Josué

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Jos. 1, 1 - 18

          «ESTARÉ CONTIGO»   [1] Después de la muerte de Moisés, Yavé habló a Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés, y le dijo: [2] «Ha muerto mi servidor Moisés; así que llegó para ti la hora de atravesar el río Jordán, y todo el pueblo pasará contigo a la tierra que yo doy a los hijos de Israel. [3] Yo les doy todos los lugares donde pongan sus pies, como se lo prometí a Moisés. [4] El territorio de ustedes limitará al norte con el monte Líbano; al sur, con el desierto; se extenderá al oriente hasta el río grande, el Eufrates, y al occidente, hasta el Mar Grande. [5] Mientras vivas nadie te resistirá. Estaré contigo como lo estuve con Moisés; no te dejaré ni te abandonaré. [6] Sé valiente y ten ánimo, porque tú entregarás a este pueblo la tierra que juré dar a sus padres. Por eso, ten ánimo y cumple fielmente toda la Ley que te dio mi servidor Moisés. [7] No te apartes de ella de ninguna manera y tendrás éxito dondequiera que vayas. [8] Leerás continuamente el libro de esta Ley y lo meditarás para actuar en todo según lo que dice. Así se cumplirán tus planes y tendrás éxito en todo. Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y sé valiente. [9] No temas ni te asustes, porque contigo está Yavé, tu Dios, adondequiera que vayas.» [10] Josué ordenó a los secretarios del pueblo: [11] «Recorran el campamento impartiendo esta orden: Junten bastante alimento, porque dentro de tres días pasarán el Jordán y entrarán en posesión de la tierra que les dará Yavé, nuestro Dios.» [12] A la gente de las tribus de Rubén y de Gad y a los de la media tribu de Manasés, Josué les dijo: [13] «Recuerden la orden de Moisés, servidor de Yavé: Yavé les ha concedido reposo y les ha dado toda esta provincia. [14] Las mujeres y los niños, así también como el ganado, se quedarán a este lado del Jordán, en la provincia que les dio Moisés, pero ustedes, los valientes, pasarán armados al frente de sus hermanos y los ayudarán [15] hasta que Yavé les dé su herencia, como se la ha dado a ustedes, y que conquisten también ellos el país que les da Yavé, nuestro Dios. Entonces ustedes regresarán a la provincia que les entregó Moisés y poseerán este país al este del Jordán.» [16] Ellos respondieron a Josué: «Haremos todo lo que nos has ordenado e iremos a donde quieras mandarnos; [17] así como hemos obedecido a Moisés, de igual forma te obedeceremos. Quiera Yavé, tu Dios, estar contigo como estuvo con Moisés. [18] Muera el que contradiga tus palabras y desobedezca tus órdenes. Solamente sé valiente y actúa como hombre.»   

 

 

[1] Al igual que todos los profetas que surgieron a continuación en Israel, Josué aparece aquí como el "servidor de Yavé" que medita su palabra día y noche (Sal 1,2). Y la primera imagen bíblica que vendrá a la mente de la comunidad cristiana primitiva para hablar de Jesús, será la del "santo servidor de Dios" (He 3,13; 3,26; 4,27; 4,30). Así se dibuja la figura de un Salvador (Josué, como Jesús, significa "Yavé-salva") que introduce al Pueblo de Dios en su tierra y en su descanso. Josué aparece en la Biblia como una prefiguración de Jesús y la Carta a los Hebreos lo dará a entender en el cap. 4.Les doy todo el territorio que conquisten (3). Así se nos enseña cómo debemos esperar los beneficios de Dios. El no hace las cosas en lugar nuestro: hace que nos superemos para conquistarlas. La tierra que Yavé da a los israelitas será suya cuando la hayan conquistado.Bien es verdad que el Evangelio no habla de conquistas terrenales, pero la Biblia muestra que el Evangelio no podía ser entendido sino por un pueblo que hubiera luchado para conquistar su tierra y su propia identidad, para luego crear su propia cultura. 

 

 

 

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Jos. 2, 1 - 24

          LA HISTORIA DE RAHAB   [1] Josué hizo salir secretamente desde Setim a dos exploradores con la siguiente orden: «Vayan y observen bien el terreno y la ciudad de Jericó.» Los exploradores fueron y tan pronto llegaron a Jericó se hospedaron en casa de una prostituta llamada Rahab. [2] Pero alguien le dijo al rey de Jericó: «Unos israelitas han entrado aquí esta noche para espiarnos.» [3] Entonces el rey de Jericó mandó a decir a Rahab: «Expulsa a esos hombres que están en tu casa, porque vinieron a observar el país.» [4] Pero la mujer los había escondido, y respondió: «Es verdad que llegaron a mi casa, pero yo no sabía de dónde eran. [5] Y al anochecer, poco antes de que se cerraran las puertas de la ciudad, se fueron. No sé a dónde se marcharon, pero dense prisa y seguramente los alcanzarán.» [6] La mujer los había escondido en la techumbre de la casa, tapándolos con paquetes de lino que allí guardaba. [7] Los perseguidores los buscaron por el camino que lleva al valle del Jordán y, en cuanto salieron, se cerraron las puertas de la ciudad. [8] La mujer subió entonces a donde tenía escondidos a los exploradores de Josué y les dijo: [9] «Sé que Yavé, el Dios de ustedes, les ha entregado este país; estamos asustados y los habitantes del país tiemblan ante ustedes. [10] Pues hemos sabido que Yavé secó las aguas del mar Rojo para que pudieran pasar al salir de Egipto. Sabemos cómo trataron a los dos reyes de los amorreos que vivían al otro lado del Jordán, a Sijón y a Og, a los que ustedes exterminaron por anatema. [11] Estas noticias nos han asustado, y todos se quedan sin ánimo ante ustedes porque Yavé es Dios arriba en los cielos como abajo en la tierra. [12] Por lo tanto, júrenme por Yavé que así como yo he sido leal con ustedes, también ustedes lo serán con mi familia [13] y respetarán la vida de mi padre, de mi madre, de mis hermanos y hermanas, con todo lo que les pertenece.» [14] Los hombres respondieron: «Siempre que ustedes no descubran nuestro propósito, te devolveremos vida por vida cuando Yavé nos entregue este país, y actuaremos contigo con generosidad y con lealtad.» [15] Después de esto, los bajó con una cuerda por la ventana, ya que su casa estaba pegada al muro de la ciudad. [16] Pero les dijo: «Diríjanse hacia los cerros para que no los sorprendan los que los andan persiguiendo. Permanezcan escondidos allí por tres días, hasta que regresen ellos, y luego prosigan su camino.» [17] Ellos respondieron: «Mira en qué forma cumpliremos nuestro juramento; [18] cuando entremos en este país, tú colgarás esta cinta roja como señal en la ventana por donde hemos huido. Reúne en tu casa a tu padre, madre, hermanos y a todos tus parientes. [19] Si alguno de ellos sale de la casa, él será el único responsable de su muerte y no podrá culpársenos a nosotros. Pero si matan a alguno de los que contigo estén en tu casa, que venga sobre nosotros el castigo por su muerte. [20] Cuídate de revelar nuestro plan; si no, quedaremos desligados del juramento que nos has exigido.» [21] Rahab les dijo: «Así sea.» Se despidió de ellos y colgó en la ventana la cinta roja. [22] Los hombres se dirigieron a los cerros y allí se escondieron por tres días, hasta que sus perseguidores regresaron. Estos los habían buscado por todas partes sin hallarlos. [23] Entonces los dos hombres volvieron y bajaron de los cerros y, cruzando el río Jordán, se presentaron a Josué, hijo de Nun, dándole cuenta de su misión y de todo lo que les había sucedido. Dijeron a Josué: [24] «Yavé ha puesto en nuestras manos todo este país; sus habitantes tiemblan ya ante nosotros.»         

 

 

[1] Una prostituta recibe a los espías de Josué y ellos le prometen perdonarle la vida a ella y a todo su grupo familiar. Las murallas enormes de Jericó habían sido destruidas un siglo antes, y la población se había instalado de nuevo adentro sin repararlas. Imaginemos a toda esa gente reunida en una casa edificada con las mismas ruinas de la muralla. Este acontecimiento menor tiene valor de signo. El autor del libro pone en boca de Rahab una declaración de fe en Yavé, el Dios que vive y que va a entregar el país al pueblo hebreo. A causa de esta fe, Rahab será salvada.La tradición judía la reconocía como antepasada del rey David, y el Evangelio la nombra en la genealogía de Jesús (Mateo 15).*@*ANTIGUO TESTAMENTO\Jos\3.[1] No siempre el Jordán ha sido la frontera del país de Israel: según las victorias o las derrotas, Israel poseía las tierras al este del Jordán o perdía las ubicadas al oeste. Sin embargo el Jordán ha representado siempre la frontera de la Tierra Prometida para el pueblo de Dios. Así es como vemos que las tribus de Rubén y de Gad, ya instaladas al este del río, son obligadas por Moisés y luego por Josué a franquear el río con sus hermanos: es sólo con esta condición que serán también considerados como verdaderos herederos de la Tierra Prometida. Esto explica por qué el paso del Jordán tras Josué tuvo una importancia tan grande tanto en la tradición judía como en la cristiana. En esta travesía, igual que en la del Mar Rojo, vemos que Dios es el único gran actor de la entrada en la Tierra Prometida. En el momento en que los portadores del Arca, en la cual descansa la Gloria de Yavé, tocan las aguas del río, es cuando éstas dejan de correr. Y cuando los portadores salen del río, una vez que ha pasado todo el mundo, las aguas retoman su curso.De esta manera Dios, llevado en su Arca, abre y cierra la puerta de la Tierra Prometida (Ap 3,7). Del mismo modo Jesús, nueva arca de la alianza en quien reside la plenitud de la divinidad (Col 2,9), bajará a las aguas del Jordán para abrir a los hombres las puertas de la nueva Tierra Prometida.Si reconocemos tanto en el paso del Jordán como en la travesía del Mar Rojo un símbolo del bautismo, debemos antes que nada recalcar que este relato nos proporciona una de las claves principales del libro de Josué. A pesar de las apariencias, este libro del Antiguo Testamento no es un informe militar de las conquistas de Josué; es más bien un libro litúrgico. A lo largo de todo el libro es Dios quien está actuando: él es quien concede o retira sus bendiciones de acuerdo a la fidelidad o infidelidad de su pueblo. Y cuando el libro llega a su fin, vemos que se invita al pueblo a una profesión de fe solemne (Jos 24). Cada vez que la Iglesia nos invita como Josué a renovar nuestra profesión de fe, ya sea en el bautismo o en la Vigilia pascual, retomamos una larga tradición del pueblo de los creyentes.Se detuvieron las aguas formando como una represa muy lejos de aquel lugar (16). Dos o tres veces, en los últimos siglos, se produjeron semejantes derrumbes de terrenos en el valle del Jordán más arriba de este sector, que dejaron seco el río por espacio de algunas horas, hasta que la corriente venció el obstáculo. Podemos pensar que fue un fenómeno semejante lo que permitió a Josué y a su pueblo entrar en la Tierra Prometida atravesando a pie el lecho seco del río.¿Qué significan para ustedes estas piedras? (21) ¿Qué significa tal monumento, tal fiesta? Y cada vez se contestaba narrando algún acontecimiento en que Yavé había socorrido a su pueblo. Con semejantes preguntas se enseñaba la fe en Israel; el israelita no sabía mucho de religión, pero cada lugar de su país le recordaba que Dios era el salvador de su pueblo. Josué establece su campamento en Guilgal. De ahí organiza sus asaltos, y lo veremos volver a Guilgal después de cada victoria, antes que se reúnan las fuerzas cananeas.Es fácil ver que se funden aquí varios relatos que no concuerdan en todo. ¿Se pusieron doce piedras en el campamento (4,3), o se colocaron en el lecho del Jordán (4,9)? Poco importa. A lo mejor estas piedras ya estaban antes que Josué y los israelitas y formaban el santuario de un lugar de culto pagano, muy cerca de Guilgal. Pero, después de la conquista, los sacerdotes quisieron darles una significación religiosa de acuerdo con la fe, como ya vimos en Ex 12,15. 

 

 

 

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Jos. 3, 1 - 17

          LOS ISRAELITAS PASAN EL JORDÁN  [1] Josué se levantó de madrugada, partió de Setim con todo el pueblo de Israel y llegaron hasta el río Jordán. Allí acamparon, esperando atravesarlo. [2] Después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento [3] y ordenaron a los israelitas lo siguiente: «Cuando vean pasar el Arca de la Alianza de Yavé, llevada por los sacerdotes de la tribu de Leví, ustedes saldrán de su campamento y la seguirán, porque ella les señala el camino. Pues ustedes nunca han pasado por ese camino. [4] Pero la seguirán a mil metros de distancia. No se acerquen a ella.» [5] Josué dijo a los israelitas: «Purifíquense, porque mañana Yavé estará en medio de ustedes para obrar milagros.» [6] Y Josué ordenó a los sacerdotes: «Tomen el Arca de la Alianza y atraviesen el río a la cabeza del pueblo.» [7] Entonces Yavé dijo a Josué: «Hoy comenzaré a hacerte famoso delante de Israel y sabrán que estoy contigo, como lo estuve con Moisés. [8] Da esta orden a los sacerdotes que llevan el Arca de la Alianza: Tan pronto lleguen ustedes a orillas del Jordán, deténganse en el río mismo.» [9] Y Josué dijo a los israelitas: «Acérquense y escuchen las palabras de Yavé, nuestro Dios. ¿Quieren una señal de que Yavé, el Dios vivo, está en medio de ustedes [10] y que desalojará frente a ustedes al cananeo, al heteo, al jeveo, al fereceo, y también al guergueseo, al jebuseo y al amorreo? [11] Miren que el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra va a atravesar el Jordán delante de ustedes. [12] Ahora escojan doce hombres de las doce tribus de Israel, uno por tribu. [13] En cuanto los sacerdotes que llevan el Arca del Señor de toda la tierra pongan su pie en las aguas del Jordán, las aguas que vienen de río arriba se cortarán y se detendrán en una sola masa.» [14] Cuando el pueblo salió de su campamento para atravesar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza iban delante. El Jordán corría con mucha agua, desbordando su cauce, por ser el tiempo de la cosecha de la cebada. [15] Sin embargo, cuando los que llevaban el Arca bajaron al río y sus pies se mojaron en las orillas, [16] las aguas que venían de arriba se cortaron. Se detuvieron las aguas, formando como una represa, muy lejos de aquel lugar, junto a Adam, la ciudad vecina de Sartán. Las aguas que bajaban al mar Muerto fueron bajando hasta detenerse, y así el pueblo pudo atravesar frente a Jericó. [17] Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza permanecieron en medio del río que quedó seco, hasta que todos los israelitas atravesaron el Jordán.     

