tres hileras de piedras talladas con una de madera. Los gastos serán costeados por el rey. [5] Además, los vasos de oro y plata que Nabucodonosor sacó del templo de Jerusalén y se llevó a Babilonia serán devueltos y llevados al templo de Jerusalén, al lugar donde estaban depositados en la Casa de Dios. [6] Por tanto, les digo a ustedes, Tatnaí, gobernador de la provincia del otro lado del río, Setar-Boznai y los consejeros persas que viven al otro lado del río, [7] que no se metan en esto, que el gobernador de los judíos, junto con sus dirigentes, construyan esa Casa de Dios en su lugar. [8] Esta es la orden que damos acerca de lo que deben hacer, referente a aquellos dirigentes judíos,para la reconstrucción de esa Casa de Dios: [9] les pagarán los gastos exactamente y sin interrupción, con las entradas de los impuestos del otro lado del río destinados al rey. Luego les entregarán cada día y sin falta, a pedido de los sacerdotes de Jerusalén, [10] lo necesario para los sacrificios al Dios de los Cielos: novillos, carneros, corderos, trigo, sal, vino y aceite. Con esto ofrecerán sacrificios gratos al Dios de los Cielos y rogarán por la vida del rey y de sus hijos. [11] Además, ordeno lo siguiente: Si alguien se opone a esta ordenanza, le sacarán una viga de su casa y lo ahorcarán en ella, y su casa será reducida a un montón de escombros como castigo por su rebelión. [12] Y el Dios que allí hace habitar su Nombre aplaste a todo rebelde, rey o pueblo, que vaya en contra de esto y trate de destruir esa Casa de Dios en Jerusalén. Yo, Darío, he dado esta orden. Que sea puntualmente cumplida.» [13] Tatnaí, gobernador de la parte de acá del río, Setar-Boznaí y sus consejeros actuaron conforme a la orden del rey Darío; [14] y los dirigentes de los judíos continuaron reconstruyendo con éxito, según lo dicho por el profeta Ageo, y Zacarías, hijo de Idó; y dieron término a la obra, según la orden del Dios de Israel y los decretos de Ciro y Darío. [15] La Casa fue terminada el día tercero del mes de Adar del año sexto del reinado de Darío. [16] Los hijos de Israel, los sacerdotes y levitas y los demás que habían vuelto del destierro celebraron con alegría la consagración de esta Casa de Dios, [17] ofreciendo en esta solemnidad cien novillos, doscientos carneros y cuatrocientos corderos; y, como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, conforme al número de las tribus de Israel. [18] Luego establecieron a los sacerdotes, según sus categorías, y a los levitas, según sus clases, para el servicio de la Casa de Dios en Jerusalén, según está escrito en el libro de Moisés. [19] Los que habían vuelto del destierro celebraron la Pascua el día catorce del primer mes, [20] ya que los sacerdotes y levitas se habían purificado juntos y todos estaban puros; sacrificaron, pues, la Pascua para todos los que habían vuelto del destierro, para sus hermanos sacerdotes y para sí mismos. [21] Los israelitas que habían vuelto del destierro comieron la Pascua con todos los demás que se habían apartado de la gente del país para no ser más impuros como ellos, y se habían unido a ellos para buscar a Yavé, Dios de Israel. [22] Celebraron con alegría durante siete días la fiesta de los Azimos, pues estaban muy contentos porque Yavé había cambiado las disposiciones del rey de Asiria a su respecto, y les había permitido continuar la obra de reconstrucción de la Casa del Dios de Israel.       

