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Heb. 1, 1 - 14

              [1] En diversas ocasiones y bajo diferentes formas Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, [2] hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo, a quien hizo destinatario de todo, ya que por él dispuso las edades del mundo. [3] El es el resplandor de la Gloria de Dios y en él expresó Dios lo que es en sí mismo. El, cuya palabra poderosa mantiene el universo, también es el que purificó al mundo de sus pecados, y luego se sentó en los cielos, a la derecha del Dios de majestad. [4] Ahora, pues, él está tanto más por encima de los ángeles, cuanto más excelente es el Nombre que recibió. [5] En efecto, ¿a qué ángel le dijo Dios jamás: Tú eres mi Hijo, yo te he dado la vida hoy? ¿Y de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo? [6] Al introducir al Primogénito en el mundo, dice: Que lo adoren todos los ángeles de Dios. [7] Tratándose de los ángeles, encontramos palabras como éstas: Dios envía a sus ángeles como espíritus, y a sus servidores como llamas ardientes. [8] Al Hijo, en cambio, se le dice: Tu trono, oh Dios, permanece por siglos y siglos, y tu gobierno es gobierno de justicia. [9] Amas la justicia y aborreces la maldad; por eso, oh Dios, tu Dios te concedió una consagración real que es fuente de alegría, con preferencia a tus compañeros. [10] Y también leemos: Tú, Señor, en el principio, pusiste la tierra sobre sus bases, y los cielos son obra de tus manos. [11] Ellos desaparecerán, pero tú permaneces. Serán para ti como un vestido viejo; [12] los doblarás como una capa, y los cambiarás. Pero tú eres siempre el mismo y tus años no terminarán jamás. [13] A ninguno de sus ángeles dijo Dios: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como tarima de tus pies. [14] Pues todos ellos no son más que funcionarios espirituales, y recibenuna misión para bien de los que recibirán la salvación.         

 

 

[1] Este capítulo nos muestra a Cristo superior a los ángeles, porque es el Hijo de Dios. Véase la misma polémica en Col 1,15-20 y en Ef 1,2-23. Antes del nacimiento de Jesús, el Hijo estaba en Dios, resplandor de la Gloria del Padre, Dios de Dios, luz de luz, «imagen» invisible del Dios invisible, «Palabra», o Expresión del ser secreto de Dios (Jn 1,1-14).Esta comparación de Jesús con los ángeles puede tal vez sorprendernos (como en Ef 1 y en Col 1). Pero para los creyentes de ese tiempo bastaba con contemplar la naturaleza para sentir, además de la armonía y del esplendor de la creación, la presencia activa de seres cósmicos que se llamaban ángeles, que repartían las riquezas divinas. En la misma medida en que todo el Antiguo Testamento había luchado en contra de los dioses de la naturaleza, Dios había sido puesto por encima, muy en alto y hasta se abstenían de pronunciar su nombre. Había, pues como un vacío entre Dios y ellos, y los espíritus celestes ocupaban este espacio, haciéndose los agentes de las continuas manifestaciones de la providencia divina en favor nuestro.Incluso cuando se recordaba el pasado de Israel se les atribuían muchas cosas, como que había sido un ángel el que había llamado a Moisés, y no Dios directamente (véase 2,2). Los judíos, pues, hacían lo mismo que hacen hoy muchas personas que buscan algún contacto con poderes espirituales, a un nivel un poco inferior -en realidad totalmente inferior- al de Dios. Se fijaban mucho en los seres celestiales, y era necesario reafirmar que Jesús, que no es un ángel sino que ha sido uno de nosotros, los supera a todos ellos.Tú, Señor... (10). Pongamos atención en la manera de discutir: desde el comienzo de la Iglesia, los apóstoles atribuyeron a Cristo todos los textos de la Biblia en que se dice Señor. De hecho, la palabra «Señor» que leían en el texto griego, era la traducción del término «Yahvé» del texto hebreo; pero atribuían conscientemente a Cristo un gran número de palabras que se dirigían a Yahvé-Dios. Esto bastaría para destruir lo que algunos dicen hoy, que solamente con el tiempo se consideró a Jesús como el Hijo de Dios y plenamente Dios, y que los apóstoles al comienzo sólo lo veían como un Mesías y salvador. 

 

 

 

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Heb. 2, 1 - 18

              [1] Por eso debemos prestar más atención al mensaje que escuchamos, no sea que vayamos a la deriva. [2] Miren cuán inflexible era la Ley entregada por los ángeles, pues toda falta o desobediencia recibía su castigo. [3] ¿Cómo, pues, escaparemos nosotros, si despreciamos una salvación tan trascendente? El Señor mismo la proclamó primero, y luego la confirmaron aquellos que le oyeron. [4] Dios ha confirmado su testimonio con señales, prodigios y milagros de toda clase, sin hablar de los dones del Espíritu que reparte como quiere. [5] En efecto, Dios no sometió a ángeles el mundo nuevo del cual estamos hablando. [6] Alguien dijo en algún lugar: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el Hijo del hombre para que lo tomes en cuenta? [7] Por un momento lo hiciste más bajo que los ángeles y luego lo coronaste de gloria y honor; [8] todo lo pusiste bajo sus pies. Como ven, todo le ha sido sometido, y no se hace ninguna excepción. Es verdad que, por el momento, no se ve que todo le esté sometido, [9] pero el texto dice: por un momento lo hiciste más bajo que los ángeles. Esto se refiere a Jesús, que, como precio de su muerte dolorosa, ha sido coronado de gloria y honor. Fue una gracia de Dios que experimentara la muerte por todos. [10] Dios, del que viene todo y que actúa en todo, quería introducir en la Gloria a un gran número de hijos, y le pareció bien hacer perfecto por medio del sufrimiento al que se hacía cargo de la salvación de todos; [11] de este modo el que comunicaba la santidad se identificaría con aquellos a los que sanctificaba. Por eso él no se avergüenza de llamarnos hermanos, cuando dice: [12] Señor, yo te daré a conocer a mis hermanos, en medio de la asamblea celebraré tu nombre. [13] Y también: Mantendré mi confianza en Dios. Aquí estoy yo y los hijos que Dios me ha dado. [14] Puesto que esos hijos son de carne y sangre, Jesús también experimentó esta misma condición y, al morir, le quitó su poder al que reinaba por medio de la muerte, es decir, al diablo. [15] De este modo liberó a los hombres que, por miedo a la muerte, permanecían esclavos en todos los aspectos de su vida. [16] Jesús no vino para hacerse cargo de los ángeles, sino de la raza de Abrahán. [17] Por eso tuvo que hacerse semejante en todo a sus hermanos, y llegó a ser el sumo sacerdote lleno de comprensión, pero también fiel en el servicio de Dios, que les consigue el perdón,. [18] El mismo ha sido probado por medio del sufrimiento, por eso es capaz de ayudar a aquellos que son puestos a prueba.     

 

 

[1] El autor acaba de reafirmar la divinidad de Cristo, pero inmediatamente va a tomar otros textos del Antiguo Testamento que hablan del hombre, del «hijo del hombre», como se dice en hebreo, y una vez más los aplica a Cristo. Es que, en el designio de Dios, el Hombre y Cristo son una sola realidad, y estamos llamados a compartir todo lo que él ha sido, y la gloria adonde ha llegado.El mundo nuevo (5). En realidad, el texto dice: el mundo por venir. Pero no se trata del porvenir o del fin del mundo, sino que es el tiempo que esperaban los profetas y que ha comenzado con la resurrección de Cristo. Es llamado «los últimos tiempos» en Tim 4,1. El mundo nuevo es aquel en el que se encuentra Cristo resucitado, y ya está a nuestro alcance; por eso, un creyente que vive según el espíritu, experimenta constantemente cosas que no son de esta tierra, aunque al comienzo no haya sido consciente de ello.Toda la historia de Jesús es, pues, la suya y la nuestra a la vez. Le pareció bien hacer perfecto por medio del sufrimiento al que se hacía cargo de la salvación de todos (10). No hay otro camino fuera del camino de la cruz para liberar a los hombres; por eso, los que quieran liberar a sus hermanos tienen que ser probados. No hay tampoco otro camino para madurar, sea que se trate de personas o de pueblos.En la cruz es donde debemos descubrir el amor del Padre por su Hijo, pues no lo condenó a sufrir en medio de los hombres, sino que lo llamó a ser, por el sufrimiento, el Salvador y el modelo de todos los hombres. Experimentó esta misma condición (14). Dios se sirve de la solidaridad humana para salvarnos. Cristo nos salva compartiendo la carne y la sangre, y el destino de los hombres. De igual modo, somos salvados cuando aceptamos esta dependencia y solidaridad. Trabajar codo a codo con los demás, sufrir y regocijarnos con ellos es la condición para salvarnos. Todos soñamos con escapar de esta condición humana, de esta dependencia que es tan fuerte en muchos barrios urbanos, pues tenemos la impresión de que, cuanto más independientes seamos, tanto más se desarrollará nuestra personalidad. Pero eso es sólo una ilusión; la dependencia en los detalles de la vida cotidiana es el medio por el que Dios desea que «nos hagamos cargo de la raza humana». 

