Neh. 2, 1 - 20

             NEHEMÍAS DEJA TODO PARA IR A RECONSTRUIR SU PAÍS   [1] En el mes de Nisán, el año veinte del rey Artajerjes, estaba cumpliendo mi oficio de copero. Tomé el vino y lo presenté al rey. Anteriormente, nunca había estado triste ante él. [2] Me dijo entonces el rey: «¿Por qué esa cara tan triste? Tú no estás enfermo. ¿Acaso estás preocupado por algo?» [3] Yo quedé indeciso. Y dije: «Viva por siempre el rey. ¿Cómo no he de tener tristeza, cuando la ciudad donde están las tumbas de mis padres se encuentra en ruinas, y sus puertas quemadas?» [4] El rey me dijo: «¿Qué deseas entonces?» Pedí ayuda al cielo [5] y le dije al rey: «Si al rey le parece bien y está conforme con mi trabajo, mándeme al país de Judá, a la ciudad en que se encuentran las tumbas de mis padres, para que yo la edifique de nuevo.» [6] El rey me preguntó, estando la reina sentada a su lado: «¿Cuánto tiempo durará tu viaje? ¿Cuándo volverás?» Yo le dije un plazo y él me permitió salir. [7] Agregué al rey: «Si le parece al rey, que se me den cartas para los gobernadores de la provincia del otro lado del río para que me faciliten el camino hacia Judá, [8] y también una carta para Asaf, el cuidador de los bosques, pues necesito madera para hacer las puertas de la ciudadela, cerca del Templo, para la muralla de la ciudad y la casa en la que yo viviré.» La bondadosa mano de Dios me estaba apoyando, de tal manera que el rey me dio lo que le pedía. [9] Fui donde los gobernadores del otro lado del río y les entregué las cartas del rey. El rey había ordenado que me acompañaran oficiales del ejército y gente a caballo. [10] Pero en Jerusalén, Sambalat, el joronita, y Tobías, el servidor amonita, supieron de mi llegada y les disgustó que alguien viniera a ayudar a los israelitas. [11] Llegué a Jerusalén y estuve allí tres días. [12] Luego me levanté de noche, acompañado de unos pocos hombres, sin decir a nadie lo que yo pensaba hacer en Jerusalén, según mi Dios me lo había inspirado. Llevando únicamente el caballo en que iba montado, salí de noche por la Puerta del Basural. [13] Observé la muralla de Jerusalén arruinada y las puertas quemadas. [14] Seguí hacia la Puerta de la Fuente y el estanque del rey, pero no había por donde pudiera pasar mi caballo. [15] Entonces subí de noche por la barranca. Observé cómo estaba la muralla y volví a entrar por la Puerta del Valle. [16] Luego regresé a la casa. Los consejeros no supieron dónde había ido ni lo que había hecho. Hasta este momento no les había dicho nada a los judíos, ni a los consejeros, ni a los sacerdotes, ni a los notables, ni a ninguno de los que tenían un cargo público. [17] Entonces les dije: «Ustedes mismos ven la triste situación en que nos encontramos por el hecho de que Jerusalén está en ruinas y sus puertas quemadas. Vamos a levantar de nuevo la muralla de Jerusalén y a terminar con esta situación humillante.» [18] Y les conté cómo la mano bondadosa de Dios me había ayudado, y lo que el rey me había dicho. Todos dijeron: «Pongámonos a trabajar.» Y se animaron unos a otros para realizar esta buena obra. [19] Sambalat, el joronita; Tobías, el siervo amonita, y Guesem, el árabe, se rieron de nosotros y vinieron a decirnos: «¿Qué hacen? Se están rebelando contra el rey.» [20] Yo les contesté: «El Dios de los Cielos nos dará éxito. Nosotros, sus siervos, vamos a ponernos a trabajar. En cuanto a ustedes, no tienen derechos, ni herencia, ni méritos de qué valerse en Jerusalén.»       

 

 

[1] Nehemías pide y consigue porque no es pedigüeño, y sus años de servicio leal le granjearon la simpatía y la estima. Se destacan su discreción e iniciativa, y su palabra ardiente con que alienta a los escépticos, logrando persuadirlos.¿Era necesario construir las murallas de Jerusalén? En realidad, la Biblia destaca, más que la restauración misma, la manera como se realizó: Nehemías, pidiendo la cooperación de todos, edifica la comunidad de Jerusalén. 

 

 

 

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Neh. 3, 1 - 38

             EMPIEZAN A RECONSTRUIR LA MURALLA  [1] El sacerdote principal Eliasib y sus hermanos, los sacerdotes, se encargaron de construir la Puerta de las Ovejas. La hicieron, colocaron sus hojas y continuaron hasta la torre de Jananeel. [2] Al lado de ellos trabajaron los de Jericó, y más allá Zacur, hijo de Emrí. [3] De la Puerta de los Peces se encargaron los hijos de Sena. La armaron y fijaron sus hojas, barras y goznes. [4] A continuación reconstruyó Mesulam, hijo de Berequías, hijo de Mesezabel, y a su lado reparó Sadoc, hijo de Baaná. [5] Al lado de éstos trabajaron los habitantes de Tecoa, pero sus notables no quisieron cooperar en la empresa en servicio de su Señor. [6] La Puerta Vieja fue reparada por Joyada, hijo de Paseaj, y Mesulam, hijo de Besodías. Ellos armaron y colocaron la puerta con sus cerraduras y barras. [7] Después de éstos, trabajaron Melatías de Gabaón y Yadón de Meronot, así como los de Gabaón y de Mizpá, al lado de la casa del gobernador de la provincia. [8] A su lado trabajó Uziel, miembro del gremio de los orfebres, y después Jonanías, del gremio de los perfumistas: ellos reconstruyeron Jerusalén hasta la muralla ancha. [9] A continuación trabajó Refaías, hijo de Jur, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén. [10] Después Yedaías, hijo de Jarumaf, delante de su casa; después Jattus, hijo de Hasabnías. [11] Malquías, hijo de Jarim, y Jasub, hijo de Pajat-Moab, repararon la parte siguiente, hasta la torre de los Hornos. [12] A continuación de éstos trabajó en la reparación, con sus hijas, Salum, hijo de Joloze, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén. [13] Hanún y los habitantes de Zanoaj repararon la Puerta del Valle; la construyeron, fijaron sus hojas, barras y bisagras, e hicieron quinientos metros de muralla, hasta la Puerta del Basural. [14] La Puerta del Basural la reparó Malquías, hijo de Rekab, jefe del distrito de Betakerem, con sus hijos; fijó sus hojas, barras y bisagras. [15] La Puerta de la Fuente la reparó Salum, hijo de Col José, jefe del distrito de Mizpá; la construyó, la cubrió y fijó sus hojas, barras y bisagras. También restauró el muro del depósito de agua de Siloé, que está junto a la huerta del rey, hasta las escaleras que bajan de la ciudad de David. [16] Después de él, Nehemías, hijo de Azbuc, jefe de la mitad del distrito de Bet-Sur, reparó hasta enfrente de la tumba de David, hasta el depósito artificial de agua y hasta la casa de los Valientes. [17] A continuación trabajaron los levitas: Rejum, hijo de Baní, y a su lado, Jasavías, jefe de la mitad del distrito de Queilá, en su distrito; [18] después sus hermanos: Binuy, hijo de Jenadad, jefe de la mitad del distrito de Queilá; [19] luego Ezer, hijo de Josué, jefe de Mizpá, reparó otra sección, frente a la subida del arsenal, en el ángulo. [20] Después de él, Baruc, hijo de Zabbay, reparó otro sector, desde el ángulo hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote Elyasib. [21] A continuación de él, Meremot, hijo de Urías, hijo de Acos, reparó otro sector, desde la puerta de la casa de Elyasib hasta el término de la misma. [22] Después de éste trabajaron los sacerdotes de este sector. [23] A continuación de ellos, Benjamín y Jasub repararon frente a sus casas. Después, Azarías, hijo de Maasías, hijo de Ananías, reparó junto a su casa. [24] Después de él, Binuy, hijo de Jenadad, reparó otro trozo desde la casa de Azarías hasta el ángulo y la esquina. [25] Luego Palal, hijo de Uzay, reparó enfrente del ángulo y de la torre superior que se destaca de la casa del rey, cerca del patio de la cárcel. Después de él Pedaías, hijo de Parós, [26] reparó hasta la Puerta de las Aguas, al oriente y hasta delante de la torre saliente. [27] A continuación los de Tecoa repararon otro sector frente a la torre grande saliente hasta el muro de Ofel. [28] Desde la Puerta de los Caballos repararon los sacerdotes, cada uno frente a su casa. [29] Después de ellos reparó Sadoq, hijo de Immer, frente a su casa. [30] Después de él reparó Semaías, hijo de Sekanías, guardián de la puerta oriental. A continuación, Mesulam, hijo de Berequías, frente a su casa. [31] Después, Malquías, del gremio de los orfebres, reparó hasta la casa de los ayudantes y de los comerciantes, frente a la Puerta de la Mifquad, hasta la cámara alta del ángulo. [32] Y lo que quedaba entre la cámara alta del ángulo y la Puerta de las Ovejas lo repararon los orfebres y los comerciantes.  LOS ENEMIGOS TRATAN DE DESALENTAR A NEHEMÍAS   [33] Cuando Sambalat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó. [34] Se burlaba de los judíos y decía delante de sus hermanos y de los señores de Samaria: «¿Qué pretenden hacer esos miserables judíos? ¿Acaso van a construir, terminar y celebrar la inauguración en un día? ¿Creen acaso dar vida a esas piedras calcinadas, sacadas de montones de escombros?» [35] Tobías, el amonita, que estaba a su lado, dijo: «Déjenlos que construyan; pues cualquier zorro echará abajo su muralla.» [36] ¡Escucha, Dios nuestro, porque somos despreciados! ¡Haz que caiga su insulto sobre su cabeza y entrégalos al desprecio en un país donde estén desterrados! [37] No pases por alto sus insultos, ni su pecado sea borrado en tu presencia, porque han ofendido a los que edificaban. [38] El pueblo trabajaba de todo corazón y llegamos a terminar la muralla hasta media altura.    

