Lc 1 - Lc 2 - Lc 3 - Lc 4 - Lc 5 - Lc 6 - Lc 7 - Lc 8 - Lc 9 - Lc 10 - Lc 11 - Lc 12 - Lc 13 - Lc 14 - Lc 15 - Lc 16 - Lc 17 - Lc 18 - Lc 19 - Lc 20 - Lc 21 - Lc 22 - Lc 23 - Lc 24 -

 

 

Lc. 1, 1 - 80

              [1] Algunas personas han hecho empeño por ordenar una narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, [2] tal como nos han sido transmitidos por aquellos que fueron los primeros testigos y que después se hicieron servidores de la Palabra. [3] Después de haber investigado cuidadosamente todo desde el principio, también a mí me ha parecido bueno escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo. [4] De este modo podrás verificar la solidez de las enseñanzas que has recibido.  UN ÁNGEL ANUNCIA EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA   [5] Siendo Herodes rey de Judea, vivía allí un sacerdote llamado Zacarías. Pertenecía al grupo sacerdotal de Abías, y su esposa, llamada Isabel, era también descendiente de una familia de sacerdotes. [6] Ambos eran personas muy cumplidoras a los ojos de Dios y se esmeraban en practicar todos los mandamientos y leyes del Señor. [7] No tenían hijos, pues Isabel no podía tener familia, y los dos eran ya de edad avanzada. [8] Mientras Zacarías y los otros sacerdotes de su grupo estaban oficiando ante el Señor, [9] le tocó a él en suerte, según las costumbres de los sacerdotes, entrar en el Santuario del Señor para ofrecer el incienso. [10] Cuando llegó la hora del incienso, toda la gente estaba orando afuera, en los patios. [11] En esto se le apareció un ángel del Señor, de pie, al lado derecho del altar del incienso. [12] Zacarías se turbó al verlo y el temor se apoderó de él. [13] Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada. Tu esposa Isabel te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan. [14] Será para ti un gozo muy grande, y muchos más se alegrarán con su nacimiento, [15] porque este hijo tuyo será un gran servidor del Señor. No beberá vino ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre. [16] Por medio de él muchos hijos de Israel volverán al Señor, su Dios. [17] El mismo abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder del profeta Elías, reconciliará a padres e hijos y llevará a los rebeldes a la sabiduría de los buenos. De este modo preparará al Señor un pueblo bien dispuesto.» [18] Zacarías dijo al ángel: «¿Quién me lo puede asegurar? Yo ya soy viejo y mi esposa también.» [19] El ángel contestó: «Yo soy Gabriel, el que tiene entrada al consejo de Dios, y he sido enviado para hablar contigo y comunicarte esta buena noticia. [20] Mis palabras se cumplirán a su debido tiempo, pero tú, por no haber creído, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto ocurra.» [21] El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaban de que se demorase tanto en el Santuario. [22] Cuando finalmente salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Intentaba comunicarse por señas, pues permanecía mudo. [23] Al terminar el tiempo de su servicio, Zacarías regresó a su casa, [24] y poco después su esposa Isabel quedó embarazada. Durante cinco meses permaneció retirada, pensando: [25] «¡Qué no ha hecho por mí el Señor! Es ahora cuando quiso liberarme de mi vergüenza.»   LA ANUNCIACIÓN (MT 1,18)   [26] Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [27] a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. [28] Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» [29] María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. [30] Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. [31] Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. [32] Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; [33] gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.» [34] María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» [35] Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. [36] También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. [37] Para Dios, nada es imposible.» [38] Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.» Después la dejó el ángel.  MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL    [39] Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. [40] Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. [41] Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo [42] y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! [43] ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? [44] Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. [45] ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!» [46] María dijo entonces:  Proclama mi alma la grandeza del Señor, [47] y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, [48] porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz. [49] El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre! [50] Muestra su misericordia siglo tras siglo a todos aquellos que viven en su presencia. [51] Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. [52] Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. [53] Colmó de bienes a los hambrientos, y despidió a los ricos con las manos vacías. [54] Socorrió a Israel, su siervo, se acordó de su misericordia, [55] como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes para siempre.  [56] María se quedó unos tres meses con Isabel, y después volvió a su casa.  PRIMEROS PASOS DE JUAN BAUTISTA  [57] Cuando le llegó a Isabel su día, dio a luz un hijo, [58] y sus vecinos y parientes se alegraron con ella al enterarse de la misericordia tan grande que el Señor le había mostrado.  [59] Al octavo día vinieron para cumplir con el niño el rito de la circuncisión, [60] y querían ponerle por nombre Zacarías, por llamarse así su padre. Pero la madre dijo: «No, se llamará Juan.» [61] Los otros dijeron: «Pero si no hay nadie en tu familia que se llame así.» [62] Preguntaron por señas al padre cómo quería que lo llamasen. [63] Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Su nombre es Juan», por lo que todos se quedaron extrañados. [64] En ese mismo instante se le soltó la lengua y comenzó a alabar a Dios. [65] Un santo temor se apoderó del vecindario, y estos acontecimientos se comentaban en toda la región montañosa de Judea. [66] La gente que lo oía quedaba pensativa y decía: «¿Qué va a ser este niño?» Porque comprendían que la mano del Señor estaba con él. [67] Su padre, Zacarías, lleno del Espíritu Santo, empezó a recitar estos versos proféticos:   [68] Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. [69] Ahora sale triunfante nuestra salvación en la casa de David, su siervo, [70] como lo había dicho desde tiempos antiguos por boca de sus santos profetas: [71] que nos salvaría de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; [72] que nos mostraría el amor que tiene a nuestros padres y cómo recuerda su santa alianza. [73] Pues juró a nuestro padre Abraham [74] que nos libraría de nuestros enemigos para que lo sirvamos sin temor, [75] justos y santos, todos los días de nuestra vida. [76] Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparle sus caminos, [77] para decir a su pueblo lo que será su salvación. Pues van a recibir el perdón de sus pecados, [78] obra de la misericordia de nuestro Dios, cuando venga de lo alto para visitarnos cual sol naciente, [79] iluminando a los que viven en tinieblas, sentados en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por un sendero de paz.  [80] A medida que el niño iba creciendo, le vino la fuerza del Espíritu. Vivió en lugares apartados hasta el día en que se manifestó a Israel.

 

 

[1] Lucas dedica su libro a Teófilo. Tal vez fuera este Teófilo un cristiano de situación acomodada, al que Lucas, siguiendo la costumbre de la época (pues no existía aún la imprenta), entrega su manuscrito para que haga copiar varios ejemplares a sus expensas, para el uso de las comunidades cristianas. También dedicará a Teófilo el libro de los Hechos de los Apóstoles.Lucas tiene preocupaciones de historiador, y afirma que verificó personalmente la exactitud y la seriedad de los relatos que utilizó para su evangelio. Pero hay algo más importante: Lucas se da cuenta de que el paso de Jesús entre los hombres cambiará la historia del mundo. 

 

 

[5] Siendo Herodes rey de Judea. Este Herodes, conocido como Herodes el Grande, era el padre del «tetrarca» Herodes, de quien se habla en 3,1 y a quien conoció Jesús. Fue el último rey de los judíos y, a su muerte, la nación perdió la autonomía.Este Evangelio da su comienzo en el Templo y termina en el Templo. Este primer libro de Lucas se desarrollará todo en un ambiente estrictamente judío. Sólo en su segundo libro se verá la extensión del Evangelio a todas las naciones. La obra de Dios comienza entre creyentes sencillos, que había muchos en Israel, y a los que los salmos llamaban los «pobres de Yahvé».Zacarías era sacerdote. En el pueblo judío había un cierto número de familias sacerdotales, llamadas descendientes de Aarón, y todos los varones de dichas familias eran sacerdotes que se sucedían de padres a hijos. Tenían el privilegio y el deber de cumplir de cuando en cuando las funciones del culto en el Templo de Jerusalén, pero el resto del tiempo trabajaban como cualquier otro ciudadano.Isabel no podía tener familia (7). Al igual que Sara, Rebeca, Raquel, ilustres antepasadas del pueblo de Israel, y Ana, madre del profeta Samuel, Isabel no puede tener familia, para que así se hicieran más evidentes la bondad y el poder de Dios para con los humildes y despreciados (1 Sam 1).Tu oración ha sido escuchada (13). Zacarías había deseado un hijo, pero ya no lo esperaba. Acababa de pedir en el Templo la salvación que Dios daría a su pueblo. Se le promete lo uno y lo otro.No beberá vino. En Israel había hombres que se consagraban a Dios de esta manera: no se cortaban el pelo ni bebían bebidas alcohólicas, y se apartaban del mundo por un tiempo (Núm 6). Eran llamados nazireos.El hijo de Zacarías deberá ser un nazireo desde el seno de su madre y hasta el fin de su vida, como había sido el caso de Sansón (Jue 13,3). El que será Juan Bautista recibe como misión predicar la penitencia, y su misma existencia será un modelo de austeridad (Mc 1,6). En esto se diferenciará de Jesús que, fuera de algunos períodos excepcionales, como el ayuno en el desierto, vivirá la existencia común de todos y no pedirá a sus discípulos ayunos especiales (Lc 7,33-34).El ángel indica a continuación cuál será la misión de Juan, hijo de Zacarías: abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder de Elías. Vemos en la Biblia que, después de desaparecer Elías, llevado al Cielo en un carro de fuego (2 R 2,11), la comunidad creyente se preguntó bastante sobre el significado de este hecho tan fuera de lo común, y llegaron a pensar que, así como Elías había actuado en un tiempo de crisis religiosa para traer a su pueblo de vuelta a la fe, así también volvería del cielo, antes de la venida de Dios salvador, para restablecer la fidelidad del pueblo.El ángel rectifica esta esperanza; no se debía pensar que Elías volvería personalmente del cielo como parecía indicarlo Mal 4,23; más bien sería Juan Bautista quien actuaría con el espíritu de Elías para conseguir la reconciliación de todos mediante la justicia y la fidelidad a la ley de Dios.Así comienza la Buena Nueva en un rincón del mundo, con una pareja de ancianos que no tenían hijos, porque nada hay imposible para Dios. 

 

 

[26] Los dos primeros capítulos de este Evangelio son un relato de la infancia de Jesús, que también lo encontramos en el evangelio de Mateo, pero el espíritu es muy diferente. Mateo utilizó sin escrúpulos historias que no había previamente verificado, y que se parecían a las «infancias» de los patriarcas de Israel que circulaban entre los judíos. Y se sirvió de ellas para indicarnos cuál sería la misión de Jesús. Lucas, en cambio, nos entrega un relato que es ante todo teológico, pero que se basa en hechos. Para eso utilizó un documento muy antiguo que conservaban las comunidades cristianas de Palestina.Encontramos pues siete cuadros en estos dos primeros capítulos:La anunciación de Juan; la anunciación de Jesús; la visitación; el nacimiento de Juan; el nacimiento de Jesús; la presentación de Jesús y Jesús en el templo.El relato de la Anunciación quiere marcar la diferencia con Juan tanto en su persona como en su misión.

 

 

LA VIRGEN MARIA

¡Qué respeto tan grande tiene Dios a los hombres! No los salva sin que ellos mismos lo quieran. El Salvador ha sido deseado y acogido por una madre. Una jovencita acepta libre y conscientemente ser la servidora del Señor y llega a ser la Madre de Dios.La virgen se llamaba María. Lucas emplea dos veces la palabra virgen. ¿Por qué no dijo una joven, o una muchacha, o una mujer? Sencillamente porque se refiere a las palabras de los profetas que afirmaban que Dios sería recibido por la virgen de Israel. Dios había soportado durante siglos que su pueblo le fuera infiel de mil maneras y había tenido que perdonarles por sus pecados. Pero el Dios Salvador, al llegar, quería ser recibido por un pueblo virgen, es decir, que fuera como nuevo y totalmente suyo. Muchos también en tiempos de Jesús, al leer la profecía de Isaías 7,14, sacaban la conclusión de que el Mesías nacería de una madre virgen. Ahora bien, el Evangelio nos dice: María es la virgen que da a luz al Mesías.Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta. Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su primera educación, tenía que crecer a la sombra del Todopoderoso, cual flor secreta que a nadie hubiese pertenecido, y que hubiera renunciado a todo menos al Dios vivo.¿Cómo puede ser eso? El ángel precisa que el niño nacerá de María, sin intervención de José. El que va a nacer de María en el tiempo es el mismo que ya existía en Dios, nacido de Dios, Hijo del Padre (ver Jn 1,1). Y su concepción en María no es otra cosa que una venida de Dios a nuestro mundo.El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Los libros sagrados hablaban de la nube o sombra que llenaba el Templo (1 R 8,10), signo de la presencia divina que cubría y amparaba a la Ciudad santa (Sir 24,4). Con esta figura, el Evangelio quiere decir que María pasa a ser la morada de Dios. El Espíritu Santo viene, no sobre el Hijo, sino primeramente sobre ella, que concebirá por obra del Espíritu, sin intervención alguna de varón. La concepción de Jesús en María es el efecto y la expresión a nivel biológico de ese acto de fe, único en la historia, por el cual ella recibió sin reservas a la Palabra única y eterna del Padre.Así es como se realiza por fin la Alianza entre Dios y los hombres. No será sólo la "obra" de Jesús, pues él mismo es ya la Alianza eterna. Un niño que nace en una familia pertenece en partes iguales a la familia de su padre y a la de su madre: él es la alianza entre dos familias hasta entonces extrañas la una de la otra. De ese modo Jesús, al nacer del Padre y de María es la Alianza entre Dios y la familia humana, y en eso se arraiga la fe de la Iglesia: "Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre".«María siempre virgen» es una afirmación constante en la tradición cristiana, que no ha hecho más que profundizar lo entregado por la Escritura. ¿Cómo podría ser que después de haber sido amada en forma tan singular y visitada por Dios para que en ella se realice su Alianza definitiva con los hombres, María haya podido volver atrás hacia un amor humano y darse a otro, bien fuera éste José, un perfecto servidor de Dios? Es cierto que el Evangelio habla de los «hermanos de Jesús», pero ya hemos explicado este punto en Mc 3,31.Pero María, antes de venir el ángel, ¿había pensado consagrar a Dios su virginidad? Esta es otra cuestión. El Evangelio no da otra precisión al respecto que la palabra de María: Yo soy virgen (el texto usa el modismo bíblico: yo no conozco varón). Recordemos que María ya estaba comprometida con José, lo que, según la Ley judía, otorgaba los mismos derechos que el matrimonio (Mt 1,20). Es posible que la pregunta de María sea sólo un procedimiento de estilo para presentar la respuesta del ángel sobre la intervención del Espíritu, pero todo se hace más trasparente en el caso de que María haya ya decidido mantenerse virgen. Una decisión así era extraña a la mentalidad judía, pero también es muy cierto que el Evangelio se caracteriza por decisiones novedosas y sorprendentes, aún para los creyentes contemporáneos.

 

LA ANUNCIACION

María fue quien hizo partícipe a la Iglesia primitiva de los secretos de la concepción de Jesús. ¿Cómo expresaría esa experiencia tan íntima, y cómo la relatarían ellos? El evangelio lo va a expresar con palabras y figuras bíblicas que sus lectores conocían my bien. Un ángel fue enviado: espíritu enviado por Dios-Espíritu, reflejo de Dios, que en la aparición solamente muestra y dice lo que Dios está realizando en el alma de María. Lucas respeta este misterio al escribir, pero nos señala un nombre, Gabriel, pues éste era un ángel de primera categoría en la tradición bíblica, que en el libro de Daniel venía para anunciar la hora de la salvación (Dn 8,16 y 9,24). Así, pues, el Evangelio nos da a entender que para María todo empezó con la certeza de estar en el lugar y a la hora en que se decidía la suerte del mundo.Alégrate. Es el llamado gozoso que los profetas dirigían a la «hija de Sión», o sea, a la comunidad de los humildes que se mantenían a la espera de la venida del Salvador (Sof 3,14; Za 9,9).Llena de gracia. La palabra que usa el Evangelio significa, en forma más precisa: la amada y favorecida. Otros habían sido también amados, elegidos, favorecidos; pero aquí viene a ser como el nombre propio de María.María quedó muy conmovida al oír estas palabras. No se habla de miedo, como en el caso de Zacarías (1,12). Pues desde el primer momento en que se había despertado el espíritu de María, era consciente de la presencia de Dios que inspiraba todas sus decisiones. Pero ciertamente le impresiona la sentencia divina que le revela su vocación sin par.Concebirás en tu seno. El Evangelio se inspira en varios textos del Antiguo Testamento; en unos se anuncia el porvenir de un niño que acaba de nacer, y en otros Dios da una misión (véase Gén 16,1; Ex 3,11; Jue 6,11). Ya hemos recordado a Isaías 7,14 anunciando al que sería el Emmanuel, es decir, el Dios-con-nosotros. María lo llamará Jesús, que quiere decir Salvador. Gobernará por siempre al pueblo de Jacob (o sea, el pueblo de Israel). Es una manera de decir que Jesús es el Salvador, descendiente de David, anunciado por los profetas: 2 Sam 7,16; Is 9,6.Será grande, sin más, y no grande ante Dios como se dice de Juan Bautista, que era sólo hombre (1,15). Hijo del Altísimo e hijo de David: estos dos calificativos designaban al Mesías o Salvador esperado (2 Sam 7,14; Sal 2,7). Debido a eso se precisó que José era de la familia de David (ver comentario de Mt 1,20).

 

LA SERVIDORA DEL SEÑOR

Yo soy la servidora del Señor (38). María no se rebaja con estas palabras, sino que expresa su disponibilidad. De ella nacerá el que es a la vez el servidor anunciado por los profetas (Is 42,1; 50,1; 52,13) y el Hijo (Heb 1).La palabra servidora podría ser mal interpretada por quienes consideran que Dios utiliza a sus servidores para sus propios fines, sin tener en cuenta que Dios realmente los ama. Para ellos Dios se rebajaría en su grandeza al dar a María una responsabilidad verdadera en la encarnación de su Hijo y al hacerla digna de su hijo.Pero eso es totalmente contrario al espíritu de la Biblia; Dios ama a los hombres y, siendo Dios, ha querido vivir la experiencia de su amistad ( Deut 4,7; Pro 8,31). Dios no necesitaba una servidora para dar a su Hijo un cuerpo humano, sino que le buscaba una madre y, para que María lo fuera de verdad, era necesario que Dios la hubiera mirado con amor antes que a cualquier otra criatura. Por eso se le dijo: Llena de gracia.Llamamos gracia al poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, para infundir en él la disposición para creer, para hacer que sintonicemos con la verdad y que el gesto de amor verdadero nazca de nosotros en forma espontánea. Llamamos gracia a eso que se desprendió del Dios vivo para germinar en nuestra tierra: Is 45,8; Sal 85,11. María es realmente la llena de gracia, y Jesús nació de ella como nace del Padre.Por eso la Iglesia entiende que María ocupa un lugar único en la obra de nuestra salvación. Es la maravilla única que Dios quiso realizar en los comienzos de una humanidad reformada a su semejanza. Al lado de Cristo, nuevo Adán (Rom 5,14 y 1 Cor 15,45), María es la verdadera madre de los hombres, que se contrapone a Eva pecadora.

 

 

LOS HUMILDES

[39] El mensaje del ángel no dejó a María aislada con sus problemas. El ángel le habló de su prima Isabel, ya anciana, y María va a compartir con ella su alegría y su secreto. María, muy jovencita (¿tendría más de doce años?), aprenderá de su prima muchas cosas que José no sabría decirle. Y así se cumplió lo dicho a Zacarías: «Tu hijo estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre.»Lo más importante en la historia, no siempre es lo más espectacular. El Evangelio prefiere señalar los acontecimientos que fueron portadores de vida.Las muchedumbres judías caminarán hacia Juan Bautista, años después, en busca de la palabra de Dios. Pero nadie se preguntará cómo recibió el Espíritu de Dios. Y nadie sabrá que María, la niña humilde, puso en movimiento los resortes del plan de Dios aquel día de la Visitación.¡Dichosa tú por haber creído! María ha pasado a ser el Templo de Dios y comunica el Espíritu de Dios, que es el Espíritu de Jesús.Referente al Canto de María. Ella, tan discreta en el Evangelio y que ni siquiera tomaría parte en el ministerio de Jesús, es la que proclama la revolución histórica ya empezada con la venida del Salvador:- misericordia de Dios que siempre cumple sus promesas,- vuelco de las condiciones humanas.Lo recordaba Martin Luter King, emancipador de los negros: «Aunque muy a menudo no se ve en la Iglesia más que un poder hostil a cualquier cambio, en realidad mantiene un ideal poderoso que empuja a los hombres hacia las más altas cumbres y les abre los ojos sobre su propio destino. De los lugares candentes de Africa hasta los barrios negros de Alabama, he visto a hombres que se levantaban y sacudían sus cadenas. Acababan de descubrir que eran hijos de Dios y que, a los hijos de Dios, se les hace imposible someterse a ningún yugo.»El cántico de María expresa y expresará siempre los sentimientos más profundos del alma que ora. Hay un tiempo para la verdad, para descubrir ante Dios nuestras responsabilidades. Hay un tiempo para implorar a Dios y servirle. Pero al final comprendemos que todo es gracia de ese Dios que busca lo que es pobre y débil para colmarlo y exaltarlo. No nos queda entonces más que darle gracias: hemos sido salvados en medio del mundo entero. 

 

 

[59] ¿Qué significaba la circuncisión? (ver Gén 17). Vivió en lugares apartados (80). Se trata del desierto de Judá, al lado del mar Muerto, donde se habían instalado algunas comunidades. Una de esas, la de Qumrán, se ha vuelto ahora muy famosa. Estos grupos, llamados esenios, esperaban la pronta venida de Dios salvador y de su Juicio; se dedicaban a la oración y a la meditación de la Biblia, y también educaban a niños. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 2, 1 - 52

             JESÚS NACE EN BELÉN    [1] Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. [2] Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. [3] Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. [4] José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; [5] allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. [6] Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, [7] y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.   [8] En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. [9] Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. [10] Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. [11] Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. [12] Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» [13] De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: [14] «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia.» [15] Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» [16] Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. [17] Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño.  [18] Todos los que escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. [19] María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. [20] Después los pastores regresaron alababando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían anunciado. [21] Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre quedara embarazada.  JESÚS ES PRESENTADO EN EL TEMPLO   [22] Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, [23] tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. [24] También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones. [25] Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. [26] Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. [27] El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, [28] Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:  [29] Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho. [30] Porque mis ojos han visto a tu salvador, [31] que has preparado y ofreces a todos los pueblos, [32] luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.  [33] Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. [34] Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, [35] mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.» [36] Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio. [37] Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones. [38] Llegó en aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. [39] Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. [40] El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios permanecía con él.  PRIMERA INICIATIVA DEL JOVEN JESÚS   [41] Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. [42] Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. [43] Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. [44] Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. [45] Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. [46] Al tercer día lo hallaron en el Templo,sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. [47] Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. [48] Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.» [49] El les contestó: «¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?» [50] Pero ellos no comprendieron esta respuesta.  [51] Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. [52] Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres.        

 

 

[1] Salió un decreto del emperador Augusto. Los judíos formaban una nación pequeña, sometida al imperio romano, que reunía a una gran diversidad de pueblos. El censo se hace siendo Quirino gobernador de Siria. Esta precisación presenta dificultades, pues parece casi seguro que no hubo ningún censo de Quirino en Siria antes del año 6 de nuestra era, y Jesús tuvo que haber nacido diez o doce años antes. Tal vez Lucas quiso decir algo que ahora no entendemos, o tal vez se equivocó; Lucas no es infalible como historiador, sino como testigo del mensaje de salvación..Debido a ese censo, José y María tuvieron que dejar la casa de Nazaret en los días en que estaba para nacer el niño. Seguramente José, descendiente de David, tenía parientes en Belén, pueblo de David y de su familia. Jesús nace tal vez en casa de uno de esos parientes.La colina calcárea, sobre la que estaba construida la aldea de Belén, estaba llena de cuevas naturales, o hechas por el hombre para extraer piedras para construir las casas en que habitaban las familias modestas. La cueva en que nació Jesús constaba de dos salas, separadas por un estrechamiento de la misma cueva. La sala del fondo servía probablemente de bodega y establo. Debido a la falta de espacio en la sala principal, José y María se instalan en el lugar destinado a los animales.Así lo había previsto el Padre: Jesús se educaría en un verdadero hogar, en una casa en que no faltaría el trabajo ni el pan; pero tanto en su nacimiento como en su muerte se parecería a los más abandonados.Dio a luz a su hijo primogénito. El término «primogénito» recordaba los privilegios del hijo mayor que, como tal, pertenecía a Dios (Ex 13,1; ver también Rom 8,29, Col 1,15). Por eso no estaba fuera de lugar, aún tratándose de un hijo único. 

 

 

[8] El ángel anuncia a los pastores gracia y paz. Se habían terminado los plazos necesarios para la educación religiosa de la humanidad, y Dios enviaba a su Hijo a la tierra para guiarnos a la verdad. ¡Miren cómo nos ama Dios; déjense contagiar por su amor! ¿Por qué seguir en el temor? ¿No han comprendido que Dios se hizo niño y que en adelante pasará siempre entre nosotros como un niño que no habla ni puede defenderse?Miren cómo lo reconocerán. Reconocerán a Dios en que se hizo pobre con nosotros para luego comunicarnos sus riquezas.Después regresaron alabando y glorificando a Dios (20). Mientras el mundo está sumergido en la noche, unos pastores han visto a Dios. ¿Por qué fueron llamados a ir al pesebre? Tal vez y sencillamente porque Dios encuentra su alegría en darse a conocer a los pobres; María y José también se sintieron felices al compartir con ellos algo de su secreto.Con el nacimiento de Jesús han empezado los tiempos nuevos (los últimos tiempos, dirán los apóstoles), en que, por una parte, se sigue esperando la salvación del mundo y, por otra, ya se está gozando de esta salvación. Los pastores fueron los modelos de quienes son llamados por Dios a una vida «contemplativa»; a partir de ellos, la Iglesia nunca se dedicará totalmente a las obras de misericordia o de promoción humana, sino que, con lo mejor de su espíritu, seguirá contemplando a Cristo presente en ella, para dar gracias y alegrarse en Dios. 

 

 

[18] María guardaba estos acontecimientos. Porque cualquier hecho de su vida era para ella una manera que Dios tenía de comunicarle sus intenciones. ¡Cuánto más ahora que vivía los acontecimientos junto con Jesús! Se extrañaba, se admiraba, pero no se desconcertaba. Su fe estaba más allá de cualquier vacilación, pero también a ella le correspondía descubrir lenta y penosamente los caminos de la salvación. Los volvía a meditar en su interior, hasta que llegaron los días de la resurrección y de Pentecostés en que se aclararon todos los gestos y dichos de Jesús. 

 

 

[22] María y José van al Templo para cumplir con el rito de la purificación. En realidad se trataba de la purificación de la madre y de la consagración a Dios del primogénito (Ex 13,1; Lev 12,8). Simeón y Ana, al igual que María y José, formaban parte del «pequeño resto de Israel», de esa minoría del pueblo de Dios que vivía su fe en la humildad y para quien Dios acostumbra siempre a hacerse visible.¿Qué significa la espada que atravesará el alma de María (35)? Seguramente esta frase quiere indicar los dolores de la madre que verá a su hijo morir en la cruz. Pero también significa todo lo que María sufrirá al no comprender siempre lo que hace su hijo. El amor, por más compartido que sea, no impide que cada uno siga siendo un misterio para el otro, y Dios mucho más todavía. Dios no se limita a observar desde el cielo nuestra fidelidad, sino que nos busca (o nos «prueba»), en el sentido de que nos pide una prueba de nuestro amor. El amor del Padre será la cruz de María como lo será también de Jesús.Cristo es, sin duda, la luz que ilumina a los hombres, pero también, en otros momentos, la que los ciega y los deja desconcertados. Es señal que divide a los hombres, pero -y esto es un misterio-, los que se ponen en contra no siempre son los malos. Pues hay malos que se ponen del lado de Cristo porque son incapaces de captar su luz y por eso no ven que esa luz los condena. Y hay buenos que no creen, porque la voluntad de Dios respecto a ellos es que busquen la luz durante toda su vida.

 

 

NAZARET.

[41] Durante los años que vivió en Nazaret, Jesús va descubriendo la vida como cualquier otro niño o joven de su edad. No recibe educación especial. No manifiesta dotes extraordinarias, fuera del juicio sin fallas que mide y aprecia todo según el criterio de Dios; los versículos 40 y 52 son muy discretos al respecto.José le transmite la fe de Israel y la comunidad de Nazaret, por muy insignificante que fuera, hace de él un judío observante, sometido a la Ley. Pero, ¿cuál fue la experiencia profunda de Jesús? ¿Cómo se fue situando el Hijo de Dios en el mundo de los hombres, a medida que lo descubría? Lucas nos cuenta al respecto solamente un hecho, que le pareció significativo, como también resultó significativo para María.Doce años era la edad a partir de la cual el adolescente debía observar las prescripciones religiosas, y entre otras, la de ir en peregrinación a Jerusalén para las fiestas. Sentados a la sombra en los patios del Templo, los maestros de la Ley enseñaban a los grupos de peregrinos y entablaban diálogo con ellos. Fue en esta ocasión que Jesús, por primera vez, desconcierta a su familia. ¿Por qué nos has hecho esto? El Evangelio hace resaltar esta incomprensión: reproche de María a Jesús y reproche de Jesús a sus padres. Luego pone de relieve la conciencia que tenía Jesús de su relación privilegiada con el Padre y de su total disponibilidad para su misión.Si el hecho de descubrir el Templo, corazón de la nación y centro de la religión de Israel, despertaba en él sentimientos totalmente nuevos, debería haber pedido permiso a sus padres o al menos prevenirlos. ¿Cómo pudo quedarse dos días sin pensar que sus padres lo buscaban muy preocupados? Pero no; pensó que ese sufrimiento era necesario y conquistó su libertad de una manera radical antes de reencontrarse con ellos.Jesús tenía que hacer experiencia de toda la vida humana, menos del pecado; conoció, a su modo, las etapas del desarrollo psicológico y las dominó. En vez de hablar del niño perdido, sería más exacto decir que el joven Jesús se descubrió a sí mismo.Sería extraño que María no hubiera pensado en decir algún día a Jesús cuál era su origen y lo que José era para él. Si nos atenemos a este relato, vemos que Jesús se adelantó a María y a José, al decirles personalmente de quién era Hijo: Debo preocuparme de los asuntos de mi Padre.María había entendido el mensaje de la Anunciación y sabía decirse a sí misma que Jesús era el Hijo de Dios. Pero jamás había pensado que ser Hijo de Dios sería justamente lo que Jesús acababa de hacer. Esa incomprensión no estaba reservada sólo a María y a José: por más que lo sepamos todo sobre la fe, muy a menudo la acción de Dios nos sorprenderá o nos escandalizará. 

