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Rom. 1, 1 - 32

              [1] De Pablo, siervo de Cristo Jesús,apóstol por un llamado de Dios,escogido para el Evangelio de Dios.  [2] Esta Buena Nuevaanunciada de antemano por sus profetas en las Santas Escrituras[3] se refiere a su Hijoque nació de la descendencia de David según la carne,[4] y que al resucitar de entre los muertos por obra del Espíritu de santidad,ha sido designado Hijo de Dios revestido de su poder.  De él, Cristo Jesús, nuestro Señor, [5] hemos recibido gracia y misión,para que en todos los pueblos no-judíos sea recibida la fe,para gloria de su nombre.  [6] A estos pueblos pertenecen ustedes, elegidos de Cristo Jesús[7] que están en Roma,a quienes Dios ama y ha llamado y consagrado.Que de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor, les lleguen la gracia y la paz.  DESDE HACE MUCHO TIEMPO PABLO DESEABA VISITARLOS  [8] Ante todo doy gracias a mi Dios, por medio de Cristo Jesús, por todos ustedes, pues su fe es alabada en el mundo entero. [9] Dios sabe que los recuerdo constantemente en mis oraciones, mientras le rindo ese culto espiritual que es trabajar por la Buena Nueva de su Hijo. [10] Pues yo desearía, si tal es su voluntad, que se me allane el camino para ir a visitarles. [11] Tengo muchas ganas de verlos para comunicarles algún don espiritual que los fortalezca [12] y, al compartir nuestra fe, nos animaremos mutuamente. [13] Quiero que sepan, hermanos, que muchas veces me he propuesto ir donde ustedes, pero hasta el momento no he tenido la posibilidad de ir a cosechar algún fruto entre ustedes, como he hecho en otros países. [14] Pues me siento en obligación con todos, ya sean griegos o extranjeros, cultos o sin estudios, [15] y estoy dispuesto a ir hasta ustedes a Roma para dar el Evangelio.  [16] Como ven, no me avergüenzo del Evangelio. Es una fuerza de Dios y salvación para todos los que creen, en primer lugar para los judíos, y también para los griegos. [17] El Evangelio manifiesta cómo Dios nos hace justos, es decir, nos reforma por medio de la fe y para la vida de fe, como dice la Escritura: El que es justo por la fe vivirá.  LA AMENAZA DEL JUICIO DE DIOS   [18] Desde el cielo nos amenaza la indignación de Dios por todas las maldades e injusticias de aquellos que sofocan la verdad con el mal. [19] Todo lo que se puede conocer de Dios lo tienen ante sus ojos, pues Dios se lo manifestó. [20] Lo que es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder y de su divinidad. De modo que no tienen disculpa. [21] A pesar de que conocían a Dios, no le rindieron honores ni le dieron gracias como corresponde. Al contrario, se perdieron en sus razonamientos y su conciencia cegada se convirtió en tinieblas. [22] Creyéndose sabios, se volvieron necios. [23] Incluso reemplazaron al Dios de la Gloria, al Dios inmortal, con imágenes de todo lo pasajero: imágenes de hombres, de aves, de animales y reptiles. [24] Por eso Dios los abandonó a sus pasiones secretas; se entregaron a la impureza y deshonraron sus propios cuerpos. [25] Cambiaron la verdad de Dios por la mentira. Adoraron y sirvieron a seres creados en lugar del Creador, que es bendecido por todos los siglos: ¡Amén! [26] Por esto Dios dejó que fueran presa de pasiones vergonzosas: ahora sus mujeres cambian las relaciones sexuales normales por relaciones contra la naturaleza. [27] Los hombres, asimismo, dejan la relación natural con la mujer y se apasionan los unos por los otros; practican torpezas varones con varones, y así reciben en su propia persona el castigo merecido por su aberración. [28] Ya que juzgaron inútil conocer a Dios, Dios a su vez los abandonó a los errores de su propio juicio, de tal modo que hacen absolutamente todo lo que es malo. [29] En ellos no se ve más que injusticia, perversidad, codicia y maldad. Rebosan de envidia, crímenes, peleas, engaños, mala fe, chismes [30] y calumnias. Desafían a Dios, son altaneros, orgullosos, farsantes, hábiles para lo malo y no obedecen a sus padres. [31] Son insensatos, desleales, sin amor, despiadados. [32] Conocen las sentencias de Dios y saben que son dignos de muerte quienes obran de esa forma. Pero no solamente lo hacen, sino que aprueban a los que actúan de igual modo.            

 

 

[1] Pablo escogido para el Evangelio de Dios. En esa época, el término Evangelio, que significa buena nueva, tenía sentido de victoria. Pablo se presenta como el pregonero del mensaje liberador destinado a toda la humanidad.¿Dónde está la Buena Nueva? Pablo lo resume en los versos que siguen: El Hijo de Dios vino a la tierra, y después de compartir la condición común a todos los hombres, entró por su resurrección en la gloria que le correspondía.Ha sido designado Hijo de Dios (v. 4). También se podría traducir por «constituido» o «reconocido» como el Hijo de Dios. Eso no significa que Jesús no haya sido el Hijo de Dios antes de su resurrección, sino que entonces era «hijo de Dios en lo Humilde». Quiso despojarse de su gloria divina para no ser entre los hombres más que un «hijo de hombre» descendiente de David. El día de la Resurrección, el Espíritu de Dios invadió su naturaleza humana de tal manera que en adelante está presente y actuando en nuestra historia como el Hijo de Dios.Por lo general, Pablo reserva el término Dios para el Padre, fuente del ser divino y de todas las iniciativas divinas; con el Hijo y el Espíritu se cumple todo el misterio de la vida divina, y en esa vida se arraiga la vocación del cristiano. Pablo menciona constantemente los nombres de las tres personas divinas.Apóstol por un llamado de Dios. Los doce apóstoles habían sido elegidos y llamados por Jesús, y el Espíritu Santo los había confirmado en su misión el día de Pentecostés. Pablo es tan apóstol como ellos, pues fue llamado por el mismo Jesús en el camino de Damasco.Nos animaremos mutuamente. Al igual que cualquier otro creyente, el apóstol necesita compartir sus inquietudes, sus esperanzas y su fe, pues la Iglesia es una comunión y nadie de nosotros crece derecho sin esa comunión con nuestros hermanos. 

 

 

[16] No me avergüenzo... El salvador proclamado por Pablo es un judío crucificado, un carpintero desconocido. ¡Cuántas veces la gente se burló de Pablo, cuando les hablaba de ese condenado que había salido del sepulCrón para ser juez de toda la humanidad!Es una fuerza de Dios... Si bien la proclamación del evangelio va acompañada de milagros, éstos no son más que signos. Dios interviene de una manera mucho más poderosa para transformar a los hombres y la historia doquiera se proclame el Evangelio.Justificar... justicia... justo... reformar (17). La palabra «justicia» o «justificación» aparecerá muchas veces en esta carta. En el Antiguo Testamento, el justo era el que cumple la ley de Dios. Esta palabra significa tanto justicia como rectitud. El Evangelio enfatiza el aspecto interior de la justicia (ver el comentario de Mt 5); el justo es el que ha sido perdonado y que vive en gracia de Dios (Lc 18,14). Al hablar de justificación, Pablo quiere expresar que la rectitud a la que somos llamados va mucho más allá de lo que podemos construir con nuestros esfuerzos. Para nosotros se trata primero de renunciar a construir solos nuestra vida, y de ponernos en manos de Dios mediante la fe. Entonces Dios nos tiene por justos, porque, en realidad, ha establecido en nosotros un orden nuevo. Pablo hablará de la justicia de Dios para designar el orden nuevo que él quiere establecer en la humanidad. El justo es un poco un santo, tal como lo entendemos hoy, o para ser más modesto, es «como hay que ser» a los ojos de Dios. Por eso, según el contexto, vamos a traducir «Dios nos justifica» por «Dios nos hace justos y santos» o «Dios nos da la verdadera rectitud». Y en vez de «justos», diremos, según los pasajes, reformados, o justos y santos, o tales como Dios nos quiere.Los judíos pensaban, como muchos otros, que el hombre se hace justo por sus propios esfuerzos. Pablo replica que la justicia (o rectitud) que interesa a Dios es algo muy distinto, pues va más allá de lo que el hombre puede por sí mismo. Nunca seremos tal como él nos quiere, hasta que Dios no nos acerque a él y nos santifique.Los apóstoles proclamaban el Evangelio a dos categorías de personas:- a los judíos, a quienes Dios había preparado para recibir un salvador, y- a los griegos (es decir, a los que hablaban griego). Para un judío todas los demás súbditos del Imperio Romano eran griegos. Esos pueblos no conocían la palabra de Dios ni esperaban nada de él.Pero Pablo demuestra que todos, incluso los judíos, necesitan del Evangelio, pues todos viven en el pecado. 

 

 

[18] En estos párrafos Pablo se dirige al mundo de los griegos, es decir a esa gran mayoría de hombres que no han recibido la palabra de Dios. En realidad, Dios no ha estado ausente de su conciencia, y durante siglos de civilización y de búsqueda religiosa, han tratado de conocer a Dios y la verdad. Pero Pablo demuestra el fracaso de tal esfuerzo humano, pues la ignorancia y la inmoralidad eran más abundantes en los países donde Dios no había hablado como lo había hecho con los judíos.A pesar de que conocían a Dios, no le rindieron honores. Hay que comparar este texto con otro de la Sabiduría (cap. 13) y con el discurso de Pablo en Hechos 17,27-29. En ellos se nos dice que todos pueden conocer a Dios. Quien contempla el mundo o reflexiona sobre la existencia, puede encontrar en ellos signos de la presencia de Dios. Pero cuando se vive en el pecado, se ahoga la verdad con el mal.Los hombres han adorado siempre a Dios, pero lo conocían con muchas oscuridades. Todo error sobre Dios es causa de errores con respecto a la persona humana y a la civilización. La fe no es una materia opcional o un lujo, como si se pudiera vivir muy bien sin ella. Si se retirara todo lo que viene de la fe en nuestra cultura y en nuestra vida, el mundo moriría falto de esperanza, como ha sido el caso de los pueblos y de las ideologías que han renegado de ella. Por eso Dios dejó que fueran presa de pasiones vergonzosas. Pablo se fija especialmente en las relaciones homosexuales que, en el mundo griego eran aceptadas e incluso alabadas por los grandes filósofos. Pablo dice que esto no es señal de un espíritu más abierto, sino una prueba de la ignorancia de Dios.Esta condenación que no hace más que reproducir las del Antiguo Testamento (Lev 20,13), hoy parece anticuada en países cuya verdadera religión es el liberalismo. Pues allí todo está permitido, todo es bueno, con tal de que se tenga dinero y salud para eso. El sexo ya no tiene responsabilidad alguna y la conveniencia mutua es una justificación sin apelación. Cuando creaturas, animales o cosas fabricadas han tomado el lugar de Dios, hasta habrá cristianos para decir que a Dios le gusta así, por el solo hecho de que a ellos les gusta; es que se ignora a la Gloria de Dios, y la conciencia se convirtió en tinieblas..De hecho, las relaciones homosexuales son una forma de idolatrar su propio cuerpo; no se trata aquí, por supuesto, de condenar a los que se sienten inclinados a la homosexualidad, ya sea por naturaleza o, lo más frecuente, por deformación cultural. 

 

 

 

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Rom. 2, 1 - 29

             LOS JUDÍOS TAMBIÉN DEBEN TEMER EL JUICIO DE DIOS   [1] Por lo tanto, amigo mío, si eres capaz de juzgar, ya no tienes disculpa. Te condenas a ti mismo cuando juzgas a los demás, pues tú haces lo que estás condenando. [2] Nos parece bien que Dios condene a los que hacen tales cosas, [3] pero tú, que haces lo mismo, ¿piensas que escaparás del juicio de Dios porque tanto tú como él condenan a los demás? [4] Esto sería aprovecharte de Dios y de su inmensa bondad, paciencia y comprensión, y no ver que esa bondad te quiere llevar a la conversión. [5] Si tu corazón se endurece y te niegas a cambiar, te estás preparando para ti mismo un gran castigo para el día del juicio, cuando Dios se presente como justo Juez. [6] El pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. [7] Dará vida eterna a quien haya seguido el camino de la gloria, del honor y la inmortalidad, siendo constante en hacer el bien; [8] y en cambio habrá sentencia de reprobación para quienes no han seguido la verdad, sino más bien la injusticia. [9] Habrá sufrimientos y angustias para todos los seres humanos que hayan hecho el mal, en primer lugar para el judío, y también para el griego. [10] La gloria, en cambio, el honor y la paz serán para todos los que han hecho el bien, en primer lugar para el judío, y también para el griego, [11] porque Dios no hace distinción de personas.  CADA UNO ES JUZGADO POR SU CONCIENCIA  [12] Quienes pecaron sin conocer la Ley, serán eliminados sin que se hable de la Ley; y los que pecaron conociendo la Ley, serán juzgados por la Ley. [13] Porque no son justos ante Dios los que escuchan la Ley, sino los que la cumplen. [14] Cuando los paganos, que no tienen ley, cumplen naturalmente lo que manda la Ley, están escribiendo ellos mismos esa ley que no tienen, [15] y así demuestran que las exigencias de la Ley están grabadas en sus corazones. Serán juzgados por su propia conciencia, y los acusará o los aprobará su propia razón [16] el día en que Dios juzgue lo más íntimo de las personas por medio de Jesucristo. Es lo que dice mi Evangelio. [17] Porque imagina lo siguiente: tú eres judío, y te apoyas en la Ley y te sientes orgulloso de tu Dios; [18] conoces su voluntad porque la Ley te la enseñó, y sabes cómo actuar según las circunstancias.; [19] tú te crees guía de ciegos, luz en la oscuridad, [20] maestro de los que no saben, el que enseña a los pequeños, y posees en la Ley todo lo esencial, y las normas del conocimiento y de la verdad. [21] Pues bien, tú que enseñas a los demás, ¿por qué no te instruyes a ti mismo? Dices que no hay que robar, ¡y tú robas! [22] Dices que no se debe engañar a la propia esposa, ¡y tú lo haces! Afirmas que aborreces a los ídolos, pero ¡robas en sus templos! [23] Te sientes orgulloso de la Ley, pero pasas por encima de ella, de tal manera que deshonras a tu Dios. [24] Ya lo dice la Escritura: Ustedes son causa de que los paganos insulten el nombre de Dios. [25] La circuncisión te sirve si cumples la Ley; pero si no la cumples, te colocas entre los que no están circuncidados. [26] Por el contrario, si uno de ellos cumple los mandatos de la Ley, será considerado exactamente como un circuncidado. [27] El que cumple la Ley sin estar marcado físicamente con la circuncisión podrá juzgarte a ti, que eres infiel a la Ley a pesar de que tienes a la vez la circuncisión y la Ley. [28] Porque lo que a uno lo hace judío no es algo exterior, y la circuncisión real no es la que está hecha en el cuerpo. [29] Ser judío es una realidad íntima, y la circuncisión debe ser la del corazón, obra espiritual y no cuestión de leyes escritas. No es algo que puedan valorar los hombres, sino sólo Dios.

