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Hech. 1, 1 - 26

             LUCAS PRESENTA SU LIBRO   [1] En mi primer libro, querido Teófilo, hablé de todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar.  [2] Al final del libro, Jesús, lleno del Espíritu Santo, daba instrucciones a los apóstoles que había elegido y era llevado al cielo.  LA ASCENSIÓN DE JESÚS  [3] De hecho, se presentó a ellos después de su pasión, y les dio numerosas pruebas de que vivía. Durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. [4] En una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido. «Ya les hablé al respecto, les dijo: [5] Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días.» [6] Los que estaban presentes le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» [7] Les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer los plazos y los pasos que solamente el Padre tenía autoridad para decidir. [8] Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra.» [9] Dicho esto, Jesús fue levantado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista. [10] Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco [11] que les dijeron: «Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús que les han llevado volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo.»  LOS DISCÍPULOS ESPERAN AL ESPÍRITU SANTO  [12] Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista de la ciudad como media hora de camino. [13] Entraron en la ciudad y subieron a la habitación superior de la casa donde se alojaban. Allí estaban Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelotes, y Judas, hijo de Santiago. [14] Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañia de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.  ELECCIÓN DE MATÍAS   [15] Uno de aquellos días, Pedro tomó la palabra en medio de ellos -había allí como ciento veinte personas-, y les dijo: [16] «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, pues el Espíritu Santo había anunciado por boca de David el gesto de Judas; este hombre, que guió a los que prendieron a Jesús, [17] era uno de nuestro grupo y había sido llamado a compartir nuestro ministerio común. [18] - Sabemos que con el salario de su pecado se compró un campo, se tiró de cabeza, su cuerpo se reventó y se desparramaron sus entrañas. [19] Este hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que llamaron a aquel campo, en su lengua, Hakeldamá, que significa: Campo de Sangre -. [20] Esto estaba escrito en el libro de los Salmos: Que su morada quede desierta y que nadie habite en ella. Pero también está escrito: Que otro ocupe su cargo. [21] Tenemos, pues, que escoger a un hombre de entre los que anduvieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús actuó en medio de nosotros, [22] desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de nuestro lado. Uno de ellos deberá ser, junto con nosotros, testigo de su resurrección.» [23] Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. [24] Entonces oraron así: «Tú, Señor, conoces el corazón de todos. Múestranos a cuál de los dos has elegido [25] para ocupar este cargo, y recibir este ministerio y apostolado del que Judas se retiró para ir al lugar que le correspondía.» [26] Echaron a suertes entre ellos y le tocó a Matías, que fue agregado a los once apóstoles.           

 

 

[1] A lo largo del libro de los Hechos, los apóstoles afirman que son «testigos de la resurrección de Jesús» (2,32; 3,15; 5,32; 10,41; 13,31) Este testimonio no se apoya en vagos sentimientos o visiones dudosas, sino en las «pruebas» que Jesús dio a sus apóstoles después de su resurrección y cuyo eco son los evangelios.La mención de los cuarenta días es importante. Inspirada en las cuarenta semanas que el niño pasa en el seno materno, la cifra simbólica de cuarenta indica, a la vez, el tiempo de la prueba y de la maduración; es el tiempo de la espera de un nuevo nacimiento. Durante cuarenta días Jesús se preparó en el desierto para su misión de Salvador; durante cuarenta días los apóstoles se prepararon para la efusión del Espíritu y para su misión de testigos.En Jerusalén recibirán los apóstoles el bautismo en el Espíritu (5), que hará de ellos nuevas criaturas. El Espíritu, que aleteaba sobre las aguas (Gén 1,2) en el primer día de la creación, va a venir sobre ellos y va a inaugurar los tiempos nuevos. La Iglesia, cuyas «columnas» serán ellos, será en primer lugar y ante todo la obra del Espíritu Santo. Del Espíritu sacarán los apóstoles la fuerza para ser, en medio del mundo, testigos del resucitado. Serán mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra (8). Lucas entrega aquí el plano geográfico del libro de los Hechos (véase la Introducción). Pero, al mismo tiempo, nos muestra cómo toda la dinámica del Antiguo Testamento se transforma con la muerte y la resurrección de Jesús.Desde las primeras páginas del Génesis sabemos que el cielo y la tierra son de Dios, pues él es su Creador y todo le pertenece. Pero, con el llamado a Abraham y la marcha de Moisés, descubrimos que en este universo hay una tierra particularmente bendita de Dios, que es la tierra de la promesa. Cuando David se apodera de Jerusalén, esta ciudad pasa a ser la ciudad de David, pero también la ciudad de Dios. Desde entonces puede decirlo el Salmo: «Dios prefiere a Jerusalén por sobre todas las ciudades de Jacob» (Sal 87,2). Y es en esta ciudad santa, en la «colina del Templo», donde Dios tiene su morada (1 Re 8,29). Así, poco a poco, a medida que Dios camina al lado de su pueblo, la mirada se concentra en Jerusalén y en el templo. Pero, cuando los hombres hayan destruido el «Templo verdadero» (J 2,19), que es la humanidad del Hijo, clavándolo en la cruz, Dios hará brotar la vida de la muerte. Desde entonces una nueva dinámica se desarrollará desde Jerusalén hacia los otros lugares de la Tierra Prometida (Judea y Samaría), y desde la Tierra Prometida a los confines de la tierra.Cada uno de los Evangelios termina, a su manera, en un envío de los discípulos a misionar; de igual modo, desde las primeras páginas de los Hechos, Jesús recuerda a su Iglesia las exigencias de la misión. Por eso, cuando una comunidad en la Iglesia deja de ser misionera, ya no es más la Iglesia de Jesucristo.Jesús fue levantado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista (9). Jesús multiplicó las «pruebas» de su resurrección con aquellos que tendrían que ser testigos de ella por vocación (1.3), pero le fue necesario mostrarles ahora el fin último de su resurrección. Al subir al Cielo en su última aparición, Jesús les reveló el sentido de su propia historia: había venido del Padre, y retornaba al Padre. Pero no vuelve solo, lleva consigo a todo «un pueblo de cautivos» (Ef 4,8) que arranca del poder de las tinieblas para hacerlo entrar en su reino de luz (Col 1,13). El se va para prepararnos un lugar a fin de que donde él está, estemos también nosotros (J 14,2-3).Por el momento, los discípulos están todavía en el mundo, en medio del cual deben dar testimonio de la realidad nueva inaugurada por Jesús, a saber, un reino que no es como los de la tierra, establecidos sobre el poder y el dinero (Lc 22,25-26), sino un reino de amor, de justicia y de paz. No hay que buscar este reino entre las nubes, pues ya está en medio de nosotros (Lc 17,20-21) y crece cada vez que nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios. 

 

 

[2] He aquí a la primera comunidad en oración, un grupo de ciento veinte personas (15), en el que los apóstoles ocupan un lugar aparte. Las mujeres que aquí se mencionan son, en primer lugar, las del grupo que había venido con Jesús a Jerusalén (Lc 23,55). Lucas dio a María el primer lugar al comienzo del Evangelio, pues en ella el Espíritu cumplió su obra, y aquí se la debía mencionar cuando el Espíritu hiciera nacer a la Iglesia. Seguramente María jugó un papel decisivo durante esos días en que los apóstoles trataban de repensar todo lo que habían visto y aprendido de Jesús, pues sólo ella podía hablarles de la Anunciación y de muchas cosas de la vida privada de Jesús, ayudándoles así a entrar en el misterio de su personalidad divina. Pero de todo esto Lucas no dice nada. María ahora desaparece. A diferencia de los hermanos de Jesús que aspiraban al poder en la Iglesia, ella no es más que una presencia orante. 

 

 

[15] Pedro actúa aquí como responsable de la Iglesia primitiva. La muerte de Judas produjo un vacío en el «colegio de los apóstoles», cuya cifra de doce recordaba evidentemente a los doce hijos de Jacob. Así como el antiguo Israel no aceptó nunca las divisiones que lo privaron de una o varias tribus, así también Pedro no puede aceptar que se le ampute al grupo de los Doce uno de sus miembros.Y Pedro apelará a la elección de Dios. Esta designación por la suerte, que hoy día nos sorprende, ¿no será una dimisión? No olvidemos, sin embargo, que estamos en una comunidad de cultura religiosa en la que se aceptan sin problemas los signos de Dios. Se pusieron condiciones para las candidaturas y se retuvieron sólo dos. ¿Pero, a quién elegir? Se ora a Dios para que dé a conocer su decisión y se atendrán a ella. Esta forma de elección en la oración y el abandono en las manos de Dios ¿no es por último tan buena como algunos votos, incluso de cardenales reunidos en cónclave, en los cuales los cálculos mezquinos se han sobrepuesto muchas veces, en el curso de la historia, a los verdaderos intereses de la Iglesia? Fijémonos, sin embargo, en las condiciones puestas por Pedro: Haber seguido al Señor Jesús desde el bautismo hasta el día en que nos fue quitado. El bautismo de Juan en el Jordán y la Ascensión serán el punto de partida y el término de la predicación evangélica (H 13,14-31). Ver la Introducción a Marcos.No está de más constatar que, al igual que en numerosos ejemplos del Antiguo Testamento, Dios elige al más modesto. Se ostenta la tarjeta de presentación del primero, que es José, llamado Barsabás, por sobrenombre el Justo, para decirnos que es Matías, sin otro nombre ni apellido, el elegido por Dios. 

 

 

 

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Hech. 2, 1 - 47

             LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO   [1] Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. [2] De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, [3] y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. [4] Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran. [5] Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo. [6] Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos quedaron muy desconcertados [7] y se decían, llenos de estupor y admiración: «Pero éstos ¿no son todos galileos? ¡Y miren cómo hablan! [8] Cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa. [9] Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, [10] de Frigia, Panfilia, Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene. Hay forasteros que vienen de Roma, unos judíos y otros extranjeros, que aceptaron sus creencias, [11] cretenses y árabes. Y todos les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.» [12] Todos estaban asombrados y perplejos, y se preguntaban unos a otros qué querría significar todo aquello.» [13] Pero algunos se reían y decían: «¡Están borrachos!»  JESÚS ES PROCLAMADO POR PRIMERA VEZ   [14] Entonces Pedro, con los Once a su lado, se puso de pie, alzó la voz y se dirigió a ellos diciendo: «Amigos judíos y todos los que se encuentran en Jerusalén, escúchenme, pues tengo algo que enseñarles. [15] No se les ocurra pensar que estamos borrachos, pues son apenas las nueve de la mañana, [16] sino que se está cumpliendo lo que anunció el profeta Joel: [17] Escuchen lo que sucederá en los últimos días, dice Dios: derramaré mi Espíritu sobre cualesquiera que sean los mortales. Sus hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. [18] En aquellos días derramaré mi Espíritu sobre mis siervos y mis siervas y ellos profetizarán. [19] Haré prodigios arriba en el cielo y señales milagrosas abajo en la tierra. [20] El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes de que llegue el Día grande del Señor. [21] Y todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará. [22] Israelitas, escuchen mis palabras: Dios acreditó entre ustedes a Jesús de Nazaret. Hizo que realizara entre ustedes milagros, prodigios y señales que ya conocen. [23] Ustedes, sin embargo, lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto. [24] Pero Dios lo libró de los dolores de la muerte y lo resucitó, pues no era posible que quedase bajo el poder de la muerte. [25] Escuchen lo que David decía a su respecto: Veo constantemente al Señor delante de mí; está a mi derecha para que no vacile. [26] Por eso se alegra mi corazón y te alabo muy gozoso, y hasta mi cuerpo esperará en paz. [27] Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos ni permitirás que tu Santo experimente la corrupción. [28] Me has dado a conocer los caminos de la vida, me colmarás de gozo con tu presencia. [29] Hermanos, no voy a demostrarles que el patriarca David murió y fue sepultado: su tumba se encuentra entre nosotros hasta el día de hoy. [30] Pero era profeta y Dios le había jurado que uno de sus descendientes se sentaría sobre su trono. Sabiéndolo, [31] se refería a la resurrección del Mesías, viéndola de antemano, con estas palabras: no será abandonado en el lugar de los muertos, ni su cuerpo experimentará la corrupción . [32] Y es un hecho que Dios resucitó a Jesús; de esto todos nosotros somos testigos. [33] Después de haber sido exaltado a la derecha de Dios, ha recibido del Padre el don que había prometido, me refiero al Espíritu Santo que acaba de derramar sobre nosotros, como ustedes están viendo y oyendo. [34] También es cierto que David no subió al cielo, pero estas palabras son suyas: Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, [35] hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.» [36] Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron.» [37] Al oír esto se afligieron profundamente y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» [38] Pedro les contestó: «Arrepiéntanse, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo. [39] Porque el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aun cuando se hayan alejado.» [40] Pedro siguió insistiendo con muchos otros discursos. Los exhortaba diciendo: «Aléjense de esta generación perversa y sálvense.» [41] Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas.   LA PRIMERA COMUNIDAD   [42] Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones. [43] Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. [44] Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, [45] vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno. [46] Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón. [47] Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que quería salvar.           

 

 

[1] Han transcurrido nueve días entre la Ascensión y Pentecostés; nueve días durante los cuales la Iglesia primitiva estuvo en oración. De allí viene la práctica de las novenas. La novena más importante es la que nos prepara para la fiesta de Pentecostés, durante la cual suplicamos a Dios que nos dé su Espíritu.Pentecostés era para los judíos una de las más grandes fiestas del año. En su origen había sido una fiesta campesina, pero, en los últimos siglos del Antiguo Testamento se había tomado la costumbre de celebrar en ella el don de la Ley a Moisés en el monte Sinaí. Para esta ocasión, como también para la fiesta de la Pascua, muchos judíos venían en peregrinación a Jerusalén, de todos los países que rodean al Mediterráneo. Había sido durante la Pascua judía, que conmemoraba la liberación de la esclavitud de Egipto, cuando Jesús había traído al hombre la liberación de la muerte y del pecado; fue, pues, en el día en que se celebraba el don de la Ley en el Sinaí, cuando Dios dio su Espíritu al Israel de Dios (Gál 6,16), a la Iglesia. De este modo tanto en la Iglesia como en Jesucristo, encontraban ahora su cumplimiento todas las realidades del Antiguo Testamento.Cada uno los oía hablar en su propia lengua... Esta expresión, repetida tres veces (vv. 6, 8, 11), nos indica que tenemos aquí una de las claves principales de este relato. El milagro de Pentecostés no reside tanto en que los apóstoles se pusieran a hablar lenguas extranjeras, sino en que todos esos extranjeros escucharan en su propio idioma esta proclamación de las maravillas de Dios. Ese es, pues, el signo de Pentecostés. Otros textos del Nuevo Testamento hacen alusión al «don de lenguas» (H 10,46; 19,6; 1 Cor 12; 14,2-19) pero aquí es Dios mismo quien pone el fundamento de cualquier evangelización.Pues los que son llamados a la fe no tienen que renunciar a su lengua o cultura para entrar en la Iglesia, el nuevo Israel de Dios, como debían hacerlo los prosélitos judíos. Muy por el contrario, Dios quiere ser alabado y bendecido por todas las lenguas y por todas las culturas, ya que así se hará visible, no sólo la diversidad de los miembros en el cuerpo de Cristo (1 Cor 12,12-13), sino también la reunión por su Espíritu de todos los hijos de Dios dispersos (J 11,52).A lo largo de toda su historia, la Iglesia ha estado tentada de olvidar este signo de Pentecostés, al imponer su lengua y su cultura tanto al pueblo nuevo como al ambiente nuevo que evangeliza. Pero también a lo largo de su historia, el Espíritu la ha puesto en guardia contra esa tentación, suscitando apóstoles penetrados del espíritu de Pentecostés. 

 

 

[14] Esta es la primera proclamación de la resurrección de Jesús. Pedro, consciente una vez más de su responsabilidad en el grupo de los Doce, toma la palabra en nombre de todos. Retoma los textos del Antiguo Testamento: Joel, Salmos, etc. y muestra como se han cumplido en Jesús y en la Iglesia naciente.Derramaré mi Espíritu sobre cualesquiera que sean los mortales (17). Este texto es del profeta Joel (3,1). Antes que viniera Jesús, el Espíritu sólo había sido dado a los profetas. Pero ahora todo el pueblo de Cristo recibe el Espíritu que hace a los profetas, como lo anunciaba Joel. Haré prodigios... El don del Espíritu era uno de los aspectos de un «juicio», es decir, de una crisis excepcional que debía poner fin a la historia. Pedro sostiene que ese tiempo ha llegado y que cada uno debe convertirse para escapar a las catástrofes que amenazan al pueblo pecador (40). Joel prometía la salvación al que invocara el Nombre de Yahvé, es decir, al que hubiere recurrido a su poder divino. Y Pedro habla de creer en el Nombre de Jesús, pues para él no hay duda de que ahora ese poder divino pertenece a Jesús. Pedro amplia el cualesquiera que sean del texto de Joel, pues, ahora, la salvación de Dios es ofrecida a los pueblos extranjeros, de donde han venido un buen número de auditores.Dios lo resucitó. Pedro recuerda cómo Jesús multiplicó en su derredor los testimonios de amor durante su vida pública. A pesar de eso, o más exactamente debido a eso, fue entregado en manos de los paganos: ¡Qué misterio el del rechazo del amor de Dios por el hombre! El profeta Os lo había ya constatado hacía más de 700 años antes de la venida de Jesús (Os 11,1-4). Pero Dios, cuyo amor es más poderoso que nuestro pecado (Rom 5,20), lo resucitó de entre los muertos e hizo de él la fuente de salvación para todos los hombres (vv. 33 y 36).¿Qué tenemos que hacer? Arrepiéntanse. En ese momento, arrepentirse y convertirse significaban compartir la vida de una comunidad que mostraba a toda la nación el camino de la salvación, que era el mismo camino que había señalado Jesús. La Iglesia no se presentó como una religión nueva opuesta al judaísmo, sino como el centro de una vida más auténtica.Aléjense de esta generación perversa y sálvense (v. 40). No se trataba solamente de una salvación espiritual, puesto que toda esa generación estaba perdiendo la oportunidad única que le había ofrecido Jesús de superar la crisis nacional y la opresión romana con poner en práctica el evangelio. Y Jesús les había hecho descubrir el amor de Dios Padre, revelación para la cual los había preparado toda la Biblia.Que cada uno se haga bautizar en el nombre de Jesús, el Mesías. El bautismo se practicaba entre los judíos como un rito de entrada en una comunidad, en un movimiento; de igual forma, habrá un bautismo para integrarse al nuevo pueblo de Jesús-Mesías, Jesucristo. No es simplemente la inscripción en un registro, sino que además, como prima de entrada, Dios ofrece nada menos que el perdón de los pecados, derribando así todas las barreras que mantenían al hombre lejos de él.Tres mil personas... Esta cifra nos asombra a veces. Es cierto que el arresto y la condena de Jesús desorientaron a las masas, pero todas esas personas que habían seguido a Jesús en Galilea o en Jerusalén no habían desaparecido de un solo golpe. Aun cuando la imagen que habían descubierto de Jesús había sido apagada por las calumnias y el odio de sus enemigos, el fuego, sin embargo, permanecía aún bajo las cenizas y la predicación ardiente y convencida de Pedro reanimó ese fuego de la fe. 

 

 

[42] Lucas nos da aquí los cuatro puntos fundamentales de la comunidad cristiana de Jerusalén, cuatro puntos sin los cuales no hay Iglesia de Cristo.La enseñanza de los apóstoles: la Iglesia que Jesús fundó para ser testigo de la novedad del reino es una Iglesia "apostólica"; reposa sobre los apóstoles que Dios ha escogido y establecido (Mc 3,13), se nutre de su enseñanza, es decir, de esa palabra de Dios que únicamente la Iglesia puede darnos en su plenitud.La convivencia: la comunidad de la Iglesia debe ser el signo visible de la reunión de los hombres por medio de Jesucristo en el amor; no hay Iglesia ni comunidad de Iglesia sin vida fraterna.La fracción del pan: la Iglesia primitiva designaba con esta frase a la eucaristía, que es el sacramento de la comunión en Cristo, palabra y pan de vida (J 6,34 y 51).Las oraciones: ¿Cómo podrían vivir de otra manera que en la oración, los que han descubierto en Jesucristo el amor del Padre? (Ef 6,18; 1 Tes 5,17).El Espíritu de Jesús nos viene por su palabra y por la eucaristía. Pero, por «palabra», no queremos decir simplemente el estudio de la Biblia para conocer la Biblia. La Biblia nos ayuda a ver como Dios continúa hablando en los acontecimientos actuales, ya sea en nuestra propia vida, en nuestra comunidad o en el mundo.Alegría y sencillez de corazón eran pruebas del cambio que se había operado en ellos: eran personas reconciliadas. Esta no era la alegría simplista que se ve a veces en algunos grupos de cristianos, que no se preocupan de los problemas del mundo. Ni ellos ni sus enemigos podían olvidar que Jesús afrontó los problemas de reconciliación nacional. 

 

 

 

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Hech. 3, 1 - 26

             PEDRO Y JUAN SANAN A UN HOMBRE TULLIDO   [1] Un día, cuando Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde, [2] acababan de dejar allí a un tullido de nacimiento. Todos los días lo colocaban junto a la Puerta Hermosa, que es una de las puertas del Templo, para que pidiera limosna a los que entraban en el recinto. [3] Cuando Pedro y Juan estaban para entrar en el Templo, el hombre les pidió una limosna. [4] Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada, y le dijo: «Míranos.» [5] El hombre los miró, esperando recibir algo. [6] Pero Pedro le dijo: «No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo: En nombre del Mesías Jesús, el Nazareno, camina.» [7] Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó. [8] Inmediatamente tomaron fuerza sus tobillos y sus pies, y de un salto se puso en pie y empezó a caminar. Luego entró caminando con ellos en el recinto del Templo, saltando y alabando a Dios. [9] Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, [10] y lo reconocieron: ¡Es el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa! Y quedaron sin palabras, asombrados por lo que había sucedido. [11] El hombre sanado no se separaba de Pedro y Juan, por lo que toda la gente, fuera de sí, acudió y se reunió alrededor de ellos en el pórtico llamado de Salomón. [12] Al ver esto, Pedro se dirigió al pueblo y les dijo: «Israelitas, ¿por qué se quedan tan maravillados? Ustedes nos miran como si hubiéramos hecho caminar a este hombre por nuestro propio poder, o por ser unos santos. [13] Pero no; es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, el que acaba de glorificar a su siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y, cuando Pilato decidió dejarlo en libertad, renegaron de él. [14] Ustedes pidieron la libertad de un asesino y rechazaron al Santo y al Justo. [15] Mataron al Señor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. [16] Miren lo que puede la fe en su Nombre, pues en su Nombre acaba de ser restablecido este hermano al que ustedes ven y conocen. La fe que él nos inspira es la que lo ha sanado totalmente en presencia de todos ustedes. [17] Yo sé, hermanos, que ustedes obraron por ignorancia, al igual que sus jefes, [18] y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría que padecer. [19] Arrepiéntanse, pues, y conviértanse, para que sean borrados sus pecados. Así el Señor hará llegar el tiempo del alivio, [20] enviándoles al Mesías que les ha sido destinado, que es Jesús. [21] Pues el cielo debe guardarlo hasta que llegue el tiempo de la restauración del universo, según habló Dios en los tiempos pasados por boca de los santos profetas. [22] Moisés afirmó: El Señor Dios hará qu'un profeta como yo surja de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que les diga. [23] El que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo. [24] Y después todos los profetas, empezando por Samuel, anunciaron estos días. [25] Ustedes son los hijos de los profetas y los herederos de la alianza que Dios pactó con nuestros padres, al decir a Abrahán: A través de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. [26] Por ustedes, en primer lugar, Dios ha resucitado a su Siervo, y lo ha enviado para bendecirles, con tal que cada uno renuncie a su mala vida.»            

 

 

[1] La curación del enfermo por Pedro y Juan demuestra cómo, con la resurrección y Pentecostés, han comenzado los tiempos nuevos. Los enfermos, considerados como impuros por la ley judía, eran excluidos del servicio del templo (Lev 21, 16-24), y el segundo libro de Samuel pretendía explicar la extensión de esa ley: ningún enfermo entraba en el Templo (2 Sam 5,6-8). Pero ahora un enfermo, un excluido, entra en el Templo dando gracias. La predicación de Pedro va a mostrar el sentido del milagro, del signo que acaba de ser entregado a toda esa gente que había venido a orar al Templo. ¿Por qué se quedan tan maravillados? El milagro es obra del Nombre de Jesús, es decir, del poder que Jesús recibió del Padre en el momento de su resurrección. Jesús había estado en medio de nosotros como «el servidor» de Dios, pero ahora hablar de su Nombre es una manera de afirmar su divinidad (Mc 16,16; Fil 2,9). Es interesante notar que el primer título atribuido a Jesús por la Iglesia primitiva, después de su resurrección, es el de Servidor (H 3,13; 3,26; 4,27; 4,30), puesto que en los poemas de Isaías (49,1-7; 50,4-11; 52,13-53) encontramos el anuncio de ese servidor de Dios que trae a todos los hombres la salvación por sus sufrimientos y su muerte, tomando sobre sí los pecados de ellos (53,4).Al recordar la promesa hecha a Abraham y renovada a Moisés, Pedro señala cómo todo el Antiguo Testamento encuentra su pleno cumplimiento en Jesús y en su Iglesia. El odio y la injusticia de los hombres no pueden ser un obstáculo definitivo al plan de Dios, y ese mismo a quien el pueblo ha rechazado, Dios lo da como salvador de todos los hombres. 