 

 

[51] Lucas no dice nada más sobre la vida de Jesús en Nazaret hasta los treinta años, edad en que empezará a predicar. Fue aprendiz de José y carpintero de Nazaret después de él. José murió seguramente antes de que Jesús se manifestara, pues, de no ser así, no se entendería cómo otros parientes se hicieran cargo de María (Mc 3,31). El hijo de María fue un hombre entre los hombres, y la comunidad cristiana de Nazaret guardó durante bastante tiempo objetos que habían salido de las manos del carpintero, Hijo de Dios. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 3, 1 - 38

             JUAN BAUTISTA PREPARA EL CAMINO AL SEÑOR   [1] Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de Judea, Herodes gobernaba en Galilea, su hermano Filipo en Iturea y Traconítide, y Lisanias en Abilene; [2] Anás y Caifás eran los jefes de los sacerdotes. En este tiempo la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.  [3] Juan empezó a recorrer toda la región del río Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los pecados. [4] Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. [5] Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos. [6] Todo mortal entonces verá la salvación de Dios. [7] Juan decía a las muchedumbres que venían a él de todas partes para que las bautizara: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se acerca? [8] Produzcan los frutos de una sincera conversión, pues no es el momento de decir: "Nosotros somos hijos de Abraham". Yo les aseguro que Dios puede sacar hijos de Abraham también de estas piedras. [9] El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.» [10] La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer?» [11] El les contestaba: «El que tenga dos capas, que dé una al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo.» [12] Vinieron también cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» [13] Respondió Juan: «No cobren más de lo establecido.» [14] A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les contestó: «No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con su sueldo.»  [15] El pueblo estaba en la duda, y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Mesías,  [16] por lo que Juan hizo a todos esta declaración: «Yo les bautizo con agua, pero está para llegar uno con más poder que yo, y yo no soy digno de desatar las correas de su sandalia. El los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego. [17] Tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus graneros, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga.» [18] Con estas instrucciones y muchas otras, Juan anunciaba la Buena Nueva al pueblo. [19] Pero como reprochara al virrey Herodes que estuviera viviendo con Herodías, esposa de su hermano, y también por todo el mal que cometía, Herodes [20] no dudó en apresar a Juan, con lo que añadió otro crimen más a todos los anteriores.  JESÚS ES BAUTIZADO POR JUAN   [21] Un día fue bautizado también Jesús entre el pueblo que venía a recibir el bautismo. Y mientras estaba en oración, se abrieron los cielos: [22] el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente en forma de paloma, y del cielo vino una voz: «Tú eres mi Hijo, hoy te he dado a la vida.»   [23] Jesús ya había pasado los treinta años de edad cuando comenzó. Para todos era el hijo de José, hijo de Helí, [24] hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melquí, hijo de Janaí, hijo de José, [25] hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Eslí, hijo de Nagai, [26] hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semeí, hijo de José, hijo de Judá, [27] hijo de Joanán, hijo de Resí, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerib, [28] hijo de Melquí, hijo de Adí, hijo de Koram, hijo de Elmada, hijo de Er, [29] hijo de Jesús, hijo de Eliecer, hijo de Jarim, hijo de Matat, hijo de Leví, [30] hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, [31] hijo de Milea, hijo de Mená, hijo de Matatá, hijo de Natán, [32] hijo de David, hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salomón, hijo de Najasón, [33] hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrón, hijo de Farés, hijo de Judá, [34] hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor, [35] hijo de Seruc, hijo de Ragau, hijo de Falec, hijo de Eber, hijo de Sala, [36] hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, [37] hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Jared, hijo de Malaleel, hijo de Cainam, [38] hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, que venía de Dios.         

 

 

[1] Lucas proporciona datos que permiten situar a Jesús en la historia. Estamos en el año 27 «después de Cristo» y, en realidad, Jesús tendría entre treinta y treinta y cinco años. Los judíos habían perdido su autonomía y el país estaba dividido en cuatro pequeñas provincias. Herodes y Filipo, hijos del Herodes que se menciona cuando nació Jesús (ver Mt 2,1), gobiernan dos de esas provincias.Los que se interesan por estas anotaciones de carácter cronológico podrán leer también Jn 2,20.En los dos primeros capítulos Lucas nos mostró cómo el hijo de Dios se había insertado en la humanidad. Como lo dice Pablo en la carta a los Gálatas, "nació de una mujer, sometido a la Ley" (Gál 4,4), es decir, que quiso ser formado por una cultura, marcado por un tiempo, limitado por el contexto humano de su tiempo. Ahora vamos a ver que no comenzó su misión con un golpe brillante, con milagros prodigiosos, sino que entró con mucha sencillez en una corriente que otro, Juan Bautista, había suscitado.Este párrafo nos muestra el desmembramiento de la tierra santa, un desafío a las promesas de Dios y, en el hecho de que hubiera varios sumos sacerdotes al mismo tiempo, un menosprecio a las leyes de Dios, pues, según esas, los sumos sacerdotes se sucedían de padre a hijo y lo eran por toda la vida. En esta situación humillante aparece un elemento nuevo que sacudirá al pueblo, la predicación de Juan Bautista. 

 

 

[3] Oigan ese grito en el desierto. Estas palabras son de Isaías (40,3). Juan reanuda la tradición de los profetas después de cuatro siglos de interrupción y, al igual que muchos de ellos, va a hablar de un juicio inminente. Encarar el juicio de Dios es siempre algo terrible, por eso Juan habla de recuperar el sentido de la justicia.Juan habla de la Cólera que viene. Esta palabra significaba para los Judíos una gran prueba a escala nacional o mundial (Lc 21,23; 1 Tes 2,16) en la que los creyentes reconocerían el juicio de Dios. Entonces los malos recibirían su castigo, mientras que los que confiaron en Dios serían salvados (Is 1,24-27; Joel 3,1-5; Za 14). Juan despierta pues la espera de un Salvador. Para nosotros es fácil decir que se trataba de Jesús, y que el juicio de Dios vendría algunos años después con la guerra que destruyó a la nación judía, pero para los que escuchaban a Juan, era difícil imaginar lo que sería ese salvador.Nosotros somos hijos de Abrahán. Juan nos pone en guardia contra el fanatismo nacional o religioso, tal como lo habían hecho los profetas; no basta con tomar como bandera al Dios de Israel (o la pertenencia a la Iglesia) pues muchos de los que pretenden defender su causa no son más que raza de víboras: él pide justicia y que reparen el mal que han hecho.Aquí vemos a Juan que predica sin haber pedido nada a las autoridades religiosas, y el pueblo viene de todas partes en busca de su perdón. Los versículos 12-14 nos dicen que Juan no rechazaba a nadie: ni a las prostitutas, ni a los cobradores del impuesto romano. Pero a todos les pedía que se comprometieran en un movimiento de solidaridad.Cuando se ha instalado la corrupción o cuando se ha perdido de vista la Alianza de Dios, los que reconocen su participación en el mal que afecta a la sociedad, deben hacer gestos concretos con respecto al dinero o al deseo de gozar, gestos que serán para todos un signo y un llamado a la conversión. Tales signos deben multiplicarse actualmente en todas las comunidades cristianas y en los movimientos que tratan de purificar a nuestra sociedad. Entonces es cuando adquiere su pleno sentido la renuncia total de Juan y su vida de tremenda austeridad; no se trata de que todos lo imiten, pero sus sacrificios dan peso a su palabra. Los jefes religiosos y los fariseos que se creían modelos permanecían a distancia, incluso se burlaban (7,30 y 33), pero el pueblo iba a pedir el bautismo de Juan. 

 

 

[15] Bautizarse significa sumergirse en el agua y levantarse. Los judíos del desierto se bautizaban en ocasión de ciertas fiestas, para demostrar su deseo de alcanzar una vida más limpia cuando viniera el Salvador. Juan, a su vez, bautiza a los que quieren enderezar su vida, sellando ese compromiso con un rito visible.Aquí el Evangelio compara a Juan con Jesús, el bautismo de Juan con el bautismo cristiano. Todos escuchamos de vez en cuando frases como estas: puesto que Jesús se bautizó a los treinta años, el bautismo se debería recibir siendo ya adulto. Pero el argumento no vale, porque no se trata del mismo bautismo. 

 

 

[16] Bautizar con agua... bautizar con fuego. Esta comparación se refiere a una experiencia muy común. Con agua se lavan las manchas de la ropa, pero lo lavado difícilmente se parece a lo nuevo, y hay manchas que no salen. En cambio, con el fuego se purifica el metal oxidado y del crisol sale el metal brillante, tan nuevo como anteriormente; también el fuego es capaz de consumir las manchas con el objeto manchado.Juan bautiza con agua a los que quieren enderezar su vida. El bautismo es para ellos una manera de expresar públicamente su decisión y sus promesas. Pero éstas son falibles, como todo compromiso humano, y no bastan para extirpar del corazón la raíz misma del mal.Jesús, en cambio, manda a sus apóstoles a bautizar a los que se integran a la Iglesia. Entonces Dios comunicará su Espíritu, que transforma interiormente a las personas.Juan no bautizaba a los niños (y tampoco bautizaba a las mujeres). Pero el bautismo cristiano saca su fuerza, no del compromiso del bautizado, sino del don de Dios que nos hace sus hijos. Por eso también los niños pueden ser bautizados, para comunicarles este don de Dios.Yo no soy digno de desatar las correas de su sandalia. En aquel tiempo, el que bautizaba desataba las correas del calzado al que se iba a bautizar y luego le ayudaba a desvestirse. Juan quiere decir, con esas palabras, que no es digno de bautizar a Jesús. 

 

 

[21] Jesús no necesitaba conversión ni recibir el bautismo de Juan. Pero siendo el Salvador, quiere empezar por mezclarse con sus hermanos pecadores, que buscan el camino del perdón. Al recibir el bautismo de Juan, Jesús afirma que su camino es el bueno: buscar la justicia y reformar la propia vida.Hacía ya siglos que no se veían profetas. Parecía que Dios estaba callado, y los judíos decían que «los cielos estaban cerrados». Pero ahora Dios vuelve a hablar y Jesús toma el relevo de los profetas. Se abrieron los cielos, o sea que Jesús recibió una comunicación divina (ver Ez 1,1 y Ap 4,1).Tú eres mi Hijo (22). ¿Quién oyó aquella voz? El Evangelio no lo deja claro (Mt 3,16; Mc 1,10; Jn 1,32). El estudio de los textos lleva a la conclusión de que Jesús fue favorecido con una comunicación divina que tal vez compartió Juan Bautista. Pero, ¿qué finalidad tenía semejante manifestación? ¿Necesitaba acaso Jesús saber que era Hijo de Dios?No olvidemos que la frase Hijo de Dios puede tener varios sentidos. El rey de Israel era llamado hijo de Dios en tiempos anteriores a Jesús; y también se le llamaba hijo de Dios cuando se quería designar al rey esperado, elegido por Dios para salvar a Israel.Jesús era Hijo de Dios desde su concepción (en el sentido que damos a esta frase: Hijo Unico del Padre, Dios nacido de Dios). Y desde ese momento era consciente de ser Hijo de Dios, pero sólo en el momento de ser bautizado por Juan recibió el llamado de Dios que lo invitaba a empezar su ministerio de salvación y lo hacía hijo suyo (en el sentido antiguo de la Biblia), o sea, profeta y rey de su pueblo. Por eso leemos en el v. 3,22 una cita del salmo 2: Tú eres mi hijo, hoy te he dado a la vida, que era palabra referida al Mesías.(Nótese, sin embargo, que muchos textos antiguos ponen aquí el mismo texto de Mc 1,11).En ese momento Jesús recibe la plenitud del Espíritu que consagra a los profetas y que obra milagros. Jesús gozaba desde su concepción de esa plenitud del Espíritu que lo mantenía en una relación única con su Padre; pero ahora recibe otra comunicación del Espíritu para ser el profeta y el servidor del Padre.Jesús, pues, es ungido para proclamar el Reino de Dios y para llamar a los pobres en primer lugar (4,18). A diferencia de tantos libertadores que, según la Biblia, recibieron el Espíritu con miras a una misión determinada, Jesús es hecho salvador en toda su persona. A diferencia también de nosotros, que estamos tan preocupados por reservarnos una puerta de salida en nuestros compromisos, Jesús ya no tendrá descanso hasta que su palabra y su testimonio por la verdad lo lleven a la muerte.El Evangelio de Juan muestra que Jesús no se dio prisa para actuar en público, a pesar de esta revelación tan manifiesta. Al día siguiente, Juan Bautista le forzó la mano al enviarle algunos de sus propios discípulos (Jn 1,35), y a los ocho días fue la intervención de María en las bodas de Caná la que terminó de decidirlo (Jn 2,1). 

 

 

[23] A continuación Lucas pone una lista de los antepasados de Jesús, muy diferente de la que ofrece Mateo (Mt 1,1). Lucas no se conforma con remontarse hasta Abrahán, sino que nos da también la lista legendaria de los antepasados desde Abrahán hasta el primer hombre, como para recordar que Jesús viene a salvar a toda la humanidad. Jesús no es sólo el salvador de los cristianos, sino que su venida da sentido a toda la historia, y aclara el aporte de los sabios y de los santos que Dios ha hecho surgir en otras partes del mundo.La lista que presenta Lucas, desde José hasta Abrahán, es muy diferente de la que leemos en Mateo. Los antepasados no son los mismos, tal vez porque se hayan fijado en los padres según la sangre o en los padres adoptivos, pues la adopción era practicada frecuentemente entre los judíos. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 4, 1 - 44

             TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO   [1] Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, [2] donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre. [3] Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.» [4] Jesús le contestó: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan.» [5] Lo llevó después el diablo a un lugar más alto, le mostró en un instante todas las naciones del mundo [6] y le dijo: «Te daré poder sobre estos pueblos, y sus riquezas serán tuyas, porque me las han entregado a mí y yo las doy a quien quiero. [7] Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo.» [8] Jesús le replicó: «La Escritura dice: Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás. » [9] A continuación el diablo lo llevó a Jerusalén, y lo puso en la muralla más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, [10] pues dice la Escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te protejan; [11] y también: Ellos te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en ninguna piedra.» [12] Jesús le replicó: «También dice la Escritura: No tentarás al Señor, tu Dios.» [13] Al ver el diablo que había agotado todas las formas de tentación, se alejó de Jesús, a la espera de otra oportunidad.  EN NAZARET JESÚS PROCLAMA SU MISIÓN   [14] Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu, y su fama corrió por toda aquella región. [15] Enseñaba en las sinagogas de los judíos y todos lo alababan.  [16] Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para hacer la lectura, [17] y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: [18] El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos [19] y proclamar el año de gracia del Señor. [20] Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en él. [21] Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas.» [22] Todos lo aprobaban y se quedaban maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus labios. Y decían: «¡Pensar que es el hijo de José!» [23] Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: Médico, cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que hiciste en Cafarnaún.» [24] Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria. [25] En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y un gran hambre asoló a todo el país. [26] Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. [27] También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.» [28] Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; [29] se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. [30] Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.  CON EL PODER DEL ESPÍRITU   [31] Jesús bajó a Cafarnaún, pueblo de Galilea. Enseñaba a la gente en las reuniones de los sábados, [32] y su enseñanza hacía gran impacto sobre la gente, porque hablaba con autoridad. [33] Se hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado, y empezó a gritar: [34] «¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: Tú eres el Santo de Dios.»  [35] Jesús amenazó al demonio, ordenándole: «Cállate y sal de ese hombre.» El demonio lo arrojó al suelo, pero luego salió de él sin hacerle daño alguno. [36] La gente quedó aterrada y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto? ¿Con qué autoridad y poder manda a los demonios? ¡Y miren cómo se van!» [37] Con esto, la fama de Jesús se propagaba por todos los alrededores. [38] Al salir Jesús de la sinagoga fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta, y le rogaron por ella. [39] Jesús se inclinó hacia ella, dió una orden a la fiebre y ésta desapareció. Ella se levantó al instante y se puso a atenderlos. [40] Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversos males se los llevaban a Jesús y él los sanaba imponiéndoles las manos a cada uno. [41] También salieron demonios de varias personas; ellos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él los amenazaba y no les permitía decir que él era el Mesías, porque lo sabían.  [42] Jesús salió al amanecer y se fue a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando, y los que pudieron dar con él le insistían para que no se fuera de su pueblo. [43] Pero Jesús les dijo: «Yo tengo que anunciar también a las otras ciudades la Buena Nueva del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado.» [44] Salió, pues, a predicar por las sinagogas del país judío.          

 

 

 

 

LA TENTACION

[1] En la historia común, es decir, en la historia profana, intervienen sólo hombres y se enfrentan con otros hombres. La historia sagrada contempla las cosas desde otro enfoque: el plan de Dios se va realizando, trabado por los intentos subversivos del espíritu malo, y los hombres son llamados a participar en esta lucha que sobrepasa sus propios proyectos. Por eso Jesús debía enfrentarse con el espíritu malo.Nosotros hablamos de tentación cuando sentimos la presión de los malos instintos o nos vemos arrastrados al mal por las circunstancias. Jesús no tenía los malos instintos que tenemos nosotros, pero el Espíritu Santo lo indujo a que se pusiera a prueba a sí mismo en el desierto. Recordemos que tentar y poner a prueba tienen el mismo sentido. Y es ahí donde sintió más fuerte la sugerencia del espíritu malo para que se desviara de su misión (ver también Mt 4,1).Jesús, lleno del Espíritu Santo, inició su ministerio sometiéndose a una prueba durísima: cuarenta días de soledad total y de ayuno. En ese retiro Jesús experimentó su fragilidad como criatura y sus dudas antes de enfrentar lo desconocido, pues dejaba la vida de Nazaret para entregarse a la voluntad del Padre en una misión que, en pocos meses, lo llevaría a la muerte.Y en él habló el diablo, o sea, el Acusador. Así se llama el demonio, porque siempre critica. Nos lleva a acusar a Dios y, cuando nos ha hecho caer, nos acusa y trata de convencernos de que nuestra caída no tendrá perdón.Si eres Hijo de Dios (3). Jesús, que disponía ahora de la fuerza del Espíritu que obra milagros, ¿no podía haber aprovechado esa fuerza cuando su cuerpo desfallecía por el hambre? ¿Y no hubiera podido, en su día, bajar de la cruz para salvarse?Jesús se niega a servirse a sí mismo y mira más en alto. Entonces el Diablo lo lleva a un lugar más alto. Jesús comprende que, siendo los hombres lo que son, la manera de imponerse es utilizar las armas del demonio, que no respeta la verdad, ni la libertad de las conciencias. Entonces no le costaría reinar «en nombre de Dios» sobre las naciones, pues el diablo las da a quien quiere.Pero Jesús ha decidido servir sólo a Dios. Entonces, ¿por qué no empiezas tu predicación con un gesto espectacular, dejándote caer en medio de la muchedumbre que viene a rezar al Templo? ¿No crees que Dios hará un milagro por ti? Ahora el diablo ha usado palabras de la Biblia; al leerlas, uno podría pensar que, con mucha fe, siempre tendrá salud y éxito. Jesús no caerá en los errores de una «fe» que pretende pasar haciéndole el quite a la cruz. El no exigirá a su Padre milagros para no sufrir las humillaciones y los rechazos, que son la parte de los mensajeros de Dios: esto sería poner a prueba a Dios, con pretextos de confiar en él.El demonio se alejó de Jesús, a la espera de otra oportunidad. En su Pasión, hará que toda la maldad del pueblo se vuelva contra Jesús (Jn 14,30). 

 

 

[14] Jesús vuelve a su patria, acompañado de algunos seguidores de Juan, que pasan a ser sus discípulos (Jn 1,35). Desde Cafarnaún, donde vive en casa de Simón y Andrés, junto a los pescadores del lago, empieza a predicar en las sinagogas de Galilea (Mc 1,35), y su palabra impacta a la gente porque actúa con el poder del Espíritu, es decir, que habla con mucha autoridad y sus milagros confirman sus palabras.Enseñaba en las sinagogas de los judíos. En Israel había solamente un Templo, el de Jerusalén, en el que los sacerdotes ofrecían los sacrificios. Pero había una sinagoga en todos los lugares donde podían reunirse por lo menos diez hombres, en la que cada sábado se celebraba un servicio litúrgico, a cargo de los miembros de la comunidad. Era fácil participar en las lecturas y hacer comentarios, y Jesús se da a conocer participando en estos oficios del sábado. 

 

[16] Después de algún tiempo, cuando Jesús era ya famoso, pasa por Nazaret y lo reciben mal. Lucas muestra en este relato por qué Jesús atraía a la gente y, a la vez, por qué es rechazado, especialmente en Nazaret.Encontró con el pasaje donde estaba escrito: (17). Este párrafo es de Is 61,1-2. El profeta se refería a su propia misión; Dios lo había enviado para anunciar a los desterrados judíos que Dios vendría a visitarlos pronto. Pero sus palabras se cumplían aún mejor en Jesús, enviado para dar la verdadera libertad.La frase: despedir libres a los oprimidos, no está en el texto de Isaías. Lucas la sacó de otro texto del mismo profeta (Is 58,6) y la puso aquí porque el término liberación resumía mejor que cualquier otro la obra de Jesús en sus misiones.Hoy... se cumplen estas palabras proféticas. Jesús viene a inaugurar los tiempos nuevos en que Dios se hace presente y reconcilia a la humanidad. Cada cincuenta años se celebraba en Israel el año de jubileo, en el que se perdonaban las deudas y los esclavos recobraban la libertad (Lev 25,10). Así también ahora se inicia el año de la gracia del Señor. Terminó el tiempo de las promesas y de las profecías, y Dios empieza a mostrarse a los hombres tal como es: Jesús da a conocer al Padre, y el Padre da a conocer a su Hijo mediante las señales y milagros que salen de sus manos.Me ha enviado para despedir libres a los oprimidos (18). Con su llegada Jesús trae la verdadera liberación, pues sus acciones nos sitúan en la verdad. «El Hijo los hace libres..., la verdad los hará libres...» (Jn 8,30). Por supuesto que los judíos aspiraban más que nada a una liberación nacional, y entonces, ¿por qué Jesús no la emprendía? ¿Solamente le interesaban las almas?En realidad el Antiguo Testamento no había anunciado una salvación de las almas, como algunos lo hacen hoy. Tales creyentes creen salvar sus almas mientras siguen siendo cómplices callados o ciegos del pecado diario cimentado en la vida económica y social.El Antiguo Testamento anunciaba a Jesús como el salvador de su pueblo y de toda la raza. Sus palabras y sus gestos despertaban a un pueblo paralizado y abrían el camino de todas las liberaciones humanas; pero eran como una semilla, y no podían producir inmediatamente frutos. Jesús no tenía ningún deseo de unirse a los fanáticos y a los violentos de su pueblo para conseguir una soberanía nacional, tan opresora, tal vez, como la dominación romana. Daba testimonio de la verdad y echaba las bases para cualquier acción liberadora que se emprendiera en el futuro. Hoy también se puede hablar de evangelización si se ven hechos liberadores.Me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres. Ver comentario de Lc 6,20, y Mt 11,5.Lucas dice a continuación por qué la gente de Nazaret rechazó a Jesús:- por su orgullo. Nos dejamos deslumbrar por los extraños, pero nos negamos ferozmente a que uno de nosotros se destaque y nos enseñe: ¿no es éste el hijo de José? (ver comentario de Mc 6,1).- por su egoísmo. No aceptan que los beneficios de Dios sean para los demás. Y Jesús les recuerda que los profetas de la Biblia no limitaron sus beneficios sólo a sus paisanos (ver 1 R 17,7 y 2 R 5). 

 

 

[31] Ver el comentario de Mc 1,21. 

 

 

[35] ¿Por qué Jesús ordena al demonio que se calle? Ver el comentario de Mc 1,40. 

 

 

[42] Jesús es el modelo del misionero. Apenas ha reunido algunos seguidores ya quieren guardarlo para sí porque ven en él un profeta verdadero, y desearían que él les diera más formación, creando bajo su guía una comunidad.Pero Jesús deja a otros la tarea de pastor (en el sentido de guía de una comunidad determinada), porque tiene presentes a muchos más que aún esperan el Evangelio. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 5, 1 - 39

             LA PESCA MILAGROSA   [1] Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. [2] En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. [3] Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. [4] Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar.» [5] Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes.» [6] Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. [7] Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían. [8] Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.» [9] Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. [10] Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres.» [11] En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.  EL LEPROSO SANADO   [12] Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.» [13] Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda limpio.» [14] Y al instante le desapareció la lepra. Jesús le dio aviso que no lo dijera a nadie. «Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración.»  [15] La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían para oírle y ser curados de sus enfermedades. [16] Pero él buscaba siempre lugares solitarios donde orar.  EL PARALÍTICO   [17] Un día Jesús estaba enseñando, y había allí entre los asistentes unos fariseos y maestros de la Ley que habían venido de todas partes de Galilea, de Judea e incluso de Jerusalén. El poder del Señor se manifestaba ante ellos, realizando curaciones. [18] En ese momento llegaron unos hombres que traían a un paralítico en su camilla. Querían entrar en la casa para colocar al enfermo delante de Jesús, [19] pero no lograron abrirse camino a través de aquel gentío. Entonces subieron al tejado, quitaron tejas y bajaron al enfermo en su camilla, poniéndolo en medio de la gente delante de Jesús. [20] Viendo Jesús la fe de estos hombres, dijo al paralítico: «Amigo, tus pecados quedan perdonados.» [21] De inmediato los maestros de la Ley y los fariseos empezaron a pensar: «¿Cómo puede blasfemar de este modo? ¿Quién puede perdonar los pecados fuera de Dios?» [22] Jesús leyó sus pensamientos y les dijo: [23] «¿Por qué piensan ustedes así? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"? [24] Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados.» Entonces dijo al paralítico: «Yo te lo ordeno: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» [25] Y al instante el hombre se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que estaba tendido y se fue a su casa dando gloria a Dios. [26] Todos quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo: «Hoy hemos visto cosas increíbles. » Pues todos estaban sobrecogidos de un santo temor.  LEVÍ SIGUE A JESÚS. «HE VENIDO PARA LLAMAR A LOS PECADORES»   [27] Al salir, Jesús vio a un cobrador de impuestos, llamado Leví, que estaba sentado en el puesto donde cobraba. Jesús le dijo: «Sígueme.» [28] Leví se levantó; lo dejó todo y empezó a seguirlo. [29] Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y con ellos se sentaron a la mesa un buen número de cobradores de impuestos y gente de toda clase. [30] Al ver esto, los fariseos y los maestros de la Ley que eran amigos suyos expresaban su descontento en medio de los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que ustedes comen y beben con los cobradores de impuestos y con personas malas?» [31] Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son las personas sanas las que necesitan médico, sino las enfermas. [32] No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan.» [33] Algunos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y rezan sus oraciones, y lo mismo hacen los discípulos de los fariseos, mientras que los tuyos comen y beben.» [34] Jesús les respondió: «Ustedes no pueden obligar a los compañeros del novio a que ayunen mientras el novio está con ellos. [35] Llegará el momento en que les será quitado el novio, y entonces ayunarán.» [36] Jesús les propuso además esta comparación: «Nadie saca un pedazo de un vestido nuevo para remendar otro viejo. ¿Quién va a romper algo nuevo, para que después el pedazo tomado del nuevo no le venga bien al vestido viejo? [37] Nadie echa tampoco vino nuevo en envases de cuero viejos; si lo hace, el vino nuevo hará reventar los envases, se derramará el vino y se perderán también los envases. [38] Pongan el vino nuevo en envases nuevos. [39] Y miren: el que esté acostumbrado al añejo, no querrá vino nuevo, sino que dirá: El añejo es el bueno.»

 

 

 

 

LOS APOSTOLES

[1] Jesús se autoinvita a subir en la barca de Pedro, que no se niega a prestarle un servicio. Pero Jesús necesita más; aunque tenga a muchos dispuestos a echarle una mano, él busca hombres que se entreguen totalmente a su obra. Oyentes no le faltan, necesita apóstoles.Los milagros de Jesús son otra manera suya de enseñar. Esto, pues, es palabra de Dios para los apóstoles de todos los tiempos: Echen las redes. Pedro obedece a pesar de que no hay ninguna esperanza de sacar nada. Las redes casi se rompían... Serás pescador de hombres... Apártate de mí, que soy un hombre pecador (8). Temor repentino de Pedro, a pesar de que creía conocer a Jesús. Acaba de descubrir que Dios había penetrado en su vida íntima. Es el primer acto de fe en la persona divina de Jesús, que emplea pecadores para salvar a los pecadores.Lo dejaron todo y siguieron a Jesús. No era mucho lo que tenían, pero sí era toda su vida: trabajo, familia y su pasado de pescadores.Apóstol significa enviado. Cristo es el que escoge a sus apóstoles y los envía en su nombre; pero, ¿a quién enviará sino a quienes aceptan ser cooperadores suyos?Empieza a ser apóstol, o por lo menos cooperador de Cristo, el que acepta hacer algo más que los servicios materiales que se pueden prestar en la Iglesia; el que se siente responsable de las personas: ser pescador de hombres.Lucas juntó aquí dos hechos distintos: la vocación de los apóstoles, contada en forma escueta en Mc 1,16, y la pesca milagrosa. Juan también cuenta una pesca milagrosa (Jn 21), pero la ubica después de la resurrección. Existen serios motivos para pensar que se trata del mismo milagro, pero a Juan le convenía unirla con la aparición de Jesús resucitado a los apóstoles, que sucedió en el mismo lugar posteriormente . 

 

 

[12] Ver comentario de Mc 1,40.Haz la ofrenda... como ordenó Moisés. La misma ley que exigía la relegación del hombre enfermo de lepra (Lev 13,45), preveía que, en caso de sanar, debía ser reintegrado después de ser examinado por los sacerdotes. Siendo considerada la lepra castigo de Dios, la sanación significaba que Dios había perdonado al leproso, y debía agradecérselo con un sacrificio. 

 

 

[15] Buscaba lugares solitarios para orar. Lucas habla una vez más de la oración de Jesús, como lo hace en 3,21; 6,12; 9,28... No se retiraba sólo en busca de tranquilidad, sino porque en todo momento la oración, la comunicación con el Padre, la sentía como una necesidad. 

 

 

[17] Ver comentario de Mc 2,1Había entre los asistentes unos fariseos y maestros de la Ley. Los fariseos y los maestros de la Ley todavía no estaban en contra de Jesús, pero como eran personas que tenían mayor formación religiosa, eran los primeros que debían cuestionar las pretensiones religiosas de Jesús: ¿era tan sólo un buen creyente, respetuoso de la Ley de Dios, o actuaba como el promotor de una nueva secta? Jesús aprovecha su presencia para mostrar que él no era un discípulo más de Moisés y de los profetas, sino el maestro de todos ellos.Es fácil comprender el escándalo de los maestros de la Ley. ¿Cómo ese hombre sin estudios ni título, podía hacerles frente y dárselas de maestro? Deseaban la venida de un Dios que confirmara su enseñanza y reconociera sus méritos personales... Pero Jesús era un hombre sin título ni preparación, y hacía poco caso de su autoridad. Al no poder aceptar los hechos y creer, la única salida que les quedaba era oponerse. 

 

 

[27] Ver el comentario de Mc 2,13.Los sucesos que se narran en este capítulo muestran cómo Jesús se ubica en la sociedad y con quién se relaciona: un grupito de pescadores serán los responsables de su nuevo movimiento; lo buscan leprosos y enfermos; llama a gente que, como Leví, pertenecen a un ambiente desprestigiado. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 6, 1 - 49

             EL HIJO DEL HOMBRE ES DUEÑO DEL SÁBADO   [1] Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados, y sus discípulos cortaban espigas, las desgranaban en las manos y se comían el grano. [2] Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué hacen lo que no está permitido hacer en día sábado?» [3] Jesús les respondió: «¿Ustedes no han leído lo que hizo David, y con él sus hombres, un día que tuvieron hambre? [4] Pues entró en la Casa de Dios, tomó los panes de la ofrenda, los comió y les dio también a sus hombres, a pesar de que sólo estaba permitido a los sacerdotes comer de ese pan.» [5] Y Jesús añadió: «El Hijo del Hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado.» [6] Otro sábado Jesús había entrado en la sinagoga y enseñaba. Había allí un hombre que tenía paralizada la mano derecha. [7] Los maestros de la Ley y los fariseos espiaban a Jesús para ver si hacía una curación en día sábado, y encontrar así motivo para acusarlo. [8] Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio.» El se levantó y permaneció de pie. [9] Entonces Jesús les dijo: «A ustedes les pregunto: ¿Qué permite hacer la Ley en día sábado: hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o destruirla?» [10] Paseando entonces su mirada sobre todos ellos, dijo al hombre: «Extiende tu mano.» Lo hizo, y su mano quedó sana. [11] Pero ellos se llenaron de rabia y comenzaron a discutir entre sí qué podrían hacer contra Jesús.  JESÚS ELIGE A LOS DOCE   [12] En aquellos días se fue a orar a un cerro y pasó toda la noche en oración con Dios. [13] Al llegar el día llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que llamó apóstoles: [14] Simón, al que le dio el nombre de Pedro, y su hermano Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, [15] Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, apodado Zelote, [16] Judas, hermano de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.  EL DISCURSO DEL MONTE   [17] Jesús bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había allí un grupo impresionante de discípulos suyos y una cantidad de gente procedente de toda Judea y de Jerusalén, y también de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades; [18] también los atormentados por espíritus malos recibían curación. [19] Por eso cada cual trataba de tocarlo, porque de él salía una fuerza que los sanaba a todos. [20] El, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y les dijo: [21] «Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Felices ustedes, los que lloran, porque reirán. [22] Felices ustedes, si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre. [23] Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les espera una recompensa grande en el cielo. Recuerden que de esa manera trataron también a los profetas en tiempos de sus padres. [24] Pero ¡pobres de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! [25] ¡Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre! ¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena! [26] ¡Pobres de ustedes, cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados!  EL AMOR A LOS ENEMIGOS   [27] Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, [28] bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. [29] Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. [30] Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames. [31] Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes.  [32] Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. [33] Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. [34] Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que estos correspondan con algo.  [35] Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande, y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. [36] Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. [37] No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. [38] Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan, serán medidos ustedes.» [39] Jesús les puso también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? Ciertamente caerán ambos en algún hoyo. [40] El discípulo no está por encima de su maestro, pero si se deja formar, se parecerá a su maestro. [41] ¿Y por qué te fijas en la pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si no eres consciente de la viga que tienes en el tuyo? [42] ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ''Hermano, deja que te saque la pelusa que tienes en el ojo'', si tú no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo para que veas con claridad, y entonces sacarás la pelusa del ojo de tu hermano.  [43] No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni tampoco árbol malo que dé frutos buenos. [44] Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de los espinos ni se sacan uvas de las zarzas. [45] Así, el hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón, mientras que el malo, de su fondo malo saca cosas malas. La boca habla de lo que está lleno el corazón. [46] ¿Por qué me llaman: ¡Señor! ¡Señor!, y no hacen lo que digo? [47] Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las practica. [48] Se parece a un hombre que construyó una casa; cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Vino una inundación y la corriente se precipitó sobre la casa, pero no pudo removerla porque estaba bien construida. [49] Por el contrario, el que escucha, pero no pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. La corriente se precipitó sobre ella y en seguida se desmoronó, siendo grande el desastre de aquella casa.     