 

 

[33] Pronto el trabajo de Nehemías despierta celos y sospechas. Nada raro. La firmeza de un solo hombre, fue suficiente para animar a todos. En ese momento preciso, levantar la muralla de Jerusalén era la tarea concreta sin la cual pararía la historia sagrada. De transigir y demorar, el pueblo judío habría perdido los medios de su independencia y el sentido de su misión. Lo mismo hoy, aunque la misión de la Iglesia sea eminentemente espiritual, nuestra fidelidad al Señor depende de nuestra actitud frente a atropellos y traiciones a la verdad en cosas muy concretas de la vida social. 

 

 

 

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Neh. 4, 1 - 17

             [1] Sambalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los vecinos de Azoto vieron que la reparación de la muralla adelantaba y que los hoyos empezaban a taparse. Se enojaron mucho, [2] y todos se pusieron de acuerdo para atacar a Jerusalén y humillarme a mí. [3] Rogamos, pues, a nuestro Dios, y montamos guardia día y noche. [4] El pueblo de Judá decía: «Ya fallan las fuerzas de los cargadores y todavía quedan muchos escombros, nunca podremos rehacer la muralla.» [5] Y nuestros enemigos decían: «Los vamos a asaltar por sorpresa antes de que se enteren. Matémoslos y no se hablará más de su proyecto.» [6] Pero algunos judíos que vivían con ellos vinieron diez veces a avisarnos de todos los lugares de donde iban a salir contra nosotros. [7] Entonces ordené que la gente se colocara detrás de la muralla, ahí donde tenía menos altura; los dispuse por familias, a cada uno con sus espadas, lanzas y arcos. [8] Tenían miedo, pero me levanté y dije a los notables, a los consejeros y al resto del pueblo: «Acuérdense del Señor, grande y formidable, y peleen por sus hermanos, hijos e hijas, por sus mujeres y sus casas.» [9] Cuando nuestros enemigos supieron que estábamos avisados, Dios quiso que se desbarataran sus planes, y todos volvimos a la muralla, cada cual a su trabajo. [10] Pero desde ese día, sólo la mitad de mis hombres tomaba parte en el trabajo; la otra mitad, con arcos, lanzas, escudos y corazas, estaba detrás de los nuestros. [11] Los cargadores cargaban con una mano, teniendo un arma en la otra, [12] y los constructores llevaban una espada colgada a la cintura. Había un corneta junto a mí, para tocar el cuerno. [13] Les dije a los notables, a los consejeros y al resto del pueblo: «Los trabajos tienen mucha extensión y nosotros estamos repartidos a lo largo de la muralla, lejos uno de otro, [14] así que ustedes acudirán a donde escuchen el sonido del cuerno y nuestro Dios peleará por nosotros.» [15] Así ordenamos el trabajo desde el comienzo de la mañana hasta que salían las estrellas, la mitad de nosotros con el arma en la mano. [16] También le dije al pueblo: «Todos pasarán la noche en Jerusalén con sus criados. Así haremos guardia de noche y trabajaremos de día.» [17] Pero yo, mis hermanos, mi gente y los hombres de guardia que me seguían, no nos quitábamos la ropa para dormir. Cada uno llevaba sus armas encima.            

 

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Neh. 5, 1 - 19

             LOS RICOS DEBEN COMPARTIR LOS SACRIFICIOS DEL PUEBLO   [1] La gente del pueblo y sus mujeres presentaron quejas muy duras contra sus hermanos judíos. [2] Algunos decían: «Nosotros tenemos mucha familia y necesitamos trigo para comer y poder vivir.» [3] Otros gritaban: «Nosotros tuvimos que empeñar nuestros campos, viñas y casas para conseguir grano en esta escasez.» [4] Otros decían: «Tuvimos que pedir dinero prestado a cuenta de nuestros campos y viñas para pagar el impuesto al rey. [5] Sin embargo, somos de la misma raza que nuestros hermanos, y nuestros hijos no son diferentes a sus hijos. Pero tenemos que entregarlos como esclavos; incluso muchas de nuestras hijas son ya tratadas como concubinas. Y no tenemos otra solución, puesto que nuestros campos y viñas ya pasaron a otros.» [6] Esas quejas y acusaciones me llenaron de indignación. [7] Después de reflexionar, llamé la atención a los notables y a los consejeros, diciéndoles: «¿Por qué ustedes no tienen lástima de sus hermanos?» Debido a eso reuní una gran asamblea [8] y les dije: «Nosotros hemos rescatado en la medida de nuestras fuerzas a nuestros hermanos judíos que eran esclavos. ¿Y ahora son ustedes los que compran a sus hermanos?» Se quedaron callados. No tenían qué contestar. [9] Y seguí: «No está bien lo que ustedes hacen. ¿No quieren vivir obedeciendo a nuestro Dios? ¿Quieren imitar las prácticas vergonzosas de nuestros enemigos paganos? [10] También yo, mis hermanos y mi gente hemos prestado dinero y trigo. [11] Ahora bien, olvidemos todo lo que nos deben, devolvámosles inmediatamente sus campos, viñas y olivares, y anulemos las deudas en dinero, trigo, vino y aceite.» [12] Ellos me contestaron: «Se lo devolveremos y no les reclamaremos nada. Haremos como tú has dicho.» Entonces llamé a los sacerdotes y, delante de ellos, hice jurar a todos que cumplirían su promesa. [13] Luego sacudí los dobleces de mi manto, diciendo: «Así sacuda Dios fuera de su casa y de su herencia a todo aquel que no cumpla esta palabra, y que sea tan sacudido que quede sin nada.» Toda la asamblea contestó: «Así sea», y alabó a Yavé. Y el pueblo cumplió su promesa. [14] El rey Artajerjes me había hecho gobernador del país de Judá, en el año veinte de su reinado. Hasta el año treinta y dos, o sea, durante doce años, ni yo, ni mis hermanos, jamás exigimos el pan del gobernador. [15] Sin embargo, los gobernadores anteriores cobraban al pueblo cuarenta monedas de plata por día. Este sueldo era una carga para el pueblo, además de los abusos que cometían sus servidores. [16] Además me dediqué a trabajar en la reconstrucción de la muralla y no a comprar campos; y toda mi gente estuvo ahí ayudando. [17] En mi mesa se sentaban ciento cincuenta personas entre jefes y consejeros, sin contar los que venían de las naciones vecinas. [18] Diariamente se mataba un ternero, seis carneros escogidos y aves, y cada diez días se traía gran cantidad de vino. Todo esto corría por mi cuenta y, sin embargo, jamás pedí el pan del gobernador, porque los trabajos pesaban ya bastante sobre el pueblo. [19] ¡Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo que hice por este pueblo!        