 

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Esd. 7, 1 - 28

             ESDRAS LLEGA A JERUSALÉN   [1] Después de esto, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, vino Esdras, hijo de Serayas, descendiente de Azarías, de Helcías, [2] de Salum, de Sadoc, de Ajitub, [3] de Amarías, de Azarías, de Meayot, [4] de Zeraquía, de Uzzi, de Buquí, [5] de Abisua, de Finjas, de Eleazar, y de Aarón, sumo sacerdote. [6] Este maestro, muy instruido en la Ley dada a Moisés por Yavé, Dios de Israel, subió de Babilonia y, como estaba sobre él la mano de Yavé, su Dios, el rey le entregó todo cuanto pidió. [7] Muchos de los hijos de Israel, de los sacerdotes y levitas, de los cantores, de los porteros y de los ayudantes, vinieron también a Jerusalén el año séptimo del rey Artajerjes. [8] Llegó Esdras a Jerusalén el mes quinto del año séptimo del rey. [9] Había salido de Babilonia el día primero del primer mes y llegó a Jerusalén el día primero del quinto mes, ya que sobre él estaba la bondadosa mano de su Dios. [10] En efecto, Esdras se había dedicado con todo su corazón a poner por obra la Ley de Yavé y a enseñar a Israel sus mandamientos y preceptos. [11] He aquí la copia de la carta entregada por el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote y escriba instruido en los mandamientos y leyes que dio Yavé a Israel: [12] «Artajerjes, rey de reyes, a Esdras, sacerdote y maestro, instruido en la Ley del Dios de los Cielos, paz: He dado órdenes para que [13] todos los israelitas, que hay en mi reino y que estén dispuestos a ir contigo a Jerusalén puedan partir con sus sacerdotes y levitas. [14] Lo que es tú, irás como delegado del rey y de sus siete consejeros para cuidar de que se observe en Judá y Jerusalén la Ley de Dios que está en tus manos, [15] y para llevar allá el oro y la plata que el rey y sus consejeros han ofrecido generosamente al Dios de Israel, cuya Casa está en Jerusalén; [16] también llevarás toda la plata y el oro que puedas reunir en Babilonia con las ofrendas voluntarias hechas por el pueblo y los sacerdotes para la Casa de Dios en Jerusalén. [17] Cuidarás de comprar con ese dinero novillos, carneros, corderos y cuanto es necesario para las ofrendas y las libaciones, que ofrecerás sobre el altar de la Casa de tu Dios en Jerusalén. [18] Con el resto de la plata y el oro, harás lo que mejor te pareza a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad del Dios de ustedes. [19] Deposita ante Dios en Jerusalén los vasos que se te entregan para las necesidades de la Casa de tu Dios, [20] y saca de los tesoros del rey lo que sea necesario para los otros gastos que has de hacer para la Casa de tu Dios. [21] Yo, el rey Artajerjes, doy orden a todos los tesoreros de la parte que está al otro lado del río que cumplan exactamente todo lo que les pida Esdras, sacerdote y escriba, instruido en la Ley del Dios de los Cielos, [22] entregándole hasta cien talentos de plata, cien cargas de trigo, cien medidas de vino y cien medidas de aceite; la sal se le dará sin medida. [23] Todo lo que ordene el Dios del Cielo debe ser cumplido con esmero para la Casa del Dios del Cielo, a fin de que su cólera no venga sobre el reino, el rey y sus hijos. [24] Les damos a conocer que no se puede cobrar impuestos, contribuciones o peaje de ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, ayudantes y servidores de esta Casa de Dios. [25] Y tú, Esdras, según la sabiduría que de Dios tienes, nombra jueces y magistrados que administren justicia a todo el pueblo del otro lado del río, a todos los que conocen la Ley de tu Dios; y enséñasela a los que no la conocen. [26] Cualquiera que no cumpla puntualmente la Ley de tu Dios y la Ley del rey será castigado severamente con la muerte, expulsión, multa o cárcel.» [27] Bendito sea Yavé, Dios de nuestros padres, que inspiró al rey este propósito de glorificar así la Casa de Yavé en Jerusalén, [28] y que me hizo objeto de la simpatía del rey, de sus consejeros y de todos sus jefes principales. Por mi parte, cobré ánimo, ya que la mano de mi Dios estaba conmigo, y reuní a los jefes de Israel para que partieran junto a mí.      

