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Jn. 1, 1 - 51

             LA PALABRA DE DIOS SE HIZO HOMBRE   [1] En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios. [2] Ella estaba ante Dios en el principio.  [3] Por Ella se hizo todo, y nada llegó a ser sin Ella. Lo que fue hecho [4] tenía vida en ella, y para los hombres la vida era luz. [5] La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron  [6] Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. [7] Vino para dar testimonio, como testigo de la luz, para que todos creyeran por él. [8] Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la luz.  [9] Ella era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre, y llegaba al mundo. [10] Ya estaba en el mundo, este mundo que se hizo por Ella, o por El, este mundo que no lo recibió.   [11] Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron; [12] pero a todos los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios.  Al creer en su Nombre [13] han nacido, no de sangre alguna ni por ley de la carne, ni por voluntad de hombre, sino que han nacido de Dios.  [14] Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad.  [15] Juan dio testimonio de él; dijo muy fuerte: «De él yo hablaba al decir: el que ha venido detrás de mí, ya está delante de mí, porque era antes que yo.»  [16] De su plenitud hemos recibido todos, y cada don amoroso preparaba otro. [17] Por medio de Moisés hemos recibido la Ley, pero la verdad y el don amoroso nos llegó por medio de Jesucristo.  [18] Nadie ha visto a Dios jamás, pero Dios-Hijo único nos lo dio a conocer; él está en el seno del Padre y nos lo dio a conocer.  LA PRIMERA SEMANA : EL DESCUBRIMIENTO  Juan Bautista presenta a Jesús, el «Cordero de Dios»  [19] Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: «¿Quién eres tú? » [20] Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el Mesías.» [21] Le preguntaron: «¿Quién eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy.» Le dijeron: «¿Eres el Profeta?» [22] Contestó: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres, enconces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?» [23] Juan contestó: «Yo soy, como dijo el profeta Isaías, la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor.» [24] Los enviados eran del grupo de los fariseos, [25] y le hicieron otra pregunta: «¿Por qué bautizas entonces, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» [26] Les contestó Juan: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, [27] y aunque viene detrás de mí, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia.» [28] Esto sucedió en Betabará, al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba. [29] Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo. [30] De él yo hablaba al decir: Detrás de mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo. [31] Yo no lo conocía, pero mi bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer a Israel.» [32] Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse sobre él. [33] Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: Verás al Espíritu bajar sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él. [34] Sí, yo lo he visto; y declaro que éste es el Elegido de Dios.»  JESÚS LLAMA A SUS PRIMEROS DISCÍPULOS   [35] Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo en el mismo lugar con dos de sus discípulos. [36] Mientras Jesús pasaba, se fijó en él y dijo: «Ese es el Cordero de Dios.» [37] Los dos discípulos le oyeron decir esto y siguieron a Jesús. [38] Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?» Le contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» [39] Jesús les dijo: «Vengan y lo verán.» Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde. [40] Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que siguieron a Jesús por la palabra de Juan. [41] Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo). [42] Y se lo presentó a Jesús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra). [43] Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y le dijo: «Sígueme.» [44] Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro. [45] Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret.» [46] Natanael le replicó: «¿Puede salir algo bueno de Nazaret?» Felipe le contestó: «Ven y verás. » [47] Cuando Jesús vio venir a Natanael, dijo de él: «Ahí viene un verdadero israelita: éste no sabría engañar.» [48] Natanael le preguntó: «¿Cómo me conoces?» Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, yo te vi.» [49] Natanael exclamó: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» [50] Jesús le dijo: «Tú crees porque te dije que te vi bajo la higuera. Pero verás cosas aun mayores que éstas. [51] En verdad les digo que ustedes verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.»          

 

 

[1] En el principio era la Palabra. El verdadero principio no es la creación del universo. Este comienzo del tiempo, del espacio, de la materia y de los seres vivos no explica nada, sino que por el contrario requiere una explicación. El verdadero comienzo está fuera del tiempo. Juan no dice que «en el principio era Dios», pues esto lo sabemos, sino que nos habla de la Palabra. El término que Juan emplea, y que muchas veces es traducido por «el Verbo», dice más que «la Palabra»: es a la vez el pensamiento y la palabra que expresa lo que uno lleva en sí, y tal vez deberíamos traducir por «la Expresión» de Dios.Hablar de esta Palabra o Expresión del Padre, es la misma cosa que hablar de su Hijo. En otros lugares será llamado resplandor (Heb 1,1) e imagen (Col 1,15) del Padre. El Hijo no es algo del Padre y tampoco es otro Dios, puesto que no tiene nada que sea suyo, sino que todo lo que es el Padre también es suyo: (Jn 16,15).Juan nos dirá más abajo que nadie ha visto a Dios jamás (18). El Padre, de quien procede la existencia de todos y por quien todos llegaron a ser, no tiene por su parte origen alguno, y su propio surgimiento no es conocido sino por él. Pero aquí Juan nos dice que para él «ser» es al mismo tiempo decir lo que es, o sea expresarse y darse a sí mismo. Dios dice lo que es en una Palabra única que en el sentido más estricto es su «Hijo»; y mediante esta Palabra única, no creada, que lo expresa plenamente, crea un universo que es otra manera de decir lo que está en Dios.Pero no con esto queda satisfecho todavía el deseo de Dios de darse a sí mismo. Como ya lo anunciaban algunos textos del Antiguo Testamento (Pro 8,22 y Sab 7,22), Dios ha entrado en la historia humana mediante su Palabra. Esta es la que proferían todos los portadores de la Palabra, tanto los profetas de la Biblia como los de las otras religiones. La Palabra presente en el universo (4) era luz para todos los hombres, incluso para los que no conocían a Dios. Ella se hacía la conciencia de los «justos» de todas las razas y todos los tiempos. Más todavía, esta Palabra o Hijo del Padre vino un día para darnos la última palabra a través de su propia existencia, haciéndose uno más entre nosotros.Lo que fue hecho tenía vida en ella (4). Es característico de la vida desarrollarse, a partir de sus propios recursos, hasta llegar a la madurez. Este desarrollo se notará a lo largo de la historia: la Palabra se hace presente entre los hombres como un lenguaje de Dios que se va desarrollando, dándoles luz y vida.Sea que estudiemos la historia de nuestra raza desde sus orígenes o leamos el Antiguo Testamento, vemos cómo el lenguaje de Dios ha tomado forma entre los hombres. Nunca dejó de ser lenguaje de hombres, pero habitado por el Espíritu de Dios, de tal manera que también era palabra de Dios, en especial en el pueblo de Israel. Ahora bien, nos dice Juan, vamos a encontrar esta palabra viva en Aquel que es el Hijo hecho hombre, Jesús. Pero tal vez nos va a desconcertar, pues el Hijo tiene su propio misterio: es realmente Dios, tal como lo es el Padre, pero habiéndolo recibido todo, está en una actitud de ofrenda, y su vida entre los hombres nos mostrará cómo él se vacía de sí mismo hasta que el Padre lo exalte y lo vuelva a glorificar.Vino un hombre, enviado por Dios (6). En las estrofas 6-8 y 15, Juan, el autor del evangelio, nos habla de Juan Bautista, el precursor de Jesús. «La Palabra» siguió fiel a sí misma, hasta en la persona de Jesús. No vino con aparato, sino que se hizo presentar por una palabra que venía de ella, pero que quedaba humana, la de Juan Bautista. Era fácil ignorar este testimonio, y, de hecho, vino a su propia casa, que era el pueblo de Israel, y los suyos no lo recibieron.Y la Palabra se hizo carne (14). Juan usa la palabra carne para subrayar el rebajamiento de Dios que, a pesar de ser espíritu, se hizo criatura con cuerpo mortal. Juan dice: se hizo y no: «tomó la apariencia de hombre». Porque el Hijo de Dios se hizo hombre verdadero.Puso su tienda entre nosotros. Con esto alude a la tienda sagrada que servía de santuario a los hebreos en el desierto: allí estaba Dios presente al lado de ellos (Ex 33,7-11). En realidad, el Hijo de Dios hecho hombre, Jesús, es el verdadero Templo de Dios entre los hombres (Jn 2,21), templo tan humilde y aparentemente frágil como era la tienda del desierto; sin embargo, en él está la plenitud de Dios. Los apóstoles vieron su gloria en ciertos momentos de su vida mortal (Jn 2,11 y Lc 9,32). Y mejor todavía la vieron en su pasión y resurrección.¿Cómo el Verbo vino a salvarnos? Para Juan no se trata tanto de que Jesús nos saque del abismo del pecado; lo importante es que nos permite alcanzar una situación totalmente inesperada y fuera de nuestro alcance: nos dio capacidad para ser hijos de Dios. Somos hechos hijos de Dios junto a El cuando creemos en su Nombre, o sea, en su personalidad divina.En El todo era don amoroso y Verdad. La Biblia nos dice que el amor (o el favor) y la fidelidad son las dos cualidades principales de Dios (Ex 34,6-7). Estas palabras vienen como un refrán a lo largo del salmo 89. Juan, pues, quiere decir que ha reconocido en Jesús la plenitud de la divinidad (Col 2,9).Por medio de Moisés hemos recibido la Ley. La historia bíblica, al recordar los pecados de Israel, anunciaba el tiempo en que ya no sería necesaria una Ley grabada en piedras o en libros (Jer 31,31). Algún día Dios cambiaría el corazón pecador (Ez 36,26) para que empezaran relaciones de amor y fidelidad mutua entre él y los hombres (Os 2,21-22). Juan afirma que nos llegó por medio de Jesucristo ese tiempo del amor y la fidelidad, o sea, de la religión perfecta (Jn 4,24). 

 

 

[19] Las autoridades de la capital se preguntan: «¿Quién es ése que se ha puesto a predicar por iniciativa propia?» En aquel tiempo varios grupos judíos «bautizaban», o sea, bañaban, como una manera de purificarse y de apresurar la venida del Mesías.Respecto a la predicación y al bautismo de Juan Bautista, ver Lucas, 3,10.Yo no soy digno... (27). Estas palabras de Juan significaban que él no era digno de bautizar a Jesús. Ver com. de Lc 3,16.En cuanto a la predicación de Juan, ver Lc 3,16.El Mesías es el nombre que los judíos daban al Salvador esperado. También hablaban de la venida del Profeta, pero no se veía claramente si éste sería distinto del Mesías. Se creía también que antes de su llegada reaparecería el profeta Elías (Mc 9,11). Ahí viene el Cordero de Dios. En el idioma de los judíos se usaba la misma palabra para significar siervo y cordero. Jesús es el Siervo de Dios, anunciado por los profetas, el que debía sacrificarse por sus hermanos. También es el verdadero Cordero que reemplaza al Cordero pascual (Mc 14,12).Detrás de mí viene... (30). Jesús se presenta en la historia después de Juan, pero siendo la Palabra de Dios, existía antes que todos; y también está delante de todos, como el que trae la verdad definitiva.

 

 

DESCUBRIENDO A JESUS

[35] Este Evangelio es la obra de Juan el Evangelista, que no hay que confundir con Juan Bautista. Era uno de los que siguieron a Jesús (39).Juan, preocupado por darnos a entender el significado profundo de las actuaciones de Jesús, se fija en detalles que a veces no nos llaman la atención. Por ejemplo, al ver que la Biblia empezaba con una presentación de la obra de Dios, distribuida en siete días, él también consideró que Jesús había venido para una nueva creación del mundo y relató esta primera semana de Jesús contando los días (versículos 29,35,43).El primer día Juan Bautista afirmaba: En medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen. Y durante la semana vemos cómo Juan Bautista primero y luego Juan, Andrés, Simón... descubren a Jesús. El último día será el de las bodas de Caná: ese día Jesús, a su vez, les descubrirá su gloria.¿Qué buscan? (38). Juan no olvidó esta primera palabra que Jesús les dirigió. Queremos saber quién es Jesús, y él nos pregunta sobre lo que llevamos adentro; porque de nada sirve encontrarlo si estamos sin deseos.Estos hombres han empezado a convivir con Jesús. Con el tiempo descubrirán que es el Maestro, el Mesías, el Hijo de Dios. Así nosotros, mientras vamos caminando, progresamos en el conocimiento de Jesucristo.Juan Bautista no tenía nada de celoso: había invitado a sus discípulos a que fueran a Jesús, y después estos dos primeros trajeron a los demás. Así también nosotros encontramos a Jesús, porque alguna otra persona nos habló de él o nos comprometió en una tarea marcada por su espíritu.Estos dos discípulos reconocieron a Jesús. Sería más exacto decir que Jesús ha reconocido a los que el Padre había puesto en su camino. Así reconoce a Natanael cuando está bajo la higuera. Entre los judíos esta expresión se refería a un maestro de la Ley ocupado en enseñar la religión, pues ordinariamente lo hacían a la sombra de un árbol. Así reconoce Jesús a Simón, a quien el Padre eligió para ser la primera Piedra de la Iglesia (Mt 16,13).Verán los cielos abiertos (51). Ver Gén 28,12. Jesús es el puente que une a Dios y a la humanidad. A través de él Dios entra en relación con nosotros. 

 

 

 

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Jn. 2, 1 - 24

             EL PRIMER MILAGRO, EN LA BODA DE CANÁ   [1] Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. [2] También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. [3] Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» [4] Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora.» [5] Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.» [6] Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. [7] Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes.» Y los llenaron hasta el borde. [8] «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo.» Y ellos se lo llevaron. [9] Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. [10] Y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final.» [11] Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. [12] Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí solamente algunos días.  LA PRIMERA PASCUAJESÚS EXPULSA DEL TEMPLO A LOS VENDEDORES   [13] Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [14] Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas, sentados detrás de sus mesas. [15] Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo junto con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el dinero por el suelo. [16] A los que vendían palomas les dijo: «Saquen eso de aquí y no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado.» [17] Sus discípulos se acordaron de lo que dice la Escritura: «Me devora el celo por tu Casa.» [18] Los judíos intervinieron: «¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?» [19] Jesús respondió: «Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días.» [20] Ellos contestaron: «Han demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú piensas reconstruirlo en tres días?» [21] En realidad, Jesús hablaba de ese Templo que es su cuerpo. [22] Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron tanto en la Escritura como en lo que Jesús dijo. [23] Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, y muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, pues los conocía a todos [24] y no necesitaba pruebas sobre nadie, porque él conocía lo que había en la persona.            

 

 

 

 

LAS SEÑALES DE JESUS

[1] La semana del descubrimiento termina con las bodas de Caná. ¡Sí, Jesús estuvo en la boda, entre cantos y bailes! Parece que viniera a santificar con su presencia tanto nuestras fiestas y convivencias como la unión conyugal.Jesús vino con sus discípulos. Manuscritos muy antiguos añaden : y con sus hermanos, como leemos también en el v.12. En esos primeros tiempos, Jesús continúa con un grupo de parientes y paisanos a los que el evangelio llama sus hermanos: ver el comentario de Mc 3,31.Los discípulos empezaban a conocer a Jesús, pero había alguien que lo comprendía y creía en él: María, su madre. ¿Cómo se le ocurrió pedirle un milagro? ¿Y cómo sabía que Jesús haría milagros? María no pedía la conversión de los pecadores, ni pan para los hambrientos; solamente quería un milagro o algo por el estilo para sacar de apuros al novio.¿Por qué te metes en mis asuntos? (4). Es el sentido habitual de la expresión hebrea: ¿Qué hay entre ti y yo? Jesús contesta con una frase que, dirigida a una extraña, podría ser un reproche, pero que dicha a su madre tiene un tono diferente y demuestra familiaridad y una comprensión mutua que va más allá de las palabras. Aparentemente Jesús no pensaba empezar de esta forma ni en este momento, pero su espíritu reconoció al Espíritu que hablaba por su madre, y le concedió esta primera señal milagrosa.Recordemos que Juan relata solamente siete milagros de Jesús, y los llama unas veces obras y otras veces señales. Son obras del Hijo de Dios, en las que manifiesta su poder. Son señales, es decir, cosas visibles hechas a nuestra medida, con las que nos da a entender su verdadera obra, que consiste en dar la vida y renovar al mundo.Y de paso Juan anota algunos detalles de este asunto que anuncian realidades espirituales. Jesús participa en una boda, pero ¿qué pretendía, sino preparar las otras bodas de Dios con la humanidad? Jesús habla de su hora que aún no ha llegado, pero en realidad su hora sería la de su pasión y resurrección, cuando nos reconciliaría con Dios.Juan agrega que Jesús se sirvió del agua que los judíos usaban para purificarse. Los judíos vivían obsesionados por la preocupación de no mancharse, y su religión multiplicaba los ritos de purificación. ¡Pero Jesús cambió en vino el agua bendita! Es que la religión verdadera no se confunde con el temor al pecado; lo importante es recibir de Jesús el Espíritu que, semejante a un vino generoso, nos hace romper las normas establecidas y la estrechez de nuestra propia sabiduría. El agua cambiada en vino: Jesús entra a nuestra casa para transfigurar nuestra vida diaria, sus rutinas y sus quehaceres.Así Jesús manifestó su gloria a los que empezaban a descubrirlo. María había llevado la gracia a Juan Bautista (Lc 1,39); de nuevo intervenía para apresurar los comienzos del Evangelio; ya no hablaría más en el Evangelio, y sus últimas palabras son: Hagan todo lo que él les diga. 

 

 

[13] Con las bodas de Caná termina la primera parte del evangelio, que hemos llamado la Semana del Descubrimiento. Aquí empieza una nueva sección con la subida de Jesús a Jerusalén con ocasión de la Pascua (ver la Introducción). Pareciera que Juan se propuso reunir en esta sección hechos y palabras que nos muestran a Jesús como el nuevo Templo de los creyentes.Jesús no ha empezado todavía su predicación; se dirige al Templo de Jerusalén, que es como el corazón de la nación judía. El pueblo necesita los sacerdotes para ofrecer sus sacrificios, y el Templo es el lugar al que afluyen las ofrendas y los dones de la comunidad. Por esta razón, en todo tiempo y lugar, "el templo" ha despertado muchas ambiciones (Esd 4,1; 2 Mac 1,13; 2 Mac 4,7). Los profetas habían denunciado los abusos (como estos vendedores en los patios sagrados que pagaban tasas a los sacerdotes) y Zacarías había anunciado esta purificación que Jesús realiza a su manera (Za 14,21).Me devora el celo por tu casa, los insultos de los que te insultan cayeron sobre mí: esto estaba escrito en el Salmo 69. Y en realidad, el odio de los jefes de los sacerdotes llevará a Jesús a la muerte.En ese tiempo los apóstoles no podían comprender estas palabras, pues para ellos no había cosa más sagrada que el Templo y la Biblia (la Escritura). Pero algún día sabrían que la más insignificante palabra de Jesús tiene tanto peso como toda la Escritura. Y también comprenderán que Jesús es el verdadero Templo. Hasta entonces los hombres se construían templos y buscaban lugares donde encontrar a Dios y conseguir sus favores. Pero ahora Dios se hace presente en Jesús; él es el que nos entrega todas las riquezas de Dios (1,16). 

 

 

 

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Jn. 3, 1 - 36

             JESÚS Y NICODEMO: HAY QUE NACER DE NUEVO   [1] Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: [2] «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.» [3] Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.» [4] Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» [5] Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. [6] Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. [7] No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. [8] El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.» [9] Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?» [10] Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas?  [11] En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. [12] Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? [13] Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. [14] Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, [15] y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna. [16] ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. [17] Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. [18] Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. [19] Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. [20] Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. [21] Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.»  EL ÚLTIMO TESTIMONIO DE JUAN BAUTISTA   [22] Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba. [23] Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. [24] (Esto ocurría antes de que Juan hubiera sido encarcelado). [25] Un día los discípulos de Juan tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. [26] Fueron donde Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él.» [27] Juan respondió: «Nadie puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. [28] Ustedes mismos son testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él. [29] Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me alegro sin reservas. [30] Es necesario que él crezca y que yo disminuya. [31] El que viene de arriba está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene del Cielo, [32] por más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. [33] Pero aceptar su testimonio es como reconocer que Dios es veraz. [34] Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y Dios le da el Espíritu sin medida. [35] El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos.  [36] El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el que se niega a creer en el Hijo se queda con el Dios que condena: nunca conocerá la vida.»   