 

 

 

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Heb. 3, 1 - 19

             CRISTO VINO COMO UN NUEVO MOISÉS    [1] Hermanos santos, que gozan de una vocación sobrenatural, fíjense en Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra fe; [2] él merece la confianza de Dios que le dio este cargo, lo mismo que la mereció Moisés en la casa de Dios. [3] En realidad Jesús aventaja en mucho a Moisés, pues no hay comparación entre una casa y el que la construye. [4] Toda casa necesita un constructor, y hay un constructor de todo, que es Dios. [5] Moisés actuaba en toda la casa de Dios como fiel servidor, dando a conocer lo que le habían dicho. [6] Cristo, en cambio, está en su casa como el Hijo, y nosotros somos la gente de su casa, con tal que sigamos esperando con firmeza y entusiasmo. [7] Escuchemos lo que dice el Espíritu Santo: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor; [8] no endurezcan su corazón como ocurrió en el día amargo, el día de la tentación en el desierto, [9] cuando me tentaron sus padres, me pusieron a prueba y vieron mis prodigios [10] durante cuarenta años. Por eso me cansé de aquella generación y dije: Siempre andan extraviados, no han conocido mis caminos. [11] Me enojé y declaré con juramento: No entrarán jamás en mi lugar de descanso. [12] Cuidado, hermanos, que no haya entre ustedes alguien de mal corazón y bastante incrédulo como para apartarse del Dios vivo. [13] Más bien anímense mutuamente cada día, mientras dura ese hoy; que ninguno de ustedes se deje arrastrar por el pecado y llegue a endurecerse. [14] Hemos pasado a ser solidarios de Cristo, pero con tal de que mantengamos hasta el fin nuestra convicción del principio. [15] Fíjense en lo que dice la Escritura: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor; no endurezcan su corazón, como ocurrió en el día amargo. [16] ¿Quiénes son esos que, después de haber oído, amargaron a Dios? Todos los que salieron de Egipto gracias a Moisés. [17] ¿Quiénes son los que cansaron a Dios durante cuarenta años? Los que habían pecado, por lo que perecieron y sus cadáveres quedaron en el desierto. [18] ¿A quiénes juró Dios que no entrarían en su lugar de descanso? A aquellos rebeldes, por supuesto, [19] y vemos que se les prohibió la entrada a causa de su falta de fe.      

 

 

[1] Era muy normal comparar a Jesús con Moisés, pues en todo el Antiguo Testamento no hubo nadie más grande que él. El autor, sin embargo, no se detiene más que en la experiencia vivida por el pueblo de Moisés. Recuerda que los Hebreos habían recorrido el desierto en busca de la tierra prometida y que muchos no habían soportado esa prueba.Por medio de Moisés Dios los invitó a entrar en un mundo nuevo. Pero no vieron que debían superarse para conseguirlo. En cuanto disminuían las dificultades, dejaban de desear la tierra prometida. Los creyentes de hoy están también en marcha y tienden al reposo que Dios nos ofrece. La primera vez fue Moisés, el servidor de Dios, quien guió a su pueblo como responsable de su casa. Ahora es el Hijo. Aquellos pensaban encontrar el descanso en una tierra que les pertenecería. Pero el verdadero descanso es la comunión con Dios al que alcanzamos por la fe, con la entrada en la comunidad cristiana.Esta carta recordará muchas veces la advertencia hecha a los emigrantes hebreos en el desierto: ¡Ojalá escuchen hoy la voz del Señor! El camino es largo, y debemos seguir sostenidos por la palabra de Dios, esperando lo que Dios ha prometido, pero que para nosotros permanece invisible.El relato de la creación hablaba del descanso de Dios después de crear el mundo. Este descanso significa que el universo y la historia llegarán a un término, y que todo retornará a Dios. La pena y el descanso del hombre lo conducen a su descanso, que no será otra cosa que compartir la dicha de Dios. 

 

 

 

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Heb. 4, 1 - 16

             [1] Cuidémonos, pues; no sea que alguno de ustedes deje pasar esta oferta de entrar en el descanso de Dios y no lo alcance. [2] Nosotros, igual que ellos, recibimos una Buena Nueva, pero a ellos de nada les sirvió haberla oído, porque no creyeron ni se unieron a los que escucharon esas palabras. [3] Es preciso, pues, que creamos, si queremos entrar en el lugar de descanso recién mencionado: Por eso me enojé y declaré con juramento: No entrarán jamás en mi lugar de descanso. Aquí se trata del descanso de Dios después de la creación del mundo. [4] Ya se habló de este descanso a propósito del día séptimo: Y Dios descansó de todas sus obras el día séptimo. [5] Aquí lo volvemos a encontrar: No entrarán jamás en mi descanso. [6] Dos cosas, pues, se nos dicen: algunos entrarán; y los que recibieron primero la Buena Nueva no entraron por causa de su falta de fe. [7] Por esta razón, mucho más tarde, Dios fija nuevamente un día que llama hoy, diciendo por boca de David lo que se recordó más arriba: Ojalá hoy escuchen la voz del Señor, no endurezcan su corazón. [8] No creamos que Josué los introdujo en el lugar donde debían descansar; de ser así Dios no habría indicado posteriormente otro día. [9] Un descanso sagrado, pues, espera todavía al pueblo de Dios, [10] y el que entre en ese descanso descansará de todos sus trabajos, como lo hizo Dios. [11] Esforcémonos, pues, para entrar en ese descanso, y que nadie merezca, por su falta de fe, el castigo de que hablamos. [12] En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, los huesos y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos. [13] No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar; todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquél al que rendiremos cuentas.Cristo es nuestro sumo sacerdote  [14] Tenemos, pues, un Sumo Sacerdote excepcional, que ha entrado en el mismo cielo, Jesús, el Hijo de Dios. Esto es suficiente para que nos mantengamos firmes en la fe que profesamos. [15] Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, pues ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado. [16] Por lo tanto, acerquémonos con plena confianza al Dios de bondad, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno.            

 

 

[14] El sumo sacerdote era para los judíos, fueran los que fuesen sus defectos personales, la persona consagrada que protegía al pueblo del castigo merecido por sus pecados. El pueblo necesitaba no sólo jefes que lo gobernaran, sino también abogados ante Dios; y la Biblia decía que Aarón, el hermano de Moisés y el primer sacerdote de los judíos, había sido uno de sus abogados. Sus sucesores, los sumos sacerdotes, desempeñaban la misma función.Esta es la idea desarrollada aquí. El sumo sacerdote, siendo el representante de los hombres ante Dios, debe conocer por experiencia su debilidad, pero también tiene que ser aceptado por Dios. Olvidar que Cristo es hombre en medio de los hombres sería tan grave para la fe como olvidar que es el Hijo de Dios.Es bueno contemplar la función de Cristo, el Sumo Sacerdote, en momentos en que la Iglesia nos recuerda que todos los fieles están asociados a la función sacerdotal de Cristo. Debemos representar a la humanidad delante de Dios, y por eso estamos consagrados a Dios. En la eucaristía damos gracias a Dios en nombre de todos, y en la vida de cada día debemos ser los instrumentos de la gracia de Dios para los que viven y trabajan con nosotros. 

 

 

 

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Heb. 5, 1 - 14

             [1] Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres, y le piden representarlos ante Dios y presentar sus ofrendas y víctimas por el pecado. [2] Es capaz de comprender a los ignorantes y a los extraviados, pues también lleva el peso de su propia debilidad; [3] por esta razón debe ofrecer sacrificios por sus propios pecados al igual que por los del pueblo. [4] Pero nadie se apropia esta dignidad, sino que debe ser llamado por Dios, como lo fue Aarón. [5] Y tampoco Cristo se atribuyó la dignidad de sumo sacerdote, sino que se la otorgó aquel que dice: Tú eres mi Hijo; te he dado vida hoy mismo. [6] Y en otro lugar se dijo: Tú eres sacerdote para siempre a semejanza de Melquisedec.  [7] En los días de su vida mortal, presentó ruegos y súplicas a aquel que podía salvarlo de la muerte; este fue su sacrificio, con grandes clamores y lágrimas, y fue escuchado por su religiosa sumisión. [8] Aunque era Hijo, aprendió en su pasión lo que es obedecer. [9] Y ahora, llegado a su perfección, es fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen, [10] conforme a la misión que recibió de Dios: sacerdote a semejanza de Melquisedec.  USTEDES DEBERÍAN SER MAESTROS   [11] A propósito de esto tendríamos muchas cosas que decir, pero nos cuesta exponerlas, porque se han vuelto lentos para comprender. [12] Ustedes deberían ser maestros después de tanto tiempo, y en cambio, necesitan que se les vuelvan a enseñar los primeros elementos de las enseñanzas de Dios. Necesitan leche y no alimento sólido. [13] El que se queda con la leche no entiende todavía el lenguaje de la vida en santidad, no es más que un niño pequeño. [14] A los adultos se les da el alimento sólido, pues han adquirido la sensibilidad interior y son capaces de distinguir lo bueno y lo malo.         