 

 

[1] Aquí encontramos dos conflictos de Jesús con la gente religiosa de su tiempo, a propósito del sábado. Ver el comentario de Mc 3,1.No olvidemos que la palabra sábado significa descanso. Dios había pedido que fuera santificado un día de la semana, no primordialmente para hacer asambleas religiosas, sino para que todos tuvieran descanso (Ex 20,10). Pues el Dios santo no quiere que un pueblo santo se haga esclavo de su subsistencia diaria o de su trabajo.En el primer caso, Jesús no discute con los fariseos, que llaman trabajo al mero hecho de cortar unas espigas y desgranarlas en las manos. Les recuerda que grandes creyentes, como David, pasaron a veces por encima de las leyes. Y luego añade: el Hijo del Hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado. Entre los judíos, nadie, ni siquiera el sumo sacerdote, podía dispensar de la observancia del sábado. Esto los deja desconcertados: ese Jesús, ¿quién pretende ser?En el segundo caso, Jesús podía haber dicho al hombre: «¿Por qué me pides que haga un trabajo prohibido en día sábado? Vuelve mañana, que te sanaré». Pero prefiere un enfrentamiento, porque el Evangelio significa una liberación, y el hombre llega a ser libre cuando reconoce que no hay ninguna cosa totalmente sagrada en una sociedad que pretende imponerle sus criterios.La ley del descanso (o del "sabbat") es una de las leyes fundamentales de la Biblia, pero esto no obsta a que haya casos en que en vez de liberar oprime, y por tanto hay que dejarla de lado. Lo mismo vale para las leyes más sagradas de la Iglesia: todas ellas, en un momento determinado, pueden transformarse en un obstáculo para el Evangelio y si eso ocurre, la conciencia cristiana, iluminada por el Espíritu Santo, debe encontrar una solución para el momento presenteMientras los hombres estén sometidos a un orden, a unas leyes, a unas autoridades que son consideradas sagradas y que nadie piensa en criticar, esos hombres no son libres ni hijos verdaderos de Dios (ver 1 Cor 3,21-23; 1 Cor 8,4-5; Col 2,20-23). Un respeto a Dios que apagara nuestro espíritu crítico no sería conforme al Evangelio; una religión que impidiera buscar la verdad y preguntar en todos los campos de la inquietud humana, no sería la verdadera. Estudiar la Biblia sin atreverse a conocer los aportes de la ciencia moderna, por miedo a que se derrumbe nuestra visión demasiado ingenua de la historia sagrada, es pecar contra el Espíritu. 

 

 

[12] Jesús lleva en su oración a los que más quiere. Todo el éxito de su obra dependerá de ellos, pues en ellos se apoyará la fe de los demás. Jesús no quiere que la designación de los mismos sea algo exclusivo suyo; antes de llamarlos desea tener la certeza de que esa es la voluntad del Padre (He 1,24). Por el solo hecho de ser elegidos por Cristo y haberles encargado su Iglesia, serán tentados de mil maneras (Lc 22,31), y Jesús los quiere asegurar con la fuerza de su oración (Jn 17,9). 

 

 

[17] Ver el comentario de las Bienaventuranzas en Mt 5,1. Mateo allí adapta las Bienaventuranzas a los integrantes de la Iglesia de su tiempo. Lucas las pone aquí tal como Jesús las proclamó al pueblo de Galilea. En boca de Jesús, las Bienaventuranzas fueron un llamado y una esperanza dirigidos a los olvidados de este mundo, empezando por los pobres de su pueblo, herederos de las promesas de Dios a los profetas.El Evangelio realiza un vuelco de las situaciones presentes, como se dice en el canto de María (1,51-53). Dios quiere en adelante mostrar su misericordia, especialmente con los pobres y despreciados. Empieza encargándoles su mensaje y haciendo de ellos sus primeros cooperadores. Los pobres son los que contribuyen de un modo indispensable a construir el Reino, y cuando la Iglesia lo olvida, no tarda en volver a ser lo que era el pueblo de Dios antes de que Jesús viniera.Hay mil maneras de presentar a Jesús y su obra. Pero para que esa enseñanza merezca ser llamada evangelización (o sea, comunicación de la Buena Nueva), tiene que ser recibida como Buena Nueva en primer lugar por los pobres. Si son otras las categorías sociales que se sienten más identificadas con esta enseñanza, o a las que se invita primero, significa que falta algo, ya sea en el contenido, o ya sea en la manera de proclamar un mensaje que hace justicia a los desheredados.En contraposición a las bienaventuranzas, Lucas presenta unas lamentaciones que recuerdan a las de Isaías (65,13-14). Son lamentaciones como las que se hacían por los muertos, no son maldiciones. Pues el rico se olvida de Dios y se vuelve impermeable a la gracia (12,13 16,19). Estas lamentaciones son un signo del amor de Dios por los ricos, como las bienaventuranzas lo son por los pobres, pues ama a todos, aunque de distinta manera. A los unos les asegura que destruirá las estructuras de la injusticia, y a los otros les advierte que las riquezas traen consigo la muerte.Las bienaventuranzas no hablan de la conversión del rico, como tampoco afirman que los pobres sean mejores, sólo promenten un vuelco. El reino significa una nueva sociedad; Dios bendice a los pobres, pero no la pobreza.Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos (25). De inmediato se presentará ante nuestros ojos esa secuencia interminable de publicidad que vemos a diario; una exhibición de personas satisfechas, para quienes valen las palabras del salmo: «El hombre ambicioso no piensa en nada, como ganado camina al matadero». ¡Pobres de ustedes, que ya no pueden desear a Dios!Cuando todos hablen bien de ustedes (26) Ver: 1 Cor 4,8. El contraste entre perseguidos y gente bien considerada puede existir dentro de la misma Iglesia. Muchos problemas pueden hacerse insolubles y la misión misma verse bloqueada a causa de grupos influyentes y de personas a las que nada les falta y que saben obtener las bendiciones oficiales. Y Jesús recuerda el ejemplo de los profetas.En tiempos de Jesús, las autoridades religiosas del pueblo judío habían relegado los escritos de los profetas a un lugar secundario, y habían dado toda la importancia a los libros de la Ley, centrados en el culto del Templo. Jesús dirá a sus discípulos que ellos son los herederos de los profetas (Mt 13,17; He 3,25; Stgo 5,10) y les dará importancia a los mensajeros sin aureola que dentro del pueblo de Dios, y a menudo en contradicción con las ideas dominantes, entregan palabras de Dios. Un cristiano no debe pues jamás sorprenderse por las debilidades, por decir lo menos, que encuentre dentro de la Iglesia: que se contente con serle fiel, incluso si es en ella perseguido. 

 

 

[27] Aquí Lucas presenta solamente algunas de las palabras de Jesús que Mateo reúne en los capítulos 5-7 de su Evangelio, y que ya hemos comentado.Hay quienes se sienten defraudados al constatar que Jesús habla de cambiar nuestra vida y no de reformar la sociedad. No reprochemos a Jesús que no hable de reformas sociales en una época en que no existía esa noción todavía. Pero la razón es otra y Jesús va a lo esencial. La raíz del mal está en las personas. Es cierto que las estructuras nos deforman y a veces no nos dejan vivir; pero también es cierto que ninguna revolución, por muy beneficiosa que sea, puede establecer una sociedad menos opresora, mientras las personas no se reformen según el Evangelio. Jesús nos enseña el camino de la madurez y de la libertad.Todos necesitamos convertirnos a las palabras de Jesús. La predilección que mostró Jesús por los pobres y los oprimidos no significa que ésos sean mejores, sino que, en su compasión, Dios se muestra más misericordioso donde la miseria es mayor, y ofrece una esperanza y una liberación total donde la esperanza es más débil.Los oprimidos no es que sean inocentes; habrían conseguido una fuerza moral capaz de renovar el mundo si no se quedasen paralizados por el miedo, el espíritu de división o la codicia de las ventajas que les ofrece el opresor. Por eso que sólo se liberarán cuando su confianza en Dios sea muy grande, y serán capaces de aceptarse unos a otros y de aceptar el camino de la reconciliación en la justicia.Las sentencias de Jesús que vienen a continuación indican las reformas más indispensables de nuestros criterios y actitudes.Da al que te pide (30). Jesús no da una norma que deba aplicarse automáticamente en todos los casos; hay casos en que no se debe dar, pues se favorecería el vicio. Lo que Jesús pretende es inquietar nuestra conciencia: ¿por qué te niegas a dar? ¿Temes que no te lo devuelvan? ¿Y si fuera este el momento de confiar en tu Padre y de desprenderte de «tu tesoro» (12,34)? Tú, que quieres ser perfecto, ¿por qué descartas tantas oportunidades de renunciar a tu propia sabiduría para dejar que Dios se preocupe de tus intereses? 

 

 

[32] Aquí, como en Mt 5,43, Jesús no se refiere tanto a rencores o amistades personales, sino que habla de las oposiciones de tipo social, político o religioso; se hace distinción entre los que son del propio grupo o partido y los que son del partido opuesto. Se ama y se respeta a los que son de su grupo, pero uno se preocupa muy moderadamente de los derechos de los demás; éstos son con toda probabilidad pecadores y en el mejor de los casos, poco interesantes. Jesús nos invita a superar esas diferencias; lo que cuenta es la persona, y si mi prójimo me necesita, debo olvidar su color o cualquier tipo de etiqueta que se le ponga.Si prestan algo a los que les pueden retribuir (34). De nuevo se trata de una actitud social; cada uno busca sus amistades en el ambiente que sirve para su ascenso social y se aparta de quienes pudieran ser un peso: Lc 14,2. 

 

 

[35] Ver el comentario de Mt 7,1.Nuestra perfección está en imitar al Padre. La manera de ser Dios es la misericordia, o sea, la capacidad de conmoverse ante la pobreza y la angustia de sus criaturas, para colmarlas de lo que sólo él puede comunicarles. A esta misericordia se opone la actitud del que se hace juez de sus hermanos.Se les echará en su delantal (38). Jesús se refiere a la manera como Dios nos conduce ya desde ahora. Tal vez cueste más creer en sus atenciones con respecto a los problemas concretos que nos preocupan, que en las recompensas del cielo. Una cultura racionalista nos ha convencido muchas veces de que Dios deja que actúen las leyes de la naturaleza y de los hombres, y que permanece como mero espectador. Pero el Reino de Dios es Dios que, incluso actualmente, tiene toda la libertad para cambiar todas las situaciones, aun cuando para ello tenga su propio calendario. 

 

 

[43] No hay árbol bueno... Estas sentencias ya se comentaron en Mt 7,15, pero aquí Lucas les da un sentido diferente, pues las refiere a la conciencia limpia. Es necesario purificar la mente y el espíritu para que así este árbol bueno pueda producir frutos buenos, o sea, palabras y obras de justicia y de bondad. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 7, 1 - 50

             LA FE DE UN PAGANO   [1] Cuando terminó de enseñar al pueblo con estas palabras, Jesús entró en Cafarnaún. [2] Había allí un capitán que tenía un sirviente muy enfermo al que quería mucho, y que estaba a punto de morir. [3] Habiendo oído hablar de Jesús, le envió algunos judíos importantes para rogarle que viniera y salvara a su siervo. [4] Llegaron donde Jesús y le rogaron insistentemente, diciéndole: «Este hombre se merece que le hagas este favor, [5] pues ama a nuestro pueblo y nos ha construido una sinagoga.» [6] Jesús se puso en camino con ellos. No estaban ya lejos de la casa, cuando el capitán envió a unos amigos para que le dijeran: «Señor, no te molestes, pues ¿quién soy yo, para que entres bajo mi techo? [7] Por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente donde ti. Basta que tú digas una palabra y mi sirviente se sanará. [8] Yo mismo, a pesar de que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le ordeno a uno: "Vete", va; y si le digo a otro: "Ven", viene; y si digo a mi sirviente: "Haz esto", lo hace.» [9] Al oír estas palabras, Jesús quedó admirado, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Les aseguro, que ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande.» [10] Y cuando los enviados regresaron a casa, encontraron al sirviente totalmente restablecido.  JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA   [11] Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado Naím, y con él iban sus discípulos y un buen número de personas. [12] Cuando llegó a la puerta del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto: era el hijo único de su madre, que era viuda, y mucha gente del pueblo la acompañaba. [13] Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» [14] Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: «Joven, yo te lo mando, levántate.» [15] Se incorporó el muerto inmediatamente y se puso a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. [16] Un santo temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Es un gran profeta el que nos ha llegado. Dios ha visitado a su pueblo.» [17] Lo mismo se rumoreaba de él en todo el país judío y en sus alrededores.  JESÚS RESPONDE A LOS ENVIADOS DE JUAN BAUTISTA   [18] Los discípulos de Juan lo tenían informado de todo aquello. Llamó, pues, a dos de sus discípulos [19] y los envió a que preguntaran al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» [20] Los hombres, al llegar donde Jesús, dijeron: «Juan Bautista nos envía a preguntarte: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» [21] En ese momento Jesús curó a varias personas afligidas de enfermedades, de achaques y de espíritus malignos y devolvió la vista a algunos ciegos. [22] Contestó, pues, a los mensajeros: «Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se despiertan, y una buena nueva llega a los pobres. [23] Y ¡dichoso aquél para quien yo no soy un motivo de escándalo!»  [24] Los mensajeros se fueron, y Jesús empezó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes salieron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [25] ¿Qué iban a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Pero los que visten ropas finas y tienen comida regia están en palacios. [26] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿Un profeta? Eso sí, y créanme, más que profeta. [27] Este es el hombre de quien la escritura dice: Ahora envío a mi mensajero delante de ti para que te preceda y te abra el camino. [28] Yo les digo que entre los hijos de mujer no hay ninguno más grande que Juan Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más que él. [29] Todo el pueblo escuchó a Juan, incluso los publicanos; confesaron sus faltas y recibieron su bautismo. [30] En cambio, los fariseos y los maestros de la Ley no pasaron por su bautismo, y con esto desoyeron el llamado que Dios les dirigía. [31] ¿Con quién puedo comparar a los hombres del tiempo presente? Son como niños sentados en la plaza, que se quejan unos de otros: [32] ''Les tocamos la flauta y no han bailado; les cantamos canciones tristes y no han querido llorar.'' [33] Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dijeron: [34] Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. [35] Sin embargo, los hijos de la Sabiduría la reconocen en su manera de actuar.»  EL FARISEO Y LA MUJER PECADORA   [36] Un fariseo invitó a Jesús a comer. Entró en casa del fariseo y se reclinó en el sofá para comer. [37] En aquel pueblo había una mujer conocida como una pecadora; al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, tomó un frasco de perfume, se colocó detrás de él, a sus pies, [38] y se puso a llorar. Sus lágrimas empezaron a regar los pies de Jesús y ella trató de secarlos con su cabello. Luego le besaba los pies y derramaba sobre ellos el perfume. [39] Al ver esto el fariseo que lo había invitado, se dijo interiormente: «Si este hombre fuera profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo que vale.» [40] Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Simón contestó: «Habla, Maestro.» Y Jesús le dijo: [41] «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta. [42] Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a ambos. ¿Cuál de los dos lo querrá más?» [43] Simón le contestó: «Pienso que aquel a quien le perdonó más.» Y Jesús le dijo: «Has juzgado bien.» [44] Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. [45] Tú no me has recibido con un beso, pero ella, desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies de besos. [46] Tú no me ungiste la cabeza con aceite; ella, en cambio, ha derramado perfume sobre mis pies. [47] Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por el mucho amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco, demuestra poco amor.» [48] Jesús dijo después a la mujer: «Tus pecados te quedan perdonados». [49] Y los que estaban con él a la mesa empezaron a pensar: «¿Así que ahora pretende perdonar pecados?» [50] Pero de nuevo Jesús se dirigió a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»   

 

 

[1] Este capitán del ejército extranjero había sabido ganarse el aprecio de los judíos. Lo grande no era que hubiera dado un aporte para la construcción de la Sinagoga, sino que los judíos lo hubieran aceptado de él. Ese hombre ciertamente era bueno, pero conocía demasiado bien los prejuicios de los judíos como para atreverse a presentar personalmente a ese Jesús del que todos hablaban. Pues, ¿hasta qué punto Jesús compartiría el orgullo de sus compatriotas? ¿Respondería al llamado de un militar romano? Por eso le envía a unos judíos amigos suyos.Luego se pone inquieto: ¿aceptará Jesús ir a la casa de un pagano y «mancharse con impuros»? (Mt 7,14). Entonces el capitán da otro paso: que Jesús no venga a su casa. Mientras otros exigían ser tocados por el Maestro porque tiene algún poder de curandero, éste, en cambio, ha comprendido que Jesús tiene el mismo poder de Dios y no es necesario que vaya hasta el enfermo; para Jesús no será más difícil dar una orden, aunque sea desde lejos, a la vida que se está acabando. 

 

 

[11] Nadie ha atribuido jamás poder sobre la muerte a ningún hombre. Sólo Jesús puede vencer a la muerte, y ¡con qué sencillez lo hace! Jesús no conocía a ese joven más que a través de su madre, y por ella lo devolvió a la vida. Viuda y sin hijo: para la Biblia era el colmo de las desgracias (véase Ruth), y tal había de ser la suerte de María.La madre representa a la humanidad que lleva su condición dolorosa. «Sufrirás por tus hijos», así se le dijo después del primer pecado. La humanidad sólo puede acompañar a sus muertos; entierra llorando a sus jóvenes, pero lo hace, muchas veces, después de haberles quitado las razones de vivir.

 

 

LOS QUE DUDAN

[18] Jesús y Juan Bautista: La situación ha tenido un vuelco. Juan era considerado un gran profeta, mientras que Jesús comenzaba su camino sin tener todavía el mismo impacto (3,18-20). Pero ahora, en cambio, Juan está en prisión y Jesús tiene una aureola de curandero. ¿Tenía Juan sus dudas en la prisión? Nada es imposible, aunque les hubiera dicho a algunos que Jesús era su sucesor. Pero tal vez se debe interpretar la pregunta de Juan como una invitación insistente: Si tú eres el que debe venir, ¿por qué tantas demoras?Los discípulos de Juan presencian las curaciones; pero las curaciones no son todo y Jesús añade: una Buena Nueva llega a los pobres. Esta señal estaba escrita ya en el libro de Isaías (61,1).Los ciegos ven, los cojos andan... Los profetas ya anunciaban estas señales (Is 35,5) que eran realmente nuevas, pues en el pasado Dios se manifestaba habitualmente como poderoso salvador. Estas sanaciones significaban la liberación que Jesús les traía; no el castigo de los malos (que ocupaba un lugar destacado en la predicación de Juan Bautista), sino y ante todo una reconciliación apta para sanar a un mundo de pecadores, de violentos y de rencorosos.¡Dichoso aquel para quien yo no soy un motivo de escándalo! (23). Y felices los que no dudan de la salvación de Cristo después de ver los frutos de la evangelización. Felices los que no dicen: este camino es demasiado lento. El Evangelio demuestra su fecundidad especialmente en su fuerza para levantar a las personas, devolviendo la esperanza a quienes han experimentado el pecado y la propia debilidad. Esto es lo que había que ver, y se tenía que haber comprendido que esto es lo importante.No importa que el mundo siga aparentemente entregado a las fuerzas del mal. La presencia de personas liberadas obliga a los otros a que se definan por el bien o por el mal, y es eso lo que hace madurar al mundo.Jesús responde así a los discípulos de Juan, preocupados por el triunfo de la causa de Dios. Tal vez la búsqueda de la justicia los había absorvido tanto que no pudieran reconocer, en la aparentemente muy discreta actuación de Jesús, el paso de la misericordia de Dios. 

 

 

[24] Los mensajeros se fueron... La mayoría de los discípulos de Juan se quedaron con su maestro y no reconocieron a Jesús. El no los culpa, sino que elogia a Juan y toma posición respecto a él.Un profeta... y más que profeta (26). Jesús toma abiertamente posición a favor de Juan. Era fácil idealizar a los profetas del pasado, mientras que Juan era objeto de muchas críticas en los círculos rabínicos.Entre los hijos de mujer no hay ninguno más grande que Juan. El pueblo consideraba a Juan como el personaje más grande de su tiempo. Jesús está de acuerdo con ellos pero da a entender que su grandeza está en que a él mismo lo introdujo, y al Reino de Dios.El más pequeño en el Reino de Dios es más que él, en el sentido que los discípulos de Jesús entran en el Reino que Juan tan sólo anunciaba. A pesar de su santidad, Juan no se benefició del conocimiento de Dios que resplandecía en Jesús. En realidad Jesús quiere poner de relieve la superioridad de su misión respecto a la de Juan y no la superioridad de sus discípulos con relación a Juan.Juan decía que cada uno debía enderezar su vida. Jesús insiste en que todos nuestros esfuerzos no sirven hasta que no hayamos creído en el amor del Padre. Los discípulos de Juan ayunaban; los discípulos de Jesús sabrán perdonar. Juan atraía al desierto a los que lograban desprenderse de sus comodidades; Jesús vive entre los hombres y sana sus llagas. Pedían el bautismo de Juan, dispuestos a deponer sus vicios; el bautismo de Jesús, en cambio, comunica el Espíritu de Dios.Son como niños, sentados... (32). Todo lo hacen a destiempo: reprochan a Juan por su austeridad, y a Jesús por su falta de austeridad. No existe una manera "única" de servir a Dios, ni un "único" modelo de santidad, o un "único" estilo de vida cristiana. Dios actúa de mil maneras en la historia, estimulando en un momento determinado lo que más tarde o en un ambiente distinto rechazará. El ascetismo terrible de los eremitas del desierto o de los antiguos monjes irlandeses fue una riqueza para la cristiandad; un cristianismo con aspecto más humano no ha impedido sin embargo a muchos creyentes de seguir Jesús hasta la cruz.Jesús irá más lejos que Juan, pero tenía necesidad de él: el Evangelio es escuchado con gusto pero no es tomado en serio allí donde se ignora el arrepentimiento y el sacrificio. Tal vez la renovación de la fe entre nosotros esté aguardando a profetas y movimientos no oficialmente cristianos, que cuestionen una cultura y una sociedad que se han tornado estériles. 

 

 

[36] El fariseo Simón tenía algunos principios religiosos claros y sencillos: el mundo se divide entre buenos y pecadores. Los buenos son los que cumplen la Ley y los pecadores son los que cometen faltas notorias. Dios ama a los buenos y no ama a los pecadores, sino que se aparta de ellos. Simón es bueno y se aparta de los pecadores. Jesús no se aparta de la pecadora, luego Jesús no se guía por el Espíritu de Dios.Simón era un Fariseo, y Fariseo quiere decir "separado". No lo condenemos: Toda una corriente de la Biblia invitaba a los justos a separarse de los pecadores, y se pensaba que la "impureza" de unos contaminaba necesariamente a los demás. Jesús demuestra que esa necesidad de segregarse, así como también el deseo de castigar a los pecadores, ignora tanto la sabiduría de Dios como la realidad del corazón humano.Dios sabe que el hombre necesita tiempo para probar el bien y el mal, y también para madurar su orientación definitiva. Nuestros errores no son la cosa más grave si, al final, logramos conocer mejor que somos malos y que sólo Dios nos hace falta. Por eso a él no le cuesta olvidar nuestros pecados y desórdenes, si, a pesar de ellos o por medio de ellos, llegamos al amor verdadero.Simón no había acogido a Jesús con las muestras de cordialidad usadas en ese tiempo. Luego se acostaron en los sofás, en torno a la mesa, según la costumbre de la gente acomodada, pero Jesús se aburría: ¿sobre qué podía conversar con este hombre respetable que creía conocer las cosas de Dios y que era incapaz de sentirlas? Y Jesús esperaba la llegada de la pecadora.Aquel a quien se le perdona poco (47). Esta no es una afirmación categórica válida para todos los casos. Ha habido muchos que amaron apasionadamente a Jesús y que no fueron grandes pecadores. Pero Jesús habla en forma irónica, dirigiéndose a un hombre muy «decente»: Simón, tú piensas que debes poco (y en esto te equivocas), y por eso amas poco.Sus pecados le quedan perdonados. Algunos ven aquí una contradicción con el v. 42, pues en ese versículo el gran amor es el fruto de un perdón más amplio; en cambio en el v. 47 el mucho amor consigue este perdón. Jesús no pretende definir cuál de los dos, el amor o el perdón, está primero, pues en realidad los dos van a la par. Jesús está oponiendo dos formas de relacionarse con Dios. La religión del fariseo es algo semejante a una contabilidad: Dios que lleva la cuenta de las faltas y de las obras buenas para luego premiar más al que más tiene en su haber. En cambio, para quien está en la verdad, solamente se fija en la calidad del amor y de la confianza, y habitualmente amamos en la medida en que tomamos conciencia de lo mucho que Dios nos ha perdonado.Tus pecados te quedan perdonados. Tratemos de comprender el escándalo que causaron tales palabras. En realidad, ¿a quién había amado la mujer sino a Jesús? ¿Y quién puede perdonar los pecados, sino Dios? A la distancia no es difícil tomar partido por Jesús en contra de Simón y de sus amigos, pero, en realidad, Jesús tenía en su contra todos los argumentos que esgrimen ordinariamente las personas religiosas.Desde los comienzos muchos se han preguntado sobre cuál sería la relación entre la «pecadora» de este párrafo, la María Magdalena del párrafo siguiente y la María de Betania que derramó perfume en los pies de Jesús durante un banquete en la casa de otro Simón (un gesto muy extraño), y también para que la criticaran. ¿Eran la misma persona, o dos o tres mujeres distintas? El Evangelio no permite tener claridad al respecto, tanto más que los evangelistas no dudaron en desplazar tal o cual palabra o conversación de Jesús para ponerlas en un contexto que conviniera más a su relato.Sea lo que fuere, lo cierto es que hay conexiones entre estos episodios diversos. El escándalo de las personas religiosas no consistió en que Jesús dejó que se le acercara una vez una pecadora, sino en que habitualmente lo rodearan mujeres que formaban parte del grupo de discípulos. Y justamente una de ellas, María de Magdala, no debió haber sido un modelo mientras tuvo a sus demonios (8,2). 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 8, 1 - 56

             LAS MUJERES QUE ACOMPAÑABAN A JESÚS   [1] Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce [2] y también algunas mujeres, a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios; [3] Juana, mujer de un administrador de Herodes, llamado Cuza; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.  LA COMPARACIÓN DEL SEMBRADOR  [4] Un día se congregó un gran número de personas, pues la gente venía a verlo de todas las ciudades, y Jesús se puso a hablarles por medio de comparaciones o parábolas: [5] «El sembrador salió a sembrar. Al ir sembrando, una parte del grano cayó a lo largo del camino, lo pisotearon, y las aves del cielo lo comieron. [6] Otra parte cayó sobre rocas; brotó, pero luego se secó por falta de humedad. [7] Otra cayó entre espinos, y los espinos crecieron con la semilla y la ahogaron. [8] Y otra cayó en tierra buena, creció y produjo el ciento por uno.» Al terminar, Jesús exclamó: «Escuchen, pues, si ustedes tienen oídos para oír.»  [9] Sus discípulos le preguntaron qué quería decir aquella comparación. [10] Jesús les contestó: «A ustedes se les concede conocer los misterios del Reino de Dios, mientras que a los demás les llega en parábolas. Así, pues, mirando no ven y oyendo no comprenden. [11] Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de Dios. [12] Los que están a lo largo del camino son los que han escuchado la palabra, pero después viene el diablo y la arranca de su corazón, pues no quiere que crean y se salven. [13] Lo que cayó sobre la roca son los que, al escuchar la palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíz; no creen más que por un tiempo y fallan en la hora de la prueba. [14] Lo que cayó entre espinos son los que han escuchado la palabra, pero las preocupaciones, la riquezas y los placeres de la vida los ahogan con el paso del tiempo y no llegan a madurar. [15] Y lo que cae en tierra buena son los que reciben la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y, perseverando, dan fruto. [16] Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz. [17] No hay nada escondido que no deba ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la luz. [18] Por tanto, fíjense bien en la manera como escuchan. Porque al que produce se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»  ESTÁN TU MADRE Y TUS HERMANOS   [19] Su madre y sus hermanos querían verlo, pero no podían llegar hasta él por el gentío que había. [20] Alguien dio a Jesús este recado: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.» [21] Jesús respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»  LA TEMPESTAD CALMADA  [22] Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos y les dijo: «Crucemos a la otra orilla del lago.» Y remaron mar adentro. [23] Mientras navegaban, Jesús se durmió. De repente se desencadenó una tempestad sobre el lago y la barca se fue llenando de agua, a tal punto que peligraban. [24] Se acercaron a él y lo despertaron: «Maestro, Maestro, ¡estamos perdidos!» Jesús se levantó y amenazó al viento y a las olas encrespadas; se tranquilizaron y todo quedó en calma. [25] Después les dijo: «¿Dónde está su fe?» Los discípulos se habían asustado, pero ahora estaban fuera de sí y se decían el uno al otro: «¿Quién es éste? Manda a los vientos y a las olas, y le obedecen.»   EL ENDEMONIADO Y LOS CERDOS   [26] Llegaron a la tierra de los gerasenos, que se halla al otro lado del lago, frente a Galilea. [27] Acababa Jesús de desembarcar, cuando vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba poseído por demonios. Desde hacía mucho tiempo no se vestía ni vivía en casa alguna, sino que habitaba en las tumbas. [28] Al ver a Jesús se puso a gritar y se echó a sus pies. Le decía a voces: «¿Qué quieres conmigo, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te lo ruego, no me atormentes.» [29] Es que Jesús ordenaba al espíritu malo que saliera de aquel hombre. En muchas ocasiones el espíritu se había apoderado de él y lo había llevado al desierto. En esos momentos, por más que lo ataran con cadenas y grillos para somerterlo, rompía las ataduras. [30] Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Y él contestó: «Multitud.» Porque muchos demonios habían entrado en él; [31] y rogaban a Jesús que no les ordenara volver al abismo. [32] Había en ese lugar un gran número de cerdos comiendo en el cerro. Los demonios suplicaron a Jesús que les permitiera entrar en los cerdos, y él se lo permitió. [33] Salieron, pues, del hombre para entrar en los cerdos, y toda la piara se precipitó de lo alto del acantilado, ahogándose en el lago. [34] Al ver los cuidadores lo que había ocurrido, huyeron y llevaron la noticia a la ciudad y a los campos. [35] La gente salió a ver qué había pasado y llegaron a donde estaba Jesús. Encontraron junto a él al hombre del que habían salido los demonios, sentado a sus pies, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [36] Entonces los que habían sido testigos les contaron cómo el endemoniado había sido salvado. [37] Un miedo muy fuerte se apoderó de ellos y todo el pueblo del territorio de los gerasenos pidió a Jesús que se alejara. Cuando Jesús subió a la barca para volver, [38] el hombre del que habían salido los demonios le rogaba que lo admitiera en su compañía. Pero Jesús lo despidió diciéndole: [39] «Vuélvete a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.» El hombre se fue y publicó en la ciudad entera todo lo que Jesús había hecho por él.  JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO   [40] Ya había gente para recibir a Jesús a su regreso, pues todos estaban esperándolo. [41] En esto se presentó un hombre, llamado Jairo, que era dirigente de la sinagoga. Cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, [42] porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Y Jesús se dirigió a la casa de Jairo, rodeado de un gentío que casi lo sofocaba. [43] Entonces una mujer, que padecía hemorragias desde hacía doce años y a la que nadie había podido curar, [44] se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. Al instante se le detuvo el derrame. [45] Jesús preguntó: «¿Quién me ha tocado?» Como todos decían: «Yo, no», Pedro le replicó: «Maestro, es toda esta multitud que te rodea y te oprime.» [46] Pero Jesús le dijo: «Alguien me ha tocado, pues he sentido que una fuerza ha salido de mí.» [47] La mujer, al verse descubierta, se presentó temblando y se echó a los pies de Jesús. Después contó delante de todos por qué lo había tocado y cómo había quedado instantáneamente sana. [48] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.» [49] Estaba aún Jesús hablando, cuando alguien vino a decir al dirigente de la sinagoga: «Tu hija ha muerto; no tienes por qué molestar más al Maestro.» [50] Jesús lo oyó y dijo al dirigente: «No temas: basta que creas, y tu hija se salvará.» [51] Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, y al padre y la madre de la niña. [52] Los demás se lamentaban y lloraban en voz alta, pero Jesús les dijo: «No lloren; la niña no está muerta, sino dormida.» [53] Pero la gente se burlaba de él, pues sabían que estaba muerta. [54] Jesús la tomó de la mano y le dijo: «Niña, levántate.» [55] Le volvió su espíritu; al instante se levantó y Jesús insistió en que le dieran de comer. [56] Sus padres estaban fuera de sí y Jesús les ordenó que no dijeran a nadie lo que había sucedido.