 

 

 

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Hech. 4, 1 - 37

             PEDRO Y JUAN SON ARRESTADOS   [1] Pedro y Juan estaban aún hablando al pueblo, cuando se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos; [2] toda esa gente se sentía muy molesta porque enseñaban al pueblo y afirmaban la resurrección de los muertos a propósito de Jesús. [3] Los apresaron y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues ya estaba anocheciendo. [4] Pero muchos de los que habían oído la Palabra creyeron, y su número llegó a unos cinco mil hombres. [5] Al día siguiente, los jefes de los saduceos se reunieron con los ancianos y los maestros de la Ley de Jerusalén. [6] Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Jonatán, Alejandro y todos los que pertenecían a la alta clase sacerdotal. [7] Mandaron traer a Pedro y Juan ante ellos y empezaron a interrogarles: «¿Con qué poder han hecho ustedes eso? ¿A qué ser celestial han invocado?» [8] Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y Ancianos: [9] Hoy debemos responder por el bien que hemos hecho a un enfermo. ¿A quién se debe esa sanación? [10] Sépanlo todos ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre que está aquí sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno, al que ustedes crucificaron, pero que Dios ha resucitado de entre los muertos. [11] El es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, y que se ha convertido en piedra angular. [12] No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre por el que debamos ser salvados.» [13] Quedaron admirados al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, que eran hombres sin instrucción ni preparación, pero sabían que habían estado con Jesús. [14] Los jefes veían al hombre que había sido sanado allí, de pie a su lado, de modo que nada podían decir contra ellos. [15] Mandaron, pues, que los hicieran salir del tribunal mientras deliberaban entre ellos. Decían: [16] «¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Todos los habitantes de Jerusalén saben que han hecho un milagro clarísimo, y nosotros no podemos negarlo. [17] Pero prohibámosles que hablen más de ese Nombre ante ninguna persona, no sea que esto se extienda entre el pueblo.» [18] Llamaron, pues, a los apóstoles y les ordenaron que de ningún modo enseñaran en el nombre de Jesús, que ni siquiera lo nombraran. [19] Pedro y Juan les respondieron: «Juzguen ustedes si es correcto delante de Dios que les hagamos caso a ustedes, en vez de obecedecer a Dios. [20] Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» [21] Insistieron ellos en sus amenazas, y los dejaron en libertad. No encontraron manera de castigarlos a causa del pueblo, [22] pues todos glorificaban a Dios por lo que había sucedido, sabiéndose además que el hombre milagrosamente sanado tenía más de cuarenta años.  LA ORACIÓN DE LA COMUNIDAD   [23] Apenas quedaron libres, Pedro y Juan fueron a los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos. [24] Los escucharon, y después todos a una elevaron su voz a Dios, diciendo: «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. [25] Tú, por el Espíritu Santo, pusiste en boca de tu siervo David estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos? [26] Se han aliado los reyes de la tierra y los príncipes se han unido contra el Señor y contra su Mesías. [27] Es verdad que en esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. [28] Pero solamente consiguieron lo que tú habías decidido y llevabas a efecto. [29] Y ahora, Señor, fíjate en sus amenazas; concede a tus siervos anunciar tu Palabra con toda valentía, [30] mientras tú manifiestas tu poder y das grandes golpes, realizando curaciones, señales y prodigios por el Nombre de tu santo siervo Jesús.» [31] Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la Palabra de Dios.  LOS CREYENTES INTENTAN PONER EN COMÚN TODOS LOS BIENES   [32] La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo lo tenían en común. [33] Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y aquél era para todos un tiempo de gracia excepcional. [34] Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero [35] y lo depositaban a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las necesidades de cada uno. [36] Así lo hizo José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que quiere decir: "El Animador"). [37] Éste vendió un campo de su propiedad, trajo el dinero de la venta y lo puso a los pies de los apóstoles.       

 

 

[1] Los jefes de los judíos juzgan a Pedro y a Juan; el Espíritu Santo juzga a los jefes de los judíos. Estos jefes creían que poseían la verdad porque eran instruidos y detentaban la autoridad. Les era imposible retroceder ante hombres ordinarios que refutaban sus afirmaciones. Entretanto Pedro les hace notar lo extraño de esa detención por haber sanado a un enfermo (v. 8). Esos jefes eran saduceos, que no creían en la resurrección de los muertos (H 23,6).Este texto sugiere que todos podemos ser testigos de Cristo y de su verdad si estamos decididos a comprometernos. Pero con frecuencia guardamos silencio frente a los que nos rodean como a nuestros dirigentes, porque sólo contamos con nuestras propias fuerzas, olvidándonos de la promesa de Jesús (Mt 10,17-20).Bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre (12). Pedro afirma de manera categórica que Jesús es el único salvador de todos los hombres, tanto de los que lo han precedido como de los que vendrán después de él, tanto de los que lo conocen como de los que lo ignoran. Algunos cristianos piensan que los que practican otras religiones se salvan como ellos, pero recurriendo a otros nombres, como si Jesús estuviera en el mismo plano que Mahoma o Buda... Debemos respetar la sinceridad de los que practican otra religión, y admirar a menudo la rectitud de su vida; pero no debemos confundir sinceridad del hombre y elección de Dios. Todos los que hayan seguido la ley que les parecía ser de Dios (y que lo era para ellos, en un sentido muy real, aunque con muchos errores) serán salvados, pero lo serán, al igual que los cristianos, porque Jesús, con su muerte y su resurrección, ha renovado al mundo y les ha abierto el camino al Padre.No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído (véase 1J 1,1-4). Los amenazaron... (17); los amenazan de nuevo... (v21). A pesar de que las palabras de Pedro y de Juan impresionan a los jefes de los Judíos, éstos reaccionan como quienes poseen el poder y no quieren dar su brazo a torcer cuando están equivocados. 

 

 

[23] La comunidad ha pasado a ser la verdadera familia de los creyentes, pues en ella comparten su vida y oran. Sus reflexiones sobre lo que acaba de pasar, el arresto y el enjuiciamiento de Pedro y de Juan, se hacen a la luz de la palabra de Dios (Sal 2,1-2). Luego, de todos los corazones brota la oración (v. 29). 

 

 

[32] Comparar con 5,4. Los versículos 32-37 parecieran indicar que la puesta en común de los bienes era una regla en la primera comunidad cristiana, mientras que 5,4 nos dice, por boca del mismo Pedro, que Ananías y Safira eran libres de guardarse sus bienes. Aunque Jesús no había pedido esa puesta en común, muchos creyentes, sin embargo, la practicaban, inspirados por el deseo de suprimir cualquier barrera entre los hermanos, y en particular las que crea el dinero. A lo largo de su historia la Iglesia conocerá tales intentos de pobreza voluntaria y de compartir.Es posible que esta puesta en común no haya favorecido el ardor para el trabajo y que se hayan comido tranquilamente el capital sin pensar en ganar lo que era necesario para la comunidad. Pablo deberá, más de una vez, organizar colectas en las otras Iglesias para ir en auxilio de «los pobres de Jerusalén» (Gál 2,10; Rom 15,25; 2 Col 8). 

 

 

 

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Hech. 5, 1 - 42

             EL FRAUDE DE ANANÍAS Y SAFIRA   [1] Otro hombre llamado Ananías, de acuerdo con su esposa Safira, vendió también una propiedad, [2] pero se guardó una parte del dinero, siempre de acuerdo con su esposa; la otra parte la llevó y la entregó a los apóstoles. [3] Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? [4] Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios.» [5] Al oír Ananías estas palabras, se desplomó y murió. Un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron. [6] Se levantaron los jóvenes, envolvieron su cuerpo y lo llevaron a enterrar. [7] Unas tres horas más tarde llegó la esposa de Ananías, que no sabía nada de lo ocurrido. [8] Pedro le preguntó: «¿Es cierto que vendieron el campo en tal precio?» Ella respondió: «Sí, ese fue el precio.» [9] Y Pedro le replicó: «¿Se pusieron, entonces, de acuerdo para desafiar al Espíritu del Señor? Ya están a la puerta los que acaban de enterrar a tu marido y te van a llevar también a ti.» [10] Y al instante Safira se desplomó a sus pies y murió. Cuando entraron los jóvenes la hallaron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido. [11] A consecuencia de esto, un gran temor se apoderó de toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron hablar del hecho. [12] Por obra de los apóstoles se producían en el pueblo muchas señales milagrosas y prodigios. Los creyentes se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón, [13] y nadie de los otros se atrevía a unirse a ellos, pero el pueblo los tenía en gran estima. [14] Más aún, cantidad de hombres y mujeres llegaban a creer en el Señor, aumentando así su número. [15] La gente incluso sacaba a los enfermos a las calles y los colocaba en camas y camillas por donde iba a pasar Pedro, para que por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. [16] Acudían multitudes de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo a sus enfermos y a personas atormentadas por espíritus malos, y todos eran sanados.  LOS APÓSTOLES SON NUEVAMENTE ARRESTADOS   [17] El sumo sacerdote y toda su gente, que eran el partido de los saduceos, decidieron actuar en la forma más enérgica. [18] Apresaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. [19] Pero un ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel durante la noche y los sacó fuera, diciéndoles: [20] «Vayan, hablen en el Templo y anuncien al pueblo el mensaje de vida.» [21] Entraron, pues, en el Templo al amanecer, y se pusieron a enseñar. Mientras tanto el sumo sacerdote y sus partidarios reunieron al Sanedrín con todos los ancianos de Israel y enviaron a buscar a los prisioneros a la cárcel. [22] Pero cuando llegaron los guardias no los encontraron en la cárcel. Volvieron a dar la noticia y les dijeron: [23] «Hemos encontrado la cárcel perfectamente cerrada y a los centinelas fuera, en sus puestos, pero al abrir las puertas, no hemos encontrado a nadie dentro.» [24] El jefe de la policía del Templo y los jefes de los sacerdotes quedaron desconcertados al oír esto y se preguntaban qué podía haber sucedido. [25] En esto llegó uno que les dijo: «Los hombres que ustedes encarcelaron están ahora en el Templo enseñando al pueblo.» [26] El jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia, porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo. [27] Los trajeron y los presentaron ante el Consejo. El sumo sacerdote los interrogó diciendo: [28] «Les habíamos advertido y prohibido enseñar en nombre de ése. Pero ahora en Jerusalén no se oye más que la predicación de ustedes, y quieren echarnos la culpa por la muerte de ese hombre.» [29] Pedro y los apóstoles respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. [30] El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de un madero. [31] Dios lo exaltó y lo puso a su derecha como Jefe y Salvador, para dar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. [32] Nosotros somos testigos de esto, y lo es también el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen.»  [33] Ellos escuchaban rechiñando los dientes de rabia y querían matarlos. [34] Entonces se levantó uno de ellos, un fariseo llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley y persona muy estimada por todo el pueblo. Mandó que hicieran salir a aquellos hombres durante unos minutos, [35] y empezó a hablar así al Consejo: «Colegas israelitas, no actúen a la ligera con estos hombres. [36] Recuerden que tiempo atrás se presentó un tal Teudas, que pretendía ser un gran personaje y al que se le unieron unos cuatrocientos hombres. Más tarde pereció, sus seguidores se dispersaron, y todo quedó en nada. [37] Tiempo después, en la época del censo, surgió Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí. Pero también éste pereció y todos sus seguidores se dispersaron. [38] Por eso les aconsejo ahora que se olviden de esos hombres y los dejen en paz. Si su proyecto o su actividad es cosa de hombres, se vendrán abajo. [39] Pero si viene de Dios, ustedes no podrán destruirla, y ojalá no estén luchando contra Dios.» El Consejo le escuchó [40] y mandaron entrar de nuevo a los apóstoles. Los hicieron azotar y les ordenaron severamente que no volviesen a hablar de Jesús Salvador. Después los dejaron ir. [41] Los apóstoles salieron del Consejo muy contentos por haber sido considerados dignos de sufrir por el Nombre de Jesús. [42] Y durante todo el día no cesaban de enseñar y proclamar a Jesús, el Mesías, ya sea en el Templo o por las casas.           

 

 

[1] En nuestra infancia nos contaron a menudo las maravillas que Dios había realizado en el pasado, como si no hubiese actuado más que en ese tiempo. Los judíos de la época pensaban de igual forma. La Biblia contaba cómo Dios había intervenido para fulminar a los que se oponían a Moisés (Núm 12,1; 16,1; 17,16). Pero ahora Dios actúa en la comunidad cristiana y los creyentes descubren que Pedro, el pescador, no es inferior a Moisés. Ver H 13,11; 1 Cor 11,30).El pecado de esta pareja no fue el haberse reservado una parte de sus bienes, ya que nadie los obligaba a dar el dinero a la comunidad. Pero quisieron engañar a los apóstoles y hacer creer que lo daban todo cuando ese no era el caso.Debemos poner mucha atención cuando hablamos de los castigos de Dios (ver comentario de Lc 13,1). Esta muerte de Ananías y de Safira será una advertencia y una señal para los demás.Encontramos aquí por primera vez el término Iglesia (11). Su sentido exacto es: "la asamblea convocada" (por Dios). Antes de Jesús, los Judíos empleaban ese término para designar a la nueva comunidad que Dios iba a seleccionar en tiempos del Mesías. Sea que vengan de los judíos o de los paganos, los creyentes tienen conciencia de que son una nueva comunidad: ellos son los verdaderos judíos. Pero poco a poco el Espíritu Santo los va a separar de la comunidad oficial. La Iglesia se refiere, por ahora, sólo a la comunidad cristiana de Jerusalén. A medida que surjan otras comunidades -otras Iglesias-, el término Iglesia comenzará a designar al conjunto del pueblo de Dios.Una cantidad de hombres y de mujeres se agregan a su grupo (v. 14). El texto nos dice que creer en Jesús, el Señor, y pertenecer a la comunidad son dos cosas inseparables. Nadie puede pertenecer a Jesús sin pertenecer al pueblo nuevo que él ha hecho nacer del agua y del Espíritu.Los versículos 15-16 no temen comparar a Pedro con Jesús. 

 

 

[17] ¿Podemos comparar esta confrontación entre los apóstoles y los jefes del pueblo con lo que pasa hoy en día en muchos lugares, cuando la Iglesia denuncia la violación de los derechos del hombre?Muchos dirán que no es lo mismo, pues los apóstoles eran perseguidos porque proclamaban a Jesús, mientras que ahora son cristianos que hacen política. Pero eso no es evidente. En ese tiempo los judíos estaban dominados y divididos, y Jesús enseñaba un camino de libertad que, hoy en día, se llamaría la acción no violenta. Y las autoridades se libraron de él para defender la seguridad de su nación (Jn 12,48) y su propia política. Creer en Jesús era reconocer que se había actuado mal al rechazarlo, como lo hicieron los jefes, no porque hablaba de Dios, es cierto, sino porque se oponía a su orgullo de judíos, a sus deseos de venganza. Seguir el camino que Jesús había indicado era condenar una política (Lc 21,12- 16). Y precisamente los sacerdotes piden a Pedro y a Juan que no solidaricen con un hombre al que ellos han condenado legalmente. Proclamar a Jesús significa predicar la reconciliación universal (Ef 2,14) que se da en todos los niveles de la vida humana, incluidos la economía y la política. La Iglesia no proclamaría a Jesús como el único Salvador (5,31) si cerrase los ojos cuando naciones enteras son condenadas a una muerte lenta por falta de trabajo, de alimento, de educación y de salud. Sin embargo, denunciar no es juzgar, y dichas denuncias serían ajenas al evangelio si no nos llevara a creer en los medios de salvación que Dios nos ofrece . 

 

 

[33] Gamaliel era uno de los más renombrados entre los maestros de la Ley. Aquí vemos la apertura de espíritu y la fe de ese viejo maestro judío que sabe que los caminos de Dios no son siempre los caminos de los hombres. Si su proyecto, o su actividad, es cosa de los hombres (39). Jesús había dicho algo parecido (Mt 15,13). ¿No se ven, sin embargo, muchas falsas doctrinas que duran? Pero tal vez esas que perduran por siglos deben su duración al hecho de que, a pesar de los errores y del mal que provocan, contienen principios útiles o necesarios para una época, o para algunas partes de la humanidad. A lo mejor dicen cosas muy importantes que la Iglesia debería decir y que no ha podido o no ha querido decir. La experiencia muestra que la mayoría de los hombres no reconocen en la fe cristiana la verdad que buscan: ¿puede Dios abandonarlos? Si tenemos a Cristo, podemos decir con certeza que tal o cual no es «el» profeta. Pero quizás Dios ha querido que sea profeta para un grupo determinado y que los ayude en una de sus etapas.Gamaliel fue el maestro de Pablo en Jerusalén, probablemente durante tres o cuatro años, un poco después de estos acontecimientos (He 22,3). La conversión de Pablo estará providencialmente preparada por la frecuentación de este hombre abierto y sincero, así como por la muerte de Esteban (7,54-60). 

 

 

 

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Hech. 6, 1 - 15

             LOS DOCE Y LA ELECCIÓN DE LOS SIETE   [1] Por aquellos días, como el número de los discípulos iba en aumento, hubo quejas de los llamados helenistas contra los llamados hebreos, porque según ellos sus viudas eran tratadas con negligencia en la atención de cada día. [2] Los Doce reunieron la asamblea de los discípulos y les dijeron: «No es correcto que nosotros descuidemos la Palabra de Dios por hacernos cargo de las mesas. [3] Por lo tanto, hermanos, elijan entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu y de sabiduría; les confiaremos esta tarea [4] mientras que nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la Palabra.» [5] Toda la asamblea estuvo de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, que era un prosélito de Antioquía. [6] Los presentaron a los apóstoles, quienes se pusieron en oración y les impusieron las manos. [7] La Palabra de Dios se difundía; el número de los discípulos en Jerusalén aumentaba considerablemente, e incluso un buen grupo de sacerdotes había aceptado la fe.  HISTORIA DE ESTEBAN   [8] Esteban, hombre lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y señales milagrosas en medio del pueblo. [9] Se le echaron encima algunos de la sinagoga llamada de los libertos, y otros llegados de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia. Se pusieron a discutir con Esteban, [10] pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. [11] Al no poder resistir a la verdad, sobornaron a unos hombres para que afirmaran: «Hemos oído hablar a este hombre contra Moisés y contra Dios.» [12] Con esto movieron el pueblo, los ancianos y los maestros de la Ley, llegaron de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. [13] Allí se presentaron testigos falsos que declararon: «Este hombre no cesa de hablar contra nuestro Lugar Santo y contra la Ley. [14] Le hemos oído decir que Jesús el Nazareno destruirá este Lugar Santo y cambiará las costumbres que nos dejó Moisés.» [15] En ese momento, todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron los ojos en Esteban, y su rostro les pareció como el de un ángel.          

 

 

[1] Jesús seguramente no dijo a sus apóstoles, en detalle, la manera en que debían organizar la Iglesia. Pero surge un conflicto entre dos grupos sociales: los Judíos llamados Hebreos, que no habían dejado su país, y los Helenistas, que habían vivido en el extranjero, en países griegos. Estos helenistas parece que seguían el partido de los Esenios; para ellos los grandes sacerdotes no eran legítimos y se abstenían de tomar parte en las ceremonias del Templo. El conflicto entre Hebreos y Helenistas había producido choques con el tiempo, y era necesario dar a los Helenistas una cierta autonomía. Como de hecho los apóstoles se identifican más fácilmente con los Hebreos, los otros tendrán sus propios responsables en algunas actividades.La comunidad elige a siete hombres y los apóstoles les dan el sello de su autoridad, porque toda misión viene de Cristo a través de los apóstoles.Los candidatos que se presentan deben estar llenos de fe y del Espíritu Santo, pues no están allí sólo para servicios materiales; e incluso, aunque se tratara sólo de finanzas, la Iglesia tendría bastante que sufrir con administradores muy competentes, a quienes les faltara el espíritu del evangelio.Estos siete hombres ¿fueron los primeros diáconos? Lucas nos dice únicamente que ellos servían, y «diácono» significa: servidor, habitualmente un administrador. De hecho, este término «diácono» va a dar desde el comienzo el verdadero sentido a cualquier ministerio en la Iglesia: es un servicio (1 Cor 12,5). Lo importante es la comunidad reunida por el Espíritu para testimoniar en medio de los hombres la salvación dada por Jesús.A lo largo de los siglos, los ministros de la Iglesia estarán tentados de abusar del cargo que se les ha confiado para el bien de la comunidad, y de aprovecharse de él para ponerse por encima de ella; se harán servir y honrar y no vacilarán en hacerse llamar príncipes de la Iglesia. Lo que es verdad para los que son llamados a un rango elevado en la jerarquía, lo es igualmente para todos aquellos a los cuales, ya sean sacerdotes o laicos, se les ha confiado responsabilidades menos importantes: todos debemos acordarnos de la palabra de Jesús (Lc 22,24-26). 

 

 

[8] Esteban pertenecía a la corriente de los Helenistas. Al igual que los sacerdotes de Qumrám, a orillas del Mar Muerto, daban menos importancia que los Judíos ortodoxos al culto del Templo y a las tradiciones de los rabinos. Por eso mismo Esteban era un creyente sospechoso. Era uno de los que empujaban a la Iglesia a liberarse de los moldes del pasado y de las ataduras con la comunidad judía.El largo discurso de Esteban ante el Sanedrín (el Gran Consejo) es un notable compendio del Antiguo Testamento. Recuerda las iniciativas incesantes de Dios que llama, da, promete, corrige y salva y, frente a ese amor incansable, la rebelión constante de Israel que desprecia a Dios y rechaza a sus enviados. Ya el profeta Os expresaba este drama del amor de Dios desconocido por su pueblo (Os. 11,1-4). Esteban lo proclama nuevamente: este drama encontró su punto culminante cuando los hombres clavaron a Jesús en la cruz (H 2,23; 3,15; 4,10). 

 

 

[57] Comparar He 7,56 con Mt 26,64; He 7,60 con Lc 22,34. Saulo, el futuro San Pablo, formaba parte del grupo encargado de apedrear a Esteban. 

 

 

 

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Hech. 7, 1 - 60

             [1] Entonces el sumo sacerdote le preguntó: «¿Es verdad lo que dicen?» [2] Esteban respondió: «Hermanos y padres, escúchenme: El Dios glorioso se apareció a nuestro padre Abrahán mientras estaba en Mesopotamia, antes de que fuera a vivir a Jarán. [3] Y le dijo: "Deja tu país y tu parentela y vete al país que te indicaré." [4] Entonces abandonó el país de los caldeos y se estableció en Jarán. Después de la muerte de su padre, Dios hizo que se trasladara a este país en que ustedes habitan ahora. [5] Y no le dio en él propiedad alguna, ni siquiera un pedacito de tierra donde poner el pie, sino que le prometió dárselo en posesión a él y a su descendencia después de él. Se lo dijo a pesar de que no tenía hijos. [6] Dios le habló así: "Tus descendientes vivirán en tierra extranjera y serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. [7] Pero yo pediré cuentas a la nación a la que sirvan como esclavos. Después saldrán y me darán culto en este lugar. [8] Luego hizo con él el pacto de la circuncisión. Y así, al nacer su hijo Isaac, Abrahán lo circuncidó al octavo día. Lo mismo hizo Isaac con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas. [9] Los patriarcas se pusieron celosos de José, hasta que lo vendieron, y fue llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él [10] y lo libró de todas sus tribulaciones; le concedió sabiduría y lo hizo grato a los ojos de Faraón, rey de Egipto, quien lo nombró gobernador de Egipto y de toda su casa. [11] Sobrevino el hambre por toda la tierra de Egipto y de Canaán, y la miseria fue tan enorme que nuestros padres no encontraban qué comer. [12] Al enterarse Jacob de que había trigo en Egipto, mandó allí a nuestros padres una primera vez. [13] La segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos y así Faraón conoció a la raza de José. [14] Luego José mandó buscar a su padre Jacob con toda su familia, que se componía de setenta y cinco personas. [15] Jacob entonces bajó a Egipto, donde murió él, y más tarde también nuestros padres. [16] Sus cuerpos fueron llevados a Siquem y descansan en la tumba que Abrahán había comprado en Siquem a los hijos de Hamorpor cierta suma de plata. [17] Ya se iba acercando el tiempo de la promesa que Dios había hecho a Abrahán; el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, [18] hasta que llegó otro rey a Egipto que no había conocido a José. [19] Este rey, actuando con astucia contra nuestra raza, obligó a nuestros padres a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no tuvieran más familia. [20] Fue en ese tiempo cuando nació Moisés, al que Dios amaba. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre, [21] y cuando tuvieron que abandonarlo, la hija de Faraón lo recogió y lo crió como hijo suyo. [22] Así Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios, [23] y llegó a ser poderoso en sus palabras y en sus obras. Tenía cuarenta años cumplidos cuando sintió deseos de visitar a sus hermanos, los israelitas. [24] Al ver cómo uno de ellos era maltratado, salió en defensa del oprimido y mató al egipcio. [25] ¿Comprenderían sus hermanos que Dios lo enviaba a ellos como un libertador? Moisés lo creía, pero ellos no lo entendieron. [26] Al día siguiente vio a dos israelitas que se estaban peleando y trató de pacificarlos diciéndoles: "Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño el uno al otro?" [27] Pero el que maltrataba a su compañero lo rechazó diciendo: [28] "¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros? ¿Quieres matarme a mí como hiciste ayer con el egipcio?" [29] Al oír esto Moisés huyó y fue a vivir en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos. [30] Pasados cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí en la llama de una zarza que ardía. [31] Moisés quedó perplejo ante esta visión y, al acercarse para mirar, oyó la voz del Señor: [32] «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.» Moisés sintió tanto miedo que no se atrevía ni a mirar. [33] Pero el Señor le dijo: «Quítate las sandalias, porque el lugar que estás pisando es tierra santa. [34] He visto cómo maltratan a mi pueblo en Egipto, he oído su llanto y he bajado para liberarlo. Y ahora ven, que te voy a enviar a Egipto.» [35] A este Moisés, al que rechazaron diciendo: "¿Quién te nombró jefe y juez?", Dios lo envió como jefe y libertador, con la asistencia del ángel que se le apareció en la zarza. [36] Y los hizo salir de aquel país, realizando prodigios y señales en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años. [37] Este Moisés es el que dijo a los israelitas: «Dios les dará un profeta como yo de entre sus hermanos.» [38] Este es el que estaba con nuestros padres en la asamblea del desierto, con el ángel que le hablaba en el Monte Sinaí, y el que recibió las palabras de vida para comunicárselas a ustedes. [39] Nuestros padres no quisieron obedecerle, lo rechazaron y pensaron volverse a Egipto. [40] Incluso dijeron a Aarón: "Danos dioses que vayan delante de nosotros, porque no sabemos qué ha sido de este Moisés que nos sacó de Egipto." [41] Y fabricaron en aquellos días un becerro, ofrecieron sacrificios al ídolo y festejaron la obra de sus manos. [42] Entonces Dios se apartó de ellos y dejó que adoraran a los astros del cielo, como está escrito en el Libro de los Profetas: "¿Acaso me ofrecieron ustedes víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto? [43] Más bien llevaban con ustedes la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, imágenes que ustedes mismos se fabricaron para adorarlas. Por eso yo los desterraré más allá de Babilonia." [44] Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio; el que hablaba a Moisés le había ordenado que la fabricara según el modelo que había visto. [45] Después de recibirla, nuestros padres la introdujeron, al mando de Josué, en la tierra conquistada a los paganos a quienes Dios expulsó delante de ellos. Esto duró hasta los días de David. [46] David agradó a Dios y quiso darle un lugar donde descansara entre los hijos de Jacob. [47] De hecho fue Salomón quien le edificó un templo. [48] En realidad, el Altísimo no vive en casas fabricadas por manos de hombres, como dice el Profeta: [49] El cielo es mi trono y la tierra el apoyo de mis pies. ¿Qué casa me podrían edificar?, dice el Señor. ¿Cuál sería el lugar de mi descanso? [50] ¿No fui yo quien hizo todas estas cosas? [51] Ustedes son un pueblo de cabeza dura, y la circuncisión no les abrió el corazón ni los oídos. Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, al igual que sus padres. [52] ¿Hubo algún profeta que sus padres no hayan perseguido? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ustedes ahora lo han entregado y asesinado; [53] ustedes, que recibieron la Ley por medio de ángeles, pero que no la han cumplido.» [54] Al oír este reproche se enfurecieron y rechinaban los dientes de rabia contra Esteban. [55] Pero él, lleno del Espíritu Santo, fijó sus ojos en el cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús a su derecha, [56] y exclamó: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre a la derecha de Dios.» [57] Entonces empezaron a gritar, se taparon los oídos y todos a una se lanzaron contra él. Lo empujaron fuera de la ciudad y empezaron a tirarle piedras. [58] Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. [59] Mientras era apedreado, Esteban oraba así: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» [60] Después se arrodilló y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado.» Y dicho esto, se durmió en el Señor.           