 

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Jos. 4, 1 - 24

          [1] Una vez que pasó toda la nación, Yavé dijo a Josué: [2] «Escoge doce hombres, uno por cada tribu, y dales la orden siguiente: [3] Saquen doce piedras del lecho del Jordán, del mismo lugar donde estuvieron parados los sacerdotes. Llévenselas y colóquenlas en el lugar donde acamparán esta noche.» [4] Josué entonces hizo llamar a los doce hombres que había escogido de las doce tribus de Israel y les ordenó: [5] «Caminen delante del Arca hasta el medio del Jordán y traigan de allí al hombro una piedra por cada tribu. [6] Ellas permanecerán entre ustedes como una señal de esta hazaña, pues cuando sus hijos les pregunten en el futuro qué significan para ustedes estas piedras, ustedes podrán responder: [7] Cuando el Arca de Yavé iba atravesando el Jordán, las aguas se dividieron ante ella. Así estas piedras servirán de memorial a los israelitas para siempre.» [8] Los israelitas cumplieron la orden de Josué y retiraron del lecho del Jordán doce piedras, tal como Yavé le había ordenado a Josué, una por cada tribu. Se las llevaron hacia el lugar donde acamparon y allí las depositaron. [9] Josué amontonó doce piedras en el lecho del Jordán, en el lugar donde permanecieron de pie los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza. Allí quedaron hasta el día de hoy. [10] Los sacerdotes que llevaban el Arca se detuvieron en medio del Jordán hasta que Josué terminó de decir todo cuanto Yavé le había ordenado. [11] Luego que todo el pueblo acabó de cruzar el río, el Arca también pasó, y los sacerdotes volvieron a ponerse a la cabeza. [12] Adelante iban armados los hombres de las tribus de Rubén, de Gad y la media tribu de Manasés, según lo había ordenado Moisés. [13] Eran unos cuarenta mil hombres, bien armados, y marchaban delante de Yavé para combatir, dirigiéndose a las llanuras de Jericó. [14] Aquel día Yavé hizo a Josué famoso delante de todo Israel y, en adelante, durante toda su vida, lo respetaron como habían respetado a Moisés. [15] Yavé dijo a Josué: [16] «Ordena a los sacerdotes que llevan el Arca de las Palabras divinas, que salgan del Jordán.» [17] Así, pues, Josué les mandó que salieran del río. [18] Y en cuanto estos sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza de Yavé salieron del cauce del Jordán, en cuanto sus pies tocaron la orilla, las aguas del río Jordán volvieron tan abundantes como los días anteriores y desbordaron su cauce. [19] Fue el décimo día del mes primero cuando el pueblo subió del Jordán, y fijaron su campamento en Guilgal, a la extremidad este de Jericó. [20] Allí, en Guilgal, Josué colocó las doce piedras que habían tomado en el cauce del Jordán, cuando lo atravesaron. [21] Entonces Josué dijo a los israelitas: «Cuando en el futuro sus hijos les pregunten qué significan esas piedras, [22] ustedes les explicarán que el pueblo de Israel cruzó el Jordán sin mojarse los pies, [23] pues Yavé, nuestro Dios, secó las aguas del Jordán delante de nosotros, lo mismo que hizo en el mar Rojo, que dejó seco ante nosotros cuando tuvimos que atravesarlo. [24] Esto ha sucedido para que los pueblos de este país conozcan el poder de Yavé, nuestro Dios, y para que ustedes mismos lo teman siempre.»     

 

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Jos. 5, 1 - 15

          LOS ISRAELITAS SE CIRCUNCIDAN Y CELEBRAN LA PASCUA   [1] Los reyes de los amorreos radicados al occidente del Jordán y todos los reyes de los cananeos que habitaban las tierras vecinas al mar Mediterráneo supieron que Yavé había secado el lecho del Jordán para que los israelitas lo atravesaran. Entonces se desanimaron y perdieron el aliento ante los israelitas. [2] Por aquel tiempo Yavé dijo a Josué: «Fabrica unos cuchillos de pedernal y celebra de nuevo una circuncisión para los hijos de Israel.» [3] Obedeció Josué la orden de Yavé y circuncidó a los israelitas en el lugar llamado Collado de los Prepucios. [4] Esta fue la razón por la cual Josué practicó esta segunda circuncisión: [5] todos los hombres de Israel que salieron de Egipto estaban circuncidados, pero murieron durante su peregrinación en el desierto. Al contrario, los nacidos en el desierto no estaban circuncidados. [6] Pues los israelitas anduvieron cuarenta años por el desierto, hasta que murieron todos, toda esa generación que no obedeció a Yavé, y Yavé les juró que no los dejaría entrar a la tierra que mana leche y miel y que prometió a sus padres. [7] Pero en vez de ellos estaban sus hijos, y son ellos los que circuncidó Josué. [8] Después de circuncidarse todos, descansaron en el campamento hasta su curación. Entonces Yavé dijo a Josué: [9] «Hoy he quitado de encima de ustedes la vergüenza de Egipto.» Por eso aquel lugar se llama Guilgal hasta el día de hoy. [10] Los israelitas acamparon en Guilgal, donde celebraron la Pascua el día catorce del mes, al atardecer, en la llanura de Jericó. [11] A partir de este día comieron los productos del país: panes ázimos y espigas tostadas en ese mismo día. [12] Y desde ese día en que consumieron los productos del país, cesó el maná. No hubo ya maná para los israelitas y ese año comieron lo que produce el país de Canaán. [13] Mientras Josué estaba cerca de Jericó, levantó los ojos y vio delante de sí a un hombre con una espada desenvainada en la mano. Se dirigió a él y le dijo: «¿Eres tú de los nuestros o de los enemigos?» [14] Y él respondió: «No, yo soy el jefe del ejército de Yavé, y acabo de llegar.» Josué se postró en tierra, lo adoró y dijo: «¿Qué ordena mi Señor a su servidor?» [15] El jefe del ejército de Yavé le dijo: «Quítate el calzado de tus pies; el lugar que pisas es santo.» Así lo hizo Josué.     

 

 

[1] En su primer campamento los hombres de Josué celebran el primer culto religioso. Se procede a la circuncisión (ver Gén 17,10). Esta era en Israel el signo de la entrada en la comunidad religiosa. Para insistir en esta obligación, el libro nota que, al entrar en la Tierra Santa, todo el pueblo la recibió.A partir de este día comieron los productos del país (11). Ver en Ex 16 las explicaciones respecto del maná y sus leyendas. Con este hecho se inician tiempos nuevos. La religión de los israelitas, hasta ese momento, era la de un pueblo nómada. Ahora empieza una crisis profunda que durará hasta el rey David, mientras los israelitas tratan de adaptarse a su nueva condición de campesinos y ciudadanos e inventan poco a poco una forma de religión adaptada a esta nueva condición. 

 

 

 

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Jos. 6, 1 - 27

          LA TOMA DE JERICÓ   [1] Los habitantes de Jericó habían cerrado la ciudad y puesto sus cerrojos para que no entraran los israelitas: nadie entraba ni salía. [2] Pero Yavé dijo a Josué: «Te entregaré la ciudad, su rey y todos sus hombres de guerra. [3] Para esto, ustedes tendrán que dar una vuelta a la ciudad cada día durante seis días. [4] Siete sacerdotes irán delante del Arca tocando las siete trompetas que sirven en el Jubileo. El día séptimo darán siete vueltas y [5] cuando suenen las trompetas todo el pueblo subirá al ataque, dando su grito de guerra. En ese momento se derrumbarán los muros de la ciudad y cada uno entrará por lo más directo.» [6] Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les dijo: «Ustedes llevarán el Arca de la Alianza; siete sacerdotes irán delante tocando trompetas de las que se usan en el Jubileo.» Luego, Josué dijo al pueblo: [7] «Ustedes darán la vuelta a la ciudad y la vanguardia del ejército precederá el Arca de Yavé.» [8] Cuando Josué terminó de hablar, los sacerdotes comenzaron a tocar las siete trompetas que sirven para tocar la fiesta del Jubileo y avanzaron delante del Arca de Yavé. [9] La vanguardia del pueblo iba delante de los sacerdotes y el resto del pueblo detrás del Arca. Las trompetas resonaban por todas partes. Josué había dado esta orden: [10] «Ustedes no gritarán ni darán voces, ni se oirá siquiera una palabra, hasta que llegue el día en que les diga: Griten y den voces.» [11] El Arca de Yavé dio ese día una vuelta alrededor de la ciudad, volviéndose todos al campamento, donde pasaron la noche. [12] Al día siguiente, Josué se levantó de madrugada; los sacerdotes tomaron el Arca y los que tocaban las siete trompetas pasaron otra vez delante del Arca. [13] Delante iba la vanguardia y detrás del Arca los demás. Y otra vez resonaron las trompetas. [14] Lo mismo hicieron el día siguiente, y durante seis días dieron a diario una vuelta alrededor de la ciudad y volvieron al campamento. [15] Al séptimo día los israelitas se levantaron de madrugada y dieron la vuelta en torno a Jericó según el mismo rito que los días anteriores, pero, ese día, lo hicieron siete veces. [16] A la séptima vez, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas, Josué ordenó al pueblo: «Den su grito de guerra, porque Yavé les ha entregado la ciudad. [17] Esta ciudad y todo lo que hay en ella será entregado en anatema a Yavé. Sólo Rahab la prostituta quedará viva con todos los que estén con ella en su casa, ya que ocultó a los exploradores que habíamos enviado. [18] En cuanto a ustedes, cuídense de tocar cualquier cosa, chica o grande; ya que fue todo consagrado en anatema, no tomen ninguna cosa, no sea que venga la maldición sobre el campamento de Israel y lo trastorne. [19] Todo el oro, plata, cobre y hierro están consagrados a Yavé y entrarán en el tesoro de Yavé.» [20] El pueblo gritó y se tocaron las trompetas. En ese preciso momento se derrumbaron los muros de la ciudad. Entonces cada uno avanzó sobre la parte de la ciudad que tenía a su frente. [21] Se apoderaron de Jericó. Y espada en mano mataron a todos los hombres y mujeres, jóvenes y viejos; incluso a los bueyes, ovejas y burros, y los entregaron como anatema, o sea, los sacrificaron a Dios. [22] (Dos hombres habían sido enviados por Josué para explorar Jericó y, al entrar en ella, una prostituta los había escondido.) Entonces Josué les dijo: «Entren en la casa de la prostituta y sáquenla fuera con toda su familia, como se lo habían jurado.» [23] Estos jóvenes hicieron salir a la mujer llamada Rahab, a su padre, a su madre y sus hermanos con sus familiares, y los colocaron a salvo fuera del campamento de Israel. [24] Después quemaron la ciudad y todo lo que había en ella, dejando la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro, que depositaron entre las cosas preciosas del Santuario de Yavé. [25] Josué perdonó la vida de la prostituta y la de su familia, y ella permaneció en Israel. [26] Josué pidió al pueblo que repitiera esta maldición: «Que Yavé maldiga al que reconstruya Jericó. Que los cimientos se levanten sobre el cuerpo de su hijo mayor, y las puertas sobre el de su hijo menor.» [27] Así estuvo Yavé con Josué y lo hizo famoso en todo el país.    

 

 

[1] Con la toma de Jericó empieza la conquista. Jericó es hecho anatema, es decir, apartado para Dios. El pueblo renuncia a todo botín, entrega las cosas al tesoro de Yavé y mata a los seres vivos en vez de adueñarse de los animales y reducir a esclavitud a los hombres. Esta misma palabra, anatema, pasará a significar que alguien lleva la maldición de Dios (ver Rom 9,3). Esto se practicaba en varios pueblos; aquí, al destruir todo lo que era cananeo, Israel se preservaba de adoptar la cultura y la religión materialista de los cananeos.El lector moderno a veces se escandaliza. ¿Cómo pudo Dios ordenar una guerra así? Y Josué, ¿cómo pensó agradar a Dios ordenando matar a todos, incluso a los niños?Es necesario fijarse cuándo tuvo lugar dicha conquista, y cuándo fue escrito el libro.La conquista tuvo lugar en el siglo XIII antes de Cristo. Nos cuesta penetrar la mentalidad de esa época: en Canaán se quemaba a los niños sacrificándolos a los dioses paganos; en Asiria se desollaba vivos a los prisioneros. Israel conquistó Palestina a la fuerza, como cualquier pueblo errante del mundo. Dios empezaba la educación de su pueblo; para empezar no podía esperar que ya estuviera educado. Las victorias sangrientas fueron una etapa en el camino que condujo a la conciencia nacional. En ese sentido no podemos, en nombre de la paz, despreciar a los héroes de las guerras pasadas.Por otra parte, el presente libro fue escrito en el siglo VII antes de Cristo, en el pequeño reino de Judá, rodeado de poderosos vecinos entre los cuales trataba de sobrevivir pacíficamente. Entonces se amplió el relato de las victorias y matanzas del pasado (comparar al respecto 2 Sam 12,31, escrito por un contemporáneo de los hechos, y 1 Crón 20,3, escrito cuatro siglos más tarde); el autor quería mostrar a sus contemporáneos que no debían temer, ya que Dios estaba con ellos. Así, pues, cuando se dice: Yavé ordenó a Josué el anatema, no debemos pensar en una intervención especial de Dios (ver comentario de Gén 16). Estas palabras significan solamente que al decidir el anatema conforme a la mentalidad de ese tiempo, Josué preservaba la fe de Israel. El Evangelio no es menos tajante que la espada de Josué, ni menos indulgente con nuestros ídolos y miedos, aun cuando rechaza la violencia y, por supuesto, el fanatismo de esos tiempos primitivos. 

