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La traducción utilizada es la de La Biblia Latinoamericana ®, excepto Jd (que es de la misma versión pero de una edición diferente. Ver nota al pie de Jd)

Se toma textualmente junto con las notas al pie de cada capítulo.

YA que las notas NO son la Palabra de Dios, NUNCA deben de ser tomadas como tal.

 

Tomado del sitio: http://www.crsistemas.com.ar/LaBiblia.nsf

 

 

Mt 1 - Mt 2 - Mt 3 - Mt 4 - Mt 5 - Mt 6 - Mt 7 - Mt 8 - Mt 9 - Mt 10 - Mt 11 - Mt 12 - Mt 13 - Mt 14 - Mt 15 - Mt 16 - Mt 17 - Mt 18 - Mt 19 - Mt 20 - Mt 21 - Mt 22 - Mt 23 - Mt 24 - Mt 25 - Mt 26 - Mt 27 - Mt 28 -

 

 

Mt. 1, 1 - 25

             LOS ANTEPASADOS DE JESÚS   [1] Libro de los orígenes de Jesucristo, hijo de David e hijo de Abrahán. [2] Abrahán fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos. [3] De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram. [4] Aram fue padre de Aminadab, éste de Naasón y Naasón de Salmón. [5] Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé. [6] Jesé fue padre del rey David. David fue padre de Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías. [7] Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá, [8] Josafat, Joram, Ocías, [9] Joatán, Ajaz, Ezequías, [10] Manasés, Amón y Josías. [11] Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia. [12] Después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel. [13] Zorobabel fue padre de Abiud, Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor. [14] Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud. [15] Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. [16] Jacob fue padre de José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. [17] De modo que fueron catorce las generaciones desde Abrahán a David; otras catorce desde David hasta la deportación a Babilonia, y catorce más desde esta deportación hasta el nacimiento de Cristo.  JESÚS NACE DE UNA MADRE VIRGEN  (Lc 1,27)  [18] Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. [19] Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla. [20] Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, [21] tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». [22] Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: [23] La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. [24] Cuando José se despertó, hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado y tomó consigo a su esposa. [25] Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.   

 

 

[1] Muchos libros de la Biblia se esmeran en demostrar que los acontecimientos o los personajes de que hablan se arraigan en la historia anterior, pues toda la Biblia saca su fuerza de una continuidad de la historia y de la fidelidad de Dios a sus promesas. Es el sentido de esta «genealogía» o lista de antepasados. Mateo prefiere decir, como los otros libros de la Biblia: libro de los orígenes.Esta lista contiene 42 nombres, ordenados en tres series de catorce, cifra simbólica; no es una lista completa. Jesús es hijo de Abraham, padre de los creyentes, a quien Dios prometió que todas las naciones se reunirían en torno a su raza. Jesús es también hijo de David, como debía de ser el Salvador prometido a Israel.La primera serie de nombres están en Rut 4,18. Los de la segunda, que son los reyes hijos de David, son recordados en el Libro de los Reyes. La Biblia no dice nada de los descendientes de Zorobabel (Esdras 3 y 4).El v.16 precisa que José sólo fue padre adoptivo de Jesús. Pero esto era suficiente para que Jesús fuera considerado, como José, hijo de David.Cuatro mujeres se nombran, Tamar (Gén 38), que dio todo para no perder las bendiciones divinas. Rahab, una prostituta extranjera que la Biblia elogia (Jos 2). Rut, otra extranjera de vida ejemplar. La viuda de Urías, la bella Betsabé, que compartió el pecado de David. Todo esto nos anuncia discretamente al que vino a salvar a los pecadores y para abrir el reino de Israel a las muchedumbres venidas de los demás pueblos.El Salvador es la flor y el fruto de nuestra tierra así como de la raza elegida (Is 45,8). Dios había educado pacientemente a su pueblo; la conciencia colectiva y la experiencia religiosa habían alcanzado una madurez suficiente para que la venida y la predicación de Jesús tomara su pleno sentido y tuviera valor para la humanidad de todos los tiempos.Jesús se arraiga en la humanidad al cabo de siglos de una historia marcada por el pecado y también por la esperanza. Entendamos que todos somos solidarios de Cristo por la sangre, antes de serlo por la fe. La historia de nuestro tiempo, tanto como la vida de nuestras familias, prepara la segunda venida de Cristo.Otra genealogía de Jesús que encontramos en Lucas 3,23, destacará la solidaridad de Jesús con la raza humana entera. 

 

 

[18] Ya se notó la precisión aportada por el versículo 16: Jesús no es hijo de José. El párrafo que ahora empieza quiere recordar que Jesús es a la vez el descendiente legítimo de David, gracias a José, y el Hijo de Dios concebido por obra del Espíritu santo por una madre virgen.«Frases escuetas, casi tímidas, no osan deshojar el misterio de María, la mujer Virgen a través de la cual la vida de la tierra sube hasta Dios para ofrecerse como un obsequio. Un enviado atraviesa la noche y dialoga con palabras calladas. Sugerencia de un mundo abierto a presencias activas de Dios.»En cuanto a la virginidad de María, ver Lc 1,26.María estaba comprometida. En el pueblo judío esta situación daba ya los derechos de la vida conyugal, solamente que la mujer seguía viviendo en casa de su padre y bajo su autoridad. La sociedad judía era tremendamente machista. Toda mujer debía pertenecer a un hombre, ya fuera su padre, su esposo, o su hijo, en caso de que fuera viuda. María ya es esposa de José, pero él no tiene autoridad sobre ella hasta que la reciba en su casa (vs. 20 y 24).La virginidad de María iba contra toda la mentalidad judía, que ponía en primer plano la fecundidad. Para José, sin embargo, aceptar esta situación no era cosa descabellada. Pues en esa época, entre los judíos, algunos del partido de los Esenios vivían el celibato como monjes.José pensó despedirla. El Evangelio no precisa por qué lo hacía, ni si María lo había puesto al corriente de lo sucedido. En todo caso es difícil imaginar a José dudando de la fidelidad de María; ni ella ni él eran de ese tipo de personas que pueden traicionar, y él lo sabía.En el Evangelio la intervención del ángel no es para tranquilizar a José sino para informarle de cuál es el papel que le corresponde en el plan de Dios: le pondrás el nombre..., y lo llamarás Jesús y lo recibirás como tu hijo. José era descendiente legítimo de David. Es muy probable que María no perteneciera a la tribu de Judá, que era la de David, sino que, al igual que su prima Isabel, haya pertenecido a una familia de sacerdotes de la tribu de Leví.Lo llamarás Jesús. Jesús es la forma castellana de Jeshuá, nombre que significa Salvador. Este era un nombre bastante común entre los judíos, y ya lo llevaba aquel al que nombramos Josué. Ese nombre anticipaba lo que sería el niño.Mateo cita una profecía de Isaías (Is 7,14) para confirmar que Jesús es a la vez el descendiente de David y la presencia de Dios en la tierra, Emmanuel, Dios-con-nosotros. Es una manera de recordar el misterio que entraña su persona. Jesús, que nace de María en el tiempo, es el propio Hijo Unico del Padre, nacido de Dios desde la eternidad; no hay lugar para dos padres. Es así como la paternidad adoptiva de José encubre y protege un misterio. 

 

 

 

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Mt. 2, 1 - 23

             DEL ORIENTE VIENEN UNOS MAGOS   [1] Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén [2] preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.» [3] Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto. [4] Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías. [5] Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta: [6] Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel. [7] Entonces Herodes llamó en privado a los Magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. [8] Después los envió a Belén y les dijo: «Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje.» [9] Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. [10] ¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez a la estrella!. Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. [12] Luego se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino.  LA HUIDA A EGIPTO   [13] Después de marchar los Magos, el Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo.» [14] José se levantó; aquella misma noche tomó al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, [15] permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por boca del profeta: Llamé de Egipto a mi hijo. [16] Herodes se enojó muchísimo cuando se dio cuenta que los Magos lo habían engañado, y fijándose en la fecha que ellos le habían dicho, ordenó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores. [17] Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Jeremías: [18] En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos: éstos ya no están, y no quiere que la consuelen.  JOSÉ Y MARÍA VUELVEN A NAZARET   [19] Después de la muerte de Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: [20] «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño.»  [21] José se levantó, tomó al niño y a su madre, y volvieron a la tierra de Israel. [22] Pero al enterarse de que Arquelao gobernaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Conforme a un aviso que recibió en sueños, se dirigió a la provincia de Galilea [23] y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''.       

 

 

[1] Desde las primeras generaciones cristianas hubo relatos populares que trataban de decir todo lo que no se sabía de Jesús y que no se encontraba en los Evangelios. Y esto se parecía mucho a las historias judías sobre la infancia de Abrahán y de Moisés. De ahí salieron ciertamente la estrella de los magos y la masacre de los niños de Belén, y es inútil actualmente inclinarse sobre las tablas astronómicas para encontrar algún cometa que pasó en esa época.En este capítulo, pues, Mateo utiliza esas historias sin preocuparse lo más mínimo por su dudosa autenticidad. Se sirve de ellas para mostrar cómo Jesús revivió a su manera lo que había vivido su pueblo. De ahí esas diez citas del Antiguo Testamento en las que cada vez se dice: «así debía cumplirse». Es una manera de decir que hay que releer los textos. Estos hablaban del pueblo, y al mismo tiempo anunciaban a Jesús. En cierto sentido El vivirá lo que aquél había vivido: caminatas, búsqueda, alegrías, duelos, pero con él todo tomará un nuevo sentido.Los Magos eran sacerdotes muy respetados de la religión de Zoroastro, que también eran astrólogos y adivinos. En este relato los magos representan a las otras religiones que no son las de la Biblia. Así, pues, mientras los sacerdotes de los judíos, jefes del pueblo de Dios, no reciben aviso del nacimiento de Jesús, Dios lo participa a algunos de esos amigos suyos que están muy lejos de su pueblo. Esta lección vale para todos los tiempos: Jesús es el Salvador de todos los hombres y no solamente de los que se ubican en su Iglesia.Así Dios sabe hablar a todos los hombres por medio de los acontecimientos, y los encuentra allí mismo donde ellos buscan. Llama a los Magos por medio de una estrella, y a los pescadores después de una pesca. 

 

 

[13] Al narrar la matanza de los inocentes y la huida a Egipto, Mateo cita dos palabras de los profetas Os y Jeremías, referentes a las pruebas que soportó el pueblo de Dios en el pasado. Jesús ha de vivir en el destierro y en la angustia como sus antepasados. Empieza la persecución cuando nace y lo acompañará hasta la muerte.Este Herodes no era peor que los gobernantes que, en cualquier época, se muestran más celosos de su poder que deseosos de servir. Pero los enemigos del Evangelio, por más que derramen la sangre inocente, no pueden ahogar a la Iglesia ni contrarrestar los planes de Dios.La tradición de la Iglesia siempre ha afirmado que esos niños, masacrados en lugar de Jesús sin haberlo deseado, también comparten su gloria sin haberlo merecido. Con esto nos invita a pensar que el misterioso amor de Dios cubre los millones de niños masacrados y centenas de millones de otros eliminados antes de nacer. ¿Qué debemos pensar de tantas posibilidades aplastadas? Las personas y las sociedades responsables de este desastre son las que sufren las consecuencias, sembrando en lo más profundo de sí mismas semillas de muerte. Dios, por su parte, tiene en sus manos todos los destinos y de antemano los conoce; siempre es posible suprimir vidas, pero nunca limitar sus generosidades. 

 

 

[19] José vuelve a Nazareth. Así finalizan estas historias que son como una introducción al Evangelio. Figuran de antemano la suerte trágica de Cristo: Salvador desconocido por las élites religiosas de los judíos (los sacerdotes de Jerusalén), perseguido por el poder, Jesús se dirigirá a las naciones paganas para darles el Evangelio (pues Galilea era considerada por los judíos como una provincia medio extranjera y pagana: 4,15). Jesús va a estar más de treinta años en ese pueblito donde se cría, y del que pasa a ser el artesano-carpintero (Mc 6,13), mientras el mundo está esperando su salvación. 

 

 

[21] Lo llamarán Nazoreo. Mateo juega con esta palabra que recuerda a la vez nezer, o rama (Is 11,1) y nazir (Núm 6). Era el tiempo en que ciertos grupos judíos predicaban y bautizaban, como hizo Juan Bautista, siendo considerados por el pueblo como nazires. Jesús era a la vez nezer (Jn 3,22-26) y nazir.Muchos se preguntan qué hizo Jesús entre los doce años, edad que tenía cuando se quedó en el Templo (Lc 2,41-51), y los treinta años, edad aproximada de Jesús cuando empezó su ministerio público. Incluso hay farsantes que se basan en este silencio del Evangelio para imaginar que Jesús fue a ver a los fakires de India o que estuvo con los extraterrestres... No cuesta nada inventar fábulas.Conviene recordar, en primer lugar, que el Evangelio no es una «Vida de Jesús», o sea, una historia desde su nacimiento hasta la muerte. El Evangelio pretende sólo comunicarnos los hechos más sobresalientes y las palabras con las que Jesús entregó al mundo su mensaje. Los primeros evangelios empezaban con el bautismo de Juan, que preparó la predicación de Jesús: así lo vemos en Marcos (Mc 1,1) y Juan (Jn 1,18). Posteriormente, Mateo y Lucas pusieron algo de su niñez que ayudaba a entender su mensaje y el secreto de su persona.En segundo lugar, leamos a Mateo 13,54-56 para comprobar que Jesús se crió en Nazaret. Cuando se extrañan de su actuación, no dicen: ¡Seguramente viene de otro planeta!, o: ¡Se lo habrán enseñado los sabios extranjeros!, sino: ¿Qué le pasa al carpintero, después de tantos años que lo conocemos?En tercer lugar, digamos que la palabra de Dios es siempre y al mismo tiempo palabra de hombre. Un profeta puede decir palabras de Dios en cuanto, como hombre, siente algo y ha experimentado fuertemente algo que quiere comunicar. Jesús habla las palabras de Dios porque, como hombre, tiene un conocimiento excepcional de lo que hay en el hombre (Jn 2,2). Los años de Nazaret no fueron tiempo perdido: Jesús interiorizó la cultura de su pueblo y los acontecimientos que afectaban a su nación; experimentó el trabajo, las relaciones humanas, el sufrimiento, la opresión... Todo esto debía conocerlo para que sus palabras tuvieran el peso de verdad que hoy todavía encontramos en ellas. 

 

 

 

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Mt. 3, 1 - 17

             JUAN BAUTISTA ANUNCIA LA VENIDA DE JESÚS(Mc 1,1; Lc 3,1; Jn 1,19)   [1] Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea; [2] éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.» [3] Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos. [4] Además de la piel que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. [5] Venían a verlo de Jerusalén, de toda la Judea y de la región del Jordán. [6] Y junto con confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán. [7] Juan vio que un grupo de fariseos y de saduceos habían venido donde él bautizaba, y les dijo: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima? [8] Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: "Abrahán es nuestro padre". [9] Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán aún de estas piedras. [10] El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego. [11] Yo los bautizo en el agua, y es el camino a la conversión. Pero después de mí viene uno con mucho más poder que yo, - yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias - él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego. [12] Ya tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus bodegas, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga.»  JESÚS RECIBE EL BAUTISMO DE JUAN(Mc 1,9; Lc 3,21; Jn 1,29)   [13] Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. [14] Juan quiso disuadirlo y le dijo: «¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti.» [15] Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora. De este modo respetaremos el debido orden.» Entonces Juan aceptó. [16] Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él.  [17] Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido.»         

 

 

[1] Ya dijimos en la Introducción que el verdadero comienzo del evangelio es la predicación de Juan Bautista. Aquí Mateo compara a Jesús y a Juan, el bautismo de Juan y el bautismo de Jesús. Ver el comentario de Mc 1,1 y de Lc 3. 

 

 

[13] Al juntarse con los que iban a recibir el bautismo de Juan, Jesús se identifica con su pueblo, más precisamente con ese mundo de personas sin título que han ido a escuchar un llamado a la conversión. Respetaremos el debido orden (15) El texto dice: "cumpliremos la justicia", es decir, el plan de salvación establecido por Dios. Esta es para él la oportunidad de vivir una profunda experiencia religiosa que recuerda la de los grandes profetas. ¿Qué dice la voz? Le da a Jesús su misión: él será en adelante el Hijo y Servidor del Padre (Sal 2 e Is 42,1).*@*NUEVO TESTAMENTO\Mt\4.[1] Este suceso es comentado en parte en el evangelio de Lucas 4,1-13.Jesús es pues «Hijo de Dios», en el sentido que tenía la palabra en ese tiempo: acaba de ser consagrado como rey, profeta y salvador, y él lo sabe. ¿Pero cómo va a ser eso y cómo va a actuar Dios con respecto a este hijo? Esto es lo que va a ser cuestionado y que se esclarecerá poco a poco. La prueba va a estar presente a lo largo de todo el ministerio de Jesús: sus adversarios irán a pedirle señales, milagros, y sus propios discípulos le pedirán que se preocupe un poco más de sí mismo. Esa prueba permanente es la que el evangelio nos presenta aquí por medio de imágenes. Y pone de propósito esa tentación en el desierto y al comienzo, para decirnos que Jesús venció al espíritu del mal incluso antes de comenzar su misión.Después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches. Ese período de tiempo de cuarenta días (que representa simbólicamente las cuarenta semanas que pasa el niño en el seno de su madre, y la preparación para un nuevo nacimiento) se encontró ya en la vida de Moisés y de Elías: Ex 24,18 y 1Re 19,8. Ese ayuno es para Jesús lo que había sido para Abrahán el pedido de sacrificar a su hijo, y para Moisés la rebelión del pueblo sediento o el asunto del ternero de oro. En un momento de total lucidez, cuando Jesús se sentía espiritualmente fortalecido por su ayuno, el diablo trató de convencerlo de que era imposible cumplir su misión con los medios que Dios le proponía.Cosa extraña, el Evangelio nos presenta este encuentro entre Jesús y el tentador (pues eso quiere decir Diablo) como una discusión entre maestros de la Ley basándose en textos bíblicos, sin duda para hacernos sentir que hasta los mismos textos bíblicos pueden engañarnos si nos falta el espíritu de obediencia a Dios.Las tres tentaciones recuerdan a las del pueblo hebreo en el desierto (Ex 16,2; Ex 17,1; Ex 32). En las aguas de Meriba murmura contra Dios que lo lleva por un camino difícil; luego, pone a prueba a Dios: "¿Podrá hacer algo por nosotros?" Y por último, cambia a Dios, su gloria, por otro dios que se ha fabricado a su medida: el ternero de oro. Y Jesús responde citando tres textos del Deuteronomio, un libro que se detiene largamente en las rebeliones del pueblo de Dios en el desierto. La perfectas obediencia del Hijo se opone a las infidelidades del pueblo.Jesús sale vencedor de la prueba, pero después de él también la Iglesia deberá afrontar esas tentaciones. Puede ser tentada de satisfacer los deseos de los hombres en vez de ofrecerles la verdadera salvación. Jesús nos enseña a ser fuertes frente a las astucias del diablo, sirviéndonos igual que él de la palabra de Dios.Se acercaron los ángeles... Después de rechazar la tentación, Jesús encuentra una plenitud. Su corazón limpio le da acceso a un mundo espiritual que existe realmente tal como los seres y las cosas que nos rodean, pero que escapa a la mirada del hombre. Ahí, siendo El Hijo, es rey entre los espíritus servidores de su Padre (Heb 1). 

 

 

[17] El reino de los Cielos está ahora cerca. En aquel tiempo los judíos no pronunciaban el nombre de Dios, sino que acostumbraban designarlo con la expresión «Los Cielos» (ver com. en 5,1) El reino de los Cielos es el reino de Dios. Dios viene para reinar entre nosotros, lo que significa que desde ahora recibimos la salvación definitiva.Renuncien a su mal camino. El texto pone una palabra que puede traducirse: arrepiéntanse, o: conviértanse. Pues significa un vuelco en la manera de pensar y de actuar. Se trata de tomar otro camino (ver com. de Mc 1,14). esto, sin embargo, puede entenderse de mil maneras. En boca de Juan Bautista significaba: apártense de sus vicios. Pero Jesús mostrará que esa renovación de toda la vida procede de un cambio interior, y éste es la obra del Espíritu en nosotros. 

 

 

 

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Mt. 4, 1 - 25

             (Lc 4,1; Mc 1,12)  [1] El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, [2] y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre. [3] Entonces se le acercó el tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.» [4] Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» [5] Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. [6] Y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues la Escritura dice: Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna.» [7] Jesús replicó: «Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.» [8] A continuación lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas. [9] Y le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras.» [10] Jesús le dijo: «Aléjate, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y a El solo servirás.» [11] Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle.(Mc 1,14; Lc 4,14) [12] Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. [13] No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. [14] Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: [15] Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán, Galilea, tierra de paganos, escuchen: [16] La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte. [17] Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca.» [18] Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. [19] Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» [20] Al instante dejaron las redes y lo siguieron. [21] Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó, [22] y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. [23] Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades. [24] Su fama se extendió por toda Siria. La gente le traía todos sus enfermos y cuantos estaban aquejados por algún mal: endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los sanaba a todos. [25] Empezaron a seguir a Jesús muchedumbres: gente de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.  

 

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Mt. 5, 1 - 48

             LAS BIENAVENTURANZAS (LC 6)   [1] Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. [2] Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: [3] «Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [4] Felices los que lloran, porque recibirán consuelo. [5] Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. [6] Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. [7] Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia. [8] Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios. [9] Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios. [10] Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [11] Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. [12] Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes.  SAL Y LUZ (MC 4,21; LC 14,34; 8,16; 11,33)   [13] Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal deja de ser sal, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente. [14] Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? [15] Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. [16] Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.  UNA LEY MÁS PERFECTA   [17] No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para llevar a la forma perfecta. [18] En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice. [19] Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. [20] Yo se lo digo: si no hay en ustedes algo mucho más perfecto que lo de los Fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos.  [21] Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio.» [22] Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno. [23] Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, [24] deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda. [25] Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias que te encerrarán en la cárcel?  [26] En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo.  [27] Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio.» [28] Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón.  [29] Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. [30] Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.  [31] También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.» [32] Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, a no ser por motivo de infidelidad, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio.   NO JURAR   [33] Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados: «No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor.» [34] Pero yo les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios; [35] ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. [36] Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos.  [37] Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del demonio.  AMAR A LOS ENEMIGOS (LC 6,29)  [38] Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente.»  [39] Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. [40] Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. [41] Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. [42] Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda.  [43] Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.» [44] Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, [45] para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. [46] Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. [47] Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. [48] Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.        

 

 

[1] Jesús subió a la montaña: Mateo sitúa este discurso de Jesús en algún lugar de las colinas que bordean el lago de Tiberíades. Eso no obstante habla de un monte para recordar al monte Sinaí donde Moisés había recibido la Ley (Ex 19). Es porque, en este primer "Discurso de Jesús" (véase la Introducción), Mateo lo presenta como el Maestro que da a Israel y a todos los hombres la nueva y definitiva Ley.La fórmula: pero yo les digo... aparecerá seis veces para recalcar la oposición entre la Ley de Moisés y la nueva ley.¡Felices! Este primer párrafo nos presenta al nuevo pueblo de Dios a quien le ha sido dad la Ley. No olvidemos que para la Biblia, la Ley no sólo son los mandamientos sino también las intervenciones y declaraciones de Dios que han hecho de Israel su propio pueblo, llamado a realizar una misión en el mundo. La ley había sido dada a los "hijos de Abrahán y de Israel", a los que Moisés había sacado de Egipto. Muchos textos decían: "Feliz tú, Israel!", es decir, tienes mucha suerte de haber sido elegido, y es un gran privilegio para ti ser el pueblo de Dios entre todos los pueblos de la tierra; feliz tú, porque a ti te ha confiado Dios sus palabras ( Deut 33,39; Sal 144,15; Ba 4,4). Y he aquí que de entrada el Evangelio nos habla de otro pueblo de Dios. Ya no es el pueblo de las doce tribus con su tierra, su lengua, sus fronteras y sus ambiciones nacionales, sino que es el pueblo de aquellos que Dios buscará en medio de todas las naciones. ¿Y quiénes son esos elegidos que deben considerarse muy felices por tal llamado? Son los pobres, los que lloran, los que muchas veces se han visto tentados de maldecir de su suerte, de sus culpas y de sus propias contradicciones.Mateo nos presenta aquí ocho Bienaventuranzas, mientras que Lucas 6,20-26 no tiene más que tres (los pobres, los que tienen hambre, los que lloran). Pero eso no importa, pues, en realidad, no desarrollan más que un solo y mismo tema. La principal diferencia entre Mateo y Lucas radica en que sus Bienaventuranzas se dirigen a dos grupos distintos.Lucas nos da las bienaventuranzas tal como Jesús las proclamó. Se dirigía al pueblo sufrido, siendo uno de ellos, y les hablaba como hacían los profetas, sin matices y sin entrar en distinción de personas: ustedes, los pobres, son los primeros beneficiarios de las promesas de Dios.Mateo, en cambio, adapta las palabras de Jesús para sus oyentes. La Iglesia se había difundido ya y, en sus comunidades, había de todo: esclavos, gente sencilla y acomodada. Mateo, de alguna manera contempla las maravillas que Dios realizó en ellos cuando pone en boca de Jesús estas congratulaciones: Felices aquellos que han acogido mi espíritu, porque verán a Dios. Y Mateo completa su lista con los artesanos de la paz y los de corazón limpio.En resumen, Lucas dice a quiénes se dirige con prioridad la evangelización, y es al pueblo más sufrido y postergado. Mateo, por su parte, felicita a los los que ya ingresaron a la Iglesia si son dignos de Dios que los llamó. Los que son llamados felices no lo son porque sufren, pues esa expresión sonaría mal, sino porque se les abre el Reino.De ellos es el Reino de los Cielos (3), e inmediatamente después: poseerán la tierra. La contradicción es sólo aparente.En primer lugar, hay que entender el término Cielos en el sentido que tenía en tiempos de Jesús. Por respeto a Dios, los Judíos no querían nombrarlo y preferían designarlo con otras palabras: el Cielo, el Poder, la Gloria. El Reino de los Cielos significa exactamente: el Reino de Dios, lo mismo que el Padre que está en los Cielos significa el Padre-Dios. No se trata de la recompensa que tendremos después de la muerte, «en el Cielo», sino del Reino de Dios que llega a nosotros en esta tierra con la proclamación de Jesús.Como asimismo hay que dar a la tierra su verdadero sentido. Esa tierra, para la Biblia, era la de Palestina, pues allí era donde Dios venía a salvar a su pueblo. Y el Evangelio, por su parte, no opone lo material con lo espiritual; efectivamente el término "espiritual" no figura en ninguna parte del Evangelio. Cuando Dios hablaba por medio de los profetas, prometa a su pueblo un mundo donde serían satisfechas todas sus necesidades: banquetes bien regados (Is 25,6), una larga vida, agua para regar la tierra, la liberación de todas las opresiones, un reino de justicia. Pero más que todo eso, Dios viviría en medio de los hombres y les comunicaría su Espíritu: "Serán mi pueblo y yo seré su Dios" (Ez 37,24).De igual modo en las Bienaventuranzas, el Reino de Dios es al mismo tiempo la tierra de Palestina prometida a los hijos de Abrahán y la tierra donde reina la paz pues Dios está allí presente. Los que tienen hambre de justicia recibirán al mismo tiempo el pan y la santidad de Dios, porque en la Biblia justicia significa también: ser tales como Dios quiere vernos.Y así es como Jesús nos dice que seremos saciados y consolados. Nuestro consuelo en la tierra consiste en saber y en ver que Dios nos ama y que se preocupa por nosotros y que a pesar de todo, cambia la situación de los oprimidos. También consiste en saber que, aun cuando parezca que no atiende a nuestras plegarias, nuestra cruz sin embargo tiene un sentido y un fin. Por último, y esto es lo más, consiste en saber que en la otra vida Dios nos dará más que todo lo que podemos esperar o merecer.Hasta que llegó Jesús se estaba esperando. Jesús nos dice que ha empezado una nueva era: Dios está en medio de nosotros y su Reino está ya a disposición de aquellos que tienen puro el corazón, es decir, que han purificado sus deseos: verán a Dios. Felices... los perseguidos. Mateo, igual que Lucas se explaya más sobre este último punto pues, estemos donde estemos, no podremos vivir el Evangelio sin sufrir persecución 

 

 

[13] Jesús acaba de designar a los que han sido llamados para el Reino. En primer lugar les mostrará cual es su misión. La Iglesia es sal y luzLos judíos no se fijaban tanto en que la sal da sabor, sino en que conserva los alimentos. Alianza de sal era la alianza de Dios con los sacerdotes, por cuanto era duradera y aseguraba la permanencia del pueblo elegido por Dios (Núm 18,19). Así, pues, los discípulos de Jesús son sal de la tierra, porque ellos hacen entrar al mundo en la alianza de Dios. Deben mantener en el mundo las inquietudes por la justicia verdadera y, con esto, impedir que las sociedades humanas se estanquen en la mediocridad.El mundo por sí mismo no sabe para qué lo llama Dios, y los que se presentan como luces no lo serán jamás si no se hacen discípulos. Pero a ustedes, que no son salvadores ni los mejores del mundo, Dios los ha elegido para que sean esa minoría por cuyo intermedio él se dará a conocer. A ustedes y también a la Iglesia les sucederán muchas cosas que tal vez les disgusten, pero serán para el mundo una señal de Dios.Hijos de la luz: cf. Ef 5,8; 1 Pe 2,12; 2 Tes 5,4. 