 

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Hech. 8, 1 - 40

              [1] Saulo estaba allí y aprobaba el asesinato. Este fue el comienzo de una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. [2] Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron un gran duelo por él. [3] Saulo, por su parte, trataba de destruir a la Iglesia. Entraba casa por casa, hacía salir a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.  FELIPE ANUNCIA LA PALABRA EN SAMARÍA   [4] Mientras tanto, los que se habían dispersado anunciaban la Palabra en los lugares por donde pasaban. [5] Así Felipe anunció a Cristo a los samaritanos en una de sus ciudades adonde había bajado. [6] Al escuchar a Felipe y ver los prodigios que realizaba, toda la población se interesó por su predicación. [7] Pues espíritus malos salían de los endemoniados dando gritos, y varios paralíticos y cojos quedaron sanos. [8] Hubo, pues, gran alegría en aquella ciudad.  EL MAGO SIMÓN   [9] Había llegado a aquella ciudad antes que Felipe un hombre llamado Simón. Tenía muy impresionada a la gente de Samaría con sus artes mágicas y se hacía pasar por un gran personaje. [10] Todos estaban pendientes de él, pequeños y grandes, y decían: «Este es el poder de Dios", pues se hablaba de un tal "gran poder de Dios.» [11] Desde hacía tiempo los tenía alucinados con sus artes mágicas, y la gente lo seguía. [12] Pero cuando Felipe les habló del Reino de Dios y del poder salvador de Jesús, el Mesías, tanto los hombres como las mujeres creyeron y empezaron a bautizarse. [13] Incluso Simón creyó y se hizo bautizar. No se separaba de Felipe, y no salía de su asombro al ver las señales milagrosas y los prodigios que se realizaban . [14] Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén tuvieron noticia de que los samaritanos habían aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. [15] Bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, [16] ya que todavía no había descendido sobre ninguno de ellos y sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. [17] Pero entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. [18] Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció dinero, [19] diciendo: «Denme a mí también ese poder, de modo que a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo.» [20] Pedro le contestó: «¡Al infierno tú y tu dinero! ¿Cómo has pensado comprar el Don de Dios con dinero? [21] Tú no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios. [22] Arrepiéntete de esa maldad tuya y ruega al Señor que te perdone por tus intenciones, si es posible. [23] Porque en tus caminos solamente veo amargura y lazos de maldad.» [24] Simón respondió: «Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no venga sobre mí nada de lo que han dicho.» [25] Pedro y Juan dieron testimonio y, después de predicar la Palabra del Señor, volvieron a Jerusalén. Por el camino evangelizaron varios pueblos de Samaría.  FELIPE BAUTIZA A UN ETÍOPE   [26] Un ángel del Señor se presentó a Felipe y le dijo: «Dirígete hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza; no pasa nadie en esos momentos.» [27] Felipe se levantó y se puso en camino. Y justamente pasó un etíope, un eunuco de Candaces, reina de Etiopía, un alto funcionario al que la reina encargaba la administración de su tesoro. Había ido a Jerusalén a rendir culto a Dios, [28] y ahora regresaba, sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. [29] El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate a ese carro y quédate pegado a su lado.» [30] Y mientras Felipe corría, le oía leer al profeta Isaías. Le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?» [31] El etíope contestó: «¿Cómo lo voy a entender si no tengo quien me lo explique?» En seguida invitó a Felipe a que subiera y se sentara a su lado. [32] El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: Fue llevado como oveja al matadero, como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió su boca. [33] Fue humillado y privado de sus derechos. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra. [34] El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿a quién se refiere el profeta? ¿A sí mismo u a otro?» [35] Felipe empezó entonces a hablar y a anunciarle a Jesús, partiendo de este texto de la Escritura. [36] Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua. El etíope dijo: «Aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?» ([37] Felipe respondió: «Puedes ser bautizado si crees con todo tu corazón.» El etíope replicó: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.») [38] Entonces hizo parar su carro. Bajaron ambos al agua y Felipe bautizó al eunuco [39] Apenas salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el etíope no volvió a verlo. Prosiguió, pues, su camino con el corazón lleno de gozo. [40] En cuanto a Felipe, se encontró en Azoto y salió a evangelizar uno tras otro todos los pueblos hasta llegar a Cesarea.

 

 

[1] La persecución obliga a los cristianos (al menos a los del grupo helenista) a dispersarse por Judea y Samaría. De este modo comienza a realizarse la perspectiva abierta por Jesús el día de la Ascensión. Aquí, como en muchas otras ocasiones, lo que era promesa de muerte se convierte en vida. El capítulo 8 nos da algunos ejemplos de la evangelización en Judea y Samaría.En cuanto a la actitud de Saulo, véase lo que él mismo dice al respecto en Gál 1,13. 

 

 

[4] Los cristianos dispersos proclaman su fe, y comienzan las comunidades cristianas en Samaría. La evangelización trae consigo la alegría, pues Dios se ha revelado y por su Espíritu sana los cuerpos y los corazones. No todos, sin duda, se convertirán, pero la colectividad ha vivido un momento de gracia. 

 

 

[9] Felipe, uno de los siete, bautiza, pero quienes vienen a comunicar el don del Espíritu son los apóstoles Pedro y Juan. El bautismo y la imposición de las manos aparecen desde el principio como dos etapas de la iniciación cristiana y se refieren a dos aspectos diferentes de la vida en la Iglesia. El bautismo señala la renovación de una persona por la fe. La imposición de las manos muestra la transmisión del Espíritu de una época a otra, a partir de los primeros que lo recibieron el día de Pentecostés. Esta imposición de las manos (que se ha transformado en la confirmación en la Iglesia actual) iba entonces ordinariamente acompañada por esas manifestaciones de que nos hablan Hechos 19,6 y 1 Cor 12 y 14. Estos dones, de los cuales a menudo no retenemos más que el aspecto espectacular, formaban parte de una experiencia global de la fe. De ella continúan participando, de una u otra manera, los que se ponen a disposición del Espíritu.Simón, un mago, da a Pedro la oportunidad para condenar una falsa interpretación de los dones espirituales. Simón ve a los apóstoles como unos magos más poderosos que él y quiere comprarles el poder de hacer algunos milagros. Pedro nos da a entender que buscar milagros no es la manera de prepararse a recibir el Espíritu. De cualquier forma, esas cosas no se compran.Las manifestaciones del Espíritu no son siempre las que se mencionan en los Hechos, pues Dios adapta sus dones a las necesidades de la Iglesia. Las comunidades sencillas y pobres reciben más dones de curación para los enfermos; puesto que les faltan los recursos normales, Dios se hace presente. Los grupos de oración reciben el don de lenguas que ayuda a confiar en Dios y a perseverar en la alabanza. Allí donde la fe reposa en la convicción de la justicia divina y del temor de Dios, observamos predicciones y revelaciones de los secretos del corazón. Al contrario, entre los que tienen una formación más racional e intelectual, el profeta se distingue a menudo por el don de hablar con seguridad y de dar un esclarecimiento de la fe, en el que tanto la comunidad como los individuos reconocen la voz de Dios.El Espíritu continúa actuando en muchos creyentes que tal vez no hablan en lenguas ni hacen curaciones, pero que actúan bajo la inspiración del Espíritu y que producen los frutos del Espíritu (Gál 5,22-24). Ellos son, pues, testigos auténticos de Jesús.Bautizados en el Nombre del Señor Jesús (16). Véase al respecto el comentario de 19,5. 

 

 

[26] Nótese cómo el Espíritu condujo a Felipe hacia un hombre que no era ni judío ni samaritano, el primer hombre de otra raza que recibió el Evangelio. El etíope es de los «que temen a Dios» (27). Así se designaba a las personas de otras razas que habían sido atraídas por la religión de los judíos y la fe en un solo Dios. Sin observar todas las costumbres judías, leían la Biblia y les gustaba tomar parte en las ceremonias judías. Desempeñaron un papel importante en las misiones cristianas entre los pueblos no judíos.Todo comenzó con un texto de Isaías 53,7. Ese poema habla de un servidor de Yavé injustamente condenado, que por sus sufrimientos repara los pecados de toda la humanidad. Los apóstoles y la Iglesia primitiva veían en ese texto uno de los pasajes que mejor anunciaba al Cristo; véase el comentario de Mc 14,24 y 1 Pe 2,24-25. El poema de Isaías termina con una velada referencia a la resurrección del Servidor del Yavé. 

 

 

 

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Hech. 9, 1 - 43

             SAULO ENCUENTRA A CRISTO   [1] Saulo no desistía de su rabia, proyectando violencias y muerte contra los discípulos del Señor. Se presentó al sumo sacerdote [2] y le pidió poderes escritos para las sinagogas de Damasco, pues quería detener a cuantos seguidores del Camino encontrara, hombres y mujeres, y llevarlos presos a Jerusalén. [3] Mientras iba de camino, ya cerca de Damasco, le envolvió de repente una luz que venía del cielo. [4] Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» [5] Preguntó él: «¿Quién eres tú, Señor?» Y él respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. [6] Ahora levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que tienes que hacer.» [7] Los hombres que lo acompañaban se habían quedado atónitos, pues oían hablar, pero no veían a nadie, [8] y Saulo, al levantarse del suelo, no veía nada por más que abría los ojos. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. [9] Allí permaneció tres días sin comer ni beber, y estaba ciego. [10] Vivía en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «¡Ananías!» Respondió él: «Aquí estoy, Señor.» [11] Y el Señor le dijo: «Vete en seguida a la calle llamada Recta y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo. Lo encontrarás rezando, [12] pues acaba de tener una visión en que un varón llamado Ananías entraba y le imponía las manos para que recobrara la vista.» [13] Ananías le respondió: «Señor, he oído a muchos hablar del daño que este hombre ha causado a tus santos en Jerusalén. [14] Y ahora está aquí con poderes del sumo sacerdote para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre.» [15] El Señor le contestó: «Vete. Este hombre es para mí un instrumento excepcional, y llevará mi Nombre a las naciones paganas y a sus reyes, así como al pueblo de Israel. [16] Yo le mostraré todo lo que tendrá que sufrir por mi Nombre.» [17] Salió Ananías, entró en la casa y le impuso las manos diciendo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.» [18] Al instante se le cayeron de los ojos una especie de escamas y empezó a ver. Se levantó y fue bautizado.  [19] Después comió y recobró las fuerzas. Saulo permaneció durante algunos días con los discípulos en Damasco, [20] y en seguida se fue por las sinagogas proclamando a Jesús como el Hijo de Dios. [21] Los que lo oían quedaban maravillados y decían: «¡Y pensar que en Jerusalén perseguía a muerte a los que invocaban este Nombre! Pero, ¿no ha venido aquí para encadenarlos y llevarlos ante los jefes de los sacerdotes? [22] Saulo se mostraba cada vez más fuerte cuando demostraba que Jesús era el Mesías, y refutaba todas las objeciones de los judíos de Damasco. [23] Después de bastante tiempo los judíos decidieron matarlo, [24] pero Saulo llegó a conocer su plan. Día y noche eran vigiladas las puertas de la ciudad para poder matarlo. [25] Entonces sus discípulos lo tomaron una noche y lo bajaron desde lo alto de la muralla metido en un canasto. [26] Al llegar a Jerusalén intentó juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuese realmente discípulo. [27] Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino y cómo el Señor le había hablado. También les expuso la valentía con que había predicado en Damasco en nombre de Jesús. [28] Saulo empezó a convivir con ellos. Se movía muy libremente por Jerusalén y predicaba abiertamente el Nombre del Señor. [29] Hablaba a los helenistas y discutía con ellos, pero planearon matarle. [30] Los hermanos se enteraron y lo llevaron a Cesarea, y desde allí lo enviaron a Tarso. [31] La Iglesia por entonces gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se edificaba, caminaba con los ojos puestos en el Señor y estaba llena del consuelo del Espíritu Santo.  PEDRO VISITA LAS IGLESIAS   [32] Pedro, que recorría todos los lugares, fue también a visitar a los santos que vivían en Lida. [33] Allí encontró a un tal Eneas, que era paralítico y desde hacía ocho años yacía en una camilla. [34] Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te sana. Levántate y arregla tu cama.» Y de inmediato se levantó. [35] Todos los habitantes de Lida y Sarón lo vieron y se convirtieron al Señor. [36] En Jope había una discípula llamada Tabita (o Dorcas en griego), que quiere decir Gacela. Hacía muchas obras buenas y siempre ayudaba a los pobres. [37] Por aquellos días enfermó y murió: después de lavar su cuerpo, lo pusieron en la habitación del piso superior. [38] Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, al saber que Pedro estaba allí, mandaron a dos hombres con este recado: «Ven inmediatamente a donde nosotros.» [39] Pedro se fue sin más con ellos. Apenas llegó lo hicieron subir a la habitación del piso superior, donde le presentaron a todas las viudas que estaban llorando y le mostraban las túnicas y mantos que Tabita hacía mientras vivía con ellas. [40] Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró. Luego se volvió al cadáver y dijo: «Tabita, levántate.» [41] Ella abrió los ojos, reconoció a Pedro y se sentó. El le dio la mano y la ayudó a levantarse; luego llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva. [42] Esto se supo en todo Jope y muchos creyeron en el Señor. [43] Pedro permaneció en Jope bastante tiempo, en casa de un curtidor llamado Simón.       

 

 

[1] Es un acontecimiento decisivo para la Iglesia naciente. Cristo en persona sale al encuentro del perseguidor más encarnizado de los cristianos (Gál 1,13; He 22,4-5; 22,19; 26,9-11).Sería un error presentar a Pablo como un hombre malvado que encuentra por fin el buen camino. Como todos podemos ver en Hechos 22,3-4; Gál 1,14 y Fil 3,4-11, Pablo sintió desde joven el deseo de consagrarse al servicio de Dios. Por eso fue a Jerusalén para estudiar la ley, esto es, la religión, con los mejores maestros de la época. A este joven digno de confianza los judíos le confiaron la difícil tarea de eliminar de sus comunidades la nueva y sospechosa doctrina de los cristianos. Le encargaron la represión de los discípulos de Cristo y él lo hacía rigurosamente, por el bien de su religión.¿Por qué me persigues? ¿Quién es este Señor que me llama perseguidor cuando no tengo otra ambición que la de servir a Dios? Hasta este momento Pablo se sentía bien, como el fariseo de la parábola (Lc 18,9), le daba gracias a Dios por haber hecho de él un creyente digno y dinámico en su comunidad. Ahora, a la luz de Cristo, descubre que sus méritos y servicios carecen de valor; su fe no es más que fanatismo; su seguridad de creyente disimula mal su orgullo. Pablo se ve pecador, violento y rebelde, pero al mismo tiempo comprende que Dios lo acoge, lo elige y lo perdona; este hombre es para mí un instrumento excepcional (15).Pablo ya no es el fariseo de la parábola y siempre se ha puesto en el lugar del publicano. «Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador». Esa es la conversión del cristiano auténtico.En adelante, Saulo (que tomará el nombre de Pablo) será un instrumento de elección para Cristo: extenderá la Iglesia por los demás países. Hasta entonces la Iglesia había permanecido en el ambiente judío, compuesta por judíos y dirigida por judíos. Pablo también era judío, pero se había formado en el extranjero. Poseía la cultura griega y la de su propia raza. Por esto y por su excepcional personalidad sería el apóstol de los griegos.La Iglesia debe renovarse constantemente, llevar el Evangelio a pueblos nuevos, a nuevos ambientes. Para esta misión el Señor llama a gente de estos pueblos y ambientes. En los momentos importantes de la historia, Cristo llama a los hombres que la Iglesia necesita: Francisco de Asís y, más cercano a nosotros, Juan XXIII.El Camino (2): así se le llamaba al cristianismo. Esta palabra da a entender que no se trata de simples instrucciones acerca de la religión, sino más bien de una manera nueva de vivir iluminada por la esperanza. A veces nos asombramos de la transformación experimentada por Pablo tras su conversión, olvidándonos de que Dios, en su sabiduría, ya había preparado el terreno para acoger esta gracia: Pablo había estudiado «a los pies de Gamaliel» (He 22,3), uno de los más grandes rabinos de la época, conocido por su apertura de espíritu (He 5,35-39). Pablo había participado asimismo en la ejecución de Esteban (He 7,58) y había sido testigo de la fe transformadora y de la caridad sin límites del primer mártir (He 7,59-60). 

 

 

[19] Durante tres años Pablo proclama su fe y narra su propia experiencia en la provincia de Damasco, llamada también Arabia (Gál 1,16; 2 Cor 11,32).Pablo ya sigue su propio camino, pero permanece en estrecho contacto con la Iglesia, como demuestra su viaje a Jerusalén, adonde se dirige para entrevistarse con los apóstoles. No obstante, fiel a la inspiración del Espíritu, conserva su independencia. 

 

 

[32] Jesús había enviado a sus apóstoles para ser testigos «en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra» (He 1,8). La Iglesia nace, se desarrolla y conoce su primera persecución en Jerusalén (He 1-7). En el capítulo 8 la vemos en Samaría con Felipe, aquí volvemos a encontrárnosla en Judea con Pedro.A la luz de una nueva fe, y viendo en la resurrección de Tabita como un eco de la resurrección de la hija de Jairo (Lc 8,49-56), Lucas subraya el vínculo indisoluble entre Cristo y su Iglesia. 

 

 

 

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Hech. 10, 1 - 48

             PEDRO BAUTIZA A CORNELIO   [1] Vivía en la ciudad de Cesarea un hombre llamado Cornelio, que era un capitán del batallón Itálico. [2] Era un hombre piadoso y, al igual que toda su familia, era de los «que temen a Dios». Daba muchas limosnas a los judíos pobres y oraba constantemente a Dios. [3] Una tarde, alrededor de las tres, tuvo una visión de la que no pudo dudar: un ángel de Dios entraba a su habitación y le llamaba: «¡Cornelio!» [4] El lo miró frente a frente y se llenó de miedo. Le dijo: «¿Qué pasa, señor?» El ángel respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido hasta Dios y acaban de ser recordadas ante él. [5] Ahora envía algunos hombres a Jope para que traigan a un tal Simón, llamado Pedro, [6] que se aloja en la casa de Simón, el curtidor, que está junto al mar.» [7] Apenas desapareció el ángel que le hablaba, Cornelio llamó a dos criados y a un soldado piadoso que estaba a su servicio. [8] Les explicó todo y los envió a Jope. [9] Al día siguiente, mientras iban de camino, ya cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar. Era el mediodía. [10] Sintió hambre y quiso comer, y mientras le preparaban la comida tuvo un éxtasis. [11] Vio el cielo abierto y algo que descendía del cielo: era como una tienda de campaña grande, cuyas cuatro puntas venían a posarse sobre el suelo. [12] Dentro había toda clase de animales cuadrúpedos, reptiles y aves. [13] Entonces una voz le habló: «Pedro, levántate, mata y come.» [14] Pedro contestó: «¡De ninguna manera, Señor! Jamás he comido nada profano o impuro.» [15] Y se le habló por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro.» [16] Esto se repitió por tres veces. Después aquella cosa grande fue levantada hacia el cielo. [17] Después de volver en sí, Pedro buscaba en vano el significado de esa visión, cuando justamente se presentaron los hombres enviados por Cornelio. Habían preguntado por la casa de Simón y ahora estaban a la puerta. [18] Llamaron y preguntaron si se alojaba allí Simón, llamado Pedro. [19] Como Pedro aún seguía recapacitando sobre la visión, el Espíritu le dijo: «Abajo están unos hombres que te buscan. [20] Baja y vete con ellos sin vacilar, pues los he enviado yo.» [21] Pedro bajó adonde ellos y les dijo: «Yo soy el que ustedes buscan. ¿Cuál es el motivo que los trae aquí?» [22] Ellos respondieron: «Nos envía el capitán Cornelio. Es un hombre recto, de los «que temen a Dios», y lo aprecian todos los judíos. Ha recibido de un santo ángel la orden de hacerte venir a su casa para aprender algo de ti.» [23] Entonces Pedro los invitó a pasar y les dio alojamiento. Al día siguiente partió con ellos, y algunos hermanos de Jope le acompañaron. [24] Al otro día llegaron a Cesarea. Cornelio los estaba esperando, y había reunido a sus parientes y amigos más íntimos. [25] Cuando Pedro estaba para entrar, Cornelio le salió al encuentro, se arrodilló y se inclinó ante él. [26] Pedro lo levantó diciendo: «Levántate, que también yo soy un ser humano.» [27] Entró conversando con él y, al ver a todas aquellas personas reunidas, [28] les dijo: «Ustedes saben que no está permitido a un judío juntarse con ningún extranjero ni entrar en su casa. Pero a mí me ha manifestado Dios que no hay que llamar profano a ningún hombre ni considerarlo impuro. [29] Por eso he venido sin dudar apenas me llamaron. Ahora desearía saber por qué me han mandado a buscar.» [30] Cornelio respondió: «Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo orando en mi casa, cuando se presentó delante de mí un hombre con ropas muy brillantes, que me dijo: [31] "Cornelio, tu oración ha sido escuchada y tus limosnas han sido recordadas ante Dios. [32] Envía mensajeros a Jope y haz buscar a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa del curtidor Simón, junto al mar." [33] Te mandé a buscar en seguida y tú has tenido la amabilidad de venir. Ahora estamos todos aquí, en la presencia de Dios, dispuestos a escuchar todo lo que el Señor te ha ordenado.» [34] Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Verdaderamente reconozco que Dios no hace diferencia entre las personas. [35] En toda nación mira con benevolencia al que teme a Dios y practica la justicia. [36] Ahora bien, Dios ha enviado su Palabra a los israelitas, dándoles un mensaje de paz por medio de Jesús, el Mesías, que también es el Señor de todos. [37] Ustedes ya saben lo que ha sucedido en todo el país judío, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. [38] Jesús de Nazaret fue consagrado por Dios, que le dio Espíritu Santo y poder. Y como Dios estaba con él, pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo. [39] Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en la misma Jerusalén. Al final lo mataron colgándolo de un madero. [40] Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se dejara ver, [41] no por todo el pueblo, sino por los testigos que Dios había escogido de antemano, por nosotros, que comimos y bebimos con él después de que resucitó de entre los muertos. [42] El nos ordenó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido Juez de vivos y muertos. [43] A El se refieren todos los profetas al decir que quien cree en él recibe por su Nombre el perdón de los pecados.» [44] Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo bajó sobre todos los que escuchaban la Palabra. [45] Y los creyentes de origen judío, que habían venido con Pedro, quedaron atónitos: «¡Cómo! ¡Dios regala y derrama el Espíritu Santo también sobre los que no son judíos!» [46] Y así era, pues les oían hablar en lenguas y alabar a Dios. [47] Entonces Pedro dijo: «¿Podemos acaso negarles el agua y no bautizar a quienes han recibido el Espíritu Santo como nosotros?» [48] Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Luego le pidieron que se quedara algunos días con ellos.          

 

 

[1] El episodio de la conversión de Cornelio marca un nuevo rumbo en la vida de la joven Iglesia. El relato está cargado de significados: construida sobre la costa de Palestina, mirando hacia el mediterráneo y hacia Roma, la ciudad de Cesarea Marítima era desde hacía casi 35 años la capital romana de la provincia de Judea. Como un caminante que avista la costa, Pedro, al llegar a Cesarea, no tenía más que dos soluciones: o desandar el camino y encerrar la Iglesia en los estrechos límites de la Palestina judía, o, con la Iglesia, lanzarse a aquel mar que se abría ante él y dejarse llevar hasta Roma, la capital pagana, «la nueva Babilonia», que encarnaba todos los pecados del mundo (Ap 17,5). Por esto último optará el Espíritu Santo: él descenderá sobre los paganos reunidos en torno a Cornelio, y Pedro no tendrá más remedio que bautizarlos (He 11,15-17).Algo como una tienda de campaña grande...: (11) probable alusión a la tienda de la reunión en el desierto (Ex 25,8-9). Pero, aquí, el lienzo contiene animales puros e impuros, y Pedro es invitado a inmolar y a comer aquellos animales impuros, como se hacía en los sacrificios de comunión. ¡Qué escándalo! Pero Pedro, con la llegada de los enviados de Cornelio, comprenderá el sentido de aquella visión (He 10,28).Se necesitó la manifestación del Espíritu Santo sobre aquellos paganos para animar a Pedro a bautizarlos. Hoy, en muchos ambientes, la Iglesia corre peligro de reducirse a grupos sociales cerrados y anticuados. Los papas y los obispos nos invitan a dar un paso adelante y a dialogar con todos los hombres. Sin embargo, ciertos días, parece que sólo la intervención de un ángel podría convencernos a ir donde los otros e invitarlos a entrar en la Iglesia.La Buena Nueva que ha enviado... (36). Esta breve predicación de Pedro merece tenerse en cuenta: él recuerda lo que todos conocen: «Ya saben lo que ha pasado en Judea». La vida, la pasión y la muerte de Jesús son conocidas por todos aquellos que han abierto los ojos sobre este personaje que ha hecho hablar de él. Pero su resurrección pertenece al testimonio de la fe, al testimonio de aquellos que Dios ha escogido de antemano. Como Jesús, la Iglesia deberá testimoniar a lo largo de todos los siglos, mediante sus obras, el amor del Dios que reside en ella como él en todo el hombre; pero la Iglesia tiene como misión particular transmitir al mundo las palabras de la revelación que se le han confiado, según la libre elección de Dios.Juez de vivos y muertos (42). Esta expresión se refiere a los conceptos religiosos de la época, que distinguen entre el juicio de aquellos que serán testigos de la vuelta de Cristo al fin del mundo (los vivos) y los que ya habrán muerto. Ver lo mismo en 1 Tes 4,17.Se recibe, por su Nombre, el perdón: Por su Nombre, es decir, por su propio poder, lo cual confirma la autoridad divina de Jesús. 