 

 

 

 

UN NUEVO NACIMIENTO

[1] Nicodemo era un hombre religioso preocupado por conocer las cosas de Dios, y fue a Jesús como a un Maestro en religión. Pero lo que necesitaba no era tanto recibir enseñanzas nuevas, cuanto que se produjera un cambio en él. Y eso mismo necesitamos nosotros. Debemos reconocer nuestra impotencia para echar abajo las barreras que nos separan de una vida más auténtica. Por más que hayamos acumulado experiencia y sabiduría, y tal vez a causa de ellas, somos personas envejecidas, al igual que Nicodemo.Jesús dice que debemos nacer de nuevo y nacer de arriba; el término que se lee aquí en el evangelio puede significar tanto lo uno como lo otro. Nadie se da a luz a sí mismo, y así como recibimos de otros la vida según la carne, así también recibimos del Espíritu la vida de los hijos de Dios.Ninguno duda de su propia existencia, pues algo se mueve en él, piensa, hace proyectos y goza la vida. Pero esto puede ser nada más que vida según la carne, o sea, vida del hombre que no ha despertado todavía.La otra vida, que procede del Espíritu, es más misteriosa, porque el Espíritu actúa en lo más profundo de nuestro ser. Todo lo vemos desde fuera; las apariencias del hombre y sus actos exteriores nos llaman la atención, pero no vemos lo que Dios está obrando en él. Sin embargo, el creyente despierto y dócil a la actuación del Espíritu, descubre poco a poco que sus razones de actuar y sus ambiciones ya no son las mismas de antes. Se siente a gusto con Dios y sin temor. Comprueba que su vida no la orienta tanto él mismo como otro que vive en él, aunque en realidad no sabría decir bien lo que vive.Por eso Jesús compara la actuación del Espíritu con el paso del viento, al que sentimos, pero no lo vemos ni lo estrechamos. Notemos además que, en el idioma de Jesús, la palabra soplo significa tanto espíritu como viento.Debemos renacer del agua y del espíritu: ésta es una alusión al bautismo. No pensemos que con el solo hecho de recibir el agua del bautismo uno empieza a vivir según el Espíritu, sino que normalmente uno se bautiza porque ya tiene alguna idea de lo que es la vida por el Espíritu. Las palabras del Evangelio se refieren a los adultos que se convierten a la fe cristiana; diferente es el caso de los niños, cuyos padres los llevan al bautismo. Seguramente el bautismo obra en ellos, pero deberán un día aceptar la Palabra y desprenderse de sí mismos para ser guiados por el Espíritu.Nicodemo era un hombre religioso y creyente y había muchos como él en Israel. Pero, ¿por qué vino de noche? Posiblemente porque no quería arriesgar su reputación o no podía mezclarse con la gente común que rodeaba a Jesús. Esta actitud no corresponde a quienes han nacido de nuevo; éstos se han liberado de muchas cosas que tienen paralizados a los demás hombres, y con gusto encuentran a Jesús en una Iglesia de pobres.

 

 

JESUS REVELA EL PLAN DE DIOS

[11] El Evangelio de Juan no se parece a los otros tres. A menudo, después de contar algunas palabras de Jesús, Juan toma pie de ellas para empezar una presentación de la fe, apoyándose en declaraciones que Jesús hizo en otras oportunidades. Es lo que ocurre en este lugar.¿Cómo puede ser eso?, preguntaba Nicodemo. Para entrar en la vida del Espíritu, necesitamos conocer el plan de Dios respecto de nosotros. Pero nadie puede hablar en forma debida de estas cosas sino sólo el Hijo de Dios. El ha visto las cosas del cielo, es decir, la vida íntima de Dios; y también habla de las cosas de la tierra, es decir, del Reino de Dios que nos trae. Muchos oyentes de Jesús no aceptarán que el Reino de Dios sea lo que él dice; menos aún tomarán en cuenta lo que él nos revela del misterio de Dios. Jesús nos revela, o sea, nos descubre lo que no podemos saber por nosotros mismos. Así que un cristiano no es el que «cree en Dios» sin más; somos cristianos por cuanto creemos en el testimonio de Jesús (11) respecto de Dios y su plan de salvación.En este plan había un punto difícil de aceptar: el Hijo del Hombre debía morir en la cruz y resucitar (ser levantado significa tanto lo uno como lo otro). Jesús recuerda el episodio de la serpiente en el desierto. Este episodio de la Biblia (Números 21) prefiguraba de antemano la suerte de Jesús, pero por supuesto que los judíos no habían penetrado en el sentido de este mensaje; en realidad pasaban al lado de todos los anuncios del sufrimiento de su salvador sin entenderlos. Había también otro punto sobre el cual debían modificar sus ideas. Esperaban una venida de Dios para condenar al mundo y castigar a los malos. Dios, en cambio, enviaba a su propio Hijo a la cruz para salvar al mundo.En otras páginas del Nuevo Testamento se dice que no debemos amar al mundo; esto parece contradecir lo que acabamos de leer: Dios ama al mundo. La razón de esta dificultad está en que la palabra mundo tiene varios sentidos en este evangelio.En un primer sentido, el mundo significa la creación, que es buena, puesto que es obra de Dios. Pero el centro de la obra divina es el hombre, el cual se ha hecho esclavo del Demonio (8,34 y 44), y por esta razón Juan nos hablaba de tinieblas en el mundo en 1,5. Todo lo que crea el hombre pecador, riquezas, cultura, vida social, es influenciado, desfigurado y utilizado por el Maligno. Por eso Dios envía a su Hijo para que se salve el mundo.Ahora bien, a pesar de que la resurrección de Cristo inició su poder invencible sobre la historia, una corriente poderosa sigue arrastrando a todos los que no quieren definirse frente a la verdad. Sería más acertado decir: los que se dejan arrastrar por la lógica aparente de las cosas, que viene en parte del demonio, el Gobernador de este mundo. Juan a veces llama a esta corriente mala el mundo. Ver al respecto en Jn 15,19: Ustedes no son del mundo.Ver también otras significaciones de "el mundo" en 1 Jn 2,15.[22] El Evangelio deja constancia de que numerosos discípulos de Juan Bautista no reconocieron a Jesús. Les impresionaba el ejemplo de su maestro, hombre rudo y muy franco en sus palabras, sacrificado en la comida y la bebida. Se quedaron esperando una «verdadera» justicia de Dios y el castigo ejemplar de los malos. Estos seguidores de Juan tenían un defecto muy común entre los defensores de cualquier causa buena: estaban demasiado apegados a su modelo como para acoger otra cosa. Para ser discípulos de Cristo, debemos muchas veces adelantarnos a nuestros profetas.Es necesario que él crezca y que yo disminuya, dice el más grande de los profetas (30). Pues sólo Jesús viene de lo alto y llena por completo el corazón humano. En él no se pierde nada de lo bueno, pues él lo encierra todo.Respecto a la comparación del novio y la novia, ver Mt 22.[36] Se queda con el Dios que condena. Los que no reconocen al Hijo de Dios permanecen en la situación en que estaba la humanidad expulsada del paraíso. Mientras no sepan recibir el testimonio de Dios-hijo, el que está en el seno del Padre, no podrán solucionar las contradicciones de su vida ni tener paz en Dios. 

 

 

 

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Jn. 4, 1 - 54

             JESÚS Y LA SAMARITANA   [1] El Señor se enteró de que los fariseos tenían noticias de él; se decía que Jesús bautizaba y atraía más discípulos que Juan, [2] aunque de hecho no bautizaba Jesús, sino sus discípulos. [3] Jesús decidió, entonces, abandonar Judea y volvió a Galilea. [4] Para eso tenía que pasar por el país de Samaría, [5] y fue así como llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que Jacob dio a su hijo José. [6] Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. [7] Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.» [8] Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer. [9] La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos). [10] Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría.» [11] Ella le dijo: «señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? [12] Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?» [13] Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, [14] pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna.» [15] La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua.» [16] Jesús le dijo: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.» [17] La mujer contestó: «No tengo marido.» Jesús le dijo: «Has dicho bien que no tienes marido, [18] pues has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.» [19] La mujer contestó: «Señor, veo que eres profeta. [20] Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?» [21] Jesús le dijo: «Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en Jerusalén". [22] Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. [23] Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.  [24] Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» [25] La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará todo.» [26] Jesús le dijo: «Ese soy yo, el que habla contigo.» [27] En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella. [28] La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente: [29] «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?» [30] Salieron, pues, del pueblo y fueron a verlo. [31] Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come.» [32] Pero él les contestó: «El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen.» [33] Y se preguntaban si alguien le habría traído de comer. [34] Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra.  [35] Ustedes han dicho: "Dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la siega. [36] El segador ya recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador. [37] Aquí vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha. [38] Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes han retomado de su trabajo.» [39] Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me ha dicho todo lo que he hecho.» [40] Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. [41] Muchos más creyeron al oír su palabra, [42] y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.» [43] Pasados los dos días, Jesús partió de allí para Galilea. [44] El había afirmado que un profeta no es reconocido en su propia tierra. [45] Sin embargo los galileos lo recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la fiesta.  JESÚS SANA AL HIJO DE UN FUNCIONARIO   [46] Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en Cafarnaún que tenía un hijo enfermo. [47] Al saber que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo, que se estaba muriendo. [48] Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen.» [49] El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir antes de que muera mi hijo.» [50] Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está vivo.» El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. [51] Al llegar a la bajada de los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba sano. [52] Les preguntó a qué hora se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre.» [53] El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo.» Y creyó él y toda su familia. [54] Esta es la segunda señal milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.

 

 

 

 

RIOS DE AGUA VIVA

[1] Los judíos odiaban a los samaritanos. Por otra parte, era muy mal visto entablar conversación con una mujer en un lugar público. Jesús, sin embargo, supera los prejuicios de raza y las conveniencias sociales y empieza a conversar con la samaritana. En la persona de esta mujer acoge a la gente común de Palestina. Es verdad que no era judía, sino samaritana, es decir, que era de una provincia diferente, con una religión rival de la de los judíos. Pero tanto samaritanos como judíos creían en las promesas de Dios y esperaban un Salvador.Primera inquietud de la mujer: calmar su sed. Los antepasados del pueblo judío andaban errantes con sus rebaños de una fuente a otra. Los más famosos (como Jacob) habían cavado pozos, en torno a los cuales el desierto empezaba a revivir. Así son los hombres: buscan por todas partes algo para calmar la sed y están condenados a no encontrar más que aguas dormidas o hacerse estanques agrietados (ver Gén 26). Jesús, en cambio, trae el agua viva, que es el don de Dios, a sus hijos e hijas y que significa el Espíritu Santo (7,37).Cuando hay agua en el desierto, aunque no aflore en la superficie, se nota por la vegetación más tupida. Lo mismo pasa con los que vivimos: nuestros actos se hacen mejores, nuestras decisiones más libres, nuestros pensamientos más ordenados hacia lo esencial. Pero no se ve el agua viva de la que proceden estos frutos; ésa es la vida eterna contra la cual la muerte no puede nada.Segunda inquietud de la mujer: ¿Dónde está la verdad? Jesús le dice: Has tenido cinco maridos... En esto expresa el destino común de la gran mayoría de la humanidad, que ha vivido sirviendo a muchos dueños o maridos y, finalmente, no tienen a quien poder reconocer por su Señor. Y, para empezar, ¿cuál es la verdadera religión?Los samaritanos tenían su Biblia, algo diferente de la de los judíos. Además, allí mismo, a algunos kilómetros del pozo de Sicar, estaba su Templo, que había rivalizado con el de Jerusalén. Jesús sostiene que la religión judía es la verdadera: la salvación viene de los judíos. En esto no comparte la posición de los que dicen: «Poco importa la Iglesia a la cual pertenecemos, pues Dios es el mismo para todos.» Sin embargo, aun cuando se tenga la suerte de estar en la verdadera religión, es preciso que llegue al conocimiento espiritual de Dios (23). El Espíritu, que recibimos de su Hijo, nos hace posible conocerlo y servirlo según la verdad. El Padre quiere adoradores que busquen un contacto personal con él. 

 

 

[24] En espíritu y en verdad. Dios no necesita nuestros rezos, sino la sencillez y la nobleza de nuestro espíritu. Debemos, pues, buscar más allá de los ritos, las fórmulas, los tiempos de oración, y dar a Dios lo más profundo nuestro, el espíritu y el corazón del que surgen todos los deseos. El Espíritu de Dios no puede ser comunicado sino a quienes buscan la verdad y que hacen la verdad en un mundo de mentiras. Ver, sin embargo el comentario de Mt 8,4.Visto desde un ángulo diferente, este encuentro en el pozo de Jacob es la historia de nuestro propio encuentro con Jesús; los caminos por los que Jesús lleva a esa mujer a reconocerlo y a amarlo son los caminos por los que lleva a cabo nuestra conversión paso a paso. Al final la mujer se hace discípula de Jesús, y por su propia experiencia se hace también su apóstol (39). El conocimiento de Jesús es la fuente del apostolado. Evangelizar es compartir nuestra experiencia con otros. 

 

 

[35] Dentro de cuatro meses. La mies que está madurando es figura de la maduración del pueblo que sigue a Jesús. El segador ya recibe su paga: Jesús lanza una afirmación que tiene un sentido muy amplio. Tal vez en el versículo 36 hay que entender la alegría compartida del Padre que ha sembrado y del Hijo que cosechará. En otro sentido, en el versículo 37, Jesús y sus discípulos no han trabajado inútilmente. En 38, donde otros han trabajado: Jesús alude a quienes vinieron antes que él: los profetas y en especial Juan Bautista. 

 

 

[46] Si ustedes no ven prodigios, no creen (48). El reproche de Jesús se dirige, no al funcionario que luego demostrará tanta fe, sino a los judíos y a nosotros. Jesús hace milagros que lo confirman en su misión, pero al mismo tiempo recalca que deberíamos reconocerlo con sólo verlo y oírlo. Los que se aman, ¿exigen acaso milagros para confiarse el uno al otro? Los que se entusiasman con algún líder, ¿reclaman pruebas irrefutables? Si somos hijos de la verdad, debemos reconocerla cuando se nos presenta.Un detalle de historia: en esos precisos años Cafarnaún dependía del rey Herodes. Esta situación no duró más que algunos años, y ya se había olvidado cuando se escribieron los otros evangelios. Por eso ya no hablan de un funcionario real, sino de un capitán romano (Lc 7,1). 

 

 

 

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Jn. 5, 1 - 47

             EL PARALÍTICO DE LA PISCINA DE BETESDA   [1] Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [2] Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta cinco pórticos, [3] y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, [4] porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.) [5] Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. [6] Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?» [7] El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro.» [8] Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.» [9] Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado. [10] Por eso los judíos dijeron al que acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu camilla a cuestas.» [11] El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y anda.» [12] Le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?» [13] Pero el enfermo no sabía quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la multitud reunida en aquel lugar.  [14] Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor.» [15] El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. [16] Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado. [17] Pero Jesús les respondió: «Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo.» [18] Y los judíos tenían más ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.  LA OBRA DEL HIJO: RESUCITAR A LOS MUERTOS   [19] Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. [20] El Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas, que a ustedes los dejarán atónitos. [21] Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. [22] Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, [23] para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado. [24] En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida. [25] Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán. [26] Así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. [27] Y además le ha dado autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre. [28] No se asombren de esto; llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. [29] Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.  [30] Yo no puedo hacer nada por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió. [31] Si yo hago de testigo en mi favor, mi testimonio no tendrá valor. [32] Pero Otro está dando testimonio de mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí. [33] Ustedes mandaron interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. [34] Yo les recuerdo esto para bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago recomendar por hombres. [35] Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por un tiempo se sintieron a gusto con su luz. [36] Pero yo tengo un testimonio que vale más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar. Estas obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado. [37] Y el Padre que me ha enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su rostro; [38] y tampoco tienen su palalabra, pues no creen al que él ha enviado. [39] Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí. [40] Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. [41] Yo no busco la alabanza de los hombres. [42] Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes, [43] porque he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio nombre, a ése sí lo acogerán. [44] Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del Unico Dios, ¿cómo podrán creer? [45] No piensen que seré yo quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien ustedes confían. [46] Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él escribió de mí. [47] Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les digo yo?»          

 

 

[1] En este nuevo capítulo Jesús proclama la obra para la cual ha venido a este mundo; su Padre lo ha enviado para juzgar y para dar vida.¿Por qué fue Jesús a la piscina de Betesda? Pues se sabe ahora que dicha piscina era un lugar pagano, dedicado a Esculapio, el dios de la salud. Corrían rumores de que allí se sanaban de cuando en cuando los enfermos. Los judíos piadosos, escandalizados al ver estas curaciones realizadas en un lugar pagano, afirmaban que no eran sanados por Esculapio, sino por un ángel del Señor: en los vv. 3-4 la frase puesta entre paréntesis, que falta en los antiguos manuscritos, nos recuerda estos comentarios. Allí, pues, iban hombres poco escrupulosos en su fe, que buscaban la salud aun por medios prohibidos por Dios. Y Jesús también fue allí en busca del pecador que quería salvar.Nótese la primera respuesta del enfermo. En este lugar milagroso, muchos eran los que esperaban y pocos los que sanaban. El hombre solo -no tengo a nadie-, no se puede salvar por sí mismo. Necesita un Salvador, Jesús.Jesús desaparece después del milagro, pues podían equivocarse con respecto a él, decir que reconocía a los dioses paganos y pensar que sanaba a los enfermos en nombre de esos dioses. Jesús se dará a conocer en el Templo del Dios verdadero, su Padre.Los judíos atacan a Jesús porque había hecho un «trabajo» en día sábado. Examinemos más de cerca la respuesta de Jesús: Mi Padre sigue trabajando. Jesús quiere decir que, si bien los hombres descansan en homenaje a Dios, él no descansa ni está ausente del mundo; él da vida a los hombres. Jesús, por ser Dios-Hijo, debe imitar a Dios-Padre en vez de descansar como lo hacen los hombres. Sus adversarios, al escucharlo, no se equivocaron sobre sus pretensiones: se hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre (18). 

 

 

[14] No vuelvas a pecar... Jesús recuerda al enfermo su falta de fe que lo condujo al santuario pagano, donde esperó inútilmente treinta y ocho años, igual que, en tiempos pasados, los israelitas quedaron recluidos treinta y ocho años en el oasis de Cadés en el desierto, sin poder entrar a la Tierra prometida. Juan notó esta coincidencia. Comprendió también que la curación en la piscina era la figura de lo que nos sucede cuando nos bautizamos. La advertencia de Jesús al hombre sanado vale también para los que nos convertimos y nos bautizamos: No vuelvas a pecar.A continuación de este relato viene una nueva presentación de la fe cristiana (ver el comentario de Jn 3,11), la cual ocupa las dos páginas que siguen.Digamos también que, en estos «discursos» del evangelista Juan, le gustó repetir siete veces la o las palabras claves del discurso. Aquí, por ejemplo, encontramos siete veces sábado, siete veces Jesús, siete veces Moisés, catorce veces el Padre. Es que quiere oponer la antigua religión de los judíos, instituida por Moisés y cuyo mayor precepto era el descanso del sábado, a los tiempos nuevos que Jesús vino a inaugurar, dándonos a conocer al Padre.

 

 

EL HIJO Y EL PADRE.

