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Mc. 1, 1 - 45

              [1] Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo (Hijo de Dios). [2] En el libro del profeta Isaías estaba escrito: «Ya estoy para enviar a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. [3] Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.» [4] Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los pecados. [5] Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán. [6] Además de la piel que tenía colgada de la cintura, Juan no llevaba más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. [7] Juan proclamaba este mensaje: «Detrás de mí viene uno con más poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él.» [8] Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.» [9] En aquellos días Jesús vino de Nazaret, pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el río Jordán. [10] Al momento de salir del agua, Jesús vio los Cielos abiertos: el Espíritu bajaba sobre él como lo hace la paloma, [11] mientras se escuchaban estas palabras del Cielo: «Tú eres mi Hijo, el Amado, mi Elegido.» [12] En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. [13] Estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes y los ángeles le servían.  JESÚS LLAMA A SUS CUATRO PRIMEROS DISCÍPULOS (MT 4,12; LC 4,14)   [14] Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. [15] Decía: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena Nueva.» [16] Mientras Jesús pasaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. [17] Jesús les dijo: «Síganme y yo los haré pescadores de hombres.» [18] Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. [19] Un poco más allá Jesús vio a Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan, que estaban en su barca arreglando las redes. [20] Jesús también los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los ayudantes, lo siguieron.  JESÚS ENSEÑA Y SANA A UN ENDEMONIADO (LC 4,31; MT 7,28)   [21] Llegaron a Cafarnaún, y Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. [22] Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y no como los maestros de la Ley.  [23] Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en poder de un espíritu malo, y se puso a gritar: [24] «¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé que tú eres el Santo de Dios.» [25] Jesús le hizo frente con autoridad: [26] «¡Cállate y sal de ese hombre!» El espíritu malo revolcó al hombre en el suelo y lanzó un grito tremendo, pero luego salió de él. [27] El asombro de todos fue tan grande que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? Una doctrina nueva, y ¡con qué autoridad! Miren cómo da órdenes a los espíritus malos ¡y le obedecen!» [28] Así fue como la fama de Jesús se extendió por todo el territorio de Galilea.  NUMEROSAS CURACIONES (MT 8,14; LC 4,38)   [29] Al salir de la Sinagoga, Jesús fue a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. [30] La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, por lo que en seguida le hablaron de ella. [31] Jesús se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos. [32] Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas por espíritus malos. [33] El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. [34] Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase y expulsó muchos demonios; pero no los dejaba hablar, pues sabían quién era.  ORACIÓN NOCTURNA DE JESÚS (LC 4,42)   [35] De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar. [36] Simón y sus compañeros fueron a buscarlo, [37] y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando.» [38] Él les contestó: «Vámonos a los pueblecitos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido.» [39] Y Jesús empezó a visitar las Casas de oración de aquella gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios.   CURACIÓN DE UN LEPROSO (MT 8,2; LC 5,12)   [40] Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él y le suplicó : «Si tú quieres, puedes limpiarme.» [41] Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio.» [42] Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. [43] Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: [44] «No cuentes esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer tu declaración.» Pero el hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, [45] de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares solitarios. Pero la gente venía a él de todas partes.

 

 

[1] En los versículos 1 a 13 Marcos nos da, en tres pequeños cuadros, los tres grandes ejes de su Evangelio:- 1-7. Juan Bautista anuncia la venida del Enviado de Dios; éste, del cual nos habla el Evangelio, había sido anunciado y preparado por todos los grandes testigos del Antiguo Testamento. En él y por él se va a cumplir la salvación de Dios.- 9-10. Jesús baja al Jordán para abrir a los hombres las puertas de la verdadera Tierra Prometida (ver el libro de Josué); él es el Hijo muy amado de Dios y en quien reposa el Espíritu. Jesús viene a revelar el misterio de Dios, el misterio de amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu.- 11-13. Al igual que el Mesías anunciado por Isaías (Is 11), también Jesús está en paz con los animales salvajes y con los ángeles. En él y por él se va a realizar la reconciliación de toda la Creación con Dios. 

 

 

[14] Dios se hizo hombre. Jesús comparte la vida del pueblo de su tiempo y, como los profetas, enseña con sus palabras y sus actos. Fija su residencia en Cafarnaún, pues es allí donde viven los pescadores que forman el primer núcleo de sus discípulos; vivirá como allegado en casa de Simón (29).¿En qué consiste su primera predicación? El tiempo se ha cumplido. Finaliza la larga espera del pueblo judío, con promesas de Dios siempre aplazadas. Los tiempos fijados por Dios han llegado (Gál 4,4; Ef 1,1) y la manifestación de Dios, anunciada por los profetas, está muy cerca.Cambien sus caminos. Es lo que significa la palabra «conviértanse». Dios no trae mandamientos y no viene para pedirnos «obras», sino que nos llama a creer. «Despójense de todo lo que les impide escuchar y ver, y crean».Síganme (17). Jesús llama y compromete a los hombres. Vino para «reunir en uno a los dispersos hijos de Dios» (Jn 11,52); la señal de esto fue reunir a los primeros apóstoles en su derredor. De igual modo, a lo largo de los siglos, la reunión de los hombres en la única Iglesia de Jesucristo será la señal de la obra de salvación que Dios realiza por medio de su Hijo. Jesús lanza una invitación apremiante y exigente para trabajar con él para que venga el Reino.De inmediato lo siguieron (18), es decir, que empezaron a vivir con él, abandonando a su familia y su trabajo. Así como los maestros de religión de su época, los rabinos, así Jesús instruye a sus primeros discípulos y les comunica las enseñanzas que transmitirán a los demás en la Iglesia.Simón, Andrés, Santiago y Juan. Jesús ya los conocía; se había encontrado con ellos allí donde Juan Bautista predicaba (Jn 1,35). El primer núcleo de discípulos es ese grupo natural de pescadores del lago cuyo líder parece que es Pedro. Hombres jóvenes sin duda, que estaban disponibles, en un tiempo y en una cultura en la que se era menos esclavo de lo que somos nosotros de las obligaciones del trabajo. 

 

 

[21] Marcos nos ha mostrado cómo había comenzado Jesús su vida pública: insertándose en el movimiento de conversión que había sacudido a todo el pueblo al llamado de Juan Bautista. Fue entonces cuando Jesús encontró a sus primeros discípulos.Ahora Marcos nos va a presentar algo como una "jornada" de Jesús. A través de sus palabras y de sus actos, se manifiesta una fuerza que impresiona a todos los presentes.La sinagoga es como la casa de oración de los judíos. En ella se reúnen el sábado para el canto de los Salmos y la lectura de la Biblia. El responsable predica o invita a otras personas a que tomen la palabra. Y ésta es la ocasión en que Jesús se da a conocer. No enseña a la manera de los maestros de la ley, los cuales repiten, interpretan, dan su opinión apoyándose en la de otros. Jesús habla con autoridad: «En verdad, les digo...» 

 

 

[23] Con la misma autoridad Jesús echa a los demonios. Con este gesto Jesús nos revela que ha venido para liberarnos de la influencia del demonio, que trata de destruir en el hombre la imagen de Dios.El «gobernador de este mundo» (Jn 14,30) está presente en todo el desarrollo de la historia y en todos los niveles de la actividad humana para pervertir lo que creamos y para hacer que cualquier progreso se convierta en una esclavitud.En la época de Jesús había personas poseídas por el demonio; también las hay en los tiempos de la Iglesia, que son los nuestros. Eso es no sólo una esclavitud sino también una enfermedad, y Jesús libra de ella a muchos hombres. Pero esta posesión física no es la actividad más común del demonio. El demonio actúa (y esto es mucho más peligroso, pues no lo sentimos) a nivel de la vida moral. Bajo la máscara de un «ángel de luz» (2 Cor 11,14) nos vuelve ciegos a la verdad. El triunfo del demonio consiste en pasar ignorado. Aparentemente cada uno hace el mal por su propia cuenta, y pensamos que somos lo bastante grandes como para hacerlo todo solos. Seríamos más humildes y caeríamos menos si supiéramos que alguien, mucho más inteligente que nosotros y que tiene el brazo mucho más largo, dirige a nuestras espaldas asuntos que creíamos dominar.El demonio ve con anticipación quiénes son los que pueden debilitar su imperio y, apenas empiezan a manifestarse, despierta contra ellos a los malos, a los mediocres, a los locos e incluso las malas suertes. Así es como al presentarse Jesús en algún lugar, se manifiesta también el Maligno. Este primer enfrentamiento tiene lugar en la misma Casa de Oración. Habrá otros más hasta que llegue el día en que toda la sociedad judía se ponga de acuerdo para eliminar a Jesús. 

 

 

[29] Se manifiesta la confianza sencilla de Pedro. Jesús entra en una casa y con él llegan la paz y la salud. Jesús enseña cómo hay que visitar a los enfermos. ¿No debería ser lo más natural para quien sale de misa ir a visitar a los enfermos y demostrarles un cariño que les atrae favores divinos?Cuando el sol se ponía. No olvidemos que estamos en día sábado, es decir, "de descanso" semanal. Entre los judíos los días se cuentan a partir de la puesta del sol, y la noche precede al día, como lo dice el Génesis 1,5. Todo el mundo observa el sábado y Jesús también por supuesto, y hay tal prisa en traerle los enfermos que lo hacen apenas termina el sábado, al final del día. 

 

 

[35] Los apóstoles conocían a Dios y rezaban, pero desde el momento en que conviven con Jesús, entienden que hay algo excepcional en su persona. Especialmente los asombra la intimidad que existe entre él y Dios. Todo lo extraordinario que notan en la actuación de Jesús parece que se debe a su unión estrecha y constante con su Padre.Al vivir con Jesús, desearán más y más conocer al Padre, un poco como él lo conoce (Lc 11,1; Jn 14,8; 15,15).

 

 

LOS MARGINADOS

[40] Jesús sale de Cafarnaún para anunciar la Buena Nueva a las familias más aisladas del campo, donde encuentra leprosos. La lepra es una enfermedad tremenda cuando no se le da la debida atención, y era considerada muy contagiosa; por eso los leprosos debían vivir fuera de los poblados. Era además considerada por todos como un castigo de Dios; de ahí que la religión judía declaraba impuros a los leprosos.Por el gesto de Jesús, la carne y la piel del leproso vuelven a ser sanas; eso es un verdadero milagro, mucho más importante que la sanación de la suegra de Pedro. Pero Jesús ha logrado algo mucho mejor todavía: que este leproso salga de su marginación. En adelante será un hombre igual a los demás y ya no evitarán su contacto. La Ley de Dios y de los hombres reconocerá su dignidad.La Buena Nueva no se queda en palabras sino que trae un cambio: en adelante ya no habrá más personas marginadas.No cuentes esto a nadie (44). Con mucha frecuencia, sobre todo en el Evangelio de Marcos, Jesús da esta orden a los que acaba de sanar de su mal (1,25; 1,34; 1,44; 3,12; 5,43; 7,36; 8,26; 8,30). Hay que notar sin embargo que Jesús nunca da esta orden cuando se encuentra fuera del territorio de Israel; por otra parte, esta orden desaparece después de su transfiguración. Si Jesús les prohibió revelar su verdadera identidad durante toda la primera parte de su vida pública, fue para evitar confusiones a su respecto. En efecto estaba muy difundida la idea de un Mesías guerrero y vengador; Jesús no quería que hubiese ambigüedad sobre la misión que venía a cumplir. Por eso esperará haberse distanciado lo suficiente de esa imagen popular del Mesías para comenzar a revelar, y en primer lugar a sus discípulos, el misterio de su persona.Por esta razón Marcos utiliza poco, a diferencia de Mateo, la expresión «Hijo de Dios». Es verdad que la hallamos dos veces en boca de los demoníacos, pero en uno de los casos estamos fuera del territorio de Israel. Marcos prefiere reservarla para los momentos privilegiados de la revelación de Jesús a los hombres: el Bautismo y la Transfiguración y además, como conclusión de la Pasión, en labios del centurión. 

 

 

 

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Mc. 2, 1 - 28

             JESÚS SANA A UN PARALÍTICO DE SU PECADO Y DE SU ENFERMEDAD (MT 9,1; LC 5,17)    [1] Tiempo después, Jesús volvió a Cafarnaún. Apenas corrió la noticia de que estaba en casa, [2] se reunió tanta gente que no quedaba sitio ni siquiera a la puerta. [3] Y mientras Jesús les anunciaba la Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una camilla. [4] Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla. [5] Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados.» [6] Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: [7] «¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» [8] Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? [9] ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? [10] Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados.» [11] Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue. [12] La gente quedó asombrada, y todos glorificaban a Dios diciendo: «Nunca hemos visto nada parecido.»   HE VENIDO A LLAMAR A LOS PECADORES (MT 9,9; LC 5,27)   [13] Jesús salió otra vez por las orillas del lago; todo el mundo venía a verlo y él les enseñaba. [14] Mientras caminaba, vio a un cobrador de impuestos sentado en su despacho. Era Leví, hijo de Alfeo. Jesús le dijo: «Sígueme.» Y él se levantó y lo siguió. [15] Jesús estuvo comiendo en la casa de Leví, y algunos cobradores de impuestos y pecadores estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos; en realidad eran un buen número. Pero también seguían a Jesús [16] maestros de la Ley del grupo de los fariseos y, al verlo sentado a la misma mesa con pecadores y cobradores de impuestos, dijeron a los discípulos: «¿Qué es esto? ¡Está comiendo con publicanos y pecadores!» [17] Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»  EL VINO NUEVO EN CUEROS NUEVOS (MT 9,14; LC 5,33)   [18] Un día estaban ayunando los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a preguntar a Jesús: «Los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan; ¿por qué no lo hacen los tuyos?» [19] Jesús les contestó: ¿«Quieren ustedes que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. [20] Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio, y entonces ayunarán. [21] Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira de la tela vieja, y se hace más grande la rotura. [22] Y nadie echa vino nuevo en envases de cuero viejos, porque el vino haría reventar los envases y se echarían a perder el vino y los envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos!»  (Mt 12,1; Lc 6,1)   [23] Un sábado Jesús pasaba por unos sembrados con sus discípulos. Mientras caminaban, los discípulos empezaron a desgranar espigas en sus manos. [24] Los fariseos dijeron a Jesús: «Mira lo que están haciendo; esto está prohibido en día sábado.» [25] El les dijo: «¿Nunca han leído ustedes lo que hizo David cuando sintió necesidad y hambre, y también su gente? [26] Entró en la Casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes; y les dio también a los que estaban con él.» [27] Y Jesús concluyó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. [28] Sepan, pues, que el Hijo del Hombre, también es dueño del sábado.»     

 

 

[1] Con este milagro del paralítico perdonado y sanado, Jesús da tres respuestas a la vez: al enfermo, a sus amigos y a los fariseos.Al ver la fe de aquella gente. Son estos los amigos del paralítico, los que habían convencido a su compañero de que debía ir donde Jesús. Y Jesús premia su fe.Aparentemente el paralítico no había hecho más que consentir el viaje. De entrada Jesús le dice: Se te perdonan tus perdonados. ¡Qué palabras tan extrañas! ¿Cómo podría perdonar Jesús los pecados, si el hombre no es consciente de alguna falta y si, al mismo tiempo, no está arrepentido y en espera del perdón? Seguramente hay algo que el evangelio no dice. Pero muchos textos del Antiguo Testamento destacan las relaciones complejas entre el pecado y la enfermedad. A menudo la enfermedad nos hace darnos cuenta de nuestra situación de pecador, y por su parte Jesús no quiere sanar sin que primero haya una reconciliación con Dios.Jesús actúa como Dios: miró al pecador, le quitó sus complejos de culpabilidad y lo perdonó antes de sanarlo. ¡Feliz el que supo, por la mirada de Jesús y sus palabras, que ya estaba perdonado! Dios es quien vive y quien ama, y debemos encontrarlo en forma personal para que el perdón sea verdadero.Los fariseos se escandalizan por las palabras de Jesús; por supuesto que sólo Dios puede perdonar los pecados. La gente sencilla no reaccionó, pero la indignación de los maestros de la Ley es muy justificada, puesto que ni ellos ni los mismos discípulos de Jesús entienden quién es él. Jesús, sin embargo, los deja callados: Si yo doy la salud a lo divino, ¿por qué no perdonaría a lo divino?Jesús desconcierta a los que se preguntan quién es él. Mejor todavía demuestra que sólo él puede sanar al hombre entero, en cuerpo y alma.

 

 

LOS PUBLICANOS

[13] Para entrar en la familia de Dios debemos cambiar nuestra manera de mirar las cosas y a las personas. Esta conversión no se nota tan fácilmente como la participación en las ceremonias litúrgicas, pero, aunque cueste más conseguirla, es de más valor.Ante todo hay que liberarse de los prejuicios de clase. Dejemos de dividir a los hombres entre buenos y malos; entre los que se puede saludar y los que no; entre los que se debe amar y ayudar y los que no. Aprendamos que Dios no odia ni a los ricos ni a los mal educados ni a los de izquierda ni a los de derecha, y que su plan misericordioso contempla la salvación de todos.El Evangelio habla de los publicanos, o sea, de los que cobraban el impuesto para los romanos. Pues el país de Jesús estaba dominado por el Imperio Romano y los publicanos eran judíos que trabajaban para el extranjero. Los patriotas los consideraban traidores y el pueblo se daba cuenta de que se llenaban el bolsillo; hasta los mendigos se negaban a recibir sus limosnas. Y Jesús... Jesús no los alabó, pero escogió a uno de ellos, a Leví-Mateo, para incorporarlo al equipo de sus apóstoles, cuya mayoría eran patriotas decididos.Los maestros de la Ley eran algo así como catequistas y profesores de religión. Eran muy entendidos en cosas religiosas y admiraban la doctrina de Jesús, pero no se atrevían a considerar como hermanos suyos a los publicanos y los otros pecadores (o sea, gente que no tomaba en cuenta los preceptos de la religión).Leví es probablemente otro nombre del apóstol Mateo (Mt 9,9). 

 

 

[18] Muchos hombres de fe miraban a Jesús con simpatía. ¡Cómo les gustaba que renovara el fervor de su pueblo! Pero la misión de Jesús no era de reorganizar el culto y llenar las sinagogas.Los fariseos ayunaban. El ayuno, signo de penitencia y de tristeza, apoyaba las súplicas dirigidas a Dios para que viniera a salvar a su pueblo. Pero precisamente Dios viene en Jesús: conviene más la alegría que el ayuno.Los profetas habían anunciado las bodas de Dios con su pueblo cuando viniera a visitarlos (Is 62,4-5). Por eso al presente, en esta ocasión, como el novio Jesús da a entender quién es él.¿Qué es el vino nuevo? El Evangelio, por supuesto, y la embriaguez del Espíritu Santo que lleva a los discípulos a cualquier locura para dar a conocer el amor del Padre y la libertad que ellos mismos han conseguido. Para entenderlo, leamos los Hechos de los Apóstoles y la vida de los Santos, de los verdaderos desde luego, no de los santos tristes y fingidos. Envases de cuero viejos: El Evangelio no encaja con las formas tradicionales de devoción, y tampoco entra en aquellos que se aferran a ellas.Marcos quiere que descubramos la novedad absoluta que Jesús nos trae. Acabamos de verlo acogiendo a los marginados y los pecadores. Un nuevo motivo de asombro: él no se presenta con oraciones y ayunos, según la costumbre de los grupos religiosos; y nuevamente lo veremos violar la ley sagrada del sábado. No digamos que Jesús sólo condena formas decadentes de piedad o a personas que aparentan ser lo que no son, pues aquí se opone incluso a Juan Bautista. Es que, en realidad, el Evangelio es mucho más que una religión.Una religión, en el sentido habitual de la palabra, es un conjunto de prácticas y oraciones con las cuales reconocemos que Dios es dueño del universo y de nuestras vidas. La religión establece un orden en nuestra vida y en la sociedad. Pero si nos quedamos con esa religión, ¿qué idea nos hacemos de Dios? ¿Será realmente aquél al que Jesús decía: Abba, o sea, Papá? ¡Qué hermoso y engrandecido aparece Dios, cuando ya no es el que se preocupa por la clase de carne y de vino que hay en mi mesa o por el número y los tiempos de mis oraciones y genuflexiones! El quiere darnos el Espíritu, y por más que sean útiles los ritos y las penitencias, el Espíritu no se encierra en ellos. 

 

 

[23] A todos les parecía normal que el transeúnte arrancara espigas o tomara frutas cuando tenía hambre. Sin embargo los fariseos se escandalizaron porque los discípulos de Jesús hicieron eso en día sábado, día en que estaba prohibido cualquier trabajo.El sábado ha sido hecho para el hombre. No vale ninguna ley, por sagrada que sea, si se vuelve opresora.El Hijo del Hombre también es dueño del sábado. Para los judíos la observancia del sábado era el pilar del orden establecido por Dios; ¿quién se creía ser Jesús? 

 

 

 

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Mc. 3, 1 - 35

             CURACIÓN DEL HOMBRE DE LA MANO SECA (LC 6,6; MT 12,9; LC 14,1)   [1] Otro día entró Jesús en la sinagoga y se encontró con un hombre que tenía la mano paralizada. [2] Pero algunos estaban observando para ver si lo sanaba Jesús en día sábado. Con esto tendrían motivo para acusarlo. [3] Jesús dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Ponte de pie y colócate aquí en medio.», [4] Después les preguntó: «¿Qué nos permite la Ley hacer en día sábado? ¿Hacer el bien o hacer daño? ¿Salvar una vida o matar?» Pero ellos se quedaron callados. [5] Entonces Jesús paseó sobre ellos su mirada, enojado y muy apenado por su ceguera, y dijo al hombre: «Extiende la mano.» El paralítico la extendió y su mano quedó sana. [6] En cuanto a los fariseos, apenas salieron, fueron a juntarse con los partidarios de Herodes, buscando con ellos la forma de eliminar a Jesús.  (Mt 12,15; Lc 6,17)  [7] Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, [8] de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de las tierras de Tiro y de Sidón, muchísima gente venía a verlo con sólo oír todo lo que hacía. [9] Jesús mandó a sus discípulos que tuvieran lista una barca, para que toda aquella gente no lo atropellase. [10] Pues al verlo sanar a tantos, todas las personas que sufrían de algún mal se le echaban encima para tocarlo. [11] Incluso los espíritus malos, apenas lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» [12] Pero él no quería que lo dieran a conocer, y los hacía callar,.  LOS DOCE APÓSTOLES DE JESÚS (MT 10,1; LC 6,12)   [13] Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y se reunieron con él. [14] Así instituyó a los Doce (a los que llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, [15] dándoles poder para echar demonios. [16] Estos son los Doce: Simón, a quien puso por nombre Pedro; [17] Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; [18] Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo, [19] y Judas Iscariote, el que después lo traicionó.  EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO (MT 12,24; LC 11,15; MT 9,34)     [20] Vuelto a casa, se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. [21] Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto loco.» [22] Mientras tanto, unos maestros de la Ley que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebú, jefe de los demonios, y con su ayuda expulsa a los demonios.» [23] Jesús les pidió que se acercaran y empezó a enseñarles por medio de ejemplos: [24] «¿Cómo puede Satanás echar a Satanás? Si una nación está con luchas internas, esa nación no podrá mantenerse en pie. [25] Y si una familia está con divisiones internas, esa familia no podrá subsistir. [26] De igual modo, si Satanás lucha contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, y pronto llegará su fin. [27] La verdad es que nadie puede entrar en la casa del Fuerte y arrebatarle sus cosas si no lo amarra primero; entonces podrá saquear su casa. [28] En verdad les digo: Se les perdonará todo a los hombres, ya sean pecados o blasfemias contra Dios, por muchos que sean. [29] En cambio el que calumnie al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, pues se queda con un pecado que nunca lo dejará.» [30] Y justamente ése era su pecado cuando decían: Está poseído por un espíritu malo.  LA VERDADERA FAMILIA DE JESÚS (MT 12,46; LC 8,19)   [31] Entonces llegaron su madre y sus hermanos, se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. [32] Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: «Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y preguntan por ti.» [33] Él les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» [34] Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. [35] Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre.»          