 

 

 

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Hech. 11, 1 - 30

             PEDRO JUSTIFICA SU CONDUCTA   [1] Los apóstoles y los hermanos de Judea tuvieron noticias de que también personas no judías habían acogido la Palabra de Dios. Por eso, [2] cuando Pedro subió a Jerusalén, los creyentes judíos comenzaron a criticar su actitud: [3] «¡Has entrado en la casa de gente no judía y has comido con ellos!» [4] Entonces Pedro se puso a explicarles los hechos punto por punto: [5] «Estaba yo haciendo oración en la ciudad de Jope cuando en un éxtasis tuve una visión. Algo bajaba del cielo, algo que se parecía a una gran tienda de campaña, y llegaba hasta mí, posándose en el suelo sobre sus cuatro puntas. [6] Miré atentamente y vi en ella cuadrúpedos, bestias del campo, reptiles y aves. [7] Oí también una voz que me decía: «Pedro, levántate, mata y come.» [8] Yo contesté: «¡De ninguna manera, Señor! Nunca ha entrado en mi boca nada profano o impuro.» [9] La voz me habló por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro.» [10] Esto se repitió por tres veces y después fue retirado todo al cielo. [11] En aquel momento, tres hombres que habían sido enviados a mí desde Cesarea, llegaron a la casa donde nosotros estábamos. [12] El Espíritu me dijo que los siguiera sin vacilar. Me acompañaron estos seis hermanos y entramos en la casa de aquel hombre. [13] El nos contó cómo había visto a un ángel que se presentó en su casa y le dijo: Envía a alguien a Jope, y que traiga a Simón, llamado Pedro. [14] El te dará un mensaje por el que te salvarás tú y toda tu familia. [15] Apenas había comenzado yo a hablar, cuando el Espíritu Santo bajó sobre ellos, como había bajado al principio sobre nosotros. [16] Entonces me acordé de la palabra del Señor, que dijo: "Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo." [17] Si ellos creían en el Señor Jesucristo y Dios les comunicaba el mismo don que a nosotros, ¿quién era yo para oponerme a Dios?» [18] Cuando oyeron esto se tranquilizaron y alabaron a Dios diciendo: «También a los que no son judíos les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida.»  LA FUNDACIÓN DE LA GLESIA DE ANTIOQUÍA   [19] Algunos que se habían dispersado a raíz de la persecución cuando el asunto de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero sólo predicaban la Palabra a los judíos. [20] Sin embargo, unos hombres de Chipre y de Cirene que habían llegado a Antioquía, se dirigieron también a los griegos y les anunciaron la Buena Noticia del Señor Jesús. [21] La mano del Señor estaba con ellos y fueron numerosos los que creyeron y se convirtieron al Señor. [22] La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía. [23] Al llegar fue testigo de la gracia de Dios y se alegró; animaba a todos a que permaneciesen fieles al Señor con firme corazón, [24] pues era un hombre excelente, lleno del Espíritu Santo y de fe. Así fue como un buen número de gente conoció al Señor. [25] Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo, [26] y apenas lo encontró lo llevó a Antioquía. En esta Iglesia trabajaron juntos durante un año entero, instruyendo a muchísima gente, y fue en Antioquía donde los discípulos por primera vez recibieron el nombre de cristianos.  [27] Por aquel tiempo bajaron algunos profetas de Jerusalén a Antioquía. [28] Uno de ellos, llamado Agabo, dio a entender con gestos proféticos que una gran hambre vendría sobre todo el mundo, la que de hecho sobrevino en tiempos del emperador Claudio. [29] Entonces cada uno de los discípulos empezó a ahorrar según sus posibilidades, destinando esta ayuda a los hermanos de Judea. [30] Así lo hicieron, enviándosela a los presbíteros por medio de Bernabé y Saulo.       

 

 

[1] Que Pedro bautizara a un no judío nos parece a nosotros la cosa más normal del mundo. Pero no olvidemos que los cristianos de Jerusalén seguían siendo judíos, con toda su educación, sus prejuicios y su sensibilidad. Ellos no entendían cómo se podía entrar en la familia de Jesús sin integrarse antes en el pueblo de Dios, que para ellos seguía siendo el pueblo judío. ¿Podría convertirse en su hermano antes de recibir la circuncisión?La advertencia que le hacen a Pedro es el primer testimonio de la presión constante que los cristianos viejos van a ejercer sobre sus sacerdotes a lo largo de la historia. Cada vez que alguien opte por abrir nuestra Iglesia a gentes de otros ambientes o de otra cultura, una parte importante querrá que se acepte sólo a aquellos que acepten ser cristianos a nuestro modo.Estos creyentes de Jerusalén no obran de mala fe y aceptan las explicaciones de Pedro. Pero, como él, los dirigentes de la Iglesia necesitarán armarse de valor para responder a las invitaciones del Espíritu Santo ante los prejucios de grupo. 

 

 

[19] Antioquía, a 500 kilómetros al norte de Jerusalén, era la capital de la provincia romana de Siria, país pagano donde se hablaba el griego, pero donde había también una comunidad judía importante. Lucas no nos dice quién predicó la fe cristiana a los paganos por primera vez, ni cómo se efectuó: el cristiano o los cristianos de origen judío que lo hicieron merecerían una estatua o, mejor, una fiesta en nuestra liturgia. Es, pues, en Antioquía donde, por primera vez, se reúnen judíos y no judíos en una Iglesia: allí estaba el porvenir de la Iglesia.La comunidad de Jerusalén es la Roma de la Iglesia primitiva. Ella se conciencia de su autoridad, y quiere ver en seguida y más de cerca esta gran novedad: una Iglesia donde los judíos aceptan respaldar a no circuncisos. ¿No prohibía esta clase de contactos la ley de Moisés? 

 

 

[27] Por primera vez el libro de los Hechos menciona a los profetas. Era un título otorgado por la Iglesia a algunos de sus responsables, pero con esto no hacía más que reconocer un don del Espíritu, uno de los que Pablo ponía en primer lugar. En diversas ocasiones el profeta recibe de Dios el conocimiento de cosas que van a suceder, ya sea para la comunidad ya sea para tal o cual de sus miembros. Pero, sobre todo, ha recibido una autoridad cuando habla, un don para comentar la Escritura según las necesidades del momento presente, y todos reconocen en sus palabras una enseñanza de Dios.Lucas ha conservado el primer gesto de ayuda fraterna entre cristianos de diferentes países. Este párrafo menciona a los ancianos o «presbíteros». Así se llamaba a los responsables de la comunidad cristiana, según el modelo judío. 

 

 

 

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Hech. 12, 1 - 25

             MUERTE DE SANTIAGO. LIBERACIÓN MILAGROSA DE PEDRO   [1] Por aquel tiempo el rey Herodes decidió apresar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. [2] Hizo matar a espada a Santiago, hermano de Juan, [3] y, al ver que esto agradaba a los judíos, mandó detener también a Pedro: eran precisamente los días de la fiesta de los Panes Azimos. [4] Después de detenerlo lo hizo encerrar en la cárcel bajo la vigilancia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, pues su intención era juzgarlo ante el pueblo después de la Pascua. [5] Y mientras Pedro era custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba incesantemente por él a Dios. [6] Llegaba el día en que Herodes iba a hacerlo comparecer; aquella misma noche Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, y otros guardias custodiaban la puerta de la cárcel. [7] De repente la celda se llenó de luz: ¡estaba el ángel del Señor! El ángel tocó a Pedro en el costado y lo despertó diciéndole: «¡Levántate en seguida!» Y se le cayeron las cadenas de las manos. [8] El ángel le dijo en seguida: «Ponte el cinturón y las sandalias.» Así lo hizo, y el ángel agregó: «Ponte el manto y sígueme.» [9] Pedro salió tras él; no se daba cuenta que lo que estaba ocurriendo con el ángel era realidad, y todo le parecían visiones. [10] Pasaron la primera y la segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió sola. Salieron y se metieron por un callejón, y de repente lo dejó el ángel. [11] Entonces Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora no cabe duda: el Señor ha enviado su ángel para rescatarme de las manos de Herodes y de todo lo que proyectaban los judíos contra mí.» [12] Pedro se orientó y fue a la casa de María, madre de Juan, llamado también Marcos, donde muchos estaban reunidos en oración. [13] Llamó a la puerta, y fue a atender una muchacha llamada Rodesa. [14] Reconoció la voz de Pedro, y fue tanta su alegría, que en vez de abrir la puerta entró corriendo a contar que Pedro estaba a la puerta. [15] Los demás le dijeron: «¡Estás loca!» Como ella seguía insistiendo, ellos dijeron: «Será su ángel.» [16] Pedro seguía llamando. Cuando abrieron y vieron que era él, se quedaron sin palabras. [17] Les hizo señas con la mano pidiendo silencio, y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. En seguida les dijo: «Comuniquen esto a Santiago y a los hermanos.» Luego salió y se fue a otro lugar. [18] Al amanecer no fue poco el alboroto entre los soldados: ¿Qué había pasado con Pedro? [19] Herodes ordenó buscarlo y, como no lo encontraron, hizo procesar y ejecutar a los guardias. Después bajó de Judea a Cesarea y se quedó allí.  MUERTE DE HERODES  [20] Por aquel entonces Herodes estaba muy irritado con los ciudadanos de Tiro y Sidón. De común acuerdo se presentaron ante él, y después de ganarse a Blasto, tesorero del rey, buscaron una solución pacífica, ya que su país dependía del de Herodes para su abastecimiento. [21] El día señalado, Herodes, vestido con el manto real, se sentó en la tribuna y les dirigió la palabra. [22] Entonces el pueblo lo empezó a aclamar: «¡Esta es la voz de Dios, no de un hombre!» [23] Pero de repente lo hirió el ángel del Señor por no haber devuelto a Dios el honor, y empezó a llenarse de gusanos que lo comían, hasta que murió. [24] Mientras tanto la Palabra de Dios crecía y se difundía. [25] Bernabé y Saulo habían terminado su misión y se volvieron a Jerusalén; traían con ellos a Juan, llamado también Marcos.  

 

 

[1] Esta segunda persecución afecta a toda la comunidad cristiana de Jerusalén (véase 8,1). Santiago (el Mayor) era, junto a Pedro y Juan, uno de los íntimos de Jesús (Lc 9,28).La segunda liberación de Pedro (véase 5,9) manifiesta la poderosa intercesión de la Iglesia por su jefe y la voluntad de Cristo de poner a su Iglesia a resguardo del poder del mal (véase Mt 16,18).Comuniquen esto a Santiago. Este es Santiago «hermano del Señor», el que ya era considerado como la cabeza de la Iglesia de Jerusalén. 

 

 

 

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Hech. 13, 1 - 52

             PABLO ES ENVIADO POR LA IGLESIA   [1] En Antioquía, en la Iglesia que estaba allí, había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahem, que se había criado con Herodes, y Saulo. [2] Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Sepárenme a Bernabé y a Saulo y envíenlos a realizar la misión para la que los he llamado.» [3] Ayunaron e hicieron oraciones, les impusieron las manos y los enviaron.  PRIMERA MISIÓN DE PABLO   [4] Enviados por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo bajaron al puerto de Seleucia y de allí navegaron hasta Chipre. [5] Llegados a Salamina, comenzaron a anunciar la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Juan les hacía de asistente. [6] Atravesando toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago judío, un falso profeta llamado Bar-Jesús, [7] que estaba con el gobernador Sergio Paulo, el cual era un hombre muy abierto. Este hizo llamar a Bernabé y Saulo, pues deseaba escuchar la Palabra de Dios, [8] pero el otro ponía trabas. El Elimas (éste era su nombre, que significa el Mago), intentaba apartar al gobernador de la fe. [9] Entonces Saulo, que no es otro que Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijó en él sus ojos [10] y le dijo: «Tú, hijo del diablo, enemigo de todo bien, eres un sinvergüenza y no haces más que engañar. ¿Cuándo terminarás de torcer los rectos caminos del Señor? [11] Pues ahora la mano del Señor va a caer sobre ti, quedarás ciego y no verás la luz del sol por cierto tiempo.» Al instante quedó envuelto en oscuridad y tinieblas, y daba vueltas buscando a alguien que lo llevase de la mano. [12] Al ver lo acontecido, el Gobernador abrazó la fe, pues quedó muy impresionado por la doctrina del Señor.  PABLO EN LA CAPITAL DE PISIDIA  [13] Pablo y sus compañeros se embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Allí Juan se separó de ellos y regresó a Jerusalén, [14] mientras ellos, dejando Perge, llegaban a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. [15] Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: «Hermanos, si ustedes tienen alguna palabra de aliento para los presentes, hablen.» [16] Pablo, pues, se levantó, hizo señal con la mano pidiendo silencio y dijo: «Hijos de Israel y todos ustedes que temen a Dios, escuchen: [17] El Dios de Israel, nuestro pueblo, eligió a nuestros padres. Hizo que el pueblo se multiplicara durante su permanencia en Egipto, los sacó de allí con hechos poderosos, [18] y durante unos cuarenta años los llevó por el desierto. [19] Luego destruyó siete naciones en la tierra de Canaán y les dio su territorio en herencia. [20] Durante unos cuatrocientos cincuenta años les dio jueces, hasta el profeta Samuel. [21] Entonces pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. [22] Pero después Dios lo rechazó y les dio a David, de quien dio este testimonio: Encontré a David, hijo de Jesé, un hombre a mi gusto, que llevará a cabo mis planes. [23] Ahora bien, Dios ha cumplido su promesa: ha hecho surgir de la familia de David un salvador para Israel, ese es Jesús. [24] Antes de que se manifestara, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión. [25] Y cuando estaba para terminar su carrera, Juan declaró: «Yo no soy el que ustedes piensan, pero detrás de mí viene otro al que yo no soy digno de desatarle la sandalia.» [26] Hermanos israelitas, hijos y descendientes de Abrahán, y también ustedes los que temen a Dios, a todos nosotros se nos ha dirigido este mensaje de salvación. [27] Es un hecho que los habitantes de Jerusalén y sus jefes no lo reconocieron, sino que lo procesaron, cumpliendo con esto las palabras de los profetas que se leen todos los sábados. [28] Aunque no encontraron en él ningún motivo para condenarlo a muerte, pidieron a Pilato que fuera ejecutado. [29] Y cuando cumplieron todo lo que sobre él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en un sepulcro. [30] Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. [31] Durante muchos días se apareció a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén, y que habían de ser sus testigos ante el pueblo. [32] Nosotros mismos les traemos ahora la promesa que Dios hizo a nuestros padres, [33] y que cumplió para nosotros, sus hijos, al resucitar a Jesús, como está escrito en el Salmo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. [34] Dios lo resucitó de entre los muertos, y no volverá a conocer muerte ni corrupción. Pues así lo dijo: Les daré las cosas santas, las realidades verdaderas que reservaba para David. [35] Asimismo está dicho en otro lugar: No permitirás que tu santo experimente la corrupción. [36] Bien saben que David, después de haber servido durante su vida a los designios de Dios, murió, se reunió con sus padres y experimentó la corrupción. [37] Otro, pues, es el que no sufre la corrupción, y ese es Jesús, al que Dios resucitó. [38] Sepan, pues, hermanos, cuál es la promesa: por su intermedio ustedes recibirán el perdón de los pecados y de todas esas cosas de las cuales buscaron en vano ser liberados por la Ley de Moisés. [39] Quien cree en este Jesús es liberado de todo esto. [40] Tengan, pues, cuidado de que no les ocurra lo que dijeron los profetas: [41] Atiendan ustedes, gente engreída, asómbrense y desaparezcan. Porque voy a realizar en sus días una obra tal, que si se la contaran, no la creerían.» [42] Al salir Pablo y Bernabé de la sinagoga, les rogaban que de nuevo les volvieran a hablar de este tema el sábado siguiente. [43] Y cuando se dispersó la asistencia, muchos judíos y de los que temen a Dios les siguieron. Pablo y Bernabé continuaron conversando con ellos, y los exhortaban a perseverar en la gracia de Dios. [44] El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió para escuchar a Pablo, que les habló largamente del Señor. [45] Los judíos se llenaron de envidia al ver todo aquel gentío y empezaron a contradecir con insultos lo que Pablo decía. [46] Entonces Pablo y Bernabé les hablaron con coraje: «Era necesario que la Palabra de Dios fuera anunciada a ustedes en primer lugar. Pues bien, si ustedes la rechazan y se condenan a sí mismos a no recibir la vida eterna, sepan que ahora nos dirigimos a los que no son judíos. [47] El mismo Señor nos dio la orden: Te he puesto como luz de los paganos, y llevarás mi salvación hasta los extremos del mundo. [48] Los que no eran judíos se alegraban al oír estas palabras y tomaban en consideración el mensaje del Señor. Y creyeron todos los que estaban destinados para una vida eterna. [49] Con esto la Palabra de Dios empezó a difundirse por toda la región. [50] Pero los judíos incitaron a mujeres distinguidas de entre las que temían a Dios y también a los hombres importantes de la ciudad y promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé hasta que los echaron de su territorio. [51] Así que los apóstoles se fueron a la ciudad de Iconio, pero al salir sacudieron el polvo de sus pies en protesta contra ellos. [52] Dejaban a los discípulos llenos de gozo y Espíritu Santo.          

 

 

[1] Aquí comienzan las misiones de Pablo. La misión parte de la Iglesia, como debe ser; no hay misión si no se es enviado (es el sentido de «misión»). Pero la iniciativa viene del Espíritu Santo y responde a la vida ferviente de la comunidad de Antioquía. Nótese cómo la comunidad acepta la partida de dos de sus cinco principales animadores; con la imposición de las manos se implora la gracia de Dios para los dos misioneros. Hasta ese momento Pablo no es más que el asistente de Bernabé.Es muy difícil saber cómo se organizó la Iglesia en sus comienzos. No tenía entonces la jerarquía de tres órdenes que tenemos ahora, a saber, obispos, sacerdotes y diáconos, que sólo quedará establecida hacia fines del siglo primero.Las Iglesias de Jerusalén y de Antioquía se gobernaban, seguramente, en forma diferente a la de las pequeñas comunidades. La mayoría de éstas escogían a sus Ancianos de entre los hombres más dignos de confianza. Bastaba que hubieran sido reconocidos o establecidos por los apóstoles o por cualquier otra autoridad superior, y fueran aceptados por las comunidades vecinas. Su servicio de «presidencia» incluía el bautismo, la celebración de la eucaristía y la unción de los enfermos. Esta institución de los Ancianos (véase 14,23 y 11,30) se había calcado del modo de organizarse de las comunidades judías.En todas partes en que había profetas reconocidos como tales (y ese era el caso de Antioquía), gozaban de una autoridad superior, bastante cercana a la de los apóstoles (1 Cor 12,28 y Ef 2,20).Pablo y Bernabé, si bien no eran considerados todavía como apóstoles, eran sin embargo profetas. En cuanto a los maestros o doctores, eran capaces, como los maestros de la Ley de los judíos, de enseñar la doctrina y la moral a partir de la Escritura. 

 

 

[4] Esta primera misión comienza de una manera tradicional. Los judíos podían viajar por todo el imperio romano, pues en todas las ciudades importantes encontrarían un barrio judío o una comunidad judía. Desde Antioquía, Pablo y Bernabé se embarcan para la isla de Chipre, patria de Bernabé.El encuentro con Sergio Paulo tiene un valor simbólico, porque se ve que el Evangelio no sólo conquista a la gente humilde, sino también a las autoridades. Pablo es consciente de que debe dar testimonio ante «los reyes y los gobernadores» (Lc 21,12). En adelante el libro de los Hechos no hablará más de Saulo sino de Pablo. ¿Acaso el gobernador lo autorizó a tomar su nombre de familia? Para Pablo, que ya era ciudadano romano (16,37), fue un paso más para integrarse al mundo de los no-judíos.Pablo y sus compañeros (13). Una vez empezada la misión, Pablo se impone como jefe y Bernabé pasa al segundo plano. Cuando llegaron al continente, en la inhóspita región de Perge, Juan Marcos los abandonó. Los planes audaces de Pablo le provocaron probablemente miedo; sabía un poco de griego, y tal vez se sintió muy mal al entrar en un país en el que pocas personas conocían esa lengua.Pablo y Bernabé penetran en las montañas de Turquía actual y llegan al corazón de la provincia de Pisidia, a Antioquía (que no se debe confundir con la otra Antioquía).Lucas cuenta con detalles los acontecimientos de Antioquía de Pisidia, porque fueron típicos de lo que iba a suceder, tanto entre los judíos como entre los griegos -los paganos- en otros lugares donde Pablo iría a predicar.Pablo habla durante la reunión del Sábado en la Sinagoga de los judíos. El culto se componía de Salmos y de lecturas bíblicas del Antiguo Testamento. Luego uno o dos de los responsables hacían algunos comentarios. Por deferencia hacia Pablo, que estaba de visita y que había ya dado a entender que tenía algo que decir, le pidieron que hablara.El discurso de Pablo, un compendio de la historia de Israel, puede parecernos sin gran interés, como el de Pedro (cap. 2) o el de Esteban (cap. 7). Pero era la manera judía de predicar, y para todos esos emigrados no había nada más interesante que oír recordar esa historia que sabían de memoria y que les daba su identidad en medio de los otros pueblos. Pablo presenta, pues, esa historia, poniendo énfasis en una serie de hechos que le dan un sentido y la conducen muy precisamente a Cristo. Demuestra que las promesas de Dios a Israel se han realizado por la resurrección de Cristo.Hay aquí una manera de comprender el Evangelio que no debemos perder. Decimos que la fe judía y luego la cristiana son «históricas». Esto quiere decir, en primer lugar, que Dios se ha revelado en la historia; nuestra fe, por tanto, no es una doctrina descubierta por pensadores, ni tampoco parte de leyendas. Pero también quiere decir que la resurrección de Jesús marca un nuevo punto de partida de toda la historia humana y que, año tras año, la historia está en marcha hacia un término cuya única salida será el Juicio y el reino de Dios. No podemos simplemente contar el evangelio como una doctrina siempre verdadera, sino que debemos mostrar cómo el Evangelio y el Espíritu de Dios están actuando con fuerza en los acontecimientos.El público reaccionó de diversas formas. Allí no había sólo judíos, sino también los «que temen a Dios» y los «prosélitos» (más comprometidos con el Judaísmo) que ya hemos encontrado en el caso del Etíope y de Cornelio; los judíos los consideraban creyentes de segunda clase. Desde sus primeras palabras, Pablo los saluda como si fueran judíos. Luego, en su predicación, no insiste más en la observancia de la Ley, que sólo era seguida enteramente por los judíos y que los ponía por encima de los demás, sino que declara que La Ley ha sido superada (v. 38). Pablo menciona las promesas de Dios que se dirigen a todos los hombres. Los «que temen a Dios» se entusiasman con el evangelio que hace de ellos creyentes completos.A la salida de la Sinagoga, Pablo no se queda en el grupo de los judíos sino que inmediatamente atrae hacia sí a un cierto número de los que temen a Dios. El contacto debe haber sido muy impactante para ellos, puesto que al sábado siguiente llevaron consigo todo un mundo que jamás se había visto aún.Se produjo entonces una crisis. Los judíos más orgullosos tuvieron miedo cuando se vieron rodeados de esos paganos impuros; se opusieron a Pablo y no pensaron más que en echarlo fuera, lo que consiguieron con la intervención de mujeres ricas y piadosas. Fue entonces cuando comenzó a existir una comunidad cristiana separada de la de los judíos.Todo eso, ¿no es acaso actual? Si no vemos a menudo tales crisis en nuestra Iglesia es quizá porque los apóstoles son poco numerosos, como en tiempos de Pablo, y porque no hemos recibido aún la visita del que se haría oír más allá de nuestros muros.Todos los que estaban destinados para una vida eterna (48). Esta expresión no condena a los que no han creído. Simplemente dice que la venida de algunos fue para ellos un don. Dios estaba entrando en sus vidas, haciendo de ellos los portadores de una corriente de vida (Jn 17,3). 