 

 

[7] Este fue su sacrificio, con grandes clamores y lágrimas. En la Biblia estos términos designan la oración ferviente de los hijos de Dios oprimidos; gritan tan fuerte al Señor que él los escucha. Y así, en la víspera de su muerte, Jesús se identificó con todos los que sufren y que no quieren morir. 

 

 

[11] Ustedes deberían ser maestros. Hay diferentes etapas en el desarrollo de la fe. No se puede volver a dar los primeros pasos. Formar parte de la Iglesia durante años, sin que progresen nuestra fe y nuestra experiencia de Dios, es envejecer y hacerse incapaz de progresar. 

 

 

 

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Heb. 6, 1 - 20

             [4] De todas maneras, es imposible renovar a los que ya fueron iluminados, que probaron el don sobrenatural y recibieron el Espíritu Santo, [5] y saborearon la maravillosa palabra de Dios con una experiencia del mundo futuro. [6] Si a pesar de todo esto recayeron, es imposible renovarlos por la penitencia cuando vuelven a crucificar por su cuenta al Hijo de Dios y se burlan de él. [7] Si una tierra absorve las lluvias que la riegan a su debido tiempo y produce pasto provechoso para quienes la cultivan, recibe la bendición de Dios; [8] pero la que produce zarzas y espinas pierde su valor; un poco más y la maldicen, y terminarán por prenderle fuego. Sigamos firmes en nuestra esperanza [9] Ustedes se encuentran en una situación mejor y tienen salvación; lo creemos, amadísimos, aun cuando hablemos de este modo. [10] Dios no es injusto para olvidar lo que han hecho y cómo han ayudado y todavía ayudan a los santos por amor de su Nombre. [11] Solamente deseamos que cada uno demuestre hasta el fin el mismo interés por alcanzar lo que han esperado. [12] No se vuelvan flojos, sino más bien imiten a aquellos que por su fe y constancia consiguieron al fin lo prometido. [13] Tomen el ejemplo de Abrahán. Dios le hizo una promesa que confirmó con juramento y, como no había nadie más grande que Dios por quien jurar, juró invocando su propio Nombre: [14] Te colmaré de bendiciones y te multiplicaré sin medida. [15] Y perseverando, Abrahán vio realizarse las promesas de Dios. [16] Los hombres juran por alguien mayor que ellos, y cuando algo es dudoso, el juramento pone fin a la discusión. [17] Por eso Dios también confirmó su promesa con un juramento, para demostrar a sus destinatarios que nunca cambiaría su decisión. [18] Tenemos, pues, promesa y juramento, dos cosas irrevocables en las que Dios no puede mentir y que nos dan plena seguridad cuando dejamos todo para aferrarnos a nuestra esperanza. [19] Esta es nuestra ancla espiritual, segura y firme, que se fijó más allá de la cortina del Templo, en el santuario mismo. [20] Allí entró Jesús para abrirnos el camino, hecho sumo sacerdote para siempre a semejanza de Melquisedec.     

 

 

[1] En pocas palabras (6,1-3) este párrafo nos recuerda las bases de la enseñanza cristiana en ese tiempo:Doctrina referente a los bautismos. Tal vez era una exposición de los diferentes caminos que se le ofrecían al hombre en busca de una religión. Había bautismos judíos, el bautismo de Juan y también el bautismo cristiano. Pero, a lo mejor, era también una instrucción sobre el bautismo y el don del Espíritu. Para nosotros ordinariamente las cosas son claras, ya que hay un bautismo y luego, en la confirmación, recibimos de un modo más especial los dones del Espíritu. Pero en esa época las cosas no eran tan evidentes y se hablaba fácilmente de varios bautismos, del bautismo de agua, del bautismo del Espíritu.La imposición de las manos. Era el nombre primitivo de la confirmación.Estas primeras lecciones ponen de relieve el carácter dramático de la vida humana: no hay más que dos caminos opuestos que acabarán en el juicio. Si alguien no se decide por el camino que lleva a Cristo, pierde su vida.A los que ya fueron iluminados (4). En la Iglesia primitiva el bautismo recibía a menudo el nombre de «iluminación». No sólo porque los catecúmenos habían sido instruidos en la fe, sino también porque esa fe acogida había renovado su percepción del mundo e incluso su personalidad. Por otra parte, el Señor concede a menudo una experiencia tangible de su presencia al que se bautiza después de haber entrado en un verdadero camino de conversión. Esta experiencia, que será evocada a través de figuras grandiosas en 12, 18-24, se puede dar también en los retiros espirituales.Que probaron el don sobrenatural. A propósito de este término, recordemos que hasta estos últimos siglos, todo el mundo creía que la tierra era el centro del universo. Para nuestros antepasados, el cielo formaba como una bóveda por encima de la tierra, y más allá de esa bóveda se encontraba el mundo celestial en que Dios residía.De este modo las cosas supracelestes eran también sobrenaturales, en el sentido actual de esta palabra, es decir, divinas. Nuestra traducción dice «sobrenatural» cuando en la carta se dice «supracelestial» (3,1; 8,5; 9,23; 11,16), porque se trata de realidades divinas cuya experiencia ya vivimos en la tierra.Un ancla que se fijó más allá de la cortina (9). En el Templo de Jerusalén, únicamente el sumo sacerdote entraba en el «santo de los santos» o lugar santísimo, separado de la sala anterior por una cortina. Es la imagen del cielo, del auténtico «santo de los santos», donde únicamente Jesús ha entrado. Pero mientras estamos al otro lado, nuestra esperanza está ya en el cielo; este ardiente deseo no es ilusión humana, sino que viene de Dios quien no nos puede engañar. Llegaremos pues con toda seguridad allí donde hemos puesto nuestra esperanza. 

 

 

 

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Heb. 7, 1 - 28

             MELQUISEDEC, FIGURA DE CRISTO   [1] Se sabe que Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abrahán cuando volvía de derrotar a los reyes; bendijo a Abrahán [2] y Abrahán le dio la décima parte de todo el botín. El nombre de Melquisedec significa «rey de justicia», y además era rey de Salem, o sea, «rey de paz». [3] No se mencionan ni su padre ni su madre; aparece sin antepasados. Tampoco se encuentra el principio ni el fin de su vida. Aquí tienen, pues, la figura del Hijo de Dios, el sacerdote que permanece para siempre. [4] ¡Imagínense quién puede ser este hombre al que nuestro antepasado Abrahán entrega la décima parte del botín! [5] Solamente los sacerdotes de la tribu de Leví están facultados por la Ley para cobrar el diezmo de manos del pueblo, es decir, de sus hermanos de la misma raza de Abrahán. [6] Y aquí Melquisedec, que no tiene nada que ver con los hijos de Leví, cobra de Abrahán el diezmo y después bendice a Abrahán, el hombre de las promesas de Dios; [7] pero no cabe duda que corresponde al superior bendecir al inferior. [8] En el primer caso, los hijos de Leví que cobran el diezmo son hombres que mueren; en cambio, Melquisedec es presentado como el que vive. [9] Además, por así decirlo, cuando Abrahán paga el diezmo, lo paga con él la familia de Leví, [10] pues de alguna manera Leví estaba en su abuelo Abrahán cuando Melquisedec le vino al encuentro. [11] Así, pues, si bien el sacerdocio de los levitas es el fundamento de las instituciones de Israel, no son capaces de llevar al pueblo a la religión perfecta. Si no, ¿qué necesidad habría de otro sacerdocio, no a semejanza de Aarón, sino a semejanza de Melquisedec? [12] Y si hay un cambio en el sacerdocio, necesariamente la Ley también ha de cambiar. [13] Jesús, al que se refiere todo esto, pertenecía a una tribu de la que nadie sirvió jamás al altar. [14] Pues es notorio que nuestro Señor salió de la tribu de Judá, de la que Moisés no habló cuando trató de los sacerdotes. [15] Todo esto se hace más claro si el sacerdote a semejanza de Melquisedec recibe su cargo [16] no por efecto de una ley humana, sino por el poder de la vida que no conoce ocaso. [17] Pues la Escritura dice: Tú eres sacerdote para siempre a semejanza de Melquisedec. [18] Con esto se cancela la disposición anterior, que resultó insuficiente e ineficaz, [19] pues la Ley no trajo nada definitivo, y al mismo tiempo se nos abre una esperanza mucho mejor: la de tener acceso a Dios. [20] Y aquí tenemos un juramento, lo que no se dio cuando los otros fueron hechos sacerdotes. [21] El fue confirmado con este juramento: El Señor lo ha jurado y no se vuelve atrás: Tú eres sacerdote para siempre. [22] Esta es la prueba de que Jesús viene con una alianza mucho mejor. [23] Los sacerdotes anteriores se sucedían el uno al otro porque, siendo mortales, no podían permanecer. [24] Jesús, en cambio, permanece para siempre y no se le quitará el sacerdocio. [25] Por eso es capaz de salvar de una vez a los que por su medio se acercan a Dios. El sigue viviendo e intercediendo en favor de ellos. [26] Así había de ser nuestro Sumo Sacerdote: santo, sin ningún defecto ni pecado, apartado del mundo de los pecadores y elevado por encima de los cielos. [27] A diferencia de los sumos sacerdotes, él no tiene necesidad de ofrecer diariamente sacrificios, primero por sus pecados, y luego por los del pueblo. Y para el pueblo no lo hizo sino una sola vez ofreciéndose a sí mismo. [28] Así, pues, todo es insuficiente en los sumos sacerdotes que la Ley establece, mientras que ahora, después de la Ley, Dios habla y pronuncia un juramento para establecer al Hijo eternamente perfecto.        