 

 

[17] Aquí comienza la presentación de la nueva Ley. Estamos lejos de lo que se busca con frecuencia en una religión: prácticas que observar, ayunos, oraciones y buenas obras con las cuales merecemos la salvación. Jesús casi no hablará de todo eso pues la Biblia ya se ha extendido ampliamente sobre el tema, y el mismo estudio de la Biblia nos muestra que esas leyes y prácticas están siempre ligadas a una determinada cultura y que deben adaptarse con el tiempo. La Ley (18): esa palabra designaba a veces a toda la religión de Israel. La Ley y los Profetas era una manera de referirse a toda la Biblia.Hasta que todo se realice. Jesús no habla sólo de cumplir los mandamientos. Más bien es la religión del Antiguo Testamento la que ha de cumplirse. Pues era una etapa transitoria, aunque necesaria, en la historia de la salvación. Las profecías tenían que cumplirse; asimismo los ritos y sacrificios de dicha religión, que expresaban a su manera el misterio del pecado y de la misericordia, debían aclararse en la persona de Jesús.Y por eso, si bien la observancia de las leyes de la Biblia no es para nosotros la regla suprema, vemos en ellas expresiones del amor verdadero y su protección. Al mirarlas para interiorizar su espíritu, nos ponemos a disposición del Espíritu, que nos llevará más lejos aún. Así descubriremos una «justicia» o una perfección muy superior a la de los canonistas de ese tiempo, que eran los escribas y fariseos (5,20).En el momento en que Jesús se dispone a enseñarnos una nueva manera de entender la Ley de Dios, nos pone en guardia contra la tentación de lo fácil. Muchas personas podrían aprovecharse de las palabras de Jesús y decir: «¡Menos mal! Ya no hay tanto que cumplir; la religión va a ser más fácil!» Por eso Jesús precisa: El que no cumpla hasta lo más mínimo de la Ley no entrará al Reino. No entrarán los que siempre encuentran pretextos para disculpar su dejación: «Estos mandamientos no son muy importantes.» Hay otros, en cambio, que fueron cumplidores de la Ley hasta el día en que Jesús les mostró que lo más importante no era la Ley, sino su espíritu. Estos, al seguir a Cristo, no pensarán haber encontrado un camino más fácil, sino el llamado a una vida más perfecta. 

 

 

[21] Aquí comienzan las oposiciones: Ustedes han escuchado... pero yo les digo. Esta fórmula se repetirá seis veces. Jesús alude a la lectura bíblica que se hacía cada sábado en las sinagogas. Igual como se hace actualmente en la Iglesia, tenía sus pasajes asignados para cada semana. Se escuchaba el texto hebreo o se lo traducía al arameo, la lengua popular, y los dirigentes de la sinagoga o los invitados ocasionales hacían el comentario. Jesús se había dado a conocer tomando la palabra en esas asambleas y es muy probable que más de una vez haya dicho: Ustedes acaban de oír, pero yo les digo, pues "hablaba con autoridad" (Mt 7,29).Jesús no cuestiona las exigencias de la Biblia ni se contenta tampoco con hacer un comentario de ellas; la ley de Cristo es un llamado a la purificación del corazón, es decir, de nuestras intenciones y deseos. Es una nueva lucidez que nace de una mirada puesta en Dios. Cuando nos volvemos hacia el Padre (y esa es la gran novedad: imitar a Dios-Padre: 5,48) descubrimos cuán imperfectos son los criterios humanos de moralidad.Dejemos, pues, de llamar solamente pecado a aquello que los hombres notan y condenan. Mis pecados son los malos pensamientos y deseos que alimento en mi interior y que producen malos frutos cuando se presenta la ocasión. Jesús volverá sobre este punto en 12,34. 

 

 

[26] Hasta que hayas pagado hasta el último centavo. Reparar el mal no es solamente devolver lo que me había llevado. También es ver por qué tengo una personalidad tan poco firme que me dejo llevar por cualquier deseo, y cómo podré afirmar mi voluntad. A menudo reconocemos que somos fríos para amar a Dios, poco perseverantes en el camino del bien. Este es el resultado de muchos pecados y maldades cometidos a lo largo de los años. Hemos logrado olvidarlos, pero no hemos reparado los daños que hicieron a nuestra conciencia.Si no nos purificamos en la vida presente, seremos purificados después de la muerte, y la Iglesia usa la palabra Purgatorio para designar esta purificación dolorosa. La transformación que deberá operarse en nosotros (1 Cor 15,51) no podrá hacerse sin que el Espíritu haya quemado las raíces mismas del mal hasta convertirlas en polvo (Mt 3,11). 

 

 

[27] No cometerás adulterio: Para muchos la fidelidad conyugal es una ley pesada y pasada de moda, la que se contentan con admirar en los demás. Jesús vuelve a poner la fidelidad entre las leyes del mundo interior, ahí mismo donde viene a reinar Dios, el Fiel. 

 

 

[29] Si tu ojo derecho... Hay que fijarse en la oposición: tu mano, o tu ojo, y: tú. Sepan renunciar a todo, dirá Jesús y aquí precisa: incluso a su integridad física. Mientras tanto nos gusta la moderación en todo y cada uno piensa: Hay que vivir "sin prejuicios morales", sentirse bien en su cuerpo...? Y para justificar el aborto se dirá que «cada mujer dispone de su cuerpo». Pero ¿qué valen estos criterios? Jesús responde que la verdadera vida está en otra parte y que el verdadero «yo» se crea al aceptar mutilaciones de la vida presente.¿Se trata acaso de sacrificar solamente lo que nos llevaría a una caída y a un pecado grave? Bien es cierto que Mateo coloca esta advertencia a continuación de la tentación de infidelidad del versículo 28, pero la palabra de Jesús va más lejos. Por más que nos quejemos de la vida, nos aferramos a ella, y escuchamos el Evangelio hasta que no nos pide arriesgar.¿Y si en esto consistiera el verdadero pecado y la verdadera caída, en ese miedo al riesgo, y a sacrificar su vida para responder al llamado de Dios? Aquí Jesús usa la palabra infierno, porque no se puede imaginar nada peor que esto: que nuestra vida no haya producido nada, y que el «yo» de la eternidad haya abortado. 

 

 

[31] El que se divorcie de su mujer: Ver Mc 10,1; Mt 19,2.Esta palabra de Jesús viene aquí como un ejemplo de las decisiones valientes que debe a veces tomar un cristiano. Dios pide en ciertos momentos sacrificios heróicos y los que no toman el sendero estrecho pierden una parte del Evangelio. A no ser por motivo de infidelidad. En este caso, los más antiguos escritos cristianos enseñan que puede haber separación, pero no nuevo matrimonio.Nótese, sin embargo, que donde leemos: a no ser por motivo de infidelidad, tal vez se deba traducir: fuera del caso de unión ilegítima, pues el texto original es muy equívoco. En ese caso Mateo se refería al problema de numerosos cristianos de su tiempo, convertidos del paganismo, que al entrar a la Iglesia rompían uniones ilegítimas (1 Cor 7,12-16). 

 

 

[33] Son muchos los que hablan de Dios en cualquier momento. ¿Será porque lo conocen de verdad? Los judíos hacían juramentos por cualquier motivo, y jurar es siempre una manera de invocar el Nombre de Dios. Pero si lo nombramos tan fácilmente es porque no sentimos el peso de su presencia. ¡Qué cosa más irreligiosa es hacerlo testigo de nuestra sinceridad cuando ni siquiera sabemos todo lo falso e impuro que hay en nosotros! 

 

 

[37] Cualquier otra cosa que se le añada procede del demonio, y de una preocupación ansiosa de defendernos y justificarnos ante los demás. Los hijos de Dios dejan al Padre el cuidado y la defensa de su reputación y de su persona.Ver también Mt 23,16 y Stgo 5,12. 

 

 

[39] Ojo por ojo, diente por diente: Lo leemos en la Biblia porque en el mundo de aquel entonces era una máxima sana ( Deut 19,18-21). Pretendía poner un límite a la sed de venganza y les recordaba a los jueces, e incluso a la comunidad, la obligación de defender sus miembros de aquellos que abusan del débil.No resistan a los malvados: Jesús nos pide que miremos al adversario con los mismos ojos con que él podría mirarnos; en ese caso, ¿quién es el malvado?Preséntale la otra mejilla: Sal tu primero de la cadena sinfín de la violencia. Así como se hace en el judo, desconcierta al otro haciendo justamente el gesto que no esperaba; a lo mejor se dará cuenta entonces que estaba equivocado. Jesús no duda de que esa renuncia a la violencia y a nuestros intereses obligará al Padre a manifestarse y a asumir nuestra defensa; no olvidemos que quiere llevarnos a que "veamos a Dios" actuando en nuestra vida.Si alguien te obliga a llevar una carga: Jesús se dirige a un pueblo de agricultores humillados y oprimidos por las tropas extranjeras. Su reacción habitual era la sumisión resignada que disimula el odio y aguarda la revancha. ¿Serían capaces de seguir tal consejo? Pero una cosa es cierta: si lo hubiesen puesto en práctica, habrían evitado la ruina de su nación algunos años después. 

 

 

[43] Amarás a tu prójimo. Hemos llegado a la última oposición entre la Ley antigua y la nueva. El Antiguo Testamento hablaba de amar al prójimo, pero se trataba de solidaridad entre los miembros del pueblo de Dios. Con el Evangelio no se trata sólo de una ampliación de aquello sino que es la entrada a un mundo totalmente diferente. La solidaridad dentro del grupo se apoya en un instinto natural. Pero los grupos sociales sólo existen y encuentran su identidad oponiéndose unos a otros.No harás amistad con tu enemigo. Eso no se encuentra así en la Biblia, pero su equivalente aparece en varios lugares ( Deut 7,2). Al hablar de los enemigos de la nación, y no de los enemigos personales, se pide que no se confíe en ellos, que no se los ayude e incluso que se los extermine antes que compartir sus errores.Si en la actualidad en muchos países se piensa que el amor al prójimo no tiene fronteras, hay que reconocer que eso es fruto del Evangelio. Jesús nos ha abierto el espíritu al amor del prójimo, el cual toma como modelo el amor universal de Dios Padre. Basta con abrir el diario para ver que ese amor al prójimo, cualquiera que éste sea, e incluso si pertenece a un grupo social, nacional o religioso en pugna con el nuestro, sigue siendo algo extraño a la mayoría, e incluso a los mismos creyentes de países cristianos.El amor a los enemigos: Mc 12,31; Lc 10,27; Rom 13,9; Gál 5,14; Stgo 2,8; Rom 12,20; Lc 23,34; He 7,60; Rom 12,14; 1 Cor 4,12; Ef 5,1. 

 

 

 

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Mt. 6, 1 - 34

             HACER EL BIEN SÓLO POR DIOS   [1] Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. [2] Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [3] Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: [4] tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.  [5] Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [6] Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. [7] Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga. [8] No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan.  EL PADRENUESTRO (LC 11,1; MC 11,25)   [9] Ustedes, pues, recen así: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, [10] venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. [11] Danos hoy el pan que nos corresponde; [12] y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; [13] y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.  [14] Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes. [15] Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes.  [16] Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [17] Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello. [18] No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará.  (Lc 11,34; 12,33)   [19] No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban. [20] Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar. [21] Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.  [22] Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos están malos, todo tu cuerpo estará en obscuridad. [23] Y si la luz que hay en ti ha llegado a ser obscuridad, ¡cómo será de tenebrosa tu parte más obscura!  PONER LA CONFIANZA EN DIOS Y NO EN EL DINERO(LC 12,22; 16,13)   [24] Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. [25] Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? [26] Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? [27] ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? [28] Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. [29] Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. [30] Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! [31] No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? [32] Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. [33] Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas. [34] No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.        

 

 

[1] Después de las seis oposiciones ("pero yo les digo...") Mateo nos da tres ejemplos de otro secreto sin el cual no veremos a Dios: actuar sólo para él, sin querer que alguien lo sepa, y de tal manera que nosotros mismos lo olvidemos pronto.Los que dan espectáculo. La expresión va a aparecer tres veces a propósito de las buenas acciones, de la oración y del ayuno. A menudo se traduce por "hipócritas" una palabra griega que se emplea aquí y que designa de manera mucho más amplia a los que buscan sólo aparecer, o que son superficiales y no quieren profundizar nada.Es difícil tal vez no actuar para los demás, pero es mucho más difícil hacer el bien sin mirarse a sí mismo; sin embargo, ese es el secreto que nos abre la puerta de la presencia de Dios. 

 

 

[5] El valor de la oración no depende de la cantidad de palabras, pues no es sólo repetición de fórmulas. Lo que da valor a la oración es antes que nada nuestra actitud interior de fe y amor a Dios. Debemos dirigir nuestro espíritu y nuestro corazón hacia Dios, Padre y amigo, que nos ama y está siempre esperándonos en lo secreto. Esta expresión no se refiere a lo que decimos a menudo, que Dios todo lo ve (lo que nos inspira muchas veces más temor que confianza), sino a su presencia íntima de la que los demás no saben nada.Rezar no significa hablar mucho, ni querer imponer a Dios nuestra voluntad, sino dejar nuestra vida en la manos del Padre que nos ama. 

 

 

[9] Jesús entregó a sus discípulos el Padre nuestro como la oración perfecta que ha de brotar espontáneamente del corazón de los hijos de Dios, pues en ella expresan todos sus deseos en la forma y con el orden que corresponde. En realidad tenemos dos textos del Padre Nuestro, pues Lucas nos ofrece un texto más corto (Lc 11,2-4). Muchos piensan que Mateo presenta una fórmula un poco más larga y mejor compuesta, que se habría impuesto desde la primera generación cristiana, pero esto no es seguro del todo. En Mateo hay doce versos que forman siete peticiones: dos números perfectos. Tres (número de Dios) que se refieren a Dios, y cuatro (número de la tierra) que son para nosotros.En el idioma de Jesús, las iniciales de los primeros versos formaban la palabra venir, que es la palabra clave de esta oración: ¡Venga tu Reino! Ya señalamos que los contemporáneos de Jesús decían «el Cielo» para designar a Dios mismo, pues, por su gran respeto, no se atrevían a nombrarlo. Por eso, también Jesús habla del Reino de los Cielos para decir el Reino de Dios, y del Padre de los Cielos para decir el Padre-Dios. También nosotros mismos seguimos hablando del Cielo para designar otro mundo, otra realidad no material en que Dios comparte su felicidad con aquellos que lo quieren. Por eso, cuando hablamos del Padre de los Cielos, no significa que esté lejos o encima de nosotros. Más bien tratamos de elevar nuestro espíritu hacia él. Reconocemos que nuestras palabras no son dignas de él y que nuestras preocupaciones son muy limitadas y egoístas comparadas con la grandiosidad de sus pensamientos y la generosidad de su amor. Que podamos dirigirnos a Dios y llamarlo Padre no es algo común y corriente, sino un privilegio muy grande. Padre nuestro, y no "madre nuestra", o "padre y madre", como lo quisieran algunos hoy, para escapar del machismo. Si bien Dios transcienda la limitación de los sexos, también nos dirigimos a él como persona en la persona del que es origen de todo por su propia decisión e iniciativa, y aquí conviene mejor la palabra Padre. Además, debemos considerar la unión de los sexos como un reflejo de aquella alianza que es el fin de toda la obra de Dios: la unión de Dios con la humanidad salvada. Y, bajo este aspecto, un término masculino es el que conviene para Dios. La Biblia habla de Dios y también habla del Nombre de Dios. Este término sirve para expresar que toda la creación es una manifestación de Dios. El llena su creación, a pesar de que no se encuentra en ningún lugar determinado, y hablamos de su Nombre para designar su presencia activa, su irradiación, su esplendor que está sobre toda criatura. Es una manera de mantener alguna distancia entre lo que sabemos de El y lo que es.Santificado sea tu Nombre, es decir: ¡Que tu nombre sea reconocido y proclamado santo! ¡Que tu esplendor y generosidad se vean en aquellos que han pasado a ser tus hijos (5,16)! Nosotros necesitamos que venga a nosotros su Reino, pero a él no le hace falta. Lo único que quiere es irradiar su santidad y felicidad en los hijos que se ha escogido. Quiere imprimir su Nombre en nosotros para que, de día y de noche, haya una comunicación misteriosa entre él y nosotros, lo mismo que la hay entre el Padre y el Hijo y quedan unidos por su Espíritu Santo.Venga tu Reino. Dios reina en todo lugar al que ha traído la salvación definitiva. El Reino de Dios ya ha llegado a cualquier lugar donde los hombres han conocido a Dios por la palabra de Jesús. Pues allí puede actuar sin que su actuación sea mal interpretada. Los creyentes ya no lo ven como aferrado a sus derechos y soberanía, o como salvador más poderoso que los otros, sino que también lo reconocen en las humillaciones de su Hijo y en el amor que los une. De esta verdad primordial, propia del Evangelio, brotan el amor y la misericordia, y con el pasar del tiempo gozaremos algunos frutos de ese Reino. Los hijos de Dios son personas reconciliadas y pasan a ser un fermento en la sociedad; de este modo toda la realidad del hombre, con sus proyectos, sus trabajos, sus construcciones económicas y políticas se encamina hacia una meta común: todo y todos han de volver al Padre.Nos corresponde trabajar y sufrir para que llegue el Reino de justicia y verdad, pero no está sujeto a nuestra buena o mala voluntad, a nuestra indiferencia o flojera. El Reino de Dios vendrá con o sin nosotros, porque, en realidad, ya está.Hágase tu voluntad. Esta frase, que Jesús pondrá en el centro de su oración en el Huerto (27,39), condena muchas oraciones en las que queremos reemplazar a Dios. Si bien algunas personas creen tener mucha fe porque constantemente esperan de Dios que solucione sus problemas, los hijos de Dios, en cambio, elevan su espíritu hacia él para que la voluntad de Dios pase a ser su propia voluntad.En la tierra como en el Cielo. Esta precisión vale para las tres peticiones anteriores: santificado sea tu Nombre... hágase tu voluntad. Nos recuerda que todo lo que sucede en el universo creado, sujeto al tiempo, depende de otro mundo no creado donde no corre el tiempo: éste es el Misterio del Ser Divino. El Padre, fuente del Ser Divino, goza de las riquezas de su infinita perfección en la entrega mutua de las tres personas divinas, y con El están sus elegidos, tales como serán después de la resurrección. Su creación la ve tal como será al terminarse la historia, unificada en Cristo. Su voluntad la ve realizada y glorificada por todos. Pero somos nosotros, los que vivimos en el tiempo, los que estamos angustiados por vivir una realidad imperfecta, un mundo en parto, un triunfo aparente de las fuerzas del mal. Y por eso pedimos que todo llegue a ser conforme al proyecto inicial de Dios, que se cumplirá infaliblemente.Pedimos al Padre el pan que se comprometió a darnos si estamos atentos a su palabra ( Deut 8,3). El hombre moderno cree que toda su prosperidad material depende sólo de su esfuerzo. La Biblia, en cambio, afirma que todo depende a la vez de Dios y del hombre. El hombre solo puede conseguir, por un tiempo, milagros económicos, pero derrochará sin provecho las riquezas acumuladas. El que espera de Dios no «su» pan, sino nuestro pan, hará uso de toda su iniciativa y empeño para conseguir trabajo, para trabajar en cosas útiles y para promover la justicia en el mundo del trabajo.¿Habrá que decir: el pan que necesitamos, o el pan de cada día, o supersustancial? Porque el texto original emplea una palabra difícil que puede tener diferentes significados. Muchos han entendido que los hijos de Dios sienten la necesidad de más cosas de las que les reclama su cuerpo, y que ya se aludía en esta petición a la eucaristía, como se hará también en el relato de la multiplicación de los panes.El Padrenuestro habla de deudas que debemos perdonar (v. 12). Pero, a continuación, en el v. 14 leemos: las ofensas. Es claro que para Jesús deudas y ofensas son cosas parecidas. Cuando perdonamos al que pide perdón (Lc 17,4), no le hacemos ningún regalo, ni ganamos algún mérito: solamente nos liberamos a nosotros mismos de un rencor que nos envenenaba por dentro. El apegarse al propio derecho es siempre una manera de anclarse en este mundo. Dios quiere perdonarnos, o sea, acercarnos a él, pero, mientras nos aferramos a estas cosas, ¿cómo lo haría él?Jesús habla a pobres, acostumbrados a vivir con deudas que a menudo no pueden devolver y para quienes la convivencia obligada con un prójimo muchas veces pesado, multiplica las ocasiones de herirse mutuamente. El estilo de vida independiente promovido por la sociedad moderna, considera como un ideal el no deber nada a nadie, manteniendo al prójimo a cierta distancia; esta suficiencia nos hace muy difícil entender la misericordia de Dios con nosotros.No nos dejes caer en la tentación. Así se expresa el que es consciente de su debilidad. Por más que se sienta animado en el momento presente, sabe que si el Señor esconde su rostro se quedará desamparado. No tiene miedo a emprender cosas difíciles si Dios se lo pide, porque el que manda también da fuerzas para cumplir. Pero no presume de sus fuerzas.Y será más prudente todavía al saber que el enemigo no es el mal, sino el Maligno. Alguien que es más poderoso e inteligente lo está acechando para engañarlo, hacer que se desvíe de la fe y luego derribarlo, por poco que se sienta seguro y descuide los medios que Jesús nos indicó para perseverar en la fe y en la Iglesia. 

 

 

[16] Aquí Jesús no justifica ni condena el ayuno: él mismo también ayunó (ver 4,2; 9,15; 17,21). Tan sólo afirma que el ayuno no tiene valor si buscamos el aprecio de los demás más que el de Dios.Todas las religiones han practicado el ayuno. Es una manera de llamar la atención de Dios, especialmente cuando nos caen encima grandes desgracias (Jl 2,12). El ayuno conviene a los que se sienten culpables y quieren mover a compasión al que los puede perdonar (Jon 3,8). También es un medio para domar nuestros instintos y estimular nuestras energías con el fin de disponernos para las comunicaciones divinas (Ex 24,28).La Biblia reconoce al ayuno un lugar bastante limitado; los profetas afirmaban que el ayuno no sirve si no va acompañado de una actitud más comprensiva y más justa con el prójimo (Is 58; Za 7,4).Algunas personas y algunos grupos sociales se sirven del ayuno como de un arma política para atraer la atención sobre sus reinvindicaciones. Eso está bien, pero es algo muy diferente del ayuno de que habla Jesús, el cual va dirigido a Dios y no a la opinión pública (Mt 6,18). Implica, por parte del ayunante, una disposición interior de conversión y de pesar por sus propios pecados. 

 

 

[19] No amontonen riquezas ni reservas en la tierra. El Evangelio dice: "no atesoren tesoros", pero "tesoro" tiene más el sentido de riqueza que se guarda que de cosa amada.Durante siglos la mayoría de los hombres casi no tuvieron reservas personales: la familia o el clan se hacían cargo de ellos en caso de adversidad. Actualmente cada uno debe preocuparse por sí mismo; tal vez sea mejor, pero ¿cómo escapar a esa obsesión por asegurar el futuro? Jesús nos invita una vez más a creer en la Providencia del Padre: si nos encargamos de sus asuntos, él se encargará de los nuestros.Allí estará tu corazón. (En la cultura judía el corazón es el lugar donde se juzga y se toman decisiones). No soy yo quien posee las cosas sino que son éstas las que me poseen y me imponen poco a poco tal o cual estilo de vida.Allí estará tu corazón: Esa es la certeza que inspira cualquier búsqueda de la "pobreza evangélica". Se trata de liberarse al máximo para actuar y para amar. Jesús nos llama a la acción desinteresada, pero al mismo tiempo nos previene en contra de un apego desordenado a las personas, a las ideas y a las cosas propias: se puede llevar a cabo cualquier cosa, pero no debemos apegarnos a los frutos de la acción. 

 

 

[22] El ojo es aquí la conciencia. Pero por otro lado tener el ojo iluminado significaba entonces generosidad, y tenerlo oscuro, mezquindad. Jesús recalca lo que acaba de decir: nuestra conciencia extraviada nos extravía y nos repliega sobre nosotros mismos. 

 

 

[24] Nadie puede servir a dos patrones. Este comienzo nos indica que debemos mantenernos libres para servir mejor a Dios.Se había dicho en la Biblia que debemos escoger entre Dios y los falsos dioses. Aquí Jesús afirma que el falso Dios es el Dinero, porque nos ofrece felicidad y seguridad para el porvenir, pero nos hace perder nuestra verdadera riqueza, que es el momento presente.Entendámonos: el dinero y la cuenta bancaria son medios necesarios para la sociedad moderna y no se trata de condenarlos; como con todos los medios, se puede hacer de ellos un uso bueno o malo. Pero el dinero es el medio para tener todo lo demás; más aún, es lo que se pone a resguardo para asegurar el porvenir. Servir al dinero, es contar con él para pasarlo bien en el presente (Lc 12,15) y para asegurar nuestro porvenir, siendo que, en realidad, todo depende a cada instante, directamente de Dios.Mientras sólo pensemos en asegurar el porvenir como buenos avaros de la cuenta en el banco, seremos incapaces de vivir verdadera y libremente; descuidaremos nuestro progreso personal y el de nuestros familiares, callaremos ante el mal y la mentira, nos desentenderemos de los compañeros y nos arrastraremos ante los de arriba.No anden tan preocupados... Después de habernos inquietado porque falta el dinero, porque vamos a pasar un mal rato, porque se demoran los trabajos, nos sentimos avergonzados con sólo encontrar una de esas personas sencillas que acaban de compartir con otros más pobres lo último que tenían y no por eso se ven afligidos ni tampoco creen haber hecho algo grande. Liberación es toda la obra de Dios en la historia, pero ¿tendremos bastante fe para liberarnos de tantas preocupaciones?La comparación con las flores y los pájaros no significa que debemos cruzarnos de brazos; pues si Dios nos hizo con brazos y cerebro es para usarlos. Más bien Jesús nos dice que si Dios cuida y viste de belleza a sus criaturas más ínfimas, también se interesa de que la vida de cada uno de nosotros sea algo hermoso y perfecto.Busquen primero el Reino y la justicia de Dios. Se trata aquí de dos cosas muy concretas: el Reino, es decir, una transparencia de Dios en nuestra vida; su justicia, es decir, un ordenamiento bajo su mirada de todo lo que somos y hacemos. Es un gran riesgo para un joven o para una pareja comenzar a pensar el porvenir, la familia y las actividades apostólicas según los criterios del Evangelio y no con el temor a no alcanzar para sí o para los hijos un determinado nivel de vida. 

 

 

 

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Mt. 7, 1 - 29

             HIJOS DEL REINO (LC 6,37; 11,9; 6,31; 13,23)   [1] No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes. [2] Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. [3] ¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo? [4] ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? [5] Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano.  [6] No den lo que es santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos, pues podrían pisotearlas y después se volverían contra ustedes para destrozarlos.  [7] Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta. [8] Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama. [9] ¿Acaso alguno de ustedes daría a su hijo una piedra cuando le pide pan? [10] ¿O le daría una culebra cuando le pide un pescado? [11] Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! [12] Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y los Profetas.  [13] Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por él. [14] Pero ¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la salvación! y qué pocos son los que lo encuentran.  EL ÁRBOL SE CONOCE POR LOS FRUTOS (LC 6,43)   [15] Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. [16] Ustedes los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? [17] Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos. [18] Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos. [19] Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. [20] Por lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras.  LA CASA EDIFICADA SOBRE LA ROCA (LC 6,47; 13,26; MC 1,22)  [21] No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.  [22] Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. [23] Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí, ustedes que hacen el mal!  [24] Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. [25] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. [26] Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena. [27] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran desastre.» [28] Cuando Jesús terminó este discurso, la gente estaba admirada de cómo enseñaba, [29] porque lo hacía con autoridad y no como sus maestros de la Ley.         