 

 

[1] Por lo tanto ya no tienes disculpa... Pablo se dirige a los judíos que aguardaban el juicio de Dios, convencidos de que no serían condenados, por el hecho de ser el pueblo de Dios. Pablo les recuerda que mientras más conocimientos religiosos haya, más argumentos habrá para justificar las propias faltas.La gloria, el honor y la paz, serán... (10). Pablo acaba de denunciar la injusticia y el mal del mundo pagano. Reconoce ahora que muchos viven de manera correcta aunque no conozcan la Ley de Dios. Afirma dos cosas en ese párrafo:- Dios juzgará a cada uno según los criterios de que disponga, y nuestra misma conciencia se sentirá interpretada por ese juicio de Dios respecto a nosotros.- Dios también tiene hijos e hijas entre los que no creen; de ahí que los juzgará igual que a nosotros, teniendo en cuenta el camino en que los puso.Pablo opone en diversos pasajes letra a espíritu (vv. 27-29). La letra designa los mandamientos escritos que el judío se esforzaba en observar, pero que le eran impuestos desde afuera; esos mandamientos tenían por fin llevarlo a una conversión del corazón, que era el espíritu de la Ley. Dos familias de palabras se contraponen en las cartas de Pablo: carne, antigua alianza, mandamientos, Ley, letra... y, por otra parte: espíritu, nueva alianza, promesa... 

 

 

 

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Rom. 3, 1 - 31

             CUÁL ES LA VENTAJA DE SER JUDÍO   [1] Entonces, ¿cuál es la ventaja de ser judío?, ¿cuál la utilidad de la circuncisión? [2] Grande, bajo todo punto de vista. En primer lugar, fue a los judíos a quienes confió Dios su palabra. [3] Es verdad que algunos de ellos no le respondieron, pero ¿hará su infidelidad que Dios no sea fiel? ¡Ni pensarlo! [4] Se comprobará que Dios es fidelidad, mientras que el hombre siempre defrauda, como dice la Escritura: Será probado que tus palabras son verdaderas y saldrás vencedor si te quieren juzgar. [5] Pero si nuestra maldad demuestra que Dios es justo, se podría preguntar: ¿No es Dios injusto al castigarnos? - [6] De ninguna manera, pues si no, ¿cómo podría Dios juzgar al mundo? - [7] Pero tal vez replicarán: Si la mentira mía hace resaltar la verdad de Dios, aumentando así su gloria, ¿cómo me tratarán de pecador? - [8] ¡Muy bien! Entonces hagamos el mal para que venga el bien. Algunos calumniadores dicen que ésa es nuestra enseñanza, pero tendrán que responder de tales palabras. [9] ¿Tenemos, entonces, alguna superioridad? Sí y no. Acabamos de demostrar que todos, judíos y no judíos, están bajo el dominio del pecado, [10] como dice la Escritura: [11] No hay nadie bueno, ni siquiera uno. No hay ninguno sensato, nadie que busque a Dios. [12] Todos se han extraviado, ya no sirven para nada. No hay quien obre el bien, ni siquiera uno. [13] Su garganta es un sepulcro abierto, y con su lengua urden engaños. [14] Sus labios esconden veneno de serpiente y su boca está llena de maldiciones y amargura. [15] Corren a donde puedan derramar sangre. [16] Detrás de ellos dejan ruina y miseria. [17] No conocen el camino de la paz, [18] el temor de Dios es lo que menos recuerdan. [19] Pero sabemos que todo lo que dice la Escritura está dicho para el mismo pueblo que recibió la Ley. Que todos, pues, se callen y el mundo entero se reconozca culpable ante Dios. [20] Porque en base a la observancia de la Ley no será justificado ningún mortal ante Dios. El fruto de la Ley es otro: nos hace conscientes del pecado.   CREER ES EL CAMINO DE LA SALVACIÓN   [21] Ahora se nos ha revelado cómo Dios nos reordena y hace justos sin hablar de la Ley; pero ya lo daban a entender la Ley y los profetas. [22] Mediante la fe según Jesucristo Dios reordena y hace justos a todos los que llegan a la fe. No hay distinción de personas, [23] pues todos pecaron y están faltos de la gloria de Dios. [24] Pero todos son reformados y hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la redención realizada en Cristo Jesús. [25] Dios lo puso como la víctima cuya sangre nos consigue el perdón, y esto es obra de fe. Así demuestra Dios cómo nos hace justos, perdonando los pecados del pasado [26] que había soportado en aquel tiempo; y demuestra también cómo nos reforma en el tiempo presente: él, que es justo, nos hace justos y santos por la fe propia de Jesús. [27] Y ahora, ¿dónde están nuestros méritos? Fueron echados fuera. ¿Quién los echó? ¿La Ley que pedía obras? No, otra ley, que es la fe. Nosotros decimos esto: la persona es reformada y hecha justa por la fe, y no por el cumplimiento de la Ley. [29] De otra manera Dios sería sólo Dios de los judíos. ¿No lo es también de las demás naciones? [30] ¡Claro que también es Dios de esas naciones! Pues solamente él es Dios, quien salva al pueblo circuncidado a causa de su fe y a los otros pueblos cuando llegan a la fe. [31] ¿Creen ustedes que con la fe suprimimos la Ley? De ninguna manera; más bien la colocamos en su verdadero lugar.

 

 

[1] Acabamos de demostrar que todos están bajo el dominio del pecado (9). Es la frase central del párrafo. Igual que los otros, los judíos deben adoptar una actitud de fe y convertirse. Pero eso es precisamente lo que les cuesta entender, ya que fueron instruidos por Dios y han sido siempre creyentes.¿Cuál es la ventaja de ser judío?... Era la pregunta que los judíos hacían a Pablo cuando hablaba de una salvación ofrecida a los que no conocían la Ley de Dios. Es la misma pregunta que se han hecho los cristianos de los tiempos modernos desde el momento en que han dejado de creer que todos los que vivían sin Cristo y sin Iglesia irían al infierno. No se puede responder a esa pregunta mientras sólo se piense en méritos y derechos, como si uno dijera: si yo he seguido una religión verdadera y más exigente, debo ser recompensado. Pero Pablo dice: si tú has sido llamado a un conocimiento más verdadero de Dios, no te queda más que dar gracias. ¡Qué honor para ti! ¡Haz que eso les sirva a los demás!Así es pues como nuestro bautismo nos integra en una minoría llamada «pueblo de Dios», a quien Dios confía una misión en el mundo, al lado de muchos otros que van hacia Dios sin conocer sus secretos ni tampoco a su Cristo. El bautismo no es un seguro que nos da el derecho de sentirnos mejores.La Ley nos hace conscientes del pecado (20). La Ley judía, la ley de Moisés, designaba al conjunto de leyes religiosas, litúrgicas, morales y sociales que gobernaban al pueblo de Israel (véase 7,4). Pero también, en las cartas de Pablo, la Ley designa unas veces a la Biblia y otras, a la religión judía. Numerosos judíos creían que merecían la salvación porque observaban la Ley, pero Pablo dice que no llegaremos a ser justos, esto es, tal como Dios nos quiere, por nuestros propios esfuerzos; hay pues que renunciar a la idea de una recompensa que se nos debe. 

 

 

[21] Hasta aquí Pablo ha desarrollado dos temas: todo el mundo está sometido al pecado; y, observar la Ley no basta para obtener la salvación. Ahora presenta la Buena Nueva, a saber, que Dios ha venido a salvarnos por medio de Cristo.Todos están faltos de la gloria de Dios. Dios nos llama a compartir su Gloria, es decir, su profundidad, todo lo que lo hace misterioso, grande, feliz y eterno. Dios nos ha creado para que entremos en comunión con él; y como El es inalcanzable, nos tiende la mano y nos hace justos (21). Ya hemos dicho (1,17) que «justos» significa rectos y rehechos como Dios lo quiere.Le costó a Pablo expresar el misterio de la salvación en los términos religiosos, los cuales, a menudo, no se liberan de las imágenes de un Dios violento. Acaba de hablar de la justicia de Dios, pero esa justicia consiste principalmente en poner en orden a la persona humana. Habló de la cólera (1,18) de Dios, de su indignación ante el mal, pero el resultado de esta cólera es la venida del Salvador. Nos dice que Dios ha hecho de Cristo la víctima (26) que nosotros necesitábamos para reparar nuestros pecados. Pero no hay que pensar que Dios, enojado, exija el sufrimiento de un inocente; pues Dios da la víctima, y la venida de Jesús expresa la inmensidad del amor del Padre. Pablo, pues, da a esos términos un sentido radicalmente nuevo: la salvación cristiana es algo que no conocían las religiones. Dios obtendrá la justicia, el orden nuevo, no condenando, sino salvando. Dios triunfa del mal por el amor, y los que no conocían el amor serán salvados.Muchos judíos convertidos a Cristo pensaban que debían continuar observando las prácticas de la Biblia, tales como la circuncisión, la observancia del sábado, las purificaciones, etc. (Col 2,16) y querían que también las observaran los creyentes de origen pagano. Pablo se opone a ello porque la Ley tiene dos dimensiones.Por una parte, entregaba las bases de la vida humana, como conocer a Dios, no matar, etc. y por otra, era la ley del pueblo judío con sus ceremonias, ritos y costumbres, diferentes a los de las otras naciones. Si Dios es el Dios de todas las naciones (29), no puede forzarlas a abandonar su propia cultura y a vivir como los judíos. 

 

 

 

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Rom. 4, 1 - 25

             ABRAHÁN, PADRE DE LOS CREYENTES   [1] Hablemos, pues, de Abrahán, nuestro padre según la carne. ¿Qué fue lo novedoso en él? [2] Abrahán fue justo ante Dios, y si lo hubiera conseguido por sus obras, podría ostentar sus méritos, pero no los tiene ante Dios. [3] En efecto, ¿qué dice la Escritura? Abrahán creyó a Dios, quien se lo tomó en cuenta para hacerlo justo. [4] Cuando alguien ha realizado una obra o trabajo, no se le entrega el salario como un favor, sino como una deuda. [5] Por el contrario, al que no puede presentar obras, pero cree en Aquel que hace justos a los pecadores, se le toma en cuenta su fe para hacerlo justo. [6] Así David felicita al que Dios cuenta entre los justos sin que sea el fruto de sus obras: [7] Felices aquellos cuyos pecados han sido perdonados, y cuyas ofensas han sido olvidadas. [8] Feliz el hombre a quien Dios no le toma en cuenta su pecado. [9] Esta felicidad, ¿está reservada sólo para los circuncidados o es también para los incircuncisos? Acabamos de decir que se tomó en cuenta la fe de Abrahán para contarlo entre los justos. [10] Pero ¿cuándo se dio eso: antes de circuncidarse o después? No después, sino antes. [11] Justamente recibió el rito de la circuncisión, cuando aún no estaba circuncidado, como un sello o como una señal de que por su fe Dios lo había puesto en un estado de justicia. De manera que Abrahán es el padre de todos los que creen sin haber sido circuncidados, y Dios se lo toma en cuenta para hacerlos justos y santos. [12] Y también es el padre del pueblo judío con tal que no tengan sólo la circuncisión, sino que sigan además las huellas de nuestro padre Abrahán, que creyó cuando todavía no estaba circuncidado. [13] Es fácil ver que si Dios prometió a Abrahán, o más bien a su descendiente, que el mundo le pertenecería, esto no tiene nada que ver con la Ley, sino con la manera de ser justo propia del creyente. [14] Si debiéramos cumplir la Ley para conseguir la promesa, la fe ya no tendría sentido y la promesa también se quedaría en nada. [15] Pues la Ley solamente trae castigos: Ley y transgresión van juntas. [16] Por eso la fe es el camino, y todo es don. De este modo la promesa de Abrahán queda asegurada para toda su raza, no sólo para sus hijos según la Ley, sino también para aquellos que por la fe son hijos suyos. [17] Abrahán es el padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te hago padre de muchas naciones. Y llegó a serlo cuando creyó en Aquel que da vida a los muertos y llama a lo que aún no existe como si ya existiera. [18] Abrahán creyó y esperó contra toda esperanza, llegando a ser padre de muchas naciones, según le habían dicho: ¡Mira cuán numerosos serán tus descendientes! [19] No vaciló en su fe, olvidando que su cuerpo ya no podía dar vida -tenía entonces unos cien años- y que su esposa Sara ya no podía tener hijos. [20] No dudó de la promesa de Dios ni dejó de creer; por el contrario, su fe le dio fuerzas y dio gloria a Dios, [21] plenamente convencido de que cuando Dios promete algo, tiene poder para cumplirlo. [22] Y Dios tomó en cuenta esa fe para hacerlo justo. [23] Se le tomó en cuenta su fe. Estas palabras de la Escritura no sólo van dirigidas a él, [24] sino también a nosotros; se nos tomará en cuenta nuestra fe en Aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús, nuestro Señor. [25] Si bien fue entregado por nuestros pecados, fue resucitado para que entráramos a la vida justa.            

 

 

[1] Pablo pide entonces a sus hermanos judíos que se remonten a las fuentes de la revelación: mucho antes de la Ley de Moisés existió la fe de Abrahán. Esto significa que la fe es algo mucho más fundamental, más universal, mientras que la Ley es una forma de religión propia de los judíos y que sólo valía para un período de su historia.Pablo pregunta: ¿Cómo llegó Abrahán a ser el amigo de Dios? ¿Porque creyó en las promesas de Dios, o porque fue circuncidado? Es como preguntarle a un cristiano: ¿Qué es lo importante, creer en Cristo o ser bautizado?La respuesta es clara, pues llegamos a ser los amigos de Dios al creer en sus promesas. El rito del bautismo confirma el don de Dios y la respuesta de nuestra fe. Y lo mismo se podría decir de los demás sacramentos, que son signos de nuestra vida de fe en Cristo. La comunión, por ejemplo, no tiene sentido si no vivimos en la unidad, compartiendo la vida de la Iglesia.No vaciló en su fe... olvidando que su cuerpo ya no podía dar vida (19). La fe de Abrahán era ya la del cristiano: fe en un Dios que resucita a los muertos y para quien nada es imposible. 

 

 

 

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Rom. 5, 1 - 21

             AHORA ESTAMOS EN PAZ CON DIOS   [1] Por la fe, pues, hemos sido reordenados, y estamos en paz con Dios, por medio de Jesucristo, nuestro Señor. [2] Por él hemos tenido acceso a un estado de gracia e incluso hacemos alarde de esperar la misma Gloria de Dios. [3] Al mismo tiempo nos sentimos seguros incluso en las tribulaciones, sabiendo que la prueba ejercita la paciencia, [4] que la paciencia nos hace madurar y que la madurez aviva la esperanza, [5] la cual no quedará frustrada, pues ya se nos ha dado el Espíritu Santo, y por él el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones. [6] Fíjense cómo Cristo murió por los pecadores, cuando llegó el momento, en un tiempo en que no servíamos para nada. [7] Difícilmente aceptaríamos morir por una persona buena; tratándose de una persona muy buena, tal vez alguien se atrevería a sacrificar su vida. [8] Pero Dios dejó constancia del amor que nos tiene: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. [9] Con mucha más razón ahora nos salvará del castigo si, por su sangre, hemos sido hechos justos y santos. [10] Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo; con mucha más razón ahora su vida será nuestra plenitud. [11] No sólo eso: nos sentiremos seguros de Dios gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, por medio del cual hemos obtenido la reconciliación.  ADÁN Y CRISTO   [12] Un solo hombre hizo entrar el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Después la muerte se propagó a todos los hombres, ya que todos pecaban. [13] No había Ley todavía, pero el pecado ya estaba en el mundo. Mientras no había Ley, nadie podía ser tenido por rebelde, pero no obstante el pecado estaba en el mundo. [14] Por eso, desde Adán hasta Moisés, la muerte tuvo poder, incluso sobre aquellos que no desobedecían abiertamente como en el caso de Adán. Pero otro Adán superior a éste había de venir. [15] Así fue la caída; pero el don de Dios no tiene comparación. Todos mueren por la falta de uno solo, pero la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre. [16] No hay comparación entre lo que pasó con este pecador único y el don de Dios en la hora presente. La condenación procedía de una sentencia individual, pero ahora son rehabilitados una multitud de pecadores. [17] Y si bien reinó la muerte por culpa de uno y debido a uno solo, con mucha mayor razón la vida reinará gracias a uno solo, Jesucristo, en todos aquellos que aprovechan el derroche de la gracia y el don de la verdadera rectitud. [18] Es verdad que una sola transgresión acarreó sentencia de muerte para todos, pero del mismo modo la rehabilitación merecida por uno solo procuró perdón y vida a todos. [19] Y así como la desobediencia de uno solo hizo pecadores a muchos, así también por la obediencia de uno solo una multitud accede a la verdadera rectitud. [20] Al sobrevenir la Ley, el pecado tuvo más auge, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. [21] Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, así también debía reinar la gracia y, después de restablecernos en la amistad con Dios, nos llevará a la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.         