 

 

[1] Nosotros somos de la misma raza que nuestros hermanos. Los dirigentes van repitiendo que la reconstrucción del país requiere sacrificios. Pero el pueblo judío exige que los sacrificios sean realmente compartidos por todos. Los que tienen lo necesario para el día de hoy deben cancelar las deudas de los que no tienen.¿Y ahora son ustedes los que compran a sus hermanos? Nehemías sale en defensa de los más humildes y denuncia el pecado que los ricos han cometido sin darse cuenta; impulsados por la lógica del haber y del debe, han llegado hasta someter a servidumbre a sus hermanos.¿Quieren imitar las costumbres de nuestros enemigos? Con razón se busca una liberación de las estructuras antisociales, y por fin el espíritu explotador que tenemos cada uno es el último por arrancar. 

 

 

 

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Neh. 6, 1 - 19

             NUEVAS DIFICULTADES   [1] Sambalat, Tobías, el árabe, Guesem y los demás enemigos nuestros supieron que yo había levantado nuevamente la muralla de Jerusalén. No quedaba ningún hoyo, aunque todavía no se habían puesto las puertas. [2] Sambalat y Guesem me mandaron a decir: «Ven a conversar con nosotros en Quefirín, en la vega de Onó.» [3] Querían hacerme algún daño; pero les mandé a decir: «Estoy muy ocupado en un trabajo muy importante. No bajaré hacia donde ustedes se encuentran, porque se pararía el trabajo si lo dejara.» [4] Sin embargo volvieron a invitarme cuatro veces, y di siempre la misma respuesta. [5] Entonces Sambalat me mandó a invitar por quinta vez. Su criado traía una carta abierta [6] que decía lo siguiente: «¿Sabes lo que corre entre los que no son judíos? Gasmú afirma que tú y los judíos queréis rebelaros. Ese es el motivo por el cual haces la muralla de nuevo. Y además quieres hacerte rey [7] y ya has designado profetas para proclamarte rey de Jerusalén. El rey va a saber eso, así que te conviene que conversemos los dos.» [8] Pero yo le mandé a decir: «Nada de eso es verdad. Sólo son inventos tuyos.» [9] Pues todos ellos querían asustarnos, pensando: Se van a desanimar tanto que no acabarán la reconstrucción. Yo, por el contrario, trabajé con mayores fuerzas. [10] Luego fui donde Semeías, hijo de Delaías, hijo de Metabeel, ya que no podía salir de su casa. El me dijo: «Reunámonos en la Casa de Dios, en el interior del santuario; y cerremos sus puertas, porque van a venir a matarte, y lo harán esta misma noche.» [11] Pero yo le respondí: «¿Un hombre como yo va a huir? ¿Cómo un hombre de mi clase va a entrar en el santuario para salvar su vida? No iré.» [12] Había comprendido que Semeías no había sido enviado por Dios, sino que Tobías lo había comprado para que me asustara. [13] Al esconderme en el santuario habría cometido un delito, y esto habría dado motivo para perder mi reputación y avergonzarme. [14] Acuérdate, Dios mío, de Tobías, por lo que ha hecho; y también de la profetisa Nadías, y de los demás profetas que trataron de asustarme. [15] La muralla quedó terminada el día [25] de Elul, en cincuenta y dos días. [16] Cuando nuestros enemigos y los pueblos vecinos lo supieron, tuvieron miedo y se acobardaron. Tuvieron que reconocer en eso la obra de Dios. [17] En este mismo tiempo varios judíos destacados escribían y recibían cartas seguidas de Tobías. [18] Pues Tobías tenía muchos amigos en Judá porque era yerno de Secanías, hijo de Araj, y por estar casado su hijo Jojanán con la hija de Mesulam, hijo de Berequías. [19] Incluso llegaron a hablar bien de Tobías en mi presencia, al mismo tiempo que le contaban todas mis palabras. Y era éste, Tobías, quien me mandaba cartas para asustarme.         

 

 

[1] Sambalat utiliza todos los medios para desanimar a Nehemías:-- 3,33: burlas e insultos,-- 4,2: amenaza de ataque,-- 6,2: guerra psicológica,-- 6,6: acusaciones,-- 6,14: soborno de falsos profetas.Siempre habrá gente que se aproveche de la palabra de Dios para engañar a la gente. Nótese la expresión en 6,13: para asustarme y llevarme al pecado. Muy a menudo el miedo es un camino resbaladizo que conduce a la traición. 

 

 

 