 

 

[1] Entre la Pascua del año 515 relatada en el capítulo 6, y esta misión de Esdras, han transcurrido cerca de sesenta años. Posiblemente Esdras vino en el año 458. Pero también es posible que haya venido en el año 427, después de la primera misión de Nehemías. Entonces estos capítulos 7-10 deberían leerse después del capítulo 6 de Nehemías.Esdras estaba en la provincia persa de Babilonia como encargado de los asuntos religiosos judíos. Era sacerdote y pertenecía a los grupos que, animados por Ezequiel, habían profundizado la Ley de Moisés. Habían reunido los varios textos y, muy posiblemente, son ellos los que dieron su forma definitiva a los libros de la Biblia que componen «la Ley», es decir, del Génesis al Deuteronomio. Estos sacerdotes han entendido que Israel empieza una nueva etapa de su historia. Los judíos que han vuelto del Destierro deben dirigirse por la Ley de Dios. Esta ley, que separa judíos y no judíos, y rige todos los detalles de la existencia, será el cimiento de una comunidad religiosa -y luego política-, haciendo de ellos un pueblo unido.Al llegar a Jerusalén con misión oficial, Esdras pretende imponer la Ley de Moisés redactada en forma definitiva: el pueblo judío renace como pueblo de la Ley.La Ley hará del pueblo judío un pueblo más cumplidor y responsable, servidor de Dios en todos los detalles. Pero también está el riesgo de confundir la fe verdadera con las prácticas exteriores. Los que solamente ven el servicio de Dios en el culto del Templo y las prácticas religiosas pueden quedar indiferentes a lo más importante de la vida. 

 

 

 

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Esd. 8, 1 - 36

             LOS COMPAÑEROS DE ESDRAS  [1] Estos son los jefes de familias que subieron conmigo de Babilonia, en el reinado de Artajerjes (y se indican los nombres de sus antepasados). [2] De los hijos de Finjas, Guersón; de los de Itamar, Daniel; [3] de los de David, Jatús; de Secanías y de los hijos de Paros, Zacarías, y con él ciento cincuenta hombres registrados; de los hijos de Pajat Moab, [4] Eliyonai, hijo de Zarajías, y con él doscientos hombres; [5] de los hijos de Zatú, Secanías, hijo de Jacaziel, y con él trescientos hombres; de los hijos de Joab, Abdías, hijo de Jonatán, y con él cincuenta hombres; [6] de los hijos de Adín, Ebed, hijo de Atalía, y con él setenta hombres; [7] de los hijos de Sefatías, Zebadías, hijo de Micael, y con él ochenta hombres; [8] de los hijos de Joab, Abdías, hijo de Jejiel, y con él doscientos dieciocho hombres; [9] de los hijos de Baní, Selomit, hijo de Josifía, y con él ciento sesenta hombres; [10] de los hijos de Bebaí, Zacarías, hijo de Bebaí, y con él veintiocho hombres; [11] de los hijos de Azgad, Jojanan, hijo de Acatán, [12] y con él ciento diez hombres; [13] de los hijos de Adonicam, los últimos, y he aquí sus nombres: Elifelet, Jeiel y Semeyas, y con ellos setenta hombres; [14] de los hijos de Bigvaí, Utai, hijo de Zacur, y con él sesenta hombres. [15] Los reuní cerca del río que corre hacia Ahavá, y acampamos allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo, no encontré ninguno de la tribu de Leví. [16] Entonces llamé a los jefes Eliecer, Ariel, Semaías, Yarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulam, los jefes, y a los instructores Yoyarib y Elnatán. [17] Les