 

 

 

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Jos. 7, 1 - 26

          ACÁN DESOBEDECE EL ANATEMA   [1] Los israelitas cometieron una infidelidad respecto al anatema. Sucedió que Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zaré, de la tribu de Judá, se apropió de algunas cosas consagradas por anatema y, debido a esto, el enojo de Yavé estalló contra Israel. [2] Josué había despachado a algunos hombres desde Jericó a Hay, vecino a Betaven, al este de la ciudad de Betel, y les dijo: «Vayan y reconozcan la tierra.» [3] Los exploradores le dijeron a su regreso: «No es necesario que se movilice todo el ejército; unos dos o tres mil hombres son suficientes para conquistar la ciudad. Es inútil cansar a todo el pueblo, pues esa gente es poco numerosa.» [4] Así, pues, unos tres mil combatientes atacaron Hay, pero fueron rechazados por los defensores de la ciudad. [5] La gente de Hay les mató treinta y seis hombres y los persiguió fuera de la Puerta hasta Sabarim, derrotándolos en la bajada. Al ver esto, todo el pueblo se desanimó. [6] Entonces Josué y todos los jefes de Israel rasgaron sus vestidos, se cubrieron de ceniza la cabeza y permanecieron postrados delante del Arca de Yavé hasta la tarde. [7] Josué se lamentó: «Ay, Yavé, ¿por qué hiciste pasar a este pueblo el río Jordán para entregarnos después en manos del amorreo y exterminarnos? Mejor hubiera sido para nosotros permanecer al otro lado del Jordán. [8] Yavé, Dios mío, ¿qué puedo decir cuando veo a Israel huir de sus enemigos? [9] Lo sabrán los cananeos y todos los habitantes de este país. Se unirán para cercarnos y nos echarán fuera. Tú, ¿qué vas a hacer por el honor de tu Nombre?» [10] Yavé respondió: «Levántate, ¿por qué estás postrado en tierra? [11] Israel pecó y aun violaron mi alianza; han tomado de lo destinado al anatema y lo han robado, colocándolo luego a escondidas entre su equipaje. [12] Israel ya no hará frente a sus enemigos, sino que huirá de ellos, pues ha llegado a ser anatema. Yo no estaré más con ellos hasta que hayan expulsado de entre ustedes esta maldición. [13] Levántate, pues, y santifica al pueblo. Diles: Purifíquense para mañana; Yavé, Dios de Israel, les dice: ¡Oh, Israel!, el anatema está en medio de ti y no harás frente a tus enemigos hasta que hayas apartado de ti el anatema. [14] Así que mañana ustedes se acercarán, agrupados por tribus. La tribu que Yavé designe por suerte se presentará por familias. La familia que designe Yavé se presentará por hogares y el hogar por individuos. [15] El que resulte responsable de este delito será quemado junto con todos sus enseres por haber violado la alianza de Yavé y cometido un crimen detestable en Israel.» [16] Josué se levantó de madrugada y ordenó que se presentaran las tribus de Israel. La suerte cayó sobre la tribu de Judá. [17] Sorteadas las familias de ésta, salió la familia de Zaré; [18] sorteados los hogares de ésta salió el hogar de Zabdí, y sorteados los miembros de este hogar, se descubrió que el culpable era Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zaré, de la tribu de Judá. [19] Josué, entonces, le dijo: «Hijo mío, confiesa la verdad ante Yavé, Dios de Israel, y hónralo. Dime lo que has hecho sin disimular nada.» [20] Acán respondió: «Es verdad que he pecado contra Yavé. [21] Esto es lo que hice: Encontré entre los despojos una rica capa, de Senaar, doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos. Me dejé tentar y lo tomé. Ahora lo tengo escondido en un hoyo en medio de mi tienda y la plata está debajo.» [22] Josué entonces envió unos mensajeros, que corrieron a la tienda de Acán y encontraron el botín en la tienda, y la plata debajo. [23] Llevaron todo y lo presentaron a Josué y al pueblo; todo fue depositado ante Yavé. [24] Entonces Josué tomó a Acán, junto con la plata, la capa y el oro, con sus hijos y también sus hijas, sus bueyes, burros y ovejas, su tienda y todo cuanto tenía. Todo Israel lo acompañaba y los llevaron al valle de Acor. [25] Allí Josué le dijo: «Ya que tú nos trajiste la desgracia, que Yavé te traiga la desgracia en este día.» Todo el pueblo lo apedreó. De los suyos, unos fueron machacados, otros quemados. [26] Amontonaron sobre él una gran cantidad de piedras que permanecen hasta el día de hoy. Entonces Yavé calmó su ira. Por eso el lugar se llamó valle de Acor.       

 

 

[1] Todo el botín fue hecho anatema, es decir, consagrado a Dios. Que sea quemado o bien depositado en el tesoro del Santuario, es ofrecido a Yavé. Acán ha robado a Dios y según la manera de expresarse de ese tiempo, lo robado se vuelve maldición que se pega a él y a su familia. Tal vez este hecho debe hacernos reflexionar sobre lo serios que son nuestros compromisos cuando decidimos consagrar a Dios nuestro tiempo o nuestra persona. 

 

 

 

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Jos. 8, 1 - 35

          JOSUÉ CONQUISTA HAY  [1] Luego Yavé dijo a Josué: «No temas ni te acobardes. Marcha con todos tus guerreros contra la ciudad de Hay. Entregaré en tus manos a su rey y a su pueblo, la ciudad y su territorio. [2] Los tratarás como trataste a Jericó y su rey, pero ustedes podrán adueñarse del botín y de todos los animales. Ahora bien, prepara una emboscada detrás de la ciudad.» [3] Josué, pues, salió con todos sus guerreros para asaltar Hay. Después, eligió treinta mil hombres, todos guerreros valientes, y los envió de noche. [4] Les había dado esta orden: «Ustedes se emboscarán detrás de la ciudad. No se alejen y estén listos. [5] Yo y toda la gente que está conmigo, nos acercaremos a la ciudad. Pero, cuando ellos nos salgan al encuentro, como sucedió recién, huiremos ante ellos. [6] Ellos entonces nos perseguirán y se alejarán de la ciudad, pensando que huimos como la vez anterior. [7] En ese momento ustedes se levantarán de donde están escondidos y ocuparán la ciudad. [8] Yavé, nuestro Dios, se la entregará. Después de tomar la ciudad, ustedes la quemarán, según lo mandó Yavé. Estas son mis órdenes.» [9] Así los envió Josué y ellos fueron al lugar de la emboscada, quedándose entre Betel y Hay, al oeste de la ciudad, mientras Josué dormía esa noche en medio de toda su gente. [10] Muy de mañana, Josué se levantó y pasó revista a su ejército y luego se marchó al frente del pueblo, acompañado de los jefes. [11] Todos los guerreros que estaban con él subieron y avanzaron hasta que llegaron frente a la ciudad. Entonces acamparon frente a ella al lado norte. El valle los separaba de la ciudad. [12] (Después tomó cinco mil hombres, que dispuso en emboscada entre Betel y Hay, al oeste de la ciudad.) [13] El pueblo entonces estableció su campamento al norte de la ciudad y su retaguardia estaba al oeste. Esa noche Josué fue al valle.  LA TOMA Y MATANZA DE HAY  [14] En cuanto el rey de Hay vio la situación, se apresuró para atacar a Israel con toda su gente, en la pendiente frente al valle del Jordán, sin saber que le habían tendido una emboscada por detrás de la ciudad. [15] Josué y los israelitas se hicieron los derrotados y huyeron por el camino del desierto. [16] Entonces toda la gente de la ciudad se puso a gritar y salieron a perseguirlos. [17] No quedó ningún hombre para defender la ciudad, y hasta la dejaron abierta. [18] Entonces Yavé dijo a Josué: «Tiende hacia Hay la lanza que tienes en tu mano, porque yo te he entregado esta ciudad.» [19] Así lo hizo Josué y, a esta señal, los de la emboscada surgieron de sus puestos y corrieron hasta la ciudad, donde entraron. La tomaron y le prendieron fuego. [20] Los hombres de Hay miraron atrás y vieron el humo que de la ciudad subía hacia el cielo y, al mismo tiempo, los israelitas se detuvieron en su huida para volverse contra ellos. [21] Les faltó el ánimo y no supieron por dónde escaparse: por un lado estaba Josué con toda la gente de Israel, y por el otro, los que acababan de incendiar la ciudad. [22] Los israelitas pelearon hasta que no quedó sobreviviente ni fugitivo. [23] Solamente tomaron vivo al rey de Hay y lo llevaron a Josué. [24] Los israelitas acabaron con los habitantes de Hay que estaban en el campo o que habían huido al desierto; los mataron a todos. Después volvieron a la ciudad y la pasaron a cuchillo. [25] El total de los que cayeron ese día fue de doce mil. [26] Josué no dio la orden de cesar el combate antes de que todos los habitantes de Hay hubieran sido sacrificados conforme al anatema. [27] Sin embargo, los israelitas se repartieron el ganado según lo ordenado por Yavé. [28] Josué incendió la ciudad y no dejó sino ruinas; este lugar ha quedado así hasta el día de hoy. [29] En cuanto al rey de Hay, Josué lo hizo colgar de un árbol hasta que el sol se pusiera. Entonces lo hizo descolgar. Lo tiraron a la entrada de la ciudad y levantaron sobre él un montón de piedras que se ve todavía hoy.  JOSUÉ RENUEVA LA ALIANZA EN SIQUEM   [30] Entonces Josué edificó un altar a Yavé, Dios de Israel, en el cerro Ebal. [31] Observó lo que Moisés había mandado a los hijos de Israel y, según está escrito en el libro de la Ley, de Moisés, este altar fue hecho de piedras sin labrar, que no había tocado ninguna herramienta. Sobre este altar ofreció a Yavé víctimas consumidas por el fuego y sacrificios de comunión. [32] Allí escribió sobre piedras una copia de la Ley que Moisés había escrito en presencia de los israelitas. [33] Todo el pueblo permanecía de pie por ambos lados del Arca, con sus jefes, secretarios y jueces. Al frente suyo estaban los sacerdotes y los levitas que portaban el Arca de Yavé; israelitas de raza y forasteros estaban juntos. La mitad del pueblo se extendía hacia el cerro Garizim y la otra mitad cerca del Ebal, según lo mandado por Moisés referente a la manera de bendecir a Israel. [34] Josué procedió a leer las palabras de bendición y de maldición y todo lo escrito en el libro de la Ley. [35] No olvidó ninguna palabra de cuantas escribió Moisés. Las leyó en voz alta delante de la asamblea de todo Israel, incluso las mujeres, niños y extranjeros que vivían entre ellos.  

 

 

[30] ¿Qué significa esta alianza celebrada en Siquem? La Biblia nos presenta la historia antigua de Israel en forma algo ficticia cuando dice que las doce tribus estuvieron en Egipto, salieron con Moisés y llegaron con él a la Tierra Prometida. Diversos grupos habían tomado parte en la salida de Egipto (Ex 12,38). En Palestina se les juntaron otros grupos (33). Las tribus no eran un pueblo homogéneo ni un grupo cerrado y no constituían todavía una nación organizada. Sin embargo, esas tribus de fuerza desigual formaban un conjunto. Entre ellas predominaban las de Efraím y Manasés, pero, posteriormente, se desarrolló en el sur la tribu de Judá, a partir de grupos diversos, en especial los calebitas (Jue 1,12 y Núm 13,30) y los quenitas (Jue 1,16).La alianza de Siquem pudo ser la ocasión en la que todos aceptaron la fe y los mandamientos recibidos de Moisés. 