 

 

[1] Aquí la primera preocupación de Marcos no es el milagro que Jesús realiza, curando al hombre que tiene la mano paralizada. Más quiere poner de relieve la actitud de Jesús respecto del sábado. Este hecho comprueba la palabra que Jesús dijo recién en 2,27.Según los fariseos estaba permitido faltar al descanso sabático para salvar a alguien de un peligro de muerte. Jesús va a ampliar esta regla; para él no hacer el bien es hacer el mal, y no sanar es matar. Los fariseos se callaron; sabían que Jesús tenía razón, pero su orgullo de maestros de religión les impedía reconocerlo.Su acuerdo con los Herodianos, que eran sus enemigos, lo confirma. En Galilea no se podía condenar a nadie sin permiso de Herodes; necesitaban pues el apoyo de los partidarios del rey. Marcos hace hincapié aquí en la mala fe, nacida del orgullo, que vuelve al hombre ciego ante el llamado de Dios a que se transforme interiormente. Es más fácil unirse entre adversarios para silenciar al que denuncia una injusticia o proclama una verdad que les molesta a todos ellos.

LOS DOCE. (Ver Mt 10,1)[13] Asediado por el sinnúmero de afligidos que buscan un alivio para sus males, Jesús se busca ayudantes.Fue en un cerro donde Moisés y Elías se reunieron con Dios: Allí les confió Dios su misión (Ex 19; 1 Re 19). Y fue en un cerro donde Jesús llamó a los que iba a asociar de manera especial a su propia misión: estarán con él, y anunciarán la Palabra y expulsarán demonios.Marcos nos indica así lo que es la Iglesia: una comunidad reunida por Jesús y alrededor de él, donde los hombres reciben la Palabra de Dios y son librados de la esclavitud del demonio.¿Qué sabemos de estos doce que pasarían a ser los mandatarios de Jesús, las bases de su Iglesia, los maestros de la fe? El núcleo del grupo lo formaban pescadores del lago, y con ellos un publicano, Mateo; un maestro de la Ley, Bartolomé, y algunos más, de los cuales sólo sabemos que Jesús los había escogido entre hombres del pueblo. El había venido para salvar a todos, pero su obra la empezaría con los pobres.Jesús no pertenecía más a los pobres que a los ricos, pero como cualquier hombre debía ubicarse en un ambiente y en un grupo social. Siendo hijo de artesanos, se había ubicado entre la gente sencilla. Más aún, Jesús había tomado una decisión importante a los 18 ó 20 años: se había quedado como trabajador manual en vez de ingresar en una escuela de maestros de la Ley; pues estas escuelas religiosas estaban abiertas a todos.Jesús habría podido empezar su predicación con un título de maestro y, seguramente, habría encontrado sus ayudantes entre maestros de la Ley sinceros o entre sacerdotes y fariseos de recto corazón. Pero no, prefirió formarse por medio del trabajo manual, sin otra preparación religiosa que las reuniones bíblicas de la sinagoga, sin más libro que la experiencia de la vida diaria. Y por eso, llegada la hora, hallaría a sus apóstoles entre la gente común, hombres sencillos pero responsables. 

 

 

[20] Más que las curaciones, fueron las expulsiones de demonios las que inquietaron a los fariseos y a los maestros de la Ley. Siendo autoridades en materia religiosa, viajaron desde Jerusalén para ver más de cerca quién era Jesús.Está poseído por Belzebú (22). Los judíos del tiempo de Jesús estaban obsesionados por la creencia en los demonios: los veían por todas partes y muchas veces consideraban a las enfermedades como posesiones diabólicas. Jesús no padece tal obsesión, pero seguramente no hace tanta diferencia entre enfermedad y posesión como hacemos nosotros, pues, de alguna manera, el demonio está detrás de toda miseria humana.Belzebú, nombre de un antiguo ídolo, era uno de los términos usados para designar al demonio.Entrar en la casa del Fuerte (27). Este «fuerte» es el demonio, y su casa es la persona poseída. Saquearle la casa es quitarle el poder sobre su víctima.Se les perdonará todo a los hombres..., y Mateo añade: «Al que haya hablado contra el Hijo del Hombre le será perdonado» (Mateo 12,32).Mientras el Antiguo Testamento exigía la pena de muerte para el que hubiese blasfemado, para salvar así el honor de Dios y evitar que su cólera cayera sobre la comunidad, el Dios que conoce Jesús sabe hasta dónde llega la estupidez humana y no se siente ofendido por tantos despropósitos ridículos o blasfemos a que nos tiene acostumbrados nuestra sociedad; no se defiende como lo hacen los grandes de este mundo.Jesús aceptó ser criticado por los que no entendían su manera de actuar, que fue el caso de muchos fariseos. Pero cosa bien diversa era llamar obra mala a la que era evidentemente buena. Hablar (o blasfemar) contra el Espíritu Santo es atribuir al espíritu malo una obra que es manifiestamente buena. Los que ahora atribuyen sistemáticamente a intenciones malas el bien hecho por otros, sea la Iglesia o personas de otro partido, pecan contra el Espíritu Santo. El que reconoce la verdad y no a Dios, está en mejor camino que el que dice creer en Dios y no reconoce la verdad.De las expulsiones de demonios, Jesús saca una conclusión: El Reino de Dios ha llegado a ustedes. La victoria sobre Satanás se gana, en realidad, día a día. Nuestra oración, la oración perseverante de la comunidad cristiana, el testimonio de vida y la actuación valiente de los cristianos tienen fuerza como para hacer retroceder la presencia del demonio, ya se trate del dinero, la explotación, la droga o del frenesí del sexo. 

 

 

[31] Jesús ha perdido a sus familiares pero ha encontrado a sus verdaderos hermanos. Desde el día en que nos comprometemos en la obra de Dios nos toca descubrir hermanos y hermanas, y a una madre, María, de la que el Evangelio dice: «Dichosa eres por haber creído.» Jesús no dice: «Ese es mi padre», pues Padre hay uno solo y está en el Cielo.

 

HERMANOS DE JESUS

La Iglesia nunca dudó de que María hubiera sido siempre virgen y Jesús fuera su hijo único, como es el Unico del Padre (ver comentario de Lc 1,26). ¿Por qué, pues, se habla aquí de sus hermanos y hermanas?En primer lugar digamos que en hebreo se llama hermano a cualquier pariente. En más de quinientos lugares del Antiguo Testamento «hermano» indica un parentesco más o menos próximo, la pertenencia a la misma familia, al mismo clan, a la misma tribu o al mismo pueblo. Cuando se quiere subrayar que se trata de un hermano en el sentido estricto, se usa la expresión «hijo de su madre» ( Deut 13,7; 27,22).Luego recordemos que en la primera Iglesia, en el tiempo en que se escribían los evangelios, había un grupo influyente integrado por la parentela de Jesús y sus paisanos de Nazaret. Estos eran llamados, en forma global, «los hermanos del Señor», y uno de ellos, Santiago, era obispo de la comunidad de Jerusalén. El Evangelio no los celebra mayormente; más bien recuerda que tardaron mucho en creer en Jesús, a pesar de haber vivido tantos años a su lado (Mc 3,21; Jn 7,3-5). Pero al hablar de ellos o de alguno de ellos, los designa con el nombre que les daba la comunidad: «los hermanos del Señor», o bien: «fulano, hermano de Jesús».Alguien podría decir: Si bien la palabra «hermano» puede designar a los primos lejanos, también puede designar a los hermanos en el sentido estricto. Miremos, pues, más de cerca quiénes son esos hermanos de Jesús a los que se menciona cuando Jesús pasa por Nazaret. Son Santiago y Joset (Mateo dice Joseph), Judas y Simón. Ahora bien, entre las mujeres que estaban al pie de la cruz, Marcos menciona a una tal María, «madre de Santiago el menor y de Joset». Si se tratase de María, la madre de Jesús, sería muy extraño que precisamente en ese momento se la presentase sólo como la madre de Santiago y de Joset y no como la madre del ajusticiado. También sería muy extraño que fuera mencionada después de María Magdalena. Juan dice que esta María, mujer de Cleofás, era la hermana, es decir, probablemente una parienta próxima de María (Jn 19,25). Debemos, pues, admitir que Santiago y Joset eran los hijos de esta otra María (Mt 28,1) que formaba parte del grupo de las mujeres de Galilea (Lc 23,55). Santiago y Joset eran primos de Jesús, pero tal vez no fuesen sus primos hermanos; Simón y Judas, por su parte, eran primos más lejanos, pues se nombran después de ellos. 

 

 

 

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Mc. 4, 1 - 41

             EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR (MT 13,1; LC 8,16)   [1] Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del lago. Se le reunió tanta gente junto a él que tuvo que subir a una barca y sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente estaba en la orilla. [2] Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas. Les enseñaba en esta forma: [3] «Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar. [4] Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Otra parte cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la tierra. [6] Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron. [7] Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. [8] Otras semillas cayeron en tierra buena: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras cien. [9] Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que escuche.» [10] Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas. [11] El les contestó: «A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas. [12] Y se verifican estas palabras: Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro modo se convertirían y recibirían el perdón.» [13] Jesús les dijo: «¿No entienden esta parábola? Entonces, ¿cómo comprenderán las demás?  [14] Lo que el sembrador siembra es la Palabra de Dios. [15] Los que están a lo largo del camino cuando se siembra, son aquellos que escuchan la Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. [16] Otros reciben la palabra como un terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra, la aceptan con alegría; [17] pero no se arraiga en ellos y no duran más que una temporada; en cuanto sobrevenga alguna prueba o persecución por causa de la Palabra, al momento caen. [18] Otros la reciben como entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, [19] pero luego sobrevienen las preocupaciones de esta vida, las promesas engañosas de la riqueza y las demás pasiones, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. [20] Para otros se ha sembrado en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han dado acogida y dan fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el ciento.»  PARÁBOLA DE LA LÁMPARA Y DE LA MEDIDA (MT 10,26; LC 8,16)  [21] Jesús les dijo también: «Cuando llega la luz, ¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama? ¿No la pondremos más bien sobre el candelero? [22] No hay cosa secreta que no deba ser descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz. [23] El que tenga oídos para escuchar, que escuche.» [24] Les dijo también: «Presten atención a lo que escuchan. La medida con que ustedes midan, se usará para medir lo que reciban, y se les dará mucho más todavía. [25] Sépanlo bien: al que produce se le dará más, y al que no produce se le quitará incluso lo que tiene.»  LA SEMILLA QUE CRECE POR SÍ SOLA    [26] Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, [27] y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. [28] La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. [29] Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»   EL GRANO DE MOSTAZA (MT 13,31; LC 13,18)   [30] Jesús les dijo también: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar? [31] Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra, [32] pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes, que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra.» [33] Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente. [34] No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.  JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MT 8,18; LC 8,22)   [35] Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago.» [36] Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. [37] De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua. [38] Mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» [39] El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: «Cállate, cálmate.» El viento se apaciguó y siguió una gran calma. [40] Después les dijo: «¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?» [41] Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

 

 

[1] Ver el comentario de Mt 13,1 y Lc 8,4.Marcos nos va ahora a presentar algunas parábolas del Reino de Dios, pues este anuncio de un reino de Dios que comenzaba era la gran novedad del mensaje de Jesús. Se hablaba de vez en cuando entre los judíos de la época de un reino de Dios, pero se lo hacía para decir que devolvería la libertad a su pueblo en la tierra de Israel y que castigaría a todos sus opresores. Jesús en cambio sostiene que Dios viene a reinar en medio de nosotros: el reino está aquí, a la puerta.El sembrador salió a sembrar. Había mucha impaciencia por cosechar los frutos de tantos sufrimientos y sangre derramada bajo la ocupación romana, ¡y Jesús volvía a las semillas!Esa es pues la gran paradoja del Evangelio con la que seguimos topando: el Reino está allí y con él tenemos todo lo que Dios puede dar en este mundo. Pero también es cierto que todo se queda en esperanzas (Rom 9,24). Después de veinte siglos de cristianismo, el Reino es todavía como un campo que se acaba de sembrar. Una parte de la semilla da fruto y se multiplica (8). El que tiene ojos para ver no puede dejar de ver cuántas cosas han nacido del Evangelio y nacen aún doquiera es recibido. El reino se lee en la vida y en los ejemplos de los santos conocidos o desconocidos. Puede la cultura occidental renunciar al Evangelio, pero eso no quita que haya nacido de su dinamismo. El Evangelio está detrás de todo lo que se ha emprendido para dar al mundo la unidad y la paz.Esas y muchas otras cosas han nacido de la Palabra, pero han tenido que madurar en el corazón de las personas de fe.A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios. Jesús les recuerda a los discípulos que si están con él, recibiendo de él la palabra de Dios, lo deben a una gracia de Dios que los ha escogido para recibir y transmitir el anuncio del Reino. Y ya que han respondido al llamado y se han integrado al grupo de los discípulos, el Maestro les revelará poco a poco la manera de actuar de Dios. Pero nosotros, con facilidad, en vez de detenernos en esta generosidad, tomamos la frase en sentido contrario y nos preguntamos: ¿De modo que Dios ha querido que los demás «no vean ni entiendan»?No les llegan más que parábolas. Los que no han sido llamados a encontrarse con Cristo, o que, habiendo sido llamados se desentienden, viven en un mundo donde no están sin la luz de Dios, sino que ésta les llega «en parábolas», es decir a través de intermediarios y de limitaciones humanas. El Evangelio, pues, dará alguna luz incluso a los que no se comprometen con él, pero de un modo adaptado a su capacidad, ya que viven en un mundo de verdades a medias.El versículo 12 cita un importante texto de Isaías (6,9), que será retomado por Jn 12,40 y He 28,26. Pero para entenderlo hay que tener presente que el profeta utiliza una forma gramatical propia del hebreo y difícil de traducir al castellano. Dios le dice al profeta más o menos esto: «Enduréceles el corazón, háblales para que aunque escuchen no entiendan». Pero esto debiera entenderse así: «Tú sólo lograrás que se endurezca su corazón; hablarás, pero de hecho escucharán y no querrán entender». En ningún caso quiere Dios que alguien se equivoque o permanezca en la ignorancia.¿Cómo comprenderán las demás parábolas? Los apóstoles mismos eran incapaces de comprender cosas muy sencillas. Jesús nos pone en guardia frente a una visión simplista: por un lado «los discípulos», y por otro, los de afuera. Jamás terminaremos de comprender los misterios del reino y menos de entrar en él; la frontera entre discípulos y gente de afuera pasa por en medio de cada uno de nosotros; Jesús lo recordará en la parábola de la cizaña.Tal vez deberíamos preguntarnos qué sacamos de las lecturas del Evangelio: ¿una invitación a actuar mejor, o el lento descubrimiento de los misterios de Dios? ¿Vamos siempre a los textos que cuadran con nuestras ideas o estamos dispuestos a escuchar absolutamente todo? 

 

 

[14] Ver comentario de Mt 13,18.Con la parábola del Sembrador, Jesús propone una visión del Reino de Dios totalmente distinta a la que se tenía entonces. Es una realidad nueva que brota del corazón de quienes han sabido recibir la palabra de Dios: conversión a la verdad y perseverancia en el bien.La semilla puede ser una palabra del Evangelio. Pero también son semillas los consejos que recibimos y las sugerencias de nuestra conciencia. A veces nos parece que el Evangelio no tiene mucha fuerza para transformar la vida, pero, ¿por qué hemos pisoteado tantas semillas que el viento había traído a la casa? Todo depende de nosotros.Jesús nos habla del treinta, del sesenta y del ciento por uno (20): la palabra escuchada transforma nuestra vida y da eficacia a nuestros esfuerzos para salvar al mundo. Nadie sabrá decir lo que puede una persona libre en el sentido en que habla el Evangelio.Si algo ha sido ocultado. La palabra actúa en el secreto del corazón, pero, cuando descubrimos la transformación que obró en nuestra vida, con gusto pregonamos a Cristo y damos a conocer a los demás el secreto que nos hizo felices: Ef 2,4; Col 3,3; Fil 2,10.Presten atención a lo que escuchan. Jesús nos llama la atención: «Ustedes pierden el tiempo si tan sólo me escuchan y no dejan que lo que han escuchado de mí dé su fruto. La medida con que ustedes midan se usará para medir lo que reciban, es decir, que si empiezan a poner en práctica lo que han escuchado, recibirán de Dios nuevas fuerzas y conocimientos. Y si no tienen nada, es decir, si no producen frutos, de nada les servirá esa fe que les he enseñado; ...ustedes que leen mi evangelio, pregúntense antes de seguir más adelante...». 

 

 

[26] En toda época los hombres se impacientan: ¿Se realizará pronto el Reino de la justicia? ¿Se acabarán pronto la violencia y la corrupción? Jesús contesta: Ahora mismo están ya actuando las fuerzas invencibles que hacen madurar al mundo y que llevan adelante al Reino.

 

SEMILLAS

¡Cuántas semillas se tiran al viento! Una moda nueva, una canción, un nuevo artefacto, un programa radial... Algunas semillas han crecido hasta constituir corrientes poderosas que movilizan a las masas. Pero sepamos descubrir los comienzos humildes de la obra de Dios: el encuentro de algunas personas de buena voluntad para solucionar un problema comunitario; un gesto fraterno en un ambiente cerrado; un primer esfuerzo para sonreír a la vida después de una decepción...La semilla crece, y la persona que recibió la Palabra se siente más segura en el camino por el que Dios la conduce. 

 

 

[30] Ver comentario de Mt 13,31. 

 

 

[35] En las dos últimas parábolas Jesús mostró la fuerza y el crecimiento irresistible del Reino; ahora, como para dar una señal visible del mismo, pasará a la otra orilla del lago, es decir, a la orilla pagana del lago de Genezaret. Los dos milagros que realizará mostrarán que su victoria sobre el demonio sobrepasa las fronteras de Israel.En la mentalidad judía, el mar es el símbolo de los poderes demoníacos, un recuerdo constante del caos primitivo, donde se mueven los monstruos marinos de los que sólo Dios, que es Todopoderoso, puede burlarse: Behemot, Leviatán y Rahab. Al ordenar al mar: «¡Cállate! ¡Cálmate!», al igual que hace con los demonios (Mc 1,25), Jesús reafirma su poder divino sobre las fuerzas del mal.Ante tantas fuerzas del mal que los atacan, en medio de las tempestades que se levantan, los hombres se preguntan, a veces, si Dios no está dormido. Pero Jesús está allí; no se asombra tanto del miedo de los discípulos ante la tempestad, cuanto de su falta de fe; únicamente la confianza en la victoria de Jesús, Hijo de Dios, sobre las fuerzas del mal, puede permitirles superar ese miedo.Pero en cuanto descubren en Jesús ese poder divino, los apóstoles son presa de un gran susto, como Moisés ante la zarza ardiendo (Ex 3,1), como Isaías cuando tiene la visión en el templo (Is 6,5), y como todos aquellos a quienes Dios se manifiesta de un modo particular; más que un amigo o un maestro, Jesús se les manifiesta en la verdad de su ser. Y ese temor de descubrir a Dios tan cerca de ellos, se hacía más fuerte que el temor que habían tenido frente a la tempestad, algunos minutos antes. 

 

 

 

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Mc. 5, 1 - 43

             EL ENDEMONIADO DE GERASA (MT 8,28; LC 8,26)   [1] Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. [2] Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. [3] El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. [4] Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. [5] Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras. [6] Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies. [7] Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes.» [8] Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre.» [9] Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos.» [10] Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región. [11] Había allí una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. [12] Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos.» Y Jesús se lo permitió. [13] Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. [14] Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido. [15] Se acercaron Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [16] Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, [17] y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras. [18] Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. [19] Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.» [20] El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos quedaban admirados.   JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO (MT 9,18; LC 8,40)  [21] Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. [22] En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies [23] suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.» [24] Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.  [25] Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. [26] Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor. [27] Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. [28] La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.» [29] Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana. [30] Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?» [31] Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» [32] Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. [33] Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad. [34] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.»  [35] Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?» [36] Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe.» [37] Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. [39] Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.» [40] Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña. [41] Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!» [42] La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí. [43] Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.           