 

 

[1] En este párrafo, Pablo se apoya en su propia experiencia para ayudarnos a descubrir lo que cambia en nuestra vida desde el momento en que hemos superado la Ley, es decir, que ya no tratamos a Dios como el que pide prácticas para después premiar o castigar.En primer lugar, un sentimiento de paz: estamos en paz con Dios (1). A lo mejor nos sentíamos muy bien antes, no teníamos conciencia de pecado. Pero la paz que descubrimos ahora nos revela el vacío, o la agresividad, que habitaba en nosotros, y que inconscientemente nos cerraba para Dios. Sólo entonces hemos tomado conciencia de esto. ¿En qué creemos? Creemos en el amor personal de Dios para con nosotros y lo vemos en Jesús muerto y resucitado por nosotros.Por él hemos tenido acceso a un estado de gracia (2). La expresión "estado de gracia" a la que estamos acostumbramos es la traducción casi exacta de las palabras que Pablo emplea. No es necesario sentirlo para encontrarse en él, y sería un error ir en busca de un grupo donde «sintamos» a Dios, pues esa es una manera de satisfacerse a sí mismo, y no es el camino de los verdaderos amigos de Dios. No se trata de ver o de sentir, sino de creer lo que Dios hace. Sin embargo, en múltiples ocasiones, llegamos a ser conscientes de esta presencia de Dios en nosotros.Incluso hacemos alarde de esperar la Gloria de Dios (2). Es la gran esperanza cristiana, ignorada por los que no han encontrado a Cristo. Es la certeza de un fin que supera todo lo que han pensado, esperado y experimentado los más grandes sabios y místicos: la comunión total con Dios mismo.La esperanza no quedará frustrada (5). A diferencia del pueblo del Antiguo Testamento, que se quedó siempre en lo provisorio aguardando la verdad y la justicia definitivas, nosotros ya tenemos (o podemos tener) la experiencia de lo que viviremos un día plenamente. Un anticipo o un perfume de la divinidad ha sido derramado en nuestro corazón, y es la paz que Dios nos da cuando su Espíritu viene a nosotros.Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores (8). Si bien sabemos que Cristo murió por nuestros pecados, sin embargo eso casi no nos conmueve, porque su sacrificio parece muy lejano y poco real. Pero cuando, por gracia de Dios, lo comprendemos, entonces se produce la verdadera conversión, que quiere corresponder al amor con amor.¿Era necesaria la sangre de Cristo? A propósito de 3,25, dijimos que Pablo dependía del vocabulario religioso de su tiempo, y en ese entonces el perdón de las faltas se obtenía por la sangre de las víctimas sacrificadas. Ya los profetas habían dicho que los arroyos de sangre del Templo nada valían sin la obediencia a Dios. Luego, algunos habían entendido que el sacrificio que reconcilia al mundo eran los sufrimientos y las humillaciones de la minoría fiel del pueblo de Dios (Is 52,13). Sea cual fuere la explicación que se dé, lo cierto es que la salvación del mundo pasa por los sufrimientos y la muerte de los inocentes, y el pueblo de Dios debe aceptar formar parte de estas víctimas de la violencia. Así pues, la muerte violenta y la sangre derramada por Jesús forman parte tanto del lenguaje de Dios como de la propia experiencia humana. Pablo, que había participado en la muerte de Esteban (He 22,20), lo sabía muy bien. 

 

 

[12] Tratemos de seguir el pensamiento de Pablo, pues se lanza aquí tras una nueva pista.En los dos primeros capítulos demostró que sin la fe en Cristo los hombres vivían en el pecado, incluidos los judíos que habían recibido la palabra de Dios. Luego afirmó que la salvación no se encuentra en la obediencia a una ley, sino en la fe. Sólo así somos reconciliados con Dios y entramos en una relación de amistad con él que nos encamina hacia el fin de toda vida humana, fin que consiste en participar de la «Gloria» de Dios, de su vida eterna.Pero ahora Pablo amplía el horizonte. Jesús vino no sólo a reconciliar a los pecadores, a muchos pecadores, sino a salvar a la humanidad como a un todo. En términos modernos se diría que vino a salvar a la historia humana. En términos bíblicos, vino a salvar a «Adán».Para Pablo, como para los judíos de su tiempo, Adán es tanto el primer hombre creado por Dios como la humanidad entera. Los «hijos de Adán» forman una sola cosa con aquel cuyo nombre llevan (o al que se le llamó "Hombre", como a ellos). Desde el comienzo de la humanidad hasta nuestros días es el mismo Adán desconfiado, rebelde y violento.Un solo hombre hizo entrar el pecado en el mundo. Pablo se refiere al relato del Génesis, pero no es para insistir, como lo han hecho otros después de él, en la importancia de un pecado cometido por el primer hombre. Jesús se olvidó de hablarnos de esa falta que nos conduciría al infierno, y lo que decía la Biblia antes de El era muy matizado (ver Sab. 10,2; Sir 49,12). Pablo trata de demostrar aquí que estamos atrapados por una doble solidaridad: en Adán todos los hombres son pecadores; en Cristo, todos son reconciliados. Dios creó el mundo y lo visitó para salvar a la raza humana como un solo todo, unida a Cristo. Es por esto que Pablo contrapone el primer padre de los relatos antiguos con el que es el primero en el plan de Dios.Pero aún cuando el rol del primer antepasado quede muy en el misterio, Pablo nos dice claramente que la humanidad naturalmente no está en paz con Dios, y que ella no puede conseguir su fin si no es salvada por Cristo. No digamos que es mala, pues la creó Dios. Tal vez habría que recordar que la historia de Occidente estuvo profundamente marcada, en los siglo 16 y 17, por las discusiones sobre el pecado y la gracia. Se dijeron entonces tales barbaridades (como que Dios habría condenado a todos los hombres al infierno debido al pecado de Adán), que vino la reacción en forma de un ateísmo agresivo, que quiso librarse de un Dios tan caprichoso y agresivo. Y fue entonces cuando se sostuvo que el hombre era bueno y únicamente la sociedad lo volvía malo. Los apóstoles afirmaron que la humanidad está en un estado de enajenación. Para hablarnos de ello, Juan se sirve de dos expresiones: «el mundo» y «el gobernador de este mundo», que es el demonio (véase com. a Jn. 3,16 y 1 Jn 2,15). Pablo, por su parte, nos va a hablar del «pecado». En esos párrafos, el Pecado significa el conjunto de las fuerzas que aprisionan a una humanidad que es conducida al mal. No somos totalmente responsables de pecados que cometemos muchas veces sin quererlos realmente (7,16-24), y esa es la prueba de nuestra esclavitud o alienación. Y el Pecado ya se encuentra en nuestra dificultad para reconocer la verdad y para juzgar según la verdad: no somos hijos de Dios por nacimiento. Otro Adán superior a éste había de venir... (14). Pablo opone otra imagen a la visión del destino humano que nos propone el Génesis (caps. 2 y 3): la de Cristo crucificado. A la escena del pecado junto al árbol prohibido, Pablo opone la de la redención que se cumplió en el árbol de la cruz. En la primera escena había tres personajes: el hombre (Adán), el pecado (la serpiente) y la muerte. En la segunda hay cuatro: el hombre (Cristo), el pecado, la muerte y la justicia (o la vida reordenada por Dios).La gracia de Dios se multiplica más todavía (15). Los efectos del pecado aumentan más y más. Hoy nos sentimos aplastados e impotentes ante las heridas de nuestra sociedad, ante las zonas de violencia. Pero Pablo ve la grandeza del don de Dios, pues mientras la humanidad crece y el pecado dispone de medios cada vez más poderosos para imponerse, Dios llama a más y más personas a librarse de la servidumbre del mal.Hay aún más en ese párrafo complicado; Pablo afirma que la redención de Cristo no se limita a corregir nuestras faltas. Dios no se contenta con ayudarnos a salir del mal, sino que nos llama a El y, al mismo tiempo que levanta a los hombres, los invita a reinar, es decir, a compartir su propia Gloria. El derroche de los dones de Dios para los que han de reinar (17). Cristo nos reúne por su sacrificio y viene a ser el nuevo jefe de la humanidad. Pablo pensaba ante todo en la salvación de los que escuchan el evangelio y creen en Cristo y en su Iglesia. Pero si Cristo es el nuevo Adán, y si salva a un mundo de pecadores, no es sólo el jefe de los creyentes, sino de toda la humanidad. Todos siguen siendo arrastrados por la corriente del mal, pero todos son salvados en conjunto por Cristo, en la medida en que se hacen solidarios con su obra. Quien no toma parte en esta tarea de levantar a sus hermanos pierde la salvación, porque no se trata de «mi» salvación, sino de la salvación de Adán.La Ley ha hecho que se multipliquen las desobediencias (20). Era un error no fijarse más que en la Ley, como si fuera el gran regalo de Dios (¡aunque lo dijera el Antiguo Testamento!). O digamos más bien que merced a ella los judíos descubrieron mucho más pronto que los demás pueblos hasta qué punto necesitaban ser salvados. El primer resultado de la Ley fue multiplicar los pecados, porque en adelante ya sabían cual era su deber y no lo cumplían. 

 

 

 

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Rom. 6, 1 - 23

             POR EL BAUTISMO HEMOS MUERTO CON CRISTO   [1] ¿Qué conclusión sacaremos? ¿Continuaremos pecando para que la gracia venga más abundante? ¡Por supuesto que no! [2] Si hemos muerto al pecado, ¿cómo volveremos a vivir en él? [3] Como ustedes saben, todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte. [4] Por este bautismo en su muerte fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva. [5] Una representación de su muerte nos injertó en él, pero compartiremos también su resurrección. [6] Como ustedes saben, el hombre viejo que está en nosotros ha sido crucificado con Cristo. Las fuerzas vivas del pecado han sido destruidas para que no sirvamos más al pecado. [7] Hemos muerto, ¿no es cierto? Entonces ya no le debemos nada. [8] Pero si hemos muerto junto a Cristo, debemos creer que también viviremos con él. [9] Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; desde ahora la muerte no tiene poder sobre él. [10] Así, pues, hay una muerte y es un morir al pecado de una vez para siempre. Y hay un vivir que es vivir para Dios. [11] Así también ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. [12] No dejen que el pecado tenga poder sobre este cuerpo -¡es un muerto!- y no obedezcan a sus deseos. [13] No le entreguen sus miembros, que vendrían a ser como malas armas al servicio del pecado. Por el contrario, ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, y que sus miembros sean como armas santas al servicio de Dios. [14] El pecado ya no los volverá a dominar, pues no están bajo la Ley, sino bajo la gracia.  [15] Díganme: el hecho de que ya no estemos bajo la Ley sino bajo la gracia, ¿nos autoriza a pecar? Claro que no. [16] Si se entregan a alguien como esclavos, pasan a ser sus esclavos y obedecen sus órdenes, ¿no es así? Si ese dueño es el pecado, irán a la muerte, mientras que obedeciendo a la fe, alcanzarán una vida santa. [17] Así, pues, demos gracias a Dios, porque antes tenían como dueño al pecado, pero han obedecido de todo corazón a esa doctrina a la cual se han entregado. [18] Y, liberados del pecado, se hicieron esclavos del camino de justicia. [19] Ven que uso figuras muy humanas, pues tal vez les cueste entender. Hubo un tiempo en que llevaron una vida desordenada e hicieron de sus cuerpos los esclavos de la impureza y del desorden; conviértanlos ahora en servidores de la justicia verdadera, para llegar a ser santos. [20] Cuando eran esclavos del pecado, se sentían muy libres respecto al camino de justicia. [21] Pero con todas esas cosas de las que ahora se avergüenzan, ¿cuál ha sido el fruto? Al final está la muerte. [22] Ahora, en cambio, siendo libres del pecado y sirviendo a Dios, trabajan para su propia santificación, y al final está la vida eterna. [23] El pecado paga un salario y es la muerte. La vida eterna, en cambio, es el don de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.    

 

 

[1] Hemos muerto al pecado. Cuando decimos que al llegar el Evangelio la Ley ha sido superada, corremos siempre el riesgo de ser mal comprendidos. Eso no significa que en adelante cada uno seguirá sus instintos. Decimos más bien que hemos sido liberados de una situación en la que la Ley parecía regirlo todo, pero de hecho el pecado encontraba una complicidad en nosotros. Y la razón de esto era que todavía no conocíamos a Dios como el Padre de Jesús, y nos faltaba la confianza con él. Muertos para el pecado quiere decir que éste ya no encuentra en nosotros una respuesta. «Muertos» es la palabra precisa, pues ese ha sido un paso definitivo y ese paso está íntimamente ligado a la muerte de Cristo. Morir con él para resucitar con él; eso es lo que significa el bautismo. En la Iglesia de los primeros tiempos, se bautizaba sobre todo a adultos que habían sido evangelizados y que se comprometían con la comunidad del pueblo santo de Dios. El bautismo iba, pues, acompañado de una conversión. Cuando Pablo dice «bautismo», hay que entender por tal todo el camino de la conversión, incluido el catecismo, la iniciación a la vida cristiana... Si no, el bautismo sólo sería un rito.Hemos sido sumergidos en su muerte 3). El bautizado se ha unido al sacrificio de Cristo para beneficiarse de su entrada en la vida; es como aceptar un cambio total de vida.Ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado (v. 11). Es evidente que el bautismo, aunque se reciba con fe, no nos hace inmediatamente perfectos. ¿Vamos, pues, a seguir pendientes de los mandamientos? ¿Nos va a paralizar el miedo a las tentaciones y a los pecados cotidianos? ¡Cuidado con los escrúpulos y complejos de culpabilidad! Pablo nos propone otro camino y es el de creer que el pecado no tiene poder alguno sobre nosotros. Debemos tener los ojos fijos en Cristo, sabiendo que le pertenecemos y que es El quien nos transforma. Esta actitud de unión, aparentemente indiferente, es más eficaz que el nerviosismo. Ese era el camino que sugería Santa Teresita de Lisieux a los que se sentían incapaces de grandes cosas.No dejen que el pecado tenga poder sobre este cuerpo (12). Aunque son conscientes de pertenecer a Cristo, los fieles cometen pecados todos los días. Pero sus pecados no los privan de lo esencial, la confianza en el Padre, y por eso se levantan después de cada falta (J 2,1). Saben que son y que seguirán siendo pecadores a los que Dios perdona, pidiéndoles solamente que traten de ser mejores. En un comienzo nos parecerá que vamos conquistando poco a poco nuestra libertad, sometiéndonos de buen grado a las exigencias de una vida mejor. Luego descubriremos que esta libertad misma es un don de Dios, y no crece sino al ritmo que él ha decidido. 