 

 

LA RESURRECCION

[19] Los opositores de Jesús se asombran al ver cómo viola la ley del descanso sagrado; sin embargo ésta no es más que la primera intervención de Jesús (7,21). Porque pretende mucho más que reformar la religión, ha venido para renovar la creación entera.Los libros del Antiguo Testamento hablaban de Dios como de uno solo. Pero ahora Jesús nos muestra una nueva cara de Dios: es Padre y ha enviado a su Hijo para llevar a cabo su obra. Dios procura darnos vida en todo lo que hace, y la mayor de sus obras es la resurrección.Ya dijimos que resucitar no significa volver a vivir, sino levantarse para empezar una vida nueva y transformada. Resucitarán los muertos, por supuesto, como se recuerda en 5,28, pero desde ya se puede hablar de resurrección para los que empiezan a creer. La palabra de Jesús, recibida con fe, nos da vida; se arraiga en nosotros y nos va transformando. Esta resurrección es obra común del Padre y del Hijo; el amor de Dios, que genera la vida, nos llega por la voz de Cristo (25).Jesús, pues, no es un hombre como nosotros, sino que, siendo hombre, es también la otra cara de Dios. Jesús quiere sacar de nuestra mente tanto la figura del Dios celoso como la del Dios paternalista. Esto va de acuerdo con la psicología moderna, que muestra cómo una persona no es auténticamente adulta hasta que no se libera de la autoridad de sus padres. El mundo moderno no acepta a un Dios paternalista. El Evangelio, justamente, muestra al Padre entregando toda su autoridad a un hombre, a Cristo.En numerosas oportunidades Jesús se llamó a sí mismo el Hijo del Hombre (ver la explicación de esto en Mc 8,27). Pero aquí Juan dice: hijo de hombre (27), y ése es un modismo de los judíos para decir: un ser humano. Por ser humano, Jesús salva a la humanidad desde adentro.Al presentarse como el Hijo, Jesús une estas dos afirmaciones:- todo lo que hace el Padre, lo hago yo; todo lo que tiene el Padre, lo tengo yo.- y esta otra: yo no puedo hacer nada por cuenta mía.Y al decir esto, Jesús se da en ejemplo a los hijos e hijas de Dios, pues nosotros también debemos estar en comunión con Dios para que él nos pueda enseñar sus obras. No hay vida cristiana sin una relación personal con Dios, llamemos esto oración o no.

 

 

 

 

EL TESTIMONIO

[30] No podemos orientarnos en la vida sin conocer al mundo y a los hombres, para lo cual en parte recurrimos a la ciencia, pero mucho más todavía al testimonio. Si bien la ciencia es la que nos permite actuar sobre el mundo, el testimonio de nuestros semejantes es más decisivo para nuestras opciones.Testimonio, o sea, sus palabras, su actitud, la atracción de su persona. Así es como se descubren los enamorados, como se acogen los amigos, como se decide una carrera, como se toma un compromiso religioso o político. Es así también como se descubre a Dios viviendo entre nosotros. Por eso Jesús habla de los testimonios que lo acreditan:- sus obras, o sea, sus milagros;- el testimonio de Juan Bautista, que lo presentó como el Salvador;- las palabras de la Biblia que se referían a él.Ciertas personas dicen que les basta que la Biblia sea palabra de Dios y que no necesitan nada más para guiarse. Pero eso es como decir que Dios ya no habla. Si Dios habló mediante los acontecimientos y los profetas de la historia sagrada, sigue haciéndolo en la actualidad. Si no estamos abiertos a esta manera de hablar de Dios, veamos cómo Jesús reprendió a los que creían tener la palabra de Dios (38), pero no creían al que Dios les enviaba.Dios nos instruye a su manera. Dispone en nuestra vida y en la de los pueblos llamados e indicaciones que sabremos escuchar o interpretar si estamos dispuestos a que otro nos enseñe. Luego nos guía por medio de una comunidad cristiana, la Iglesia, y dentro de ella nos hace encontrar a ciertas personas que viven según su Espíritu, al lado de otras que solamente tienen cara de personas religiosas y correctas.Pero, ¿cómo distinguir lo verdadero de lo falso? ¿Cómo reconocer a los que hablan de los caminos de Dios porque tienen experiencia? Jesús da a entender que quienes aman la verdad reconocen a los que dicen la verdad. Pues cada cual valoriza el testimonio de sus iguales. Para reconocer a los mensajeros de Dios, debemos ser gente que no vive pendiente de las alabanzas que se dan unos a otros, en lo cual uno se hace esclavo de valores falsos. El que busca la verdad y la misericordia reconocerá la gloria de Dios en las palabras y los actos de sus más humildes servidores.A Dios le agrada que reconozcamos a sus testigos y, con esto, lo honremos. Más aún, quiere que todos honren al Hijo tanto como a su Padre. Al creer en su Hijo nos hacemos dignos de su confianza y pasamos a ser hijos para él. 

 

 

 

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Jn. 6, 1 - 71

             LA SEGUNDA PASCUAEL PAN DE VIDA: LA MULTIPLICACIÓN (MC 6,34; MT 14,13; LC 9,10)    [1] Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. [2] Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. [3] Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. [4] Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. [5] Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» [6] Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. [7] Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» [8] Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: [9] «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?» [10] Jesús les dijo: «Hagan que se sienta la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. [11] Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. [12] Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» [13] Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada. [14] Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» [15] Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo. [16] Al llegar la noche, sus discípulos bajaron a la orilla [17] y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a Cafarnaún. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, [18] y empezaban a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba. [19] Habían remado como unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto. [20] Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo.» [21] Quisieron subirlo a la barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían.  [22] Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago se dio cuenta que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había subido con sus discípulos en la barca, sino que éstos se habían ido solos. [23] Mientras tanto algunas lanchas de Tiberíades habían atracado muy cerca del lugar donde todos habían comido el pan. [24] Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. [25] Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?» [26] Jesús les contestó: «En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. [27] Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre.»  EL PAN DE VIDA: CREER EN EL HIJO DE DIOS   [28] Entonces le preguntaron: «¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» [29] Jesús respondió: «La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado.» [30] Le dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? [31] Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo.» [32] Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. [33] El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.» [34] Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» [35] Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. [36] Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto. [37] Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, [38] porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. [39] Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. [40] Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.» [41] Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» [42] Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?» [43] Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. [44] Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. [45] Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. [46] Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. [47] En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.  EL CUERPO DE CRISTO, PAN DE VIDA   [48] Yo soy el pan de vida. [49] Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: [50] aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. [51] Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.» [52] Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» [53] Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. [54] El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. [55] Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. [56] El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. [57] Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. [58] Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.  ¿QUIEREN MARCHARSE TAMBIÉN USTEDES?  [59] Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga.  [60] Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?» [61] Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? [62] ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? [63] El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. [64] Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. [65] Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» [66] A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. [67] Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» [68] Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. [69] Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» [70] Jesús les dijo: «¿No los elegí yo a ustedes, a los Doce? Y sin embargo uno de ustedes es un diablo.» [71] Jesús se refería a Judas Iscariote, hijo de Simón, pues era uno de los Doce y lo iba a traicionar.          

 

 

[1] Ver Marcos 6,30. 

 

 

[22] En las páginas que siguen, Juan desarrolla palabras que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaún. A lo mejor Jesús no dijo con tanta precisión en ese día lo que se refiere a la Eucaristía (vers. 48-58). Sin embargo, no podemos dudar de que Jesús se expresó en forma escandalosa para sus oyentes. Y ¿qué dijo, sino precisamente afirmar que debemos ir a él como a nuestro pan verdadero y recibir por medio de su persona la vida eterna que nos hace falta?En todo tiempo la mayor parte de la humanidad ha trabajado por su alimento, y su primera preocupación es asegurarlo para el mañana, porque si no come dejará de vivir. El hombre no tiene en sí mismo la vida (53), y debe sacar constantemente de lo exterior lo necesario para mantenerla. Pero a pesar de todo, algún día la vida se le escapa, porque no ha encontrado la comida que permanece (27).En realidad el hombre necesita mucho más que pan; al comer y beber busca algo que remedie su indigencia como criatura. Teniendo el alimento, multiplicará los objetos de su deseo sin conseguir algo que lo deje colmado, y tendremos que esperar la resurrección, pues es en la asamblea de Todos los Santos donde habrá paz y unidad total y perfecta. Esa será precisamente la Obra del Hijo del Hombre.El discurso empieza con una pregunta de los judíos: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? Y Jesús responde: La obra de Dios es ésta: creer. El Padre no exige «obras», o sea, las prácticas de una ley religiosa, sino más bien la fe en su Hijo. En el capítulo anterior, Jesús afirmó que su obra consistía en resucitarnos. Aquí indica la obra nuestra: creer en el Enviado del Padre.La palabra clave del discurso es el pan. Por eso Juan la repite siete veces en cada sección de este capítulo. Y siete veces aparecerá la expresión: que ha bajado del cielo. 

 

 

[28] Aquí viene la primera parte del discurso: Jesús se hace nuestro pan cuando creemos en él.En el pasado Dios había facilitado a los israelitas un alimento providencial, el maná, cuando les faltaba todo en el desierto. Pero si Dios se conforma con ser nuestro bienhechor y nosotros vamos a él en busca de favores, terminamos por fijarnos solamente en las cosas que Dios nos proporciona; casi no se las agradecemos, y luego nos volvemos a quejar. Y así pasó con los israelitas que, después de recibir el maná, se rebelaron contra Dios y murieron en el desierto. Es que las cosas, aunque vengan del cielo, no nos hacen mejores ni nos confieren la vida verdadera.Por eso ahora Dios propone algo nuevo. El pan que baja del cielo no es una cosa, sino Alguien. Ese pan verdadero nos comunica la vida eterna, pero para recibirlo se necesita dar un paso, o sea, creer en Cristo.Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí (37). Sólo vendrán a Cristo los que el Padre conoce. En la misma Iglesia, que abarca a gente de toda clase, solamente aquellos a quienes el Padre concede esta gracia encontrarán los caminos de Cristo discutido y humilde. Cuando hayamos dicho todo lo que conviene decir sobre la importancia de los sacramentos o de las obras buenas, habrá que volver también a esta afirmación de Jesús: ninguna diligencia nuestra puede sustituir la elección del Padre que nos llama a conocer a su Hijo según la verdad.No es sino Jesús, el hijo de José (42). Los oyentes de Jesús son todos judíos que creen en Dios y en la Biblia. Pero una cosa es creer en los profetas del pasado, celebrados después de su muerte, y otra reconocer a esos enviados de Dios mientras viven y son discutidos, especialmente cuando el Enviado de Dios es un simple carpintero. Hoy todavía tendremos que superar las mismas dudas y escuchar a los enviados de Dios que nos enseñan una misión concreta en el mundo de hoy. Son muchos los que creen en la Biblia o en Cristo, y no quieren escuchar en la Iglesia las voces que llaman a la pobreza y al rechazo de los ídolos.No murmuren. La Biblia usa este mismo verbo murmurar en el Exodo; en el desierto, los israelitas desconfiaban de Dios y criticaban a cada momento las decisiones de Moisés (Ex 15,24; 16,2; 17,3).Serán todos enseñados por Dios (45). Unos textos de los profetas mostraban por qué camino se iba a superar la religión judía. Después de la alianza de Dios con Israel en el Sinaí, con sus leyes y sus ritos destinados a educar a este pueblo, debían abrirse tiempos nuevos en que Dios se comunicaría con cada uno de sus fieles, de la misma manera que había hecho con los grandes profetas (Is 54,13; Jer 31,34; Jl 3,1). Jesús recuerda estas promesas, pero añade una precisión. No se trata de que cada cual reciba revelaciones y luego pueda creer que todo lo ha escuchado de Dios, sino que recibimos del Padre una inclinación a buscarlo todo en Jesús. En Jesús, como en el perfecto espejo de Dios, descubrimos la voluntad del Padre sobre nosotros. Jesús es «la» Palabra de Dios; en él el Padre lo ha dicho todo, y las revelaciones más auténticas no pueden sino devolvernos a él.

 

 

LA COMUNION.

 

 

LOS SACRAMENTOS

[48] Segunda parte del discurso: Jesús se hace nuestro pan cuando comemos su carne en el sacramento de la Eucaristía. Esta «Cena del Señor» es la expresión más fuerte de nuestra unión con Dios en Cristo.¿Cómo puede éste darnos a comer carne? Según los manuscritos más antiguos, Juan escribió "carne", y no "su carne", citando las mismas palabras de los israelitas que desconfiaban de Dios en el desierto (Núm 11,4 y 18). Pero Juan, al que le gusta jugar con las palabras, les da aquí un sentido diferente: ¿Cómo un enviado del cielo daría carne al mundo, si lo que necesitamos es lo espiritual? Jesús contestará en el versículo 63: eso de comer carne, que parece cosa muy terrenal, solamente se justifica porque esa carne es la de Cristo resucitado y transformado por el Espíritu, y por eso da vida (6.63).Mediante un gesto visible, el creyente participa de una realidad que no ve: entra en comunión de vida con Cristo resucitado. Acostumbramos a hablar de sacramento para designar estos gestos que figuran y contienen una realidad espiritual. En la Cena del Señor o misa, nuestra fe nos lleva a recibir como cuerpo y sangre de Cristo algo que todavía no parece ser más que pan y vino. Pero, con esto, Cristo resucitado se hace para nosotros alimento de vida.Jesús es el pan vivo, o sea, activo. Nuestro cuerpo transforma el pan y lo asimila, es decir, lo hace cosa suya: el pan no actúa. Cristo, por el contrario, actúa y, al comerlo, es él quien nos transforma, quien nos hace cosa suya: Quien me come tendrá de mí la vida.Carne y sangre. En la cultura hebraica, carne y sangre designan a todo el hombre en su condición natural. Jesús quiere que hagamos nuestro todo su ser humano en su condición humilde y mortal, y él nos comunica su divinidad. Es evidente que la comunión sólo capta todo su sentido si se hace bajo las dos especies de pan y de vino; y aun que habitualmente no se haga así por razones prácticas, sólo hay eucaristía si el celebrante por lo menos comulga bajo las dos especies.Una vez más Jesús va a «cumplir» lo que contenía la Antigua Alianza: cumplir, es decir, dar la realidad allí donde no había aún más que sombra. Entre los diversos sacrificios que se ofrecían en el Templo, estaban los llamados de comunión; los fieles comían durante un banquete una parte de la víctima. La comían «delante» de Dios ( Deut 12,18), uniéndose así a su Dios a quien estaba consagrada la mejor parte de la víctima.Jesús, el verdadero cordero (Jn 1,36), se ofrece en sacrificio por el pecado del mundo y así lleva a su cumplimiento todos los sacrificios por el pecado del Antiguo Testamento (Heb 10,5-6). Al hacer de su persona resucitada el alimento de su pueblo, realiza la unión perfecta del Nuevo Pueblo de Dios con su Padre.A pesar de todo, no nos dejamos fácilmente convencer, pues hemos comprobado que no basta comulgar para ser perfectos, y que no todos los que comulgan viven del Espíritu de Cristo. Por eso nos asombra la palabra de Jesús: el que come mi carne tiene la vida, quien no come... Pero el don de Dios, ya sea su palabra o el cuerpo de Cristo, es una semilla muy pequeña que se pierde en muchos casos, y que no da frutos más que en los que perseveran.Los sacramentos que recibimos hacen madurar en nosotros la vida de Dios, pero lo hacen actuando en lo más profundo de nuestro ser. Mientras tanto, nos fijamos solamente en que, a pesar de recibir los sacramentos, nos quedamos con muchos defectos, y no comprendemos que la verdadera transformación de nuestra persona es cosa que no se puede notar a simple vista. 

 

 

[60] Este lenguaje es muy duro. ¿Cómo podrían creer los oyentes de Jesús que el «hijo de José» había venido de Dios? ¿Y cómo creeremos nosotros ahora que necesitamos la Eucaristía? Jesús entonces nos enseña en dos palabras el sentido de su venida: el Hijo de Dios ha bajado a nosotros para luego subir al lugar donde estaba antes. De Dios ha venido el que nos comunica la vida misma de Dios y que nos llevará de vuelta hasta el seno del Padre (Jn 14,12).Entendamos que nuestro mundo ha sido renovado por la resurección de Cristo. El Hijo de Dios ha subido al lugar donde estaba antes, revestido de su carne transfigurada por el Espíritu. El Hijo de Dios ha subido, revestido de nuestra humanidad: el primero de nuestra raza ha llegado hasta Dios. Cuando el Hijo del Hombre entró a la Gloria de su Padre, llevaba en sus hombros la creación entera que quería renovar y consagrar.A pesar de que, según las apariencias, la vida sigue igual que antes, otro mundo, que es el verdadero, se hizo presente. Ahora el Espíritu está actuando dentro de los gigantescos remolinos que agitan y revuelven la masa humana. Cristo va consagrando este mundo invisiblemente, o sea, va haciendo que la humanidad llegue a su madurez mediante un sinnúmero de crisis y de muertes que preparan una resurrección.Los oyentes de Jesús no podían comprender (6,61) el misterio del Hijo de Dios, que quiso humillarse y desprenderse de su gloria divina, llegando a ser hombre y muriendo como un esclavo (ver Jn 1,14 y Fil 2,6), para que luego el Padre lo hiciera subir al lugar donde estaba antes. Asimismo a nosotros nos cuesta creer en la obra divina que prosigue entre nosotros: esta humanidad tan irresponsable a la que Dios ama; esta Iglesia tan indigna, con la que Dios realiza sus designios; esta historia tan desesperante que, sin embargo, prepara el banquete del Reino.La carne no sirve para nada. Si Jesús habla de darnos su carne, esto no se debe entender como la continuación de la religión judía en que se comían carnes de animales sacrificados. Carne y sangre designan, en la cultura hebrea, ese mundo de abajo en que se mueven los hombres y que no puede captar el misterio de Dios. La eucaristía, en cambio, contiene el cuerpo, o la carne, de Cristo resucitado. Es realidad transformada por el Espíritu y que actúa en forma espiritual.Señor, ¿a quién iríamos? Mientras muchos seguidores de Jesús se alejan, Pedro expresa su fidelidad en nombre de los que se quedan, en términos muy parecidos a como figura en Mateo 16,13. 

 

 

 

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Jn. 7, 1 - 53

             JESÚS SUBE A JERUSALÉN   [1] Después de esto, Jesús iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos deseaban matarle. [2] Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de Tiendas. [3] Sus hermanos le dijeron: «No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras que realizas.  [4] Si uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a conocer al mundo.» [5] Sus hermanos hablaban así porque no creían en él.  [6] Jesús les contestó: «Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es bueno. [7] El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras son malas. [8] Suban ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado.» [9] Así habló Jesús y se quedó en Galilea. [10] Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió él también, pero sin decirlo y como en secreto. [11] Los judíos lo estaban buscando durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?» [12] Corrían muchos comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona.» Otros replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo.» [13] Pero nadie hablaba abiertamente de él por miedo a los judíos. [14] Hacia la mitad de la semana de la fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar. [15] Los judíos, admirados, decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?» [16] Jesús les contestó: «Mi doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado. [17] El que haga la voluntad de Dios conocerá si mi doctrina viene de él o si hablo por mi propia cuenta. [18] El que habla en nombre propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.» [19] «Moisés les dio la Ley, ¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren matarme?» [20] Le gritaron: «Eres víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?» [21] Jesús les respondió: «Esta no es más que mi primera intervención, y todos ustedes están desconcertados. [22] Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso en día sábado. [23] Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he salvado al hombre entero en día sábado? [24] No juzguen por las apariencias, sino que juzguen lo que es justo.»  [25] Algunos habitantes de Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar? [26] Ahí lo tienen hablando con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han reconocido que él es el Mesías?  [27] Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene.» [28] Entonces Jesús dijo en voz muy alta mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es el Verdadero, y ustedes no lo conocen. [29] El es el que me ha enviado, y yo lo conozco porque vengo de él.» [30] Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora. [31] De todos modos, muchos del pueblo creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales milagrosas que este hombre?» [32] Los fariseos se enteraron de los comentarios que hacía la gente sobre Jesús y, de acuerdo con los jefes de los sacerdotes, enviaron guardias del Templo para detenerlo. [33] Entonces Jesús dijo: «Todavía estaré con ustedes un poco más de tiempo, y después me iré al que me ha enviado.  [34] Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán, porque ustedes no pueden venir donde yo estoy.» [35] Los judíos se preguntaban: «¿Adónde piensa ir éste para que no lo podamos encontrar? ¿Querrá tal vez visitar a los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los mismos griegos? [36] ¿Qué quiere decir con eso de: "Me buscarán y no me encontrarán", y "Ustedes no pueden venir donde yo estoy"?»  LA PROMESA DEL AGUA VIVA   [37] El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que tenga sed, que venga a mí, y que beba [38] el que cree en mí. Lo dice la Escritura: De él saldrán ríos de agua viva.» [39] Decía esto Jesús refiriéndose al Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en él. Todavía no se comunicaba el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.  DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN DE CRISTO  [40] Muchos de los que escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta.» [41] Unos afirmaban: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea? [42] ¿No dice la Escritura que el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de David?» [43] La gente, pues, estaba dividida a causa de Jesús. [44] Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima. [45] Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los fariseos, les preguntaron: «¿Por qué no lo han traído?» [46] Los guardias contestaron: «Nunca hombre alguno ha hablado como éste.» [47] Los fariseos les dijeron: «¿También ustedes se han dejado engañar? [48] ¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en él? [49] Pero esa gente que no conoce la Ley, ¡son unos malditos!» [50] Les respondió Nicodemo, el que había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo: [51] «¿Acaso nuestra ley permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha hecho?» [52] Le contestaron: «¿También tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas.» [53] Y se fue cada uno a su casa.