 

 

[1] Jesús calmó el mar desencadenado y acalló las fuerzas del mal, y al desembarcar en la orilla pagana, se enfrenta con el demonio. Aquí abundan las imágenes para pintar el combate victorioso que va a tener Jesús con el demonio.El texto nos dice tres veces que el poseído vivía entre los sepulcros, y menciona también tres veces las cadenas con las que habían tratado en vano de atarlo. Para un judío, recordar algo tres veces es decirlo en superlativo; es decir, que el poseído está ligado en parte con la muerte y en parte con la impureza que va unida a ella (Núm 19,11), pero nadie, absolutamente nadie había podido dominarlo. Por último, este poseso, al igual que hacían los servidores de los ídolos (1 Re 18,28), se había hecho incisiones con piedras, dejando correr la sangre. Sin embargo, este adversario se prosterna reconociendo así la superioridad de Jesús, Hijo de Dios Altísimo, quien le obliga a que diga cómo se llama. Una vez más el nombre es todo un símbolo: legión, es decir, que este hombre estaba poseído por un regimiento de demonios.Jesús procedió a liberar al poseso; los demonios entran en los cerdos, que se lanzarán al mar. Marcos nos muestra cómo el demonio, que es el autor de toda impureza, es devuelto por Jesús a su reino, a los cerdos, que según la tradición judía eran el prototipo de los animales impuros, y echados al mar, que simboliza el imperio del mal, como ya se vio en el episodio de la tempestad apaciguada.En un instante dichas piaras se arrojaron al agua... Ver Mt 8,30 y Lc 8,32. El texto actual de Mc dice: en número de dos mil se arrojaron..., lo que es increíble, pues nunca existieron piaras tan numerosas. Pero hay que notar que la palabra piara en hebreo se diferencia de la palabra dos mil tan sólo en un acento; un error, pues, de acento pudo originar esa frase tan extraña de Marcos.Pero Jesús no se lo permitió (19).«No son ustedes quienes me han elegido a mí, sino que yo los elegí a ustedes» (Jn 15,16). Jesús elige a los que estarán con él, es decir, a los doce (Mc 3,13). Eso no quiere decir que los demás, todos los que se encontraron con Jesús y lo reconocieron como el Hijo de Dios, no tengan nada que hacer: darán testimonio en medio de los suyos de lo que Jesús hizo por ellos y de la compasión que tuvo de ellos. De este modo Jesús recuerda la diversidad de vocaciones. 

 

 

[25] Esta mujer, debido a su enfermedad, era considerada «impura» en la mentalidad de los judíos (Lev 15,19) y contaminaba a todo el que tocara. Por eso las leyes sobre la «pureza» le prohibían mezclarse con el gentío. Pero su fe la lleva a violar algo más sagrado todavía; los flecos del manto eran un recuerdo de Dios y de su ley, y tocarlos estando «impura» era un sacrilegio. Pero Jesús le dice: Tu fe te ha salvado.Muchas personas que se creen instruidas y formadas, miran con desprecio tales actitudes que son otras tantas expresiones de la «religiosidad popular». Pero Jesús no juzga por las apariencias; vio el gesto de la mujer y la fe que la animaba: «Padre, te doy gracias porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños» (Mt 11,25).

 

LA FE Y LOS MILAGROS.

 

 

SANACION Y SALVACION

¿A qué se debe el milagro? ¿Lo produce la fe del que pide, o es Cristo quien lo realiza?La mayoría de las sanaciones que cuenta el Evangelio no se parecen a las que hace un curandero. Está claro que los que venían a Jesús tenían la convicción íntima de que Dios les reservaba algo bueno por medio de él, y esta fe los disponía para recibir la gracia de Dios en su cuerpo y en su alma. Pero en la presente página se destaca el poder de Cristo: Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y el papel de la fe: Tu fe te ha salvado.Jesús dice «te ha salvado», y no «te ha sanado», pues esta fe y el consiguiente milagro habían revelado a la mujer el amor con que Dios la amaba.Nos cuesta a veces creer, con nuestra inteligencia moderna e ilustrada, que el milagro es posible. Olvidamos que Dios está presente en el corazón mismo de la existencia humana y que nada le es ajeno en nuestra vida. Alguien dirá: Si Dios hace milagros, ¿por qué no sanó a tal o cual persona, o por qué no respondió a mi plegaria? Pero, ¿quiénes somos nosotros, para pedir cuentas a Dios?Dios actúa cuando quiere y como quiere, pero siempre con una sabiduría y un amor que nos supera infinitamente. ¡Los padres tampoco dan a sus hijos todo lo que les piden...! 

 

 

[35] Aquí Jesús se enfrenta con la muerte de una persona joven llamada a vivir. Jairo era jefe de la sinagoga, o sea, responsable de la comunidad local de la religión judía.¿Para qué molestar ya al Maestro? Nosotros también pedimos a Dios la sanación, pero no nos atrevemos a pedirle que resucite a los muertos, porque consideramos la muerte como algo absolutamente irreversible. Pero Jesús quiere demostrarnos que ninguna ·«ley del destino» o de la naturaleza puede detener al amor de Dios.Unos lloraban y otros gritaban. En aquella época era costumbre contratar lloronas profesionales y músicos para los entierros; en la actualidad, en cambio, se tienen largos discursos y ceremonias...; es que a toda costa se trata de ocultar o exorcizar la presencia terrible de la muerte, para que no perturbe nuestra paz aparente. Pero Jesús vino para llevarnos a la verdad, comenzando por la verdad sobre la vida y la muerte.La niña no está muerta, sino dormida. En realidad la niña estaba muerta y por eso la gente se burlaba de él; pero Jesús echa fuera todo ese mundo agitado y toma consigo al padre y a la madre: éstos son capaces de comprender, puesto que han ido a verlo movidos por la fe.¡Levántate! Desde el primer momento los discípulos de Jesús emplearon ese vocabulario de «dormir y levantarse» para indicar la muerte y la resurrección. Creían que Jesús, Hijo de Dios, con su propia resurrección había vencido definitivamente a la muerte (1 Cor 15). Algunas encuestas revelan que en la actualidad muchos cristianos no creen en la resurrección; ¿no será esto el resultado de una educación religiosa hecha en base a consideraciones moralistas y no en base a escuchar la palabra de Dios? 

 

 

 

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Mc. 6, 1 - 56

             ¿NO ES ÉSTE EL CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16)   [1] Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. [2] Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? [3] Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. [4] Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» [5] Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer.  JESÚS ENVÍA A LOS DOCE (MT 10,1; LC 9,1; 10,1)  Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando.  [7] Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. [8] Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero; [9] que llevaran calzado corriente y un solo manto. [10] Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. [11] Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos.» [12] Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión. [13] Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite.   LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MT 14,1; LC 9,7; 3,19)   [14] El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes milagrosos.» [15] Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los antiguos profetas». [16] Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado.» [17] En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. [18] Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu hermano.» [19] Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, [20] pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo. [21] Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea. [22] En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» [23] Y le prometió con juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» [24] Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista.» [25] Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.» [26] El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados. [27] Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza. [28] Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre. [29] Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.  JESÚS, PASTOR Y PROFETA   [30] Al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. [31] Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. [32] Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado. [33] Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos. [34] Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente. LA PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 14,13; LC 9,10; JN 6,1)   [35] Se había hecho tarde. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Estamos en un lugar despoblado y ya se ha hecho tarde; [36] despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los pueblos más cercanos y se compren algo de comer.» [37] Jesús les contestó: «Denles ustedes de comer.» Ellos dijeron: «¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para dárselo?» [38] Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver.» Volvieron y le dijeron: «Hay cinco, y además hay dos pescados.» [39] Entonces les dijo que hicieran sentar a la gente en grupos sobre el pasto verde. [40] Se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. [41] Tomó Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos pescados entre todos. [42] Comieron todos hasta saciarse; [43] incluso se llenaron doce canastos con los pedazos de pan, sin contar lo que sobró de los pescados. [44] Los que habían comido eran unos cinco mil hombres.  JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MT 14,22; JN 6,16)   [45] Inmediatamente Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo fueran a esperar a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despachaba a la gente. [46] Jesús despidió, pues, a la gente, y luego se fue al cerro a orar. [47] Al anochecer, la barca estaba en medio del lago y Jesús se había quedado solo en tierra. [48] Jesús vio que sus discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como si quisiera pasar de largo. [49] Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, [50] pues todos estaban asustados al verlo así. Pero Jesús les habló: «Animo, no teman, que soy yo.» [51] Y subió a la barca con ellos. De inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron muy asombrados. [52] Pues no habían entendido lo que había pasado con los panes, tenían la mente cerrada. [53] Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y amarraron allí la barca. [54] Apenas se bajaron, la gente lo reconoció, [55] y corrieron a dar la noticia por toda aquella región. Empezaron a traer a los enfermos en sus camillas al lugar donde él estaba, [56] y en todos los lugares adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar al menos el fleco de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.     

 

 

[1] Los hermanos de Jesús son sus parientes y paisanos de Nazaret (ver el comentario de 3,31) Como Jesús nunca hizo cosas extraordinarias entre ellos, se extrañaban de lo que se decía de su actuación en otros lugares y de que ya fuera famoso. Creían conocerlo, pero en realidad no lo conocían: la mayoría de las veces uno cree conocer a sus prójimos pero no es así. ¿De dónde le viene todo esto? ¿Habrá que pensar que Jesús fue a algún lugar lejano a aprender el arte de hacer milagros? Véase la respuesta en el comentario de Mt 2,21.¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido? Hay quienes dicen: Puesto que Cristo era Dios, lo sabía todo. Pero la ciencia divina no es menos que Dios mismo. El conoce todo a la vez, en un instante único que no pasa y que llamamos eternidad. Los hombres, en cambio, piensan con ideas y su pensamiento se va desarrollando con el tiempo. Por eso Jesús, desde que nació, tuvo que experimentar y descubrir todo. Sólo que desde el principio fue consciente de ser el Hijo, aunque todavía no tuviera palabras para expresarlo.Jesús recibió toda su educación humana de María, de José y de sus paisanos de Nazaret. De ellos recibió la Biblia y la cultura de su pueblo. Pero también el Padre le comunicaba su Espíritu para que experimentara la verdad de Dios en todas las cosas. Lo importante, tanto para él como para nosotros, no era leer mucho ni acumular experiencias, sino ser capaz de valorar todo lo que le ocurría. La sabiduría de Jesús salía de él mismo y, en lo más profundo de su ser, la inexpresable sabiduría eterna se volvía evidencia y certeza para nombrar y para juzgar tanto el actuar de Dios como las acciones de los hombres. Pero no por eso Jesús conocía el porvenir y obraba milagros. Estos dones que Dios concede a sus profetas, se los comunicó en plenitud a Jesús en el momento del bautismo de Juan.Pero no es más que el carpintero (3). El evangelio utiliza un término que tiene un significado muy amplio: «artesano», el que hacía esas cosas sencillas que necesitaba la gente del campo. Pero ya los primeros cristianos de Palestina decían que Jesús había sido carpintero.Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra... Durante el tiempo en que Jesús vivió en medio de ellos, nunca manifestó algún don especial, y tal vez no lo habían designado para ningún cargo en la comunidad de la sinagoga. Si desde ya muchos años se habían acostumbrado a tratarlo como a uno de tantos, ¿cómo le iban a demostrar ahora respeto o fe?

 

 

LA MISION

[7] La misión: Ver comentario en Mt 10,5; Lc 10,1. Empieza la tercera etapa del ministerio de Jesús: organiza una misión por toda la provincia. Hasta entonces los apóstoles habían actuado al lado de Jesús, pero ahora los envía delante de él.Jesús es un educador. No le basta con enseñar a sus seguidores, sino que les exige que cooperen en su propio trabajo. Los apóstoles deben proclamar su fe y obrar curaciones como su Maestro, expresando en forma sencilla lo que han descubierto del Reino de Dios.Los apóstoles deben ser los primeros en creer lo que proclaman: Dios se hizo presente. Por eso se obligan a vivir al día, confiados en la Providencia del Padre. No deben acobardarse en el momento de predicar, sino ser conscientes de su misión y de su poder.El aceite se usaba en ese tiempo como remedio; más allá del bienestar, las mejorías serán el signo de una curación espiritual, la del hombre que se reconcilió con Dios.Jesús ya se preocupa por formar comunidades. Envía a sus discípulos de dos en dos, para que su palabra no sea la de un hombre solo, sino la expresión de un grupo unido en un mismo proyecto. También les pide que se queden fijos en una casa, que se hospeden en una familia, que será el centro desde donde se irradiará la fe. 

 

 

[14] El rey Herodes tenía respeto a Juan, pero era prisionero de su ambiente y de sus vicios. Como rey de Galilea, su mala conducta constituía un mal ejemplo público. A lo largo de la Biblia vemos cómo los profetas señalan la responsabilidad particular de los que detentan el poder: si tienen que guiar al pueblo, deben ser, desde luego, un ejemplo por la rectitud de su vida. Juan Bautista no podía hablar de justicia sin reprochar a Herodes su infidelidad.El rey Herodes. Se trata de Herodes Antipas, hijo del Herodes que reinaba cuando nació Jesús.Decían: es Juan Bautista que ha resucitado. Consideraban a Juan un mártir y pensaban que resucitaría para castigar a Herodes. Unos asociaban a Jesús y a Juan: Jesús hacía los milagros que Juan no había obrado. Otros, menos informados, podían pensar que Jesús era una reaparición de Juan. 

 

 

[30] Los apóstoles están cansados. Al final de esa misión necesitan descansar y a la vez hacer un recuento de sus experiencias. Porque Jesús no los instruye sólo con la palabra, sino que los forma ayudándoles a reflexionar sobre lo que hicieron y lo que vieron.Eran tantos los que iban y venían (31) Posiblemente, después del paso de los apóstoles por los pueblos de Galilea, era mucha la gente que quería conocer al que los había enviado, y llegaban donde Jesús.Sintió compasión de ellos. El Antiguo Testamento manifestaba la compasión de Dios, Padre de su pueblo, pero hasta que no viniese a compartirlo todo con nosotros, faltaba algo. Ahora Dios ya no habla desde arriba, sino que se hace pobre entre los pobres en la persona de Jesús, comulgando con su vida, sus sufrimientos y su esperanza.Estaban como ovejas sin pastor. (Núm 27,17; Is 40,1 ; Ez 34; Za 11,4-17; 12,8). Se trata de personas que no han encontrado todavía una verdadera comunidad y Jesús siente compasión por ellas.El profeta Ezequiel reprochaba a los responsables de Israel que se comportaban como malos pastores; también podría reprocharnos hoy día que no somos pastores ni profetas en medio de nuestro mundo. ¿Por qué tan a menudo esperamos a que los sacerdotes, las religiosas o algunos laicos cuidadosamente escogidos tomen la iniciativa de formar nuevas comunidades? ¿Por qué somos tan tímidos para proponer a «los que están fuera» la luz de la fe que hemos recibido gratuitamente y permitirles así que descubran en equipo, en comunidad, esta riqueza?Y se puso a enseñarles largamente. ¿Qué les decía? Todo lo que hace al Evangelio. Con sus dones proféticos, Jesús penetraba en las conciencias y mostraba a cada uno dónde estaba su verdadero problema. Hablando como los profetas, nunca los encerraba en su problema personal: su propia superación iba a la par con una renovación de su ambiente. Los veía abrumados de dificultades, pero les levantaba el ánimo mostrándoles «signos de esperanza». En cualquier situación hay algo que podemos hacer para levantarnos. Y, antes de que empecemos, ya dispuso Dios algunos signos de que no nos abandona y que debemos confiar totalmente en él. 

 

 

[35] De la boca de Dios sale el pan, dice la Biblia, y también la Palabra que necesitamos ( Deut 8,3). Jesús, al dar el pan, demuestra que sus palabras son de Dios.Jesús se presenta como Pastor en medio de sus ovejas. Varios detalles del relato, comparados con algunas páginas del Antiguo Testamento, nos ayudan a descubrir en Jesús al Pastor anunciado por los profetas:Dios da pan a su pueblo: Ex 16; Sal 72,16; Sal 81,17; Sal 132,15; 147,14.Lo que sale de la boca de Dios: Deut 8,3; Sab 16,26; Mt 4,4.Se sientan en el pasto verde (Sal 23) y todos quedan satisfechos (Sal 78,29). La muchedumbre sentada para comer es la imagen de la humanidad que Jesús reunirá en el banquete fraternal del Reino (Lc 14,15).Levantó los ojos al cielo (41). Este gesto de Jesús expresa su relación personal con el Padre, reemplazando cualquier oración que santos o profetas habrían hecho en tal caso.De Dios viene el pan, pues ha puesto en la tierra todo lo que necesita la humanidad para su alimento y para su desarrollo, pero los problemas de una distribución equitativa son tan complejos como la naturaleza humana, y ningún sistema puede solucionarlos hasta que no aprendamos a escuchar la palabra de Dios. A quienes la escuchan les enseña a construir un mundo de justicia, de paz y de pan compartido.Jesús sintió compasión de aquella multitud, de la que sus gobernantes se preocupaban muy poco. Toda aquella gente le había escuchado durante largo tiempo sin inquietarse lo más mínimo por su comida; él, a su vez, siendo el Pastor y el Pan verdadero, les dio el pan y lo distribuyó.El Evangelio de Juan comenta este milagro: Jesús es el pan que necesita la humanidad (Jn 6). 

 

 

[45] Jesús los obligó a que subieran a la barca. ¿Por qué? El evangelio de Juan nos explica el motivo (Jn 6,15). Porque la gente, entusiasmada por el milagro, quería proclamar a Jesús rey y libertador enviado por Dios. Y los mismos apóstoles estaban dispuestos a tal proclamación.Tenían la mente cerrada (52). En realidad estos hombres habían entendido muy bien el significado de la multiplicación del pan: Jesús era el Pastor prometido por Dios. Pero todo lo interpretaban en un sentido político; la liberación prometida por Dios debía ser una liberación nacional. 

 

 

 

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Mc. 7, 1 - 37

             LA VERDADERA PUREZA (MT 15,10; LC 6,39)   [1] Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. [2] Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. [3] Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. [4] Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. [5] Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?» [6] Jesús les contestó: «¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [7] El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. [8] Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres.» [9] Y Jesús añadió: «Ustedes dejan tranquilamente a un lado el mandato de Dios para imponer su propia tradición. [10] Así, por ejemplo, Moisés dijo: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre, y también: El que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte. [11] En cambio, según ustedes, alguien puede decir a su padre o a su madre: «Lo que podías esperar de mí es "consagrado", ya lo tengo reservado para el Templo.» [12] Y ustedes ya no dejan que esa persona ayude a sus padres. [13] De este modo anulan la Palabra de Dios con una tradición que se transmiten, pero que es de ustedes. Y ustedes hacen además otras muchas cosas parecidas a éstas.»  [14] Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. [15] Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. [16] El que tenga oídos, que escuche.» [17] Cuando Jesús se apartó de la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre lo que había dicho. [18] El les respondió: «¿También ustedes están cerrados? ¿No comprenden que nada de lo que entra de fuera en una persona puede hacerla impura? [19] Pues no entra en el corazón, sino que va al estómago primero y después al basural.» [20] Así Jesús declaraba que todos los alimentos son puros. Y luego continuó: «Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. [21] Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, [22] infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. [23] Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.»  JESÚS SANA A LA HIJA DE UNA EXTRANJERA (MT 15,21)   [24] Jesús decidió irse hacia las tierras de Tiro. Entró en una casa, y su intención era que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. [25] Una mujer, cuya hija estaba en poder de un espíritu malo, se enteró de su venida y fue en seguida a arrodillarse a sus pies. [26] Esta mujer era de habla griego y de raza sirofenicia, y pidió a Jesús que echara al demonio de su hija. [27] Jesús le dijo: «Espera que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos.» [28] Pero ella le respondió: «Señor, los perritos bajo la mesa comen las migajas que dejan caer los hijos.» [29] Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; por lo que has dicho el demonio ya ha salido de tu hija.» [30] Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio se había ido.   CURACIÓN DE UN SORDOMUDO   [31] Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis. [32] Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano. [33] Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. [34] En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que quiere decir: «Abrete. » [35] Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. [36] Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. [37] Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»   

 

 

 

 

LA TRADICION Y LAS TRADICIONES

[1] Ningún grupo, ni siquiera la Iglesia, puede mantenerse si no tiene sus tradiciones y costumbres. Pero esas tradiciones, por buenas que sean, son cosas de hombres y han de ser cambiadas con el tiempo, como por ejemplo, la manera de celebrar la misa, las fiestas, novenas y otras cosas por el estilo.Por otra parte, hay algo esencial que nunca cambia: la Enseñanza de Dios. ¿Dónde la encontramos? En la Biblia, en las enseñanzas de Jesús. Y hay una manera de comprender a Jesús, propia de los apóstoles: es lo que llamamos la Tradición de los Apóstoles, y la Iglesia, fundada por los apóstoles, guarda esta Tradición, o sea, este espíritu propio de ellos.No confundamos, pues, las tradiciones de los católicos y la Tradición de la Iglesia. Lo malo es que, muchas veces, no hacemos ningún esfuerzo para entrar en el espíritu de la Iglesia y nos aferramos ciegamente a tradiciones anticuadas o malas. ¿Por qué ahora tantos cristianos se escandalizan cuando la Iglesia se libera de los ritos anticuados? ¿Por qué les viene tanto odio contra los sacerdotes y los cristianos que dejan de lado ciertos moldes inútiles? Jesús nos indica el motivo: se aferran a sus ritos porque son incapaces de creer. Su religión exterior es una sustitución de la fe auténtica que no tienen. Se aferran a sus ideas, a sus posiciones tradicionales en lo político y lo cultural porque es lo único que tienen y, si lo perdieran, incluso Dios no sería nada para ellos.

 

 

PURO E IMPURO

[14] En la religión judía, un punto muy importante era mantenerse puro, pues no se podía participar en el culto sin poseer ese estado de pureza. La palabra pureza no tenía para ellos el mismo sentido que le damos ahora. Hombre puro era el que no se había contaminado, ni siquiera por inadvertencia, con alguna de las cosas prohibidas por la Ley.Por ejemplo, la carne de cerdo y de conejo era considerada impura: no se debía comer. Una mujer durante sus reglas o cualquier persona que tuviese hemorragias eran tenidas por impuras durante un determinado número de días, y nadie debía ni tocarlas siquiera. Un leproso era impuro hasta que sanara. Si caía un bicho muerto en el aceite, éste se hacía impuro y se debía tirar, etc. Todo el que se hubiera manchado con esas cosas, aunque no fuera por culpa suya, tenía que purificarse, habitualmente con agua, y otras veces pagando sacrificios.Estas leyes habían sido muy útiles en un tiempo para acostumbrar al pueblo judío a vivir en forma higiénica. Servían, además, para proteger la fe de los judíos que vivían en medio de pueblos que no conocían a Dios. Pues, ¿cómo podrían conservar su fe en el Dios único, si se les permitiera convivir con esos pueblos, tenerlos como amigos e imitarlos en todo? Ahora bien, con esas innumerables costumbres religiosas que el judío tenía que observar, se apartaba necesariamente de los que no compartían su fe, llevaba un tipo de vida distinto y se quedaba en medio de sus correligionarios.Jesús quita a estos ritos su carácter sagrado; nada de lo que Dios ha creado es impuro; Dios no se ofende porque hayamos tocado a un enfermo, un cadáver o alguna cosa manchada con sangre. No le molesta que comamos esto o aquello. El pecado es siempre algo que ha salido del corazón, y no algo que hicimos sin querer.Es verdad que el Antiguo Testamento enseña los conceptos de «puro e impuro», pero todo eso se escribió a lo largo de siglos, y no todo lo que dice cada libro vale para todos los siglos. Como dirá Pablo en su epístola a los Gálatas (Gál 4,1-7), el pueblo de Dios pasó por una etapa de niñez en que hubo que darle reglas precisas para formarlo; pero «cuando llegó la plenitud de los tiempos», cuando el pueblo de Dios se hizo adulto, esas reglas perdieron su razón de ser.Es totalmente legítimo que haya cristianos que adopten una alimentación vegetariana o comunidades cristianas que consideren el rechazo al alcohol o al tabaco como un testimonio que ayuda a su medio. Pero no deben decir que eso forma parte de la fe, ni juzgar a quienes conservan su libertad. De lo contrario estarían rebajando la salvación cristiana al olvidar que va más allá de cualquier cuestión de «comida o bebida» (Rom 14,17).