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Neh. 7, 1 - 72

             [1] Cuando estuvo terminada la muralla y se pusieron las puertas, los porteros quedaron encargados de vigilarlas. [2] Entonces puse a mi hermano Jananí como gobernador de Jerusalén, y a Jananías como jefe de la ciudadela, porque era hombre seguro y un verdadero servidor de Dios. [3] Luego les dije: «Se abrirán las puertas de Jerusalén sólo cuando el sol comience a calentar; y cuando todavía sea de día se cerrarán con cerrojos, mientras los guardias estén en sus puestos. Y durante la noche los habitantes de Jerusalén montarán la guardia, unos en sus puestos, y otros, delante de sus casas.»  LA NUEVA POBLACIÓN  [4] La ciudad era espaciosa y grande,pero tenía pocos habitantes y muchas casas no se reconstruían. [5] Dios me inspiró la idea de reunir a los jefes, a los consejeros y al pueblo, para hacer un censo. [6] Hallé el registro del censo de los que habían regresado del destierro al principio. Encontré escrito lo siguiente: Estas son las personas de la provincia que regresaron del destierro, aquellos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado y que volvieron a Jerusalén y Judea, cada uno a su ciudad. [7] Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Ramías, Najamaní, Mardoqueo, Belsán, Misperet, Biqvay, Nejum y Baara. Lista de los hombres del pueblo de Israel: [8] Los hombres de Parós, 2.172; [9] los de Sefatías, 372; [10] los de Araj, 652; [11] los de Pajat-Moab, por parte de los hijos de Josué y de Joab, 2.818; [12] los hijos de Elam, 1.254; [13] los de Zattú, 845; [14] los de Zakkay, 760; [15] los de Binuy, 648; [16] los de Bebay, 628; [17] los de Azgad, 2.322; [18] los de Adonicam, 667; [19] los de Bigvay, 2.067; [20] los de Adín, 655; [21] los de Ater de Ezequías, 98; [22] los de Jasún, 328; [23] los de Besay, 324; [24] los de Jarif, 112; [25] los de Gabaón, 95; [26] los hombres de Belén y de Netofá, 188; [27] los hombres de Anatot, 128; [28] los de Bet-Azmavet, 42; [29] los de Cariatiarim, Kefirá y Beerot, 743; [30] los de Ramá y Guebá, 621; [31] los de Mikmás, 122; [32] los de Betel y de Hay, 123; [33] los de Nebo, 52; [34] los de Elan Aquer, 1.254; [35] los de Jarim, 320; [36] los hombres de Jericó, 345; [37] los de Lod, Jadid y Onó, 721; [38] los de Sená, 3.930. [39] Sacerdotes: los hijos de Jedías, de la casa de Josué, 973; [40] los de Immer, 1.052; [41] los de Pasjur, 1.247; [42] los de Jarim, 1.017. [43] Levitas: los hijos de Josué, de Gadmiel, de la familia de Hodías, 74. [44] Cantores: los hijos de Asag, 148. [45] Porteros: los hijos de Salum, los de Ater, los de Talmón, los de Aqcub, los de Jatitá, los de Sobay, 138. [46] Ayudantes: los hijos de Sijá, los de Jasufá, los de Tabbaot, [47] los de Querós, los de Siá, los de Padón, [48] los de Lebaná, los de Jagabá, los de Salmay, [49] los de Janán, los de Guddel, los de Gajar, [50] los de Reaías, los de Resín, los de Necodá, [51] los de Gazzam, los de Uzzá, los de Paseaj, [52] los de Besay, los de Mauna, los nefusitas, [53] los de Baqbuq, los de Jacufá, los de Jarjur, [54] los de Baslit, los de Majidá, los de Jarsá, [55] los de Barcós, los de Sisrá, los de Temaj, [56] los de Nesaj y los de Jatifá. [57] Los hijos de los siervos de Salomón; los de Setay, los de Soferet, los de Peridá, [58] los de Yaalá, los de Darcón, los de Guiddel, [59] los de Sefatías, los de Jattil, los de Pokeret-Hasebaím y los de Amón. [60] Total de los ayudantes y de los hijos de los siervos de Salomón, 392. [61] Y éstos eran los que venían de Tel-Melaj, Tel-Jarsá, Kerub, Addón e Immer, y que no pudieron probar si su familia y su estirpe eran de origen israelita: [62] los hijos de Belaías, los de Tobías y los de Necodá, 642. [63] Y entre los sacerdotes, los hijos de Jobaías, los de Jaqcós y los de Barzilay, el cual se había casado con una de las hijas de Barzilay el galaadita, cuyo nombre adoptó. [64] Los que no hallaron los registros de sus antepasados fueron excluidos del sacerdocio. [65] El gobernador les prohibió alimentarse de las ofrendas santas reservadas a los sacerdotes hasta que no se presentara un sacerdote para consultar por ellos con el Urim y el Tumim. [66] La asamblea se componía de 42.360 personas, [67] sin contar sus siervos y siervas, en número de 7.337; tenía también 245 cantores de ambos sexos. [68] Tenían 736 caballos, 245 mulos, 435 camellos y 6.279 asnos. [69] Algunos de los jefes de familia hicieron ofrendas para la obra. El gobernador entregó al tesoro 1.000 monedas de oro,50 copas y 530 túnicas sacerdotales. [70] Entre los jefes de familia entregaron al tesoro de la obra 20.000 monedas de oro y 2.000 minas de plata. [71] Lo que entregó el resto del pueblo ascendía a 20.000 monedas de oro, 2.000 minas de plata y 67, túnicas sacerdotales. [72] Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los ayudantes y los demás israelitas se establecieron en sus ciudades.    

 

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Neh. 8, 1 - 18

             ESDRAS LEE AL PUEBLO EL LIBRO DE LA LEY   [1] En el séptimo mes todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se encuentra frente a la Puerta del Agua, y pidieron a Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés, que Yavé había dado a Israel. [2] Esdras trajo la Ley ante la asamblea, en que se mezclaban hombres y mujeres, y todos los niños que podían entender lo que se iba a leer. Era el primer día del séptimo mes. [3] Esdras leyó en el libro, ante todos ellos, desde la mañana hasta el mediodía, en la plaza que está enfrente de la Puerta del Agua; y todos los oídos estaban pendientes del libro de la Ley. [4] El maestro de la Ley, Esdras, estaba de pie sobre una tarima de madera levantada para esta ocasión y junto a él, a su derecha, Matatías, Sena, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Jasum, Jasbaddná, Zacarías y Mesul-lam. [5] Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, pues estaba en un lugar más alto que ellos, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. [6] Esdras bendijo a Yavé, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!» Y se postraron rostro en tierra. [7] Los levitas, Josué, Baní y sus demás hermanos explicaban la Ley al pueblo, que seguía de pie. [8] Leyeron en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que todos comprendieran lo que les estaban leyendo. [9] Entonces Esdras, maestro de la Ley, dijo al pueblo: «Este día está dedicado a Yavé, el Dios de ustedes, no estén tristes ni lloren.» Porque todos lloraban al oír la lectura de la Ley. [10] Les dijo entonces: «Vayan a comer comidas grasosas, tomen bebidas dulces y denle una ración al que no la tiene preparada. Porque este día está dedicado al Señor. No estén tristes. La alegría de Yavé es nuestro amparo.» [11] También los levitas tranquilizaron al pueblo diciéndole: «Dejen de llorar. Este día es día de fiesta. No estén tristes.» [12] Y el pueblo se fue a comer, a beber y a repartir porciones, a hacer una gran fiesta, porque habían entendido lo que les habían dicho. [13] Al segundo día, los jefes de familia, los sacerdotes y levitas se reunieron junto al maestro de la Ley, Esdras, para enterarse de la Ley. [14] Allí leyeron que Yavé había ordenado a los hijos de Israel que vivieran en chozas durante la fiesta del séptimo mes. [15] Entonces mandaron a decir en todas las ciudades y en Jerusalén: «Vayan al cerro y traigan ramas de olivo, de pino, de mirto, de palmeras y de cualquier árbol con muchas hojas, para hacer cabañas de acuerdo a lo ordenado.» [16] El pueblo salió y trajeron ramas y se hicieron cabañas en el techo de sus casas, o en sus patios, o en los patios de la Casa de Yavé, o en la plaza de la Puerta del Agua o en la plaza de la Puerta de Efraím. [17] Toda la asamblea de los que habían regresado del destierro, hicieron chozas y habitaron en ellas, cosa que los israelitas no habían hecho desde los días de Josué, hijo de Nun. Y hubo gran alegría. [18] Leyeron el libro de la Ley de Dios diariamente, desde el primer día hasta el último de la fiesta; la fiesta duró siete días y se concluyó el día octavo con una asamblea.    

 

 

[1] Esta primera lectura pública de la Ley marca una fecha muy importante de la historia sagrada, pues hasta ese momento el pueblo de Israel vivía su fe rezando y participando en las ceremonias del Templo. Recibía de boca de los sacerdotes y profetas sentencias o prédicas, y no sentía la necesidad de leer una Biblia.Ya existían varios libros de nuestra Biblia, pero se conservaban en el Templo o en el palacio de los reyes; no estaban al alcance del pueblo ni eran la base de su fe. Ahora, en cambio, se notan nuevas exigencias y ya no se presentan profetas como antes. Esdras entiende que, en adelante, la comunidad judía se desarrollará en torno a la lectura, la meditación y la interpretación del libro sagrado. El mismo procura reunir y completar los libros sagrados y empiezan nuevos tiempos en que la Biblia será el libro de todos y la norma de su fe.Este paso religioso y cultural es el mismo que afectó a la Iglesia en estos últimos años. El pueblo iba a la iglesia, rezaba y se dejaba enseñar, y la Biblia le quedaba extraña. Pero ahora, la fe cristiana no puede cobrar fuerza sino a partir de una Palabra de Dios leída y escuchada en forma comunitaria. En realidad, vamos muy atrasados; esta renovación debía haberse iniciado hace cuatro siglos, cuando empezaron los protestantes.La asamblea convocada por Esdras servirá de modelo para la vida religiosa de la comunidad judía. No se suprime el culto solemne del Templo de Jerusalén, pero en adelante, en cada ciudad los judíos tendrán una sinagoga, o sea, una casa de reunión donde se reunirán el sábado para escuchar la Palabra de Dios y orar especialmente con el canto de los salmos. 