 

 

[1] Es probable que Jesús pronunció estas palabras en el mismo sentido que las que se leen en 5,43. Comúnmente los que se creen el partido de los buenos, o el grupo de los convertidos, juzgan a los que están en el bando contrario, preocupados por enderezarlos. Esa es una forma de orgullo a la que los autores espirituales llaman el "defecto de los principiantes". Está de tal manera inscrito en la naturaleza humana que muchos de los "justos" de la Biblia expresaban su reprobación por "los pecadores" que no observan la ley de Dios. La nueva ley en cambio nos dice que no nos creamos superiores o nos hagamos jueces de los que van - o que Dios lleva- por un camino distinto al nuestro.No juzguen. Debemos juzgar en el sentido de discernir entre el bien y el mal en lo que se hace a nuestro lado. A pesar de que es más diplomático no descontentar a nadie si queremos tener éxito, habrá que ser bastante valiente para decir a veces a otros que están actuando mal. Pero aquí juzgar tiene el sentido de hacernos jueces de nuestro prójimo. A menudo juzgamos y condenamos a otros con el solo fin de juzgarnos buenos a nosotros mismos. Jesús nos revela la unidad profunda de todo y todos en Dios: en cuanto negamos a otros la misericordia, nos dejamos caer del mundo de Dios y somos nosotros los que la perdemos.No juzguen: Rom 2,1; 14,4; 1 Cor 5,12; Stgo 4,11; Gál 6,1-5. 

 

 

[6] No echen sus perlas a los cerdos. Jesús piensa en las dificultades que van a encontrar sus seguidores viviendo en un mundo hostil. No decir todo a todos. A cada uno de nosotros Dios ha hecho algunos favores preciosos; no conviene comunicarlos a cualquiera de buenas a primeras... 

 

 

[7] Ver comentario de Lc 11,9. y también: Mc 11,24; Jn 14,13; 15,7; 16,23; Stgo 1,5. 

 

 

[13] Entren por la puerta angosta. Tal vez acababan de preguntar a Jesús: ¿Quién se salvará? (19,25).Jesús nunca dijo si serían muchos o pocos los que compartirán la felicidad de Dios («los que irán al cielo»). Pero sí dijo repetidas veces que serán pocos los elegidos entre muchos llamados. Esto significa que entre tantas personas que tuvieron la suerte de encontrarlo y que, con eso fueron llamadas a compartir su misión, pocos aceptan cambiar su vida y comprometerse con él. Los elegidos son los que perseveran en busca de la verdadera libertad y perfección.Muchos toman el camino que conduce a la perdición. No toman el camino en que Cristo sería todo para ellos, derrochan los dones de Dios y, aparentemente, se vuelven inútiles para el Reino; pero, no por eso escapan a la misericordia del Padre. 

 

 

[15] Es probable que Mateo cite estas palabras de Jesús a propósito de algunos que se daban el título de profetas carismáticos en la Iglesia primitiva y que tal vez habían recibido dones del Espíritu, pero que con el tiempo se habían deformado. De un modo más amplio las palabras de Jesús se dirigen a todos los que fomentan la división, la mentira y la violencia, aun cuando pretendan servir a una causa justa.Los profetas que recuerda la Biblia se cubrían con una piel de oveja, pero un lobo podía esconderse dentro. Siempre ha habido falsos profetas en el mundo, habitualmente profetas de la felicidad cómoda, y si la Palabra de Dios los condena, muchos dirán que esta Palabra ha sido mal interpretada. Sería bueno sin embargo preguntarse por qué el liberalismo moral (para muchos santo y sagrado) siembra la muerte por doquier y asfixia en tantas personas la capacidad de creer y de esperar.¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos...? Los planes y las teorías se juzgan en la práctica y Jesús nos invita a mirar los hechos para luego sacar las conclusiones. Pero a nosotros nos cuesta enjuiciar la realidad que vivimos. Nos gusta más defender ideas que analizar las situaciones concretas. Jesús, en cambio, educado por el trabajo manual, desconfía de los discursos y de las teorías. 

 

 

[22] Aquel día muchos me dirán... Es probable que Mateo cite estas palabras pensando en profetas carismáticos que siembran el desorden en sus comunidades y se dispensan de obedecer las reglas comunes. Ya sea que enseñemos o hagamos milagros, estos dones o ministerios son para bien de la comunidad y no significan que vivimos en gracia de Dios. La fe que nos salva obra mediante el amor (Gál 5,6) y nos hace cumplir la Ley (Stgo 2,8). 

 

 

[24] Si uno escucha estas palabras mías. Jesús se refiere a los que acogieron su palabra y se convirtieron, y con esto ya se creen salvados. Pero si no aprovechan el tiempo del primer entusiasmo para construir su vida con esos cimientos necesarios que son la meditación bíblica, el desprendimiento, la lucha contra sus tendencias malas y la vivencia de la comunidad cristiana, todo se vendrá abajo en el período que siga.Con esta página finaliza el primer Discurso del Evangelio de Mateo. Un nuevo Discurso empezará con el capítulo 10. 

 

 

 

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Mt. 8, 1 - 34

             CURACIÓN DE UN LEPROSO (MC 1,40; LC 5,12)   [1] Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres. [2] Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.» [3] Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» Al momento quedó limpio de la lepra.  [4] Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración.»  LA FE DEL CENTURIÓN (LC 7,1; JN 4,46)   [5] Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un capitán de la guardia, suplicándole: [6] «Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.» [7] Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo.» [8] El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. [9] Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace.» [10] Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe. [11] Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, [12] mientras que los que debían entrar al reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes.» [13] Luego Jesús dijo al capitán: «Vete a casa, hágase todo como has creído.» Y en ese mismo momento el muchacho quedó sanó. [14] Jesús fue a casa de Pedro; allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. [15] Jesús le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. [16] Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. [17] Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.  (Lc 9,57)  [18] Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla. [19] Entonces se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.» [20] Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.» [21] Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.» [22] Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.»  JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MC 4,35 LC 8,22)  [23] Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. [24] Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía. [25] Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!» [26] Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma. [27] Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»  LOS ENDEMONIADOS DE GADARA (MC 5,1; LC 8,26)  [28] Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. [29] Y se pusieron a gritar: «¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» [30] A cierta distancia de allí había una gran piara de cerdos comiendo. [31] Los demonios suplicaron a Jesús: «Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos.» Jesús les dijo: «Vayan». [32] Salieron y entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la pendiente, y allí se ahogaron. [33] Los cuidadores huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los endemoniados. [34] Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras.          

 

 

[1] En esta segunda sección de su Evangelio (8,1-9,35) Mateo puso una colección de milagros. Para él estos milagros no son únicamente cosas extraordinarias, sino que además contienen lecciones sobre lo que es ser discípulo de Cristo.Para comenzar, la curación del leproso: un acto de valentía de Jesús, y un acto que viola abiertamente la «ley de la pureza». Véase comentario a Mc 1,40.A continuación (8,5) la fe del centurión, un oficial romano. Jesús habla de los judíos que van a ser excluidos del Reino de Dios. 

 

 

[4] Pues tú tienes que hacerles una declaración. El texto dice: «para darles un testimonio», pero esto no significa que Jesús manda al leproso donde los sacerdotes para convencerlos de que él hizo un milagro. Jesús no se preocupó por convencer a los sacerdotes, a los que su misma función les hacía más difícil que a otros acercarse a él y convertirse - lo mismo como pasó con Juan Bautista. Aquí Jesús pide al leproso que cumpla con la Ley, la cual exigía que lo examinaran los sacerdotes antes de que pudiera reintegrarse a la comunidad (Lev 14,2).En esto comprobamos el respeto de Jesús por la Ley de Moisés, ley de Dios para su pueblo en el Antiguo Testamento. Es cierto que Jesús quebrantó con propósito la ley del sábado en algunas oportunidades, pero esto cobra su pleno sentido por el hecho de que Jesús fue habitualmente muy respetuoso de la Ley, como lo dijo sin ninguna hipocresía en Mt 5,19. Jesús participó fielmente a las asambleas del sábado, a pesar de que, en Nazaret, la pequeña comunidad no debía destacarse por su nivel intelectual o espiritual: ahí participaba en el culto que el pueblo de Dios debe rendir a su Dios, y daba gloria, él también, a su Padre. Lo mismo, subía a Jerusalén para las fiestas, observaba en su modo de vestir y de rezar las costumbres de los judíos piadosos (Mt 9,20). Es importante ver que para Jesús, «adorar a Dios en espíritu y verdad» (Jn 4,24) no significaba despreciar los usos de la comunidad religiosa. No se vive más en la verdad replegándose en la oración privada o en comunidades de nuestra elección, y no haciendo más caso del pueblo de Dios con sus ritos y sus fiestas, frutos de una larga tradición. Jesús criticará con toda libertad el peso de las tradiciones, y Pablo se opondrá a que se imponga a gente de otra cultura lo que tuvo sentido para cierto tiempo y lugar, pero lo harán como quienes saben que un pueblo sin tradiciones se descompone rápidamente. 

 

 

 

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Mt. 9, 1 - 38

             JESÚS SANA AL PARALÍTICO Y PERDONA SUS PECADOS (MC 2,1; LC 5,17)  [1] Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino a su ciudad. [2] Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!» [3] Algunos maestros de la Ley pensaron: «¡Qué manera de burlarse de Dios!» [4] Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? [5] ¿Qué es más fácil decir: "Quedan perdonados tus pecados", o: "Levántate y anda"? [6] Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.» Entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa.»  [7] Y el paralítico se levantó y se fue a su casa. [8] La gente, al ver esto, quedó muy impresionada, y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.   JESÚS LLAMA AL APÓSTOL MATEO (MC 2,13; LC 5,27)   [9] Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Mateo se levantó y lo siguió. [10] Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. [11] Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» [12] Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. [13] Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.» [14] Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: «Nosotros y los fariseos ayunamos en muchas ocasiones, ¿por qué tus discípulos no ayunan?» [15] Jesús les contestó: «¿Quieren ustedes que los compañeros del novio estén de duelo, mientras el novio está con ellos? Llegará el tiempo en que el novio les será quitado; entonces ayunarán. [16] Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva, porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. [17] Y nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien el vino y los recipientes.»  JESÚS RESUCITA A UNA NIÑA Y CURA A UNA MUJER ENFERMA (MC 5,21; LC 8,40)    [18] Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá.» [19] Jesús se levantó y lo siguió junto con sus discípulos. [20] Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. [21] Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.» [22] Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado.» Y desde aquel momento, la mujer quedó sana. [23] Al llegar Jesús a la casa del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente. [24] Entonces les dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida.» Ellos se burlaban de él. [25] Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a la niña por la mano, y la niña se levantó. [26] El hecho se divulgó por toda aquella región.  OTRAS CURACIONES   [27] Al retirarse Jesús de allí, lo siguieron dos ciegos que gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!» [28] Cuando Jesús estuvo en casa, los ciegos se le acercaron, y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?» Contestaron: «Sí, Señor.» [29] Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron. [30] Después les ordenó severamente: «Cuiden de que nadie lo sepa.» [31] Pero ellos, en cuanto se fueron, lo publicaron por toda la región. [32] Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar. [33] Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel.» [34] En cambio, los fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios.» [35] Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades.  [36] Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. [37] Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. [38] Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha.»  

 

 

[7] Ver el comentario de Mc 2,1 y de Lc 5,17.Alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres. Esta fórmula es un poco oscura. La muchedumbre se asombra al ver cómo el poder salvador de Dios acaba de manifestarse entre los hombres y por medio de un hombre, Jesús. Pero Mateo no quiere separar a la Iglesia de Cristo: toda comunidad cristiana recibe dones de Dios para sanar y para reconciliar. Se sabe que los ministros de la Iglesia tienen autoridad para perdonar, pero la gracia de Dios pasa también por muchos otros canales (1 Cor 5,35; 2 Cor 2,5-11). Con aceptar humildemente la corrección fraterna, con el perdón mutuo que se dan los esposos, Cristo es el que perdona, y lo perdonado en la tierra nos es perdonado en el cielo (ver Mt 18,18). 

 

 

[9] Ver el comentario de Mc 2,13. Se llamaban pecadores a los que no observaban la Ley de Moisés y a los que cooperaban con las autoridades extranjeras (como los cobradores de impuestos).El novio (15). El pueblo de Dios era la novia, y Yahvé estaba para venir como el esposo. Es claro, pues, que Jesús era muy consciente de ser Dios-Hijo venido a los hombres 

 

 

[18] Ver el comentario de Mc 5,21.Tocó el fleco de su manto (20). Jesús, como buen judío, tenía flecos en su manto. El fleco, con hilo morado, color del cielo, era algo casi sagrado (Núm 15,38 y Mt 23,5). 

 

 

[27] Lo siguieron dos ciegos que gritaban... ¿Cómo, si estaban ciegos? A tropezones y haciéndose conducir. Si hemos pecado, gritemos a Dios y sigamos en busca de Cristo. 

 

 

[36] Sintió compasión, porque estaban... como ovejas sin pastor. Ver: Núm. 27,17; Ez 34,5; Za 10,2. También Jn 4,35; Mc 6,34; Lc 10,2.

 

SANACIONES

Con este párrafo, que resume en pocas líneas el ministerio de Jesús en Galilea, Mateo quiere demostrar que el Reino de Dios ha llegado y que el mal ya ha recibido un golpe mortal.En Jesús, Dios mismo venía a sanar a la humanidad. Y como esta obra es larga y lenta, debían darse signos visibles a la gente para que creyera en esta curación poco perceptible. Por eso Jesús debía sanar a los enfermos y por eso también hoy las comunidades cristianas deben dar signos de la salvación que anuncian y que traen. Los dones de curación de los enfermos no son suficientes, pues el demonio está también presente en las plagas que afectan a la sociedad. Las comunidades cristianas, pues, mostrarán que son capaces de salvar la familia y que traen una renovación cultural.Jesús nos pide a cada uno de nosotros que ponga sus talentos al servicio de la humanidad para sanar sus dolencias, pero también necesita obreros para la cosecha del Reino de Dios, es decir, para transmitir el llamado de Dios y para congregar a la Iglesia. Rueguen, dice Jesús..., y tal vez comprenderán que a ustedes los llama Dios.Por supuesto que cada comunidad cristiana pide a Dios, y el Espíritu hace surgir en ella los carismas y los ministros que necesita. Pero Jesús se refiere más bien aquí a los que serán obreros para la misión: éstos son y serán siempre poco numerosos, especialmente los que se dediquen a evangelizar y a edificar la Iglesia entre los pobres. 

 

 

 

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Mt. 10, 1 - 42

             LOS DOCE APÓSTOLES (MC 3,13; LC 6,12)   [1] Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. [2] Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; [3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; [4] Simón, el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionaría.  JESÚS ENVÍA A LOS PRIMEROS MISIONEROS (LC 9,1; 10,1; MC 6,8)   [5] A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las instrucciones siguientes: «No vayan a tierras de paganos, ni entren en pueblos de samaritanos. [6] Diríjanse más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. [7] A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca! [8] Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar. [9] No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. [10] Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento. [11] En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan. [12] Al entrar en la casa, deséenle la paz. [13] Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes. [14] Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. [15] Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. [16] Miren que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la serpiente, pero sencillos como la paloma.  LOS TESTIGOS DE JESÚS SERÁN PERSEGUIDOS (LC 12,11; MC 13,19; 4,22; 8,38)    [17] ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. [18] Ustedes incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos.  [19] Cuando sean arrestados, no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese momento, se les comunicará lo que tengan que decir. [20] Pues no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en ustedes. [21] Un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán. [22] Ustedes serán odiados por todos por causa mía, pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará.  [23] Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. En verdad les digo: no terminarán de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. [24] El discípulo no está por encima de su maestro, ni el sirviente por encima de su patrón. [25] Ya es mucho si el discípulo llega a ser como su maestro y el sirviente como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de los demás de la familia! [26] Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse. [27] Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les digo en privado, proclámenlo desde las azoteas.  [28] No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. [29] ¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. [30] En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. [31] ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no tengan miedo.  [32] Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. [33] Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos.  [34] No piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. [35] Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. [36] Cada cual verá a sus familiares volverse enemigos. [37] El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. [38] El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. [39] El que vive su vida para sí la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará. [40] El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta. [41] El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la recompensa que corresponde a un justo. [42] Asimismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin recompensa: soy yo quien se lo digo.»    

 

 

[1] Hasta ese momento, Jesús se dio a conocer por sus predicaciones en las sinagogas cercanas a Cafarnaún. Pero ahora Jesús tiene medios, o sea, fama y cooperadores para reunir muchedumbres.Este es el momento en que Jesús constituye el grupo de los Doce. Los necesita para organizar sus reuniones, para transmitir sus enseñanzas, para multiplicar los signos milagrosos que realiza en los enfermos.También Jesús está proyectando su Iglesia y quiere darle una cabeza: ésta será el grupo de los apóstoles. Ellos van a ser, en medio de los hombres, los testigos de Jesús, y a este fin les enseña una manera de vivir y de convivir que servirá de modelo a la Iglesia. Llamó a los que él quiso (ver Jn 15,16). Estos a su vez llamarán a otros. En la Iglesia todos son llamados a hacer un trabajo apostólico, pero nadie puede llegar a ser un apóstol, es decir un testigo oficial de Cristo, si no es llamado. 

 

 

[5] Mateo fue preparando este tercer "discurso de Jesús" desde el párrafo que comienza en 9,35. Jesús, que ha comenzado la misión, forma y envía a los misioneros. Apóstol quiere decir "enviado" y misión quiere decir también "envío".El Padre ha enviado a su Hijo a la tierra y el Hijo a su vez envía a sus apóstoles. El Padre envía a los mensajeros de su palabra, pero también envía a su Espíritu para que toque el corazón y el espíritu de los que escuchan. Gracias al Espíritu reconocerán la palabra de Dios en los pobres discursos de esos mensajeros sin mayor instrucción. El Espíritu proporcionará señales: curaciones y gracias asombrosas que apoyarán el testimonio de los enviados. Los sucesores de los apóstoles serán como ellos misioneros. No serán primero los administradores de una Iglesia establecida, sino que, viviendo como pobres en medio de los pobres, harán que surjan nuevas Iglesias (véase 1 Cor 3,10; 12,28).Este nuevo capítulo nos habla pues de la misión, que es la principal preocupación de la comunidad cristiana. En la primera parte (5-16) Jesús se dirige a los primeros misioneros de Galilea. En la segunda parte (17-42), Mateo reúne palabras que Jesús pronunció en circunstancias muy diversas y las adapta para sus lectores en el preciso momento en que la Iglesia empezaba a ser perseguida en el mundo greco-romano.No vayan a tierras de paganos. Jesús obedece el plan de salvación de su Padre, ya expresado en la Biblia: el Salvador debía reunir primero a las ovejas dispersas del pueblo de Israel; después llevaría la salvación a todas las naciones (Is 49,6; 60,1-10; Za 14,16; Mt 15,24).El que los recibe a ustedes (vers. 40): rechazar a los mensajeros es desoír el llamado del Padre. 

 

 

[17] LOS MARTIRESMateo ha recogido aquí las advertencias que Jesús hizo a sus testigos sobre como encarar las persecuciones. Jesús vivió largas semanas en la semi-clandestinidad, y sus primeros misioneros experimentaron las mismas amenazas. Mateo, al relatar estas palabras a lo mejor las adaptó un poco a la situación de los cristianos de su tiempo, pero no las inventó.Acabamos de hablar de testigos, y en griego testigo se dice: mártir. Algunos de esos mártires fueron glorificados inmediatamente, pero la mayor parte permaneció desconocida. A menudo fueron desfigurados por las calumnias (5,11; Lc 21,17), lo que permitió aislarlos, aun de la comunidad cristiana, y luego eliminarlos.En algunos casos fueron masacradas comunidades enteras como en tiempos del Imperio romano, o más cerca de nosotros, como ocurrió con los Armenios. Y eso continúa en nuestros días en algunos países sin que la prensa hable de ello. En muchos otros casos, los mártires estuvieron sumidos en una situación compleja, y tomaron una postura peligrosa que los ha llevado a la muerte. Cuando Esteban fue asesinado (He 7) no se perseguía a los apóstoles y muchos pudieron pensar que era un exaltado. Cuando las jóvenes cristianas del Imperio romano eran perseguidas porque habían decidido permanecer vírgenes, muchos decían: ¿Por qué menosprecian sus obligaciones familiares? Cuando los católicos de Inglaterra, de Francia o de China se negaron a formar Iglesias nacionales separadas de la comunión católica de Roma, ¿no eran rebeldes a las leyes de su nación?Tal vez haya que reconocer que es una gracia ser mártir y que ésta no se concede a todos. Muchos estarían dispuestos a dar su vida por Cristo, pero frente a determinadas situaciones de violencia o de corrupción, no ven la necesidad de hacer un escándalo y se someten para evitar lo peor. Otros, en cambio, comprenden que Dios les pide que den un testimonio (18) de esa Buena Nueva en la que creen y que es lo contrario de lo que se les impone; al hacer esto se exponen a las medidas de represión por medio de las cuales se defiende la sociedad. Jesús dirá que no es necesario ir en busca de la muerte (23), pero por otro lado sostiene que la persecución y los procesos a sus testigos harán que la evangelización avance (18), y Pablo recibirá la misma certidumbre (He 27,24; Ef 6,19). El Apocalipsis irá más lejos al afirmar que la muerte de los testigos hará que avance la Historia sagrada.El hermano entregará a la muerte a su hermano... serán odiados por todos. Es lo habitual en un clima de terror. Pero sin llegar hasta allí, los testigos de Cristo podrán verse ignorados por todos o por casi todos en su Iglesia, mientras que sus detractores tal vez reciban el reconocimiento (Lc 6,26). Con el tiempo, el Espíritu Santo impondrá la verdad, pero la mayoría de las veces, los pequeños, aquellos que han sufrido más y que tal vez son los más grandes, permanecerán ignorados hasta el día en que Jesús mismo los reconozca delante de su Padre.En realidad, Jesús no habla únicamente de los que son masacrados. Muchos más numerosos y sin duda mucho más cerca nuestro son aquellos que han tenido que vencer el miedo (26; 28; 31) para ser sus testigos en las calles, en las escuelas y en los sitios de reunión de ese mundo pervertido y malvado (Gál 1,4; Fil 2,15). 

 

 

[19] No se preocupen... Los testigos de Jesús no trabajan por cuenta propia, y se identifican mejor con Jesús cuando son perseguidos y enjuiciados. Entonces no deben dudar de la asistencia que recibirán del Espíritu. La preocupación por preparar su defensa sólo les haría perder la paz que el Espíritu confiere a los perseguidos. 

 

 

[23] No terminarán de recorrer... Esta frase estaría mejor ubicada en la primera parte del Discurso, 10,5-16 referente a la misión en Galilea. Pero al ponerla en este lugar, Mateo le da otro sentido: los misioneros no terminarán de convertir al mundo antes de la segunda venida de Jesús. 

 

 

[28] Somos cobardes y Jesús lo sabe. Ya dijo: No teman, cuando invitaba a no buscar la seguridad del dinero. Ahora, tratándose del miedo a las medidas de represión, añade: Si ustedes no pueden deponer su cobardía, piensen dónde está la mayor amenaza, con Dios o con los hombres.Este es el único lugar donde Jesús dice: Teman a Dios. Cuando la Biblia habla de temer a Dios, habitualmente no se trata de tenerle miedo, sino de respetarlo; el respeto está muy lejos del miedo. Dios no nos amenaza con echarnos al infierno; más bien nos recuerda que perderlo a él es perdernos a nosotros mismos. 

 

 

[32] Al que se ponga de mi parte. Después de recalcar el poder soberano de su Padre, Jesús se alza al mismo nivel: él decidirá nuestra suerte eterna. Jesús no habla únicamente de aceptarlo a él, es decir, de no renegar de nuestra fe cristiana delante de los demás; sus palabras se aplican también a las exigencias de todos los días. No debemos avergonzarnos de actuar o de hablar como creyentes.

 

 

[34] No piensen que he venido a traer la paz. La paz del creyente nace de la certeza de que es amado por Dios: así lo dicen los ángeles en Belén (Lc 2,14). Pero Jesús no da la paz al mundo, porque la paz del mundo está hecha de confusiones, de certezas aproximadas, de equilibrio entre codicias y temor a los riesgos. La paz del mundo, ya sea en la sociedad o en las familias, encubre habitualmente un orden injusto impuesto por el más fuerte o una mediocridad compartida. Y el Evangelio siempre despierta el espíritu crítico. La presencia de un solo cristiano que vive en la verdad basta para inquietar a muchas personas (Jn 3,20;15,18).El Evangelio nos lleva a tomar nuestras decisiones con más libertad, despreciando el juicio de los que nos rodean cuando vemos que no se inspira en criterios evangélicos. Pensemos en casos como el de la niña embarazada que se resiste cuando sus padres exigen un aborto para «salvar el honor de la familia». En varios países se persiguió al cristianismo porque ponía una ley divina por encima de la autoridad de los padres, que era considerada entonces como la autoridad suprema. Este ha sido el caso de Vietnam, Corea y China.Por otra parte, el demonio levanta persecuciones contra cualquiera que emprenda el camino de Cristo, para asustarlo y así se vuelva atrás (Mt 12,43; 13,21).No es digno de mí (37). Jesús no habla sólo para los misioneros o las personas con una misión excepcional. Cada uno de nosotros debe romper muchas formas de dependencia mutua dentro de la familia, que no favorecen el crecimiento humano y espiritual ni del uno ni del otro. El que ama a Cristo encuentra mil motivos para liberarse de gestos, convivencias y preocupaciones por los suyos que, en realidad, mantenían a unos y otros en la mediocridad. 

 

 

 

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Mt. 11, 1 - 30

             JESÚS Y JUAN BAUTISTA (LC 7,18; 16,16; 10,13)  [1] Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí para predicar y enseñar en las ciudades judías.  [2] Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos [3] a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» [4] Jesús les contestó: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo:  [5] los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. [6] ¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» [7] Una vez que se fueron los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [8] ¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas finas viven en palacios. [9] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso sí y, créanme, más que un profeta. [10] Este es el hombre de quien la escritura dice: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te preceda abriéndote el camino.  [11] Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él.  [12] Desde los días de Juan Bautista hasta ahora el Reino de Dios es cosa que se conquista, y los más decididos son los que se adueñan de él. [13] Hasta Juan, todos los profetas y la Ley misma se quedaron en la profecía. [14] Pero, si ustedes aceptan su mensaje, Juan es este Elías que había de venir. [15] El que tenga oídos para oír, que lo escuche. [16] ¿Con quién puedo comparar a la gente de hoy? Son como niños sentados en la plaza, que se quejan unos de otros: [17] Les tocamos la flauta y ustedes no han bailado; les cantamos canciones tristes y no han querido llorar. [18] Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dijeron: [19] Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Con todo, se comprobará que la Sabiduría de Dios no se equivoca en sus obras.» [20] Entonces Jesús comenzó a reprochar a las ciudades en que había realizado la mayor parte de sus milagros, porque no se habían arrepentido: [21] «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han realizado en ustedes, seguramente se habrían arrepentido, poniéndose vestidos de penitencia y cubriéndose de ceniza. [22] Yo se lo digo: Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. [23] Y tú, Cafarnaún, ¿subirás hasta el cielo? No, bajarás donde los muertos. Porque si los milagros que se han realizado en ti, se hubieran hecho en Sodoma, todavía hoy existiría Sodoma. [24] Por eso les digo que, en el día del Juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que ustedes.»  CARGUEN CON MI YUGO (LC 10,21)   [25] En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. [26] Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. [27] Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. [28] Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. [29] Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. [30] Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.»       

 

 

[2] Jesús ha enviado a los primeros misioneros; para Mateo es el momento de mostrar cómo llega el Reino cuya venida han proclamado. La visita de los discípulos de Juan será la ocasión para precisar lo que Jesús nos trae, y lo que no hay que esperar de él.El párrafo que sigue en 11,25, nos mostrará a su manera que todo lo importante del Reino está en la persona misma de Jesús. 

 

 

[5] EVANGELIZACION PRIORITARIA DE LOS POBRESUna buena nueva llega a los pobres. Debemos unir este texto con Mt 11,25; Mt 12,17; Lc 4,18; Mt 5,1-11.Sería interpretar mal este texto pensar que Jesús sólo nos pide que vayamos a enseñar a las personas menos instruidas o de condición social inferior. Los fariseos ya consideraban que era deber suyo enseñar la religión al pueblo ignorante. Jesús, en cambio, envía a sus apóstoles, pobres en medio de pobres, para anunciarles que Dios ha llegado a ellos y para ayudarles a descubrir la presencia y la actuación de Dios, primero entre ellos mismos. Es entre ellos y a partir de ellos que tendrán lugar experiencias decisivas, llamadas a renovar el mundo y la vida de fe, tanto de los grandes como de los pequeños. Ver com. en Lc 7,18.Si la Iglesia solamente «se preocupara por los pobres» catequizando a los niños de sus poblaciones y distribuyendo ayudas, estaría muy lejos de lo que pide Jesús. La proclamación del amor de Dios va a la par con la formación de comunidades y con una promoción humana a partir de aquellos que reciben el mensaje, y la fuerza del Evangelio se manifestará plenamente si los que emprenden esta tarea se presentan sin ayudas ni dinero. 