 

 

[15] En la época de Pablo había esclavos que pasaban de un dueño a otro. Además, una persona libre endeudada podía ser vendida a su acreedor para pagar sus deudas. Pablo se sirve de esta imagen para enseñarnos a ser dóciles al Espíritu como si fuéramos esclavos que no son dueños de su suerte. Tratemos de discernir qué nos aconseja el Espíritu antes de tomar una decisión.Vista desde fuera, la vida del cristiano puede parecer una esclavitud, pero el cristiano, en realidad, se siente libre y sabe que lo es. Podría citarse como ejemplo el de una madre que no deja a su niño enfermo, y sin embargo es muy libre, ya que no tiene otra ley más que el amor.Muchos podrán pensar que Pablo se expresa en forma muy teórica y bien poco clara en esos capítulos 6 y 7. En realidad, quería que sintiéramos ese algo extraordinariamente nuevo que hay en la vida cristiana, pero también veía que muchos de los que lo escuchaban no eran capaces de sentir lo que él sentía, porque no habían tenido las mismas experiencias de vida "en el Espíritu". Para ellos era difícil entender lo que es esa vida donde ya no hay obligaciones, pero donde tampoco tiene lugar el pecado. En el versículo 19, Pablo dice graciosamente: Uso estas comparaciones para ayudarles, porque ustedes no son todavía muy espirituales y esto se les escapa, pero sin embargo es así; aspiren pues a su verdadera libertad. 

 

 

 

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Rom. 7, 1 - 25

             LA RELIGIÓN JUDÍA NO OBLIGA A LOS CRISTIANOS   [1] Les hablaré, hermanos, como a gente instruida en la Ley. Ustedes saben que la Ley tiene autoridad sobre las personas solamente mientras viven. [2] La mujer casada, por ejemplo, está ligada por ley a su marido mientras éste vive. En cuanto muere el marido, ya no tiene obligaciones hacia él. [3] Mientras éste vivía, cometía un adulterio entregándose a otro; pero muerto el esposo, queda libre de sus deberes, y si se entrega a otro hombre, no será un adulterio. [4] Lo mismo pasa con ustedes, hermanos, pues han muerto a la Ley en la persona de Cristo, y han pasado a pertenecer a otro, al que resucitó de entre los muertos, a fin de que diéramos fruto para Dios. [5] Cuando no éramos más que «carne», la Ley estimulaba las pasiones propias del pecado, que actuaban en nuestro cuerpo produciendo frutos de muerte. [6] Pero ahora hemos muerto a lo que nos tenía aprisionados, y la Ley ya no vale para nosotros. Ya no estamos sirviendo a una ley escrita, cosa propia del pasado, sino al Espíritu: esto es lo nuevo. [7] ¿Qué significa esto? ¿Que la Ley es pecado? De ninguna manera. Pero yo no habría conocido el pecado si no fuera por la Ley. Yo no tendría conciencia de lo que es codiciar si la Ley no me hubiera dicho: «No codiciarás». [8] El pecado encontró ahí su oportunidad y se aprovechó del precepto para despertar en mí toda suerte de codicias, mientras que sin ley, el pecado es cosa muerta. [9] Hubo un tiempo en que no había Ley, y yo vivía. Pero llegó el precepto, dio vida al pecado, [10] y yo morí. Así, pues, el precepto que había sido dado para la vida me trajo la muerte. [11] El pecado se aprovechó del precepto y me engañó, para que después el precepto me causara la muerte. [12] Pero la Ley es santa, y también es santo, justo y bueno el precepto. [13] ¿Será posible que algo bueno produzca en mí la muerte? En absoluto. Esto viene del pecado, y se ve mejor lo que es el pecado cuando se vale de algo bueno para producir en mí la muerte. Gracias al precepto, el pecado deja ver toda la maldad que lleva en sí.  TRISTE SITUACIÓN DEL QUE CONOCE LA LEY Y NO A CRISTO   [14] Sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy hombre de carne y vendido al pecado. [15] No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto. [16] Ahora bien, si hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena. [17] No soy yo quien obra el mal, sino el pecado que habita en mí. Bien sé que el bien no habita en mí, quiero decir, en mi carne. [18] Puedo querer hacer el bien, pero hacerlo, no. [19] De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. [20] Por lo tanto, si hago lo que no quiero, eso ya no es obra mía sino del pecado que habita en mí. [21] Ahí me encuentro con una ley: cuando quiero hacer el bien, el mal se me adelanta. [22] En mí el hombre interior se siente muy de acuerdo con la Ley de Dios, [23] pero advierto en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi espíritu, y paso a ser esclavo de esa ley del pecado que está en mis miembros. [24] ¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, o de esta muerte? [25] ¡Gracias sean dadas a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En resumen: por mi conciencia me someto a la Ley de Dios, mientras que por la carne sirvo a la ley del pecado.    

 

 

[1] El capítulo anterior nos mostraba como Cristo nos libera y pasa a ser nuestro único dueño. Ahora dice: Ustedes han muerto a la Ley (4). El creyente de origen judío podía entonces preguntarse: ¿Acaso la Antigua Alianza ya no tiene valor, sabiendo que fue Dios quien la ordenó?La Ley fue algo provisorio, y el tiempo de la Ley terminó con la muerte de Cristo. Encontramos aquí una de las grandes intuiciones de Pablo. A pesar de que la muerte de Jesús no tuvo aparentemente grandes consecuencias en la historia tan perturbada del pueblo judío bajo la ocupación romana, es, sin embargo, una ruptura en la historia del mundo.A partir de la Resurrección el Evangelio actúa en el mundo como una fuerza capaz de echar abajo los principios, prejuicios y barreras que paralizaban el crecimiento de la humanidad (ver Gál 4,4). La muerte de Jesús es la muerte de la historia antigua. En ese sentido, la manera cristiana de contar los años a partir de Cristo no es una elección posible entre muchas, sino que responde a una realidad.Hemos muerto a todo lo que nos tenía aprisionados (6). La Ley de Moisés, el gran don de Dios a Israel, era propia de un tiempo en que los hombres no eran completamente libres. Hoy el cristiano ve en las leyes una indicación de la voluntad de Dios, pero se reserva el derecho de actuar según los criterios de la fe. Ninguna ley, ni siquiera religiosa, puede prevalecer sobre las exigencias de una conciencia bien formada: «Una vida bien ordenada crea más belleza que la que podría proporcionar cualquier regla religiosa».Véase el mismo tema en 2 Cor 5,14. «Si murió por todos, entonces todos murieron».Así, pues, los judíos bautizados ya no están obligados a seguir todos los mandamientos de esa Ley que había sido la autoridad suprema. Evidentemente que en numerosos mandamientos se habla de la justicia y de la misericordia: no hay pues que descuidarlos. Pero incluso en este caso, los cristianos no siguen apegados a una religión de mandamientos, sino que la fe en Jesucristo, el único Salvador, es lo que inspira sus pasos. Hubo un tiempo en que no había ley, y yo vivía (9). Sería un error pensar que Pablo nos habla de sí mismo, sino que se presenta en la escena hablando en nombre de la humanidad; véase el comentario de 5,12-14. Los otros actores del drama son el pecado, la Ley y la muerte.Para los judíos la conclusión debía de ser evidente: que la Ley y sus mandamientos ya no tenían poder para renovar a las personas. 

 

 

[14] . Pablo se pone en la situación de alguien que conoce los mandamientos de Dios, pero que desconoce el Evangelio. Tal persona no es libre, sino que está dividida, pues se oponen en ella dos fuerzas. Por una parte la Ley que le dicta su deber, y por otra, la ley inscrita «en su carne», es decir en su naturaleza, y a la cual está sometida.En el capítulo siguiente hablará de la oposición entre el espíritu y la carne en los que creen. Para ellos los conflictos tienen solución y viven en paz. Por eso Pablo terminará exclamando: ¿Quién me librará?...¡Gracias sean dadas a Dios!El hombre tiene en sí mismo una parte bien dispuesta, que es el «espíritu» y otra que es la «carne» (ver Mc 14,38). La carne no quiere decir el cuerpo; ese término designa lo que es débil en nosotros ante el deber y que resiste a los llamados de Dios. Ver el comentario de 8,5.Nuestra libertad es impotente frente al pecado -es decir, frente a las fuerzas que impiden a la humanidad responder a Dios y coincidir con sus puntos de vista-. En cada uno de nosotros la «carne» se hace cómplice del mal, pues si bien podemos condenar las drogas, la irresponsabilidad, la corrupción..., todo eso, sin embargo, tiene raíces en nosotros mismos. 

 

 

 

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Rom. 8, 1 - 39

             HEMOS RECIBIDO EL ESPÍRITU   [1] Ahora bien, esta condenación ya no existe para los que viven en Cristo Jesús. [2] En Cristo Jesús la ley del Espíritu de vida te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. [3] Esto no lo podía hacer la Ley, por cuanto la carne era débil y no le respondía. Dios entonces quiso que su propio Hijo llevara esa carne pecadora; lo envió para enfrentar al pecado, y condenó el pecado en esa carne. [4] Así, en adelante, la perfección que buscaba la Ley, había de realizarse en los que no andamos por los caminos de la carne, sino por los del Espíritu.  EL ESPÍRITU NOS GUÍA   [5] Los que viven según la carne van a lo que es de la carne, y los que viven según el Espíritu van a las cosas del espíritu. [6] Pero no hay sino muerte en lo que ansía la carne, mientras que el espíritu anhela vida y paz. [7] Los proyectos de la carne están en contra de Dios, pues la carne no se somete a la ley de Dios, y ni siquiera puede someterse. [8] Por eso los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. [9] Ustedes ya no están en la carne, sino que viven en el espíritu, pues el Espíritu de Dios habita en ustedes. Si alguno no tuviera el Espíritu de Cristo, éste no le pertenecería. [10] Pero Cristo está en ustedes, y aunque el cuerpo lleve en sí la muerte a consecuencia del pecado, el espíritu es vida por haber sido santificado. [11] Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos está en ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en ustedes. [12] Entonces, hermanos, no vivamos según la carne, pues no le debemos nada. [13] Si viven según la carne, necesariamente morirán; más bien den muerte a las obras del cuerpo mediante el espíritu, y vivirán. [14] Todos aquellos a los que guía el Espíritu de Dios son hijos e hijas de Dios. [15] Entonces no vuelvan al miedo; ustedes no recibieron un espíritu de esclavos, sino el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: ¡Abba!, o sea: ¡Papá! [16] El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. [17] Siendo hijos, son también herederos; la herencia de Dios será nuestra y la compartiremos con Cristo. Y si hemos sufrido con él, estaremos con él también en la Gloria.  TAMBIÉN EL UNIVERSO ESPERA SU REDENCIÓN   [18] Estimo que los sufrimientos de la vida presente no se pueden comparar con la Gloria que nos espera y que ha de manifestarse. [19] Algo entretiene la inquietud del universo, y es la esperanza de que los hijos e hijas de Dios se muestren como son. [20] Pues si la creación se ve obligada a no lograr algo duradero, esto no viene de ella misma, sino de aquel que le impuso este destino. Pero le queda la esperanza; [21] porque el mundo creado también dejará de trabajar para que sea destruido, y compartirá la libertad y la gloria de los hijos de Dios. [22] Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. [23] Y también nosotros, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo.  [24] Estamos salvados, pero todo es esperanza. ¿Quieres ver lo que esperas? Ya no sería esperar; porque, ¿puedes esperar lo que ya ves? [25] Esperemos, pues, sin ver, y lo tendremos, si nos mantenemos firmes. [26] Somos débiles pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos cómo pedir ni qué pedir, pero el Espíritu lo pide por nosotros, sin palabras, como con gemidos. [27] Y Aquel que penetra los secretos más íntimos entiende esas aspiraciones del Espíritu, pues el Espíritu quiere conseguir para los santos lo que es de Dios.  ¿QUIÉN NOS PODRÁ APARTAR DEL AMOR DE DIOS?   [28] También sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha escogido y llamado. [29] A los que de antemano conoció, también los predestinó a ser como su Hijo y semejantes a él, a fin de que sea el primogénito en medio de numerosos hermanos. [30] Así, pues, a los que él eligió, los llamó; a los que llamó, los hizo justos y santos; a los que hizo justos y santos, les da la Gloria. [31] ¿Qué más podemos decir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? [32] Si ni siquiera perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a dar con él todo lo demás? [33] ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios mismo los declara justos. [34] ¿Quién los condenará? ¿Acaso será Cristo, el que murió y, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros? [35] ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución, el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada? [36] Como dice la Escritura: Por tu causa nos arrastran continuamente a la muerte, nos tratan como ovejas destinadas al matadero. [37] Pero no; en todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó. [38] Yo sé que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las fuerzas del universo, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas espirituales, [39] ya sean del cielo o de los abismos, ni ninguna otra criatura podrán apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.        

 

 

[1] Después de haber mostrado las limitaciones de una ley religiosa, o más bien, de cualquier religión que valorice la observancia de las prácticas, Pablo nos va a hablar de la vida en el Espíritu. Pues la vida cristiana es eso para él en primer lugar. Pareciera que todo lo que sigue fuera una larga discusión teológica; lo es hasta cierto punto, y Pablo argumentará como había aprendido a hacerlo en las escuelas rabínicas. Pero si lo miramos más de cerca, no es el desarrollo de una tesis, sino que más bien Pablo trata de participarnos su propia experiencia espiritual.Un cristiano no cree que haya recibido al Espíritu de Dios simplemente porque se le dijo que lo recibió en la confirmación. Si hay una experiencia característica en la vida cristiana, esa es la del Espíritu actuando en nosotros. Y si bien lo importante no es sentir las cosas de Dios, sino creer en su palabra, es imposible sin embargo que un creyente no tenga una experiencia de Dios: ver com. de Hechos 21,5.Pablo, por su parte, sabe lo que es una vida conducida en forma permanente por el Espíritu, pues ha escapado a la situación del pecador dividido entre su conciencia y sus malas costumbres, y se ha unificado, quedando disponible para Dios. Hablará, pues, sin vacilar de una total transformación de los que creen en Cristo, aunque en seguida reconozca que para sus lectores se trata tal vez de algo que se debe conseguir, más bien que de algo ya hecho.Dios quiso que su propio Hijo... (3) ¿Habrá enviado Dios a su Hijo únicamente para que nos hable, nos dé leyes, o nos entregue grandes ejemplos del amor divino? No, pues la salvación que Dios nos da es algo muy distinto. Veamos lo que ocurre cuando queremos ayudar a otros: nos gusta dar y ayudar, pero ellos no serán nunca responsables si no afrontan por sí mismos sus problemas.Esto Dios lo sabía. No es él quien tiene piedad de los pecadores y se dice: «¡Pobres niños! ¡Tan irresponsables! Voy a vestirlos de blanco y a olvidar sus pecados para que tengan una cara santa y puedan sentarse a mi lado». Para Dios no se trata de disfrazar la realidad, sino de re-crear la humanidad. Era necesario, pues, que un miembro de la raza humana venciera al pecado, a esa fuerza de muerte que mantiene a la humanidad paralizada, y que le diera acceso a la Gloria de Dios (3,23; 5,2).Quiso que llevara esa carne pecadora (3). Jesús, que nunca cometió pecado, toma sobre si los pecados de los hombres (He 2,14 y 4,15). Después del sacrificio de Jesús, su Espíritu les permitirá vencer a la muerte.Dios ha creado un mundo nuevo por medio del amor y del perdón, donde no hay ni rencor ni deseo de venganza, ni remordimientos ocultos en la conciencia. Estamos en paz con El y en paz los unos con los otros. 