di órdenes respecto a Idó, el jefe que permanecía en Casifía, les di el recado que debían transmitir a Idó y a sus hermanos los ayudantes que vivían en Casifía, para que nos mandaran servidores para la Casa de nuestro Dios. [18] Como la bondadosa mano de Dios estaba con nosotros, nos trajeron a Serebías, hombre muy sensato, de entre los hijos de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, y con él sus hijos y sus hermanos, en número de dieciocho; [19] Josabías y con él Isaías, de entre los hijos de Merarí, sus hermanos y sus hijos, en total veinte; [20] y de entre los ayudantes que David y los jefes habían puesto al servicio de los levitas, doscientos veintidós hombres, todos inscritos personalmente.  [21] Allí, a orillas del río Ahavá, ordené un ayuno para humillarnos ante nuestro Dios, a fin de implorar de él un feliz viaje para nosotros, nuestros hijos y nuestras pertenencias. [22] Me hubiera dado vergüenza pedir al rey tropas y gentes de a caballo para protegernos del enemigo en el camino; por el contrario, habíamos dicho al rey: «La mano de nuestro Dios está, para bien, con todos los que lo buscan; y su poder y su enojo sobre todos los que lo abandonan.» [23] Por eso ayunamos y pedimos a nuestro Dios por esta intención, y él nos escuchó. [24] Escogí a doce de los jefes de los sacerdotes y, además, a Serebías y a Jasabías, y con ellos a diez de sus hermanos; [25] pesé delante de ellos la plata, el oro y las copas consagradas donadas por el rey, sus consejeros y sus jefes, y por todos los israelitas que habíamos podido hallar, para la Casa de nuestro Dios. [26] Y puse en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, copas de plata por cien talentos, cien talentos de oro, [27] veinte copas de oro por valor de mil dáricas y dos vasos de bronce bruñido tan preciosos como vasos de oro. [28] Luego les dije: «Ustedes están consagrados a Yavé; estos vasos son cosas santas, y esa plata y este oro son ofrendas voluntarias hechas a Yavé, el Dios de nuestros padres. [29] Cuídenlos y guárdenlos hasta que los pesen ante los jefes de los sacerdotes y levitas y de las familias de Israel en Jerusalén, en las habitaciones de la Casa de Yavé.» [30] Entonces, los sacerdotes y levitas recibieron todo lo que habíamos pesado: la plata, el oro y los vasos, para llevarlos a Jerusalén a la Casa de nuestro Dios. [31] Partimos de la orilla del río Ahavá para ir a Jerusalén el día doce del mes primero. La mano de Dios estuvo con nosotros y apartó de nosotros todo ataque de enemigos y toda emboscada durante el camino. [32] Llegados a Jerusalén, descansamos tres días; [33] al cuarto, pesamos en la Casa de nuestro Dios la plata, el oro y los vasos, entregándolo todo a Merinot, hijo de Urías, sacerdote, y a Eleazar, hijo de Finjas, junto con Josabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuí, levitas. [34] Después de volverlo a contar y pesar todo, se puso por escrito el peso total. [35] Los judíos que habían vuelto del destierro ofrecieron sacrificios al Dios de Israel: doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos y doce machos cabríos por el pecado. Todo como víctimas quemadas a Yavé. [36] Y se entregaron los decretos del rey a sus gobernadores y a los funcionarios del lado de acá del río, los cuales favorecieron al pueblo y a la Casa de Dios.      