 

 

[11] No se ha manifestado uno más grande que Juan. Esto de manifestarse apuntaba necesariamente a un hombre importante, rey o a un profeta. 

 

 

[12] Estas palabras podrían también ser traducidas así: «el Reino de Dios se abre caminos por la fuerza» (ver Rom 1,16). El Reino de Dios es la fuerza que lleva adelante la historia, aprovechando los cambios lentos o violentos de la condición humana. Los creyentes son llamados a tomar parte en esa constante transformación.Corozaín y Betsaida (20). Estas dos ciudades tenían escuelas superiores de religión, pero no habían acogido el Evangelio. Tiro y Sidón eran dos ciudades paganas, maldecidas por los profetas y, luego, arruinadas. 

 

 

[25] Esta breve oración de Jesús nos revela su actitud profunda para con su Padre. Jesús oraba y su oración impresionaba a sus discípulos. Aquí tenemos una breve acción de gracias inspirada por los últimos acontecimientos.Has mantenido ocultas estas cosas a los sabios. Los sabios y entendidos no están excluidos de la fe, por supuesto, pero la gloria de Dios requiere que la fe nunca aparezca como un privilegio de los sabios, pues la sabiduría humana no proporciona lo que es esencial, sino que más bien lo oculta. Había entonces en Palestina algunos sabios y muchos medio sabios, pero no abundaban entre los discípulos de Jesús.Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Dios ha hecho lo necesario para que, en todo tiempo y lugar, los hombres dispongan de mil caminos para ir hacia él, pero sólo con Jesús tenemos la revelación del Padre ya en la presente vida.Aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón. La humildad de Jesús nos revela la de Dios mismo que nunca busca rebajarnos o intimidarnos, pero por el contrario quiere elevarnos hacia él. Esta humildad no le impide que sea Dios, y podrá exigírnoslo todo porque no nos fuerza desde afuera, sino que su influencia alcanza a lo más profundo del corazón.Vengan a mí. No les quitaré la carga, sino que, al imponerles mi yugo, les daré el medio de llevar su carga.Jesús juega con las palabras yugo y carga, pues los judíos solían llamar carga a la enseñanza divina que se transmite a los alumnos, y yugo al balanceo de las sentencias del maestro, que memorizaban.Jesús, el maestro paciente y humilde, nos hace descubrir en toda la vida y en nuestra misma cruz la misericordia de Dios; nos la muestra presente en las mismas exigencias de su Ley. Sólo Dios es bueno, y buena es la autoridad de Cristo. 

 

 

 

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Mt. 12, 1 - 50

             JESÚS, SEÑOR DEL SÁBADO (MC 2,23; 3,1; LC 6,1; 14,1)   [1] En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a desgranar espigas y a comerse el grano. [2] Al advertirlo unos fariseos, dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido hacer en día sábado.» [3] Jesús les contestó: «¿No han leído ustedes lo que hizo David un día que tenía hambre, él y su gente? [4] Pues entró en la casa de Dios y comieron el pan ofrecido a Dios, que les estaba prohibido tanto a él como a sus compañeros, pues estaba reservado a los sacerdotes. [5] ¿No han leído en la Ley que los sacerdotes en el Templo no observan el descanso, y no hay culpa en eso? [6] Yo se lo digo: ustedes tienen aquí algo más que el Templo. [7] Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa. [8] Además, el Hijo del Hombre es Señor del sábado.» [9] Saliendo de aquel lugar, Jesús entró en una sinagoga de los judíos. [10] Se encontraba allí un hombre que tenía una mano paralizada. Le preguntaron a Jesús, con intención de acusarlo después: «¿Está permitido hacer curaciones en día sábado?» [11] Jesús les dijo: «Si alguno de ustedes tiene una sola oveja y se le cae a un barranco en día sábado, ¿no irá a sacarla? [12] ¡Pues un ser humano vale mucho más que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer el bien en día sábado.» [13] Dijo entonces al enfermo: «Extiende tu mano.» La extendió y le quedó tan sana como la otra. [14] Al salir, los fariseos planearon la manera de acabar con él. [15] Jesús lo supo y se alejó de allí, pero muchas personas lo siguieron, y él sanó a cuantos estaban enfermos. [16] Pero les pedía insistentemente que no hablaran de él. [17] Así debían cumplirse las palabras del profeta Isaías: [18] Viene mi siervo, mi elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones. [19] No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas. [20] No quebrará la caña resquebrajada ni apagará la mecha que todavía humea, hasta que haga triunfar la justicia. [21] Las naciones pondrán su esperanza en su Nombre.  EL PECADO QUE NO SERÁ PERDONADO (MC 3,22; LC 11,15)   [22] Algunos le trajeron un endemoniado que era ciego y mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar. [23] Ante esto, toda la gente quedó asombrada y preguntaban: «¿No será éste el hijo de David?» [24] Lo oyeron los fariseos y respondieron: «¡Este expulsa los demonios por obra de Beelzebú, príncipe de los demonios!» [25] Jesús sabía lo que estaban pensando, y les dijo: «Todo reino que se divide, corre a la ruina; no hay ciudad o familia que pueda durar con luchas internas. [26] Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido; ¿cómo podrá mantenerse su reino? [27] Y si Beelzebú me ayuda a echar los demonios, ¿quién ayuda a la gente de ustedes cuando los echan? Ellos mismos les darán la respuesta. [28] Pero si el Espíritu de Dios es el que me permite echar a los demonios, entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. [29] ¿Quién entrará en la casa del Fuerte y le robará sus cosas, sino el que pueda amarrar al Fuerte? Sólo entonces le saqueará la casa. [30] El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. [31] Por eso yo les digo: Se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier insulto contra Dios. Pero calumniar al Espíritu Santo es cosa que no tendrá perdón. [32] Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará, ni en este mundo, ni en el otro. [33] Planten ustedes un árbol bueno, y su fruto será bueno; planten un árbol dañado, y su fruto será malo. Porque el árbol se conoce por sus frutos. [34] Raza de víboras, si ustedes son tan malos, ¿cómo pueden decir algo bueno? La boca siempre habla de lo que está lleno el corazón. [35] El hombre bueno saca cosas buenas del bien que guarda dentro, y el que es malo, de su mal acumulado saca cosas malas. [36] Yo les digo que, en el día del juicio, los hombres tendrán que dar cuenta hasta de lo dicho que no podían justificar. [37] Tus propias palabras te justificarán, y son tus palabras también las que te harán condenar.»  JESÚS CRITICA A LOS DE SU GENERACIÓN (MC 8,11; LC 11,16)   [38] Entonces algunos maestros de la Ley y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos verte hacer un milagro.» [39] Pero él contestó: «Esta raza perversa e infiel pide una señal, pero solamente se le dará la señal del profeta Jonás. [40] Porque del mismo modo que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra. [41] Los hombres de Nínive resucitarán en el día del juicio junto con esta generación y la condenarán, porque ellos cambiaron su conducta ante la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás. [42] La reina del Sur resucitará en el día del juicio junto con los hombres de hoy, y los condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí ustedes tienen mucho más que Salomón. [43] Cuando el espíritu malo sale del hombre, empieza a recorrer lugares áridos, buscando un sitio de descanso, y no lo encuentra. [44] Entonces se dice: Volveré a mi casa de donde salí. Al llegar la encuentra desocupada, bien barrida y ordenada. [45] Se va, entonces, y regresa con otros siete espíritus peores que él, entran y se quedan allí. La nueva condición de la persona es peor que la primera, y esto es lo que le va a pasar a esta generación perversa.» [46] Mientras Jesús estaba todavía hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban de pie afuera, pues querían hablar con él.  [47] Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren hablar contigo.» [48] Pero Jesús dijo al que le daba el recado: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» [49] E indicando con la mano a sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. [50] Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre.»   

 

 

[1] ¿Por qué el Evangelio insiste en esos conflictos? Tal vez sea porque las obligaciones religiosas de los judíos eran muy pesadas en tiempos de Jesús y no ayudaban a los creyentes a que descubrieran a Dios. Tal vez, y con más probabilidad, porque los nuevos cristianos se habían hecho rápidamente otras leyes a las que otorgaban una importancia exagerada.Si Jesús violó deliberadamente la más sagrada de las leyes dadas por Dios a Moisés, ¿qué se puede pensar de nuestras leyes eclesiásticas que no están garantizadas por la Palabra de Dios? En nombre de leyes hechas por hombres y para un contexto que no era el nuestro, se ha llegado a veces a paralizar las comunidades cristianas, y muchos han preferido no ver cómo pueblos enteros formaban nuevas iglesias, donde pudieran contar con las comunidades y los pastores de que carecían. 

 

 

[22] Ver el comentario en Mc 3,22.La gente de ustedes (27). Jesús se refiere a los exorcistas judíos que también echaban demonios con fórmulas y oraciones, como sucede en He 19,13.Calumniar al Espíritu Santo: se trata del que atribuye al Maligno las actuaciones buenas y propias del Espíritu Santo, como vemos en Mc 3,30.Ni en este mundo ni en el otro (32). Este es un modismo de los judíos para decir que esta calumnia es imperdonable, tanto a los ojos de Dios como de los hombres.Planten ustedes un árbol bueno (33)Es otra aplicación de la sentencia ya leída en 7,16. Aquí se trata de las acusaciones de los fariseos contra Jesús: si lo calumnian, es porque tienen un corazón malintencionado.Tus propias palabras te justificarán (37). Véase Lc 19,22. No serán sólo algunos actos aislados de nuestra vida los que serán juzgados. A lo largo de todos nuestros años nos hemos ido construyendo una filosofía práctica y una visión de la existencia. Basándonos en ello juzgamos todo lo que en los demás pone en tela de juicio nuestras propias elecciones. Y justamente eso, esas palabras con las que nos justificamos a nosotros mismos y condenamos a los demás, será lo que nos merecerá una condenación. 

 

 

[38] Jesús no hizo milagros aquel día porque aquellos especialistas de la religión le pedían cuentas en vez de escucharlo. Raza perversa e infiel. Esta expresión designa en la Biblia al creyente infiel, que sin negar a Dios con la boca, tiene otro dios, un ídolo, en su corazón.Lo del espíritu malo, señala a la generación contemporánea de Jesús. Oyeron el llamado de Juan Bautista y por un tiempo cambiaron su conducta, pero no tuvieron una experiencia de Dios ni descubrieron la fuerza interior que les hubiera permitido seguir adelante. Por eso volverán a su ceguera.La señal de Jonás es la resurrección de Jesús. Notemos sin embargo que Mateo no interpreta este signo de la misma manera como hace Lucas 11,30.Los hombres de Nínive: ver Jonás 3,5.La reina del Sur: ver 1 Reyes 10. 

 

 

[47] Su madre y sus hermanos. Si se tratara de verdaderos hermanos de Jesús, el evangelio diría: «Su madre y los hijos de su madre», pues ésta era la forma de expresarse de los judíos. Este punto es tratado más ampliamente en Mc 3,31. 

 

 

 

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Mt. 13, 1 - 58

             LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (MC 4,1; LC 8,4; 10,23; 13,26)    [1] Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago. [2] Pero la gente vino a él en tal cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla. [3] Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. [4] Y mientras sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron. [5] Otros cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad. [6] Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron. [7] Otros cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron. [8] Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno. [9] El que tenga oídos, que escuche.» [10] Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?»  [11] Jesús les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. [12] Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. [13] Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden. [14] En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más que oigan, no entenderán, y por más que miren, no verán. [15] Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón. Pero con eso habría conversión y yo los sanaría. [16] ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!; ¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen! [17] Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.  [18] Escuchen ahora la parábola del sembrador: [19] Cuando uno oye la palabra del Reino y no la interioriza, viene el Maligno y le arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Ahí tienen lo que cayó a lo largo del camino. [20] La semilla que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye la Palabra y en seguida la recibe con alegría. [21] En él, sin embargo, no hay raíces, y no dura más que una temporada. Apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa de la Palabra, inmediatamente se viene abajo. [22] La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto. [23] La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más.»  EL TRIGO Y LA HIERBA MALA   [24] Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos. Un hombre sembró buena semilla en su campo, [25] pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo, sembró malas hierbas en medio del trigo, y se fue. [26] Cuando el trigo creció y empezó a echar espigas, apareció también la maleza. [27] Entonces los trabajadores fueron a decirle al patrón: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, viene esa maleza?» [28] Respondió el patrón: «Eso es obra de un enemigo.» Los obreros le preguntaron: «¿Quieres que arranquemos la maleza?» [29] «No, dijo el patrón, pues al quitar la maleza, podrían arrancar también el trigo. [30] Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero las malas hierbas, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas.»  EL GRANO DE MOSTAZA (MC 4,30; LC 13,18)  [31] Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo. [32] Es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece, se hace más grande que las plantas de huerto. Es como un árbol, de modo que las aves vienen a posarse en sus ramas.» [33] Jesús les contó otra parábola: «Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la masa fermenta.»  [34] Todo esto lo contó Jesús al pueblo en parábolas. No les decía nada sin usar parábolas, [35] de manera que se cumplía lo dicho por el Profeta: Hablaré en parábolas, daré a conocer cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo. [36] Después Jesús despidió a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de las malas hierbas sembradas en el campo.» [37] Jesús les dijo: «El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. [38] El campo es el mundo. La buena semilla es la gente del Reino. La maleza es la gente del Maligno. [39] El enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. [40] Vean cómo se recoge la maleza y se quema: así sucederá al fin del mundo. [41] El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles; éstos recogerán de su Reino todos los escándalos y también los que obraban el mal, [42] y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto y rechinar de dientes. [43] Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.  EL TESORO, LA PERLA Y LA RED   [44] El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo. [45] Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: un comerciante que busca perlas finas. [46] Si llega a sus manos una perla de gran valor, se va, vende cuanto tiene, y la compra.  [47] Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: una red que se ha echado al mar y que recoge peces de todas clases. [48] Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, escogen los peces buenos y los echan en canastos, y tiran los que no sirven. [49] Así pasará al final de los tiempos: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los buenos, [50] y los arrojarán al horno ardiente. Allí será el llorar y el rechinar de dientes.»  [51] Preguntó Jesús: «¿Han entendido ustedes todas estas cosas?» Ellos le respondieron: «Sí.» [52] Entonces Jesús dijo: «Está bien: cuando un maestro en religión ha sido instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia que siempre saca de sus armarios cosas nuevas y viejas.»  [53] Cuando Jesús terminó de decir estas parábolas, se fue de allí. [54] Un día se fue a su pueblo y enseñó a la gente en su sinagoga. Todos quedaban maravillados y se preguntaban: «¿De dónde le viene esa sabiduría? ¿Y de dónde esos milagros? [55] ¿No es éste el hijo del carpintero? ¡Pero si su madre es María, y sus hermanos son Santiago, y José, y Simón, y Judas! [56] Sus hermanas también están todas entre nosotros, ¿no es cierto? ¿De dónde, entonces, le viene todo eso?» Ellos se escandalizaban y no lo reconocían. [57] Entonces Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su patria y en su propia familia.» [58] Y como no creían en él, no hizo allí muchos milagros.     

 

 

[1] Aquí comienza el tercer "discurso de Jesús" en el Evangelio de Mateo (véase la Introducción). Jesús ha hecho proclamar por medio de sus apóstoles la venida del Reino; se han visto sus primeras señales: curaciones y victorias sobre los demonios, pero tampoco han estado ausentes las oposiciones y da la impresión de que el conjunto del pueblo no se abre. ¿Qué pensar de ese "Reino de Dios" que cambia tan poco la realidad que vivimos? Mateo entrega una respuesta en las siete parábolas siguientes.-Jesús hablaba por medio de comparaciones, usando la manera concreta de expresarse de los campesinos y de los trabajadores manuales. Proverbios y parábolas siempre han sido el gran medio de transmitir la sabiduría. Pero no cualquier comparación es una parábola, sino aquella que hace tomar conciencia de su situación al que escucha, y lo obliga a definirse.Para los auditores de Jesús el Reino de Dios significaba en primer lugar una liberación de su pueblo oprimido y querían que sobre eso se pronunciara claramente. Pero Jesús, por su parte, sólo podía dar una respuesta a sus seguidores; pues el Reino forma parte de esas cosas que brotan a través del mundo, que fermentan infaliblemente pero que no se pueden ver mientras no se crea en ellas. Jesús se referirá a él sólo a través de imágenes, y nosotros las entenderemos en la medida en que tengamos ya alguna experiencia de él.Para esta parábola del Sembrador, que señala las grandes líneas de este capítulo, véase el comentario de Mc 4,1 y Lc 8,4.Jesús es el Sembrador, y como el sembrador vive para el futuro. Jesús se ha lanzado a una empresa desesperada: salvar a su pueblo cuando aparentemente nadie es ya capaz de frenar la ola de violencia que está subiendo en ese pueblo fanático y oprimido. Y no cuenta más que con la fuerza de la Palabra proclamada y puesta en práctica para revertir la corriente de la historia. Habrá sin duda una buena parte de fracaso, pero también habrá que cosechar, con tal que el grano acepte morir en la tierra. 

 

 

[11] A ustedes se les ha permitido conocer los misterios del Reino. A ustedes que tomaron en serio el llamado de Jesús y se decidieron a seguirlo. Y porque han pasado a ser los cooperadores de Cristo, el Padre les revelará sus secretos.Las palabras de Isaías que aquí se recuerdan pueden sorprendernos porque conocemos la forma hebraica de expresarse: ver al respecto el comentario de Mc 4,11. ¿Acaso Jesús habla en parábolas porque los oyentes no quieren comprender, o para que no comprendan? Tal vez lo uno y lo otro al mismo tiempo (comparar v.13 y 15).Al que tiene se le dará más. El verbo «tener» aquí significa producir, como el árbol que tiene frutos. Es decir, que se dará al que hace fructificar los dones de Dios.El Reino de los Cielos. Ya dijimos que la expresión los Cielos era un modismo propio de los judíos para designar a Dios. El Reino de los Cielos es el Reino de Dios, lo mismo que el Padre de los Cielos es el Padre-Dios. Por no conocer este uso, muchos se han equivocado, pensando que el Evangelio solamente hablaba del Reino de Dios en el Cielo, después de la presente vida. En realidad Jesús proclamaba que Dios había empezado a reinar entre nosotros.¿Reino de Dios, o Reinado de Dios? Ver el comentario en Lc 8,10. 

 

 

[18] Quién acogerá la palabra de Dios? Esto no es cuestión de inteligencia o de capacidad para reflexionar o de interés por las cosas religiosas: la reciben los que están abiertos a la esperanza.A los que están a lo largo del camino no les interesa la palabra que les llegó, sea porque no ven más allá de sus intereses (son personas egoístas o de poca visión), sea porque ya han orientado su vida por otro camino.En seguida encontramos a los que no saben enfrentar la contradicción y se desaniman o se acobardan: inmediatamente se vienen abajo. Esperar es mantenerse firme a pesar de los obstáculos. La esperanza es perseverancia y valentía.Luego vienen los que se sembraron entre espinos. Estos creen, pero no se sienten satisfechos con los frutos que se rebuscan en el camino difícil. Quieren «salvar su vida», y sirven a la vez a Dios y al Dinero. La búsqueda del éxito material los tiene amarrados y, en ellos, la esperanza del Reino no es más que un deseo impotente. 

 

 

[24] Con la parábola de la maleza, Jesús responde a los que se escandalizan al ver el mal presente en todas partes. Hasta el fin del mundo los buenos y los malos estarán mezclados; lo bueno y lo malo estará mezclado en las personas y en las instituciones.Dios respeta a los hombres; sabe que el mal es a menudo más fuerte que sus buenas intenciones. Sabe que necesitan tiempo para afirmarse en el bien.Dios es paciente: la reconciliación de los grupos y de las fuerzas tan diversas que guían al mundo se conseguirá solamente al final de la historia. Mientras tanto, no nos corresponde decidir tajantemente que éstos o aquellos no sirven para nada.Jesús comentó esta parábola: vers. 36 y ss.La levadura que toma una mujer y la introduce... El Evangelio dice más bien entierra o esconde (como en 13,44). Es necesario enterrar y esconder largo tiempo la semilla del Reino para que pueda dar fruto. Y, al revés, poco se puede confiar de lo que sale al aire rápidamente.

 

LA IGLESIA DE JESUS

Con la parábola del grano de mostaza, Jesús nos muestra que el Reino de Dios debe ser una señal: se desarrollará de tal manera que nadie en el mundo podrá ignorarlo. Una corriente espiritual, lo mismo que una aspiración cultural o un movimiento revolucionario, necesita concretizarse en una o varias instituciones que le dan «cuerpo», o sea, una existencia más clara, más visible, más eficaz. Asimismo Jesús proyecta su Iglesia como portadora (pero no propietaria exclusiva) del Reino de Dios. Iglesia significa: Asamblea de los que han sido convocados. Aquí se indican dos características de esta Iglesia:- por una parte será algo bien visible en el mundo, como el árbol que cobija a los pájaros;- por otra se mezclará íntimamente con la masa humana, sin que los creyentes se aparten de los que no creen. Pues ellos son la levadura del mundo.Jesús no se conforma con una «Iglesia invisible», o sea, una fraternidad sentimental y una comunión espiritual de todos aquellos que por todas partes del mundo creen en él. Se necesita un árbol grande (en otro lugar Jesús dice: una ciudad edificada en una cumbre), en que todos reconozcan que la semilla era buena y llena de vida. Se necesitan comunidades cristianas organizadas, lazos entre estas comunidades, una jerarquía... Pero también es necesario que los creyentes no se encierren en sus capillas, que no dediquen toda su atención a las actividades propias de su Iglesia, sino que sean útiles en el mundo junto con todos los demás hombres de buena voluntad. Deben ser levadura en la masa, y no una masa aparte que quisiera ser más refinada que la otra. La levadura transforma la historia humana, no con traer a todos a la iglesia, sino comunicando a todas las actividades humanas el espíritu que da vida. 

 

 

[34] No les decía nada sin usar parábolas. Al leer Mt. 13,12, pareciera que Jesús hablaba con parábolas para ocultar su enseñanza. Pero aquí se nos da otra parte de la verdad: Jesús habla con parábolas porque éste es el medio más apto para dar una enseñanza que perdure a lo largo de la historia.Hablaré en parábolas. Estas son las primeras palabras del salmo 78, modificadas y adaptadas por el evangelista. Quiere decirnos que Jesús, al enseñarnos los secretos del Reino de Dios, contesta los interrogantes más esenciales de la humanidad. Desde los comienzos de la civilización el hombre está abocado a problemas y desafíos que no puede solucionar o superar con los recursos de su propia sabiduría, y Jesús le da la clave de sus contradicciones. La ciencia conoce todos o casi todos los elementos de nuestro destino. Pero todavía nos queda por descubrir quiénes somos.Las respuestas de Jesús no se presentan como una teoría y por eso desconciertan a los pequeños intelectuales acostumbrados al lenguaje de los libros. Pero nos ofrecen algo mucho más rico a través de esas figuras o enigmas que exigen de nosotros una comprensión más activa y a las cuales debemos volver. Cada uno deberá profundizarlas a lo largo de su vida y a lo largo de la historia. Sólo con el tiempo llegaremos a descubrir todo su sentido.El campo es el mundo. Esta parábola no se refiere a lo que pasa en cada uno de nosotros, o dentro de la Iglesia, como ocurre con la red (13,47). Nos invita a mirar cómo el Reino de Dios va madurando a través de toda la historia humana: Historia Sagrada no es solamente la historia antigua del país de Jesús, sino toda la historia humana de la que Cristo es el Señor. Así sucederá al fin del mundo. Jesús nos habla de un juicio... La espera de un juicio de Dios sobre el mundo era un elemento esencial de la predicación de los profetas. No debemos ver en ello únicamente un deseo de venganza de parte de las personas honradas que han sufrido el mal. El saber con certeza que nuestra vida va a ser juzgada por el que ve el fondo de los corazones, es una de las bases de la visión cristiana de la existencia. Comprendemos así el carácter trágico de las decisiones que tomamos día tras día y que van trazando como un camino hacia la verdad o un rechazo de la luz.Esta certeza choca a muchos de nuestros contemporáneos, así como en el pasado asustaba a la mayoría de los hombres. Por eso se han refugiado tan a menudo en las teorías de la metempsicosis, es decir, de una serie de existencias: los pecados de la vida presente se pueden reparar en la siguiente. Se pone en duda la importancia de las elecciones que hacemos y desaparece el sentido del pecado junto con el de la presencia de Dios. Pronto se llega a dudar del valor único de nuestra vida y del valor único de la persona humana.Pero junto con reafirmar el juicio, esta breve parábola contiene un elemento muy revolucionario: el juicio es un secreto de Dios, y hasta el fin del mundo, el bien y el mal estarán mezclados en cada uno de nosotros y también en las instituciones. Cuando leemos la Biblia, nos imparta tal vez ver cómo, no sólo en el Antiguo Testamento sino aún en el Nuevo, se divide siempre el mundo en buenos y malos. Y nos parece que esto no debe ser, pues el interior del hombre es un misterio. No existe un grupo de buenos (que seríamos nosotros, por supuesto, los que creen en Dios y los que observan la misma moral que nosotros...) y otro de malos. ¿Por qué entonces Jesús divide así a los hombres?Respondamos inmediatamente diciendo que Jesús hablaba como lo hacían los profetas. Hablar de buenos y malos era una manera sencilla, adaptada a la mentalidad de pueblos menos evolucionados que nosotros, para mostrar que cada uno de nosotros, en cualquiera de sus actos, da un paso en una de las dos direcciones opuestas. Durante siglos los hombres se han sentido interpretados por esta manera de hablar; incluso para nosotros es convincente y pedagógica en muchos momentos. Pero es muy importante observar aquí que Jesús no se deja engañar por las imágenes; para la mayoría de nosotros la separación aún no se ha hecho, aunque hayamos dado pasos decisivos después de una o más conversiones.Los trabajadores representan a los creyentes, pero de un modo muy especial a los «responsables» de la Iglesia. Su celo en reprimir a los que consideran extraviados, para preservar así lo que para ellos es bueno, está tal vez viciado desde adentro. ¿Querrían acabar con todos los errores? Pero en realidad no creen más que en la fuerza o en la autoridad. Si los «maestros» de la fe no dejaran que los fieles tengan la posibilidad de pensar y de equivocarse, la Iglesia estaría condenada a muerte.Dios prefiere que las cosas se aclaren por sí solas y quiere que los hombres vivan su propia experiencia. El mal forma parte del misterio de la cruz: al hacer el bien y al vivir en la luz, venceremos al mal (Rom 12,21). 

 

 

[44] Las parábolas del tesoro y de la perla nos invitan a que no dejemos pasar la ocasión cuando el Reino viene a nosotros. Muchos han buscado durante años la palabra, o la persona, o la esperanza que daría un nuevo sentido a su vida. Y un día les sale al encuentro. A veces el hallazgo fue modesto: una palabra de perdón, un gesto de amistad verdadera, el primer compromiso que nos ofrecieron y que nosotros tomamos. Pero comprendimos al instante que éste era el encuentro con lo que realmente vale, y entramos alegres al Reino.Pero, dice la parábola: lo vuelve a esconder. Habitualmente Dios es el que vuelve a esconder este tesoro que nos mostró una primera vez y deja que trabajemos y perseveremos largos años para hacerlo nuestro.Va a vender todo lo que tiene. Habrá que despojarse de costumbres y diversiones que ocupaban nuestra vida sin llenarla. Y cuando caiga sobre nosotros la noche y el viento frío de las pruebas, no se deberá olvidar el tesoro que encontramos hasta que volvamos a tenerlo. El filósofo Platón dijo: Es de noche cuando es hermoso creer en la luz.

 

 

EL MAL EN LA IGLESIA

[47] La Iglesia ha dado el Reino a los que entraron en ella, pero nadie está seguro de que no lo perderá.Al hablarnos de una red, Jesús nos recuerda que la Iglesia está hecha para la misión («pescadores de hombres»), aún a sabiendas de que muchos entran y no perseveran. No por el hecho de encerrarse en sí misma la Iglesia estará más segura de tener sólo buenos.¡Cómo nos gustaría una comunidad perfecta, integrada por hombres irreprochables, en la que todos hubieran descubierto el don de Dios! Pero Cristo no lo quiso así, ni ésta es la manera como su Iglesia salva al mundo.