 

 

 

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Hech. 14, 1 - 28

             EVANGELIZACIÓN DE ICONIO   [1] En Iconio ocurrió lo mismo. Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que un gran número de judíos y griegos abrazaron la fe. [2] Pero entonces los judíos que se negaron a creer excitaron y envenenaron los ánimos de los paganos contra los hermanos. [3] Con todo, permanecieron allí un buen número de días. Predicaban sin miedo, confiados en el Señor, el que confirmaba este anuncio de su gracia con las señales milagrosas y los prodigios que les concedía realizar. [4] La población de la ciudad se dividió, unos a favor de los judíos y otros a favor de los apóstoles. [5] Un grupo compuesto de paganos y judíos con sus jefes al frente, se preparó para ultrajar y apedrear a los apóstoles. [6] Ellos, al enterarse, huyeron a la provincia de Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores, [7] donde se quedaron evangelizando.  EN LISTRA Y DERBE   [8] Había en Listra un hombre tullido, que se veía sentado y con los pies cruzados. Era inválido de nacimiento y nunca había podido caminar. [9] Un día, como escuchaba el discurso de Pablo, éste fijó en él su mirada y vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado. [10] Le dijo entonces en voz alta: «Levántate y ponte derecho sobre tus pies.» El hombre se incorporó y empezó a caminar. [11] Al ver la gente lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar en la lengua de Licaonia: «¡Los dioses han venido a nosotros en forma de hombres!» [12] Según ellos, Bernabé era Zeus y Pablo Hermes, porque era el que hablaba. [13] Incluso el sacerdote del templo de Zeus que estaba fuera de la ciudad trajo hasta las puertas de la misma toros y guirnaldas y, de acuerdo con la gente, quiso ofrecerles un sacrificio. [14] Al escuchar esto, Bernabé y Pablo rasgaron sus vestidos para manifestar su indignación y se lanzaron en medio de la gente gritando: [15] «Amigos, ¿qué hacen? Nosotros somos humanos y mortales como ustedes, y acabamos de decirles que deben abandonar estas cosas que no sirven y volverse al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos. [16] El permitió en las generaciones pasadas que cada nación siguiera su propio camino, [17] pero no por eso dejó de manifestarse, pues continuamente derrama sus beneficios. El es quien desde el cielo les da las lluvias, y los frutos a su tiempo, dando el alimento y llenando los corazones de alegría.» [18] Aun con estas palabras, difícilmente consiguieron que el pueblo no les ofreciera un sacrificio, y que volvieran cada uno a su casa. [19] Se quedaron allí algún tiempo enseñando. Luego llegaron unos judíos de Antioquía e Iconio y hablaron con mucha seguridad, afirmando que no había nada de verdadero en aquella predicación, sino que todo era una mentira. Persuadieron a la gente a que les dieran la espalda y al final apedrearon a Pablo. Después lo arrastraron fuera de la ciudad, convencidos de que ya estaba muerto. [20] Pero sus discípulos se juntaron en torno a él, y se levantó. Entró en la ciudad, y al día siguiente marchó con Bernabé para Derbe.  VUELVEN A ANTIOQUÍA   [21] Después de haber evangelizado esa ciudad, donde hicieron muchos discípulos, regresaron de nuevo a Listra y de allí fueron a Iconio y Antioquía. [22] A su paso animaban a los discípulos y los invitaban a perseverar en la fe; les decían: "Es necesario que pasemos por muchas pruebas para entrar en el Reino de Dios.» [23] En cada Iglesia designaban presbíteros y, después de orar y ayunar, los encomendaban al Señor en quien habían creído. [24] Atravesaron la provincia de Pisidia y llegaron a la de Panfilia. [25] Predicaron la Palabra en Perge y bajaron después a Atalía. [26] Allí se embarcaron para volver a Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia de Dios para la obra que acababan de realizar. [27] A su llegada reunieron a la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto las puertas de la fe a los pueblos paganos. [28] Permanecieron allí bastante tiempo con los discípulos.  

 

 

[1] Las cosas se dieron igual en Iconio. Pablo y Bernabé hablan llenos de seguridad. Este es uno de los signos del verdadero apóstol, inspirado por el Espíritu Santo. Esta seguridad es importante para decidir la conversión de los auditores, pero no es un don natural. Dios es quien inspira, tanto la palabra del apóstol como la respuesta de fe del oyente, muy especialmente en circunstancias difíciles (Véase 1 Tes 2,2 y 2 Cor 12,10). 

 

 

[8] Una vez que salieron de la ciudad de Iconio, en la que el griego era hablado por muchas personas, nada les facilitaría el contacto. En primer lugar, el problema del idioma; luego, el peso de la religión tradicional. A veces nos parece que debiera haber sido más fácil predicar la fe en un mundo donde todos tenían una religión y por tanto una fe en Dios. Pero eso es un error. Cualquiera que tuviera una religión estaba sometido a la autoridad indiscutible de las costumbres y tradiciones sociales ligadas a esa religión. Uno estaba encerrado en un sistema de relaciones interesadas en los dioses, y difícilmente podía adoptar una actitud libre frente a Dios. En cambio, muchas veces, los no creyentes de nuestras sociedades modernas han sido liberados de numerosos prejuicios y confusiones.Pablo vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado. Este hombre debía estar aún muy lejos de la fe que reconoce a Jesús como el Cristo y el Hijo de Dios, pero era la misma fe con la que muchos se habían acercado a Jesús. Dios no llama solamente a teólogos, aunque sean necesarios en la Iglesia, sino también a los otros, al «pobre mundo», los cuales deberían sentirse tanto como aquéllos sustancia de la Iglesia.La muchedumbre quedó sorprendida con el milagro, pero es fácil ver que no había comprendido nada. Quiso, una vez más, dar gracias a Dios, que constantemente manifiesta su bondad, pero Pablo no había venido para eso. Luego la situación se dio vuelta, como había ocurrido en Antioquía e Iconio; la presencia de los judíos en cualquier ciudad del Imperio, las comunicaciones estrechas entre sus comunidades, hacían de ellos enemigos temibles desde el momento que los cristianos tenían en su contra a las autoridades centrales de Jerusalén. Los judíos van a perseguir a las comunidades cristianas y a indisponer en su contra a las autoridades romanas hasta la Guerra de los Judíos de los años 66- 70, la que significó la ruina de esa nación.Efectivamente, las dificultades de Listra le ayudaron a Pablo a precisar sus objetivos. Ya no se arriesgará más en esas provincias en las que es difícil darse a entender y en las que se siente fuera de casa. En adelante, evangelizará a las grandes ciudades, situadas en los grandes ejes, y a los puertos, y dejará a otros el cuidado de propagar el Evangelio más al interior. 

 

 

[21] Derbe es el final de la misión. Pablo y Bernabé regresan por donde habían venido, visitando las comunidades que habían establecido en el continente. Luego toman el barco para Antioquía sin retornar a la isla de Chipre. La Iglesia de la época no tenía ni parroquias ni clero ni instituciones. El apóstol debió pues organizar la Iglesia de tal manera que pudiera continuar. Así como las comunidades judías tenían líderes llamados Ancianos (o presbíteros), así también los cristianos iban a ser dirigidos por ancianos, que también presidían la eucaristía (Véase el comentario de 13,1).En esas asambleas cada uno compartía con los demás sus propios dones espirituales (véase 1 Cor 12-14). La comunidad tiene como libros los de la Biblia judía: el Antiguo Testamento. Los profetas de la Iglesia (He 13,1) sacan de ese libro nuevas lecciones: descubren en él un anuncio del Cristo. De vez en cuando, apóstoles o profetas que vienen de otras partes visitan las comunidades.Así pues comprendemos que una misión no ha alcanzado su objetivo hasta que haya logrado formar comunidades de personas adultas con sus propios líderes y con la participación de todos sus miembros. 

 

 

 

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Hech. 15, 1 - 41

             CONTROVERSIAS. - CONCILIO DE JERUSALÉN: LA IGLESIA, ¿SERÁ JUDÍA?   [1] Llegaron algunos de Judea que aleccionaban a los hermanos con estas palabras: «Ustedes no pueden salvarse, a no ser que se circunciden como lo manda Moisés.» [2] Esto ocasionó bastante perturbación, así como discusiones muy violentas de Pablo y Bernabé con ellos. Al fin se decidió que Pablo y Bernabé junto con algunos de ellos subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros. [3] La Iglesia los encaminó, y atravesaron Fenicia y Samaría. Al pasar contaban con todo lujo de detalles la conversión de los paganos, lo que produjo gran alegría en todos los hermanos. [4] Al llegar a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia, por los apóstoles y los presbíteros, y les expusieron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. [5] Pero se levantaron algunos del grupo de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron: «Es necesario circuncidar a los no judíos y pedirles que observen la ley de Moisés.» [6] Entonces los apóstoles y los presbíteros se reunieron para tratar este asunto. [7] Después de una acalorada discusión, Pedro se puso en pie y dijo: «Hermanos: ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe. [8] Y Dios, que conoce los corazones, se declaró a favor de ellos, al comunicarles el Espíritu Santo igual que a nosotros. [9] No ha hecho ninguna distinción entre nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por medio de la fe. [10] ¿Quieren ustedes mandar a Dios ahora? ¿Por qué quieren poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que nuestros padres no fueron capaces de soportar, ni tampoco nosotros? [11] Según nuestra fe, la gracia del Señor Jesús es la que nos salva, del mismo modo que a ellos.» [12] Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Bernabé y a Pablo, que contaron las señales milagrosas y prodigios que Dios había realizado entre los paganos a través de ellos. [13] Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: «Hermanos, escúchenme: [14] Simeón acaba de recordar cómo Dios, desde el primer momento, intervino para formarse con gentes paganas un pueblo a su nombre. [15] Los profetas hablan el mismo lenguaje, pues está escrito: [16] Después de esto volveré y construiré de nuevo la choza caída de David. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar, [17] para que el resto de los hombres busque al Señor, todas las naciones sobre las cuales ha sido invocado mi Nombre. Así lo dice el Señor, que hoy realiza [18] lo que tenía preparado desde siempre. [19] Por esto pienso que no debemos complicar la vida a los paganos que se convierten a Dios. [20] Digámosles en nuestra carta tan sólo que se abstengan de lo que es impuro por haber sido ofrecido a los ídolos, de las relaciones sexuales prohibidas, de la carne de animales sin sangrar y de comer sangre. [21] Porque desde tiempos antiguos leen a Moisés en las sinagogas todos los sábados, y tiene predicadores en cada ciudad.»  LA CARTA DEL CONCILIO, EL PRINCIPIO DE LIBERTAD   [22] Entonces los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, decidieron elegir algunos hombres de entre ellos para enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Fueron elegidos Judas, llamado Barsabás, y Silas, ambos dirigentes entre los hermanos. [23] Debían entregar la siguiente carta: «Los apóstoles y los hermanos con título de ancianos saludan a los hermanos no judíos de Antioquía, Siria y Cilicia. [24] Nos hemos enterado de que algunos de entre nosotros los han inquietado y perturbado con sus palabras. No tenían mandato alguno nuestro. [25] Pero ahora, reunidos en asamblea, hemos decidido elegir algunos hombres y enviarlos a ustedes, junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, [26] que han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. [27] Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, que les expondrán de viva voz todo el asunto. [28] Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro no imponerles ninguna otra carga fuera de las indispensables: [29] que no coman carne sacrificada a los ídolos, ni sangre, ni carne de animales sin desangrar, y que se abstengan de relaciones sexuales prohibidas. Observen estas normas dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adiós. » [30] Después de despedirse fueron a Antioquía, reunieron a la asamblea y entregaron la carta. [31] Cuando la leyeron, todos se alegraron con aquel mensaje de aliento. [32] Judas y Silas, que también eran profetas, dieron ánimo y confortaron a los hermanos con un largo discurso. [33] Se quedaron allí algún tiempo, y los hermanos los despidieron en paz para volver a la comunidad que los había enviado. [34] Pero Silas prefirió quedarse con ellos y Judas volvió solo. [35] En cuanto a Pablo y Bernabé, se detuvieron en Antioquía, enseñando y anunciando con muchos otros la Palabra de Dios.  SEGUNDA MISIÓN DE PABLO   [36] Pero un día Pablo dijo a Bernabé: «Volvamos a visitar a los hermanos y veamos cómo están en cada una de las ciudades donde hemos anunciado la Palabra del Señor.» [37] Bernabé quería llevar con ellos también a Juan, llamado Marcos, [38] pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había abandonado en Panfilia, cuando debía haber compartido sus trabajos. [39] Se acaloraron tanto que acabaron por separarse el uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre. [40] Pablo, por su parte, eligió a Silas. Los hermanos lo encomendaron a la gracia de Dios y partió. [41] Recorrió Siria y Cilicia confirmando a las Iglesias y entregando las decisiones de los presbíteros.  

 

 

[1] Aquí vemos el primer gran debate de la Iglesia. Pablo, en efecto, lo cuenta en Gál 1,1-10.La forma de resolver el conflicto pone de manifiesto el aspecto comunitario de la Iglesia: los ancianos de la Iglesia-madre de Jerusalén se reúnen con los apóstoles, que son la autoridad suprema de la Iglesia. Simón Pedro les recuerda su experiencia con Cornelio (cap. 11) y abre el camino de la libertad total con respecto a la religión judía. 

 

 

[22] Si se lee Gálatas 2, y luego Hechos 21,25, se puede pensar que Lucas ha juntado aquí dos acontecimientos: por una parte, la reunión en Jerusalén y por otra, una decisión de Santiago, tomada un poco más tarde para las Iglesias que dependían más directamente de Jerusalén y donde los judíos de origen formaban la gran mayoría. En este caso sería más fácil comprender el decreto que viene a continuación.La decisión final del «Concilio» de Jerusalén, tal como está presentada aquí, debió de ser lo mejor que los apóstoles y el Espíritu Santo podían hacer en ese momento. Pero hay que reconocer que el arreglo sólo podía ser provisorio y que no tenía justificación doctrinal. Imponer las leyes judías era castigar a los no judíos. Era además una manera de decir que la Iglesia no era capaz de mantenerse en la novedad del Evangelio, libre del pasado, libre de las disciplinas religiosas. De hecho, algunos años más tarde, ya nadie se preocupaba por esas leyes, por el hecho de que la Iglesia se había liberado de la comunidad judía tanto como había sido rechazada por ésta.Habrá que fijarse en las expresiones siguientes: Los apóstoles, los ancianos y toda la comunidad... Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro. Es que la decisión de la comunidad unida a sus apóstoles es la garantía del Espíritu Santo.Semejantes debates volverán a presentarse en los siglos posteriores, pero entonces se tratará de liberar a la Iglesia, no de las Leyes del Antiguo Testamento, sino de leyes y costumbres de la propia Iglesia que habrán pasado a ser un yugo imposible de soportar para una gran parte de la humanidad. Pero sólo un debate muy abierto como el de Jerusalén permitirá poner el dedo en esos obstáculos y tabúes eclesiásticos; en el caso de que organismos centrales ahoguen la libertad de expresión, la misión se debilita y la Iglesia se encierra en una clientela tradicional cada vez más reducida. 

 

 

[36] Estamos en el año 50. Hace trece años que Pablo se había encontrado con Cristo en el camino de Damasco, y comienza ahora una nueva etapa de su vida. Los apóstoles y la Iglesia de Jerusalén han reconocido oficialmente la misión que Cristo le había encomendado el día de su conversión, esto es, que fuera el apóstol de las naciones paganas que forman el mundo romano (Gál 2,7-9; Ef 3,8-9). Va a llevar a cabo la misión como el único responsable.La violenta ruptura de Pablo y de su amigo Bernabé no debe extrañarnos, puesto que la fe no destruye nuestra personalidad. Pero el tiempo y la gracia atenúan las asperezas. Algunos años más tarde, Marcos estará de nuevo al lado de Pablo en su tiempo de detención en Roma (Filem 24 y 2 Tim 4,11). 

 

 

 

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Hech. 16, 1 - 40

             PABLO LLEVA A TIMOTEO CONSIGO   [1] Pablo se dirigió a Derbe, y después a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía que había abrazado la fe, y de padre griego; [2] los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él. [3] Pablo quiso llevarlo consigo y de partida lo circuncidó, pensando en los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego. [4] A su paso de ciudad en ciudad, iban entregando las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén y exhortaban a que las observaran. [5] Estas Iglesias se iban fortaleciendo en la fe y reunían cada día más gente. [6] Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo no les dejó que fueran a predicar la Palabra en Asia. [7] Estando cerca de Misia intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús. [8] Atravesaron entonces Misia y bajaron a Tróade.  [9] Por la noche Pablo tuvo una visión. Ante él estaba de pie un macedonio que le suplicaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos.» [10] Al despertar nos contó la visión y comprendimos que el Señor nos llamaba para evangelizar a Macedonia.  PABLO PASA A EUROPA  [11] Nos embarcamos en Tróade y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. [12] De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana. Nos detuvimos allí algunos días, [13] y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. [14] Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira. Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. [15] Recibibió el bautismo junto con los de su familia, y luego nos suplicó: «Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa.» Y nos obligó a aceptar.  PABLO Y SILAS EN PRISIÓN   [16] Mientras íbamos un día al lugar de oración, salió a nuestro encuentro una muchacha esclava que estaba poseída por un espíritu adivino. Adivinando la suerte producía mucha plata a sus amos. [17] Empezó a seguirnos y a Pablo gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y les anuncian el camino de la salvación.» [18] Esto se repitió durante varios días, hasta que Pablo se cansó, Se volvió y dijo al espíritu: «En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella» Y en ese mismo instante el espíritu la dejó. [19] Al ver sus amos que con ello se esfumaban también sus ganancias, tomaron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza ante el tribunal. [20] Y los presentaron a los magistrados diciendo: «Estos hombres son judíos y están alborotando nuestra ciudad; [21] predican unas costumbres que a nosotros, los romanos, no nos está permitido aceptar ni practicar.» [22] La gente se les echó encima. Los oficiales mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. [23] Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos con todo cuidado. [24] Este, al recibir dicha orden, los metió en el calabozo interior, y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.  LIBERACIÓN MILAGROSA  [25] Hacia la media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. [26] De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas. [27] Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, [28] pero Pablo le gritó: «No te hagas daño, que estamos todos aquí.» [29] El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. [30] Después los sacó fuera y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?» [31] Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.» [32] Así que le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa, [33] y él, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con toda su familiala a aquella hora de la noche. [34] Los había llevado a su casa; allí preparó la mesa e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios. [35] Por la mañana los magistrados enviaron a unos oficiales con esta orden: «Deja en libertad a esos hombres.» [36] El carcelero se lo comunicó a Pablo y Silas, diciendo: «Los magistrados han dado orden de dejarlos en libertad. salgan, pues, y marchen en paz.» [37] Pero Pablo le contestó: «A nosotros, ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente y nos han metido en la cárcel sin juzgarnos, ¿y ahora quieren echarnos fuera a escondidas? Eso no. Que vengan ellos a sacarnos.» [38] Los oficiales transmitieron esto a los magistrados, que se llenaron de miedo al escuchar que eran ciudadanos romanos. [39] Fueron a la prisión acompañados por un grupo de amigos de Pablo y les pidieron que se marcharan, diciéndoles: «¡Cómo íbamos a pensar que ustedes fueran muy buena gente!» Y cuando Pablo y Silas estaban para irse, les rogaron: «Ahora que se van libres, por favor, no nos hagan problemas por haberles hablado duramente». [40] Apenas dejaron la cárcel fueron a casa de Lidia. Allí se encontraron con los hermanos, a los que dieron ánimo y antes de marcharse.   

 

 

[1] No le bastó a Pablo haber establecido ancianos en cada comunidad, quiso también tener asistentes que, igual que él, visitaran y reforzaran las comunidades existentes y formaran otras. Timoteo es el primero de esos asistentes. El apóstol toma en cuenta el buen testimonio que los creyentes dan de él; después de él, la Iglesia tomará muy en cuenta la opinión de la comunidad cuando se trate de encontrar dirigentes (véase 1 Tim 3,7 y Ti 1-6).Un detalle nos muestra que Pablo era capaz de transigir. No quería que los convertidos fueran circuncidados, pues ese ritual ya no tenía sentido para un cristiano; pero circuncida a Timoteo para evitarle problemas con los creyentes de origen judío.Lucas da sólo algunos detalles de un viaje que probablemente duró dos años. Las cartas de Pablo nos dan a entrever el tipo de trabajo perseverante a que debió consagrarse para formar a los creyentes y a sus responsables; una misión no consiste sólo en preparar el terreno donde se va a entregar la palabra; también hay que suscitar y convertir a los que harán que la comunidad viva por sí misma y siga desarrollándose.Dos veces el Espíritu Santo impide a Pablo que se quede en la provincia romana de Asia. Debe ir más lejos, a Macedonia, entrando así en Europa. Así se confirma la voluntad de Dios que el Evangelio llegue al centro del imperio. 

 

 

[9] Sin advertirlo, el texto dice «nosotros», lo que indica que Lucas comienza a narrar sus propios recuerdos. De ahí hay que deducir que en Tróade Pablo y Silas encontraron a Lucas, un ex-médico de Antioquía, que los esperaba. A lo mejor había llegado por mar mientras los dos misioneros recorrían el interior. 

 

 

[16] Desde la primera etapa, el Evangelio muestra su fuerza liberadora... y hace aterrizar a los apóstoles en la prisión. Pablo libera a una joven que predecía la suerte. Esta actividad era condenada por el Antiguo Testamento (Lev 19,31 ; Deut 18,11). Lucas ve en ella un artificio del demonio y de las fuerzas oscuras que niegan el dominio absoluto de Dios sobre el destino de sus hijos (Col 2,15; 1 Cor 2,8); tratar de saber el propio porvenir es, de hecho, dudar de Dios.Los patrones de esa joven presentan un argumento que quiere impresionar a las autoridades en una sociedad donde las costumbres son sagradas, -el mismo argumento que los judíos utilizaron y utilizarán en contra de Pablo, y que a continuación utilizarán también sociedades cristianas-: predican unas costumbres que a nosotros no nos está permitido aceptar.En las prisiones romanas había una sala principal, y en el centro del embaldosado una reja cerraba la abertura por la que se metía a los prisioneros más peligrosos en un calabozo subterráneo. Allí echaron a Pablo y a Silas. Libres, a pesar de sus cadenas y de sus heridas, tuvieron ánimo para alabar a Dios, y en el silencio de la noche los otros prisioneros los escuchaban.Dios también escucha, y las rejas se abren. ¡Cuántos episodios semejantes tuvieron lugar en lugares y tiempos en que se dieron testimonios de libertad cristiana a riesgo de la propia vida!Nosotros que nos tomamos el tiempo, y con razón, para preparar un bautismo, a lo mejor nos sorprenderemos de este bautismo tan rápido de toda una familia. Se podría decir que no todo el mundo es Pablo y que el caso era muy especial; digamos además que se trataba de un mundo muy diferente al nuestro, en el que las personas no tenían la misma capacidad de hoy día para un proceso personal de la fe. 

 

 

 

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Hech. 17, 1 - 34

             DIFICULTADES EN TESALÓNICA   [1] Pablo y Silas atravesaron Anfípolis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga. [2] Pablo, según su costumbre, fue a visitarlos y por tres sábados discutió con ellos, basándose en las Escrituras. [3] Las interpretaba y les demostraba que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos. Y les decía: «Este Mesías es precisamente el Jesús que yo les anuncio.» [4] Hubo algunos que se convencieron y formaron un grupo en torno a Pablo y Silas. Lo mismo hicieron un buen número de griegos, de los «que temen a Dios», y no pocas mujeres de la alta sociedad. [5] Los judíos no se quedaron pasivos: reunieron a unos cuantos vagos y maleantes, armaron un motín y alborotaron la ciudad. Hicieron una demostración frente a la casa de Jasón, pues querían a Pablo y Silas para llevarlos ante la asamblea del pueblo. [6] Pero al no encontrarlos allí, arrastraron a Jasón y a otros creyentes ante los magistrados de la ciudad, gritando: «Esos hombres que han revolucionado todo el mundo han llegado también hasta aquí [7] y Jasón los ha hospedado en su casa. Todos ellos objetan los decretos del César pues afirman que hay otro rey, Jesús.» [8] Lograron impresionar al pueblo y a los magistrados que los oían, [9] los cuales exigieron una fianza a Jasón y a los demás hermanos antes de dejarlos en libertad. [10] Aquella misma noche los hermanos enviaron a Pablo y Silas a la ciudad de Berea. Al llegar se dirigieron a la sinagoga de los judíos. [11] Estos eran mejores que los de Tesalónica, y recibieron el mensaje con mucha disponibilidad. Diariamente examinaban las Escrituras para comprobar si las cosas eran así. [12] Un buen número de ellos abrazó la fe y, de entre los griegos, algunas mujeres distinguidas y también bastantes hombres. [13] Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo estaba predicando la Palabra de Dios en Berea, fueron también allá para agitar al pueblo y crear disturbios. [14] Inmediatamente los hermanos hicieron salir a Pablo hacia la costa, mientras Silas y Timoteo se quedaban en Berea. [15] Los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.  PABLO EN ATENAS    [16] Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu hervía viendo la ciudad plagada de ídolos. [17] Empezó a tener contactos en la sinagoga con judíos y con griegos que temían a Dios, hablando también con los que diariamente se encontraban en las plazas de la ciudad. [18] Algunos filósofos epicúreos y estoicos entablaron conversación con él. Unos preguntaban: «¿Qué querrá decir este charlatán?», mientras otros comentaban: «Parece ser un predicador de dioses extranjeros.» Porque le oían hablar de «Jesús» y de «la Resurrección». [19] Lo tomaron y lo llevaron con ellos a la sala del Areópago, diciéndo: «¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que enseñas? [20] Nos zumban los oídos con esas cosas tan raras que nos cuentas, y nos gustaría saber de qué se trata.» [21] Se sabe que para todos los atenienses y los extranjeros que viven allí, no hay mejor pasatiempo que contar o escuchar las últimas novedades. [22] Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: «Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. [23] Mientras recorría la ciudad contemplando sus monumentos sagrados, he encontrado un altar con esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que ustedes adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarles. [24] El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él no vive en santuarios fabricados por humanos, pues es Señor del Cielo y de la tierra, [25] y tampoco necesita ser servido por manos humanas, pues ¿qué le hace falta al que da a todos la vida, el aliento y todo lo demás? [26] Habiendo sacado de un solo tronco toda la raza humana, quiso que se estableciera sobre toda la faz de la tierra, y fijó para cada pueblo cierto lugar y cierto momento de la historia. [27] Habían de buscar por sí mismos a Dios, aunque fuera a tientas: tal vez lo encontrarían. [28] En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos poetas de ustedes: «Somos también del linaje de Dios.» [29] Si de verdad somos del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a las creaciones del arte y de la fantasía humanas, ya sean de oro, plata o piedra. [30] Ahora precisamente, Dios quiere superar esos tiempos de ignorancia, y pide a todos los hombres de todo el mundo un cambio total. [31] Tiene ya fijado un día en que juzgará a todo el mundo con justicia, valiéndose de un hombre que ha designado, y al que todos pueden creer, pues él lo ha resucitado de entre los muertos.» [32] Cuando oyeron hablar de resurrección de los muertos, unos empezaron a burlarse de Pablo, y otros le decían: «Sobre esto te escucharemos en otra ocasión.» [33] Así fue como Pablo salió de entre ellos. [34] Algunos hombres, sin embargo, se unieron a él y abrazaron la fe, entre ellos Dionisio, miembro del Areópago, una mujer llamada Damaris y algunos otros.           

 

 

[1] En esta misión hay que destacar el caso de Tesalónica, la capital de Macedonia. La mayoría de los judíos se pone en contra de Pablo, y la comunidad cristiana comienza con hombres de origen griego, de los «que temen a Dios», a los que Pablo encontró en la sinagoga, o sencillamente paganos. A lo mejor Pablo les dio como dirigentes y formadores a los pocos judíos convertidos (v. 4), pues eran los que sabían manejar la Biblia, que tenían salmodias para los salmos, que tenían idea de una liturgia en el marco de una comunidad, y más claridad en los principios morales. Pablo estará siempre atento a que los judíos no vuelvan a llevar a los convertidos a una religión de mandamientos; será sin embargo entre ellos donde encontrará, por un tiempo, los elementos mejor preparados.La persecución le impide a Pablo quedarse más de dos meses. Pero una Iglesia tan nueva, establecida en esas condiciones, ¿lograría resistir? De hecho perseveró; véase al respecto las Cartas a los Tesalonicenses. 