 

 

 

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Neh. 9, 1 - 37

             CEREMONIA DE PENITENCIA   [1] El día [24] de aquel mismo mes se reunieron los israelitas para ayunar, vestidos con sacos y con la cabeza cubierta de polvo. [2] La raza de Israel se separó de todos los extranjeros y, puestos de pie, confesaron sus pecados y los de sus padres. [3] Se pusieron de pie permaneciendo en su lugar, y se leyó en el libro de la Ley de Yavé, su Dios, por espacio de tres horas; durante otras tres horas confesaron sus pecados y quedaron postrados ante Yavé, su Dios. [4] Josué, Baní, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Baní y Quenaní se levantaron en la tarima de los levitas y clamaron en alta voz hacia Yavé, su Dios, [5] y los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnía, Seregías, Hodías, Sebanías y Petafías dijeron: «Levántense, bendigan a Yavé, nuestro Dios, desde siempre y para siempre. Bendito sea tu nombre glorioso que sobrepasa toda bendición y alabanza.»  ORACIÓN DE ESDRAS  [6] Entonces Esdras dijo: «Tú, Yavé, tú solo hiciste los cielos, el cielo de los cielos y todo su ejército, la tierra y cuanto hay en ella, los mares y todo lo que contienen. A todos tú les das vida, y a ti te adoran todos los ángeles del cielo. [7] Tú, Yavé, eres el Dios que elegiste a Abraham, lo sacaste de Ur, de Caldea, y le diste el nombre de Abraham. [8] Lo hallaste fiel para contigo e hiciste Alianza con él para entregarle el país del cananeo, del heteo, del amorreo, del fereceo, del jebuseo y del guirgaseo a él y a sus descendientes. Y has cumplido tu palabra, porque eres justo. [9] Tú viste la aflicción de nuestros padres en Egipto y escuchaste su clamor cerca del mar Rojo. [10] Obraste milagros y prodigios contra el faraón, contra sus ministros y todo su pueblo, pues supiste que nos habían tratado duramente, y te has hecho famoso hasta el día de hoy. [11] Dividiste el mar ante nuestros padres, que pasaron por medio de él sin mojarse los pies. Hundiste en sus profundidades a sus perseguidores, como piedra que cae en las profundas aguas. [12] Tú los guiaste de día con una columna de nube, y de noche con una columna de fuego, para alumbrar ante ellos el camino por donde tenían que seguir. [13] Bajaste al monte Sinaí y con ellos hablaste desde el cielo; les diste leyes justas, normas que expresan la verdad, preceptos y mandamientos excelentes. [14] Les enseñaste a consagrar a ti el sábado; les ordenaste mandamientos, preceptos y la Ley, por mano de Moisés, tu siervo. [15] Del cielo les mandaste el pan para su hambre; hiciste brotar para su sed agua de la roca y les mandaste ir a apoderarse de la tierra que tú juraste darles mano en alto. [16] Nuestros padres se pusieron orgullosos, endurecieron su cabeza y no escucharon tus mandatos. [17] No quisieron escucharte ni recordaron todos los prodigios que hiciste para ellos. Endurecieron su cabeza como rebeldes y quisieron volver a la esclavitud de Egipto. Pero tú, Dios del perdón, misericordioso y clemente, lento para enojarte y rico en bondad, no los abandonaste. [18] Ni siquiera cuando se fabricaron un becerro y dijeron: «Este es tu Dios, Israel, que te sacó de Egipto», despreciándote profundamente. [19] Tú, en tu inmensa bondad, no los abandonaste en el desierto; la columna de nube no se apartó de ellos durante el día ni la columna de fuego durante la noche, sino que les enseñó la ruta por donde debían caminar. [20] Les diste tu Espíritu bueno para instruirlos; les diste maná para que tuvieran de comer, y agua para calmar su sed. [21] Cuarenta años los cuidaste en el desierto y nada les faltó; ni sus ropas se gastaron ni se hincharon sus pies. [22] Les diste reinos y países; les repartiste las tierras vecinas, se apoderaron del país de Sijón, rey de Jesbón, y del país de Og, rey de Basán. [23] Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, llevándolos a la tierra que prometiste a sus padres. [24] Sus hijos entraron y se apoderaron del país. Tú, ante ellos, aplastaste a sus habitantes, los cananeos, y los pusiste en sus manos con sus reyes y todos sus habitantes. Hicieron de ellos lo que quisieron. [25] Conquistaron ciudades fortificadas y una tierra fértil; se apoderaron de casas bien abastecidas, pozos ya hechos, viñas, olivares y árboles frutales de toda clase y en gran abundancia; comieron, se saciaron y engordaron, y vivieron cómodos por tu inmensa bondad. [26] Pero después, indóciles, se rebelaron contra ti, se echaron tu Ley a la espalda, mataron a los profetas que los invitaban a volver a ti, y cometieron contra ti grandes pecados. [27] Tú los entregaste en poder de sus enemigos, que los oprimieron. Durante su opresión clamaban a ti y tú los escuchabas desde el cielo; así que, por tu inmensa bondad, les mandabas salvadores que los libraron de sus opresores. [28] Pero, cuando respiraban de nuevo, hacían el mal contra ti, y tú otra vez los dejabas en manos enemigas que los oprimían. Ellos de nuevo clamaban hacia ti, y tú escuchabas desde el cielo y por tu gran bondad los salvaste muchas veces. [29] Les pediste con mucha insistencia que volvieran a tu Ley, pero ellos, muy orgullosos, no escucharon tus mandatos y órdenes. No observaron lo que el hombre debe cumplir para tener la vida, te volvieron la espalda y por su dura cabeza no te escucharon. [30] Durante muchos años tuviste paciencia con ellos, les advertiste por tu Espíritu, por boca de los profetas, pero ellos no escucharon. [31] Entonces los entregaste en poder de los otros pueblos. Mas por tu inmensa bondad no dejaste que fueran destruidos, ni los abandonaste, porque tú eres Dios de bondad y de misericordia. [32] Ahora, pues, oh Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que mantienes tu alianza y tu amor, toma en cuenta la miseria que ha caído sobre nosotros, sobre nuestros reyes y príncipes, nuestros sacerdotes y profetas, sobre nuestros padres y sobre todo tu pueblo desde los tiempos de los reyes de Asiria hasta el día de hoy. [33] Tú te mostraste justo en todo lo sucedido, porque tú has cumplido fielmente tus promesas, mas nosotros hemos actuado con maldad. [34] Nuestros reyes y jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no guardaron tu Ley, no hicieron caso de tus mandamientos ni de las normas que tú les diste. [35] Mientras vivían en su reino, gozando de la prosperidad que venía de ti, y la muy fértil y espaciosa tierra que tú les habías preparado, no te sirvieron ni se arrepintieron de sus pecados. [36] Mira que hoy somos nosotros esclavos; somos esclavos en el país que habías dado a nuestros padres para gozar de sus frutos y bienes. [37] Los abundantes frutos que da el país son para los reyes que tú nos has impuesto por nuestros pecados; ellos hacen lo que quieren de nuestras personas y de nuestros ganados, con lo que vivimos en gran tribulación.»          