 

 

[1] Por tres veces el autor ha citado anteriormente el versículo del Salmo 110 en que se menciona a Melquisedec, y ahora nos va a interpretar lo que se dice de ese hombre legendario: toda esta historia profetiza una reforma radical del sacerdocio. No olvidemos que esta carta estaba dirigida a sacerdotes judíos, descendientes de Aarón; para ellos el sacerdocio se trasmitía de padres a hijos y pensaban que ese privilegio duraría para siempre. Pero el autor les dice que ya la misma Escritura anunció su reemplazo.Podemos sólo admirar la manera de cómo ese episodio de Melquisedec, que en la Biblia ocupa tan poco espacio (Gén 14,18 y Salmo 110,4), es aquí desmenuzado para probar con una lógica irrefutable que Cristo debía cambiar toda la religión de Israel. En la Introducción a esta carta dijimos que Apolo, un evangelizador de la Iglesia primitiva, era sin duda el autor. Sus dones de profeta son aquí evidentes.Al comienzo la Iglesia no tenía otra Biblia fuera del Antiguo Testamento. Ese libro sin embargo no parecía tener mucha relación con la obra de Jesús. La tarea de los profetas cristianos fue demostrar de qué manera la Biblia conducía a Cristo. No sólo refutaban los argumentos de los judíos, sino que además creaban, con la ayuda del Espíritu, la interpretación cristiana del Antiguo Testamento.Cuando los cristianos leen el Antiguo Testamento ahora, no pueden ya considerarlo como lo hacen los judíos, que ven en él su propia historia en la tierra de Palestina y que aguardan una forma de realizarse éste, que Jesús descartó. Para nosotros la verdad del Antiguo Testamento tiene su clave en la persona de Jesús; sin él el libro ya no se identifica con el mensaje de Dios.Melquisedec está realmente en la Biblia, pero ¿cómo llegó a ella? En realidad los textos que lo mencionan son tardíos, y es casi seguro que fueron escritos un siglo y medio antes de Jesús para servir a la causa de los Macabeos. No se les perdonaba a aquellos gobernantes que hubieran usurpado el cargo de sumos sacerdotes, siendo como eran de una familia sacerdotal ordinaria. La historia de Melquisedec quería justificar a un soberano que, como él, era rey y sacerdote a la vez. Aquí, pues, tenemos textos escritos para justificar una dictadura; pero de hecho, y no sabemos cómo, han aterrizado en la Biblia y han sido recibidos como palabra de Dios; y luego la Carta a los Hebreos descubre en ellos aquello para lo cual no habían sido pensados: ¡esta es una de las ironías de la Palabra de Dios! 

 

 

 

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Heb. 8, 1 - 13

             UN NUEVO SANTUARIO Y UNA NUEVA ALIANZA   [1] Tratemos de resumir lo que hemos dicho: tenemos un Sumo Sacerdote que está sentado a la derecha del Dios de Majestad en los cielos; [2] él está a cargo del santuario y de la tienda verdadera, levantada no por hombres, sino por el Señor. [3] Todo sumo sacerdote es instituido para presentar a Dios ofrendas y sacrificios y, por tanto, Jesús tiene que ofrecer algún sacrificio. [4] Si se hubiera quedado en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, puesto que son otros, designados por la Ley, que ofrecen los sacrificios. [5] Su liturgia, en realidad, no es sino una figura y una sombra de las cosas sobrenaturales, como lo indica la palabra de Dios a Moisés cuando estaba para construir el Santuario. Le dijo: Mira, harás todo conforme el modelo que se te mostró en el cerro. [6] Pero ahora Jesús celebra una liturgia tanto superior cuanto es mediador de una alianza mucho mejor y que promete mejores beneficios. [7] Si la primera alianza no mereciera críticas, no habría que buscar otra. [8] Pero Dios mismo la critica cuando dice: Vienen días, palabra del Señor, en que pactaré una alianza nueva con la casa de Israel y de Judá. [9] No será como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos del país de Egipto. Ellos no permanecieron fieles a mi alianza, por lo cual yo también los descuidé, dice el Señor. [10] Esta es la alianza que pactaré con la raza de Israel en esos tiempos que han de venir, palabra del Señor: Pondré mis leyes en su mente y las grabaré en su corazón, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. [11] Nadie tendrá ya que enseñar a su compatriota o a su hermano diciéndoles: «Conoce al Señor», porque todos me conocerán, desde el más chico al más grande. [12] Yo perdonaré sus maldades y no volveré a acordarme de sus pecados. [13] Se nos habla de una alianza nueva, lo que significa que la primera ha quedado anticuada, y lo que es anticuado y viejo está a punto de desaparecer.           

 

 

[1] En el pueblo de Israel, la institución de los sacerdotes -y en especial del sumo sacerdote- estaba de tal manera ligada a la alianza de Dios con su pueblo que no se podía cuestionar a los sacerdotes sin hacer otro tanto con la misma alianza de Dios con Israel. Y nadie se hubiera atrevido a hacerlo. Sin embargo, el autor cita un texto capital de Jeremías que anuncia una nueva alianza con su pueblo. Cuando hablamos de «alianza», hablamos de la manera como Dios nos trata y de la manera como nosotros lo tratamos. Y precisamente Jeremías había dicho que Dios se daría a conocer a los creyentes de una manera personal: ya no sería para ellos una obligación amarle porque lo tendrán presente en todo momento. Si bien se conocían estas palabras de Jeremías, se les prestaba poca atención; ¿no habría tal vez hablado para más tarde, para mucho más tarde? Pero aquí el autor dice: Con Jesús tenemos esta nueva alianza.Jesús tiene que ofrecer algún sacrificio. El párrafo 1-5 atrae nuestra atención sobre el sacerdocio que Cristo ejerce ahora en el mundo de Dios. ¿Qué relación tiene este sacerdocio con las eucaristías que celebramos cada día o cada domingo?En 1 Cor 11,23-26, Pablo une estrechamente las eucaristías de hoy con la muerte de Jesús, que aparece verdaderamente como «el» sacrificio. De ese modo él mismo da la orientación que ha prevalecido en toda la Iglesia de Occidente: para nosotros la misa está ligada principalmente al crucifijo que está sobre el altar. Aquí, en cambio, somos invitados a mirar hacia ese «culto celestial» que Cristo celebra en la gloria, donde se junta el mundo de la eternidad con todos los elegidos reunidos en Dios, con el mundo del tiempo en que las generaciones se van sucediendo. El Apocalipsis de Juan nos invitará también a mirar hacia esa liturgia celestial, y ese es el pensamiento que orienta la liturgia de la Iglesia oriental. No se trata de oponer, sino más bien de descubrir las múltiples riquezas de la fe.Jesús celebra una liturgia muy superior. (6) Nuestro servicio litúrgico en la tierra es glorioso en la medida en que tratemos de asociarnos a la perfecta alabanza de Dios en su «cielo». Aquella celebración es el sol de nuestra semana, pero, salvo el caso de un carisma especial, no es lo esencial de la vida cristiana en la tierra. Aquí abajo debemos seguir los pasos de Jesús, que no envidió a los sacerdotes de su tiempo, sino que desgastó sus fuerzas y murió para reconciliar a los hombres entre sí y a éstos con Dios. Su bautismo fue una muerte real, y lo mismo su eucaristía; su vida real fue mucho más allá de una bella liturgia en la que nadie ciertamente arriesga su vida. 