 

 

[16] Atenas era la ciudad más célebre del mundo griego. Después de perder su poder político, continuaba siendo el centro cultural de todo el mundo romano. Pablo llega a Atenas, fiel a su táctica de dar siempre la prioridad a los grandes centros y a los puertos, desde donde son más fáciles las comunicaciones y desde donde se transmiten rápidamente por vía marítima las novedades -el Evangelio.Se le ofrece la oportunidad de hablar ante los filósofos y los notables de Atenas, y acepta. Adecua su mensaje para estos intelectuales, pero, sin éxito. Este fracaso no era como para sorprender, pues a la fe llegan, habitualmente, sólo aquéllos cuya vida los acerca a Cristo. Estos, en cambio, sólo se interesaban en novedades; eran maestros, y Pablo no tenía ningún título.Pablo quiso situar la fe cristiana frente a las demás religiones, demostrando que había llegado el momento para todos los pueblos de entrar en una nueva era del mundo, el tiempo de la fe. En la primera parte presentaba el hecho de la pluralidad religiosa, lo que era sólo una primera etapa en el plan de Dios. Luego venía el Evangelio, presentado como una reunificación de la humanidad y un juicio de Dios. Allí era donde, sin duda, Pablo quería y podía dar su testimonio, pero no lo dejaron terminar su discurso.A diferencia de lo que comúnmente hacían los judíos que veían ídolos en cualquier obra de arte (véase Sab 11,15), no ataca el hecho de tener imágenes y de honrarlas. Pablo sabe que, en todas las religiones, muchas personas sitúan las imágenes en su lugar y no confunden al Dios único y verdadero, del cual tienen una cierta intuición, con las imágenes y los ritos tradicionales.Pablo quiere únicamente demostrar que Dios está mucho más allá de las figuras que le atribuimos, e inmediatamente afirma que la humanidad es una en el designio de Dios. Sacó de un solo tronco a toda la raza humana. No reiniciemos las discusiones pasadas de moda para saber si Pablo condena o no ciertas teorías modernas sobre una aparición del hombre a partir de varios individuos. Pues estas discusiones se sitúan en un nivel totalmente distinto del plan de Dios. Si Pablo afirma que la raza es una en el plan de Dios, el principio y cabeza de ellos no es en ningún caso un ancestro de las cavernas perdido en la noche de los tiempos, sino Cristo el Hijo de Dios.Habían de buscar a Dios..., tal vez lo encontrarían. Afirmación sorprendente sobre una humanidad a quien Dios no le ha dicho todo y que debe avanzar a tientas, y por lo tanto, con muchos errores. Dios lo ha querido y lo quiere así, aunque las dictaduras piensen que es mejor imponer la verdad. Pablo no condena aquí a los filósofos que no tienen fe o cuyas teorías tienen muchos aspectos nefastos.He aquí aperturas bien interesantes: ¿podemos condenar sin más a nuestro mundo en crisis? Jamás la humanidad ha conocido un trastorno tal de sus condiciones de vida, tales desafíos que enfrentar, tales cambios que aceptar en la vida de cada día. Es natural que esté desorientada, que busque a tientas, con enormes errores, y todo eso forma parte del plan de Dios. La misma Iglesia será muchas veces incapaz de decir cuál es la mejor opción, pues los mismos cristianos están divididos y ¿no son acaso ellos la Iglesia? Dios no acostumbra a dar profetas para que piensen y sepan en lugar de los demás. No podemos, pues, más que reafirmar lo que es nuestra fe y certeza, a saber, que todo terminará en un juicio y que éste será frente a Cristo. Los pueblos se salvan o se condenan según acepten o no que Dios se hizo uno de nosotros y uno de los que obedecen. 

 

 

 

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Hech. 18, 1 - 28

             PABLO EN CORINTO   [1] Tiempo después Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. [2] Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural de Ponto, que acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto del emperador Claudio; porque todos los judíos habían recibido la orden de abandonar Roma. Pablo se acercó a ellos [3] pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. [4] Todos los sábados Pablo entablaba discusiones en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos. [5] Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías. [6] Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió el polvo de sus vestidos mientras les decía: «Nada tengo ya que ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante me dirigiré a los paganos.» [7] Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. [8] Crispo, uno de los dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían bautizar. [9] Una noche el Señor le dijo a Pablo en una visión: «No tengas miedo, sigue hablando y no calles, [10] pues en esta ciudad me he reservado un pueblo numeroso. Yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño.» [11] Pablo siguió enseñando entre ellos la Palabra de Dios, y permaneció allí un año y seis meses. [12] Siendo Galión gobernador de Acaya, los judíos acordaron unánimemente hacer una manifestación contra Pablo; lo llevaron ante el tribunal y lo acusaron [13] «Este hombre incita a la gente a que adoren a Dios de una manera que prohibe nuestra Ley.» [14] Pablo iba a contestar, cuando Galión dijo a los judíos: «Judíos, si se tratara de una injusticia o de algún crimen, sería correcto que yo los escuchara. [15] Pero como se trata de discusiones sobre mensajes, poderes superiores y sobre su Ley, arréglense entre ustedes mismos. Yo no quiero ser juez de tales asuntos. » [16] Y los echó del tribunal. [17] Entonces toda la chusma agarró a Sóstenes, que era un dirigente de la sinagoga, y empezaron a golpearlo delante del tribunal, pero Galión no se preocupó por tanto. [18] Pablo se quedó en Corinto todavía por bastante tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado por Priscila y Aquila. Había hecho un voto, y solamente en el puerto de Cencreas se cortó el pelo. [19] Así fue como llegaron a Efeso, y allí dejó que ellos se fueran. Pablo entró en la sinagoga y empezó a discutir con los judíos. [20] Le rogaban que se quedara en Efeso por más tiempo, pero Pablo no aceptó, [21] y se despidió de ellos con estas palabras: «Si Dios quiere, volveré de nuevo por aquí.» Y se fue de Efeso por mar.  [22] Desembarcó en Cesarea. Subió a saludar a aquella Iglesia y después bajó a Antioquía. [23] Permaneció allí por algún tiempo, y luego se fue a recorrer ciudad tras otra las regiones de Galacia y Frigia, fortaleciendo a los discípulos.  [24] Un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un orador elocuente y muy entendido en las Escrituras. [25] Le habían enseñado algo del camino del Señor, y hablaba con mucho entusiasmo. Enseñaba en forma acertada lo referente a Jesús, aunque sólo se había quedado con el bautismo de Juan. [26] Hablaba, pues, con mucha convicción en la sinagoga. Al oírlo Aquila y Priscila, lo llevaron consigo y le expusieron con mayor precisión el camino. [27] Como pensaba pasar por Acaya, los hermanos lo alentaron y escribieron a los discípulos para que lo recibieran. De hecho, cuando llegó, ayudó muchísimo a los que la gracia de Dios había llevado a la fe, [28] pues rebatía públicamente y con gran acierto a los judíos, demostrando con las Escrituras que Jesús era el Mesías.      

 

 

[1] Corinto era el primer puerto de Grecia y capital de la provincia de Acaya, una de las grandes metrópolis del Imperio. Era un centro religioso, comercial y cultural. La ciudad era célebre por su lujo y su corrupción. Pablo permaneció allí 18 meses, hasta fines del año 52. Tenemos aquí un dato preciso: la historia ha registrado que Galión (v.12) era gobernador de Acaya durante el año 52.Aquila y su esposa Priscila acababan de llegar a Corinto. Tal vez ya eran cristianos, pero los judíos cristianos no eran diferentes de los demás ante el decreto del emperador.Aquila y Priscila se ponen simplemente a disposición de Pablo. Lo ayudarán en muchas ocasiones (Rom 16,3) con la disponibilidad natural de los que no se sienten ligados a ninguna ciudad o país.Una visión: no abundan en este libro. A lo mejor Pablo se preguntaba si no sería mejor retirarse por un tiempo, como ya lo había hecho y como lo había aconsejado Jesús en caso de persecución (Mt 10,23). El diablo multiplica los obstáculos cuando se penetra en sus dominios, por miedo a perder su poder, pero, en ese centro de corrupción, la gracia será más fuerte.Los judíos lo llevaron ante el tribunal (12). Tenemos aquí un nuevo ejemplo de los problemas que encontró Pablo en los grandes centros romanos. Diversos pueblos coexisten y los numerosos conflictos se arreglan dentro de cada comunidad según sus propias leyes y costumbres. Galión, el gobernador romano, no quiere verse empantanado en la jungla de tradiciones y de disputas, sobre todo con judíos que, desde hacía ya más de cien años, gozaban de privilegios dentro del Imperio romano. Están furiosos al ver el éxito de Pablo que se apoya como ellos en la palabra del Dios único, y temen que la imprudencia de los cristianos produzca una reacción de los paganos, de la cual ellos serían también víctimas.Todos empezaron a golpear a Sóstenes. Es muy probable que este Sóstenes sea el nombrado en 1 Cor 1,1. Aunque ya fuese allí una figura importante del grupo cristiano, es dudoso que los judíos lo apresaran delante de las autoridades; fue una turba de mirones que se dejó caer sobre un judío conocido.Pablo había hecho un voto. Se rasura la cabeza como estaba previsto en los Números 6,5. Este detalle es muy importante para ayudarnos a interpretar las polémicas fuertes de Pablo contra las prácticas de la Ley. En ellas afirmaba que ninguna liturgia, devoción, costumbre religiosa nos permite comprar la gracia de Dios y que lo esencial es siempre la fe mediante la cual nos ponemos en manos de la misericordia de Dios.Pero también es cierto que la inmensa mayoría de los creyentes no han alcanzado el nivel de vida espiritual en que ya no necesitan esas formas de religión que han formado un pueblo, educado la fe y la vida religiosa de generaciones. El pueblo cristiano, como el judío, tendrá que renovar constantemente las expresiones de su culto, pero este no puede eliminar -so pretexto de ser más espiritual -la decoración de las iglesias y todo lo que las hace acogedoras, el canto y los órganos, las vestiduras litúrgicas y el incienso, las novenas y las oraciones apoyadas por una larga tradición.Todo lo que Pablo escribía para apartar a los paganos convertidos de las prácticas de la Ley, no le impedía a él, judío de formación, de sentirse a gusto con las formas tradicionales de la piedad judía. Si bien sabía que solamente la fe salva, sin embargo quiso sellar con un voto muy "judío y bíblico" algún acuerdo secreto que había hecho con el Señor. 

 

 

[22] En este corto párrafo, Lucas reunió el fin del segundo viaje y el comienzo del tercero.Pablo no se queda en Efeso, capital de la provincia de Asia, pues tiene prisa en regresar después de dos años y medio de misión. Sube a Jerusalén y retorna a Antioquía, la primera de las Iglesias del mundo pagano. Allá va Pablo a reposar y a renovarse después de cada viaje. La vida de esta comunidad numerosa, con años de experiencia, el contacto con sus apóstoles le ayudan a ver dónde está el porvenir de la Iglesia.Partiendo nuevamente a misionar, Pablo quiso visitar primero las Iglesias establecidas en su segunda misión. Eso le demandó varios meses y sólo reaparecerá en Efeso en el 54. En el intervalo se había establecido allí una Iglesia. 

 

 

[24] En ausencia de Pablo, Aquila, Priscila y otros habían continuado los primeros contactos que él había establecido en la comunidad judía. Un acontecimiento importante es la integración de Apolo, quien será uno de los más valiosos misioneros (1 Cor 3,6; 4,6; 16,12). Apolo, se nos dice, conocía algo del camino, pero se había quedado con el bautismo de Juan. El camino (26). Ya hemos encontrado ese término que designaba al cristianismo, el cual no es realmente una religión ni sólo una fe o una moral, sino todo eso a la vez y más aún. Apolo, como esos doce hombres citados en 19, 1-7, había estado probablemente por un tiempo en Palestina cuando Jesús era ya conocido. Pero su palabra no había producido aun un verdadero movimiento ni había tenido la resonancia de la predicación de Juan Bautista, con quien se comprometían muchos, haciéndose bautizar. 

 

 

 

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Hech. 19, 1 - 41

             PABLO EN EFESO   [1] Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Efeso atravesando las regiones altas; encontró allí a algunos discípulos [2] y les preguntó: «¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?» Le contestaron: «Ni siquiera hemos oído decir que se reciba el Espíritu Santo.» [3] Pablo les replicó: «Entonces, ¿qué bautismo han recibido?» Respondieron: «El bautismo de Juan.» [4] Entonces Pablo les explicó: «Si bien Juan bautizaba con miras a un cambio de vida, pedía al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús.» [5] Al oír esto se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús, [6] y al imponerles Pablo las manos, el Espíritu Santo bajó sobre ellos y empezaron a hablar lenguas y a profetizar. [7] Eran unos doce hombres. [8] Pablo entró en la sinagoga y durante tres meses les habló con convicción sobre el Reino de Dios, tratando de persuadirles. [9] Al ver que algunos, en vez de creer, se endurecían más y criticaban públicamente el camino, se separó de ellos. Tomaba aparte a sus discípulos y diariamente les enseñaba en la escuela de un tal Tirano, desde las once hasta las cuatro de la tarde. [10] Hizo esto durante dos años, de tal manera que todos los habitantes de la provincia de Asia, tanto judíos como griegos, pudieron escuchar la Palabra del Señor.  [11] Dios obraba prodigios extraordinarios por las manos de Pablo, [12] hasta tal punto que imponían a los enfermos pañuelos o ropas que él había usado, y mejoraban. También salían de ellos los espíritus malos. [13] Incluso algunos judíos ambulantes que echaban demonios, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: «Yo te ordeno en el nombre de ese Jesús a quien Pablo predica.» [14] Entre los que hacían esto estaban los hijos de un sacerdote judío, llamado Escevas. Un día entraron en una casa y se atrevieron a hacer eso, [15] pero el espíritu malo les contestó: «Conozco a Jesús y sé quién es Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son?» [16] Y el hombre que tenía el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los sujetó a ambos y los maltrató de tal manera que huyeron de la casa desnudos y malheridos. [17] La noticia llegó a todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos. Todos quedaron muy atemorizados, y el Nombre del Señor Jesús fue tenido en gran consideración. [18] Muchos de los que habían aceptado la fe venían a confesar y exponer todo lo que antes habían hecho. [19] No pocos de los que habían practicado la magia juntaron sus libros y los quemaron delante de todos. Calculado el precio de esos libros, se estimó en unas cincuenta mil monedas de plata. [20] De esta forma la Palabra de Dios manifestaba su poder, se extendía y se robustecía.  EL MOTÍN DE LOS ORFEBRES   [21] Después de todos estos acontecimientos, Pablo tomó su decisión en el Espíritu: ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. Y decía: «Después de llegar allí, tengo que ir también a Roma.» [22] Envió a Macedonia a dos de sus auxiliares, a Timoteo y a Erasto, mientras él se quedaba por algún tiempo más en Asia. [23] Fue en ese tiempo cuando se produjo un gran tumulto en la ciudad a causa del camino. [24] Un platero, llamado Demetrio, fabricaba figuritas de plata del templo de Artemisa, y con esto procuraba buenas ganancias a los artífices. [25] Reunió a éstos junto con otros que vivían de artes parecidas, y les dijo: «Compañeros, ustedes saben que esta industria es la que nos deja las mayores ganancias. [26] Pero como ustedes mismos pueden ver y oír, ese Pablo ha cambiado la mente de muchísimas personas, no sólo en Efeso, sino en casi toda la provincia de Asia. Según él, los dioses no pueden salir de manos humanas. [27] No son sólo nuestros intereses los que salen perjudicados, sino que también el templo de la gran diosa Artemisa corre peligro de ser desprestigiado. Al final se acabará la fama de aquella a quien adora toda el Asia y el mundo entero.» [28] Este discurso despertó el furor de los oyentes y empezaron a gritar: «¡Grande es la Artemisa de los Efesios!» [29] El tumulto se propagó por toda la ciudad. La gente se precipitó al teatro arrastrando consigo a Gayo y Aristarco, dos macedonios, compañeros de viaje de Pablo. [30] Pablo quería enfrentarse con la muchedumbre, pero los discípulos no lo dejaron. [31] Incluso algunos consejeros, amigos suyos, de la provincia de Asia, le mandaron a decir que no se arriesgara a ir al teatro. [32] Mientras tanto la asamblea estaba sumida en una gran confusión. Unos gritaban una cosa, otros otra, y la mayor parte no sabían ni por qué estaban allí. [33] En cierto momento algunos hicieron salir de entre la gente a un tal Alejandro, a quien los judíos empujaban adelante. Quería justificarlos ante el pueblo y pidió silencio con la mano. [34] Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar, y durante casi dos horas sólo se oyó este grito: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!» [35] Al fin el secretario de la ciudad logró calmar a la multitud y dijo: «Ciudadanos de Efeso, ¿quién no sabe que la ciudad de Éfeso guarda el templo de la gran Artemisa y su imagen caída del cielo? [36] Siendo esto algo tan evidente, conviene que ustedes se calmen y no cometan ninguna locura. [37] Estos hombres que han traído aquí no han profanado el templo, ni han insultado a nuestra diosa. [38] Si Demetrio y sus artífices tienen cargos contra alguno, para eso están las audiencias y los magistrados: que presenten allí sus acusaciones. [39] Y si el asunto es de mayor importancia, que se resuelva en la asamblea legal. [40] ¿Han pensado ustedes que podríamos ser acusados de rebelión por lo ocurrido hoy? No tendríamos excusa alguna para justificar este tumulto.» [41] Y dicho esto, disolvió la asamblea.

 

 

[1] Hacía tres años que Pablo quería evangelizar Efeso, una de las ciudades más bellas y más grandes del imperio. Lucas ha querido contarnos el bautismo de esos doce discípulos de Juan Bautista. Como acabamos de decir, conocían en parte la enseñanza de Jesús, pero para decirse sus discípulos les faltaba lo más importante, porque no habían recibido al Espíritu Santo.Bajó sobre ellos el Espíritu Santo (6). Véase Hechos 8,14. No hay que olvidar que el lenguaje cristiano era todavía vacilante en esos comienzos. Se sabe que el Espíritu Santo es mucho más que esas manifestaciones que acompañan a la imposición de las manos. De ahí esas palabras: Ni siquiera hemos oído decir que haya espíritu santo. Otros textos dicen: «que se reciba al Espíritu Santo». La imposición de las manos quiere confirmar el cambio operado en el bautismo por una experiencia de los dones del Espíritu (1 Cor 12,7). Muchos cristianos de hoy se extrañarán de no haber tenido nunca esta experiencia sensible de Dios: no digamos que ésta no es útil, y tampoco que no se da en la actualidad. Lo importante, bien es cierto, no es sentir, sino creer y vivir su fe. Pero la experiencia sensible que se tiene en algunos momentos de nuestra vida es a menudo el toque que hará reflorecer la fe; pues nos muestra cómo Dios está cerca, haciéndose dueño de nuestras reacciones íntimas. Quizá nuestro temperamento demasiado racionalista, y nuestra vida de Iglesia tan desconfiada de todo lo que es expresión corporal, contribuyan a extinguir los dones del Espíritu, -a menos que eso se deba a la pobreza de nuestro compromiso con Jesús.Se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús. ¿Habrá que pensar que al principio el bautismo se hacía «en el nombre de Jesús» y no «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»? Pero, eso no es cierto. En el Nombre de significa: «por el poder de». Puede ser que el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo haya sido llamado «el bautismo de Jesús» para distinguirlo del bautismo de Juan y de los otros bautismos judíos. También es posible que, en el momento de recibir el agua en el nombre de la Santísima Trinidad, el bautizado haya tenido que hacer su invocación personal al «Nombre de Jesús».Pero no es tampoco imposible que en los primeros tiempos se haya bautizado «en el nombre de Jesús», y que más tarde la Iglesia haya modificado la fórmula para distinguirse de grupos que creían en Jesús pero sin reconocerlo como el Hijo de Dios, nacido del Padre. Tal cambio no tendría por qué sorprendernos, pues así como la Iglesia de los Apóstoles había dado la primera fórmula, así también la misma Iglesia dio la segunda fórmula atribuida a Jesús en Mt 28,19. 

 

 

[11] Jesús había prometido señales a los que creyeran (Mc 16,15- 18). Las mismas señales se dan hoy cuando la Iglesia se vuelve misionera. Las curaciones nos impresionan. Pero es más importante la verdadera conversión de los que confiesan sus prácticas de magia y queman libros muy caros. Parece que ellos no lo habían hecho en el momento de su bautismo y que sólo más tarde comprendieron que la fe se lo exigía. 

 

 

[21] El éxito del Evangelio era tal, que conmovía a la idolatría. Se presentaba, sin embargo, al lado de otras religiones. El mundo romano estaba lleno de inquietudes religiosas; de Asia, en especial, venían numerosas doctrinas y cultos que pretendían librar de la muerte. Pero todo eso no eran más que teorías o secretos que se transmitían de uno a otro -hoy hablamos de esoterismo con respecto a esos secretos tan viejos como el mundo-. Los apóstoles, en cambio, entregaban su testimonio: Un judío llamado Jesús ha resucitado, y nosotros lo hemos visto resucitado.Se produce una conmoción. Los fabricantes de ídolos defienden sus intereses. Los judíos, que vivían tranquilos en medio de los paganos, tienen miedo de que se los confunda con los cristianos y quieren ponerse a buen resguardo. 

 

 

 

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Hech. 20, 1 - 38

             PABLO VUELVE A MACEDONIA   [1] Cuando se calmó el tumulto, Pablo mandó llamar a sus discípulos para animarlos. Se despidió de ellos y se fue a Macedonia. [2] Después de recorrer aquellas regiones, en las que multiplicó sus predicaciones para confortar a los discípulos, llegó a Grecia. [3] Pasó allí tres meses y luego pensó en volver a Siria por barco. Pero supo que los judíos tramaban algo contra él, y decidió regresar por Macedonia. [4] Al marcharse de Asia, se fueron también con él: Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo, de Asia. [5] Todos estos se fueron por delante y nos esperaron en Tróade. [6] Nosotros nos embarcamos en Filipos apenas terminaron las fiestas de los Panes Azimos. Cinco días después nos reunimos con ellos en Tróade, donde nos detuvimos siete días.  LA EUCARISTÍA DE UN DOMINGO EN TRÓADE   [7] El primer día de la semana estábamos reunidos para la fracción del pan, y Pablo, que debía irse al día siguiente, comenzó a conversar con ellos. Pero su discurso se alargó hasta la medianoche. [8] Había bastantes lámparas encendidas en la pieza del piso superior donde estábamos reunidos. [9] Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer piso al suelo. Lo recogieron muerto. [10] Pablo, entonces, bajó, se inclinó sobre él, y después de tomarlo en sus brazos, dijo: «No se alarmen, pues su alma está en él.» [11] Subió de nuevo, partió el pan y comió. Luego siguió conversando con ellos hasta el amanecer, y se fue. [12] En cuanto al joven, lo trajeron vivo, lo que fue para todos un gran consuelo. [13] Nosotros tomamos el barco para Aso; debíamos llegar antes que Pablo y recogerlo allí, pues se había decidido que él haría el viaje por tierra. [14] Efectivamente nos encontró en Aso. Subió a la nave con nosotros y llegamos a Mitilene. [15] Al día siguiente zarpamos y llegamos a Quíos. Al otro día llegamos a Samos y un día después a Mileto, con una escala en Trogilón. [16] Pablo había decidido no hacer escala en Efeso ni demorarse más en Asia, pues, de ser posible, quería estar en Jerusalén para el día de Pentecostés.  EN MILETO, ÚLTIMAS CONSIGNAS DE PABLO A LOS PRESBÍTEROS   [17] Debido a eso, desde Mileto Pablo envió un mensaje a Efeso para convocar a los presbíteros de la Iglesia. [18] Cuando ya estuvieron a su lado, les dijo: «Ustedes han sido testigos de mi forma de actuar durante todo el tiempo que he pasado entre ustedes, desde el primer día que llegué a Asia. [19] He servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas y las pruebas que me causaron las trampas de los judíos. [20] Saben que nunca me eché atrás cuando algo podía ser útil para ustedes. Les prediqué y enseñé en público y en las casas, [21] exhortando con insistencia tanto a judíos como a griegos a la conversión a Dios y a la fe en Jesús, nuestro Señor. [22] Ahora voy a Jerusalén, atado por el Espíritu sin saber lo que allí me sucederá; [23] solamente que en cada ciudad el Espíritu Santo me advierte que me esperan prisiones y pruebas. [24] Pero ya no me preocupo por mi vida, con tal de que pueda terminar mi carrera y llevar a cabo la misión que he recibido del Señor Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios. [25] Ahora sé que ya no me volverán a ver todos ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino. [26] Por eso hoy les quiero declarar que no me siento culpable si ustedes se pierden, [27] pues nunca ahorré esfuerzos para anunciarles plenamente la voluntad de Dios. [28] Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha puesto como obispos (o sea, supervisores): pastoreen la Iglesia del Señor, que él adquirió con su propia sangre. [29] Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño. [30] De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. [31] Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas. [32] Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos. [33] De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. [34] Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben. [35] Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: «Hay mayor felicidad en dar que en recibir.» [36] Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. [37] Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. [38] Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.         

 

 

[1] Pablo se quedó dos años y medio en Efeso, y algunos detalles de sus cartas nos hacen ver que el relato de Lucas es muy incompleto, pues en él no se menciona la mayor parte de la actividad de Pablo, en particular, la evangelización de las ciudades vecinas de Efeso por un equipo que él animaba; véase la Introducción a los Efesios. Pablo sufrió mucho, incluso estuvo preso (Introducción a los Filipenses). Durante este período escribió su carta a los Gálatas y la primera carta a los Corintios.Pablo va a Macedonia (donde está Tesalónica) y a Grecia (en donde se detiene por un tiempo en Corinto). Siempre tiene en mente dirigirse a Roma, y desde Corinto escribe su carta a los Romanos. 