 

 

[1] Hay que relacionar esta ceremonia de penitencia con los capítulos de Esdras 9-10. Se trata de pedir el perdón de los pecados que apartan de Dios y que perjudican a la raza de Israel. Se insiste mucho sobre el pecado de los que se han casado con mujeres de otra raza y de diferente religión; la Biblia sabe que el matrimonio con personas de otra religión lleva muy a menudo al alejamiento de su propia comunidad religiosa. Ese fue el pecado de Salomón.Después de confesar públicamente las faltas de la comunidad, se recuerda la misericordia de Dios: no sirve conocer los pecados si no se despiertan sentimientos de arrepentimiento interior, al recordar cómo Dios siempre perdona generosamente. Sigue un resumen de la historia sagrada que manifiesta la misericordia de Dios con su pueblo.Al finalizar la ceremonia, se toman varios compromisos; éstos son necesarios para ayudar a las voluntades poco perseverantes y luchar contra la dejación. Pero no es todo hacer un reglamento; el riesgo consiste en fijarse más en la observancia exterior que en el espíritu de la Ley, que tiene por fin hacer un pueblo bien dispuesto a servir a Dios. 

 

 

 

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Neh. 10, 1 - 40

             ACTAS DEL COMPROMISO FIRMADO POR LA COMUNIDAD   [1] De acuerdo con todo esto, nosotros tomamos un firme compromiso por escrito. El documento ha fue firmado por nuestros jefes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes: [2] El gobernador Nehemías, hijo de Helcías, y Sedecías; Seraías, Azarías, Jeremías, [3] Pasjur, Amarías, Malquías, [4] Jattus, Sebanías, Maluk, [5] Jarim, Meremot, Abdías, [6] Daniel, Guinnetón, Batuc, [7] Mesulam, Abías, Miamim, [8] Maazías, Bilgay, Semaías; [9] éstos son los sacerdotes. [10] Luego los levitas: Josué, hijo de Azanías, Binuy, de los hijos de Jenadad, Cadmiel, [11] y sus hermanos Sebanías, Hodías, Quelitá, Pelaías, Hanán, [12] Miká, Rejob, Jasabías, [13] Zakkur, Serebías, Sebanías, [14] Hodías, Baní y Beninu. [15] Los jefes del pueblo: Paros, Pajat-Moab, Elam, Zattú, Baní, [16] Buní, Azgar, Bebay, [17] Adonías, Bagvay, Adín, [18] Ater, Ezequías, Azzur, [19] Hodías, Jasum, Besay, [20] Jarif, Anator, Nobay, [21] Magpías, Mesulam, Jezir, [22] Mesezabel, Sadoc, Yaddúa, [23] Pelatías, Janán, Hananías, [24] Osea, Jananías, Jasub, [25] Halojes, Piljá, Sobeq, [26] Rejum, Jasabná, Maaseías, [27] Ajías, Janán, Anán, [28] Maluk, Jarim y Baaná. [29] Y el resto del pueblo, de los sacerdotes y de los levitas, los porteros, los cantores y los ayudantes, y todos cuantos se habían separado de los habitantes del país para seguir la Ley de Dios junto con sus mujeres y sus hijos e hijas en edad de comprender. [30] Todos éstos, junto con los jefes, sus hermanos, se comprometen por juramento a proceder conforme a la Ley de Dios, promulgada por medio de Moisés, siervo de Dios, y a guardar y cumplir todos los preceptos de Yavé, Dios nuestro, y sus normas y leyes. [31] Decidimos no casar nuestras hijas con la gente del país, ni tomar sus hijas para nuestros hijos. [32] Si la gente del país trae en día sábado mercancías o cualquier otra clase de alimentos para vender, nada les compraremos en día sábado, ni en ningún otro día sagrado de fiesta. El año séptimo dejaremos sin cultivar nuestros campos y perdonaremos todo lo que se nos deba. [33] Consideramos que estamos obligados a dar un tercio de siclo al año para el servicio de la Casa de Yavé; [34] para el pan que se presenta para la ofrenda perpetua, y para el holocausto perpetuo, para los sacrificios de los sábados, de la luna nueva, de las fiestas; para los otros sacrificios, para los sacrificios de expiación por el pecado de Israel y para todo lo que haga falta en la Casa de nuestro Dios. [35] Entre sacerdotes, levitas y gente del pueblo hemos echado a suertes la ofrenda de leña que cada familia por turno debe traer cada año a la Casa de Yavé, para mantener el fuego en el altar de Yavé, nuestro Dios, según está escrito en la Ley. [36] Traeremos todos los años las primicias de nuestros campos y de nuestros frutos a la Casa de Yavé, también nuestros hijos primogénitos y los primeros nacidos de nuestros animales, conforme a lo escrito en la Ley, [37] los primeros nacidos de nuestras vacas y ovejas, destinados para la Casa de Yavé y para los sacerdotes que sirven en la Casa de nuestro Dios. [38] Lo mejor de nuestros cereales, de los frutos de todo árbol, del vino y del aceite se lo traeremos a los sacerdotes, para guardarlo en los departamentos de la Casa de nuestro Dios; también traeremos los diezmos de nuestro campo para los levitas. Los levitas cobrarán el diezmo en todas las ciudades campestres. [39] Un sacerdote hijo de Aarón irá con ellos cuando cobren el diezmo. Los levitas llevarán el diezmo de los diezmos a la Casa de nuestro Dios, a las bodegas donde se guarda el tesoro; [40] pues a estas bodegas los israelitas y los levitas traerán lo que deben en trigo, vino y aceite; allí se encuentran también los utensilios del Santuario, los sacerdotes que están de servicio y los porteros y cantores. Así no descuidaremos la Casa de nuestro Dios.             

 

 

[1] Los capítulos que siguen reúnen varios documentos. Entre ellos se notará el párrafo referente a la primera misión de Nehemías: 12,27-43. Es un complemento de los capítulos 1-7. 

 

 

 