 

 

LOS PAGANOS

[24] Es el momento en que las autoridades se vuelven contra Jesús. Tiene que alejarse y recorre las fronteras de Galilea, donde está menos vigilado y desde donde es más fácil ponerse a salvo. El incidente recordado aquí se ubica, pues, en la región de Tiro poblada por sirios y fenicios. Los judíos nunca pudieron comprender su elección como pueblo de Dios sin mirar en menos a los otros pueblos. Ser portadores de la verdadera fe los obligaba a no dejarse contaminar por otras religiones, pero, en realidad eso reforzaba su incomprensión con cualquier extranjero. Para ellos el mundo se dividía en dos: "el pueblo" (judío) y las "naciones", es decir todos los demás. A estos otros Dios los ignoraba, a menos que les hiciera sentir el peso de su justicia. La pregunta que actualmente nos planteamos de cómo Dios conduce y salva a todos los que no han recibido su palabra, nos les preocupaba en absoluto.Esta división no era muy diferente de la que los pueblos cristianos han hecho durante siglos entre la cristiandad y los pueblos "paganos".Pues bien, esos fenicios, llamados también griegos porque hablaban griego y no hebreo, vivían al lado de los judíos, pero estaban muy lejos de éstos. A pesar de que Jesús vino a salvar a todos, el Padre había dispuesto que no saliese de las fronteras de su país. Sin embargo se encontró con paganos en varias oportunidades y, más de una vez, se admiró al ver con qué sencillez y fe se dirigían a él.El Evangelio no conservó todo lo que Jesús dijo e hizo, pero en ninguna parte de él se ve algo que sea como un llamado a "cambiar de religión" o una amenaza para los que van por otro camino que no sea él de la Revelación. Jesús deja que sigan por el camino por el que el Padre los lleva. Los invita a dar gracias al Dios único y les muestra como el Padre se acerca a ellos a través de su Hijo.A pesar de que Jesús vino a salvar a todos, el Padre había dispuesto que no saliese de las fronteras de su país. Sin embargo se encontró con paganos en varias oportunidades y, más de una vez, se admiró al ver con qué sencillez y fe se dirigían a él.Por lo general, los judíos miraban con mucho desprecio a los paganos; ellos eran los hijos, y los paganos, los perros. Jesús contestó a esta mujer afligida repitiéndole el refrán despectivo de los judíos. Comprendemos que lo hizo para probar hasta dónde llegaba su fe; en efecto, ¿sería capaz de insistir cuando parecía que hasta Dios la rechazaba? 

 

 

[31] Le pidieron que le impusiera la mano. Era una manera de invocar el poder divino. Pero Jesús no tiene por qué pedir. El gesto que hace demuestra que tiene en sí, en su naturaleza humana, toda la salud que necesitamos, y se la comunica al enfermo.Jesús suspiró (ver 8,12). ¿Por qué? Porque el hombre que tiene delante de sí es un símbolo impresionante de quienes tienen ojos y oídos, pero no ven ni oyen. Los hombres le traen a sordos y le exigen que los haga oír, pero ellos mismos siguen sordos.Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie. Jesús desconfía de los que andan detrás de milagros (Jn 4,48). Un milagro inesperado o largamente solicitado puede ayudarnos a descubrir la presencia de Dios, pero desde el momento que comenzamos a contar con los milagros, nos alejamos del Evangelio. Ya en el Antiguo Testamento, el Deuteronomio ponía en guardia al pueblo de Israel frente a cualquier explotación de los milagros y prodigios ( Deut 13); la fe se apoya en la Palabra de Dios y no en milagros. En las tentaciones del desierto (Mt 4,6) Jesús retoma la misma enseñanza. 

 

 

 

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Mc. 8, 1 - 38

             LA SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 15,32)   [1] En aquellos días se juntó otra vez muchísima gente, y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: [2] «Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días que están conmigo y no tienen nada para comer. [3] Si los mando a sus casas sin comer, desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.» [4] Sus discípulos le contestaron: «¿De dónde podemos sacar, en este lugar desierto, el pan que necesitan?» [5] Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete.» [6] Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió y empezó a darlos a sus discípulos para que los repartieran. Ellos se los sirvieron a la gente. [7] Tenían también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición y mandó que también los repartieran. [8] Todos comieron hasta saciarse, y de los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos. [9] Eran unos cuatro mil los que habían comido. Luego Jesús los despidió. [10] En seguida subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.  ¿POR QUÉ ÉSTOS PIDEN UNA SEÑAL? (MT 16,1; LC 12,54)   [11] Vinieron los fariseos y empezaron a discutir con Jesús. Querían ponerlo en apuros, y esperaban de él una señal que viniera del Cielo. [12] Jesús suspiró profundamente y exclamó: «¿Por qué esta gente pide una señal? Yo les digo que a esta gente no se le dará ninguna señal.» [13] Y dejándolos, subió a la barca y se fue al otro lado del lago.  [14] Los discípulos se habían olvidado de llevar panes, y tan sólo tenían un pan en la barca. [15] De repente él les hizo esta advertencia: «Abran los ojos y cuídense tanto de la levadura de los fariseos como de la de Herodes.» [16] Se dijeron unos a otros: «La verdad es que no tenemos pan.» [17] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué estos cuchicheos? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Están ustedes tan cerrados que, [18] teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? ¿No recuerdan [19] cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas? ¿Cuántos canastos llenos de pedazos recogieron?» Respondieron: «Doce». [20] «Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos cestos llenos de sobras recogieron?» Contestaron: «Siete». [21] Entonces Jesús les dijo: «¿Y aún no entienden?»  EL CIEGO DE BETSAIDA   [22] Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y le pidieron que lo tocara. [23] Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera del pueblo. Después le mojó los ojos con saliva, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» [24] El ciego, que empezaba a ver, dijo: «Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se mueven.» [25] Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos, y el hombre se encontró con buena vista; se recuperó plenamente, y podía ver todo con claridad. [26] Jesús, pues, lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»   PEDRO PROCLAMA SU FE (MT 16,13; LC 9,18; JN 6,69)  [27] Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» [28] Ellos contestaron: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas.»  [29] Entonces Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» [30] Pero Jesús les dijo con firmeza que no conversaran sobre él. [31] Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días. [32] Jesús hablaba de esto con mucha seguridad. Pedro, pues, lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. [33] Pero Jesús, dándose la vuelta, vio muy cerca a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino de los hombres.»  EL QUE QUIERA SEGUIRME, TOME SU CRUZ (MT 16,24; LC 9,23)   [34] Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. [35] Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará. [36] ¿De qué le sirve a uno si ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo? [37] ¿Qué podría dar para rescatarse a sí mismo? [38] Yo les aseguro: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus santos ángeles.»      

 

 

[1] Algunos piensan que esta segunda multiplicación de los panes sea solamente una repetición de la primera. Es evidente que el hecho mismo de haber transmitido oralmente estos relatos llevó fatalmente a contarlos según el mismo modelo, pero el sentido es diferente.La primera vez, entre Tiberíades y Cafarnaún, es decir, en el centro de la actividad de Jesús en Galilea, la gente había venido a él más numerosa y más exigente: quería aclamarlo como su Libertador (Jn 6). Jesús no lo consiente, pero al caer la tarde multiplica el pan, dándoles un signo de que él es el Mesías anunciado por los profetas. Al día siguiente, Jesús, a su vez, los obliga a definirse en favor o en contra de él, y se produce la ruptura (Jn 6,60).Después viene la gira de Jesús por los límites de Galilea, país de mayoría pagana: ellos también quieren escuchar a Jesús. Y en la otra orilla del lago, la parte oriental, Jesús les ofrece el pan como una comida de despedida, después de que lo han seguido durante dos días por cerros desérticos.Las dos multiplicaciones del pan difieren entre sí, y no solamente por las cifras de los panes y de los participantes. Hay varios detalles que indican que la primera se realizó entre judíos y la segunda en una asamblea de «griegos», o sea, personas de cultura griega, ajenas a la fe de los judíos. Recordemos solamente que el canasto de que habla la primera se refiere al canasto de mimbre rígido, propio de los judíos. Y en la segunda habla de cesto, que es el bolsón plegable de los griegos.El milagro de la multiplicación de los panes (o de las dos multiplicaciones de los panes) ocupa en los evangelios sinópticos un lugar tan importante, que Juan lo desarrolla en su Evangelio, cap. 6. En efecto, ese milagro por el que Jesús manifiesta su poder ante los judíos y los paganos, señala por su amplitud uno de los rasgos esenciales del Mesías: «colma de bienes a los hambrientos» y prepara a los hombres para acogerlo a él, que es el Pan de vida en el banquete de la eucaristía.Ver también comentario de Mt 15,29. 

 

 

[11] Ver comentario de Mt 16,1.

 

LOS FARISEOS

Los fariseos no ven los frutos de la predicación de Jesús, no ven el cambio de los hombres que se hacen mejores, no ven las curaciones.Jesús se enfrenta cada día más con los fariseos. Constituían una asociación respetada y pudiente, y era el grupo más respetado en la sociedad judía. Con ellos está la élite del pueblo de Dios que se opone a Jesús. Deberíamos preguntarnos: si Jesús viniera hoy a nuestro mundo, ¿no chocaría de igual modo con muchos que se consideran buenos cristianos y pilares de la Iglesia?Los fariseos tenían una forma de ser religiosos que ha existido siempre y que sigue existiendo. El Fariseo tiene deseos de perfección moral y de promoción social; si bien cree en Dios, cree también mucho en sí mismo y en la seriedad de sus compromisos. Quiere servir a Dios, especialmente guiando y dirigiendo a los demás: al pueblo, a los pecadores, a los que nada saben (Jn 7,49).Muy confiado en su propia libertad y en su «justicia», (deberíamos traducir: sus «méritos») el fariseo se construye un tipo de santidad basado en reglas, ayunos o limosnas, y espera que Dios recompense sus méritos. No quiere deber nada a Dios, y por eso no quiere pecar, para no tener que ser perdonado.Y ahí está precisamente el error del fariseo; porque por muy honrados y bien instruidos que podamos ser, sólo lograremos encontrar a Dios descubriendo nuestra debilidad. Sólo después de experimentar la misericordia de Dios comenzamos a amarlo verdadera y humildemente, y al sentirnos hermanos de los más pobres y pecadores.El fariseo conoce todo lo que se refiere a Dios, pero desconoce la pobreza, que es la que permite acoger a Dios, y desconoce la felicidad que procede de su perdón. Se da cuenta de que tiene las mismas debilidades que los demás, a pesar de ser muy practicante, pero no tiene el medio de superarlas, porque no sabe pedir humildemente a Dios su ayuda. No le queda, pues, otro recurso que salvar las apariencias con una conducta exterior irreprochable, y llega así a ser un hipócrita. 

 

 

[14] Jesús quiso advertir a sus discípulos que tuvieran cuidado con el espíritu de los Fariseos, pero bastó un detalle material (se habían olvidado de llevar pan), para que lo entendieran todo al revés.Jesús dice: Desconfíen de la levadura de los fariseos. Mateo aclara que, al hablar de levadura, Jesús se refería a las enseñanzas de los fariseos (Mt 16,12). Jesús temía que los apóstoles, siendo gente sencilla, se dejaran impresionar por el prestigio y los conocimientos de los fariseos, sin advertir que construían la religión sobre una base mala.Jesús estaba de acuerdo con los Fariseos en muchos aspectos de su interpretación la Biblia, pero no en el espíritu de muchos de ellos. Y como "maestro" había tomado un camino opuesto al de ellos. En vez de una enseñanza que se transmite desde arriba, él había entrado en un grupo natural de gente muy sencilla y los formaba por la acción. Los hacía reflexionar en lo que veían, en lo que hacían y más aún en lo que Dios hacía con ellos en la medida en que trabajaban con Jesús. 

 

 

[22] Cuando un ciego de nacimiento recupera la vista, necesita un tiempo de aprendizaje para comprender lo que ven sus ojos y para apreciar las distancias. Por eso Jesús impuso nuevamente las manos al ciego. Lo mismo vale para lo espiritual: Jesús no nos da todo de una vez, sino que la conversión se va realizando por partes.Ni siquiera entres en el pueblo (26). Pues de lo contrario toda la gente habría venido a molestar a Jesús, quedándose boquiabierta para mirarlo y tocarlo. Pero Jesús ha venido para tener un encuentro auténtico con personas responsables.

CRISTO - EL HIJO DEL HOMBRE 

 

 

[29] Por primera vez, después de convivir varios meses con Jesús, los apóstoles toman conciencia de quién es su Maestro.Tú eres el Mesías. La palabra Cristo en griego tiene el mismo significado que Mesías en hebreo. Ambas pueden traducirse: El consagrado por Dios. Designaban, en forma muy especial, al Salvador que los judíos esperaban. Los apóstoles han descubierto que Jesús es el Cristo, el libertador, pero él les enseña que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho.¿Por qué Jesús se llama a sí mismo Hijo del Hombre, o sea, según un modismo hebreo, «el Hombre»? Por dos razones. En primer lugar porque en una página de la Biblia se habla del Hijo del Hombre, que llegará glorioso de parte de Dios, habiendo recibido de él poder sobre todas las naciones (Dn 7,13). Y también porque Jesús es el Hombre perfecto que lleva sobre sí el destino de la humanidad.Jesús tenía que sufrir, porque tal es el destino de los hombres después del pecado. Debía sufrir y ser rechazado por las autoridades, porque ése es el destino de los que proclaman la verdad entre nosotros. Debía ir voluntariamente a la muerte, porque el sacrificio de sí mismo es el único medio para salvar al mundo.

 

 

SABER PERDERSE

[34] Es necesario perderse a sí mismo:- como Abraham, que, siendo ya viejo, partió hacia tierras extrañas.- como Moisés, que aceptó ser jefe de un pueblo irresponsable.- como María, que entró por un camino tan singular, que ya nadie la podría comprender ni ayudar.Deshacernos de esta existencia provisoria para poder renacer de Dios, como lo expresaba el mártir Ignacio, condenado a ser devorado por los leones: «Trigo soy de Dios: sea yo triturado por los dientes de las fieras para convertirme en pan puro de Cristo. Las pasiones están en mí crucificadas, ya no hay fuego carnal que me queme, sino que ha brotado en mí una fuente que murmura y que me dice desde dentro: Ven al Padre.»Tome su cruz. Jesús nos dice que seguirlo a él es seguir el mismo camino que lo llevó a la cruz. Para llegar a nuestra madurez debemos renunciar a nuestra vida,- arriesgarnos por lo que es noble en vez de querer asegurar nuestro porvenir;- buscar un estilo de vida que nos lleve a superarnos en el camino del amor;- aceptar que nuestra vida sea un fracaso, según el modo de pensar de la gente (Lc 17,33; Jn 12,23-25).Tomando nuestra cruz, es decir, cargando libremente con la obediencia y los sacrificios que el Padre nos propone diariamente, encontramos también, ya aquí abajo, algo mucho más grandioso que lo que sacrificamos: la libertad interior y la felicidad verdadera (Mc 10,30).Noten que Jesús dice: de mí, por mí, y no: de Dios, por Dios. Pues Dios ha venido en la persona de Jesús para golpear a nuestra puerta y proponernos compromisos muy concretos.Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras (38). El creyente que pone en práctica las palabras de Cristo, sin temor al qué dirán, es ferozmente atacado por los mismos que se dicen cristianos. Pues vivimos en medio de gente adúltera, es decir, que sin renegar de Dios con la boca, tiene otro dios al que sirve de hecho (Mt 6,24; Jn 8,42). 

 

 

 

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Mc. 9, 1 - 50

             LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS (MT 17,1; LC 9,28)   [1] Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: algunos de los que están aquí presentes no conocerán la muerte sin que ya hayan visto el Reino de Dios viniendo con poder.» [2] Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. [3] Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas. [4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. [5] Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» [6] En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. [7] En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo.» [8] Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos. [9] Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. [10] Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de "resucitar de entre los muertos".  LA VUELTA DE ELÍAS   [11] Entonces le preguntaron: «¿No dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?» [12] Jesús les contestó: «Ya lo sabemos: Elías viene primero y deja todo reordenado. Pero, ¿por qué dicen las Escrituras que el Hijo del Hombre sufrirá mucho y será despreciado?» [13] Yo se lo digo: Elías ya ha venido, e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como de él estaba escrito.»   JESÚS SANA A UN JOVEN EPILÉPTICO (MT 17,14; LC 9,37; 17,6)  [14] Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron con un grupo de gente a su alrededor, y algunos maestros de la Ley discutían con ellos. [15] La gente quedó sorprendida al ver a Jesús, y corrieron a saludarlo. [16] El les preguntó: «¿Sobre qué discutían ustedes con ellos?» [17] Y uno del gentío le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo. [18] En cualquier momento el espíritu se apodera de él, lo tira al suelo y el niño echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que echaran ese espíritu, pero no pudieron.» [19] Les respondió: «¡Qué generación tan incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho.» [20] Y se lo llevaron. Apenas vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al muchacho; cayó al suelo y se revolcaba echando espuma por la boca. [21] Entonces Jesús preguntó al padre: «¿Desde cuándo le pasa esto?» [22] Le contestó: «Desde niño. Y muchas veces el espíritu lo lanza al fuego y al agua para matarlo. Por eso, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.»  [23] Jesús le dijo: «¿Por qué dices "si puedes"? Todo es posible para el que cree.» [24] Al instante el padre gritó: «Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!» [25] Cuando Jesús vio que se amontonaba la gente, dijo al espíritu malo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno: sal del muchacho y no vuelvas a entrar en él.» [26] El espíritu malo gritó y sacudió violentamente al niño; después, dando un terrible chillido, se fue. El muchacho quedó como muerto, tanto que muchos decían que estaba muerto. [27] Pero Jesús lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse, y el muchacho se puso de pie. [28] Ya dentro de casa, sus discípulos le preguntaron en privado: «¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a ese espíritu?» [29] Y él les respondió: «Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración.»  JESÚS ANUNCIA OTRA VEZ SU PASIÓN (MT 17,22; LC 9,43)   [30] Se marcharon de allí y se desplazaban por Galilea. Jesús quería que nadie lo supiera, [31] porque iba enseñando a sus discípulos. Y les decía: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir, pero tres días después de su muerte resucitará.» [32] De todos modos los discípulos no entendían lo que les hablaba, y tenían miedo de preguntarle qué quería decir.   SI ALGUNO QUIERE SER EL PRIMERO (MT 18,1; LC 9,46; 18,17; 22,24)   [33] Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, Jesús les preguntó: «¿De qué venían discutiendo por el camino?» [34] Ellos se quedaron callados, pues habían discutido entre sí sobre quién era el más importante de todos.  [35] Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos.» [36] Después tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: [37] «El que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado.»  [38] Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.» [39] Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. [40] El que no está contra nosotros está con nosotros.» [41] «Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.»  SI TU OJO ES OCASIÓN DE PECADO, SÁCATELO (MT 18,6; 5,13; LC 17,1)   [42] «El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar. [43] Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga. [44] Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo; [45] pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna. [46] Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo; [47] pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, [48] donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. [49] Pues el mismo fuego los conservará. [50] La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.»       

 

 

[1] La transfiguración de Jesús está en el centro del Evangelio de Marcos. Esta escena es una de las más importantes del Nuevo Testamento. En la liturgia de los cristianos orientales, la fiesta de la transfiguración ocupa un lugar muy relevante.Es, efectivamente, no la cumbre, sino el resumen de toda la revelación. Moisés y Elías, los portavoces de la Ley y los Profetas, es decir de todo el Antiguo Testamento, presentan el Cristo del Evangelio a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan -los verdaderos amigos de Jesús-, que serán responsables de la predicación del Evangelio a todo el mundo. Así como Moisés y Elías fueron llevados por Dios a la montaña santa para que allí fueran testigos de su gloria (Ex 33,18; 1 Re 19,9) así también los apóstoles son llevados por Jesús aparte; también suben la montaña y en ella Jesús les manifiesta su gloria.Jesús acababa de anunciar su pasión y su muerte; llega el día en que el Padre le confirma su fin ya próximo (Lc 9,31) y le da un anticipo de su resurrección. Moisés y Elías son testigos de todo eso, ellos que también, en cierto modo, escaparon de la corrupción de la muerte ( Deut 34,6; 2 Re 2,11).¡Escúchenlo! (7). Los apóstoles acompañaban a Jesús desde hacía un año, y habían visto cómo poco a poco se había ido ahondando el foso entre él y las autoridades religiosas del pueblo de Dios. Pudo planteárseles la duda: ¿No estará equivocado Jesús? Las certezas del pueblo de Dios ¿no estarán más bien del lado de los sacerdotes y escribas?Entonces interviene el Padre mismo, al igual que lo hizo con Juan Bautista: ¡Escúchenlo! Escúchenlo, pues él es la Palabra hecha carne (Jn 1,14; Heb 1,1). El es el Profeta y todos los demás no hablan más que para él ( Deut 18,17).Una nube los cubrió con su sombra. La nube que aquí se menciona es la misma que en varios episodios de la historia bíblica indica y oculta al mismo tiempo la presencia misteriosa de Dios (Ex 19 y 1 Re 8,10).Cuando Jesús hacía milagros con los enfermos y más aún con la naturaleza, demostraba que el orden actual del mundo no es el definitivo. Ahora se entreabre la cortina: ojalá los apóstoles comprendieran que el Hijo del Hombre, como Jesús se nombra a sí mismo, se está acercando a su resurrección. Le queda poco tiempo antes de que sus hermanos lo cuelguen de una cruz. Pero también falta poco para que el Padre le comunique la «gloria» que le corresponde. La nube luminosa, la luz y la ropa brillante son signos exteriores que nos manifiestan algo del misterio de Jesús: el día que resucite de entre los muertos, todo su ser humano será renovado, ampliado, lleno de energías divinas para que pueda a su vez resucitarnos a todos. 