 

 

[5] La vida humana de Cristo preparó, pues, la comunicación del Espíritu para los que debían ser adoptados, y luego divinizados. Primero vino Cristo, y después el Espíritu. Pablo nos habló primero de la obra de salvación de Cristo (caps. 5 y 6) y ahora nos habla del Espíritu.Los que viven según la carne: Dijimos ya algunas palabras sobre el sentido de esa palabra «carne», cuando nos referimos a 7,14. Pablo tiene aquí muy presentes los conflictos interiores de cada uno de nosotros, y la carne designa una realidad animal cuyo peso sentimos. Pero esta carne que llevamos encima no puede llamarse sin más "la naturaleza humana", pues la naturaleza del hombre del siglo veinte, sus deseos instintivos, sus fantasmas, aquello a lo que le parece imposible sobreponerse, dependen en gran medida de nuestra educación y de nuestra cultura. La tensión que experimentamos entre la carne y el espíritu, es en parte la tensión entre nuestra cultura (que ahora es la cultura liberal, con una búsqueda desenfrenada del placer y de lo siempre novedoso) y el espíritu de Cristo que sólo busca servir al Padre. En ese contexto, no nos asombremos por las «reivindicaciones» de libertad sexual de algunos grupos que se dicen cristianos; hablan siempre de derechos, como si un cristiano tuviera otros derechos con respecto al Padre que de ser servidor como lo fue Jesús, y renunciar a sí mismo.En el versículo 5 tradujimos: van a lo que es de la carne; el verbo griego designa lo que uno tiene en mente, lo que se desea y se proyecta; la misma palabra reaparece en los vv. 6 y 7 donde pusimos «ansía» y luego «proyectos». Es, pues, tanto lo que desea instintivamente nuestra naturaleza como lo que proyectamos cuando seguimos sin más las aspiraciones de nuestros contemporáneos.No hay sino muerte en lo que ansía la carne...; los proyectos de la carne son contrarios a Dios... Estas son afirmaciones muy chocantes para los que vivimos en un mundo ajeno a la fe, y en el cual, sin embargo, se hacen tantas cosas buenas. Digamos simplemente que el Espíritu de Dios trabaja incluso allí donde no se lo nombra. Pero sólo hay vida donde se cuestionan las verdades ya establecidas. Para agradar a Dios habrá que estar siempre, lo mismo que Abrahán, al margen del mundo, es decir, en guardia contra la carne.Los que viven según el Espíritu (5). ¿Debemos escribir «según el Espíritu» o «según el espíritu»? En la cultura bíblica, el espíritu es a la vez nuestro y de Dios. El espíritu es lo que Dios envía al hombre; es también nuestra apertura a la acción de Dios. En este párrafo conviene decir a veces «el espíritu», nuestro espíritu visitado por Dios; otras, convendrá decir «el espíritu», una manera de actuar de Dios en nosotros; y otras, «el Espíritu», es decir, Dios que se comunica.Aquí Pablo no está haciendo la teoría de lo que debe pasar «en el fondo de nuestra alma», sino que se refiere directamente a su experiencia. Habitualmente, sólo una parte de Pablo, su espíritu, se deja totalmente llevar por el Espíritu. El resto, lo que él llama la carne (habría que decir la realidad viviente, todo el resto de su psique) continúa siendo lo que es. Tal vez se desbanda más libremente ahora, porque no está todo el tiempo ocupado en reprimirla para someterla a la Ley, como trataba de hacerlo antes (7,15-25). No puede ser sometida, y fuera de una gracia especial de Dios, sólo desea descanso y comida, soñar con sexo y pasarlo bien.Pero Pablo contempla esos deseos de la carne como desde fuera, pues está sólidamente en el espíritu. Este espíritu está ahora bajo la influencia del Espíritu y conoce la alegría de dejarse llevar. Pablo continúa viendo y sintiendo en él contradicciones (2 Cor 12,7), pero ya no es como antes una lucha que lo dejaba herido, sino que está presenciando en él una victoria del Espíritu.Pablo no olvida que otros no están tan avanzados como él y que deben todavía conquistar penosamente su libertad. No les dice que la carne es mala, sino que deben hacer morir las obras del cuerpo (13), y a eso llamamos mortificación.Espíritu de hijos (15). El texto griego se puede traducir por "espíritu de adopción", pero también por "espíritu de hijos con plenos derechos" (en algún modo como entre nosotros el hijo mayor: Gál 4,5). Pablo no quiere subrayar sin duda la diferencia que nosotros hacemos con frecuencia al decir: "Jesús es hijo único, y nosotros, hijos de adopción". Hablando así levantamos una barrera, todo lo frágil que se quiera, entre Dios y nosotros, cosa contraria al Evangelio, dado que hemos reconocido al Padre.El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios (16). El que vive según el espíritu vive en la luz, y es consciente de ello. Mientras guardamos la enseñanza de Cristo y participamos de la vida de la Iglesia, el Espíritu nos da un conocimiento y una alegría de las cosas de Dios. Cada día el Espíritu nos guía y nos inspira la manera de agradar a Dios. 

 

 

[18] El Espíritu es mucho más que el «consolador» de los creyentes, pues él lleva toda la creación a Dios. El creyente irá descubriendo que la transformación comenzada en él afecta a todo el mundo.La Gloria que ha de manifestarse. Aunque la presencia del Espíritu en nosotros es muy discreta, nosotros esperamos la transformación de todo nuestro ser. Por ahora, aunque tengamos la paz de Cristo, el sufrimiento y las tentaciones impiden que gocemos de la Gloria y seamos completamente libres. Mediante la transformación de nuestro ser (Pablo dice: la redención de nuestro cuerpo) alcanzaremos la gloriosa libertad de los hijos de Dios.Es imposible considerar al hombre separado del universo del cual forma parte. ¿Acaso existen en otra parte del universo otros seres inteligentes? La Biblia no nos habla de ello, sólo nos dice que toda la creación está guiada por el mismo misterio de muerte y de resurrección que marca nuestro destino y que el Hijo de Dios vino a asumir.Aquel que le impuso este destino. ¿Es Dios o el hombre? Eso aquí no cambia casi el sentido. Pablo nos muestra que el pecado destruyó el orden de la naturaleza; algunos textos del Antiguo Testamento muestran la naturaleza sufriendo por culpa del hombre (Jer 14, Jon 3,7 y 4,11). Es evidente que la humanidad se ha desarrollado en la agresividad y la violencia; de ahí la dominación de las mujeres por los hombres y el espíritu masculino belicoso. De ahí también el desarrollo de una ciencia de sólo conquista. ¿El pecado de Adán no fue, acaso, de querer apoderarse del conocimiento?El hombre no puede olvidar que es hermano y solidario con todo lo que vive. La Biblia no nos invita a soñar con una naturaleza vuelta al estado de un paraíso terrenal, del que podrían gozar algunos ricos. Ni nos pide que miremos a los animales como a personas que tienen derechos. El amor verdadero respeta el orden de la creación.La naturaleza entera ha sido confiada al hombre para que él la devuelva a Dios, para que la utilice y para que ella, a su vez, lo ayude a ser ofrenda para Dios (Rom 12,1 y 15,7). Ese es el sentido de los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento. La reciente toma de conciencia ecológica nos abre los ojos sobre un aspecto del pecado, pero también nos obliga a preguntarnos a dónde va nuestra historia.La creación gime y sufre dolores de parto (22). Vemos en el mundo más contradicciones y tensiones que progreso tranquilo. En efecto, esta tierra no es la morada permanente de los hijos de Dios; el tiempo de las luchas y de la fe oscura nos prepara para lo que esperamos de Dios, nuestros derechos de hijos.La naturaleza participa con nosotros de este parto (v. 22), cuyo signo es la pasión de Jesús. Pero también participará de la libertad y de la gloria de los hijos de Dios, pues es difícil pensar que personas resucitadas no estén también situadas en un mundo espiritualizado y transfigurado. 

 

 

[24] No sabemos cómo pedir, ni qué pedir. A menudo pensamos que sólo oramos cuando decimos algo o cuando pedimos algo. Pero Pablo nos recuerda que las palabras no son lo importante, pues la oración está en el profundo y ardiente deseo del Espíritu de Dios en nosotros.El Espíritu lo pide por nosotros. Es bueno presentar a Dios nuestros problemas e inquietudes con las palabras que nos inspira el Espíritu. Pero es mejor aún cuando el Espíritu nos invita a una oración en silencio en que Dios nos comunica su paz. 

 

 

[28] Pablo describió en las páginas precedentes la acción de Dios en nosotros por medio del Espíritu. Su providencia, en realidad, abarca todos los acontecimientos de nuestra vida. Nada acontece en el mundo, en nuestra familia o en nuestra vida, simplemente por casualidad o porque así estaba escrito que iba a suceder.A los que de antemano conoció... Pablo destaca la atención permanente del Padre para con cada uno de nosotros. Dios nos conoce en Cristo desde el principio del mundo: somos hijos conocidos antes de que naciéramos, y destinados también para ocupar un lugar único en la creación.Los llamó. Cualquiera que sea la manera de cómo conocimos a Cristo, Dios fue el que nos llamó a la fe. Los hizo justos y santos. Deberíamos traducir: "Dios los ha rectificado". Eso es mucho más que enrielar en el plano moral a personas que no andaban muy derechas, e incluso esa puesta en orden no nos garantiza que vamos a andar siempre derechos. Pero algo más profundo ha tenido lugar en nosotros, y es nuestra apertura al misterio de Dios. Algo se ha sembrado en el mundo, y ya durante nuestra vida o en algunos siglos después, aparecerá en la humanidad una nueva conciencia a raíz de esas innumerables puestas en orden, cuyos portadores somos.También los predestinó. La palabra es impresionante. De ahí que algunos hayan concluido que no son realmente libres. Según ellos, los que han sido escogidos o rechazados por Dios están automáticamente salvados o condenados. Pero el texto no dice que algunos son elegidos para la salvación y que otros no serán salvados. Pablo dice únicamente que han sido elegidos para que conozcan a Cristo y reciban la salvación que El anunció, lo que no es igual a ir al cielo. El Reino de Dios se extiende más allá de la Iglesia. Si bien la mayoría de los hombres no conoce a Cristo ni el Evangelio, Dios sabe guiarlos y salvarlos: el sacrificio de Cristo salva a todos los hombres. Pero aquí Pablo se dirige a los creyentes y les recuerda que su fe en Cristo les viene de un llamado de Dios. Por lo tanto, no se deben desanimar.Véase también el comentario de 9,14.¿Quién estará contra nosotros? Pablo piensa en el mal que nos rodea y que a menudo nos arrastra. Piensa en el día del juicio en que el «acusador», el espíritu del mal, nos va a recordar todas las faltas que hayamos cometido. Piensa en los remordimientos que perturban nuestra conciencia. Nada de todo eso es más fuerte que el amor y el perdón de Cristo. El creyente no debe, ni temer que se repitan sus faltas, ni dudar del amor de Dios, sino esforzarse en vivir según la verdad. 

 

 

 

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Rom. 9, 1 - 33

             ¿POR QUÉ NO HAN CREÍDO LOS JUDÍOS?   [1] Quiero hablarles en Cristo; todo será verdad y no miento, tal como mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. [2] Siento una tristeza muy grande y una pena continua, [3] hasta el punto que desearía ser rechazado y alejado de Cristo en lugar de mis hermanos; me refiero a los de mi raza. [4] Ellos son los israelitas, a quienes Dios adoptó; entre ellos descansa su gloria con las alianzas, el don de la Ley, el culto y las promesas de Dios. [5] Suyos son los grandes antepasados, y Cristo es uno de ellos según la carne, el que como Dios está también por encima de todo. ¡Bendito sea por todos los siglos: Amén! [6] No quiero hablar de un fracaso de las promesas de Dios, porque no todos los israelitas son Israel, [7] como tampoco los descendientes de Abrahán eran todos hijos suyos. Pues le fue dicho: Los hijos de Isaac serán considerados tus descendientes. [8] O sea, que no basta ser hijo suyo según la carne para ser hijo de Dios; la verdadera descendencia de Abrahán son los hijos que le han nacido a raíz de la promesa de Dios. [9] Y la promesa es ésta: Por este tiempo volveré y Sara tendrá ya un hijo. [10] Fíjense también en el caso de Rebeca, esposa de nuestro padre Isaac, que estaba esperando mellizos. [11] Como todavía no habían hecho ni bien ni mal, la elección de Dios era totalmente libre y todo dependía, [12] no de los méritos de alguno, sino de su propio llamado. Y fue entonces cuando se le dijo: El mayor servirá al más joven. [13] La Escritura dice al respecto: Elegí a Jacob y rechacé a Esaú.  DIOS NO ES INJUSTO   [14] ¿Diremos, entonces, que Dios es injusto? ¡Claro que no! [15] Dice sin embargo a Moisés: Seré misericordioso con quien quiera serlo, y me compadeceré de quien quiera compadecerme. [16] Debemos concluir que lo importante no es querer, o llegar primero, sino que Dios tenga misericordia. [17] En la Escritura dice a Faraón: Te hice Faraón con el fin de manifestar en ti mi poder, y para que toda la tierra conozca mi Nombre. [18] Así que Dios usa de misericordia con quien quiera y endurece el corazón de quien quiera. [19] Tú me vas a decir: Dios no tiene por qué reprocharme, dado que nadie puede oponerse a su voluntad. [20] Pero, amigo, ¿quién eres tú para pedir cuentas a Dios? Acaso dirá la arcilla al que la modeló: ¿Por qué me hiciste así? [21] ¿No dispone el alfarero de su barro y hace con el mismo barro una vasija preciosa o una para el menaje? [22] Dios ha aguantado con mucha paciencia vasijas que solamente merecían su ira, y que después de hacerlas serían reducidas a pedazos; con ellas quería manifestar su justicia y dar a conocer su poder. [23] Asimismo quiere manifestar las riquezas de su gloria con otras vasijas, las vasijas de la misericordia, que ha preparado de antemano para la gloria. [24] Así nos ha llamado Dios, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los paganos. [25] Lo dijo con el profeta Oseas: Llamaré "pueblo mío" al que no es mi pueblo, y "amada mía" a la que no es mi amada. [26] Así como se les dijo: "Ustedes no son mi pueblo", serán llamados "hijos del Dios vivo". [27] Respecto a Israel, Isaías dice sin vacilar: Aunque los hijos de Israel fueran tan numerosos como la arena del mar, sólo un resto se salvará. [28] El Señor lo hará en esta tierra sin fallar y sin demora. [29] También Isaías anunció: Si el Señor de los Ejércitos no nos hubiera dejado alguna descendencia, seríamos como Sodoma, parecidos a Gomorra. [30] Entonces, ¿en qué quedamos? En que los paganos, que no buscaban el camino de rectitud, lo encontraron (hablo de la rectitud que es fruto de la fe). [31] Israel, en cambio, que buscaba en la Ley un camino de rectitud, no alcanzó la finalidad de la Ley. ¿Y por qué? [32] Porque se ataba a las observancias y no a la fe. Y tropezaron con Aquel que es la piedra de tropiezo, [33] como está escrito: Mira que pongo en Sión una piedra para tropezar, una roca que hace caer, pero el que crea en él no será confundido.           