 

 

 

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Jos. 9, 1 - 27

          LOS GABAONITAS SE SALVAN POR ASTUCIA  [1] Estos acontecimientos llegaron al oído de los reyes que vivían al oeste del Jordán, en la montaña, en la llanura y la costa del mar. [2] Los heteos, los amorreos, los cananeos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos hicieron un pacto y acordaron pelear juntos contra Josué e Israel. [3] Los habitantes de Gabaón supieron lo que Josué había hecho en Jericó y Hay y decidieron engañarlos. [4] Se aprovisionaron de alimentos, cargaron sobre sus burros unos sacos viejos y pellejos de vino, rotos y parchados, [5] se pusieron unas sandalias muy gastadas y remendadas y unas ropas también muy usadas. Para el camino llevaron unos panes duros y hechos migas. [6] Fueron hacia Josué, al campamento de Guilgal, y le dijeron: «Venimos de lejanas tierras para pactar con ustedes.» [7] Los israelitas respondieron: «¿Viven ustedes cerca de nosotros? [8] Pues en ese caso no podríamos hacer un pacto con ustedes.» Respondieron a Josué: «Servidores tuyos somos.» Josué les preguntó: «¿Quiénes son ustedes y de dónde vienen?» [9] Contestaron: «De un país muy lejano vienen tus servidores, por la fama de Yavé, tu Dios, pues sabemos de su poder y de todo lo que hizo en Egipto, [10] y con los dos reyes de los amorreos que reinaron en la parte oriental del Jordán, Sijón, rey de Jesbón, y Og, rey de Basán, que vivía en Astarot. [11] Los dirigentes y demás habitantes de nuestro pueblo nos dijeron: Provéanse de alimentos para un largo viaje, ubíquenlos y díganles: Servidores somos de ustedes; hagan alianza con nosotros. [12] Observen los panes que tomamos calientes en nuestras casas para venir a encontrarlos y vean cómo se han secado y despedazado. [13] Estos pellejos que llenamos de vino eran nuevos, ahora están rotos y descosidos. La ropa y el calzado que usamos se han gastado a causa del largo viaje.» [14] Los israelitas compartieron con ellos su comida sin haber preguntado a Yavé lo que debían hacer. [15] Josué hizo alianza con ellos sin esperar una respuesta, y tanto él como los jefes de la comunidad prometieron respetarles la vida. [16] Tres días más tarde, los israelitas supieron que esa gente habitaba en la vecindad en medio de su propio territorio. [17] Ese tercer día los israelitas partieron y entraron a sus ciudades: Gabaón, Carifá, Beriot y Cariatiarim. [18] Les perdonaron la vida en vista de que los jefes del pueblo les habían prestado juramento en nombre de Yavé, pero toda la gente criticó a los jefes. [19] Estos les respondieron: «Nosotros hemos jurado en nombre de Yavé y, por lo tanto, no podemos matarlos. [20] Sin embargo, haremos esto: les dejaremos vivir para no atraernos el enojo de Yavé, [21] pero servirán como leñadores y acarreadores de agua al servicio de la comunidad de Israel.» [22] Entonces Josué reunió a los gabaonitas y les dijo, según lo decidido por los jefes:«¿Por qué han mentido y nos han dicho que vienen de muy lejos cuando viven en medio de nosotros? [23] En adelante serán malditos y siempre permanecerán como cortadores de leña y acarreadores de agua para la Casa de mi Dios.» [24] Los gabaonitas respondieron: «Supimos que Yavé había mandado a Moisés destruir a todos los habitantes de la tierra que él les entregaba. Tuvimos miedo y optamos por esta medida. [25] Y ahora estamos en tus manos; haz con nosotros lo que te parezca bueno y justo.» [26] Josué cumplió su promesa y no dejó que los israelitas los mataran, [27] pero desde aquel día hasta hoy sirvieron como leñadores y acarreadores de agua para toda la comunidad y para el altar de Yavé en el lugar que él se iba a elegir.

 

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Jos. 10, 1 - 43

          «EL SOL SE DETUVO SOBRE GABAÓN»   [1] Adonisedec, rey de Jerusalén, supo que Josué había conquistado y arrasado a Hay, tratándola junto con su rey del mismo modo que trató a Jericó y a su rey. Supo también que los gabaonitas habían hecho la paz con los israelitas para poder vivir en medio de ellos. [2] Temió mucho, porque Gabaón era una ciudad muy importante, una ciudad real mayor que Hay, y sus hombres eran muy valientes. [3] En vista de esto, Adonisedec envió a decir a Oham, rey de Hebrón; a Faram, rey de Jerimot; a Jafia, rey de Laquis, y a Dabir, rey de Eglón: [4] «Vengan a mí y ayúdenme a conquistar a Gabaón, porque ha hecho pacto con Josué y los israelitas.» [5] Se juntaron, pues, y subieron los cinco reyes de los amorreos, el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Jerimot, el de Laquis y el de Eglón, cada uno con sus tropas. Acamparon frente a Gabaón y la sitiaron. [6] Los gabaonitas mandaron a decir a Josué al campamento de Guilgal: «No nos dejes solos, sino que ven hasta nosotros y ayúdanos, pues todos los reyes amorreos que habitan en la montaña se unieron en contra nuestra.» [7] Josué salió el mismo día de Guilgal con todos sus hombres y valientes guerreros. [8] Entonces Yavé dijo a Josué: «No los temas, porque los he puesto en tus manos y ninguno de ellos te podrá resistir.» [9] Josué subió de Guilgal, caminó toda la noche y cayó por sorpresa sobre los amorreos. [10] Yavé los derrotó. Los israelitas reportaron una gran victoria en Gabaón y los persiguieron por la subida de Betorón hasta llegar a Azecá y Maquedá. [11] Mientras huían, Yavé hizo caer piedras desde el cielo sobre ellos hasta Azecá, matándolos. Y fueron más los que perecieron por la granizada que los muertos por la espada de los israelitas. [12] Aquel día en que Yavé le entregó a los amorreos, Josué se dirigió a Yavé, y dijo a la vista de todo Israel: «Deténte, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayalón.» [13] Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo hubo tomado desquite de sus enemigos. Así está escrito en el Libro del Justo. El sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse casi un día entero. [14] No hubo día igual, ni antes ni después, en que Yavé haya obedecido una orden de un hombre. Es que Yavé peleaba por Israel. [15] Después Josué, con todo Israel, volvió al campamento de Guilgal. [16] Pero los cinco reyes habían huido y se escondieron en la cueva de Maquedá. [17] Se lo dijeron a Josué: «Hallamos a los cinco reyes; están escondidos en la cueva de Maquedá.» [18] Josué, pues, ordenó: «Hagan rodar piedras grandes para tapar la entrada y dejen hombres de guardia. [19] Pero que los demás no se detengan. Sigan a sus enemigos y córtenles la retirada. No los dejen volver a sus ciudades, pues Yavé, nuestro Dios, los ha puesto en nuestras manos.» [20] Josué y los israelitas los derrotaron y acabaron con ellos. Sólo algunos sobrevivientes se refugiaron en ciudades fortificadas, [21] mientras que todo Israel volvió ileso al campamento junto a Josué. En adelante nadie se atrevió a provocarlos. [22] Luego Josué ordenó: «Abran la entrada de la caverna, saquen a los cinco reyes y tráiganmelos.» [23] Lo hicieron, llevando a los cinco reyes ante la presencia de Josué: el rey de Jerusalén, el de Hebrón, el de Laquis, el de Jerimot y el rey de Eglón. [24] Josué reunió a todo Israel y dijo a los capitanes de las tropas: «Acérquense y pongan sus pies sobre el cuello de esos reyes.» Se acercaron, pues, y pusieron sus pies sobre el cuello de los reyes. [25] Entonces Josué les dijo: «No teman ni se acobarden, sean valientes y decididos, porque así tratará Yavé a todos los enemigos con los que nos enfrentaremos.» [26] En seguida, Josué les dio muerte y les hizo colgar de cinco árboles, quedando de esta manera hasta la tarde. [27] Al anochecer descolgaron los cuerpos de los reyes y los arrojaron en la misma cueva donde estaban escondidos y la cerraron con piedras grandes que todavía se ven hoy allí.  JOSUÉ CONQUISTA EL SUR DEL PAÍS  [28] Ese mismo día, Josué se apoderó de Maquedá. Pasó a cuchillo a su rey y a sus habitantes. La consagró en anatema a Yavé con todos los que estaban en ella, sin perdonar a ninguno. El rey sufrió la misma suerte que el de Jericó. [29] Luego Josué con todo Israel fue a atacar a Libna. [30] Yavé la entregó con su rey a los israelitas, que la pasaron a cuchillo con todos sus habitantes sin perdonar a nadie. El rey experimentó la misma suerte que el de Jericó. [31] De Libna pasó a Laquis, la asedió y la atacó. [32] Yavé también le entregó esta ciudad con su rey y habitantes, que sufrieron la misma suerte de Libna. [33] Entonces Horam, rey de Gazer, subió para socorrer a Laquis, pero Josué lo derrotó junto con todo su pueblo y no dejó a nadie con vida. [34] De Laquis pasó a Eglón, la sitió y la conquistó el mismo día. [35] El rey y los habitantes de Eglón también fueron acuchillados; la consagraron en anatema como habían hecho con Laquis. [36] De Eglón pasaron a Hebrón; la conquistó junto con todos los pueblos que dependían de ella, [37] pasó a cuchillo a su rey y habitantes, sin dejar ningún sobreviviente. Lo hizo tal como trató a Eglón: la consagró en anatema. [38] Josué y todo Israel con él se volvió contra Dabir y la atacó. [39] La tomó, así como a todos los pueblos que dependían de ella. Pasó a cuchillo a su rey y habitantes, consagrándolos en anatema, sin perdonar a nadie. Dabir y su rey recibieron el mismo castigo que Hebrón y Libna. [40] De esta forma Josué conquistó toda la parte de los cerros, el desierto de Negueb, el llano y las pendientes con sus reyes. No dejó ningún sobreviviente, sino que consagró en anatema a todo ser viviente, según Yavé lo había ordenado. [41] Josué los derrotó desde Cadés-Barné hasta Gaza y desde Gosén hasta Gabaón. [42] Josué venció a todos estos reyes y se apoderó de todas estas tierras de una sola vez, porque Yavé peleó por Israel. [43] Después regresó con todo Israel a su campamento en Guilgal.   

 

 

[1] El sol de Gabaón causó bastante preocupación a los que tomaban al pie de la letra todo lo que encontraban en la Biblia.Unos pensaron que el sol se había detenido en el cielo. Más tarde, cuando se descubrió que la tierra es la que gira en torno al sol, pensaron que la tierra se había detenido en su rotación. Pero eso tampoco se puede aceptar: si la tierra se detuviera, todo quedaría destruido por efecto de la velocidad. Entonces... entonces hay que recalcar que la Biblia cita aquí un libro poético, el «Libro del Justo», y que los poetas hablan con su imaginación y no a la manera de los historiadores o científicos.Hay otras explicaciones valiosas: tal vez el poeta no ordenaba al sol que se detuviera, sino que detuviera su luz; Josué pediría que las nubes de la tempestad oscurecieran el cielo todo el día, facilitando con esto su golpe imprevisto. 

 

 

 

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Jos. 11, 1 - 23

          JOSUÉ CONQUISTA LA PARTE NORTE   [1] Cuando Yabín, rey de Jasor, supo todo esto, envió embajadores a Jobal, rey de Madom, al rey de Simerón, al rey de Acsaf, [2] a los reyes que ocupaban las montañas del norte, las estepas al sur de Quineret, la llanura y las alturas de Dor al occidente, [3] a los cananeos del este y del oeste, a los amorreos, heteos, fereceos y jebuseos de las montañas, también a los jeveos que vivían en las faldas del monte Hermón, en la región de Mizpá. [4] Salieron con sus tropas, una muchedumbre tan numerosa como las arenas del mar, acompañados por gran cantidad de caballos y carros de combate. [5] Todos estos reyes se dieron cita y acamparon junto a la fuente de Merom, para atacar a Israel. [6] Entonces Yavé recomendó a Josué: «No los temas. Mañana a esta misma hora te los entregaré para que me los sacrifiques. Cortarás los jarretes de sus caballos y quemarás sus carros de guerra.» [7] Josué, entonces, y con él todos los hombres armados, se trasladaron hasta Merom y los atacaron por sorpresa. [8] Yavé se los entregó, de manera que los israelitas los derrotaron y los persiguieron hasta Sidón la Grande y Misrefot y, por el este, hasta Mizpá, sin dejar a nadie con vida. [9] Josué ejecutó también lo ordenado por Yavé de cortar los jarretes a los caballos y quemar los carros. [10] En seguida, Josué dio vuelta y conquistó a Jasor, matando a su rey. En aquel tiempo Jasor era la capital de todos esos reinos. [11] En esta ciudad pasó a cuchillo a todos sus habitantes, consagrándolos en anatema. [12] Nadie quedó con vida, y en seguida quemaron la ciudad. Josué tomó todas las ciudades de estos reyes y a todos sus reyes y los consagró en anatema, según se lo había ordenado Moisés, servidor de Yavé. [13] Israel incendió todas las ciudades, menos aquellas ubicadas en las pendientes y alturas; de éstas, sólo Jasor fue incendiada por Josué. [14] Los israelitas se repartieron los despojos y el ganado de estas ciudades, pero pasaron a cuchillo a toda la población sin dejar a nadie con vida. [15] Así, pues, lo que Yavé ordenó a Moisés y que Moisés encargó a Josué se cumplió perfectamente. Josué no descuidó nada de lo que Yavé había mandado a Moisés. [16] Josué conquistó, pues, todo ese país: los cerros, el Negueb, el Gosén, la llanura, la estepa y los cerros de Israel con sus llanuras. [17] Desde la parte de la cordillera que sube hacia Seír, hasta Baal Gad en el valle del Líbano, a los pies del monte Hermón, derrotó a todos sus reyes, a quienes venció y dio muerte. [18] La guerra que hizo Josué contra todos estos reyes duró largo tiempo; [19] ninguna ciudad hizo las paces con los israelitas, fuera de los jeveos de Gabaón, de manera que todas fueron conquistadas. [20] Yavé les dio ánimo a todos ellos para que pelearan contra Israel, con el fin de que fueran consagrados en anatema y destruidos sin misericordia, como Yavé lo tenía ordenado a Moisés. [21] En aquel tiempo, Josué atacó y desbarató a los enaceos de los cerros, de Hebrón, Dabir, Anab, de todos los cerros de Judá y de Israel; ellos y sus ciudades fueron entregados en anatema. [22] No quedaron enaceos en el país de Israel, excepto en Gaza, Gat y Azoto. [23] Josué se apoderó de todo el país, como Yavé se lo había dicho a Moisés, y se lo entregó en herencia a los israelitas para que lo repartieran entre sus tribus. Con esto el país descansó de la guerra.         