 

 

[11] Al bajar del monte, los apóstoles se sienten molestos: ¿Por qué Moisés y Elías le han hablado de su muerte? Y se aferran a sus ilusiones, apoyándose en textos del Antiguo Testamento. Pues varios textos afirmaban que el profeta Elías debía volver del cielo antes de la venida del Mesías, para que no encontrase ninguna oposición (Mal 3,1; 4,22).Pero Jesús reafirma lo que dijo: las mismas palabras de los Profetas le anuncian humillaciones y sufrimientos. Invita, pues, a los apóstoles a que no tomen al pie de la letra todo lo que se lee en la Biblia: Elías no ha venido ni vendrá personalmente, sino que recién vino Juan Bautista, como un nuevo Elías (Lc 1,16-17). 

 

 

[23] Todo es posible para el que cree. Jesús se ha reunido con la muchedumbre y ha vuelto a palpar la incredulidad de los hombres. Pero la oración del padre del niño epiléptico ha quedado como modelo de toda oración cristiana; si nos dirigimos a Dios en la oración es porque tenemos fe; pero en ese mismo movimiento descubrimos la pobreza y la fragilidad de nuestra fe.¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a ese espíritu? (28). Los apóstoles se extrañan: ¿acaso Jesús no les había dado poder sobre los demonios? Pero olvidan fácilmente la gran distancia que los separa de él y no se dan cuenta de su falta de fe. A ellos también se dirigen las duras palabras de Jesús: «¡Qué generación tan incrédula!» Porque son muy numerosos los que piensan ser grandes creyentes cuando, en realidad, su fe aún no ha movido nada.Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración (29). Muy posiblemente varios endemoniados del Evangelio no eran más que enfermos mentales y podían ser sanados por una fuerza magnética, imponiéndoles las manos (Mc 6,5). Pero no éste. A veces nos encontramos, como Jesús, con el poder del Maligno, y se requiere la oración para vencerlo.En el Evangelio de Marcos se habla de la oración tan sólo cuatro veces y con muy pocas palabras. Porque la oración no era una novedad para los judíos. Les bastaba abrir la Biblia para encontrarse con los Salmos, que son oraciones maravillosas.¿En qué consiste la oración? En dirigir nuestro espíritu hacia Dios. Hay mil maneras de orar, o sea, de mantener nuestro espíritu orientado, tendido hacia él: el rezo de fórmulas y de los salmos, el Rosario meditado, el canto, la lectura bíblica, la meditación... Pero el fin de todos los rezos y oraciones es que el Señor nos dé el espíritu de oración, o sea, que podamos sí ocupar nuestra mente y poner nuestra atención en nuestros quehaceres, pero que, al mismo tiempo, nos mantengamos comunicados con Dios por lo mejor de nuestro espíritu.Tenemos, pues, el medio para expulsar al demonio, como Jesús nos lo enseña en esta página. Porque el demonio multiplicará las trabas para desanimarnos en cuanto vea que nos hemos decidido a seguir a Cristo (Mt 12,43; 13,19). 

 

 

[30] A Jesús el tiempo se le hace corto. En adelante se dedicará principalmente a preparar al grupo de los apóstoles que tendrán la responsabilidad tremenda de continuar su obra.Los discípulos no entendían... lo de su muerte y resurrección: son cosas que no se entienden sino después de que han sucedido. Prefieren no preguntar ni saber; con eso dejan a Jesús más aislado.

 

 

SERVIDORES

[33] Los apóstoles han vuelto a Cafarnaún, centro de sus expediciones misioneras, y están en casa, muy posiblemente la de Simón Pedro y su familia.Han predicado el Reino de Dios, hacen curaciones milagrosas y también expulsan a los demonios. Aún les falta lo más importante: ser humildes.Jesús insiste a menudo en esta humildad que caracteriza al verdadero «servidor» del reino de Dios. Con frecuencia nos vemos tentados a comportarnos como propietarios de los servicios y de los compromisos que aceptamos o que contraemos tanto en la Iglesia como en el mundo. No soportamos que otros puedan tener responsabilidades tan importantes como las nuestras o que nos reemplacen en las que tenemos. Porque nos atribuimos con gran facilidad el mérito de nuestras cualidades o de nuestros conocimientos. 

 

 

[35] La última frase de Jesús es tan importante como lo anterior: El que recibe a un niño como éste en mi nombre.... Pues en esto se fundamenta para nosotros la dignidad de la persona humana, ennoblecida por Cristo.Dios no espera que hayamos sido bautizados para reconocer en nosotros a su Hijo: El nos ha creado «en Cristo». Esto quiere decir que nos creó a cada uno destinándonos a llevar la semejanza de su Hijo (ver Efesios 1).El término «hijo» toma mucho más peso, por supuesto, cuando Dios nos hace entrar en sus misterios mediante el don de la fe y nos da a conocer nuestra dignidad. Lo más grande del hombre no es su capacidad de razonar o de amar, sino el que pueda decir a Dios: Tú eres mi Padre; y que Dios pueda mirarlo diciendo: Tú eres mi hijo o mi hija.La Iglesia enseñó ya desde su comienzo la eminente dignidad de la persona humana, a pesar de que, a lo largo de su historia y con mucha frecuencia, su actuación no haya estado en acuerdo con esta enseñanza. Los mártires, más que nadie, nos enseñaron el valor de las personas, superior a todos los intereses o lazos colectivos. Pero es imposible separar esta dignidad del hombre de su relación filial con el Padre, y de no tener esta base, muchos combates por el respeto a nuestros hermanos serán muy difíciles de justificar.

 

 

IGLESIAS SEPARADAS

[38] Mientras Jesús forma a sus apóstoles, a quienes quiere confiar su Iglesia, hay otros que predican el Evangelio y expulsan demonios. Lo mismo ocurre hoy; al lado de la Iglesia católica, la Iglesia de los Apóstoles, hay otros que predican el Evangelio, sanan enfermos y se agrupan en iglesias de diversas denominaciones.Esta evangelización paralela a la Iglesia, o rival de la Iglesia, le presenta un desafío. Si otros evangelizan, tal vez se deba a que nosotros lo hacemos muy poco y Dios quiere que otros actúen en lugar nuestro. Pues demasiados católicos no salen de sus prácticas o de sus pequeños grupos, y muy a menudo se han acostumbrado a no tomar iniciativas, dejando que los sacerdotes y religiosas lo hagan todo. Y debido a eso, la Iglesia está casi ausente en muchísimos lugares, especialmente en las inmensas poblaciones suburbanas. La multiplicación de las Iglesias separadas es para la Iglesia católica un llamado a que se reforme. Está paralizada por la falta de un espíritu verdadero de pobreza y sus estructuras pesadas no permiten que la gente sencilla encuentre en ella el aire fresco y vivificante del Evangelio.En tales condiciones, ¿cómo podríamos condenar a quienes, por su acción misionera, hacen que gran número de hombres y mujeres encuentren a Cristo en comunidades acogedoras, aun si en esto no todo es auténtico?Al decir esto no olvidamos las riquezas de la Tradición cristiana que han perdido muy a menudo los que abandonaron la Iglesia, en particular la convicción de que toda la realidad humana tiene que ser rescatada, -lo que significa no condenar al mundo ni encerrarse en los problemas de su Iglesia- y la forma humilde de creer y de hacer la voluntad del Padre, de la que María es el símbolo.Si bien el hecho de que cada Iglesia o secta trabaje por cuenta propia favorece las desviaciones de la fe, más grave todavía es que con esto se desobedezca la voluntad del Padre, que quiso que fuéramos en el mundo un signo de unidad. Pues el deseo no desinteresado de tener más adeptos, lleva a usar medios de propaganda que riñen con la práctica del evangelio, y a calumniar a la Iglesia en vez de entrar en el ecumenismo, es decir, el diálogo entre las diferentes iglesias.Pero no por eso debemos olvidar nuestras propias fallas, y no hay lugar para envidia u odio, pues ¿cómo podrían perjudicarnos si hacemos la voluntad de Dios? 

 

 

[42] El que haga caer: ver el comentario de Mt 18,6. Ser arrojado a la gehenna (45). Este era un modo de designar el infierno. Entrar a la vida... entrar al Reino tiene el mismo significado. El Reino de Dios no es un lugar en que Dios nos coloca; más bien es una vida que nos invade, el encuentro de uno consigo mismo, la plena realización de todas nuestras posibilidades, la unión perfecta con Dios en que los hijos e hijas son transformados a semejanza del Padre.Tengan sal en ustedes (50). Es la conclusión del discurso motivado por la discusión entre los apóstoles (9,34). Por supuesto que debemos hacernos servidores de los demás (9,35). Pero no por eso vamos a ser personas apocadas. La sal significa la creatividad y las riquezas propias de cada uno. Seamos personas que viven (y que a veces pelean), pero preocupados por mantener la confianza fraterna y el respeto mutuo. 

 

 

 

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Mc. 10, 1 - 52

             LO QUE DIOS UNIÓ, NO LO SEPARE EL HOMBRE (MT 19,1; 5,31; LC 16,18)   [1] Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre. [2] En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?» [3] Les respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?» [4] Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después divorciarse.» [5] Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes. [6] Pero, al principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer; [7] y por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, [8] y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. [9] Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.» [10] Cuando ya estaban en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre lo mismo, [11] y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa; [12] y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio.»  DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ (MT 19,13; LC 18)   [13] Algunas personas le presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían. [14] Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. [15] En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.» [16] Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía.  JESÚS Y EL HOMBRE RICO (MT 19,16; LC 18,18)   [17] Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?» [18] Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. [19] Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» [20] El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven.» [21] Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.» [22] Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.  MÁS FÁCILMENTE PASARÁ UN CAMELLO.   [23] Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!» [24] Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! [25] Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.» [26] Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» [27] Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.»  LA RECOMPENSA PARA LOS QUE SIGUEN A JESÚS (MT 19,27; LC 18,28)  [28] Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.» [29] Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. [30] Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. [31] Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»  POR TERCERA VEZ JESÚS ANUNCIA SU PASIÓN (MT 20,17; LC 18,31)  [32] Continuaron el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban desconcertados, y los demás que lo seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a los Doce para decirles lo que le iba a pasar: [33] «Estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros, [34] que se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará.»   SANTIAGO Y JUAN PIDEN LOS PRIMEROS PUESTOS (MT 20,20; LC 22,24)   [35] Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.» [36] El les dijo: «¿Qué quieren de mí?» [37] Respondieron: «Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria.» [38] Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados como yo soy bautizado?» [39] Ellos contestaron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «Pues bien, la copa que yo bebo, la beberán también ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo; [40] pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí el concederlo; eso ha sido preparado para otros.» [41] Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan. [42] Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. [43] Pero no será así entre ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, [44] y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos. [45] Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre.»  EL CIEGO DE JERICÓ (MT 20,29; LC 18,35)   [46] Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un limosnero ciego se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). [47] Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» [48] Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» [49] Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.» [50] Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. [51] Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.» [52] Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.            

 

 

 

 

EL MATRIMONIO

[1] Ver com. de Mt 18,6.¿Puede el marido despedir? Mateo, ciertamente, es más preciso cuando agrega: "por cualquier motivo", pues todos estaban de acuerdo que se podía despedir a su mujer, pero se discutían las razones que justificaban un divorcio. Marcos va derechamente al objetivo: el matrimonio es un compromiso irreversible.Jesús se define con toda claridad -y ese es uno de los puntos en el que choca con todo el mundo, incluidos los discípulos- respecto del divorcio, a pesar de que es una práctica común, y que la misma Biblia lo reconoce.Jesús invoca otra ley de Dios, al principio. Al principio, es decir, en el relato del Paraíso terrenal. Pero no olvidemos que, en la cultura antigua, el principio era una edad de oro en la que Dios había establecido las instituciones ideales. Es pues evidente que si los autores del Antiguo Testamento autorizaron el divorcio, fue porque las leyes de una sociedad, incluso las del pueblo de Dios, reflejan el nivel de conciencia moral de una época.Jesús opone pues el ideal con la práctica. Sin embargo, ese ideal no es alguna cosa que basta con admirarla. Allí donde el Génesis decía: serán una sola carne, Jesús agrega: ya no son dos sino uno solo. Eso quiere decir que ante cualquier discusión se impone la unidad de la pareja.Sin duda tendremos que recordar que se toman las cosas al revés cuando se considera el matrimonio y el amor humano como las consecuencias de un primer hecho que sería la sexualidad. Lo que está primero, en el plan de Dios sobre el universo, es la unión del Hijo de Dios hecho hombre y de la humanidad salvada por él. Allí está la complementariedad y la alianza en la ternura y en la fidelidad. Y allí está el modelo de la pareja. Todo el pasado biológico que ha preparado a los sexos, toda la evolución humana que ha hecho que madure la pareja, vienen sólo como consecuencias: no son más que reflejos del proyecto eterno de Dios en la creación y en la historia.Las palabras de Jesús no tienen escapatoria. Fueron pronunciadas frente a una práctica del matrimonio aceptada universalmente; y tienen plena vigencia actualmente frente a la práctica tan difundida de "no casarse". En toda la Biblia, amor y fidelidad van juntos, y cuando el Evangelio habla de perderse a sí mismo como condición para encontrarse, eso también vale para la pareja.Y si uno de los esposos traiciona al otro? Aquí entramos en el terreno de las decisiones humanas en que cada uno debe resolver su propio caso, y lo resuelve de acuerdo a lo que ya le ha sido revelado de la vocación cristiana. No se puede condenar a los demás, pero Jesús desautoriza totalmente a los que pretenden tranquilizar la conciencia de los divorciados, como si no hubieran atentado a su vocación cristiana. 

 

 

[13] Jesús, a pesar de no tener hijos propios, abre a todos las riquezas de su corazón. Se maravilla del misterio de una vida que empieza llena de esperanzas y descubre la semejanza con el Padre en esos niños desconocidos. Jesús, que nos llama a esperar, ¿cómo podría olvidar que los niños también son nuestra esperanza?Quien no reciba el Reino de Dios como un niño. Para entrar al Reino de Dios hay que volver a ser como niños. Hay que olvidar la propia sabiduría y la amargura de las experiencias pasadas, y ser capaz de recibir agradecido los dones de Dios y sus palabras siempre nuevas. 

 

 

[17] La influencia de Jesús no se debía tanto a la novedad de su enseñanza como al misterioso poder de atracción que irradiaba de toda su persona. Muchos hombres honrados y religiosos descubrían de repente, al encontrarlo, lo que significa ser perfecto.El que se va a Jesús es un joven según Mateo (19,18); Lucas lo llama un hombre importante (18,18).Este hombre pregunta a Jesús por el camino que conduce a la vida eterna; pero Jesús no tiene ningún mandamiento nuevo que enseñar. El Antiguo Testamento ya dijo cuáles son nuestros deberes y cómo ganar la vida observando los mandamientos de la justicia y de la misericordia. Entonces Jesús le propone que siga, a partir de ese momento, otro camino; que adopte otra manera de ser más libre, haciéndose seguidor e imitador suyo.Vende todo lo que tienes. La felicidad no consiste en dejarlo todo, sino en hacerse libre de todo para entregarse a Cristo. 

 

 

[23] Jesús no dice que el rico no se salvará, sino que no entrará en el Reino de Dios, que consiste en compartir desde ahora las inquietudes, la alegría y la libertad de Cristo.En el Antiguo Testamento nunca se condenó la riqueza, con tal de que se compartiera. Más bien era considerada como la prueba de que alguien sabía dirigir su vida y que Dios lo bendecía. Mientras uno no sepa o no pueda librarse de las apremiantes condiciones materiales y no logre estar desprendido de algún modo de los bienes de este mundo, le falta algo a su estatura humana.Aquí Jesús se dirige a los que ya tienen «el ser y el tener», y les habla del desprendimiento como de una condición para entrar en el Reino: eso es experimentar la presencia de Dios ya en la presente vida.Pero ¿a qué ricos se refiere Jesús? ¿No está hablando a todos los que no saben compartir lo poco o mucho que tienen? Está permitido pensarlo, pero aquí Jesús no está condenando al que obra mal, ni distingue entre buenos y malos ricos. Sólo afirma que el hecho de ser rico, en el sentido común de la palabra, (Jesús dice: el que tiene riquezas) impide experimentar el Reino de Dios desde el interior. Y con esto no nos permite felicitar sin más a los ricos con tal de que sean «espiritualmente pobres».Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja. Se han imaginado al respecto toda clase de interpretaciones para debilitar esta palabra de Jesús: que el camello sólo sería un hilo de camello; que el ojo de la aguja designaría una puerta muy baja por donde los camellos cargados pasaban a duras penas..., etc. etc. Todo con el único objetivo de rectificar la palabra categórica de Jesús. Nos hubiera gustado más que hubiera dicho: «es difícil, incluso, es muy difícil que un rico entre en el Reino de Dios, pero no imposible».Dejemos de lado todas esas interpretaciones fantasiosas y escuchemos el Evangelio; a los apóstoles que entendieron bien la comparación, Jesús simplemente les dice: es imposible.Pero inmediatamente Jesús se dirige tanto al rico como al que lo juzga: recuerda la distancia infinita que separa al hombre pecador de la santidad de Dios, pero también el amor infinito del Padre que realiza lo imposible por nosotros. Dios salva a los hombres, incluyendo a los ricos, pero quitándoles cualquier beneficio y falsa seguridad que pudiera darles su riqueza. Si bien es cierto que la riqueza nos deja a la puerta del Reino, no es haciendo mortificaciones, menos aún condenando a los ricos, como entraremos nosotros. Sea cual fuere el valor de la verdadera pobreza, Jesús nos recuerda que nuestra salvación es obra de Dios y sólo de él.Ninguno que haya dejado casa... (29). Jesús no habla solamente de premio en la otra vida sino que ya en esta vida los que se sacrifican por el Reino encontrarán amistad, alegría y una plenitud humana que nunca habrían podido imaginar.Esta palabra de Jesús, que encontramos también en Mateo y Lucas, tiene aquí un agregado importante: con persecuciones, lo que expresa sencillamente la experiencia de las primeras comunidades cristianas. Las persecuciones ya habían empezado a golpear a la Iglesia: el año 34, 41, 43 y 62 en Jerusalén y el 64 en Roma con Nerón.Los cristianos experimentaron, durante esas persecuciones, que los lazos que los unían eran a veces más profundos que los lazos familiares. Jesús, pues, no habla sólo de recompensa en la otra vida. Ya en este mundo, en medio de las persecuciones, los que se sacrifican por el reino encontrarán amistad, alegría, y una plenitud humana que nunca se habrían imaginado. 

 

 

[35] Jesús se siente lleno de valor y camina delante de todos para ir a Jerusalén, donde lo espera el suplicio. Al mismo tiempo trata de convencer a los suyos de que no pueden esperar un éxito. Tal vez condenamos la petición de Santiago y Juan, pero ¿no tenemos que admirar su fidelidad?

 

LOS JEFES - SERVIR

¿Cómo debe ser un jefe? ¿Cómo se portan los jefes: el jefe de equipo, el jefe de familia? Los jefes de estado pasan sonriendo a la multitud y delante de las cámaras abrazan al niño que les rindió homenaje; pero, ¿quién sirve y quién se hace servir?Jesús ha venido a servir, y su servicio a la humanidad será su muerte voluntaria: «Se hizo obediente, tomó la condición de esclavo y murió en una cruz» (Fil 2,9).Beber la copa y bautizarse son expresiones que indican, en forma figurada, los sufrimientos y la muerte de Jesús.A continuación ponemos un breve poema de Lao-Tseu, un sabio chino muy antiguo, referente al mismo tema: «¿Qué han hecho el río y el mar para ser reyes en los cien valles? Se han puesto debajo de ellos y por eso reinan en los cien valles. Si el santo quiere estar encima del pueblo, que sepa primero hablar con humildad. Si quiere encabezar al pueblo, que se ponga en el último lugar. Así está el santo encima del pueblo y no le parece pesado, dirige al pueblo y no hace sufrir al pueblo. Con gusto lo ponen a la cabeza y no se cansan de él. Como no rivaliza con nadie, nadie puede rivalizar con él.» 

 

 

[46] Dios es quien nos mueve a pedir. El ciego comprendió que si dejaba pasar esta oportunidad ya no se presentaría otra, y por esto gritaba más fuerte mientras la gente trataba de hacerlo callar.Marcos lo presenta como el modelo del verdadero discípulo, pues, a diferencia del otro que buscaba la luz y se dio vuelta al ver el camino (10,22), Bartimeo pidió ver y, en cuanto Dios le dio la luz, siguió a Jesús. La multitud no comprendió ni el desamparo del ciego ni su llamado y su fe, pero se da vuelta sin hacer problemas para dar gusto al que está adelante. Bartimeo, en cambio, sabe perseverar.Hijo de David: éste era uno de los títulos con que se designaba al Mesías. 

 

 

 

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Mc. 11, 1 - 33

             ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN (MT 21,1; LC 19,28; J 12,12)   [1] Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos [2] diciéndoles: «Vayan a ese pueblo que ven enfrente; apenas entren encontrarán un burro amarrado, que ningún hombre ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. [3] Si alguien les pregunta: ¿Por qué hacen eso?, contesten: El Señor lo necesita, pero se lo va a devolver aquí mismo.» [4] Se fueron y encontraron en la calle al burro, amarrado delante de una puerta, y lo desataron. [5] Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Por qué sueltan ese burro?» [6] Ellos les contestaron lo que les había dicho Jesús, y se lo permitieron. [7] Trajeron el burro a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. [8] Muchas personas extendían sus capas a lo largo del camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el campo. [9] Y tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! [10] ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» [11] Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su alrededor, y siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.  JESÚS MALDICE A LA HIGUERA (MT 21,18; LC 13,6)   [12] Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. [13] A lo lejos divisó una higuera llena de hojas, y fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró más que hojas, pues todavía no era tiempo de higos. [14] Entonces Jesús dijo a la higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus discípulos lo oyeron.  JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO A LOS VENDEDORES (MT 21,10; LC 19,45; J 2,14)    [15] Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, [16] y no permitía a nadie transportar cosas por el Templo. [17] Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en una guarida de ladrones!» [18] Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron de lo ocurrido y pensaron deshacerse de él; le tenían miedo al ver el impacto que su enseñanza producía sobre el pueblo. [19] Cada día salían de la ciudad al anochecer.  EL PODER DE LA FE (MT 21,20)   [20] Cuando pasaban de madrugada, los discípulos vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. [21] Pedro se acordó, y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.» [22] Jesús respondió: «Tengan fe en Dios. [23] Yo les aseguro que el que diga a este cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá. [24] Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. [25] Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, [26] para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas.»  ¿CON QUÉ AUTORIDAD HACES ESTO? (MT 21,23; LC 20,1)   [27] Volvieron a Jerusalén, y mientras Jesús estaba caminando por el Templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y las autoridades judías, [28] y le preguntaron: «¿Con qué derecho has actuado de esa forma? ¿Quién te ha autorizado a hacer lo que haces?» [29] Jesús les contestó: «Les voy a hacer yo a ustedes una sola pregunta, y si me contestan, les diré con qué derecho hago lo que hago. Háblenme [30] del bautismo de Juan. Este asunto ¿venía de Dios o era cosa de los hombres? [31] Ellos comentaron entre sí: «Si decimos que este asunto era obra de Dios, nos dirá: Entonces, ¿por qué no le creyeron?» [32] Pero tampoco podían decir delante del pueblo que era cosa de hombres, porque todos consideraban a Juan como un profeta. [33] Por eso respondieron a Jesús: «No lo sabemos.» Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.»         