 

 

[1] Pablo acaba de afirmar que Dios mueve todo lo que sea necesario para el bien de sus elegidos. Sin embargo tiene que reconocer una realidad particularmente dolorosa para él que es judío: que el pueblo judío no reconoció a su Salvador. Si era la nación elegida, ¿por qué tan pocos fueron «predestinados»?Es la misma inquietud de las familias católicas cuando ven que sus hijos no van a la iglesia o cuando los adolescentes declaran que han perdido la fe.Pero lo que ocurre es que la fe no se transmite de padres a hijos como una herencia. Hubo, es cierto, tiempos y sistemas culturales en los que todo un pueblo tenía la misma religión y compartía aparentemente la misma fe. El libro de los Hechos nos muestra en varias ocasiones cómo la conversión del padre de familia implicaba el bautismo de toda su casa: He 10,14; 16,33. Pero eso no impide que la fe sea siempre una gracia de Dios, y cuando personas que han adquirido su plena autonomía viven en un mundo con múltiples creencias, la fe no puede seguir siendo un bien de familia. 

 

 

[14] En este párrafo Pablo se adelanta a la objeción: ¿Si Dios llama al que quiere, nosotros somos realmente libres para creer?Esto es y será siempre un misterio. Pablo no pretende explicarlo, sólo se contenta con reafirmar que Dios concede a quien él quiere la gracia de llegar a Cristo (véase Jn 6,44). Pero la experiencia de su propia conversión, en la que Dios se apoderó a la fuerza de su libertad, así como lo hizo con los grandes profetas, lo lleva a utilizar palabras muy fuertes y que parecen negar nuestra libertad, sobre todo el v. 22, que podría traducirse de un modo aún más duro del que hemos empleado: «si Dios soportó vasos merecedores de castigo, preparados para ser destruidos».Al respecto se pueden hacer dos acotaciones: Primera: Pablo utiliza textos del Antiguo Testamento, en los que Dios habla de salvar o destruir al pueblo de Israel (27), de amar a Israel dándole una hermosa tierra, y de dar una tierra mala al pueblo de Esaú o Edom (13), de endurecer la postura del Faraón para llevarlo al desastre. Son problemas de fracaso o de éxito históricos, y Pablo se sirve de esos textos para aclarar un hecho histórico, a saber, que el pueblo judío en su conjunto no reconoció a Cristo. De aquí no se pueden sacar rápidamente conclusiones respecto a la responsabilidad de los que creen o no creen. Y sólo contribuiría a aumentar la confusión, querer aplicar el texto a los que irán al cielo o a los que serán condenados, tal como lo hicieron algunos. Con toda seguridad Pablo no tenía esto en mente. Conocer a Cristo es una gracia que Dios da a quien él quiere, pero evidentemente otorga otras para que los hombres se salven aun sin conocer a Cristo. Y de hecho ha sido el error de muchos buscar aquí luces sobre el futuro que a cada cual nos espera, mientras Pablo trataba de aclarar otra cosa muy misteriosa: ¿por qué, en cierta época, unos pueblos se convierten a la fe, y después, los hijos de los creyentes abandonan masivamente el camino de Cristo? Segunda acotación: Todos los oradores, incluso Pablo, forzarán a veces sus expresiones para enfatizar un punto, pero las van a rectificar en otro momento, mostrando otros aspectos de la realidad. Así que debemos considerar también otras palabras de la Escritura que restablecen el equilibrio. Si Dios nos llama a relaciones de amor y de fidelidad con él (Os 2,21), es justamente porque somos libres y responsables (Si 15,14). Si Dios hubiera destinado a alguien al infierno, ¿cómo podría llamarlo y pedirle que lleve una vida santa? Sería la más cruel de las bromas.

 

LA PREDESTINACION

No hay que confundir dos ideas muy diferentes sobre la Predestinación.Cuando Pablo habla de predestinación, habla de un plan de Dios desde el comienzo. Fue entonces cuando Dios decidió hacer recaer sobre nosotros las riquezas del amor que tenía para su Hijo. Véase el comentario a Ef 1,5.Era muy distinto en el siglo 16 para Lutero, Calvino y con ellos para muchos teólogos católicos. Pensaban que Dios había creado al hombre sin inquietarse por su posible pecado y sin prever la venida de Cristo. Como consecuencia de la caída de Adán, a la Justicia de Dios no le quedaba más que condenar al infierno a sus descendientes. Pero entonces había intervenido la Misericordia de Dios para salvar a algunos, enviando a Jesús. Se trataba de una predestinación después del pecado de Adán, a la que nadie podía escapar, ya fuera para salvarse o condenarse.Cuando Pablo habla de predestinación, se vuelve hacia Dios para darle gracias. Ellos, en cambio, se replegaban sobre si mismos, dudando de su propia salvación. ¿Los habría destinado Dios tal vez al infierno? Y Lutero trataba de escapar de esas angustias oponiendo al Dios terrible el Jesús misericordioso. No es pura casualidad que en la misma época, frente a una religión desesperada y desesperante, el Señor Jesús se haya manifestado repetidas veces para pedir que se honrara a su Sagrado Corazón, recordando así que en El todo es amor para nosotros. El Dios que nos ama no es sólo Jesús, sino también el Padre, quien nos ha predestinado, y que es tanto amor como su Hijo.Precisemos, pues, lo que significa para un cristiano la predestinación:- Para Dios, que está fuera del tiempo, no hay ni pasado ni futuro. El ve y determina al mismo tiempo el comienzo y el fin de cada uno de nosotros. Ninguna vida fracasa por negligencia de Dios (Rom 8,28), ni menos aún porque su amor no sea sincero (Stgo 1,13). Nadie puede impedir que se cumpla su plan de salvación (Rom 8,15).- La única razón por la cual Dios nos ha creado ha sido su deseo de colmarnos de todo su amor y de todas sus riquezas, haciéndonos sus hijos adoptivos: ver Ef 2,7; 1 Cor 2,9; 1 J 3,21 y los comentarios de Ef 1.- Nuestra salvación es un don de Dios. Nadie puede creer si no es llamado: Rom 11,5. Nadie puede agradar a Dios si no es por gracia de Dios: Fil 2,13. Nadie puede vanagloriarse de sus méritos o exigir una recompensa de Dios: Ef 2,9; Fil 3,9.- Dios nos provee de todo para que estemos abiertos a su acción. Los que se niegan a ser receptivos son los únicos responsables de su condenación. La Iglesia habla, pues, de predestinación para referirse a esta obra de salvación, pero nunca ha hablado de predestinación refiriéndose al infierno. Compárese Mt 25,34: el reino preparado «para ustedes» y 25,41: «el fuego preparado para el diablo».Un resto se salvará. En vez de quejarse, los judíos que han creído en Jesús deberían agradecerle a Dios el haber sido llamados. Dios salva al mundo sirviéndose de minorías, e incluso en el seno de la Iglesia, son bien pocos los que son totalmente consecuentes con el Evangelio, porque eso es también una gracia de Dios.Pablo explica ahora por qué los judíos no alcanzaron la finalidad de la Ley (31): porque quisieron que se les reconociera sus propios méritos. Y en esto los imitamos a menudo, sintiéndonos seguros de nuestras buenas acciones y satisfechos de nuestra vida. Esta presunción nos impide reconocernos pecadores.Se empeñan en construir su propia perfección (10,3). De igual modo muchos cristianos querrían acercarse a Dios con las manos llenas, cuando en realidad Cristo sólo los invita a recibir. Así, pues, venimos a los sacramentos, no porque seamos dignos de ellos, sino con las manos abiertas como mendigos.La roca que hace caer (9,33): véase Is 8,14 y 28,16. 

 

 

 

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Rom. 10, 1 - 21

             LOS JUDÍOS QUISIERON SER JUSTOS POR SÍ MISMOS   [1] Hermanos, deseo de todo corazón y pido a Dios que los judíos se salven. [2] Declaro en su favor que son fanáticos del servicio de Dios, pero en una forma equivocada. [3] No entienden cómo Dios nos da la verdadera rectitud y se empeñan en construir la suya; y por esta razón no hicieron caso del camino de Dios. [4] Porque la Ley lleva a Cristo, y es entonces cuando por la fe se llega a ser justo. [5] Moisés habla de ser justo en base a la Ley, pues escribe: Quien la cumpla, hallará por ella la vida. [6] Pero hay otra justicia que es fruto de la fe, y dice así: No digas en tu corazón: ¿quién subirá al cielo? (era una manera de decir que Cristo bajaría de allí). [7] Y luego: ¿Quién bajará al abismo? (es una manera de decir que Cristo subiría de entre los muertos). [8] Y luego se dice: Muy cerca de ti está la Palabra, ya está en tus labios y en tu corazón. Ahí tienen nuestro mensaje, y es la fe. [9] Porque te salvarás si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. [10] La fe del corazón te procura la verdadera rectitud, y tu boca, que lo proclama, te consigue la salvación. [11] La Escritura ya lo dijo: El que cree en él no quedará defraudado. [12] Así que no hay diferencia entre judío y griego; todos tienen el mismo Señor, que es muy generoso con todo el que lo invoca; [13] porque todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará. [14] Pero ¿cómo invocarán al Señor sin haber creído en él? Y ¿cómo podrán creer si no han oído hablar de él? Y ¿cómo oirán si no hay quien lo proclame? [15] Y ¿cómo lo proclamarán si no son enviados? Como dice la Escritura: Qué bueno es ver los pasos de los que traen buenas noticias. [16] Pero es un hecho que no todos aceptaron la Buena Noticia, como decía Isaías: Señor, ¿quién nos ha escuchado y ha creído? [17] Así, pues, la fe nace de una proclamación, y lo que se proclama es el mensaje cristiano. [18] Me pregunto: ¿Será porque no oyeron? ¡Claro que oyeron! Esta voz resonó en toda la tierra, y sus palabras se oyeron hasta en el último rincón del mundo. [19] Y sigo preguntando: ¿Cómo puede ser que Israel no entendió? Y de inmediato Moises nos dice: Yo haré que te pongas celoso de una nación que ni siquiera es nación; excitaré tu enojo contra una nación insensata. [20] Isaías luego se atreve a decir: Fui hallado por los que no me buscaban y me manifesté a quienes no preguntaban por mí. [21] Pero añade, y se refiere a Israel: Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo desobediente y rebelde.          

 

 

[1] Pablo continúa desarrollando el mismo tema de la incredulidad de Israel, utilizando el método de discusión de los judíos de su tiempo. Pablo distingue en la Biblia varias líneas de pensamiento. Es muy cierto que muchos textos del Antiguo Testamento no hablaban más que de la fidelidad para poner en práctica los mandamientos, pero otros en cambio valorizaban ya la gratuidad del don de Dios. Pablo, pues, nos muestra una vez más que no hay «una» religión de la Biblia y que no basta con tomar en forma aislada cualquier cosa que leemos en la Biblia (lo que se llama «fundamentalismo»). La Biblia nos da una serie de ejemplos en los que reconocemos un camino y una pedagogía de Dios. A lo largo de los siglos y en culturas diferentes, ya sea judía o griega, El va encaminando a su pueblo a la plena verdad. 

 

 

 

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Rom. 11, 1 - 36

             UN RESTO DE ISRAEL SE HA SALVADO  [1] Entonces debo preguntar: ¿Es posible que Dios haya rechazado a su pueblo? ¡Por supuesto que no! Yo también soy israelita, descendiente de Abrahán y de la tribu de Benjamín. [2] No, Dios no ha rechazado a su pueblo, al que de antemano conoció. ¿No se acuerdan de lo que dice la Escritura acerca de Elías, cuando éste acusaba a Israel ante Dios? [3] Señor, han dado muerte a tus profetas, han derribado tus altares; he quedado yo solo y, además, quieren matarme. [4] Y ¿cuál fué la respuesta? Me he reservado siete mil hombres que no se han arrodillado ante Baal. [5] Lo mismo ocurre ahora: queda un resto escogido por pura gracia. [6] Yo digo por gracia, y no porque cumplían. De otra manera la gracia no sería gracia. [7] Y entonces ¿qué? Israel no encontró lo que buscaba, pero sí lo encontraron esos elegidos mientras los demás se endurecían. [8] Dice la Escritura: Dios los embruteció, sus ojos no ven y sus oídos no oyen hasta el día de hoy. [9] Y David dice: Que sus banquetes sean trampa y un lazo, una piedra donde caigan ellos mismos y encuentren ahí su castigo. [10] Que sus ojos se oscurezcan y no vean, y que anden siempre con la espalda encorvada.   NO DESPRECIES AL QUE TROPEZÓ   [11] De nuevo pregunto: ¿Tropezaron y cayeron para no volver a levantarse? De ninguna manera. A consecuencia de su traspié la salvación ha sido llevada a los paganos, y esto será un desafío para ellos. [12] Si la caída de Israel fue una riqueza para el mundo, y lo que perdieron enriqueció a las naciones paganas, ¡como será cuando Israel alcance su plenitud! [13] A ustedes, que no son judíos, les digo: si yo, apóstol de los no-judíos, pongo tanto empeño en cumplir con mi oficio, [14] es porque quiero despertar los celos de mi raza y así salvar a algunos de ellos. [15] Si al caer ellos el mundo se reconcilió con Dios, ¿qué significará su reintegración, sino que la vida resurge de entre los muertos? [16] Cuando se consagran a Dios las primicias, queda todo bendecido. Si la raíz es santa, lo serán también las ramas. [17] Ves que algunas ramas han sido cortadas, mientras que a ti te tomaron de un árbol silvestre para injertarte en el árbol bueno de ellos, beneficiándote así de la raíz y de la savia del olivo. [18] ¡No desprecies a esas ramas! ¿Cómo puedes sentirte superior? No eres tú el que sostiene la raíz, sino que es la raíz la que te sostiene a ti. [19] Dirás tal vez: «Cortaron las ramas para injertarme a mí.» [20] Muy bien, no creyeron y fueron suprimidos, mientras que tú estás ahí gracias a la fe. Pero no seas orgulloso y vigila tus pasos. [21] Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, menos aún te perdonará a ti. [22] Fíjate que Dios es a la vez bondadoso y severo: severo con ellos, que cayeron, y bondadoso contigo, siempre que perseveres en el bien, pues de lo contrario tú también serás cortado. [23] En cuanto a ellos, si no se obstinan en rechazar la fe, serán injertados, pues Dios es capaz de injertarlos de nuevo. [24] Si tú fuiste sacado del olivo silvestre que era tu misma especie, para ser injertado en el olivo bueno, que no era de tu especie, sera mucho más fácil para ellos, que son de la misma especie del olivo.  ISRAEL SE SALVARÁ   [25] Quiero, hermanos, que entiendan este misterio y no se sientan superiores. Una parte de Israel va a quedarse endurecida hasta que el conjunto de las naciones haya entrado; [26] entonces todo Israel se salvará, según dice la Escritura: De Sión saldrá el libertador que limpiará a los hijos de Jacob de todas sus faltas. [27] Y ésta es la alianza que yo haré con ellos después de borrar todos sus pecados. [28] Si los miramos desde el Evangelio, ellos son enemigos, lo que es para el bien de ustedes. Pero ateniéndose a la elección, ellos son amados en atención a sus padres. [29] Porque Dios no se arrepiente de su llamado ni de sus dones. [30] Pues bien, ustedes, que no obedecían a Dios, fueron perdonados a través de la rebeldía de los judíos. [31] Ellos, a su vez, serán perdonados después de la actual rebeldía que les ha traído el perdón a ustedes. [32] Así Dios hizo pasar a todos por la desobediencia, a fin de mostrar a todos su misericordia. [33] ¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y la ciencia de Dios! ¿Cómo indagar sus decisiones o reconocer sus caminos? [34] ¿Quién entró jamás en los pensamientos del Señor? ¿A quién llamó para que fuera su consejero? [35] ¿Quién le dio primero, para que Dios tenga que devolvérselo? [36] Todo viene de él, por él acontece y volverá a él. A él sea la gloria por siempre. ¡Amén!            