 

 

[1] En el capítulo 11 se describe la campaña de Josué en el norte de Palestina. Allí tomó Jasor, que merecía ser llamada una ciudad grande con sus 40.000 habitantes. Quedamos con la impresión de que conquistó todo el país. Sin embargo, los capítulos 13-19 muestran que cada tribu tuvo después que conquistar su sector, en una serie de actuaciones particulares. 

 

 

 

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Jos. 12, 1 - 24

          [1] Viene a continuación la lista de los reyes que los israelitas vencieron y cuyo territorio conquistaron al otro lado del Jordán, desde el río Arnón hasta el cerro Hermón con toda la Arabá del este. [2] Sijón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón. Reinaba desde Aroer, ciudad situada junto al torrente Arnón, y desde el medio del valle reinaba sobre la mitad de Galaad hasta el torrente Yaboc, que limita con el país de los hijos de Ammón; [3] también sobre la Arabá desde el mar de Quineret hasta el mar Salado o Muerto; sobre el camino que va a Bet Jesimot, y al sur, los lugares bajos en las vertientes del monte Pisga. [4] Después, el reino de Og, rey de Basán, sobreviviente de los refaím, que habitaba en Astarot y en Edreí. El dominaba desde el cerro Hermón, en Saleca, sobre el territorio de Basán, hasta la frontera con Gesuri y Macati; [5] también era dueño de la mitad de Galaad, hasta limitar con Sijón, rey de Jesbón. [6] Moisés y los hijos de Israel habían derrotado a los dos; Moisés entregó el dominio de sus tierras a las tribus de Rubén y de Gad y a la media tribu de Manasés. [7] Ahora, éstos son los reyes del país, a quienes derrotó Josué, con los hijos de Israel, de esta parte del Jordán, al oeste, desde Baal Gad en el valle del Líbano hasta los cerros que suben a Seír. [8] Es el país que Josué repartió a las tribus de Israel, a cada una su porción, tanto en los cerros como en los valles y campiñas, en el desierto y en el Negueb. Ahí vivían los heteos, los amorreos, los cananeos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos. [9] Rey de Jericó; rey de Hay, vecina de Betel. [10] Rey de Jerusalén; rey de Hebrón. [11] Rey de Jerimot; rey de Laquis. [12] Rey de Eglón; rey de Gazer. [13] Rey de Dabir; rey de Gueder. [14] Rey de Jorma; rey de Arad. [15] Rey de Libna; rey de Odulam. [16] Rey de Maquedá; rey de Betel. [17] Rey de Tapuaj; rey de Ofer. [18] Rey de Afec; rey de Sarón. [19] Rey de Madom; rey de Jasor. [20] Rey de Simerón; rey de Acsaf. [21] Rey de Tanac; rey de Meguido. [22] Rey de Cadés; rey de Jocneam del Carmelo. [23] Rey de Dor y de la provincia de Dor; rey de los paganos de Guilgal. [24] Rey de Tirsa. En total treinta y un reyes.     

 

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Jos. 13, 1 - 33

          REPARTICION DE LA TIERRA ENTRE LAS DOCE TRIBUS  JOSUÉ REPARTE EL PAÍS DE CANAÁN   [1] Josué estaba ya muy anciano cuando Yavé le dijo: [2] «Estás viejo y queda un extenso territorio por conquistar y repartir. A saber: toda Galilea, Filistea y Gesuri; [3] desde el río Sijor frente a Egipto, hasta la frontera con Acarón hacia el norte, que es considerado como cananeo, los cinco príncipes de los filisteos: Gaza, Azoto, Ascalón, Gat, Acarón, y luego los jeveos del sur, [4] Canaán desde Ara de los Sidonios hasta Afec y los límites con los amorreos. [5] Al oriente el territorio de los gueblitas y el del Líbano, desde Baal Gad al pie del monte Hermón hasta entrar en Jamat, [6] y todo el territorio de los habitantes de las montañas, desde el Líbano hasta Misrefat-Maím, los cuales son sidonios. Yo soy el que los derrotaré delante de los israelitas. Por lo tanto, procura que este país pase a ser parte de la herencia de Israel, tal como te lo he ordenado. [7] Ahora, procede a repartir la tierra que deben poseer las nueve tribus y la media tribu de Manasés. [8] La otra mitad y las de Rubén y Gad ocupan ya la tierra que les entregó Moisés al este del Jordán, [9] desde Aroer, situada a orillas del Arnón, incluyendo la ciudad en medio del valle, hasta la llanura de Madaba y Dibón. [10] Todas las ciudades de Sijón, rey de los amorreos, que vivió en Jesebón, hasta la frontera con Ammón. [11] Galaad, Gesuri y Macati, el monte Hermón y todo Basán hasta Saleca. [12] El reino de Og, en Basán, que vivió en Astarot y Edreí, y era descendiente de los refaím, pueblo derrotado y aniquilado por Moisés. [13] Los israelitas no exterminaron a los de Gesuri y Macati, los cuales siguen viviendo entre ellos hasta la fecha. [14] Moisés no le dio ninguna posesión a la tribu de Leví, porque estaban consagrados al servicio de Yavé.   TERRITORIO DADO A RUBÉN, GAD Y LA MITAD DE MANASÉS  [15] Moisés había otorgado a la tribu de los hijos de Rubén lo que llegó a ser su territorio. [16] Desde Aroer, a orillas del río Arnón, con el pueblo que está en medio del río y la meseta junto a Madaba; [17] Jesebón y todos sus pueblos que están sobre la meseta: Dibón, Bamot-Baal y la ciudad de Baalmon, [18] Jassá, Cedimot, Mefat, [19] Cariatiarim, Sabana, Saratasarar en el monte del valle. [20] Bet-Peor en las pendientes del Fasga, Betiesimot [21] y todas las ciudades del valle, los dominios de Sijón, rey de los amorreos, que vivió en Jesebón. Este rey había sido derrotado por Moisés igual que los príncipes de Madián, Heví y Recem, y los jefes Sur, Hur y Rebe, que habitaban esas tierras y pagaban impuestos a Sijón, [22] así como Balaam, hijo de Beor, que los israelitas mataron entre otras víctimas. [23] En resumen, el río Jordán fue la frontera de los rubenitas. Esta fue la herencia de los hijos de Rubén, según sus familias, con sus ciudades y aldeas. [24] Moisés había dado a la tribu de Gad, divididos en sus familias, lo que llegó a ser su territorio: [25] Yazer y todas las ciudades de Galaad, con la mitad del país de los amonitas hasta Aroer, ciudad fronteriza con Rabba; [26] desde Majanaím hasta Lodebar. [27] El valle de Betaram, Betnimra, Socot y Safón, restos del reino de Sijón, rey de Jesebón: la tierra se extiende entonces desde el Jordán hasta el mar de Quineret al este del Jordán. [28] Tal fue la herencia de los hijos de Gad según sus familias, con sus ciudades y aldeas. [29] La media tribu de Manasés también recibió de Moisés la parte que le correspondía. [30] Desde Majanaím, todo Basán, y los sesenta pueblos de la comarca de Jaír en Basán. [31] La mitad de Galaad, Astarot y Edreí, ciudades del reino de Og, fueron atribuidas a los hijos de Maquir, hijo de Manasés, es decir, la mitad de los hijos de Maquir, según el número de sus familias. [32] Esta es la herencia que repartió Moisés mientras estaba en las estepas de Moab al este del Jordán, frente a Jericó. [33] Pero a la tribu de Leví, Moisés no le dio ninguna posesión de tierra; porque Yavé, Dios de Israel, es su herencia, como se lo tiene dicho.   

 

 

[1] Josué reparte entre las doce tribus la Tierra Prometida.Entre los nómadas, los hombres de cada tribu pretendían ser todos la descendencia del fundador de la tribu, un hombre prestigioso del pasado, cuyo nombre llevaban. Ya que los israelitas se daban por descendientes de Jacob-Israel, cada una de las doce tribus se consideraba como la descendencia de uno de los hijos de su antepasado Jacob, del que había recibido su nombre.En realidad las doce eran trece. Basta con comparar la lista de los hijos de Jacob, Gén 35,23, y la de las doce tribus en el presente libro. La nómina concuerda en Rubén, Simeón, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, Neftalí, Gad, Aser y Benjamín. En cambio, los «hijos de José» forman dos tribus, Efraím y Manasés (Josué 16,4), que, añadidas a la de Leví, dan la cifra de trece. Pero esta última estaba formada por familias tradicionalmente dedicadas al culto. No tenían territorio propio (Josué 21,10), de manera que para la repartición se restablecerá la cifra de doce tribus.La repartición se hace echando suertes: así se enseña que la Tierra Prometida es un don de Dios (el Salmo 16 usa la misma imagen). Cada uno recibió una parte que no escogió y que ahora debe conquistar para hacerla suya. Esto tiene valor de ejemplo: cada cual ha recibido de Dios su parte en la vida. Debe aceptar lo que es, y a la vez conquistar su destino.En toda la Biblia será importante la noción de herencia. El hombre aislado no existe, sino que tiene antepasados y es solidario de una tribu. Más aún, la existencia del individuo, como la de su pueblo, es asegurada por la herencia inalienable que ha recibido de sus padres. Son nociones esenciales que han sido violadas por los imperialismos contemporáneos. ¡Cuántos pueblos ya no son dueños de su tierra, de sus minerales, de los bosques y de las cosechas de su tierra! 

 

 

 

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Jos. 14, 1 - 15

          [1] Esto es lo que recibieron en herencia los israelitas en el país de Canaán; se lo repartieron Eleazar, el sacerdote, y Josué, hijo de Nun, y los jefes de las familias paternas de las tribus de Israel. [2] Todo lo distribuyeron por suerte entre las nueve tribus y media, tal como Yavé había ordenado a Moisés. [3] A las otras dos tribus y media Moisés ya les había dado su parte, [4] al lado oriental del Jordán. Por otra parte los levitas no recibieron herencia, pero en lugar de ellos, los hijos de José formaban dos tribus: Manasés y Efraím. Los levitas no tuvieron tierras sino algunas ciudades para vivir y el campo alrededor para mantener a sus bestias y ganados. [5] Así los hijos de Israel repartieron la tierra de Canaán, tal como Yavé se lo había ordenado a Moisés.   LA PARTE QUE LE TOCÓ A CALEB  [6] Los hijos de Judá se presentaron a Josué en Guilgal, y Caleb, hijo de Jefoné, el cananeo, le dijo: [7] «Tú sabes lo que Yavé le dijo a Moisés, hombre de Dios, a mi respecto en Cadés-Barné. Yo tenía cuarenta años cuando Moisés me envió desde Cadés-Barné a explorar la tierra, y yo le informé sinceramente. [8] Seguí fiel a Yavé, mi Dios, no obstante que los hermanos que me acompañaron desalentaban al pueblo. [9] Aquel día Moisés hizo este juramento: Por haber sido fiel a Yavé, mi Dios, la tierra que pisaron tus pies será tuya y de tus descendientes para siempre. [10] Ahora bien, Yavé, cumpliendo su palabra, me ha permitido vivir hasta hoy. Hace cuarenta y cinco años que Yavé dio esta orden a Moisés, cuando Israel peregrinaba en el desierto. [11] Hoy cuento ochenta y cinco años y tengo la misma buena salud que cuando fui enviado a explorar. El mismo vigor que entonces me dura hasta hoy, tanto para combatir como para caminar. [12] Dame, pues, esa montaña que me prometió Yavé. Como tú lo has oído, allí hay enaceos que viven en ciudades fortificadas. Pero con la ayuda de Yavé espero conquistarlas, según Yavé me prometió.» [13] Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefoné, y le entregó Hebrón para herencia suya. [14] Y desde entonces hasta hoy, Hebrón perteneció a Caleb por haber sido fiel en todo a Yavé, Dios de Israel. [15] Antiguamente Hebrón se llamó Cariat-Arbe; Arbe era el hombre más grande entre los enaceos. Y descansó el país después de estas guerras.       