 

 

 

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Heb. 9, 1 - 28

             EL TEMPLO DE JERUSALÉN   [1] La primera alianza tenía una liturgia y un santuario como los hay en este mundo. [2] Una primera habitación fue destinada para el candelabro y la mesa con los panes ofrecidos; esta parte se llama el Lugar Santo. [3] A continuación, detrás de la segunda cortina, hay otra habitación, llamada el Lugar Santísimo, [4] donde está el altar de oro de los perfumes y el arca de la alianza, enteramente cubierta de oro. El arca contenía un vaso de oro con el maná, la vara de Aarón que había florecido y las tablas de la Ley. [5] Por encima el arca están los querubines de la Gloria, cubriendo con sus alas el Lugar del Perdón. Pero no cabe aquí describirlo todo con más detalles. [6] Estando todo dispuesto de esta manera, los sacerdotes entran en todo tiempo en la primera habitación para cumplir su ministerio; [7] pero en la segunda tan sólo entra el sumo sacerdote una sola vez al año, y nunca sin la sangre que va a ofrecer por sus extravíos y por los del pueblo. [8] De este modo el Espíritu nos enseña que mientras esté en pie la primera habitación, el camino que lleva al Santuario no está abierto. [9] Todo eso contiene una enseñanza para el tiempo presente: las ofrendas y sacrificios que se presentan a Dios no pueden llevar a la perfección interior a quienes los ofrecen. [10] Estos alimentos, bebidas y diferentes clases de purificación por el agua son ritos de hombres, y solamente valen hasta el tiempo de la reforma.Cristo entró llevando su propia sangre [11] Cristo vino como el sumo sacerdote que nos consigue los nuevos dones de Dios, y entró en un santuario más noble y más perfecto, no hecho por hombres, es decir, que no es algo creado. [12] Y no fue la sangre de chivos o de novillos la que le abrió el santuario, sino su propia sangre, cuando consiguió de una sola vez la liberación definitiva. [13] La sangre de chivos y de toros y la ceniza de ternera, con la que se rocía a los que tienen alguna culpa, les dan tal vez una santidad y pureza externa, [14] pero con toda seguridad la sangre de Cristo, que se ofreció a Dios por el Espíritu eterno como víctima sin mancha, purificará nuestra conciencia de las obras de muerte, para que sirvamos al Dios vivo. [15] Por eso Cristo es el mediador de un nuevo testamento o alianza. Por su muerte fueron redimidas las faltas cometidas bajo el régimen de la primera alianza, y desde entonces la promesa se cumple en los que Dios llame para la herencia eterna. [16] Cuando hay un testamento, se debe esperar a la muerte del testador. [17] El testamento no tiene fuerza mientras vive el testador, y la muerte es necesaria para darle validez. [18] Por eso se derramó sangre al iniciarse el antiguo testamento. [19] Cuando Moisés terminó de proclamar ante el pueblo todas las ordenanzas de la Ley, tomó sangre de terneros y de chivos, la mezcló con agua, lana roja e hisopo y roció el propio libro del testamento y al pueblo, diciendo: [20] Esta es la sangre del testamento que pactó Dios con ustedes. [21] Roció asimismo con sangre el santuario y todos los objetos del culto. [22] Además, según la Ley, la purificación de casi todo se ha de hacer con sangre, y sin derramamiento de sangre no se quita el pecado. [23] Tal vez fuera necesario purificar aquellas cosas que sólo son figuras de las realidades sobrenaturales; pero esas mismas realidades necesitan sacrificios más excelentes. [24] Pues ahora no se trata de un santuario hecho por hombres, figura del santuario auténtico, sino que Cristo entró en el propio cielo, donde está ahora ante Dios en favor nuestro. [25] El no tuvo que sacrificarse repetidas veces, a diferencia del sumo sacerdote que vuelve todos los años con una sangre que no es la suya; [26] de otro modo hubiera tenido que padecer muchísimas veces desde la creación del mundo. De hecho se manifestó una sola vez, al fin de los tiempos, para abolir el pecado con su sacrificio. [27] Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio; [28] de la misma manera Cristo se sacrificó una sola vez para quitar los pecados de una multitud. La segunda vez se manifestará a todos aquellos que lo esperan como a su salvador, pero ya no será por causa del pecado.       

 

 

[1] El capítulo 8 ha establecido que Jesús reemplaza a los sacerdotes del pueblo de Dios y que su «sacerdocio» ha cambiado nuestra relación con Dios. El capítulo 9 compara el culto celebrado en el templo de Jerusalén con el nuevo culto celebrado por Cristo sacerdote.El sacrificio ofrecido por Cristo no fue, como los antiguos sacrificios, para apaciguar la cólera de Dios. Su muerte fue su testimonio final y su manera de sembrar entre los hombres lo que éstos no habían querido recibir; fue dando este testimonio cómo él se entregó en manos de su Padre.Sabiendo quién fue el autor de esta carta y a quiénes iba dirigida, comprendemos que quiera establecer una relación entre la sangre de Jesús y la de las víctimas ofrecidas en el Templo, pues para ellos estas cosas eran muy importantes. Pero hoy en día tenemos derecho a ligar la sangre y la muerte de Cristo con la muerte de todos esos inocentes que son asesinados a causa de su testimonio por la verdad, como fue el caso de Jesús (Mt 23,35): su sangre también es sagrada (Ap 6,9).

 

EL SACERDOTE UNICO Y LOS «SACERDOTES»

Jesús es el único sacerdote, y sin embargo, hablamos de sacerdotes en la Iglesia. Debemos tener las cosas claras al respecto, sobre todo al considerar que casi en todo el mundo el sacerdocio está en crisis. Existía en latín una palabra que designaba tanto a los grupos de sacerdotes al servicio de los dioses romanos como a los sacerdotes del pueblo judío, y ésta era «sacerdos». Solamente Cristo era "sacerdos" y la Iglesia no tenías más que "presbíteros", es decir, ancianos, el mismo título que los judíos utilizaban para los responsables de sus comunidades.Ahora bien, hoy en día, en vez de presbítero se usa el término sacerdote, y esta palabra ha retomado el sentido del antiguo "sacerdos" que se había dejado de lado...Esto no ha sido por casualidad. Desde el siglo cuarto la Iglesia comenzó a usar por su cuenta este término de sacerdos, el hombre de lo sagrado y el hombre consagrado. En un primer tiempo lo aplicaba sólo a los obispos. ¿A qué se debió esta vuelta al pasado? Por una parte, los tiempos habían cambiado: se había pasado de una Iglesia de las catacumbas a un cristianismo reconocido por las autoridades, con "pueblos cristianos" dirigidos por un clero organizado (véase el comentario a Números 4).Pero había razones más profundas. Se sabía que la Iglesia no es una sociedad humana y que su organización debe reflejar el mismo orden que hay en Dios. Los obispos debían, pues, encarnar las autoridad de los apóstoles elegidos por Jesús. Ellos, a su vez, eran los testigos oficiales de Cristo y guiaban a la Iglesia sin tener que plegarse a la voluntad de la mayoría; en esto mantenían en la Iglesia el principio de la paternidad (véase comentario a Ef 3,14). Además, la Iglesia consideraba la ordenación de los presbíteros y obispos como un sacramento: no eran funcionarios que asumían un servicio por un tiempo y por una parte de su vida, conservando para sí mismos la otra parte de su vida, como podría darlo a entender el término "ministros". Su responsabilidad en la Iglesia era inseparable de una dedicación y de una consagración definitiva de su persona a Cristo.Los ministros, sucesores de los apóstoles eran, pues, sacerdotes en cierto sentido; pero era difícil que se juntaran armoniosamente términos tan opuestos entre sí. Debían ejercer una autoridad espiritual y no aceptar que ésta se destacara por marcas exteriores, las que ni Jesús ni sus apóstoles habían aceptado. Debían estar atentos para que su autoridad reconocida no sirviera a nuestra aspiración innata de tener la última palabra, o de distinguirnos de los demás, o de tenerlos a nuestro servicio. Tenían que ser maestros de la fe, pero no decidir por los demás; ser entrenadores, pero no los intermediarios obligados entre Dios y los bautizados. Todo eso sería como pedir algo imposible, si no fuera mediante la imitación de Cristo sacerdote: la renuncia a sí mismo hasta la muerte.Estos capítulos ponen ante nuestros ojos lo que ha sido el único sacerdote, tan lejos de las liturgias de la tierra. Por lo mismo nos ayudan a reconocer el sacerdocio de Cristo en todos los bautizados que "no celebran la misa", en la medida en que se comprometen con la vida de la Iglesia, ya sea en el apostolado, la predicación, el servicio al prójimo, o sencillamente en una vida silenciosa o en el sufrimiento. 