 

 

[11] Estamos quizás acostumbrados a una visión «progresista» de la historia, un poco como si todo tuviera que desarrollarse o irradiar a partir de lo que existe. Sin embargo, Jesús había dicho que los tiempos se siguen y no se parecen. Si hay progreso, y es evidente en un sentido, se realiza a través de perturbaciones y transformaciones de perspectivas. Los cambios ocurridos en este siglo nos invitan a desechar la idea de una Iglesia que, partiendo de la cristiandad occidental, se extendiera poco a poco a través de las misiones por el resto del mundo. Pablo muestra a sus lectores que la corriente de la gracia puede abandonar zonas que había vuelto ricas, para hacer producir frutos en otras tierras. Pero sostiene que en eso no hay un capricho de Dios, sino que se trata para él de hacer madurar a toda la humanidad y sólo él sabe los caminos. Notemos, sin embargo, cómo defiende el rol privilegiado del pueblo judío.EL DESTINO DEL PUEBLO JUDIO 

 

 

[25] Los dos párrafos 11,11 y 11,25-32 hablan del destino del pueblo judío. Como lo había anunciado Jesús, los judíos fueron dispersados por todo el mundo, pasando a ser un pueblo sin tierra, unido solamente por su Ley, sus tradiciones y la certeza de ser el pueblo elegido por Dios.En tiempos en que se ignoraba todavía el respeto por los que tienen otra religión, un gran número de ellos formaron minorías en los países cristianos. Ya recordamos (Ester 10) que las personas y los grupos que creen ser los únicos fieles del Dios único, se vuelven muy naturalmente pesados para los demás. Los judíos, pues, tuvieron que sufrir de parte de los cristianos el mismo fanatismo que llevaban consigo. Los cristianos no veían que su fe condenaba precisamente su fanatismo. Más bien pensaban que Israel recibía así el castigo del crimen cometido por sus antepasados que condenaron a Jesús; veían en la tragedia de Israel, así como en su sobrevivencia, un signo de Dios. Los cristianos han dado un gran paso en este siglo, al tomar conciencia del carácter no violento del Evangelio, y al mismo tiempo descubrieron que su vocación era la de ser una minoría en el mundo. Es pues el momento de revalorizar el rol del pueblo judío, otra minoría puesta por Dios en la historia. No han dejado de ser activos en el mundo, para decir a menudo lo que debíamos decir y no lo dijimos.Parece que Dios quiso esta emulación entre judíos y cristianos, como Pablo lo subentiende. Pero Pablo afirma claramente que al fin del mundo Israel se reconciliará con Cristo y que judíos y cristianos reconocerán que sus historias separadas no eran más que una. 

 

 

 

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Rom. 12, 1 - 21

             LA VIDA CRISTIANA: TENER EN CUENTA A LOS DEMÁS   [1] Les ruego, pues, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; este culto conviene a criaturas que tienen juicio. [2] No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto. [3] La gracia que Dios me ha dado me autoriza a decirles a todos y cada uno de ustedes que actúen, pero no estorben. Que cada uno actúe sabiamente según la capacidad que Dios le ha entregado.  [4] Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo, y es uno, aunque las varias partes no desempeñan la misma función. [5] Así también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros [6] y tenemos capacidades diferentes según el don que hemos recibido. Si eres profeta, transmite las luces que te son entregadas; [7] si eres diácono, cumple tu misión; si eres maestro, enseña; [8] Si eres predicador, sé capaz de animar a los demás; si te corresponde la asistencia, da con la mano abierta; si eres dirigente, actúa con dedicación; si ayudas a los que sufren, muéstrate sonriente.  LA VIDA CRISTIANA: EL AMOR   [9] Que el amor sea sincero. Aborrezcan el mal y procuren todo lo bueno. [10] Que entre ustedes el amor fraterno sea verdadero cariño, y adelántense al otro en el respeto mutuo. [11] Sean diligentes, y no flojos. Sean fervorosos en el Espíritu y sirvan al señor. [12] Tengan esperanza y sean alegres. Sean pacientes en las pruebas y oren sin cesar. [13] Compartan con los hermanos necesitados, y sepan acoger a los que estén de paso.  [14] Bendigan a quienes los persigan: bendigan y no maldigan. [15] Alégrense con los que están alegres, lloren con los que lloran. [16] Vivan en armonía unos con otros. No busquen grandezas y vayan a lo humilde; no se tengan por sabios. [17] No devuelvan a nadie mal por mal, y que todos puedan apreciar sus buenas disposiciones. [18] Hagan todo lo posible para vivir en paz con todos. [19] Hermanos, no se tomen la justicia por su cuenta, dejen que sea Dios quien castigue, como dice la Escritura: Mía es la venganza, yo daré lo que se merece, dice el Señor. [20] Y añade: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: éstas serán otras tantas brasas sobre su cabeza. [21] No te dejes vencer por el mal, más bien derrota al mal con el bien.            

 

 

[1] Pablo comienza aquí la segunda parte de su carta; al igual que en las otras cartas, ésta quiere ser más práctica que la primera.Ofrezcan a Dios su propia persona. No sólo el domingo pertenece a Dios, aunque la eucaristía semanal es esencial para la vida cristiana. Ni sólo tenemos que cumplir tareas precisas, pues Dios quiere todo lo que brota de nuestra persona.No sigan la corriente del mundo en que vivimos. Nos invaden las propagandas, las modas, la técnica, sin contar el peso de nuestras viejas y queridas costumbres. Todo eso es el mundo, que nos aprieta con sus lógicas y sus pretendidas necesidades. ¡Y pensar que debíamos ser libres para que el corazón fuera sólo para Dios! Uno siempre se acostumbra a lo que hace todo el mundo y sobre todo a la «bendita» esclavitud del dinero. Sin ser agresivo ni pesimista, el cristiano estará siempre en una actitud crítica frente a la vida. Transfórmense a partir de nuevos criterios (2). Antes de adoptar una regla de vida, hay que tener su espíritu; no se imita a San Francisco poniéndose un sayal. La renovación cristiana se opera a partir de criterios nuevos, de una nueva visión de la existencia, del mundo moderno y de nuestra libertad. El bautismo, que nos hace criaturas nuevas, inaugura una renovación de nuestro espíritu iluminado por Dios (Véase Ef 4,3).Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios. No basta la práctica de reglas mejores, sino que debemos esforzarnos constantemente por descubrir, meditar y comprender la voluntad de Dios en todos los acontecimientos de nuestra vida.Donde los cristianos son minoría, cuentan ordinariamente mucho con su comunidad, y ésta toma mucho de su tiempo. Pablo tenía en vista esta vida de Iglesia. Indica que cada uno tiene su función especial en la Iglesia; estamos, pues, muy lejos de la práctica religiosa en que uno se conforma con «ir a misa». 

 

 

[4] Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo. Ver 1 Cor 12.La manera en que Pablo habla de la comunidad cristiana nos deja ver que la Iglesia no estaba entonces organizada como lo está ahora. En la Iglesia primitiva, no dependía todo de sacerdotes formados aparte y enviados desde el exterior a las comunidades cristianas. Como ya lo dijimos a propósito de Hechos 12,35, la comunidad tenía un consejo de Ancianos, aprobados por los apóstoles. Entre ellos, los profetas eran particularmente respetados. Los Ancianos que gobernaban la Iglesia presidían la eucaristía.La comunidad sabía que podía contar con los dones de cada uno de sus miembros, y los ministerios y servicios que aquéllos aseguraban en la Iglesia eran considerados también como dones de Dios. Ver Ef 4,11 y los comentarios de 1 Tim 4,14. En el curso de la historia, la Iglesia ha debido renovar constantemente sus estructuras y adaptarse tanto a las nuevas realidades sociales como al desarrollo cultural.Si te corresponde la asistencia. Pablo pasa del buen ejercicio de los ministerios al ministerio del amor al prójimo.[9] El texto del 9 al 13 presenta un programa de vida cristiana. Pablo indica actitudes y disposiciones interiores, más que recomendar acciones precisas.No devuelvan a nadie mal por mal: es la exigencia del perdón, tan a menudo formulada por Jesús. Una falsa sabiduría (16) aconseja devolver mal por mal, mezquindad por mezquindad. También es una falsa sabiduría tratar de hacernos valer adoptando las costumbres de una clase más rica, o soñar con una vida sin problemas materiales, o tener en más estima a quienes se presentan bien. 

 

 

 

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Rom. 13, 1 - 14

             OBEDECER A LAS AUTORIDADES   [1] Cada uno en esta vida debe someterse a las autoridades. Pues no hay autoridad que no venga de Dios, y los cargos públicos existen por voluntad de Dios. [2] Por lo tanto, el que se opone a la autoridad se rebela contra un decreto de Dios, y tendrá que responder por esa rebeldía. [3] No hay por qué temer a las autoridades cuando se obra bien, pero sí cuando se obra mal. ¿Quieres vivir sin tener miedo a las autoridades? Pórtate bien y te felicitarán. [4] Han recibido de Dios la misión de llevarte al bien, y si te portas mal, témelas, pues no tienen las armas sin razón. También tienen misión de Dios para castigar a los malhechores. [5] Así, pues, hay que obedecer, pero no solamente por miedo al castigo, sino por deber de conciencia. [6] Por la misma razón pagan los impuestos, y deben considerar a quienes los cobran como funcionarios de Dios. [7] Den, pues, a cada uno lo que le corresponde: el impuesto, si se le debe impuesto; las tasas, si se le deben tasas; obediencia, si corresponde obedecer; respeto si se le debe respeto. [8] No tengan deuda alguna con nadie, fuera del amor mutuo que se deben, pues el que ama a su prójimo ya ha cumplido con la Ley. [9] Pues los mandamientos: no cometas adulterio, no mates, no robes, no tengas envidia. y todos los demás, se resumen en estas palabras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. [10] El amor no hace nada malo al prójimo; el amor, pues, es la manera de cumplir la Ley.  HIJOS DE LA LUZ   [11] Comprendan en qué tiempo estamos, y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando llegamos a la fe. [12] La noche va muy avanzada y está cerca el día: dejemos, pues, las obras propias de la oscuridad y revistámonos de una coraza de luz. [13] Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución y vicios, nada de pleitos y envidias. [14] Más bien revístanse del Señor Jesucristo, y no se dejen arrastrar por la carne para satisfacer sus deseos.    

 

 

[1] En el mundo donde vivía Pablo, muchas personas buscaban en la religión una evasión de sus obligaciones familiares y de sus deberes sociales (ver 2 Tes 3,6-12). Pablo insiste en el aspecto «místico» de la vida cristiana, pero de ningún modo quiere una tal evasión, tan contraria a toda su formación bíblica. Va pues a insistir en la obediencia cívica, en el contexto de una sociedad que estaba muy lejos de nuestras actuales democracias. Este texto ha sido desfigurado a menudo por los regímenes autoritarios que, habiendo impuesto su ley por la violencia, querían luego que se les obedeciera como si fueran los servidores obligados de Dios y del bien público. Aún hoy se lo desfigura en muchos países, colonias no declaradas de grandes países imperialistas; servicios todopoderosos se encargan de enviar a predicadores para que inviten a los cristianos a callarse ante la injusticia y el pillaje económico, basándose en este párrafo. Es muy cierto que, en cierto sentido, los servicios públicos son agentes de Dios y tienen de El la autoridad. Pero ¿no se dice también en la Biblia que el diablo da el poder a los que le sirven? (Lc 4,5-7, Ap 13,1-9; Jn 12,31 y 14,30).Pablo y sus lectores vivían en un mundo donde casi nadie ponía en duda la legitimidad de la autoridad romana. Y como no existe ni bien común ni paz sin autoridad y obediencia, Pablo declara que la obediencia a las autoridades establecidas viene de Dios. Cuando habla de aquellos que resisten a la autoridad, piensa en los que quieren imponer sus intereses o el interés de su grupo. Y condena las actitudes antisociales. La primera carta de Pedro 2,13 (ver Ti 3,1), recordará este punto cuando las autoridades comiencen a desconfiar de los cristianos.Nadie puede utilizar estas palabras para condenar a los que se resisten por motivos de conciencia. De cualquier forma, el cristiano somete su conciencia únicamente a Cristo. Cuando las autoridades exigen algo que va contra la verdad y la justicia, los cristianos resisten como se lo sugiere su conciencia, dispuestos a sufrir la represión prevista por las leyes humanas e, incluso, a dar su vida. La mayoría de los mártires que hoy son honrados por la Iglesia, fueron condenados en su época por subversivos y enemigos del orden social.Han recibido de Dios la misión de llevarte al bien (4). Debemos pues preguntarnos si las leyes y las autoridades nos conducen al bien o favorecen a minorías, acordémonos de Isaías 5,8; 7; 10,1-3; Am 5,7-12. El creyente reconoce sólo a un Señor; no aceptará que algunos magnates se conviertan en verdaderos «señores», capaces de eliminar a los que se oponen a su poder absoluto.Jesús se negó a participar en política (Mc 12,3), pero no habló en contra de los políticos. Fue lo suficientemente libre como para denunciar a la autoridad y para no seguir las leyes, aún las más sagradas, cuando se tornaban opresoras.A lo largo de este siglo, la Iglesia nos ha recordado a menudo que ninguna autoridad puede privar a un hombre de sus derechos, y que todos deben preocuparse de elegir a los que sirvan a los demás (Gaudium et spes 93-98).[11] Saben que ya es hora de despertar. Pablo acaba apenas de recordar los deberes del cristiano en este mundo, y se vuelve en dirección opuesta: no se trata de instalarse en este mundo, pues un cristiano está siempre a la espera de la venida de Cristo. Durante los treinta primeros años de la Iglesia, todos esperaban el regreso inminente de Jesús. Luego, cuando quedó claro que la historia se prolongaría, la espera para cada uno se orientó al último día, en que todos se encontrarían con Cristo.Sabemos, sin embargo, que la historia está en marcha. No sólo debemos estar preparados para nuestra última hora, sino que además debemos trabajar en la evangelización del mundo. Directa o indirectamente el Evangelio es la fuerza que conduce la historia a su madurez; viviendo, pues, de una manera santa y responsable, apresuramos la venida del Reino de Dios. 