 

 

 

 

JESUS Y LA CULTURA DE SU TIEMPO:

[1] Véase el comentario de Mt 1,18 por lo que respecta a la situación de las mujeres en tiempos de Jesús y en la sociedad judía. Ningún maestro espiritual se hubiera atrevido a hablar con una mujer en público; las mujeres ni siquiera entraban en las sinagogas.Algunas mujeres habían interpretado la actitud y las palabras de Jesús como un llamado a la libertad y se integrarían al grupo de sus discípulos íntimos, sin hacer caso de comentarios malévolos. Jesús tampoco iba a hacer el menor caso de los prejuicios universalmente admitidos; vemos en eso un testimonio excepcional de libertad evangélica.Jesús pertenecía a una raza y a una cultura; era un judío de su época, y tanto sus palabras como sus actos se ajustaron a esa cultura; pero nunca adoptó los aspectos inhumanos de su cultura; no aceptó los prejuicios de su época con respecto a las mujeres, los pecadores, los paganos, etc. Su Evangelio es una levadura que transforma, invita a discernir y cuestiona toda cultura que realmente respete al hombre.María de Magdala (pueblo a orillas del lago de Tiberíades) estará al pie de la cruz junto con María, esposa de Cleofás, madre de Santiago y de José. Estas dos, junto con Juana, son las que recibirán el primer anuncio de la resurrección (Lc 24,10). 

 

 

[9] Ver el comentario de Mt 13,1-23.Aprendan lo que significa esta comparación. Muchas veces Jesús usa parábolas para explicar la situación que sus paisanos están viviendo. Y la comparación debe ayudarlos a tomar conciencia sobre hacia dónde están caminando. Muchos se habían entusiasmado al comienzo y después de un tiempo se habían alejado, así que cabía preguntarse: si solamente unos pocos se habían interesado, ¿cómo hablar de una venida del Reino de Dios?El Evangelio ha recordado la explicación de Jesús referente a los diferentes terrenos en que cae la semilla. Pero quedaba mucho más por explicar. Y en primer lugar los oyentes debieron haberse extrañado de esta comparación del Reino de Dios con algo que se siembra. Pues a lo largo de la Historia Sagrada se había sembrado abundantemente y lo que esperaban los contemporáneos de Jesús era una cosecha (ver Ap 14,15).Como los contemporáneos de Jesús, nosotros también queremos cosechar, o sea, gozar de los frutos del Reino de Dios, que son la paz social, la justicia y la felicidad. Y muchos se extrañan de que, veinte siglos después de Cristo, los hombres sigan aún tan malos.Pero aunque el Reino de Dios ya esté en medio de nosotros, no por eso vamos a gozar de sus frutos. El Reino de Dios está donde Dios reina, y Dios está reinando ahí donde puede actuar como Padre y donde sus hijos reconocen los proyectos que tiene sobre ellos.A partir de ese momento, las personas van madurando de mil maneras y al mismo tiempo va madurando la conciencia social. Las personas toman conciencia de su dignidad y de su destino común, a pesar de que les parezca más imposible cada día conseguir sus metas.

 

REINO DE DIOS O REINADO DE DIOS

Jesús hablaba en arameo, idioma que tiene el mismo término para designar tres cosas distintas: reino, o sea, el lugar donde Dios actúa en forma soberana; reinado, o sea, el hecho de que Dios actúe en forma soberana; realeza, o sea, la dignidad de Dios soberano.A menudo Jesús habla del reino propiamente dicho: «no entrarán en el Reino de Dios». En otros lugares el sentido es discutible, como, por ejemplo, en el Padrenuestro. ¿Debemos decir: «Venga tu Reino», o: «Venga tu reinado»?En estas parábolas, llamadas tradicionalmente parábolas del Reino, los dos sentidos van juntos. La gran novedad que proclamaba Jesús era la llegada de tiempos totalmente diferentes a los vividos anteriormente por los judíos. Ciertamente Dios estuvo siempre presente en toda la historia humana, especialmente en la de Israel, pero ahora venía de otra manera. Primero, porque Jesús estaba revelando a los hombres el verdadero rostro de Dios; segundo, porque Jesús resucitado empezaría a orientar soberanamente la historia humana, siendo Señor de vivos y de muertos. 

 

 

[19] Ver el comentario de Mc 3,31. 

 

 

[26] Ver el comentario de Mc 5,1. 

 

 

[40] Ver el comentario de Mc 5,21. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 9, 1 - 62

             JESÚS ENVÍA A LOS DOCE  [1] Jesús reunió a los Doce y les dio autoridad para expulsar todos los malos espíritus y poder para curar enfermedades. [2] Después los envió a anunciar el Reino de Dios y devolver la salud a las personas. [3] Les dijo: «No lleven nada para el camino: ni bolsa colgada del bastón, ni pan, ni plata, ni siquiera vestido de repuesto. [4] Cuando los reciban en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. [5] Pero donde no los quieran recibir, no salgan del pueblo sin antes sacudir el polvo de sus pies: esto será un testimonio contra ellos.» [6] Ellos partieron a recorrer los pueblos; predicaban la Buena Nueva y hacían curaciones en todos los lugares. [7] El virrey Herodes se enteró de todo lo que estaba ocurriendo, y no sabía qué pensar, porque unos decían: «Es Juan, que ha resucitado de entre los muertos»; [8] y otros: «Es Elías que ha reaparecido»; y otros: «Es alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.» [9] Pero Herodes se decía: «A Juan le hice cortar la cabeza. ¿Quién es entonces éste, del cual me cuentan cosas tan raras?» Y tenía ganas de verlo. [10] Al volver los apóstoles, contaron a Jesús todo lo que habían hecho. El los tomó consigo y se retiró en dirección a una ciudad llamada Betsaida, para estar a solas con ellos. [11] Pero la gente lo supo y partieron tras él. Jesús los acogió y volvió a hablarles del Reino de Dios mientras devolvía la salud a los que necesitaban ser atendidos.  JESÚS MULTIPLICA EL PAN   [12] El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle: «Despide a la gente para que se busquen alojamiento y comida en las aldeas y pueblecitos de los alrededores, porque aquí estamos lejos de todo.» [13] Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos de comer.» Ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O desearías, tal vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este gentío?» [14] De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta.» [15] Así lo hicieron los discípulos, y todos se sentaron. [16] Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente. [17] Todos comieron hasta saciarse. Después se recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce canastos.  PEDRO PROCLAMA SU FE EN CRISTO   [18] Un día Jesús se había apartado un poco para orar, pero sus discípulos estaban con él. Entonces les preguntó: «Según el parecer de la gente ¿quién soy yo?» [19] Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, y otros que eres alguno de los profetas antiguos que ha resucitado.» [20] Entonces les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro respondió: «Tú eres el Cristo de Dios.»  [21] Jesús les hizo esta advertencia: «No se lo digan a nadie». [22] Y les decía: «El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Lo condenarán a muerte, pero tres días después resucitará.» [23] También Jesús decía a toda la gente: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. [24] Les digo: el que quiera salvarse a sí mismo se perderá, y el que pierda su vida por causa mía, se salvará. [25] ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se disminuye a sí mismo? [26] Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria de su Padre con los ángeles santos. [27] En verdad les digo que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto el Reino de Dios.»  LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS   [28] Unos ocho días después de estos discursos, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y subió a un cerro a orar. [29] Y mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y su ropa se volvió de una blancura fulgurante. [30] Dos hombres, que eran Moisés y Elías, conversaban con él. [31] Se veían en un estado de gloria y hablaban de su partida, que debía cumplirse en Jerusalén. [32] Un sueño pesado se había apoderado de Pedro y sus compañeros, pero se despertaron de repente y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. [33] Como éstos estaban para irse, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Pero no sabía lo que decía. [34] Estaba todavía hablando, cuando se formó una nube que los cubrió con su sombra, y al quedar envueltos en la nube se atemorizaron. [35] Pero de la nube llegó una voz que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo.» [36] Después de oírse estas palabras, Jesús estaba allí solo. Los discípulos guardaron silencio por aquellos días, y no contaron nada a nadie de lo que habían visto.  JESÚS SANA AL JOVEN EPILÉPTICO  [37] Al día siguiente, cuando bajaban del cerro, les salió al encuentro un tropel de gente. [38] De pronto un hombre de entre ellos empezó a gritar: «Maestro, te lo suplico, mira a este muchacho, el único hijo que tengo. [39] De repente un demonio se apodera de él y empieza a dar gritos; lo hace retorcerse con violencia y echar espumarajos, y no lo suelta sino cuando está totalmente molido. [40] He pedido a tus discípulos que echaran el demonio, pero no han sido capaces.» [41] Jesús respondió: «Gente incrédula y extraviada, ¿hasta cuándo estaré entre ustedes y tendré que soportarlos? [42] Trae acá a tu hijo.» Cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo arrojó al suelo con violentas sacudidas. Pero Jesús habló al espíritu malo en tono dominante, curó al muchacho y se lo devolvió a su padre. [43] Todos quedaron asombrados ante una tal intervención de Dios.  Mientras todos quedaban admirados por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: [44] «Escuchen y recuerden lo que ahora les digo: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres.» [45] Pero ellos no entendieron estas palabras. Algo les impedía comprender lo que significaban, y no se atrevían a pedirle una aclaración.  ¿QUIÉN ES EL MÁS IMPORTANTE?   [46] A los discípulos se les ocurrió preguntarse cuál de ellos era el más importante. [47] Jesús, que conocía sus pensamientos, tomó a un niño, lo puso a su lado, [48] y les dijo: «El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente grande.» [49] En ese momento Juan tomó la palabra y le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para echar fuera demonios, y le dijimos que no lo hiciera, pues no es discípulo junto a nosotros.» [50] Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, pues el que no está contra ustedes, está con ustedes.»  NO QUIEREN ACOGER A JESÚS EN UN PUEBLO   [51] Como ya se acercaba el tiempo en que sería llevado al cielo, Jesús emprendió resueltamente el camino a Jerusalén. [52] Envió mensajeros delante de él, que fueron y entraron en un pueblo samaritano para prepararle alojamiento. [53] Pero los samaritanos no lo quisieron recibir, porque se dirigía a Jerusalén. [54] Al ver esto sus discípulos Santiago y Juan, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los consuma?» [55] Pero Jesús se volvió y los reprendió. [56] Y continuaron el camino hacia otra aldea.  LAS EXIGENCIAS DEL MAESTRO   [57] Mientras iban de camino, alguien le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.» [58] Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene donde recostar la cabeza.» [59] Jesús dijo a otro: «Sígueme». El contestó: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.» [60] Jesús le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú vé a anunciar el Reino de Dios.» [61] Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero antes déjame despedirme de mi familia.» [62] Jesús le contestó: «El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.»     

 

 

[12] Ver el comentario de Mc 6,34.Esta multiplicación del pan se narra en los cuatro evangelios, lo que solamente se da con muy pocos episodios de los Evangelios. Se narra además otra multiplicación del pan en Mt 15,32 y Mc 8,1.Posiblemente tal abundancia se debe a que la multiplicación del pan es uno de los milagros de Jesús que mejor demuestran su poder absoluto sobre las leyes de la naturaleza (ver comentario de Mc 8,1). Se debe también a que los evangelistas veían en ella un anuncio de la eucaristía, como aparece en Jn 6.Recordemos también que los judíos en tiempos de Jesús eran un pueblo pobre, demasiado numeroso para una tierra, que aunque era fértil, tenía muy poca extensión. Los dominadores romanos se llevaban buena parte de los recursos, y los políticos, como Herodes, exigían impuestos pesados, en parte justificados por la necesidad de ocupar la mano de obra sobrante en obras grandiosas.Muchísima gente no tenía asegurado el pan de cada día, como sucede hoy en muchos de nuestros países, y Jesús compartía esta condición junto con los que lo seguían. Jesús se siente responsable de todos esos hermanos que se habían hecho sus invitados en ese lugar despoblado (como sucede en Lc 11,5), y realiza el gesto de la fe. En la vida diaria de aquel tiempo debían ser numerosos (como lo son hoy) los que compartían sus últimos recursos con alguno más pobre, confiados en que Dios se lo devolvería. Jesús no podía ser menos que ellos. El milagro que realiza en ese momento viene a confirmar en su fe a un sinnúmero de creyentes humildes, tal vez no muy adictos a la Iglesia, pero que a menudo arriesgan todo lo que les queda.A Jesús no le importa que su milagro despierte en ellos un entusiasmo mal orientado, que terminará en una ruptura (ver en Mc 6,45). No les había dado el alimento para atraerlos a la iglesia, sino para cumplir las promesas que su Padre había hecho a los pobres. 

 

 

[18] Esto ocurre cerca de Cesarea de Filipos, balneario famoso, situado al extremo norte de Palestina, al pie del monte Hermón. Jesús, que ya no se sentía seguro en Galilea, se había alejado hacia las fronteras. Según su costumbre había enviado a los Doce delante de él a los pueblos por donde iba a pasar, para preparar su llegada.¿Quién dice la gente que soy yo? Y ustedes, ¿qué les contaban de mí cuando estaban entre ellos? ¿Quién les decían que soy yo? Pedro se adelanta, seguro de que no se equivoca al presentar a su Maestro como el Mesías, el Enviado de Dios.Jesús no niega que lo sea, pero les prohibe que en adelante lo digan. Pues, según la gente, el Libertador debía aplastar a sus enemigos. ¿Podrían los apóstoles usar un término que sería entendido al revés? Jesús, por su parte, sabe que corre hacia un fracaso.Comparando este relato con Mc 8,27 y Mt 16,13, se llega a la conclusión de que Mateo juntó en un solo relato dos sucesos diferentes en que Pedro se adelantó a proclamar su fe. El primero es el que narra Lucas en este lugar. En el segundo, Pedro reconoció a Jesús como el Hijo de Dios y recibió las promesas que Mateo recuerda. Tal vez esto sucedió después de la multiplicación del pan (comparar con Juan 6,66 69), o tal vez después de la resurrección (comparar con Juan 21,15-17), que insiste, no en la fe, sino en el amor que Jesús reconoce en Pedro. Ver también Gál 2,7-8. 

 

 

[21] ¿Por qué Jesús hizo a sus apóstoles las preguntas anteriores? El Evangelio lo dice claramente: porque había llegado para él el momento de anunciarles su pasión. Jesús no había venido sólo a enseñar a los hombres, sino también a abrirles la puerta que lleva a la resurrección. Puesto que sus apóstoles ahora lo reconocían como el Salvador prometido a Israel, debían también saber que no hay salvación si no se vence a la muerte (1 Cor 15,25). Y Jesús conseguirá esta victoria cuando elija libremente el camino de la cruz: El Hijo del hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades.Jesús añade inmediatamente después que todos hemos de compartir su victoria sobre la muerte, y que esto dependerá de la orientación que demos a nuestra vida. Debemos elegir entre servir o ser servido, sacrificarse por los demás o aprovecharnos de ellos, como dice cierta oración bien conocida: Que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido como en comprender, en ser amado como en amar.El niño debe ser orientado a esa elección desde los primeros años de la infancia. En la auténtica vida familiar, el niño no es el centro o el rey que tiene como esclavos a sus padres, sino que debe aprender a servir y a darse. Debe aceptar a sus hermanos y hermanas, compartir y a veces limitar su propio porvenir por el bien de ellos.Que cargue con su cruz de cada día (23). Aquí viene la aceptación de la cruz que el Señor nos ha dado a cada uno y que no tuvimos que escoger, porque la encontramos en nuestro destino. No se trata de arrastrarla a la fuerza, sino de amarla, porque el Señor la quiso para nosotros.El que quiera salvarse a sí mismo... Jesús insiste sobre la orientación general de nuestra vida. El está muy lejos de los que solamente se preocupan por evitar los «pecados», mientras siguen con sus propias ambiciones y su deseo de gozar al máximo la presente existencia. El solo hecho de buscar una vida sin riesgos nos pone fuera del camino de Dios.Si alguien se avergüenza de mí. Además de la cruz de cada día, Dios nos pide que demos testimonio de nuestra fe, y para eso habrá que correr riesgos, aunque sólo sea soportar el ser objeto de burlas por parte de compañeros y jefes. ¿Y pueden los cristianos, en los períodos de violencia, quedarse callados o limitarse a reuniones "espirituales", no realizando ningún gesto concreto que sea una señal de lo que piensan y viven? 

 

 

[28] Recordemos que Jesús recibió una comunicación divina al empezar su ministerio (Lc 3,21). Ahora, en la transfiguración, recibe otra comunicación divina, pues está para empezar una nueva etapa: la pasión. Jesús lleva ya dos años predicando, pero no se ve esperanza de que Israel supere la violencia que lo lleva a su ruina. Ya que ni siquiera los milagros logran convencer a sus compatriotas, a Jesús sólo le queda enfrentar las fuerzas del mal; su sacrificio será más eficaz que sus palabras para encender el amor y el espíritu de sacrificio en todos los que en adelante continuarán su obra salvadora.Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los cuales ocupaban un lugar privilegiado entre los Doce (Mc 1,29; 3,16; 5,37; 10,35; 13,3), dando a entender que los otros debían reaccionar muy lentamente. Jesús, por más que fuese paciente y pedagogo, no podía hacerlos crecer más rápidamente, y no eran capaces de entrar con él en la nube.Subió a un cerro a orar. Muy posiblemente fue una noche de oración, durante la cual se produjo el acontecimiento que Jesús esperaba.Esta transfiguración de Jesús tiene en primer lugar un sentido para él mismo. Jesús no lo sabía todo de antemano, y no se le escatimaban ni las dudas ni las angustias. No parece que el Padre se haya mostrado con él muy pródigo en favores: él más bien sirvió sin esperar recompensas celestiales. Ese día, sin embargo, recibió la certeza de cual era el fin de su misión.Para los Apóstoles es un testimonio decisivo y que los ayudará a creer en la Resurrección. (La carta llamada "Segunda de Pedro" no se equivoca cuando insiste en ese testimonio de Dios, aun cuando lo haga de una manera sofisticada (2 Pe 1,17) pues se quiso hacer pasar por un escrito de Pedro en persona). En realidad, muchos hombres han sido considerados como profetas en la historia o como "el" profeta, pero ninguno pretendió dar un testimonio de Dios en su favor, fuera de los éxitos que obtuvieron. Jesús, en cambio, se apoyó en testimonios, comenzando por el de Juan Bautista, pues en toda la revelación bíblica la fe se apoya en testimonios. Aquí quienes reconocen a Jesús son Moisés, el fundador de Israel, y Elías, el padre de los profetas.Lucas nos dice que Moisés y Elías conversaban con él sobre su partida (en griego, la palabra es "éxodo"). Jesús será pues el nuevo Moisés que hará pasar al pueblo de Dios de este mundo de esclavitud a la Tierra Prometida.Este es mi Hijo. Véase el comentario de esta misma palabra en 3,22. Aquí, sin embargo, aparece Jesús como aquel que esperaban Moisés y Elías, como aquel cuya venida prepararon, aun cuando por el momento tengan que confortarlo, pues lleva todavía consigo la debilidad de nuestra condición humana. 

 

 

[46] Ver el comentario de Mc 9,33.Marcos recordó el gesto cariñoso de Jesús que abraza a un niño. Gesto muy extraño para la gente de su tiempo, pues los niños no eran tomados en cuenta y los maestros de religión invitaban a castigarlos severamente. La imagen de la persona religiosa parecía ser la de un hombre serio, que no ríe, pausado y que no se fija en seres con menor responsabilidad que él, especialmente mujeres y niños. Posiblemente algo de una mentalidad así incita, a veces, a criticar el bautismo y la primera comunión de los niños.Jesús no contesta a la cuestión de los apóstoles sobre cuál de ellos era él más importante, porque lo que cuenta no es llegar a ser el más importante, sino ser el que más se acerca a Cristo. Y a Cristo hay que recibirlo en la persona de los más pequeños. 

 

 

[51] Con este versículo comienza la segunda parte del Evangelio de Lucas (véase la Introducción al Nuevo Testamento). Después de recordar las actuaciones de Jesús en Galilea, Lucas intenta transmitir numerosas palabras que Jesús había pronunciado en diversas circunstancias; y para dar continuidad a su relato, imagina que Jesús fue dando esas respuestas mientras se desplazaba de Galilea a Jerusalén, donde se desarrollará la tercera parte de su Evangelio.El primer párrafo nos recuerda que Samaria estaba entre las provincias de Galilea y Judea, que su población no era de judíos, sino de samaritanos, y que ambos pueblos se odiaban cordialmente. Cuando los judíos de Galilea iban en peregrinación a Jerusalén y tenían que atravesar Samaria, encontraban todas las puertas cerradas.Jesús invita a los apóstoles a ser menos impulsivos y más tolerantes; los samaritanos, que no quieren recibir a Cristo en esta oportunidad, no son más culpables que quienes cierran su puerta a un judío, o a un samaritano, o a cualquier otra persona porque es de otro bando. Pareciera que cada vez que Jesús se reúne con samaritanos, nos enseña una nueva manera de mirar a los que no comparten nuestra fe. Casi siempre las religiones han sido agresivas y muchas veces violentas, muy especialmente aquellas que se presentan como una revelación del Dios único, y ese era el caso del Antiguo Testamento. Jesús no comparte ese fanatismo; nos enseña a no confundir la causa de Dios con la nuestra ni con los intereses de nuestra comunidad religiosa; es un respeto absoluto por aquellos que Dios lleva por otro camino. ¡Qué contraste con esas leyendas del pasado evocadas por este relato en el v. 54! (véase 2 Re 1,9)

 

 

RUPTURAS. - LIBERARSE

[57] Contrastando con la habitual comprensión de Jesús para con todo lo humano, aquí lo vemos en actitud muy exigente con ese que lo quiere seguir; no puede perder el tiempo en la formación de personas que no están dispuestas a sacrificarlo todo por el Evangelio.El otro que lo quiere seguir (v.61), posiblemente esperaba en su interior que, en el momento de despedirse, la gente de su casa le suplicaría que no hiciera tal locura. Así se quedaría en buenas intenciones...: Yo quisiera, pero...El caso del segundo es diferente: Deja que los muertos entierren a sus muertos (49). Ante palabras abruptas como éstas que a veces encontramos en el Evangelio, hay que evitar dos tipos de actitudes. La primera consiste en tomar tales palabras como una regla general, un precepto que se dirige a todos, sin excepciones; la segunda, mucho más frecuente, consiste en decir: «Eso no se debe tomar al pie de la letra, es sólo una manera oriental de expresarse».Pero para Jesús no se puede ser su discípulo ni entrar en el Reino sin tener una experiencia de libertad.Deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre. Esto podría significar tal vez que debía enterrar a su padre difunto. Pero lo más probable es que quería ocuparse de su padre, ya anciano, hasta el momento en que lo fuera a enterrar (Tob 6,15).Es difícil pensar que se pueda ser verdaderamente libres hasta que no se haya tenido la oportunidad de actuar de un modo distinto a lo que nuestro medio comprende y acepta. Pensemos en Francisco de Asís, que mendigaba en su propia ciudad después de haber vivido como el hijo de un rico.Tú tienes que ir a anunciar el Reino de Dios. Si se te presenta un llamado de Jesús, esa es la voluntad de Dios con respecto a ti en ese momento preciso. Déjate de excusas; tus obligaciones son tales sólo en un mundo de muertos. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 10, 1 - 42

             JESÚS ENVÍA A LOS SETENTA Y DOS DISCÍPULOS   [1] Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos delante de él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir. [2] Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. [3] Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos. [4] No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos. [5] Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa. [6] Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes.  [7] Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario. [8] No vayan de casa en casa. Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan, [9] sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes. [10] Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan: [11] Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes. [12] Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad. [13] ¡Pobre de ti, Corazaín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se han hecho en ustedes se hubieran realizado en Tiro y Sidón, hace mucho tiempo que sus habitantes habrían hecho penitencia, poniéndose vestidos de penitencia, y se habrían sentado en la ceniza. [14] Con toda seguridad Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. [15] Y tú, Cafarnaún, ¿crees que te elevarás hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el lugar de los muertos. [16] Quien les escucha a ustedes, me escucha a mí; quien les rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»  JESÚS DA GRACIAS AL PADRE  [17] Los setenta y dos discípulos volvieron muy contentos, diciendo: «Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre.» [18] Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. [19] Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes. [20] Sin embargo, alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.» [21] En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad. [22] Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer.» [23] Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! [24] Porque yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»  EL BUEN SAMARITANO  [25] Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» [26] Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?» [27] El hombre contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» [28] Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.» [29] El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?» [30] Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto. [31] Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, tomó el otro lado y siguió. [32] Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado y pasó de largo. [33] Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio; pero éste se compadeció de él. [34] Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que él traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. [35] Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.» [36] Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?» [37] El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»  MARTA Y MARÍA   [38] Siguiendo su camino, entraron en un pueblo, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. [39] Tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra. [40] Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la casa. A cierto punto Marta se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude.» [41] Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas: [42] una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»      

 

 

[1] Lucas recuerda aquí una misión de los Setenta y dos (o de los Setenta), después de la de los Doce (9.1). Los apóstoles eran doce, conforme al número de las tribus de Israel; la cifra de setenta aludía entonces a las naciones paganas. Esta misión, pues, prefigura la tarea que incumbe a la Iglesia hasta el fin del mundo: evangelizar a las naciones (Mt 28,19).Cuando la Iglesia está presente en algún lugar desde hace ya bastante tiempo, tenemos tendencia a creer que todo el mundo ha tenido la oportunidad de recibir el Evangelio y que ya no es necesaria una misión o que ya no es posible; Jesús nos invita a plantearnos la pregunta. Cuando se visitan las casas, en primer lugar se debe dar la paz, o sea, llegar como amigo de parte de Cristo y de su Iglesia, con tiempo para escuchar a los que se visita y conocer sus inquietudes. Sólo así se les podrá dar una respuesta buena y se les podrá decir: el Reino ha llegado a ustedes, o sea, aunque tengan mil problemas, crean que Dios se ha acercado hoy. Este es el momento para reconciliarse con los hermanos y vecinos, deponer las amarguras y confiar en que Dios va a solucionar, a su manera, lo que supera nuestras fuerzas.Sanen a sus enfermos (9). Ver lo que se dice más abajo.Muchos de los que reciben alegremente a los que les anuncian la Palabra no se integrarán en una comunidad cristiana. Pero no por eso se ha perdido el esfuerzo de los misioneros, pues tales personas recordarán ese paso del Señor y vivirán con más fe su vida diaria. En todo caso, siempre habrá algunos a quienes el Señor tocará el corazón en esa ocasión y que llegarán a ser miembros activos de su Iglesia.No se detengan a visitar a conocidos (4). Los misioneros pierden pronto sus alas si se quedan conversando o piden hospitalidad a amigos que no han acogido el Reino. Que cuenten más bien con la Providencia del Padre, el que les abrirá el corazón y la casa de aquellos que escuchan la Buena Nueva. La misión sirve tanto para formar a los misioneros como para despertar a los que son visitados. Jesús formó a sus discípulos, no sólo dándoles charlas, lo que es muy fácil, sino enviándolos a hacer misión.

 

SANAR A LOS ENFERMOS

Sanen a los enfermos, dice Jesús. El no vino a dar la salud a todos los enfermos, sino a traernos la salvación. Y somos salvados mediante el sufrimiento y la cruz. Los enviados de Jesús no pretenden sustituir a los médicos; no proclaman la fe como un medio para ser sanado, pues sería rebajarla. Pero ofrecen la «sanación» a los que todavía no han descubierto que el Reino de Dios y su misericordia han venido a nosotros.Donde hay una comunidad cristiana, ésta debe atender y visitar a los enfermos como un signo de que es la familia de todos y se preocupa por todos. El amor demostrado por el que lo visita, alienta al enfermo, le produce alegría y agradecimiento y, por eso mismo, lo dispone a una renovación profunda y al perdón de los pecados. Ver también Santiago 5,13.En la primera carta a los Corintios 12,9, Pablo habla de los diversos dones que el Espíritu da a la comunidad cristiana, y distingue el don de hacer milagros y el de sanar a enfermos. Posiblemente este último don corresponde a una disposición natural que se tenía ya antes. 

 

 

[7] Jesús da gracias en nombre de los Setenta y dos, y de todos los misioneros que los seguirán.¿Qué son estas cosas (21) que Dios ha revelado a los pequeñitos, sino la fuerza misteriosa del Evangelio para transformar a los hombres y llevarlos a la verdad? Los apóstoles se maravillan del poder que irradia del Nombre de Jesús (Mc 16,9). Y Jesús enfatiza la derrota de Satanás, el Adversario, padre de la mentira, de las libertades falsas y de las cadenas de oro.Los sabios y entendidos creen saber, pero no saben lo más importante. Pues el Dios del que hablan no es sino una sombra del Dios verdadero hasta que no lo reconozcan en la persona de Jesús. Y tampoco saben adónde va el mundo, porque no ven cómo está actuando el poder de Dios en todos los lugares donde se proclama a Jesús.Los pequeños, en cambio, han entrado en estas realidades. Ayer no más pensaban que eran una generación sacrificada. Pues, de generación en generación, los pequeños se sacrifican por sus hijos o son sacrificados por el poder, que les promete felicidad para los que vengan después. Ellos no vivían para sí mismos, sino que debían preparar el lugar para otros. Pero ahora, los pequeñitos, o sea, los creyentes humildes, ya lo tienen todo si tienen a Jesús, porque todo le ha sido entregado por el Padre.El pequeño vive su fe en cosas modestas, y sabe que nada de sus sacrificios se perderá. Porque Jesús nos da a conocer al Padre y, conociéndolo según la verdad, también compartimos con él su dominio sobre los acontecimientos. Nuestros deseos y nuestras oraciones son poderosos porque hemos llegado a ese centro, desde el cual Dios dirige las fuerzas que salvan a la humanidad; nuestros nombres ya están escritos en el cielo, pues ya hemos entrado a la vida eterna.Evangelizar no es hacer propaganda del Evangelio, sino demostrar la fuerza que tiene para sanar a los hombres de sus demonios. Y para eso no necesitamos caer en el activismo. Debemos reconocer que, en estas cosas, no podemos nada; debemos dar gracias al Padre que nos capacitó para ver, oír y para transmitir su salvación.¡Felices los ojos...! (23). Dejen de tener envidia a los grandes personajes, a los reyes y profetas de tiempos pasados. A ustedes les ha tocado la parte mejor, a ustedes los que viven hoy y que no son reyes ni profetas.