 

 

[21] Nótese esta página en que el muy estricto maestro de la Ley, Esdras, se presenta con rasgos más humanos y simpáticos. 

 

 

 

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Esd. 9, 1 - 15

             EL ASUNTO DE LOS QUE SE CASARON CON MUJERES EXTRANJERAS   [1] Después de terminar todo esto, se me acercaron los jefes diciendo: «El pueblo de Israel, los sacerdotes y levitas no se han separado de las gentes de este país que sirven a los ídolos: los cananeos, heteos, fereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos. [2] Pues tomaron de entre ellos mujeres para sí y para sus hijos y mezclaron su raza santa con la de los habitantes de esta tierra. Incluso los jefes y magistrados fueron los primeros en cometer este pecado.» [3] Al escuchar esto, desgarré mis vestiduras y mi manto, me arranqué cabellos de la cabeza y de la barba, y me senté muy apenado. [4] Conmigo se unieron todos los que recordaban las palabras del Dios de Israel y temían a causa de este pecado cometido por hombres que habían regresado del destierro. Yo me quedé sentado y consternado hasta el sacrificio de la tarde; [5] y, luego, al tiempo de la ofrenda de la tarde, salí de mi postración, y con mis vestidos y mi manto desgarrados, me arrodillé, levantando mis manos a Yavé, mi Dios. [6] Dije: «Dios mío, tengo vergüenza y confusión. Dios mío, no me atrevo a levantar a ti mis ojos, porque nuestros pecados se han multiplicado por encima de nuestra cabeza y nuestros crímenes han crecido hasta el cielo. [7] Desde los días de nuestros padres hasta hoy hemos sido muy culpables; por nuestros crímenes fuimos entregados, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes, en manos de los reyes extranjeros; fuimos destinados a la espada, a la cautividad, al saqueo; anduvimos avergonzados, al igual que hoy. [8] Con todo, desde algún tiempo, se manifestó la misericordia de Yavé, nuestro Dios. Hizo que quedara un resto de nuestro pueblo y permitió que los sobrevivientes se restablecieran en su Santo Lugar; ahí nos ha dado alegría y vida, a pesar de que somos esclavos; [9] porque no somos más que esclavos, pero, en medio de nuestra esclavitud, Dios no nos ha abandonado; ha extendido su mano misericordiosa sobre nosotros para apoyarnos frente a los reyes de Persia; nos ha devuelto la vida, nos ha concedido levantar de nuevo la Casa de nuestro Dios, y tener murallas en Jerusalén y en otras ciudades de Judá. [10] Pero ahora, Dios nuestro, ¿qué vamos a decir cuando, a pesar de todo esto, hemos abandonado tus mandamientos? [11] Tú habías dicho por medio de tus servidores los profetas: La tierra en cuya posesión van a entrar fue manchada por la inmundicia de los pueblos que la ocupan; la han llenado de un extremo a otro con sus idolatrías. [12] Por tanto, no den sus hijas como esposas para los hijos de ellos; ni tomen las hijas de ellos para sus hijos; no cooperen a la prosperidad y bienestar de ellos. Háganse fuertes, coman los mejores frutos de la tierra y déjensela en herencia a sus hijos para siempre. [13] Después de todo lo que nos ha sobrevenido por nuestras malas acciones y nuestro pecado, tú, Dios nuestro, has perdonado nuestra maldad, ya que dejaste sobrevivir a todos los que aquí estamos. [14] ¿Cómo podríamos volver a despreciar tus mandamientos y a emparentar con estos pueblos abominables? ¿No te enojarías tú contra nosotros hasta destruirnos sin que quedara resto ni sobrevivientes? [15] Yavé, Dios de Israel, tú eres justo; mira que somos un resto de sobrevivientes. Estamos aquí en tu presencia llevando nuestros pecados, pero no podemos permanecer así en tu presencia.    

 

 

[1] Los judíos están mezclados con los que no comparten su religión. Esdras piensa que la comunidad judía será más fuerte y consciente de su originalidad si se aparta de toda convivencia con las demás. Y para evitar la influencia de las demás religiones, se prohiben los matrimonios con los que no son "hebreos", es decir, de familia judía.Pero Esdras, sin darse cuenta, favorece la exclusión de aquello y de aquellos que no son judíos, lo que es una forma de violencia. La observación estricta de las leyes es, al comienzo, una protección contra los paganos, pero, con el tiempo, un muro de desconfianza y de odios recíprocos irá aislando a los judíos de los demás pueblos.Las barreras levantadas por Esdras resultaron ser muy eficaces, y en esto podemos ver una voluntad de Dios. Pues el pueblo judío resistió a persecuciones durísimas (ver Macabeos). Luego, después de la venida de Cristo, fueron dispersados y tuvieron que vivir durante poco menos de veinte siglos en medio de países oficialmente cristianos que, habitualmente, los persiguieron o trataron de convertirlos a la fe cristiana por todos los medios. Y, sin embargo, ha permanecido el pueblo judío, hecho único en la historia, gracias, en parte, a su fidelidad a la Ley.También ahora los cristianos pueden sacar de ahí una lección. Si bien nos corresponde ser el fermento en la masa, conviviendo sin prejuicios con hombres de todas las creencias, también se precisan exigencias y prácticas exteriores, aceptadas por todos los que ingresan en la comunidad.Ver al respecto lo dicho respecto a Nehemías 13. 