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Neh. 11, 1 - 36

             [1] Los jefes del pueblo se establecieron en Jerusalén. El resto del pueblo echó a suertes para que, de cada diez hombres, uno se quedara viviendo en Jerusalén, la Ciudad Santa, quedando los otros nueve en las otras ciudades. [2] El pueblo bendijo a todos los hombres que se ofrecieron voluntariamente para habitar en Jerusalén. [3] Estos son los jefes de la provincia que se quedaron viviendo en Jerusalén. Respecto a las ciudades de Judea, cada uno se estableció en su propiedad, en la ciudad de su familia, tanto el pueblo de Israel como sus sacerdotes y levitas, los ayudantes y los hijos de los siervos de Salomón.   LA POBLACIÓN JUDÍA EN JERUSALÉN  [4] En Jerusalén se establecieron hombres de los hijos de Judá y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías, hijo de Ozías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Estefanías, hijo de Majalalel; de los hijos de Peres: [5] Maaseías, hijo de Baruc, hijo de Col-José, hijo de Jazaías, hijo de Adaías, hijo de Joyarib, hijo de Zacarías, hijo de Selá. [6] El total de los hijos de Peres, que vivían en Jerusalén, era de 468 hombres fuertes. [7] Los hijos de Benjamín eran: Salú, hijo de Mesulam, hijo de Yoed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maaseías, hijo de Itiel, hijo de Isaías, [8] y sus hermanos, hombres fuertes: 928 en total. [9] Joel, hijo de Ciorí, era el jefe, y Judá, hijo de Senúa ocupaba el segundo puesto en la ciudad. [10] De los sacerdotes: Jedaías, hijo de Seraías, hijo de Jilquías, [11] hijo de Melusam, hijo de Sadoq, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, jefe de la Casa de Dios, [12] y sus hermanos empleados en la obra de la Casa, en total, 822; Adaías, hijo de Jerojam, hijo de Pelalías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Maiquías, [13] y sus hermanos, jefes de la familia: 242 en total; y Amasay, hijo de Azarel, hijo de Ajzay, hijo de Mesilemot, hijo de Immer, [14] y sus hermanos, hombres fuertes: 128 en total. Su encargado era Zabdiel, hijo de Haggadol. [15] De los levitas: Semaías, hijo de Jasub, hijo de Azricam, hijo de Jasabías, hijo de Buní; [16] Sabtay y Yosabad, que entre los jefes de los levitas estaban al frente de los asuntos exteriores de la Casa de Dios; [17] Mattanías, hijo de Milká, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, que entonaba los cantos de acción de gracias; Baqbuquías, el segundo entre sus hermanos; Abdías, hijo de Sammúa, hijo de Galal, hijo de Jedutún. [18] Total de los levitas en la Ciudad Santa: 284. [19] Los porteros: Aqub, Talmón y sus hermanos, los guardianes de las puertas: 172 en total. [20] El resto de Israel, de los sacerdotes y levitas residían en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad. [21] Los ayudantes habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban al frente de los ayudantes. [22] El encargado de los levitas en Jerusalén era Uzzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Mattanías, hijo de Miká; era uno de los hijos de Asaf que estaban encargados del mantenimiento de la Casa de Dios, [23] porque había acerca de los cantores un mandato del rey y un reglamento que fijaba los actos de cada día. [24] Petajías, hijo de Mesezabel, de los hijos de Zeraj, hijo de Judá, era representante del pueblo ante el rey. [25] El resto de los israelitas, de los sacerdotes y levitas se estableció en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad y en los poblados situados en los campos. Parte de los hijos de Judá habitaban en Quiryat-Arbá y sus aldeas dependientes, en Dibón y sus aldeas dependientes, en Jecabseel y sus poblados, [26] en Jesua, en Moladá, en Bet-Pélet, [27] en Jasar-Sual, en Bersebá y sus aldeas dependientes, [28] en Siquelag, en Meconá y sus aldeas dependientes, [29] en En-Rimmón, en Soreá, en Yarmut, [30] en Zanoaj, Adulam y sus aldeas; Laquis y su comarca, Azecá y sus aldeas dependientes: se establecieron desde Bersebá hasta el valle de Hinnón. [31] Algunos hijos de Benjamín habitaban en Gueba, Mikmás, Ayyá, Betel y sus aldeas dependientes, [32] Anatot, Nob, Ananás, [33] Jasor, Ramá, Guittayim, [34] Jadid, Sebim, Nebalat, [35] Lod y Onó, y el valle de los obreros. [36] Algunos de los levitas de Judá se fueron a Benjamín.              

 

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Neh. 12, 1 - 47

             [1] Estos son los sacerdotes y los levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel, y con Josué: Serajías, Jeremías, Ezra, [2] Amarías, Maluk, Jattús, [3] Sekanías, Rakum, Meremot, [4] Idó, Guinnetón, Abías, [5] Miyamin, Maadías, Bilgá, [6] Semaías; además de Yoyarib, Jedaías, [7] Salu, Amoq, Jilquías, Jedaías. Estos tenían el mando entre los sacerdotes, sus hermanos, en tiempo de Josué. [8] Levitas: Josué, Benuy, Cadmiel, Serebías, Judá, Mattanías, encargado de la alabanza con sus hermanos; [9] Baqbuquías y Unní y sus hermanos, que se alternaban con ellos y se colocaban frente a ellos. [10] Josué fue padre de Yoyaquim; Yoyaquim fue padre de Elyasib, y éste de Joyada; [11] Joyada fue padre de Yojanán, y Yojanán, de Yaddúa. [12] En los tiempos de Yoyaquim, los sacerdotes jefes de familia eran: de la familia de Seraías: Meraías; de la familia de Jeremías: Janaquías; [13] de la familia de Ezra: Mesulam; de la de Amarías: Johanan; [14] de la de Maluk: Jonatán; de la de Sebanías: José; [15] de la de Jarim: Adná; de la de Merayot: Jelcay; [16] de la de Idó: Zacarías; de la de Guinnetón: Masulam; [17] de la de Abías: Zikrí; de la de Miyyamín, por Maadías: Piltay; [18] de la de Bilgá: Sammúa; de la de Semaías: Jonatán; además, [19] de la de Yoyarib: Mattenay; de la de Jedaías: Uzzí; [20] de la de Salú: Calay; de la Amog: Heber; [21] de la de Jilquías: Jasabías; de la de Jedaías: Natanael. [22] En tiempo de Elyasib, Joyada, Yojanán y Yaddúa, los jefes de las familias sacerdotales fueron registrados hasta el reinado del persa Darío. [23] Los hijos de Leví, jefes de familia, fueron registrados en el Libro de las Crónicas, hasta el tiempo de Yojanán, nieto de Elyasib. [24] Los jefes de los levitas eran: Jasabías, Serebías, Josué, Binuy, Cadmiel y sus hermanos, que se ponían frente a ellos para alertar los cantos de alabanza y de acción de gracias, conforme a las instrucciones de David, hombre de Dios; [25] eran: Mattanías, Baqbuquías y Abdías. Y Mesulam, Talmón y Aqbuq, porteros, hacían la guardia en los almacenes junto a las puertas. [26] Estos vivían en tiempos de Yoyaquim, hijo de Josué, hijo de Josadac, y en tiempos de Nehemías, el gobernador, y de Esdras, el sacerdote maestro de la Ley.  INAUGURACIÓN DE LA MURALLA DE JERUSALÉN  [27] Cuando se inauguró la muralla de Jerusalén, se buscó por todos los lugares a los levitas para traerlos a Jerusalén, con el fin de celebrar la inauguración con alegría, con cantos de acción de gracias y música de címbalos y cítaras. [28] Los cantores se juntaron de las regiones vecinas a Jerusalén y de las aldeas de Netfa, [29] desde Betaguilgal y los territorios de Gueba y de Azmavet, porque los cantores se habían construido poblados alrededor de Jerusalén. [30] Sacerdotes y levitas se purificaron, y luego purificaron al pueblo, las puertas y la muralla. [31] Mandé entonces a los jefes de Judá que subieran a la muralla y organicé dos grandes coros. El primero avanzaba por encima de la muralla, en la parte sur, dirigiéndose hacia la Puerta del Basural; [32] detrás de ellos iban Hosaías y la mitad de los jefes de Judá, [33] Azarías, Ezra, Mesulam, [34] Judá, Benjamín, Sumaías y Jeremías. [35] Después venían los sacerdotes y músicos con trompetas: Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Mattanías, hijo de Miká, hijo de Zakkur, hijo de Asaf, con sus hermanos; [36] Semaías, Azarel, Guilalay, Maay, Natanael, Judá, Jananí, con los instrumentos musicales de David, hombre de Dios. Y Esdras, el maestro de la Ley, iba al frente de ellos. [37] A la altura de la Puerta de la Fuente, subieron las gradas de la ciudad de David en la subida de la muralla encima de la casa de David, hasta la Puerta de las Aguas, al oriente. [38] El segundo coro marchaba por la izquierda; yo iba detrás con la mitad de los jefes del pueblo por encima de la muralla, pasando por la Torre de los Hornos, hasta la muralla ancha, [39] por encima de la Puerta de Efraím, la Puerta de Jesena, la puerta del Pescado, la Torre de Jananel, hasta la Puerta de las Ovejas, y nos detuvimos en la Puerta de la Cárcel. [40] Luego los dos coros se detuvieron en la Casa de Dios. Tenía yo a mi lado a la mitad de los consejeros [41] y a los sacerdotes Elyaquin, Maeseías, Minyamin, Mika, Elionai, Zacarías y Jananías, con las trompetas; [42] Maaseías, Semaías, Eleazar, Uzzí, Joyanan, Malquías, Elam y Ezer. Los cantores entonaron su canto bajo la dirección de Israquías. [43] Aquel día se ofrecieron grandes sacrificios y la gente se entregó a la diversión, pues Dios les había concedido una gran alegría; también las mujeres y los niños participaron en la fiesta. La bulla de Jerusalén se oía desde lejos. [44] En aquellos tiempos se nombró encargados que vigilaran las bodegas en que se almacenaban las contribuciones, las primicias y los diezmos. En ellas debían recoger de las diversas ciudades del territorio las porciones que la Ley otorga a los sacerdotes y a los levitas, pues la gente de Judá estaba feliz al ver a los sacerdotes y levitas en sus funciones. [45] Ellos cumplían las ceremonias de su Dios y las ceremonias de las purificaciones, junto con los cantores y los porteros, conforme a lo mandado por David y su hijo Salomón, pues ya desde el principio, [46] desde los días de David y de Asaf, había jefes de cantores y cantos de alabanza y de acción de gracias a Dios. [47] Todo Israel, en tiempo de Zorobabel y de Nehemías, daba a los cantores y a los porteros lo necesario para cada día. A los levitas se les entregaban las cosas sagradas, y éstos cedían a los hijos de Aarón lo que les correspondía.           