 

 

[7] Lucas nos dice que la celebración tuvo lugar el día siguiente al sábado. Ese era ya nuestro domingo; se ve, pues, que los cristianos se han separado de los judíos, reemplazando el sábado por el día siguiente, el primer día de la semana, día de la resurrección de Jesús. De esa manera inscribían en su calendario el mayor acontecimiento de su fe.La reunión tiene lugar en una casa particular; véase los lugares en que Pablo habla de la «Iglesia que se reúne» en tal o cual familia (Rom 16,5; 16,14 y 15). Ese es el comienzo de la reunión cristiana que incluía el compartir, la instrucción, la oración, y que terminaba en la acción de gracias (o eucaristía) con la comunión del cuerpo de Cristo. Cada uno podía expresarse, pero, Pablo, como profeta y apóstol, tenía bastante que decir, ya fuera preparado o inspirado. ¿Qué pudo haber dicho?- Lee y cita los pasajes de las Escrituras que esclarecen la misión de Jesús y alcanzan todo su sentido gracias a él.- Muestra como el Espíritu de Cristo se ha manifestado en los diversos incidentes de su misión.Esta parte de la reunión se prolongaba, pues los profetas, incluido Pablo, tienen a veces la tendencia a eternizarse. Sin embargo no se podían separar sin terminar con la fracción del pan.Con la caída fatal de uno de los jóvenes de la asistencia, los participantes son testigos del poder de Dios sobre la muerte (véase 10,36). 

 

 

[17] Pablo regresa a Palestina. Presiente o sabe por una revelación del Espíritu que está a punto de comenzar otra etapa de su vida, a saber, los años de prisión, y quiere despedirse de todos los responsables de las Iglesias de la provincia romana de Asia. No los conocía a todos, pues la evangelización de esa provincia había sido asegurada por el equipo de sus asistentes (20,4).Esos responsables son llamados presbíteros en el versículo 17, y supervisores (o «epíscopos», de donde viene «obispos») en el versículo 28; véase al respecto el comentario a Fil 1,1.Pablo da su propio ejemplo y a partir de él desarrolla las obligaciones de los pastores de la Iglesia (v. 28). Luego los invita a no encerrarse en su función de presidente o de administradores de la comunidad, sino que deben más bien prepararla para los tiempos difíciles. Les basta con que se comparen con Pablo para ver los sacrificios que le exige su trabajo apostólico; ¿pueden pues ellos descansar sin más en un apóstol o en cualquier otro fuera de ellos y que deba enfrentar los problemas por ellos?En los versículos 33-35 Pablo recuerda la renuncia de Samuel (1 Sam 12,3): ¡cuán rápidamente llega uno a hacerse servir o a servirse en cualquier trabajo, aun apostólico! En los versículos 28-30 anuncia las divisiones y las herejías en la Iglesia, tema que será continuado en las Cartas Pastorales (2 Tim 3,1-9). Estamos acostumbrados a ver a los cristianos divididos. Para Pablo eso era inconcebible. Cuando habla de «las Iglesias de Cristo» (Rom 16,4 y 16; 1 Cor 4,17; 11,16) sólo piensa en comunidades que comulgan entre ellas y que aceptan sin discusión la misma fe y tradición de los apóstoles.Pablo hace alusión a lo que le espera, pues no podemos pretender otra cosa que seguir a Cristo, quien adquirió a su Iglesia por su propia sangre. Un servidor de la Iglesia sólo tendrá verdadero reposo y retiro en el cielo: 20,32. 

 

 

 

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Hech. 21, 1 - 40

             LA VUELTA A JERUSALÉN   [1] Cuando llegó la hora de partir, nos separamos a la fuerza de ellos y nuestro barco salió rumbo a Cos. Al día siguiente llegamos a Rodas, y de allí, a Pátara, [2] donde encontramos otro barco que estaba para salir hacia Fenicia. Subimos a bordo y partimos. [3] Divisamos la isla de Chipre y, dejándola a la izquierda, navegamos rumbo a Siria. Atracamos en Tiro, pues el barco debía dejar su carga en aquel puerto. [4] Aquí encontramos a los discípulos y nos detuvimos siete días. Advertían a Pablo con mensajes proféticos que no subiera a Jerusalén; [5] pero a pesar de ello, cuando llegó la fecha en que debíamos marchar, partimos. Nos acompañaron todos con sus mujeres y niños hasta fuera de la ciudad, y llegados a la playa, nos arrodillamos y oramos. [6] Después de los abrazos subimos a la nave, mientras ellos volvían a sus casas. [7] De Tiro fuimos a Tolemaida, terminando así nuestra travesía. Saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos. [8] Al día siguiente nos dirigimos a Cesarea. Entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, y nos hospedamos allí; [9] tenía cuatro hijas que se habían quedado vírgenes y tenían el don de profecía. [10] Llevábamos allí algunos días, cuando nos salió al encuentro un profeta de Judea, llamado Agabo. [11] Se acercó a nosotros, tomó el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos y dijo: «Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos al dueño de este cinturón y lo entregarán en manos de los extranjeros.» [12] Al oír esto, nosotros y los de Cesarea rogamos a Pablo que no subiera a Jerusalén. [13] Pero él nos contestó: «¿Por qué me destrozan el corazón con sus lágrimas? Yo estoy dispuesto no sólo a ser encarcelado, sino también a morir en Jerusalén por el Nombre del Señor Jesús.» [14] Como no logramos convencerlo, dejamos de insistir y dijimos: «Hágase la voluntad del Señor.» [15] Pasados aquellos días, terminamos los preparativos del viaje y subimos a Jerusalén. [16] Algunos discípulos de Cesarea que nos acompañaban nos llevaron a casa de un chipriota, llamado Nasón, discípulo desde los primeros tiempos, donde nos íbamos a hospedar.  PABLO ES RECIBIDO POR LA IGLESIA DE JERUSALÉN   [17] Al llegar a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría. [18] Al día siguiente acompañamos a Pablo a casa de Santiago, donde se habían reunido todos los presbíteros. [19] Pablo los saludó y fue contando detalladamente todas las cosas que Dios había realizado entre los paganos por su ministerio. [20] Todos, por supuesto, dieron gloria a Dios por lo que escuchaban, pero luego le dijeron: «Bien sabes, hermano, cuántas decenas de millares de judíos han abrazado la fe en Judea, y todos ellos son celosos partidarios de la Ley. [21] Y han oído decir que enseñas a todos los judíos del mundo pagano que se aparten de Moisés, que no circunciden a sus hijos ni vivan según las tradiciones judías. [22] De todos modos se van a enterar de que has llegado, y entonces ¿qué hacer?. [23] Reuniremos la asamblea, y harás lo que te vamos a decir. Hay entre nosotros cuatro hombres que han hecho un voto [24] y tú los vas a apadrinar. Te purificarás con ellos y pagarás los gastos cuando se hagan cortar el pelo. Así verán todos que es falso lo que han oído decir de ti y que, por el contrario, tú también cumples la Ley. [25] En cuanto a los creyentes de origen no judío, ya les hemos enviado instrucciones, pidiéndoles que se abstengan de carne sacrificada a los ídolos, de la sangre y de la carne de animales sin sangrar y de las relaciones sexuales prohibidas.» [26] Pablo, pues, apadrinó a aquellos hombres. Al día siguiente se purificó con ellos y entró en el Templo para notificar qué día concluiría su tiempo de purificación y se ofrecería el sacrificio por cada uno de ellos.  PABLO ES ARRESTADO EN EL TEMPLO   [27] Estaban para cumplirse los siete días, cuando unos judíos de Asia vieron a Pablo en el Templo y empezaron a alborotar a la gente. Agarraron a Pablo [28] y gritaron: «¡Israelitas, ayúdennos! Este es el hombre que por todas partes predica a todos en contra de nuestro pueblo, de la Ley y de este Lugar Santo. Y ahora incluso ha introducido a unos griegos dentro del Templo, profanando este Lugar Santo.» [29] Decían esto porque poco antes habían visto a Pablo en la ciudad acompañado de Trófimo, natural de Efeso, y pensaron que Pablo lo había llevado al Templo. [30] La ciudad entera se alborotó. Concurrió la gente de todas partes, y tomando a Pablo, lo arrastraron hacia la salida del Templo; cerraron inmediatamente las puertas. [31] Querían matarlo, pero llegó al comandante del batallón la noticia de que toda Jerusalén estaba alborotada. [32] En seguida tomó consigo algunos oficiales y soldados y bajaron corriendo hacia la multitud. Al ver al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. [33] El comandante se acercó, hizo arrestar a Pablo y ordenó que lo ataran con dos cadenas. Después preguntó quién era y qué había hecho. [34] Pero entre la gente unos gritaban una cosa y otros otra. Al ver el comandante que no podía sacar nada en claro a causa del alboroto, dio orden de que llevaran a Pablo a la fortaleza. [35] Al llegar a las escalinatas, los soldados tuvieron que levantarlo y llevarlo en hombros a causa de la violencia de la multitud, [36] pues un montón de gente lo seguía gritando: «¡Mátalo!» [37] Cuando estaban ya para meterlo dentro de la fortaleza, Pablo dijo al comandante: «¿Me permites decirte una palabra?» Le contestó: «¡Pero tú hablas griego! [38] ¿No eres, entonces, el egipcio que últimamente se rebeló y llevó al desierto a cuatro mil terroristas?» [39] Pablo respondió: «Yo soy judío, ciudadano de Tarso, ciudad muy conocida de Cilicia. Permíteme, por favor, hablar al pueblo.» [40] El comandante se lo permitió. Entonces Pablo, de pie en la escalinata, hizo un gesto con la mano y se produjo un gran silencio. Después empezó a hablar al pueblo en lengua hebrea.       

 

 

[1] Pablo «sube» a Jerusalén, y las manifestaciones del Espíritu Santo se suceden. Extrañas advertencias a Pablo para que no suba, siendo que justamente va atado por el Espíritu, es decir, sin posibilidad de tomar otra decisión. En esto vemos hasta qué punto el Espíritu de Dios se adapta al espíritu de aquél a quien inspira; los que advierten a Pablo saben y le dicen que le sucederá una desgracia, que ellos no quisieran. Pablo lo sabe y lo quiere.Tales manifestaciones ya no forman parte de la experiencia ordinaria de los cristianos, excepto de algunos grupos carismáticos. Sin embargo, cuando se toca el tema, uno descubre que muchas personas han tenido tales advertencias pero que no les han dado mayor importancia. El Espíritu pasa a través de nuestro espíritu como la luz a través de un grueso vitral cuyo color toma. Si ciertas «manifestaciones del Espíritu», tras las cuales corren algunas personas, son moneda corriente en religiones primitivas, ¿podemos creer que son las experiencias espirituales más deseables?Con todo, si el Espíritu de Dios quiere utilizar los «estados secundarios» y las fuerzas parasicológicas para hacernos sentir su presencia en esa fortaleza bien protegida que llamamos nuestro «yo» y donde pretendemos ser los únicos dueños, ¡bendito sea Dios! ¡Aleluya! Dejémosle que nos haga hablar en lenguas, y reír y llorar, con tal que eso rompa el hielo y abra las puertas de nuestra razón que lo sabe todo. Muchos cristianos se ríen de estas cosas, y tienen toda libertad para creer o no, ya que hay tantas ilusiones y charlatanerías. Unicamente debieran preguntarse si no están decididos a negar sistemáticamente cualquier manifestación de Dios en un mundo al que creen conocer bien, el de la experiencia humana. Si Dios no tiene el derecho de intervenir donde ponemos la razón y las leyes de la ciencia, ¿dónde queda la posibilidad de una comunión verdadera y confiada con él?Pues ahí está lo importante. El que renuncia a sí mismo y se da a Dios, ve al Espíritu cada vez más activo en su vida, no por visiones o maravillas, sino por una inspiración silenciosa. Se habitúa de tal modo a ella que ya no puede vivir sin ella. Sabe por experiencia que cuando la razón sugiere otra manera de actuar, esa inspiración interior es la buena. Desconfía, pues, de sus proyectos y se deja guiar por ese instinto espiritual. La Iglesia primitiva tenía sus profetas, pero quería que la comunidad discerniera para juzgar si se trataba realmente de un «espíritu de Dios» (1 Cor 14,29; 1 Tes 5,21; 1 J 4,1-3). La Biblia ya hablaba de profetas que profetizaban sin haber sido enviados, o que soñaban lo que querían soñar (Jer 29,8).El relato del viaje nos permite sentir la capacidad de acogida de esas primeras comunidades: se tenía sed de esos contactos con los hermanos venidos de otras partes, en una época en que las comunicaciones eran muy limitadas. Y además, ¿habrían celebrado una eucaristía con desconocidos de paso sin pedirles al menos que se dieran a conocer y que hablaran de su Iglesia? Pero era algo muy distinto cuando se trataba de apóstoles o profetas, pues, entonces se beneficiaban con manifestaciones del Espíritu y con un nuevo conocimiento de la Palabra junto con saber las novedades de la Iglesia universal. 

 

 

[17] Cuando Pablo llega a Jerusalén, los cristianos de origen judío vienen a saludarlo, pero pronto lo amonestan. Cunde entre ellos el rumor de que Pablo no sólo no impone la Ley judía a los cristianos de origen pagano, sino que además invita a los judíos a abandonar la Ley. Le solicitan, entonces, que pruebe su fidelidad al pasado apadrinando a algunos creyentes que han hecho un voto muy costoso -por lo demás, si Pablo viene de tierra de griegos, ¡debe tener dinero y puede pagar!Los que insisten son los ancianos en derredor de Santiago, el hermano del Señor; son todos judíos de Palestina que, a pesar de su fe, continúan todavía muy apegados a las costumbres del Antiguo Testamento. Recalcan la importancia de la comunidad de Jerusalén, ¡decenas de miles de creyentes!, para hacer valer sus exigencias. Esos judíos eran tal vez todavía más numerosos que los creyentes del mundo pagano. Pablo acepta en pro de la paz, pero eso lo va a perder. 

 

 

[27] Hay algunos puntos en común entre el arresto de Pablo y el de Esteban, algunos años antes (véase 6,9). Los judíos de Asia presentaban numerosas acusaciones, siendo la más grave que Pablo hubiera llevado al templo a un incircunciso. Había pues incurrido en la pena de muerte. Este es el hombre que adoctrina a toda la gente hablando contra nuestro pueblo, contra la Ley y contra este Lugar Santo: esas mismas acusaciones habían sido hechas a Cristo y a Esteban. La acusación era falsa; sin embargo, los judíos no estaban muy equivocados, pues Pablo formaba cristianos que reemplazaban el culto del Templo por la fe en Cristo; la obediencia a la Ley cedía su lugar a la sumisión al Espíritu, y el nacionalismo judío a la fraternidad universal de los cristianos. La indignación de los judíos se parece tal vez a la nuestra, cuando tememos que una apertura de la Iglesia al espíritu del Evangelio perjudique sus prácticas y sus instituciones, y por último debilite la solidaridad política de los católicos.Las tropas romanas disponían de una fortaleza junto al Templo, de donde vigilaban ese lugar, que era particularmente crítico. Merced a ello, los soldados pudieron intervenir antes de que Pablo corriera la misma suerte que Esteban. 

 

 

 

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Hech. 22, 1 - 30

             PABLO SE DIRIGE A LOS JUDÍOS   [1] «Hermanos y padres, escúchenme, pues les quiero dar algunas explicaciones.» [2] Al oír que les hablaba en hebreo, se calmó más aún su agitación. Y Pablo continuó:  [3] «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad. Teniendo a Gamaliel de maestro, fui instruido en la Ley de nuestros padres en la forma más seria, y era un fanático del servicio de Dios, como ustedes ahora. [4] Así que perseguí a muerte a este camino e hice encadenar y meter en la cárcel a hombres y mujeres; [5] esto lo saben muy bien el sumo sacerdote y el Consejo de los Ancianos. Incluso me entregaron cartas para nuestros hermanos de Damasco, y salí para detener a los cristianos que allí había y traerlos encadenados a Jerusalén para que fueran castigados. [6] Iba de camino, y ya estaba cerca de Damasco, cuando a eso del mediodía se produjo un relámpago y me envolvió de repente una luz muy brillante que venía del cielo. [7] Caí al suelo y oí una voz que me decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» [8] Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?» Y él me dijo: «Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues.» [9] Los que me acompañaban vieron la luz y se asustaron, pero no oyeron al que me hablaba. [10] Entonces yo pregunté: «Qué debo hacer, Señor?» Y el Señor me respondió: «Levántate y vete a Damasco. Allí te hablarán de la misión que te ha sido asignada.» [11] El resplandor de aquella luz me dejó ciego, y entré en Damasco llevado de la mano por mis compañeros. [12] Allí vino a verme un tal Ananías, un hombre muy observante de la Ley y muy estimado por todos los judíos que vivían en Damasco. [13] Me dijo: «Saulo, hermano mío, recobra la vista». Y en el mismo instante pude verle. [14] Entonces agregó: «El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y oigas su propia voz. [15] Con todo lo que has visto y oído, serás en adelante su testigo ante las personas más diversas. [16] Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su Nombre.» [17] Después de regresar a Jerusalén, mientras un día me encontraba orando en el Templo, tuve un éxtasis. [18] Vi al Señor que me decía: «Muévete y sal pronto de Jerusalén, pues no escucharán el testimonio que les des de mí.» [19] Yo respondí: «Señor, ellos saben que yo recorría las sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en ti. [20] Y cuando se derramó la sangre de tu testigo Esteban, yo me encontraba allí; estaba de acuerdo con ellos e incluso guardaba las ropas de los que le daban muerte.» [21] Pero el Señor me dijo: «Márchate; ahora te voy a enviar lejos, a las naciones paganas.» [22] Hasta este punto la gente estuvo escuchando a Pablo, pero al oír estas últimas palabras, se pusieron a gritar: «¡Mata a ese hombre! ¡No tiene derecho a vivir!» [23] Vociferaban, agitaban sus vestidos y tiraban tierra al aire. [24] Entonces el comandante ordenó que lo metieran dentro de la fortaleza y lo azotaran, para que confesara por qué motivo gritaban de esa manera contra él. [25] Pero cuando quisieron quitarle la ropa, Pablo preguntó al oficial que estaba allí presente: «¿Es conforme a la ley azotar a un ciudadano romano sin haberlo antes juzgado?» [26] Al oír esto, el oficial fue donde el comandante y le dijo: «¡Qué ibas a hacer! Ese hombre es un ciudadano romano.» [27] El comandante vino y le preguntó: «Dime, ¿eres ciudadano romano?» «Sí», respondió Pablo. [28] El comandante comentó: «A mí me costó mucho dinero hacerme ciudadano romano.» Pablo le contestó: «Yo lo soy por nacimiento.» [29] Al momento se retiraron los que estaban para torturarlo, y el mismo comandante tuvo miedo, porque había hecho encadenar a un ciudadano romano.  PABLO COMPARECE ANTE EL CONSEJO JUDÍO  [30] Al día siguiente hizo soltar a Pablo. Quería conocer con certeza cuáles eran los cargos que los judíos tenían contra él, y mandó que se reunieran los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo que llaman Sanedrín. Después hizo bajar a Pablo para que compareciera ante ellos.  

 

 

[1] Pablo da aquí su testimonio personal, y por eso insiste en su fidelidad a la religión de sus padres. Pero no pudo impedir que Cristo, el Señor (y sabemos que para él era como decir Yahvé), se impusiera a él. Pablo citará a Gamaliel (He 5,34) y luego a un judío cristiano muy fiel a la Ley, Ananías (12).La multitud escucha y solamente reacciona cuando Pablo da a entender que los paganos van a reemplazar a los judíos en el plan de Dios; ¡pero si los paganos son nuestros enemigos, gente impura y enemiga de Dios!... Esa misma afirmación había sido decisiva para condenar a Jesús (Mt 21,42). 

 

 

[3] Para comprender los siguientes capítulos y el proceso de Pablo, tenemos que recordar que la justicia estaba muy bien organizada en el imperio romano. El tribunal supremo estaba en Roma, era el Tribunal del César. Por eso, los ciudadanos romanos que temían un error judicial en su provincia, podían apelar al tribunal del César. Había gobernadores (o procuradores) que administraban justicia en cada provincia. En el territorio judío, país ocupado por los Romanos, éstos se reservaban las causas más importantes, pero dejaban lo demás a los tribunales judíos, sobre todo cuando tenía que ver con la religión. Pablo, pues, comparecerá ante varios tribunales, comenzando por el Sanedrín, el tribunal religioso de los judíos. Por último, terminará en el tribunal del César.Las palabras de Jesús, en que confió a sus apóstoles la misión de proclamarlo ante las autoridades judías y paganas (Lc 21,12) se van a cumplir, una vez más, en el caso de Pablo. Pablo tratará de hacer de la resurrección de Cristo el tema de su declaración. Ha habido un proceso para condenar a Jesús. Ahora Pablo quiere que los gobernadores juzguen la causa de Jesús resucitado. 

 

 

 

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Hech. 23, 1 - 35

             [1] Pablo miró fijamente al Sanedrín y les dijo: «Hermanos, hasta el día de hoy he actuado rectamente ante Dios.» [2] A este punto el sumo sacerdote Ananías ordenó a sus asistentes que le golpearan en la boca. [3] Pablo entonces le dijo: «Dios te golpeará a ti, pared blanqueada. Estás ahí sentado para juzgarme según la Ley, y tú violas la Ley ordenando que me golpeen.» [4] Los que estaban a su lado le dijeron: «Estás insultando al sumo sacerdote de Dios.» [5] Pablo contestó: «Hermanos, yo no sabía que fuera el sumo sacerdote, pues está escrito: No insultarás al jefe de tu pueblo.» [6] Pablo sabía que una parte de ellos eran saduceos y la otra fariseos. Así que declaró en medio del Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo e hijo de fariseos. Y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza, a causa de la resurrección de los muertos.» [7] Apenas hizo esta declaración, se originó una gran discusión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. [8] Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritu, mientras que los fariseos admiten todo eso. [9] Se armó, pues, un enorme griterío. Algunos maestros de la Ley que eran del partido de los fariseos se pusieron en pie, afirmando: «Nosotros no hallamos nada malo en este hombre. Tal vez le haya hablado un espíritu o un ángel.» [10] La discusión se hizo tan violenta que el capitán tuvo miedo de que despedazaran a Pablo. Ordenó, entonces, que vinieran los soldados, sacaran a Pablo de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza. [11] Aquella misma noche el Señor se acercó a Pablo y le dijo: «¡Animo! Así como has dado testimonio de mí aquí en Jerusalén, tendrás que darlo también en Roma.»  UNA CONJURACIÓN MÁS PARA ASESINAR A PABLO  [12] Al amanecer se reunieron algunos judíos y se comprometieron con juramento a no comer ni beber hasta dar muerte a Pablo. [13] Los comprometidos en esta conjuración eran más de cuarenta. [14] Se presentaron, pues, a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos y les dijeron: «Nos hemos comprometido bajo juramento a no probar comida alguna hasta que no hayamos dado muerte a Pablo. [15] Ahora les toca a ustedes, con el Consejo, obtener del comandante que haga bajar de nuevo a Pablo con pretexto de examinar más a fondo su caso. Nosotros, por nuestra parte, estamos preparados para matarlo antes de que llegue.» [16] Pero el sobrino de Pablo, hijo de su hermana, se enteró de esta emboscada y fue a la fortaleza a informarle. [17] Entonces Pablo llamó a un oficial y le dijo: «Lleva a este joven ante el comandante, pues tiene algo que contarle.» [18] El oficial se lo llevó ante el comandante y le dijo: «El preso Pablo me llamó y me pidió que te trajera a este joven, pues tiene algo que decirte.» [19] El comandante lo tomó de la mano, lo llevó aparte y le preguntó: «¿Qué tienes que contarme?» [20] El joven respondió: «Los judíos han decidido pedirte que mañana lleves a Pablo al Sanedrín con el pretexto de examinar más de cerca su caso. [21] Pero no les creas, porque hay más de cuarenta hombres de ellos listos para tenderle una trampa. Se han comprometido bajo juramento a no comer ni beber hasta que no le hayan dado muerte. Ya están preparados esperando tu decisión.» [22] El comandante despidió al joven con esta advertencia: «Que nadie se entere de que me has dado esta información.» [23] Después llamó a dos oficiales y les dijo: «Estén listos para salir hacia Cesarea esta noche después de las doce con doscientos soldados, setenta de caballería y doscientos auxiliares. [24] Preparen también cabalgaduras para llevar a Pablo y entregarlo sano y salvo al gobernador Félix.»  PABLO ES LLEVADO A CESAREA  [25] El comandante escribió la siguiente carta al gobernador: [26] «Claudio Lisias saluda al excelentísimo gobernador Félix y le comunica lo siguiente: [27] Los judíos habían detenido a este hombre y estaban a punto de matarlo, cuando me enteré de que era un ciudadano romano e intervine con la tropa para arrancarlo de sus manos. [28] Como quería saber de qué lo acusaban, lo presenté ante el Sanedrín, [29] y descubrí que lo acusaban por cuestiones de su Ley, pero que no había ningún cargo que mereciera la muerte o la prisión. [30] Después me enteré de que los judíos preparaban una emboscada contra este hombre, por lo que decidí enviártelo, y dije a sus acusadores que presentaran sus quejas ante ti. Adiós.» [31] De acuerdo a las instrucciones recibidas, los soldados tomaron a Pablo y lo llevaron de noche a Antípatris. [32] Al día siguiente regresaron a la fortaleza, y los de caballería siguieron viaje con él. [33] Al llegar a Cesarea, entregaron la carta al gobernador y le presentaron a Pablo. [34] Félix se informó y preguntó a Pablo de qué comarca era; al saber que era de Cilicia, [35] le dijo: «Te oiré cuando estén presentes tus acusadores.» Y mandó que lo custodiaran en el palacio de Herodes.         