 

 

 

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Esd. 10, 1 - 44

             EXPULSIÓN DE LAS MUJERES EXTRANJERAS  [1] Mientras que Esdras, postrado ante la Casa de Dios, lloraba, rezaba y hacía esta confesión, una inmensa muchedumbre de hombres, mujeres y niños de Israel se juntaron cerca de él; y este pueblo lloraba copiosamente. [2] Entonces Secanías, hijo de Jejiel, de los hijos de Elam, dijo a Esdras: [3] Nos hemos portado mal con nuestro Dios, al casarnos con mujeres extranjeras de entre los pueblos de este país, pero Israel no queda por esto sin esperanza. [4] Decide, pues, ya que es cosa tuya. Nosotros estamos contigo. Ten valor y ordena.» [5] Entonces Esdras se levantó e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes, de los levitas y de todo Israel que harían lo que se acababa de decir, y ellos lo juraron. [6] Después, se retiró Esdras de la Casa de Dios y fue a la pieza de Jojanán, hijo de Eliasib, pero no comió allí pan ni bebió agua, porque estaba muy afligido por el pecado de los que habían regresado del destierro. [7] Se publicó por Judá y Jerusalén que todos los que habían vuelto del destierro debían reunirse en Jerusalén, [8] y si alguno no se presentaba dentro de tres días conforme al acuerdo de los jefes y de los dirigentes locales, le serían confiscados todos sus bienes y él sería excluido de la asamblea de los que habían regresado del destierro. [9] Todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los tres días. Era el día veinte del noveno mes, y todo el pueblo estaba en la plaza de la Casa de Dios temblando con motivo de aquel asunto y también porque llovía. [10] Entonces el sacerdote Esdras se levantó y dijo: «Al casarse con mujeres extranjeras han sido rebeldes, aumentando así el delito de Israel. [11] Ahora reconozcan su pecado ante Yavé, Dios de sus padres y, para cumplir su voluntad, sepárense de la gente de esta tierra y de las mujeres extranjeras.» [12] Toda la asamblea respondió en alta voz: [13] «Sí, haremos como tú dices: sólo que el pueblo es numeroso y estamos en la estación lluviosa; no podemos soportar la intemperie, además no se trata de una cosa de un día o dos, porque somos muchos los que cometimos este pecado. [14] Nuestros jefes podrían representar a toda la asamblea. Los que en nuestras ciudades se hayan casado con mujeres extranjeras vendrían cada cierto tiempo, acompañados de los dirigentes locales y de los jueces de cada ciudad, hasta que hayamos apartado de nosotros el enojo de nuestro Dios por causa de este asunto.» [15] Jonatán, hijo de Azel, y Jajzia, hijo de Tecua, apoyados por los levitas Mesulam y Subtay, fueron los únicos que se opusieron a este parecer, [16] pero los que habían regresado del destierro cumplieron lo decidido. De acuerdo con el sacerdote Esdras, escogieron un jefe de familia para cada grupo de familia, que fueron designados en forma personal, y éstos se sentaron para resolver el asunto el día primero del décimo mes. [17] El primer día del primer mes terminaron de atender todos los casos de judíos que se habían casado con mujeres extranjeras. [18] De entre los sacerdotes que se habían casado con mujeres extranjeras estaban los siguientes: entre los hijos de Josué, hijo de Josadac, y entre sus hermanos: Maaseías, Eliezer, Yarib y Guedalías; [19] éstos se comprometieron bajo juramento a despedir a sus mujeres y ofrecieron por su pecado un carnero en sacrificio de reparación. [20] Entre los hijos de Immer: Janani y Zebadías. [21] Entre los de Jarim: Maaseías, Elías, Semaías, Jejiel y Uzzías. [22] Entre los de Pasjur: Elionary, Maaseías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa. [23] Entre los levitas: Joazabad, Simei, Quelaías (es decir, Quelitá), Petajías, Judá y Eliezer. [24] Entre los cantores: Elyasib y Zakkur. Entre los porteros: Sal-lum, Telem y Urí. [25] Entre los israelitas: de los hijos de Paros: Ramías, Jizías, Malquías, Miamin, Eleazar, Maljías y Lenaías; [26] de los de Elam: Mattanías, Zacarías, Jejiel, Abdí, Jeremot y Elías; [27] de los de Zattú: Elyonay, Elyasib, Mattanías, Yeremot, Zabad y Azizá; [28] de los de Bebay: Jojanás, Jananías, Zabbay, Atlay; [29] de los de Bigvay: Mesul-lam, Mal-luk, Jedaías, Jasub, Jisal, Jeremot; [30] de los de Pajat-Moab: Adná, Kelal, Benaías, Maaseías, Mattanías, Besalel, Binnuy y Manasés; [31] de los de Jarim: Eliezer, Jissirías, Malquías, Semaías, Simeón, [32] Benjamín, Maluc, Semerías; [33] de los de Jasum: Mattenay, Mattatá, Zabad, Elifélet, Jeremay, Manasés, Simí; [34] de los de Baní: Maaday, Amram, Joel, [35] Benaías, Bedías, Kelaías, [36] Vanías, Meremot, Elyasib, [37] Mattanías, Mattenay y Yaassay: [38] de los de Binnuy; Simí, [39] Selemías, Natán y Adaías; [40] de los de Zakkay: Sasay, Saray, [41] Azareel, Celemías, Semarías, [42] Sal-lum, Amarías, José; [43] de los de Nebo: Jeiel, Mattitías, Zabad, Zebiná, Yadday, Joel, Benaías. [44] Todos éstos se habían casado con mujeres extranjeras y muchos de ellos tenían hijos de ellas.      