 

 

 

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Heb. 10, 1 - 39

             EL ANTIGUO TESTAMENTO CONTIENE LAS FIGURAS DEL NUEVO   [1] La religión de la Ley tiene una sombra de los bienes por venir, pero no la verdadera figura de las cosas. Por eso no puede llevar a la perfección mediante los sacrificios a los que vuelven a ofrecerlos año tras año. [2] De otro modo quedarían puros de una vez gracias a su culto; ya no se sentirían culpables de ningún pecado y dejarían de ofrecer sus sacrificios. [3] Pero no, cada año estos sacrificios recuerdan sus pecados; [4] es que la sangre de los toros y de los chivos no tiene valor para quitar los pecados. [5] Por eso, al entrar Cristo en el mundo dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, sino que me formaste un cuerpo. [6] No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado, [7] entonces dije: Aquí estoy yo, oh Dios, como en un capítulo del libro está escrito de mí, para hacer tu voluntad. [8] Comienza por decir: No quisiste sacrificios ni ofrendas, ni te agradaron holocaustos o sacrificios por el pecado. Y sin embargo esto es lo que pedía la Ley. [9] Entonces sigue: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Con esto anula el primer orden de las cosas para establecer el segundo. [10] Esta voluntad de Dios, de que habla, es que seamos santificados por la ofrenda única del cuerpo de Cristo Jesús. [11] Los sacerdotes están de servicio diariamente para cumplir su oficio, ofreciendo repetidas veces los mismos sacrificios, que nunca tienen el poder de quitar los pecados. [12] Cristo, por el contrario, ofreció por los pecados un único y definitivo sacrificio y se sentó a la derecha de Dios, [13] esperando solamente que Dios ponga a sus enemigos debajo de sus pies. [14] Su única ofrenda lleva a la perfección definitiva a los que santifica. [15] Nos lo declara el Espíritu Santo. Después de decir: [16] Esta es la alianza que pactaré con ellos en los tiempos que han de venir, el Señor añade: Pondré mis leyes en su corazón y las grabaré en su mente. [17] No volveré a acordarme de sus errores ni de sus pecados. [18] Pues bien, si los pecados han sido perdonados, ya no hay sacrificios por el pecado.  SIGAMOS FIRMES EN LA FE   [19] Así, pues, hermanos, no podemos dudar de que entraremos en el Santuario, en virtud de la sangre de Jesús; [20] él nos abrió ese camino nuevo y vivo a través de la cortina, es decir, su carne. [21] Teniendo un sacerdote excepcional a cargo de la casa de Dios, [22] acerquémonos con corazón sincero, con fe plena, limpios interiormente de todo lo que mancha la conciencia, y con el cuerpo lavado con agua pura. [23] Sigamos profesando nuestra esperanza sin que nada nos pueda conmover, ya que es digno de confianza aquel que se comprometió. [24] Tratemos de superarnos el uno al otro en la forma de amar y hacer el bien. [25] No abandonen las asambleas, como algunos acostumbran hacer, sino más bien anímense unos a otros, tanto más cuanto ven que se acerca el día. [26] Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, no puede haber ya sacrificio por el pecado; [27] solamente queda la perspectiva tremenda del juicio y del fuego que devorará a los rebeldes. [28] No hay misericordia para el que desprecia la Ley de Moisés: es condenado a muerte por el testimonio de dos o tres personas. [29] ¿Qué pasará entonces con el que pisoteó al Hijo de Dios? ¿Qué castigo merecerá, según ustedes, el que ha profanado la sangre de la alianza con la cual fue santificado y ha insultado al Espíritu, don de Dios? [30] Conocemos al que dijo: A mí me corresponde la venganza, daré a cada cual su merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo. [31] Es espantoso caer en las manos del Dios vivo. [32] Recuerden aquellos primeros tiempos, poco después de haber sido iluminados, en que tuvieron que soportar un duro y doloroso combate. [33] Fueron expuestos públicamente a humillaciones y pruebas, tuvieron que participar del sufrimiento de otros que fueron tratados de esta manera. [34] Sufrieron con los que iban a la cárcel, les quitaron sus bienes, y lo aceptaron gozosos, sabiendo que les esperaba una riqueza mejor y más duradera. [35] Por eso no pierdan ahora su resolución, que tendrá una recompensa grande. [36] Es necesario que sean constantes en hacer la voluntad de Dios, para que consigan su promesa. [37] Acuérdense: dentro de poco, muy poquito tiempo, el que ha de venir llegará; no tardará. [38] Mi justo, si cree, vivirá; pero si desconfía, ya no lo miraré con amor. [39] Nosotros no somos de los que se retiran y pierden, sino que somos hombres de fe que salvan sus almas.    

 

 

[1] Toda la insistencia en estos párrafos (10,1-18) estará puesta en el paso de una religión en que todo tiene que ser siempre recomenzado, a un nuevo estado en el que se está en lo definitivo. Este es un aspecto de la fe cristiana que no es fácil de aceptar. ¿Somos los creyentes en Cristo los únicos que viven en lo definitivo, mientras tantas otras religiones pretenden estar en la verdad? ¿Estamos en lo definitivo cuando todos los días volvemos a cometer las mismas faltas? ¿Estamos en lo definitivo cuando el testimonio cristiano en el mundo está tan lejos de convencer? Nadie podría responder a todas esas dudas; sólo acabaremos con ellas cuando personalmente entremos en lo profundo de la experiencia cristiana.De otro modo quedarían puros de una vez (2). Si se multiplicaban los sacrificios por el perdón, esto demuestra que ninguno los liberaba del pecado. Pero nosotros, ¿no recibimos también muchas veces el sacramento del perdón? ¿Cómo, pues, afirmamos que el sacrificio de Cristo nos ha liberado?Hay que decir que todos los sacramentos que recibimos -y también el perdón recibido en la Iglesia- no son más que la aplicación en el momento presente de lo que ya se hizo de una vez para siempre. Para el bautizado no hay ningún rito, compromiso, nuevo bautismo (bautismo con agua, bautismo «del Espíritu»...) que pueda darle lo que todavía no tuviera: todo lo tiene en Jesús. Juan no vacila en decir que el que está en Cristo no peca (1 Jn 3,6); no comete el pecado que conduce a la muerte (1 Jn 5,17). Solamente los pecados que producen una ruptura total con Cristo y con nuestros compromisos, -lo que sería echar al tacho nuestro ideal-, son los que nos hacen volver a nuestra antigua situación de muerte. No vayamos pues a pensar que un cristiano pasa continuamente del pecado mortal a la gracia. 

 

 

[19] Los párrafos de los vers. 19-39 sacan la conclusión de cuanto se acaba de decir: si hemos entrado en lo definitivo, cuidado con el verdadero pecado que sería perder la esperanza. El verdadero pecado es perder el gusto de aquello que ya hemos probado; el único remedio es avanzar. Acordémonos de las palabras de San Gregorio: Uno desea los contentos de este mundo mientras no los tiene, y cuando los tiene se cansa de ellos; no se desean las alegrías espirituales hasta que uno no las tenga, pero cuanto más las tiene, más las desea.No abandonen sus asambleas (25). Nuestra esperanza es muy débil y por eso hallamos motivos para faltar a la celebración dominical o a las asambleas de la comunidad a la que pertenecemos. Si eso se generaliza, la comunidad cristiana se desintegra. No somos ángeles, y ¿cómo, pues, vamos a vivir de Cristo si no tenemos comunidad? Sin ella, por más que participemos en actividades comunitarias de todo tipo, nos faltará lo esencial para ser entre los que no han entrado, testigos de lo que no conocen.Dentro de poco, muy poquito tiempo (37). La cita es de Habacuc 2,3; el juicio de Dios está cerca. Tal vez el autor de la carta quiso aludir a la crisis que pronto iba a destruir a la nación judía. 