 

 

[1] Jesús obliga a la gente a que se pregunte respecto a él. Lo peor es pertenecer al grupo de quienes no se plantean interrogantes, pues creen que ya lo conocen: así son los hermanos de Jesús. 

 

 

[4] Date a conocer al mundo. Esos hermanos de Jesús son los familiares y los paisanos de Nazaret (ver Mc 3,31). Ellos, que debían entrar en la Iglesia después de la resurrección de Jesús y que se creerían con derechos por ser sus parientes, estaban todavía muy lejos de comprenderlo. Querían que Jesús se diera a conocer por sus milagros, mientras que él estaba enseñando el misterio de muerte que lleva a la gloria. 

 

 

[6] Todavía no ha llegado mi tiempo... Notemos aquí dos conductas opuestas: una, la de los que viven según sus propios planes, y otra, la de los que se dejan guiar por el Espíritu. Los primeros no tienen hora, o sea, actúan como y cuando les parece, porque no conocen los llamados de Dios. En cambio, el que se guía por el Espíritu espera signos de que éste es el tiempo de Dios. Lo que emprende en ese momento resultará para gloria de Dios. Los judíos... (v.13, 15, 35). Juan era judío, como Jesús, y estaba rodeado de judíos que habían creído. Por tanto, sería un error pensar que designa aquí al conjunto de sus compatriotas. Juan habla de los judíos refiriéndose al mundo social y político que no reconoció a Jesús e hizo todo para paralizar su misión. Aquí encontramos otra vez los contrastes del pueblo de Dios en la tierra: es a la vez la morada de la verdad y el lugar del Espíritu, y también el pueblo que mata a los profetas.Esos judíos estaban apegados a un orden social determinado y a cierta manera de comprender la vida y la religión, propia de su tiempo. Eso era lo importante para ellos, y Dios les interesaba en la medida en que lo habían hecho el defensor de tales cosas (Mt 23,29).El trozo 19-24 está puesto a continuación del capítulo 5. Ver nota al final de 5,47.

 

 

LA SALVACION.

 

 

BUSCAR LA VERDAD

[25] ¿Quién es Jesús? Es de suma importancia que lo sepamos, pues Jesús nos ofrece nada menos que compartir la vida de Dios. ¿Qué valor tendría esta promesa si Jesús no viniera de Dios?Debemos, pues, descubrir por nosotros mismos quién es Jesús y, en la medida en que lo vayamos descubriendo, iremos también progresando en el camino de nuestra salvación.La persona de Jesús nos atrae, pero sus palabras nos chocan. Cuando afirma que el mundo ya está salvado, que ya hemos resucitado y somos hijos de Dios, pensamos que son figuras de estilo, pues aparentemente la realidad es muy diferente. Se necesita tiempo, experiencia y sufrimiento para modificar nuestra manera de ver y para subir hasta el lugar desde el cual descubrimos el mundo y a los hombres tal como él los describe. Llegados a ese punto, reconocemos que él es el Salvador, y también tenemos la salvación porque, al recorrer este camino, hemos adquirido la capacidad de ver las cosas a la luz de Dios.Por eso, cuando procuramos que otros lleguen a la fe, hay momentos en que es mejor evitar los discursos religiosos. Son ellos los que deben alcanzar la verdad que les hace falta. Son ellos los que deben cavar en sí mismos para descubrir el agua; no progresarán en el conocimiento de Cristo sin progresar en el conocimiento de su propia realidad. 

 

 

[27] Este sabemos de dónde viene. Esos judíos creen que conocen las Escrituras, pero éstas siempre tienen algo para desconcertarnos si no sabemos escuchar. Frente a ellos, Jesús se presenta como el Enviado de Dios. No lo hace como quien se vale de un título para imponerse, sino que más bien subraya su total dependencia del Padre y el conocimiento que tiene de él. 

 

 

[34] Ustedes me buscarán, pero no me encontresurreccióna misma advertencia que hacía Dios por medio de sus profetas (Jer 13,16). Una vez más, Jesús se aplica a sí mismo las palabras y prerrogativas que la Biblia reservaba a Dios.

LA COMUNICACION DEL ESPIRITU 

 

 

[37] En capítulos anteriores Jesús habló de renacer del Espíritu. Aquí Juan precisa que esto no podía ser antes de que Jesús hubiera entrado en su gloria por su muerte y su resurrección. Sin embargo, ya antes de que viniera Cristo, un libro de la Biblia decía: «El Espíritu de Dios llena el universo» (Sabiduría 1,7). Y es que Dios nunca dejó de comunicarse; su Espíritu se desliza en el espíritu del hombre, al que despierta, anima y empuja. En todo tiempo ha actuado en los artistas, los pensadores y los héroes; y ha estado también en el espíritu de los hombres de recto corazón.Pero el Espíritu no se derrama como el agua, sino que se une al espíritu del que lo recibe. Mientras no conocemos realmente a Dios, el Espíritu desciende «sobre nosotros», como pasaba con los libertadores de Israel. Eran los instrumentos de Dios, pero no por eso eran más santos (Jg 11,27). En cambio, después de que Jesús entró en la gloria, empezó a comunicar su espíritu a los que creían en él.No se tenía todavía al Espíritu (39). Esto se podría traducir también: no había espíritu. Varios manuscritos antiguos han arreglado un poco esta sentencia: el Espíritu no se comunicaba. Pues esta frase puede extrañar a quienes creemos en el Espíritu como Persona divina. Por supuesto que es Persona y es Dios, como el Padre y el Hijo, aunque según su modo propio. El Espíritu podría ser llamado: Dios-que-se-comunica a todas las criaturas de todos los tiempos. Es capaz de comunicarse en diversas formas y habitar en cada uno con dones diferentes, para luego traerlos a todos de nuevo a la unidad en Dios. Por esta razón, leemos en las Escrituras, ya sea «el Espíritu» o «espíritu» o incluso: «los espíritus» (Lc 1,15; He 6,3; Ap 6,3; Ap 3,1). Pero, como ya lo dijimos, el don del Espíritu sigue a la venida del Hijo, y obra en la Iglesia muchas maravillas que no se encuentran fuera de ella.De él saldrán ríos de agua viva. Comparar con Jn 4,10. Pan y agua: el cuerpo de Cristo y el don del Espíritu Santo. 

 

 

 

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Jn. 8, 1 - 59

             LA MUJER ADÚLTERA   [1] Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos. [2] Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles. [3] Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio [4] y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. [5] En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú ¿qué dices?» [6] Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. [7] Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra.» [8] Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. [9] Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. [10] Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» [11] Ella contestó: «Ninguno, señor.» Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.»  YO SOY LA LUZ DEL MUNDO   [12] Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida.» [13] Los fariseos replicaron: «Estás hablando en tu propio favor; tu testimonio no vale nada.» [14] Jesús les contestó: «Aunque yo hable en mi favor, mi declaración vale, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy. Ustedes son los que no saben de dónde he venido ni adónde voy. [15] Ustedes juzgan con criterios humanos; yo no juzgo a nadie. [16] Y si yo tuviera que juzgar, mi juicio sería válido, porque yo no estoy solo; el Padre que me envió está conmigo. [17] En la Ley de ustedes está escrito que con dos personas el testimonio es válido. [18] Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me ha enviado da testimonio de mí.» [19] Le preguntaron: «¿Dónde está tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre.» [20] Jesús dijo estas cosas en el lugar donde se reciben las ofrendas, cuando estaba enseñando en el Templo, pero nadie lo tomó preso, porque aún no había llegado su hora. [21] De nuevo Jesús les dijo: «Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y morirán en su pecado.» [22] Los judíos se preguntaban: «¿Por qué dice que a donde él va nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?» [23] Pero Jesús les dijo: «Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.  [24] Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados.» [25] Le preguntaron: «Pero ¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles. [26] Tengo mucho que decir sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del que me ha enviado: él es veraz.» [27] Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del Padre. [28] Y añadió: «Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado. [29] El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.»  LOS HIJOS DE LA VERDAD  [30] Esto es lo que decía Jesús, y muchos creyeron en él.  [31] Jesús decía a los judíos que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; [32] entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» [33] Le respondieron: «Somos descendientes de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: "Ustedes serán libres"?» [34] Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. [35] Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. [36] Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. [37] Yo sé que ustedes son descendientes de Abrahán, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme. [38] Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.» [39] Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abrahán.» Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abrahán, actuarían como Abrahán. [40] Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abrahán. [41] Ustedes actúan como hizo el padre de ustedes.» Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos ilegítimos, no tenemos más que un solo padre: Dios.» [42] Jesús les replicó: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado. [43] ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no pueden acoger mi mensaje. [44] Ustedes tienen por padre al diablo y quieren realizar los malos deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el principio, porque la verdad no está en él, y no se ha mantenido en la verdad. Lo que le ocurre decir es mentira, porque es un mentiroso y padre de toda mentira. [45] Por eso ustedes no me creen cuando les digo la verdad. [46] ¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les digo la verdad, ¿por qué no me creen? [47] El que es de Dios escucha las palabras de Dios; ustedes no las escuchan porque no son de Dios.» [48] Los judíos le replicaron: «Tenemos razón en decir que eres un samaritano y que estás poseído por un demonio.» [49] Jesús les dijo: «Yo no tengo un demonio, pero ustedes me deshonran a mí porque honro a mi Padre. [50] Yo no tengo por qué defender mi honor, hay otro que se preocupa por mí y hará justicia. [51] En verdad les digo: El que guarda mi palabra no probará la muerte jamás.» [52] Los judíos replicaron: «Ahora sabemos que eres víctima de un mal espíritu. Abrahán murió y también los profetas, ¿y tú dices: "Quien guarda mi palabra jamás probará la muerte"? [53] ¿Eres tú más grande que nuestro padre Abrahán, que murió, lo mismo que murieron los Profetas? ¿Quién te crees?» [54] Jesús les contestó: «Si yo me doy gloria a mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el mismo que ustedes llaman «nuestro Dios». [55] Ustedes no lo conocen, yo sí lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y guardo su palabra.  [56] En cuanto a Abrahán, padre de ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó. ». [57] Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán?» [58] Contestó Jesús: «En verdad les digo que antes que Abrahán existiera, Yo soy.» [59] Entonces tomaron piedras para lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.         

 

 

[1] El trozo 8,1-11 falta en los manuscritos más antiguos del evangelio de Juan, y por eso muchas personas piensan que es de otra procedencia. Pero también puede ser que haya pertenecido al evangelio redactado por Juan y que después fuera suprimido en muchos lugares porque la indulgencia de Jesús con la mujer adúltera podía ser mal interpretada.En realidad, si Jesús demuestra tanto respeto a la pecadora y se niega a condenarla como hacen los seres humanos, ¿será porque considera que la falta no es grave? Digamos más bien que Dios usa medios diversos de los que usan los hombres para llevar al pecador al arrepentimiento y para que se purifique, con el sufrimiento, de culpas que no son de pura ignorancia.Algunas páginas del evangelio de Juan parece que están fuera de lugar. Ya dijimos que el trozo 7,19-24 debía leerse a continuación del capítulo 5. También el discurso 8,12-29 parece ser la continuación del milagro contado en el capítulo 9; después de sanar al ciego y de comprobar la ceguera espiritual de los fariseos, Jesús declara: Yo soy la luz. Y al afirmar: Por eso acabo de decirles que morirán en sus pecados (8,24), recuerda lo dicho en 9,41.

 

 

LA LUZ

[12] Jesús es la luz para todos los hombres de todos los tiempos. Dios se había hecho guía de los hebreos en el desierto por medio de una nube luminosa. De igual modo, el que sigue a Jesús no caminará en tinieblas.La luz es símbolo de muchas cosas buenas. Luz que brilla al amanecer, después de una noche de espera; luz que permite vivir y trabajar en casa mientras afuera reina la noche; luz encendida en las calles, alegría para los ojos, y que llega a todos, a pobres y a ricos; luz que triunfa sobre las fuerzas oscuras del mal y de la ignorancia. Cristo es todo eso y mucho más para el que lo sigue. Por esta luz vivimos en plenitud; nos permite atribuir a las cosas y los quehaceres humanos el lugar y la importancia que les corresponden. Mediante esa luz logramos también triunfar sobre todo lo oscuro que cada uno lleva en sí mismo. Solamente somos conscientes de una pequeña parte de nuestro interior y, a cada momento, nuestros actos obedecen a impulsos que no controlamos y que provienen de nuestro temperamento y de nuestra naturaleza. Nos animan buenas intenciones y tenemos el corazón limpio (por lo menos así lo creemos), y no vemos que en realidad obedecemos a los llamados de «la carne y la sangre», como expresa la Biblia. Pero si vivimos en la luz, la luz invadirá poco a poco hasta los últimos rincones de nuestro ser.

 

YO SOY

En este discurso Jesús se hace el testigo de su propia divinidad. Da a entender que en él hay un secreto, algo misterioso en cuanto a su origen. En esta página leemos siete veces la expresión Yo soy; con esto Juan nos da a entender que es la palabra clave del discurso.Yo Soy: Así se designó Dios a sí mismo hablando a Moisés. Yo soy es el nombre que sólo a Dios le conviene; y sabemos que los judíos llamaban a Dios Yavé, o sea, El que es, El que hace existir. Pero Jesús declara: «Yo soy», y reivindica para sí el Nombre que no se debía comunicar a criatura alguna. De este modo se coartan los argumentos de aquellos «cristianos», Arrianos en siglos pasados, o Testigos de Jehová en el tiempo presente, que quieren rebajar a Cristo. Sabiendo que Dios es uno solo, no quieren pensar que en él haya vida compartida en tres personas. Y aunque siguen llamando a Cristo «Hijo de Dios», niegan que sea Dios nacido de Dios. Jesús, sin embargo, Es como el Padre y no se confunde con él, pues dice: El Padre me envió, y también: El testimonio de dos personas es digno de fe. 

 

 

[24] Morirán en su pecado. El pecado no está solamente en hacer algo malo; también es pecado cuando nos encerramos en nuestros pequeños problemas, nuestros criterios de sabiduría humana, sin abrirnos a los horizontes de Dios.Aquí se dividen los hombres entre los de arriba, que sienten las cosas de Dios, y los de abajo. El pecado es negarse a nacer de arriba, como Jesús decía a Nicodemo (3,3). Esos judíos no creían en Jesús, porque su modo de vivir y su mensaje revelaban un más allá de este mundo que no los atraía. Jesús habría perdido el tiempo discutiendo con ellos. La sabiduría de Dios se manifestará mejor que con palabras cuando él muera en la cruz (28).

 

 

LA VERDAD - LA LIBERTAD - EL PECADO

[31] Jesús decía a los judíos que creían en él. Esos judíos creían en Jesús a su manera y se parecían mucho a los que Pablo combate en Gál 3-4. Estas discusiones con los que ostentaban de estar en la verdadera religión, nos dan a entender cuál sería el enfrentamiento de Jesús con muchos que se precian de «católicos», si hoy pasara entre nosotros.Jesús no nos reprocharía tanto por nuestros pecados como por seguir viviendo en el pecado. Pues los pecados son actos malos que a veces tienen disculpas, y a menudo nos arrepentimos apenas los hemos cometido. Estar en el pecado, en cambio, es vivir en la falsedad, es guardar porfiadamente un orgullo, un apego a nuestros criterios y a nuestros derechos. Esta actitud no nos permite entrar en los caminos de Dios, aun cuando llevemos una vida exteriormente correcta y proclamemos nuestra fe.Jesús no es la bandera de un grupo social llamado católico o de cualquier otro nombre, con la cual iríamos a pelear con otros grupos. Ha venido como rey en el reino de la verdad. Suyos son quienes buscan la verdad, sean cuales fueren sus ideas. Y más aún son suyos quienes viven en la verdad.Para los judíos, el mundo se dividía en dos bandos: los hijos de Abraham, es decir, ellos, y los demás. Se gloriaban de su antepasado y olvidaban que a los ojos de Dios, cada uno vale por lo que es. Jesús se presenta a ellos como el testigo de la verdad, el que por su sola presencia obliga a todos a que se examinen a sí mismos.La verdad de la que Jesús habla, no designa una doctrina que deba ser impuesta a la fuerza por sus partidarios. No necesita propagandistas pertrechados con argumentos y con citas bíblicas, sino testigos que hablen de su experiencia. Jesús dice: la verdad los hará libres, y el Hijo los hará libres (v. 32 y 36). Porque muestra verdad consiste en vivir conforme a nuestra vocación de hijos de Dios.El creyente que sabe que es amado por Dios y a consecuencia de esto se esfuerza por ser auténtico, ya está en la verdad, aun cuando continúe siendo víctima de muchos prejuicios de su ambiente o siga manteniendo inconscientemente en su vida varias mentiras e ilusiones.Jesús habla también de libertad; la verdad y la libertad van juntas. Hombres y pueblos no escatiman sus esfuerzos para romper sus cadenas. Pero los que acaban por liberarse no demoran en caer en otras formas de sujeción, porque tenemos dentro la raíz de toda esclavitud. Al hacer el mal, uno se hace cómplice del Diablo y sin quererlo cae en sus redes. Ya no podrá rechazar los espejismos y las influencias maléficas con las que el Padre de la Mentira tiene sometido el mundo a su poder (44).Mientras nos agitamos despreocupados por nuestra realidad, no somos más que esclavos, aun cuando luzcamos dinero, conocimientos y rango; constituimos el mundo de abajo, que es inestable. Se suceden generaciones de esclavos, que pasan como las olas del mar; los esclavos son gente que no se quedan en la casa para siempre (34). En cambio, Cristo nos hace entrar desde ahora en otro mundo, el mundo de arriba, en el que todo permanece (35). Desde el día en que somos hijos, todo lo que hacemos da frutos para la eternidad. 

 

 

[56] Abrahán se alegró pensando ver mi día. Lo vio. Ciertamente Abrahán no vio a Jesús hombre, que nacería siglos después, sino solamente el nacimiento de su hijo Isaac. Pero ya tenía con este niño un signo de las promesas de Dios; ya lo estaba visitando la Sabiduría o Palabra de Dios, a la cual le gusta convivir con los hombres (Pro 8,31). No había nacido todavía el hombre Jesús, pero ya estaba la Palabra eterna que algún día «se haría carne».La palabra «yo soy» aparece por séptima vez en est discurso, y esta vez debemos tomarla en el sentido estricto, el que sólo conviene a Dios tal como fue revelado a Moisés. 