 

EL PROJIMO

¿Quién es mi prójimo? (29).El maestro de la Ley esperaba que le asignaran los límites exactos de su deber. ¿A quién tenía que atender? ¿A los de su familia?, ¿a los hermanos de raza?, ¿a otros, tal vez?Es significativo que Jesús concluye su relato con otra pregunta diferente de la primera: ¿Cuál de estos tres fue el prójimo? Es como si dijera: No calcules para saber quién es tu prójimo, sino déjate llevar por el llamado que sientes en ti y hazte prójimo, próximo a tu hermano que te necesita. Mientras consideremos la Ley del amor como una obligación, no será ese el amor que Dios quiere.El amor no consiste solamente en conmoverse ante la miseria del otro. Nótese cómo el samaritano se detuvo a pesar de lo peligroso que era aquel lugar, pagó y se comprometió a costear todo lo que fuera necesario. Más que «hacer una caridad», se arriesgó sin reserva ni cálculo, y esto con un desconocido.En alguna oportunidad, Martin Luther King señalaba que el amor no se conforma con aliviar al que sufre: «Para empezar, nos toca ser el buen samaritano para aquellos que han caído en el camino. Esto, sin embargo, no es más que un comienzo. Pues algún día tendremos que reconocer a la fuerza que el camino a Jericó debe ser hecho de otra manera, para que hombres y mujeres ya no sigan siendo golpeados y despojados continuamente, mientras van avanzando por los caminos de la vida.»Una vez más Jesús nos hace ver que, muchas veces, los que aparecen ser funcionarios de la religión o los que se creen cumplidores de la Ley no saben amar. Fue nada menos que un samaritano, es decir, un extranjero que los judíos consideraban un hereje, quien se hizo cargo del hombre herido. 

 

 

[38] En la vida de hogar hay cantidad de cosas que parecen necesarias, como limpiar, preparar la comida, cuidar de los hijos, etc. Pero si con todo eso ya no queda tiempo para escuchar a los demás, ¿de qué vale esa vida? Hacemos quizás muchas cosas necesarias para el servicio de Dios y del prójimo, y sin embargo, una sola es necesaria para todos: escuchar a Cristo cuando se hace presente.A Marta no le queda tiempo para estar con Jesús. Jesús da la paz, y no lo recibe quien no lo espera en la paz. Hay una manera de servir y de trabajar febrilmente, en el hogar o en la comunidad, que deja al hombre vacío, y sin embargo Jesús quiere que lo encontremos en nuestro quehacer diario.También nuestra oración podría ser una manera de estar agitado como Marta, cuando alguien se inquieta buscando sus rezos, cuando va multiplicando las palabras, exponiendo cien veces al Señor sus inquietudes, cuando el responsable de la celebración se pone nervioso, preocupado de que el canto o la homilía salgan perfectos...Orar es tomarse el tiempo para escuchar, para meditar en silencio la palabra de Dios, es acallar nuestros deseos para no poner más atención que en Dios, que está presente secretamente, y para unirnos a su voluntad. ¡Qué raro! En ciertas religiones no cristianas la gente aprende a poner su espíritu en paz y silencio, alcanzando una verdadera serenidad, mientras nosotros a veces entramos a la oración con todas nuestras preocupaciones vanas, y después nos vamos de nuevo con ellas.María se sentó a los pies del Señor. Es la actitud tradicional del discípulo, sentado a los pies de su maestro. María escucha junto con los discípulos que la acompañan. Jesús no daba a cada momento instrucción religiosa, pero siendo él La Palabra de Dios, todo lo que dijera era portador de Dios. María se sentía bien allí, y también sabía que su presencia no desagradaba a Jesús.María ha elegido la mejor parte. Ella no hizo más que seguir su instinto, pero Jesús ve más lejos. El no estará allí por mucho tiempo, y de todas maneras, su presencia entre nosotros es siempre breve. María supo aprovechar esos breves momentos en que Jesús podía ser de ella y ella para él, escuchándolo. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 11, 1 - 53

             JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR   [1] Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Al terminar su oración, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.» [2] Les dijo: «Cuando recen, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino. [3] Danos cada día el pan que nos corresponde. [4] Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe. Y no nos dejes caer en la tentación.»  [5] Les dijo también: «Supongan que uno de ustedes tiene un amigo y va a medianoche a su casa a decirle: «Amigo, préstame tres panes, [6] porque un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo nada que ofrecerle». [7] Y el otro le responde a usted desde adentro: «No me molestes; la puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme a dártelos». [8] Yo les digo: aunque el hombre no se levante para dárselo porque usted es amigo suyo, si usted se pone pesado, al final le dará todo lo que necesita. [9] Pues bien, yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. [10] Porque todo el que pide recibe, el que busca halla y al que llame a la puerta, se le abrirá. [11] ¿Habrá un padre entre todos ustedes, que dé a su hijo una serpiente cuando le pide pan? [12] Y si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? [13] Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del Cielo dará espíritu santo a los que se lo pidan!»  JESÚS Y BEELZEBÚ   [14] Otro día Jesús estaba expulsando un demonio: se trataba de un hombre mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar y la gente quedó admirada. [15] Pero algunos de ellos dijeron: «Este echa a los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios.» [16] Y otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal que viniera del cielo. [17] Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Una nación dividida corre a la ruina, y los partidos opuestos caen uno tras otro. [18] Si Satanás también está dividido, ¿podrá mantenerse su reino? ¿Cómo se les ocurre decir que yo echo a los demonios invocando a Belzebú? [19] Si yo echo los demonios con la ayuda de Belzebú, los amigos de ustedes, ¿con ayuda de quién los echan? Ellos apreciarán lo que ustedes acaban de decir. [20] En cambio, si echo los demonios con el dedo de Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. [21] Cuando el Fuerte, bien armado, guarda su casa, todas sus cosas están seguras; [22] pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quitará las armas en que confiaba y distribuirá todo lo que tenía.  [23] El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.  [24] Cuando el espíritu malo sale del hombre, empieza a recorrer lugares áridos, buscando un sitio donde descansar. Como no lo encuentra, se dice: Volveré a mi casa de donde tuve que salir. [25] Al llegar la encuentra bien barrida y todo en orden. [26] Se va, entonces, y regresa con otros siete espíritus peores que él; entran y se quedan allí. De tal modo que la nueva condición de la persona es peor que la primera.»  [27] Mientras Jesús estaba hablando, una mujer levantó la voz de entre la multitud y le dijo: «¡Feliz la que te dio a luz y te crió!» [28] Jesús replicó: «¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!»  [29] Aumentaba la multitud por la gente que llegaba y Jesús empezó a decir: «La gente de este tiempo es gente mala. Piden una señal, pero no tendrán más señal que la señal de Jonás. [30] Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, de igual manera el Hijo del Hombre será una señal para esta generación. [31] La reina del Sur resucitará en el día del Juicio junto con la gente de hoy, y los acusará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí tienen ustedes mucho más que Salomón. [32] Los habitantes de Nínive resucitarán en el día del Juicio junto con la gente de hoy, y los acusarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás. [33] Nadie enciende una lámpara para esconderla o taparla con un cajón, sino que la pone en un candelero para que los que entren vean la claridad. [34] Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tu ojo recibe la luz, toda tu persona tendrá luz; pero si tu ojo está oscurecido, toda tu persona estará en oscuridad. [35] Procura, pues, que la luz que hay dentro de ti no se vuelva oscuridad. [36] Si toda tu persona se abre a la luz y no queda en ella ninguna parte oscura, llegará a ser radiante como bajo los destellos de la lámpara.»  ¡POBRES DE USTEDES, FARISEOS!   [37] Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Entró y se sentó a la mesa. [38] El fariseo entonces se extrañó al ver que Jesús no se había lavado las manos antes de ponerse a comer. [39] El Señor le dijo: «Así son ustedes, los Fariseos. Ustedes limpian por fuera las copas y platos, pero el interior de ustedes está lleno de rapiñas y perversidades. ¡Estúpidos! [40] El que hizo lo exterior, ¿no hizo también lo interior? [41] Pero, según ustedes, simplemente con dar limosnas todo queda purificado. [42] ¡Pobres de ustedes, fariseos! Ustedes dan para el Templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios. Esto es lo que tienen que practicar, sin dejar de hacer lo otro. [43] ¡Pobres de ustedes, fariseos, que les gusta ocupar el primer puesto en las sinagogas y ser saludados en las plazas! [44] ¡Pobres de ustedes!, porque son como esas tumbas que apenas se notan : uno no se da cuenta sino cuando ya las ha pisado.» [45] Un maestro de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, al hablar así nos ofendes también a nosotros.» [46] El contestó: «¡Pobres de ustedes también, maestros de la Ley, porque imponen a los demás cargas insoportables, y ustedes ni siquiera mueven un dedo para ayudarles! [47] ¡Pobres de ustedes, que construyen monumentos a los profetas! ¿Quién los mató sino los padres de ustedes? [48] Así, pues, ustedes reconocen lo que hicieron sus padres, pero siguen en lo mismo: ellos se deshicieron de los profetas, y ustedes ahora pueden construir.  [49] La Sabiduría de Dios dice también: Yo les voy a enviar profetas y apóstoles, pero esta gente matará o perseguirá a varios de ellos. [50] Por eso, a esta generación se le pedirá cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo: [51] desde la sangre de Abel, hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el Santuario. Sí, yo se lo aseguro: la generación presente es la que tendrá que responder. [52] ¡Pobres de ustedes, maestros de la Ley, que se adueñaron de la llave del saber! Ustedes mismos no entraron, y cerraron el paso a los que estaban entrando. [53] Cuando salió de allí, los maestros de la Ley y los fariseos comenzaron a hostigarlo muy duramente. Le pedían su parecer sobre un montón de cosas y le ponían trampas para sorprenderlo en alguna de sus respuestas.            

 

 

[1] Los apóstoles sabían orar y lo hacían en común, como lo hacían todos los judíos en las sinagogas y en los principales momentos del día. Sin embargo han descubierto al lado de Jesús una manera nueva de vivir y convivir, y sienten la necesidad de hablar al Padre en otra forma. Para enseñarles a orar, Jesús esperó a que ellos mismos se lo pidieran. Ver Mt 6,9. 

 

 

[5] Jesús nos invita a pedir con perseverancia, sin desanimarnos nunca, casi como cansando a Dios. Dios no nos dará siempre lo que le pedimos o en la forma en que se lo pedimos, pues no sabemos lo que nos conviene. Pero nos dará espíritu santo, es decir, una visión más clara de su voluntad y, al mismo tiempo, ánimo para cumplirla.Al que llame a la puerta, se le abrirá (10). Como comentario de esta frase, ponemos a continuación una página del Padre Molinie:«Si Dios no abre de inmediato, no es porque le guste hacernos esperar. Si debemos perseverar en la oración, no es porque sea necesario un número determinado de invocaciones, sino porque se requiere cierta calidad, cierto tono de oración. Si fuéramos capaces de presentarla de entrada, sería inmediatamente escuchada.La oración es el gemido del Espíritu Santo en nosotros, como dice Pablo. Pero la repetición es necesaria para que ese gemido se abra camino en nuestro corazón de piedra, al igual que la gota persistente desgasta hasta las rocas más duras. Repitiendo con perseverancia el Padrenuestro o el Avemaría, podremos esperar que algún día lograremos rezarlo en un tono que se armonice perfectamente con el deseo de Dios, pues él está esperando ese gemido, que es el único que lo puede conmover, porque, en realidad, ha salido de su propio corazón.Mientras no logremos dar esta nota, o más bien, no logremos extraerla de nosotros mismos, Dios no puede ser vencido. Y no porque Dios esté a la defensiva, sino porque es pura ternura y fluidez, y mientras no exista algo semejante en nosotros, no circulará la corriente entre él y nosotros. El hombre se cansa de la oración, pero si persevera y no se desanima, depondrá poco a poco la soberbia hasta que, agotado y vencido, consiga mucho más de lo que hubiera podido desear.»

 

LAS SUPLICAS. - LOS SANTOS

Jesús nos invita a pedir con perseverancia; la petición perseverante deja de ser egoísta y se convierte en oración, o sea, que nos eleva y nos acerca a Dios.Pero ¿qué debemos pensar de las súplicas dirigidas a los santos? Hay que reconocer que, muy a menudo, el que pide a los santos toma el camino inverso de la oración verdadera. No es que le interese descubrir la misericordia de Dios, sino conseguir tal o cual favor. Le importa poco a quién se dirige, con tal de que encuentre un distribuidor eficaz y automático de beneficios. Entonces empieza la cacería de santos, de santuarios y de devociones.La Iglesia es una familia. Así como pedimos a nuestros amigos que recen por nosotros, de igual manera conviene que nos dirijamos a nuestros hermanos los santos. Nadie tiene por qué criticarnos si, a veces, demostramos tener confianza en su intercesión. Esta «súplica» a los santos, sin embargo, no puede confundirse con la petición perseverante que nos hace entrar en el misterio de Dios. María, Madre de Dios, es la única criatura que pueda acompañarnos en la oración, porque Dios la hizo nuestra Madre, porque depositó en ella toda la misericordia que nos reservaba y porque la unió a sí mismo en forma tal que, mirándola a ella, siempre encontramos la presencia viva de Dios. 

 

 

[14] Ver el comentario de Mc 3,22 y Mt 12,23.Con el dedo de Dios (20). Es la misma expresión usada en Exodo 8,15 para designar el poder de Dios que obra milagros. 

 

 

[23] El que no está conmigo. Esta sentencia parece contradecir lo que se dice en Lc 9,50: quien no está contra ustedes, está con ustedes. En realidad, en Lc 9,50, Jesús reconoce que su familia espiritual desborda en mucho al grupo visible de sus discípulos. El que trabaja en la misma dirección, aunque no pertenezca a la Iglesia, debe ser considerado amigo. En cambio, en 11,23, Jesús habla de los que no quieren definirse frente a su mensaje y pretenden quedarse neutros; esos no se unen a él y luego lo criticarán. 

 

 

[24] Los judíos creían que los espíritus malos vivían preferentemente en el desierto o, más bien, que Dios los relegaba en esos lugares (Tob 8,3). La casa de que habla Jesús es el pueblo que lo rodea; ver el comentario de Mt 12,43. 

 

 

[27] ¡Feliz la que te dio a luz! Esta mujer siente envidia de la madre de Jesús porque está admirada por su manera de hablar, pero se equivoca al pensar que los que están cerca de Jesús pueden ufanarse de eso, y pierde el tiempo si sólo admira la palabra en lugar de hacerla propia. Jesús pues la reenvía al Padre, cuya palabra nos da, y también a ella misma, a quien Dios invita a entrar en la familia de sus hijos. 

 

 

[29] Los habitantes de Nínive, que eran pecadores, no recibieron ninguna otra señal divina más que la venida de Jonás que los invitaba a la penitencia. Los contemporáneos de Jesús se creen «los buenos» por ser el pueblo de Dios, y no se dan cuenta de que ha llegado la hora en que solamente pueden arrepentirse.Los hombres de Nínive acusarán (32). Jesús retoma la imagen tradicional de un juicio colectivo donde cada uno se excusa demostrando que los demás se han comportado peor que él. Pero retiene en esta imagen una profunda verdad: todo lo que Dios nos ha dado a cada uno tiene que producir fruto para toda la humanidad. 

 

 

[37] Ver el comentario de Mt 23.La Biblia no exigía esas purificaciones, de las que también se habla Marcos 7,3. Pero los maestros del tiempo de Jesús insistían cada vez más en la necesidad de las mismas. Jesús se rebela contra estas nuevas obligaciones religiosas: ¿Por qué no se fijan primeramente en la purificación interior?A continuación se leen los reproches que Jesús hizo a los fariseos en varias oportunidades. Si Lucas, igual que Mateo, conservó estas palabras tan duras de Jesús, tal vez haya sido para recordarnos que el Evangelio va mucho más lejos de lo que veían los Fariseos tan preocupados por el servicio de Dios. Había varios de ellos en la primera comunidad cristiana y eran influyentes (He 15,5). A lo mejor la actitud hostil adoptada por los Fariseos en los años siguientes contribuyó también a rememorar esos reproches. Pero ciertamente había razones más profundas para criticar tan fuertemente un grupo bien considerado de gente "convertida y comprometida". En realidad, cualquier comunidad religiosa acaba traicionando sus principios; la nueva alianza prometida por los profetas y sellada con el don del Espíritu es grabada en los corazones y queda un asunto personal. Es cosa gratuita para el que la recibe, y no puede transmitirla a sus herederos, o al grupo al que pertenece, sino en forma muy limitada y siempre provisoria.Teóricamente es una gracia tener un buen conocimiento de la doctrina o cumplir un ministerio o haber integrado un grupo de más seriedad en la práctica cristiana. Pero en la práctica todo eso nos hace más difícil conservar la verdadera humildad y, muchas veces, nos impide ir a ocupar el último lugar, que debería ser el nuestro. Entonces solamente la visita de Dios puede salvarnos. Al hacerse presente, él y sólo él nos despoja de todos los méritos que creíamos tener y no nos deja más que la visión de nuestro pecado. Esto fue lo que le pasó al fariseo Pablo (o Saulo) cuando encontró a Jesús (He 9; Fil 3,4-11). 

 

 

[49] Yo les voy a enviar profetas... Los que pusieron por escrito antes que Lucas esta palabra de Jesús (que leemos también en Mt 23,34), la introdujeron con esta fórmula: La Sabiduría de Dios dice, que era una manera de designar a Jesús. Lucas, al ubicar estas líneas dentro del discurso de Jesús, se olvidó de suprimirla, lo que habría dado más claridad.Ver también el comentario de Mt 23,34. Jesús afirma que los fariseos y los maestros de la ley van a ser los principales responsables de la persecución contra los primeros cristianos (contra esos apóstoles y profetas que él va a enviar). También afirma que el castigo de dicha persecución recaerá sobre la presente generación y así anuncia la destrucción de la nación judía en el año 70.La advertencia de Jesús tiene también valor para las instituciones cristianas y para todos los que de una u otra manera guían a la comunidad. Nosotros mismos tal vez hemos construido una Iglesia de élite, que inconscientemente menosprecia a los pobres y desamparados. Y así, muy pronto, se llega a la parálisis o a eliminar a los profetas.No entraron y cerraron el paso a los que estaban entrando (52). ¿No será uno de los motivos por el cual tanta gente sencilla se fue a otras iglesias? 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 12, 1 - 59

             NO TEMAN A LOS QUE MATAN EL CUERPO   [1] Entre tanto se habían reunido miles y miles de personas, hasta el punto de que se aplastaban unos a otros. Entonces Jesús se puso a decir, especialmente para sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. [2] Nada hay tan oculto que no haya de ser descubierto o tan escondido que no haya de ser conocido. [3] Por el contrario, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será oído a la luz del día, y lo que hayan dicho al oído en las habitaciones será proclamado desde las azoteas. [4] Yo les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. [5] Yo les voy a mostrar a quién deben temer: teman a Aquel que, después de quitarle a uno la vida, tiene poder para echarlo al infierno. Créanme que es a ése a quien deben temer. [6] ¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Pues bien, delante de Dios ninguno de ellos ha sido olvidado. [7] Incluso los cabellos de ustedes están contados. No teman, pues ustedes valen más que un sinnúmero de pajarillos. [8] Yo les digo: Si uno se pone de mi parte delante de los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte delante de los ángeles de Dios; [9] pero el que me niegue delante de los hombres, será también negado él delante de los ángeles de Dios. [10] Para el que critique al Hijo del Hombre habrá perdón, pero no habrá perdón para el que calumnie al Espíritu Santo. [11] Cuando los lleven ante las sinagogas, los jueces y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir; [12] llegada la hora, el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que decir.»  NO ESTÁ LA VIDA EN EL POSEER   [13] Uno de entre la gente pidió a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que me dé mi parte de la herencia.» [14] Le contestó: «Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o repartidor entre ustedes?» [15] Después dijo a la gente: «Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida.» [16] A continuación les propuso este ejemplo: «Había un hombre rico, al que sus campos le habían producido mucho. [17] Pensaba: ¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mis cosechas. [18] Y se dijo: Haré lo siguiente: echaré abajo mis graneros y construiré otros más grandes; allí amontonaré todo mi trigo, todas mis reservas. [19] Entonces yo conmigo hablaré: Alma mía, tienes aquí muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien.» [20] Pero Dios le dijo: "¡Pobre loco! Esta misma noche te reclaman tu alma. ¿Quién se quedará con lo que has preparado?" [21] Esto vale para toda persona que amontona para sí misma, en vez de acumular para Dios.»   NO SE INQUIETEN POR CÓMO VIVIRÁN  [22] Jesús dijo a sus discípulos: «No se atormenten por su vida con cuestiones de alimentos, ni por su cuerpo con cuestiones de ropa. [23] Miren que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. [24] Aprendan de los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen bodegas ni graneros, y sin embargo Dios los alimenta. ¡Y ustedes valen mucho más que las aves! [25] ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? [26] Si ustedes no tienen poder sobre cosas tan pequeñas, ¿cómo van a preocuparse por las demás? [27] Aprendan de los lirios del campo: no hilan ni tejen, pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como uno de ellos. [28] Y si Dios da tan lindo vestido a la hierba del campo, que hoy está y mañana se echará al fuego, ¿qué no hará por ustedes, gente de poca fe? [29] No estén pendientes de lo que comerán o beberán: ¡no se atormenten! [30] Estas son cosas tras las cuales corren todas las naciones del mundo, pero el Padre de ustedes sabe que ustedes las necesitan. [31] Busquen más bien el Reino, y se les darán también esas cosas.  [32] No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. [33] Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. [34] Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.  ESTÉN PREPARADOS   [35] Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. [36] Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. [37] Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. [38] Y si es la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes! [39] Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro. [40] Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.» [41] Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?» [42] El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo. [43] Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. [44] En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene. [45] Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, [46] llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede fiar. [47] Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. [48] En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.  [49] He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! [50] Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido! [51] ¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer división. [52] Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres. [53] El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»  [54] También decía Jesús a la gente: «Cuando ustedes ven una nube que se levanta por el poniente, inmediatamente dicen: "Va a llover", y así sucede. [55] Y cuando sopla el viento sur, dicen: "Hará calor", y así sucede. [56] ¡Gente superficial! Ustedes saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, y ¿cómo es que no comprenden el tiempo presente? [57] ¿Cómo no son capaces de juzgar por ustedes mismos lo que es justo? [58] Mientras vas donde las autoridades con tu adversario, aprovecha la caminata para reconciliarte con él, no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al carcelero, y el carcelero te encierre en la cárcel. [59] Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo.

 

 

[1] Nada hay tan oculto que no haya de ser descubierto. Esta sentencia puede interpretarse de varias maneras. En estos párrafos Jesús se refiere al testimonio valiente de la fe. Debemos decir la verdad, sin preocuparnos por lo que pensarán de nosotros. Aquí la hipocresía se refiere a los que siempre adoptan una actitud diplomática y se preocupan antes que nada por no perder ninguna amistad.Para el que critique al Hijo del Hombre (10). Ver el comentario de Mc 3,29.

 

 

LA CODICIA. - LA PRODUCCION

[13] ¿Quién me ha nombrado juez o repartidor entre ustedes? Jesús no resuelve pleitos judiciales como hacían los maestros de la Ley, por el hecho de que la Ley decidía tanto sobre asuntos civiles como sobre cuestiones religiosas. Eso le permitió reservar su autoridad para lo esencial: desenmascarar la codicia que nos domina es más importante que examinar los derechos de cada uno.Eviten con gran cuidado toda clase de codicia (15). No se trata de que vivamos resignados con la mediocridad o la miseria, de que estemos conformes con dormir diez personas en la misma pieza o marginados de la educación. Pues sabemos que todo esto impide el desarrollo de las personas conscientes de su dignidad y de su vocación divina. Toda la Biblia aspira a formar una comunidad humana auténtica, que no puede existir mientras unos pocos sean dueños de la riqueza, de la cultura y las responsabilidades.Pero una cosa es buscar la justicia porque sin ella no hay paz ni comunión, y otra es fijarse en lo que tienen otros para compartir su codicia. Hoy pretendemos exigir la justicia, pero mañana solamente nos preocuparemos por tener más. Esta codicia nunca nos permitirá descansar y, desde ya, nos cierra la puerta del Reino.No son sus posesiones las que le dan vida. Que tu preocupación por obtener lo que te falta no te haga descuidar lo que hoy te daría vida. Aquí deberíamos dejar la palabra a todos esos hermanos nuestros que, sumidos en la pobreza o la marginación, siguen siendo personas que viven, en el sentido más fuerte de la palabra; ¿debemos tener compasión de ellos, o bien hemos de contarlos entre los pocos que ya gozan del Reino de Dios?Uno de los mayores obstáculos que se presenta en el esfuerzo por liberar a los pueblos es su propia codicia. El día que acepten participar en los grandes boicots y no se dejen dividir por las promesas en beneficio de tal o cual categoría, serán más fuertes que cualquier trust o mafia, y encontrarán la vida como pueblos.¿Qué voy a hacer? El rico de la parábola proyectaba construir graneros más amplios para su solo beneficio, y Jesús lo condena. También nosotros debemos preguntarnos sobre lo que deberíamos cambiar en nuestro comportamiento para que la economía permita una distribución mejor de las riquezas.El que trabaja para Dios sabe encontrar su felicidad en el momento. Procura crear donde vive un tejido de relaciones sociales mediante las cuales cada uno da a los demás y recibe de ellos, en vez de ambicionar y conquistar las cosas en forma egoísta.

 

 

LA IGLESIA POBRE

[32] No temas, pequeño rebaño. En ningún lugar del Evangelio Jesús nos deja creer que, con el tiempo, la mayoría de la humanidad se convertirá. Sabemos que el mundo no cristiano es mucho más numeroso que el mundo «cristiano» y que crece más rápidamente. Mientras en el mundo «cristiano» muchas personas dejan la práctica religiosa, comprendemos mejor que la Iglesia es a la vez una señal y un pequeño rebaño.Jesús nos pide a cada uno de nosotros el desprendimiento. También se lo pide al rebaño como tal. Lo importante para la Iglesia no es construir instituciones poderosas ni conquistar puestos de mando en la sociedad «para mayor gloria de Dios». Una Iglesia que aguarda el regreso del Maestro se preocupa sobre todo de estar lista para hacer sus maletas, esté donde esté, cuando el Señor le señale nuevos caminos, pidiéndole que vuelva a ser misionera.Al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Comparar con Lc 10,23 y Mt 16,16. Si queremos amar de verdad al Padre, debemos dar testimonio de que él nos ha elegido para ser en el mundo el pequeño rebaño que va a lo esencial.Vendan lo que tienen. ¿Está convencido el pueblo de que la Iglesia actúa de esa manera? Los cristianos se alegran cuando su obispo o su pastor condena la injusticia y recuerda los derechos de los obreros y de los marginados; pero no basta con predicar a los demás. Dios les exige a todos justicia, y a su Iglesia pobreza. Nuestro llamado a la justicia no será escuchado mientras la Iglesia misma no acepte todo el Evangelio. 

 

 

[35] Jesús desarrolla la comparación del servidor que espera la vuelta de su patrón. Ese servidor se contrapone al rico de la parábola anterior, únicamente preocupado por una vida larga y cómoda. El «acumula para Dios».Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando (37). Velando, o sea, preocupados por lo que será el mundo del mañana. Velando: esto significa también quedar despierto y lúcido en todo lo que toca a la verdad; no aceptamos llamar al bien mal y al mal bien; no nos damos la absolución por consentir el mal y acobardarnos frente a la injusticia.El Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan (40). No pensemos solamente en el día de la muerte, ni tengamos miedo al juicio de Dios, si vivimos en su gracia. Jesús nos habla del patrón que vuelve de las bodas, tan alegre que invierte todo el orden establecido para ponerse a servir a sus servidores. Tal vez llevamos años sirviendo a Dios. ¿Cómo no llegaríamos a esta otra etapa de la vida espiritual en que parece que Dios solamente se preocupa por regalarnos y festejarnos?Pedro preguntó (41). Este nuevo párrafo se dirige a los responsables de la Iglesia.Mi patrón llegará tarde (45). Los responsables pueden traicionar su misión. Más a menudo cometen el error de no ver más que el buen funcionamiento de las instituciones, y olvidan la o las venidas de Cristo. Dios viene en cada momento a través de los acontecimientos que echan a perder nuestros planes. Por tanto la Iglesia no debe contar demasiado con la planificación de su actividad; ¿sabe alguien lo que Dios nos reserva para mañana? Más bien debe cuidar la oración y la disponibilidad para que el Señor le conceda estar en la mejor posición cuando él sacuda nuestro pequeño universo.Estén despiertos para admirar, alegrarse, descubrir la presencia de Dios y sus favores que iluminan nuestra vida. 

 

 

[49] He venido a traer fuego. ¿Será necesario pensar que el fuego se refiere a algo preciso, como sería el amor, el Evangelio o el don del Espíritu Santo? Mejor nos quedamos con la figura del fuego que purifica, que quema todo lo viejo, que da calor y fomenta la vida. Fuego del juicio de Dios, destructor de todo aquello que no puede someterse a su acción reformadora.Jesús viene para rehacer el mundo y sacar de sus escombros las joyas que quedarán para la eternidad. Los que siguen a Jesús deben participar en esa obra de salvación de una historia que se ha hecho en base a trabajos, violencia, sufrimientos y grandes sueños, locos o sabios.He de recibir un bautismo (50). Jesús es a la vez el jefe y el primero de los que van a enfrentar la muerte como el medio para alcanzar la resurrección. Este paso tan angustioso para Jesús como para nosotros es el bautismo de fuego (ver Lc 3,16), que nos introduce a la vida gloriosa y definitiva. Este es el verdadero bautismo, del que los demás, ya sean de agua o del Espíritu, no son sino la preparación (Rom 6,3-5).He venido a traer la división. Siguen las palabras de Jesús, tan desconcertantes para los que buscan junto a él la tranquilidad. Jesús divide a las naciones (ver comentario de Jn 10,1-4), a las familias y a los grupos sociales. Muchas veces se quiso hacer de la religión el cimiento de la unidad nacional o de la paz familiar. Es verdad que la fe es factor de paz y comprensión, pero también aparta al que vive en la verdad de aquellos, hermanos o amigos suyos, que no pueden compartir todo lo que ahora es más importante para él. Las heridas y el escándalo tan dolorosos de esta separación son la verdadera causa de muchas persecuciones.Es que el Evangelio no encamina este mundo hacia un paraíso terrenal, sino que lo hace madurar. La muerte de Jesús pone en plena luz lo que estaba escondido en los corazones (Lc 2,35); asimismo pone de manifiesto la mentira y la violencia que mueven a nuestras sociedades, tal como pasó en torno a él en la sociedad judía de su tiempo. 