 

EL INFIERNO

Los arrojarán al horno ardiente (50). Esta afirmación, que ya leíamos al final de la parábola de la maleza, no hace más que confirmar lo que dice toda la Biblia: nuestra vida desemboca en un juicio y en una opción definitiva. Llegará el momento en que nuestras decisiones serán irrevocables. La plenitud de la vida ofrecida a los que están «en Dios», tendrá como contrapartida la suerte desesperada de los que porfían en rechazar la vida.La Iglesia ha hablado siempre, según los términos de la Biblia, de un infierno eterno. También reconoció hacia el siglo doce la palabra «purgatorio», para designar la purificación dolorosa que conocerán después de su muerte todos los que se salven, a menos que hayan probado en esta tierra la quemadura terrible del puro amor de Dios.La afirmación del purgatorio choca a los que no han tenido la experiencia de la santidad divina, la que nunca se aproxima sin quemar todo lo que nos pertenece; ¿hemos realmente sopesado lo que exige de nosotros «llegar a ser Dios en Dios»?El infierno no es menos impactante. Sabemos muy bien que el fuego no es más que una figura y que no debemos ver en ello una venganza de Dios; si los condenados al infierno lo son para siempre, es porque no pueden ni quieren renunciar a esa soledad desgarradora en que se han encerrado por sí mismos. Esta es para ellos tanto su gozo como su suplicio.En nuestros tiempos, sin embargo, muchas personas ya no soportan la idea de una pena sin fin, e inmediatamente echan mano a argumentos filosóficos para apoyar su sentir. Es verdad que Jesús hablaba con el lenguaje de su tiempo y no el nuestro; esa división del mundo entre buenos y malos está inscrita en toda su cultura. Pero también es totalmente cierto que Jesús tenía el conocimiento profundo y verdadero de Dios y del hombre; si hubiera visto en ese «castigo» algo contrario a la bondad infinita de Dios, lo habría dicho sin preocuparse del escándalo. Y si habló como lo hizo, fue porque el amor infinito de Dios no nos quita la libertad de apartarnos de él y de desafiarlo.Es digno de notar que Jesús no habla de condenación sólo para algunos crímenes horribles: condenación o salvación son una opción para todos. Pero debemos considerar también que no habla según nuestras categorías del infierno o del purgatorio: la «gehenna» (Mt 5,22; 10,28) o el fuego (Mc 9,34) son figuras imprecisas que posiblemente cubren a la vez todo lo que entendemos con las palabras purgatorio e infierno. En varios lugares se dice que el «fuego del infierno» es «eterno» (Mc 9,22; Mt 18,8; Mt 25,41), pero esa palabra no tenía entonces el sentido preciso que le damos; podría tal vez entenderse de algo que está más allá de nuestra experiencia del tiempo. Podemos pues plantearnos preguntas, a pesar de que el sentido de la frase parece bien claro. Pero debemos también considerar dos cosas: En primer lugar, hablar de lo que Dios debe o no debe hacer, es como enseñarle la justicia. Pero si la justicia no es más que algo del misterio de Dios. ¿Y qué sabemos de él? En seguida, tendremos que responder a esta pregunta: Si Jesús quería decir que algunos van a una desgracia que no tendrá fin, ¿cómo tenía que decirlo para que no diéramos vuelta a sus palabras?El misterio sigue pues tal cual. Pero si hemos comprendido a qué nos invita Dios -y esto por una eternidad, en el sentido más estricto del término- y que la vida es única, y que es en esta tierra donde terminaremos de dar a luz nuestra eternidad, ¿habría palabras demasiado fuertes para el que lo ha perdido todo? 

 

 

[51] Jesús habla del discípulo que ha pasado a ser maestro de la Ley, es decir que es capaz de instruir a los demás. Este, al meditar constantemente las parábolas de Jesús, sacará de ellas enseñanzas siempre nuevas y adaptadas a nuevas circunstancias. Y al mismo tiempo verá que su experiencia se ajusta a la anterior experiencia de la Iglesia. 

 

 

[53] Comparar con Lc 4,14. Ver comentario de Mc 3,31. 

 

 

 

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Mt. 14, 1 - 36

             LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MC 6,14; LC 9,7)   [1] Por aquel tiempo, la fama de Jesús había llegado hasta el virrey Herodes. [2] Y dijo a sus servidores: «Éste es Juan Bautista; Juan ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él poderes milagrosos.» [3] En efecto, Herodes había ordenado detener a Juan, lo había hecho encadenar y encerrar en la cárcel, a causa de Herodías, esposa de su hermano Filipo. [4] Porque Juan le decía: «La Ley no te permite tenerla como esposa.» [5] Herodes quería matarlo, pero tenía miedo de la gente, que consideraba a Juan como un profeta. [6] En eso llegó el cumpleaños de Herodes. La hija de Herodías salió a bailar en medio de los invitados, y le gustó tanto a Herodes, [7] que le prometió bajo juramento darle todo lo que le pidiera. [8] La joven, a instigación de su madre, le respondió: «Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista.» [9] El rey se sintió muy molesto, porque se había comprometido bajo juramento en presencia de los invitados; aceptó entregársela, [10] y mandó decapitar a Juan en la cárcel. [11] Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, quien a su vez se la llevó a su madre. [12] Después vinieron los discípulos de Juan a recoger su cuerpo y lo enterraron. Y fueron a dar la noticia a Jesús.   PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MC 6,32; JN 6)   [13] Al conocer esa noticia, Jesús se alejó discretamente de allí en una barca y fue a un lugar despoblado. Pero la gente lo supo y en seguida lo siguieron por tierra desde sus pueblos. [14] Al desembarcar Jesús y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de ellos y sanó a sus enfermos. [15] Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: «Estamos en un lugar despoblado, y ya ha pasado la hora. Despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y se compren algo de comer.» [16] Pero Jesús les dijo: «No tienen por qué irse; denles ustedes de comer.» [17] Ellos respondieron: Aquí sólo tenemos cinco panes y dos pescados. [18] Jesús les dijo: «Tráiganmelos para acá.» [19] Y mandó a la gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente. [20] Todos comieron y se saciaron, y se recogieron los pedazos que sobraron: ¡doce canastos llenos! [21] Los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.   JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MC 6,45; JN 6,16)   [22] Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. [23] Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo. [24] La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra, y las olas le pegaban duramente, pues soplaba el viento en contra. [25] Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. [26] Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y por el miedo se pusieron a gritar. [27] En seguida Jesús les dijo: «Animo, no teman, que soy yo.» [28] Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» [29] Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. [30] Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!» [31] Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?» [32] Subieron a la barca y cesó el viento, [33] y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» [34] Terminada la travesía, desembarcaron en Genesaret. [35] Los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús y comunicaron la noticia por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos. [36] Le rogaban que los dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.            

 

 

[1] Para los cap. 14 y 15, ver comentario de Mc 6 y 7. 

 

 

[13] Ver comentarios de Mc 6,32 y Jn 6.Parece que esta seguidilla de relatos que ocupan los capítulos 14 y 15 y el comienzo del 16 formaba todo un conjunto desde los primeros años de la Iglesia; se la encuentra idéntica en Marcos y en parte en Lucas. Como en todos los textos que han sido transmitidos oralmente durante un tiempo, había ideas comunes y palabras-claves que ayudaban a concatenar unos relatos con otros. Uno de los puntos comunes debió haber sido aquí el pan.No olvidemos que el pan era el alimento por excelencia, y comer el pan significaba servirse una verdadera comida, no únicamente una fruta o un bocado (así lo tradujimos en 15,2). Por otra parte, no existían muchas otras necesidades fuera de la comida y de la ropa y con mucha naturalidad la religión concedía un lugar importante a todo lo que se refería a la alimentación. De ahí las preguntas planteadas en estos capítulos y las respuestas entregadas por Jesús. Incluso el pan de los hijos (15,26) servirá de ocasión para completar las enseñanzas sobre la eucaristía que se sacaron de las dos multiplicaciones de los panes. 

 

 

[22] Ver comentario de Mc 6,45.Se asustaron a causa de su falta de fe, porque lo tomaban por un fantasma. Una fe sana domina al miedo inspirado por las creencias y supersticiones.Manda que yo vaya a ti. Mateo no quiere subrayar la vacilación de Pedro, sino su fe. Sólo él se atrevió a desear para sí lo que parecía reservado a Jesús. Y cuando volvió a estar con sus compañeros, debía de haber sido renovado por esta experiencia que su baño forzado no pudo hacerle olvidar.¡Hombre de poca fe! Otra vez Jesús reserva este reproche a sus mejores discípulos, para convencer a esos otros discípulos que somos nosotros, de que nos falta mucho todavía (ver 6,30; 8,26; 16,8; 17,20). mateo 

 

 

 

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Mt. 15, 1 - 39

             MANDATOS DE DIOS Y ENSEÑANZAS DE HOMBRES (MC 7,1)   [1] Unos fariseos y maestros de la Ley habían venido de Jerusalén. Se acercaron a Jesús [2] y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los antepasados? No se lavan las manos antes de comer.» [3] Jesús contestó: «Y ustedes, ¿por qué quebrantan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones? [4] Pues Dios ordenó: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre. Y también: El que maldiga a su padre o a su madre debe ser condenado a muerte. [5] En cambio, según ustedes, es correcto decir a su padre o a su madre: Lo que podías esperar de mí, ya lo tengo reservado para el Templo. [6] En este caso, según ustedes, una persona queda libre de sus deberes para con su padre y su madre. Y es así como ustedes anulan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones. [7] ¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón profetizó Isaías de ustedes, cuando dijo: [8] Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [9] El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres.»  MANCHA AL HOMBRE LO QUE SALE DE ÉL (MC 7,14; LC 6,39)   [10] Luego Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan: [11] Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca.» [12] Poco después los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tu declaración?» [13] Jesús respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. [14] ¡No les hagan caso! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.» [15] Entonces Pedro tomó la palabra: «Explícanos esta sentencia.» [16] Jesús le respondió: «¿También ustedes están todavía cerrados? [17] ¿No comprenden que todo lo que entra por la boca va al estómago y después termina en el basural? [18] En cambio lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona. [19] Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, mentiras, chismes. [20] Estas son las cosas que hacen impuro al hombre; pero el comer sin lavarse las manos, no hace impuro al hombre.»  JESÚS SANA A LA HIJA DE UNA PAGANA (MC 7,24)  [21] Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón. [22] Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.» [23] Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros.» [24] Jesús contestó: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.» [25] Pero la mujer se acercó a Jesús; y, puesta de rodillas, le decía: «¡Señor, ayúdame!» [26] Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos.» [27] La mujer contestó: «Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.» [28] Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y en aquel momento quedó sana su hija.  SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DEL PAN (MC 7,31)    [29] De allí Jesús volvió a la orilla del mar de Galilea y, subiendo al cerro, se sentó en ese lugar. [30] Un gentío muy numeroso se acercó a él trayendo mudos, ciegos, cojos, mancos y personas con muchas otras enfermedades. Los colocaron a los pies de Jesús y él los sanó. [31] La gente quedó maravillada al ver que hablaban los mudos y caminaban los cojos, que los lisiados quedaban sanos y que los ciegos recuperaban la vista; todos glorificaban al Dios de Israel. [32] Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de esta gente, pues hace ya tres días que me siguen y no tienen comida. Y no quiero despedirlos en ayunas, porque temo que se desmayen en el camino.» [33] Sus discípulos le respondieron: «Estamos en un desierto, ¿dónde vamos a encontrar suficiente pan como para alimentar a tanta gente?» [34] Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete, y algunos pescaditos.» [35] Entonces Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo. [36] Tomó luego los siete panes y los pescaditos, dio gracias y los partió. Iba entregándolos a los discípulos, y éstos los repartían a la gente. [37] Todos comieron hasta saciarse y llenaron siete cestos con los pedazos que sobraron. [38] Los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. [39] Después Jesús despidió a la muchedumbre, subió a la barca y fue al territorio de Magadán.          

 

 

[1] Ver el comentario de Mc 7,1.No se lavan las manos. Los fariseos defendían algo excelente y que nosotros mismos practicamos. Pero Jesús veía más lejos; todas esas buenas costumbres y prácticas religiosas (incluyendo los ayunos y las prácticas de meditación) se vuelven fácilmente en una cortina de humo que nos oculta lo esencial: una disponibilidad constante para responder a los llamados de Dios, y la confianza absolutamente simple en su misericordia, que es la única que nos puede salvar.Ver también el comentario de Mc 7,14. 

 

 

[10] Ver el comentario de Mc 7,14.Todas las sociedades sienten la necesidad de distinguir el bien del mal, pero lo hacen con criterios humanos. Jesús juzga esos criterios.Puro e impuro. Para la sociedad judía, el culto de Dios era lo esencial, y se preocupaban antes que nada por distinguir lo puro de lo impuro. Jesús muestra que la verdadera pureza no es la que ellos buscan. El hombre no es puro por lo que entra en él (alimentos, contactos, ritos exteriores), sino por lo que sale de él: conciencia e intenciones buenas que producen actos agradables a Dios.No es seguro que los códigos de buena conducta de nuestra sociedad y de sus numerosas buenas sociedades no sean una manera más de distinguir a los puros de los impuros. Hasta en la misma Iglesia, en los siglos pasados, hubo una tendencia a atribuir a los ministros consagrados una "pureza" que les reservaba sólo a ellos el contacto con las cosas santas. De ahí que, durante la edad media, se llegó a no dar la comunión en la mano como se había hecho durante más de diez siglos. 

 

[29] Jesús multiplicó el pan dos veces. Es uno de los milagros que más nos impresionan, pues la palabra "milagro" es con frecuencia desvalorizada. La Biblia emplea diversas palabras para designar lo que realmente aparece como una obra de Dios: signo, prodigio, obra poderosa. El milagro, en su sentido estricto, es todo eso a la vez: un «signo» por el cual Dios nos descubre su querer y el orden invisible del mundo; un «prodigio» que desconcierta nuestras previsiones, una «obra» que sólo Dios es capaz de realizar.La multiplicación de los panes es la clase de milagros que más choca a nuestros contemporáneos y a su fe absoluta en las "leyes de la naturaleza", las que ni siquiera Dios tendría el poder de sobrepasar o de ignorar sin contradecirse. Y aún cuando no se niegue abiertamente el testimonio de los apóstoles, se prefiere muchas veces evitar una toma de posición, diciendo por ejemplo: "El milagro es más bello aún si uno se imagina que Jesús solamente invitó a la gente a que compartiera sus provisiones individuales, y así hubo suficiente para todos: "¡un milagro de solidaridad!"Pero el Evangelio no pretende ensalzar la solidaridad; más bien quiere celebrar la libertad absoluta de Dios y de Cristo: hasta la naturaleza debe callarse, porque aquí se resucita a los muertos. Para un cristiano la creación no es una gran máquina que Dios entregó a los hombres después de haberla construido; al contrario, es un reflejo vivo de Dios. Las leyes naturales, que son sombra de la sabiduría, del orden y de la justicia que hay en Dios, no excluyen jamás la libertad.A lo largo de la historia cristiana, el Señor ha multiplicado y sigue multiplicando el pan, los alimentos y hasta los tarros de conserva, muy especialmente para aquellos que lo han dado todo o que lo arriesgan todo por él: basta oír los testimonios. 

 

 

 

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Mt. 16, 1 - 28

             LOS FARISEOS PIDEN UNA SEÑAL (MC 8,11; LC 11,16; 12,54)   [1] Los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús. Querían ponerlo en apuros, y le pidieron una señal milagrosa que viniera del Cielo. [2] Jesús respondió: «Al atardecer ustedes dicen: Hará buen tiempo, pues el cielo está rojo y encendido. [3] Y por la mañana: Con este cielo rojo obscuro, hoy habrá tormenta. Ustedes, pues, conocen e interpretan los aspectos del cielo, ¿y no tienen capacidad para las señales de los tiempos? [4] ¡Generación mala y adúltera! Ustedes piden una señal, pero señal no tendrán, sino la señal de Jonás.» Jesús, pues, los dejó y se marchó.  [5] Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de llevar pan. [6] Jesús les dijo: «Tengan cuidado y desconfíen de la levadura de los fariseos y de los saduceos.» [7] Ellos empezaron a comentar entre sí: «¡Caramba!, no trajimos pan.» [8] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué se preocupan, hombres de poca fe? ¿Porque no tienen pan? [9] ¿Es que aún no comprenden? ¿No se acuerdan de los cinco panes para los cinco mil hombres, y cuántas canastas recogieron? [10] ¿Ni de los siete panes para los cuatro mil hombres, y cuántos cestos llenaron con lo que sobró? [11] Yo no me refería al pan cuando les dije: Cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos. ¿Cómo puede ser que no me hayan comprendido?» [12] Entonces entendieron a lo que Jesús se refería: que debían tener los ojos abiertos, no para cosas de levadura, sino para las enseñanzas de los fariseos y saduceos.  LA FE DE PEDRO Y LAS PROMESAS DE JESÚS (MC 8,27; LC 9,18; JN 6,69)   [13] Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo? ¿Quién es el Hijo del Hombre?» [14] Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros que eres Elías, o bien Jeremías o alguno de los profetas.» [15] Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» [16] Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.» [17] Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. [18] Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. [19] Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.» [20] Entonces Jesús les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.  JESÚS ANUNCIA SU PASIÓN (MC 8,31; LC 9,22; 12,9; 14,27)   [21] A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho. Que incluso debía ser muerto y que resucitaría al tercer día. [22] Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas.» [23] Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tú me harías tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.» [24] Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. [25] Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. [26] ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo? [27] Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta. [28] En verdad les digo: algunos que están aquí presentes no pasarán por la muerte sin antes haber visto al Hijo del Hombre viniendo como Rey.»    

 

 

[1] Una señal milagrosa que viniera del Cielo, o sea de Dios, según el modo de hablar de los judíos. Querían una prueba de que Dios estaba con él.No se les dará señal. Jesús se niega a hacer prodigios para demostrar su autoridad. Los que aman la verdad y buscan las cosas auténticas, sabrán reconocer la firma de Dios en las actuaciones de Jesús y de sus apóstoles, aun cuando mil propagandas hablen en contra.La señal de Jonás es la resurrección de Jesús (ver Mt 12,40). En algún sentido la resurrección es la señal más decisiva de su misión, pero solamente la entienden los que creen. Los que exigen milagros para creer no tendrán respuesta. 

 

 

[5] El Evangelio ha guardado muy pocas cosas de lo que conversaban entre sí Jesús y sus apóstoles durante esos largos meses de vida en común. Qué bueno que al menos se hayan referido aquí a una de las muchas tonterías que dijeron delante de él. Si entendieron al revés su advertencia, fue porque estaban muy preocupados por esas cosas "necesarias" que siempre convendría más dejarlas en las manos de Dios.Desconfíen de la levadura de los fariseos y de los saduceos: ver Mc 8,11. Con mucha frecuencia el Evangelio asocia estos dos nombres. Ya hemos visto que los saduceos eran el partido de los jefes de los sacerdotes. Eran por derecho de familia los responsables de la vida nacional y religiosa del pueblo de Dios. Los fariseos en cambio se adherían personalmente a su partido que se dedicaba a la defensa de la Ley de Dios. Eran enemigos de los Saduceos.No digamos que "¡eran hipócritas y gente perversa!" Las autoridades civiles y religiosas del pueblo de Israel se opusieron muy naturalmente a Jesús. ¿Cómo podría Dios visitar a su pueblo y ser bien acogido por la mayoría de sus jefes, mientras éstos se sienten propietarios ya sea de sus títulos o de su autoridad, ya sea de sus talentos o de sus propios méritos?

 

 

LA IGLESIA - PEDRO - EL PAPA

[13] Una de las parábolas del Reino de Dios ya anunciaba de alguna manera a la Iglesia (Mt 13,31-33). Ahora el presente texto nos habla nuevamente de la Iglesia.Nos dice cuál es su base: la fe en Jesús, Cristo e Hijo de Dios. Realza la dignidad propia de Pedro entre todos los apóstoles. Sugiere que la Iglesia siempre necesitará esa cabeza visible.La fe en Cristo, Hijo de Dios, que Pedro proclama primero entre los apóstoles, es realmente algo que viene de Dios. Nuestra fe no es una opinión humana, una adhesión sentimental; no viene de la carne ni de la sangre, expresión que, entre los judíos, designaba lo que en el hombre es puramente humano, lo que el ser mortal hace y comprende con sus propias capacidades. La fe en Cristo es mucho más que una convicción humana, y las palabras con que Jesús felicita a Pedro: Feliz eres Simón... valen también para todo verdadero creyente. El Padre es el que nos ha elegido y nos ha traído hacia Cristo (ver Jn 6,37 y 6,44). Después se enfatiza la dignidad de Pedro. Hablamos de Pedro, a pesar de que su nombre era Simón, pues Jesús le dio este apodo de Piedra que nosotros deformamos en Pedro. Este cambio de nombre significa que Dios le ha dado una misión, como ya había ocurrido con Abrahán y Jacob (Gén 17,5 y 32,29). Otros textos en el Evangelio atestiguan el liderazgo y la fe de Pedro: Mt 10,2; 14,28; 17,25; Lc 5,8-10; 22,32; Jn 6,68 y 22,15-19.Pero lo que Jesús dice a Pedro, ¿vale también para sus sucesores? Nadie puede negar que ya en el Antiguo Testamento Dios quiso que su pueblo tuviera un centro visible, Jerusalén, y la nación se había ordenado en torno al Templo y a los reyes, hijos de David. Cuando Dios eligió a David, le prometió que sus hijos estarían para siempre encabezando el Reino de Dios; esta promesa se verificó en Jesús. Ahora, Jesús elige a Pedro, que será para siempre la base visible del edificio. En adelante los sucesores de Pedro serán lo que él mismo fue en la primitiva Iglesia.Para los judíos, atar y desatar significaba declarar lo que está prohibido y lo que está permitido. Así a Pedro y a sus sucesores los Papas les corresponde determinar, en última instancia, quiénes pertenecen y quiénes no pertenecen al cuerpo de los creyentes, y qué es parte o no de la fe de la Iglesia.La historia de la Iglesia primitiva manifiesta que, ya en los primeros siglos, las iglesias locales eran conscientes de la autoridad suprema del obispo de Roma, sucesor de Pedro.Su rol no pudo sino ampliarse a lo largo de la historia, ya que era tanto más necesario cuanto más fuertes se hacían las tensiones entre los cristianos de diversos continentes y culturas, cada vez más distintos en sus expresiones religiosas.Sin embargo, el hecho de reconocer esa misión del sucesor de Pedro no quiere decir que su palabra deba acallar todas las otras voces dentro de una Iglesia silenciosa, ni que su autoridad justifique una estructura que aplaste la vida. Este texto no suprime otras palabras del Evangelio muy importantes, en las que la base de la Iglesia es un «colegio» de apóstoles, y donde nada se hace sin diálogo. Pedro es el «portero» (Mc 13,34), pero no es el «Maestro» ni el «Padre» (Mt 23,9). La misión que le fue entregada de fortalecer en la fe a sus hermanos, no significa que éstos sean menores de edad en la fe. Su responsabilidad universal cobra todo su sentido en una Iglesia en la que cada uno tiene el deber de pensar por sí mismo y la libertad de expresarse.Los poderes de la muerte (18). El texto original dice «las puertas del Hades». «Las Puertas» designaban entonces la sede del gobierno; el Hades designa el mundo subterráneo abandonado a los muertos y a los poderes demoníacos. Por más que las fuerzas de la muerte se esfuercen por hundir a la Iglesia o por desarrollar en ella fermentos de corrupción, no le impedirán que cumpla su misión salvadora. Este enfrentamiento se describe en Ap 12,17.Otros textos presentan a los Doce apóstoles como los cimientos de la Iglesia (Ef 2,20 y Ap 21,14). También ellos reciben el poder de atar y desatar en Jn 20,21, pero, en ese lugar, se refiere claramente al perdón de los pecados. (Ver también Mt 18,18). Hay otras palabras de Jesús a Pedro (Lc 22,31 y Jn 21,15).Al leer los relatos de Mc 8,27 y Lc 9,18 se plantean algunas preguntas respecto a esta «fe» de Pedro: ver comentario de Lc 9,18.Jesús, piedra de base: Mc 10,12; 1 Cor 3,11; 1 Pe 2,6. 

 

 

[21] .Ver el comentario en Mc 8,31.Después de ponerse al servicio del Reino, Pedro no podía aceptar que la injusticia y la fuerza del mal salieran vencedoras. Jesús, en cambio, sabe que para destruir el poder del mal no hay otro camino que el sacrificio de sí mismo.¡Ponte detrás de mí, Satanás! Pedro se pone frente a Jesús para cerrarle el camino que lleva a la cruz y Jesús reconoce en su intervención la misma voz que lo tentó en el desierto. Por eso Jesús lo llama Satanás, que significa Tentador o Estorbo. Que Pedro pase más bien detrás de Jesús y lo siga, como conviene a un discípulo.El que quiera asegurar su vida la perderá. (25). Jesús recuerda la gran opción de toda vida humana: nadie podrá encontrar a Dios ni llevar a bien su vida si no es sacrificándola. Fuera de eso, todo es palabrería. Es una opción que, mientras más prometedora se nos presente la vida, más nos espanta. Y esa es la razón por la cual los compromisos definitivos dan miedo a muchos. 

 

 

 

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Mt. 17, 1 - 27

             LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS (MC 9,2; LC 9)   [1] Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. [2] A la vista de ellos su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. [3] En seguida vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús. [4] Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, levantaré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» [5] Estaba Pedro todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube dijo: «¡Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido, escúchenlo!» [6] Al oír la voz, los discípulos se echaron al suelo, llenos de miedo. [7] Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levántense, no tengan miedo.» [8] Ellos levantaron los ojos, pero ya no vieron a nadie más que a Jesús. [9] Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.» [10] Los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?» [11] Contestó Jesús: «Bien es cierto que Elías ha de venir para reordenar todas las cosas. [12] Pero créanme: ya vino Elías y no lo reconocieron, sino que lo trataron como se les antojó. Y así también harán sufrir al Hijo del Hombre.» [13] Entonces los discípulos comprendieron que Jesús se refería a Juan el Bautista.  JESÚS SANA A UN EPILÉPTICO (MC 9,14; LC 9,37)   [14] Cuando volvieron donde estaba la gente, se acercó un hombre a Jesús y se arrodilló ante él. Le dijo: [15] «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y su estado es lastimoso. A menudo se nos cae al fuego, y otras veces al agua. [16] Lo he llevado a tus discípulos, pero no han podido curarlo.» [17] Jesús respondió: «¡Qué generación tan incrédula y malvada! ¿Hasta cuándo estaré entre ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá.» [18] En seguida Jesús dio una orden al demonio, que salió, y desde ese momento el niño quedó sano. [19] Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos echar a ese demonio?» [20] Jesús les dijo: «Porque ustedes tienen poca fe. En verdad les digo: si tuvieran fe, del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes. [21] (Esta clase de demonios sólo se puede expulsar con la oración y el ayuno).»  [22] Un día, estando Jesús en Galilea con los apóstoles, les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, [23] y le matarán. Pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.  EL IMPUESTO PARA EL TEMPLO   [24] Al volver a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobran el impuesto para el Templo. Le preguntaron: «El maestro de ustedes, ¿no paga el impuesto?» [25] Pedro respondió: «Claro que sí». Y se fue a casa. Cuando entraba, se anticipó Jesús y le dijo: «Dame tu parecer, Simón. ¿Quiénes son los que pagan impuestos o tributos a los reyes de la tierra: sus hijos o los que no son de la familia?» [26] Pedro contestó: «Los que no son de la familia.» Y Jesús le dijo: «Entonces los hijos no pagan. [27] Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, vete a la playa y echa el anzuelo. Al primer pez que pesques ábrele la boca, y hallarás en ella una moneda de plata. Tómala y paga por mí y por ti.»          

 

 

[1] Ver comentario en Mc 9,2 y Lc 9,28. 

 

 

[14] Ver comentario en Mc 9,14. 

 

 

[22] Varias veces Jesús anunció su muerte (ver 16,21 y 20,17). En ningún momento la presentó como un accidente que podría contrarrestar sus proyectos. Juan nos dirá que Jesús la ha deseado como el medio de dar gloria a su Padre y de reconciliar a los hombres (Jn 17). Jesús habla de sí mismo en tercera persona, el Hijo del Hombre, pues mira su propia suerte como desde fuera. Esta es la voluntad del Padre y él no se toma en cuenta a sí mismo. 

 

 

[24] Todos los judíos pagaban el impuesto para el mantenimiento del Templo, y los cobradores se acercan a Pedro por ser él el dueño de la casa en que Jesús se aloja. Jesús observa la Ley, pero aprovecha la oportunidad para dar a entender quién es él: los cobradores no saben que se están dirigiendo al Hijo. Se ve el dominio del Señor sobre toda criatura y, también, su solidaridad más estrecha con Pedro.Tal vez la presencia de este texto se deba a que los cristianos de origen judío, para quienes escribía Mateo, se preguntaban si todavía debían pagar ese impuesto. 