 

 

[1] Ver el comentario de Mt 21,1.

 

EL SALVADOR

Jesús «sube» con la gente que va a celebrar la fiesta, de Jericó a Jerusalén. Muchos vienen de Galilea, la provincia de Jesús, y al verlo en el cortejo, piensan que va a hacerse proclamar como el Mesías.Hasta entonces Jesús se había negado a que lo proclamaran, pues la gente esperaba de su Mesías una liberación muy diferente de la que Jesús les traía. Pero en este momento, en que su misión está para llegar a su término, ha llegado para Jesús la hora de definirse públicamente. El es el Enviado de Dios y no habrá nadie más después de él.Jesús era el Enviado de Dios a todos los hombres, pero se presentó primero como el Salvador del pueblo judío. Y vino precisamente cuando este pueblo necesitaba ser salvado, porque las cosas andaban muy mal. Los profetas habían anunciado a ese rey pacífico que visitaría a su pueblo, no montado en un caballo como los militares de aquel tiempo, sino en un burro, como la gente que no llevaba armas (Za 9,9). Y por eso también el burro en que va Jesús viene a cumplir las Escrituras. Jerusalén era una ciudad grande. El entusiasmo de los galileos, si bien conmovió a la ciudad, no por eso la arrastró.Los judíos no pensaban que su salvador se presentaría en forma tan humilde. A lo largo de su historia, Dios los había salvado de la opresión, del hambre, de su propia irresponsabilidad por medio de líderes prestigiosos. Esta vez venía en persona a traerles el verdadero camino de la salvación, mediante el perdón y la no-violencia, pero no lo reconocieron. Y los mismos galileos que le hicieron una entrada triunfal esperando de él una decisión política, renegaron después de él. 

 

 

[12] Ver el comentario de Mt 21,13.

 

 

EL TEMPLO

[15] El Templo de Jerusalén era para los judíos el único Templo del único Dios. En cada ciudad tenían sinagogas para reunirse, leer la Biblia y cantar los salmos, pero los sacerdotes ofrecían los animales sacrificados y celebraban el culto verdadero sólo en el Templo. Este era el lugar en que descansaba la presencia de Dios, y desde ahí protegía y santificaba la Ciudad Santa y a todo el pueblo judío.Un edificio de regular tamaño era el centro de todo el conjunto. En él entraban sólo los sacerdotes para ofrecer el incienso, mientras que la muchedumbre se agolpaba en los patios pavimentados que había alrededor. En esos patios se habían introducido los vendedores y cambistas que proporcionaban los animales y las aves para los sacrificios.Mientras Juan enfatiza el aspecto profético de la palabra de Jesús: «Destruyan ese Templo... (Jn 2,19), Marcos se fija en la «purificación del Templo». Pues tanto los vendedores establecidos en los patios, como la gente que se agitaba en torno a ellos, se interesaban muy poco por la oración de Israel. Los sacerdotes se habían acostumbrado a todo esto, y el jefe de los sacerdotes, Caifás, recibía buenas entradas con las autorizaciones que daba para vender en el Templo.Jesús no era sacerdote ni guardia del Templo. Pero ese Templo era la casa de su Padre. Por eso se hizo un látigo con cuerdas y los echó fuera a todos.Será llamada casa de oración para todas las naciones (17). Los hombres no saben vivir en presencia de Dios y, al mismo tiempo que se vuelven fanáticos para defender su religión, no se preocupan para deshacerse -y limpiar así sus templos- de todo lo que impide la oración verdadera. Eran precisamente los patios destinados a los extranjeros, los que ocupaban los vendedores. Limpiar el Templo significa para Jesús restituirle su verdadero sentido, haciendo que todos puedan tener allí un encuentro con Dios.Ver también comentario de Jn 2,14.

 

 

EL PODER DE LA FE

[20] Si no duda en su corazón, y cree que sucederá como dice (23). Ver lo mismo en Stgo 1,6. Jesús se refiere en forma más precisa a «la fe que hace milagros» (ver 1 Cor 13,2). Jesús no dice que esa fe será dada a todos y en todo momento. Se trata de un carisma o don de Dios, que concede a quien quiere (1 Cor 12,9). Es una seguridad interior de que Dios quiere realizar un milagro; con esta seguridad uno se atreve a actuar y a mandar en su nombre.Pero también la palabra de Jesús vale, en forma más amplia, para todas nuestras oraciones. Por supuesto que no pensaremos que Dios va a hacer cualquier milagro que le pidamos. Cuando un enfermo trata de convencerse de que va a sanar, puede ser que con esto la mejoría se haga más fácil, pero este ejercicio mental o esta esperanza no es necesariamente fe. Y si me sugestiono a mí mismo para persuadirme de que Dios me hará ganar el gordo de la lotería, él no tiene obligación de pensar que, siendo más rico, seré mejor.En realidad, el que quiere humildemente a Dios, comprende que Dios lo quiere levantar en sus apuros; por eso pide con fe, porque ya sabe que Dios le quiere dar. El que está apasionado por el Reino de Dios pide al Señor que su mano todopoderosa quite los obstáculos que se oponen a la extensión de ese Reino. Nos cuesta pedir cosas grandes o que se puedan comprobar, porque si Dios se niega a concedérnoslas, ¿cómo seguiremos confiando? Es muy hermoso no pedir a Dios más que «su gracia», pero muchos actúan así, no tanto por aprecio a la vida interior cuanto por miedo a no ver una respuesta concreta. ¿Quién se atrevería a pedir lluvia o sequía, como hizo Elías y como lo hacen hoy los pobres, a los que Dios escucha? Pero los que se juegan totalmente por el Evangelio se atreven a pedir a Dios cosas imposibles, obedeciendo las sugerencias muy discretas del Espíritu de Dios.Crean que ya lo han recibido (24). Jesús nos invita a pedir con fe y perseverancia hasta conseguir de Dios la certeza de que nuestra oración ha sido escuchada, o al revés, la seguridad de que lo que pedíamos no era lo bueno o no era la voluntad de Dios.

 

 

LOS SACERDOTES OPORTUNISTAS

[27] Jesús no pidió ninguna autorización para enseñar en el Templo, como tampoco para echar fuera a los vendedores. Actuó con la libertad de un profeta. Siendo los sacerdotes los encargados de mantener la fe auténtica, era normal que interrogaran a Jesús para reconocer si era verdadero profeta o no. Pero, ¿se preocupaban realmente por la verdad? ¿Estaban dispuestos a reconocer que Jesús venía de Dios? Aparentemente no pensaban más que en defender el orden que les convenía y, antes de escuchar a Jesús, ya lo tenían como un elemento subversivo.Por eso Jesús les hace la pregunta referente a Juan Bautista. Como la predicación de Juan había sido el acontecimiento más importante de los últimos años, los sacerdotes debían también pronunciarse respecto de él. Pero no lo habían hecho ni estaban dispuestos a definirse. ¿Cómo podrían pedir cuentas a Jesús, si se averiguaba que hablaban sólo cuando les convenía?Jesús obedece, pero pide a los responsables religiosos de todos los tiempos que se pregunten si cumplen los requisitos para que el pueblo respete sus declaraciones y sus denuncias. 

 

 

 

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Mc. 12, 1 - 44

             PARÁBOLA DE LOS VIÑADORES ASESINOS (MT 21,23; LC 20,9)   [1] Jesús entonces les dirigió estas parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y construyó una casa para el celador. La alquiló después a unos trabajadores y se marchó al extranjero. [2] A su debido tiempo envió a un sirviente para pedir a los viñadores la parte de los frutos que le correspondían. [3] Pero ellos lo tomaron, la apalearon y lo despacharon con las manos vacías. [4] Envió de nuevo a otro servidor, y a éste lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. [5] Mandó a un tercero, y a éste lo mataron. Y envió a muchos otros, pero a unos los hirieron y a otros los mataron. [6] Todavía le quedaba uno: ése era su hijo muy querido. Lo mandó por último, pensando:«A mi hijo lo respetarán.» [7] Pero los viñadores se dijeron entre sí: «Este es el heredero, la viña será para él; matémosle y así nos quedaremos con la propiedad.» [8] Tomaron al hijo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. [9] Ahora bien, ¿qué va a hacer el dueño de la viña? Vendrá, matará a esos trabajadores y entregará la viña a otros.» [10] Y Jesús añadió: «¿No han leído el pasaje de la Escritura que dice: La piedra que rechazaron los constructores, ha llegado a ser la piedra principal del edificio. [11] Esta es la obra del Señor, y nos dejó maravillados?» [12] Los jefes querían apresar a Jesús, pero tuvieron miedo al pueblo; habían entendido muy bien que la parábola se refería a ellos. Lo dejaron allí y se fueron.  EL IMPUESTO PARA EL CÉSAR (MT 22,15; LC 20,20)   [13] Querían pillar a Jesús en algo que dijera. Con ese fin le enviaron algunos fariseos junto con partidarios de Herodes. [14] Y dijeron a Jesús: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te inquietas por los que te escuchan, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿es contrario a la Ley pagar el impuesto al César? ¿Tenemos que pagarlo o no?» [15] Pero Jesús vio su hipocresía y les dijo: «¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda, que yo la vea.» [16] Le mostraron un denario, y Jesús les preguntó: «¿De quién es esta cara y lo que está escrito?» Ellos le respondieron: «Del César.» [17] Entonces Jesús les dijo: «Devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.» Jesús, pues, los dejó muy sorprendidos.  ¿RESUCITAN LOS MUERTOS? (MT 22,23; LC 20,27)   [18] Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron: [19] «Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto. [20] Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos. [21] El segundo se casó con la viuda, y murió también sin dejar herederos, y así el tercero. [22] Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer. [23] En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.» [24] Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden la Escritura, y tampoco el poder de Dios. [25] Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles. [26] Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? [27] Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»  EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE (MT 23,34; LC 20,39; 10,25)  [28] Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión, y se quedaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» [29] Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor.  [30] Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. [31] Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.» [32] El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, [33] y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.» [34] Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.  ¿DE QUIÉN ES HIJO EL CRISTO? (MT 22,41; LC 20,41; MT 23,6)  [35] Mientras Jesús enseñaba en el Templo, preguntó: «¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el Mesías será el hijo de David? [36] Porque el mismo David dijo, hablando por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. [37] Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser hijo suyo?» Mucha gente acudía a Jesús y lo escuchaba con agrado.  [38] En su enseñanza Jesús les decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley, [39] a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; [40] incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»  LA OFRENDA DE LA VIUDA (LC 21,1)   [41] Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho. [42] Pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. [43] Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. [44] Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»   

 

 

[1] En esta comparación, la viña representa el Reino de Dios. Los judíos eran el pueblo de Dios, y habían llegado a considerar que los intereses de Dios se confundían con los suyos propios. Como ellos eran los elegidos de Dios, él les debía su ayuda contra los demás pueblos. Confiaban ser salvados y no se preocupaban por la suerte de los demás que no conocían a Dios. Dios les había encargado su Reino, es decir, los había dirigido a lo largo de su historia para que sus experiencias fueran una luz para los demás pueblos. Conociendo mejor a Dios, debían desarrollar entre ellos la justicia, el espíritu de responsabilidad, el sentido de la fraternidad: ésos eran los frutos que Dios quería cosechar.Dios había enviado a los profetas para recordar al pueblo su deuda, pero fueron poco escuchados. Por último viene el Hijo único de Dios hecho hombre, y pasa lo mismo; va a ser matado fuera de la viña, es decir, después de ser rechazado por los suyos. Entonces la obra del Reino de Dios va a ser encargada a otros, es decir, a todos los que se reunirán en la Iglesia de Cristo.Aquí termina la parábola. Pero aunque la Iglesia tenga «las promesas de la vida eterna», esto no significa que tal o cual parte de la misma no pueda desaparecer. La Iglesia de hoy está prácticamente ausente en países y en ambientes sociales que contaban con numerosas comunidades en el pasado, y tal vez esto se deba a que en ellas se desvirtuó el espíritu del Evangelio. Si la Iglesia pasa a ser un grupo social como los demás, si no es el lugar donde hay más obediencia a Dios, más empeño para salvar a los que sufren en vano, los que se hicieron dueños de la viña se encontrarán posiblemente algún día con las manos vacías. 

 

 

[13] La trampa está en lo siguiente: preguntan sobre el impuesto que los judíos deben pagar al César, emperador de Roma, dado que los judíos habían sido colonizados por los romanos. Se presentan juntos fariseos y partidarios de Herodes, que en política son enemigos. Los fariseos rechazan la dominación romana; los partidarios de Herodes, al contrario, la aceptan. Si Jesús dice que hay que pagar, los fariseos lo desprestigiarán ante el pueblo. Si afirma que no, los partidarios de Herodes lo harán detener por los romanos.Jesús no condena el imperialismo romano, pero tampoco lo justifica. ¿Será porque los problemas de paz y justicia entre los pueblos no son cosas bastante «espirituales» y no le interesan?En realidad Jesús no mira los problemas políticos como los miramos nosotros. Son problemas importantes, por supuesto, y la Historia Sagrada nos enseña que Dios quiere libertad para cada uno y que las naciones tengan la posibilidad de desarrollar su cultura y su vida nacional. Y esto justifica ampliamente el compromiso político de los cristianos.Pero Jesús sabe también que la liberación verdadera se juega más allá de las fronteras de las rivalidades partidarias. Vivió en un momento en que sus compatriotas estaban sumamente politizados, divididos en facciones irreconciliables, que iban a ser una de las causas de la rebeldía y de los desastres de los años 66-71. La respuesta de Jesús invita a sus adversarios a que coloquen la política en su verdadero lugar y no confundan la fe con el fanatismo religioso.Pagar el impuesto al César, gobernante extranjero y pagano, era para los fariseos como renegar de Dios, verdadero Señor de Israel. Y debido a que identificaban los objetivos del partido nacional judío con la causa de Dios, debían aplastar a los partidos opuestos para servir a Dios. En vista de que la fe exige de nosotros una obediencia total, las personas que hoy todavía confunden la fe con una militancia política llegan poco a poco a justificar todo lo que hace su partido, incluso la mentira y los crímenes.El César de Roma no era Dios, aunque pretendía serlo. Había logrado imponer su autoridad y el uso de la moneda romana; mas no por eso podía exigir la obediencia de la conciencia, que se debe sólo a Dios. Pero tampoco era «el enemigo de Dios», como lo creían los fariseos, y no era necesario negarle el impuesto y la sumisión para adelantar el Reino de Dios. 

 

 

[18] Marcos quiso poner uno al lado del otro los enfrentamientos de Jesús con los dos partidos más importantes del pueblo judío: los Fariseos y los Saduceos. Los Saduceos, los jefes de los sacerdotes, eran los dirigentes del pueblo de Dios. No creían en cosas espirituales ni en la resurrección, innovaciones funestas, según ellos, que debilitaban el espíritu nacionalista y el poder del aparato central. Su Biblia se reducía al Pentateuco, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, donde se habla mucho de los sacerdotes y nada de la resurrección.La resurrección de los muertos es un término que entendemos muy mal. Cuando Jesús llamó a la hija de Jairo (Mc 5,2) o a Lázaro (Jn 11,1), ya muertos, solamente les concedió volver a la vida humana que llevaban antes. La niña volvió a sus sueños, Lázaro a trabajar su campo, y posteriormente tuvieron que morir otra vez. Esta no fue la resurrección.Muchas personas creen que «hay algo después de la muerte» y que algo de nosotros, que llamamos alma, sobrevive. Esta creencia contiene una parte de la verdad, pero no lo más importante. La resurrección significa, no una supervivencia de «algo de nosotros», sino una transfiguración de toda nuestra persona. Y esto se hará por gracia y obra de Dios: vamos a renacer de Dios mismo.A muchos les cuesta creer en la resurrección de los muertos por el concepto erróneo que se han formado de ella; no cabe preguntar si vamos a resucitar con estómago y vísceras, ya que en esa vida nueva no hay lugar para las funciones biológicas propias de los seres mortales, como el comer, dormir o el sexo; seremos en el cielo como ángeles.Con frecuencia tratamos de imaginarnos lo que seremos después de que hayamos resucitado; esta curiosidad, que es muy legítima, no puede hallar respuestas satisfactorias. Pablo trata de darnos alguna luz respecto a este interrogante que debía preocupar a los primeros cristianos tanto como a nosotros (1 Cor 15,35-37); pero, aun con esas explicaciones, seguimos insatisfechos.Reconozcamos que, mientras estemos en este mundo en que la materia y el tiempo son nuestro entorno natural, nos será imposible imaginar el «nuevo mundo», el cielo nuevo y la tierra nueva cuya venida nos anuncia Jesús, después de los profetas (Is 65,17; Ap 21, 1-4).Si pudiéramos arriesgarnos en una comparación, parecida a la de Pablo, podríamos decir lo siguiente: Alguien que nunca ha visto más que las semillas de las plantas o de los árboles, ¿cómo se podrá imaginar una planta cubierta de flores o un árbol totalmente desarrollado? ¿Qué habría aparentemente en común, entre la pequeña semilla, a veces no más grande que una cabeza de alfiler, sin color ni vida, y la planta que ha alcanzado su madurez, adornada de múltiples colores y con sus ramas balanceándose al viento? Pero quien contempla un árbol o una planta, sabe muy bien de dónde ha venido esa vida que admira. Del mismo modo es imposible para nosotros imaginar ahora lo que seremos en la totalidad de nuestro ser humano cuando tenga lugar la transfiguración a que Dios nos llama. Pero cuando se haya realizado, nos daremos cuenta de la unión vital que existe entre lo que seremos entonces y lo que somos hoy en día.Con esto entendemos el doble reproche de Jesús a los saduceos:No entienden el poder de Dios, y por eso lo que imaginan es sólo una caricatura de la resurrección.No entienden las escrituras. Pocos libros de la Biblia anteriores a Jesús hablaban de la resurrección. Pero todos nos presentan a un Dios que es Vida y que hace a los hombres amigos suyos.Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Si Dios se comprometió con ellos, ¿podría dejarlo indiferente que desaparezcan totalmente y para siempre, mientras él sigue feliz en su gloria?

 

 

AMAR A DIOS

[30] Amarás al Señor, tu Dios. Muchas personas se extrañan al ver que este primer mandamiento no está en los diez de Moisés, que hablan sólo de servir a Dios. Pero lo leemos en Deut 6,4.Amar a Dios no es un mandamiento como los demás. Pues los mandamientos señalan obras precisas que debemos cumplir o de las que nos debemos abstener; por ejemplo: descansarás el día del Señor, o no cometerás adulterio. En cambio, toda nuestra existencia está implicada en esto de amar a Dios.Esa es la razón por qué el amor de Dios no se presenta en el Nuevo Testamento como un mandamiento sino como el primer fruto del Espíritu que Dios da a sus hijos: Rom 8,15 y 22. Dios es el primer amado (Mt 6,9-10; 1 Jn 4,17, muy especialmente en la persona de su Hijo: 2 Cor 5,15; 1 Pe 1,8. No hay auténtico amor al prójimo sin ese amor a Dios: 1 Jn 5,2.Hay personas que se creen irreprochables porque cumplen los diez mandamientos de Moisés. Sería más exacto decir que han llegado al nivel mínimo de moralidad que Moisés exigió a un pueblo primitivo y poco responsable, hace más de treinta siglos. En vez de fijarse en este decálogo para después sentirse muy contentos de sí mismos, deberían meditar el primer mandamiento, sin el cual los demás no significan nada.Amarás a Dios con todo tu corazón. Lo amarás más que a los seres más queridos. Te desvivirás por él, te olvidarás de ti mismo para buscar en todo lo que a él más le gusta.Lo amarás con toda tu alma, con toda tu inteligencia. Dedicarás lo mejor de tu inteligencia a conocerlo. Analizando tu propia vida, tratarás de comprender cómo ha guiado tus pasos. Considerando los acontecimientos mundiales y los sucesos diarios, procurarás entender cómo llega el Reino de Dios. Perseverando en la oración y la lectura bíblica, pedirás a Dios que te comunique su propio Espíritu para conocerlo mejor.Lo amarás con todas tus fuerzas. Y dado que en esto eres muy débil, pedirás la ayuda de Dios y tratarás de juntarte con los verdaderos servidores de Dios, usando los medios que la Iglesia pone a tu disposición.El mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo viene en segundo lugar, porque no es posible entenderlo bien y menos aún cumplirlo, si no existe ya el amor a Dios. Lo que Dios pide es mucho más que la solidaridad con el prójimo, mucho más que la ayuda al que sufre. Debemos esforzarnos por ver al hermano tal como lo ve el Padre. Debemos procurarle lo que el Padre desea para él. Entre las muchas obras buenas que podríamos hacer por el prójimo, debemos elegir las que nos aconseja el Espíritu de Dios. Y todo eso requiere que conozcamos a Dios primero y que lo amemos.

 

 

LA MIRADA DE DIOS

[38] Los maestros de la Ley no eran personas malas. Se habían hecho profesores de religión porque se interesaban por la religión. Pero en cuanto el maestro deja de esforzarse por ser santo, no pasa de ser un pobre hombre. El mismo respeto que le tributa la gente lo lleva a permitirse muchos desvíos que en cualquier otro se reprocharían severamente. 

 

 

[41] Con el episodio de la viuda pobre, Marcos quiere establecer un contraste con el anterior. Esta mujer fue la única, entre tantos fieles, que había retribuido a Dios como se merece. Es la personificación de los innumerables pobres que no tienen prácticamente nada y que, sin embargo, se las ingenian para dar algo de lo poco o nada que tienen. Gente humilde es capaz de sacrificar algunas horas o algunos días de trabajo pagado para ayudar a otro o para dedicarse al estudio en beneficio de sus compañeros. Otros dirán: «El lo puede porque gana poco, pero yo perdería demasiado». El escaso sueldo que pierden vale mucho más que el buen sueldo que no quiere perder la persona más acomodada. Sólo el pobre puede dar eso mismo que necesitaba para vivir. 