 

 

 

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Heb. 11, 1 - 40

             RECORDEMOS A LOS HÉROES DE LA FE   [1] La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver. [2] Esto mismo es lo que recordamos en nuestros antepasados. [3] Por la fe creemos que las etapas de la creación fueron dispuestas por la palabra de Dios y entendemos que el mundo visible tiene su origen en lo que no se palpa. [4] Por la fe de Abel, su sacrificio fue mejor que el de su hermano Caín. Por eso fue considerado justo, como Dios lo dio a entender aprobando sus ofrendas. Y aun después de muerto, por su fe sigue clamando. [5] Por su fe también Henoc fue trasladado al cielo en vez de morir, y los hombres no volvieron a verlo, porque Dios se lo había llevado. Antes de que fuera arrebatado al cielo, se nos dice que había agradado a Dios; [6] pero sin la fe es imposible agradarle, pues nadie se acerca a Dios si antes no cree que existe y que recompensa a los que lo buscan. [7] Por la fe Noé escuchó el anuncio de acontecimientos que no se podían anticipar; y construyó el arca en que iba a salvarse con su familia. La fe de Noé condenaba a sus contemporáneos, y por ella alcanzó la verdadera rectitud, fruto de la fe. [8] Por la fe Abrahán, llamado por Dios, obedeció la orden de salir para un país que recibiría en herencia, y partió sin saber adónde iba. [9] La fe hizo que se quedara en la tierra prometida, que todavía no era suya. Allí vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, a los que beneficiaba la misma promesa. [10] Pues esperaban la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. [11] Por la fe pudo tener un hijo a pesar de su avanzada edad y de que Sara era también estéril, pues tuvo confianza en el que se lo prometía. [12] Por eso de este hombre únicamente, ya casi impotente, nacieron descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo, e innumerables como los granos de arena de las orillas del mar. [13] Todos murieron como creyentes. No habían conseguido lo prometido, pero lo habían visto de lejos y contemplado con gusto, reconociendo que eran extraños y peregrinos en la tierra. [14] Los que así hablan, hacen ver claramente que van en busca de una patria; [15] pues si hubieran añorado la tierra de la que habían salido, tenían la oportunidad de volver a ella. [16] Pero no, aspiraban a una patria mejor, es decir, a la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de ellos ni de llamarse su Dios, pues él les preparó la ciudad. [17] Por la fe Abrahán fue a sacrificar a Isaac cuando Dios quiso ponerlo a prueba; estaba ofreciendo al hijo único que debía heredar la promesa, [18] y Dios le había dicho: Por Isaac tendrás descendientes que llevarán tu nombre. [19] Abrahán pensó seguramente: Dios es capaz de resucitar a los muertos. Por eso recobró a su hijo, lo que tiene un sentido para nosotros. [20] Por la fe también Isaac dio a Jacob y a Esaú las bendiciones que decidían el porvenir. [21] Por la fe Jacob, moribundo, dio bendiciones diferentes a los hijos de José y se inclinó apoyándose en su bastón. [22] Por la fe José, próximo a su fin, recordó que los hijos de Israel saldrían de Egipto y dio órdenes referentes a sus propios restos. [23] Por la fe los padres del recién nacido Moisés lo escondieron durante tres meses, pues vieron que el niño era muy hermoso, y no temieron el decreto del rey. [24] Por la fe Moisés, ya crecido, se negó a ser llamado hijo de una hija del faraón, [25] y quiso compartir, no el goce pasajero del pecado, sino los malos tratos del pueblo de Dios. [26] Se fijó en que Dios retribuiría a cada uno, y consideró que ser humillado con Cristo tenía más valor que todas las riquezas de Egipto. [27] Por la fe abandonó Egipto sin temor al enojo del rey, porque se fijaba en otro enojo, pero invisible. [28] Por la fe celebró la Pascua y rociaron con sangre las puertas para que el exterminador no diera muerte a sus hijos primogénitos. [29] Por la fe atravesaron el mar Rojo como si fuera tierra seca, mientras que los egipcios trataron de pasarlo y se ahogaron. [30] Por la fe cayeron los muros de Jericó, después de dar la vuelta a su alrededor durante siete días. [31] Por su fe la prostituta Rahab dio buena acogida a los espías y escapó a la muerte de los incrédulos. [32] ¿Qué más diré? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, lo mismo que de Samuel y de los profetas. [33] Ellos, gracias a la fe, sometieron a otras naciones, impusieron la justicia, vieron realizarse promesas de Dios, cerraron bocas de leones, [34] apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sanaron de enfermedades, se mostraron valientes en la guerra y rechazaron a los invasores extranjeros. [35] Hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos; pero también hubo otros que, en vista de una resurrección mejor, se negaron a hacer el gesto que les habría salvado la vida: me refiero a los torturados. [36] Otros sufrieron la prueba de las cadenas y de la cárcel. [37] Fueron apedreados, torturados, aserrados, murieron a espada, anduvieron errantes de una parte para otra, sin otro vestido que pieles de corderos y de cabras, faltos de todo, oprimidos, maltratados. [38] Esos hombres, de los cuales no era digno el mundo, tenían que vagar por los desiertos y las montañas, y refugiarse en cuevas y escondites. [39] Todos éstos merecieron que se recordara su fe, pero no por eso consiguieron el objeto de la promesa. [40] Es que Dios veía más lejos y pensaba en nosotros, y no debían llegar al término antes que nosotros.    

 

 

[1] Las dudas se apoderan de quien se aísla. ¿Por qué no mirar a los que nos han precedido, no a uno o a otro, sino a toda esa masa de testimonios? Todo no puede ser ilusión.La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver. Los ejemplos escogidos demuestran que la fe no puede quedar a un nivel de convicciones íntimas. Lo importante es actuar según la fe y tomar decisiones inspiradas en la fe. Este capítulo presenta una lista de ejemplos bíblicos de hombres y de mujeres que lo arriesgaron todo por la fe. Sin la fe no comprendemos la obediencia de Abrahán y su confianza en Dios contra toda esperanza ni tampoco a Moisés que abandona un porvenir cómodo por la tarea imposible de conducir a un pueblo rebelde. Su fe lo hizo actuar en el presente como si viera lo invisible (27).No es tan sencillo decir lo que la fe cree, lo que espera y lo que desea, y los ejemplos aportados muestran cuántas actitudes muy diferentes pueden ser frutos de la fe. Henoc buscó a Dios; Noé preparó el porvenir del mundo en vísperas de una catástrofe; unos vivieron en la tierra sin tratar de instalarse en ella; otros dieron su vida por defender una patria terrena. Pero siempre existía la certeza de que Dios quería hacer algo con ellos, y sus vidas serían fecundas de la manera que fuese. Se notará el contraste en el versículo 35: algunos gracias a la fe, obtuvieron de Dios la resurrección de un hijo muerto (1 Re 17,23); pero otros tuvieron fe para elegir en este mundo la tortura y la muerte, para así tener derecho -más tarde- a una resurrección.Esta selección de héroes de la fe pone en primer lugar a jefes, a hombres valientes que quisieron liberar y servir a su pueblo. Al hacer esto ellos estaban, tal vez inconscientemente, en busca de la verdadera patria. ¡Cuántas personas hoy día, tal vez mal creyentes y no pertenecientes a ninguna Iglesia, están efectivamente en el camino de la ciudad de Dios cuando se sacrifican por el porvenir del mundo! Estos son los Hebreos del mundo moderno y Dios no se avergüenza de llamarse su Dios (16). Estos héroes de la fe murieron sin haber visto lo que Dios prometía, muchos dieron la impresión de haber fracasado, pero sus sucesores pudieron comprobar que fueron los actores de la historia. El autor se dirige a cristianos y les dice: salvaremos nuestras almas. Esto significa que realizaremos plenamente todo lo que está en nosotros, y alcanzaremos lo que Dios nos ha reservado en su eternidad. 