 

 

 

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Mt. 18, 1 - 35

             ¿QUIÉN ES EL MÁS GRANDE? LOS ESCÁNDALOS   [1] En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?» [2] Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de los discípulos, [3] y declaró: «En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. [4] El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos. [5] Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.  [6] El que hiciera caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar. [7] ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo! [8] Si tu mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. [9] Y si tu ojo te está haciendo caer, arráncalo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar tuerto en la vida que ser arrojado con los dos ojos al fuego del infierno. [10] Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo. [11]  [12] ¿Qué pasará, según ustedes, si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía? ¿No dejará las noventa y nueve en los cerros para ir a buscar la extraviada? [13] Y si logra encontrarla, yo les digo que ésta le dará más alegría que las noventa y nueve que no se extraviaron. [14] Pasa lo mismo donde el Padre de ustedes, el Padre del Cielo: allá no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos.  CÓMO CONVIVEN LOS HERMANOS EN LA FE (LC 17,3)   [15] Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. [16] Si no te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. [17] Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea. Si tampoco escucha a la iglesia, considéralo como un pagano o un publicano. [18] Yo les digo: «Todo lo que aten en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo. [19] Asimismo yo les digo: si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá. [20] Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»  [21] Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» [22] Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.»  EL QUE NO PERDONÓ A SU COMPAÑERO   [23] «Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, [24] y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. [25] Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. [26] El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.» [27] El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda. [28] Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes.» [29] El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.» [30] Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda. [31] Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor. [32] Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. [33] ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?» [34] Y hasta tal punto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos, hasta que pagara toda la deuda. [35] Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»  

 

 

[1] Aquí comienza el tercer Discurso del Evangelio de Mateo, que no es muy homogéneo, pero que está centrado en la vida de la comunidad. Pues es evidente que los que dicen «Padre Nuestro» no están aislados. Jesús les ofrece, en reemplazo de la nación de Israel, su Iglesia, que es ante todo comunidades.- 6-11: preocupación por los «pequeños»;- 12-14: preocupación por los extraviados;- 15-20: comunión fraterna en presencia de Cristo;- 21-35: perdón.El primer párrafo de este capítulo se comenta en Marcos (ver Mc 9,33).

 

 

LOS PEQUEÑOS

[6] A continuación Jesús pasa de los niños a los pequeños, es decir, a la gente sencilla. Son pequeños en el sentido de que no cuentan mucho en la sociedad.Jesús piensa en las personas que hacen caer a los pequeños por su mal ejemplo, porque su situación, su dinero o su poder les permiten presionar a los pobres y a los desamparados.¡Ay del mundo a causa de los escándalos! ¿Será necesario recordar el sentido genuino del escándalo? El «scandalon» es la pequeña piedra que sobresale y en la que tropieza el desprevenido. El escándalo no es lo que hace mucho ruido o lo que perturba a la sociedad, sino lo que siembra confusión en las conciencias y hace caer a los que se tenían por gente de confianza.Los pequeños son, muchas veces, gente que se esfuerza por salir de su condición y llegar a ser más independientes, gracias a una mejor educación y a mayores entradas económicas. Pero a menudo la sociedad les hace muy difícil lograr una superación a quienes no entran en juegos sucios o se niegan a imitar el modo de vivir de las personas egoístas. Debido a esto, no raras veces los pequeños deben resignarse a un fracaso, a perder su ojo, antes que renunciar a lo más importante, que es vivir bajo la mirada de Dios.¡Ay del mundo...! Jesús nos invita a tomar conciencia del pecado tanto individual como social: las estructuras malas serán derribadas de cualquier manera, con lágrimas y sangre (Lc 23,28).Tiene que haber escándalos. Jesús vivió en un tiempo de violencia y, aparentemente, no se queja de que el mundo sea como es. Nunca nos invitó a soñar con un paraíso en la tierra. Dejemos que algunas comunidades cristianas sueñen con ser un rebaño de corderitos muy simpáticos, dócilmente ordenados en torno a su buen pastor. Diferente es la visión que Jesús tiene de la existencia cristiana.El mundo real, o sea, el que Dios creó y que Dios salva, no fue destinado a ser un oasis de felicidad, sino que es el lugar donde se forman personas libres, mediante la lucha y la superación constante. Los escándalos son parte de este mundo, y el poder del Mal no disminuye en absoluto la gloria que Dios recibirá de su creación al final. El sufrimiento y la sed de justicia serán fuente de santidad, siendo los medios por los cuales Dios hará crecer el amor.Es mejor para ti que entres en la vida sin una mano o un pie. Jesús recalca el valor incomparable de la vida eterna: esta sentencia ya se leyó y se comentó en 5,29. 

 

 

[12] La comparación de las cien ovejas está también en el Evangelio de Lucas (Lc 15,1): la Iglesia no debe parecerse al grupo de los fariseos, que querían ser «los buenos» y se creían serlo. Una comunidad preocupada por buscar a los pecadores y acogerlos tiene ciertamente menos atractivo que una comunidad de gente considerada, pero en ella se vive con más confianza y con más alegría.Varios de los más grandes comentaristas de la Iglesia antigua han establecido una relación entre esta parábola y la mención de los ángeles en el versículo 10. Veían allí una figura de la venida del Creador quien, teniendo noventa y nueve ovejas buenas, los innumerables ángeles de la creación, viene personalmente a buscar a la que había perdido: la humanidad.Esto parecerá tal vez pueril a los cristianos modernos, convencidos, al igual que sus contemporáneos, de que el hombre es la medida del universo y de que nadie más existe en él. Con todo, si bien los grandes sabios de la Iglesia antigua no conocían como nosotros la inmensidad de los años luz, tenían en cambio la ventaja de sentir el peso de ese universo. Vivían bajo un verdadero cielo, lleno de estrellas y no una capa de smog, sometidos al ritmo inevitable del día y de la noche: una noche sin equipos sonoros, ni motores ni electricidad. Pero parece que esta formidable presencia no los enajenaba y comprendían que la masa del universo material tiene muy poco que ver con lo infinito de Dios. Para ellos, Dios había lanzado a la existencia a multitudes de criaturas semejantes a El, espirituales, por supuesto, y nuestro universo de materia y espacio no era más que el último de esos reflejos en el que se extingue poco a poco el fuego de Dios. Pero he aquí que se manifestó la increíble generosidad divina: precisamente allí, en esa humanidad tan poco espiritual, vendría a hacerse carne la Palabra. Y en El reuniría a esos innumerables mundos espirituales a partir de esos bípedos implumes lentos para comprender, y tan satisfechos de sí mismos, que tanto necesitan de una reeducación.

 

 

LA IGLESIA SACRAMENTO DE DIOS

[15] Dos palabras de Jesús a la Iglesia:Si tu hermano ha pecado. Jesús había dicho a Pedro: «Todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo.» Aquí lo dice a toda la Iglesia. Todos los conflictos han de solucionarse con la certeza de que Cristo está en medio de nosotros; esto mismo significa su nombre, «Emanuel» (1,23).Reunidos en el Nombre de Jesús. La oración de la comunidad, de un equipo apostólico, de una pareja cristiana.¿Hemos reparado en lo corto que es este capítulo sobre la Iglesia? Y eso que Mateo es el que más piensa en la Iglesia de Jesús, ya sea en las parábolas del Reino o en la profesión de fe de Pedro. No parece que Jesús haya dado algo a sus apóstoles respecto a las estructuras que habría que establecer (o que por lo mismo podrían desaparecer): sólo les habla de un espíritu comunitario. La acogida a los pobres, el perdón continuo y la aceptación de los demás, la oración de una comunidad que tiene ansias apostólicas y que le pide a Dios a gritos que le dé lo que le pide, esos son toda la sabiduría y todos los medios con que cuenta la Iglesia para afrontar los desafíos de la evangelización.Mientras participamos en el trajín de la comunidad, superando los conflictos inevitables y perseverando en la labor apostólica, aprendemos a conocer al Padre. La Iglesia, pues, es el lugar sagrado en que encontramos a Dios y, para expresar esta realidad, decimos que la Iglesia es sacramento de Dios.También hablamos de varios sacramentos: el Bautismo, la Eucaristía... etc. Algunos quieren recibir los sacramentos sin comprometerse con la Iglesia, pero olvidan que los ritos religiosos tienen un valor sagrado en cuanto son gestos de la Iglesia, la cual es el Sacramento de Dios. Dios no está contenido en cosas, sino que se expresa por medio de la familia de Cristo: todo lo que aten en la tierra... Vivir en armonía con la comunidad, aun cuando no la aprobemos, es un signo de que estamos en gracia de Dios. 

 

 

[21] Setenta y siete veces. Esto se contrapone a la sed de venganza expresada en Gén 4,24. Ver también el texto de Lc 17,3; debemos perdonar, pero también el que ha actuado mal tiene que manifestar su arrepentimiento.Nótese que el texto de 18,15 es dudoso. Tal vez estaba escrito: Si tu hermano ha pecado, vete a hablar... En este caso, se refería al esfuerzo de la comunidad por corregir al hermano que anda por mal camino.

 

 

EL PERDON

[23] Las ofensas que nos hacen los compañeros no son nada en comparación con nuestras ofensas a Dios. Y mientras Dios perdona todo, nosotros ni siquiera damos un plazo. Dios no hace valer sus derechos y parece que ni siquiera los conociera, porque es el Padre. En cambio nosotros, al hacer valer nuestros derechos, nos portamos como siervos malos. Mt 5,43.Esta parábola apunta más allá de nuestros pecados personales. Oímos hablar diariamente del peso de odio y de rencores que los más diversos pueblos tienen acumulado unos contra otros, muchas veces debido a conflictos de razas o de religiones; el mundo necesita que le enseñen a perdonar. No sabemos perdonar porque no conocemos bien todo lo que Dios nos ha perdonado y cuán grande es su misericordia. Y nosotros, al no perdonar, nos cerramos al perdón de Dios.Con esta parábola finaliza el cuarto Discurso del Evangelio de Mateo: con el deber del perdón. La Iglesia estuvo siempre bien lejos de ser santa como debía serlo. Sin embargo, nadie puede negar que, en todo tiempo, la Iglesia fue el lugar donde se enseñó la misericordia de Dios y donde los hombres aprendieron a perdonar. 

 

 

 

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Mt. 19, 1 - 30

             MATRIMONIO, DIVORCIO Y CONTINENCIA «POR EL REINO» (MC 10,2; MT 5,31; LC 16,18)    [1] Después de terminar este discurso, Jesús partió de Galilea y llegó a las fronteras de Judea por la otra orilla del Jordán. [2] También allí mucha gente vino a él y los sanó. [3] Se le acercaron unos fariseos, y lo pusieron a prueba con esta pregunta: «¿Está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?» [4] Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer [5] y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? [6] De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.» [7] Los fariseos le preguntaron: «Entonces, ¿por qué Moisés ordenó que se firme un certificado en el caso de divorciarse?» [8] Jesús contestó: «Moisés vio lo tercos que eran ustedes, y por eso les permitió despedir a sus mujeres, pero al principio no fue así. [9] Yo les digo: el que se divorcia de su mujer, fuera del caso de infidelidad, y se casa con otra, comete adulterio.» [10] Los discípulos le dijeron: «Si ésa es la condición del hombre que tiene mujer, es mejor no casarse.» [11] Jesús les contestó: «No todos pueden captar lo que acaban de decir, sino aquellos que han recibido este don. [12] Hay hombres que han nacido incapacitados para el sexo. Hay otros incapacitados, que fueron mutilados por los hombres. Hay otros todavía, que se hicieron tales por el Reino de los Cielos. ¡Entienda el que pueda!»   JESÚS Y LOS NIÑOS (MC 10,13; LC 18,15)  [13] Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían muy mal. [14] Jesús les dijo: «Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.» [15] Jesús les impuso las manos y continuó su camino.  EL JOVEN RICO (MC 10,17; LC 18,18; 12,33; 22,29)    [16] Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» [17] Jesús contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.» [18] El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió: «No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio, [19] honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí mismo.» [20] El joven le dijo: «Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?» [21] Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme.» [22] Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente. [23] Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo: el que es rico entrará muy difícilmente en el Reino de los Cielos. [24] Les aseguro: es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos.» [25] Los discípulos, al escucharlo, se quedaron asombrados. Dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» [26] Fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.» [27] Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos?» [28] Jesús contestó: «A ustedes que me han seguido, yo les digo: cuando todo comience nuevamente, y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. [29] Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna. [30] Muchos que ahora son primeros serán últimos, y otros que ahora son últimos, serán primeros.»            

 

 

[1] Ver comentario en Mc 10,2 y Mt 5,31.Toda sociedad humana tiene sus leyes sobre el matrimonio, y lo mismo sucedía en Israel. Tenía una ley sobre el divorcio que reflejaba la diferencia de status del hombre y de la mujer; la encontramos en la Escritura ( Deut 24,1). Jesús no entra en las discusiones de los Maestros e intérpretes de la Ley sobre cuáles son los antecedentes que justifican un divorcio; más bien contrapone a esta ley otra palabra de la Escritura que presenta el punto de vista de Dios frente a las actitudes humanas que tolera.Jesús nos muestra con su actuación de qué manera lleva la ley a su «perfección» (5,17). Pero es evidente que esta «ley de Dios» sólo puede ser entendida por los que han recibido de Jesús el Espíritu; de ahí la reacción de los discípulos (v. 10).Es mejor no casarse (10). Según su costumbre, Jesús no trata de excusarse por sus palabras muy exigentes, sino que, al contrario, propone algo más difícil de entender todavía. Y alaba a quienes recibieron esa gracia de escoger el celibato por amor al Reino. 

 

 

[16] Ver comentario en Mc 10,17.Se le plantea a Jesús una pregunta. El descubre los diversos aspectos de la misma y da tres respuestas:Uno solo es el Bueno: Este hombre ha sido seducido por la persona de Jesús quien lo reenvía al Padre, como lo hace siempre. En efecto, existe una distorsión de la fe cristiana, que es peligrosa porque es sutil, en que sólo se habla de Jesús: «Jesús te mira; Jesús te ama; Jesús es amor...», como si no tuviéramos que vivir para Dios. Amar al Padre significa ser perfectos a la manera del Padre y trabajar por su Reino. Ante todo será necesario quedar libre, y el rico sólo será libre por la pobreza voluntaria.Ese hombre quería saber también cómo se adquiere la vida eterna, (el texto dice según el estilo hebraico «tenerla en herencia») y Jesús dirá finalmente que aunque uno observe los mandamientos, no por eso «merecerá» la vida eterna; pues la salvación es siempre un regalo de Dios.Por último viene la pregunta que más nos preocupa, pues todo lo que atañe al dinero nos llega al corazón, y es ahí donde el Evangelio nos hace temblar: Es más fácil para un camello...Este llamado al joven rico ha sido siempre considerado como el modelo de la vocación religiosa y apostólica. Sin la pobreza efectiva y voluntaria no se logrará jamás la unión con Dios, que es el fin último del verdadero religioso. Por otra parte, mientras los apóstoles compartan la vida de la gente de mejor condición socioeconómica, podrán ser sus amigos, pero no obtendrán nunca conversiones profundas. Y durante todo ese tiempo no atenderían más que del exterior al inmenso mundo de los pobres.Pero el problema de la pobreza está también en el corazón de la familia en el mundo moderno: para la mayoría, creyentes o no, las alegrías y gracias que Dios reserva a la familia numerosa sólo serán dadas a las que hayan renunciado a medirlo todo según los criterios del dinero y de la seguridad. 

 

 

 

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Mt. 20, 1 - 34

             LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA   [1] Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un propietario salió de madrugada a contratar trabajadores para su viña. [2] Se puso de acuerdo con ellos para pagarles una moneda de plata al día, y los envió a su viña. [3] Salió de nuevo hacia las nueve de la mañana, y al ver en la plaza a otros que estaban desocupados, [4] les dijo: «Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo.» Y fueron a trabajar. [5] Salió otra vez al mediodía, y luego a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. [6] Ya era la última hora del día, la undécima, cuando salió otra vez y vio a otros que estaban allí parados. Les preguntó: «¿Por qué se han quedado todo el día sin hacer nada?» [7] Contestaron ellos: «Porque nadie nos ha contratado.» Y les dijo: «Vayan también ustedes a trabajar en mi viña.» [8] Al anochecer, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: «Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y terminando por los primeros.» [9] Vinieron los que habían ido a trabajar a última hora, y cada uno recibió un denario (una moneda de plata). [10] Cuando llegó el turno a los primeros, pensaron que iban a recibir más, pero también recibieron cada uno un denario. [11] Por eso, mientras se les pagaba, protestaban contra el propietario. [12] Decían: «Estos últimos apenas trabajaron una hora, y los consideras igual que a nosotros, que hemos aguantado el día entero y soportado lo más pesado del calor.» [13] El dueño contestó a uno de ellos: «Amigo, yo no he sido injusto contigo. ¿No acordamos en un denario al día? [14] Toma lo que te corresponde y márchate. Yo quiero dar al último lo mismo que a ti. [15] ¿No tengo derecho a llevar mis cosas de la manera que quiero? ¿O será porque soy generoso, y tú envidioso?» [16] Así sucederá: los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos.»  TERCER ANUNCIO DE LA PASIÓN (MC 10,32; LC 18,31)   [17] Mientras iban subiendo a Jerusalén, Jesús tomó aparte a los Doce y les dijo por el camino: [18] «Ya estamos subiendo a Jerusalén; el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley, que lo condenarán a muerte. [19] Ellos lo entregarán a los extranjeros, que se burlarán de él, lo azotarán y lo crucificarán. Pero resucitará al tercer día.»   LA MADRE DE SANTIAGO Y JUAN PIDE LOS PRIMEROS PUESTOS (MC 10,35)   [20] Entonces la madre de Santiago y Juan se acercó con sus hijos a Jesús y se arrodilló para pedirle un favor. [21] Jesús le dijo: «¿Qué quieres?» Y ella respondió: «Aquí tienes a mis dos hijos. Asegúrame que, cuando estés en tu reino, se sentarán uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» [22] Jesús dijo a los hermanos: «No saben lo que piden. ¿Pueden ustedes beber la copa que yo tengo que beber?» Ellos respondieron: «Podemos.» [23] Jesús replicó: «Ustedes sí beberán mi copa, pero no me corresponde a mí el concederles que se sienten a mi derecha y a mi izquierda. Eso será para quienes el Padre lo haya dispuesto.» [24] Los otros diez se enojaron con los dos hermanos al oír esto. [25] Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. [26] Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el de ustedes que quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes, [27] y si alguno de ustedes quiere ser el primero entre ustedes, que se haga el esclavo de todos; [28] hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre.» [29] Al salir de Jericó, les iba siguiendo una gran multitud de gente. [30] En algún momento, dos ciegos estaban sentados a la orilla del camino, y al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!» [31] La gente les decía que se callaran, pero ellos gritaban aun más fuerte: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!» [32] Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: «¿Qué quieren que haga por ustedes?» [33] Ellos dijeron: «Señor, que se abran nuestros ojos.» [34] Jesús sintió compasión y les tocó los ojos. Y al momento recobraron la vista y lo siguieron.  

 

 

[1] Muchos se sorprenden con esta parábola. Les parece injusto que se dé lo mismo a todos, sin tomar en cuenta sus obras y sus sacrificios.Bien es cierto que Jesús quiso desconcertarnos y sacarnos de la mente que tengamos méritos que Dios debe premiar. Pero también conviene mirar más de cerca la parábola, pues Jesús establece una comparación, no entre varios trabajadores, sino entre diversos grupos de trabajadores. Cada grupo puede representar un pueblo o una clase social y, mientras unos recibieron la Palabra de Dios hace muchos siglos, otros recién llegan a la fe.A lo largo de la historia, Dios llama a los diversos pueblos a que vengan a trabajar a su viña. Para empezar llamó a Abraham y le encargó, a él y a sus descendientes, su obra en el mundo. Más tarde, en tiempo de Moisés, mucha gente se juntó a su grupo para salir de Egipto, y lo mismo sucedió en los siglos siguientes. Los antiguos reivindican constantemente su derecho a ser tratados mejor que los demás, pero la viña no les ha sido encargada en forma exclusiva.Después, con la venida de Cristo, el Evangelio fue llevado a otros pueblos, hasta entonces paganos. Entraron en la Iglesia y formaron la cristiandad. También ellos pensaron que el Reino de Dios y la Iglesia eran cosa suya. El rey de España se llamaba el Rey muy Católico, y mucha gente consideraba que los indios entrarían al Reino de Dios al mismo tiempo que se sometían al rey de España.Hasta nuestros días no han faltado las familias que se extrañan cuando la Iglesia critica sus privilegios y ya no les concede los primeros asientos en el templo. Dicen que la Iglesia los traiciona, porque siempre han pensado que la Iglesia era suya.En la parábola todos son puestos en un pie de igualdad y reciben el mismo denario, la moneda de plata del sueldo diario. ¡Que se alegren por haber sido llamados a trabajar cuando estaban desocupados! 

 

 

[20] Ver comentario en Mc 10,35. Comparar Mt 20,30 y Mc 10,40. 

 

 

 

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Mt. 21, 1 - 46

             JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN (MC 11,1; JN 12,12; LC 19,12)   [1] Estaban ya cerca de Jerusalén. Cuando llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, [2] Jesús envió a dos discípulos con esta misión: «Vayan al pueblecito que está al frente, y allí encontrarán una burra atada con su burrito al lado. Desátenla y tráiganmela. [3] Si alguien les dice algo, contéstenle: El Señor los necesita, y los devolverá cuanto antes.» [4] Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: [5] Digan a la hija de Sión: «Mira que tu rey viene a ti con toda sencillez, montado en una burra, un animal de carga.» [6] Los discípulos se fueron e hicieron como Jesús les había mandado. [7] Le trajeron la burra con su cría, le colocaron sus mantos sobre el lomo y él se sentó encima. [8] Había muchísima gente; extendían sus mantos en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo. [9] Y el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a gritar: «¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!» [10] Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó y preguntaban: «¿Quién es éste?» [11] Y la muchedumbre respondía: «¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!»   JESÚS EXPULSA A LOS VENDEDORES (MC 11,11; LC 19,45; JN 2,14)   [12] Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo: [13] «Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.» [14] También en el Templo se le acercaron algunos ciegos y cojos, y Jesús los sanó. [15] Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley vieron las cosas tan asombrosas que Jesús acababa de hacer y a los niños que clamaban en el Templo: «¡Hosanna al hijo de David!». Estaban furiosos [16] y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen ésos?» Les respondió Jesús: «Por supuesto. ¿No han leído, por casualidad, esa Escritura que dice: Tú mismo has puesto tus alabanzas en la boca de los niños y de los que aún maman?» [17] En seguida Jesús los dejó y salió de la ciudad en dirección a Betania, donde pasó la noche.  MALDICIÓN DE LA HIGUERA (MC 11,12; LC 13,6)   [18] Al regresar a la ciudad, muy de mañana, Jesús sintió hambre. [19] Divisando una higuera cerca del camino, se acercó, pero no encontró más que hojas. Entonces dijo a la higuera: «¡Nunca jamás volverás a dar fruto!» Y al instante la higuera se secó. [20] Al ver esto, los discípulos se maravillaron: «¿Cómo pudo secarse la higuera, y tan rápido?» [21] Jesús les declaró: «En verdad les digo: si tienen tanta fe como para no vacilar, ustedes harán mucho más que secar una higuera. Ustedes dirán a ese cerro: [22] ¡Quítate de ahí y échate al mar!, y así sucederá. Todo lo que pidan en la oración, con tal de que crean, lo recibirán.»Jesús responde a las autoridades (Mc 11,27; Lc 20,1)  [23] Jesús había entrado al Templo y estaba enseñando, cuando los sumos sacerdotes y las autoridades judías fueron a su encuentro para preguntarle: «¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te lo ha encargado?» [24] Jesús les contestó: «Yo también les voy a hacer a ustedes una pregunta. Si me la contestan, yo también les diré con qué autoridad hago todo esto. [25] Háblenme del bautismo que daba Juan: este asunto ¿de dónde venía, de Dios, o de los hombres?» Ellos reflexionaron: «Si decimos que este asunto venía de Dios, él nos replicará: Pues ¿por qué no le creyeron? [26] Y si decimos que era cosa de hombres, ¡cuidado con el pueblo!, pues todos consideran a Juan como un profeta.» [27] Entonces contestaron a Jesús: «No lo sabemos.» Y Jesús les replicó: «Pues yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.»  LA PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS   [28] Jesús agregó: «Pero, díganme su parecer: Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero para decirle: "Hijo, hoy tienes que ir a trabajar en la viña." [29] Y él le respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. [30] Luego el padre se acercó al segundo y le mandó lo mismo. Este respondió: "Ya voy, señor." Pero no fue. [31] Ahora bien, ¿cuál de los dos hizo lo que quería el padre?» Ellos contestaron: «El primero.» Entonces Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: en el camino al Reino de los Cielos, los publicanos y las prostitutas andan mejor que ustedes. [32] Porque Juan vino a abrirles el camino derecho, y ustedes no le creyeron, mientras que los publicanos y las prostitutas le creyeron. Ustedes fueron testigos, pero ni con esto se arrepintieron y le creyeron.  LOS VIÑADORES ASESINOS (MC 12.1; LC 20)   [33] Escuchen este otro ejemplo: Había un propietario que plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar y levantó una torre para vigilarla. Después la alquiló a unos labradores y se marchó a un país lejano. [34] Cuando llegó el tiempo de la vendimia, el dueño mandó a sus sirvientes que fueran donde aquellos labradores y cobraran su parte de la cosecha. [35] Pero los labradores tomaron a los enviados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. [36] El propietario volvió a enviar a otros servidores más numerosos que la primera vez, pero los trataron de la misma manera. [37] Por último envió a su hijo, pensando: A mi hijo lo respetarán. [38] Pero los trabajadores, al ver al hijo, se dijeron: Ese es el heredero. Lo matamos y así nos quedamos con su herencia. [39] Lo tomaron, pues, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. [40] Ahora bien, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con esos labradores?» [41] Le contestaron: «Hará morir sin compasión a esa gente tan mala, y arrendará la viña a otros labradores que le paguen a su debido tiempo.» [42] Jesús agregó: «¿No han leído cierta Escritura? Dice así: La piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio; ésa fue la obra del Señor y nos dejó maravillados. [43] Ahora yo les digo a ustedes: Se les quitará el Reino de los Cielos, y será entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.» (44), [45] Al oír estos ejemplos, los jefes de los sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús se refería a ellos. [46] Hubieran deseado arrestarlo, pero tuvieron miedo del pueblo que lo consideraba como un profeta.      

 

 

[1] Ver comentario en Mc 11.Mateo, Marcos y Lucas hacen coincidir con esta entrada a Jerusalén el suceso de los vendedores del Templo. Por el contrario, Juan habla de los vendedores al comienzo del ministerio de Jesús. Una vez más vemos, pues, que cada uno de los evangelistas dispone los acontecimientos según el plan que se había trazado para desarrollar el Misterio de la salvación. Su objetivo no es redactar una vida de Jesús en la que los hechos vayan apareciendo en el orden exacto en que tuvieron lugar. Además, varios detalles de esta entrada triunfal nos hacen pensar en la fiesta de los Tabernáculos (que se celebraba en septiembre) más que en los días anteriores a la Pascua:- alegría del pueblo, propia de dicha fiesta, la más popular de todas,- ramas y palmas, como en la procesión de dicha fiesta, que se dirigía a la fuente de Siloé cantando el salmo 118: Bendito el que viene en nombre del Señor! y aclamaba los ¡Hosanah! (o sea: ¡Sálvanos!),- mención al monte de los Olivos en que se levantaban las chozas de la fiesta.Ver al respecto Za 14, que se refiere a esta fiesta (14,16) y anuncia la purificación del Templo.Llegaron a Betfagé. El pueblito de Betfagé era la puerta del distrito de Jerusalén, al oriente. Según la Ley, la Pascua debía celebrarse en Jerusalén, pero siendo la ciudad demasiado exigua para hospedar a los cien mil o más peregrinos de la fiesta, el límite jurídico de la ciudad había sido ampliado para incluir algunos pueblos, entre ellos Betfagé. Durante esos días, Jesús se alojará en Betania (21,17). 

 

 

[12] .Ver comentario en Mc 11,15.Jesús limpia el Templo, realizando la profecía de Zacarías, 14,21. También este gesto recuerda a Malaquías 3: el Señor viene a purificar a su pueblo y su Templo. Jesús viene como profeta para exigir el respeto a Dios. También, como Dios, se presenta para inaugurar los tiempos nuevos de la religión en espíritu y en verdad. Así lo entiende Juan (2,21), que nos habla del Templo Nuevo, Cristo.Tú mismo has puesto tus alabanzas... (16). Estas palabras del Salmo 8 se dirigían a Dios, pero Jesús se las aplica a sí mismo, como hizo en otras oportunidades. 

 

 

[18] El hecho anterior nos ayuda a comprender la actuación extraña de Cristo, que buscó higos fuera de temporada y luego maldijo el árbol como si éste fuera el responsable. Fue un gesto destinado a captar la atención de los apóstoles, según la manera de enseñar de los profetas. La higuera es figura del pueblo de Dios que no dio (mejor, que dio tan poco) de los frutos que Dios esperaba. 