 

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Hech. 24, 1 - 27

             PABLO COMPARECE ANTE EL GOBERNADOR FÉLIX  [1] Cinco días después, el sumo sacerdote Ananías bajó a Cesarea con algunos ancianos y un abogado llamado Tértulo, y presentaron una demanda contra Pablo ante el gobernador. [2] Fue llamado Pablo, y Tértulo empezó su acusación: [3] «Excelentísimo Félix, gozamos de gran paz gracias a ti y las reformas que supiste promover para bien de esta nación. Todo esto lo reconocemos de mil maneras y en cualquier lugar, y te estamos plenamente agradecidos. [4] Pero no quisiera abusar más de tu tiempo y solamente te ruego nos escuches un momento con tu acostumbrada comprensión. [5] Nos consta que este hombre es peor que la peste, crea divisiones entre los judíos de todo el mundo y es un dirigente de la secta de los Nazarenos. [6] Incluso intentaba profanar el Templo cuando lo tomamos preso. Queríamos juzgarlo según nuestra Ley, [7] pero el comandante Lisias intervino en forma muy violenta y nos obligó a soltarlo. [8] Luego declaró que sus acusadores tenían que presentarse ante ti. Si tú lo interrogas, podrás comprobar todas las cosas de que lo acusamos.» [9] Los judíos lo apoyaron, afirmando que realmente las cosas eran así. [10] Entonces el gobernador dio la palabra a Pablo, que contestó: «Sé que has administrado esta nación durante muchos años, y esto me hace sentir muy confiado para exponer mi defensa. [11] Tú mismo podrás comprobar que no hace más de doce días que subí a Jerusalén en peregrinación, [12] y que nadie me sorprendió discutiendo en el Templo o alborotando a la gente ni en las sinagogas ni en la ciudad; [13] de modo que no pueden probar las cargos de que ahora me acusan. [14] Pero sí admito ante ti que sirvo al Dios de nuestros padres según nuestro camino, que ellos llaman secta. Creo en todo lo que está escrito en la Ley y los Profetas [15] y espero de Dios, como ellos mismos esperan, la resurrección de los muertos, tanto de los justos como de los pecadores. [16] Por eso yo también me esfuerzo por tener siempre la conciencia limpia ante Dios y ante los hombres. [17] Después de muchos años he vuelto a traer ayuda a los de mi nación y a ofrecer sacrificios. [18] Y esta es la razón por la que me encontraron en el Templo. Me había purificado según la Ley, y no había aglomeración de gente ni tumulto. [19] Todo empezó por causa de unos judíos de Asia que hoy deberían estar aquí para acusarme, si es que tienen algo contra mí. [20] Que los aquí presentes digan qué crimen hallaron en mí cuando comparecí ante el Sanedrín, [21] a no ser esto que dije en voz alta ante ellos: "Yo soy juzgado hoy por ustedes a causa de la resurrección de los muertos".» [22] Félix, que estaba bien informado sobre el Camino, postergó el caso con estas palabras: «Cuando baje el comandante Lisias, resolveré este caso.» [23] Dio instrucciones al oficial para que vigilara a Pablo, pero dejándole cierta libertad y sin impidir a los suyos que lo atendieran. [24] Algunos días después vino Félix con su esposa, Drusila, que era judía. Mandó llamar a Pablo y lo dejó hablar de la fe en Cristo. [25] Pero cuando habló de la justicia, del dominio de los instintos y del juicio futuro, Félix se asustó y le dijo: «Por ahora puedes irte; te llamaré en otra oportunidad.» [26] Félix tenía esperanza de que Pablo le ofreciese dinero, y por eso lo llamaba a menudo para conversar con él. [27] Pasaron así dos años. Entonces Felix fue reemplazado por Porcio Festo, y como quería quedar bien con los judíos, dejó a Pablo preso.  

 

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Hech. 25, 1 - 27

             JUICIO ANTE EL GOBERNADOR FESTO  [1] Tres días después de su llegada a la provincia, Festo subió de Cesarea a Jerusalén. [2] Allí los jefes de los sacerdotes y las autoridades de los judíos volvieron a acusar a Pablo. Insistieron, [3] y pidieron a Festo, como un favor, que lo trajera a Jerusalén, pues ellos todavía planeaban matarlo en el camino. [4] Festo les respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea y que él volvería muy pronto allá. [5] «Los que entre ustedes tienen más autoridad, les dijo, bajen conmigo a Cesarea; y si ese hombre hizo algo condenable, presentarán sus acusaciones.» [6] Festo no permaneció en Jerusalén más de ocho o diez días y luego volvió a Cesarea. Al día siguiente se sentó en el tribunal y mandó llamar a Pablo. [7] Apenas se presentó, los judíos que habían bajado de Jerusalén lo acosaron con numerosas y graves acusaciones. Pero no podían probar lo que alegaban. [8] Pablo se defendió diciendo: «Yo no he cometido ninguna falta contra la Ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra el César.» [9] Entonces Festo, que quería ganarse la amistad de los judíos, preguntó a Pablo: «Si soy yo el que te va a juzgar, ¿quieres subir a Jerusalén?» [10] Pablo contestó: «Estoy ante el tribunal del César; ahí debo ser juzgado. No he hecho ningún mal a los judíos, como tú muy bien sabes. [11] Si he cometido algún delito que merezca la muerte, acepto morir. Pero si no he hecho nada de lo que me acusan, nadie tiene derecho a entregarme a ellos. Apelo al César.» [12] Entonces Festo, después de hablar con su consejo, decidió: «Has apelado al César; al César irás.» [13] Transcurridos unos días, llegaron a Cesarea el rey Agripa y su hermana Berenice para saludar a Festo. [14] Permanecieron allí algún tiempo, y Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tenemos aquí a un hombre que Félix dejó preso. [15] Cuando estuve en Jerusalén, los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos presentaron quejas contra él y me pidieron que lo condenara. [16] Yo les contesté que los romanos no acostumbran entregar a un hombre sin que haya tenido la oportunidad de defenderse de los cargos en presencia de sus acusadores. [17] Vinieron, pues, conmigo y, sin demora, me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer al hombre. [18] Se presentaron los acusadores, pero no lo demandaron por ninguno de los delitos que yo sospechaba. [19] Sólo tenían contra él cuestiones referentes a sus creencias y a un cierto Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive. [20] Como yo me perdía en esos asuntos, le pregunté si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí sobre esas cosas. [21] Pero Pablo apeló y pidió que el sumario lo hiciera el tribunal del emperador. Entonces ordené que lo mantuvieran bajo custodia hasta que pueda enviarlo al César.» [22] Agripa le dijo: «Me gustaría escuchar a ese hombre.» Festo le contestó: «Mañana lo oirás.» [23] Al día siguiente llegaron Agripa y Berenice con gran pompa, y entraron en la sala de la audiencia acompañados por los jefes militares y las autoridades de la ciudad. Festo ordenó que trajeran a Pablo [24] y dijo: «Rey Agripa, y todos los presentes: aquí tienen al hombre contra quien toda la comunidad de los judíos ha venido a reclamarme, tanto en Jerusalén como aquí, pidiendo a gritos que no lo dejara con vida. [25] Yo, por mi parte, me convencí de que no había hecho nada digno de muerte, y como él mismo apelaba al emperador, decidí enviárselo. [26] Pero todavía no tengo nada seguro para escribir a nuestro soberano respecto a él, y por eso lo presento aquí ante ustedes, y especialmente ante ti, rey Agripa, para que pueda escribir algo cuando se esclarezcan un poco más las cosas. [27] Porque me parece absurdo enviar a un detenido sin señalar los cargos en su contra.»

 

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Hech. 26, 1 - 32

             PABLO DA TESTIMONIO ANTE EL REY AGRIPA    [1] Agripa dijo a Pablo: «Puedes hablar en tu defensa.» Entonces Pablo extendió su mano y empezó a hablar así: [2] «Rey Agripa, me siento afortunado de poderme defender hoy ante ti de todo lo que me reprochan los judíos, [3] pues tú conoces perfectamente sus costumbres y las discusiones propias de ellos. Por eso te ruego tengas la bondad de escucharme. [4] Todos los judíos saben cómo he vivido desde mi juventud, tanto en la comunidad judía como en Jerusalén. [5] Me han visto de tan cerca que, si quisieran, podrían testificar que he vivido como un fariseo en la secta más rigurosa de nuestra religión. [6] Y si ahora soy aquí procesado, es por esperar la promesa hecha por Dios a nuestros padres; [7] de hecho, el culto perpetuo que nuestras doce tribus rinden a Dios noche y día no tiene otro propósito que el de alcanzar esta promesa. Por esta esperanza, oh rey, me acusan los judíos. [8] Pero ¿por qué no quieren ustedes creer que Dios resucite a los muertos? [9] Yo mismo, al principio, consideré que era mi deber usar todos los medios para combatir el nombre de Jesús el Nazareno. [10] Así lo hice en Jerusalén con los poderes que me dieron los jefes de los sacerdotes: hice encarcelar a muchos creyentes, y cuando eran condenados a muerte, yo di también mi voto. [11] Recorría las sinagogas y multiplicaba los castigos para obligarlos a renegar de su fe, y tal era mi furor contra ellos, que los perseguía hasta fuera de nuestras fronteras. [12] Con este propósito iba a Damasco con plenos poderes y por encargo de los jefes de los sacerdotes. [13] En el camino, oh rey, a eso del mediodía, vi una luz que venía del cielo, más resplandeciente que el sol, que nos deslumbró a mí y a los que me acompañaban. [14] Todos caímos al suelo y yo oí una voz que me decía en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? En vano pataleas contra el aguijón.» [15] Yo dije: «¿Quién eres, Señor?» Y el Señor dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. [16] Ahora levántate y ponte en pie: me he manifestado a ti para hacerte servidor y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te mostraré más adelante. [17] Yo te protegeré tanto de tu pueblo como de los paganos a quienes te envío. [18] Tú les abrirás los ojos para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios: creyendo en mí se les perdonarán los pecados y compartirán la herencia de los santos.» [19] Yo, rey Agripa, no rechacé esta visión celestial. [20] Muy por el contrario, empecé a predicar, primero a la gente de Damasco, luego en Jerusalén y en el país de los judíos, y por último en las naciones paganas. Y les pedía que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, mostrando en adelante los frutos de una verdadera conversión. [21] Por cumplir esta misión los judíos me detuvieron en el Templo y trataron de matarme. [22] Pero, con la ayuda de Dios, seguí dando mi testimonio a grandes y pequeños hasta el día de hoy. En ningún momento me aparto de lo que Moisés y los Profetas dijeron de antemano: [23] que el Mesías tenía que morir; que sería el primero en resucitar de entre los muertos, y después anunciaría la luz tanto a su pueblo como a las demás naciones.» [24] Al llegar Pablo a este punto de su defensa, Festo exclamó con voz muy alta: «Pablo, ¡tú estás loco! Tus muchos estudios te han trastornado la mente.» [25] «No estoy loco, excelentísimo Festo, contestó Pablo; estoy diciendo cosas verdaderas con mucho sentido. [26] El rey está bien enterado de estas cosas, por eso le hablo con tanta libertad. Estoy convencido de que no ignora nada de este asunto, pues esas cosas no han sucedido en un rincón. [27] Rey Agripa, ¿crees a los Profetas? Yo sé que crees.» [28] Agripa le contestó: «¡Un poco más y vas a pensar que ya me has hecho cristiano!» [29] Pablo le respondió: «Por poco o por mucho, quiera Dios que no sólo tú, sino también todos los que hoy me escuchan, llegaran hasta donde yo he llegado, a excepción de estas cadenas.» [30] En ese momento el rey se levantó, y con él el gobernador, Berenice y todos los asistentes. [31] Mientras se retiraban, conversaban entre sí y decían: «Este no es hombre para hacer cosas que merezcan la muerte o la cárcel.» [32] Agripa dijo a Festo: «Si no hubiese apelado al César, se le habría podido dejar en libertad.»  

 

 

[1] Los oyentes de Pablo no son, ni con mucho, el público ideal que él pudiera conmover por su testimonio: un rey de opereta, Agripa, a quien el gobernador romano, la verdadera autoridad, ha querido hacer una cortesía; la famosa Berenice, hermana de Agripa, y su concubina antes de ir a hacer otras conquistas; y luego todos los que han venido por obligación o para entretenerse antes del cocktail, en especial los oficiales romanos que bien poco entienden de las querellas religiosas de los judíos.Tendremos, pues, un tercer relato de la conversión de Pablo (véase caps. 9 y 22). Esta vez Pablo sitúa su conversión en la tradición religiosa del pueblo judío; su propia experiencia no hace sino confirmar lo que Dios ya tenía prometido a su pueblo: la resurrección de los muertos.Les he pedido que se arrepientan. Eso era precisamente lo que decían los profetas. No bastaba con proclamarse judío, era necesario además cuestionarse. Y aquí Pablo se permite insistir ante su auditorio, que no brillaba justamente por sus virtudes morales, excepto quizás el romano Festo y parte de los militares romanos.Que el Mesías resucitaría de entre los muertos. He ahí una vez más el punto decisivo. Ya el gobernador Félix lo había entendido luego de escuchar a Pablo (25,19). La gente de aquel tiempo no estaba más dispuesta que nuestros contemporaneos para aceptar una resurrección, y ya hemos escuchado todas las dudas que se pueden formular al respecto. Pero precisamente, recibir a Cristo es renunciar al totalitarismo de la razón, con sus verdades demostradas. La razón tiene su lugar en la investigación científica, pero es miope frente a las verdades esenciales. Mientras no se crea en la resurrección, no se tendrá el sentido del destino humano. Por eso, aunque el lema de San Anselmo nos choque, no es menos cierto: «Creer para comprender».Pablo está más preocupado por convencer a su auditorio que por defenderse, pues, para él, Agripa y Festo también son personas que necesitaban de Cristo. Festo se asombra de la cultura bíblica y del entusiasmo de Pablo. Agripa no sabe qué responder. En realidad, si quedaron impresionados, la inquietud pasó pronto, pues los asuntos «serios» los estaban esperando. 

 

 

 

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Hech. 27, 1 - 44

             DE VIAJE HACIA ROMA   [1] Cuando se decidió que nos debíamos embarcar rumbo a Italia, Pablo y otros prisioneros fueron entregados a un tal Julio, capitán del batallón Augusto. [2] Subimos a bordo de un barco de Adrumeto que se dirigía a las costas de Asia y zarpamos; nos acompañaba Aristarco, un macedonio de la ciudad de Tesalónica. [3] Llegamos a Sidón al día siguiente. Julio se mostró muy humano con Pablo y le permitió visitar a sus amigos y que pudieran atenderle. [4] Partiendo de allí nos desviamos hacia Chipre, pues los vientos eran contrarios. [5] Atravesamos los mares de Cilicia y Panfilia y llegamos a Mira de Licia. [6] Allí el capitán encontró un barco de Alejandría que se dirigía a Italia, y nos hizo subir a bordo. [7] Durante varios días navegamos lentamente, y con muchas dificultades llegamos frente a Cnido. Como el viento no nos dejaba entrar en ese puerto, navegamos al abrigo de Creta, dando vista al cabo Salmón. [8] Lo costeamos con dificultad y llegamos a un lugar llamado Puertos Buenos, cerca de la ciudad de Lasea. [9] El tiempo transcurría; ya había pasado la fiesta del Ayuno y la navegación empezaba a ser peligrosa. [10] Entonces Pablo les dijo: «Amigos, yo veo que la travesía es muy arriesgada, y vamos a perder no sólo la carga y la nave, sino también nuestras vidas.» [11] Pero el oficial romano confiaba más en el piloto y en el patrón del barco que en las palabras de Pablo. [12] Como además este puerto era poco apropiado para pasar el invierno, la mayoría acordó partir, esperando alcanzar, con un poco de suerte, el puerto de Fénix, que está abierto hacia el suroeste y el noroeste, y donde pensaban pasar el invierno.  TEMPESTAD Y NAUFRAGIO  [13] Comenzó entonces a soplar un ligero viento del sur, y pensaron que lograrían su objetivo. Levaron anclas y costearon la isla de Creta. [14] Pero poco después la isla fue barrida por un viento huracanado que llaman Euroaquilón. [15] El barco fue arrastrado y no se logró hacer frente al viento, de manera que nos quedamos a la deriva. [16] Mientras pasábamos al abrigo de una pequeña isla llamada Cauda, logramos con mucho esfuerzo recuperar el bote salvavidas. [17] Una vez subido a bordo hubo que asegurar el casco ciñéndolo por debajo con cables. Ante el peligro de encallar en las arenas de Sirte, soltaron el ancla flotante y nos dejamos arrastrar. [18] El temporal era tan violento que al día siguiente tuvieron que arrojar al agua parte del cargamento. [19] Al tercer día los marineros arrojaron al mar con sus propias manos también el aparejo del barco. [20] Como la tempestad seguía con la misma violencia, los días pasaban y no se veían ni el sol ni las estrellas: estábamos perdiendo ya toda esperanza. [21] Como hacía días que no comíamos, Pablo se puso en medio y les dijo: «Amigos, ustedes tenían que haberme escuchado y no salir de Creta, pues nos habríamos ahorrado este peligro y esta pérdida. [22] Pero ahora los invito a que recobren el ánimo; sepan que se va a perder el barco, pero no habrá pérdida de vidas. [23] Anoche estuvo a mi lado un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, [24] y me dijo: «Pablo, no tengas miedo: comparecerás ante el César, y Dios te concede la vida de todos los que navegan contigo.» [25] Animo, pues, amigos míos: yo confío en Dios y todo sucederá tal como me ha dicho. [26] Acabaremos en alguna isla.» [27] Hacía ya catorce noches que éramos arrastrados a la deriva por el mar Adriático, cuando hacia la medianoche los marineros presintieron la proximidad de tierra. [28] Midieron la profundidad del agua, y era de treinta y siete metros. Poco después la midieron de nuevo, y era de veintisiete metros. [29] Temerosos de que fuéramos a chocar contra unas rocas, tiraron cuatro anclas desde la popa y esperaron ansiosamente a que amaneciera. [30] En cierto momento los marineros intentaron huir del barco y bajaban el bote salvavidas al mar como si quisieran alargar los cables de las anclas de proa. [31] Pero Pablo dijo al capitán y a los soldados: «Si esos hombres abandonan el barco, ustedes no se salvarán.» [32] Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer al agua. [33] Como aún no amanecía, Pablo los invitó a que se alimentaran, diciéndoles: «Hace catorce días que no tomamos nada; no hacemos más que esperar y permanecemos en ayunas. [34] Si quieren salvarse, ¿por qué no comen? Les aseguro que ninguno de ustedes perecerá, y ni siquiera uno de sus cabellos se perderá.» [35] Dicho esto tomó pan, dio gracias a Dios delante de todos, lo partió y se puso a comer. [36] Los otros se animaron y al fin todos se pusieron a comer. [37] En total éramos (doscientas) setenta y seis personas en el barco. [38] Una vez satisfechos, tiraron el trigo al mar para reducir el peso del barco. [39] Cuando amaneció no reconocieron la tierra, pero divisaron una bahía con su playa, y acordaron hacer lo posible por encallar en ella el barco. [40] Soltaron las anclas y las dejaron caer al mar mientras aflojaron las cuerdas de los timones; izaron al viento la vela delantera y se dejaron arrastrar hacia la playa. [41] Pero chocaron contra un banco de arena y el barco quedó encallado: la proa se clavó y quedó inmóvil, mientras la popa se iba destrozando por los golpes violentos de las olas. [42] Entonces los soldados pensaron en dar muerte a los presos por temor a que alguno se escapara nadando. [43] Pero el capitán, que quería salvar a Pablo, no se lo permitió. Ordenó que los que supieran nadar se tiraran los primeros al agua y se dirigieran a la playa; [44] los demás se agarrarían a tablones o a restos de la nave. Así todos llegamos sanos y salvos a tierra.   

 

 

[1] Pablo es llevado a Roma con un grupo de detenidos. Nos dicen que el oficial le manifestaba mucha benevolencia, pero no por eso su situación debió de ser muy cómoda, y tampoco la de Lucas y otros que lo acompañaban. Junto a la autoridad propia de ese oficial estaba la del patrón del barco; además, los soldados sabían que si un prisionero se escapaba, su guardián sería ejecutado (ver 12,19 y 27,42).Este relato es un documento muy interesante sobre la navegación en el Mediterráneo en esa época. Lucas ha anotado muchos detalles; ¡qué contraste con el relato de la tempestad de Jonás, escrito sin duda por alguien que no había estado nunca en el mar!Se ve que Pablo conocía bien esos viajes: en 2 Cor 11,25 dice que ha naufragado tres veces. La fuerza de Pablo domina el relato de la tempestad; sabe que tendrá que dar su testimonio ante el tribunal del emperador. 

 

 

 

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Hech. 28, 1 - 31

             EN LA ISLA DE MALTA   [1] Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. [2] Los nativos nos trataron con una cordialidad poco común, encendieron una gran hoguera y nos cuidaron a todos, ya que llovía y hacía frío. [3] Pablo había juntado una brazada de ramas secas y, al echarlas al fuego, una víbora que escapaba del calor se le enroscó en la mano. [4] Al ver los nativos a la víbora colgando de la mano de Pablo, se dijeron unos a otros: «Sin duda éste es un asesino. Aunque se haya salvado del mar, la justicia divina no lo deja vivir.» [5] Pero Pablo sacudió la víbora echándola al fuego y no sufrió daño alguno. [6] Pensaban que se iba a hinchar o caer muerto de repente, pero después de esperar largo rato, vieron que no le pasaba nada. Entonces cambiaron de parecer y decían que era un dios. [7] Los terrenos cercanos pertenecían al hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó amigablemente tres días. [8] Precisamente el padre de Publio estaba en cama con fiebre y disentería. Pablo entró a verlo, oró, le impuso las manos y lo sanó. [9] A consecuencia de esto todos los enfermos de la isla acudieron a él y fueron sanados; [10] luego nos colmaron de atenciones y, al marchar, nos proveyeron de todo lo necesario.   PABLO LLEGA A ROMA   [11] Al cabo de tres meses subimos a bordo de un barco de Alejandría que había pasado el invierno en la isla y llevaba la insignia los Dióscuros. [12] Navegamos hacia Siracusa, donde permanecimos tres días. [13] De allí, bordeando la costa, llegamos a Regio. Al día siguiente comenzó a soplar el viento sur, y al cabo de dos días llegamos a Pozzuoli. [14] Allí encontramos algunos hermanos que nos invitaron a quedarnos una semana con ellos, y así es como llegamos a Roma. [15] Allí los hermanos salieron a nuestro encuentro hasta el Foro Apio y Tres Tabernas, pues ya tenían noticia de nuestra llegada. Pablo al verlos dio gracias a Dios y se llenó de ánimo. [16] Llegados a Roma, el capitán entregó los presos al gobernador militar, pero dio permiso a Pablo para alojarse en una casa particular con un soldado que lo vigilara.  PABLO CON LOS JUDÍOS DE ROMA   [17] Tres días después Pablo convocó a los judíos principales. Una vez reunidos, les dijo: «Hermanos, acaban de traerme preso de Jerusalén. He sido entregado a los romanos sin que yo haya ofendido a las autoridades de nuestro pueblo ni las tradiciones de nuestros padres. [18] Los romanos querían dejarme en libertad después de haberme interrogado, pues no encontraban en mí nada que mereciera la muerte. [19] Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin la menor intención de acusar a las autoridades de mi pueblo. [20] Por este motivo yo quise y conversar con ustedes, pues en realidad, por la esperanza de Israel yo llevo estas cadenas.» [21] Le respondieron: «Nosotros no hemos recibido ninguna carta de Judea referente a ti, y ninguno de los hermanos que han venido de allá nos ha dicho o transmitido mensaje alguno contra ti. [22] Pero nos gustaría escuchar de ti mismo cómo te defines, pues sabemos que esa secta encuentra oposición en todas partes.» [23] Fijaron con él un día y vinieron en gran número donde se hospedaba. Pablo les hizo una exposición; desde la mañana hasta la noche les habló del Reino de Dios, partiendo de la Ley de Moisés y los Profetas, y trataba de convencerlos acerca de Jesús. [24] Unos se convencían por sus palabras y otros no. [25] Al final los judios se retiraron muy divididos; Pablo los despidió con estas palabras: «Es muy acertado lo que dijo el Espíritu Santo cuando hablaba a sus padres por boca del profeta Isaías: [26] Ve al encuentro de este pueblo y dile: Por más que oigan no entenderán, y por más que miren no verán. [27] El corazón de este pueblo se ha endurecido. Se han tapado los oídos y cerrado los ojos; tienen miedo de ver con sus ojos y de oír con sus oídos, pues entonces comprenderían y se convertirían, y yo los sanaría. [28] Por eso sepan que esta salvación de Dios ya ha sido proclamada a los paganos; ellos la escucharán.» ([29] ) [30] Pablo, pues, arrendaba esta vivienda privada y permaneció allí dos años enteros. Recibía a todos los que lo venían a ver, [31] proclamaba el Reino de Dios y les enseñaba con mucha seguridad lo referente a Cristo Jesús, el Señor, y nadie le ponía trabas.     

 

 

[1] Pablo estuvo a punto de perecer en el mar; al acercarse a la orilla, estuvo también a punto de ser degollado por sus guardianes, y luego vino el episodio de la víbora; al respecto véanse las promesas de Jesús en Mc 16,17-18.Se notará el primer gesto de Pablo al llegar a una tierra donde no ha llegado todavía el Evangelio: sana a los enfermos en el nombre de Cristo. Seguramente lo veríamos que haría la misma cosa en nuestros barrios marginales en los que, al parecer, no ha desembarcado la Iglesia todavía. 

 

 

[11] En Roma Pablo es tratado bastante bien, incluso es autorizado a quedarse en la ciudad con esposas (esto es, su brazo derecho atado al brazo izquierdo de su guardián). Una de sus primeras experiencias será la de la fraternidad cristiana. 

 

 

[17] En Roma, Pablo quiso reunirse lo más pronto posible con las autoridades de la comunidad judía. En ese entonces, si bien en general el Judaísmo rechazaba la predicación cristiana, no había una condenación oficial del cristianismo, que era para ellos como una «secta» más, un partido igual al fariseísmo o a los esenios. Sabiendo como se transmitían las noticias de una comunidad a otra en el mundo judío, Pablo quiso tomar la delantera.Era muy importante para él que las acusaciones que se le habían hecho, así como el proceso en su contra, no lo hicieran pasar por un traidor a su país. Pero, además, quiso atacar de frente la negativa a creer en Jesús. Seguramente la comunidad cristiana había hecho ya lo que había podido entre los judíos de Roma, pero él quiso dar un gran golpe.Lucas quiso terminar aquí su libro con el relato de esta reunión. La exposición de Pablo vuelve sobre lo mismo que había ya dicho en su primera predicación en Antioquía de Pisidia (13,46-47): el Evangelio debía ser proclamado primero a los judíos, pero si éstos lo rechazan, eso no impedirá que la palabra de Dios sea anunciada a todos los demás pueblos.Nadie le ponía trabas. Este es el último mensaje del libro: el Evangelio había partido para vencer, y nadie lo detendría (Ap 6,2).Pablo permaneció dos años enteros en ese alojamiento; este era el plazo fijado por la ley para las detenciones preventivas. Es muy probable que todo se terminó con un no ha lugar. Algunos autores, llevados por la idea de que no serían ciertos los elementos presentados por las Cartas Pastorales sobre una posterior actividad de Pablo, piensan que en ese entonces fue condenado a muerte. Pero, no se ve por qué Lucas lo habría ocultado, ni aún más por qué sugiere un cambio de residencia. 

 

 

 

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