 

 

 

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Jn. 9, 1 - 41

             JESÚS SANA A UN CIEGO DE NACIMIENTO   [1] Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. [2] Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?» [3] Jesús respondió: «Esta cosa no es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima. [4] Mientras es de día tenemos que hacer la obra del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar. [5] Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» [6] Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego [7] y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado).» El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente. [8] Sus vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» [9] Unos decían: «Es él. » Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece». [10] Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes ver?» [11] Contestó: «Ese hombre al que llaman Jesús hizo barro, me lo aplicó a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la piscina de Siloé. Fui, me lavé y veo.» [12] Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No lo sé.» [13] La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego. [14] Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego, era día de descanso. [15] Y como nuevamente los fariseos preguntaban al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.» [16] Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios.» Pero otros decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban divididos. [17] Entonces hablaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta.» [18] Los judíos no quisieron creer que siendo ciego había recobrado la vista, hasta que no llamaran a sus padres. [19] Y les preguntaron: «¿Es éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?» [20] Los padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego. [21] Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos, y quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y puede responder de sí mismo.» [22] Los padres contestaron así por miedo a los judíos, pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que reconocieran a Jesús como el Mesías. [23] Por eso dijeron: «Es mayor de edad, pregúntenle a él.» [24] De nuevo los fariseos volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador.» [25] El respondió: «Yo no sé si es un pecador, lo que sé es que yo era ciego y ahora veo.» [26] Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» [27] El les dijo: «Ya se lo he dicho y no me han escuchado. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» [28] Entonces comenzaron a insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés. [29] Sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de dónde es.» [30] El hombre contestó: «Esto es lo extraño: él me ha abierto los ojos y ustedes no entienden de dónde viene. [31] Es sabido que Dios no escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo escucha. [32] Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. [33] Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» [34] Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. [35] Jesús se enteró de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del Hombre?» [36] Le contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» [37] Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo.» [38] El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él. [39] Jesús añadió: «He venido a este mundo para llevar a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que ven, se volverán ciegos.» [40] Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?»  [41] Jesús les contestó: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: "Vemos", y esa es la prueba de su pecado.»      

 

 

[1] Jesús es la luz: el ciego va a recibir la luz. Jesús es la luz (Lc 2,32), pero los hombres se dividen respecto a él: unos se abren a la luz, o sea a la fe; otros se alejan cegados, pues prefieren quedarse con sus luces antes que creer en ese enviado de Dios.Se notará: el ciego que entiende inmediatamente el significado de su curación; los padres temerosos y oportunistas; los fariseos que no saben más que juzgar y no se dan cuenta de que se condenan a sí mismos.Pero también notemos esta presentación del creyente como el que capta la luz verdadera (en especial v. 4 y 39-41).Maestro, ¿quién ha pecado...? Jesús se niega a ver en toda desgracia un castigo de Dios: Lc 13,2.La curación del ciego se hizo en día sábado: ¿estará Dios de parte de la ley divina que prohibe actuar, o de parte del que obró tan buena obra? Los fariseos defienden la Ley, y no es para asombrarse, puesto que ellos se sienten más comprometidos con la palabra escrita y se quedan más alejados de la miseria humana.Ustedes no entienden de dónde viene el hombre que me abrió los ojos. Pero, ¿quiénes viven en un mundo abierto a Dios? Con toda lógica, los fariseos expulsan al ciego, porque la fe en Jesús separa irremediablemente al creyente de aquellos que no reconocen la manera de actuar de Dios.Muchos piensan que la fe es una ilusión y que es como un velo que se le pone encima a la realidad, pues para ellos, sólo son reales las cosas que se pueden ver, contar y medir. Pero la realidad es otra; el que cree ve lo mismo que ven los demás, pero capta además algo que a ellos se les escapa, porque se necesitan otros ojos para ver más allá.La fe cristiana no se confunde con la creencia de que hay un Dios por encima de nosotros. La fe es una capacidad de descubrir lo verdadero a la luz de Cristo, ya sea en los fines o en los medios. Y por esto mismo no debemos pensar que creer en Cristo o no creer es cosa de poca importancia en las luchas de la vida. Y aunque unos y otros tomen las mismas opciones, no se juntarán en lo que más importa.Con la venida de Cristo ha empezado un juicio (39), y la palabra que usa el evangelio significa también: «crisis». Los pueblos se dividirán en cuanto se vean obligados a definirse respecto a él. Jesús juzga a los hombres, o más bien somos nosotros los que nos juzgamos a nosotros mismos, cuando lo recibimos o lo despreciamos. 

 

 

[41] Esa es la prueba de su pecado. Aquí, como en 3,36 y 15,22, Jesús se refiere a una frase de Núm. 15,30-31, que condena el pecado voluntario. 

 

 

 

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Jn. 10, 1 - 42

             YO SOY EL BUEN PASTOR   [1] «En verdad les digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por algún otro lado, ése es un ladrón y un salteador. [2] El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. [3] El cuidador le abre y las ovejas escuchan su voz; llama por su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera. [4] Cuando ha sacado todas sus ovejas, empieza a caminar delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. [5] A otro no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no conocen la voz de los extraños.» [6] Jesús usó esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. [7] Jesús, pues, tomó de nuevo la palabra: En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas. [8] Todos los que han venido eran ladrones y malhechores, y las ovejas no les hicieron caso. [9] Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento. [10] El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud. [11] Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. [12] No así el asalariado, que no es el pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa. [13] A él sólo le interesa su salario y no le importan nada las ovejas. [14] Yo soy el Buen Pastor y conozco los míos como los mios me conocen a mí, [15] lo mismo que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas.  [16] Tengo otras ovejas que no son de este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor. [17] El Padre me ama porque yo doy mi vida para retomarla de nuevo. [18] Nadie me la quita, sino que yo mismo la entrego. En mis manos está el entregarla y el recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre.» [19] Nuevamente se dividieron los judíos a causa de estas palabras. [20] Algunos decían: «Es víctima de un espíritu malo y habla locuras; ¿para qué escucharlo?» [21] Pero otros decían: «Un endemoniado no habla de esta manera. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?»  JESÚS SE DECLARA HIJO DE DIOS  [22] Era invierno y en Jerusalén se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo. [23] Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón, [24] cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente.» [25] Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo, [26] pero ustedes no creen porque no son ovejas mías. [27] Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, [28] y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano. [29] Aquello que el Padre me ha dado es más fuerte que todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi Padre. [30] Yo y el Padre somos una sola cosa.» [31] Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. [32] Jesús les dijo: «He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?» [33] Los judíos respondieron: «No te apedreamos por algo hermoso que hayas hecho, sino por insultar a Dios; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.» [34] Jesús les contestó: «¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo he dicho que son dioses? [35] No se puede cambiar la Escritura, y en ese lugar llama dioses a los que recibieron esta palabra de Dios. [36] Y yo, que fui consagrado y enviado al mundo por el Padre, ¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios? [37] Si yo no hago las obras del Padre, no me crean.  [38] Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre.» [39] Otra vez quisieron llevarlo preso, pero Jesús se les escapó de las manos. [40] Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y se quedó allí. [41] Mucha gente acudió a él, y decían: «Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era verdad.» [42] Y muchos creyeron en él en ese lugar.

 

 

 

 

PATRIA SIN FRONTERAS

[1] Gracias a la comparación de Jesús, podemos imaginarnos uno de esos corrales en que se juntan los rebaños de varios pastores bajo la vigilancia de un cuidador para pasar la noche. Al amanecer, cada pastor llama a sus ovejas y parte al frente de ellas.La Biblia anunciaba el día que Dios, el Pastor, vendría a reunir las ovejas dispersas de su pueblo, para que vivieran seguras en su tierra. Jesús es el Pastor, y ha venido para cumplir lo anunciado; pero no lo hará en la forma esperada. Los judíos pensaban que el Pastor les devolvería su antigua prosperidad y serían una nación privilegiada en medio de las demás naciones.Jesús, en cambio, dice claramente que su pueblo no se confunde con la nación judía. Suyos son los que creen, y solamente ellos. Va a sacar de entre los judíos a los que son suyos; de igual modo sacará a sus ovejas de otros corrales 

 

 

[16] es decir, de otras naciones fuera de la judía. Entonces las encabezará a todas. No pretende juntarlas en un nuevo corral, es decir en una sociedad semejante a las de este mundo, sino que guiará a este pueblo sin fronteras hacia donde él sabe. El único rebaño, o sea, la única Iglesia, camina a lo largo de la historia y no identifica su destino con el de ningún pueblo o civilización, como tampoco se encierra en sus propias instituciones.Los pastores del pueblo judío pensaban lograr la unidad favoreciendo el orgullo nacional, los privilegios de las castas más concientizadas, el rencor contra los extranjeros. Jesús, en cambio, reúne a su pueblo con la sola atracción de su persona: es suyo quien da crédito a su palabra y reconoce su voz.Los hombres suelen agruparse en torno a grandes figuras, sean líderes o santos. Pero la presencia de un pastor se hace más necesaria todavía cuando un pueblo no tiene fronteras, ni armas, ni idioma, ni leyes que lo defiendan contra los ataques del exterior y las disensiones internas. La fe en Jesús es la que nos une, más que la fidelidad a las tradiciones del pasado, o la solidaridad entre correligionarios.El pueblo de Cristo no es una masa; no es la Humanidad con mayúscula. Está compuesto de personas que valen cada una por sí misma y que han empezado con él una aventura hecha de confianza y de amor mutuo: Yo las conozco y ellas escucharán mi voz (v. 14 y 16).Al hablar de pastor, la Biblia designaba, a veces a Dios mismo, único Rey de Israel; a veces pensaba en el rey-Mesías enviado por Dios. Ahora bien, Jesús no habla sino de un solo pastor. Pues, siendo otro distinto al Padre, no hace sino uno solo con él.Varios textos del Antiguo Testamento llaman hijos de Dios a los ángeles, y Jesús recuerda que también los dirigentes son llamados dioses en unos pocos lugares, en el sentido de personeros divinos. Por esta misma razón Jesús no se proclamaba Hijo de Dios, para evitar las confusiones. Pero se define con mucha más fuerza diciendo: el Padre está en mí, y yo en el Padre 

 

 

[38] Pero al mismo tiempo que recalca su poder divino (vers. 15,18,27,38), mantiene su total dependencia del Padre: en esto reconocemos a Dios-Hijo. 

 

 

 

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Jn. 11, 1 - 57

             LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO   [1] Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. [2] Esta María era la misma que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el enfermo. [3] Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas está enfermo.» [4] Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella.» [5] Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. [6] Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba. [7] Sólo después dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.» [8] Le replicaron: «Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y tú quieres volver allá?» [9] Jesús les contestó: «No hay jornada mientras no se han cumplido las doce horas. El que camina de día no tropezará, porque ve la luz de este mundo; [10] pero el que camina de noche tropezará; ése es un hombre que no tiene en sí mismo la luz.» [11] Después les dijo: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido y voy a despertarlo.» [12] Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, recuperará la salud.» [13] En realidad Jesús quería decirles que Lázaro estaba muerto, pero los discípulos entendieron que se trataba del sueño natural. [14] Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto, [15] pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo.» [16] Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.» [17] Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. [18] Betania está a unos tres kilómetros de Jerusalén, [19] y muchos judíos habían ido a la casa de Marta y de María para consolarlas por la muerte de su hermano. [20] Apenas Marta supo que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa. [21] Marta dijo a Jesús: «Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. [22] Pero aun así, yo sé que puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te lo concederá.» [23] Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» [24] Marta respondió: «Ya sé que será resucitado en la resurrección de los muertos, en el último día.» [25] Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá. [26] El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» [27] Ella contestó: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» [28] Después Marta fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está aquí y te llama.» [29] Apenas lo oyó, María se levantó rápidamente y fue a donde él. [30] Jesús no había entrado aún en el pueblo, sino que seguía en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado. [31] Los judíos que estaban con María en la casa consolándola, al ver que se levantaba a prisa y salía, pensaron que iba a llorar al sepulcro y la siguieron. [32] Al llegar María a donde estaba Jesús, en cuanto lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» [33] Al ver Jesús el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. [34] Y preguntó: «¿Dónde lo han puesto?» Le contestaron: «Señor, ven a ver.» [35] Y Jesús lloró. [36] Los judíos decían: «¡Miren cómo lo amaba!» [37] Pero algunos dijeron: «Si pudo abrir los ojos al ciego, ¿no podía haber hecho algo para que éste no muriera?» [38] Jesús, conmovido de nuevo en su interior, se acercó al sepulcro. Era una cueva cerrada con una piedra. [39] Jesús ordenó: «Quiten la piedra.» Marta, hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya tiene mal olor, pues lleva cuatro días.» [40] Jesús le respondió: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»  [41] Y quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. [42] Yo sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has enviado.» [43] Al decir esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!»  [44] Y salió el muerto. Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un velo. Jesús les dijo: «Desátenlo y déjenlo caminar.»  LOS JEFES JUDÍOS DECIDEN LA MUERTE DE JESÚS   [45] Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. [46] Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. [47] Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. [48] Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él, y luego intervendrán los romanos que destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» [49] Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada. [50] No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.» [51] Estas palabras de Caifás no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación; [52] y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos. [53] Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo. [54] Jesús ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus discípulos en una ciudad llamada Efraín. [55] Se acercaba la Pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua. [56] Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?» [57] Pues los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes, y si alguien sabía dónde se encontraba Jesús, debía notificarlo para que fuera arrestado.      

 

 

[1] Este es el séptimo y último milagro de Jesús en el evangelio de Juan. Con toda intención, las primeras palabras son para presentar al hombre enfermo: Lázaro personifica al hombre, herido por el pecado, que camina a la muerte, a no ser que Cristo lo llame a la vida.¡Lázaro vuelve a la vida! No nos quedemos maravillados porque Lázaro tuvo la suerte de vivir algunos años más y la mala suerte de tener que morir otra vez. Este milagro es solamente el anuncio de la verdadera resurrección, que no consiste en una prolongación de la vida, sino en la transformación de nuestra persona. La resurrección es ante todo espiritual, a pesar de que afecta a toda nuestra persona. Empieza desde el primer momento en que la fe nos hace salir de nuestra mezquina manera de vivir, para abrirnos a la vida de Dios.Los judíos creían en la resurrección de los muertos en el último día, como lo expresa Marta (24); pero pensaban en una fuerza divina que vendría a sacudir el universo y abrir las tumbas para hacer salir a los muertos. En realidad, la resurrección de los muertos procede del Hijo de Dios, que tiene en sí todas las energías necesarias para resucitar a las personas y transfigurar la creación. El que se ha entregado a Cristo ya ha pasado de la muerte a la vida (5,24) y, por eso, nunca morirá (11,26).Siete veces en este relato se llama Señor a Jesús. Aunque en realidad todos los personajes de este relato llamaban a Jesús, Maestro, Juan pone de propósito en sus labios la palabra Señor, para enseñarnos que este milagro de Lázaro devuelto a la vida anuncia la gloriosa resurrección de Jesús, el Señor.Los judíos querían matar a Jesús, pero les era difícil tomarlo preso legalmente. Solamente podrían hacerlo donde sus comunidades religiosas y su organización política fueran más fuertes, es decir, en la provincia de Jerusalén. Jesús, quedándose al otro lado del Jordán, estaba al seguro. La resurrección de Lázaro fue la ocasión para que se precipitara la muerte y la glorificación de Jesús.Las doce horas... (9). Jesús cumplirá las doce horas de la jornada, o sea, de la misión que su Padre le encargó, sin fijarse en los riesgos. Los que, como él, caminan de día, o sea, de acuerdo con el plan divino, no tropezarán; Cristo será para ellos la luz que alumbra al mundo (Jn 9,5).Yo creo que tú eres el Cristo (27). ¡Qué profesión de fe tan extraordinaria la de Marta! Es la misma de Pedro (Mt 16,16). Y será María la que, dentro de poco, enseñará la resurrección a los mismos apóstoles. Realmente el Evangelio no es machista, ni tampoco pone en un trono a la jerarquía.Te doy gracias, Padre 

 

 

[41] Esta acción de gracias es la única que leemos en Juan, fuera de la larga oración del capítulo 17 que, por cierto, se presenta como una petición, pero, sin decirlo, está llena de alabanzas al Padre. Leemos otra en Lc 10,21 (Mt 11,25). Todo esto es poco, especialmente si recordamos que la acción de gracias es actitud esencial del cristiano. Pero, antes que usar palabras, Jesús expresó su acción de gracias mediante todos sus actos, pues en su existencia mortal, no hizo más que desprenderse de sí mismo y de su propia voluntad para que el Padre se sirviera de él para mayor gloria suya (Jn 12,27-28).Desátenlo... 

 

 

[44] Los judíos enterraban a sus muertos vendados con lienzos. Pero la palabra «desatar» se usaba además en la Iglesia primitiva para hablar del perdón de los pecados. Al igual que Lázaro, el que recibe el perdón vuelve a vivir y puede caminar.

 

 

LA IGLESIA CATOLICA

[45] Las palabras de Caifás se cumplieron, pero no en el sentido en que las dijo. Jesús iba a morir para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos (52). El plan de Dios contemplaba, en un primer tiempo, la dispersión de los hombres sobre toda la tierra; luego su congregación sería el efecto de la resurrección de Jesús. El mismo dijo: «Cuando haya sido levantado en alto, atraeré todo a mí». La cruz y la resurrección son la fuente de toda comunión y fraternidad.La Iglesia reúne creyentes de todas las razas y culturas, y la llamamos católica, o sea, universal. Esto, sin embargo, no es más que un comienzo y una figura de lo que se logrará al final de los tiempos, cuando toda la humanidad se reúna en Cristo.En muchos países, todavía, la opresión de las masas campesinas y urbanas impide que los hombres se agrupen y tomen conciencia de su realidad. Esta violencia no confesada se opone a la unidad. Los cristianos deben ser los primeros en darse cuenta que vivimos un tiempo excepcional en que, por primera vez, todos los pueblos participan de una misma historia y, por la razón o la fuerza, deben aceptar un destino común. Y con esta certeza les corresponde mirar, reflexionar sobre la realidad humana, y descubrir metas para el esfuerzo común. No pueden invertir todas sus fuerzas en programas de asistencia a los pobres. 

 

 

 

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Jn. 12, 1 - 50

             LA CENA DE BETANIA (MT 26,6; MC 14,1)   [1] Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. [2] Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados. [3] María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume. [4] Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: [5] «Ese perfume se podría haber vendido en trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres.» [6] En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón, y como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella. [7] Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro. [8] A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.» [9] Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. [10] Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro, [11] pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.  EL MESÍAS ENTRA EN JERUSALÉN (MT 21,5; MC 11,1)  [12] Al día siguiente, muchos de los que habían llegado para la fiesta se enteraron de que Jesús también venía a Jerusalén. [13] Entonces tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Rey de Israel!» [14] Jesús encontró un burrito y se montó en él, [15] según dice la Escritura: No temas, ciudad de Sión, mira que viene tu Rey montado en un burrito. [16] Los discípulos no se dieron cuenta de esto en aquel momento, pero cuando Jesús fue glorificado, recapacitaron que esto había sido escrito para él y que lo habían hecho para él. [17] Toda la gente que había estado junto a Jesús cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, cantaba sus alabanzas, [18] y muchos otros vineron a su encuentro a causa de la noticia de este milagro. [19] Mientras tanto los fariseos comentaban entre sí: «No hemos adelantado nada. Todo el mundo se ha ido tras él.»  SI EL GRANO NO MUERE   [20] También un cierto número de griegos, de los que adoran a Dios, habían subido a Jerusalén para la fiesta. [21] Algunos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» [22] Felipe habló con Andrés, y los dos fueron a decírselo a Jesús. [23] Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. [24] En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. [25] El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. [26] El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor.  [27] Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto! [28] Padre, ¡da gloria a tu Nombre!» Entonces se oyó una voz que venía del cielo: «Lo he glorificado y lo volveré a glorificar.» [29] Los que estaban allí y que escucharon la voz, decían que había sido un trueno; otros decían: «Le ha hablado un ángel.» [30] Entonces Jesús declaró: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes. [31] Ahora es el juicio de este mundo, ahora el que gobierna este mundo va a ser echado fuera, [32] y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí.» [33] Con estas palabras Jesús daba a entender de qué modo iba a morir. [34] La gente le replicó: «Escuchamos la Ley y sabemos que el Mesías permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que el Hijo del Hombre va a ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del Hombre?» [35] Jesús les contestó: «Todavía por un poco más de tiempo estará la luz con ustedes. Caminen mientras tienen luz, no sea que les sorprenda la oscuridad. El que camina en la oscuridad no sabe adónde va. [36] Mientras tengan la luz, crean en la luz y serán hijos de la luz.» Así habló Jesús; después se fue y ya no se dejó ver más.  INCREDULIDAD DE LOS JUDÍOS   [37] Aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él. [38] Tenía que cumplirse lo dicho por el profeta Isaías: Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién fueron revelados los caminos del Señor? [39] ¿Por qué no podían creer? Isaías lo había dicho también: [40] Cegó sus ojos y endureció su corazón para que no vieran, ni comprendieran, ni se volvieran a mí: de hacerlo, yo los habría sanado. [41] Esto lo dijo Isaías, porque vio su gloria y habló de él. [42] En realidad, de entre los mismos jefes, varios creyeron en él; pero no lo dijeron abiertamente por miedo a que los fariseos los echaran de la comunidad judía. [43] Prefirieron ser honrados por los hombres antes que por Dios. [44] Pero Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado. [45] Y el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado. [46] Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. [47] Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo. [48] El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día. [49] Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir. [50] Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre.»   