 

 

[23] Jesús era lo que hoy llamaríamos un simple laico. Respetaba a los sacerdotes de Dios y a los sumos sacerdotes. Pero aquí les demuestra que si quieren pedir cuentas, deben estar listos para dar una respuesta sobre las cosas de Dios cuando el pueblo se lo solicite. Y cuando se trató de Juan Bautista no quisieron dar esas respuestas. 

 

 

[28] Muchos pecadores se convirtieron por la palabra de Juan y reconocieron sus pecados. Estaban, pues, en mejor situación para recibir el mensaje de Jesús que les abría el Reino de Dios y les revelaba el rostro de Dios Padre. Por eso preceden a los sacerdotes que se quedaron indiferentes frente al llamado de Juan, pues no sentían ni deseo ni necesidad de convertirse.Recordemos una vez más que Reino de los Cielos no se refiere al «cielo», recompensa nuestra después de la muerte, sino que significa lo mismo que Reino de Dios y se refiere al Reino que empieza para nosotros cuando descubrimos a la vez nuestra miseria y el perdón de Dios. 

 

 

[33] Ver el comentario en Mc 12,1.Se les quitará el Reino de los Cielos.(40). La palabra de Jesús no se dirige únicamente al pueblo judío de su tiempo; observemos el envejecimiento y la esterilidad apostólica de muchos sectores de nuestra Iglesia. Durante ese tiempo, otros luchan y conquistan, otras iglesias avanzan y hacen, a su manera, una evangelización buena o mala. ¿Y si estuviera en el plan de Dios dar a otros ese Reino por el que no hemos sabido vivir ni sacrificarnos? 

 

 

 

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Mt. 22, 1 - 46

             EL BANQUETE DE BODAS (LC 14,15)   [1] Jesús siguió hablándoles por medio de parábolas: [2] «Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un rey preparaba las bodas de su hijo, [3] por lo que mandó a sus servidores a llamar a los invitados a la fiesta. Pero éstos no quisieron venir. [4] De nuevo envió a otros servidores, con orden de decir a los invitados: He preparado un banquete, ya hice matar terneras y otros animales gordos y todo está a punto. Vengan, pues, a la fiesta de la boda. [5] Pero ellos no hicieron caso, sino que se fueron, unos a sus campos y otros a sus negocios. [6] Los demás tomaron a los servidores del rey, los maltrataron y los mataron. [7] El rey se enojó y envió a sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos e incendiaron su ciudad. [8] Después dijo a sus servidores: El banquete de bodas sigue esperando, pero los que habían sido invitados no eran dignos. [9] Vayan, pues, a las esquinas de las calles e inviten a la fiesta a todos los que encuentren. [10] Los servidores salieron inmediatamente a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, de modo que la sala se llenó de invitados. [11] Después entró el rey para conocer a los que estaban sentados a la mesa, y vio un hombre que no se había puesto el traje de fiesta. [12] Le dijo: Amigo, ¿cómo es que has entrado sin traje de bodas? El hombre se quedó callado. [13] Entonces el rey dijo a sus servidores: Atenlo de pies y manos y échenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes.  [14] Sepan que muchos son llamados, pero pocos son elegidos.»  EL IMPUESTO DEBIDO AL CÉSAR (MC 12,13; LC 20,20)  [15] Los fariseos se movieron para ver juntos el modo de atrapar a Jesús en sus propias palabras. [16] Le enviaron, pues, discípulos suyos junto con algunos partidarios de Herodes a decirle: «Maestro, sabemos que eres honrado, y que enseñas con sinceridad el camino de Dios. No te preocupas por quién te escucha, ni te dejas influenciar por nadie. [17] Danos, pues, tu parecer: ¿Está contra la Ley pagar el impuesto al César? ¿Debemos pagarlo o no?» [18] Jesús se dio cuenta de sus malas intenciones y les contestó: «¡Hipócritas! ¿Por qué me ponen trampas? [19] Muéstrenme la moneda que se les cobra.» Y ellos le mostraron un denario. [20] Entonces Jesús preguntó: «¿De quién es esta cara y el nombre que lleva escrito?» Contestaron: «Del César. » [21] Jesús les replicó: «Devuelvan, pues, al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.» [22] Con esta respuesta quedaron muy sorprendidos. Dejaron a Jesús y se marcharon.  LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS (MC 12,18; LC 20,27)   [23] Ese mismo día vinieron a él algunos saduceos. Según ellos, no hay resurrección de los muertos, y por eso mismo le propusieron este caso: [24] «Maestro, Moisés dijo que si alguno muere sin tener hijos, el hermano del difunto debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será considerado descendiente del difunto. [25] Sucedió que había entre nosotros siete hermanos. Se casó el mayor y murió, y al no tener hijos, dejó su mujer a su hermano. [26] Lo mismo pasó con el segundo y el tercero, hasta el séptimo. [27] Después de todos ellos murió también la mujer. [28] Ahora bien, cuando venga la resurrección de los muertos, ¿cuál de los siete se quedará con esta mujer, si todos la tuvieron?» [29] Jesús contestó: «Ustedes andan muy equivocados. Ustedes no entienden ni las Escrituras ni el poder de Dios. [30] Primeramente, en la resurrección no se toma mujer ni esposo, sino que son como ángeles en el Cielo. [31] Y en cuanto a saber si hay resurrección de los muertos, ¿no han leído lo que Dios les dijo: [32] Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Él no es un Dios de muertos, sino de vivos.» [33] Era mucha la gente que escuchaba a Jesús, y estaba asombrada de sus enseñanzas. [34] Cuando los fariseos supieron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él. [35] Uno de ellos, que era maestro de la Ley, trató de ponerlo a prueba con esta pregunta: [36] «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?». [37] Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. [38] Este es el gran mandamiento, el primero. [39] Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. [40] Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.»  EL MESÍAS, HIJO Y SEÑOR DE DAVID (MC 12,35; LC 20,41)  [41] Aprovechando que los fariseos estaban allí reunidos, [42] Jesús les preguntó: «¿Qué piensan ustedes del Mesías? ¿De quién tiene que ser hijo?» Contestaron: «De David.» [43] Jesús entonces añadió: «¿Cómo es que David llama al Mesías su Señor en un texto inspirado? [44] En un salmo dice: El Señor ha dicho a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies. [45] Si David lo llama su Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?» [46] Y nadie supo qué contestarle. Desde ese día nadie se atrevió a hacerle más preguntas.      

 

 

[1] Hay dos partes en esta parábola.En la primera Dios nos llama a un banquete en el que hay lugar para todos. Ha enviado a sus profetas a lo largo de la historia para predicar la justicia, la misericordia y la confianza en Dios. Pero el pueblo judío, que no hizo mucho caso de los profetas, menos aún hará caso de Jesús. No fallará por esto el proyecto de Dios, sino que enviará a sus apóstoles a predicar el Evangelio a los pueblos que todavía no lo conocen para que entren en la Iglesia de Jesús. Algunos judíos, sin embargo, los pocos escogidos entre tantos llamados, formarán el núcleo de la Iglesia primitiva.El Rey celebra las bodas de su Hijo, que es Cristo, el cual merece ser llamado el esposo de la humanidad, porque la ha reunido en un solo cuerpo para unirla a sí. Esta obra grandiosa de reunir a los hombres para luego resucitarlos es la que se va realizando a lo largo de toda la historia. Cristo resucitado es el que dirige; el Espíritu de Dios es el que va transformando y resucitando a los hombres para que puedan sentarse a la mesa de los vivos (para usar esta figura del banquete que Jesús propone aquí).La eucaristía es habitualmente la única mesa de Cristo, que los cristianos conocen, pero, al participar en ella, no debemos olvidar lo anterior. Nuestro encuentro en la misa ha de recordarnos que Dios nos llama a preparar en la vida diaria el banquete que reserva a toda la humanidad. Es tarea nuestra unir y reconciliar a todos los hombres.¿Y si no respondemos? Entonces la vida de la Iglesia Santa se retirará poco a poco de nuestras asambleas de cristianos cómodos, y otros se levantarán para hacerse cargo de la obra de Dios: conviden a la boda.Viene luego la segunda parte de la parábola: Tú, cristiano, que has entrado en la Iglesia, ¿tienes el traje nuevo, es decir, una vida justa, pura y responsable? No pensemos que el invitado sorprendido sin traje de fiesta era algún pobre: en ese tiempo se acostumbraba proporcionar a los invitados las túnicas que usarían en la fiesta. Este la recibió y no se la puso: por eso quedó callado sin tener qué responder. 

 

 

[14] Muchos son llamados... Algunos se inquietan: ¿a quién se refiere esta sentencia? Si la referimos a la primera parte de la parábola, significa que, de los primeros invitados, pocos llegaron al banquete. Estos invitados eran los judíos, y en realidad pocos fueron los que entraron en la Iglesia de Jesús.Si la referimos a la segunda parte, significa que pocos de los que entran en la Iglesia tienen las disposiciones necesarias y que, en el momento del juicio, la mayoría serán condenados. Pero esto contraría lo que leímos anteriormente, pues uno solo de tantos comensales fue echado fuera.Es mejor no ligar demasiado esta sentencia con la parábola del banquete. Jesús nos advierte (como en 7,13) que son pocos los que descubren con el Evangelio la libertad verdadera y la nueva existencia. Y los otros ¿están salvados? Sí y no, pues para Jesús la salvación no significa escapar del infierno, sino llegar a la perfección. 

 

 

 

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Mt. 23, 1 - 39

             NO IMITEN A LOS MAESTROS DE LA LEY (LC 20,45; MC 12,38)   [1] Entonces Jesús habló tanto para el pueblo como para sus discípulos:  [2] «Los maestros de la Ley y los fariseos han ocupado el puesto que dejó Moisés. [3] Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican. [4] Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas. [5] Todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente, y los largos flecos de su manto. [6] Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. [7] Les agrada que los saluden en las plazas y que la gente los llame Maestro. [8] Lo que es ustedes, no se dejen llamar Maestro, porque no tienen más que un Maestro, y todos ustedes son hermanos. [9] No llamen Padre a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, el que está en el Cielo. [10] Tampoco se dejen ustedes llamar Guía, porque ustedes no tienen más Guía que Cristo. [11] El más grande entre ustedes se hará el servidor de todos. [12] Porque el que se pone por encima, será humillado, y el que se rebaja, será puesto en alto.  SIETE MALDICIONES CONTRA LOS FARISEOS (LC 11,39)   [13] Por lo tanto, ¡ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes cierran a la gente el Reino de los Cielos. No entran ustedes, ni dejan entrar a los que querrían hacerlo. [14] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! [15] Ustedes recorren mar y tierra para ganar un pagano, y cuando se ha convertido, lo transforman en un hijo del demonio, mucho peor que ustedes. [16] ¡Ay de ustedes, que son guías ciegos! Ustedes dicen: Jurar por el Templo no obliga, pero jurar por el tesoro del Templo, sí. [17] ¡Torpes y ciegos! ¿Qué vale más, el oro mismo, o el Templo que hace del oro una cosa sagrada? [18] Ustedes dicen: Si alguno jura por el altar, no queda obligado; pero si jura por las ofrendas puestas sobre el altar, queda obligado. ¡Ciegos! [19] ¿Qué vale más, lo que se ofrece sobre el altar, o el altar que hace santa la ofrenda? [20] El que jura por el altar, jura por el altar y por lo que se pone sobre él. [21] El que jura por el Templo, jura por él y por Dios que habita en el Templo. [22] El que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él. [23] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe. Ahí está lo que ustedes debían poner por obra, sin descartar lo otro. [24] ¡Guías ciegos! Ustedes cuelan un mosquito, pero se tragan un camello. [25] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes purifican el exterior del plato y de la copa, después que la llenaron de robos y violencias. [26] ¡Fariseo ciego! Purifica primero lo que está dentro, y después purificarás también el exterior. [27] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. [28] Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de maldad.  [29] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los hombres santos. [30] También dicen: Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres, no habríamos consentido que mataran a los profetas. [31] Así ustedes se proclaman hijos de quienes asesinaron a los profetas. [32] ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron! [33] ¡Serpientes, raza de víboras!, ¿cómo lograrán escapar de la condenación del infierno? [34] Desde ahora les voy a enviar profetas, sabios y maestros, pero ustedes los degollarán y crucificarán, y a otros los azotarán en las sinagogas o los perseguirán de una ciudad a otra. [35] Al final recaerá sobre ustedes toda la sangre inocente que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que ustedes mataron ante el altar, dentro del Templo. [36] En verdad les digo: esta generación pagará por todo eso.  [37] ¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Qué bien matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, y tú no has querido! [38] Por eso se van a quedar ustedes con su templo vacío. [39] Y les digo que ya no me volverán a ver hasta que digan: ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!»         

 

 

[1] Aquí comienza el quinto discurso del Evangelio de Mateo. Estamos a pocos días de la partida de Jesús de este mundo, y Mateo pone en esta ocasión palabras y parábolas de Jesús que esclarecen la actitud que deberán adoptar sus discípulos frente a los nuevos tiempos que se avecinan para ellos.Apenas nacida, la Iglesia deberá hacer frente a la poderosa oposición de las instituciones y partidos judíos, sobre todo a la de los fariseos. Deberá seguir entonces su propio camino y separarse de las comunidades judías. Es el fondo del capítulo 23. El capítulo 24 declara que Dios va a confirmar esta separación con la ruina de la nación judía.La Iglesia deberá entonces volverse al porvenir y aguardar el regreso de Cristo. Que no pierda el tiempo esperando el fin del mundo, sino que esté atenta con una vigilancia activa.

 

 

LAS AUTORIDADES RELIGIOSAS

[2] Jesús no era de la tribu de Leví, de la que salían los sacerdotes y los encargados del culto. Tampoco pertenecía a una institución religiosa como la de los fariseos. Estaba de parte del pueblo y miraba cómo actuaban los jefes del pueblo de Dios y las élites.Jesús critica a los fariseos (Mc 8,11). Sin lugar a dudas, Mateo desea que las palabras de Jesús recaigan sobre los personajes importantes de sus comunidades; para él Jesús juzga de antemano a las autoridades de la Iglesia, y, más allá de ellas, a todo grupo que crea ser el mejor, el más consciente o el más eficiente. Los fariseos creían serlo, y en algún sentido, lo eran.Los maestros de la Ley han ocupado el puesto que dejó Moisés. El Evangelio dice en forma más precisa: «se sentaron en la cátedra de Moisés». Esta fórmula es algo irónica, pues da a entender que en el pueblo de Dios los ambiciosos se han tomado los puestos, y Dios lo tolera hasta cierto punto. Mateo, pues, nos invita a mantener la igualdad fundamental de los creyentes; la comunidad es la que goza de la presencia del Espíritu Santo, y los «doctores» no tendrían autoridad si no estuvieran profundamente arraigados en esta vivencia fraternal. Pablo usará la comparación del cuerpo y de la cabeza para aclarar las relaciones de Cristo con su Iglesia. Asimismo la autoridad del obispo va a la par con la fidelidad a su Iglesia; la ha aceptado como es y no trata de imponerle sus propios proyectos. Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen. La mala conducta de los responsables no desacredita la palabra de Dios que enseñan. Tampoco desvirtúa el principio de autoridad. Si Jesús pide que se escuche a quienes eran los sucesores de Moisés, con mayor razón hay que prestar atención ahora a quienes son los sucesores de sus apóstoles. Ellos no pueden renunciar a su autoridad bajo pretexto de servicio humilde, o convertirse en los ejecutores de lo que decide la mayoría.No se dejen llamar «padre» o «maestro». «Maestro» es el que sabe y en cuya presencia uno calla; «padre» es el que veneramos e imitamos, olvidando de mirar directamente a Aquel que solo es bueno. En la Iglesia nadie debe eclipsar al único Padre. Muchos, por supuesto, van a decir que la palabra Padre sólo expresa cariño y respeto, pero Jesús nos afirma que este término tiene efectos perversos. El culto de la personalidad siempre perjudica a la pureza de la fe, que se somete sólo a Dios. La Iglesia, pues, debe ser una comunidad de personas libres que se expresan con toda franqueza. 

 

 

[13] Ustedes cierran a la gente el Reino de los Cielos. Recordemos aún otra vez que el Reino de los Cielos significa el Reino de Dios. Numerosos maestros del pueblo de Dios son un obstáculo en el camino del conocimiento de Dios Padre. Los judíos tenían maestros de la Ley en los pueblos más insignificantes, pero de hecho, eran multitudes que venían a pedir a Jesús lo que ellos no les daban. ¿Cómo podríamos olvidar que muchas veces en la Iglesia la educación religiosa se ha limitado al comportamiento moral y el cumplimiento de normas religiosas? La escucha y la meditación constante de la Palabra de Dios habrían favorecido el despertar de grandes ambiciones: la búsqueda de Dios y las iniciativas apostólicas.Ustedes dicen: Jurar por el Templo... (16). Jesús se refiere a usos de su tiempo. Algunos maestros encontraban argumentos para no respetar todos los juramentos. Con esto quien era experto en religión podía jurar cosas falsas y engañar a su interlocutor, haciendo juramentos que parecían fuertes, pero en forma tal que no lo comprometían gravemente.

 

LOS DEFENSORES DE LA FE

¿Cómo pudo Jesús llamar hipócritas a esos hombres tan bien preparados en el conocimiento de la Biblia?En el idioma de Jesús, la palabra hipócrita designa también al que juzga según las apariencias y al que se burla de las cosas de Dios. No todos los fariseos eran hipócritas, por supuesto, pero Jesús denuncia una deformación que se ve a menudo en las élites religiosas. Y nos invita a mirar siempre con mucho recelo las instituciones que, nacidas de los poseedores de la cultura y del dinero, pretenden guiar a los demás y dirigir la Iglesia, sin haber antes aprendido de los pobres ni guardado la verdadera humildad.Dios es tan grande que nadie puede presentarse como su lugarteniente. Estos practicaban, enseñaban, conseguían nuevos adeptos para la fe, pero por más que ayunaran y dieran limosnas, no se deshacían de su orgullo y de su amor al dinero.

 

 

LOS PROFETAS

[29] Por una parte están los profetas, y por otra los que matan a los profetas. Y la Biblia nos muestra que los profetas tienen muchos adversarios en el pueblo de Dios, y en especial entre sus responsables. Está el pueblo de Dios, que necesita instituciones para permanecer fiel a su misión; sin embargo este pueblo sigue obedeciendo a reacciones y prejuicios sociales, por lo que toda institución, aun la nacida del Espíritu, se vuelve pesada hasta anquilosarse con el tiempo. Los profetas son habitualmente condenados cuando ponen en tela de juicio la unidad en la mediocridad o incluso la infidelidad a la Palabra de Dios.El pueblo judío, acosado por la presión extranjera, apretaba filas en torno al Templo, la práctica religiosa y el grupo de los fariseos. Inspirados por el miedo, los judíos hacían lo que se hace en cualquier sociedad que se siente amenazada: se volvían fanáticamente conservadores, y sólo se sentían seguros con las instituciones que Dios les había dado en el pasado.Actualmente observamos el mismo fenómeno. Nuestra generación se enfrenta bruscamente en muchos terrenos a crisis y amenazas a escala mundial para las que no estábamos preparados; todas nuestras certezas son puestas en tela de juicio, y así es como surgen en todas las religiones grupos fundamentalistas que ofrecen una visión aseguradora, encerrándose en estructuras y sistemas de pensamiento -o de no pensamiento- heredados del pasado.En cuanto a los jefes, defensores de la fe, tampoco estaban dispuestos a escuchar. Una cosa era honrar a los profetas del pasado y los libros sagrados, y otra recibir las críticas que Dios les dirigía en esos días, no escritas en un libro sagrado, sino proferidas por el carpintero Jesús. De este modo dejaron pasar la hora en que Dios los visitaba y siguieron la senda que llevaba su nación a la ruina.El ejemplo del pueblo judío debe servirnos de advertencia. Nuestras comunidades cristianas, enfrentadas hoy en día a una crisis mayor, ¿sabrán edificar una Iglesia más pobre, más exigente? ¿Estarán más preocupadas del Evangelio que se da al mundo que de su propia sobrevivencia? 

 

 

[37] Los profetas habían visto en la primera destrucción de Jerusalén el castigo de sus infidelidades. Ahora Jesús anuncia una tragedia muy cercana de mayores proyecciones históricas: ...la sangre de los profetas pasados, la de Jesús, la de los mártires de todos los tiempos.Su Templo vacío. En este templo, corazón de la nación judía, descansaba la presencia de Dios. Dios lo abandona nuevamente (ver Ez 8), para ir a residir entre quienes hayan acogido a Jesús, encontrando en el templo verdadero. 

 

 

 

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Mt. 24, 1 - 51

             LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN Y EL FIN DEL MUNDO (MC 13; LC 21; 17,23; 12,36)    [1] Jesús salió del Templo, y mientras caminaba, sus discípulos le hacían notar las imponentes construcciones del Templo. [2] Jesús les dijo: «¿Ven todo eso? En verdad les digo: no quedará ahí piedra sobre piedra. Todo será destruido.» [3] Como Jesús después se sentara en el monte de los Olivos, los discípulos se acercaron y le preguntaron en privado: «Dinos cuándo ocurrirá todo eso. ¿Qué señales anunciarán tu venida y el fin de la historia?» [4] Jesús les contestó: «No se dejen engañar [5] cuando varios usurpen mi nombre y digan: Yo soy el Mesías. Pues engañarán a mucha gente. [6] Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerra. Pero no se alarmen; todo eso tiene que pasar, pero no será todavía el fin. [7] Unas naciones lucharán contra otras y se levantará un reino contra otro reino; habrá hambre y terremotos en diversos lugares. [8] Esos serán los primeros dolores del parto. [9] Entonces los denunciarán a ustedes, y serán torturados y asesinados. Todas las naciones los odiarán por mi causa. [10] En esos días muchos tropezarán y caerán; de repente se odiarán y se traicionarán unos a otros. [11] Aparecerán falsos profetas, que engañarán a mucha gente, [12] y tanta será la maldad, que el amor se enfriará en muchos. [13] Pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará. [14] Esta Buena Nueva del Reino será proclamada en el mundo entero, y todas las naciones oirán el mensaje; después vendrá el fin. [15] Cuando ustedes vean lo anunciado por el profeta Daniel: el ídolo del invasor instalado en el Templo (que el lector sepa entender), [16] entonces los que estén en Judea huyan a los montes. [17] Si estás en la azotea de tu casa, no te demores ni vayas dentro a buscar tus cosas. [18] Si te hallas en el campo, no vuelvas a buscar tu manto. [19] ¡Pobres de las que, en esos días, se hallen embarazadas o estén criando! [20] Rueguen para que no les toque huir en invierno o en día sábado. [21] Porque será una prueba tan enorme como no ha habido igual desde el principio del mundo hasta ahora, ni jamás la volverá a haber. [22] Y si ese tiempo no fuera acortado, nadie saldría con vida. Pero Dios lo acortará en consideración a sus elegidos. [23] Entonces, si alguien les dice: Miren, el Mesías está aquí o está allá, no le crean. [24] Porque se presentarán falsos mesías y falsos profetas, que harán cosas maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos de Dios. [25] Miren que yo se lo he advertido de antemano. [26] Por tanto, si alguien les dice: ¡Está en el desierto!, no vayan. Si dicen: ¡Está en tal lugar retirado!, no lo crean. [27] Pues así como refulge el relámpago desde el oriente e inflama el cielo hasta el poniente, así será la venida del Hijo del Hombre. [28] En otras palabras: «Donde hay un cadáver, allí se juntan los buitres.»  LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (MC 12,38; LC 17,29)  [29] Después de esos días de angustia, el sol se oscurecerá, la luna perderá su brillo, caerán las estrellas del cielo y se bambolearán los mecanismos del universo. [30] Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se golpearán el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con el poder divino y la plenitud de la gloria. [31] Enviará a sus ángeles, que tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del mundo. [32] Aprendan esta lección de la higuera: Cuando están ya tiernas sus ramas y empiezan a brotar las hojas, ustedes saben que se acerca el verano. [33] Asimismo, cuando ustedes noten todas estas cosas que les he dicho, sepan que el tiempo ya está cerca, a las puertas. [34] En verdad les digo: No pasará esta generación, hasta que sucedan todas estas cosas. [35] Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán. [36] Por lo que se refiere a ese Día y cuándo vendrá, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles de Dios, ni aun el Hijo, sino solamente el Padre. [37] La venida del Hijo del Hombre recordará los tiempos de Noé. [38] Unos pocos días antes del diluvio, la gente seguía comiendo y bebiendo, y se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca. [39] No se dieron cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá con la venida del Hijo del Hombre: [40] de dos hombres que estén juntos en el campo, uno será tomado, y el otro no; [41] de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada, y la otra no.  ESTÉN ALERTA  [42] Por eso estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor. [43] Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa. [44] Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan. [45] Imagínense un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de su familia, y es él quien les reparte el alimento a su debido tiempo. [46] Afortunado será este servidor si, al venir su señor, lo encuentra cumpliendo su deber. [47] En verdad les digo: su señor lo pondrá al cuidado de todo lo que tiene. [48] No será así con el servidor malo que piensa: «Mi señor se ha retrasado», [49] y empieza a maltratar a sus compañeros y a comer y a beber con borrachos. [50] El patrón de ese servidor vendrá en el día que no lo espera y a la hora que menos piensa. [51] Le quitará el puesto y lo mandará donde los hipócritas: allí será el llorar y el rechinar de dientes.    

 

 

[1] Para este discurso, ver el comentario de Marcos 13.En este discurso el Evangelio usa el estilo de los libros apocalípticos (véase la introducción al Apocalipsis). En este género de literatura se da por entendido que los grandes acontecimientos son anunciados mediante señales. De ahí la pregunta de los íntimos de Jesús: ¿Qué señales anunciarán tu venida y el fin de la historia?El discurso que sigue está compuesto de palabras pronunciadas por Jesús en circunstancias muy diversas. Jesús rechaza las especulaciones y nos recuerda que la historia cristiana está hecha de persecuciones; nos anima a ser fieles.- En el párrafo 24, 4-28, Jesús habla de una prueba muy grande (21 y 29), que precederá a la destrucción de Jerusalén, de la cual serán testigos los auditores de Jesús. Podrán huir antes del desastre (15-20).- La abominación del invasor: El Evangelio usa una expresión del profeta Daniel 9,27 para designar a las tropas romanas que se apoderarán del Templo (véase comentario de Mc 13,14).Este será un tiempo de evangelización, de persecuciones, de testimonio cristiano frente al mundo judío o pagano (9-14). El pueblo judío que no reconoció a Jesús, su salvador, se dejará llevar por más de un salvador o mesías (o sea, enviado de Dios), sublevado contra los romanos.- En el párrafo 26-28, Jesús muestra que esta confusión general respecto del verdadero salvador está muy lejos de lo que pasará cuando él venga de verdad al fin de la historia.- En 29-31 Jesús habla de su venida gloriosa. Y vuelve a reafirmar dos cosas: los acontecimientos y señales que se refieren al fin de Jerusalén serán para la presente generación (32-35). En cambio, el día de Jesús, el del Juicio (36 y 42) se producirá mucho más tarde.La comparación de los dos hombres (o mujeres) que trabajan juntos significa que, al venir Jesús, se producirá el juicio; dentro de un mismo grupo social o familiar podrá haber separación: unos, llevados al encuentro de Cristo, y otros, condenados (37,41).¿Por qué este Evangelio coloca juntos la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo? Sencillamente porque Mateo se dirige a cristianos que acaban de presenciar el primer acontecimiento y esperan el segundo. Y ese es el momento en que se esboza la visión cristiana de la historia en sus dos grandes etapas.Primero están los tiempos del Antiguo Testamento, o de la Antigua Alianza. Dios educó la fe de Israel y lo hizo madurar de tal forma que su historia y sus experiencias fueran una luz para los otros pueblos. Al final de dicha etapa, vino Jesús en medio de una crisis nacional, para ayudar a su pueblo a que diera un paso decisivo. Y les dijo claramente: Crean o perecerán. Sólo una minoría creyó y sobre la nación "estalló la cólera" (Lc 21,23).Entonces empezaron los tiempos del Nuevo Testamento, y el mensaje fue llevado a las otras naciones. Ese es el tiempo en que la Iglesia se hace educadora de todos los pueblos, que deben madurar como pueblos y como cristianos. La Biblia da a entender que todo esto desembocará en una crisis, universal esta vez, en la que el Evangelio será más de actualidad que nunca: Crean o perecerán. Y es entonces cuando terminarán, a la vez, el Nuevo Testamento y la historia de la humanidad. 