 

 

 

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Mc. 13, 1 - 37

             JESÚS HABLA DE LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN Y DEL FIN DEL MUNDO (MT 24,1; LC 21,5; 19,41; 17,23)   [1] Cuando Jesús salió del Templo, uno de sus discípulos le dijo: «Maestro, mira qué inmensas piedras y qué construcciones.» [2] Jesús le respondió: «¿Ves esas grandiosas construcciones? Pues no quedará de ellas piedra sobre piedra. Todo será destruido.» [3] Poco después Jesús se sentó en el monte de los Olivos, frente al Templo, y entonces Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron en privado: [4] «Dinos cuándo sucederá eso y qué señales habrá antes de que ocurran todas esas cosas.» [5] Y Jesús empezó a decirles: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar. [6] Porque muchos reivindicarán lo que es mío, y dirán: «Yo soy el que están esperando», y engañarán a muchos. [7] Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerra, no se alarmen, porque eso tiene que pasar, pero todavía no será el fin. [8] Habrá conflictos: nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos y hambre en diversos lugares. Estos serán los primeros dolores del parto. [9] Pero ustedes preocúpense de sí mismos, porque van a ser apresados y entregados a los tribunales judíos, serán azotados en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los gobernadores y reyes por mi causa, para ser mis testigos ante ellos. [10] Porque primero el Evangelio tiene que ser proclamado en todas las naciones. [11] Cuando sean arrestados y los entreguen a los tribunales, no se preocupen por lo que van a decir, sino digan lo que se les inspire en ese momento; porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo. [12] El hermano entregará a la muerte al hermano y el padre al hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y les darán muerte. [13] Y serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que se mantenga firme hasta el fin se salvará. [14] Cuando vean al ídolo del opresor instalado en el lugar donde no debe estar (el que lea, que entienda bien), entonces los que estén en Judea huyan a los cerros. [15] Si estás en la parte superior de la casa, no bajes a recoger tus cosas. [16] Si estás en el campo, no vuelvas a buscar tus ropas. [17] ¡Pobres de las mujeres que estén embarazadas o estén criando en aquellos días! [18] Oren para que esto no suceda en invierno. [19] Porque en aquellos días habrá tal angustia como no hubo otra igual desde el principio de la creación hasta los días presentes, ni la habrá en el futuro. [20] Tanto que si el Señor no acortara esos días, nadie se salvaría. Pero él ha decidido acortar esos días en consideración a sus elegidos. [21] Si alguien entonces les dice: Mira, el Cristo está aquí o está allá, no lo crean. [22] Aparecerán falsos mesías y falsos profetas, que harán señales y prodigios capaces de engañar incluso a los elegidos, si esto fuera posible. [23] Estén alerta, yo se lo he advertido todo.  VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (MT 24,29; LC 21,25)  [24] Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, [25] las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. [26] Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. [27] Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.  [28] Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando sus ramas están tiernas y le brotan las hojas, saben que el verano está cerca. [29] Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas. [30] En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso. [31] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  [32] Por lo que se refiere a ese Día y cuando vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre.  (Mt 24,42; 25,13; Lc 12,32; 21,34)   [33] Estén preparados y vigilando, porque no saben cuándo llegará ese momento. [34] Cuando un hombre va al extranjero y deja su casa, entrega responsabilidades a sus sirvientes, cada cual recibe su tarea, y al portero le exige que esté vigilante. [35] Lo mismo ustedes: estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; [36] no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. [37] Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos.»            

 

 

 

 

FIN DEL MUNDO

[1] Algunos profetas habían hablado en forma bastante oscura de la crisis con que se iniciaría el Reino universal de Dios. Veían a todas las naciones de la tierra unidas en un mismo esfuerzo para destruir a la Ciudad Santa, Jerusalén; pero en el momento más desesperado Dios intervendría en forma triunfal para instaurar su Reino (Is 66,18; Ez 38; Jl 4; Za 14).Por esta razón, cuando Jesús habla de la destrucción del Templo, los apóstoles piensan en el fin de la historia. La respuesta de Jesús es clara: se acerca la tragedia que culminará con la destrucción de Jerusalén, pero ése no será el fin de la historia.El presente discurso contiene advertencias de Jesús referentes a esa destrucción de la nación judía, que debía producirse treinta años después. Dichas advertencias aclaran también la actitud que nos conviene adoptar hoy frente a los conflictos que acontecen por todo el mundo.Cuando oigan hablar de guerras (7). No es que Dios abandone el mundo a las fuerzas del mal; más bien se trata de un parto (v. 8) y no de un abandono. La humanidad va madurando y los pueblos se enfrentan con los problemas, cada vez más complejos, de su desarrollo y convivencia mutua. La crisis que sufrió la nación judía en tiempo de Jesús, se parece a otras por las que también pasaron las demás civilizaciones: algo muere y algo nace.Los hombres, desconcertados, se dejan engañar por las propagandas, y el miedo los vuelve ciegos. Por eso persiguen a quienes no comparten su fanatismo, y en especial a los verdaderos creyentes. En tales circunstancias Jesús pide a sus seguidores que den testimonio de él (v. 9), único Salvador, y que proclamen las exigencias del Evangelio tanto para los individuos como para las sociedades.Treinta años después de Jesús, los judíos se sublevaron contra el opresor (v. 14) romano. Los ejércitos romanos se reorganizaron después de sus primeros reveses, y sus banderas, en las que figuraban sus ídolos, se acercaron a la ciudad santa. Entonces no faltaron los mesías (v. 22), o sea, los que se atribuían la misión de salvar al pueblo de Dios, y que arrastraron tras sí numerosos partidarios.Los judíos más fanáticos se encerraron en la ciudad de Jerusalén, esperando una intervención de Dios. Pero su desunión llegó hasta tal punto que se mataban unos a otros. Los que huían de la ciudad, asolada por el hambre, eran detenidos por los romanos y crucificados frente a las murallas. Y al final, cuando entraron los romanos, quemando el Templo y los palacios, todos los que no fueron degollados, hombres, mujeres y niños, fueron llevados a Roma como esclavos.Después de esa angustia... (24). Después de anunciar el fin del mundo judío, Jesús pronuncia algunas palabras referentes a otro acontecimiento de mayor amplitud: el fin del mundo presente, o mejor dicho, su transformación.El sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo. Son figuras tomadas de Is 13,10 y 34,4, que expresan el desconcierto, el susto y la descomposición de los hombres y del universo ante la majestad del Juez supremo.Enviará a los ángeles (27). Es otra figura común en los libros judíos que hablaban del juicio de Dios. Asimismo, la trompeta de que se habla en Mt 24,31 y 1 Tes 4,16. Todo esto no se puede tomar al pie de la letra. 

 

 

[28] Aprendan de este ejemplo. Jesús retoma el discurso de la destrucción de Jerusalén. 

 

 

[32] Con este párrafo volvemos al fin de la historia. El día es el del juicio, llamado «Día de Yavé» en los Profetas (Amós 5,18; Sof 1,15).Cuándo será la hora, no lo sabe nadie. Jesús lo dice con toda claridad. No obstante eso, siempre ha habido gente que ha creído saber lo que los ángeles ignoran: veinte veces en cada siglo han anunciado el inminente fin del mundo (2 Tes 2).Ni el Hijo, sino solamente el Padre. Hay quienes se inquietan: ¿No significará esto que el Hijo no es Dios como el Padre? Deben recordar que cuando Jesús habla del Hijo y del Padre, habla de sí mismo, con su naturaleza humana y su conciencia humana, frente al Padre Dios. En la mente humana de Jesús no cabe la ciencia infinita que está en Dios (ver comentario de Lc 3,21 y Mc 6,1). El Espíritu de Dios puede comunicar algunas luces proféticas, pero no va a decirle, por ejemplo: El fin del mundo ocurrirá el 12 de julio del año 2977. Pues el tiempo no corre igual para Dios que para nosotros. Dios conoce la hora en la eternidad, pero esto no implica que le corresponda una fecha determinada en nuestro tiempo. La fecha no está fijada, sino que depende de cómo nosotros haremos madurar el Reino de Dios con nuestros esfuerzos y nuestras oraciones. 

 

 

[33] Este párrafo es como un resumen de la parábola de los Talentos (Mt 25,1) y de la de las Diez Muchachas (Mt 25,14). Nos advierte que debemos esperar al Señor haciendo el trabajo que nos ha sido encomendado. El portero representa a los responsables de la Iglesia.

 

 

COMO VIENE CRISTO.

 

 

EL COMPROMISO CRISTIANO

Jesús nos invita en varios lugares del Evangelio a que permanezcamos despiertos esperando su venida. ¿Cómo será su venida? ¿Cómo vendrá a nosotros, si nuestra suerte es morir antes del día de su venida gloriosa?Antes de encontrarnos con el Señor en el momento de la muerte, Jesús habrá venido a nosotros de mil maneras mientras lo esperemos, cumpliendo nuestro tarea (v. 34).Un aspecto de nuestra tarea, o sea, nuestro compromiso con Cristo es el compromiso con la comunidad cristiana, es decir, nuestra participación en la oración común, en la eucaristía, en la catequesis y otras cosas por el estilo. Y mientras trabajamos en estas obras, se dan para nosotros, no sólo una venida de Cristo, sino muchas. Presenciamos su venida en este o aquel hermano que se abre a la fe; viene a nosotros dándonos fuerza y sabiduría; viene en la oración, dándonos la certeza íntima de su presencia.Pero también viene Cristo en la vida diaria. Los profetas veían la venida del Señor en los acontecimientos que ocurrían, bien fuera crisis o renovación. A veces viene con su resurrección a través de los hechos felices que traen vida y alegría, o más justicia y esperanza para los pobres. Otras veces viene con su pasión y su muerte. Y precisamente porque viene en la historia diaria, debemos estar al servicio del mundo. Para los laicos, la mayor parte de sus compromisos con Cristo no están dentro del ámbito eclesiástico, sino en las tareas del mundo, del hogar cristiano, cuando participan en obras comunitarias o en contiendas políticas. Ahí es donde deben trabajar cada cual en su puesto y estar despiertos.Despiertos para no desanimarse, para resistir a la corrupción del ambiente y a las sugerencias del espíritu malo. Despiertos también para seguir esperando a Cristo, pues muchos han empezado con generosidad, tomando compromisos para bien de los demás, pero, al no tener los ojos puestos constantemente en su Señor, pierden de vista la meta y se reducen a ser tan sólo administradores o activistas. Están comprometidos con obras y movimientos, pero no con el Señor mismo. De ahí que su vida esté llena de contradicciones. Durante algún tiempo hacen maravillas, y de repente fallan; hacen cosas útiles, pero no advierten la hora en que deberían dejarlas para seguir otro camino; realizan su propia obra, pero no dejan que Cristo se adueñe de su mente, de su corazón, de su vida entera.No sucede así con los que están despiertos: por medio de ellos Cristo viene a los hombres. 

 

 

 

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Mc. 14, 1 - 72

             CONSPIRACIÓN CONTRA JESÚS (MT 26,2; LC 22,1; J 11,47)   [1] Faltaban dos días para la Fiesta de Pascua y de los Panes Azimos. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban la manera de detener a Jesús con astucia para darle muerte, [2] pero decían: «No durante la fiesta, para que no se alborote el pueblo.»  UNA MUJER UNGE A JESÚS (MT 26,6; J 12,1)   [3] Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el Leproso. Mientras estaban comiendo, entró una mujer con un frasco precioso como de mármol, lleno de un perfume muy caro, de nardo puro; quebró el cuello del frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. [4] Entonces algunos se indignaron y decían entre sí: «¿Cómo pudo derrochar este perfume? [5] Se podría haber vendido en más de trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres.» Y estaban enojados contra ella. [6] Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo es una obra buena. [7] Siempre tienen a los pobres con ustedes, y en cualquier momento podrán ayudarlos, pero a mí no me tendrán siempre. [8] Esta mujer ha hecho lo que tenía que hacer, pues de antemano ha ungido mi cuerpo para la sepultura. [9] En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto y será su gloria.» [10] Entonces Judas Iscariote, uno de los Doce, fue donde los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús. [11] Se felicitaron por el asunto y prometieron darle dinero. Y Judas comenzó a buscar el momento oportuno para entregarlo.  LA ULTIMA CENA DE JESÚS (MT 26,17; LC 22,7; 1 COR 11,23; JN 13)   [12] El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua?» [13] Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo [14] hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? [15] El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros.» [16] Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. [17] Al atardecer, llegó Jesús con los Doce. [18] Y mientras estaban a la mesa comiendo, les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar, uno que comparte mi pan.» [19] Ellos se entristecieron mucho al oírle, y le empezaron a preguntar uno a uno: «¿Seré yo?» [20] El les respondió: «Es uno de los Doce, uno que moja su pan en el plato conmigo. [21] El Hijo del Hombre se va, conforme dijeron de él las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! Sería mucho mejor para él no haber nacido.» [22] Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen; esto es mi cuerpo.» [23] Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. [24] Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre. [25] En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»  JESÚS ANUNCIA LA NEGACIÓN DE PEDRO (MT 26,30; LC 22,23; JN 13,37)  [26] Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos. [27] Y Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche, pues dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. [28] Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea.» [29] Entonces Pedro le dijo: «Aunque todos tropiecen y caigan, yo no.» [30] Jesús le contestó: «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me habrás negado tres veces.» [31] Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.» Y todos decían lo mismo.  LA AGONÍA DE JESÚS EN GETSEMANÍ (LC 18,1)    [32] Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy a orar.» [33] Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, [34] y les dijo: «Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos.» [35] Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora. [36] Decía: «Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» [37] Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? [38] Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne, débil.» [39] Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras. [40] Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle. [41] Vino por tercera vez, y les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. [42] ¡Levántense, vámonos!, ya viene el que me va a entregar.»  TOMAN PRESO A JESÚS (MT 26,47; LC 22,47; JN 18,2)   [43] Jesús estaba aún hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los jefes judíos. [44] El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado.» [45] Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús diciendo: «¡Maestro, Maestro!» y lo besó. [46] Ellos entonces lo tomaron y se lo llevaron arrestado. [47] En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja. [48] Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. [49] ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen que cumplirse las Escrituras.» [50] Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y huyeron. [51] Un joven seguía a Jesús envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron; [52] pero él, soltando la sábana, huyó desnudo.  [53] Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí; estaban los jefes de los sacerdotes, las autoridades judías y los maestros de la Ley. [54] Pedro lo había seguido de lejos hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del Templo, calentándose al fuego. [55] Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban. [56] Varios se presentaron con falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían. [57] Algunos lanzaron esta falsa acusación: [58] «Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días construiré otro no hecho por hombres.» [59] Pero tampoco con estos testimonios estaban de acuerdo.  [60] Entonces el Sumo Sacerdote se levantó; pasó adelante y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que te acusan?» [61] Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?». [62] Jesús respondió: «Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo.» [63] El Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras horrorizado y dijo: «¿Para qué queremos ya testigos? [64] Ustedes acaban de oír sus palabras blasfemas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la pena de muerte. [65] Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le golpeaban antes de preguntarle: «¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo lo abofeteaban.  PEDRO NIEGA A JESÚS (MT 26,69; JN 18,15)   [66] Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote. [67] Al verlo cerca del fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret.» [68] El lo negó: «No lo conozco, ni entiendo de qué hablas.» Y salió al portal. [69] Pero lo vio la sirvienta y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos.» [70] Y Pedro lo volvió a negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo.» [71] Entonces se puso a maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan.» [72] En ese momento se escuchó el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.      

 

 

 

 

LA PASCUA

[1] Los judíos iban a celebrar el 1480º aniversario de su salida de Egipto. La Pascua, o sea, el Paso del Señor, era la fiesta de la independencia nacional y ocupaba el primer lugar en el calendario religioso. Hacía cuarenta años que habían perdido su independencia, y por eso la Pascua despertaba sus ansias de libertad y se prestaba para cualquier disturbio. De todas partes de Palestina los judíos subían en peregrinación a Jerusalén, pues el cordero que se comía en el banquete pascual debía sacrificarse en el Templo. Cada familia debía comer el cordero asado, con lechugas y pan sin levadura, alternando el canto de los salmos con la bendición de varias copas, según un ritual muy antiguo detallado. El padre de familia narraba los acontecimientos de la salida de Egipto y, al recordar el pasado, cada uno pedía al Señor que liberara de una vez a su pueblo humillado.La inmensa mayoría, tanto el pueblo como sus responsables, eran incapaces de echar una mirada nueva hacia el porvenir. La salvación de Israel, sin embargo, no consistía en romper primero sus cadenas políticas, sino en descubrir el secreto de la fraternidad universal por encima de razas y partidos. El Evangelio era el fermento capaz de liberar a la humanidad, venciendo al mal con el bien, y la salvación estaba en la persona de Jesús, pero no la veían. Más bien desconfiaban de él porque su doctrina les parecía demasiado utópica, y Judas era uno de los arrepentidos de haber seguido a ese líder que no servía.Era poco lo que Jesús había hecho en los dos años transcurridos desde que Juan lo había bautizado, pero era lo suficiente para que los jefes lo temieran. Ninguna sociedad es capaz de tolerar la presencia de un hombre libre y sin pecado. Si Jesús no hubiera muerto joven, la sociedad de su tiempo se habría hundido. 

 

 

[3] Ver Jn 12,1 y el comentario de Lc 7,36.Pocos días antes de la Pascua, Jesús cenó en Betania. (Jn 12,1). Ahí María demostró públicamente su amor tierno y apasionado a Jesús, en presencia de otros que también lo querían, aun cuando no sabían expresárselo. Algunos, sin embargo, se escandalizaron de que María se preocupara de Jesús antes que de los pobres.Lo que ha hecho conmigo es una obra buena. Sepultar a los muertos era una de las «buenas obras» catalogadas por los judíos. Jesús ve en el gesto espontáneo de María un anuncio de su muerte inminente. Nada se debe perder de las horas contadas que le quedan a Jesús entre nosotros. Es más importante fijarse en él y acompañarlo en estos momentos, que correr tras actividades caritativas (algo semejante dijo en Mc 2,19-20 para los que se apegan a sus ayunos y oraciones).A los pobres siempre los tienen entre ustedes. Es muy abusivo traducir: «a los pobres los tendrán siempre» y decir que, para Jesús, perdemos el tiempo al buscar una sociedad más igualitaria. Solamente dice que no en todo momento es lo más urgente ayudar a los pobres.Los evangelios hacen resaltar el contraste entre el gesto de María y el de Judas. El amor verdadero de María la lleva a gestos que a los mismos apóstoles les parecen desatinados. En cambio Judas critica esa expresión del amor bajo pretexto de eficacia.

 

 

LA NUEVA ALIANZA

[12] En la Cena de Pascua, Jesús quiso aclarar el sentido de su Pasión inminente. Jesús iba libremente a una muerte que salvaría al mundo. ¿En qué consistía la salvación? En hacer que la historia humana alcanzara su fin; los hombres y los pueblos tenían que madurar, enfrentarse y reunirse en un solo cuerpo pasando por mil crisis y muertes, para alcanzar la resurrección.Jesús había entregado el mensaje capaz de guiar a la humanidad, pero era necesario un pueblo de Dios que fuera como la levadura en la masa, una minoría de personas que se sienten comprometidas con la obra de Dios y con las que Dios también se ha comprometido.Doce siglos antes de Jesús, Dios se había comprometido con el pueblo judío y había celebrado con ellos una alianza en el monte Sinaí: ellos y sus hijos serían el pueblo de Dios entre los demás pueblos. Pero con el pasar del tiempo y ante la experiencia de las faltas del pueblo de Dios, los profetas entendieron que debía darse un paso más; se necesitaba otra alianza, cuyo primer efecto sería obtenernos el perdón de los pecados (Jer 31,31 y Ez 36,22). El pueblo de Dios ya no sería una raza, sino una familia de creyentes que han recibido el perdón de sus pecados; y ésa es la Iglesia.En vísperas de su muerte, Jesús recuerda la primera alianza en la que se derramó la sangre de animales sacrificados (ex 24,8). Pero ahora él derrama su sangre por una muchedumbre (Is 53,11). Esta muchedumbre se refiere, en forma especial, a la Iglesia; Jesús purifica a los que serán su propio pueblo en el mundo.Cada vez que celebramos la Eucaristía o Misa, renovamos esta alianza. Jesús se hace nuestro pan espiritual y nos consagra a su Padre para que participemos cada vez más en la obra de su salvación.La última cena de Jesús fue la primera del culto cristiano. En vez de las solemnes ceremonias del Templo, el momento más importante de la vida de la Iglesia será una comida fraterna, en la que vuelve a hacerse presente el misterio de la muerte y de la resurrección.No volveré a probar el fruto de la vid... (25). La Eucaristía anuncia el día en que Cristo celebrará el banquete del Reino con toda la humanidad reunida en él.Para comprender el sentido de la Cena del Señor es necesario leer los discursos de despedida de Jesús a sus apóstoles, que Juan sitúa en esta misma noche del Jueves Santo (Jn 14-17). Pues Jesús vino, no sólo para hablar, sino también, y mucho más, para difundir su Espíritu entre los creyentes. En adelante estará presente en forma especial y actuará con más eficacia en sus discípulos cuando estén reunidos para celebrar la Santa Cena. Lo explica Juan en Jn 6 y Pablo en 1 Cor 11,17.Ver también el comentario de Mt 26,26.

 

 

EL SILENCIO DE DIOS

[32] Jesús está solo para enfrentar la muerte y para vencerla, llevando sobre sí el destino de todos los hombres. Ve toda la maldad de los hombres que lo maltratarán o dejarán que lo maltraten. Y ve detrás de ellos el poder de las tinieblas.En ese momento Jesús es el hombre de los dolores que conoce todos los quebrantos. Carga con toda la maldad de los hombres (2 Cor 5,21), y siente una tristeza de muerte ante su Padre, justo y tan amado.Jesús va repitiendo una sola frase, que expresa la más perfecta oración: Padre, que se haga tu voluntad. Hay momentos y lugares en que la Iglesia es perseguida y está en agonía, y no puede hacer otra cosa que querer que se haga la voluntad del Padre; en esos momentos su oración es más eficaz que nunca (Heb 2,10).Misteriosa agonía del Hijo de Dios, (agonía significa combate). El, que dio a sus mártires la fuerza sobrenatural para enfrentarse impávidos con el suplicio, quiso reservarse a sí mismo, por algunos momentos, toda la debilidad humana. Al hacerse hombre no se ahorró nada del dolor y quiso conocerlo hasta el límite de la desesperaciónComo lo recuerda la carta a los Hebreos (2,10-18), aunque no tenía pecado y por tanto no necesitaba ser purificado, tuvo que conocer la humillación, el sufrimiento e incluso el silencio de Dios, para alcanzar esa madurez que sólo Dios conoce; madurez que todavía le faltaba para ser El Hombre, cabeza de la humanidad.