 

 

[1] Mateo y Marcos cuentan también esta cena en que María demostró a Jesús su amor apasionado. Lo amaba con todas sus fuerzas, y su amor, lejos de volverla ciega, la llevaba a sentir y a respetar la misteriosa personalidad de Cristo.No todos los apóstoles comprendieron su gesto, porque todavía tenían mucho que aprender sobre el amor a Cristo.Nosotros a menudo hablamos como Judas de dar a los pobres, a pesar de que el Señor no nos pide primeramente dar sino amar. Y amar al pobre es anunciarle el llamado que Dios le hace y ayudarle a crecer como persona, superando debilidades y divisiones; es enseñarle a cumplir la misión que Dios le confió. ¿Y cómo se puede amar a los pobres sin tener un amor apasionado por Cristo? Cuando falta esto... hablamos de dar.Seis días antes de la Pascua. Marcos y Mateo dan la impresión de que esta cena ocurrió dos días antes de la Pascua (Mt 26,2). Tal vez esto se deba a que Mateo vuelve atrás en 26,6, después de lo dicho en el párrafo anterior.Hay otros desacuerdos entre los evangelistas respecto a la fecha de la Pascua. Mientras Juan afirma que Jesús murió en vísperas de la Pascua (Jn 19,14), los otros tres dicen que la última Cena tuvo lugar el mismo día en que los judíos celebraban la Pascua. Según una tradición muy antigua que se conservó en varias iglesias de Oriente, Jesús habría celebrado la última Cena, no el jueves, sino el martes; con esto su proceso se habría prolongado por dos días, miércoles y jueves (lo que parece mucho más probable que colocar todas las sesiones del doble proceso de Jesús en la sola mañana del viernes). Y habría muerto el viernes, como lo afirman todos los textos.La explicación de estos desacuerdos surgió en estos últimos años del estudio de los famosos manuscritos de Qumrán. En aquel tiempo competían dos calendarios: en el más antiguo la Pascua se celebraba siempre el martes; el nuevo la fijaba en el 14 de Nisán (Ex 12,6) cualquiera fuera el día. Jesús se conformó al calendario tradicional, y los fariseos comieron la Pascua el viernes por la noche. 

 

 

[20] . Algunos extranjeros (los llamaban griegos a causa de su idioma), se habían convertido a la fe de los judíos. Sin tener los mismos derechos que los judíos observantes, eran aceptados en el Templo de Jerusalén, donde les estaba reservado un patio separado del de los judíos. El interés manifestado por esos griegos da a Jesús la oportunidad para anunciar que su reino se extenderá a toda la tierra, cuando haya sido levantado en la cruz.Si el grano de trigo no cae en tierra y muere. Jesús va a morir y nacerá la Iglesia universal. Jesús deja que su cuerpo sin vida sea depositado en el sepulcro; cuando se levante de la sepultura, su mismo cuerpo, ya glorificado, abarcará también a los creyentes unidos a él.Si el grano no muere: es la ley de toda vida que quiere ser fecunda (Mc 8,34). Ya los primeros creyentes decían: «La sangre de los mártires es una semilla.» 

 

 

[27] Esta página de Juan recuerda, a la vez, la transfiguración de Jesús (Mc 9,1) y su agonía en Getsemaní (Mc 14,26).Entonces se oyó una voz (28). Mientras Jesús pasa entre los gritos de la gente alborotada, algo se escucha: ¿mensaje del cielo o simple ruido? Este hecho, tan insignificante es como la presencia fugaz del mundo verdadero en el escenario ilusorio donde se agitan los hombres. Poco importa cómo esa gente comprende el mensaje de Jesús; poco importa que luego lo entreguen a sus gobernantes. Jesús mira más allá. Sabe que no puede salvar a su nación de un fracaso histórico, pero su muerte va a cambiar el rumbo del mundo; él vencerá ahí donde se juega el destino de la humanidad.Desde los comienzos de nuestra historia, el que gobierna este mundo, el Espíritu del Mal, ha oscurecido en nosotros la capacidad de reconocer a Dios. Dios había dispuesto toda la creación como una progresión hasta una madurez, llegando al parto del hombre nuevo. Pero ahora el parto se ha hecho sufrimientos, derroche y esclavitud. El único camino para salvarnos es volver a la obediencia, no «a Dios», sino al Padre, y Cristo nos ha abierto este camino con su sacrificio: he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto (27).Muy comúnmente se olvida que la meta de nuestra vida es glorificar a Dios. Esto no se logra principalmente construyendo templos o cantando: ¡Gloria a Dios!, sino aceptando ser nosotros mismos sacrificios agradables a Dios. Un obispo y un mártir de la Iglesia primitiva, san Ireneo, escribía: «Dios es glorificado cuando vive el hombre; pero, para el hombre, vivir es ver a Dios.» Nuestro sacrificio es aceptar que Dios nos dé la vida, que nos haga semejantes a él y nos prepare para reflejar su propia gloria. Esto sí que es un sacrificio, porque Dios nos hará pasar por una muerte. Dios es glorificado cuando sus hijos llegan a la gloria, es decir, a su propia perfección y a su perfecta remodelación por obra del fuego y del Espíritu Santo.

 

 

UNA DECISION IRREPARABLE

[37] Aquí viene la conclusión de la predicación de Jesús. A Juan se le hace difícil aceptar que el pueblo elegido por Dios haya permanecido ciego frente a su Mesías. Y trata de aclarar ese rechazo con dos textos de los profetas.El primero encabeza en la Biblia un largo poema dedicado al Servidor de Yavé, víctima voluntaria en favor de sus hermanos (Is 53,1). Dice lo difícil que es para los hombres aceptar un Salvador humillado.El segundo afirma que el rechazo de Cristo no tiene por qué extrañarnos. Pues tampoco se les hizo caso a los anteriores profetas mientras vivían; y en eso se cumple un plan misterioso de Dios.Juan recalca el pecado de la mayoría que no se comprometió con Cristo, aunque lo respetara interiormente. Muchos sospechaban que Jesús venía de Dios, pero otra cosa era creer lo que decía y tomarlo por lo que pretendía ser.Para nosotros también, creer en el Evangelio significa tomar un compromiso. No podemos hacer el quite a su Iglesia, a pesar de que está muy lejos de ser trasparente. Su palabra nos encuentra sumidos en muchas preocupaciones y, las más de las veces, no nos sentimos obligados a dar inmediatamente nuestra respuesta: «Yo avisaré en seguida.» No nos sentimos muy culpables por esa palabra rechazada, a pesar de que, de hecho, hemos rechazado a Dios mismo, y no se nos dará tal vez otra oportunidad.En la Biblia no hay lugar para la creencia de que tendremos vidas sucesivas y que, en la próxima, podremos arreglar lo que falló en la vida presente. Toda la eternidad se decide hoy. 

 

 

 

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Jn. 13, 1 - 38

             LA TERCERA PASCUA   [1] Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.  JESÚS LAVA LOS PIES A SUS DISCÍPULOS   [2] Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. [3] Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. [4] Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. [5] Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos; y luego se los secaba con la toalla que se había atado. [6] Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» [7] Jesús le contestó: «Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde.» [8] Pedro replicó: «Jamás me lavarás los pies.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo.» [9] Entonces Pedro le dijo: «Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» [10] Jesús le dijo: «El que se ha bañado, está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.» [11] Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos ustedes están limpios.» [12] Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? [13] Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. [14] Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. [15] Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo. [16] En verdad les digo: El servidor no es más que su patrón y el enviado no es más que el que lo envía. [17] Pues bien, ustedes ya saben estas cosas: felices si las ponen en práctica. [18] No me refiero a todos ustedes, pues conozco a los que he escogido, y tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: El que compartía mi pan se ha levantado contra mí. [19] Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. [20] En verdad les digo: El que reciba al que yo envíe, a mí me recibe, y el que me reciba a mí, recibe al que me ha enviado.» [21] Tras decir estas cosas, Jesús se conmovió en su espíritu y dijo con toda claridad: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar.» [22] Los discípulos se miraron unos a otros, pues no sabían a quién se refería. [23] Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado junto a él en la mesa, [24] y Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara de quién hablaba. [25] Se volvió hacia Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?» [26] Jesús le contestó: «Voy a mojar un pedazo de pan en el plato. Aquél al cual se lo dé, ése es.» Jesús mojó un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. [27] Apenas Judas tomó el pedazo de pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.» [28] Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué Jesús se lo decía. [29] Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta.», o bien: «da algo a los pobres.» [30] Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche. [31] Cuando Judas salió, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él. [32] Por lo tanto, Dios lo va a a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto.  [33] Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir. [34] Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. [35] En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.» [36] Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿adónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde.» [37] Pedro le dijo: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti.» [38] Jesús le respondió: «¿Dar tú la vida por mí? En verdad te digo que antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces.»            

 

 

[1] Aquí empieza la segunda mitad del Evangelio de Juan.En la primera, las señales de Cristo y sus discursos anunciaban la obra que iba a realizar en el mundo, y la gloria que le correspondería después de que fuera «levantado en alto». Ahora «ha llegado la hora de Jesús», en que va a realizar todo lo anunciado.Esta segunda mitad empieza con los discursos de despedida de Jesús después de su última Cena.Así como en los capítulos anteriores cada discurso de Jesús tomaba pie de un milagro, también los discursos de despedida, que ocupan los capítulos 14-17, tienen su punto de partida en un hecho sorprendente, que es el «lavatorio de los pies». Este gesto encierra dos enseñanzas:- Cómo debemos purificarnos antes de participar en la Cena del Señor.- Cómo se debe poner en práctica el mandato del amor.

 

 

EL RITO PENITENCIAL

[2] . Juan, al contar la última Cena, no hace alusión a la Eucaristía (Mc 14,12), pero narra y explícita el gesto de Jesús en que lavó los pies a sus apóstoles.Se puso a lavar los pies de los discípulos. Los judíos pobres andaban descalzos, y los otros con sandalias. Un gesto tradicional de buena acogida era ordenar a un sirviente que lavara los pies del caminante (ver Gén 18,4). A pesar de que dicha costumbre no existía entre los apóstoles, pues no tenían sirvientes, Jesús quiso ser aquella noche el sirviente de todos.No lo hizo para procurarles limpieza y bienestar corporal, sino como un acto sagrado destinado a purificarlos, como sucede en el bautismo. Los apóstoles estaban en gracia de Dios: la palabra de Jesús que habían acogido los había purificado (15,3). Sin embargo, les hacía falta una preparación antes de compartir el pan de vida en la mesa de su Señor. No existe religión alguna que entregue las cosas sagradas de buenas a primeras, y los mismos judíos acudían a ritos de purificación antes de participar en el banquete pascual. Jesús no fue menos exigente: él mismo limpió a sus apóstoles. No les pidió una confesión previa de sus pecados; solamente debieron aceptar humildemente que su Señor les lavara los pies.Este acto nos recuerda el sacramento del Bautismo, pero también el de la Penitencia: en él se unen lazos de humildad y de misericordia, tanto del que purifica como de los que son purificados. En adelante los apóstoles harán lo que su Señor había hecho primero, pues él los envía en su nombre para esto. No actuarán como jerarcas o jueces que conceden el perdón a culpables; serán los que darán el primer paso para purificar a quienes se acercan a la Cena del Señor.En este capítulo aparece siete veces la palabra Señor. Comprendemos, pues, que al lavar los pies, Jesús hizo un gesto destinado a enseñarnos, mejor que cualquier otro, cómo es nuestro Señor y Dios.

 

 

EL AMOR CRISTIANO

[33] . Les doy un mandamiento nuevo. Es decir, un mandamiento propio de los tiempos nuevos que empiezan. La Biblia hablaba de fidelidad interior a Dios y de amor al prójimo. Este mensaje, sin embargo, quedaba oculto por la maraña de los formulismos. Además, son muchas las maneras de amar; hasta el fanatismo religioso puede encubrirse tras el amor a Dios. Aquí, en cambio, el amor es la única ley, y los ejemplos que nos dio el Señor en su vida terrena nos señalan el camino del amor.Mientras vamos profundizando el misterio del amor divino que se nos manifiesta en Jesús, nuestro amor se va identificando con el mismo Amor eterno de Dios que, al fin, actuará libremente a través de nosotros. El amor auténtico procede de Dios y hace que todos volvamos a la unidad en Dios. El amor según Dios es el que libera al prójimo y lo incita a desarrollar plenamente los dones que el Señor le entregó. El amor que se inspira en el de Cristo respeta el misterio del otro y lo ayuda a ser lo que Dios quiso que fuera, pasando por muerte y resurrección. 

 

 

 

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Jn. 14, 1 - 31

             YO VOY AL PADRE   [1] «No se turben; crean en Dios y crean también en mí. [2] En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. [3] Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. [4] Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino.» [5] Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» [6] Jesús contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. [7] Si me conocen a mí, también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto.» [8] Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.» [9] Jesús le respondió: «Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al Padre? [10] ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras. [11] Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanme en esto, o si no, créanlo por las obras mismas. [12] En verdad les digo: El que crea en mí, hará las mismas obras que yo hago y, como ahora voy al Padre, las hará aún mayores. [13] Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo. [14] Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre. [15] Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, [16] y yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes, [17] el Espíritu de Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen, porque está con ustedes y permanecerá en ustedes. [18] No los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes. [19] Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes me verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. [20] Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre y ustedes están en mí y yo en ustedes. [21] El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama a mí será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.» [22] Judas, no el Iscariote, le preguntó: «Señor, ¿por qué hablas de mostrarte a nosotros y no al mundo?» [23] Jesús le respondió: «Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos a él para poner nuestra morada en él. [24] El que no me ama no guarda mis palabras; pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre que me ha enviado. [25] Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes. [26] En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho. [27] Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo. [28] Saben que les dije: Me voy, pero volveré a ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, pues el Padre es más grande que yo. [29] Les he dicho estas cosas ahora, antes de que sucedan, para que cuando sucedan, ustedes crean. [30] Ya no hablaré mucho más con ustedes, pues se está acercando el que gobierna este mundo. En mí no encontrará nada suyo, [31] pero con esto sabrá el mundo que yo amo al Padre y que hago lo que el Padre me ha encomendado hacer. Ahora levántense y vayámonos de aquí.           

 

 

 

 

LA VIDA ESPIRITUAL

[1] A continuación del lavado de los pies, Juan pone tres discursos de despedida de Jesús a sus apóstoles. Estos, que convivieron con él durante varios meses, deben dar ahora un paso para descubrir otra manera de convivir con Jesús resucitado y presente, pero invisible. Yo estaba con ustedes, dice Jesús, y, en adelante, yo estaré en ustedes. El primero de estos discursos ocupa el capítulo 14.Al subir Jesús donde el Padre, no realiza una hazaña individual, sino que nos abre el camino a nuestra Casa, la cual no se sitúa muy arriba de nosotros, sino en Dios. Hay muchas mansiones, es decir, que hay lugar también para nosotros. La mansión propia no significa la soledad del propietario encerrado en lo suyo, sino que en cada una de ellas Dios se da totalmente: vendremos a él (23). Todo lo tendremos en Dios, y su irradiación sacará a cada uno de nosotros la resonancia única que sólo él puede dar. Cada uno estará en su propia mansión, estando en comunión con todos.Ahora bien, sabiendo cuál es el término, debemos encaminarnos hacia esta comunión definitiva. Yo soy el camino, dice Jesús. Se hizo hombre precisamente para que viéramos en él al Padre. Siguió su camino, tan desconcertante para nosotros, para que, al meditar sus actos, fuéramos progresando hacia la verdad. Pues, aunque al comienzo no entendemos bien sus propósitos, con el tiempo descubrimos al Señor y comprendemos que su camino es el nuestro. Pasando por la cruz y la muerte, conquistaremos nuestra propia verdad y llegaremos a la vida.Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí y ustedes están en mí (v. 11 y 20). Cristo nos hace entrar a la familia divina. No hablemos, pues, de acercarnos a Dios, como si estuviera lejos de nosotros. Entramos «en» la vida misteriosa de las personas divinas que comparten todo y son un único Dios. Las cosas materiales y los cuerpos no se pueden compenetrar; pero no es así en el mundo espiritual: Cristo está en el Padre y el Padre en él, y ponen su morada en nosotros.Al empezar el evangelio, Juan dijo que toda la actuación de Dios en el mundo se debe comprender a la luz de la relación íntima del Padre y del Hijo. Ahora agrega que la presencia de Dios en nosotros se debe a otra persona, que es el Espíritu Santo. Ni el Padre solo, al que nadie ha visto, ni el Hijo que se ha manifestado, pueden hacerse uno con nosotros, pero sí lo pueden por el Espíritu, al que deberíamos llamar: Dios que se comunica. Por eso llamamos vida espiritual a todo lo que se refiere a nuestras relaciones con Dios.El presente capítulo expone los tres pasos de la vida espiritual:- Guardar las palabras de Jesús: meditarlas, ponerlas en práctica y dejar que echen raíces en nuestra alma.- Luego, instruidos por el Espíritu sobre lo que debemos pedir en nombre de Cristo, pedimos con toda confianza aquellas cosas que él mismo desea.- Al final, hacemos las mismas cosas que él hizo. No multiplicó las obras buenas, sino que llevó a cabo lo que el Padre le pedía, aun cuando su obediencia pareciera un sacrificio vano.

(16). Les dará otro Protector: Jesús se refiere al Espíritu Santo, y lo llama el «Paracletos». Esta palabra griega tiene varios sentidos. Aquí pusimos Protector. Protector: el Espíritu guía a los creyentes e inspira su oración para que sea escuchada.(26). Les dará otro Intérprete: Este es otro sentido de la palabra «Paracletos». El Espíritu nos hace comprender e interpretar para cada tiempo las palabras de Jesús.(22). Judas le preguntó...: Estas tres intervenciones de los apóstoles son un artificio de Juan para dar vida al discurso de Jesús. Se le hacen preguntas desatinadas que le dan la oportunidad de precisar lo que acaba de decir, un poco como pasó con la samaritana (pero de hecho, basta leer Mc 8,16 para estar seguro de que no faltaron las preguntas tontas por parte de los apóstoles).¿Por qué hablas de mostrarte a nosotros y no al mundo? Judas ha creído que Jesús los citaría para encuentros secretos. No se trata de eso; Jesús quiso decir que se mostraría a ellos, o sea, se daría a conocer mediante su Espíritu, enseñándoles y dándoles la paz.(28). El Padre es más grande que yo: Esto no contradice lo que Juan nos enseña respecto de la divinidad de Cristo a lo largo de su evangelio. Debemos leer estas palabras junto con lo dicho por Jesús en 5,18; 10,30; 16,15, para entender algo del misterio de Cristo, Dios verdadero (Rom 9,5; Ti 2,13; 1 Jn 5,20). Ya en el siglo IV, el gran obispo y defensor de la fe, san Hilario, escribía: «El Padre es más grande por ser el que da, pero si da al Hijo su propio ser Unico, el Hijo ya no es menos que el Padre.» Además, lo propio del Hijo es sacrificarse por amor al Padre, hasta que éste «le devuelva su gloria de antes» (17,5 y 6,62). Por eso los apóstoles, que lo vieron hombre entre los hombres en el tiempo de su humillación voluntaria, deben alegrarse de su partida.(26). El Espíritu que el Padre les va a enviar...: comparar con 15,26. El Espíritu Santo procede del Padre que es la fuente única, pero el Hijo no nos lo da como si sólo transmitiera algo recibido: es su propio Espíritu. 