 

 

 

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Mt. 25, 1 - 46

             PARÁBOLA DE LAS DIEZ JÓVENES (MC 13,35; LC 13,25)   [1] Escuchen, pues, lo que pasará entonces en el Reino de los Cielos. Diez jóvenes salieron con sus lámparas para salir al encuentro del novio. [2] Cinco de ellas eran descuidadas y las otras cinco precavidas. [3] Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite consigo. [4] Las precavidas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron sus botellas de aceite. [5] Como el novio se demoraba en llegar, se adormecieron todas y al fin se quedaron dormidas. [6] Al llegar la medianoche, se oyó un gritó: «¡Viene el novio, salgan a su encuentro!» [7] Todas las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. [8] Entonces las descuidadas dijeron a las precavidas: «Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.» [9] Las precavidas dijeron: «No habría bastante para ustedes y para nosotras; vayan mejor a donde lo venden, y compren para ustedes.» [10] Mientras fueron a comprar el aceite, llegó el novio; las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta. [11] Más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron: «Señor, Señor, ábrenos.» [12] Pero él respondió: «En verdad, se lo digo: no las conozco.» [13] Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.  PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (LC 19,12; MC 4,25; 13,34)   [14] Escuchen también esto. Un hombre estaba a punto de partir a tierras lejanas, y reunió a sus servidores para confiarles todas sus pertenencias. [15] Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio dos, y al tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad. Después se marchó. [16] El que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y ganó otros cinco. [17] El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos. [18] Pero el que recibió uno cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón. [19] Después de mucho tiempo, vino el señor de esos servidores, y les pidió cuentas. [20] El que había recibido cinco talentos le presentó otros cinco más, diciéndole: «Señor, tú me entregaste cinco talentos, pero aquí están otros cinco más que gané con ellos.» [21] El patrón le contestó: «Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón.» [22] Vino después el que recibió dos, y dijo: «Señor, tú me entregaste dos talentos, pero aquí tienes otros dos más que gané con ellos.» [23] El patrón le dijo: «Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón». [24] Por último vino el que había recibido un solo talento y dijo: «Señor, yo sabía que eres un hombre exigente, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has invertido. [25] Por eso yo tuve miedo y escondí en la tierra tu dinero. Aquí tienes lo que es tuyo.» [26] Pero su patrón le contestó: «¡Servidor malo y perezooso! Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he invertido, [27] debías haber colocado mi dinero en el banco. A mi regreso yo lo habría recuperado con los intereses. [28] Quítenle, pues, el talento y entréguenselo al que tiene diez. [29] Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene. [30] Y a ese servidor inútil, échenlo a la oscuridad de afuera: allí será el llorar y el rechinar de dientes.»  EL JUICIO FINAL (LC 9,26)   [31] Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de Gloria, que es suyo. [32] Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. [33] Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. [34] Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. [35] Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. [36] Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.» [37] Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? [38] ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? [39] ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te fuimos a ver? [40] El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.» [41] Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! [42] Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; [43] era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron.» [44] Estos preguntarán también: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?» [45] El Rey les responderá: «En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí. » [46] Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.»        

 

 

[1] Las tres parábolas que siguen nos dicen que tenemos que esperar la venida de Cristo despiertos y activos. La primera, la parábola de las "diez vírgenes", como dice el texto griego, es la parábola más bella sobre la fidelidad. Las diez, según la costumbre, esperaban de noche al novio para llevarlo a la casa de la novia. El novio tarda en llegar, lo que no debería extrañar a nadie. Pero de la esposa no se habla: a lo mejor las muchachas descubrirán al final que la esposa no es otra que ellas mismas.Se quedaron dormidas: Una vez que se pone el sol, todo es negro y no se puede hacer nada (Jn 9,4). Lo que se espera pues de ellas no es trabajo sino la fidelidad del corazón (Cant 5,2): necesitarán aceite para mantener la lámpara encendida.Aquí como en muchos otros lugares, el evangelio nos muestra que no todo está hecho con la conversión y el primer entusiasmo: hay que durar (7,24). Asegurarse una reserva de aceite es conseguirse los medios que permitirán perseverar en nuestra vocación. Algunos dirán que Mateo puso aquí esta parábola a propósito de los primeros cristianos, pues, después de haber aguardado el regreso de Cristo, veían que nada pasaba. Pero es un error. Jesús se dirige a los creyentes de todos los tiempos para quienes, uno u otro día, la fidelidad se hace pesada. "No tenía idea entonces a qué me comprometía". Allí está justamente la grandeza de la fidelidad. No se puede saber de antemano; entregar su mano a Dios es dar un salto en lo Desconocido. No hay otro camino fuera de la perseverancia para salvarse (Mt 24,13), es decir, para encontrarse a sí mismo.No porque somos cristianos somos mejores que los demás, sino que el Señor nos ha llamado para una misión especial. A los que escoge, Dios les pide antes que nada fidelidad y perseverancia, ambas cosas muy escasas en este mundo; y es con ellas que somos luz.

 

 

TRABAJAR. - CONFIAR EN SI MISMO

[14] En tiempos de Jesús, el talento equivalía a unos 35 kilos de metal precioso. Pero en esta parábola Jesús se sirvió de los talentos para figurar las capacidades que Dios distribuye a cada uno, y se ha conservado el sentido nuevo de la palabra.Siervo bueno y fiel. Fiel: mejor sería traducir por: "con quien se puede contar". No se ve ningún término de carácter religioso en esta parábola: Dios evalúa la manera cómo se ha hecho multiplicar sus talentos, y el pecado consiste en haber guardado para sí lo que uno había recibido. ¡Qué condenación para una sociedad en que es tan común consumir lo que se ha recibido: la formación humana y los conocimientos que se han heredado de su patria y que no se transmitirán a una descendencia, los beneficios de una familia en la que los padres han sabido sacrificarse por sus hijos, y tal vez la Palabra de Dios que se debió poner en práctica para realizar el gran designio de Dios sobre el mundo! Yo te confiaré mucho más: Lo que construimos en la tierra no es lo definitivo sino sólo el andamio: muy distintas serán las riquezas que Dios distribuirá a los que vivirán en él.Tú sabías que cosecho donde no he sembrado (26). Como en Lucas 18,1, Jesús reconoce nuestra desconfianza tenaz con respecto a Dios y nos toma la palabra. Si no aspiramos al puesto que el Esposo tiene reservado para la esposa (25,1) tratemos al menos de no ser servidores buenos para nada.Muchas oportunidades se presentan de asumir riesgos y de emprender algo, y a menudo tenemos miedo de ofrecernos para ello: "No soy el más capaz". Pero si los que son capaces no se han movido? Entonces: Quítenle el talento y dénselo a otro.

 

 

EL JUICIO UNIVERSAL

[31] Sabemos que los cristianos son tan sólo una minoría en el mundo. Como lo hacemos nosotros ahora, los judíos pensaban de cuando en cuando en esa mayor parte de la humanidad que no conocía a Dios y sus promesas. La veían como una masa tremenda, lista para engullirlos, un mundo inquietante al que Dios algún día debería imponer su ley. Y lo llamaban las naciones.En esta última parábola Jesús deja atrás estas perspectivas. Nos enseña cómo juzgará a todos los hombres sin hacer ninguna discriminación por concepto de sus orígenes, el día en que venga como Rey de las naciones. Todos los que, sin conocer a Cristo, compartieron el destino común de la humanidad, serán juzgados por él. En realidad, él nunca los abandonó, sino que puso a su lado a esos pequeños que son sus hermanos como representantes suyos.El Rey pone al descubierto los innumerables gestos humanos que han construido lo mejor de nuestra civilización y, puestos ante él, los hombres contemplan asombrados al Dios que amaron o despreciaron en la persona de su prójimo. Aunque la mayoría no pensaron mucho en el más allá, en el juicio se les presenta el Reino preparado desde siempre y para siempre, cuya única ley es el amor.No hay lugar neutral. El fuego es la figura del tormento de quienes se perdieron a sí mismos cuando cerraron y esterilizaron su corazón hasta ser incapaces de amar. Durante su vida vivieron indiferentes a la desgracia de sus hermanos marginados y hambrientos; ahora la irradiación del Dios que es amor los quema y atormenta. Cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos (40). Jesús habla de atender a nuestro prójimo, bien sea amigo o enemigo, y no de servir a la comunidad, o a la clase, o a la nación en forma general. Pues tanto la nación como la clase o la humanidad son conceptos que nosotros formamos y deformamos según nuestra ideología, y siempre con estas palabras se excluye a una parte de nuestros hermanos que no son de nuestra nación o de nuestro grupo. En cambio, el que ama de verdad, reconoce a sus hermanos sin dar mayor importancia a las etiquetas; las personas son las que existen y las que viven para Dios.Y estos irán al suplicio eterno (44). Hoy en día esa división de los hombres entre buenos y malos no sólo nos molesta sino que además nos parece un punto de vista ya caduco. (Véase comentario a Mt 13,36). Y esto es cierto en algún sentido. Hasta la Edad Moderna casi no había más que gente «de una sola idea». Uno podía tener a los pocos años una visión completa de las diversas opciones de la vida; en su medio no veía casi más que una religión, y desde su juventud escogía el camino «bueno» o "malo". Bien es cierto que se daban algunas conversiones para el bien o para el mal (Ez 18), pero en general parecía que la humanidad estaba dividida en buenos y malos.Hoy en día es muy distinto, pues nuestras elecciones son muy complejas y necesitamos mucho tiempo para ver las cosas con claridad. Se vive toda la vida, o gran parte de ella, llevando consigo tanto al personaje bueno como al malo.Debemos pues entender que Jesús hablaba el lenguaje de los profetas, esquematizando las opciones. Pero si la gente de hoy es mucho más lenta para hallarse a sí misma, eso no impide que cada uno se incline poco a poco a una elección definitiva. Dios quiera que la inmensa mayoría no rechace la verdad; pero algunos elegirán conscientemente perderse, y son capaces de ir hasta el fin. Decir que Dios es tan bueno que los salvará en el último momento, es afirmar algo que Jesús nunca quiso decir. Eso significaría en el fondo que todo lo que uno ha vivido en su vida casi no tendría importancia y que nuestra libertad no sería más que un juego.Lo que dice Jesús en esta página vale para todos. Pero sería un error citar esta parábola como si cubriese todas las responsabilidades de un cristiano. El mundo no necesita tanto de pan, agua o ropa, sino de la verdad y de la esperanza que Dios ha confiado a los que se eligió. Los cristianos serían infieles a su misión si se limitaran a hablar de ayuda o albergues, etc. y se olvidaran de lo que es vida para la humanidad; en primer lugar la Palabra de Dios, el conocimiento y el amor de su Señor. El será siempre el primero, y necesitamos que lo sea para nosotros. 

 

 

 

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Mt. 26, 1 - 75

             [1] Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus discípulos: [2] «Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos días, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.» [3] Por entonces, los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás, [4] y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con artimaña y darle muerte. [5] Pero se decían: «No será durante la fiesta, para que el pueblo no se alborote.»   LA UNCIÓN EN BETANIA (JN 12; MC 14,9)  [6] Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. [7] Se acercó a él una mujer mientras estaba a la mesa, con un frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo derramó en la cabeza. [8] Al ver esto, los discípulos protestaban: «¿Para qué tanto derroche? [9] Este perfume se podía haber vendido muy caro, para ayudar a los pobres.» [10] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. [11] Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. [12] Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparaba mi entierro. [13] En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto, y será su gloria.» [14] Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes [15] y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. [16] Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.   LA ULTIMA CENA (MC 14,12; LC 22,7; JN 13,1)  [17] El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» [18] Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.» [19] Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. [20] Llegada la tarde, Jesús se sentó a la mesa con los Doce. [21] Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar.» [22] Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?» [23] El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. [24] El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» [25] Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.» [26] Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» [27] Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: [28] esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados. [29] Y les digo que desde ahora no volveré a beber del zumo de cepas, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.» [30] Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los Olivos. [31] Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. [32] Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.» [33] Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca dudaré de ti.» [34] Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.» [35] Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.  EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ (MC 14,26; LC 22,39)  [36] Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.» [37] Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. [38] Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.» [39] Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» [40] Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? [41] Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil.» [42] De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.» [43] Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. [44] Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras. [45] Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. [46] ¡Levántense, vamos! El traidor ya está por llegar.»   TOMAN PRESO A JESÚS   [47] Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. [48] El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; arréstenlo.» [49] Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. [50] Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron. [51] Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. [52] Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada, perecerá por la espada. [53] ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? [54] Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras.» [55] En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. [56] Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.  JESÚS COMPARECE ANTE EL CONSEJO JUDÍO (MC 14,53; LC 22,54)   [57] Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley y las autoridades judías. [58] Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en qué terminaba todo. [59] Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo condenar a muerte. [60] Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos  [61] que declararon: «Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.» [62] Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?» [63] Pero Jesús se quedó callado. Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?» [64] Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.» [65] Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos acaban de oír estas palabras blasfemas. [66] ¿Qué deciden ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!» [67] Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo golpeaban [68] diciéndole: «Mesías, ¡adivina quién te pegó!»  LAS NEGACIONES DE PEDRO (MC 14,66; LC 22,56)   [69] Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con Jesús de Galilea.» [70] Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé de qué estás hablando.» [71] Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.» [72] Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese hombre.» [73] Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar.» [74] Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo. [75] Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente.    

 

 

[47] Ver el comentario de Mc 14,43.El beso de Judas: para un discípulo, ésta era la manera de saludar a su maestro.Uno sacó la espada. Pedro, junto con otros apóstoles que habían participado en grupos de resistencia al opresor romano, habían traído espadas (Lc 23,38).Quien usa la espada. Esta sentencia no condena a militares y policías, necesarios en un mundo violento, pero sí afirma que la fuerza no establece el Reino de Dios ni lleva a la vida. Siempre trae la muerte de alguna manera a quienes la usan, aun cuando lo hagan por necesidad. 

 

 

[61] Encontramos dos acusaciones contra Jesús. La primera: Yo soy capaz de destruir... es falsa en cierto sentido, pero se refiere a palabras de Jesús que anunciaban la sustitución del Templo de Jerusalén por otra religión centrada en su propia persona (Jn 2,19), y esto era muy subversivo.Para los judíos no había nada más sagrado que el Templo de Jerusalén. Pero también atacar al Templo era amenazar la posición de los sacerdotes, cuyo poder se basaba en que solamente ellos podían celebrar el culto con los sacrificios en el Templo. Y a ellos llegaban las ofrendas y tasas para el Templo.En cuanto a la segunda acusación, que es la más importante, ver el comentario en Mc 14,53.Jesús se quedó callado (63). No por desprecio a aquellos hombres, detentores de la autoridad religiosa, sino porque era inútil discutir, y se quedó con la paz de quien ha entregado a Dios su causa.Así es, tal como tú lo has dicho (64). Esta respuesta de Jesús debería tal vez traducirse: Tú eres el que lo dice. Sería como decir que Jesús no entiende estas palabras como las entendía Caifás. La expresión hijo de Dios designaba a los reyes y, por supuesto, al rey-Mesías de Israel, y Jesús era El Hijo de Dios en un sentido muy diferente. Por eso, Jesús se define citando la profecía de Daniel 7,13, que anuncia un Salvador, un Hijo de Hombre, venido de Dios mismo y saliendo de la eternidad. 

 

 

[69] Muy asombrosa es esta negación de Pedro. Su amigo Juan, conocido en la casa del sumo sacerdote, hizo que entrara junto a él (Jn 18,16). La muchachita sabe muy bien quién es Juan y no le dice nada. Solamente una palabra irónica para Pedro. Nadie lo amenaza, ni siquiera los hombres que más bien se burlan de él, un provinciano de Galilea como Jesús. Pero eso es suficiente para que Pedro se desconcierte y se derrumbe.Al colocar este episodio justo después del testimonio de Jesús ante el sumo Sacerdote, el evangelio quiere oponer la actitud de Pedro a la de su Maestro. No olvidemos que, para Mateo, Pedro es la imagen del creyente, pero esos creyentes también merecen a cada rato ser llamados hombres de poca fe. 

 

 

 

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Mt. 27, 1 - 66

              [1] Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. [2] Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.  LA MUERTE DE JUDAS   [3] Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. [4] Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.» [5] Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse. [6] Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.» [7] Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. [8] Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy. [9] Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, [10] y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.  JESÚS COMPARECE ANTE PILATO (MC 15,1; LC 23,2; JN 18,29)  [11] Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.» [12] Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. [13] Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» [14] Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.  [15] Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. [16] De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. [17] Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» [18] Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia. [19] Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.» [20] Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. [21] Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» [22] Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» [23] Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!»  [24] Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» [25] Y todo el pueblo contestó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» [26] Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo.  EL CAMINO DE LA CRUZ (MC 15,16; LC 23,11)    [27] Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. [28] Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. [29] Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» [30] Le escupían en la cara, y con la caña le golpeaban en la cabeza. [31] Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar. [32] Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. [33] Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera»,  [34] le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber. [35] Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. [36] Luego se sentaron a vigilarlo. [37] Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» [38] También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. [39] Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza [40] y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.» [41] Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: [42] «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! [43] Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.» [44] Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban. [45] Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. [46] A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» [47] Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» [48] Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. [49] Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.» [50] Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.  DESPUÉS DE LA MUERTE DE JESÚS   [51] En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. [52] La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. [53] Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente. [54] El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.» [55] También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. [56] Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.  SEPULTAN A JESÚS (MC 15,42; LC 23,50; JN 19,38)  [57] Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. [58] Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. [59] José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia [60] y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. [61] Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.  ASEGURAN EL SEPULCRO  [62] Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato [63] y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días resucitaré. [64] Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero.» [65] Pilato les respondió: «Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes.» [66] Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia.   

 

 

[1] ¿Por qué un segundo comparecimiento de Jesús ante el Sanhedrín o Consejo Supremo de los judíos? Los evangelios no concuerdan en todo y lo más probable sería la siguiente explicación.En la noche Jesús fue presentado a Anás, ex-sumo sacerdote, cuyos cinco hijos y su yerno Caifás le sucedieron. Conservaba mucha autoridad entre los jefes de los sacerdotes, o sea, los jefes de las familias sacerdotales más pudientes que se repartían los cargos, a pesar de que, según la Ley, el sumo sacerdocio era vitalicio. Ahí no estuvo todo el Consejo Supremo, que no se podía reunir legalmente de noche, y cuyos setenta y un miembros tampoco podían caber en la casa de Caifás. Después, el Consejo al completo se reúne en la mañana. Pero para los enemigos de Jesús el interrogatorio privado era el más importante. Por eso Mateo y Marcos colocan aquí (Mt 26,57-64) todo lo que saben del proceso de Jesús, que tuvo lugar, en realidad, en la mañana. 

 

 

[3] Judas, apenas realiza su traición, deja de existir. Ni siquiera se sabe lo que pasó con las treinta monedas: ver He 1,18. 

 

 

[15] Según textos muy antiguos del evangelio de Mateo, el nombre del agitador era Jesús, y su apodo Barrabás; Pilato proponía al pueblo que eligiera entre Jesús, llamado Barrabás, y Jesús, llamado el Cristo. 

 

 

[24] Pilato pidió agua... Este gesto, para los judíos, expresaba la negativa de Pilato a hacerse el acusador o el juez de Jesús (ver Deut 21,6; Sal 26,6). 

 

 

[27] En el patio interior, llamado pretorio, a la vista de Pilato y de toda la gente ocupada en los varios quehaceres del palacio, los soldados se burlan de Jesús.Le colocaron en la cabeza una corona (29). Según toda probabilidad, era de juncos trenzados en forma de gorro y entrelazados con espinas grandes.Los soldados se divierten con el juego del rey derribado. En muchas culturas el rey es un personaje divino; pero también es la víctima a la que se responsabiliza de todos los males. Por eso no faltan los juegos sobre la caída del rey. En Jerusalén se ha encontrado una loza en que está grabado un juego de soldados, con el recorrido del rey que, pasando por varias pruebas, llegaba al suplicio.Los soldados hacen del juego realidad; y no saben hasta qué punto están en la verdad. El triunfo de los Ramos preparó el apresamiento de Jesús, pero también la humillación de Jesús lo prepara para ser el rey que salva a todos, tal como lo expresaba la antigua historia de José (Gén 37-44) y, con mucha más fuerza, la profecía de Isaías (52,13-53,12).Jesús es Salvador porque es víctima. Jesús rompe el engranaje de la violencia porque ha soportado la violencia máxima sin ser violento. Jesús manifiesta la grandeza y la fuerza de Dios en su humillación. Jesús reúne en su persona todas las humillaciones de los indefensos, de los expulsados, de las víctimas sobre las cuales se descargó la violencia ciega de los pueblos y de sus dueños. Pero Jesús lleva sobre sí el pecado del mundo, como lo anunció Isaías. En adelante los hombres no podrán mirarlo sin descubrir su propia maldad y lamentarse por él, que fue su víctima (Za 12,12). De este encuentro inesperado con un Dios despreciado y eliminado, tan diferente al que ubicamos en el Cielo, nacerá para los hombres una fuente de perdón y de purificación (Za 13,1). 

 

 

[34] Le dieron a beber vino mezclado con hiel. En realidad, según Marcos, le dieron vino agridulce, bebida de los soldados, mezclado con mirra, que adormecía el dolor. Lo habían preparado según la costumbre las damas caritativas de Jerusalén, tal vez las mismas de las que Lucas habla en 23,28. Pero Mateo habla de vino mezclado con hiel (cosa insoportable), para dar a entender todas las amarguras que Jesús debió tragarse por nosotros.Este es Jesús, el rey de los judíos (37). Esta expresión designaba, para Pilato y para todos, un líder nacionalista que pretendía encabezar la liberación del yugo de los romanos.Los judíos son el pueblo de Dios y él había dispuesto que serían asociados a la salvación de Cristo de un modo muy especial. De hecho, posteriormente fueron sometidos a muchas pruebas y persecuciones. Muchos judíos inocentes sufrieron como Jesús, sin creer en él, pero confiados en las promesas de Dios y en el Reino de justicia.En latín las letras I.N.R.I. (que leemos en estampas de la crucifixión) son las iniciales de Jesús Nazareno Rey de los Judíos.También crucificaron con él a dos ladrones. Posiblemente eran, como Barrabás, terroristas de inspiración nacionalista. Podrían haber sido compañeros suyos, y así su ejecución realzaba el indulto concedido a Barrabás. Faltando éste, tendrán que morir al lado de Jesús. Pero también podrían haber sido bandidos, de los que asaltaban a los peregrinos en los cerros de Palestina. 

 

 

[51] En este párrafo Mateo usa el estilo y las figuras propias del estilo «apocalíptico», para expresar el significado de la muerte de Jesús, y es que la salvación definitiva ha llegado. Este gran temblor es una manera de subrayar que esta es la gran intervención de Dios en la historia.Las apariciones de difuntos son interpretadas como un signo de que se han cumplido las profecías de Dn 12,2 y Za 14,4 referentes al Día de la Salvación. También dan a entender que, antes de su resurrección, Jesús había «bajado donde los muertos». Esta expresión antigua que oímos en nuestro Credo («descendió a los infiernos») significa que Jesús se reunió de una manera misteriosa, pero real, con las multitudes históricas o prehistóricas que lo estaban esperando para entrar a la vida misma de Dios.Recordemos que los infiernos designaban la morada de los muertos, mientras que el infierno es una palabra cristiana que se refiere a un lugar de castigo. 

 

 

 

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Mt. 28, 1 - 20

             JESÚS RESUCITADO SE APARECE A LAS MUJERES (MC 16,1; LC 24,1; JN 20,1)   [1] Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. [2] De repente se produjo un violento temblor:el Angel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. [3] Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. [4] Al ver al Angel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. [5] El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. [6] No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, [7] pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo.» [8] Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. [9] En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. [10] Jesús les dijo en seguida: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.» [11] Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. [12] Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero [13] para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, se robaron el cuerpo. [14] Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. [15] De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy.  JESÚS ENVÍA A SUS APÓSTOLES    [16] Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al monte que Jesús les había indicado. [17] Cuando vieron a Jesús, se postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban. [18] Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. [19] Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, [20] y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.»       

 

 

[1] Respecto a las apariciones de Jesús resucitado, véase el comentario de Lc 23,1.Este primer párrafo está aún escrito en estilo apocalíptico, con su ángel resplandeciente y ese nuevo terremoto. Pero el Evangelio se niega a describir una salida triunfante de Jesús como lo habrían deseado sus lectores. Jesús resucitado sólo es visto por los que creen; las mujeres que lo buscaban lo vieron; los soldados y los dirigentes, que no lo buscaban, no comprendieron.Se nombran a María Magdalena y a la otra María, madre de Santiago y de José (Mt 27,55), dos de los "hermanos de Jesús" (Mt 13,55). Era pariente de María, madre de Jesús.En eso Jesús les salió al encuentro (9). Es evidente que Mateo combina dos hechos diferentes: uno es el descubrimiento del sepulCrón vacío; otro fue, posteriormente, la aparición sólo a María de Magdala, narrada en Jn 20,11-18.Que se dirijan a Galilea. ¿Por qué Jesús da esta cita si debe manifestarse el mismo día en Jerusalén? (Lc 24,13-42). La cosa no es nada clara y, a lo mejor, los evangelistas han desplazado ciertas apariciones para comodidad de su relato. Pero de todas maneras, era necesaria una maduración para que los discípulos creyeran en la resurrección y entendieran algo de la misma. Después de las dos primeras apariciones en Jerusalén, en las que Jesús trató de convencerlos de que no era fantasma ni un espíritu, debían volver a su provincia y a su ambiente, lejos de esta capital en que habían sido traumatizados, para interiorizar su nueva experiencia. En Galilea Jesús se manifestará de una manera diferente, dándoles a entender que ya ha sido glorificado y su existencia ya no es como la de antes.Una mujer, María de Magdala, transmite el recado, como para indicar que en la Iglesia no todo vendrá de las autoridades, y Dios se comunica con quien quiere, comunicando mensajes proféticos a personas sencillas y a mujeres.El Evangelio habla muy brevemente de las apariciones de Jesús resucitado. Es que para la Iglesia primitiva, este hecho tan importante y misterioso debía ser proclamado y como demostrado por la actuación del Espíritu en las comunidades cristianas. ¿Estaremos en una situación diferente a la de ellos? La Iglesia que habla bien de Cristo resucitado no es una Iglesia poderosa que dispone de buenos medios de propaganda, sino una Iglesia resucitada. Si la Iglesia, si nuestras comunidades, están constantemente en situaciones tales que aparentemente no hay para ellas esperanza de salvación y sin embargo reviven por gracia de Dios, entonces estarán atestiguando que su Señor ha resucitado y que les ha dado a ellas el poder de resucitar. 

 

 

[16] Jesús envía a sus apóstoles a evangelizar el mundo. Este último encuentro es narrado de la manera más sencilla. Nada de aparición súbita ni de miedo; nada de demostración física de la realidad de Jesús. Lo importante son las palabras de Jesús Maestro.Aunque algunos todavía dudaban (17). Mateo resume así las últimas apariciones de Jesús. No todos los discípulos (los Once y los demás) se convencieron tan rápidamente de la Resurrección de Jesús.Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Jesús había reunido un grupo de discípulos que convivían con él, conforme a como hacían los maestros judíos. El maestro conocía a sus discípulos y éstos a su vez conocían a su maestro compartiendo con él la vida diaria. Esto vale todavía hoy, pues la evangelización supone un compartir. Evangelizar es ayudar a una persona a profundizar sus experiencias pasadas hasta el momento en que reconozca a Cristo, y su muerte y su resurrección como la verdad que ilumina su propia existencia.Los que hayan creído serán bautizados en el Nombre único del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, pues son las tres personas que nos enseñó Cristo. Y, por supuesto, que las nombró separadamente porque el Padre no es el Hijo y el Hijo no es el Espíritu Santo, a pesar de que los tres son el mismo Dios. Los bautizados entrarán en comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu al ingresar en una Iglesia que, en primer lugar, es una comunión. Ver en Hechos 19,6 respecto del bautismo en el Nombre del Señor Jesús. Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Estas enseñanzas de Cristo ocupan el primer lugar en el Evangelio de Mateo; están en los cinco discursos, y nosotros tendremos que hacer la voluntad del Padre tal como Jesús nos la reveló.Yo estoy con ustedes todos los días. Volvemos a encontrar esa certeza que ya fue expresada con el nombre de Emmanuel en 1,23: Jesús es el Dios-con-nosotros.Hasta el fin de la historia. La primera generación cristiana pensó que Cristo no tardaría en volver, pero ya en el momento en que se escribió el Evangelio entendía que la historia iba a durar; la nación de Israel había rechazado la salvación que se le ofreció y sólo una minoría había creído. Jesús, ahora, se había comprometido con sus apóstoles y con su Iglesia.La Iglesia católica se distingue de las Iglesias «reformadas» porque solamente ella se considera obligada a permanecer unida en torno a los sucesores de los apóstoles, que son los obispos. Nos cuesta mantener esta unidad y continuidad en muchas circunstancias en que parecería más fácil fundar una nueva comunidad reformada, al lado de la Iglesia. Pero también esta obediencia a la voluntad del Padre es el medio que a él le permite ejercitar y purificar nuestra fe. Jesús es y seguirá siendo dueño del destino de «su» Iglesia. 

 

 

 

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