 

 

JUDAS

[43] Judas era uno de los Doce. ¿Cómo pudo elegir Jesús, después de una noche de oración, a este hombre que lo había de entregar? Cuando Judas empezó a seguir a Jesús, soñaba, al igual que los otros apóstoles, con un libertador de corte clásico. Al conocer más y mejor a Jesús, los otros revisaron sus ambiciones, pero Judas no. Lo traicionó para vengarse del Maestro que lo había defraudado. Judas convivió con Jesús, pero no fue capaz de devolverle el cariño que su Maestro le tenía; contestó al amor con el odio y, al final, se dejó caer en el abismo del mal.Judas, como también Leví-Mateo, se había juntado al equipo de los pescadores galileos que formaban la mayoría de los Doce. Tal vez tuvieron parte de responsabilidad en su fracaso: ¿supieron integrarlo a su grupo?

 

 

EL PROCESO DE JESUS

[53] Jesús compareció ante dos tribunales. Primero ante el Sanhedrín o Consejo Supremo de los judíos, donde fue acusado de blasfemia, o sea, de insultar a Dios. Después compareció ante el gobernador romano, Pilato, y esta vez lo trataron de agitador político.La razón de este doble proceso se debe a que los romanos habían quitado a los judíos la facultad de condenar a penas mayores. Por eso, después de juzgar a Jesús según las leyes de la Biblia, pidieron a Pilato que hiciera efectiva la pena de muerte, y para obtener esto presentaron nuevas acusaciones a fin de impresionar a Pilato.Es muy difícil afirmar si el proceso de Jesús fue legal o ilegal. Se pareció a tantos procesos que se dan en todo tiempo, en los que las autoridades, valiéndose del poder y del manejo de las leyes, logran condenar a los opositores, sin cometer fraudes demasiado patentes.

 

 

LA CONDENACION DE JESUS

[60] Los sacerdotes no logran condenar a Jesús por alguna rebeldía contra la Ley. Así que se ven obligados a recurrir a algo mucho más importante y que ocupa el lugar central en el Evangelio: ¿Eres tú el Hijo de Dios?«Hijo de Dios» era comúnmente un título del Mesías. Jesús escoge, entre los muchos textos bíblicos referentes al Mesías, dos expresiones que dejaban entrever la personalidad divina del Salvador: Hijo del Hombre, que viene de Dios mismo (Dn 7,13), sentado a la derecha de Dios, como en pie de igualdad (Sal 110,1). Con esta afirmación, Jesús proclama claramente que no es sólo un hijo de Dios como puede serlo un santo o un enviado de Dios, sino el Hijo Unico que es Dios con el Padre.Los sacerdotes entendieron muy bien las pretensiones de Jesús, pues si se hubiera declarado sólo Mesías humano, no habría existido blasfemía. No lo condenaron por una cuestión de palabras, sino porque Jesús se ponía en el lugar que corresponde sólo a Dios en toda su manera de actuar.Con eso tranquilizaron su conciencia. No quisieron reconocer que, en realidad, lo odiaban por haber puesto al desnudo su hipocresía, su falta de fe y su amor al dinero. Jesús se sentía libre respecto al orden que ellos defendían, y los hacía caer de sus pedestales. En la persona de Jesús, Dios mismo había venido a pedirles cuentas, los frutos de la viña (Mc 12,2), y ellos se habían puesto en contra.Jesús fue condenado en nombre de Dios y no se rebeló contra la sentencia injusta de los jefes religiosos de su pueblo, que eran representantes legítimos de Dios, aunque indignos. Esta fue su obediencia perfecta al Padre. 

 

 

[66] No les faltaba hombría a los apóstoles, de lo contrario Jesús no los habría escogido. Pedro había sido sincero cuando afirmó: Aunque todos tropiecen, yo no (14,29). Se sentían dispuestos a morir por él en el entusiasmo de un combate común, pero ese combate no se dio. Cristo los dejó desconcertados al no usar su fuerza divina ni oponer alguna resistencia a sus enemigos. Sería un error, pues, decir que fueron unos cobardes hasta el día que recibieron el Espíritu Santo.Que todos huyeran en el huerto fue una reacción muy comprensible. Pero esta huida sacudió hasta sus bases todas las certezas edificadas sobre su fe en Cristo durante los meses de vida común con él. Pedro negó a Jesús, no sólo porque tenía miedo, sino porque en realidad ya no sabía quién era Jesús.La negación de Pedro fue una caída verdadera, aunque Dios perdona en el momento mismo en que la mirada de Pedro se cruza con la de Jesús y Pedro se arrepiente (Lc 22,61). Pero esta caída obligará a Pedro a dudar de sí mismo hasta el final de su vida. Pedro, Roca y responsable de la Iglesia universal, se mantendrá siempre consciente de su debilidad personal y no se dará descanso hasta lograr seguir a Cristo dando su vida por él (Jn 21,19). 

 

 

 

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Mc. 15, 1 - 47

             JESÚS ANTE PILATO (MT 27,11; LC 23,2; JN 18,28)  [1] Muy temprano, los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la Ley (es decir, todo el Consejo o Sanedrín) celebraron consejo. Después de atar a Jesús con cadenas, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. [2] Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús respondió: «Así es, como tú lo dices.» [3] Como los jefes de los sacerdotes acusaban a Jesús de muchas cosas, [4] Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? ¡Mira de cuántas cosas te acusan!» [5] Pero Jesús ya no le respondió, de manera que Pilato no sabía qué pensar.  [6] Cada año, con ocasión de la ascua, Pilato solía dejar en libertad a un preso, a elección del pueblo. [7] Había uno, llamado Barrabás, que había sido encarcelado con otros revoltosos por haber cometido un asesinato en un motín. [8] Cuando el pueblo subió y empezó a pedir la gracia como de costumbre, [9] Pilato les preguntó: «¿Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?» [10] Pues Pilato veía que los jefes de los sacerdotes le entregaban a Jesús por una cuestión de rivalidad. [11] Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que pidiera la libertad de Barrabás. [12] Pilato les dijo: «¿Qué voy a hacer con el que ustedes llaman rey de los judíos?» [13] La gente gritó:«¡Crucifícalo!» [14] Pilato les preguntó: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Y gritaron con más fuerza: «¡Crucifícalo!» [15] Pilato quiso dar satisfacción al pueblo: dejó, pues, en libertad a Barrabás y sentenció a muerte a Jesús. Lo hizo azotar, y después lo entregó para que fuera crucificado.   LA CORONACIÓN DE ESPINAS (MT 27,27; JN 19,1)   [16] Los soldados lo llevaron al pretorio, que es el patio interior, y llamaron a todos sus compañeros. [17] Lo vistieron con una capa roja y le colocaron en la cabeza una corona que trenzaron con espinas. [18] Después comenzaron a saludarlo: «¡Viva el rey de los judíos!» [19] Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y se arrodillaban ante él para rendirle homenaje. [20] Después de haberse burlado de él, le sacaron la capa roja y le pusieron de nuevo sus ropas.  LA CRUCIFIXIÓN   Los soldados sacaron a Jesús fuera para crucificarlo.  [21] En ese momento, un tal Simón de Cirene, que es el padre de Alejandro y de Rufo, volvía del campo; los soldados le obligaron a que llevara la cruz de Jesús. [22] Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, o Calvario, palabra que significa «calavera». [23] Después de ofrecerle vino mezclado con mirra, que él no quiso tomar, [24] lo crucificaron y se repartieron sus ropas, sorteándolas entre ellos. [25] Eran como las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. [26] Pusieron una inscripción con el motivo de su condena, que decía: «El rey de los judíos.» [27] Crucificaron con él también a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. [28] Así secumplió la Escritura que dice: Y fue contado entre los malhechores. [29] Los que pasaban lo insultaban; le decían, moviendo la cabeza: «Tú, que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días, [30] sálvate a ti mismo y baja de la cruz.» [31] Igualmente los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se burlaban de él, y decían entre sí: «Si pudo salvar a otros, no se salvará a sí mismo. [32] Que ese Mesías, ese rey de Israel, baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos.» Incluso lo insultaban los que estaban crucificados con él.  LA MUERTE DE JESÚS (MT 27,45; LC 23,44; JN 19,28)   [33] Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde, [34] y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» [35] Al oírlo, algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías.» [36] Uno de ellos corrió a mojar una esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber, diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo.» [37] Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. [38] En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. [39] Al mismo tiempo el capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.» [40] Había unas mujeres que miraban de lejos, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. [41] Cuando Jesús estaba en Galilea, ellas lo seguían y lo servían. Con ellas estaban también otras más que habían subido con Jesús a Jerusalén.  JESÚS ES SEPULTADO   [42] Había caído la tarde. Como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, [43] intervino José de Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo supremo era de los que esperaban el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. [44] Pilato se extrañó de que Jesús hubiera muerto tan pronto y llamó al centurión para saber si realmente era así. [45] Después de escuchar al centurión, Pilato entregó a José el cuerpo de Jesús. [46] José lo bajó de la cruz y lo envolvió en una sábana que había comprado, lo colocó en un sepulcro excavado en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba. [47] María Magdalena y María, la madre de José, estaban allí observando dónde lo depositaban.    

 

 

[6] El pueblo eligió a Barrabás. ¿Por qué? Porque Jesús proponía un camino de liberación que exige tiempo y responsabilidad. Barrabás en cambio era el ejemplo de la violencia irresponsable que arrastra a los mediocres, porque satisface el espíritu de venganza.El Evangelio no pretende echar la culpa a todos los judíos por la muerte de Jesús: testimonia que el pueblo en su mayoría ya había rechazado a Jesús, como también iban a rechazar la predicación de los apóstoles (Rom 10,19). Marcos se propuso mostrar la fuerza de Jesús: ésta se manifestará plenamente cuando los mismos que venía a salvar hayan renegado de él.El evangelio ve una continuidad entre este rechazo y la historia pasada del pueblo de Dios, que en varias ocasiones se negó a entrar por el camino de salvación que Dios le ofrecía. Ahora Dios envía a su Hijo como profeta y salvador, y la comunidad lo entrega a los paganos. Toda su historia, en adelante, llevará el signo de este rechazo (Mt 23,38; Lc 21,24). Jesús será en Israel el que es difícil mencionar porque se sabe que lo ha desgarrado todo (Mc 15,38). Pero Dios, que salva a Israel y guía su historia, plantará en ella la cruz.El Espíritu enseñará a los apóstoles que este rechazo tan escandaloso para los judíos cristianos era parte del plan de Dios (He 4,18; Rom 11,25-32). Y ¿podía Dios acercarse a nosotros sin que lo condenemos? (Jn 1,5). La sabiduría paradójica de Dios (1 Cor 1,17-24), contemplaba esta condenación de Dios por los suyos. En esto el pueblo de Dios, bien sea judío o cristiano, no es menos ciego que los demás. 

 

 

[21] A pesar de que Jesús nunca buscó la muerte, desde el comienzo de su existencia la había aceptado, y en esta forma tan atroz, por dos razones: para manifestar al Padre su total abandono como Hijo, o en otras palabras, para depositar en las manos del Padre todo lo que de él había recibido; y para que toda la humanidad descubriera, junto a él, el camino que nos lleva a Dios.Jesús hizo la experiencia de las burlas, torturas y malos tratos, que son la suerte de los condenados en todos los países del mundo, cuando policías y soldados ya no reconocen en ellos a hombres libres y hermanos suyos. Sin embargo, el hecho de azotar a Jesús, según la ley romana no era muestra de crueldad, pues debido a la pérdida de sangre y agotado por los latigazos, el condenado no tardaba tanto en morir en la cruz, acortando así su agonía.El condenado, al estar suspendido de los brazos, no podía respirar; para tratar de no asfixiarse, se apoyaba y hacía fuerza sobre los pies y con los brazos, reavivando así el dolor insoportable del clavo fijado en medio de los pies y de las muñecas. Cuando sus fuerzas decaían y ya no era capaz de realizar este esfuerzo, moría asfixiado.El vino agridulce era la bebida de los soldados romanos. La mirra adormece los nervios. Jesús rehusó lo que podía calmar sus dolores.

 

 

LA RECONCILIACION

[33] Eloí, Eloí, ¿lamá sabactani? Este es el comienzo de un salmo que empieza con un grito de desesperación y termina con la certeza del triunfo. Contiene muchas alusiones a la pasión de Jesús.El grito de Jesús al morir encierra un misterio, pues un crucificado moría por agotamiento y asfixia; no podía gritar así. Pero nadie podía quitar la vida a Jesús; estaba toda en él y la entregó en el momento que quiso. Los oyentes quedaron asombrados: ¿era grito de vencido o de vencedor?Hay muertos que son causa de división en las familias y también hay muertos que reconcilian. La cruz en que Jesús muere se compone de dos maderos, el uno orientado hacia el cielo y el otro horizontal; Jesús, colgado entre el cielo y la tierra, reconcilia a los hombres con Dios y a los hombres entre sí.Reconciliación con Dios para quienes reconocen en su muerte la prueba más grande del amor de Dios por nosotros. Entonces deponen el miedo a Dios y comprenden que no estamos sometidos a un destino ciego, sino bajo los cuidados del amor de Dios. La cortina que cerraba el Santuario del Templo se rasgó en dos. Esto significa que Dios ya no está en aquel lugar al que ningún mortal podía entrar; ha dejado aquel temible sagrario y se da a conocer a todos en su Hijo herido por el pecado, pero más herido todavía por la pasión que siente por nosotros.Reconciliación de los hombres entre sí. Dios no había empezado a levantar las barreras que dividían a los pueblos hasta la venida de Jesús, y aparentemente había limitado su actuación a un solo pueblo, el judío. Pero en adelante todos los hombres serán llamados a entrar y formar parte del pueblo de Cristo (Ef 2,11-16). Anteriormente cada pueblo tenía su religión y sus ritos propios; en adelante, la base de la fe será el conocimiento de Jesús y de Jesús crucificado. Mirándolo a él, los hombres se unirán, a pesar de estar divididos por tantas diferencias. Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. El capitán romano reconoce que Jesús era un justo (Lc 23,47), o sea, un hombre fuera de lo común. Pero Marcos intencionadamente pone en su boca esas palabras: «era Hijo de Dios», pues este oficial representa a las naciones paganas que reconocerán en el crucificado al Hijo de Dios.En repetidas ocasiones Jesús insistió en que no lo proclamaran Hijo de Dios (Mc 1,44). Porque los hombres no pueden saber quién es Dios y tampoco lo que significa para Jesús ser el Hijo de Dios (Mt 11,27), hasta que no hayan visto morir a Jesús y no hayan creído en su resurrección. Ver Rom 3,24. 

 

 

[42] José de Arimatea se apresuró a pedir el cuerpo de Jesús para enterrarlo, pues la religión ordenaba que los cadáveres de los condenados fueran sepultados antes de caer la noche ( Deut 21,22), y con mayor razón aquel día, que era una fiesta importante. El sepulCrón de que se habla estaba en la pendiente del cerro. Se entraba por una puerta muy baja, que se cerraba con una gran piedra redonda, como de molino (ver comentario de Jn 19,41.Como la semilla es sembrada en la tierra, así el cuerpo de Jesús es sepultado para que surja la criatura nueva (Rom 6,35). Ver también comentario de Mt 27,52. 

 

 

 

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Mc. 16, 1 - 20

             HA RESUCITADO, NO ESTÁ AQUÍ (MT 28; LC 24; JN 20)   [1] Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo. [2] Y muy temprano, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Se decían unas a otras: [3] «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?» [4] Pero cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada a un lado, a pesar de ser una piedra muy grande. [5] Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron. [6] Pero él les dijo: «No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron. [7] Ahora vayan a decir a los discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea. Allí lo verán tal como él les dijo.» [8] Las mujeres salieron corriendo del sepulcro. Estaban asustadas y asombradas, y no dijeron nada a nadie por el miedo que tenían.  APARICIONES Y CONCLUSIÓN DEL EVANGELIO   [9] Jesús, pues, resucitó en la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. [10] Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban. [11] Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no le creyeron. [12] Después Jesús se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito. [13] Volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron. [14] Por último se apareció a los once discípulos mientras comían y los reprendió por su falta de fe y por su dureza para creer a los que lo habían visto resucitado.  [15] Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. [16] El que crea y se bautice se salvará; el que se niegue a creer se condenará. [17] Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; [18] tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos.» [19] Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. [20] Ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares. El Señor actuaba con ellos y confirmaba el mensaje con los milagros que lo acompañaban.        

 

 

 

 

LA FE. - JESUS HA RESUCITADO

[1] La historia de Jesús termina con el descubrimiento del sepulCrón vacío. En la última página del evangelio se dará una breve reseña de las manifestaciones más importantes de Jesús después de su muerte, pero ya no es el Jesús de la tierra, sino el Resucitado, nacido nuevamente del Padre para no morir más, según dice el salmo: Tú eres mi Hijo, hoy mismo yo te he dado la vida.Jesús ha resucitado. Los evangelios relatan los hechos que sucedieron después de su muerte y nombran a los testigos que lo vieron resucitado. ¿Podemos creerles? Nos gustaría tener relatos más detallados para apoyar nuestra fe. Pero, en fin de cuentas, aunque se publicaran miles de entrevistas de testigos y fotos en colores para comprobar esas afirmaciones, siempre habría lugar para la duda, pues a Cristo no lo vemos ni lo encontramos: ¿dónde está?Dudamos, no porque falten los testimonios, sino porque esto nos queda demasiado grande. Ahí están los testimonios que resisten muy bien a la crítica moderna, pero ¿cómo creer que la vida humana termine en una resurrección? ¿Y cómo creer que ya un hombre haya sido resucitado? Todo es cuestión de fe, y creen aquellos que su propia experiencia dispone para entrar en esta verdad que es la Verdad última: Dios vivo ama y resucita a los hombres. Creen quienes han entendido que Dios se da a conocer a través de las pruebas y que saben que él devuelve la esperanza justamente cuando todo parecía perdido. Por eso reconocen en Cristo el modelo del hombre: debía pasar por el sufrimiento antes de llegar a la gloria. Habiendo conocido mejor por dónde se mueven las cosas de Dios, creen en los testigos del resucitado.No es más difícil creer en la resurrección de Jesús que creer en sus palabras: ambas cosas van juntas. El que cree ha vencido al mundo, dice el apóstol Juan. Esto significa que ha superado el falso sentido que la mayoría de la gente da a su existencia, por no conocer todavía el amor de Dios. El que cree ha vencido también el temor que todos sentimos cuando hay que dejar de lado las luces de nuestra razón y ponernos en las manos de Dios. 

 

 

[9] En el versículo 8 el Evangelio de Marcos se interrumpe de improviso. Esperábamos el encuentro de Jesús con sus apóstoles en Galilea, pero no viene. ¿Por qué? No lo sabemos. Solamente está, en forma de conclusión, una breve reseña de las principales apariciones de Jesús resucitado. 

 

 

[15] Anuncien la Buena Nueva a toda la creación. Es la semilla que se sembrará en el mundo y producirá frutos a su debido tiempo en todos los campos de la actividad humana. Los que se salvan no son «almas», ni tampoco individuos aislados. Los que han sido renovados por el bautismo anuncian el Evangelio a la creación en todas sus actividades y trabajos, siendo el fermento que transforma la historia de la humanidad.

 

 

EL NOMBRE DE JESUS

Al resucitar Jesús, su naturaleza humana empieza a participar plenamente de la gloria divina. Jesús es ahora Hijo de-Dios-con-poder (Rom 1,1), y nos pide que creamos en su Nombre, o sea, en el poder divino que acaba de recibir y que actúa en él.El Nombre es un término que significa poco para nosotros, pero para los judíos significaba la presencia activa de Dios. Este término permitía hablar de la presencia misteriosa de Dios sin desmedro de su grandeza. Por ejemplo, la Biblia no dice que Dios caminaba con los hebreos hacia la Tierra Prometida (sabemos que Dios no va caminando); en cambio dice que su Nombre (Núm 6,27) o su Rostro (Ex 33,14), o su Angel (Ex 23,23) estaba en medio de ellos. Dios no podía encerrarse en un Templo de piedras, pero la Biblia decía que su Nombre residía en aquel lugar para bendecir desde allí todas las actividades de su pueblo (1 R 8,27 y 29).El Nombre, pues, significaba el poder o la presencia divina. Y Pablo dice que Jesús resucitado ha recibido un Nombre que supera todo otro nombre (Fil 2,9). Dios Padre se lo ha comunicado, y Jesús, que lo recibe del Padre, no es menos que él: todo lo que es del Padre es ahora suyo. Jesús no recibe solamente un título o una gloria divina, pues la Gloria divina no podría darse a ningún otro que a Dios; si él recibe un título divino (ya anunciado en Is 9,5), es porque en realidad ya había recibido del Padre la Divinidad, o sea, su mismo Ser divino.Jesús, pues, es Dios igual que el Padre, pero lo es de un modo diferente, porque todo lo recibe del que todo lo tiene. Por eso también está escrito que su Nombre es El Hijo (Heb 1,4). Y cuando nos dirigimos al Padre invocando el Nombre de Jesús, esto significa mucho más que ampararnos con sus méritos (Heb 5,9) o valernos de su poderosa intercesión (Heb 7,25); en el Nombre de Jesús nos presentamos como hijos, sabiendo que Dios nos abraza en el mismo amor paterno que tiene a su muy Amado (Ef 1,6).En adelante el Señor Jesús somete poco a poco, con poder divino, la historia de los hombres y el recorrido personal de cada uno de nosotros. Los discípulos son enviados al mundo para sanarlo y santificarlo. Los milagros y sanaciones, cuya importancia se enfatiza en este párrafo, no son el fin, sino señales y medios; el fin de la evangelización es que toda la creación se reúna en torno a la Persona del Hijo de Dios hecho hombre, por obra de su Espíritu. «No teman, nos dice Jesús, mi Iglesia no es un refugio contra el mundo, sus seducciones y sus problemas, sino que, al bautizarse, cada uno de ustedes empieza a ser apóstol».Estas señales acompañarán a los que crean (17).Los Hechos de los Apóstoles relatan algunas de estas señales y milagros en los primeros años de la Iglesia. Hoy se siguen verificando, con otras más, en todos los lugares en que los cristianos toman en serio su misión de evangelizar la creación. 

 

 

 

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