 

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Jos. 15, 1 - 63

          LÍMITES DE LA TRIBU DE JUDÁ  [1] Los hijos de Judá, según sus familias, recibieron por suerte la siguiente parte: Desde la frontera de Edom hasta el desierto de Zin en dirección al sur. [2] La extremidad meridional era el mar Salado, [3] desde la lengua que miraba al sur; después seguía hacia la subida de Acrabina y pasaba por Zin, subía al sur de Cadés-Barné, pasaba por Esrom, subía a Adar y daba la vuelta hacia Carcaa. [4] Pasaba por Asmón y llegaba al torrente de Egipto, terminando en el mar Grande. Estos son los límites por el lado meridional. [5] La frontera oriental era el mar Salado hasta la desembocadura del Jordán. [6] Por el norte, la frontera empezaba desde la Lengua del Mar, a la desembocadura del Jordán, subía a Bet-Hagla, pasaba por el norte de Bet-Arabá y subía hasta la piedra de Boén, hijo de Rubén. [7] Después la frontera subía a Dabir en el valle de Acor, y al norte daba la vuelta hacia Guilgal, la cual está enfrente de la subida de Adomim, está al sur del Torrente; después que frontera pasaba por las aguas llamadas Fuente del Sol, llegando a la Fuente de Rogel. [8] De aquí subía por el valle del hijo de Hinom, al lado meridional del Hombro del Jebuseo, es decir, Jerusalén, subiendo de allí hasta la cumbre del cerro que está enfrente del Valle de Hinom, al occidente, en la extremidad del valle de Rafaím o de los gigantes, al norte. [9] Después bajaba de la cima del cerro hasta la fuente Neftoá, y llegaba hasta las aldeas del monte Efrón; y se dirigía hacia Bala, es decir, Cariatiarim. [10] Después de Bala, iba rodeando hacia el occidente en dirección del monte Seír, y por el norte se arrimaba al lado del monte Jarim hacia Queslón, de donde descendía a Betsames, y pasaba por Timna. [11] Después, la frontera llegaba a la vertiente de Acarón, al norte, inclinándose hacia Sicarón y pasaba por el monte Bala, llegando a Jebnel. Así terminaba por el occidente en el mar Grande. [12] La frontera occidental era el mar Grande. Estos fueron por todos lados los términos de los hijos de Judá, según sus familias. [13] Mas a Caleb, hijo de Jefoné, dio Josué en posesión particular en medio de los hijos de Judá, como le había mandado Yavé, la ciudad de Cariat-Arbe (este Arbe era el padre de los enaceos). Hoy se llama Hebrón, [14] y Caleb expulsó de ella a tres hijos de Enac, Sesai, Ajimán y Tolma, que habían quedado de la raza de Enac. [15] Y avanzando desde allí, subió a los habitantes de Dabir, que antes se llamaba Cariat-Sefer. [16] Aquí dijo Caleb: «A quien asalte Cariat-Sefer, y se apodere de ella, yo le daré por esposa a mi hija Axa.» [17] Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb, tomó la ciudad; éste le dio por esposa a su hija Axa. [18] En cuanto llegó ella, aconsejó a su marido que solicitara a su padre un campo. Axa se apeó de su burro y Caleb le preguntó: «¿Qué quieres?» [19] A lo que respondió ella: «Hazme un favor. Ya que me has dado una tierra árida en el Negueb agrégame otra de regadío.» Y Caleb le dio las Fuentes de Arriba y las Fuentes de Abajo.  LISTA DE LAS CIUDADES DE JUDÁ  [20] Esta fue la posesión de la tribu de Judá, según sus familias. [21] Las ciudades de los hijos de Judá en las extremidades meridionales por las fronteras de Edom, eran: Cabsel, Eder, Jagur, [22] Cina, Dimona, Adad, [23] Cadés, Asor, Jetnan, [24] Zuf, Telem, Balot, [25] Asor la nueva, Cariot, Hesrom, es la misma que Asor; [26] Amán, Sama y Molada, [27] Asergada, Hasemón, Betfelet, [28] Asarsual, Bersebá y sus aldeas, [29] Bala, Jim, Esem, [30] Estolad, Cesil, Harma, [31] Siquelag, Madmana, Sansana, [32] Lebaot, Selim, Aen y Remón; entre todas, veintinueve ciudades y sus aldeas. [33] En las llanuras: Estaol, Sarea, Asena, [34] Zanoe, Engannim, Tafuaj, Enaím, [35] Jerimot, Adulam, Socó, Azeca, [36] Seraím, Aditaím, Gadera y Gederotaím; catorce ciudades y sus aldeas. Senán, Adasa, Magdalgad, [37] Deleam, Masefa, Jactel, [38] Laquis, Bascat, Eglón, [39] Cabot, Leheman, Cetlís, [40] Giderot, Betdagón, [41] Naama y Maquedá; dieciséis ciudades y sus aldeas. [42] Lebana, Eter, Asán, [43] Jefta, Esna, Nesib, [44] Queila, Ajzob y Maresa; nueve ciudades y sus aldeas. [45] Acarón con sus aldeas y lugarcitos. [46] Desde Acarón hasta el mar, todo el país que da a Azoto con sus dependencias. [47] Azoto con sus pueblos y sus aldeas. Gaza con sus pueblos y aldeas hasta el torrente de Egipto. El mar Grande o Mediterráneo era su término. Y los montes: Samir, Jeter, Socot, [48] Dana, Cariatsedna, que es Dabir, [49] Anab, Istemo, Anim, [50] Gosem, Jalón y Gilo; [51] once ciudades y sus aldeas. [52] Arab, Duma, Esán, [53] Janum, Bettafua, Afeca, [54] Jumta, Cariat-Arbe, que es Hebrón, y Sior; nueve ciudades y sus aldeas. [55] Maón, Carmel, Isif, Judá, [56] Jezrael, Jucadam, Zanol, [57] Acaín, Guibea, Timna; diez ciudades y sus aldeas. [58] Halul, Bet-sur, Gedor, Marat, Betanot, Eltecón; seis ciudades y sus aldeas. [59] Tecoá, Efratá, es decir, Belén, Fegor, Etam, Culón, Tatam, Sores, Canení, Galim, Beter, Mana; once ciudades con sus aldeas. [60] Cariatbaal, que es Cariatiarim, o ciudad de las selvas, y Haraba; dos ciudades y sus aldeas. [61] En el desierto, Betarabá, Meddin y Sesaca, [62] Nebsán, Ciudad de la Sal y Engaddi; seis ciudades y sus aldeas. [63] Los hijos de Judá no pudieron expulsar a los jebuseos que vivían en Jerusalén, de manera que siguieron viviendo hasta hoy en Jerusalén con los hijos de Judá.    

 

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Jos. 16, 1 - 10

          TRIBUS DE EFRAÍM Y MANASÉS  [1] La tierra que le correspondió por suerte a los hijos de José se extendía al oriente, desde el Jordán, frente a Jericó, por el desierto que desde Jericó sube al norte de Betel. [2] Después, la frontera se extendía de Betel a Luz, pasaba a lo largo del territorio de los arqueos por Atarot, [3] bajaba al occidente hacia los límites de los jefleteos, hasta Bet-Horón de Abajo, y Gazer, terminando en el mar Grande. [4] Los hijos de José, Manasés y Efraím, se repartieron esta herencia. [5] La frontera de los hijos de Efraím, según sus familias, la frontera de su herencia se extendía hacia el oriente, desde Atarot-Addar hasta Bet-Horón de Arriba; [6] y después iba al occidente, dejando Micmetat al norte, y daba vuelta por el oriente hasta Tanat Silo, que atravesaba al oriente de Janoka. [7] Desde Janoka bajaba hasta Astarot y Narata, pasaba por Jericó y terminaba en el Jordán. [8] Después, la frontera se dirigía desde Tafuaj hacia el oeste, hasta el Cana, y terminaba en el mar Grande. Tal fue la herencia de la tribu de los hijos de Efraím, distribuida en sus familias. [9] Los hijos de Efraím tuvieron también ciudades reservadas dentro de la posesión de los hijos de Manasés, cada ciudad con sus aldeas dependientes. [10] Sin embargo, los hijos de Efraím no expulsaron a los cananeos que vivían en Gazer, de manera que éstos siguieron viviendo en medio de ellos hasta el día de hoy, pero sometidos a tributo.   

 

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Jos. 17, 1 - 18

          [1] La porción que tocó por suerte a la tribu de Manasés (primogénito de José), fue atribuida a Maquir, primogénito de Manasés y padre de Galaad, pues era un valiente. [2] Obtuvo el país de Galaad y Basán. También fue atribuida una parte a los demás hijos de Manasés, en proporción a sus familias: los hijos de Abiezer, los hijos de Elec, los hijos de Esriel, los hijos de Siquem, los hijos de Jefer y los hijos de Semida: éstos son los hijos varones de Manasés, hijo de José, cabezas de familias. [3] Selofjad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tenía hijos, sino solamente hijas, cuyos nombres son: Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá. [4] Ellas se presentaron a Eleazar, el sacerdote, en presencia de Josué, hijo de Nun, y de los príncipes, diciendo: «Yavé ordenó por medio de Moisés que se nos diese posesión en medio de nuestros hermanos.» Se les dio entonces una herencia en medio de los hermanos de su padre, conforme a la orden de Yavé. [5] Así tocaron a Manasés diez porciones en la tierra de Canaán, sin contar la tierra de Galaad y de Basán, tras el Jordán. [6] Porque las cinco hijas de Selofjad poseyeron su herencia en medio de los hijos de esta tribu. Y la tierra de Galaad cupo en suerte a los otros hijos de Manasés. [7] Los límites de Manasés hacia Aser se extendían desde Micmetat, que mira a Siquem; se dirigían a mano derecha hacia los que habitan en la Fuente de Tafúaj. [8] La tierra de Tafúaj le había correspondido por sorteo a Manasés; pero la ciudad de Tafúaj, que está en los confines de Manasés, fue dada a los hijos de Efraím. [9] Dicha frontera descendía por el torrente de Cana al sur del torrente; eran éstas las ciudades de Efraím, en medio de las de Manasés, de suerte que la frontera pasaba al norte del torrente e iba a terminar en el mar. [10] Así, el sur pertenecía a Efraím y el norte a Manasés, terminando ambos en el mar. Limitaban al norte con la tribu de Aser, y con la tribu de Isacar por el este. [11] En efecto, Manasés tuvo por herencia, en Isacar y Aser, a Betsán con sus aldeas, a Jeblam con las suyas, a los habitantes de Dor con sus villas, y a los de Endor con sus aldeas; asimismo, a los habitantes de Tanac con sus aldeas, y a los de Meguido con las suyas, y la tercera parte de Nifet. [12] Pero los hijos de Manasés no pudieron conquistar estas ciudades y los cananeos se encapricharon en permanecer en el país junto con ellos. [13] Tan pronto los hijos de Israel se sintieron más fuertes, subyugaron a los cananeos, y los hicieron tributarios suyos; mas no los mataron. [14] Los hijos de José se dirigieron a Josué, y le dijeron: «¿Por qué nos has dado una sola parte y una sola provincia, siendo que somos un pueblo tan numeroso, por la gracia de Yavé?» [15] Josué les respondió: «Si son ustedes un pueblo numeroso, suban a los bosques; hagan desmontes en el país de los fereceos y de los rafaítas, ya que los cerros de Efraím son estrechos para ustedes.» [16] Los hijos de José replicaron: «El país montañoso no nos basta. Y en la llanura los cananeos usan carros armados de hierro, tanto los de Betsán y sus aldeas como los del llano de Jezrael.» [17] Entonces dijo Josué a la gente de José, a los hombres de Efraím y Manasés: «Ustedes son un pueblo numeroso y valiente; no tendrán esta sola parte sino que subirán a las montañas y las desmontarán y limpiarán. [18] Todo será de ustedes y exterminarán a los cananeos aunque tengan carros de hierro y sean fuertes.»    

 

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Jos. 18, 1 - 28

          JOSUÉ REPARTE EL RESTO DEL PAÍS  [1] Cuando los hijos de Israel terminaron de conquistar el territorio, instalaron en Silo la Tienda de las Declaraciones divinas y celebraron ahí una asamblea. [2] Quedaban siete tribus que no habían recibido todavía su parte de la herencia. [3] Josué les dijo: «¿Hasta cuándo descuidarán la conquista del país que les ha dado Yavé, Dios de sus padres? [4] Elijan a tres hombres de cada tribu; yo los enviaré a recorrer el país para que los podamos repartir según la descripción que nos traigan de él. [5] Se dividirá el país en siete partes, pues Judá tiene su territorio al sur, y la gente de José, el suyo al norte. [6] Ustedes prepararán una repartición del país en siete partes y me la traerán. Después haré la repartición mediante sorteo aquí mismo, delante de Yavé. [7] Los levitas no tendrán parte al lado de sus hermanos, pues ya recibieron su herencia al ser sacerdotes de Yavé. En cuanto a los de Gad y de Rubén y de la media tribu de Manasés, ya recibieron de Moisés su parte al oriente del Jordán.» [8] Los exploradores estaban listos para salir cuando Josué les dijo: «Vayan y recorran la tierra y tomen nota de todo; luego vuelvan a mí a este lugar, y echaré suertes delante de Yavé en Silo.» [9] Los hombres fueron y anduvieron por el país y lo describieron, dividiéndolo con sus ciudades en siete partes. Cuando volvieron al campamento de Silo, [10] Josué sorteó y repartió el país entre los hijos de Israel.   TERRITORIO DE BENJAMÍN  [11] Los hijos de Benjamín, distribuidos por familias, fueron los primeros favorecidos por la suerte, con una parte del terreno situado entre los hijos de Judá y los hijos de José. [12] Se extendía por el norte desde el Jordán; la frontera seguía por Jericó y subía a los cerros hacia el occidente, llegando al desierto de Betaven. [13] Luego pasaba al sur de Luz, conocido como Betel, y bajaba a Atarot-Adar, cerca del cerro situado al sur de Bet-Horón de Abajo. [14] Desde aquí la frontera tuerce y vuelve en dirección del suroeste, desde el cerro frente a Bet-Horón hasta Cariat-Baal, llamada también Cariatiarim, ciudad de los hijos de Judá. Este era el lado occidental. [15] Por el sur, la frontera empieza desde Cariatiarim, y dirigiéndose al oeste llega hasta la fuente de las aguas de Neftoa, [16] después desciende hasta el cabo del monte, que mira al valle del hijo de Hinom, la cual está en la llanura de Rafaím al norte; de aquí baja al valle de Hinom, pasando por el Hombro del Jebuseo, al sur, hasta la Fuente de Rogel; [17] avanzando hacia el norte, sale a Ensemes, corre después hasta los cerros que están frente a la subida de Adommin, [18] de donde desciende a la piedra de Boén, hijo de Rubén; [19] pasa por Kafet delante de la Arabá, hacia el norte, y desciende a la Arabá. Hacia el norte se extiende más allá de Bet-Hagla; y termina en la extremidad septentrional del mar Salado, en la desembocadura del Jordán que mira al sur. Esta es la frontera del sur, mientras [20] el Jordán limita al país por el oriente. Esta fue la parte de herencia de los hijos de Benjamín, según sus familias, definida por sus límites. [21] Las ciudades de los hijos de Benjamín fueron: Jericó y Bet-Hagla, y el Valle de Casis, [22] Bet-Arabá, Semareím, Betel, [23] Avim, Afara y Ofra, [24] la ciudad de Emona, Ofni y Geba; doce ciudades con sus aldeas. [25] Gabaón, Ramá, Berot, [26] Misfe, Cafira, Amosa, [27] Recem, Jirfel, Tarela, [28] Sela, Elef, Jebús, que es Jerusalén, Guibea, y Cariat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la parte de la herencia de los hijos de Benjamín, según sus familias.    