 

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Neh. 13, 1 - 31

              [1] En aquel tiempo se leyó en presencia del pueblo el libro de la Ley de Moisés, y se encontró escrito en él: «El amonita y el moabita jamás entrarán en la asamblea de Dios, [2] porque no recibieron a los hijos de Israel con pan y agua. Dieron dinero a Balaam para que los maldijera, pero nuestro Dios cambió su maldición en bendición.» [3] Cuando hubieron oído esta Ley, apartaron de Israel a todo hombre de sangre mestiza. SEGUNDA MISIÓN DE NEHEMÍAS  [4] Antes de esto, el sacerdote Elyasib había sido encargado de los departamentos de la Casa de nuestro Dios. Como era pariente de Tobías, [5] le había proporcionado a éste un departamento amplio, donde anteriormente se depositaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo, del vino y del aceite, es decir, lo que pertenecía a los levitas, a los cantores y porteros, y la contribución para los sacerdotes. [6] Cuando esto sucedía, yo no estaba en Jerusalén, porque el año [32] de Artajerjes, rey de Babilonia, había ido donde el rey, pero al cabo de algún tiempo, el rey me dejó regresar; [7] volví a Jerusalén y me enteré del mal que había hecho Elyasib para complacer a Tobías, proporcionándole un departamento en los edificios de la Casa de Yavé. [8] Esto me desagradó mucho; eché fuera del departamento todos los muebles de Tobías [9] y mandé purificar los departamentos y volver a poner en ellos los utensilios de la Casa de Dios, las ofrendas y el incienso.  NEHEMÍAS SE OPONE A VARIOS ABUSOS  [10] Supe también que ya no entregaban las raciones a los levitas, y a causa de ello, los levitas y cantores encargados de las ceremonias se habían ido a sus campos. [11] Me enojé con los consejeros y les dije: «¿Por qué ha sido abandonada la Casa de Dios?» Luego reuní a los levitas y cantores y los puse a trabajar en sus respectivos puestos. [12] Con esto, todos los judíos entregaron en los almacenes la décima parte del trigo, el vino y el aceite. [13] Encargué de la administración de los almacenes al sacerdote Selemías, al maestro de la Ley Sadoc, al levita Pedaías, y como ayudante a Janán, hijo de Zacur. Los nombré a ellos porque eran considerados como personas responsables. Su trabajo consistía en distribuir los alimentos a sus hermanos. [14] Dios mío, acuérdate de lo que he hecho. No olvides las obras de piedad que hice por tu Casa y para mantener tus ceremonias. [15] En aquellos días encontré a hombres de Judá que trabajaban en el lagar el día sábado. Otros traían haces de trigo y los cargaban sobre sus burros. Igualmente cargaban vino, uvas, higos y toda clase de productos que hacían entrar en Jerusalén el día sábado. Yo los fui a reprender mientras vendían sus mercaderías. [16] Algunos tirios se habían establecido en Jerusalén. Entraban pescado y mercaderías de toda clase para vender a los judíos el día sábado. [17] Así que yo reprendí a los jefes de Judá, diciéndoles: «Hacen muy mal al no respetar el día sábado. [18] Así hicieron sus padres y por eso nuestro Dios acarreó todas esas desgracias sobre la ciudad y sobre nosotros. Ustedes aumentan el enojo de Dios contra Israel al no respetar sus sábados.» [19] Así que ordené que cuando la sombra cubriera las puertas de Jerusalén, la víspera del sábado, se cerraran las puertas y no se abrieran hasta después del sábado. Puse, además, junto a las puertas a algunos de mis hombres para que no entrara carga alguna en día sábado. [20] Una o dos veces, algunos mercaderes que vendían toda clase de mercaderías, pasaron la noche fuera de Jerusalén, [21] pero yo les avisé diciéndoles: «¿Por qué pasan la noche junto a la muralla? Si vuelven a hacerlo, los haré apresar.» Desde entonces no volvieron más en día sábado. [22] Ordené también a los levitas purificarse y venir a guardar las puertas, para santificar el sábado. También por esto, acuérdate de mí, Dios mío, y ¡ten piedad de mí según tu gran misericordia! [23] Vi también en aquellos días que algunos judíos se habían casado con mujeres asdotitas, amonitas o moabitas; [24] de sus hijos, la mitad hablaban asdodeo, pero no sabían ya hablar judío. [25] Yo los reprendí y los maldije, hice azotar a algunos de ellos y arrancarles los cabellos y los hice jurar en nombre de Yavé: «No deben casar a sus hijas con los hijos de ellos, ni tomar ninguna de sus hijas por esposas; ni ustedes ni los hijos de ustedes. ¿No pecó en esto Salomón, rey de Israel? [26] Entre tantas naciones no había un rey semejante a él; era amado de Dios; Dios lo había hecho rey de todo Israel y también a él lo hicieron pecar las mujeres extranjeras. [27] ¿Acaso se dirá de ustedes que cometen el mismo gran crimen de rebelarse contra nuestro Dios casándose con mujeres extranjeras?» [28] También eché de mi lado a uno de los hijos de Joyada, hijo del sumo sacerdote Elyasib, que era yerno de Sambalat, el jeronita. [29] Acuérdate de esta gente, Dios mío, por haber manchado el sacerdocio y tu Alianza con los sacerdotes y levitas. [30] Los purifiqué, pues, de todo lo extranjero, y establecí para los sacerdotes y levitas reglamentos que determinaban la tarea de cada uno, [31] igual que para la ofrenda de leña a plazos fijos y para las primicias. ¡Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien!            

 

 

[1] En este último capítulo, Nehemías interviene para que se respete la Ley que Esdras había hecho adoptar y por eso toma nuevas medidas más drásticas (respeto del sábado, depuración racial y religiosa, etcétera). Esta actitud tuvo ventajas apreciables: gracias a su organización y la solidaridad entre hermanos judíos, el pueblo de Dios pudo sobrevivir y no desviarse de su fe.Pero también se vislumbran las desviaciones con que tropezará el Evangelio: apego al pasado, fanatismo por los lugares santos, agresividad con los no conformistas. Es un hecho que, en los siglos que siguieron, la conciencia religiosa de los judíos progresó más bien por sus contactos con la cultura griega que por sus esfuerzos de organización interna. Las comunidades cristianas, así como la Iglesia en su totalidad, si quieren ser fieles al mensaje de la Biblia, tendrán que buscar su crecimiento en un abrirse y enfrentarse con el mundo.