 

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Neh. 1, 1 - 11

             CÓMO NEHEMÍAS SE SINTIÓ LLAMADO   [1] Palabras de Nehemías, hijo de Helcías. En el mes de Casleu, en el año [20] del rey Artajerjes, estando yo en la ciudadela de Susa, [2] llegó uno de mis hermanos, Jananí, con algunos hombres de Judá. Les pregunté por los judíos sobrevivientes que habían regresado del destierro y por Jerusalén. [3] Me respondieron: «Viven allá, en la provincia, en medio de mucha pobreza y humillaciones. La muralla de Jerusalén está en el suelo, y sus puertas, quemadas.» [4] Al escuchar estas palabras, me senté y me puse a llorar. Me puse de duelo algunos días, aguardando y rezando ante el Dios del Cielo. [5] Y dije: «¡Ah, Yavé, Dios del Cielo, tú eres grande y temible! Tú guardas tu alianza y tu fidelidad a los que te aman y cumplen tus mandamientos. [6] Estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para escuchar la oración de tu siervo. Estoy ahora en tu presencia día y noche por tus servidores los hijos de Israel. [7] Te estoy confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti. Yo mismo, y la familia de mi padre, hemos pecado. Nos hemos portado muy mal. No cumplimos tus mandamientos, leyes e instrucciones, que entregaste a tu siervo Moisés. [8] Pero acuérdate también de lo que dijiste a Moisés: «Si ustedes no me son fieles, los dispersaré por las naciones. [9] Pero si cumplen mis mandamientos y los ponen en práctica, los conduciré de nuevo al lugar donde he escogido vivir. Los reuniré, aunque estén dispersos hasta los confines del mundo.» [10] Ya, pues, Señor, no olvides que son tus servidores; ellos son tu pueblo, que has salvado con tu gran poder y fuerte mano. [11] Escucha mi oración y la de estos que solamente desean honrar tu Nombre. Te ruego me ayudes ahora. Haz que sea bien recibido por el rey.» Yo, entonces, era encargado de preparar las bebidas para el rey.          

 

 

[1] Nehemías estaba en el palacio del rey Artajerjes como encargado de las bebidas, puesto de confianza en ese tiempo en que los reyes temían ser envenenados.Es un hombre que tiene su porvenir asegurado; sin embargo, va a dejar todo para el servicio de Dios. Su vocación se apoya en una comprensión de la historia que sólo tiene el creyente: Israel no debe echarle a otro la culpa por su situación difícil. Sus propios pecados son la causa de su desgracia. Y, por tanto, no debe esperar su restauración nacional de la benevolencia de los países más poderosos, sino de su propia conversión. 

 

 

 

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