 

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Jos. 19, 1 - 51

          TERRITORIO DE LAS OTRAS SEIS TRIBUS  [1] La segunda suerte tocó a los hijos de Simeón, según sus familias, y su herencia vino a caer en medio de los hijos de Judá, a saber: [2] Bersebá, Sabe, Molada, [3] Aser-Sual, Bala, Asem, [4] Eltolad, Betul, Jorma, [5] Siquelag, Betmarcabot, Jesersusa, [6] Betlebaot, Sarujén; trece ciudades con sus aldeas. [7] En, Rimón, Atar, Asán; cuatro ciudades con sus aldeas, [8] y todas las aldeas alrededor de estas ciudades hasta Balaar, Beer y Ramat del Negueb. Esta es la herencia de los hijos de Simeón, según sus familias. [9] Los hijos de Simeón recibieron su herencia dentro de la de los hijos de Judá debido a que el territorio ocupado por éstos era demasiado extenso. [10] La tercera suerte tocó a los hijos de Zabulón por sus familias: los límites de su posesión se extienden por el occidente hasta Sarid. [11] Suben hacia el oeste a Marala, y llegan a Debaset, hasta el torrente que está enfrente de Jocueam; [12] vuelven a Sarid por el oriente hasta los confines de Ceselot-Tabor, llegan a Daberet, y suben hacia Jafia; [13] de ahí corren hasta la región oriental de Guita Jefet e Itcanín, y prosiguen con dirección a Remón, dando la vuelta hacia Noa. [14] Después dan la vuelta por el norte de Hanatón y terminan en el valle de Jeftael [15] e incluyen también a Catat, Nalal, Simrón, Jedalá y Belén; doce ciudades con sus aldeas. [16] Esta es la herencia de la tribu de los hijos de Zabulón, distribuida entre sus familias, con las ciudades y aldeas. [17] La cuarta suerte salió a Isacar para sus familias. [18] Sus fronteras comprenden a Jezrael, Casalot, Sunen, [19] Hafaraím, Seón, Anajerat, [20] Harabit, Quisión, Ebés, [21] Romet, Enganim, Enjada y Betpases. De ahí la frontera pasa al Tabor, a Sajesima [22] y Bet Samés, terminando en el Jordán; dieciséis ciudades con sus aldeas. [23] Esta es la posesión de los hijos de Isacar, y las ciudades y aldeas para sus familias. [24] La quinta suerte salió a la tribu de los hijos de Aser, según sus familias; [25] y fueron sus fronteras Jelcat, Halí, Betén, Ajzaf, [26] Elmelec, Amad y Mesal; llegan hasta el Carmelo al oeste y a Sijor Lebanat; [27] de ahí vuelven por el oriente hacia Bet Dagón; colindan con Zabulón y el valle de Jeftael al norte, hasta Betemec y Nehiel; se extienden por la izquierda hacia Cabul, [28] Abdón, Rejob, Hamón y Caná, hasta Sidón la grande; [29] dan vuelta hacia Rama hasta la ciudad fortaleza de Tiro; de ahí vuelven a Hosa, terminando en el mar junto al Majleb y Acziba; [30] y después Acra, Afec y Rejob; veintidós ciudades con sus aldeas. [31] Esta es la posesión de los hijos de sus familias. [32] La sexta parte tocó a los hijos de Neftalí, divididos en sus familias. [33] Y comienzan sus límites desde Helef y Elón en Senanin y Adami-Neceb, y desde Jabnel hasta Lecum, terminando en el Jordán; [34] después los límites vuelven hacia Azanottabor, al occidente, y de allí salen a Hucosa, limitando con Zabulón por el lado del sur, y con Aser por el poniente. [35] Sus ciudades fuertes son: Asedim, Ser, Hamat, Recat, Cenrat, [36] Edema, Arama, Jasor, [37] Cadés, Edreí, En Jasor, [38] Jirón, Magdalel, Joren, Betanat y Betsamés, diecinueve ciudades con sus aldeas. [39] Esta es la parte de la herencia de la tribu de Neftalí, sus ciudades y aldeas para sus familias. [40] A la tribu de Dan salió la séptima suerte para sus familias. [41] Y los límites de su herencia fueron: Saraa, Estaol e Irsemes, [42] Selebín, Ayalón, Jetela, [43] Elon, Tinnata, Acarón, [44] Eltece, Guibetón, Balat, [45] Jud, Bene-Barac, Gatrimón, [46] Mejarcón y Racón con el territorio frente a Joppe; [47] sus límites fueron más allá del territorio que les correspondía, ya que los hijos de Dan avanzaron y atacaron a Lesem, y la tomaron; la pasaron después a cuchillo y la habitaron, llamándola Lesem-Dan, del nombre de Dan, su padre. [48] Esta es la parte de la herencia de la tribu de los hijos de Dan, las ciudades y aldeas para sus familias. [49] Luego que Josué, hijo de Nun, terminó de repartir la tierra por suerte a cada una de las tribus, los hijos de Israel le dieron su porción en medio de ellos. [50] Según la orden de Yavé, le dieron la ciudad de Tamnat Seraj, en los cerros de Efraím, que él había pedido. Reedificó esta ciudad y la habitó. [51] Estas son las posesiones que Eleazar, el sacerdote, Josué, hijo de Nun, y los jefes de las familias de las tribus de los hijos de Israel distribuyeron por suerte en Silo, delante de Yavé, a la entrada de la Tienda de las Declaraciones divinas. Así terminaron la distribución del país.         

 

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Jos. 20, 1 - 9

          LAS CIUDADES DE REFUGIO  [1] Yavé habló a Josué en esta forma: [2] «Di a los hijos de Israel que designen ciudades para los que tienen que refugiarse según les indiqué por medio de Moisés. [3] Estas ciudades servirán de asilo a todo el que mate a un hombre involuntariamente; ahí podrán refugiarse para escapar a la venganza del pariente del difunto. [4] El que haya dado muerte a un hombre escapará a una de estas ciudades y se presentará en la Puerta de la ciudad para exponer su caso a los ancianos. Estos le darán acogida y le designarán un lugar para vivir entre ellos. [5] Y si llega el que quiere vengar al muerto, no lo entregarán en sus manos, por cuanto mató a su prójimo sin quererlo ni tenerle odio. [6] Permanecerá en aquella ciudad hasta que comparezca ante la asamblea para ser juzgado y hasta que muera el Sumo Sacerdote que en esa fecha esté en funciones. Entonces podrá volver el que dio muerte a un hombre a su patria y a su casa desde donde huyó. [7] Señalaron, pues, a Cadés, en la Galilea sobre los cerros de Neftalí, a Siquem, en los cerros de Efraím, y a Cariat-Arbe, o sea Hebrón, en los cerros de Judá. [8] Más allá del Jordán, al oriente de Jericó, destinaron a Bosor, situada en el desierto de la meseta de la tribu de Rubén; a Ramot en Galaad, de la tribu de Gad, y a Golán en Basán, de la tribu de Manasés. [9] Estas ciudades fueron señaladas para todos los hijos de Israel y para los forasteros que habitaban entre ellos, a fin de que sirvieran de asilo al que sin querer hubiese muerto a un hombre. Ese no sería muerto por el pariente de la víctima antes de haber sido juzgado por la comunidad.         

 

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Jos. 21, 1 - 45

          LAS CIUDADES DE LOS LEVITAS  [1] Los jefes de las familias de Leví se presentaron a Eleazar, el sacerdote, a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de las familias de cada tribu de los hijos de Israel. [2] En Silo, en el país de Canaán, les dijeron lo siguiente: «Yavé mandó por medio de Moisés que se nos dieran ciudades para habitar y campos para alimentar nuestro ganado.» [3] Los hijos de Israel, de acuerdo al mandato de Yavé, les dieron, de su propia parte de tierra, las siguientes ciudades con sus campos: [4] De la familia de Quehat, los hijos del sacerdote Aarón recibieron, por suerte, trece ciudades de las tribus de Judá, Simeón y Benjamín. [5] El resto de los hijos de Quehat obtuvo diez ciudades de la tribu de Efraím, de Dan y de la media tribu de Manasés. [6] Los hijos de Guersón recibieron trece ciudades de las tribus de Isacar, Aser y Neftalí, y de la otra media tribu de Manasés en Basán. [7] Los hijos de Merarí recibieron para sus familias doce ciudades de las tribus de Rubén, Gad y Zabulón. [8] Así, pues, los hijos de Israel dieron a los levitas estas ciudades con sus alrededores, como lo mandó Yavé por medio de Moisés, distribuyéndolas a cada uno por suerte. [9] Estos son los nombres de las ciudades de las tribus de Judá y de Simeón que dio Josué [10] a los hijos de Aarón de la familia de Quehat, descendiente de Leví, que lograron la primera suerte: [11] Cariat-Arbe, ciudad del padre de Enac, llamada Hebrón, en los cerros de Judá y sus alrededores. [12] Pero el territorio y las aldeas dependientes de la ciudad ya habían sido atribuidas a Caleb, hijo de Jefoné. [13] Dio, pues, Josué a los sacerdotes hijos de Aarón la ciudad de refugio Hebrón y sus alrededores, y Libna con los suyos, [14] Jeter, Estemo, [15] Jelón, Dabir, [16] Asan, Juta y Betsamés con sus contornos; nueve ciudades en las dos tribus, como queda dicho. [17] Y de la tribu de los hijos de Benjamín, a Gabaón y Geba, [18] Anatot y Amón con sus contornos: cuatro ciudades. [19] Todas las ciudades juntas de los sacerdotes, hijos de Aarón, vinieron a ser trece con sus alrededores. [20] A los demás hijos de Quehat, levitas de grado inferior repartidos en sus familias, se les dieron: de la tribu de Efraím, [21] la ciudad de refugio de Siquem con todos sus alrededores, en los cerros de Efraím, Gazer, [22] Cibsaím y Bet-Horón con sus alrededores: cuatro ciudades. [23] Y de la tribu de Dan: Elteco, Guibetón, [24] Ayalón y Gatrimón, con sus alrededores: cuatro ciudades. [25] Y de la media tribu de Manasés, a Tanac y Jeblam con sus contornos: dos ciudades. [26] En todo se dieron diez ciudades y sus alrededores a los demás hijos de Quehat. [27] También a los hijos de Guersón, levitas de inferior grado, Josué dio de la media tribu de Manasés dos ciudades con sus alrededores, a saber: Golán, en Basán, que era ciudad de refugio, y Astarot. [28] Y de la tribu de Isacar: Quisuón, Daberet, [29] Jaramut, Engannín con sus alrededores: cuatro ciudades. [30] De la tribu de Aser: Masal, Abdón, [31] Helcat y Rejob con sus alrededores: cuatro ciudades. [32] De la tribu de Neftalí, las ciudades de refugio de Cadés en Galilea, Hamot-Dor y Carten con sus alrededores: tres ciudades. [33] Todas las ciudades dadas a las familias de Guersón fueron trece con sus contornos. [34] Asimismo a los hijos de Merarí, levitas de inferior grado, se les dieron, según sus familias: Jecnán, Carta, [35] Remón y Nalol: cuatro ciudades de la tribu de Zabulón con sus alrededores. [36] De la tribu de Rubén, más allá del Jordán enfrente de Jericó, a Bosor, en el desierto, ciudad de refugio, y Jaseh, [37] Quedenal y Mefat: cuatro ciudades. [38] De la tribu de Gad, Ramot en Galaad, ciudad de refugio, Manaím, [39] Jesebón, Jaser, cuatro ciudades con sus alrededores. [40] El total de las ciudades de los hijos de Merarí para sus familias fueron doce. [41] Así las ciudades de los levitas en medio de la herencia de los hijos de Israel fueron cuarenta y ocho, [42] con sus alrededores. [43] De este modo, dio Yavé a los israelitas toda la tierra que habitaron. [44] Yavé les dio paz con todas las naciones vecinas y ninguno de sus enemigos fue capaz de resistirles. Yavé los entregó a todos ellos en manos de Israel. [45] Ninguna de las promesas de Yavé quedó sin efecto. Todo se realizó.      