 

 

[54] Cuando ustedes ven una nube. Los signos que se manifiestan en torno a Jesús son suficientes para que todos puedan entender que ésta es la hora anunciada por los profetas, en que los hombres deben convertirse e Israel reconocer a su Salvador; mañana será ya tarde (v. 57-59). Mientras vas donde las autoridades con tu adversario (58). Mateo aplica esta comparación a la reconciliación fraterna (5,23). Aquí, en cambio, Lucas la refiere a nuestra conversión. Estamos en marcha hacia el juicio de Dios, y eso es como ir ante las autoridades; por lo tanto, no perdamos esta oportunidad de salvarnos creyendo en el mensaje de Cristo. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 13, 1 - 35

             LA HIGUERA QUE NO DA FRUTO   [1] En ese momento algunos le contaron a Jesús una matanza de galileos. Pilato los había hecho matar en el Templo, mezclando su sangre con la sangre de sus sacrificios. [2] Jesús les replicó: «¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás porque corrieron semejante suerte? [3] Yo les digo que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo. [4] Y aquellas dieciocho personas que quedaron aplastadas cuando la torre de Siloé se derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? [5] Yo les aseguro que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, todos perecerán de igual modo.» [6] Jesús continuó con esta comparación: «Un hombre tenía una higuera que crecía en medio de su viña. Fue a buscar higos, pero no los halló. [7] Dijo entonces al viñador: «Mira, hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala. ¿Para qué está consumiendo la tierra inútilmente?» [8] El viñador contestó: «Señor, déjala un año más y mientras tanto cavaré alrededor y le echaré abono. [9] Puede ser que así dé fruto en adelante y, si no, la cortas.»  UNA CURACIÓN EN DÍA SÁBADO   [10] Un sábado Jesús estaba enseñando en una sinagoga. [11] Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años estaba poseída por un espíritu que la tenía enferma, y estaba tan encorvada que no podía enderezarse de ninguna manera. [12] Jesús la vio y la llamó. Luego le dijo: «Mujer, quedas libre de tu mal». [13] Y le impuso las manos. Al instante se enderezó y se puso a alabar a Dios. [14] Pero el presidente de la sinagoga se enojó porque Jesús había hecho esta curación en día sábado, y dijo a la gente: «Hay seis días en los que se puede trabajar; vengan, pues, en esos días para que los sanen, pero no en día sábado.» [15] El Señor le replicó: «¡Ustedes son unos falsos! ¿Acaso no desatan del pesebre a su buey o a su burro en día sábado para llevarlo a la fuente? [16] Esta es hija de Abraham, y Satanás la mantenía atada desde hace dieciocho años; ¿no se la debía desatar precisamente en día sábado?» [17] Mientras Jesús hablaba, sus adversarios se sentían avergonzados; en cambio la gente se alegraba por las muchas maravillas que le veían hacer.  DOS PARÁBOLAS   [18] Jesús continuó diciendo: «¿A qué puedo comparar el Reino de Dios? ¿Con qué ejemplo podría ilustrarlo? [19] Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su jardín. Creció y se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se refugiaron en sus ramas.» [20] Y dijo otra vez: «¿Con qué ejemplo podría ilustrar el Reino de Dios? [21] Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que fermentó toda la masa.»   LA PUERTA ANGOSTA   [22] Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. [23] Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvarán?» [24] Jesús respondió: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán. [25] Si a ustedes les ha tocado estar fuera cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, entonces se pondrán a golpearla y a gritar: ¡Señor, ábrenos! Pero les contestará: No sé de dónde son ustedes. [26] Entonces comenzarán a decir: Nosotros hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. [27] Pero él les dirá de nuevo: No sé de dónde son ustedes. ¡Aléjense de mí todos los malhechores! [28] Habrá llanto y rechinar de dientes cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes, en cambio, sean echados fuera. [29] Gente del oriente y del poniente, del norte y del sur, vendrán a sentarse a la mesa en el Reino de Dios. [30] ¡Qué sorpresa! Unos que estaban entre los últimos son ahora primeros, mientras que los primeros han pasado a ser últimos. » [31] En ese momento unos fariseos llegaron para avisarle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.» [32] Jesús les contestó: «Vayan a decir a ese zorro: Hoy y mañana expulso demonios y realizo curaciones, y al tercer día llegaré a mi término. [33] Pero tengo que seguir mi camino hoy, mañana y un poco más, porque no es correcto que un profeta sea asesinado fuera de Jerusalén.  [34] ¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Qué bien matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y tú no has querido! [35] Por eso se van a quedar con su Templo vacío y no me volverán a ver hasta que llegue el tiempo en que ustedes dirán: «¡Bendito sea el que viene en Nombre del Señor!»       

 

 

[1] Le contaron a Jesús: Se trataba de un motín de los galileos en el patio del Templo y la intervención inmediata de la guardia romana apostada en la fortaleza vecina. Violaron el campo sagrado, estrictamente reservado a los judíos, y derramaron sangre en el lugar santo.Los que cuentan el asunto esperan de Jesús una respuesta de solidaridad nacional y religiosa frente a esta matanza de sus compatriotas y la ofensa hecha a Dios. Pero Jesús no se detiene en tales consideraciones. Según su costumbre, deja que los hombres se entusiasmen por causas más humanas que divinas, y les llama la atención sobre lo esencial; esos patriotas galileos eran hombres violentos, igual que los romanos que los mataron. Y, en ese momento, Dios llama a todos a una conversión de la que depende su misma supervivencia. Pues la situación de violencia es tal bajo la dominación romana, que no existe ninguna salida fuera de la fe, la cual hace posible el perdón.

 

 

LOS CASTIGOS DE DIOS

En este pasaje Jesús pone en tela de juicio la idea que tenemos de los castigos de Dios. No se puede creer en Dios sin creer en la justicia, y entre los Griegos, que tenían dioses caprichosos y poco honrados, la justicia era una fuerza divina superior a los dioses. Pero siempre uno se cree el centro del mundo y se cree mejor. Si la desgracia cae sobre alguno, otros piensan que eso es justo, pero cuando nos toca a nosotros, nos preguntamos: "¿Qué le he hecho a Dios para que me suceda esto?"El Evangelio tomará en cuenta varios aspectos de la pregunta. En primer lugar, tratemos de superar el espíritu de clan o de partido (véase 6,32); el mal hecho por nuestros enemigos no es peor que el que hacemos nosotros. En segundo lugar, la justicia de Dios sobrepasa en mucho a la nuestra, y sólo se realiza verdaderamente en el otro mundo (el caso de Lázaro 16,19).Las desgracias que en esta vida nos parecen "castigos de Dios" no son, en realidad, más que señales, medidas pedagógicas de que se sirve el Señor para que estemos conscientes del pecado, pues el saca el bien del mal. Y muchas veces Dios convierte a un pecador otorgándole una gracia inesperada (véase el caso de Zaqueo: 19,1 ).Entonces, ¿por qué se habla tanto de los castigos de Dios en el Antiguo Testamento? Precisamente porque el pueblo de Dios no tenía idea todavía del más allá y era necesario mostrarles castigos de Dios en la presente vida para que creyeran en su justicia. De hecho, Dios sigue dando signos semejantes, tanto para las personas como para las colectividades, y es bueno que los sepamos reconocer, aun sabiendo que esta no es la última palabra de la justicia divina. 

 

 

[10] La palabra desatar se usaba entre los judíos para expresar que a alguno se le perdonaba su pecado o su pena; pero también significaba soltar a un animal del yugo. Jesús es el que desata a la persona humana, y nos invita a seguir su ejemplo.No debe extrañarnos el enojo del jefe de la sinagoga. Si nunca prestó atención a su hermana enferma, debió sentirse más desprestigiado que feliz por el gesto de Jesús. ¿No pasaría lo mismo con nosotros? 

 

 

[18] Ver el comentario de Mt 13,31.En el momento en que se acaba su ministerio en Galilea, Jesús nos invita al optimismo: aunque los resultados se notan poco, algo se ha sembrado y el Reino de Dios está creciendo. 

 

 

[22] Ver el comentario de Mt 7,13.¿Es verdad que son pocos los que se salvarán? Para Jesús ésta es una pregunta inútil. Más bien hay que preguntarse si Israel ha escuchado el llamado de Dios y está tomando el camino estrecho que lo salvaría.Vendrá gente del oriente y del poniente (29). De todos los países se convertirán y entrarán a la Iglesia, mientras que el pueblo judío, en su mayoría, se quedará fuera. 

 

 

[34] Ver el comentario de Mt 23,37 que lleva el mismo texto. Fijémonos sin embargo en una pequeña diferencia: hasta que llegue el tiempo en que ustedes dirán (35). Para Lucas, discípulo de Pablo, era una certeza de que llegará el día en que Israel reconocerá a Cristo (véase Rom 11,25-32). Pues Jesús vino para salvar a Israel, es decir, para darle un sentido a su historia, e Israel será salvado. Y entonces será el fin de todas las demás historias. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 14, 1 - 35

             [1] Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes, y ellos lo observaban. [2] Por casualidad había delante de él un hombre que sufría de hinchazón. [3] Jesús preguntó a los maestros de la Ley y a los fariseos: «¿Está permitido por la Ley curar en día sábado o no?» [4] Pero ninguno respondió. Jesús entonces se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió. [5] Después les dijo: «Si a uno de ustedes se le cae su burro o su buey en un pozo en día sábado, ¿acaso no va en seguida a sacarlo?» [6] Y no pudieron contestarle.  LOS PRIMEROS ASIENTOS   [7] Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los puestos de honor, por lo que les dio esta lección: [8] «Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, [9] y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar. [10] Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. [11] Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»  [12] Jesús dijo también al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos, porque ellos a su vez te invitarán a ti y así quedarás compensado. [13] Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. [14] ¡Qué suerte para ti, si ellos no pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos.»  LOS INVITADOS QUE SE EXCUSAN   [15] Al oír estas palabras, uno de los invitados le dijo: «Feliz el que tome parte en el banquete del Reino de Dios.» [16] Jesús respondió: «Un hombre dio un gran banquete e invitó a mucha gente. [17] A la hora de la comida envió a un sirviente a decir a los invitados: «Vengan, que ya está todo listo.» [18] Pero todos por igual comenzaron a disculparse. El primero dijo: «Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo; te ruego que me disculpes.» [19] Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes.» [20] Y otro dijo: «Acabo de casarme y por lo tanto no puedo ir.» [21] Al regresar, el sirviente se lo contó a su patrón, que se enojó. Pero dijo al sirviente: «Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad y trae para acá a los pobres, a los inválidos, a los ciegos y a los cojos.» [22] Volvió el sirviente y dijo: «Señor, se hizo lo que mandaste y todavía queda lugar.» [23] El patrón entonces dijo al sirviente: «Vete por los caminos y por los límites de las propiedades y obliga a la gente a entrar hasta que se llene mi casa. [24] En cuanto a esos señores que había invitado, yo les aseguro que ninguno de ellos probará mi banquete.»  LO QUE CUESTA SEGUIR A JESÚS   [25] Caminaba con Jesús un gran gentío. Se volvió hacia ellos y les dijo: [26] «Si alguno quiere venir a mí y no se desprende de su padre y madre, de su mujer e hijos, de sus hermanos y hermanas, e incluso de su propia persona, no puede ser discípulo mío. [27] El que no carga con su propia cruz para seguirme luego, no puede ser discípulo mío. [28] Cuando uno de ustedes quiere construir una casa en el campo, ¿no comienza por sentarse y hacer las cuentas, para ver si tendrá para terminarla? [29] Porque si pone los cimientos y después no puede acabar la obra, todos los que lo vean se burlarán de él [30] diciendo: ¡Ese hombre comenzó a edificar y no fue capaz de terminar! [31] Y cuando un rey parte a pelear contra otro rey, ¿no se sienta antes para pensarlo bien? ¿Podrá con sus diez mil hombres hacer frente al otro que viene contra él con veinte mil? [32] Y si no puede, envía mensajeros mientras el otro está aún lejos para llegar a un arreglo. [33] Esto vale para ustedes: el que no renuncia a todo lo que tiene, no podrá ser discípulo mío. [34] La sal es una cosa buena, pero si la sal deja de ser sal, ¿con qué se la salará de nuevo? [35] Ya no sirve para el campo ni para estiércol; se la tirará fuera. Escuchen, pues, si tienen oídos.»    

 

 

[7] Aquí Jesús desarrolla un proverbio de la Biblia que nos invita a ser modestos en las reuniones sociales (Pro 25,6-7). Esta es la actitud que conviene a los hijos e hijas de Dios. En cualquier sector de la actividad humana, dejemos que otros busquen el primer lugar, atropellando a los demás; Dios sabe ascender a los humildes y colocarlos donde mejor le convenga. Además, cuando lleguemos arriba, habrá cambios en los primeros puestos y no es seguro que pasaremos antes que tal o cual de nuestros compañeros que no iban a Misa o a los que solíamos criticar. El que fue Papa, o «católico» eminente, podrá ser menos que la viejita que vendía el periódico. 

 

 

[12] Cada uno busca la compañía de los que están más arriba, pues se considera que se saca mayor provecho al relacionarse con el superior que con el inferior. Incluso se considera principio de buena educación enseñar a los niños a que se aparten de sus compañeros que no tienen «buenos modales» o, para decir la verdad, que no los ayudarán a ubicarse mejor en la sociedad.La advertencia de Jesús apunta a una de las principales causas de la injusticia. La culpa la compartimos todos nosotros que decidimos con quiénes nos conviene más convivir; de ahí que cada cual se cuelga del que está en el peldaño superior, dejando siempre aislados y desamparados a los más débiles. Sería un espectáculo extraño ver a los funcionarios prestar más atención a los mal vestidos, o ver que los barrios pobres reciban alumbrado y agua antes que el sector residencial, o que los médicos fueran a ejercer al campo.

 

 

LAS DISCULPAS

[15] En varios lugares del Antiguo Testamento se hablaba del banquete que Dios ofrecería a la gente buena cuando viniera a establecer su Reino. Jesús, a su vez, desarrolló este tema, porque el banquete representa la «comunión de los santos» (la comunión de los que viven del Reino). La presente parábola se parece mucho a la que nos cuenta Mateo (Mt 22,1).Feliz el que tome parte en el banquete del Reino de Dios, dice el interlocutor de Jesús. Tal vez no sospecha que para participar en la fiesta eterna es necesario responder hoy al llamado de Dios que nos invita a construir un mundo más fraterno. No comerá con los demás, en el Reino de Dios, el que se desliga hoy de sus hermanos.Se nos dicen los motivos por los que los invitados no responden al llamado del Señor cuando los llama a entrar en un mundo solidario junto con él. Compré campos..., acabo de casarme... Todas esas razones son buenas, por supuesto, pero de este modo los intereses económicos de la familia paralizan nuestros compromisos comunitarios y nos dejan a la puerta del banquete. Si no somos muy exigentes con nosotros mismos, nos dejaremos tomar por las pautas del juego social y dejaremos de buscar «el Reino y la Justicia de Dios».Trae para acá a los pobres..., oblígalos a entrar a mi Iglesia, oblígalos también a ocupar en la sociedad el lugar que les corresponde. Pues para mantener en el mundo las aspiraciones por la paz y la justicia, para despertar la conciencia de esos «buenos» que son demasiado cómodos, Dios cuenta con los pobres y los marginados. 

 

 

[25] Jesús piensa en los que, después de entusiasmarse por él y dejar sus ambiciones para dedicarse a la obra del Evangelio, se volverían atrás, buscando una vida más «normal» y más segura, según las normas del hombre común. Jesús necesita discípulos que se comprometan de una vez.El que no se desprende. El texto dice "el que no odia", pero este verbo tiene un uso mucho más amplio que nuestro "odiar", y muchas veces designa la persona que uno pospone, o la cosa que se dejó por otra más querida (ver Lc 16,13).De su padre y madre...Esto está también en Mt 10,37. Lucas añade: de su mujer. A algunos Jesús les pide que se alejen de los suyos y de los problemas familiares. A todos les muestra que nunca serán libres para responder a los llamados de Dios, si se niegan a considerar en forma totalmente nueva los lazos familiares, el uso de su tiempo y las horas que sacrifican a la convivencia con los de su ambiente.¿Por qué esta comparación con el rey que va a la guerra?(31). Porque el que se libera para la labor del Evangelio es, en realidad, un rey al que Dios tratará en forma regia (ver Mc 10,30). Pero también debe saber que la lucha es contra el «dueño de este mundo», el demonio, quien lo tratará de parar con mil pruebas y trampas inesperadas. De no haberse entregado totalmente, el discípulo llegaría con toda certeza a una quiebra, y sería mucho peor que no haber empezado. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 15, 1 - 32

             LA OVEJA PERDIDA  [1] Los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharle. [2] Por esto los fariseos y los maestros de la Ley lo criticaban entre sí: «Este hombre da buena acogida a los pecadores y come con ellos.»  [3] Entonces Jesús les dijo esta parábola: [4] «Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió, hasta que la encuentra? [5] Y cuando la encuentra se la carga muy feliz sobre los hombros, [6] y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: "Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido." [7] Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse. [8] Y si una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? [9] Y apenas la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque hallé la moneda que se me había perdido. [10] De igual manera, yo se lo digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.»  EL HIJO PRÓDIGO   [11] Jesús continuó: «Había un hombre que tenía dos hijos. [12] El menor dijo a su padre: "Dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y el padre repartió sus bienes entre los dos. [13] El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después, se fue a un país lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. [14] Cuando ya había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. [15] Fue a buscar trabajo, y se puso al servicio de un habitante del lugar que lo envió a su campo a cuidar cerdos. [16] Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie le daba algo. [17] Finalmente recapacitó y se dijo: ¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! [18] Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: «Padre, he pecado contra Dios y contra ti. [19] Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados.» [20] Se levantó, pues, y se fue donde su padre. Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó. [21] Entonces el hijo le habló: «Padre, he pecado contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo.» [22] Pero el padre dijo a sus servidores: «¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. [23] Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta, [24] porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.» Y comenzaron la fiesta. [25] El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la orquesta y el baile. [26] Llamó a uno de los muchachos y le preguntó qué significaba todo aquello. [27] El le respondió: «Tu hermano ha regresado a casa, y tu padre mandó matar el ternero gordo por haberlo recobrado sano y salvo.» [28] El hijo mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió a suplicarle. [29] Pero él le contestó: «Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y a mí nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. [30] Pero ahora que vuelve ese hijo tuyo, que se ha gastado tu dinero con prostitutas, haces matar para él el ternero gordo.» [31] El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. [32] Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.»       

 

 

 

 

LA OVEJA NEGRA

[3] ¿Por qué se quejan los fariseos? Porque viven muy preocupados por la pureza ritual. En esa óptica, que está inserta en el Antiguo Testamento, si dos personas tienen un contacto físico, el que es impuro contamina al otro. Como por definición los pecadores no piensan limpiarse de las mil impurezas de la vida cotidiana, Jesús pasa por ser un maestro que acepta volverse impuro a cada momento. Jesús pues hablará de la misericordia de Dios que no ha eliminado de su horizonte a los pecadores.Por otra parte, ¡nada más humano que la indignación de los "buenos": debe verse la diferencia entre nosotros y los demás! Y Jesús de nuevo se lanza en contra de la vieja idea de los méritos que se adquieren y que Dios debe recompensar.¡Feliz la oveja que Cristo fue a buscar dejando a las otras noventa y nueve! Y ¡pobres de los justos que no necesitan el perdón de Dios!Hoy, en las grandes ciudades, la Iglesia parece que se quedó tan sólo con una oveja. ¿Por qué, entonces, no se marcha al campo, es decir, deja sus rentas, sus instituciones desgastadas, el estilo formalista de sus reuniones, para salir en busca de las noventa y nueve que se han perdido? Hay que salir del círculo tan simpático de los creyentes sin problemas, mirar más allá de nuestras ceremonias renovadas, y estar dispuestos a que nos critiquen como a Jesús.¿Quién enciende la lámpara, barre la casa y busca, sino Dios mismo? Pero por respeto a Dios, los judíos del tiempo de Jesús preferían no nombrarlo y usaban expresiones como los ángeles o el cielo.

 

 

EL PECADO ORIGINAL.

 

 

EL PADRE PRODIGO

[11] Hay tres personajes en esta parábola. El Padre representa a Dios y el hijo mayor al fariseo. Pero ¿quién es el hijo menor: el pecador o, más bien, el hombre?El hombre busca su libertad y muchas veces piensa que Dios se la quita. Empieza por alejarse del padre, cuyo amor no ha entendido y cuya presencia se le hace pesada. Después de sacrificar esa herencia, cuyo precio no conoce, se deshonra a sí mismo y se hace esclavo de otros hombres y de obras vergonzosas (para un judío, el cerdo era el animal impuro).Pero el hijo vuelve. Habiendo tomado conciencia de su esclavitud, se convence de que Dios le reserva una suerte mejor, y emprende el camino de regreso. Al volver descubre que el Padre es muy diferente de la idea que de él se había forjado, pues lo estaba esperando y corre a su encuentro; lo restablece en su dignidad, borrando el recuerdo de la herencia perdida. Y se celebra el banquete del que Jesús había hablado tantas veces.Al final comprendemos que Dios es Padre. El no nos ha puesto en la tierra para cosechar méritos y premios, sino para descubrir que somos sus hijos. Porque, de hecho, nacimos pecadores; desde los orígenes de nuestra vida nos dejamos llevar por nuestros sentidos y por los malos ejemplos del ambiente en que nos hemos criado. Más aún, hasta que Dios no ha tomado la iniciativa de descubrirse a nosotros, nos es imposible pensar en una libertad que no sea independizarnos respecto a él.Dios no se sorprende de nuestras maldades, pues al crearnos libres aceptó el riesgo de que cayéramos. Y a todos nos acompaña en nuestra experiencia del bien y del mal, hasta que pueda llamarnos hijos suyos, gracias a su único Hijo, Jesús.Nótese la magnífica expresión: He pecado contra Dios y ante ti. El pecado va «contra» Dios, porque ofende la verdad y la Santidad del Unico. Pero él es también Padre, y por más que el hijo peque, peca «ante» el que saca el bien del mal.Pero el hijo mayor, el hombre irreprochable, no entendió nada de todo esto. Sirve con la esperanza de ser premiado o, por lo menos, de ser reconocido superior a los demás, y por eso no puede participar en la fiesta de Cristo, porque en realidad no sabe amar. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 16, 1 - 31

             EL ADMINISTRADOR ASTUTO   [1] Jesús dijo también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador, y le vinieron a decir que estaba malgastando sus bienes. [2] Lo mandó llamar y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no continuarás en ese cargo.» [3] El administrador se dijo: «¿Qué voy a hacer ahora que mi patrón me despide de mi empleo? Para trabajar la tierra no tengo fuerzas, y pedir limosna me da vergüenza. [4] Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me quiten el cargo, tenga gente que me reciba en su casa.» [5] Llamó uno por uno a los que tenían deudas con su patrón, y dijo al primero: [6] «¿Cuánto debes a mi patrón?» Le contestó: «Cien barriles de aceite.» Le dijo el administrador: «Toma tu recibo, siéntate y escribe en seguida cincuenta.» [7] Después dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto le debes?» Contestó: «Cuatrocientos quintales de trigo.» Entonces le dijo: «Toma tu recibo y escribe trescientos.» [8] El patrón admiró la manera tan inteligente de actuar de ese administrador que lo estafaba. Pues es cierto que los ciudadanos de este mundo sacan más provecho de sus relaciones sociales que los hijos de la luz. [9] Por eso les digo: Utilicen el sucio dinero para hacerse amigos, para que cuando les llegue a faltar, los reciban a ustedes en las viviendas eternas. [10] El que ha sido digno de confianza en cosas sin importancia, será digno de confianza también en las importantes y el que no ha sido honrado en las cosas mínimas, tampoco será honrado en las cosas importantes. [11] Por lo tanto, si ustedes no han sido dignos de confianza en manejar el sucio dinero, ¿quién les va a confiar los bienes verdaderos? [12] Y si no se han mostrado dignos de confianza con cosas ajenas, ¿quién les confiará los bienes que son realmente nuestros?  [13] Ningún siervo puede servir a dos patrones, porque necesariamente odiará a uno y amará al otro o bien será fiel a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. [14] Los fariseos escuchaban todo esto, pero se burlaban de Jesús porque eran personas apegadas al dinero. El les dijo: [15] «Ustedes aparentan ser gente perfecta, pero Dios conoce los corazones, y lo que los hombres tienen por grande, lo aborrece Dios.  [16] La época de la Ley y de los Profetas se cerró con Juan. Desde entonces se está proclamando el Reino de Dios, y cada cual se esfuerza por conquistarlo. [17] Más fácil es que pasen el Cielo y la tierra, que no que deje de cumplirse una sola letra de la Ley. [18] Todo hombre que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio. Y el que se casa con una mujer divorciada de su marido, también comete adulterio.   EL RICO Y LÁZARO   [19] Había un hombre rico que se vestía con ropa finísima y comía regiamente todos los días. [20] Había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. [21] Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas. [22] Pues bien, murió el pobre y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abraham. También murió el rico, y lo sepultaron. [23] Estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro con él en su regazo. [24] Entonces gritó: «Padre Abraham, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas.» [25] Abraham le respondió: «Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos. [26] Además, mira que hay un abismo tremendo entre ustedes y nosotros, y los que quieran cruzar desde aquí hasta ustedes no podrían hacerlo, ni tampoco lo podrían hacer del lado de ustedes al nuestro.» [27] El otro replicó: «Entonces te ruego, padre Abraham, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, [28] a mis cinco hermanos: que vaya a darles su testimonio para que no vengan también ellos a parar a este lugar de tormento.» [29] Abraham le contestó: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.» [30] El rico insistió: «No lo harán, padre Abraham; pero si alguno de entre los muertos fuera donde ellos, se arrepentirían.» [31] Abraham le replicó: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite uno de entre los muertos, no se convencerán.»  

 

 

 

 

EL DINERO Y LOS AMIGOS

[1] Jesús no se preocupa por calificar las incorrecciones del mayordomo, sino que destaca su inteligencia para asegurar su porvenir; este hombre supo descubrir a tiempo que los amigos duran más que el dinero. Asimismo, los hijos de la luz deben quitar al dinero su aureola de bien supremo. Pues parece que el dinero, puesto en un lugar seguro, es el medio para asegurar nuestra existencia y nuestro porvenir. Por el contrario, Jesús nos pide que pongamos el dinero en circulación y que lo cambiemos, sin vacilar, por algo más precioso, como son los lazos de mutuo agradecimiento.No somos propietarios, sino mayordomos de nuestros bienes, y los debemos administrar para bien de todos. El dinero no es algo malo, siempre que lo usemos como un medio que facilita los intercambios. Sin embargo, Jesús lo llama injusto (aquí pusimos la palabra sucio), porque el dinero no es el bien verdadero, el que nos hace justos, o sea, tales como Dios nos quiere; y porque no se puede acumular el dinero sin faltar a la confianza en el Padre y hacer daño al prójimo.El dinero es lo que el hombre adquiere o pierde, y no puede integrarse a su persona. Por lo tanto, no forma parte de los bienes que son realmente nuestros (12).

 

 

LOS RICOS

[13] Los fariseos se burlaban de Jesús. Lucas hace resaltar, más que los otros evangelistas, la incompatibilidad entre la religión verdadera y el apego al dinero. Los fariseos podían justificar su amor al dinero con la misma Biblia, pues en los primeros tiempos los judíos veían en las riquezas una bendición de Dios. Consideraban las riquezas como la recompensa que Dios da a los que le son fieles y que conocen, al mismo tiempo, la manera de actuar en este mundo. Pero con el correr del tiempo, reconocieron que el dinero era más bien un peligro y que, a menudo, era el privilegio de los incrédulos y de los sinvergüenzas (Sal 49; Job).Sin embargo, le basta a uno tener dinero para convencerse de que posee la verdad. De ahí que los fariseos se sintieran autorizados para juzgar y decidir en las cosas de Dios. Después de ellos no han faltado cristianos que, perteneciendo a los círculos influyentes, proyectaron extender el Reino de Dios con los recursos del dinero y del poder, y luego se consideraron como los administradores de este Reino. Pero el dinero, a su vez, posee a quienes lo poseen, y se llega rápidamente a justificar un orden moral que encubre sus propios privilegios, olvidando los valores evangélicos de justicia, de humildad y de pobreza. Al final, la Iglesia es la que se ve despreciada por los que buscan a Dios.¿Por qué en la Iglesia tantos cristianos de ambientes populares se han sentido acomplejados frente a los de situación pudiente? Se han acostumbrado a verlos encabezar las organizaciones de la Iglesia y a recibir de ellos la palabra de Dios, a pesar de las advertencias de Jesús.

 

 

LA LEY

[16] A continuación vienen tres sentencias de Jesús que no tiene otro enlace que el de referirse las tres a la Ley. La Ley designaba el conjunto de leyes que Dios había dado a los judíos. Por otra parte, la Ley y los Profetas era una manera de designar la Biblia. Aquí Jesús usa esta expresión para señalar los tiempos del Antiguo Testamento, o sea, todo lo que había preparado su propia venida.No dejará de cumplirse una sola letra de la Ley. Es decir, que todo en ella tenía su razón de ser. No obstante eso, Jesús afirma que con él se da el paso decisivo. Lo que era preparación ya no se tendrá que cumplir como se hacía antes: ver en Mt 5,17-20.Los judíos que practicaban la Ley y, en especial, los que habían seguido a Juan Bautista, necesitaban dar un paso para creer en Jesús y, con esto, conquistar el Reino de Dios (Lc 7,24). Pues a pesar de las apariencias, es mucho más fácil cumplir prácticas religiosas y observar leyes y ayunos, que creer y arriesgarse hacia lo desconocido, siguiendo a Jesús crucificado.

 

 

EL INFIERNO

[19] Esta parábola habla de la división del mundo entre ricos y miserables. La ley fatal del dinero lleva al rico a vivir aparte: alojamiento, movilización, diversiones, atención médica. La pared que construyó el rico en la presente vida será, después de su muerte, un abismo que nadie podrá salvar. El que haya aceptado esta separación, se verá puesto al otro lado para siempre.Un pobre llamado Lázaro. Jesús da un nombre al pobre, pero no al rico, trastocando así el orden de la sociedad presente, que trata como persona al «señor X», pero no al trabajador común y corriente. También vemos que Lázaro, al morir, encuentra a muchos amigos: los ángeles y Abrahán, padre de los creyentes. El rico, en cambio, ya no tiene amigos o abogados para arreglar su situación; el infierno es soledad.Algunos desearían saber cuál fue el pecado del rico para que fuera condenado al infierno. ¿Acaso negaba a Lázaro las migajas de su mesa? Pero eso no lo dice el Evangelio: sencillamente el rico no veía a Lázaro echado a su puerta. Acuérdate de que recibiste tus bienes durante tu vida.El rico no veía a Lázaro que estaba a su puerta. El Lázaro actual constituye toda una legión y está a nuestra puerta; se llama tercer o cuarto mundo. A escala mundial los países más desarrollados y las minorías privilegiadas se han apoderado de la mesa a la que todos tenían derecho, esto es, del poder real y de la cultura que imponen los medios de comunicación de masas. Las industrias nacionales y las fuentes de empleo han sido destruidas por la libertad de comercio que no está sujeta a ninguna moral social, y centenas de millones de Lázaros se hunden en la marginalidad hasta morir de miseria o por la violencia nacida de una vida deshumanizada.Lázaro es mantenido a distancia de los barrios residenciales con policías, perros y alambres. Hubiera deseado saciarse con las migajas que sobran del banquete, pero son pocas las que caen en el suelo de la patria, después que todo se gastó en productos importados o se depositó en bancos extranjeros. Lázaro vive entre escombros e inmundicias: se hace prostituta, carterista, lanza, hasta que una muerte prematura le permita encontrar a alguien que lo quiera: en la compañía de Abraham y de los ángeles. Y tendrá por fin una patria, allí donde otros ya no puedan despojarlo, vigilarlo y apalearlo en nombre de su propia seguridad. Mientras tanto, el rico no se afana tanto por gozar de la vida como por convencerse a sí mismo de que él tiene razón; hasta la Iglesia debería justificarlo. Y es esta perversión de su mente que lo lleva al infierno después de haberle inspirado odio o desprecio por todos los que proclaman las exigencias de la justicia enseñadas por Moisés y los Profetas, o sea, por la Biblia.Si no escuchan... (31). La parábola de Lázaro y del rico no sólo nos recuerda las exigencias del amor al prójimo, sino que también nos habla de la importancia única de la palabra de Dios. Muchos cristianos corren tras visiones, apariciones o milagros, y durante ese tiempo dejan de lado la palabra de Dios. Quisieran saber... pero no se ponen a la escucha de Dios. Unicamente esta palabra podría convertir a los hermanos del rico y salvarlos. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 17, 1 - 37

             [1] Dijo Jesús a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos y caïdas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás! [2] Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno de estos pequeños. [3] Cuídense ustedes mismos. Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. [4] Si te ofende siete veces al día y otras tantas vuelve arrepentido y te dice: "Lo siento", perdónalo.»  [5] Los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe.» [6] El Señor respondió: «Si ustedes tienen un poco de fe, no más grande que un granito de mostaza, dirán a ese árbol: Arráncate y plántate en el mar, y el árbol les obedecerá. [7] ¿Acaso tienen un servidor que está arando o cuidando el rebaño? Y cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen acaso: Entra y descansa? [8] ¿No le dirán más bien: Prepárame la comida y ponte el delantal para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú? [9] ¿Y quién de ustedes se sentirá agradecido con él porque hizo lo que le fue mandado? [10] Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: Somos servidores que no hacíamos falta, hemos hecho lo que era nuestro deber.»  LOS DIEZ LEPROSOS   [11] De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, [12] y al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos. Se detuvieron a cierta distancia [13] y gritaban: «Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros.» [14] Jesús les dijo: «Vayan y preséntense a los sacerdotes.» [15] Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabando a Dios en alta voz, [16] y se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era un samaritano. [17] Jesús entonces preguntó: «¿No han sido sanados los diez? ¿Dónde están los otros nueve? [18] ¿Así que ninguno volvió a glorificar a Dios fuera de este extranjero?» [19] Y Jesús le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»  LA VENIDA DEL REINO DE DIOS   [20] Los fariseos estaban preguntando a Jesús: «¿Cuándo llegará el Reino de Dios?» Les contestó: «La venida del Reino de Dios no es cosa que se pueda verificar. [21] No van a decir: "Está aquí, o está allá". Y sepan que el Reino de Dios está en medio de ustedes.» [22] Jesús dijo además a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que ustedes desearán ver alguna de las manifestaciones del Hijo del Hombre, pero no la verán. [23] Entonces les dirán: "Está aquí, está allá." No vayan, no corran. [24] En efecto, como el fulgor del relámpago rasga el cielo desde un extremo hasta el otro, así sucederá con el Hijo del Hombre cuando llegue su día. [25] Pero antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado por esta gente. [26] En los días del Hijo del Hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé: [27] la gente comía, bebía, y se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca y vino el diluvio que los hizo perecer a todos. [28] Ocurrirá lo mismo que en tiempos de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, plantaba y edificaba. [29] Pero el día que salió Lot de Sodoma, cayó desde el cielo una lluvia de fuego y azufre que los mató a todos. [30] Lo mismo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del Hombre. [31] Aquel día, el que esté en la terraza, que no baje a buscar sus cosas al interior de la casa; y el que esté en el campo, que no se vuelva atrás. [32] Acuérdense de la mujer de Lot. [33] El que intente guardar su vida la perderá, pero el que la entregue, la hará nacer a nueva vida. [34] Yo les declaro que aquella noche, de dos personas que estén durmiendo en una misma cama, una será llevada y la otra dejada; [35] dos mujeres estarán moliendo juntas, pero una será llevada y la otra dejada.» [36] Entonces preguntaron a Jesús: «¿Dónde sucederá eso, Señor?» [37] Y él respondió: «Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres.»           