 

 

 

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Heb. 12, 1 - 29

             ACEPTEN LA CORRECCIÓN DEL SEÑOR   [1] Innumerables son estos testigos, y nos envuelven como una nube. Depongamos, pues, toda carga inútil, y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera. [2] Levantemos la mirada hacia Jesús, que dirige esta competición de la fe y la lleva a su término. El escogió la cruz en vez de la felicidad que se le ofrecía; no tuvo miedo a la humillación y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. [3] Piensen en Jesús, que sufrió tantas contradicciones de parte de gente mala, y no les faltarán las fuerzas ni el ánimo. [4] Ustedes se enfrentan con el mal, pero todavía no han tenido que resistir hasta la sangre. [5] Tal vez hayan olvidado la palabra de consuelo que la sabiduría les dirige como a hijos: Hijo, no te pongas triste porque el Señor te corrige, no te desanimes cuando te reprenda; [6] pues el Señor corrige al que ama y castiga al que recibe como hijo. [7] Ustedes sufren, pero es para su bien, y Dios los trata como a hijos: ¿a qué hijo no lo corrige su padre? [8] Si no conocieran la corrección, que ha sido la suerte de todos, serían bastardos y no hijos. [9] Además, cuando nuestros padres según la carne nos corregían, los respetábamos. ¿No deberíamos someternos con mayor razón al Padre de los espíritus para tener vida? [10] Nuestros padres nos corregían sin ver más allá de la vida presente, tan corta, mientras que El mira a lo que nos ayudará a alcanzar su propia santidad. [11] Ninguna corrección nos alegra en el momento, más bien duele; pero con el tiempo, si nos dejamos instruir, traerá frutos de paz y de santidad. [12] Por lo tanto, levanten las manos caídas y fortalezcan las rodillas que tiemblan, [13] enderecen los caminos tortuosos por donde han de pasar, para que el cojo no se pierda y más bien se mejore.  PROGRESEN EN LA SANTIDAD   [14] Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor. [15] Cuídense, no sea que alguno de ustedes pierda la gracia de Dios y alguna raíz amarga produzca brotes, perjudicando a muchos. [16] Que no haya ningún inmoral, impío como Esaú, que por un guiso entregó sus derechos sagrados de hijo mayor. [17] Ustedes saben que después, cuando quiso obtener la bendición, fue rechazado y no pudo cambiar la decisión, aunque lo pidió con lágrimas. [18] Recuerden su iniciación. No hubo aquel fuego físico que ardía junto a la nube oscura y la tempestad, [19] con el sonido de trompetas y una voz tan potente que los hijos de Israel suplicaron que no se les hablara más. [20] De este modo acataron aquella orden de no acercarse: Quien toque el monte, aunque sea un animal, deberá ser apedreado. [21] Lo que se veía era tan terrible que Moisés dijo: Estoy temblando de miedo. [22] Ustedes, en cambio, se han acercado al cerro de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial con sus innumerables ángeles, [23] a la asamblea en fiesta de los primeros ciudadanos del cielo; a Dios, juez universal, al que rodean los espíritus de los justos que ya alcanzaron su perfección; [24] a Jesús, el mediador de la nueva alianza, llevando la sangre que purifica y que clama a Dios con más fuerza que la sangre de Abel. [25] Cuidado, pues, de hacerse los sordos con el que habla. Pues si no se salvaron en aquel tiempo los que desoyeron las palabras del profeta en la tierra, menos todavía nosotros si nos desentendemos del que habla desde los cielos. [26] Su voz conmovió entonces la tierra, pero ahora se nos da este aviso: Esta última vez haré temblar no sólo la tierra sino también el cielo. [27] Las palabras esta última vez indican que serán cambiadas las cosas que pueden ser conmovidas, es decir, las creadas, y sólo permanecerán las que no se conmueven. [28] Por eso, si hemos recibido el reino que no se puede conmover, conservemos esta gracia y sirvamos a Dios cómo él desea, con amor y de verdad, [29] pues nuestro Dios es fuego devorador.  

 

 

[1] Tres consideraciones para permanecer firmes en la prueba:- Pensar en Jesús y en sus sufrimientos.- Pensar en la comunión de los santos.- Pensar que la prueba nos viene del Padre.Al Padre de los espíritus (9). En Números 16,22, Moisés ora al «Dios de los espíritus de todos los hombres». Con esto recuerda que Dios conoce a los hombres en profundidad, y por tanto conoce su miseria; no puede castigarlos con demasiada severidad. 

 

 

[14] Después de esta larga invitación a vivir de la fe, el autor parece que quisiera pasar a cosas más prácticas (vs. 14-15), pero inmediatamente vuelve a ensalzar el don excepcional que es la fe en Cristo. Recuerda a sus lectores la experiencia que han vivido cuando fueron bautizados y recibieron los dones del Espíritu.Ustedes se han acercado al cerro de Sión (22). Esa montaña, sobre la que estaba construida Jerusalén, era para los judíos la imagen de la ciudad celestial. Pero justamente en el momento de su bautismo los creyentes han vivido en diferentes grados una experiencia auténticamente «celestial». Y la han vivido en un contexto comunitario en el que han tomado conciencia de lo que es la Iglesia santa. Han entrado en la familia de Dios, de los santos y de los ángeles. Tal vez supieron algo de ese centro misterioso en el que se decide el destino del mundo y donde se encuentra Jesús en persona. No habrá que olvidar, más tarde, las experiencias que se vivieron en tiempos de luz. 

 

 

 

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Heb. 13, 1 - 25

             DIVERSOS CONSEJOS   [1] Manténgase el amor fraterno. [2] No dejen de practicar la hospitalidad, pues saben que algunos dieron alojamiento a ángeles sin saberlo. [3] Acuérdense de los presos como si estuvieran con ellos en la cárcel, y de los que sufren, pues ustedes también tienen cuerpo. [4] Que todos respeten el matrimonio y ninguno manche la unión conyugal. Dios castigará a los licenciosos y a los que cometen adulterio. [5] No corran tras el dinero, sino más bien confórmense con lo que tienen, pues Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré. [6] Y nosotros hemos de responder confiados: El Señor es mi socorro, no temeré. ¿Qué pueden hacerme los hombres? [7] Acuérdense de sus dirigentes que les enseñaron la palabra de Dios; miren cómo dejaron esta vida e imiten su fe. [8] Cristo Jesús permanece hoy como ayer y por la eternidad. [9] No se dejen engañar por las novedades y las doctrinas extrañas a la fe. La gracia de Dios es un buen medio para fortalecer la vida interior; no cuenten con otros alimentos de los que nadie sacó provecho. [10] Nosotros tenemos una mesa sagrada en la cual no pueden sentarse los que todavía sirven en el Templo. [11] Y fíjense: después de que el sumo sacerdote ha llevado al Santuario la sangre que ofrece por el pecado, los cuerpos de las víctimas son quemados fuera del recinto sagrado. [12] Por eso mismo también Jesús salió de la ciudad santa para sufrir su pasión y purificar al pueblo con su propia sangre. [13] Salgamos, pues, del recinto sagrado para ir a su encuentro, y carguemos con su misma humillación, [14] sabiendo que no tenemos aquí una patria permanente, sino que andamos en busca de la futura. [15] Ofrezcamos a Dios en todo tiempo, por medio de Jesús, el sacrificio de alabanza, que consiste en celebrar su Nombre. [16] No se olviden de compartir y de hacer el bien, pues tales sacrificios son los que agradan a Dios. [17] Obedezcan a sus dirigentes y estén sumisos, pues ellos se desvelan por sus almas, de las cuales deberán rendir cuenta. Ojalá esto sea para ellos motivo de alegría y no un peso, pues no les traería a ustedes ventaja de ninguna clase. [18] Rueguen por nosotros, que sólo deseamos proceder en todo con rectitud y estamos seguros de que nuestras intenciones son limpias. [19] Les ruego encarecidamente que recen a Dios para que cuanto antes pueda volver a ustedes. [20] Que los bendiga el Dios de la paz que rescató de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor, Pastor Supremo de las ovejas por haber derramado la sangre de la Alianza eterna; [21] que les haga adquirir todo lo que es perfecto, para que así cumplan su voluntad, pues él pone en nosotros lo que le agrada, por Cristo Jesús, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén [22] Hermanos, les ruego que acepten estas palabras de exhortación, pues les escribí un poco apurado. [23] Sepan que nuestro hermano Timoteo fue puesto en libertad. Si viene pronto, iré con él a visitarlos. [24] Saluden a todos sus dirigentes y a todos los santos hermanos nuestros. Los de Italia los saludan. [25] La gracia sea con todos ustedes.        

 

 

[1] La fe es algo grande, pero se vive en los detalles de la vida diaria. Los perseguidos, a quienes iba dirigida esta carta, no tenían necesidad de emprender nuevas tareas. Les bastaba con aceptar su situación de marginalidad, compartiendo las humillaciones de Jesús.Jesús salió de la ciudad santa (12). El texto dice: «fuera del campamento», expresión que recordaba la estadía en el desierto, pero que designaba, en realidad, al Templo y la ciudad santa. La Biblia exigía que las víctimas ofrecidas en el gran día del Perdón fueran quemadas fuera del recinto sagrado (Núm 16,27); eso era como decir que los pecados del pueblo se transferían a las víctimas, y había que expulsarlas para quitar el mal y el pecado del pueblo. Este ritual anunciaba ya lo que iba a pasar con Jesús, quien fue primero expulsado de la comunidad, y luego murió fuera de los muros de Jerusalén.Se puede sacar otra lección y es que los fieles deben dejar el lugar sagrado, es decir, una vida cómoda y bien considerada para buscar el reino de justicia tan desamparado. El creyente no se entrega al mundo presente; él no es de este mundo, y rehusa aprovecharse de este mundo como si fuese la patria definitiva. 

 

 

 

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