 

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Jos. 22, 1 - 34

          EL ALTAR DEL OTRO LADO DEL JORDÁN   [1] Entonces Josué convocó a los rubenitas, gaditas, a la media tribu de Manasés, [2] y les dijo: «Todo lo que les ordenó Moisés, servidor de Yavé, lo han cumplido; también a mí me han obedecido en todo [3] y no han desamparado a sus hermanos pese al tiempo transcurrido, cumpliendo el mandamiento de Yavé. [4] Por lo tanto, ya que Yavé, según su promesa, les ha dado reposo y paz a sus hermanos, vuélvanse y regresen a sus casas, a la tierra que les entregó Moisés al este del Jordán. [5] Les encargo solamente que recuerden y practiquen el mandamiento de la Ley que les entregó Moisés y que es amar a Yavé, nuestro Dios, siguiendo sus caminos y observando sus mandamientos. Permanezcan fieles, sirviéndolo con todo el corazón y con toda el alma.» [6] En seguida Josué los bendijo y los despidió, regresando a sus tierras. [7] Moisés había dado a la media tribu de Manasés su posesión en Basán; por eso, a la otra mitad Josué le dio la herencia entre los demás hermanos suyos en este lado del Jordán, al occidente. Por eso, al despedirlos después de bendecirlos, [8] les dijo: «Regresen a sus casas con grandes riquezas, cargados de plata, oro, cobre, hierro y de toda clase de vestidos, y repartan con sus hermanos el botín de los enemigos.» [9] Con esto, los hijos de Rubén, los de Gad y la media tribu de Manasés se separaron de los hijos de Israel en Silo, en el país de Canaán, el país que habían recibido de Moisés, conforme a la orden de Yavé. [10] Cuando llegaron a las cercanías del Jordán, en tierra de Canaán, edificaron junto al Jordán un altar de grandes proporciones. [11] Entonces se dijo entre los hijos de Israel: «Los hijos de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés han edificado el altar que está frente a Canaán, cerca del Jordán.» [12] Al saber esto, toda la asamblea de los israelitas se reunieron en Silo para combatirlos. [13] Los israelitas mandaron a Finjas, hijo de Eleazar, [14] junto con diez de los principales jefes, uno por cada tribu. [15] Estos se dirigieron a Galaad y dijeron a los hijos de Rubén, de Gad y a los de la media tribu de Manasés: [16] «La asamblea de Israel les manda a decir: ¿Qué infidelidad es ésta? ¿Por qué han abandonado a Yavé, Dios de Israel, y se han rebelado contra él, levantando este altar? [17] ¿Les parece poco el pecado que se cometió en Baal Fogor, del que todavía no estamos purificados aún, cuando Israel tuvo que padecer un terrible castigo? [18] Hoy se rebelan ustedes contra Yavé y mañana su ira se desatara contra todo Israel. 19 Si la tierra que ocupan les parece impura, pasen a la nuestra, donde está el Tabernáculo de Yavé; vengan a vivir con nosotros, pero no se alejen de Yavé y de nuestra comunidad, construyendo otro altar fuera del de Yavé. [20] Cuando Acán, hijo de Zaré, violó el anatema de Yavé, ¿no descargó él su ira sobre todo el pueblo de Israel? Ojalá él solo hubiera muerto por su pecado.» [21] La gente de Rubén, de Gad y los de la media tribu de Manasés respondieron a los enviados de Israel: [22] «El Dios de los dioses, Yavé, sabe nuestras intenciones: Israel también las conocerá. Castíguenos Yavé de inmediato si al edificar este altar nos ha animado la intención de rebelarnos. [23] Que Yavé nos condene si construimos este altar para ofrecer sobre él holocaustos, sacrificios y víctimas pacíficas. [24] Más bien hemos hecho esto pensando en el porvenir. Acaso algún día sus hijos pregunten a los nuestros: ¿Qué tienen ustedes de común con Yavé, Dios de Israel? [25] Yavé puso una frontera entre nosotros y ustedes, hijos de Rubén y de Gad: es el río Jordán; por lo tanto, ustedes no tienen parte con Yavé. Así nuestros hijos se alejarían de Yavé. [26] Por eso dijimos: Levantemos un altar, no para ofrecer holocaustos ni víctimas, [27] sino como una prueba entre nosotros y ustedes, entre nuestra descendencia y la de ustedes, de que somos también servidores de Yavé y tenemos derecho a ofrecer holocaustos y víctimas pacíficas; lo hicimos para que los hijos de ustedes no puedan decir a los nuestros: Ustedes no tienen parte con Yavé. [28] Y si lo dijeran, nuestros hijos podrían responder: Reconozcan por su forma el altar de Yavé que levantaron nuestros padres, no para ofrecer holocaustos o sacrificios, sino como señal de comunión entre nosotros. [29] No está en nuestro ánimo alejarnos de Yavé al construir un altar para ofrecerle holocaustos y sacrificios. Solamente lo haremos en el altar de Yavé, nuestro Dios, que se levanta frente a su Tabernáculo.» [30] El sacerdote Finjas y los jefes de las tribus se quedaron conformes con la respuesta de la gente de Rubén y de Gad y de la media tribu de Manasés. [31] Finjas les dijo: «Ahora comprobamos que Yavé está con nosotros, ya que ustedes no han cometido semejante traición, y ahora Israel no tiene que temer la venganza de Yavé.» [32] Regresó Finjas a Israel con los jefes principales informando de todo. [33] Todos quedaron satisfechos, y los israelitas dieron gracias a Yavé, olvidando su intención de combatirlos. [34] La gente de Rubén y de Gad llamaron al altar que habían edificado «Testigo», pues dijeron: «Este altar es testigo de que Yavé es Dios.»

 

 

[1] El capítulo 22 es una manera de afirmar que las tribus ubicadas al este del Jordán son parte del pueblo de Israel. Además quiere justificar y excusar a los que, en el pasado, habían multiplicado los lugares sagrados, pues fue escrito en la época de Josías, a fines del siglo 7º a.C. cuando se prohibieron estos santuarios y se reagrupó el culto en el Santuario de Jerusalén. 

 

 

 

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Jos. 23, 1 - 16

          DISCURSO DE JOSUÉ EN SIQUEM  [1] Mucho tiempo había transcurrido desde que Yavé dio paz a Israel en todas sus fronteras. [2] Josué, muy anciano y cargado de años, reunió a todo Israel, a sus ancianos, jefes, secretarios y jueces para decirles: Estoy ya muy viejo. [3] Ustedes han visto todo lo que Yavé ha hecho por ustedes con todas estas naciones y cómo él mismo ha peleado por nosotros. [4] Miren que les he repartido el territorio de todos los pueblos que destruí desde el Jordán hasta el mar Grande, como también el de esos pueblos que todavía permanecen. [5] Yavé, nuestro Dios, los seguirá rechazando ante ustedes y les quitará sus tierras para que las tengan ustedes, tal como Yavé se lo tiene prometido. [6] Por eso, sean muy valientes y tengan empeño en actuar en todo según está escrito en el libro de la Ley de Moisés, sin desviarse de ella por ningún lado. [7] No se mezclarán con esas naciones que subsisten entre ustedes. No invocarán a sus dioses ni jurarán por su nombre; no los servirán ni se agacharán ante ellos. [8] Manténgase más bien unidos a Yavé, nuestro Dios, como lo han hecho hasta el día de hoy. [9] Por eso Yavé ha desalojado ante ustedes a pueblos numerosos y poderosos; ninguno pudo resistirles hasta el presente. [10] Uno solo de ustedes perseguía a mil, pues Yavé, nuestro Dios, peleaba por ustedes, como se lo había prometido. [11] Así que tengan mucho cuidado: ustedes amarán a Yavé, su Dios. [12] Pero si se apartan de él y se unen al resto de estos pueblos que todavía quedan entre ustedes, si llegan a ser sus parientes y se mezclan con ellos, [13] sepan que Yavé no seguirá arrojando delante de ustedes a esos pueblos, sino que serán para ustedes un lazo y una trampa, un látigo en sus costados y espinas en sus ojos, hasta que hayan desaparecido de esta espléndida tierra que les ha dado Yavé, nuestro Dios. [14] Estando yo a punto de irme por el camino de toda criatura, les declaro: Reconozcan en su alma y conciencia que todas las promesas de Yavé, nuestro Dios, se cumplieron; ni una ha quedado sin efecto; ni una ha fallado. [15] Pero, de la misma manera que todas estas promesas de Yavé a favor nuestro se han cumplido, de igual modo mandará Yavé contra ustedes todos estos males con que los ha amenazado, hasta borrarlos de la magnífica tierra que les había dado. [16] Si ustedes rompen la alianza que Yavé, nuestro Dios, les ha prescrito; si siguen y sirven a dioses ajenos; si se inclinan ante ellos, el furor de Yavé se levantará contra ustedes y desaparecerán pronto de esta tierra fértil que les ha entregado.»  

 

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Jos. 24, 1 - 33

          SE RENUEVA LA ALIANZA EN SIQUEM   [1] Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel, y reunió a los ancianos, jefes, jueces y secretarios. Juntos se presentaron delante de Dios. [2] Dirigiéndose al pueblo, Josué le dijo: «Yavé, Dios de Israel, les manda decir: Más allá del río Eufrates vivían sus antepasados, Taré, padre de Abraham, y Najor, sirviendo a otros dioses. [3] Pero yo saqué a Abraham, padre de ustedes, de más allá del Eufrates y lo conduje por todo el país de Canaán; luego le di a Isaac para que tuviera numerosos descendientes. [4] A Isaac le di dos hijos, Esaú y Jacob. Esaú recibió los cerros de Seír como herencia suya, mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto. [5] Después envié a Moisés y Aarón para castigar a Egipto de la manera que saben, para que ustedes salieran. [6] Hice, pues, salir de Egipto a sus padres, y ustedes llegaron al mar. Los persiguieron los egipcios con carros y caballos hasta el mar Rojo. [7] Entonces clamaron a Yavé y él puso densas tinieblas entre ustedes y los egipcios; hizo retroceder el mar sobre ellos y los sumergió. Ustedes han presenciado todas estas cosas que hice en Egipto y, después, estuvieron mucho tiempo en el desierto. [8] Luego los llevé al país de los amorreos que viven al este del Jordán. Ellos pelearon, pero yo los entregué en manos de ustedes; los destruí, y ustedes se apoderaron de sus tierras. [9] Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, declaró la guerra a Israel y mandó a buscar a Balaam, hijo de Beor, para que les maldijera, [10] pero ya no quise escucharlo sino que por el contrario, los bendije a ustedes y los libré de manos de Balac. [11] Después pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Entonces combatieron contra ustedes los dueños de Jericó; los amorreos, fereceos, cananeos, heteos, guergueseos, heveos y jebuseos les declararon la guerra, pero yo se los entregué. [12] Los dos reyes amorreos huyeron de sus tierras por el enjambre de avispas que lancé sobre ellos y no por la espada y arco de ustedes. [13] Les di tierras que ustedes no habían cultivado, ciudades que no habían edificado y en que viven ahora; les di viñas y olivares que no habían plantado y de las que comen ahora. [14] Tengan, pues, temor a Yavé, y sean cumplidores y fieles en servirlo. Dejen a un lado esos dioses que sus padres adoraron en Mesopotamia y en Egipto, y sirvan sólo a Yavé. [15] Que si no quieren servir a Yavé, digan hoy mismo a quiénes servirán, si a los dioses que sus padres sirvieron en Mesopotamia, o a los dioses de los amorreos que ocupaban el país en que ahora viven ustedes. Por mi parte, yo y los míos serviremos a Yavé.» [16] El pueblo respondió: «¡No quiera Dios que abandonemos a Yavé para servir a otros dioses! [17] Pues él nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la Casa de esclavitud, e hizo estos grandes milagros que hemos visto; él nos protegió durante todo el camino y en todos los países por donde pasamos; [18] desalojó ante nosotros a todas la naciones y, en especial, a los amorreos que vivían en este país. Por eso, nosotros también serviremos a Yavé: él es nuestro Dios.» [19] Josué contestó al pueblo: «¿Serán ustedes capaces de servir a Yavé? Pues él es un Dios Santo, un Dios Celoso, que no soportará maldades ni faltas. [20] Si ustedes abandonan a Yavé y sirven a otros dioses, se volverá contra ustedes, y por mucho bien que les haya hecho, los castigará y los arruinará.» [21] Replicó el pueblo: «No, no será así como tú dices. Serviremos a Yavé.» [22] Dijo Josué: «Ustedes mismos son testigos de que han escogido a Yavé para servirlo.» Ellos respondieron: «Somos testigos.» [23] Josué prosiguió: «Arrojen ahora de entre ustedes los dioses ajenos y sirvan de corazón a Yavé, Dios de Israel.» [24] Respondió el pueblo: «Serviremos a Yavé, nuestro Dios, y obedeceremos sus órdenes.» [25] Aquel día, en Siquem, Josué pactó una Alianza con el pueblo y le fijó reglamentos y leyes. [26] También escribió todo lo expresado en el libro de la Ley de Dios; escogió una gran piedra y la colocó debajo de la Encina que estaba en el Lugar Sagrado de Yavé. [27] Luego Josué dijo al pueblo reunido: «Esta piedra quedará como testigo de todo lo que nos habló Yavé, ya que oyó todas estas palabras. Ella será testigo contra nosotros, no sea que ustedes vayan a defraudar a Yavé.» [28] En seguida Josué despidió al pueblo y cada uno volvió a su tierra. [29] Después de todos estos hechos, murió Josué, hijo de Nun, servidor de Yavé, a la edad de ciento diez años. [30] Lo sepultaron en su tierra, en Tamnat Seraj, en los cerros de Efraím, al norte del cerro Gaas. [31] Israel sirvió a Yavé durante toda la vida de Josué y de los ancianos que vivieron más tiempo que Josué, los cuales habían presenciado todas las maravillas que Yavé hizo en favor de Israel. [32] Los israelitas habían traído de Egipto los huesos de José. Los enterraron en Siquem, en un lugar del campo que Jacob compró a los hijos de Hemor, padre de Siquem, por cien monedas, y que quedó como herencia de los hijos de José. [33] Eleazar, hijo de Aarón, también murió y lo sepultaron en la loma asignada a su hijo Finjas, en los cerros de Efraím.      

 

 

[1] En el momento en que Josué va a desaparecer, la presencia de Israel en los cerros y mesetas de Palestina es un hecho. Por infiltración pacífica o por sus conquistas se impusieron y, lo que es más, tienen conciencia de su común destino.Las doce tribus se reúnen en Siquem, en el centro de Palestina, donde se establecieron las tribus de Josué, más fuertes, que más cuidadosamente guardan la memoria de Moisés. Aquí se renueva la Alianza celebrada por Moisés (ver Ex 24).Esta profesión de fe de Siquem es la imagen y el anuncio de todas las profesiones de fe solemnes a que serán invitados los Israelitas en tiempos posteriores. Anuncia igualmente la profesión de fe que la Iglesia les pide a los cristianos la noche de Pascua. 

 

 

 

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