 

 

[11] Los diez leprosos fueron sanados, pero a uno sólo se le dijo: Tu fe te ha salvado. Porque solamente éste fue capaz de dar una respuesta que saliera realmente del corazón. Mientras los otros se preocupaban por cumplir los trámites legales, él no pensó más que en dar gracias a Dios, ahí mismo donde la gracia de Dios lo había encontrado; ésta es la fe que nos salva y nos transforma. Entre tantos que piden sanaciones y favores, ¿cuántos aprenderán a amar a Dios?

[20] Cuándo llegará el Reino de Dios. No llega como una revolución o un cambio de las estaciones del año, sino que va actuando en los hombres que han recibido la Buena Nueva. El Reino es algo que ya poseen los creyentes.A continuación siguen unas palabras de Jesús sobre el fin de Jerusalén y sobre su segunda venida (Mc 13,14). Los contemporáneos veían este triunfo del Mesías de un modo material, ligado a la liberación del poder romano. Para abrirles sus espíritus, Jesús les presenta dos comparaciones: el relámpago que se ve de todas partes, y las águilas que van sin engañarse adonde hay un cadáver. De la misma manera todos se darán cuenta, y sin error, cuando vuelva Cristo. Sin embargo, esta venida hallará desprevenidos a los que no la esperaban (como en los días de Noé). El juicio separará de repente a los elegidos de los condenados, a quienes nada los separaba en la vida diaria: de dos que trabajan juntos, uno es llevado, el otro dejado.El hombre que está fuera de la casa, en Mateo 24,17 está relacionado con el fin de Jerusalén, y en este lugar significa que habrá que huir rápidamente. Pero aquí tiene otro sentido: cuando se presente el fin del mundo ya no será momento de preocuparse por salvar su vida o sus pertenencias.¿Dónde sucederá eso? (37). Pregunta desatinada, como en 17,20. Porque el Señor no congregará a los suyos en ningún lugar material. Ese día los buenos serán llevados infaliblemente a la presencia de Dios. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 18, 1 - 43

             ORAR SIN DESANIMARSE   [1] Jesús les mostró con un ejemplo que debían orar siempre, sin desanimarse jamás: [2] «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba la gente. [3] En la misma ciudad había también una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi adversario. [4] Durante bastante tiempo el juez no le hizo caso, pero al final pensó: Es cierto que no temo a Dios y no me importa la gente, [5] pero esta viuda ya me molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario acabará rompiéndome la cabeza.» [6] Y el Señor dijo: «¿Se han fijado en las palabras de este juez malo? [7] ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, si claman a él día y noche, mientras él deja que esperen? [8] Yo les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».  EL FARISEO Y EL PUBLICANO   [9] Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás. [10] «Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. [11] El fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano. [12] Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todas mis entradas.» [13] Mientras tanto el publicano se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador.» [14] Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» [15] Le traían también niños pequeñitos para que los tocara, pero los discípulos empezaron a reprender a esas personas. [16] Jesús pidió que se los trajeran, diciendo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. [17] En verdad les digo que el que no reciba el Reino de Dios como niño no entrará en él.»  EL QUE NO QUISO SEGUIR A JESÚS  [18] Cierto hombre importante le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» [19] Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno, nadie más. [20] Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre.» [21] Pero él contestó: «Todo esto lo he cumplido ya desde joven.» [22] Al oír esto, Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes, reparte el dinero entre los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después ven y sígueme.» [23] Ante tal respuesta, el hombre se puso triste, pues era muy rico. [24] Al verlo, dijo Jesús: «¡Qué difícil es, para los que tienen riquezas, entrar en el Reino de Dios! [25] Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.» [26] Los presentes dijeron: «¿Quién podrá salvarse entonces?» [27] Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.» [28] En ese momento Pedro dijo: «Ya ves que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido.» [29] Jesús respondió: «Yo les aseguro que ninguno dejará casa, esposa, hermanos, padre, o hijos a causa del Reino de Dios [30] sin que reciba mucho más en el tiempo presente y, en el mundo venidero, la vida eterna.» [31] Jesús tomó aparte a los Doce y les dijo: «Estamos subiendo a Jerusalén y allí se va a cumplir todo lo que escribieron los profetas sobre el Hijo del Hombre: [32] será entregado al poder extranjero; será burlado, maltratado y escupido, [33] y después de azotarlo lo matarán. Pero al tercer día resucitará.» [34] Los Doce no entendieron nada de. Este era un lenguaje misterioso para ellos y no comprendían lo que decía.  EL CIEGO DE JERICÓ  [35] Ya cerca de Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. [36] Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello, [37] y le dieron la noticia: ¡Es Jesús, el nazoreo, que pasa por aquí! [38] Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!» [39] Los que iban delante le levantaron la voz para que se callara, pero él gritaba con más fuerza: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!» [40] Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajeran, y cuando tuvo al ciego cerca, le preguntó: [41] «¿Qué quieres que haga por ti?» Le respondió: «Señor, haz que vea.» [42] Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado.» [43] Al instante el ciego pudo ver. El hombre seguía a Jesús, glorificando a Dios, y toda la gente que lo presenció también bendecía a Dios.     

 

 

[1] Si hay un Dios justo, ¿por qué no hace justicia? (Sal 44,23; Hab 1; Za 1,12; Ap 6,9). Jesús les responde: ¿Lo desean ustedes realmente y lo piden con bastante fe? Habrá que esperar, pero sin duda se hará. Un juez que se burla de los hombres. Así ven a Dios muchas personas que se fijan en lo injusto y lo absurdo de la vida. Pero si sabemos orar perseverantemente, descubriremos poco a poco que todo esto no es tan absurdo como parece; y llegaremos a reconocer, a través de los acontecimientos, el rostro de un Dios que nos ama y su justicia en todo lo que hace.Si claman a él día y noche (6). Jesús, que tanto recalca nuestra responsabilidad frente al mundo, nos invita también a pedir a Dios día y noche. ¿Por qué tan fácilmente la gente se divide (o nosotros la dividimos) entre quienes rezan y quienes actúan?¿Encontrará fe sobre la tierra? Jesús confirma una opinión que ya se encontraba entre los judíos de su tiempo. En los últimos tiempos que precedan al juicio, la fuerza del mal será tal que en muchos el amor se enfriará (Mt 24,12; Lc 21,36).De hecho, en la primera venida de Jesús, el Antiguo Testamento terminó con un fracaso aparente, pues pocos creyeron en él y la mayoría se dejaron arrastrar por la confusión, los falsos salvadores y las violencias que precipitaron la caída de la nación, cuarenta años después de la muerte de Jesús. 

 

 

[9] Los fariseos ponían mucho empeño en cumplir la Ley de Dios y multiplicaban los ayunos y las obras de misericordia. Desgraciadamente se atribuían a sí mismos el mérito de su vida tan ejemplar: sus obras buenas obligaban a Dios a que los premiara.El publicano, en cambio, se reconoce pecador ante Dios y ante los hombres, y no pide más que su perdón. Y Jesús nos dice que estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa (el texto dice que estaba "justificado", es decir, tal como Dios quería verlo).Jesús habló para algunos que se vanagloriaban de ser justos (9), lo que se opone a "justificado" del versículo 14. La Biblia llama justos a aquellos cuya vida está en orden delante de Dios porque observan su Ley; así es como en Mt 1,19 y en Lc 1,6 José y Zacarías son llamados justos. Sin embargo, en muchos lugares, se concede una gran importancia a los hechos exteriores que hacen "justo" al hombre, y entre los fariseos como en cualquier otro grupo religioso que sea al mismo tiempo un partido o un grupo social, eso quería decir que se era una persona "decente".Jesús nos invita a la humildad si queremos tener la única "justicia" o rectitud que vale a los ojos de Dios, pues no se trata de adquirirla a fuerza de méritos y de prácticas religiosas, sino de recibirla de Dios como un don que El otorga a los que esperan de él el perdón y la santidad. No es pura casualidad que esta parábola se encuentre en Lucas, el discípulo de Pablo, pues justamente Pablo, el fariseo convertido, vuelve una y otra vez a lo que constituye la verdadera justicia del cristiano. Lo que Dios quiere para nosotros es tan grande que nunca lo adquiriremos a costa de prácticas religiosas o de buenas obras: pero Dios lo da todo si confiamos en él (véase Rom 4).No es tampoco por pura casualidad que Jesús nos presenta a un fariseo que sólo sabe compararse con otra persona para encontrarse mejor que ésta. Allí es donde el demonio aguarda a todas las personas y a todos los grupos cristianos que se enorgullecen de haber elegido un camino de conversión. Doquiera se vea la Iglesia dividida, sea por motivos políticos o religiosos, una de las razones que hacen que esta situación se mantenga es porque permite compararse unos con otros y sentirse mejores que los del otro grupo. Es muy difícil formar parte de un grupo de "convertidos" sin mirar con compasión y superioridad a los demás hermanos cristianos que no tomaron el mismo camino. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 19, 1 - 48

             JESÚS Y ZAQUEO   [1] Habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. [2] Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los cobradores del impuesto y muy rico. [3] Quería ver cómo era Jesús, pero no lo conseguía en medio de tanta gente, pues era de baja estatura. [4] Entonces se adelantó corriendo y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por allí. [5] Cuando llegó Jesús al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa.» [6] Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. [7] Entonces todos empezaron a criticar y a decir: «Se ha ido a casa de un rico que es un pecador.» [8] Pero Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más.» [9] Jesús, pues, dijo con respecto a él: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. [10] El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»  LAS DIEZ MONEDAS   [11] Cuando Jesús estaba ya cerca de Jerusalén, dijo esta parábola, pues los que lo escuchaban creían que el Reino de Dios se iba a manifestar de un momento a otro. [12] «Un hombre de una familia noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver después. [13] Llamó a diez de sus servidores, les entregó una moneda de oro a cada uno y les dijo: «Comercien con ese dinero hasta que vuelva.» [14] Pero sus compatriotas lo odiaban y mandaron detrás de él una delegación para que dijera: «No queremos que éste sea nuestro rey.» [15] Cuando volvió, había sido nombrado rey. Mandó, pues, llamar a aquellos servidores a quienes les había entregado el dinero, para ver cuánto había ganado cada uno. [16] Se presentó el primero y dijo: «Señor, tu moneda ha producido diez más.» [17] Le contestó: «Está bien, servidor bueno; ya que fuiste fiel en cosas muy pequeñas, ahora te confío el gobierno de diez ciudades.» [18] Vino el segundo y le dijo: «Señor, tu moneda ha producido otras cinco más.» [19] El rey le contestó: «Tú también gobernarás cinco ciudades.» [20] Llegó el tercero y dijo: «Señor, aquí tienes tu moneda. La he guardado envuelta en un pañuelo [21] porque tuve miedo de ti. Yo sabía que eres un hombre muy exigente: reclamas lo que no has depositado y cosechas lo que no has sembrado.» [22] Le contestó el rey: «Por tus propias palabras te juzgo, servidor inútil. Si tú sabías que soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado, [23] ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así a mi regreso lo habría cobrado con los intereses.» [24] Y dijo el rey a los presentes: «Quítenle la moneda y dénsela al que tiene diez.» [25] «Pero, señor, le contestaron, ya tiene diez monedas.» [26] Yo les digo que a todo el que produce se le dará más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. [27] En cuanto a esos enemigos míos que no me quisieron por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia.»  JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN  [28] Dicho esto, Jesús pasó adelante y emprendió la subida hacia Jerusalén. [29] Cuando se acercaban a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos y les dijo: [30] «Vayan al pueblo de enfrente y al entrar en él encontrarán atado un burrito que no ha sido montado por nadie hasta ahora. Desátenlo y tráiganmelo. [31] Si alguien les pregunta por qué lo desatan, contéstenle que el Señor lo necesita.» [32] Fueron los dos discípulos y hallaron todo tal como Jesús les había dicho. [33] Mientras soltaban el burrito llegaron los dueños y les preguntaron: «¿Por qué desatan ese burrito?» [34] Contestaron: «El Señor lo necesita.» [35] Trajeron entonces el burrito y le echaron sus capas encima para que Jesús se montara. [36] La gente extendía sus mantos sobre el camino a medida que iba avanzando. [37] Al acercarse a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos comenzó a alabar a Dios a gritos, con gran alegría, por todos los milagros que habían visto. [38] Decían: «¡Bendito el que viene como Rey, en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo más alto de los cielos!» [39] Algunos fariseos que se encontraban entre la gente dijeron a Jesús: «Maestro, reprende a tus discípulos.» [40] Pero él contestó: «Yo les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras.» [41] Al acercarse y viendo la ciudad, lloró por ella, [42] y dijo: «¡Si al menos en este día tú conocieras los caminos de la paz! Pero son cosas que tus ojos no pueden ver todavía. [43] Vendrán días sobre ti en que tus enemigos te cercarán de trincheras, te atacarán y te oprimirán por todos los lados. [44] Te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has reconocido el tiempo ni la visita de tu Dios.» [45] Jesús entró después en el recinto del Templo y comenzó a expulsar a los comerciantes que estaban allí actuando. [46] Les declaró: «Dios dice en la Escritura: Mi casa será casa de oración. Pero ustedes la han convertido en un refugio de ladrones.» [47] Jesús enseñaba todos los días en el Templo. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban el modo de acabar con él, al igual que las autoridades de los judíos, [48] pero no sabían qué hacer, pues todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.           

 

 

 

 

LA FUERZA DE JESUS

[1] Todos en Jericó señalaban a Zaqueo: ¿cómo se convertiría un hombre de esta clase, acostumbrado a los negocios sucios? ¿Qué castigo le enviaría Dios? Y Dios, en vez de castigarlo, vino a su casa.Jesús demuestra que es guiado por el Espíritu cuando divisa a Zaqueo entre tanta gente, y comprende en ese momento que ha venido ese día a Jericó para salvar a un rico.Zaqueo sabe que es envidiado y odiado. Pero no ha perdido el sentido del bien y admira secretamente al profeta Jesús. Dios lo salva por sus buenos deseos. El favor que le hace Jesús le obliga a manifestar todo lo humano y bueno que tenía adentro.Lucas nos dice que recibió a Jesús con alegría: alegría que muestra el cambio ocurrido en él. Después no le costará reparar sus maldades. El pueblo se indigna, imitando a los fariseos, pues el profeta Jesús debería compartir su causa y hasta sus rencores. Pero Jesús no es un demagogo; la incomprensión de la muchedumbre no le importa más que la de los fariseos. Una vez más Jesús ha demostrado su fuerza; ha destruido el mal salvando al pecador. 

 

 

[11] Los galileos van a Jerusalén a celebrar la Pascua y Jesús va caminando con ellos. Sabe que le espera la muerte; ellos, sin embargo, están convencidos de que se proclamará rey y libertador de Israel.Con esta parábola, Jesús los invita a tener otra esperanza. El reinará al volver de un país lejano, o sea, de la muerte, al final de la historia. Los suyos, mientras tanto, tienen a su cargo riquezas que él les facilitó y que han de hacerlas fructificar; no deben esperar su vuelta cruzados de brazos, pues los enemigos van a aprovechar el tiempo en que él esté ausente para luchar contra su influencia. Los servidores de Jesús participarán de su triunfo en la medida en que hayan trabajado.Esta página se relaciona con la parábola de los talentos (Mc 25,15). Notemos dos diferencias. Por una parte, la introducción y el final: Jesús alude a la vida política de su país, que dependía del imperio romano y sus reyecillos debían ser del agrado de las autoridades romanas que actuaban como protectores.Por otra, mientras que en Mateo 25,15 y mucho más todavía en la parábola del capítulo 20, muestra que todo lo recibimos de Dios sin mérito nuestro, aquí Lucas muestra que «a cada uno le será dado según sus méritos». Este es otro aspecto de la justicia de Dios. Pero no olvidemos que el don de Dios a cada uno de nosotros en la eternidad sale totalmente del marco de lo que podríamos llamar «premios». Dios se da a sí mismo, y se comunica a cada uno en la medida en que supo abrirse a los dones de Dios durante la vida. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 20, 1 - 47

             [1] Uno de esos días en que Jesús enseñaba en el Templo anunciando la Buena Nueva al pueblo, se acercaron los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley con algunos jefes de los judíos, y le dijeron: [2] «Dinos con qué derecho haces estas cosas. ¿Quién te ha dado autoridad para hacer lo que haces?» [3] Jesús les contestó: «Yo también les voy a hacer a ustedes una pregunta. Háblenme [4] del bautismo de Juan. Este asunto ¿venía de Dios o era cosa de los hombres?» [5] Ellos razonaron entre sí: «Si contestamos que este asunto venía de Dios, él nos dirá: ¿Por qué entonces no le creyeron? [6] Y si respondemos que era cosa de hombres, todo el pueblo nos apedreará, pues está convencido de que Juan era un profeta.» [7] Por eso le contestaron: «No lo sabemos». [8] Jesús les dijo entonces: «Tampoco yo les diré a ustedes con qué autoridad hago estas cosas.»   LOS TRABAJADORES ASESINOS  [9] Jesús se puso a contar a la gente esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos trabajadores y después se fue al extranjero por mucho tiempo. [10] En el momento oportuno envió a un servidor a los inquilinos para que le entregaran su parte del fruto de la viña. Pero los inquilinos lo golpearon y lo hicieron volver con las manos vacías. [11] Volvió a mandar a otro servidor, que también lo golpearon, lo insultaron y lo echaron con las manos vacías. [12] Todavía mandó a un tercero, pero también a éste lo hirieron y lo echaron. [13] El dueño de la viña se dijo entonces: ¿Qué hacer? Enviaré a mi hijo querido, pues a él lo respetarán. [14] Pero los trabajadores, apenas lo vieron, se dijeron unos a otros: Este es el heredero, matémoslo y nos quedaremos con la propiedad. [15] Lo arrojaron, pues, fuera de la viña y lo mataron. Ahora bien, ¿qué hará con ellos el dueño de la viña? [16] Vendrá, hará morir a esos trabajadores y entregará la viña a otros.» Al oír esto, algunos dijeron: «¡No lo quiera Dios!» [17] Jesús, fijando su mirada en ellos, les dijo: «¿Qué significan entonces esas palabras de la Escritura: La piedra que rechazaron los constructores ha venido a ser la piedra principal. [18] El que caiga sobre esta piedra se hará pedazos, y al que le caiga encima quedará aplastado?» [19] Los maestros de la Ley y los jefes de los sacerdotes hubieran querido detenerlo en ese momento, pues habían entendido muy bien que esta parábola de Jesús aludía a ellos, pero tuvieron miedo de la multitud.  EL IMPUESTO DEL CÉSAR  [20] Entonces empezaron a seguir a Jesús de cerca; le enviaron unos espías que fingieron buena fe para aprovecharse de sus palabras y poder así entregarlo al gobernador y su justicia. [21] Le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud, que no te dejas influenciar por nadie, sino que enseñas con absoluta franqueza el camino de Dios. [22] ¿Está permitido pagar impuestos al César o no?» [23] Jesús vio su astucia y les dijo: «Muéstrenme una moneda. [24] ¿De quién es esa cara y el nombre que tiene escrito?» Le contestaron: «Del César.» [25] Entonces les dijo: «Pues bien, devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.» [26] Con esto no pudieron atraparlo en lo que decía en público, sino que quedaron muy sorprendidos por su respuesta y se callaron.  LOS MUERTOS RESUCITARÁN   [27] Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente niega que haya resurrección, y por eso le plantearon esta cuestión: [28] «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin dejar hijos, el hermano del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo, que tomará la sucesión del difunto. [29] Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero y murió sin tener hijos. [30] El segundo y el tercero se casaron después con la viuda. [31] Y así los siete, pues todos murieron sin dejar hijos. [32] Finalmente murió también la mujer. [33] Si hay resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?» [34] Jesús les respondió: «Los de este mundo se casan, hombres y mujeres, [35] pero los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no toman marido ni esposa. [36] Además ya no pueden morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios, por haber nacido de la resurrección. [37] En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. [38] El no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por él.» [39] Intervinieron algunos maestros de la Ley, y le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» [40] Pero en adelante no se atrevieron a hacerle más preguntas. [41] Entonces él les dijo: «¿Cómo dice la gente que el Mesías es el hijo de David? [42] Porque David mismo dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha [43] hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies. [44] Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?» [45] Jesús dijo también a sus discípulos ante toda la gente que escuchaba: [46] «Cuídense de esos maestros de la Ley a los que les gusta llevar largas vestiduras, y ser saludados en las plazas, y ocupar los puestos reservados en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes.  [47] Se introducen con sus largas oraciones, y luego devoran los bienes de las viudas. Esos tendrán una sentencia muy rigurosa.»       

 

 

[27] Ver el comentario de Mc 12,18.Lucas tiene modismos propios para hablar de la resurrección en los versículos 34-36. En los países de cultura griega (y Lucas escribe para ellos), muchos creían en la inmortalidad del alma como algo natural para el hombre. Lucas precisa para ellos que la otra vida no es algo natural, sino un don de Dios para quienes sean juzgados dignos de entrar en ella.Son también hijos de Dios, por haber nacido de la resurrección (36). El texto dice, conforme a un modismo hebreo: son hijos de la resurrección. Esta resurrección no es algo como revivir y volver a lo nuestro; es la obra del Espíritu de Dios que transforma y santifica a los que resucita. Por eso los resucitados son hijos de Dios en una forma mucho más auténtica que los de este mundo; liberados del pecado, han renacido de Dios.La fe en la resurrección contrasta con la doctrina de la transmigración, según la cual el alma renace en un cuerpo y con una condición social correspondiente a lo que ella mereció. Y el ciclo proseguirá en tanto no se acabe su purificación. Es una teoría muy poderosa y que hoy día seduce a mucha gente en Occidente. Se puede decir que es cómoda y que lleva a la irresponsabilidad, ya que todo se podrá arreglar. De hecho, sin embargo, los hindúes parece que en general tienen una preocupación moral mayor que la nuestra y se apremian por escapar de estos reinicios.Otra es la diferencia: estamos ante dos concepciones distintas del hombre. En una el alma está aprisionada en un cuerpo. En la otra, la que nos da la Biblia, el cuerpo está animado. En la primera, el alma tiene que ser liberada; en la segunda, Dios salva a la persona indivisible. El cuerpo no es un revestimiento del alma, que podría pasar de un anciano a un recién nacido, sino la expresión material de la persona. Es por eso que la esperanza cristiana es la de una resurrección, es decir, la posibilidad para cada uno de renacer de Dios en Dios y de expresarse entonces plenamente en un cuerpo «glorificado». 

 

 

[47] Devoran los bienes de las viudas. A lo mejor se refiere a maestros de la Ley que se hacían hospedar por alguna viuda piadosa y luego vivían a sus expensas. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 21, 1 - 38

             LA OFRENDA DE LA VIUDA  [1] Jesús levantó la mirada y vio a unos ricos que depositaban sus ofrendas en el arca del tesoro del Templo. [2] Vio también a una viuda muy pobre que echaba dos moneditas. [3] Entonces dijo: «En verdad les digo que esa viuda sin recursos ha echado más que todos ellos, [4] porque estos otros han dado de lo que les sobra, mientras que ella, no teniendo recursos, ha echado todo lo que tenía para vivir.»  JESÚS PREDICE LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN   [5] Como algunos estaban hablando del Templo, con sus hermosas piedras y los adornos que le habían sido regalados, [6] Jesús les dijo: «Mírenlo bien, porque llegarán días en que todo eso será arrasado y no quedará piedra sobre piedra.» [7] Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso, y qué señales habrá antes de que ocurran esas cosas?» [8] Jesús contestó: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar; porque muchos usurparán mi nombre y dirán: Yo soy el Mesías, el tiempo está cerca. No los sigan. [9] No se asusten si oyen hablar de guerras y disturbios, porque estas cosas tienen que ocurrir primero, pero el fin no llegará tan de inmediato.» [10] Entonces Jesús les dijo: «Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. [11] Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en diversos lugares. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo. [12] Pero antes de que eso ocurra los tomarán a ustedes presos, los perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los meterán en sus cárceles. Los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre, [13] y ésa será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí. [14] Tengan bien presente que no deberán preocuparse entonces por su defensa. [15] Pues yo mismo les daré palabras y sabiduría, y ninguno de sus opositores podrá resistir ni contradecirles. [16] Ustedes serán entregados por sus padres, hermanos, parientes y amigos, [17] y algunos de ustedes serán ajusticiados. [18] Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Con todo, ni un cabello de su cabeza se perderá. [19] Manténganse firmes y se salvarán. [20] Cuando vean a Jerusalén rodeada por ejércitos, sepan que muy pronto será devastada. [21] Los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén dentro de la ciudad, que salgan y se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a la ciudad. [22] Porque esos serán los días en que se rendirán cuentas, y se cumplirán todas las cosas que fueron anunciadas en la Escritura. [23] ¡Pobres de las mujeres embarazadas o que estén criando en esos días! Porque una gran calamidad sobrevendrá al país y estallará sobre este pueblo la cólera de Dios. [24] Morirán al filo de la espada, serán llevados prisioneros a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por las naciones hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.  VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE  [25] Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y por toda la tierra los pueblos estarán llenos de angustia, aterrados por el estruendo del mar embravecido. [26] La gente se morirá de espanto con sólo pensar en lo que va a caer sobre la humanidad, porque las fuerzas del universo serán sacudidas. [27] Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre viniendo en la Nube, con gran poder e infinita gloria.»  LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS  [28] «Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación.» [29] Y Jesús propuso esta comparación: «Fíjense en la higuera y en los demás árboles. [30] Cuando echan los primeros brotes, ustedes saben que el verano ya está cerca. [31] Así también, apenas vean ustedes que suceden las cosas que les dije, sepan que el Reino de Dios está cerca. [32] Yo les aseguro que no pasará esta generación hasta que todo eso suceda. [33] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  [34] Cuíden de ustedes mismos, no sea que una vida materializada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de improviso, [35] pues se cerrará como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. [36] Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.» [37] Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y luego salía e iba a pasar la noche al aire libre al monte de los Olivos. [38] Y desde muy temprano todo el pueblo acudía donde él al Templo para escucharlo.    

 

 

[5] Ver el comentario de Mc 13,1 y Mt 24,1.Porque una gran calamidad sobrevendrá al país (23). Lucas anuncia con más claridad que Mateo y Marcos la destrucción de la nación judía.Hasta que se cumplan los tiempos de las naciones (24). Lucas distingue dos etapas de la historia. Una corresponde al Antiguo Testamento, y es el tiempo en que la Historia Sagrada pareciera confundirse con la historia de Israel. Pero, después de Jesús, empiezan los tiempos de las naciones. La destrucción de la nación judía y la dispersión de sus habitantes inaugura esta otra etapa en que la Historia Sagrada será principalmente la de la evangelización y la humanización de las naciones por la Iglesia. Estos tiempos del Nuevo Testamento se terminarán con la gran crisis que pondrá fin a toda la historia humana. 