 

 

 

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Jn. 15, 1 - 27

             YO SOY LA VID: PRODUZCAN FRUTOS EN MÍ   [1] «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. [2] Toda rama que no da fruto en mí, la corta. Y toda rama que da fruto, la limpia para que dé más fruto. [3] Ustedes ya están limpios gracias a la palabra que les he anunciado, [4] pero permanezcan en mí como yo en ustedes. Una rama no puede producir fruto por sí misma si no permanece unida a la vid; tampoco ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. [5] Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí, no pueden hacer nada. [6] El que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a las ramas, que las amontonan, se echan al fuego y se queman. [7] Mientras ustedes permanezcan en mí y mis palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. [8] Mi Padre es glorificado cuando ustedes producen abundantes frutos: entonces pasan a ser discípulos míos. [9] Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor. [10] Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. [11] Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa. [12] Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. [13] No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, [14] y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando. [15] Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. [16] Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre. [17] Amense los unos a los otros: esto es lo que les mando.  EL MUNDO ODIA A JESÚS Y A LOS SUYOS   [18] Si el mundo los odia, sepan que antes me odió a mí. [19] No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los elegí de en medio del mundo, y por eso el mundo los odia. [20] Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más que su patrón. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes. ¿Acaso acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues, acogerían la de ustedes? [21] Les harán todo esto por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. [22] Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero ahora su pecado no tiene disculpa. [23] El que me odia a mí, odia también a mi Padre. [24] Si yo no hubiera hecho en medio de ellos obras que nadie hizo jamás, no serían culpables de pecado; pero las han visto y me han odiado a mí y a mi Padre. [25] Así se cumple la palabra que se puede leer en su Ley: Me odiaron sin causa alguna.  EL ESPÍRITU VENDRÁ   [26] Cuando venga el Protector que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí. [27] Y ustedes también darán testimonio de mí, pues han estado conmigo desde el principio.  

 

 

[1 ] En este segundo discurso de despedida, Jesús nos invita a seguir firmes en medio del mundo. Se compone de cuatro partes: - La parábola de la vid: los he puesto para que produzcan frutos.- El mundo los odiará.- La obra del Espíritu Santo.- En un poco de tiempo más me volverán a ver.La presente página desarrolla la parábola de la vid. Jesús retoma una figura bíblica, pero le cambia su sentido original, como ya lo hizo hablando del buen Pastor (Jn 10,1). La viña era la figura del pueblo de Israel. Plantada de cepas escogidas, cuidada por el Señor, debía producir frutos de justicia (Mc 12,1). Pero Jesús, al venir, pone fin a esta etapa de la historia, en que el Reino de Dios se identificaba con el pueblo judío.Ahora echó sus raíces la vid verdadera. Cristo es el tronco del que salen las ramas, es decir, todos nosotros que vivimos por él. Pero también él es la planta entera, tronco y ramas juntos: los cristianos son realmente el cuerpo de Cristo.La viña era el pueblo de Israel, y lo que entonces parecía más importante era que la comunidad, en su conjunto, respondiera a Dios. Ahora Jesús no dice: La comunidad cristiana es la vid y ustedes son las ramas, sino: Yo soy la vid. Lo importante, pues, es que cada uno de nosotros esté vinculado con él por la fe, la oración y el culto de su palabra. Cada uno debe producir frutos. Como en el capítulo 10, las personas son las que cuentan.Jesús no indica cuáles serán estos frutos: servicio, comprensión, justicia social o vida consagrada a Dios en el silencio. Señala solamente que estos frutos deben brotar de su Espíritu y llevar su sello propio. El éxito de la Iglesia no se mide por sus realizaciones, sino por el progreso de las personas que en ella van interiorizando el misterio de Cristo, compartiendo su cruz y su resurrección. Después de aclarar que dependemos totalmente de él, Jesús vuelve a expresar su mandamiento: el amor. Es que hay un orden en la construcción de la vida cristiana. Si decimos de entrada: «Debemos amar al prójimo, pues ésta es la única ley», no logramos nada. Porque cada uno entiende el amor a su manera, hasta que no haya interiorizado el sentir de Cristo. El nos pide primero compartir su pensamiento: es lo que significaba la expresión: Guarden mis mandatos. Entonces pasaremos a ser sus amigos, al tenerlo como persona que nos ama y que actúa en nosotros. Y luego produciremos el fruto auténtico del amor, del que Cristo es el árbol. 

 

 

[18] . A pesar de que Jesús vuelve a su Padre para iniciar una presencia más eficaz y más universal entre los hombres, Satanás sigue actuando con su poder usurpado. Dirige contra los creyentes y contra la Iglesia el odio de los que, inconscientemente las más de las veces, son sus instrumentos. Estos son a los que el evangelio de Juan llama el mundo.Si ustedes fueran del mundo, (19) es decir: si ustedes fueran un producto del mundo, si ustedes fueran de su partido.El destino de los creyentes es ser odiados por el mundo. Muchas veces basta con que uno empiece una vida más cristiana y responsable para que le vengan oposiciones y odios de sus mismos familiares. Es un odio del que nadie podría decir el motivo; pero el demonio, que hace todo para desanimarnos, lo sabe.Hasta en la misma Iglesia no faltan quienes son del mundo y creen servir a Dios (16,2), cuando persiguen a los imitadores de Cristo. «¡Ay de ustedes cuando hablen bien de ustedes!» Jesús lo dijo tal vez pensando en esos cristianos que saben conciliarse la alabanza de los poderosos y conquistar los puestos de mando dentro de su misma Iglesia. Cuando nuestra esperanza no viene de Dios, la prueba nos desanima; pero si la esperanza es de Dios, la prueba la fortalece y nos mantenemos firmes. En la parábola de la vid, Jesús dijo: «Mi padre limpia toda rama que da frutos para que produzca más.»

[26] .EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPIRITU SANTO Jesús, al hacernos hijos de su Padre, nos descubre el misterio íntimo de Dios. En Dios hay comunión entre las tres personas: el Padre, el Hijo y su común Espíritu. Hablamos de su común Espíritu, porque Jesús dijo en igual forma: «El Padre les dará otro Protector» (14,16) y «Yo les enviaré desde el Padre al Protector» (15,26). Y ahora expresa: El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes... Todo lo que tiene el Padre es mío (16,15).El Espíritu no es una figura poética: Juan, como Pablo, nos habla de él como de un tercer Nombre, o, en nuestro lenguaje, una tercera persona en Dios, y que no hace sino uno con él. Esto ya fue comentado (Jn 7,37; Jn 14,1). Juan no da a entender su papel en los versículos 7-11 que son difíciles de traducir claramente. Esto quiere decir:A partir del día de Pentecostés, el Espíritu empezó a actuar en la Iglesia, demostrando así que era el Espíritu de Cristo. Los judíos que no habían creído en él pensaban que Dios estaba con ellos, pero su Espíritu no actuaba en igual forma entre ellos. Así quedó al descubierto que no tenían razón sino que eran pecadores (9) al no creer en Cristo.¿Qué camino de justicia? Entendamos «justicia» y «justo» en el sentido bíblico: se refieren al que sigue el camino auténtico y en el que Dios se complace. El justo es Cristo y el camino de justicia se manifiesta plenamente cuando él es resucitado y exaltado por su Padre.El libro de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda la actuación del Espíritu entre los primeros discípulos de Jesús.El Espíritu guía a los misioneros, les da fuerza y carismas; da a los convertidos el conocimiento de Dios, capacidades nuevas para obrar, sanar, servir y remecer a un mundo entorpecido; más que todo nos da de mil maneras esa certeza íntima de que Jesús ha resucitado y está en medio de nosotros.A lo largo de la historia el Espíritu hará surgir a hombres de fe, a mártires, a profetas, y por medio de ellos transformará el mundo. De esta manera hará justicia al Salvador aparentemente vencido; y se hará patente que el perdedor es Satanás, que ya ha sido sentenciado (11). El espíritu malo, gran director de orquesta de la comedia humana, es desplazado y ve limitada su influencia. En cambio, una nueva fuerza orienta la historia y nos guía hacia la verdad total. 

 

 

 

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Jn. 16, 1 - 33

              [1] Les hablo de todo esto para que no se vayan a tambalear. [2] Serán expulsados de las comunidades judías; más aún, se acerca el tiempo en que cualquiera que los mate pensará que está sirviendo a Dios. [3] Y actuarán así porque no conocen ni al Padre ni a mí. [4] Se lo advierto de antemano, para que cuando llegue la hora, recuerden que se lo había dicho. No les hablé de esto al principio porque estaba con ustedes. [5] Pero ahora me voy donde Aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. [6] Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije, [7] pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Protector no vendrá a ustedes. Yo me voy, y es para enviarselo. [8] Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. [9] ¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. [10] ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me vean. [11] ¿Qué juicio? El del gobernador de este mundo: ya ha sido condenado. [12] Aún tengo muchas cosas que decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora. [13] Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. [14] El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. [15] Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.»  LA PROMESA DE UNA NUEVA PRESENCIA  [16] «Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro poco me volverán a ver.» [17] Algunos discípulos se preguntaban: «¿Qué querrá decir con eso: "Dentro de poco ya no me verán y después de otro poco me volverán a ver"? ¿Y qué significa: "Me voy al Padre"?» [18] Y se preguntaban: «¿A qué se refiere ese "dentro de poco"? No entendemos lo que quiere decir.» [19] Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo: «Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán a ver. [20] En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo. [21] La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha nacido la criatura, se olvida de las angustias por su alegría tan grande; piensen: ¡un ser humano ha venido al mundo! [22] Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie les podrá arrebatar ese gozo. [23] Cuando llegue ese día ya no tendrán que preguntarme nada. En verdad les digo que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, se lo concederá. [24] Hasta ahora no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, así conocerán el gozo completo. [25] Hasta ahora los he instruido por medio de comparaciones. Pero está llegando la hora en que ya no los instruiré con comparaciones, sino que les hablaré claramente del Padre. [26] Ese día ustedes pedirán en mi Nombre, y no será necesario que yo los recomiende ante el Padre, [27] pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me aman a mí y creen que salí de Dios. [28] Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre.» [29] Los discípulos le dijeron: «Ahora sí que hablas con claridad, sin usar parábolas. [30] Ahora vemos que lo sabes todo y no hay por qué hacerte preguntas. Ahora creemos que saliste de Dios.» [31] Jesús les respondió: «¿Ustedes dicen que creen? [32] Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues el Padre está conmigo. [33] Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo.»

 

 

[1] Jesús está en medio de nosotros y nosotros podemos ser conscientes de su presencia aun cuando esto no haga arder nuestros sentimientos.El mismo dijo: «Ustedes me verán porque viven y también yo vivo» (14,19). Lo importante, pues, no es sentir su presencia, sino perseverar en sus caminos. Pues para que lleguemos a una fe plenamente desarrollada, es necesario que se nos quite el consuelo de su presencia durante tiempos más o menos prolongados: dentro de poco ya no me verán.Esto se verificó por primera vez para sus discípulos en el momento en que murió; luego lo vieron resucitado. Esto se verificará también al final de los tiempos, cuando descubramos a Cristo glorioso después de haberlo esperado en la fe. Esto se verifica también en la vida del creyente. Que ninguno, pues, se crea demasiado seguro en los momentos en que Cristo deja sentir su presencia, como por ejemplo, después de una conversión, en que todo nos parece fácil; no despreciemos a nuestros hermanos a los que, aparentemente, el Señor no concede los mismos favores. Dentro de poco, tal vez, el Señor nos ponga en la noche.Después que Jesús haya resucitado, una verdadera convivencia se establecerá entre él y sus discípulos: él les hablará claramente del Padre; ellos pedirán en su nombre.Les hablaré claramente... La respuesta desatinada de los apóstoles en el v. 29 subraya por contraste lo que expresó Jesús en el v. 25. No quiso decir que volvería en forma visible para enseñar, esta vez, sin parábolas. Jesús se refería más bien al conocimiento espiritual de él y de sus palabras que los discípulos recibirían del Espíritu.(26). Ustedes pedirán en mi Nombre: Entendamos Nombre en el sentido bíblico (ver com. de Mc 16,15): es la fuerza que irradiará de Cristo resucitado, es el Nombre y el poder divino que él comparte con el Padre. Teniendo un conocimiento espiritual de Jesús, los creyentes sabrán lo que han de pedirle, y él se lo dará. De igual manera sabrán lo que Dios no quiere dar, por lo cual ni lo desearán ni lo pedirán. 

 

 

 

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Jn. 17, 1 - 26

             ORACIÓN DE JESÚS POR EL NUEVO PUEBLO SANTO   [1] Dicho esto, Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: «Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti! [2] Yú le diste poder sobre todos los mortales, y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. [3] Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesus, el Cristo. [4] Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me habías encomendado. [5] Ahora, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo. [6] He manifestado tu Nombre a los hombres: hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, y tú me los diste y han guardado tu Palabra. [7] Ahora reconocen que todo aquello que me has dado viene de ti. [8] El mensaje que recibí se lo he entregado y ellos lo han recibido, y reconocen de verdad que yo he salido de ti y creen que tú me has enviado. [9] Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que son tuyos y que tú me diste [10] -pues todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo mío-; yo ya he sido glorificado a través de ellos. [11] Yo ya no estoy más en el mundo, pero ellos se quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti. Padre Santo, guárdalos en ese Nombre tuyo que a mí me diste, para que sean uno como nosotros. [12] Cuando estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre, pues tú me los habías encomendado, y ninguno de ellos se perdió, excepto el que llevaba en sí la perdición, pues en esto había de cumplirse la Escritura. [13] Pero ahora que voy a ti, y estando todavía en el mundo, digo estas cosas para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría. [14] Yo les he dado tu mensaje, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como tampoco yo soy del mundo. [15] No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. [16] Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. [17] Conságralos mediante la verdad: tu palabra es verdad. [18] Así como tú me has enviado al mundo, así yo también los envío al mundo, [19] y por ellos ofrezco el sacrificio, para que también ellos sean consagrados en la verdad. [20] No ruego sólo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra. [21] Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. [22] Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: [23] yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí. [24] Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy y que contemplen la Gloria que tú ya me das, porque me amabas antes que comenzara el mundo. [25] Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocía, y éstos a su vez han conocido que tú me has enviado. [26] Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amas esté en ellos y también yo esté en ellos.»           

 

 

 

 

UNA Y SANTA

[1] Muchos llaman Oración sacerdotal a esta oración en que Cristo, antes de morir, ofrece en sacrificio su propia vida; sacerdote y víctima a la vez (vers. 19). La palabra santificar tenía entonces dos usos: el sacerdote se santificaba, o sea, se preparaba para ser digno de ofrecer el sacrificio, y también santificaba (hacía santa) la víctima al sacrificarla. Jesús cierra el culto del Antiguo Testamento que los judíos rindieron a Dios en el Templo durante siglos (Heb 8,13; 10,9). Ese pueblo era santo, es decir que había sido escogido para ser entre las naciones el servidor de Dios al que conocía en forma especial.Jesús ruega por los suyos y por todos los que se le juntarán viniendo de todas las naciones, para que sean el nuevo pueblo santo, o sea, consagrado a Dios en la verdad (17). Pues él va a derramar sobre ellos el Espíritu de la verdad que había sido prometido a Israel, y este Espíritu los instruirá interiormente.Guárdalos en tu Nombre (11), es decir, guárdalos en la irradiación de tu propia santidad, en la que abrazas a tu Hijo. Este es el momento en que Cristo ruega por su Iglesia, a la que encarga su propia misión. El deber principal de la Iglesia será conocer a Dios. La palabra conocer es repetida siete veces, como prueba de que este conocimiento está en el centro de la oración de Jesús. Bien corto sería un cristianismo que sólo supiera decir: ¡Amor! ¡Amor! Sea cual fuere la situación de la Iglesia, su misión propia e irreemplazable será la de conservar y proclamar el verdadero conocimiento del Padre y el mandato de su Hijo.Jesús quiere también que cada uno de los suyos conozca a Dios. Esto exige interiorización de la palabra de Dios, oración perseverante, celebraciones comunitarias. Para eso tendremos la ayuda del Espíritu Santo, del que vienen los dones de conocimiento y de sabiduría (Col 1,9). Del conocimiento brotan las obras y el amor; éste es el comienzo de la vida eterna (3), en que veremos a Dios tal como es (1 Jn 2,3).Cristo pidió que su Iglesia fuera una, es decir, que fuera señal de unidad en un mundo desunido. No basta con que se predique a Cristo: es necesario que todos vean en medio de ellos la Iglesia única y unida.Iglesia católica, es decir, universal, donde ninguno se sienta extraño. Iglesia una, por un mismo espíritu y por la unión visible de sus miembros.La historia de la Iglesia parece desmentir la oración de Jesús y su voluntad de edificar su Iglesia sobre la comunidad de los Doce, haciendo de Pedro la cabeza visible del grupo apostólico y de toda la Iglesia. Y es que se requiere mucho amor y comprensión para mantener la unidad entre personas de temperamentos diversos y entre pueblos de culturas diferentes.Desde los primeros años no faltaron quienes rechazaban la fe tal como la enseñaban los apóstoles; de ahí nacieron varios grupos o sectas.Más tarde, por razones históricas, los países del mundo romano se dividieron en dos grandes bloques: uno en el oriente, en el que seguía la civilización griega; otro en el occidente (Europa occidental), en el que, después de las invasiones de los pueblos bárbaros, surgió la cultura medieval. Las relaciones entre los cristianos de estas dos partes se hicieron cada vez más difíciles. Y porque vivían la misma fe con tradiciones y usos religiosos diferentes, empezaron a considerarse como que no tenían la misma religión. Fue así como las Iglesias orientales, o sea, ortodoxas, se apartaron de la Iglesia romana.Tiempo después, el descuido de la jerarquía por atenerse en todo a la palabra de Dios, así como también la oposición impresionante entre el peso social de las instituciones de la Iglesia y los llamados proféticos del Evangelio, llevaron a los protestantes o evangélicos a rebelarse primero en nombre de una Palabra encadenada, y luego a fundar otras iglesias reformadas. Esta separación, sin embargo, tenía motivaciones muy complejas. Las crisis cultural por la que atravesaba la cristiandad obligaba a los cristianos a revisar su actitud frente a la Biblia, frente a la filosofía y la conciencia nacional. Según cual fuera la opción que uno tomaba frente a esos problemas, se unía a los protestantes o a los católicos.En estos años, se están aclarando las dificultades venidas del pasado. Católicos, ortodoxos y protestantes multiplican los esfuerzos para reunir a los creyentes. Sin embargo, al mismo tiempo, se advierten nuevas grietas en el interior de cada Iglesia. Pues frente a los problemas candentes de hoy, los cristianos no solamente se ubican en diversas opciones políticas, sino que no están de acuerdo en su manera de comprender a Cristo y de entregar su mensaje. Y la falta de espíritu misionero en las grandes Iglesias ha favorecido la multiplicación de Iglesias populares, o espontaneas, y de sectas. Por eso el ecumenismo, o sea, el esfuerzo de acercamiento y de reconciliación de las Iglesias, nos exige también que superemos las nuevas disensiones y que juntos busquemos conocer a Dios en la verdad. No hay otro camino para que se realice la unidad de los cristianos como Cristo la quiere, y por los medios que él quiere. 