 

 

 

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Rom. 14, 1 - 23

             ACTITUD COMPRENSIVA CON LOS DE CONCIENCIA DÉBIL   [1] Sean comprensivos con el que no tiene segura su fe, y dejen las discusiones que terminan en división. [2] Hay quien cree que puede comer de todo, mientras que otros, menos seguros, comen sólo verduras. [3] El que come de todo no debe despreciar al que se abstiene; y el que no come de todo, que no critique al que come, pues Dios lo ha tomado tal como es. [4] ¿Y quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si se mantiene en pie o se cae es asunto de su patrón. Pero no se caerá, porque su Señor tiene poder para mantenerlo en pie. [5] Para unos hay días buenos y días malos, mientras que para otros todos los días son iguales. Que cada uno, pues, siga su propio parecer. [6] El que se preocupa por un día de buena suerte, lo hace por el Señor; y el que come lo hace por el Señor, pues al comer le da gracias. Y también el que no come lo hace por el Señor y le da igualmente gracias. [7] De hecho, ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. [8] Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor. Tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor. [9] Por esta razón Cristo experimentó la muerte y la vida, para ser Señor de los muertos y de los que viven. [10] Entonces tú, ¿por qué criticas a tu hermano? O ¿por qué lo desprecias? Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios. [11] Está escrito: Juro por mí mismo, palabra del Señor, que toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua confesará la verdad ante Dios. [12] Quede bien claro que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí mismo. [13] Dejemos, pues, de juzgarnos los unos a los otros. Examinémonos, más bien, no sea que pongamos delante de nuestro hermano algo que lo haga tropezar. [14] Yo sé, y estoy seguro de ello en el Señor Jesús, que ninguna cosa es impura de por sí, pero sí lo es para quien la considera impura. [15] Entonces, si tú ofendes a tu hermano con lo que comes, ya no vives según el amor. No vayas a destruir con tu dieta a aquel por quien murió Cristo. [16] No den motivo de escándalo, aun cuando tengan la razón. [17] Piensen que el Reino de Dios no es cuestión de comida o bebida, sino de justicia, de paz y alegría en el Espíritu Santo. [18] Quien de esta forma sirve a Cristo, agrada a Dios y también es apreciado por los hombres. [19] Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos. [20] No destruyas la obra de Dios por cuestión de alimentos; si bien todos son puros, es malo comerlos cuando la conciencia te reprocha. [21] Mejor es abstenerse de carne, vino o de cualquier otra cosa, si eso puede ser causa de tropiezo para tu hermano. [22] Mantén tus propias convicciones ante Dios. Dichoso aquel a quien su conciencia no le reprocha su decisión. [23] Pero si uno come cuando su conciencia se lo reprocha, se condena a sí mismo, pues su convicción era otra, y todo lo que uno hace en contra de su convicción es pecado.         

 

 

[1] Los auditores de Pablo, ¿eran realmente distintos a nosotros? Después de haber oído verdades tan grandes, ¿serían capaces de limar las asperezas que hacían tan pesada la vida en comunidad?Sean comprensivos con el que no tiene segura su fe. Los cristianos de Roma se reclutaban principalmente entre los extranjeros. Judíos o griegos, venían de diferentes culturas y religiones y no habían abandonado en bloque sus antiguas costumbres. Si los judíos querían comidas especiales, los vegetarianos venían a complicar el problema. Si los judíos tenían su sábado, otros tenían sus días «de buena suerte» y los de mal augurio. El primer día, a lo mejor, fueron corteses unos con otros, pero luego no faltó quien provocara a su prójimo «por amor a la verdad».Pablo nos recuerda lo que Jesús había enseñado (Mc 7,19): que no hay alimentos o bebidas prohibidas. Pero rechaza las discusiones al respecto. ¿Por qué criticas tú a tu hermano? (10). Quien ha superado los prejuicios debe respetar la conciencia del otro. Cada uno sacrificará su propio gusto cuando sea necesario para el bien común. Las mismas dificultades se presentan actualmente cuando cristianos de diferentes culturas y razas deben convivir. En otras comunidades, la diversidad política produce las mismas tensiones que causaban las verduras (2) en tiempo de Pablo. Es, pues, la ocasión de respetarse unos a otros.Todo lo que uno hace en contra de su convicción es pecado (23). Afirmación capital sobre la libertad de conciencia, que ha sido olvidada muchas veces. El mismo Santo Tomás lo recordó: ninguna ley o autoridad religiosa debe ser seguida en contra de la propia conciencia. La contrapartida es que debemos formar nuestra conciencia, la que siempre corre el peligro de deslizarse al error. Nuestros puntos de referencia se precisarán a través de la lectura, las conversaciones, la meditación bíblica, pues el Espíritu está presente en la Iglesia. 

 

 

 

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Rom. 15, 1 - 33

             [1] Nosotros, si realmente somos fuertes, debemos cargar con la debilidad de quienes no tienen esa fuerza y no buscar nuestro propio agrado. [2] Que cada uno busque lo que agrada a su prójimo, ayudándole a crecer en el bien. [3] El mismo Cristo no hizo lo que le agradaba, como dice la Escritura: Los insultos de los que te insultaban cayeron sobre mí. [4] Todas esas escrituras proféticas se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que, perseverando y teniendo el consuelo de las Escrituras, no nos falte la esperanza. [5] Que Dios, de quien procede toda perseverancia y consuelo, les conceda también a todos vivir en buen acuerdo, según el espíritu de Cristo Jesús. [6] Entonces ustedes, con un mismo entusiasmo, alabarán a una sola voz a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. [7] Acójanse unos a otros como Cristo los acogió para gloria de Dios. [8] Entiéndanme: Cristo se puso al servicio del pueblo judío para cumplir las promesas hechas a sus padres, porque Dios es fiel. [9] ¿Y los otros pueblos? Esos darán gracias a Dios por su misericordia. Lo dice la Escritura: Por eso te bendeciré entre las nacione, y alabaré tu Nombre. [10] Y también: Alégrense, naciones paganas, junto con el pueblo de Dios. [11] Y de nuevo: Canten al Señor todos los pueblos y alábenlo todas las naciones. [12] A su vez Isaías dice: Cual renuevo en una raíz surgirá un descendiente de Jesé y se levantará para guiar las naciones. En él pondrán éstas su esperanza. [13] Que el Dios de toda esperanza los colme de gozo y paz en el camino de la fe y haga crecer en ustedes la esperanza por el poder del Espíritu Santo.  PABLO SE SIENTE RESPONSABLE DE LOS CRISTIANOS DE ROMA   [14] Personalmente estoy convencido, hermanos, de que también ustedes están llenos de buena voluntad, con un conocimiento auténtico, y que son capaces de instruirse mutuamente. [15] Sin embargo, me atreví a hablarles con franqueza para recordarles algunas cosas. Lo hago con la autoridad que Dios me dio [16] cuando hizo de mí el encargado de Cristo Jesús entre las naciones paganas. He pasado a ser el sacerdote del Evangelio de Dios para hacer de esas naciones una ofrenda agradable a Dios, santificada por el Espíritu Santo. [17] Por eso en las cosas de Dios tengo el orgullo que se puede tener en Cristo Jesús. [18] Pero no me atrevería a hablar de otra cosa fuera de lo que Cristo ha hecho valiéndose de mí para que los paganos reciban la fe: mis palabras y mis obras, [19] con cantidad de milagros y prodigios, y el poder del Espíritu Santo. Desde Jerusalén hasta el Ilírico, por todas partes he esparcido la Buena Nueva de Cristo. [20] Pero he tenido cuidado, y de esto me honro, de no predicar en lugares donde ya se conocía a Cristo, y de no aprovecharme de bases puestas por otros. [21] Me guié por la Escritura: Lo verán aquellos a quienes no había sido anunciado, y lo conocerán los que nada habían oído.  LA AYUDA PARA LOS CRISTIANOS DE JERUSALÉN   [22] Ese trabajo me tenía tan ocupado que no pude llegar hasta ustedes. [23] Pero como lo deseo desde hace varios años, y ahora ya no hay lugar para mí en esas regiones, [24] lo haré cuando vaya a España. Espero pasar por donde ustedes y verlos. Y cuando haya disfrutado plenamente de su compañía, me ayudarán a seguir viaje hacia allá. [25] Ahora me dirijo a Jerusalén para asistir a esa comunidad, [26] pues en Macedonia y Acaya les pareció bien hacer una colecta en favor de los pobres de la comunidad de Jerusalén. [27] Quisieron hacerlo, y de hecho estaban en deuda con ellos, pues si han participado de los bienes espirituales de los judíos, es justo que los sirvan en lo material. [28] Cuando haya cumplido este encargo y entregado las ayudas recibidas, me dirigiré a España pasando por donde ustedes.; [29] Y sé muy bien que llegaré donde ustedes con toda la bendición de Cristo. [30] Pero les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús nuestro Señor y del amor, fruto del Espíritu, que recen a Dios por mí. Luchen conmigo rogando por mí, [31] para que pueda escapar de los enemigos de la fe en Judea y para que la comunidad reciba con agrado la ayuda que le llevo. [32] Así llegaré con alegría donde ustedes y, si Dios quiere, descansaré en su compañía. [33] El Dios de la paz esté con ustedes. Amén.          

 

 

[14] Aquí constatamos la delicadeza de Pablo. Si bien tenía la autoridad de un apóstol de Cristo, tenía mucho cuidado en no provocar divisiones o rivalidades, y muestra un gran respeto a los fundadores y dirigentes de la comunidad romana.He pasado a ser sacerdote del Evangelio de Dios (16). No pensemos que Pablo se considera sacerdote en el sentido que la palabra tiene ahora en la Iglesia. Los primeros cristianos no usaban el término «sacerdote» para designar a sus ministros, pues éstos nada tenían que ver con los sacerdotes judíos o paganos, intermediarios necesarios entre Dios y la gente común. Jesús es el sacerdote y el intermediario (véase Hebreos 9 y 10), y como los bautizados estaban todos consagrados a Dios, no tenían necesidad de otros intermediarios.Pero Pablo se compara aquí a esos sacerdotes que presentan víctimas a Dios; su ofrenda son los paganos, a los que reconcilia con Dios. Tal es el culto nuevo y espiritual (12,9) que los apóstoles ofrecen a Dios.Hoy también este sacerdocio es a veces desconocido. Existe el peligro de conceder demasiada importancia a las celebraciones litúrgicas y de olvidar la tarea difícil -y muchas veces calumniada- de reconciliar a hombres liberados y dignificados. 

 

 

[22] Viajar a España significaba ir más lejos que Roma, que era el centro del mundo conocido de la época. Eso nos da una idea del celo de Pablo por crear nuevas comunidades por todo el mundo, sin esperar que las recién fundadas fueran perfectas. Actualmente la misión no está más allá de Roma o de los mares, sino que toda comunidad cristiana debe buscar rápidamente más allá de las fronteras del medio «cómodo» en que se encuentra. Entonces, a lo mejor, va a descubrir a esos millones de personas que viven a su lado y que, sin embargo, están muy lejos.Me dirijo a Jerusalén para asistir a esta comunidad. Los intentos de la comunidad de Jerusalén para poner los bienes en común (He 2,4) habían terminado en un fracaso. Pablo organizó entonces una colecta entre todas las comunidades griegas para ayudarlos. Esperaba con esta asistencia fraterna reforzar los lazos entre los cristianos de origen griego y los cristianos judíos.A lo largo de su historia, la Iglesia tomará semejantes iniciativas, esperando que la ayuda mutua, la obra del amor, ponga de acuerdo los corazones, cuando los espíritus no pueden comprenderse. 

 

 

 

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Rom. 16, 1 - 27

             SALUDOS   [1] Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas. [2] Recíbanla bien, como debe hacerse entre cristianos y santos hermanos, y ayúdenla en todo lo que necesite, pues muchos están en deuda con ella, y yo también. [3] Saluden a Prisca y a Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús, [4] que arriesgaron su vida para salvar la mía. Yo les estoy muy agradecido, y lo están también todas las Iglesias del mundo pagano. [5] Saluden también a la Iglesia que se reúne en su casa. Saluden a mi querido Epéneto, el primer convertido cristiano en la provincia de Asia. [6] Saluden a María, que ha hecho tanto por ustedes. [7] Saluden a Andrónico y Junías, mis parientes y compañeros de cárcel. Son apóstoles muy conocidos y se entregaron a Cristo antes que yo. [8] Saluden a Ampliato, a quien tanto quiero en el Señor. [9] Saluden a Urbano, nuestro compañero de trabajo, y a mi querido amigo Estaquis. [10] Saluden a Apeles, siempre firme en Cristo, y a la familia de Aristóbulo. [11] Saluden a mi pariente Herodión y a los de la familia de Narciso que creen en el Señor. [12] Saluden a Trifena y a Trifosa, que trabajan en la obra del Señor. [13] Saluden a Rufo, elegido del Señor, y a su madre, que ha sido para mí como una segunda madre. [14] Saluden a Asíncrito, a Flegón, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos. [15] Saluden a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos. [16] Salúdense unos a otros con el beso santo. Todas las Iglesias de Cristo les mandan saludos.  RECOMENDACIONES  [17] Hermanos, les ruego que tengan cuidado con esa gente que va provocando divisiones y dificultades, saliéndose de la doctrina que han aprendido. Aléjense de ellos. [18] Esas personas no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios estómagos, engañando a los ingenuos con palabras bonitas y piadosas. [19] Todos saben que ustedes están muy abiertos a la fe, y eso me alegra; pero quiero que sean ingenosos para el bien y firmes contra el mal. [20] El Dios de la paz aplastará pronto a Satanás y lo pondrá bajo sus pies. La gracia de Cristo Jesús, nuestro Señor, esté con ustedes. [21] Timoteo, que está conmigo, les manda saludos, y también Lucio, Jasón y Sosípatro, parientes míos. [22] Yo, Tercio, que he escrito esta carta, les saludo también en el Señor. [23] Los saluda Gayo, que me ha dado alojamiento y que presta también su casa para las reuniones de la Iglesia. [24] Los saludan Erasto, tesorero de la ciudad, y nuestro hermano Cuarto. [25] ¡Gloria sea dada al que tiene poder para afirmarlos en el Evangelio que anuncio y en la proclamación de Cristo Jesús! Pues se está descubriendo el plan misterioso mantenido oculto desde tantos siglos, [26] y que acaba de ser llevado a la luz mediante los libros proféticos. Esta es decisión del Dios eterno, y todas las naciones tendrán que aceptar la fe. [27] ¡A Dios, el único sabio, por medio de Cristo Jesús, a él sea la gloria por siempre! Amén.     

 

 

[1] Estos saludos y recados nos dejan entrever la vitalidad y la multiplicidad de las comunidades, de las Iglesias que se reúnen en casas acogedoras. Pero todas dan el testimonio de que son la única Iglesia de Jesús. Nunca fue fácil mantener la unidad, y por eso casi no hay carta de Pablo que no ponga en guardia contra los causantes de divisiones y los que salen de la doctrina. La doctrina de la Iglesia es la doctrina de los apóstoles, testigos de Jesús. Hay una jerarquía, un orden establecido, y Pablo exige la obediencia en todo lo relativo a la fe.La última frase es una oración de acción de gracias. Se parece a otra oración más amplia, con que comienza la carta a los Efesios. 

 

 

 

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