 

 

[34] Cuiden de ustedes mismos. Después de hablar del pronto fin de Jerusalén (v. 28-32), Lucas habla del día en que concluirá la historia humana con la venida de Cristo Juez (v. 34-36). Una vez más nos invita a estar despiertos y a orar, a quedarnos despiertos para la oración nocturna. Las comunidades cristianas deben tener vigilias de oración mientras el mundo duerme (ver Ef 6,18).Para estar de pie: para que se les conceda escapar del error y los engaños en las grandes pruebas que van a preceder la venida de Cristo (2 Tes 2,9; Tes 3,13). El Padrenuestro expresa la misma inquietud de los que esperan la venida del Reino: no nos dejes caer en la prueba.En realidad, la oración continua de día y de noche hace mucho más que prevenir las posibles caídas: es una de las tantas formas con que podemos cooperar con el plan divino. Muchas veces en la historia se ha visto su eficacia para apresurar liberaciones y adelanta la venida del Señor. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 22, 1 - 71

             LA TRAICIÓN DE JUDAS  [1] Se acercaba la fiesta de los Panes sin Levadura, llamada también fiesta de la Pascua. [2] Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley no encontraban la manera de hacer desaparecer a Jesús, pues tenían miedo del pueblo. [3] Pero Satanás entró en Judas, por sobrenombre Iscariote, que era uno de los Doce, [4] y fue a tratar con los jefes de los sacerdotes y con los jefes de la policía del Templo sobre el modo de entregarles a Jesús. [5] Ellos se alegraron y acordaron darle una cantidad de dinero. [6] Judas aceptó el trato y desde entonces buscaba una oportunidad para entregarlo cuando no estuviera el pueblo.  [7] Llegó el día de la fiesta de los Panes sin Levadura, en que se debía sacrificar el cordero de Pascua. [8] Jesús, por su parte, envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: «Vayan a preparar lo necesario para que celebremos la Cena de Pascua.» [9] Le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?» [10] Jesús les contestó: «Cuando entren en la ciudad, encontrarán a un hombre que lleva un jarro de agua. [11] Síganlo hasta la casa donde entre y digan al dueño de la casa: El Maestro manda a decirte: ¿Dónde está la pieza en que comeré la Pascua con mis discípulos? [12] El les mostrará una sala grande y amueblada en el piso superior. Preparen allí lo necesario.» [13] Se fueron, pues, y hallaron todo tal como Jesús les había dicho; y prepararon la Pascua.  LA CENA DEL SEÑOR   [14] Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles [15] y les dijo: «Yo tenía gran deseo de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer. [16] Porque, se lo digo, ya no la volveré a comer hasta que sea la nueva y perfecta Pascua en el Reino de Dios.» [17] Jesús recibió una copa, dio gracias y les dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes, [18] porque les aseguro que ya no volveré a beber del jugo de la uva hasta que llegue el Reino de Dios.»  [19] Después tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. (Hagan esto en memoria mía.»  [20] Hizo lo mismo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que es derramada por ustedes»). [21] Sepan que la mano del que me traiciona está aquí conmigo sobre la mesa. [22] El Hijo del Hombre se va por el camino trazado desde antes. Pero ¡pobre del hombre que lo entrega!» [23] Entonces empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos iba a hacer tal cosa.  [24] Luego comenzaron a discutir sobre quién de ellos era el más importante. [25] Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones las gobiernan como dueños, y los mismos que las oprimen se hacen llamar bienhechores. [26] Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el más importante entre ustedes debe portarse como si fuera el último, y el que manda, como si fuera el que sirve. [27] Porque ¿quién es más importante: el que está a la mesa o el que está sirviendo? El que está sentado, por supuesto. Y sin embargo yo estoy entre ustedes como el que sirve. [28] Ustedes son los que han permanecido conmigo, compartiendo mis pruebas. [29] Por eso les doy autoridad como mi Padre me la dio a mí haciéndome rey. [30] Ustedes comerán y beberán a mi mesa en mi Reino, y se sentarán en tronos para gobernar a las doce tribus de Israel. [31] ¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como trigo que se limpia; [32] pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo. Y tú, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos.» [33] Pedro dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la prisión y a la muerte.» [34] Pero Jesús le respondió: «Yo lo digo, Pedro, que antes de que cante hoy el gallo, habrás negado tres veces que me conoces.» [35] Jesús también les dijo: «Cuando les envié sin cartera ni equipaje ni calzado, ¿les faltó algo?» Ellos contestaron: «Nada.» [36] Y Jesús agregó: «Pues ahora, el que tenga cartera, que la tome, y lo mismo el equipaje. Y el que no tenga espada, que venda el manto para comprarse una. [37] Pues les aseguro que tiene que cumplirse en mi persona lo que dice la Escritura: Ha sido contado entre los delincuentes. Ahora bien, todo lo que se refiere a mí está llegando a su fin.» [38] Ellos le dijeron: «Mira, Señor, aquí hay dos espadas.» El les respondió: «¡Basta ya!»  JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ   [39] Después Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron también sus discípulos. [40] Llegados al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación.» [41] Después se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y doblando las rodillas oraba [42] coon estas palabras: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» [43] (Entonces se le apareció un ángel del cielo para animarlo. [44] Entró en agonía y oraba con mayor insistencia. Su sudor se convirtió en gotas de sangre que caían hasta el suelo.) [45] Después de orar, se levantó y fue hacia donde estaban los discípulos. Pero los halló dormidos, abatidos por la tristeza. [46] Les dijo: «¿Ustedes duermen? Levántense y oren para que no caigan en tentación.» [47] Todavía estaba hablando cuando llegó un grupo encabezado por Judas, uno de los Doce. Como se acercaba a Jesús para darle un beso, [48] Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del Hombre?» [49] Los que estaban con Jesús vieron lo que iba a pasar y le preguntaron: «Maestro, ¿sacamos la espada?» [50] Y uno de ellos hirió al servidor del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha. [51] Pero Jesús le dijo: «¡Basta ya!» Y tocando la oreja del hombre, lo sanó. [52] Jesús se dirigió después a los que habían venido a tomarlo preso, a los jefes de los sacerdotes, de la policía del Templo y de los judíos y les dijo: «Tal vez buscan a un ladrón, y por eso han venido a detenerme con espadas y palos. [53] ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes en el Templo? Pero ahora reinan las tinieblas, y es la hora de ustedes.»  JESÚS ES PROCESADO   [54] Entonces lo apresaron y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote, donde entraron; Pedro los seguía a distancia. [55] Prendieron un fuego en medio del patio y luego se sentaron alrededor; Pedro también se acercó y se sentó entre ellos. [56] Como estaba ahí sentado en la claridad del fuego, una muchachita de la casa lo vio y, después de mirarlo, dijo: «Este también estaba con él» [57] Pero él lo negó diciendo: «Mujer, yo no lo conozco.» [58] Momentos después otro exclamó al verlo: «Tú también eres uno de ellos.» Pero Pedro respondió: «No, hombre, no lo soy.» [59] Como una hora más tarde, otro afirmaba: «Seguramente éste estaba con él, pues además es galileo.» [60] De nuevo Pedro lo negó diciendo: «Amigo, no sé de qué hablas.» Todavía estaba hablando cuando un gallo cantó. [61] El Señor se volvió y fijó la mirada en Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.» [62] Y, saliendo afuera, lloró amargamente. [63] Los hombres que custodiaban a Jesús empezaron a burlarse de él y a darle golpes. [64] Le cubrieron la cara, y después le preguntaban: «Adivina quién te pegó.» [65] Y proferían toda clase de insultos contra él. [66] Cuando amaneció, se reunieron los jefes de los judíos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, y mandaron traer a Jesús ante su Consejo. [67] Le interrogaron: «¿Eres tú el Cristo? Respóndenos». Jesús respondió: «Si se lo digo, ustedes no me creerán, [68] y si les hago alguna pregunta, ustedes no me contestarán. [69] Desde ahora, sin embargo, el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha del Dios Poderoso.» [70] Todos dijeron: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» Jesús contestó: «Dicen bien, yo soy.» [71] Ellos dijeron: «¿Para qué buscar otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.»       

 

 

[7] ¿Dónde quieres que la preparemos? Era la primera preocupación de los peregrinos que llegaban a Jerusalén, encontrar una casa donde comer el cordero sacrificado.Encontrarán a un hombre. El cántaro de agua era habitualmente cosa de mujeres. Por eso era fácil identificar al hombre del cántaro. Jesús sabía que Judas lo estaba traicionando y no quería indicar de antemano el lugar de la cena, pues allí podían sorprenderlo. Por eso se fía de una intuición profética: el lugar de la última cena lo tiene designado el Padre. De hecho, la casa era la de un discípulo de Jesús en Jerusalén, hombre de situación acomodada. Posiblemente fue en esta casa donde se reunieron los apóstoles después de la muerte de Jesús y en la que comenzó la Iglesia. 

 

 

[14] Ver el comentario de Mc 14,12.Jesús se sentó a la mesa. El Evangelio dice más bien: «se tendió», como era costumbre en los banquetes, ya que los convidados se tendían sobre divanes.Es muy difícil saber si esta última cena de Jesús empezó con la comida del cordero pascual y terminó con la Eucaristía, o si Jesús sólo celebró la Eucaristía sin haber comido la Pascua. En todo caso, lo que el Evangelio nos quiere enseñar es que la Eucaristía será para la Iglesia lo que era la comida del cordero pascual para el pueblo de Israel .Recibió una copa. En la cena pascual, el que presidía recibía sucesivamente cuatro copas, que bendecía y que los asistentes se pasaban.Ya no volveré a beber del jugo de la uva. Para los judíos, la cena pascual figuraba de antemano el banquete del Reino de Dios. Esto se verifica de modo muy especial para Jesús esa noche.Esto es mi cuerpo (19). El pan consagrado, ¿es sólo una figura del cuerpo de Cristo o es realmente el cuerpo de Cristo? Hubo grandes controversias al respecto entre los católicos y los protestantes. Los católicos entendían que el pan consagrado es realmente el cuerpo de Cristo; los protestantes defendían que no contiene la presencia física del cuerpo de Cristo, y lo consideraban un puro símbolo.La Iglesia afirma que el pan consagrado es a la vez figura y realidad. La presencia del cuerpo no es una presencia física, o sea, material, como si pudiéramos decir: «Jesús está aquí a dos metros de mí.» El cuerpo de Cristo está presente, pero a través de un signo que es el pan consagrado, y está presente conforme está significado. Esto quiere decir que, siendo el pan un alimento, el cuerpo de Cristo está presente como pan de vida. En la comunión recibimos el cuerpo de Cristo resucitado (es una razón más para pensar que no es una presencia material, sino de otro tipo, no menos real, sino diferente) para tener de él sustento y vida. A pesar de que su presencia es para el creyente que comulga una realidad misteriosa e íntima, el fin de la eucaristía no es hacer a Jesús más presente, sino renovar y fortalecer la comunión entre él y los participantes en la mesa del Señor.Mi sangre que es derramada por ustedes (20). Jesús nos entrega el sentido de su muerte: él será el Servidor de Yavé anunciado por Isaías 53,12, que lleva sobre sí los pecados de una muchedumbre. Por eso, en Mateo y Marcos, Jesús dice: «Mi sangre derramada por una muchedumbre.» Esta muchedumbre la componen en primer lugar los cristianos. Jesús da su vida para purificar a un pueblo que será suyo (Ef 5,27; Tito 2,14). Por esa razón leemos aquí: que es derramada por ustedes, como en 1 Cor 11,24.La alianza nueva. Ver comentario de Mc 14,12.Hagan esto en memoria mía. Con estas palabras Jesús instituye la Eucaristía que la Iglesia celebrará después de él. En memoria mía: pero no para recordar a un muerto. En la Pascua los judíos recordaban la intervención de Dios que los había salvado de Egipto; en la Eucaristía recordamos la intervención de Dios que nos salvó por el sacrificio de su Hijo. 

 

 

[19] Esto que está entre paréntesis ( ), falta en muchos manuscritos antiguos. 

 

 

[20] Esto que está entre paréntesis ( ), falta en muchos manuscritos antiguos. 

 

 

[24] Después de narrar la Ultima Cena (Mc 14,12), Lucas trae algunos recuerdos de la sobremesa, en que Jesús se despide de sus apóstoles. En realidad Jesús está solo; entre él y sus discípulos no pasa la corriente. Pareciera que no han aprendido nada después de tantos meses y al finalizar esta Ultima Cena, solamente expresan preocupaciones humanas, demasiado humanas.Los apóstoles rivalizan por el primer lugar en el Reino; ¿qué concepto, pues, tienen aún del Reino de Dios? Jesús se había portado durante la cena como el sirviente de la casa (Jn 13,1).Ustedes se sentarán... (30). Todo lo que es suyo, Jesús lo comparte con aquellos que se entregaron a su obra. Las doce tribus de Israel, o sea la totalidad del pueblo de Dios, esto es, todos nosotros que hemos aceptado la fe de los apóstoles. Pedro cree que por ser el jefe será más firme que los otros. Jesús, en cambio, ve la misión futura de Pedro y, a pesar de su caída, quiere darle una gracia especial para que sea capaz de fortalecer a los demás. Pues ésta es la manera de proceder de Jesús: El salva lo que estaba perdido, y habiendo comprobado en Pedro la incurable flaqueza del hombre, se sirve de él para dar a la Iglesia una firmeza que ninguna sociedad humana puede pretender. Pues la continuidad de la Iglesia, a lo largo de los siglos, se debe en parte a los Papas, sucesores de Pedro.Al final Jesús usa figuras para decir que llega la crisis tantas veces anunciada; los apóstoles lo entienden mal y buscan espadas. 

 

 

[39] Parece que Jesús celebró la Pascua en una casa del suroeste de la ciudad vieja de Jerusalén. Bajó por la calle de escaleras hacia lo que había sido el arroyo de Tyropeón, subió al barrio de Ofel, la vieja ciudad de David, para luego bajar al torrente Cedrón, que casi nunca lleva agua. De ahí debió tomar un sendero para subir al Cerro de los Olivos, que se llamaba así porque su pendiente occidental estaba cubierta de olivos. Jesús fue a un huerto llamado de Getsemaní, es decir, «prensa de aceite». A lo mejor esta propiedad pertenecía a un discípulo de Jesús, ya que varias veces había ido allá (Jn 18,2).Una parte de los ejemplares antiguos del Evangelio no traen los versículos 43 y 44; fueron suprimidos a lo mejor porque a muchos los escandalizaba este testimonio sobre la «debilidad» de Cristo.Un ángel del cielo. La Biblia a veces habla de un ángel para expresar que Dios interviene en forma misteriosa, dando ánimo, enseñanza, castigo... Este ángel nos hace pensar en el que vino a animar a Elías (1 R 19,4). Debemos entender que Dios comunicó a Jesús en ese momento una ayuda sobrenatural sin la cual sus fuerzas humanas lo habrían abandonado.Entró en agonía. Jesús ciertamente sintió, al igual que todos nosotros y más aún quizás, el horror de la muerte. Pero también debió haber sido asaltado por una visión desesperante del pecado del mundo, por efecto de la presencia del Padre Santísimo.Su sudor se convirtió en sangre. Este síntoma es conocido por los médicos, y delata a la vez ansiedad y sufrimiento intenso. El estudio científico de la sábana de Turín corrobora este dato de Lucas.

 

 

¿POR QUE LO MATARON?

[54] Respecto de los dos juicios de Jesús, religioso el primero y político el segundo, ver comentario de Mc 14,53.El proceso y la condenación a muerte de Jesús no difieren mucho de lo que les ha pasado a muchos cristianos. El solo hecho de relacionarse de preferencia con los pobres y de educar a la gente del pueblo, para hacer de ellos personas libres y responsables, no constituye un delito en ningún país. Sin embargo, en todos los tiempos ha sido un motivo suficiente para atraerse persecuciones. Por otra parte, Jesús predicó en circunstancias sumamente difíciles, pues su nación vivía bajo la ley del ocupante romano y cualquier mensaje liberador olía a subversión.Los que condenaron a Jesús tenían motivos de sobra para odiarlo. Pero el Evangelio deja constancia de que las acusaciones se concentraron sobre el punto esencial de su enseñanza. Condenaron a Jesús porque pretendía tener un rango divino: el Cristo, el Hijo de Dios, el que se sentará a la derecha de Dios.Los jefes de los sacerdotes eran en aquel entonces miembros de familias pudientes, que peleaban por el puesto, y que a su vez les entregaba el poder y el dinero del Templo. Anás y sus hijos (y su yerno Caifás) son conocidos por haber actuado con la mayor desvergüenza, acallando las protestas con los bastones de sus guardias. Aparecen aquí junto con los Jefes de los judíos o Ancianos, que eran miembros de las familias más ricas. 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 23, 1 - 56

             JESÚS ANTE PILATO   [1] El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. [2] Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.» [3] Entonces Pilato lo interrogó en estos términos: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «Tú eres el que lo dice.» [4] Pilato se dirigió a los jefes de los sacerdotes y a la multitud. Les dijo: «Yo no encuentro delito alguno en este hombre.» [5] Pero ellos insistieron: «Está enseñando por todo el país de los judíos y sublevando al pueblo. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.» [6] Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo. [7] Cuando supo que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues Herodes se hallaba también en Jerusalén por aquellos días. [8] Al ver a Jesús, Herodes se alegró mucho. Hacía tiempo que deseaba verlo por las cosas que oía de él, y esperaba que Jesús hiciera algún milagro en su presencia. [9] Le hizo, pues, un montón de preguntas. Pero Jesús no contestó nada, [10] mientras los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley permanecían frente a él y reiteraban sus acusaciones. [11] Herodes con su guardia lo trató con desprecio; para burlarse de él lo cubrió con un manto espléndido y lo devolvió a Pilato. [12] Y ese mismo día Herodes y Pilato, que eran enemigos, se hicieron amigos. [13] Pilato convocó a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de los judíos y al pueblo [14] y les dijo: «Ustedes han traído ante mí a este hombre acusándolo de sublevar al pueblo. Pero después de interrogarlo en presencia de ustedes, no he podido comprobar ninguno de los cargos que le hacen. [15] Y tampoco Herodes, pues me lo devolvió. Es evidente que este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. [16] Así que después de castigarlo lo dejaré en libertad.» ([17] )  [18] Pero todos ellos se pusieron a gritar: «¡Elimina a éste y devuélvenos a Barrabás! [19] Este Barrabás había sido encarcelado por algunos disturbios y un asesinato en la ciudad. [20] Pilato, que quería librar a Jesús, les dirigió de nuevo la palabra, [21] pero seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» [22] Por tercera vez les dijo: «Pero, ¿qué mal ha hecho este hombre? Yo no he encontrado nada que merezca la muerte; por eso, después de azotarlo, lo dejaré en libertad.» [23] Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado, y el griterío iba en aumento. [24] Entonces Pilato pronunció la sentencia que ellos reclamaban. [25] Soltó al que estaba preso por agitador y asesino, pues a éste lo querían, y entregó a Jesús como ellos pedían.  CAMINO DE LA CRUZ  [26] Cuando lo llevaban, encontraron a un tal Simón de Cirene que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevara detrás de Jesús.  [27] Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. [28] Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. [29] Porque llegarán días en que se dirá: «Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las que no dieron a luz ni amamantaron.» [30] Entonces dirán: «¡Que caigan sobre nosotros los montes, y nos sepulten los cerros!» [31] Porque si así tratan al árbol verde, qué harán con el seco?» [32] Junto con Jesús llevaban también a dos malhechores para ejecutarlos. [33] Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. [34] (Mientras tanto Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.») Después los soldados se repartieron sus ropas echándolas a suerte. [35] La gente estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: «Si salvó a otros, que se salve a sí mismo, ya que es el Mesías de Dios, el Elegido.» [36] También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron vino agridulce [37] diciendo: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» [38] Porque había sobre la cruz un letrero que decía: «Este es el rey de los judíos.»  [39] Uno de los malhechores que estaban crucificados con Jesús lo insultaba: «¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros.» [40] Pero el otro lo reprendió diciendo: «¿No temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? [41] Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, [42] pero éste no ha hecho nada malo.» Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.» [43] Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.» [44] Hacia el mediodía se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. [45] En ese momento la cortina del Templo se rasgó por la mitad, [46] y Jesús gritó muy fuerte: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y dichas estas palabras, expiró. [47] El capitán, al ver lo que había sucedido, reconoció la mano de Dios y dijo: «Realmente este hombre era un justo.» [48] Y toda la gente que se había reunido para ver este espectáculo, al ver lo ocurrido, comenzó a irse golpeándose el pecho. [49] Estaban a distancia los conocidos de Jesús, especialmente las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, y todo esto lo presenciaron ellas. [50] Intervino entonces un hombre bueno y justo llamado José, que era miembro del Consejo Supremo, [51] pero que no había estado de acuerdo con los planes ni actos de los otros. Era de Arimatea, una ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. [52] Se presentó, pues, ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. [53] Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro nuevo cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún. [54] Era el día de la Preparación de la Pascua y ya estaba para comenzar el día sábado. [55] Las mujeres que habían venido desde Galilea con Jesús no se habían alejado; vieron de cerca el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. [56] Después que volvieron a sus casas, prepararon perfumes y mirra, y el sábado descansaron, según manda la Ley.         

 

 

[1] Pilato no quiere condenar a Jesús, en parte porque odia a los sacerdotes judíos. Por eso lo envía a Herodes. Al poner a Jesús un manto espléndido, Herodes lo trata como a un loco que pretende ser rey.Y ese mismo día Herodes y Pilato se hicieron amigos (12). Porque a pesar de ser tan diferentes, se dieron cuenta de que pertenecían a la misma clase de gente que tiene poder para jugar con la vida de un hombre del pueblo. 

 

 

[18] Barrabás era posiblemente un terrorista de los que hostigaban al opresor romano. Los jefes de los sacerdotes, que buscaban la paz con los romanos, odiaban a esa gente. Sin embargo, son ellos quienes persuaden al pueblo para que pida la libertad de Barrabás; y el pueblo los escucha, a pesar de que odia a esos sacerdotes. Con eso falla el cálculo de Pilato. 

 

 

[27] ¿Qué pasará con la madera seca? Jesús había enseñado que el sacrificio aceptado por él es fecundo; pero en ese momento lamenta los sufrimientos inútiles de un pueblo que dejó pasar la hora y que va a perderse por su propia culpa. Esta palabra vale también para todos aquellos que hicieron inútil para sí mismos la sangre de Cristo.Sólo Lucas nota esta actitud compasiva de muchísima gente, especialmente de mujeres. Al contrario de Mateo, que insiste en la culpabilidad del pueblo judío, él quiere destacar que la condenación de Jesús conmovió a muchos. 

 

 

[39] Los jefes de los judíos han colocado a Jesús en el lugar que le correspondía, desde que se decidió a llevar sobre sí nuestros pecados. Los dos hombres a su lado miran al que ha venido a compartir su suerte y a morir con ellos.Estarás conmigo en el paraíso. ¿Qué es el paraíso? Nos faltan palabras adecuadas para expresar lo que es el más allá. En tiempo de Jesús los judíos comparaban el Lugar de los Muertos a un país inmenso, dividido en regiones separadas por barreras insalvables. Una de esas regiones era el infierno, reservado a los malos y del que nadie saldría. Otra era el paraíso, en que los buenos estarían junto a los primeros padres del pueblo santo, esperando la hora de la resurrección.Estarás conmigo, dice Jesús. O sea, con el Salvador que durante día y medio estuvo en la paz y el gozo de Dios antes de resucitar. Esta afirmación nos tranquiliza en cuanto a cuál será nuestra suerte al morir, a pesar de que no podemos saber lo que será de nosotros antes de la resurrección. No seremos anestesiados ni dejaremos de existir, como pretenden algunos, sino que ya lo tendremos todo estando con Jesús que vino a compartir la muerte y el descanso de sus hermanos (ver Fil 1,23 y Ap 14,13). 

 

 

 

Volver arriba

 

 

Lc. 24, 1 - 53

             EL SEÑOR HA RESUCITADO  [1] El primer día de la semana, muy temprano, fueron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. [2] Pero se encontraron con una novedad: la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida,  [3] y al entrar no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. [4] No sabían qué pensar, pero en ese momento vieron a su lado a dos hombres con ropas fulgurantes. [5] Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? [6] No está aquí. Resucitó. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: [7] el Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los pecadores y ser crucificado, y al tercer día resucitará.» [8] Ellas entonces recordaron las palabras de Jesús. [9] Al volver del sepulcro, les contaron a los Once y a todos los demás lo que les había sucedido. [10] Las que hablaban eran María de Magdala, Juana y María, la madre de Santiago. También las demás mujeres que estaban con ellas decían lo mismo a los apóstoles. [11] Pero no les creyeron, y esta novedad les pareció puros cuentos. [12] Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro; se agachó y no vio más que los lienzos. Así que volvió a casa preguntándose lo que había pasado.  LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS   [13] Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, [14] e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. [15] Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, [16] pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. [17] El les dijo: «¿De qué van discutiendo por el camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. [18] Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» [19] «¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!» Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. [20] Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. [21] Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Pero todo está hecho, y ya van dos días que sucedieron estas cosas. [22] En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, [23] pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. [24] Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.» [25] Entonces él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes, y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! [26] ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?» [27] Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y luego todos los profetas, . [28] Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, [29] pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos. [30] Y esto sucedió. Mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, [31] y en ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero ya había desaparecido. [32] Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» [33] De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. [34] Estos les dijeron: «Es verdad. El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.» [35] Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.   JESÚS SE APARECE A LOS APÓSTOLES   [36] Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús estuvo en medio de ellos (y les dijo: «Paz a ustedes.») [37] Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu, [38] pero él les dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso? [39] Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos como ustedes ven que yo tengo.» [40] (Y dicho esto les mostró las manos y los pies). [41] Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?» [42] Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel); [43] lo tomó y lo comió delante ellos.  LAS ÚLTIMAS INSTRUCCIONES   [44] Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí.» [45] Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras. [46] Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. [47] Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. [48] Ustedes son testigos de todo esto. [49] Ahora yo voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de arriba.» [50] Jesús los llevó hasta cerca de Betania y, levantando las manos, los bendijo. [51] Y mientras los bendecía, se separó de ellos (y fue llevado al cielo. [52] Ellos se postraron ante él.) Después volvieron llenos de gozo a Jerusalén, [53] y continuamente estaban en el Templo alabando a Dios.     

 

 

[3] El Señor Jesús. Jesús ahora es Señor. Al usar este título, Lucas afirma que Jesús resucitado ha entrado en una existencia diferente de la que llevaba en su vida mortal. Recordemos lo siguiente:1) En ninguno de los Evangelios se describe la resurrección de Jesús: es algo que escapa a cualquier percepción humana.2) La predicación de los apóstoles sobre Jesús resucitado se apoya en dos hechos: el sepulCrón vacío y las apariciones (ver comentario Mt 28,1).3) Antes de que fueran escritos los Evangelios, la primera carta de Pablo a los Corintios, que es del año 57, da ya una lista de apariciones (1 Cor 15,3).4) Aunque los cuatro Evangelios están de acuerdo sobre lo esencial, hay sin embargo grandes diferencias en el orden de las apariciones y respecto al lugar en que sucedieron. Lucas no habla de apariciones en Galilea. Mateo deja la impresión de que en Galilea sucedió todo lo importante y que ahí tuvo lugar la ascensión. Pablo habla primero de una aparición a Pedro y no menciona la aparición a María Magdalena.Un estudio más profundo de los textos aclara en parte estas discrepancias; no quisieron decirlo todo, y a veces prefirieron modificar detalles de lugar o de cronología según lo exigía el orden y el propósito de su libro.5) En cuanto a la ascensión de Jesús, no fue un «viaje» de Jesús al cielo; ya estaba «en el cielo», o sea, compartía la gloria de Dios desde el momento de su resurrección. La ascensión no fue más que la última de sus apariciones (ver comentario de He 1,9), pero rodeada de circunstancias que mostraban claramente que Jesús es ahora el dueño de la historia. 

 

 

[13] Estos dos discípulos sencillamente volvían a su casa y a su trabajo, después de que habían muerto sus esperanzas. Pero se acostumbró llamarlos los peregrinos de Emaús.Peregrino fue el pueblo judío, el pueblo de Israel, porque nunca tuvo posibilidad de detenerse en su marcha. La salida de Egipto, la conquista de la Tierra, las luchas contra los invasores, la fidelidad a la Ley, fueron otras tantas etapas en su camino. Una y otra vez pensó que al conseguir su meta tendría solucionados sus problemas. Y una y otra vez debió darse cuenta de que el camino llevaba más allá.Peregrinos eran Cleofás y su compañero, por cuanto habían seguido a Jesús pensando que él era el que libertaría a Israel. Pero al final no hubo más que la muerte de Jesús. El mismo Jesús se pone a caminar con ellos, y así lo hace con nosotros en nuestros más grandes desalientos; cuando dos o tres se reúnan en mi nombre, había dicho Jesús, yo estaré en medio de ellos (Mt 18,20). Jesús se les manifiesta y les enseña que nadie entra en el Reino sin pasar por la muerte.Nos daremos cuenta en esta página del Evangelio con qué cuidado Lucas emplea una y otra vez los verbos ver y reconocer. En efecto, el evangelista quiere comunicarnos que después de su resurrección Jesús ya no podía ser visto con los ojos del cuerpo. Había pasado de este mundo al de su Padre, y este mundo nuevo escapa a nuestros sentidos. Pero es con esta nueva mirada, con esta luz de la fe, que lo reconocemos presente y actuando en nosotros y alrededor nuestro. Si la historia de la Iglesia está marcada por algunas visiones excepcionales, por algunas apariciones del resucitado, el pueblo de los creyentes, está invitado a reconocerlo en la fe.Algo impedía que sus ojos lo reconocieran. (16). A lo mejor Jesús se presentó con otra apariencia, como en Jn 20,14 y 21,4. Así lo afirma Marcos 16,12. Pero también, con esta expresión que recuerda Jn 14,19, Lucas da a entender que Jesús resucitado sólo será reconocido por aquellos que se abran a su vida. No es pues con los ojos de su cuerpo como los discípulos de Emaús y después de ellos todos los creyentes reconocerán a Jesús, sino con la mirada nueva de la fe.Cleofás (18), el esposo de María, la madre de Santiago y José (ver Jn 19,25 y Mc 15,40).Y comenzando por Moisés y recorriendo todos los Profetas (27). Recordemos que «Moisés y los Profetas» es un modo de designar la Biblia. Jesús los invita a pasar de la fe de Israel o espera en un porvenir feliz para toda la nación, a la fe en él, aceptando el misterio de su rechazo y de su pasión.Todo lo que las Escrituras decían de él. En esa primera lección Jesús les enseñó que el Mesías debía sufrir. No solamente encontró los textos que anunciaban su pasión y su resurrección, como Is 50; Is 52,13; Za 12,11; Sal 22; Sal 69, sino también todos los que mostraban que el designio de Dios se realiza mediante las pruebas y las humillaciones.Lo mismo pasa ahora con nosotros, creyentes que tantas veces dejamos ver nuestra impaciencia. Pero Jesús no nos dejó solos. El no ha resucitado para sentarse en el cielo, sino que va delante de la humanidad peregrinante y nos atrae hacia ese último día en que vendrá a nuestro encuentro.La Iglesia, entonces, hace con nosotros lo que Jesús hizo con los dos discípulos. Primero nos da la interpretación de las Escrituras; lo importante para comprender la Biblia no es saber de memoria muchos textos, sino descubrir los hilos que relacionan unos acontecimientos con otros y penetrar en el plan de Dios a lo largo de la historia de los hombres.Y por otra parte, la Iglesia celebra la Eucaristía. Nótese cómo Lucas dice: tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio; pues estas cuatro palabras se usaban entre los creyentes para hablar de la Eucaristía. Nos podemos acercar a Jesús conversando y meditando su palabra; comprobamos su presencia en nuestras reuniones fraternas, pero se da a conocer de otra manera cuando compartimos juntos el pan, que es su cuerpo. 

 

 

[36] Desde el día de su resurrección Jesús había renacido a la vida gloriosa, pero quiso encontrar a sus discípulos en varias oportunidades para convencerles de que su nueva condición no era una vida disminuida, algo fantasmal, sino la entrada definitiva a la plenitud de la vida.En este capítulo ponemos entre paréntesis varias partes de frases que faltan en algunos de los manuscritos más antiguos y que tal vez fueron añadidas posteriormente. 

 

 

[44] Jesús aprovecha estos encuentros para aclarar a sus apóstoles el sentido de su misión corta y fulgurante. Debía verificarse lo anunciado por los profetas respecto de un salvador rechazado por los suyos, que lleva sobre sí el pecado de su pueblo. ¿Qué pecado? Los pecados de todos, por supuesto, pero también la violencia de toda la sociedad judía en el momento en que vivió Jesús. Pues este pecado fue el que lo llevó a la cruz. En realidad este camino de muerte y de resurrección no estaba reservado sólo a Jesús, sino también a su pueblo. En esta hora precisa, Israel, sometido por el imperio romano, debía aceptar la muerte de sus ambiciones terrenas: autonomía, orgullo nacional, superioridad religiosa de los judíos sobre los demás hombres..., para resucitar como pueblo de Dios disperso entre las naciones y agente de su salvación. Pero Israel no entró en este camino y Jesús esperaba de su Iglesia que cumpliera este papel: predicar en su Nombre a todas las naciones (47). Invitándolas a que se conviertan. La conversión cristiana no es algo así como pasar de un partido a otro, de un grupo religioso a otro. Es un refundirse de la persona. Pero las personas forman parte de una sociedad, de un mundo, de una historia. Por eso la predicación a las naciones no se limita sólo a proclamar el mensaje de Jesús salvador, sino que significa además la educación de las naciones para que descubran el plan de Dios respecto al hombre. Lucas habló de los «tiempos de las naciones» y ya vemos como se construye la comunidad internacional. Esta evangelización no podía hacerse en diez o cien años.Ustedes son testigos de todo esto (48). Jesús hace de sus apóstoles los testigos oficiales de su Evangelio y los que decidirán sobre la fe auténtica. Permanezcan en la ciudad. Los apóstoles no están todavía en condiciones para planificar la obra misionera. Les conviene más bien dedicarse a robustecer la vivencia fraterna y el fervor de la comunidad de los discípulos, esperando la hora que el Padre ha decidido para comunicarles la fuerza que viene de arriba. Voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Jesús no podría afirmar con más fuerza su autoridad divina y la unidad de las tres personas divinas. Con esto se termina el primero de los libros de Lucas. El segundo es el Libro de los Hechos, que leemos a continuación de los evangelios y que empieza donde termina este Evangelio. 

 

 

 

 

Volver arriba