 

 

 

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Jn. 18, 1 - 40

             JESÚS ES LLEVADO PRESO   [1] Cuando terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y Jesús entró en él con sus discípulos. [2] Judas, el que lo entregaba, conocía también ese lugar, pues Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. [3] Judas hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y armas. [4] Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?» [5] Contestaron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús dijo: «Yo soy.» Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos. [6] Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. [7] Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazoreo.» [8] Jesús les respondió: «Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan.» [9] Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste.» [10] Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. [11] Jesús dijo a Pedro: «Coloca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?» [12] Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron [13] y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. [14] Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo.» [15] Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, [16] mientras que Pedro se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. [17] La muchacha que atendía la puerta dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre.» Pedro le respondió: «No lo soy». [18] Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se calentaba. [19] El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: [20] «Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto. [21] ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho.» [22] Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» [23] Jesús le dijo: «Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?» [24] Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás. [25] Simón Pedro estaba calentándose al fuego en el patio, y le dijeron: «Seguramente tú también eres uno de sus discípulos.» El lo negó diciendo: «No lo soy.» [26] Entonces uno de los servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con él en el huerto?» [27] De nuevo Pedro lo negó y al instante cantó un gallo.  JESÚS ANTE PILATO   [28] Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para no quedar impuros, pues ese era un lugar pagano, y querían participar en la comida de la Pascua. [29] Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?» [30] Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no lo habríamos traído ante ti.» [31] Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley.» Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para aplicar la pena de muerte.» [32] Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir. [33] Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» [34] Jesús le contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» [35] Pilato respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» [36] Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.» [37] Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.» [38] Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?» Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. [39] Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero: ¿quieren ustedes que ponga en libertad al Rey de los Judíos?» [40] Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a Barrabás.» Barrabás era un bandido.       

 

 

 

 

CRISTO REY

[28] . Mi realeza no procede de este mundo. Conviene recordar lo dicho en Lc 8,10: con una misma palabra, en el Evangelio, se designa el reino, o sea, el país que gobierna el rey; el reinado, o sea, el gobierno del rey; la realeza, o sea, la dignidad y el poder del rey.En este encuentro de Jesús con Pilato debemos hablar, no de reino, sino más bien de realeza. Aquí, al usar el Evangelio tres veces la misma palabra, pusimos la primera vez: realeza; la segunda: si fuera rey como; y la tercera: mi reinado. En todo caso, sería un error interpretar las palabras de Jesús así: «Mi reino no es de este mundo, o sea, que no me interesan los problemas sociales y políticos de este mundo y me conformo con dar una salvación espiritual, en forma individual, a las almas creyentes.» Asimismo sería un error entender la frase: no tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo Alto, como la afirmación de que las autoridades tienen su poder directamente de Dios y no tenemos el derecho de reemplazarlas por otras menos corrompidas, o más capaces. Ver el comentario de Rom 13,1.Jesús, atado de manos, actúa como rey frente al gobernador Pilato, prisionero de su cargo y de sus propias ambiciones. Jesús no es rey como los de este mundo, porque no tiene el poder que somete a los hombres. Jesús, rey de los judíos, no ha venido a resucitar el reino y la nación independiente de los judíos, sino a introducirlos en el Reino de la verdad, patria sin fronteras y familia espiritual que Dios les había prometido desde siglos. Pues bien, la verdad no progresa con las armas, sino gracias al testimonio de quienes la han reconocido; puede ocurrir que los testigos de la verdad sean perseguidos: no son ellos los que persiguen.Mi realeza no procede de este mundo. Jesús recalca que su autoridad la debe solamente al padre que lo envió. En esto difiere de las otras autoridades que se han establecido por la fuerza o ganándose el sufragio de sus compatriotas.A Pilato lo había nombrado el emperador de Roma, y debía su carrera a varias protecciones. ¿Cómo un hombre así tendría poder sobre el Hijo de Dios y lo crucificaría por miedo al pueblo, si no fuera para cumplir un decreto de lo Alto? Pues ni siquiera un pájaro cae a tierra sin que lo permita el Padre.Dios no acepta que el destino de sus hijos sea destruido por criaturas humanas, por temibles que éstas sean. El cuida de cada uno de nosotros en forma tal que aun la injusticia que se comete en contra nuestra sirve para sus planes, para bien nuestro. Y porque nuestra suerte depende a la vez del Padre y de las autoridades humanas, debemos creer que él las guía en muchas oportunidades, aun cuando su poder sea de este mundo, es decir, de una legitimidad muy discutible. 

 

 

 

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Jn. 19, 1 - 42

              [1] Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado. [2] Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura [3] y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cara. [4] Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.» [5] Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.» [6] Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.» [7] Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.» [8] Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. [9] Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. [10] Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?» [11] Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.» [12] Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; el que se proclama rey se rebela contra el César.» [13] Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal. [14] Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.» [15] Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.» [16] Entonces Pilato les entregó a Jesús y para que fuera puesto en cruz.  JESÚS ES CRUCIFICADO  [17] Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. [18] Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús. [19] Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.» [20] Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además, estaba escrito en hebreo, latín y griego. [21] Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos".» [22] Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.» [23] Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: [24] «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.  ULTIMAS PALABRAS DE JESÚS   [25] Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. [26] Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» [27] Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.  [28] Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. [29] Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. [30] Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.  LE ABRIÓ EL COSTADO Y SALIÓ SANGRE Y AGUA    [31] Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. [32] Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. [33] Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, [34] sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua. [35] El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. [36] Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. [37] Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron. [38] Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo. [39] También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe. [40] Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos. [41] En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie todavía había sido enterrado. [42] Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.       

 

 

[1] Pilato era culpable al condenar a Jesús; pues, habiendo oprimido y explotado sin vergüenza a los judíos, temía las denuncias que se hicieran al César en contra de él. La condenación de Jesús, sin embargo, significaba para él solamente la muerte de un judío más; él no cargaba con toda la culpa, pues ese tipo de justicia era la consecuencia del sistema colonial romano. El sumo sacerdote Caifás, en cambio, había entregado a Jesús con toda lucidez, después de condenar sus palabras y sus actos, y por eso, tenía mayor pecado (11).No tenemos más rey que el César (15). Así vociferó la muchedumbre impulsada por sus jefes, aunque odiaban a los romanos y a su emperador. (en este texto el nombre de César no designa al que la historia recuerda como Julio César, muerto antes que Jesús; el «César» o sea emperador de aquel tiempo era Tiberio, como en Lc 3,1). Juan ve algo prófetico en estos gritos del pueblo, pues algunos años más tarde los judíos no tendrían más rey que el César, y serían exterminados por él, después de haber rechazado a su verdadero Rey y Salvador. Pilato pensaba salvar la vida de su preso al presentarlo desfigurado, pero al presentarles un rey humillado, ofendía al pueblo oprimido y no podían más que rebelarse.

 

 

LA MADRE DE LOS CREYENTES

[25] En el momento de la caída del hombre, junto a Adán estuvo Eva. Ahora, en el momento de la restauración, o sea, de la segunda creación, otra mujer está junto al Hijo del Hombre, el Adán verdadero (Rom 5,14). María no tiene esposo ni hijos que la puedan acoger y, para los judíos, es como una maldición para una mujer el que se quede sola. Jesús confía María a Juan, y también Juan a María. Así lo entiende Juan, que atestigua haber oído ambas frases. Nótese que escribe: Jesús dijo a la Madre, y no: a su madre. Es éste un nuevo gesto simbólico de Jesús. María será la madre de los creyentes.En efecto, en esta última actuación de Jesús, la Iglesia descubrió algo del misterio de la vida cristiana. El creyente es miembro de una familia espiritual; y como para crecer normalmente el niño necesita de un padre y de una madre, así el creyente precisa de María y del Padre celestial. Esta es una doctrina constante de la Iglesia, que no pretende con ello nivelar la criatura con el Creador.Dios tenía sus motivos cuando nos dio una madre; si es una desgracia para un hijo no haber conocido a su madre, lo mismo es para un creyente cuando su religión sólo se expresa en términos masculinos.El creyente que recibe a María en su casa, al igual que Juan, no será un fanático ni un hombre razonador en su fe. Hay una forma de humildad, de paz interior y de devoción sana y sencilla, propia de los que viven en la Iglesia católica y que han sabido abrir sus puertas a María, sin que eso implique echar fuera a Cristo. 

 

 

[28] Tengo sed. Jesús es torturado por la sed. Pero también tiene sed de que se realice en el mundo el Reino de su Padre. Tiene sed del amor desinteresado de los que tratarán de compartir sus sentimientos y ansias íntimas, y que serán capaces de seguirlo hasta el Calvario.Todo está cumplido. Jesús tomó hasta su última gota la copa de dolor y de humillación que el Padre había puesto en sus manos para que fuera el Salvador que necesitamos. Está cumplida la obra del Hijo de Dios de paso en la tierra, la cual no debía ser menos que una nueva creación del mundo. Está cumplida la existencia terrenal del Hijo de Dios hecho hombre y, de su semilla plantada en la tierra, va a surgir el hombre nuevo.Están cumplidos los tiempos de la religión judía, religión provisoria en que la Ley de Dios ocupaba el primer lugar y nunca se perdía el temor, debido a los pecados no perdonados. Está cumplida una etapa de la historia, en que la humanidad se dejaba arrastrar por sus temores, consciente de una fatalidad que era como sinónimo de su dependencia del espíritu malo.Ahora empieza una nueva etapa de la historia, los tiempos de la nueva alianza de Dios con la humanidad. El Espíritu va a ser comunicado a la Iglesia y por eso Juan dice: Jesús entregó el espíritu, palabra que también significa el don de su Espíritu.

 

 

EL SAGRADO CORAZON

[31] . Tanto en la muerte de Jesús como en su vida, hay muchos detalles que permiten comprender mejor su sacrificio, si los leemos a la luz del Antiguo Testamento.La lanzada es la ocasión de que se verifiquen al pie de la letra las palabras del profeta Zacarías referentes al Salvador: Contemplarán al que traspasaron. (Za 12-10). También Juan recuerda una prescripción de la Ley referente al cordero que los judíos sacrificaban para la Pascua: No le quebrarán ni un solo hueso (Ex 12,46). Esa se cumplió en la muerte de Jesús, el cual es la verdadera víctima que reemplaza al cordero pascual.Juan ha presentado a Jesús como el nuevo Templo de los cristianos (cap. 2), y luego como el pan verdadero (cap. 6). Jesús es también el verdadero cordero pascual cuyo sacrificio consigue la liberación del pueblo de Dios. Este tema será marcado muy fuertemente en el Apocalipsis de Juan. También está presente en los discursos y las cartas de los apóstoles.Al instante salió sangre y agua. Los judíos pensaban que sólo con la sangre de sus víctimas podían conseguir el perdón de Dios. Hablando en forma poética, Juan primero, y la Iglesia después, consideran que del costado abierto de Cristo han salido los sacramentos del bautismo y de la eucaristía: agua y sangre. De la cruz brota para nosotros el perdón y la vida nueva.El corazón abierto nos invita a descubrir el amor poderoso y secreto que inspiró toda la vida de Jesús. Los que lo rodearon y convivieron con él verán diluirse y esfumarse con el tiempo sus recuerdos y emociones, pero descubrirán, en cambio, que no hubo palabra, gesto e incluso silencio que no fuera en Jesús expresión del amor de Dios. El corazón abierto origina la devoción al Corazón de Jesús. No debemos perdernos en consideraciones y palabras que expliquen o interpreten la fe; más bien debemos contemplar su amor y dejar que nos transforme, haciéndonos semejantes a él. 

 

 

[19.38] Jesús acaba de morir entre dos ladrones, y son dos fariseos los que se preocupan por sepultarlo dignamente. José de Arimatea se presentó a Pilato: porque los discípulos no tenían medios para acercarse al gobernador romano. José y Nicodemo son discípulos en secreto, pues al ubicarse Jesús entre la gente del pueblo, a los de mejor posición social se les hacía difícil integrarse a su grupo. Aquí tenemos una muestra de las consecuencias inevitables de una evangelización preferencial de los pobres. Había un huerto. Junto a las murallas de Jerusalén estaba el terreno de las ejecuciones. Este lugar era el de una antigua cantera. En los cantos se habían cavado tumbas, mientras el fondo se rellenaba y pasaba a ser huertos. En el medio sobresalía una roca de unos seis metros de altura, llamada el golgotha, (el calvario, en latín), lo que significa «el cráneo». Allí se alzaban las cruces. 

 

 

 

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Jn. 20, 1 - 31

             EL SEÑOR HA RESUCITADO   [1] El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. [2] Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» [3] Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. [4] Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. [5] Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró. [6] Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados. [7] El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. [8] Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. [9] Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos! [10] Después los dos discípulos se volvieron a casa.  [11] María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro [12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. [13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» [14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. [15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.» [16] Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». [17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.» [18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto.»  [19] Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» [20] Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. [21] Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.» [22] Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: [23] a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.» [24] Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. [25] Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.» [26] Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes.» [27] Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.» [28] Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios.» [29] Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!»  CONCLUSIÓN DEL EVANGELIO  [30] Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. [31] Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.  

 

 

[1] Dos días después de la sepultura se comprueba que Cristo ha salido vivo del sepulcro. La resurrección tiene lugar el primer día de la semana que, en adelante, se llamara día del Señor, o sea, Domingo.En el evangelio de Lucas Jesús ayudaba a sus discípulos a resucitar su fe y su esperanza. Aquí, en cambio, vemos a creyentes que contemplan silenciosamente al Señor resucitado. Cristo se aparece a María como un desconocido y, cuando se presenta en medio de los discípulos, le es necesario mostrar sus llagas para probar que es él, el mismo que murió. Jesús está entre ellos a través de otras apariencias y, en su cuerpo espiritualizado, resplandece la victoria sobre el pecado.Pedro llegó detrás. Varios textos recuerdan que Pedro fue a la vez testigo del sepulCrón vacío y de Jesús resucitado (Lc 24,12 y 24,44; 1 Cor 15,5). Es que nuestra fe se apoya primeramente en el testimonio de los apóstoles y, en especial, del que fue cabeza de ellos.Vio los lienzos extendidos. Los lienzos designan la sábana, de unos cuatro metros de largo, tendida debajo del cuerpo, de los pies a la cabeza y, luego, por encima de él, de la cabeza a los pies; también designan las fajas que ataban las dos caras de la sábana. El sudario envolvía el rostro, pasando por debajo de la barba y sobre la cabeza.La sábana y las fajas están en su mismo lugar, pero extendidas, pues el cuerpo se ha desmaterializado, dejando en la sábana vacía la impresión extraordinaria que todavía hoy se observa en la reliquia venerada en Turín. El sudario, enrollado en la otra dirección, se ha mantenido como estaba.Estos detalles nos muestran mejor lo que fue la resurrección. No se trata de que Jesús se haya levantado con su mismo cuerpo terrenal vuelto a la vida; pareciera que éste se ha desmaterializado en el nacimiento del Hombre Nuevo. Cuando hablamos del cuerpo resucitado de Jesús, nos referimos a algo que no podemos ver ni imaginar mientras estamos en la tierra. Los que tienen sueños y visiones de Jesús solamente ven figuras de él, pero a él no lo han visto sino uno que otro de los más eminentes entre los santos, como fue el caso de Pablo. 

 

 

[11] Jesús es ahora el Resucitado y, si bien acepta mostrarse durante algunos días a sus discípulos, ellos deben desprenderse de esta presencia física de su persona con la que se sentían tan seguros.Suéltame, aún no he subido al Padre (17). Jesús, poco antes de su muerte, no había encontrado mala la actitud apasionada de María (Jn 12,1). Pero ya no conviene este gesto familiar de la mujer que quisiera adueñarse del Maestro querido. En adelante los creyentes y los amantes de Cristo lo estrecharán de un modo secreto y maravilloso a la vez, mientras se adentren en la fe y en la oración. Es entonces cuando el alma contemplativa, figurada aquí por María, tendrá a todo Cristo para sí sola: ver Cantar 3,4.Aún no he subido al Padre. Jesús nos revela la gran pasión que llenó su vida. El ha venido de Dios y ha de volver al Padre. Este es «el amor más grande del mundo». Todo el amor de Jesús por nosotros no es más que una manifestación de éste, pues el Padre es la fuente y la meta de todo amor. 

 

 

[19] Así como en la primera creación el aliento de Dios infundió la vida al hombre, así también el soplo de Jesús comunica la vida a la nueva creación espiritual. Cristo, que murió para quitar el pecado del mundo, ya resucitado, deja a los suyos el poder de perdonar.Así se realiza la esperanza del pueblo de la Biblia. Dios lo había educado de modo que sintiera la presencia universal del pecado. En el Templo se ofrecían animales en forma ininterrumpida para aplacar a Dios, pero ese río de sangre no lograba destruir el pecado, y los mismos sacerdotes debían ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de rogar a Dios por los demás (Heb 10,1). Es que «el» pecado estaba y sigue vinculado con la violencia que es tan arraigada en la naturaleza humana, que ni siquiera la religión judía la había denunciado. Las ceremonias y los ritos no limpiaban el corazón ni daban el Espíritu. Pero ahora, en la persona de Jesús, sacrificado y resucitado (Ap 5,6), ha llegado un mundo nuevo. Los que progresan en la vida espiritual sufren, antes que nada, por no estar todavía liberados del pecado, y para ellos el perdón de los pecados es el gran regalo de Dios a su Iglesia. El pecado es algo mucho más profundo que nuestras faltas diarias, en que siempre entra una gran parte de error y de debilidad. Es una negativa o un temor a perdernos en Dios, con lo que llegaríamos a la vida totalmente despojada y totalmente colmada. Al perdonar el pecado, Dios nos hace perdernos en él.Asimismo, la capacidad de perdonar es la única fuerza que permite solucionar las grandes tensiones de la humanidad. Si bien penetra difícilmente en los corazones, ella no deja de ser un secreto precioso, y la Iglesia debe considerarla como bien suyo propio. Quien no sabe perdonar no sabe amar. 

 

 

 

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Jn. 21, 1 - 25

             APÉNDICE AL LIBRO: LA MANIFESTACIÓN DE JESÚS A ORILLAS DEL LAGO   [1] Después de esto, nuevamente se apareció Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se hizo presente como sigue: [2] Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. [3] Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. [4] Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. [5] Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.» [6] Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces. [7] El discípulo de Jesús al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.» [8] Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca -de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces. [9] Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. [10] Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.» [11] Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y no se rompió la red a pesar de que hubiera tantos. [12] Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. [13] Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados. [14] Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. [15] Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.» [16] Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.» [17] Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.» [18] En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.» [19] Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme.». [20] Pedro miró atrás y vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» [21] Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: «¿Y qué va a ser de éste?» [22] Jesús le contestó: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.» [23] Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?» [24] Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad. [25] Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.     

 

 

[1] Nuevamente se manifiesta Jesús, esta vez junto al lago de Tiberíades. Este relato, que sugiere más de lo que dice, está lleno de la presencia de Cristo Resucitado, ya presente en la orilla desierta, a la luz del amanecer. Juan, el vidente, adivina a Cristo en este desconocido.Los apóstoles arrastran en sus redes 153 peces grandes; ahora bien, en ese tiempo esta cifra tenía un valor simbólico y expresaba plenitud y universalidad. Así será la acción de la Iglesia; los pastores de la Iglesia llevarán en sus redes hacia Cristo a todas las naciones de la tierra.La triple interrogación de Jesús se contrapone a la triple negación de Pedro. El también, siendo el pastor de los pastores de la Iglesia, es un pecador perdonado. Jesús le encarga toda su Iglesia, lo mismo que en Mateo 16,13. ¿Me amas? Esta es la primera condición para ser pastor en la Iglesia.A cada uno, sin duda, Jesús nos pregunta si lo amamos de una manera especial y exclusiva: ¿Me amas más que éstos? Al igual que Pedro respondemos "sí" a pesar de nuestras debilidades; entonces Jesús nos invita de nuevo a seguirlo por amor (22) y a compartir con él, de una u otra manera, la responsabilidad del pueblo de Dios. No hay mejor manera de seguir a Jesús que renunciar a nuestra vida por su misión.Jesús ordena a Pedro que apaciente a la Iglesia y, con esto, nos ordena que obedezcamos. Obedecemos libremente, no porque los pastores sean siempre capaces e infalibles, sino porque desempeñan una función de autoridad necesaria. Creemos que son históricamente los sucesores de los apóstoles y que, por esa razón, han recibido de Dios la misión de apacentar el rebaño.El evangelio de Juan anuncia al final la distinta suerte que correrán Pedro y Juan. Pedro murió mártir en Roma en el año 66 ó 67. Juan todavía vivía en el año 90. Era el último de los testigos de Cristo, y varios pensaban que no iba a morir hasta que volviera el Señor; por esto mismo Juan recuerda a sus lectores que Jesús no había hecho tal promesa.El último párrafo fue puesto como conclusión por los que rodeaban a Juan cuando murió. 

 

 

 

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